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Tema: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

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    Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Salve.
    Adjunto artículo aparecido en la revista "Razón española" sobre la importancia de el pueblo germánico de los visigodos en la formación de la nación hispana.
    Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica.
    A lo largo de los siglos V y VI se asentaron en España los godos, un pueblo germánico originario de la Gothia escandinava (Gotaland) que, después de un largo periplo, terminó por conformar su nueva y definitiva patria en nuestra Península. Nos informa San Isidoro de Sevilla en su obra «Historia de los Godos, Suevos y Vándalos» (Historia Gothorum): «Como (los godos) no podían aguantar los ultrajes (de los romanos) tomaron las armas furiosamente, invadieron la Tracia, saquearon Italia y alcanzando España, establecieron allí hogar y dominio».

    Otros pueblos germánicos se establecieron también en España como fue el caso de suevos y vándalos, unas pocas decenas de miles; pero fueron los godos, especialmente la rama de los visigodos o godos tervingios, los que en un número cercano a los 300.000 individuos incidirían esencialmente en el desarrollo de las gentes hispanas. Se trata de una cifra pequeña en relación a la población del conjunto peninsular (unos 5 millones de habitantes), aunque significativa sobre todo por la trascendencia futura del lugar de su asentamiento preferente, la Meseta Central, concretamente las cuencas de los ríos Duero y Tajo, como así ponen de relieve las numerosas necrópolis. En este espacio interior, escasamente poblado, los godos establecieron su hogar, su verdadera tierra de promisión, cambiando la espada por el arado, unas tierras aptas para su deseado cultivo del cereal y también para el desarrollo de la ganadería extensiva, una de sus principales actividades económicas. En varias comarcas de este territorio la proporción entre godos e hispano-romanos era de 2 a 1 a favor de los primeros. Debido, pues, a la reducida población autóctona pudo efectuarse un reparto no problemático de tierras entre ambas comunidades, pasando a establecerse los godos en pequeñas aldeas formadas por viviendas unifamiliares próximas a sus explotaciones agropecuarias. El peculiar modo de instalación de los godos en la Península, mediante pactos y repartimientos con los hispano-romanos, explica que no hubiera invasión, no hubo ni vencedores ni vencidos, sino que godos e hispano-romanos coexistieron con sus diferencias, sin superponerse, hasta que paulatinamente iría verificándose la fusión entre ambos.

    El pueblo visigodo pasó masivamente desde la Galia a Hispania en grandes carros tirados por bueyes, como así lo atestiguan varios documentos latinos de la época (l), sobre todo, a partir de la batalla de Vouillé (507) en la que los francos auxiliados masivamente por los galo-romanos autóctonos y aliados con los burgundios derrotaron al ejército visigodo, provocando el establecimiento franco en las tierras entre el río Loira y los Pirineos, adjudicadas hacía casi un siglo a los visigodos por el poder imperial romano, y la marcha de éstos hacia el otro lado de las montañas pirenáicas. Así pues, la batalla de Vouillé se convirtió en un hecho de gran trascendencia en nuestra historia ya que terminó por identificar el reino de los godos con la Península.

    También durante aquel siglo VI llegarían elementos ostrogodos a Hispania con motivo de la regencia de su rey Teodorico el Grande sobre los visigodos (511-526) y, desde luego, también tras la derrota de los ostrogodos instalados en Italia a manos del ejército imperial bizantino de Justiniano. En el conjunto de la importante inmigración goda a Hispania, debemos diferenciar, entonces, a la minoría político-militar dirigente, y el contingente popular gótico. Mientras aquélla se acantonaba en las principales ciudades de la Hispania romana (Mérida, Barcelona, Valencia, Sevilla, Córdoba y Toledo, la capital), el otro se instalaba mayoritariamente en el ámbito rural meseteño. La elección por el rey Leovigildo de la ciudad de Toledo como capital del Reino hispano-godo respondía a las necesidades de control sobre el conjunto peninsular (identificado entonces como el recinto territorial de dicho Reino), más fácil desde su centro y en un entorno de numerosa población gótica. La elección de Toledo hacía de la Meseta Central, por primera vez, el centro político y cultural de la Península.

    Ataúlfo fue el primer jefe visigodo que entró en España y lo hizo en defensa de los intereses romanos, de una Roma que, forzada por los godos, había pactado su asentamiento en el sur de la Galia, de una Roma cada vez más débil, sobre todo, tras su primera expugnación por el victorioso ejército visigodo dirigido por el antecesor de Ataúlfo, Alarico, el año 410. Walia, sobrino y sucesor de Ataulfo, renovó el pacto con Roma el año 418, comprometiéndose a restaurar el orden imperial en Hispania, quebrantado tras las irrupciones de suevos, vándalos y alanos años atrás.

    El rey Eurico (466-486), durante cuyo reinado tuvieron lugar los primeros establecimientos populares góticos, puede ser considerado el primer gobernante autónomo de Hispania puesto que el año 476 sucumbe definitivamente el Imperio romano de Occidente con la conquista de Roma por el rey de los hérulos, Odoacro. El reino godo se separa definitivamente del tronco del Imperio obteniendo su total independencia y Eurico rompe el pacto que le ligaba con Roma, amplía sus posesiones del sur de la Galia se anexiona la mayor parte de la Península Hispánica, creando así un gran reino occidental galo-hispánico. Pero, tras la citada derrota de Vouillé en la que resultó muerto el rey visigodo, Alarico II, el centro de gravedad geo-político de los visigodos se trasladó definitivamente al lado meridional de los Pirineos, pasando la capital del reino desde Tolouse primero a Barcelona y, finalmente, a Toledo. Tan solo la Septimania, un pequeño territorio alrededor de Narbona, se mantuvo problemáticamente en poder de los visigodos al otro lado de los Pirineos.

    El rey Leovigildo (565-586) es el verdadero creador del Estado hispano-godo y, por ende, de la nacionalidad hispánica misma: Hispania, reino, entidad política independiente, sucedía a la antigua provincia sujeta al poder de Roma. Primeramente, desde su gobierno de Toledo, a salvo de la amenaza de francos y de bizantinos, intentó con éxito someter a la autoridad central la mayor parte del territorio peninsular en un momento crítico de fragmentación político-territorial, Así, tras consolidar el poder real, derrotó a los suevos del noroeste incorporando su reino y redujo a cántabros y vascones, alzados contra su autoridad. Leovigildo, el unificador, acuñó un ideal nacionalista que identificaba el Reino de los Godos («Regnum Gothorum») con Hispania, acotando nítidamente las diferencias respecto al Imperio de Bizancio, heredero oriental de Roma. En torno a ese nuevo ideal hispánico debería producirse la aproximación definitiva, la fusión entre godos e hispano-romanos, con lo que derogó la prohibición de matrimonios mixtos establecida por el Emperador Valentiniano. Sin embargo, el mantenimiento de Leovigildo en su fe arriana (religión nacional de los godos) y el intento de imponerla a sus súbditos hispano-romanos de religión católica, impedía la constitución de ese pueblo verdaderamente unificado. Sería su hijo, Recaredo (586-601), quien al convertirse al catolicismo, y con él, oficialmente, todos los godos, pondría las bases de una comunidad político-religiosa nacional diferenciada, una nueva sociedad, en definitiva.

    El III Concilio de Toledo (589), en el que tiene lugar la conversión pública de Recaredo, puede considerarse el punto de partida de nuestra nacionalidad en torno a un monarca, a un poder político ejercido sobre una sociedad que avanzaba firmemente hacia su plena integración desde sus dos elementos conformadores, el latino y el germánico. A diferencia de lo que sucedió en Italia o en el Norte de Africa donde ostrogodos y vándalos respectivamente constituyeron una minoría extraña y hostil, en España se produjó una fusión generalizada entre godos e hispano-romanos, y sobre esta unidad se pudo alzar un Estado independiente y conformarse la nacionalidad hispánica.

    Durante el siglo VII se iría consolidando la nacionalidad común de los denominados ya como "hispano-godos", poseedores de una religión común, gobernados por un mismo monarca, e incorporados plenamente a la Administración los antiguos hispano-romanos. Suintila (621-631) expulsa definitivamente a los bizantinos enquistados en el sur peninsular y consigue la unificación de todo el territorio de la antigua Hispania romana, incorporando Ceuta como cabeza de puente hacia la Mauritania africana, además de llave del Estrecho. La labor legislativa de los reyes Chindasvinto (642-653) y Recesvinto (653-672) refrendada en los Concilios toledanos, culmina con la promulgación del Liber Iudiciorum (Libro de los Juicios o Fuero Juzgo), compilado por este último rey, convirtiéndose en el único texto legal válido ante los tribunales del reino, un texto que incorpora la herencia jurídica romana a la costumbre germánica hasta el punto de ser aquélla claramente predominante.

    San Isidoro de Sevilla, arzobispo de dicha ciudad, hijo de padre hispano-romano y de madre goda, es la figura señera de la naciente cultura hispano-goda. Será él quien mejor sabrá interpretar el nuevo tiempo, la nueva realidad nacional hispánica a lo largo de la primera mitad del siglo VII. Autor de una obra enciclopédica en lengua latina, Las Etimologías. el denominado «Doctor de las Españas» en su Historia Gothorum elevará a España a la categoría de Primera Nación de Occidente. Así, en el Laudes Hispaniae, el sabio Doctor dedica a su patria una célebre alabanza encomiástica: De cuantas tierras se extienden desde el Occidente hasta la India, tú eres la más hermosa, oh sagrada y feliz España, madre de príncipes y de pueblos. Con razón se te puede llamar reina de las provincias, pues iluminas no sólo el Oceano sino también el Oriente. Tú, honor y ornato del mundo, la más ilustre porción de la tierra donde florece y recrea la gloriosa fecundidad del pueblo godo". La Gens Gothorum, el pueblo godo, como el elemento diferenciador que da personalidad política a la antigua provincia romana, es, para San Isidoro, el primero de los pueblos de Europa pues tal fue la grandeza de su habilidad guerrera y notables las proezas de sus famosas victorias que aun Roma, la conquistadora de todas las naciones, se le sometió al yugo y cedió ante sus triunfos, y la dueña de todos los pueblos se les hizo su sierva (Historia Gothorum). En ese mismo texto describe a los godos como gente de naturaleza pronta y activa, que confía en la fuerza de la conciencia; de tez blanca, tienen el cuerpo potente y son altos de estatura.

