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Tema: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

  1. #1
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    "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    Genio de España. Exaltaciones a una resurrección nacional y del mundo, de Ernesto Giménez Caballero se editó por primera vez en 1932. La segunda edición apareció en 1934. La tercera, en Pamplona, 1938.

    GENIO DE ESPAÑA

    Primera parte


    "LOS NIETOS DEL 98

    I.FILIACIONES

    Unamuno -en sus últimos escritos y discursos- solíó aludir frecuentemente y con ternura digna de sus años- venerables-a los ''nietos del 98''. Pero con desvarío, sin duda debido a esa ternura, solió situar tal nietez allá por los años futuros de la nana, cuando la tierra esté comiendo, no ya a los abuelos, sino a los hijos de los hijos de esos abuelos.

    Aunque la herencia del 98 no sea precisamente un patrimonio de felicidad que repartirse, conviene ya precisar-de una vez para siempre- a quiénes corresponden tales particiones.

    Por cronología mecánica, biológica, los "hijos del 98'' tuvieron que ser aquellos intelectuales españoles de la preguerra y guerra europea; los que desde mil novecientos y tantos a mil novecientos veintitantos fijaron su ''filiación'' en libros, revistas y periódicos de todos conocidos.

    (''Hijo del 98''-primogénito- fué D. José Ortega y Gasset. El cual bien se cuidó de testimoniarlo, piadosa y reverencialmente, al colgar en sus primeros escritos los retratos o manes de un Baroja, de un ''Azorín''. Y las primeras discrepancias -de un tipo netamente filial- con el patriarca de Salamanca, ''morabito insigne". Y al encender un cirio sobre el lar del bisabuelito Larra.)

    Por tanto, los ''nietos del 98'', los hijos de esos "hijos del 98", cronológicamente tendrían que ser aquellos escritores españoles cuajados en la postguerra. O sea: la generación que, por su edad, pudiese llamar ''abuelo'' a Unamuno, sin que Unamuno por ello se ofendiera. Y ''padre'' a cualquiera de los hijos de aquellos padres.
    Somos muchos de estos escritores españoles de postguerra, los que nos sentimos posibilitados para aceptar esa nietez del 98, cronológicamente hablando.

    La hora de las almas nietas

    Pero en la vida intelectual de las generaciones de un pueblo no todo es cronología mecánica.

    No basta ser hijo de su padre, ni nieto de su abuelo, para aplicarse una ley de herencia espiritual.

    Me consta que a muy pocos, por no decir ninguno, de esos nietos automáticos “del 98'' les interesa asumir tal nietez. (Ninguno, excepto yo.)

    Aún recuerdo el primer artículo de José Bergamín publicado en "La Gaceta Literaria" el 1º de febrero de 1927, y titulado ''La literatura difunta'', que empezaba así: "Dijo ''noventa y ocho", y, al decirlo, su voz doblaba a muerto, lánguidamente, como una campana." (¡Y Bergamín era de los que iban más a comer y jugar a casa del "abuelito”l)
    También -y esto hace poco- un grupo de jóvenes unamunidas (Sánchez Mazas, Mourlane y Montes) se desaforaba ante mi tesis de que estábamos hoy en el último 98 de España. De que el 98 acababa de renacer en España por última vez. Y de que era la hora de sus almas nietas.

    Ya sé que esa opinión de que ''el 98 es cosa putrefacta y superada'' la comparten todas las juventudes actuales de España, todos los nietos cronológicos.

    Pero también sé que el verbo ''superar'' es el tranquillo más fácil de que viene disponiendo la intelectualidad española desde el Renacimiento; verbo pedante y progresista, el de "superar", que me hace, cada vez más, ponerme en instintiva desconfianza contra el que lo pronuncia.

    Porque también uno creía haber "superado", no ya el 98, sino el 1915, y hasta el 1930... Y, sin embargo, la realidad obliga a reconocer que aun lo más pretensamente superado torna de pronto como enorme y feroz novedad ante uno; que cuando se cree terminar con todo no se hace sino volver a empezarlo todo...

    A mí no sólo no me avergüenza sentirme ''98'' nieto del 98, el último ''98'', sino que me parece un deber justificar esa nietez, poniendo en claro para siempre la herencia ante notario. Ya que la tal herencia era simplemente un ''grito''.

    El grito frente a la destrucción de España. El grito frente al fantasma de España. El colofón, frente a lo irremediable de España.

    "El 98" es ese grito desesperado que -sordamente se inicia en la paz de Münster (1648), en pleno siglo XVII de España, y, rodando y creciendo de siglo en siglo, de fracaso en fracaso, como puntualizaré, termina en este desesperado grito insistente y rotundo que en 1931-2, vine lanzando desde mi Robinsón Literario (1), desde mi isla española...

    (1) Nota de 1938.-El "Robinsón Literario" fueron seis números de "La Gaceta Literaria" redactados exclusivamente por mi mismo, ya que aquella revista-al llegar la República democrática en España quedó abandonada como un buque torpedeado, en el que sólo el capitán resistió.
    De “La Gaceta Literaria” (1927-1932) desde el primer grito auroral el 15 de febrero de 1929 surgieron las dos juventudes espirituales que cuajarían el porvenir de España. Los Comunistas y los Nacionales. Precisamente por haber yo enarbolado la bandera romana, católica, tradicional para España-quedé aislado, robinsonizado, en esa isla de papel. Pero en esos seis números -hoy difícilmente encontrables- están los cimientos íntimos y preparatorios de este libro. Está la base social de lo que yo llamé un "sindicalismo nacional" o nacional-sindicalismo, que hoy ha triunfado ya en la acción y en la historia de España. (Carta a un camarada de la Joven España)
    Creo que el investigador futuro de las raíces espirituales de nuestro Movimiento deberá consultar "La Gaceta Literaria" con su final del "Robinsón Literario", para tener datos justos y precisos del presente hispánico.
    Última edición por ALACRAN; 11/10/2020 a las 20:54
    Valmadian dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #2
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    ... II.LOS TRECE PACTOS DE ESPAÑA

    Porque yo me considero hoy nieto del 98 sé lo que significa esa fecha en la historia de España. Y conozco su simbólica. Y, lo más importante: que el 98 -el desastre colonial de la España de 1898- no fué más que el penúltimo 98 de España. Ya que el primero se diera en el siglo XVII. Y el último hace poco más de un año, en pleno siglo XX y nuestro.

    El primer 98 de España: fué el de 1648. El del 15 de mayo de 1648. Cuando se firmó aquel primer pacto entre España y Holanda, por el cual perdía ya el ''vertebrado'' Imperio de España sus primeros miembros: las Provincias Unidas y las colonias asiáticas de los holandeses.
    (Aun guarda mi memoria la angustiada visión de aquella Friedensaal: una mañana, en el Rathaus de Münster. Aquel cuadro de los plenipotenciarios españoles perilla, melena, faces calderonianas y dos dedos juramentantes, alzados sobre una mesa-. Aquellos tristes rostros, graves rostros de españoles que -en su grito ahogado, de vencidos-inauguraban el primer 98 de España, pintado por el westfaliano Floris.)

    El segundo 98 de España: fué el de 1659. En que la ''vertebrada'' España perdía su Artois. Y el Luxemburgo, Y plazas de Flandes. Y el Rosellón. Y la Cerdaña. Y los derechos a Alsacia. Quedando el Pirineo por frontera de Cataluña.
    (Esa islita turística, queridos automovileros y viajeros, de la frontera bidasotarra. Esta islita de los Faisanes. Hoy refugio de aburridas miradas aduaneras, carabineras. Esa islita de la Paz de los Pirineos, cercada de patos y de anzuelos hoy. Y siempre de esta pregunta: ¿Cómo pudo España perder tanto sobre tan poco? ¡Diminuta y trágica islita -Faisanes sin faisanes- bidasotarra!)

    El tercer 98 de España: fué el de 1668. 13 de febrero de 1668. En Lisboa se firmó el que Portugal se nos desgajaba para siempre tras casi un siglo de convivencia hermana. Y con Portugal sus inmensos Dominios. Menos Ceuta.
    (Lisboa y el Acho ceutí; testigos de aquel Pacto se miran, sin verse, por encima del Estrecho, todavía. Yo he contemplado aún- tierras berberiscas- los vestigios portugueses de aquella fraterna colaboración: viejas atalayas desmanteladas.)

    El cuarto 98 de España: fué el mayo de 1668. La "vertebrada" España perdía Charleroi, Binch, Ath, Donai, Commines, Tournay, Oudenarde, Lille, Armentieres, Courtray, Boranes y Furnes. En secreto, Luis XIV y el emperador Leopoldo pactaban un reparto de España.
    (Aquae-Grani la llamaron los romanos. Era ya una estación termal. Aachen la llamaron los alemanes. Aix-la-Chapelle, los franceses. Aquisgrán, nosotros, españoles, los del Pacto de Aquisgrán, 1668. Los perdidosos de esas ricas ciudades francas que dejan hoy -ventanilla del tren al transitarlas- su olor a lluvia, techos de pizarra, acordeón y melancolía.)

    El quinto 98 de España: fué el de 1678. 17 de septiembre de 1678. Pérdida del Franco Condado. Y urbes de Valenciennes, Bouchain, Condé, Saint Omer, Yprés, Warwick, Cassel...
    (Ciudad carolina y anseática: Nymegen. Nuestra Nimega, la del Pacto 1678. En su "Stadthuis" como en el de Münster, aun se ven los pintados bultos de los exarcas, de los pactantes de aquel quinto Pacto: quinto 98 de España.)

    El sexto 98 de España: fué el de 1713. 11 de abril de 1713. La ''vertebrada'' España dejaba estas vértebras en el osario: Gibraltar, Menorca, Estados de Flandes. Dejaba todas sus posesiones de Italia (menos Sicilia). Y la colonia del Sacramento, en América.
    (Utrecht: visión nevada de Utrecht. Carillones sobre el Oude Gracht y sobre el Nieuwe Gracht. Aquí nació nuestro Papa Adriano. Y aquí nuestro Carlos V construyó su Vriedenburg. Y aquí se selló el Pacto aquel del Taciturno contra la unidad de nuestro Imperio, Y aquí se desarrolló la doctrina del obispe de Yprés, Jansenio, contra la unidad de nuestra conciencia. Y aquí nos despojaron de Italia y de Gibraltar... Aquí -Utrecht- horas de nieve, horas de Noël: mis amigos hispanistas queriendo alegrar mis memorias al son de carillones sobre el Oude Gracht, y de villancicos (¡stille Nacht heilige Nacht!) sobre el Nieuwe Gracht. Y poesía de canales helados. Y tulipanes entre cristal. Y copas de Tino renano, de oro.)

