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Tema: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

  1. #1
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    "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    Genio de España. Exaltaciones a una resurrección nacional y del mundo, de Ernesto Giménez Caballero se editó por primera vez en 1932. La segunda edición apareció en 1934. La tercera, en Pamplona, 1938.

    GENIO DE ESPAÑA

    Primera parte


    "LOS NIETOS DEL 98

    I.FILIACIONES

    Unamuno -en sus últimos escritos y discursos- solíó aludir frecuentemente y con ternura digna de sus años- venerables-a los ''nietos del 98''. Pero con desvarío, sin duda debido a esa ternura, solió situar tal nietez allá por los años futuros de la nana, cuando la tierra esté comiendo, no ya a los abuelos, sino a los hijos de los hijos de esos abuelos.

    Aunque la herencia del 98 no sea precisamente un patrimonio de felicidad que repartirse, conviene ya precisar-de una vez para siempre- a quiénes corresponden tales particiones.

    Por cronología mecánica, biológica, los "hijos del 98'' tuvieron que ser aquellos intelectuales españoles de la preguerra y guerra europea; los que desde mil novecientos y tantos a mil novecientos veintitantos fijaron su ''filiación'' en libros, revistas y periódicos de todos conocidos.

    (''Hijo del 98''-primogénito- fué D. José Ortega y Gasset. El cual bien se cuidó de testimoniarlo, piadosa y reverencialmente, al colgar en sus primeros escritos los retratos o manes de un Baroja, de un ''Azorín''. Y las primeras discrepancias -de un tipo netamente filial- con el patriarca de Salamanca, ''morabito insigne". Y al encender un cirio sobre el lar del bisabuelito Larra.)

    Por tanto, los ''nietos del 98'', los hijos de esos "hijos del 98", cronológicamente tendrían que ser aquellos escritores españoles cuajados en la postguerra. O sea: la generación que, por su edad, pudiese llamar ''abuelo'' a Unamuno, sin que Unamuno por ello se ofendiera. Y ''padre'' a cualquiera de los hijos de aquellos padres.
    Somos muchos de estos escritores españoles de postguerra, los que nos sentimos posibilitados para aceptar esa nietez del 98, cronológicamente hablando.

    La hora de las almas nietas

    Pero en la vida intelectual de las generaciones de un pueblo no todo es cronología mecánica.

    No basta ser hijo de su padre, ni nieto de su abuelo, para aplicarse una ley de herencia espiritual.

    Me consta que a muy pocos, por no decir ninguno, de esos nietos automáticos “del 98'' les interesa asumir tal nietez. (Ninguno, excepto yo.)

    Aún recuerdo el primer artículo de José Bergamín publicado en "La Gaceta Literaria" el 1º de febrero de 1927, y titulado ''La literatura difunta'', que empezaba así: "Dijo ''noventa y ocho", y, al decirlo, su voz doblaba a muerto, lánguidamente, como una campana." (¡Y Bergamín era de los que iban más a comer y jugar a casa del "abuelito”l)
    También -y esto hace poco- un grupo de jóvenes unamunidas (Sánchez Mazas, Mourlane y Montes) se desaforaba ante mi tesis de que estábamos hoy en el último 98 de España. De que el 98 acababa de renacer en España por última vez. Y de que era la hora de sus almas nietas.

    Ya sé que esa opinión de que ''el 98 es cosa putrefacta y superada'' la comparten todas las juventudes actuales de España, todos los nietos cronológicos.

    Pero también sé que el verbo ''superar'' es el tranquillo más fácil de que viene disponiendo la intelectualidad española desde el Renacimiento; verbo pedante y progresista, el de "superar", que me hace, cada vez más, ponerme en instintiva desconfianza contra el que lo pronuncia.

    Porque también uno creía haber "superado", no ya el 98, sino el 1915, y hasta el 1930... Y, sin embargo, la realidad obliga a reconocer que aun lo más pretensamente superado torna de pronto como enorme y feroz novedad ante uno; que cuando se cree terminar con todo no se hace sino volver a empezarlo todo...

    A mí no sólo no me avergüenza sentirme ''98'' nieto del 98, el último ''98'', sino que me parece un deber justificar esa nietez, poniendo en claro para siempre la herencia ante notario. Ya que la tal herencia era simplemente un ''grito''.

    El grito frente a la destrucción de España. El grito frente al fantasma de España. El colofón, frente a lo irremediable de España.

    "El 98" es ese grito desesperado que -sordamente se inicia en la paz de Münster (1648), en pleno siglo XVII de España, y, rodando y creciendo de siglo en siglo, de fracaso en fracaso, como puntualizaré, termina en este desesperado grito insistente y rotundo que en 1931-2, vine lanzando desde mi Robinsón Literario (1), desde mi isla española...

