Genio de España. Exaltaciones a una resurrección nacional y del mundo, de Ernesto Giménez Caballero se editó por primera vez en 1932. La segunda edición apareció en 1934. La tercera, en Pamplona, 1938.
GENIO DE ESPAÑA
Primera parte
"LOS NIETOS DEL 98
I.FILIACIONES
Unamuno -en sus últimos escritos y discursos- solíó aludir frecuentemente y con ternura digna de sus años- venerables-a los ''nietos del 98''. Pero con desvarío, sin duda debido a esa ternura, solió situar tal nietez allá por los años futuros de la nana, cuando la tierra esté comiendo, no ya a los abuelos, sino a los hijos de los hijos de esos abuelos.
Aunque la herencia del 98 no sea precisamente un patrimonio de felicidad que repartirse, conviene ya precisar-de una vez para siempre- a quiénes corresponden tales particiones.
Por cronología mecánica, biológica, los "hijos del 98'' tuvieron que ser aquellos intelectuales españoles de la preguerra y guerra europea; los que desde mil novecientos y tantos a mil novecientos veintitantos fijaron su ''filiación'' en libros, revistas y periódicos de todos conocidos.
(''Hijo del 98''-primogénito- fué D. José Ortega y Gasset. El cual bien se cuidó de testimoniarlo, piadosa y reverencialmente, al colgar en sus primeros escritos los retratos o manes de un Baroja, de un ''Azorín''. Y las primeras discrepancias -de un tipo netamente filial- con el patriarca de Salamanca, ''morabito insigne". Y al encender un cirio sobre el lar del bisabuelito Larra.)
Por tanto, los ''nietos del 98'', los hijos de esos "hijos del 98", cronológicamente tendrían que ser aquellos escritores españoles cuajados en la postguerra. O sea: la generación que, por su edad, pudiese llamar ''abuelo'' a Unamuno, sin que Unamuno por ello se ofendiera. Y ''padre'' a cualquiera de los hijos de aquellos padres.
Somos muchos de estos escritores españoles de postguerra, los que nos sentimos posibilitados para aceptar esa nietez del 98, cronológicamente hablando.
La hora de las almas nietas
Pero en la vida intelectual de las generaciones de un pueblo no todo es cronología mecánica.
No basta ser hijo de su padre, ni nieto de su abuelo, para aplicarse una ley de herencia espiritual.
Me consta que a muy pocos, por no decir ninguno, de esos nietos automáticos “del 98'' les interesa asumir tal nietez. (Ninguno, excepto yo.)
Aún recuerdo el primer artículo de José Bergamín publicado en "La Gaceta Literaria" el 1º de febrero de 1927, y titulado ''La literatura difunta'', que empezaba así: "Dijo ''noventa y ocho", y, al decirlo, su voz doblaba a muerto, lánguidamente, como una campana." (¡Y Bergamín era de los que iban más a comer y jugar a casa del "abuelito”l)
También -y esto hace poco- un grupo de jóvenes unamunidas (Sánchez Mazas, Mourlane y Montes) se desaforaba ante mi tesis de que estábamos hoy en el último 98 de España. De que el 98 acababa de renacer en España por última vez. Y de que era la hora de sus almas nietas.
Ya sé que esa opinión de que ''el 98 es cosa putrefacta y superada'' la comparten todas las juventudes actuales de España, todos los nietos cronológicos.
Pero también sé que el verbo ''superar'' es el tranquillo más fácil de que viene disponiendo la intelectualidad española desde el Renacimiento; verbo pedante y progresista, el de "superar", que me hace, cada vez más, ponerme en instintiva desconfianza contra el que lo pronuncia.
Porque también uno creía haber "superado", no ya el 98, sino el 1915, y hasta el 1930... Y, sin embargo, la realidad obliga a reconocer que aun lo más pretensamente superado torna de pronto como enorme y feroz novedad ante uno; que cuando se cree terminar con todo no se hace sino volver a empezarlo todo...
A mí no sólo no me avergüenza sentirme ''98'' nieto del 98, el último ''98'', sino que me parece un deber justificar esa nietez, poniendo en claro para siempre la herencia ante notario. Ya que la tal herencia era simplemente un ''grito''.
El grito frente a la destrucción de España. El grito frente al fantasma de España. El colofón, frente a lo irremediable de España.
"El 98" es ese grito desesperado que -sordamente se inicia en la paz de Münster (1648), en pleno siglo XVII de España, y, rodando y creciendo de siglo en siglo, de fracaso en fracaso, como puntualizaré, termina en este desesperado grito insistente y rotundo que en 1931-2, vine lanzando desde mi Robinsón Literario (1), desde mi isla española...
(1) Nota de 1938.-El "Robinsón Literario" fueron seis números de "La Gaceta Literaria" redactados exclusivamente por mi mismo, ya que aquella revista-al llegar la República democrática en España quedó abandonada como un buque torpedeado, en el que sólo el capitán resistió.
De “La Gaceta Literaria” (1927-1932) desde el primer grito auroral el 15 de febrero de 1929 surgieron las dos juventudes espirituales que cuajarían el porvenir de España. Los Comunistas y los Nacionales. Precisamente por haber yo enarbolado la bandera romana, católica, tradicional para España-quedé aislado, robinsonizado, en esa isla de papel. Pero en esos seis números -hoy difícilmente encontrables- están los cimientos íntimos y preparatorios de este libro. Está la base social de lo que yo llamé un "sindicalismo nacional" o nacional-sindicalismo, que hoy ha triunfado ya en la acción y en la historia de España. (Carta a un camarada de la Joven España)
Creo que el investigador futuro de las raíces espirituales de nuestro Movimiento deberá consultar "La Gaceta Literaria" con su final del "Robinsón Literario", para tener datos justos y precisos del presente hispánico.
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