    El séptimo 98 de España: fué el de 1763, consecuencia del Pacto familiar del 61. España abandonaba sus derechos terranovinos. Y la Florida. Y el fuerte San Agustín. Y Panzácola. Y territorios del Mississipí.
    (París-Madrid, Luis XV. Grimaldi, Choiseul. Una reina de Sajonia: Amalia. Un pintor aún más extranjero y empelucado: Mengs. Un ministro inglés: Pitt. Un reyecito ilustrado por la Francia: Carlos III. Todo ello un “affaire de coeur". Baraja francesa. Le roi, la dame. Le valet. Pique. Tréfle. Carré. Et coeur. Un affaire de coeur. Vive l'Espagne!)

    El octavo 98 de España: va de 1792 a 1795. Pérdida del Oranesado (Orán, Mazalquivir, Tlemecen). Y pérdida de Santo Domingo.
    (¡Todo el Oranesado! ¡Aquella conquista fundamental de Cisneros (1505-1509); aquella conquista, sagrada para nuestra defensa nacional, soñada y dictada por los Reyes Católicos, como única política africana de España! ¡Mauritania cesariana! ¡Argel, de Cervantes! ¡Berbería nuestra que aun hoy habla español! Los masones Aranda y Floridablanca, preparan la traición al servicio de Francia, para provecho de Francia.
    Basilea: el sur del Rin comienza a recibir en sus ciudades, como Holanda en las suyas -norte del Rin-, paces y pactos. Pacifismos. Ginebrismos de España. Derrotas de una cultura mediterránea y católica. Godoy. Basilea. Y allá, por el océano, Santo Domingo; nave a la deriva; desanclada, lejos...)


    El noveno 98 de España: fué el de 1800: la Luisiana. La Luisiana para los franceses.
    (San Ildefonso: versallismo. Verano. Carlos IV. ¿Corren las fuentes? ¡Lloran las fuentes de La Granja!)

    El décimo 98 de España: 1802. La Trinidad en las Antillas.
    (Las naranjas cogidas en los fosos de Olivenza, por el favorito, para la reina chula: la María Luisa. Los gajos de esas naranjas: Amiens. Amiens, la ciudad gótica y sin azahar. Pacto de Amiens, sin azahar: isla de la Trinidad.)

    El undécimo 98 de España: no tiene fecha precisa. Tiene fechas anchas y terribles; tan anchas como la América, que se escapaba. Fechas desde 1810 al 1825. Un 98 de quince años; un 98 lleno de innúmeros 98.
    (Ese 98 innumerable se llamó: Miranda. Bolívar, San Martín. Se llamó Boyacá, Tucumán, Carabobo, Córdoba, Pampa de Junín. Se llamó: Ayacucho, diciembre de 1824.)

    El duodécimo 98 de España: es el famoso, el vulgarizado, el de los hombres del 98; el 10 de diciembre de 1898. París. El de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Marianas, Carolinas y Palaos.
    (En tomo a una mesa de café, Madrid, provincianos. ¡Todo era mentira y farsa! ¡Subvirtamos los valores! La Voluntad, Camino de Perfección. La comida de las fieras. Unamuno. Maeztu. Benavente. ¡Abajo el Quijote! Costa. ¡Siete llaves al Cid! Baroja y Azorín. ¡Viva la Voluntad y Nietzsche! Campañitas de bizarros generales en Marruecos.)

    Y el tredicésimo 98 de España: ¡Ah! el preludio del tredicésimo 98 -último 98 de España- se llamó ''1921''. Y ese preludio ya lo pude interpretar yo. Se llamó: ''Annual''. Se llamó: ''Berenguer''.
    (Mis "Notas Marruecas de un soldado", mi primer vaticinio, el grito de "último- 98", que apercibieron mis abuelos en sus comentarios, viendo en aquel "soldado" su legítimo nieto.)

    Pero el final de ese preludio es ese final: agosto de 1930. Pacto de San Sebastián.

    Y ese grito final, de cisne español -nieto del 98-, es éste que vengo contando, cantando...

    (14 de abril. La farsa -que no fué farsa- se acabó. El residuo final de España se disuelve y pulveriza dentro de la misma España. Rey, Aristocracia, Iglesia, Ejército, Lengua y Unidad. Una mesita en aquel despachito de aquella calle de San Sebastián: Círculo Republicano. El último 98: el número XIII de España. Alfonso XII se va. El vertebrado Imperio, la integrada España, 14 de abril: un solar en derribo.)
    Última edición por ALACRAN; 11/10/2020 a las 21:03
    Valmadian dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    ...III.EL CONCEPTO DE ''98''

    El concepto de 98 -utilizado para calificar la ''generación'' espiritual de españoles que se agrupara en torno a la fecha de 1898 (o fecha de la liquidación Imperial de España)-, lo hemos encontrado reiterándose trece veces a partir de la unidad nacional de 1492 (I, 1648; II, 1659; III, 1668, febrero; IV, 1668, mayo; V, 1678; VI, 1713; VII, 1763; VIII, 1795; IX, 1800; X, 1802; XI, 1810-25; XII, 1898, y XIII, 1921-31). Trece etapas en la ''destruyción de España'', que diría un nuevo cantar de Rodrigo.

    Pero lo que nos ha de importar en rigor señalar son: no tanto esas trece consunciones como ''la conciencia hispánica" que despertaron; no tanto esas trece numéricas alarmas como sus ''reflejos espirituales'' en el alma de España. Dicho de otro modo: lo que nos importa señalar es el ''grito'' de un alma nacional al sentir entrar en agonía su cuerpo histórico.

    Frente a esos trece calvarios, ¿cuál fué la actitud del espíritu hispánico, representado por los vértices anímicos de las generaciones coetáneas?

    El concepto de España

    ¿Existía un concepto nacional sobre España antes de 1492? ¿Antes de que España se integrase en su perfección unitaria? ¿Antes de que España llegase a ser totalmente España? Dicho de otra manera: ¿cuál fué la trayectoria ascendente del nacionalismo español? Se habla hoy tanto de nacionalismo en España y tienen los jóvenes españoles tan pocas ideas sobre ello, que vale la pena de precisar los datos. (Confieso que toda mi labor robinsoniana es como la de un laboratorio monacal para aportar este utilaje, lejos del mundanal ruido político.)

    Puede afirmarse que los pueblos prerrománicos ibéricos entregaron a Roma, Invasora de España, un cierto concepto de unidad. Hispania fué ya para Roma algo más que una expresión geográfica.

    Pero la primera expresión unitaria y nacional no la encuentran los españoles hasta la Monarquía gótica. Hasta entonces puede decirse que los 98 se sucedieron a cada invasión extranjera. (98 fué la invasión fenicia, y la griega, y la cartaginesa, y la romana, y la germánica.)

    En el siglo VII, San Isidoro escribe las primeras afirmaciones nacionales que recogería luego -el juglar del Cid en el siglo XII, un Alfonso ''el Sabio" en el XIII, un poema de Fernán González en el XIV y un Nebrija en el XV.

    ''España es hermosísima". ¡Oh sacra España! ... ¡Oh madre España!... '' (Pulcherrima es, o sacra semperque, felix principium gentiumque, mater Espanna) escribe Isidoro el sevillano.

    La invasión árabe es un nuevo 98 de España. El concepto de España casi se borra. Pasando a ocupar su sitio el "Andalus" mahometano. España no es España: es Córdoba la jalifiana.

    Pero el concepto nacional no se pierde: como un anillo nibelúnguico queda entre los dedos de los cristianos godizados y refugiados en la montaña. Alfonso III pone en boca de Pelayo, refiriéndose a Covadonga, esta consigna mágica: ''Spaniae salus''.

    En el siglo IX, en el Cronicón del Albendense -dice Menéndez Pidal al estudiarlo-, percíbese la unidad de Spania, hija de Roma, descendiente de la Monarquía goda e informadora de la Monarquía leonesa.

    En el siglo X, al colaborar Navarra en el reconquistar de León las tierras a los moros, este concepto de España se afianza.

    En el siglo XI, este concepto queda definitivamente afianzado al firmarse Alfonso VII en los documentos ''lmperator totius Spaniae", Y, sobre todo, al recoger este sentido integrador, regio, el gran Rodrigo Díaz, el Cid, el Señor, el primer ductor, o duque, o dux, de la futura España grande. En el siglo XII, el poeta de Medinaceli se encarga de proclamar eviternamente que "a todos alcanza honra por el en que buen hora nació''.

    En ese mismo- siglo, Alfonso VII, muerto en 1157, ensaya un Imperio panibérico traspasando los límites pirenaicos. Es la primera expansión del concepto de España.

    Pero la ingerencia romana de Gregorio VII ocasiona una pérdida de sentido nacional al servicio de la idea genérica de cristiandad.

    En el siglo XIII, Alfonso X "el Sabio" centra en Toledo lo que podría llamarse ''el meridiano cultural de Occidente". Y en aquel meridiano hispánico redáctase la Crónica general, donde el concepto de España se reanuda y se ensancha con nuevas y claras afirmaciones: ''Esta Espanna que dezimos tal es como el parayso de Dios. Es generosa, atrevida, mucho esforzada en lid, ligera en afán, leal al sennor, afincada en estudio, palaciana en palabra, cumplida de todo bien. E sobre todo, Espanna es adelantada en grandeza e más que todas preciada por lealtad''.

    En el siglo XIV, D. Juan Manuel estima a los españoles como ''mártires de la guerra". Y el poema de Fernán González pide a Dios que por nuestros pecados no destruya a España.

    Pero España ya no se destruye, Consolida su edificación.

    En el siglo XV, Nebrija pronuncia ante los Reyes Católicos estas solemnes, maravillosas palabras: "Los miembros e pedazos de España, que estavan por muchas partes derramados, se redujeron e ayuntaron en un cuerpo e unidad de reino. La forma e travazón del cual, así está ordenada que muchos siglos viviría e tiempos no la podrán romper ni desatar".

    Los Reyes Católicos acababan de fajar la unidad de España con su fajo o fascio de flechas y bajo su simbólico yugo. Haz y Yugo (1). ''La trabazón así estaba ordenada para que viviese muchos siglos".

    Pero esa trabazón, ese concepto de España, iba a destrabarse en trece caídas. Trece fechas desatadas del místico yugo. Los trece noventa y ocho de España que hemos señalado. Trece fechas como trece hojas de un tallo, cuya percusión y roce sobre el suelo del alma nacional producirían las emociones agónicas que vamos a señalar.

    (1) Nota de 1934.- El Haz y el Yugo -símbolo unitario de los Reyes Católicos- fué propuesto por mí en 1928-9; "Cartas a un compañero de la Joven España", en mi libro “En tomo al casticismo de Italia'', como signo nacional de futuridad. La idea fué recogida por Ramiro Ledesma Ramos en La Conquista del Estado (1931). Y dibujado por el carlista Roberto Escribano Ortega que fijó en cinco el número de flechas para que fuesen radiales al yugo, situado en la intersección del haz.