    (1) Nota de 1938.-El "Robinsón Literario" fueron seis números de "La Gaceta Literaria" redactados exclusivamente por mi mismo, ya que aquella revista-al llegar la República democrática en España quedó abandonada como un buque torpedeado, en el que sólo el capitán resistió.
    De “La Gaceta Literaria” (1927-1932) desde el primer grito auroral el 15 de febrero de 1929 surgieron las dos juventudes espirituales que cuajarían el porvenir de España. Los Comunistas y los Nacionales. Precisamente por haber yo enarbolado la bandera romana, católica, tradicional para España-quedé aislado, robinsonizado, en esa isla de papel. Pero en esos seis números -hoy difícilmente encontrables- están los cimientos íntimos y preparatorios de este libro. Está la base social de lo que yo llamé un "sindicalismo nacional" o nacional-sindicalismo, que hoy ha triunfado ya en la acción y en la historia de España. (Carta a un camarada de la Joven España)
    Creo que el investigador futuro de las raíces espirituales de nuestro Movimiento deberá consultar "La Gaceta Literaria" con su final del "Robinsón Literario", para tener datos justos y precisos del presente hispánico.
    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 20:54
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #2
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    ... II.LOS TRECE PACTOS DE ESPAÑA

    Porque yo me considero hoy nieto del 98 sé lo que significa esa fecha en la historia de España. Y conozco su simbólica. Y, lo más importante: que el 98 -el desastre colonial de la España de 1898- no fué más que el penúltimo 98 de España. Ya que el primero se diera en el siglo XVII. Y el último hace poco más de un año, en pleno siglo XX y nuestro.

    El primer 98 de España: fué el de 1648. El del 15 de mayo de 1648. Cuando se firmó aquel primer pacto entre España y Holanda, por el cual perdía ya el ''vertebrado'' Imperio de España sus primeros miembros: las Provincias Unidas y las colonias asiáticas de los holandeses.
    (Aun guarda mi memoria la angustiada visión de aquella Friedensaal: una mañana, en el Rathaus de Münster. Aquel cuadro de los plenipotenciarios españoles perilla, melena, faces calderonianas y dos dedos juramentantes, alzados sobre una mesa-. Aquellos tristes rostros, graves rostros de españoles que -en su grito ahogado, de vencidos-inauguraban el primer 98 de España, pintado por el westfaliano Floris.)

    El segundo 98 de España: fué el de 1659. En que la ''vertebrada'' España perdía su Artois. Y el Luxemburgo, Y plazas de Flandes. Y el Rosellón. Y la Cerdaña. Y los derechos a Alsacia. Quedando el Pirineo por frontera de Cataluña.
    (Esa islita turística, queridos automovileros y viajeros, de la frontera bidasotarra. Esta islita de los Faisanes. Hoy refugio de aburridas miradas aduaneras, carabineras. Esa islita de la Paz de los Pirineos, cercada de patos y de anzuelos hoy. Y siempre de esta pregunta: ¿Cómo pudo España perder tanto sobre tan poco? ¡Diminuta y trágica islita -Faisanes sin faisanes- bidasotarra!)

    El tercer 98 de España: fué el de 1668. 13 de febrero de 1668. En Lisboa se firmó el que Portugal se nos desgajaba para siempre tras casi un siglo de convivencia hermana. Y con Portugal sus inmensos Dominios. Menos Ceuta.
    (Lisboa y el Acho ceutí; testigos de aquel Pacto se miran, sin verse, por encima del Estrecho, todavía. Yo he contemplado aún- tierras berberiscas- los vestigios portugueses de aquella fraterna colaboración: viejas atalayas desmanteladas.)

    El cuarto 98 de España: fué el mayo de 1668. La "vertebrada" España perdía Charleroi, Binch, Ath, Donai, Commines, Tournay, Oudenarde, Lille, Armentieres, Courtray, Boranes y Furnes. En secreto, Luis XIV y el emperador Leopoldo pactaban un reparto de España.
    (Aquae-Grani la llamaron los romanos. Era ya una estación termal. Aachen la llamaron los alemanes. Aix-la-Chapelle, los franceses. Aquisgrán, nosotros, españoles, los del Pacto de Aquisgrán, 1668. Los perdidosos de esas ricas ciudades francas que dejan hoy -ventanilla del tren al transitarlas- su olor a lluvia, techos de pizarra, acordeón y melancolía.)

    El quinto 98 de España: fué el de 1678. 17 de septiembre de 1678. Pérdida del Franco Condado. Y urbes de Valenciennes, Bouchain, Condé, Saint Omer, Yprés, Warwick, Cassel...
    (Ciudad carolina y anseática: Nymegen. Nuestra Nimega, la del Pacto 1678. En su "Stadthuis" como en el de Münster, aun se ven los pintados bultos de los exarcas, de los pactantes de aquel quinto Pacto: quinto 98 de España.)

