"Los tercios viejos marcan su superioridad en el campo de batalla por una serie de factores aunados: extrema movilidad de maniobra, que tanto les permite actuar en pequeñas unidades como en grandes bloques; una potencia de fuego hasta entonces desconocida, merced a la notable proporción de arcabuces, después sustituidos por los más modernos y eficaces mosquetes; una cantera de duros soldados, hechos a las marchas y a las contramarchas y a todas las fatigas de la guerra de campaña, que encontraban en los pastores trashumantes de las dos Castillas y Extremadura su antecedente natural; un espléndido cuadro de oficiales, con una experiencia bélica que arranca de las mismas campañas de Granada, bajo los Reyes Católicos, y completada en tierras de Italia, bajo las banderas del Gran Capitán; un principio de sentimiento nacional, dado que, a diferencia de alemanes y suizos, sólo servían al Rey de España (o en algunos casos, al señor de Viena), y una moral de victoria que les forzaba a los mayores extremos de heroísmo; moral de victoria basada tanto en los increíbles éxitos conseguidos como en la confianza de estar dirigidos por los mejores soldados de su tiempo y, sin duda, por estar convencidos de luchar por un principio superior: la guerra justa.

La movilidad se conseguía por la hábil articulación de sus cuadros. Cada tercio viejo constaba de doce compañías de 250 soldados, cada una de ellas al mando de un capitán, asistido por un alférez y un sargento. El tercio viejo, pues, constaba de 3.000 soldados, mandados por un maestre de campo. Dos tercios viejos constituían una coronelía, y dos coronelías la división de combate, mandada por un capitán general. Ese era el máximo que se ve operando como fuerza de choque, tal como el empleado por Carlos V en las campañas de Alemania contra la Liga de Schmalkalden (Esmalcalda). Pero un solo tercio viejo ya suponía una fuerza de combate importante, que podía servir de guarnición en Nápoles o en Milán- y de hecho llevarían esos nombres de tercio de Nápoles y tercio de Lombardía-, o defender enclaves tan señalados como Herzeg Novi, en la costa dálmata. Y hasta una misma compañía podía operar como unidad independiente, aunque con más frecuencia, con meras funciones exploratorias, en vanguardia de todo el ejército en campaña.

La superioridad de fuego, tan a destacar por todos los estrategas como uno de los principios básicos del arte de la guerra, se conseguía por el notable número de arcabuces, que si en un principio y bajo el Gran Capitán estaban en la proporción de un tercio respecto a las picas, con el duque de Alba se llegaría hasta la mitad, cuando en otros ejércitos esa proporción era mucho más baja (una sexta parte, e incluso una décima parte).

Una nación como la española, que en aquel siglo parecía hecha para la guerra, no podía estar al margen de los avances en el armamento; es lo que lleva al Duque de Alba a introducir una novedad en los tercios viejos, durante sus campañas en los Países Bajos, a partir de 1567, sustituyendo el arcabuz por el mosquete, para conseguir un mayor alcance de tiro, pues el arcabuz sólo llegaba a los 50 metros. Lo que obligaría, dado el mayor peso del mosquete, a llevar una horquilla sobre la que afianzar el arma a la hora del disparo y también a escoger a los mosqueteros por su corpulencia, lo que un veterano de aquellas guerras, el capitán Martín de Eguiluz, describiría como "un soldado rehecho, doblado y gallardo". En todo caso, la habilidad y la presteza de los arcubeceros- y, más tarde, de los mosqueteros- de los tercios viejos se hizo famosa, hasta el punto de que Carlos V las reconociese como las que le habían dado tantas victorias".

Extraído del libro:Felipe II y su tiempo; Fernández Álvarez, Manuel. Editorial Espasa.

¡¡¡VIVAN LOS TERCIOS VIEJOS ESPAÑOLES!!!! Esos sí tenían cojones...

Por cierto ¿sabíais algo de que iban por los pueblos de Castilla con una pica para medir la altura de los aspirantes al Tercio? Es que algo de eso me comentaron pero no sé si es verdad porque la altura de nuestros antepasados no debía ser grande allá por el s. XVI...