    Nota de 1938.- Este emblema de nuestro Haz y Yugo está incorporado al escudo de nuestra patria, tiene su origen histórico (como dice mi nota anterior, de 1934) en la emblemática de los Reyes Católicos, de donde lo tomé y lo propuse, con lucidez inspirada, hace casi ya unos diez años. Ahora, hecha la nueva fortuna nacional de tal símbolo, he querido indagar sus orígenes anteriores, su última raíz mística. ¿De dónde lo tomaron a su vez los Reyes Católicos? ¿Fué sólo un signo cortesanesco de amor? ¿Fué sólo la F de flechas para significar Fernando a la reina y la Y de yugo para expresar Isabel al rey? Yo creo que hay un sentido ulterior y esotérico de unión de reinos. Y de yugo de rebeldes. Los Reyes Católicos a través de sus "reyes de armas" o heraldistas; y de los Humanistas italianos que regentaron su cultura (Marineo Siculo, Pietro Martir), procedentes del Nápoles imperial y renaciente de nuestro Alfonso V ''el Magnánimo"; y a través de nuestros renacentistas castellanos, como Nebrija, ese emblema debió ser adoptado de la simbología numismática del sígnario greco-romano que puso en moda el Renacimiento. En efecto, en monedas imperiales aparece el Haz alado. Haz de rayos, flechas radiantes, yugadas por alas. (Cum quatuor telis ignitis et quatuor alis.) Sobre todo, en monedas de nuestro Trajano. (lmperator Caesar Traianus Augustus Germanicus Dacicus Parthicus Pater Patriae restituit.)
    El Yugo con haz de espigas está también en monedas acuñadas en cecas turdetanas: como en un sextercio de Obulco, puesto por ejemplo. El Haz alado era el símbolo del Cesarismo. Del Imperio. Del Poder. Es decir: de Júpiter. Símbolo divino, fulgurante, fulmíneo.






    Última edición por ALACRAN; 11/10/2020 a las 21:12
    Valmadian y juan vergara dieron el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  4. #4
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    Gracias por estos aportes Alacrán!
    Lamentablemente el Águila que representaba a San Juan, apóstol, evangelista, poeta, teólogo y místico; que escucho latir al Sagrado Corazón de Jesús, y que al pie de la Cruz
    en representación de todos nosotros recibió a la Santísima Virgen María por Madre; no están más en el escudo de la bandera de España, como tampoco lo están el Yugo y las Flechas.
    Ambos provenían de los sin par Isabel y Fernando (tanto monta, monta tanto).
    Isabel tuvo una especialísima devoción por San Juan.
    Nosotros seguimos enarbolando -sin doblegarnos- esa Bandera!
    Valmadian y DOBLE AGUILA dieron el Víctor.

  5. #5
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    ...IV.MÁXIMA ESPAÑA, YEMA DEL MUNDO

    El concepto de ''España'' hemos visto que tiene una trayectoria ascensional hasta el siglo XV, desde la vaga unidad geoétnica de los prerromanos hasta la afirmación imperiosa de Nebrija; desde la España deshacinada de nuestra Edad Media hasta la "travazón" en haz de los Reyes Católicos; desde los ''cinco reinos de España'' -''las Españas del XIII''-, hasta el vértice de 1492.

    El vértice de 1492 fué como la cima ideal a que aspiraran durante siglos los anhelos nacionales de San Isidoro, del Cid, de Fernán González, de Alfonso el Sabio, de D. Juan Manuel; es decir, de todas aquellas generaciones espirituales en cuya conciencia se reflejara un ansia unitaria por los ''miembros e pedaços de Espanna''.

    Esa conciencia verticilar que simboliza Nebrija en el siglo XV perdura por más de un siglo. El español del Quinientos y parte del Seiscientos goza la serenidad y el orgullo de su maximalidad en el mundo. Y así lo expresa con tono apologético y providencialista.

    ''España se creyó el pueblo elegido de Dios'' -comenta Menéndez Pelayo.

    Sí. El teólogo, el místico hispano identifica el destino de su patria con las profecías bíblicas, divinas. Y reconoce en esta Máxima España suya, extendida por toda la tierra, y en esta lengua compañera del imperio, la encarnación de Israel y de Roma: de lo divino e imperial de la Historia.

    Para Herrera, el de Lepanto, España es el ''pueblo de Dios''.

    ''En toda la tierra se oyó su sonido, y hasta los confines del mundo se oyó su voz''- se dice parafraseando a David.
    La Profecía LX de Isaías se cumple en Felipe II. Y también aquella otra de los Proverbios: "Thronus ejus in aeternum fírmabitur".

    ''Los españoles dilatan la fe católica, oficio y prerrogativa que tenía el pueblo de Dios escogido'' -afirma un historiador secentista.

    El Presagio del Antiguo Testamento se verifica en la Monarquía hispana. Y también el destino virgiliano de Roma: ''Imperio sine fine dedi''.

    ''Ya es llegada la edad dichosa que promete el cielo''. Una grey y un Pastor solo en el suelo.

    ''Por suerte a vuestros tiempos reservada'' -advierte el poeta a Carlos V.

    "Nosotros nacimos para mandar'' -asegura Gracián.

    ''Es España yema del mundo'' asegura Guzmán de Alfarache.

    ''¡Madre de las naciones!'' asegura Cervantes.

    ''España, en virtudes, envidia de las demás naciones'' asegura Hurtado de Mendoza.

    ''Decir español es decir caballero" -ecuaciona Lope.

    ''No hay bestias ni hay vulgo como en las demás naciones'' observa, agudo, ''El Criticón'', adelantándose así a la observación de Keyserling de que en el español genuino no existe el proletario.

    “El español ha nacido para mandar y no ser proletario”.

    ''Los españoles en Indias no aran ni cavan." ''Morirán antes de hambre que ponerse a un oficio.'' ''Con decir ''español'', se me debe toda cortesía y respeto.” ''Nación, España, arrogante y porfiada.'' ''La bizarría española, naturalmente soberbia.''. ''Español, galán como el sol.” ''Español soy, que me obliga a ser cortés y a ser verdadero." ''Español hasta la gola, siempre la libertad nació española.'' ''A los españoles poco les basta para entretener y sufrir muchos trabajos." ''Para ingenios, España". "España, en virtudes floreciente." "Florecen hoy templos, virtudes, sacrificios''. "Deleita la división de grados, la distinción de sangre.'' ''Subieron hoy las artes, al extremo de sutiIeza" ''En España hay acierto para enderezar los públicos negocios, y, lo más importante, la salud universal.''

    Este es el maximario nacional que refleja el teatro, el sermón, la poesía de la época.

    Una caricatura o pasquín aparecido en Roma representaba una vaca ubérrima: ''España''. Y de sus pezones, becerrillos mamando: Inglaterra, Flandes, Holanda, Francia y "otros enemigos nuestros" -dice el español que lo noticia.

    Aquella España que ingenuamente vaticinaba la prosa toledana de Alfonso el Sabio, como "parayso de Dios'', es la que apologizan los humanistas de esta edad de oro: Nebrija, Barbosa, Matamoros, Mariana, Quevedo.

    Esta Monarquía universal de España es la que alaban extranjeros como Marineo Siculo y Campanella. (Es la que siglos más tarde aun loarían un Macaulay, un Lummis, un Vossler, un W. Frank, un Pfandl.)

    Los primeros estupores del siglo XVII

    En el siglo XVII hemos visto que acaecen los ''cinco primeros 98''. El de ''Münster'' (1648). El de la ''Isla de los Faisanes'' (1659). El de ''Lisboa''. El de ''Aquisgrán'' (1668). Y el de ''Nimega'' (1678).

    La Monarquía universal de España entra en ese período que D. José Ortega y Gasset llamó ''desintegrador''; entra en su ''desvertebramiento''. Posesiones hispanas de Europa y Africa se secesionan y apartan. El gran cuerpo de la España máxima comienza a mostrar sus muñones sangrantes ante la Historia.

    ¿Cómo se manifiesta el ''alma'' de ese cuerpo? ¿Cuál es la actitud de los espíritus avizores, cimeros, de esa máxima España en peligro? Dicho de otra suerte: ¿Cuál es el "grito del 98'' con que se caracteriza la conciencia nacional del XVII?

    Durante el siglo XVII ''no hay gritos''. El intelectual español, es, antes que intelectual, un "espíritu en función de Estado''. No se le ocurre anteponer ni por un momento · sus propias preocupaciones líricas a las genéricas y objetivas del Estado.

    El español del XVII conserva la jerarquía, la disciplina y el respeto del Estado.

    Cierto que hay ya en ese español del XVII gérmenes de rebeldía, de crítica y de anarquismo. Que hay ya en él esos conatos de escindir España en ''dos Españas'': la ''tradicional'' y la ''reformista'' -que se desenvolverían enérgicos durante los siglos XVII, XVIII, XIX y XX, bajo diversas antítesis (la última de las cuales era de "la España oficial'', y ''la España vital''). Pero también es Io cierto que tales gérmenes disolventes estaban contravacunados por un ''sentido de consustancialidad estatal''.

    El español del XVII nota que España es máxima todavía. Pero que ''algo'', un ''quid de inquietud'', se cierne como tormenta y peligro sobre esa España ''yema del mundo''. Siente el estupor, el asombro de encontrarse frente a potencialidades hostiles y oscuras que le amenazan. Indice de tal situación estupórica y dubitativa fueron esos supremos representantes espirituales del siglo XVII: Cervantes y Quevedo.

    Cervantes es, ante todo, un soldado. Su primera labor de escritor hispano son ''notas políticas y heroicas de soldado''. Es el Cervantes que considera orgulloso a España ''madre común de las naciones''. El que no le importa morir en la batalla si los ojos de su príncipe contemplan su morir.

    Pero Cervantes es también el observador que empieza a analizar, a preferir, a confrontar. Y a quitar ceguedad a la soberbia -mística y ciega- de la España yugada en haz. (Las posadas europeas, italianas, le parecen más confortables que las españolas. El clero español quizá es un poco bárbaro, como pensara Erasmo. El varón español tal vez trata con poca liberalidad a la mujer.)

    Cervantes a veces alardea de excesiva ortodoxia y se le ve la ironía. Y es que Cervantes ha creado ''la ironía"; el gran instrumento de combate frente al estupor. Hace ''Don Quijote'', la gran burla de lo estupefaciente.

    El ''Quijote'' es la correlación espiritual al desastre que se fraguaría en Münster. El ''Quijote'' es el primer ''estado de ánimo de puro 98''. Alarma e ironía. Primera despedida de toda grandeza y aventura española.