    El sexto 98 de España: fué el de 1713. 11 de abril de 1713. La ''vertebrada'' España dejaba estas vértebras en el osario: Gibraltar, Menorca, Estados de Flandes. Dejaba todas sus posesiones de Italia (menos Sicilia). Y la colonia del Sacramento, en América.
    (Utrecht: visión nevada de Utrecht. Carillones sobre el Oude Gracht y sobre el Nieuwe Gracht. Aquí nació nuestro Papa Adriano. Y aquí nuestro Carlos V construyó su Vriedenburg. Y aquí se selló el Pacto aquel del Taciturno contra la unidad de nuestro Imperio, Y aquí se desarrolló la doctrina del obispe de Yprés, Jansenio, contra la unidad de nuestra conciencia. Y aquí nos despojaron de Italia y de Gibraltar... Aquí -Utrecht- horas de nieve, horas de Noël: mis amigos hispanistas queriendo alegrar mis memorias al son de carillones sobre el Oude Gracht, y de villancicos (¡stille Nacht heilige Nacht!) sobre el Nieuwe Gracht. Y poesía de canales helados. Y tulipanes entre cristal. Y copas de Tino renano, de oro.)

    El séptimo 98 de España: fué el de 1763, consecuencia del Pacto familiar del 61. España abandonaba sus derechos terranovinos. Y la Florida. Y el fuerte San Agustín. Y Panzácola. Y territorios del Mississipí.
    (París-Madrid, Luis XV. Grimaldi, Choiseul. Una reina de Sajonia: Amalia. Un pintor aún más extranjero y empelucado: Mengs. Un ministro inglés: Pitt. Un reyecito ilustrado por la Francia: Carlos III. Todo ello un “affaire de coeur". Baraja francesa. Le roi, la dame. Le valet. Pique. Tréfle. Carré. Et coeur. Un affaire de coeur. Vive l'Espagne!)

    El octavo 98 de España: va de 1792 a 1795. Pérdida del Oranesado (Orán, Mazalquivir, Tlemecen). Y pérdida de Santo Domingo.
    (¡Todo el Oranesado! ¡Aquella conquista fundamental de Cisneros (1505-1509); aquella conquista, sagrada para nuestra defensa nacional, soñada y dictada por los Reyes Católicos, como única política africana de España! ¡Mauritania cesariana! ¡Argel, de Cervantes! ¡Berbería nuestra que aun hoy habla español! Los masones Aranda y Floridablanca, preparan la traición al servicio de Francia, para provecho de Francia.
    Basilea: el sur del Rin comienza a recibir en sus ciudades, como Holanda en las suyas -norte del Rin-, paces y pactos. Pacifismos. Ginebrismos de España. Derrotas de una cultura mediterránea y católica. Godoy. Basilea. Y allá, por el océano, Santo Domingo; nave a la deriva; desanclada, lejos...)


    El noveno 98 de España: fué el de 1800: la Luisiana. La Luisiana para los franceses.
    (San Ildefonso: versallismo. Verano. Carlos IV. ¿Corren las fuentes? ¡Lloran las fuentes de La Granja!)

    El décimo 98 de España: 1802. La Trinidad en las Antillas.
    (Las naranjas cogidas en los fosos de Olivenza, por el favorito, para la reina chula: la María Luisa. Los gajos de esas naranjas: Amiens. Amiens, la ciudad gótica y sin azahar. Pacto de Amiens, sin azahar: isla de la Trinidad.)

    El undécimo 98 de España: no tiene fecha precisa. Tiene fechas anchas y terribles; tan anchas como la América, que se escapaba. Fechas desde 1810 al 1825. Un 98 de quince años; un 98 lleno de innúmeros 98.
    (Ese 98 innumerable se llamó: Miranda. Bolívar, San Martín. Se llamó Boyacá, Tucumán, Carabobo, Córdoba, Pampa de Junín. Se llamó: Ayacucho, diciembre de 1824.)

    El duodécimo 98 de España: es el famoso, el vulgarizado, el de los hombres del 98; el 10 de diciembre de 1898. París. El de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Marianas, Carolinas y Palaos.
    (En tomo a una mesa de café, Madrid, provincianos. ¡Todo era mentira y farsa! ¡Subvirtamos los valores! La Voluntad, Camino de Perfección. La comida de las fieras. Unamuno. Maeztu. Benavente. ¡Abajo el Quijote! Costa. ¡Siete llaves al Cid! Baroja y Azorín. ¡Viva la Voluntad y Nietzsche! Campañitas de bizarros generales en Marruecos.)