    Todas estas palabras de San Isidoro, escritas hacia el año 630, alcanzada plenamente la unidad nacional-territorial, suponen el primer texto de un protonacionalismo ideológico en el seno de la cultura occidental. El nuevo ideal nacional que reflejan los textos del sabio sevillano se verifica en un territorio, la Península Hispánica, en un pueblo concreto, determinante de aquel ideal, los Godos, hasta identificar, de este modo, Tierra y Pueblo como la Patria común y diferenciada de todos, España.

    Y España, en el Occidente, se opone a Bizancio, en el Oriente, sucesor del Imperio romano, un poder imperial bizantino considerado y sentido ya como algo extraño, ajeno, un poder invasor al que expulsar de sus amenazantes acuartelamientos en la franja sur peninsular. En aquel tiempo se hablaba de Toledo y Bizancio como los centros de dos polos de poder y civilización. Mientras en España con Toledo, su capital, se produce la fecunda fusión de un joven y dinámico pueblo germánico, los godos, con el civilizado conjunto de las gentes hispano- romanas, fusión que supone el embrión de la nueva cultura occidental, en Bizancio se amalgama la cultura euroasiática, sirio-helenística, de matiz oriental, que engendrará la civilización ortodoxa y las otras religiones cristiano-orientales. El reino hispano-godo derrota y expulsa a los bizantinos de todos los antiguos territorios del Imperio de Occidente, territorio donde se está generando una nueva interpretación y apreciación del mundo, la Civilización Occidental, resultado fundamental de la fusión de los pueblos germánicos (godos, francos, anglo-sajones) con los pobladores de los territorios del Imperio romano de Occidente (hispanos, galos, britanos, ). San Isidoro canta en alabanza a la Nación a la que pertenece, España, como una realidad ya inequívoca y distinta del Imperio romano así como del reino de los francos o de los mauritanos del Norte de Africa, destacando la decisiva acción del pueblo godo en la formación de la nueva patria; la conciencia isidoriana es expresión ya de un sentimiento nacional hispánico.

    La Monarquía gótica como estructura de poder desplegará una organización política peculiar que hará posible esa nacionalidad distintiva (y, sobre todo, su proyección futura), una organización que tiene en el monarca su cabeza. El rey de los godos, de limpio linaje, máximo jefe político-militar, resulta de la celebración de una asamblea de electores, destacados miembros de la comunidad, que lo elijen "armas in sonandibus" tras la muerte del rey anterior. El rey (Thiudans), jefe popular electo, que, según la tradición germánica, no crea derecho, pues éste ya existe, es de carácter consuetudinario, lo produce la propia comunidad; como protector del reino, tiene el difícil encargo de hacer cumplir ese «derecho de la comunidad». Prevalece, pues, la costumbre a la ley escrita, pues aquélla es producto social que facilita la convivencia colectiva regulando oportunamente las relaciones sociales y resolviendo puntualmente los conflictos, en virtud del precedente judicial (gran relevancia de los jueces, principales intérpretes del derecho popular). La Ley, concepto romano, privilegia al que la impone amenazando así la libertad e igualdad esencial de todos los miembros de la comunidad. La coexistencia de godos y romanos en el Reino de Toledo supondrá la progresiva romanización de sus estructuras jurídico-políticas, aunque nunca desaparecerán las costumbres germánicas, sobre todo, en las comunidades rurales góticas alejadas de la Corte toledana, costumbres jurídicas que reaparecerán con fuerza en los primeros siglos de la Reconquista, sobre todo en Castilla, recogidas en los fueros territoriales.

    Existió un Estado hispano-godo dirigido por el rey y organizado por una serie de instituciones que sostenían la unidad política. El Aula Regia o Senado visigodo, es el órgano que colabora con el monarca, asesorándole en su labor de dirección político-militar, en su actividad legislativa y en la administración de justicia. El núcleo fundamental del Aula Regia lo componen los miembros del Oficio Palatino que agrupa a los nobles de la Corte, siempre de estirpe goda: condes, jefes de los «espatarios» o guardia del rey, de las caballerizas, etc. En definitiva, el Aula Regia reúne a los altos funcionarios del Ejército y la Administración hispano-godos.

    Especial consideración merecen los Concilios de Toledo, precedente histórico de las futuras Cortes medievales, que aconsejaban en cuestiones militares, judiciales y eclesiásticas. Estos Concilios supondrán la expresión fundamental de la colaboración entre la Iglesia y el Estado, una Iglesia que era el recipiente principal, y mantenedor entonces, de la cultura y los saberes. En este sentido resultó muy influyente la doctrina jurídica de San Isidoro que establecía la sumisión de la potestad civil a las leyes o normas de la comunidad, en contra de la tradición cesarista del derecho romano y de la práctica oligárquica bizantina. Los Concilios de Toledo son, entonces, el punto de confluencia entre la potestad del Estado y la autoridad moral e intelectual de la Iglesia, de modo que los reyes godos solicitaban de los Concilios su asistencia y apoyo en el gobierno del Estado y en las tareas legislativas, e incluso enviaban a los magnates del Aula Regia a las reuniones de los mismos.

    Existía, pues, una relativa intervención de estos organismos en el ejercicio del poder aunque éste residía fundamentalmente en el rey, jefe electo, que detentaba un enorme poder, causa de las sangrientas disputas que se desataban en el momento de la sucesión entre las distintas facciones y clientelas nobiliarias. El rey, que debía ser de estirpe gótica y caracterizado por sus buenas costumbres, era el jefe supremo de la comunidad y representación personal del Estado. Es él quien dirige las relaciones con otros países declarando la paz o la guerra. Es el jefe de la Administración del Estado, ostenta la potestad legislativa, y es el juez supremo con jurisdicción sobre todos los súbditos, correspondiéndole también la convocatoria de los Concilios de Toledo. El Reino («regnum, patria»), al frente del cual estaba el rey, lo integran el pueblo (godos y romanos: los hispano godos) y el territorio de la Península y zonas adyacentes. El Estado visigodo tenía por finalidad procurar el bien común, la defensa del territorio contra los enemigos del interior y del exterior, y la aplicación del derecho mediante la actividad legislativa y judicial. El Estado visigodo no tuvo el carácter de Estado patrimonial, ni la comunidad hispano-goda se fundamentó en relaciones jurídico-privadas, se ordenó para fines de índole pública.

    La ciudad de Toledo, capital del Estado godo-hispánico, suponía la concreción de un centro general de imputaciones, sede de la Corte del monarca, cabeza metropolitana de la Iglesia hispana y sede de los Concilios, residencia de los magnates rectores del reino y capital cultural. Toledo será el referente de la unidad hispánica cuando ésta se derrumbe tras la invasión islámica. El año 711 y tras tres décadas de crisis general motivada por las terribles luchas partidistas para apoderarse del trono, el reino hispano-godo se extinguiría definitivamente cuando aquella unificación nacional peninsular era todavía incipiente y corría serios riesgos de una progresiva feudalización. Los árabes y bereberes, unidos en la nueva fe mahometana, derrotarán al ejército hispano-godo en las cercanías de Jerez de la Frontera. Sería decisivo en el fatal desenlace el apoyo recibido por los musulmanes por parte de los judios y de una facción nobiliaria, la de los witizanos, es decir, los partidarios de la familia del recientemente fallecido rey Witiza, opuestos al rey Rodrigo, y que incluso recabaron la presencia de los mahometanos en la Península como sus aliados. El gobernador árabe de Africa del Norte al servicio del Califato de Damasco, Musa ibn Nusair, respondió a la demanda de los witizanos enviando a su lugarteniente, el jefe bereber Tarik ibn Ziyad, que cruzó el estrecho de Gibraltar en el 711 al mando de un ejército de bereberes recientemente islamizados. Rodrigo fue derrotado y muerto en la batalla que con estos tuvo lugar, probablemente, a orillas del río Guadalete. Al año siguiente, en el 712, el propio Musa desembarcó con tropas de refuerzo, La intervención de los musulmanes, en un principio como apoyo a la facción witizana, se estaba convirtiendo en un proyecto de conquista a gran escala, aprovechando la impotencia de los jefes visigodos, agotados en una guerra civil sin sentido.

    Destrozados en la batalla el ejército y el Estado hispano-godos, los musulmanes ocuparían la casi totalidad del reino en un periodo de siete años (con la importante colaboración de los judíos residentes en las ciudades hispanas que abrieron las puertas de muchas de ellas), arrasando, en unos casos, o pactando, en otros, con los opositores. Algunos nobles visigodos, no aceptando el dominio musulmán buscaron refugio en la montañas del norte peninsular. Los montes cantábricos y pirenáicos quedarían libres del efectivo dominio musulmán y en ellos se formarían prontamente dos reinos, Asturias y Navarra, resultado del pacto alcanzado entre las gentes autóctonas y los refugiados godos. La realeza astur-leonesa, la aragonesa y también los Condes de Barcelona, reivindicarán su estirpe gótica como factor de legitimación histórica de los nuevos poderes resultantes de la articulación territorial de la resistencia hispánica frente al invasor islámico.

    Entramos aquí en otro periodo histórico, sucesivo de la Monarquía gótica, la Reconquista, denominado así por la pretensión de los nuevos poderes autóctonos de recuperar el territorio peninsular ocupado por los árabes (Pérdida de España), a los que en todo momento se les consideró extraños usurpadores, invasores de unas tierras que detentan ilegítimamente, po-seedores de una religión y una cultura contrarias, africanos para los que Hispania (al-Andalus) era un territorio colonial, susceptible de ser explotado en su beneficio a base de fuertes tributos, un botín en definitiva. La gran herencia hispano-goda permitió restaurar en España, por medio de la acción resistente articulada político-militarmente en el norte peninsular, la civilización occidental de raíz grecolatina, cristiana y germánica, superando así el tremendo y prolongado impacto de la dominación islámico oriental, a diferencia de lo que sucedió en el Norte de Africa que, integrado en el ámbito occidental antes de la invasión de los árabes, permanecería ya definitivamente islamizada y arabizada.