    Quevedo es el político y el humorista. Su fe en España es más fuerte aún que la de Cervantes. Al fin, Quevedo, si conoce la cárcel, la persecución y la plebe, siempre es como palatino y como político. No como un oscuro hidalgo, casi un proletario, como le acaece a Cervantes. Quevedo no es analítico ni escéptico. Nunca le asoma esa diabólica ''duda íntima'' que se insinúa en Cervantes. Cierto que su excesivo temperamento satírico, amargo y atroz, presagia el drama romántico de España. Cierto que la burla constante de Quevedo bien puede homologarse a la sutil ironía del ''Quijote''. Sobre el alma clásica y heroica de Quevedo planea también el veneno etéreo de las disolvencias. Pero hay algo en Quevedo que denuncia mejor que la "duda íntima" el que las cosas de España se han torcido y fracasan. Y son sus panfletos defensivos de España. No sus ofensas, sino sus defensas de España. Su ''Carta a Luis XIII de Francia'' y su ''Lince de Italia'', su "España defendida'' muestran la amargura de un espíritu prócer al constatar que todo el esfuerzo universal y genial de su país se rompe ante la malevolencia de ocultos enemigos. Es la melancolía de Don Quijote frente a los endriagos y los embaucadores la que reaparece en Quevedo con forma polémica y panfletista.

    Pues bien; esa ''sensación de melancolía'' la siente toda la espiritualidad del siglo XVII español. Basta mirar a los ojos de. un Greco para advertir, junto al -llamear de la pupila, el cansancio triste del rostro.

    El español del XVII comienza a advertir con estupor que España se ha quedado desolada con tanta guerra.

    ''Tan despoblados todos esos pueblos'' dicen Tirso, Rojas, Suárez de Figueroa, Gracián.

    ''Espántame ver los muchos españoles que militan en varias provincias. Esa es la causa de estar España tan desierta" dice ''El Pasajero'' con estupor.

    Y estupor era ya el de Fray Luis ante ''la espaciosa y triste España''.

    El español del XVII comienza a discernir por qué se espanta y estuporiza. Cuáles son las causas para que en la periferia del Imperio se produzcan un Münster, unos Pirineos, un Aquísgrán. Falta de gentes para tantos combates, tal vez. ''Por las muchas y elevadas empresas se va apocando España de gentes''.

    También puede suceder que el exceso de burocracia estatal o, como hoy se diría: de "enchufes'' fuera otra causa.
    Y así hay quien señala la superfetación clerical como grave daño. ''Sacerdote soy -dice un capellán de Felipe III- , y confieso que somos más de los que son menester''. Y así declara también Navarrete en su ''Conservación de Monarquías".

    Ello hace, sin duda, que la tierra labriega no se cultive. La tierra no se cultiva no porque sea más ''mísera'' que la de Italia, como señala Cristóbal de Villalón, ni más ''seca de lluvias'' que la de Francia, como dice otro arbitrista, sino porque todos están concordes en reconocer que el español ha perdido sus antiguas virtudes de sobriedad, sufrimiento y sencillez. El español del XVII se ha hecho soberbio. Ocioso. Luxuario. Inhábil para el trabajo mecánico. Se ha hecho señorito, con horror a lo trabajador. Hasta el punto que el mismo operario -como aquel zapatero salmantino- se hace descender de altos linajes antes de confesar que su madre era mondonguera.

    Este español "nacido para mandar'', que expulsa a las razas serviles del país (judíos y moriscos), se encuentra sin saber a quién mandar, como no sea a los esclavos que se traiga de América. Y de ahí nace el "pícaro". El señorito encanallado. O el canalla enseñoritado. El español de los mil trabajos por no trabajar. Con moral de señor y hechos innobles. En busca ya sólo de la canonjía, del enchufe.

    El español del XVII, apretado por la naciente miseria material y espiritual, comienza a acentuar su xenofobia. España, "madre común de las naciones", comienza a no poder ya serlo. Ni Madrid, que, al decir de Lope, fuera ''madre de gente extraña", "madre, punto y excelencia de la real circunferencia que es la corona de España''.

    Ese español mira ya con celo el que Génova se coma nuestro azúcar y Holanda se lleve nuestro oro y nuestras lanas, y Nápoles nuestra seda, e Inglaterra nuestros vinos, y Venecia nuestro vidrio, y Alemania nuestro azafrán...

    Sepúlveda, Ambrosio de Morales, Soto, Medina, Saavedra Fajardo, Gracián: las minorías de nuestro siglo XVII se esfuerzan con su ingenio y su corazón en conjurar esa madrugada de desastre, esa naciente crisis. Y arguyen, valientes, contra Maquiavelos, Luteros, Oranges, Escalígeros y demás huestes antiespañolas.

    El español del XVII aun canta el himno triunfal de Nebrija. Pero por sus labios suena ya en voz baja y con trémolo de Iágrimas.

    ¡Aún hay maximalidad en España! Pero "cinco Pactos, cinco 98", como cinco saetas, se han clavado ya en el cuerpo vacilante de la nación.

    ...

    Última edición por ALACRAN; 20/10/2020 a las 21:02
    Valmadian y DOBLE AGUILA dieron el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    ... V. LOS CINCO REMEDIOS

    Si en ''lo corporal'' del "concepto de España'', los cinco 98 del siglo XVII (Pactos de 1648, 1659, 1668 bis y 1678) significan cinco desmembramientos: significan como retrocesos a una España medieval, rota otra vez en pedaços, sin travazón -las ''crisis espirituales" de un Cervantes, de un Quevedo, de un Gracián, de un Saavedra Fajardo, de un Fray Luis de León-, representan otros tantos partimientos del ''concepto maximalista de España" en el ''alma'' de aquel "cuerpo".

    La ironía de Cervantes; la sátira de Quevedo; la sonrisa de Gracián; la prudencia de Fajardo; la tristeza de Fray Luis, vienen a ser, en este ''alma'' de España, los boquetes por donde empieza a derramarse la sangre espiritual de la nación. Del modo que aquellos cercenes de los Pactos vinieron a ser las rotas venas por donde comenzó la hemorragia política española.

    Flechas caídas del haz. Y en su caída, otras tantas llagas sobre el alma de España.

    Llagas difíciles de curar, de atajar, ya. España -desde el Pacto del 48 y desde ''la duda" cervantina- entra en su vertiente mórbida, en esa enfermedad terrible, lenta, consuntiva, tuberculósica, que le iba a durar tres siglos.
    Entra -''el concepto de España''- en la fase de ''los remedios heroicos'', de ''las consultas doctorales'', de ''las velas al Santísimo'', de ''las medicaciones arbitristas", de "los "sortilegios rectificadores''. Entra en una ''atmósfera de hospital" -como exactamente la calificó Ortega y Gasset, al entrar él en su quirófano, en la sala de operaciones de la "España invertebrada''- . Fase trágica y agónica de lo irremediable. A la cual se aplican esos grandes emplastos que yo he sintetizado en número de cinco.

    1) El Concilio de Trento

    La primera de aquellas medicaciones o curas aplicadas al herido ser de España fué, sin duda, como urgente y desesperada, la más aparentemente eficaz.

    Fué: el Concilio de Trento. Fué: la Contrarreforma. Fué: frente al morbo quijotero, la inyección nuevamente cargada de fe y de rectificaciones, de Ignacio, el de Jesús, y de Teresa, la de Jesús.

    El Concilio de Trento, la Contrarreforma española, tuvo un éxito más que de resucitamiento, de galvanización. Y lo tuvo porque se planteó el problema de la incipiente morbidez hispánica, hasta la raíz de tal problema; esto es: hasta Roma.

    Si España había sido fuerte, sana, hacinada y expansiva durante más de un siglo, ¿a qué se había debido?

    ¿No fuera por haber respirado un aire específico, que ahora comenzaba a enrarecerse?

    ¿No fuera por haberse nutrido de una cierta sustancia, que ahora comenzaba a putrefactarse?

    ¿No fuera por haber amado a unas ciertas deidades que ahora comenzaban a evanescerse?

    Exacto, exacto. España había sido fuerte, sana, fajada y expansiva, porque: llegada a su individualidad como nación (siglo XV) se había puesto, integral e inmediatamente (siglo XVI), al servicio de aquellas deidades sobrenacionales a las que viniera sirviendo trabajosamente desde la Monarquía gótica, desde hacía diez siglos: una Espada y una Cruz; es decir: la causa secular del Cristo; aquel ecuménico ideal nacido en la Roma antigua y desarrollado durante el Sacro Romano Imperio de la Edad Media; la romanidad católica, europea.

    Los godos se catolizan en España desde el año 587. Es decir, los germanos se hacen romanos en España desde el siglo VI. Cuando la Monarquía cristiana de España reanuda en Covadonga su secular destino, en el siglo VIII, aquellos "románicos'', se vanaglorian de ser gódicos, ''germanos''. Alfonso X, en pleno siglo XIII, junto a su ideal nacional de España, tiene el sobreideal de la sobrenacionalidad; el de una ''internacional germanorrománica'', y aspira a ser Emperador de Alemania para mejor servir al Dios de Roma. En el siglo XV: los Reyes que fajan a España se llaman los Católicos. Y su entronque con lo germano hace que Carlos V y Felipe II realicen, por fin, el gran sueño medieval, carlomágnico, de un “Sacro Romano Imperio germánico" en España. El sueño de la grandeza "nacional y sobrenacional'' de España: Grandeza mundial: Imperio sacro.

    Esa había sido la clave de la famosa grandeza de España: el oro celeste de aquel siglo XVI español. Esa. Que España, nación trabada por españoles (1492), se puso al servicio de una "supernación''. Fué el instrumento nacional de una idea universa, representada en lo temporal por un "César'', y en lo espiritual por un ''Dios''.
    Esta supeditación jerárquica de lo nacional a lo cesáreo y de lo cesáreo a lo espiritual ecuménico -Roma-, fué la clave de aquella grandeza española.

    La civilización de América y la conquista del mundo no las hace España en nombre de ''libertades comuneras de Castilla", sino en ''nombre de un César para el servicio de un Dios". Genio de España.

    La crisis de la "primacía espiritual de Roma" del Dios universal y católico, comienza con las grandes herejías o disolvencias del Renacimiento. Y esa crisis es la que repercute inmediatamente sobre el brazo diestro de aquella primacía: el cesarismo de España. La estrella Iuciente de España comienza a nublarse cuando el sol de Roma se nubla. Por eso acude España -ante todo- a Roma, para salvarla, porque salvando la luz de Roma salva su propia luz, su destino.

    Y ese es -exacto- el origen de la Contrarreforma española. El origen de la lucha española contra las disolvencias que amenazaban a Roma, y por consecuencia: a ella misma. Su agonía desesperada contra luteranismos y todos los ismos.

    El Concilio de Trento es el primer remedio heroico para cortar la gangrena comenzada.

    Ignacio y Teresa luchan porque la ironía de Cervantes no degenere en sarcasmo. Porque la sátira de Quevedo no se corrompa en volterianismo. Porque la tristeza de Fray Luis no derive a pesimismo. Porque la prudencia de Fajardo no pare en derrotismo. Y porque Gracián con su sonrisa no anticipe, demasiado pronto, la mueca amarga de Schopenhauer.