    Y el tredicésimo 98 de España: ¡Ah! el preludio del tredicésimo 98 -último 98 de España- se llamó ''1921''. Y ese preludio ya lo pude interpretar yo. Se llamó: ''Annual''. Se llamó: ''Berenguer''.
    (Mis "Notas Marruecas de un soldado", mi primer vaticinio, el grito de "último- 98", que apercibieron mis abuelos en sus comentarios, viendo en aquel "soldado" su legítimo nieto.)

    Pero el final de ese preludio es ese final: agosto de 1930. Pacto de San Sebastián.

    Y ese grito final, de cisne español -nieto del 98-, es éste que vengo contando, cantando...

    (14 de abril. La farsa -que no fué farsa- se acabó. El residuo final de España se disuelve y pulveriza dentro de la misma España. Rey, Aristocracia, Iglesia, Ejército, Lengua y Unidad. Una mesita en aquel despachito de aquella calle de San Sebastián: Círculo Republicano. El último 98: el número XIII de España. Alfonso XII se va. El vertebrado Imperio, la integrada España, 14 de abril: un solar en derribo.)
    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 21:03
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  3. #3
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    ...III.EL CONCEPTO DE ''98''

    El concepto de 98 -utilizado para calificar la ''generación'' espiritual de españoles que se agrupara en torno a la fecha de 1898 (o fecha de la liquidación Imperial de España)-, lo hemos encontrado reiterándose trece veces a partir de la unidad nacional de 1492 (I, 1648; II, 1659; III, 1668, febrero; IV, 1668, mayo; V, 1678; VI, 1713; VII, 1763; VIII, 1795; IX, 1800; X, 1802; XI, 1810-25; XII, 1898, y XIII, 1921-31). Trece etapas en la ''destruyción de España'', que diría un nuevo cantar de Rodrigo.

    Pero lo que nos ha de importar en rigor señalar son: no tanto esas trece consunciones como ''la conciencia hispánica" que despertaron; no tanto esas trece numéricas alarmas como sus ''reflejos espirituales'' en el alma de España. Dicho de otro modo: lo que nos importa señalar es el ''grito'' de un alma nacional al sentir entrar en agonía su cuerpo histórico.

    Frente a esos trece calvarios, ¿cuál fué la actitud del espíritu hispánico, representado por los vértices anímicos de las generaciones coetáneas?

    El concepto de España

    ¿Existía un concepto nacional sobre España antes de 1492? ¿Antes de que España se integrase en su perfección unitaria? ¿Antes de que España llegase a ser totalmente España? Dicho de otra manera: ¿cuál fué la trayectoria ascendente del nacionalismo español? Se habla hoy tanto de nacionalismo en España y tienen los jóvenes españoles tan pocas ideas sobre ello, que vale la pena de precisar los datos. (Confieso que toda mi labor robinsoniana es como la de un laboratorio monacal para aportar este utilaje, lejos del mundanal ruido político.)

    Puede afirmarse que los pueblos prerrománicos ibéricos entregaron a Roma, Invasora de España, un cierto concepto de unidad. Hispania fué ya para Roma algo más que una expresión geográfica.

    Pero la primera expresión unitaria y nacional no la encuentran los españoles hasta la Monarquía gótica. Hasta entonces puede decirse que los 98 se sucedieron a cada invasión extranjera. (98 fué la invasión fenicia, y la griega, y la cartaginesa, y la romana, y la germánica.)

    En el siglo VII, San Isidoro escribe las primeras afirmaciones nacionales que recogería luego -el juglar del Cid en el siglo XII, un Alfonso ''el Sabio" en el XIII, un poema de Fernán González en el XIV y un Nebrija en el XV.

    ''España es hermosísima". ¡Oh sacra España! ... ¡Oh madre España!... '' (Pulcherrima es, o sacra semperque, felix principium gentiumque, mater Espanna) escribe Isidoro el sevillano.

    La invasión árabe es un nuevo 98 de España. El concepto de España casi se borra. Pasando a ocupar su sitio el "Andalus" mahometano. España no es España: es Córdoba la jalifiana.

    Pero el concepto nacional no se pierde: como un anillo nibelúnguico queda entre los dedos de los cristianos godizados y refugiados en la montaña. Alfonso III pone en boca de Pelayo, refiriéndose a Covadonga, esta consigna mágica: ''Spaniae salus''.

    En el siglo IX, en el Cronicón del Albendense -dice Menéndez Pidal al estudiarlo-, percíbese la unidad de Spania, hija de Roma, descendiente de la Monarquía goda e informadora de la Monarquía leonesa.

    En el siglo X, al colaborar Navarra en el reconquistar de León las tierras a los moros, este concepto de España se afianza.