    El rey Alfonso I de Asturias (739-759) y verdadero creador del nuevo reino, hijo de Pedro, duque de Cantabria, del linaje de Recaredo, realizó una importante incursión en las tierras de la cuenca del Duero sometidas entonces a los mahometanos, situadas al otro lado de la Cordillera Cantábrica, bastión natural del reino astur. En aquella incursión, y tras golpear duramente a los ocupantes islámicos allí establecidos tras la invasión, trasladó a la gran mayoría de los pobladores hispano-godos del norte de la Meseta hacia el otro lado de las montañas, instalándolos con una motivación claramente política en los valles cantábricos que se extienden desde las rías altas gallegas hasta el río Nervión, hecho que recoge destacadamente la Crónica de Alfonso III (2). La fusión de estas gentes del Duero de estirpe gótica y de lengua latina con los habitantes autóctonos de aquellos valles (cántabros principalmente) conformaría finalmente un nuevo pueblo, los castellanos, que, dirigidos por sus caudillos y reyes, protagonizarían ese periodo histórico fundamental para la adecuada comprensión de la cultura e identidad hispánicas: la Reconquista y la consiguiente Repoblación, un verdadero «empuje hacia el sur» que terminaría con la toma de Granada en 1492. Sólo aquellos hispano-godos refugiados en territorio cántabro-astur (nobles, clérigos, campesinos) poseerán la conciencia de una «Hispania por restaurar», conciencia de la que carecerían casi por completo los pueblos autóctonos de aquellos valles norteños, en los enfrentados al poder central toledano. Por lo tanto corresponde a aquel aluvión de refugiados la creación de un poder político nuevo, el reino astur-leonés (y posteriormente, a partir del siglo XI, su heredero: Castilla-León) guiado por un objetivo de recuperación de las tierras de Hispania, situadas al otro lado de la Cordillera Cantábrica, y que constituían su originario solar patrio. (3)

    Estos sucesos coadyuvarán decisivamente en la "gotización" y , por ende, "hispanización" del reino astur-leonés como principal poder autóctono, opuesto al emirato y posterior califato islámico con sede en Córdoba. Alfonso II el Casto (791-842) reinstauraría en Oviedo el "Orden de los Godos" existente en Toledo, tanto en el Palacio como en la Iglesia, como así nos informa la Crónica Albeldense, primera de una serie de crónicas latinas, conformadoras de una verdadera historiografía medieval nacional (4). La sistemática y consciente repoblación de la cuenca del Duero supuso la creación de una nueva realidad social, política y cultural, una nueva realidad étnica , el pueblo castellano, los que habitan en el país de los castillos (en referencia a las abundantes torres defensivas construidas en la frontera oriental del reino de Asturias), resultado final de la profunda amalgama racial sustanciada en los valles cantábricos a lo largo de la segunda mitad del siglo VIII y primera mitad del siglo IX. Ya no habrá más tribus de astures, cántabros, autrigones, várdulos o vascones, ya no se hablará de godos o romanos; desde ahora, producto de una completa etnogénesis, se hablará de los "castellanos", del Reino de Castilla y León, sucesor histórico del Reino cántabro-astur de los primeros tiempos de la Reconquista. Los castellanos, principales herederos de los godos y base fundamental de la raza y cultura hispanas, dirigirán con firmeza ese «empuje hacia el sur», capitaneados por sus jefes, reyes, magnates e infanzones. (5)

    El denominado neo-goticismo astur-leonés, restaurador del unitarismo godo, diseñado en la Corte de los reyes asturianos y leoneses y heredado por Castilla al constituir su primer rey, Femando el Grande (1035-1065), el Reino de Castilla y León, consistía en un relevante programa político-militar destinado a imprimir una coherencia definitiva al proceso reconquistador y a legitimar al rey de Castilla como histórico sucesor del rey de los godos, el máximo jefe político de aquella Hispania unida por la conciencia nacional goda, invadida por los árabes y que ahora se pretende restaurar 6. Esto es lo que los reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, ambos de la dinastía castellana de los Trastámara, y tras la unión de Aragón a Castilla alcanzada el año 1474 como consecuencia de su matrimonio, consiguieron cuando el 2 de enero de 1492 entraban victoriosos en Granada, alzando los estandartes simbólicos recibidos de sus antepasados, cumpliendo, en fin, el programa político inspirador de la Reconquista. Dice la Crónica de Alfonso III respecto de la batalla de Covadonga (722), punto de partida de dicha Reconquista: «Por esta montaña será salvada España y restaurado el ejército de los godos»; eso es lo que acabará significando la arriesgada emboscada de Don Pelayo, primer jefe rebelde, antiguo espatario del rey Rodrigo.

    No son los Reyes Católicos los fundadores de la unidad nacional sino sus restauradores, aunque la unidad hispánica plena se conseguiría por Felipe II, y solo temporalmente, en 1580 al incorporar Portugal a su reino. Se equivocan, de modo interesado o ignorante, los políticos separatistas y sus clientelas cuando afirman que «sus pueblos» preexisten como «verdaderas naciones» a la «forzada» unificación de Isabel y Fernando finado el siglo XV. Para estos políticos, en su tergiversación histórica, dicha unidad fue un acto artificioso, ilegítimo e imperialista, destructor de esas «auténticas nacionalidades», o sea, Euskalerría o Cataluña que, dicho sea de paso, jamás existieron históricamente como entidades políticas unitarias e independientes. España, como nacionalidad distintiva es muy anterior a ese siglo XV, debiéndonos remontar, como hemos comprobado, hasta la segunda mitad del siglo VI, obra principal de un pueblo germánico de primer orden, los godos, que como torrente, generoso y vivificador, vino a confundirse absolutamente en el anchuroso río de lo español hasta el punto de desaparecer como tal pueblo. Pero ellos también somos nosotros, los españoles. Permanecen en nuestros genes, en nuestros hábitos, en nuestra cultura (7). Ellos, los godos de España, fundaron nuestra nacionalidad cuando se iniciaba la Edad Media.



    Ramón Peralta.






    I La Crónica Cesaraugustana del año 497 recoge el dato de la importante inmigración de grupos de godos a Hispania. Pero la llegada masiva de los godos a la península tiene lugar tras la batalla de Vouillé, prolongándose dicha entrada durante toda la primera mitad del siglo VI.

    2 "Por él (Alfonso l) fue contenida siempre la audacia de los enemigos (los musulmanes). Con su hermano Fruela, muchas veces, conduciendo el ejército, tomó combatiendo muchas ciudades (…), matando con la espada a todos los árabes y conduciendo a los cristianos (los hispano-godos de la cuenca del Duero) consigo a la patria. En aquel tiempo (segunda mitad del siglo VIII) se poblaron las Asturias, las Primorias, Liébana, Transmiera, Sopuerta, Carranza, las Bardulias (que ahora llaman Castilla) y la región marítima (las rías altas gallegas)".

    3 Debemos destacar que el periodo histórico medieval que discurre entre los años 722 y 1492 adquiere su unidad a partir de la consideración central del proceso político-militar-cultural que supone la recuperación de las tierras ocupadas por el invasor musulmán, recuperación territorial progresiva (Submeseta norte, Valle del Ebro, Submeseta sur, Levante, Depresión bética y sudeste peninsular) acompañada de la repoblación de los tierras reconquistadas, es decir, la instalación en ellas de colonos (campesinos soldados) tras el previo desalojo, en la mayoría de los casos, del habitante islámico. Este proceso de reconquista y repoblación confiere una determinante homogeneidad a la sociedad que de este modo va conformándose, homogeneidad que sin duda alguna posibilitará la constitución de la moderna Nación Española, a fines del siglo XV, a partir de una comunidad de raza, de cultura, religión y costumbres.

    4 Podemos destacar, junto a la Albeldense del siglo IX, la Crónica de Alfonso III o "Chronica Visigothorum", la "Crónica Seminense", el "Chronicum Mundi" de Lucas de Tuy, la "Historia Gothica" de Rodrigo Jiménez de Rada o la "Estoria General" del rey Alfonso X el Sabio, redactada ya en lengua castellana. Todas ellas continúan de algún modo la tradición historiográfica isidoriana, componiendo, en conjunto, la más brillante historiografía medieval europea. En todas ellas se describe una Historia de España que surge como comunidad política autónoma con los visigodos españoles. Destruido el reino hispano-godo, estas Crónicas, recogiendo primeramente el relato de San Isidoro de su Historia Gothorum, revelan la legitimidad del reino astur-leonés y de su sucesor, el reino de Castilla y León, en la restauración total del dominio sobre las tierras de España como verdaderos y legítimos herederos de los godos.

    5 Justo Pérez de Urbel, en su magnífica obra EI Condado de Castilla destaca el hecho de que las personalidades rectoras de la Castilla emergente son de estirpe goda, poseedores de sonoros nombres germánicos: el Conde Rodrigo, primer conde de Castilla; Fernán González, primer conde independiente tras aglutinar en un solo y gran condado a los distintos condados del territorio oriental del Reino de León; Rodrigo Díaz, el infanzón de Vivar, gran guerrero y protagonista indiscutido de la poesía épica castellana, origen de la literatura española. Esta élite político-militar gótica, procedente genealógicamente de destacados refugiados en los valles de Cantabria, protagonizará la formación del Condado de Castilla y lo dirigirá victoriosamente en su enconado enfrentamiento con las poderosas huestes árabe-islámicas organizadas por el Emirato y posterior Califato cordobés.

    6 Sobre la legitimidad del Reino de Castilla como heredero de la Monarquía Gótica, la historiografía castellana del siglo XV insiste en poner de relieve esa herencia política de los godos recibida naturalmente por Castilla. De este modo, al rey de Castilla es a quien pertenece el título de Rey de España, pues los reyes castellanos son los herederos directos de los reyes godos, y su misión será restaurar España en su antigua unidad peninsular. Este es el argumento central de la Compendiosa Historia Hispánica de Rodrigo Sánchez de Arévalo, auténtico colofón que culmina la historiografia anterior citada.

    7 La herencia de los godos, además de la biológica, se manifiesta en multitud de facetas de la vida política y cultural hispana de la Edad Media, especialmente en Castilla. Efectivamente, la lengua, el derecho, el orden socio-político castellanos poseen una impronta germánica distintiva portada por la numerosa población gótica que participó en su formación. Para este particular resulta muy conveniente consultar autores como Claudio Sánchez Albornoz, Eduardo de Hinojosa o Ramón Menéndez Pidal



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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Creo que este texto generaliza mucho. Para empezar, disiento en el título del texto, «los godos, fundadores de la nación hispánica». Existe un elemento gótico en la fundación de la nación hispánica, pero ni mucho menos son los fundadores de ésta de modo absoluto.