    Es decir: porque el último 98 se retrase en tres siglos. Porque la disolución o destrucción de España se demore en trescientos años.

    Mientras la política cesárea de los últimos Austrias españoles intenta corregir por el mundo, con las armas y con la Inquisición, las sangrías de sus cinco llagas, de aquellos cinco 98 inferidos al cuerpo de España, la Compañía fundada por el español Ignacio al servicio del Dios de Roma, ensaya batidas en todas las brechas del mundo contra las sangrías espirituales inferidas al alma católico-imperial de España, aplicando el remedio heroico de lo tridentino. ¡Momento prodigioso en la vida española esas primeras sacudidas de un país, para salvarse, acudiendo por todo el orbe de su personalidad, como con cauterizaciones: con la espada y con la cruz!

    Pero el morbo no se detuvo. Sino que se ahonda y se amplifica. La "duda" cervantina se ha profundizado y extendido durante todo el siglo XVIII. Discípulos de los mismos jesuítas la recogen y la desarrollan: Descartes, Voltaire. Y cuando está ya bien madura y terrible, nos la envían de reflejo, para que alcance su máxima expresión ochocentista en el genio debelador de un Feijóo, de un Goya. Y durante el ochocientos y el novecientos: en las filosofías escépticas y criticistas que irían a desembocar en la negación absoluta de un Ortega y Gasset de que España fuese vertebrada.

    2) El remedio económico

    La ''reserva'' de un Gracián al plantearse económicamente lo que hubiera sido España si en vez de dedicar su moneda y su esfuerzo a las guerras universales las hubiese aplicado a la reconstrucción interior, toma un desarrollo virulento y pasmoso en los siglos sucesivos. (''¿No estuvieran hoy todas sus ciudades enladrilladas de oro y murallas de plata? ¿Qué duda hay en eso?”-se pregunta el Criticón.)

    Esa ''reserva'' gracianesca es la terrible falacia del remedio económico, del creer que un pueblo es rico cuando puede y no cuando quiere. Es la tremenda falacia de la coyuntura económica que iba a destrozar el resto del cuerpo imperial hispánico.

    Mientras al español no le importa dar su vida, su oro y su salvación por la salvación, el oro y la vida de los demás -de los no españoles-, el Imperlo crece y se mantiene. Pero desde el momento en que Castilla no acepta aquello del decir de Saavedra Fajardo de ''que triunfen los demás y ella padezca'', es desde que la hegemonía española se quiebra. Prueba de ello: en lo territorial, las fechas de 1713, 1763, 1795, 1800, 1802, 1825..., 1898, 1931. Prueba de ello: en lo espiritual, que ya no se busca el remedio del desastre en la raíz, sino en las ramas.

    El sentido internacional, católico, del español del XVI y XVII, se reduce a sentido otra vez nacional, particularista, paisano, civil de los siglos XVIII, XIX y XX.

    Para salvarse España no hay que curarse ya de la salvación de Roma, del alma mater. Sino poner emplastos al brazo de aquel alma; al puro y estricto territorio español.

    De ahí se origina que se consideren como tumores y superfetaciones: a) las guerras; b) los funcionarios de esas guerras: el soldado y el sacerdote; y c) las riquezas acumuladas en la hidalguía. Y que todo el remedio se contraiga a comprimirse: a preludiar las ''reformas de Azaña'', las del último 98 de España.

    Ya en los finales del siglo XVII los arbitristas e intelectuales, los reflejos anímicos de los cinco 98 del siglo, señalan como causas de la enfermedad paisana y nacional: la despoblación del país, la incultura de las tierras del país, la abundancia de clérigos en el país, la ociosidad de los hidalgos, la ignorancia de la plebe.

    Campomanes, en el siglo XVIII, echa "las cuentas'' de aquel problema que planteara Gracíán. La guerra de los Países Bajos contra el luteranismo ''costó más de 200 millones de pesos..., que impuestos en España con destino a población, a riego, a canales de navegación e industria nacional, al 3 por 100, habrían rendido al Erario perpetuamente seis millones anuales de pesos''.

    Tal remedio del tanto por ciento es el que llega a través de Cadalso y de Larra hasta Costa; quien lo cristaliza en su famoso enterramiento del Cid y en su no menos famoso despensa y escuela. Es el que informa la ''anticruzada'' de Unamuno contra el modesto protectorado marroquí. Es el gran postulado de ''colonización interior'' que hace posible la República de 1931, destinada a suprimir, como gastos inútiles, lo que ya era sombra de sombras.

    El débil brazo de España en 1931 ya no puede sostener -no ya un Imperio- sino el simple peso de una corona, de una espada, de un pergamino, de un crucifijo y de una lengua.

    3) El remedio de la cultura

    Así como el remedio de lo económico no tuvo otro sentido que reducir a números, a materia, lo que era innumerable, espiritual, así aparece, desde el siglo XVII, otro remedio sucedáneo: el de la cultura.

    Se manifiesta en forma polémica. Aquellos ataques de Escalígero, de Maquiavelo, de Mureto contra la cultura hispana iban a continuarse en el siglo XVIII por los enciclopedistas, y en el siglo XIX por los herederos españoles de esos enciclopedistas.

    Al principio se trató de desdeñar las puras letras de origen español. Quevedo defiende aún a Quintiliano, Lucano y Séneca, a quienes el crítico holandés llamara pingües isti cordubenses ...

    Pronto se plantea el problema mismo de la validez cultural de España, en sus ciencias y artes, que se concreta en la invectiva enciclopedista de negar que Europa debiera nada a España, origen de las polémicas que -a partir del siglo XVIII-, con Cavanilles y Forner, pasan al siglo XIX con Menéndez Pelayo y llegan hasta hoy con Rey Pastor y Federico de Onís. Polémicas sucintamente historiadas por Pedro Sáinz Rodríguez.

    El remedio de la cultura toma la misma bifurcación errónea que el remedio de lo económico: la misma guerra civil; esto es: plantearse si la cultura en España se mejorará inspirándose en lo castizo o inspirándose en lo europeo. Y entendiendo por castizo la ciencia y el arte de siglos anteriores. Y por europeo los adelantos de ''la Europa", de la Europa desromanizada, protestante, independizada, particularizada, nacionalizada. Francia, en un principio; Inglaterra después, y finalmente Alemania.

    En el remedio de la ''cultura'', como en el ''económico'', el español deja ya de abordar el problema en su misma raíz genética o universal. Y se atiene a las derivaciones locales, nacionales.

    Patriota, dicen en el siglo XVIII los europeizantes, empleando ese bárbaro y moderno término de patriotismo, será en España "el que escriba uno de los muchísimos libros que nos faltan''. Y este sentido del "patriotismo ilustrado" es el que informa toda la cadena intelectual europeísta que va desde Huerta e Iriarte hasta la Junta de Ampliación de Estudios.

    Por otra parte, los casticistas, caídos dentro de la falacia patriótica, se esfuerzan en demostrar que en España ha habido siempre una cultura tradicional, que conviene mostrar ante los extranjeros, aunque sus fallas las reservemos para nuestros adentros. Y ello lo sostienen desde Forner hasta el profesor Pin y Soler, cuyo debate sobre este tema lo transcribe Federico de Onís en su libro sobre el ''Sentido de la cultura española''.

    Pero los resultados de ese remedio de la cultura no fueron superiores a Ios de la restricción económica.

    El genio sustancial de España no recobra su vitalidad ecuménica e integral de otrora.

    Frente a aquella suma de afirmaciones maximalistas de España que mostramos anteriormente, frente a aquel maximario de la abundancia y grandeza de España en el siglo XVI, la generación de 1898 expone este otro:
    "No hay un hombre", dice Costa. "No hay voluntad", dice Azorín. "No hay valor", dice Burguete. "No hay bondad", dice Benavente. "No hay ideal", dice Baroja. "No hay religión", dice Unamuno. ''No hay heroísmo'', dice Maeztu.

    4) El remedio de la libertad

    Junto al remedio de "lo económico" y junto al remedio de "la cultura" se plantea una tercera medicación: la panacea de la ''libertad''.

    Si España se ha desvirtuado y decae, es porque ha carecido de libertad: por la Inquisición.

    El tema de la Inquisición, señalado por Voltaire y los "ilustrados" del 700, encarna en la ideología de las Cortes de Cádiz.

    Muñoz Torrero afirma en esas Cortes que en España dejó de escribirse desde que se estableció la Inquisición.
    (Pero lo cierto es que en estos días (1931-1932) puede afirmarse que en España se ha dejado de escribir desde que la Libertad, en su máximo grado de República, se ha establecido).

    El tema de la libertad es el básico que utilizan las masas políticas para organizarse en "partidos" y para escindirse en las manifiestas guerras civiles del siglo XIX y en la latente del siglo actual.

    En el "progresismo", dicen los liberales, está la salvación. En el ''regresismo'', dicen los carlistas, está la salvación. ''No importa que todo se hunda -economía y cultura- con tal de que se salve la libertad'' dijo uno de los primeros ministros del régimen actual republicano.

    No importa que todo se hunda -había dicho un ministro de la causa de Austria- ''si no es la religión, que, como ésta quede a salvo, lo demás se puede sufrir''.

    5) El remedio de lo indígena

    Finalmente, la otra panacea característica que se señaló para curar las llagas de España, para "regenerarla" de sus tristes 98, fué el de apelar al remedio de lo indígena en la dirección de los negocios públicos.

    La repulsa de los Comuneros por aceptar una dinastía extranjera para el mando de España es la tradición que recogerán todos aquellos que señalaron en el ''austracismo'' la causa fundamental de la decadencia española. Desde Cánovas hasta Ganivet. Y hasta Manuel Azaña.

    En uno de sus discursos, Manuel Azaña (cuyo mejor estudio literario es el dedicado a los Comuneros) afirmó que se enlazaba a la verdadera tradición de España, a la de las libertades comunales, a un nacionalismo puramente indígena.

    Y ello puede ser verdad en Azaña. El rostro de Azaña -con su impresionante mueca pálida- tiene algo de cabeza ajusticiada en Villalar, que reaparece ahora vindicativa, sobre los hombros del mejor heredero que a través de los siglos iban a tener Padilla y Maldonado, los primeros republicanos castellanos ante el preimperio español del XVI.

    Frente a la decadencia o enfermedad de España: esas cinco medicaciones o arbitrios o remedios: de lo religioso, de lo económico, de lo cultural, de lo libertario, del indigenismo político.

    Resultado: trece Pactos, trece secesiones, trece disoluciones. Desde 1648 a 1931.

    Resultado: desde el vértice imperial de 1492 hasta esta España desnuda y despojada que torna a la fragmentación polirregional de la Edad Media.

    Los arbitristas o intelectuales, los médicos de España, operaron con un crescendo de alarma. Su método fué una escala sonora de menor a mayor.