    En el siglo XI, este concepto queda definitivamente afianzado al firmarse Alfonso VII en los documentos ''lmperator totius Spaniae", Y, sobre todo, al recoger este sentido integrador, regio, el gran Rodrigo Díaz, el Cid, el Señor, el primer ductor, o duque, o dux, de la futura España grande. En el siglo XII, el poeta de Medinaceli se encarga de proclamar eviternamente que "a todos alcanza honra por el en que buen hora nació''.

    En ese mismo- siglo, Alfonso VII, muerto en 1157, ensaya un Imperio panibérico traspasando los límites pirenaicos. Es la primera expansión del concepto de España.

    Pero la ingerencia romana de Gregorio VII ocasiona una pérdida de sentido nacional al servicio de la idea genérica de cristiandad.

    En el siglo XIII, Alfonso X "el Sabio" centra en Toledo lo que podría llamarse ''el meridiano cultural de Occidente". Y en aquel meridiano hispánico redáctase la Crónica general, donde el concepto de España se reanuda y se ensancha con nuevas y claras afirmaciones: ''Esta Espanna que dezimos tal es como el parayso de Dios. Es generosa, atrevida, mucho esforzada en lid, ligera en afán, leal al sennor, afincada en estudio, palaciana en palabra, cumplida de todo bien. E sobre todo, Espanna es adelantada en grandeza e más que todas preciada por lealtad''.

    En el siglo XIV, D. Juan Manuel estima a los españoles como ''mártires de la guerra". Y el poema de Fernán González pide a Dios que por nuestros pecados no destruya a España.

    Pero España ya no se destruye, Consolida su edificación.

    En el siglo XV, Nebrija pronuncia ante los Reyes Católicos estas solemnes, maravillosas palabras: "Los miembros e pedazos de España, que estavan por muchas partes derramados, se redujeron e ayuntaron en un cuerpo e unidad de reino. La forma e travazón del cual, así está ordenada que muchos siglos viviría e tiempos no la podrán romper ni desatar".

    Los Reyes Católicos acababan de fajar la unidad de España con su fajo o fascio de flechas y bajo su simbólico yugo. Haz y Yugo (1). ''La trabazón así estaba ordenada para que viviese muchos siglos".

    Pero esa trabazón, ese concepto de España, iba a destrabarse en trece caídas. Trece fechas desatadas del místico yugo. Los trece noventa y ocho de España que hemos señalado. Trece fechas como trece hojas de un tallo, cuya percusión y roce sobre el suelo del alma nacional producirían las emociones agónicas que vamos a señalar.

    (1) Nota de 1934.- El Haz y el Yugo -símbolo unitario de los Reyes Católicos- fué propuesto por mí en 1928-9; "Cartas a un compañero de la Joven España", en mi libro “En tomo al casticismo de Italia'', como signo nacional de futuridad. La idea fué recogida por Ramiro Ledesma Ramos en La Conquista del Estado (1931). Y dibujado por el carlista Roberto Escribano Ortega que fijó en cinco el número de flechas para que fuesen radiales al yugo, situado en la intersección del haz.

    Nota de 1938.- Este emblema de nuestro Haz y Yugo está incorporado al escudo de nuestra patria, tiene su origen histórico (como dice mi nota anterior, de 1934) en la emblemática de los Reyes Católicos, de donde lo tomé y lo propuse, con lucidez inspirada, hace casi ya unos diez años. Ahora, hecha la nueva fortuna nacional de tal símbolo, he querido indagar sus orígenes anteriores, su última raíz mística. ¿De dónde lo tomaron a su vez los Reyes Católicos? ¿Fué sólo un signo cortesanesco de amor? ¿Fué sólo la F de flechas para significar Fernando a la reina y la Y de yugo para expresar Isabel al rey? Yo creo que hay un sentido ulterior y esotérico de unión de reinos. Y de yugo de rebeldes. Los Reyes Católicos a través de sus "reyes de armas" o heraldistas; y de los Humanistas italianos que regentaron su cultura (Marineo Siculo, Pietro Martir), procedentes del Nápoles imperial y renaciente de nuestro Alfonso V ''el Magnánimo"; y a través de nuestros renacentistas castellanos, como Nebrija, ese emblema debió ser adoptado de la simbología numismática del sígnario greco-romano que puso en moda el Renacimiento. En efecto, en monedas imperiales aparece el Haz alado. Haz de rayos, flechas radiantes, yugadas por alas. (Cum quatuor telis ignitis et quatuor alis.) Sobre todo, en monedas de nuestro Trajano. (lmperator Caesar Traianus Augustus Germanicus Dacicus Parthicus Pater Patriae restituit.)
    El Yugo con haz de espigas está también en monedas acuñadas en cecas turdetanas: como en un sextercio de Obulco, puesto por ejemplo. El Haz alado era el símbolo del Cesarismo. Del Imperio. Del Poder. Es decir: de Júpiter. Símbolo divino, fulgurante, fulmíneo.