    Si te parece bien, ya discutiremos eso con más tiempo y tranquilidad. De momento sólo haré un rápido comentario a lo siguiente:

    Algunos nobles visigodos, no aceptando el dominio musulmán buscaron refugio en la montañas del norte peninsular. Los montes cantábricos y pirenáicos quedarían libres del efectivo dominio musulmán y en ellos se formarían prontamente dos reinos, Asturias y Navarra, resultado del pacto alcanzado entre las gentes autóctonas y los refugiados godos.
    Me parece poco probable que los restos de un ejército godo destrozado se refugiaran en los montes cántabros, cuyas gentes les eran abiertamente hostiles y que, como antes los romanos, nunca llegaron a dominar completamente. O por lo menos no lo debieron hacer para liderar ninguna causa.

    No hay que olvidar que la ideología de la «Reconquista» se crea más tarde, durante el reinado de Alfonso III, y como excusa para dar una legalidad a la «conquista» de los territorios más al sur. Las crónicas de la época se basan en otra no muy anterior, la Crónica Mozárabe*, escrita por mozárabes (hispano-godos) de Toledo, ajenos a los sucesos en los montes cántabros. Con la Chronica Adephonsis nos encontramos con otro problema, y es que exiten dos versiones: la «rotense» y la «ovetense». La última era una versión alterada de la primera en donde se observa la intención de crear un vínculo de unión entre la monarquía asturiana y la monarquía visigótica, con el fin de armar a la monarquía asturiana con un pretexto que le permitiera reclamar el trono de Toledo.

    (*) ahora no recuerdo bien, pero creo recordar que la Crónica Albeldense se basa en la Mozárabe, y la(s) de Alfonso III en la Albeldense.

    Hasta ese momento no se había definido como «reconquista» el avance hacia el sur, sino como «conquista» (como curiosidad, fíjate que en las tierras de Valencia se habla de la «Conquesta»). La «vieja estirpe» visigoda se encontraba en otra parte, en el al-Andalus. Como ejemplo, Sara la goda y sus descendientes, fieles musulmanes orgullosos de su pasado visigodo y de su religión islámica.

    Pero los visigodos también se podían encontrar en otra parte..
    La realeza astur-leonesa, la aragonesa y también los Condes de Barcelona, reivindicarán su estirpe gótica como factor de legitimación histórica de los nuevos poderes resultantes de la articulación territorial de la resistencia hispánica frente al invasor islámico.
    ... la Septimania.

    Aunque la resistencia inicial en los montes pirenaicos se debiera a gentes de estirpe vasco-pirenaica y otros de los antiguos pueblos ibéricos de la zona, más tarde sí que hubo una aportación visigoda.

    Los visigodos que no habían aceptado el Islam, o los que no habían quedado en dhimmitud, viviendo como cristianos tributarios del Islam, o sea los mozárabes, se retiraron hacia la zona de la Septimania en la que todavía conservaban posesiones. Y éstos se unirían más tarde a la «Reconquista» iniciada por los montañeses pirenaicos.


    En resumen, creo que aunque el elemento gótico es parte de la etnogénesis de la Nación Hispánica, es preciso derribar los mitos creados en el pasado y mantenidos y reforzados a partir del siglo XIX en aras de una moda romanticista celtista primero, y ya en el siglo XX por una influencia política pro-germanicista.

  3. #3
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Salve.



    Es cierto que el artículo generaliza mucho, pero me parecía interesante a la hora de darle cierta importancia a este elemento germánico en la formación de nación hispánica, máxime después de las tesis de los marxistas Barbero y Vigil empeñados en negar toda influencia de estos en la Reconquista. Especialmente en la zona del Norte peninsular. Pienso que sin la idea de Reconquista no se hubieran forjado los reinos peninsulares y sin estos, por supuesto, España no hubiera sido forjada y posiblemente hoy no seríamos más que un apéndice de Marruecos.

    Ahora bien es bien cierto lo que dices que no sólo se ha de tomar el elemento germánico a lo hora de forjar lo hispano, ni mucho menos. Por lo que respecta al pueblo castellano, por ejemplo, Sánchez Albornoz decía que había que tener en cuenta tres elementos: el germánico, el cántabro y el vasco. Pero creo que existen otros elementos a tener en cuenta y por otro lado estan los otros puntos de donde surgió la reconquista como por ejemplo en los pirineos catalanes, donde tambien hay que contar de nuevo con el elemento gótico que junto a los “hispani” buscaron refugió en la zona pirenaica y recibieron la ayuda de los godos y galo-romanos que allí se encontraban. E incluso el Reino de Pamplona no se puede entender sin este elemento gótico como podrás ver en un artículo que adjunré en este foro.

    En lo que respecta al tema de si el ejercito godo se refugió o no en las montañas cántabras, posiblemente también tengas razón. Pero hay que tener en cuenta que el elemento germánico no era sólo un ejercito. Por un lado está la nobleza y hoy en día el investigador vasco Armando Besga ha desmontado completamente las tesis de Barbero y Vigil en lo que respecta a la tesis de estos autores en la que defendían que Asturias y Cantabria no habían sido conquistadas por los visigodos, la tesis doctoral de Besga es contundente y en su obra”Origenes Hispanogodos del Reino de Asturias” refuta además la tesis indigenista defendida por Barbero y Vigil. Por otra parte Sánchez Albornoz tambien estuvo en profundo desacuerdo con Barbero y Vigil etc.

    De hecho tenemos que por un lado la nobleza y una parte del ejercito se refugió en Asturias y por otro lado tenemos la población visigoda que se estableció en “Tierra de Campos” y alrededores, también llamada “Campi Gothorum” o “Campos góticos”, la inmensa llanura cerealística que hoy conocemos en la vieja Castilla. La población visigoda establecida en un principio en los “Campos góticos” (Sánchez Albornoz la estimo como un una cantidad no menos a los 60.000 individuos, población que en tiempos de la invasión musulmana debió ser bastante mayor), fue la que cuando la invasión musulmana avanzó marchó de tierra de campos a refugiarse en Cantabria y más tarde, cuando la reconquista empezó a fraguarse, junto a otros hispanorromanos, posiblemente gente cántabra y vascos, capitaneados por la antigua nobleza goda iniciaría el proceso repoblador del valle de Duero (Recordemos que el valle del Duero quedó totalmente despoblado, quedando como una tierra de nadie). En tanto a que los cántabros pusieran mucha resistencia a la inmigración de la masa goda de Tierra de Campos (junto a otros hispanos), Besga también la niega. Tengamos en cuenta que los cántabros de aquellos días ya no eran lo de antes. En fin, en principio quiero recordar más o menos esto, podría darte datos más específicos pero al encontrarme de viaje de trabajo no va a ser posible por ahora. Tengo un buen camarada y amigo castellano que lleva bastante tiempo estudiando estos temas y ha sido el que me ha aclarado bastante el tema de la importancia de los godos en la formación no sólo de Castilla si no de otros reinos como ya he dicho antes. Cuando regrese a final de mes puedo facilitarte bibliografía y bastantes datos mas completos.

    Otra cosa en la que pienso que tienen mucha razón es en que también quedó población visigoda en al-andalus, algunos convertidos al islam y otros conservando su religión (mozárabes).

    También es curioso lo que mencionas en cuanto a que en Valencia se habla de Conquista, posiblemente al no haber una masa de visigodos considerable en tierras valencianas o en tierras de la “Catalunya nova”, (el elemento germánico catalán se concentrará más en lo que fue la “Catalunya vella” o en la zona de la Septimania) no habría una idea de “Reconquista” como en el caso de Castilla, sino esta vez sí de “Conquista”, el mismo Jaime I el Conquistador, tenía un aspecto germánico incuestionable tal como lo describen las crónicas y lo representan sus retratos.

    En fin el tema es muy interesante y supongo que lo tocaremos más veces.

    Un abrazo.

    Sobre el tema de la idea de Reconquista te adjunto este interesante artículo.

    SOBRE LA IDEOLOGÍA DE LA RECONQUISTA:
    REALIDADES Y TÓPICOS
    1




    Manuel González Jiménez

    «es indudable que el culto a Santiago fue una fuerza poderosa galvanizadora de la resistencia de la cristiandad del Noroeste hispano frente al Islam, del siglo IX al XII» «creyeron los peninsulares y creyó la cristiandad y el viento de la fe empujó las velas de la navecilla de Occidente y el auténtico milagro se produjo» (Sánchez-Albornoz)



    1. INTRODUCCIÓN

    De entre las varias cuestiones importantes que afectan a la Edad Media peninsular en su conjunto, ninguna hay más debatida que la del concepto y significado de la Reconquista. El propio término, utilizado desde el siglo XIX por los historiadores españoles sin mayores problemas, ha acabado convirtiéndose en un asunto polémico que ha hecho correr ríos de tinta. Su uso ha marcado durante algún tiempo una línea de separación entre los medievalistas como si hacerlo implicase necesariamente la adscripción a una determinada ideología del pasado, cuestión que por otra parte nada tiene que ver con la historia ni menos aún con el quehacer historiográfico. Es posible que este rechazo o, por lo menos, prevención al empleo del término se deba a la aplicación abusiva a hechos dolorosos del pasado reciente. Pero el mismo uso se hizo del término «cruzada» y no por ello los historiadores hemos dejado de utilizarlo sin ningún tipo de reticencia.

    La polémica se inició a fines del siglo XIX en el seno de la corriente que ha dado en llamarse «regeneracionismo». Sus seguidores, sin plantearse problema alguno sobre el concepto, abominaron a su manera de la Reconquista al atribuirle buena parte de los males que padecía la España de fines del siglo XIX. Joaquín Costa propuso cerrar de una vez por todas, con siete llaves, el sepulcro de El Cid. La misma idea se percibe todavía en una conferencia pronunciada por Sánchez Albornoz en Praga en 1928. A la reconquista atribuía entonces el joven maestro abulense «el rebrotar a nueva vida del particularismo ibérico», su «retraso» con respecto a Europa y ese estado de «superexcitación guerrera» y de «hipertrofia de la clerecía hispana» que de forma tan negativa afectó al desarrollo social y económico del país 2.