    Al principio fué la discreción en el obrar, sin ruido y sin gestos. (Recordemos el mudo cuadro aquel de los plenipotenciarios de Münster, siglo XVII).

    Poco a poco, según se acumulan llagas y derrotas, esa discreción pierde su pudor. Se manifiesta en polémica (siglo XVIII). La polémica degenera en panfleto y grito (siglo XIX). Y el grito (grito de 1898), termina en explosión; en revolución (siglo XX, 1931).
    ...



    Última edición por ALACRAN; 11/11/2020 a las 17:38
    Valmadian y juan vergara dieron el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  7. #7
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    Como nos duele como un lanzaso en el costado, como un dolor enamorado, esta España usurpada por saduceos, fariseos y filibusteros.
    Pero a pesar de las derrotas, de las traiciones, del olvido, o las deserciones, no nos han vencido.
    Deben saber que aún estamos dispuestos a clavar del otro lado la Bandera.
    No todo se mide, pesa, o calcula.
    Me viene a la memoria aquella pregunta y su respuesta, exacta, lacónica, y sinfónica:
    "Capitán con que armas lucharemos?
    Con las que les quitaremos al enemigo Soldado!".

    Y aquella otra precisa reflexión sobre la democracia:
    "La democracia es la mediocridad empadronada.
    Es voto y nada.
    Es sin discutir
    La democracia, una desgracia"
    .
    Y también recuerdo aquel saludo estético Romano de un movimiento juvenil:
    "Por Dios y Por la Patria! Hasta que la muerte nos separe de la lucha!".
    Eran los tiempos en que se nos hacia carne aquello de:
    "Tu Honor es tu Fidelidad", y lo creímos, sin moderados peros, sin aclaraciones "intelectualoides", sin discusiones o disquisiciones que considerábamos impertinentes o simplemente diletantes.
    Porque: La discusión sobre esa cuestión era algo en lo que no creíamos.
    Y lo que creíamos, no nos permitíamos ponerlo en discusión.
    Claro está que éramos absolutamente -lo que hoy se denomina- "políticamente incorrectos"...
    Valmadian, ALACRAN y Hyeronimus dieron el Víctor.

  8. #8
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    VI. LA EXPERIENCIA TOTAL DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA

    Cuando muchas gentes se preguntan el porqué del perdurar de la República y se asombran de que la República española adquiera como ''un ritmo tradicional'', se olvidan de que la República significa en estos momentos españoles la concentración intensiva de todos esos remedios de tres siglos de tradición arbitrista. Son tres siglos de experiencias parciales los que sustentan esta experiencia total que es la República española presente.

    Si se cortara una sección de esta República -como se secciona una materia para someterla a análisis químico-, nos encontraríamos una contextura de vieja, lenta formación.

    Todas las añosas creencias de que la salvación de España estaba en ''lo cultural'' -esa corriente que va desde el siglo XVIII hasta Giner de los Ríos- culmina en ese instrumento de prueba de las "Misiones pedagógicas", alma de la política cultural de la República, como señaló su ministro o servidor D. Fernando de los Ríos.

    Todas las seculares suposiciones de que la salvación de España estaba en la ''economía interior" --que van desde Gracián hasta la ''despensa y escuela'' de Costa, culminan en todos esos proyectos militares, agrarios, laboristas, industriales y financieros que tienen sus sedes en los Ministerios de Guerra, Marina, Obras Públicas, Trabajo y Hacienda.

    Todos los interesados cálculos de que la salvación de España estaba en "la libertad" -que van desde las Cortes de Cádiz hasta la trenza incombustible de Echegaray- culminan en ese separar Iglesia de Estado, mujer de marido, hijo de padre, cuyo asiento reside en el Ministerio de Justicia.

    Todas las consabidas aseveraciones de que la salvación de España estaba en "la política indígena'' -que van desde Villalar hasta los estigmatizadores del austracismo y del borbonismo- culminan en la tónica socialista y demócrata.

    La generación amortiguada

    Todas las características de lo 98 parecen integradas en el volumen de la actual República española. ¿Verdad?

    Todos los hombres del 1898, están como integrados en ella. Unamuno satisface su religión laica. Valle Inclán, su afán de tesoros. Baroja, sus figuras masónicas e intrigantes. Azorín, su entusiasmo por Francia. Benavente, su mordacidad sobre lo equívoco. Maeztu, su placer de ver embajadores a sus compañeros de bohemia. La generación filial tampoco rechista, si no es para breves rectificaciones, como Ortega. Para sonreír y fumar puros como Pérez de Ayala. Para hablar de anécdotas, de glosas y de recaídas, como d'Ors. Todas las características de lo 98 -parecen, sí- fundidas al volumen de la segunda República española.

    Todas, menos una. Precisamente la fundamental, la generatriz de esa generación y de todas las generaciones espirituales que acompañan a los trece. 98 de España: esa, la del grito, la de la rebeldía, la de la disconformidad.

    Causa asombro -y a veces asco- contemplar a tanta fiera espiritual como eran esas almas españolas, casi profesionales del grito, ahora sosegadas, adormiladas y beneplácitas, tumbadas a la sombra de la Historia española, sin más afán que ese triste, burgués, de consolidar, ahorrar y perdurar. Causa pena y -a veces- desprecio, contemplar su ya consumada y rápida vejez. Su falta repentina de alientos para gritar el gran grito, la mágica contraseña que vino a través de los siglos de boca en boca, y que era un simple: ¡NO!

    Tampoco en los jóvenes se ve cundir esa consigna nacional revolucionaria, juvenil y hermosa.

    Mi grito

    Si yo me he atrevido a blandirla y la he pedido para mí como única herencia que deseo del 98, si yo gracias a ella me he creído y creo ''nieto del 98'', no es por vanidad ni por insensatez. Bastárame ver que el país dormía en la placidez canonjil de sus rectores, y mi grito se hubiera sofocado.

    Pero es que este grito mío, de nieto del 98, vuelve una vez más a coincidir con el ansia secreta inédita e intrahistórica del país.

    Es que el país cree también que esos remedios tradicionales de la cultura, de la libertad, de lo económico y del indigenismo terminan en el vacío; son como callejones de atrayente entrada, pero sin salida alguna.
    Ve que la cultura no se reduce a pedagogía, Que la libertad es una teoría parlamentaria. Que lo económico es un mito adjetivo, pero no sustancial. Y que el indigenismo en España pudiera ser una oclusión para una vida internacional y ambiciosa.

    Yo no niego la fatalidad de la República española. Quien vea bien el presente de España debe verlo en republicano. Debe estimar lo que se significa esa conciencia comunera y castellana que representa Manuel Azaña. (La mayor responsabilidad de una Monarquía es la de derivar a República. Así como la mayor excelencia de una República es la de ascender a Imperio.)

    Pero de eso a aceptar como absoluto todo eI sistema mítico que ha puesto en práctica, va justamente mi discrepancia, mi ¡no! Ese sistema mítico y cuadrangular resultará tan heroico y urgente, tal vez, como el remedio tridentino de Loyola en el XVII. Pero como ése del tridentismo, opera sobre una trayectoria mortalmente herida.

    ¿Muere o resucita España?

    España quiere ser nación de nuevo. Pero para pasar a un nuevo ideal de sobre-nación. Para afiliarse a un gran servicio humano, ecuménico y -por tanto- divino.

    Es posible que la España republicana sea una España sucedánea a la de Primo de Rivera: es decir, un último esfuerzo por conservar siquiera la sombra del nombre, la sombra de una unidad y de una convivencia secular. Y es posible que tras esta experiencia última España se despeñe en una balcanización, en un medievalismo anárquico y desesperado, vigilado e intervenido por alguna gran protectora de Balcanes, como es Francia.

    Pero es también posible que la España actual sea como aquella de Cisneros: una introducción al gran salto ideal. Una preparación enérgica para reanudar la grande y única tradición que tuvo España por los siglos de los siglos, la base de su afán auténtico y de su auténtica gloria: aquella de dar al César lo que era del César. Y a Dios lo que era de Dios. Genio de España.
    Última edición por ALACRAN; 31/12/2020 a las 17:39
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  9. #9
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    A continuación Giménez Caballero critica "La España Invertebrada" de Ortega y Gasset:

    SEGUNDA PARTE

    LOS HUEVOS DE LA URRACA (NOTAS A ORTEGA)

    ... La última saeta o el martirio de San Sebastián

    No es un azar que el ex libris o paradigma del libro de D. José Ortega y Gasset, La España invertebrada (esto es: del último de los ''remedios sobre la enfermedad hispánica"), fuese un saetario disparando su último venablo hacia el infinito. (¿Hacia el infinito?)

    No, hacia el infinito, no. Disparada en el mes de mayo de 1922 esa saeta -tras ocho años de perforaciones aéreas fué a clavarse, como en la leyenda cristiana de las flechas, sobre el cuerpo desnudo de San Sebastián.

    La flecha del Sagitario orteguiano significaba la última deshacinacíón o desvertebración de España.

    Tras el Pacto de 1898, tras la pérdida del último vestigio colonial (y los arbitrismos terapéuticos de aquella generación finisecular), Ortega simbolizaba la definitiva agonía: la quema del último cartucho, el retrotraer el problema de España a su deshacinación total, a su desvertebramiento, al disparo de lo último que quedaba a España: una sumaria unidad nacional.

    Ortega es el índice espiritual que preludia el último 98 de España: el del Pacto o Martirio de San Sebastián; aquel Pacto en que -estío de 1930- España se desvertebra definitivamente, y, entre copa y copa de vino en un banquete, se acepta la desmembranza de Cataluña, se plantea lo "estatutario" de las regiones, la restricción del verbo unitario de España, la oxidación de la Espada, el arrinconamiento de la Cruz y el puntapié a la Corona. Aquel último 98, que sitúa de nuevo a España en los umbrales de una nueva Edad Media.

    Deber por encima de devoción

    Al hablar de este modo sobre lo que significa la España invertebrada de Ortega y Gasset, en la ruta terapéutica de los remedios españoles, no se crea que ello obedece a una pura ligereza juvenil o a un deseo, imperdonable, de dar a mi maestro cuchillada.

    Con todo el dolor y todo el orgullo que ello trae consigo, he de atreverme a mirar hoy, cara a cara, ese libro que hasta ayer constituyó para mí como un devocionario de ideas, como una intangibilidad de puntos de vista, como una especie de dogma intelectual, por mí acatado y reverenciado humildemente.

    Piénsese que quien esto asegura lo asegura en verdad. Pues la España invertebrada de Ortega fué el viario por donde deslicé mis energías espirituales de español hasta el presente. Sobre esa España de Ortega yo fundé las esperanzas de mi Gaceta Literaria: es decir, del aceptar una hermandad regional de lenguas, una libertad absoluta de conciencia, un mito a ultranza de la Cultura por la Cultura y del Arte por el Arte; una creencia central de que la salvación de España estaba en lo minoritario, sobre todo si esto de lo minoritario tenía un fundamento ''rubio'', ''vital'' y ''franco''. (Ahora analizaremos estas expresiones.)