    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 21:12
    juan vergara dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  4. #4
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    Gracias por estos aportes Alacrán!
    Lamentablemente el Águila que representaba a San Juan, apóstol, evangelista, poeta, teólogo y místico; que escucho latir al Sagrado Corazón de Jesús, y que al pie de la Cruz
    en representación de todos nosotros recibió a la Santísima Virgen María por Madre; no están más en el escudo de la bandera de España, como tampoco lo están el Yugo y las Flechas.
    Ambos provenían de los sin par Isabel y Fernando (tanto monta, monta tanto).
    Isabel tuvo una especialísima devoción por San Juan.
    Nosotros seguimos enarbolando -sin doblegarnos- esa Bandera!
    ALACRAN y DOBLE AGUILA dieron el Víctor.

  5. #5
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

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    ...IV.MÁXIMA ESPAÑA, YEMA DEL MUNDO

    El concepto de ''España'' hemos visto que tiene una trayectoria ascensional hasta el siglo XV, desde la vaga unidad geoétnica de los prerromanos hasta la afirmación imperiosa de Nebrija; desde la España deshacinada de nuestra Edad Media hasta la "travazón" en haz de los Reyes Católicos; desde los ''cinco reinos de España'' -''las Españas del XIII''-, hasta el vértice de 1492.

    El vértice de 1492 fué como la cima ideal a que aspiraran durante siglos los anhelos nacionales de San Isidoro, del Cid, de Fernán González, de Alfonso el Sabio, de D. Juan Manuel; es decir, de todas aquellas generaciones espirituales en cuya conciencia se reflejara un ansia unitaria por los ''miembros e pedaços de Espanna''.

    Esa conciencia verticilar que simboliza Nebrija en el siglo XV perdura por más de un siglo. El español del Quinientos y parte del Seiscientos goza la serenidad y el orgullo de su maximalidad en el mundo. Y así lo expresa con tono apologético y providencialista.

    ''España se creyó el pueblo elegido de Dios'' -comenta Menéndez Pelayo.

    Sí. El teólogo, el místico hispano identifica el destino de su patria con las profecías bíblicas, divinas. Y reconoce en esta Máxima España suya, extendida por toda la tierra, y en esta lengua compañera del imperio, la encarnación de Israel y de Roma: de lo divino e imperial de la Historia.

    Para Herrera, el de Lepanto, España es el ''pueblo de Dios''.

    ''En toda la tierra se oyó su sonido, y hasta los confines del mundo se oyó su voz''- se dice parafraseando a David.
    La Profecía LX de Isaías se cumple en Felipe II. Y también aquella otra de los Proverbios: "Thronus ejus in aeternum fírmabitur".

    ''Los españoles dilatan la fe católica, oficio y prerrogativa que tenía el pueblo de Dios escogido'' -afirma un historiador secentista.

    El Presagio del Antiguo Testamento se verifica en la Monarquía hispana. Y también el destino virgiliano de Roma: ''Imperio sine fine dedi''.

    ''Ya es llegada la edad dichosa que promete el cielo''. Una grey y un Pastor solo en el suelo.

    ''Por suerte a vuestros tiempos reservada'' -advierte el poeta a Carlos V.

    "Nosotros nacimos para mandar'' -asegura Gracián.

    ''Es España yema del mundo'' asegura Guzmán de Alfarache.

    ''¡Madre de las naciones!'' asegura Cervantes.

    ''España, en virtudes, envidia de las demás naciones'' asegura Hurtado de Mendoza.

    ''Decir español es decir caballero" -ecuaciona Lope.

    ''No hay bestias ni hay vulgo como en las demás naciones'' observa, agudo, ''El Criticón'', adelantándose así a la observación de Keyserling de que en el español genuino no existe el proletario.

    “El español ha nacido para mandar y no ser proletario”.

    ''Los españoles en Indias no aran ni cavan." ''Morirán antes de hambre que ponerse a un oficio.'' ''Con decir ''español'', se me debe toda cortesía y respeto.” ''Nación, España, arrogante y porfiada.'' ''La bizarría española, naturalmente soberbia.''. ''Español, galán como el sol.” ''Español soy, que me obliga a ser cortés y a ser verdadero." ''Español hasta la gola, siempre la libertad nació española.'' ''A los españoles poco les basta para entretener y sufrir muchos trabajos." ''Para ingenios, España". "España, en virtudes floreciente." "Florecen hoy templos, virtudes, sacrificios''. "Deleita la división de grados, la distinción de sangre.'' ''Subieron hoy las artes, al extremo de sutiIeza" ''En España hay acierto para enderezar los públicos negocios, y, lo más importante, la salud universal.''