    Fuera de España las cosas se han visto de una forma menos problemática. Nadie ha cuestionado en serio el uso del término reconquista. El recordado profesor Oerek Lomax escribió todo un libro titulado The Reconquest of Spain3. Consciente de la exaltación y del rechazo de que había sido objeto el tema por parte de unos y de otros, el gran hispanista inglés expresaba en las primeras líneas de su obra, con total contundencia, su punto de vista:

    La Reconquista es un marco conceptual utilizado por los historiadores. Pero, a diferencia del concepto de Edad Media, no se trata de un concepto artificial. Por el contrario, la Reconquista fue una ideología inventada por los hispano-cristianos poco después del año 711, y su realización efectiva hizo que se mantuviera desde entonces como una tradición historiográfica, convirtiéndose también en objeto de nostalgia y en un cliché retórico de los publicistas tanto tradicionales como marxistas4.

    La perspicacia del ilustre historiador había detectado, en las palabras que acabo de reproducir, el verdadero problema: la reconquista en manos de unos y de otros se había convertido en un tópico retóricamente exaltado y objeto de culto o en uno de esos conceptos que había que extirpar y combatir. Creo que ambas posturas son igualmente erróneas, porque ambas adolecen del mismo defecto: el de reducir la enorme complejidad del hecho histórico de la Reconquista -o como quiera llamársela- a una sola de sus múltiples facetas, la espiritual y religiosa en el caso de los tradicionalistas, la material y económica, en el caso de los historiadores marxistas. A los defensores de cualquiera de estas posiciones extremas vendría bien reflexionar sobre advertencia que hiciera Lomax de «que no todos los cristianos abrazaron el ideal de la reconquista de la misma manera en todas las épocas, que la mayoría tuvo motivos distintos, que esta diversidad variaba según los individuos, que el poder político se consideraba como una mezcla de factores militares, económicos, religiosos, demográficos y otros, y que la Reconquista podía llevarse a efecto por otros medios además de la guerra»5.

    2. LA RECIENTE DISCUSIÓN HISTORIOGRÁFICA

    La discusión no tanto sobre el nombre sino sobre los orígenes de la reconquista se reactivó en 1965 cuando Marcelo Vigil y Abilio Barbero postularon unos orígenes para la Reconquista que nada tenían que ver con la tesis tradicional. Los autores citados, a partir del estudio de los textos y de las evidencias arqueológicas, postularon, como eje fundamental de su argumentación, el escaso nivel de romanización y de cristianización de los pueblos del norte y la persistencia de estructuras sociales muy primitivas. Afirmaban que estos pueblos, que habían mantenido frente a los visigodos la misma actitud de resistencia exhibida frente a Roma, rechazarían con la misma contundencia la presencia de los árabes invasores. y si esto así, es evidente que «el fenómeno histórico llamado reconquista no obedeció en sus orígenes a motivos puramente políticos y religiosos [...]. Debió su dinamismo a ser la continuación de un movimiento de expansión de pueblos que iban alcanzando formas de desarrollo económico y social superiores»6. Vigil y Barbero ampliaron posteriormente sus tesis analizando con detalle la etapa astur-Leonesa7.

    Estas ideas encontraron un rápido eco y una amplia difusión en los manuales universitarios. En 1975, J. L. Martín escribía que «los proyectos concebidos por los mozárabes para la dinastía leonesa han sido transformados en realidad por cronistas e historiadores que han acuñado el término reconquista para designar el largo periodo que va desde la entrada de los musulmanes en la Península (711 )
    hasta la desaparición del último estado islámico (1492». Para añadir más adelante: «La realidad, sin embargo, difiere bastante del esquema trazado: la conquista de las tierras dominadas por los musulmanes, en sus orígenes al menos, es obra de poblaciones poco romanizadas y poco o nada cristianizadas»8.


    Pero no todo ha sido unanimidad ni aceptación generalizada de las tesis de Vigil y Barbero. Por el contrario, éstas comenzaron a ser discutidas y rechazadas casi desde el momento mismo de su formulación escrita. Las principales objeciones a estas tesis se formularon a partir de un análisis depurado de las fuentes y, especialmente, de las evidencias arqueológicas. Apenas publicado el artículo de Vigil y Barbero, desde la Argentina don Claudio Sánchez- Albornoz mostraba su radical discrepancia con estos autores, a los que reconocía, no obstante, inteligencia y amplios conocimientos9. En fechas más recientes, un joven investigador vasco, Armando Besga demostraba la inconsistencia de una de las tesis de Vigil y Barbero: la de que Cantabria y Asturias no habían sido conquistadas por los visigodos10. En su tesis doctoral, recientemente publicada, defiende, con contundencia, frente a la llamada tesis «indigenista», los «orígenes hispano-godos del reino de Asturias», minimizando incluso el papel de los mozárabes en el nacimiento del programa «restaurador» de la monarquía asturiana11.

    Otros historiadores han comprobado, entre otras cosas, el alto nivel de romanización de los pueblos del norte y la temprana extinción, concretamente en Asturias, de la organización gentilicia12, probando, con buenos argumentos, la debilidad de los presupuestos de una tesis que durante varios decenios ha sido ampliamente aceptada.

    Hay que decir, no obstante, que la polémica no fue del todo inútil, ya que ha permitido profundizar en el conocimiento -hasta donde la escasez de las fuentes lo permite- del estado de los pueblos de norte en el momento de la llegada de los árabes a la Península. En esta misma línea, Yves Bonnaz ha planteado con buenos argumentos la continuidad de las estructuras políticas y hasta culturales visigóticas desde el momento mismo de la sublevación de Pelayo. Detecta, en efecto, la existencia de una fortísima migración a Asturias de la nobleza visigoda, hecho que se observa en la propia antroponimia de los primeros monarcas visigodos y que recogen no sólo las primeras crónicas cristianas de la reconquista sino hasta el texto historiográfico más antiguo como el Ajbar Machmu ‘a 13. Y, especialmente, defiende no sólo la continuidad de la forma de elegir a los reyes, calcada de la norma toledana, sino la vinculación familiar de Pelayo con los reyes godos de Toledo14. En una palabra, la restauración del «orden de los godos» llevada a efecto en tiempos de Alfonso II no surgió de la nada: dicho orden, de forma si se quiere embrionaria e imperfecta, había estado presente en Asturias desde los mismos días de la sublevación de Pelayo contra los invasores musulmanes.

    3. UN RECORRIDO POR LOS TEXTOS

    Esta tesis, que puede parecer extremista en su formulación, replantea nada menos que la verosimilitud del relato de la sublevación de Pelayo en Asturias y los orígenes mismos de la reconquista. ¿Era Pelayo consciente de estar iniciando una empresa que, andando el tiempo, iba a permitir restaurar «la salvación de España y el ejército del pueblo godo», como leemos en la Crónica de Alfonso III? 15; o, por el contrario, ¿era Pelayo simplemente un caudillo que luchaba por su propia supervivencia, sin más horizonte que mantener incólume al frente de «treinta asnos salvajes»16 el pequeño rincón donde se había iniciado la primera resistencia a la presencia islámica en el norte peninsular? Nunca lo sabremos. La versión tardía de los hechos, desde la perspectiva que da siglo y medio de distancia de los hechos historiados, ve en Covadonga el inicio de la restauración de España y de la reconquista. Pero cierta o no, no cabe la menor duda que la reconquista era a la altura del reinado de Alfonso III (866-910) algo más que un proyecto nebuloso. Uno de los textos historiográficos del ciclo del primer rey leonés, la Crónica Albeldense, lo expresa con toda claridad. Tras narrar la conquista de la España visigoda por los musulmanes, el anónimo cronista escribe:

    Et cum eis Xpni die noctuque bella iniunt et cotidie confligunt, dum predestinatio usque diuina dehinc eos expelli crudeliter iubeat.

    [Y con ellos (Ios sarracenos) los cristianos día y noche afrontan batalla y cotidianamente luchan, hasta que la predestinación divina ordene que sean cruelmente expulsados de aquí]17.

    Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el autor de este texto era un iluminado que confundía el deseo con la realidad, y hasta que, a pesar de la crisis que atravesaba el emirato cordobés, ni el más animoso de los consejeros del rey participaba del entusiasmo profético del autor de la Albeldense. Lo que no puede negarse es que el estado de opinión que se trasluce en esta crónica existía, por poco generalizado que estuviese. Y si esta opinión existía y a su luz se interpretaban las campañas de Alfonso III es porque el proyecto que llamamos reconquista estaba definiéndose como lo que acabaría siendo más adelante: una ideología justificativa de la expansión territorial y de la conquista de los territorios detentados por los musulmanes18.

    Pero ¿qué nos dicen los textos que nos han transmitido la idea de reconquista? El texto fundamental es, sin duda, el que se refiere a la batalla de Covadonga. Se trata de un acontecimiento capital, pleno de significado. Es el primero de los hitos historiográficos de que debemos ocuparnos. Sea cual sea el juicio que nos merezca, el relato de la batalla de Covadonga constituye una pieza de valor excepcional. Ha llegado a nosotros en la llamada crónica de Alfonso III, de la que se conservan dos versiones ligeramente diferentes, aunque coincidentes en lo esencial. La versión más antigua, la Rotense, sirvió de base para la versión definitiva u oficial realizada por orden de Alfonso III, en la que no sólo se mejoró la redacción y el lenguaje del texto sino que se efectuaron supresiones, correcciones y ampliaciones del texto primitivo19.

    Este relato tuvo una amplia difusión y pasó, a través de Rodrigo Jiménez de Rada, a la Primera Crónica General de España, compilada por orden de Alfonso X, sin introducir apenas novedades. Más aún, el relato asturiano es, tal vez, hasta más colorista, al menos en la parte del diálogo entre don Oppas y Pelayo.

    Se trata, como he indicado, de un texto fundamental, ya que en él se expone y de él deriva la primera explicación de los orígenes de la Reconquista: la sublevación en Asturias de un visigodo, Pelayo, spatarius de los reyes Vitiza y Rodrigo -la versión real de la Crónica le hace descendiente del duque Fáfila, ex semine regio- quien, según el Toledano, había estado primero en Cantabria fugiens a facie Witize y, tras la derrota de Guadalete, se había refugiado en Asturias con su hermana con la intención de mantener «in Asturiarum angustiis ...christiani nominis aliquam scintillularn».