    Si ahora -al cabo de mi leal experiencia de español que vive dramática y abnegadamente, paso a paso, la historia de su país- me atrevo a declarar el derrumbe de ese libro por lo menos frente a mí mismo (el tiempo dirá si este derrumbe es también objetivo)-, ello obedece a que los imperativos que me obligan a tal acción son superiores a los de mi pasión, a los de mi respeto y afecto por Ortega y Gasset, autor de la España invertebrada. Ello obedece a que siento mi deber por encima de mi devoción. (...)

    Un libro tímido

    Yo calificaría el libro de Ortega y Gasset (La España invertebrada) como el "temor a las últimas consecuencias". Calificativo un tanto paradójico para el libro de un filósofo. Es decir, para el libro de un profesional de la consecuencia. Pero ello es cierto. Y si no lo tomase a mal Ortega y Gasset, yo me lanzaría a afirmar que su libro es un ''libro tímido''.

    Históricamente, la España invertebrada de Ortega y Gasset se halla situada en esa atmósfera que el mismo Ortega denominó grave e irónicamente ''atmósfera de hospital''; esto es, en ese ámbito terapeuta que caracteriza todas las recetas arbitristas sobre la enferma España, todos esos pareceres, cuya síntesis he agrupado en la primera parte de este libro.

    La España invertebrada es la legítima heredera de esa Biblioteca farmacológica y específica, cuyos grandes boticarios se dan, sobre todo en el siglo XIX y principios del XX. Y cuya nómina fundamental vale la pena de transcribir:

    SIGLO XIX
    1826. J. Sempere y Guarinos: Consideraciones sobre las causas de la grandeza y de la decadencia de la Monarquía española.
    1840. A. Duverine: Cuadro histórico de los abusos y espíritu de reforma política en España.
    1852-54. Cánovas del Castillo: Historia de la decadencia de España. (Y otra serie de obras del "restaurador" sobre el mismo tema.)
    1861. E. T. Buckle: Historia de la civilización en España.
    1869. Dr. Letamendi: Ensayo teórico-práctico sobre los medios de mejorar la situación económica de España.
    1875. J. Ruiz León: Un arbitrio para gobernar a España.
    1876. Juan Valera: Del influjo de la Inquisición y del fanatismo religioso en la decadencia de la literatura española.
    1878. Manuel Pedregal: Estudios sobre el engrandecimiento y la decadencia de España.
    1878. J. Sánchez de Toca: Cómo vino la decadencia de España.
    1886. V. Almirall: España tal como es.
    1887. F. Picatoste: Estudios sobre la grandeza y decadencia de España.
    1888. Pompeyo Gener: Herejías.
    1890. Lucas Mallada: Los males de la patria y la futura revolución española
    1891. J. T. Salvany: España a fines del siglo XIX.
    1892. Conde de Romanones: Biología de los partidos políticos.
    1892. J. Puyol Alonso: La vida política en España.
    1894. Juan Valero de Tornos: España en fin de siglo.
    1897. Angel Ganivet: Idearium español.
    1898. J. Elías de Molíns: España y su porvenir.
    1898. Joaquín Pavón: Nuestra generación se impone.
    1898. R. Salillas: Hampa.
    1899. Damián Isern: Del desastre nacional y sus causas.
    1899. Vital Fite: Las desdichas de la patria.
    1899. R. Macías Picavea: El problema nacional. Hechos, causas, remedios
    1899. R. María de Labra: El pesimismo de última hora.
    1899. Ramiro de Maeztu: Hacia otra España.
    1899. J. Rodríguez Martínez: Los desastres y la regeneración de España.
    1899. E. Pardo Bazán: La España de ayer y la de hoy.
    1899. Luis Morote: La moral de la derrota.
    1900. C. Silió: Problemas del día.


    SIGLO XX
    1901-2. Joaquín Costa: Oligarquía y caciquismo. Y la mayoría de sus obras.
    1901. G. de Azcárate: España tras la guerra.
    1905. V. Gay: Constitución y vida del pueblo español.
    1906. E. L. André: El histrionismo español.
    1906. M. Santos Oliver: Entre dos Españas.
    1908. R. Padilla: España actual.
    1910. R. Sánchez Díaz: Europa y España.
    1911. S. Valentí Camps: Vicisitudes y anhelos del pueblo español.
    1912. Unamuno: Del sentimiento trágico de la vida.
    1912. Juan Guixé: Problemas de España.
    1914. J. Juderías: La leyenda negra y la verdad histórica.
    1914. A. Bonilla: M. Menéndez y Pelayo.
    1915. J. Senador Gómez: Castilla en escombros.
    1915. J. Deleito: Sobre el aislamiento de España.
    1916. M. de Unamuno: En torno al casticismo.
    1917. R. Altamira: Psicología del pueblo español.
    1919. P. Sáinz Rodríguez: Las polémicas sobre la cultura española.
    1920. G. Maura y Gamazo: Algunos testimonios .... contra la falsa tesis de la decadencia nacional.
    19.... Azorín y Pío Baroja: Obras (passim).
    1922. José Ortega y Gasset: España invertebrada.

    Esta lista no es más que la continuación de aquellas publicadas por Menéndez Pelayo en su Ciencia Española, tomo III, 4.ª edición, págs. 223-26.

    Análisis

    La España invertebrada es, pues, como el último cabo en la serie de arbitrismos que desde tres siglos se comienzan a producir en nuestro país buscando el "gran remedio'' a la disolvencia, a la muerte de la nación. Es la heredera e-de los ''Cinco Remedios''.

    Cierto que tras 1922 se han producido otros ensayos meritorios en este sentido. Algo de terapéutica se encierra en la España del Cid, de D. Ramón Menéndez Pidal (1929). También habría que señalar algunos notables ensayos de E. d'Ors, de Américo Castro, de Ramón Pérez de Ayala, de ''Andrenio'', de Gregorio Marañón y de Luis Araquistain. Y, desde luego, la España de Salvador de Madariaga.

    Pero ninguno de tales ensayos tiene una integridad superior a ese "ensayo de ensayo'' que es la España invertebrada, cuya primera edición apareciera en el mayo del 22 y la segunda ya en el octubre del mismo año, aumentada de unas cuarenta páginas y corregido su lenguaje en algunos lugares. Lo cual significa la avidez con que se leyó y la influencia que pudo ejercitar.

    No conozco ningún análisis serio y concienzudo de este libro. Tal vez porque mereciera de ciertas gentes un absoluto desprecio, y, de otras, una acatación absoluta. Pero ni con reverencia absoluta ni con absoluto desdén se logra la comprensión de un libro como ese de Ortega que -quiérase o no- ha señalado una marca en la conciencia espiritual del ''concepto de España''.

    Y si no se logra la comprensión, mal puede soñarse en una crítica y en una victoria sobre lo comprendido. Sólo partiendo de la inteligencia de un pensamiento se puede examinar lo que lleva dentro ese pensamiento. Y esa será mi actual tarea, tras haber convivido la ''atmósfera hospitalaria'' del pensamiento orteguiano...

    (continúa)
    Última edición por ALACRAN; 31/12/2020 a las 19:01
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

    Continúa la crítica de Giménez Caballero a Ortega y Gasset:

    ***

    (...) LA ZONA OSCURA

    Pertenece a esa zona oscura, confusa, sombría, alguna de estas palmarias inconsecuencias que vamos a citar ejemplarmente.
    (...)

    2) El tema de lo "franco"

    Sabido es que el ''quid'' original de la España invertebrada reside en ese hallazgo orteguiano que pudiéramos Ilamar de ''lo franco". Es decir, en ese remedio que distingue a la terapéutica orteguiana de toda la farmacología anterior.

    Para Ortega la raíz de la enfermedad de España no está en lo económico, lo libertario, lo indigenista y lo cultural, sino en algo de puro laboratorio eugenésico, en una especie de clínica vacunatoria de Europa, en el vitalismo de lo franco.

    Para la formación de las cuatro naciones europeas (Francia, Inglaterra, Italia y España) entraron, según Ortega, tres ingredientes: la raza autóctona, el sedimento romano y la inmigración germánica (página 146).

    Para Ortega, la desgracia española consistió en que de esos tres ingredientes, el decisivo (página 147), fuera el último, la vitalidad germánica. Porque la vacuna visigoda, recibida en el brazo de España, no era lo suficientemente eruptiva, venía ya en malas condiciones, debilitada por su contacto romano (página 148).
    En cambio, Francia tuvo la suerte de recibir una vacunación perfecta y saludable. (...)

    Y es lo curioso que lo intenta demostrar con España. Demostrar que en España la debilidad del feudalismo (página 158) (gran síntoma de haber prendido la vacuna vital germánica) fue la causa de que el imperio español durase sólo desde 1480 a 1600 (página 163). Y que España no se vertebrase definitivamente.

    Pero lo sorprendente es que Ortega no demuestre cómo Francia -con su magnífico virus- no logra un imperio... hasta Napoleón. E Inglaterra hasta la reina Victoria. E Italia... hasta que Mussolini se salga con la suya, si se sale algún día.

    Y mucho más sorprendente, que la ternera de ese virus maravilloso, la misma Alemania, no alcance unidad nacional hasta anteayer. Y que cuando quiso ensayar durante la Edad Media un Imperio, fracasase. Y cuando lo quiere reiterar en 1914... termine en el Tratado de Versalles. Desde ese punto de vista causaría asombro Portugal, lleno de sangre negra, y con el tercer imperio del mundo.

    Y no menor asombro: el que pueblos tan rubios, puros e indómitos como los escandinavos, crisol de vikingos, de reyes bárbaros, de dinastías egregias... hayan terminado en unas modestas naciones de socialistas, demócratas y pacifiqueros.

    Indudablemente, España está a punto de deshacerse. Eso es cierto. Pero ¡cuatro siglos de perduración imperial! son muchos siglos para que pueda sentirse envidiosa de no haber sido lo bastante ''franca'' en aceptar el ingrediente mágico. La vertebración indómita.

    Lo que sucedió es que ese mágico ingrediente del ''vitalismo franco'' que constituye el único quid original de la España invertebrada de Ortega, no era un descubrimiento original más que... ''en el Mediterráneo''.

    No fue descubrimiento eso del ''vitalismo rubio'' más que en esta España mediterránea, latina, decadente, donde Ortega -dócil a sus padres del 98- recoge fielmente sus imperativos de ''europeizarnos'', de ''germanizarnos'', de aceptar la tesis pangermanista de lo ario, de lo rubio, de lo vital que la gran propaganda alemana de la anteguerra -y las complacencias larvadas del anticatolicismo y de la masonería- habían hecho llegar hasta las páginas de la aldea de un Baroja, hasta los puritanismos carlylianos de un Unamuno, hasta la delicuescencia exquisita de un ''Azorin'' por la dulce Francia.