    Este es el maximario nacional que refleja el teatro, el sermón, la poesía de la época.

    Una caricatura o pasquín aparecido en Roma representaba una vaca ubérrima: ''España''. Y de sus pezones, becerrillos mamando: Inglaterra, Flandes, Holanda, Francia y "otros enemigos nuestros" -dice el español que lo noticia.

    Aquella España que ingenuamente vaticinaba la prosa toledana de Alfonso el Sabio, como "parayso de Dios'', es la que apologizan los humanistas de esta edad de oro: Nebrija, Barbosa, Matamoros, Mariana, Quevedo.

    Esta Monarquía universal de España es la que alaban extranjeros como Marineo Siculo y Campanella. (Es la que siglos más tarde aun loarían un Macaulay, un Lummis, un Vossler, un W. Frank, un Pfandl.)

    Los primeros estupores del siglo XVII

    En el siglo XVII hemos visto que acaecen los ''cinco primeros 98''. El de ''Münster'' (1648). El de la ''Isla de los Faisanes'' (1659). El de ''Lisboa''. El de ''Aquisgrán'' (1668). Y el de ''Nimega'' (1678).

    La Monarquía universal de España entra en ese período que D. José Ortega y Gasset llamó ''desintegrador''; entra en su ''desvertebramiento''. Posesiones hispanas de Europa y Africa se secesionan y apartan. El gran cuerpo de la España máxima comienza a mostrar sus muñones sangrantes ante la Historia.

    ¿Cómo se manifiesta el ''alma'' de ese cuerpo? ¿Cuál es la actitud de los espíritus avizores, cimeros, de esa máxima España en peligro? Dicho de otra suerte: ¿Cuál es el "grito del 98'' con que se caracteriza la conciencia nacional del XVII?

    Durante el siglo XVII ''no hay gritos''. El intelectual español, es, antes que intelectual, un "espíritu en función de Estado''. No se le ocurre anteponer ni por un momento · sus propias preocupaciones líricas a las genéricas y objetivas del Estado.

    El español del XVII conserva la jerarquía, la disciplina y el respeto del Estado.

    Cierto que hay ya en ese español del XVII gérmenes de rebeldía, de crítica y de anarquismo. Que hay ya en él esos conatos de escindir España en ''dos Españas'': la ''tradicional'' y la ''reformista'' -que se desenvolverían enérgicos durante los siglos XVII, XVIII, XIX y XX, bajo diversas antítesis (la última de las cuales era de "la España oficial'', y ''la España vital''). Pero también es Io cierto que tales gérmenes disolventes estaban contravacunados por un ''sentido de consustancialidad estatal''.

    El español del XVII nota que España es máxima todavía. Pero que ''algo'', un ''quid de inquietud'', se cierne como tormenta y peligro sobre esa España ''yema del mundo''. Siente el estupor, el asombro de encontrarse frente a potencialidades hostiles y oscuras que le amenazan. Indice de tal situación estupórica y dubitativa fueron esos supremos representantes espirituales del siglo XVII: Cervantes y Quevedo.

    Cervantes es, ante todo, un soldado. Su primera labor de escritor hispano son ''notas políticas y heroicas de soldado''. Es el Cervantes que considera orgulloso a España ''madre común de las naciones''. El que no le importa morir en la batalla si los ojos de su príncipe contemplan su morir.

    Pero Cervantes es también el observador que empieza a analizar, a preferir, a confrontar. Y a quitar ceguedad a la soberbia -mística y ciega- de la España yugada en haz. (Las posadas europeas, italianas, le parecen más confortables que las españolas. El clero español quizá es un poco bárbaro, como pensara Erasmo. El varón español tal vez trata con poca liberalidad a la mujer.)

    Cervantes a veces alardea de excesiva ortodoxia y se le ve la ironía. Y es que Cervantes ha creado ''la ironía"; el gran instrumento de combate frente al estupor. Hace ''Don Quijote'', la gran burla de lo estupefaciente.

    El ''Quijote'' es la correlación espiritual al desastre que se fraguaría en Münster. El ''Quijote'' es el primer ''estado de ánimo de puro 98''. Alarma e ironía. Primera despedida de toda grandeza y aventura española.