    Siempre según el Toledano, tras la ocupación de Gijón por los muslimes, su gobernador envió a Pelayo a Córdoba y, aprovechando su ausencia, sororem Pelagii copulauit. A su regreso, Pelayo, que no consintió en esta unión, recuperó a su hermana e inició una sublevación. Huyó más allá del río Piloña siendo elegido príncipe por cuantos estaban descontentos con la dominación árabe y comenzó a atacar a los invasores.

    Para acabar con la sublevación Tariq envió a Alcama con un fuerte ejército en el que iba don Oppas, arzobispo de Toledo. Pelayo se refugió en una cueva -a la que el arzobispo no da nombre, aunque sí lo hace la crónica de Alfonso III en sus dos versiones: coba dominica ® o coua Sancte Marie (Versión revisada)-, donde fue sitiado por los árabes.

    A la vista de la resistencia, los sitiadores enviaron como mediador al obispo don Oppas que entabló un diálogo con Pelayo, cargado de referencias bíblicas y de anticipaciones de futuro. La versión del Toledano se ajusta al texto de la versión Rotense, aunque adobado retóricamente con elementos nuevos alusivos a la vinculación familiar de don Oppa a Vitiza ya los crímenes cometidos por su linaje con el conde don Julián. No alude el arzobispo historiador a los dos símiles que aparecen en la Crónica de Alfonso III: el del grano de mostaza, símbolo, de la Iglesia, que, a pesar de su pequeñez, como el reino de Asturias incipiente, dará a dar cobijo a todas las aves del cielo (Rotense) o el de la luna que puede llegar a ocultarse y desaparecer pero que volverá a recuperar su prístina plenitud.

    El discurso de Pelayo tal como lo recoge el Toledano, introduce, en la misma línea de la Crónica asturiana, una serie de elementos proféticos, anunciadores de la recuperación de los cristianos: Dios castiga a sus hijos pero «no los abandonará para siempre» y, en alusión a la derrota de Guadalete, la afirmación de que «a cambio de este pequeño y pasajero exterminio nuestro la Iglesia pondrá sus cimientos para resurgir»20.

    Este primer relato de una victoria que, desde la perspectiva de los finales del siglo IX, había señalado el inicio de todo un proceso, que todavía, lógicamente, no se llamaba reconquista, esbozaba con toda claridad un programa de actuación: la «restauración» de España (Spania), en lo político y en lo religioso, y del «ejército de los godos», en clara alusión a su recuperación final de la mano de sus descendientes los «reyes godos de Oviedo».

    4. LOS SANTOS PROTECTORES

    No concluyen aquí los relatos, más o menos milagrosos (el de la batalla de Covadonga es también, a pesar de su historicidad, el relato de una victoria lograda por la intervención divina). La reconquista, a los ojos de los cronistas medievales, era una guerra divinal y la lucha perseguía también fines religiosos. No es extraño, pues, que haya otros relatos -legendarios o no- en los que el elemento sobrenatural está también presente, introduciendo nuevos factores conformadores de la ideología de la reconquista. Veamos, brevemente, algunas de estas narraciones.

    La primera que debemos considerar es la de la batalla de Clavijo, que circuló ampliamente a partir del texto que estableciera en el siglo XIII, basándose, por supuesto, en otros anteriores, don Lucas, obispo de Tuy. De él lo tomó don Rodrigo Jiménez de Rada. Dice así:

    el rey Ramiro ...atacó los dominios de los árabes e incendió todo lo que encontró a su paso ..., incluida Nájera. Entonces los sarracenos le salieron al paso con infinitas tropas. Por su parte el ejército del rey Ramiro, al divisar a las tropas, se replegó a un lugar fortificado que se llama Clavijo. y como Ramiro anduviera indeciso por la noche acerca del combate, se le apareció Santiago animándole a que, seguro de su victoria, entablara combate con los árabes al día siguiente [...] Iniciada de esta forma la batalla, por una y otra parte, los sarracenos, sacudidos por el desconcierto, dieron la espalda a las espadas de los cristianos, de modo que perecieron casi sesenta mil de ellos. Se cuenta que en esta batalla apareció Santiago sobre un caballo blanco haciendo tremolar un estandarte blanco. Entonces el rey Ramiro se apoderó de Albelda, Clavijo, Calahorra y otros muchos lugares que agregó a su reino. Desde aquel día, según se cuenta, se utilizó esta invocación: «¡Dios, ayuda, y Santiago!». También entonces ofrendaron a Santiago exvotos y regalos ...

    El relato de la PCG II, capo. 629,360 a-b) es mucho más amplio, y en concreto, al hablar de la aparición, en sueños, de Santiago al rey Ramiro, pone en su boca las siguientes palabras:

    Sepas que Nuestro Sennor Jhesu Christo ...a mi solo dio a Espanna que la guardasse et la amparasse de manos de los enemigos de la fe. ...yo so Yague, ell apostol de Jhesu Christo et uengo a ti por ayudarte contra estos tus enemigos. Et sepas por uerdad que tu uençerás cras en la mannana con ell ayuda de Dios ...Et dígote que tomarán y muerte muchos de los tuyos, a los que está apareiada la gloria de Dios et la su folgança que siempre durará. Et por que non debdes duda en esto que te yo digo ueer medes cras andar y en la lid en un cauallo blanco con una senna blanca et grand espada reluzient en la mano. [...] e non dubdedes nada de yr ferir en la hueste de los barbaros, llamando «¡Dios, ayuda, et sant Yague».

    Llegada la batalla, se cumplió lo anunciado por el Apóstol. y desde entonces, prosigue la Crónica, los cristianos, al entrar en combate contra los moros, «sus enemigos mortales», acostumbran a decir: «Dios, ayuda, et San Yague».

    En agradecimiento al Apóstol por esta victoria, Ramiro ordenó que se diese cada año en ofrenda a la Iglesia de Santiago una medida de pan por cada yunta de bueyes y otra por cada moyo de vino. y que del botín obtenido en la guerra, se ofertase a Santiago tanto como correspondiese a un caballero. Concluye el relato haciendo referencia al tributo de las 100 doncellas, establecido en tiempos del rey Mauregato, que desde entonces no volvió a pagarse nunca más.

    ¿De dónde arranca esta leyenda? Seguramente, como muchas otras, debió fraguarse en Galicia, en el entorno de la catedral de Santiago y en el seno de un taller historiográfico fecundo como fue el que impulsó su primer arzobispo, don Diego Gelmírez, y que dio como fruto principal la famosa Historia Compostellana. Al parecer, el autor de la leyenda fue un tal Pedro Marcio, canónigo de la catedral, que afirma haber copiado un diploma de Ramiro I en el que éste cuenta el éxito militar obtenido en Clavijo con la ayuda milagrosa del Apóstol Santiago21 .

    El diploma de Ramiro I no resiste la más mínima crítica diplomática e histórica. Se basa, no obstante, en un hecho real -la batalla que tuvo lugar cerca de Albelda, en Monte Laturce, en 844- sobre la que, posiblemente, se elaboró un relato que, deformado o no, llegó hasta mediados del siglo XII y fue puesto por escrito o «copiado» por Pedro Marcio, según su propia declaración. No era la primera vez que el scriptorium compostelano realizaba falsificaciones, algunas de tanto o más fuste que la de la batalla de Clavijo, como el famoso diploma de Alfonso II declarando a Santiago «patrono y señor de toda España»22.

    Asociada a la leyenda de la batalla de Clavijo está la del tributo de las 100 doncellas, del cual el reino se vio libre tras esta batalla. Sin entrar en las diversas variantes de la leyenda23, habría que decir, tan sólo, que en él se encarna el recuerdo de la época -breve, por otra parte- en que los reyes de Astucias pagaron tributo a Córdoba, probablemente en los días de Silo y Mauregato. Sabemos que esta dependencia se rompió durante el reinado de Alfonso II el Casto y, desde luego, de su sucesor Ramiro I.

    Todo esto, evidentemente, está relacionado con un asunto principal: el de la devoción y peregrinaciones a Santiago de Compostela, sobre el que muy poco nuevo se puede decir y menos en este ámbito. Sin duda estamos ante la mayor, mejor elaborada y más exitosa manifestación del imaginario colectivo de toda la Edad Media. Ante la enormidad de este fenómeno religioso, cultural y militar poco importa si Santiago predicó o no en Hispania, o si su cuerpo está o no enterrado en Galicia. Como escribió Sánchez-Albornoz, el éxito de Santiago se debió a que en su leyenda y en su presencia «creyeron los peninsulares y creyó la cristiandad y el viento de la fe empujó las velas de la navecilla de Occidente y el auténtico milagro se produjo». Y, también, que «es indudable que el culto a Santiago fue una fuerza poderosa galvanizadora de la resistencia de la cristiandad del Noroeste hispano frente al Islam, del siglo IX al XII»24.

    Todavía registra la PCG otra intervención milagrosa de Santiago en tiempos de Fernando I (1035-1065). Me refiero al relato de la aparición del Apóstol al obispo griego Estiano, llegado en peregrinación a Compostela, en el que el apóstol Santiago se autodenomina «cauallero de Cristo et ayudador de los cristianos contra los moros». La narración prosigue afirmando que el santo guerrero se apareció a caballo sobre «un cauallo muy blanco», «guarnido de todas armas claras e fermosas», al tiempo que decía al peregrino que se disponía a acudir en ayuda del rey Fernando que en esos precisos momentos estaba sitiando Coimbra. La Crónica no afirma la aparición de Santiago en el campo de batalla, como en el caso de la batalla de Clavijo o en otros casos posteriores, pero lo da entender. El relato suena, otra vez, a un invento de la fértil, e interesada, imaginación de los clérigos compostelanos. Pero ahí queda como un testimonio más de la leyenda del Santo Patrón de la reconquista.

    5. OTROS SANTOS GUERREROS: SAN MILLÁN Y SAN ISIDORO

    La panoplia de santos guerreros asociados a la reconquita no se agota, en modo alguno, con Santiago, aún siendo éste el principal y más asiduo protector de los ejércitos cristianos. Hubo otros y muy notables como San Millán y San Isidoro de Sevilla, cuyo cuerpo fue trasladado a León por Fernando I en 1066, por no hablar de San Jorge.