    Es ese momento ya histórico del pangermanismo en España: cuando Hinojosa busca lo germánico en nuestro Derecho. Menéndez Pidal en nuestra Épica, Melquiades Alvarez en el ''reformismo'' de origen protestante. Baroja en el color del pelo. Y los médicos acuden a Alemania por el fermento milagroso. Y los militares. Y los ingenieros. Y los pedagogos para poner muchos cristales en las escuelas. ¡Luz! ¡Mehr Licht! ¡Ah!, ''lo franco'', nuevo Lourdes del aldeanismo hispano, así fuese entonces ''intelectual'' tal aldeanismo. Se generaliza la cerveza como bebida de ''minorías selectas''. En las cervecerías alemanas de Madrid se espuma El Sol (1917), cuyas titulares góticas encerraron todo el secreto de esa generación que creyó en el ''virus germánico'' como, salvador de todas las gripes nacionales.

    ¿Qué de extrañar si Ortega -el coetáneo terapeuta de la gripe nacional-formulase su remedio de ''lo germánico, de lo franco'', como el decisivo de lo español? (...)

    La tesis ''rubia'' de Ortega, no es sólo un error terapéutico respecto a la genialidad de España: es algo más grave: una herejía. La máxima de las herejías que puede escuchar España, genio antirracista por excelencia: pueblo, que dio a los problemas de raza una solución de fe, pero nunca de sangre. España no asimiló al judío, al protestante o al morisco porque fueran morenos o blondos, sino porque aceptaron o no su credo. (...)

    Ahora bien: no está en mi ánimo llevar la censura del ''germanismo en España'' hasta el absoluto. ¡Lejos de mí, la burla por lo germánico en España! Pues ya se verá más adelante que entre los ''fundamentos geniales de España'', está el sustrato germánico.

    De lo que me sonrío es de la manera falsa y herética de interpretar ese fermento rubio, Ortega y su época. Ortega no se atreve a reconocer la forma en que ese fermento nos fué útil y mágico a España: la forma de las dinastías y de la mística occidental. Mística de sangre y mística de libertad. Pero de ello hablaremos a su debido tiempo.
    (...)

    4) El tema de ''lo selecto".

    Para Ortega lo franco es la "forma", la "minoría'', ''lo que moldea'', ''lo aristárquico''. El resto es masa, materia, pueblo. Como a España nos llega lo germano muy viciado, nuestras minorías son malas y escasas. Y todo queda en

    pueblo y lo que el pueblo no ha podido hacer, se ha quedado sin hacer" (página 143).

    "Mírese por donde plazca el hecho español de hoy, de ayer o de anteayer, siempre sorprenderá la anómala ausencia de una minoría suficiente". "Este fenómeno explica toda nuestra historia, inclusive aquellos momentos de fugaz plenitud" (págs 144-45).

    "Compárese el conjunto de la historia de Inglaterra o de Francia con nuestra historia nacional, y saltará a la vista el carácter anónimo de nuestro pasado, contrastando con la fértil pululación de personalidades sobre el escenario de aquellas nacíones" (pág 144). (...)

    A toda esa serie de proposiciones -¡heréticas y mezquinas frente al genio de España!- bastaría oponerles el mismo argumento orteguiano citado anteriormente. Castilla fue capaz de crear por un quid divinum, independiente de todo quid racial, de todo fermento franco, la más amplia estructura nacional.

    Una estructura -por emplear términos de nuestro filósofo- supone jerarquía de planos o valores.

    Pero el propio Ortega nos lo confirma ¡con el caso mismo de España!

    "Castilla ha hecho a España". "Inventa Castilla grandes empresas incitantes". "Se pone al servicio de altas ideas jurídicas, morales, religiosas". "Dibuja un sugestivo plan de orden social". "Impone la norma de que todo hombre mejor, debe ser preferido a su inferior, el activo al inerte, el agudo al torpe, el noble al vil" (página 64).

    ¿De dónde -pues- se sacaría Castilla esa ''estructuración'' y esa correlación excelsa de minorías y de masas, si en Castilla todo era pueblo?

    Pero además de suceder la "estructuración de España'' sucede la de América.

    "Maravilloso acontecimiento". "Lo maravilloso no fué la conquista -sin que yo pretenda mermar a ésta su dramática gracia-, lo importante, lo maravilloso fue la colonización".

    "Nadie puede negar sus dimensiones como hecho histórico de alta cuantía. Para mí es evidente que se trata de la úníca verdadera, sustantivamente grande que ha hecho España" (página 165).

    "España pertenece a la grey de naciones occidentales que han hecho el más sublime ensayo de gobierno universal" (página 169).

    Ya sabemos que para Ortega lo grande de España, como lo de Roma, es la capacidad divina y sublime de estructurar pueblos. Pero lo que seguiremos sin saber, es cómo Ortega cohonesta este estructurar pueblos ''de Castilla, y de gobierno universal de Castilla", a base de... pura masa, sin fuertes minorías selectas, sin ingrediente ''franco''.

    Según Ortega, hacer una España y una América, se pudo lograr "sin fuertes temperamentos que concentren en su propia persona una gran energía social''.

    Es decir: que las figuras de un Hernán Cortés o de un Pizarro, de un Cid, de un Fernán GonzáIez, de un Fernández de Córdoba, de un Cisneros, fueron algo anónimo y no selecto. (Por no citar más que unos cuantos capitanes de lo español.) Y que las figuras de un Santo Domingo, de un San Ignacio, de una Santa Teresa, fueron trozos amorfos de la masa hispánica que no concentraron energías sociales "para realizar obras de orden material y moral''.

    Para Ortega-sin duda- un Cervantes o un Goya, no fueron ''capaces de una sensibilidad artística poderosa".

    Cierto que España no produce una ''personalidad autónoma que adopte ante la vida una actitud individual o consciente''.

    Pero ello se debió sin duda a dos cosas: una, la dicha por Ortega: que España, como Roma, era torpe para la faena científica y muy apta para su peculiaridad de crear pueblos. Y otra: que España esperaba el siglo XX para que la nacieran filósofos y charladores, capaces de organizar el protofenómeno de la historia, esto es, la conversación (página 179), la tertulia. Es decir, esperaba el momento feliz, España, de poder parecerse ya un poquito a Francia, a Inglaterra. Precisamente en estos momentos en que dejaba España de parecerse a España.

    Precisamente: cuando España, petulante de minorías selectas, perdía hasta la sombra de sí misma como creadora de pueblos; perdía ''la maravillosa América'' y hasta la menos maravillosa región de Cataluña, por no citar otras desvertebraciones de cuyo nombre más vale no acordarse.

    Podría continuar analizando más inconsecuencias de nuestro máximo profesional de la consecuencia, en su obra capital de la "España invertebrada". Por ejemplo, podría mostrar la contradicción palpable que supone declararse por un lado, medievófilo y antimoderno (página 154), y por otro, gran querenciador de la "personalidad autónoma ante la vida" (página 143), que es lo que constituye la base de la anti edad media, el fundamento del modernismo, del humanismo, de lo renacentista.

    Pero mi tarea se desproporcionaría fuera de los límites morales y literarios que me tengo trazados. Me parece suficiente el examen realizado en la "zona oscura y confusa" de la "España invertebrada", para portar el conocimiento de que a un máximo lógico, consecutor y crítico, se le puede hallar la crisis, la incongruencia y el ilogismo. Me parece suficiente haber destacado en esa ''zona sombría'' del sistema orteguiano, la razón de sus sinrazones; la nulidad de sus falsas luces. Es decir, la ausencia de fundamentos exactos para manifestar solemnemente ante la historia, que España estuviese ''invertebrada''.


    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 20:51
    Kontrapoder dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  11. #11
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    Re: "Genio de España" y otros textos de Ernesto Giménez Caballero

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    LA ZONA PERSPICAZ


    Ahora bien: si el libro famoso de Ortega posee esa ingénita ''zona oscura, arbitraria, caprichuda y falsa'', también tiene otra como ya advertíamos llena de perspicuidades meridianas, subida sobre altos miraderos. Una zona desde la que Ortega otea con claridad el horizonte, entornando los ojos en supremo esfuerzo visual, y apercibiendo lo que el corazón de Ortega se niega, en última instancia, a aceptar: por timidez, por cobardía, por falta de fuerzas morales e históricas; por presentimiento vago de que aceptándolo, hubiese quedado invalidado automáticamente frente a su propia generación (la generación "francamente romántica''). Y, además, porque aceptándolo en honrada consecuencia se hubiese venido abajo toda la tesis fundamental de su propio libro: la ''invertebración española".

    (...)

    Me parecen suficientemente graves, rotundos y conclusivos los textos desplegados en este metódico examen de la ''zona solar y clara'' de la obra de Ortega, para preguntarnos doloridos y atónitos: ¿Cómo un ojo experto, cual el orteguiano, que afirma ser ''un defecto ocular el que impide al español la percepción acertada de las realidades colectivas" (página 13), al corregir él, ese defecto, y alcanzar la percepción acertada de algunas de las realidades colectivas, cierra los ojos y se vuelve de espaldas?

    ¿No será Ortega mismo esa urraca que él cita pamperamente:

    Que en un lado pega los gritos
    Y en otro pone los huevos?

    Para mí el fenómeno de pegar en un lado el grito, la mirada, y poner los huevos en otro, es el mismo que ya sucedió en el siglo XVII y que por cierto subrayó Ortega mismo hablando de Cervantes: un fenómeno de hipocresía histórica. Es el mismo fenómeno hipócrita del siglo XVII, sólo que al revés.

    Entonces, un Descartes, un Cervantes, pegaban los gritos de sus devociones en Loreto, en el Escorial, es decir, en Roma. Pero ponían los huevos en ... la Enciclopedia, nacida de esos mismos huevos. Y así ahora: Ortega pone su devoción, su pánico religioso, en el Templo de la Humanidad que es el Parlamento, el Liberalismo y Ginebra. Pero los huevos, los gérmenes, a pesar suyo, tornan al otro lado.

    La misión de uno es bien sencilla; dar el grito ahora donde están los huevos. Y seguir poniendo los huevos el acento, el coraje y el valor donde también los gritos. Sin miedo a equívocos ya. Sin terror a la consecuencia. Sin importar a uno la excomunión del peor de los espíritus existentes en España desde tres siglos: el espíritu hipócrita de la urraca.

    Mi misión es tan sencilla y alegre que me parece renacer a una vida pura de niño, mirando sinceramente a los ojos leales de mi madre, de mi pueblo. Me parece como en aquel método biológico elemental haber vuelto al más simple texto del alma hispánica: ''dar al César lo del César y a Dios lo de Dios''. Genio de España.



    continúa


    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 20:54
    Kontrapoder dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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