    Quevedo es el político y el humorista. Su fe en España es más fuerte aún que la de Cervantes. Al fin, Quevedo, si conoce la cárcel, la persecución y la plebe, siempre es como palatino y como político. No como un oscuro hidalgo, casi un proletario, como le acaece a Cervantes. Quevedo no es analítico ni escéptico. Nunca le asoma esa diabólica ''duda íntima'' que se insinúa en Cervantes. Cierto que su excesivo temperamento satírico, amargo y atroz, presagia el drama romántico de España. Cierto que la burla constante de Quevedo bien puede homologarse a la sutil ironía del ''Quijote''. Sobre el alma clásica y heroica de Quevedo planea también el veneno etéreo de las disolvencias. Pero hay algo en Quevedo que denuncia mejor que la "duda íntima" el que las cosas de España se han torcido y fracasan. Y son sus panfletos defensivos de España. No sus ofensas, sino sus defensas de España. Su ''Carta a Luis XIII de Francia'' y su ''Lince de Italia'', su "España defendida'' muestran la amargura de un espíritu prócer al constatar que todo el esfuerzo universal y genial de su país se rompe ante la malevolencia de ocultos enemigos. Es la melancolía de Don Quijote frente a los endriagos y los embaucadores la que reaparece en Quevedo con forma polémica y panfletista.

    Pues bien; esa ''sensación de melancolía'' la siente toda la espiritualidad del siglo XVII español. Basta mirar a los ojos de. un Greco para advertir, junto al -llamear de la pupila, el cansancio triste del rostro.

    El español del XVII comienza a advertir con estupor que España se ha quedado desolada con tanta guerra.

    ''Tan despoblados todos esos pueblos'' dicen Tirso, Rojas, Suárez de Figueroa, Gracián.

    ''Espántame ver los muchos españoles que militan en varias provincias. Esa es la causa de estar España tan desierta" dice ''El Pasajero'' con estupor.

    Y estupor era ya el de Fray Luis ante ''la espaciosa y triste España''.

    El español del XVII comienza a discernir por qué se espanta y estuporiza. Cuáles son las causas para que en la periferia del Imperio se produzcan un Münster, unos Pirineos, un Aquísgrán. Falta de gentes para tantos combates, tal vez. ''Por las muchas y elevadas empresas se va apocando España de gentes''.

    También puede suceder que el exceso de burocracia estatal o, como hoy se diría: de "enchufes'' fuera otra causa.
    Y así hay quien señala la superfetación clerical como grave daño. ''Sacerdote soy -dice un capellán de Felipe III- , y confieso que somos más de los que son menester''. Y así declara también Navarrete en su ''Conservación de Monarquías".

    Ello hace, sin duda, que la tierra labriega no se cultive. La tierra no se cultiva no porque sea más ''mísera'' que la de Italia, como señala Cristóbal de Villalón, ni más ''seca de lluvias'' que la de Francia, como dice otro arbitrista, sino porque todos están concordes en reconocer que el español ha perdido sus antiguas virtudes de sobriedad, sufrimiento y sencillez. El español del XVII se ha hecho soberbio. Ocioso. Luxuario. Inhábil para el trabajo mecánico. Se ha hecho señorito, con horror a lo trabajador. Hasta el punto que el mismo operario -como aquel zapatero salmantino- se hace descender de altos linajes antes de confesar que su madre era mondonguera.

    Este español "nacido para mandar'', que expulsa a las razas serviles del país (judíos y moriscos), se encuentra sin saber a quién mandar, como no sea a los esclavos que se traiga de América. Y de ahí nace el "pícaro". El señorito encanallado. O el canalla enseñoritado. El español de los mil trabajos por no trabajar. Con moral de señor y hechos innobles. En busca ya sólo de la canonjía, del enchufe.

    El español del XVII, apretado por la naciente miseria material y espiritual, comienza a acentuar su xenofobia. España, "madre común de las naciones", comienza a no poder ya serlo. Ni Madrid, que, al decir de Lope, fuera ''madre de gente extraña", "madre, punto y excelencia de la real circunferencia que es la corona de España''.

    Ese español mira ya con celo el que Génova se coma nuestro azúcar y Holanda se lleve nuestro oro y nuestras lanas, y Nápoles nuestra seda, e Inglaterra nuestros vinos, y Venecia nuestro vidrio, y Alemania nuestro azafrán...

    Sepúlveda, Ambrosio de Morales, Soto, Medina, Saavedra Fajardo, Gracián: las minorías de nuestro siglo XVII se esfuerzan con su ingenio y su corazón en conjurar esa madrugada de desastre, esa naciente crisis. Y arguyen, valientes, contra Maquiavelos, Luteros, Oranges, Escalígeros y demás huestes antiespañolas.

    El español del XVII aun canta el himno triunfal de Nebrija. Pero por sus labios suena ya en voz baja y con trémolo de Iágrimas.

    ¡Aún hay maximalidad en España! Pero "cinco Pactos, cinco 98", como cinco saetas, se han clavado ya en el cuerpo vacilante de la nación.

    ...

    Última edición por ALACRAN; Hace 2 días a las 21:02
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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