    La Primera Crónica General, haciéndose eco del cantar de Femán González refiere que, en vísperas de la batalla de Facinas o Hacinas, contra Almanzor (evidentemente anacronismo, ya que el conde castellano falleció en 970), se le apareció San Millán para anunciarle la ayuda divina y la presencia de Santiago y la suya propia en el combate «con armas blancas» y trayendo cada uno de ellos una «cruz en su pendón»25. Llegado el combate, los cristianos acometieron a los de Almanzor al grito de «San Yagüe» (p. 403b). En un momento apurado de la batalla, Fernán González pidió ayuda a Dios y vio

    ell apostol sant Yague estar sobre si con gran companna de caualleros, todos armados con sennales de cruzes ...Et los moros uieronlos estonces como el conde, et ouieron muy grand miedo, et fueron muy mal espantados, ca se touieron por muy embargados dellos porque veyen tantas yentes todas de una sennal 26.

    En agradecimiento al Santo castellano por su intervención en la batalla se instituyeron los llmados «Votos de San Millán». Se trata, como los de Santiago, de una creación de mediados del siglo XII, que generalizaron una antigua «tradición de ofrendas»27.

    San Isidoro de Sevilla fue también, aunque en contadas ocasiones, uno de estos santos guerreros. A su intervención milagrosa alude la PCG a propósito de la conquista de Baeza por Alfonso VII el Emperador. Refiere, en efecto, la crónica que, estando el rey asediando la ciudad, se le apareció de noche San Isidoro y le animó a presentar batalla al día siguiente «que el uernie y en ayuda et serie y su ayudador». Iniciado el combate, el Emperador «uio a Sant Esidro andar en la fazienda de la su parte». Tras la victoria, mandó repoblar Baeza y erigió en ella una iglesia «a onrra de Dios et de sant Esidro».

    El Toledano alude a otra intervención milagrosa de San Isidoro28. Se refiere al ataque contra Ciudad Rodrigo, llevado a cabo tiempos de Fernando II de León por Fernán Ruiz de Castro, al servicio entonces de los almohades. Cuenta que San Isidoro se apareció al sacristán de su iglesia en León, previniéndole del ataque, lo que permitió que los habitantes de la ciudad resistir hasta la llegada del rey.

    6. MÁS INTERVENCIONES CELESTIALES EN LA RECONQUISTA

    Una de las últimas intervenciones milagrosas recogidas en las Crónicas es la que tuvo lugar en tiempos de Fernando III. Se trata de la llamada batalla de Jerez (1231), protagonizada por tropas castellanas al mando de Álvar Pérez de Castro, en cuya hueste iba el infante don Alfonso (según Crónica de Veinte reyes y PCG, se trata del futuro Alfonso X; según Lucas de Tuy, del infante don Alfonso de Molina, hermano del monarca castellano), y de la otra parte por las tropas de Ibn Hud de Murcia.

    Los castellanos acometieron a los moros al grito de «Santiago». En el fragor del combate,

    aparesçió allí Santiago en vn caballo blanco e con seña blanca en la mano e con vn espada en la otra, e que andaua y con él vna ligión de caualleros blancos, e que dizen que ángeles vieron andar sobrellos por el ayre.

    7. LA IDEA DE RECONQUISTA

    La idea de reconquista, a despecho de modernas teorías y hasta del descrédito que en determinados círculos académicos e intelectuales haya podido tener o tenga, sigue en pie. Despojada de las retóricas e inevitables adherencias de una historiografía de corte romántico-tradicionalista, ha sido reforzada por las investigaciones de los más reputados historiadores de este siglo. El primero de ellos fue, sin duda, don Claudio Sánchez-Albornoz, maestro del moderno medievalismo. En su obra España un enigma histórico defendió, con la contundencia que le caracterizaba, la tesis de que la reconquista fue, nada más y nada menos, que la «clave de la Historia de España», negando de paso lo afirmado por Ortega y Gasset, Altamira, Américo Castro y otros.

    A partir de un despliegue impresionante de datos y de argumentos, Sánchez- Albornoz afirma la existencia de «los más variados estilos de contacto pugnaz entre los dos enemigos enfrentados»; la irrupción tempranera en la lucha -inicialmente ajena al «deseo de recuperar el solar nacional perdido»- de «un vivaz neogoticismo, que soñó con la continuidad de la historia hispano-goda» y que se propuso de manera consciente» la ambiciosa pretensión de conquistar de nuevo la tierra madre de España»29, Entre los textos aducidos están por supuesto los de la Crónica Albeldense, que citábamos más arriba, y el no menos famoso de la llamada Crónica Profética, perteneciente también al ciclo de Alfonso III, que concluye afirmando, refiriéndose al monarca astur-leonés, que estaba próximo el día en que iba a reinar sobre toda España30.

    De estos textos infiere Sánchez-Albornoz que el ideal de la reconquista estaba ya implantado en el reino astur a fines del siglo IX y que, por tanto, nada debe en sus orígenes a la influencia de lo monjes de Cluny, como defendiera en su tiempo don Rafael Altamira.

    Unos años antes, otro ilustre historiador, don José Antonio Maravall había publicado un estudio fundamental sobre «la idea de reconquista» en la España medieval31. Para el ilustre tratadista de las ideas políticas «no es posible entender lo que España significa para los cristianos medievales sin aclararse esa conexión entre España y la empresa histórica [de la Reconquista] que en ella se desenvuelve y que la postula como su propia meta»32. Tras definir Maravall la reconquista como «recuperación, restablecimiento, restauración» del señorío político de los cristianos sobre la Península, afirma que se trata de un «mito» del que interesa averiguar no tanto «cómo los hechos se pasaron en realidad», sino «cómo se fue constituyendo un sistema de creencias».

    Entre otras motivaciones, la reconquista tuvo dos principales: la recuperación política del control del territorio y la restauración del culto cristiano. Ahora bien, de ello no es posible deducir como se ha hecho más de una ocasión que la reconquista fue una respuesta por parte cristiana a la yihad o guerra santa, como defendiera Américo Castro, ni que en sus orígenes estuviese influida por la idea de cruzada o, lo que es lo mismo, una guerra de carácter esencialmente religioso.

    En su libro La realidad histórica de España, Américo Castro no duda en postular un origen islámico para la idea de Cruzada, que sería algo así como el equivalente de la yihad islámica. En un largo capítulo trata de demostrar esta filiación y, de paso, la de las Órdenes Militares, con respecto a la institución del ribat islámico33. Sin entrar ni salir en la polémica, que no hace al caso, es evidente que la Reconquista -y todas sus manifestaciones e instituciones vinculadas con ella- adoptó desde muy pronto, si no desde el principio, un tono religioso. Los textos asturianos así lo ponen de manifiesto, y también muchos otros exhumados por Maravall. Consciente de ello, Castro aduce una carta de Urbano II a los condes de Besalú, Ampurias, Rosellón y Cerdaña animándoles a luchar contra los musulmanes de Tarragona, en la que anticipa uno de los rasgos fundamentales de la Cruzada: el perdón de los pecados y la vida eterna a todos los que participasen en la guerra contra el Islam34, y hasta la opinión de don Juan Manuel para quien el Señor permitió la conquista de España para que los cristianos luchasen para recuperarlas y para que «los que en la guerra murieren [...] sean mártires o sean las sus almas quitas del pecado que ficieren»35.

    Más recientemente, Bronisch ha defendido la tesis de que la Reconquista fue una «guerra santa»36. Esta concepción difería de la que predominaba en Europa. Hasta el siglo XI, cuando la idea de Cruzada comenzó a penetrar en la España cristiana, la guerra contra los infieles enlazaba con el concepto de guerra «justa» tal como fuera concebida en la España visigoda. A través del análisis de las obras de Juan de Bíclaro, Isidoro de Sevilla y Julián de Toledo, y de los textos litúrgicos visigodos, el autor cree poder demostrar que el concepto visigodo de guerra «se inspira en el Antiguo Testamento» y «asume la identificación del pueblo visigodo con el pueblo elegido por Dios», concibiendo la guerra como «pruebas impuestas por Dios a su pueblo», y sus resultados, como expresión del favor divina o como castigo por sus pecados».

    El análisis de los textos posteriores a 711, especialmente el mozárabe de la Missa pro hostibus, lleva a Bronich a defender la continuidad de esta concepción en el reino astur-leonés, otra prueba más de la conexión entre época visigoda y el mundo astur-leonés. Esta concepción explica, por ejemplo, que en los textos historiográficos asturianos se llame a los musulmanes con un nombre de clara resonancia bíblica como el de caldeos. De ahí que la guerra, emprendida en nombre de Dios -bellum Deo auctore-, se conciba como «guerra santa», porque deriva de un mandato divino y no porque de ella se dedujesen especiales beneficios espirituales, como el perdón de los pecados o la condición de mártires para los que en ella pereciesen.

    Pero mucho antes de que los historiadores modernos elucubrasen sobre el sentido de la guerra contra los moros, don Juan Manuel definió la Reconquista como una guerra desprovista de objetivos religiosos. En un texto muy conocido, el conocido político y escritor afirmaba:

    á guerra entre los christianos et los moros, et abrá fasta que ayan cobrado los christianos las tierras que los moros les tienen forçadas; ca, quanto por la ley ninpor la secta que ellos tienen, non avría guerra entre ellos37.

    El mismo sentido político se observa en la carta que los Reyes Católicos dirigieron al Sultán de Egipto en respuesta a su petición de que cesasen las hostilidades contra los moros granadinos:

    Las Españas en los tiempos antiguos fueron poseídas por los reyes sus progenitores; e que si los moros poseían agora en España aquella tierra del reino de Granada, aquella posesión era tiranía, e non jurídicia. E por escusar esta tiranía, los reyes sus progenitores de Castilla y de León siempre pugnaron por lo restituir a su señorío, segund antes lo avía sido38.

    Con estas referencias y otras más que pudieran aducirse no pretendo negar las múltiples implicaciones religiosas que subyacen en la idea y hasta en la práctica de la reconquista. La recuperación del reino y la restauración de la Iglesia eran fenómenos que, desde las grandes conquistas del siglo XI en adelante, estuvieron íntimamente asociados. Y rara es la ocasión en que tras el relato de las operaciones militares y la capitulación de los musulmanes no se describa -con evidente delectación, todo hay que decirlo- la restauración del culto cristiano en la mezquita aljama, previamente purificada de la spurcicia Machometi39.

    Por ello, no sé muy bien qué es lo que se oculta detrás de la tesis del supuesto origen europeo de la idea de Reconquista. Cuando comienzan a difundirse las ideas de Cruzada -la de Barbastro ( 1064 ) sería el primer atisbo de la Cruzada predicada por Urbano II treinta años más tarde- y cuando Cluny irrumpe en el panorama monástico peninsular, la idea de Reconquista era ya algo sólidamente asentado tanto en la ideología como en la práctica política. Por ello, puestos a buscar precedentes, habría que decir que fue precisamente la experiencia hispánica la que inspiró la idea de la Cruzada40. En cualquier caso, es evidente que a partir de los finales del siglo XI, la idea de Reconquista se vio afectada por la difusión de la idea de Cruzada. y está claro que, por lo menos en el plano de las grandes declaraciones, desde entonces y en momentos especialmente graves, el enfrentamiento tradicional con el mundo andalusí se tiñó también de connotaciones religioso-ideológicas.

    Ahora bien, admitido esto, hay que afirmar también que la Reconquista no fue una simple manifestación hispánica de la Cruzada. Con ello no pretendo minimizar la importancia del fenómeno cruzado. Pero es preciso tener claro que la cruzada fue, todo lo más, uno de los varios elementos, importantísimo en ocasiones, que influyeron sobre la idea y la realidad de la reconquista; un elemento que en sí mismo no era necesario para justificar la guerra contra el moro41.

    Hace años, Karl Erdmann, sorprendido por la complejidad de las relaciones entre cristianos y musulmanes en la época de las cruzadas, afirmó, que la reconquista fue «urna guerra profana e se combatia pelo dominio do território contestável. Lutava-se para defender a casa e o lar como o intuito de alargas as fronteiras». Y concluía afirmando que «nao nos é permitido imaginar que as guerras dos cavaleiros ibéricos fossern concebidas como serviço religioso e levadas a efeito corn a intençao de cruzadas»42.

    Posiblemente la posición de Erdmann es un tanto extremista. Pero es sin duda es reflejo de que, ni siquiera desde fuera de España, se comparte la idea del nacimiento tardío de la idea de reconquista por efecto de la influencia de la idea de Cruzada. De todas formas la conexión entre una y otra se debe, tal vez, el hecho de que la reconquista propiamente dicha, concebida como grandes operaciones militares sobre territorios poblados por los musulmanes, inició su andadura a mediados del siglo XI coincidiendo con la aparición de la idea de Cruzada. Ahora bien, la aceptación sin matices de esta tesis significa eliminar de un plumazo tres siglos de resistencias a la presencia islámica en España, todos los textos historiográficos, algunas conquistas muy significativas, como la de Nájera a comienzos del siglo X, el despliegue repoblador -que fue algo más que una mera colonización de «tierras de nadie»- de los siglos IX y X, y el desarrollo de una ideología que se había marcado como objetivo remediar la «pérdida y destrucción de España» mediante la recuperación por los cristianos del control sobre el territorio y la restauración de la Iglesia.

    Cuando se conquista To1edo circulaban ampliamente formulaciones teóricas inequívocas de un proyecto que se había ido adaptando en cada momento a las circunstancias históricas. Primero fue la resistencia, luego la colonización y, por último, la conquista y la repoblación sistemáticas y programadas. En cualquier caso, a mediados del siglo XI la ideología de la reconquista estaba ya sólidamente asentada y hasta era conocida por los propios musulmanes. Abd Allah, el último rey de taifa granadino, nos ha transmitido esta opinión, oída a un personaje político muy significado de la época. En sus Memorias, refiere que Sisnando, el gobernador mozárabe de Coimbra y, posterionnente, de To1edo, le dijo de viva voz lo siguiente:

    Al-Andalus pertenecía a los cristianos hasta que fueron vencidos por los árabes, que los obligaron a refugiarse en Galicia, la región más desfavorecida por la naturaleza. Pero ahora, que es posible, desean recuperar lo que les fue tomado por la fuerza. Para que los resultados sean definitivos, es necesario delitirlos y desgastarlos con el transcurso del tiempo. Cuando no tengan dinero ni soldados, nos apoderaremos del país sin esfuerzo43.

    8. CONCLUSIÓN

    Hemos llegado al final de esta exposición y creo haber señalado con clari- dad mi posición respecto a la realidad y el concepto de reconquista. Hubo, es cierto, mucho de imaginario; pero hubo también reconquista. La hubo a partir de una ideología fraguada en fechas no muy alejadas de la conquista y «destrucción» de España por los árabes. Naturalmente, la ideología de la reconquista fue madurando y perfeccionándose con el paso del tiempo. Pero ya existía a fines del siglo IX, cuando se escriben las Crónicas Asturianas del ciclo de Alfonso III. No eran elucubraciones de clérigos visionarios o de nostálgicos, que añoraban, idealizándolo, el pasado visigodo. Si así hubiese sido, sus ideas habrían quedado simplemente registradas en los códices, y no hubiesen sido otra cosa más que meras elucubraciones. No fue así. El neo-goticismo -que existió y que, como concepto, tampoco es un invento de los historiadores modemos- dio sentido a estas ideas y las convirtió en lo que en realidad fueron: una ideología pensada para ser llevada a la práctica. Ahora bien, desde la realidad de los hechos, no tiene la menor importancia que algunos o muchos de los elementos sobre los que se construyó esta ideología sean «míticos» o fabulosos, ya que lo cierto es que la sociedad en su conjunto acabó aceptando estas ideas y aplicándolas a lo largo de buena parte de la Edad Media, hasta la guerra final de Granada. Y es que a una ideología se le pide no que sea verdadera o falsa, sino que sea operativa. Y, sin duda, la ideología de la reconquista lo fue en grado sumo.

    Soy muy consciente de que lo que hoy entendemos por reconquista desborda con mucho el signíficado y las ímplícacíones que solían atribuír a este concepto los historíadores de décadas pasadas. Ello ha sido resultado en buena medída de la atención que desde los años cuarenta se viene prestando al estudío de la repoblación, asocíada normalmente a los procesos de conquista44 y a las transformaciones políticas. sociales y económicas a las que dio paso el proceso conquistador y repoblador45. Y es que no podemos ignorar, sino todo lo contrario, que los móviles económicos pesaron mucho, desde antiguo, en el ánimo de «una sociedad organizada para la guerra» (E. Lourie) para la cual la reconquista significaba también botín, tierras y mejora social. De esta forma. el factor ideológico del que nos hemos ocupado es uno más -sin duda alguna, fundamental- entre otros factores que deben ser tenidos en cuenta por el historiador de hoy. Por ello, creo que ya va siendo hora de que dejemos de discutir acerca de un término, convertido casi en bandera de combate historiográfico, y profundicemos en otras cuestiones de mayor trascendencia como los fundamentos ideológicos de la reconquista; el legitimismo astur frente a otros legitimismos hispánicos46; la reconquista como soporte de una más amplia autonomía política47; la reconquista como objetivo común de los pueblos peninsulares; la reconquista y el fortalecimiento de las monarquías feudales hispánicas, y otras más. Quienes piensan que el término debería ser abolido del lenguaje de los historiadores -que los hay o, por lo menos, lo había hasta hace muy poco- harían bien en reflexionar sobre estas palabras de M. A. Ladero, con las que concluyo:

    Actualmente, muchos consideran espúreo el término reconquista para describir la realidad histórica de aquellos siglos, y prefieren hablar simplemente de conquista y sustitución de una sociedad y una cultura, la andalusí, por otra, la cristiano-occidental; pero aunque esto fue así, también lo es que el concepto de reconquista nació en los siglos medievales y pertenece a su realidad en cuanto que sirvió para justificar ideológicamente muchos aspectos de aquel proceso48.



    NOTAS

    1. Este texto se basa en otro anterior «¿Re-conquista? Un estado de la cuestión», en Eloy Benito Ruano (Coord.), Tópicos y realidades de la Edad Media (I) (Madrid, Real Academia de la Historia, 2000), 155-178.
    2. Claudio Sánchez Albornoz, «España y el Islam», Revista de Occidente, 57 (1929). Reimpreso en De la invasión islámica al Estado continental. (Sevilla, Universidad, 1974), Colección de Bolsillo, n° 25, 15-40.
    3. D.W. Lomax, The Reconquest of Spain (London-New York, Longman, 1978). Trad. castellana La reconquista española (Barcelona, Ed. Crítica, 19 ).
    4. Id., ibíd., 1-2. Ofrezco mi propia traducción.
    5
    . W.D. Lomax, The Reconquest of Spain, ed. cit.,
    6. A. Barbero y M. Vigil, Sobre los orígenes sociales de la Reconquista (Barcelona, Ed. Ariel, 1974. Antes había aparecido como artículo en el Boletín de la Real Academia de la Historia CLVI (1965),271-339.
    7. Ob. cit., 97-98.
    8. J.L. Martín, La Península en la Edad Media (Barcelona, Ed. Teide, 1975), 229.
    9. Claudio Sáchez-Albornoz, “Observaciones a unas páginas sobre el inicio de la Reconquista», Cuadernos de Historia de España 47-48 (1968), 343-342.
    10. Armando Besga Marroquín, La situación política de los pueblos del norte de España en la época visigoda (Bilbao, Universidad de Deusto, 1983).
    11. A. Besga Marroquín, Orígenes hispano.godos del reino de Asturias(Oviedo, Real Instituto de Estudios Asturianos, 2000).
    12. Cf. José Miguel Novo Güisán, Las pueblos vaco-cantábricos y galaicos en la Antigüedad tardía. Siglos III-IX (Alcalá de Henares, Universidad, 1992). Reproducimos dos significativos pasajes de su obra. “Por lo que se refiere a la onomástica, sobre un conjunto de 850 inscripciones procedentes de los tres Conventos Jurídicos del noroeste, el Asturum, el Lucense y el Bracarense, que cae fuera de nuestro estudio, hay un 80% de inscripciones en las que los individuos llevan nomen o cognomen latinos». Ob. cit., 431. En Galicia y en la parte occidental de Asturias, que pertenecía al Convento Lucense, “no existieron gentilitates y, si las centuriae son unidades suprafamiliares, no llegaron vivas al siglo III». Ob. cit., 342.
    13. Y ves Bonnaz, «Continuité wisigothique dans la monarchie asturienne», en Melanges de la Casa de Velázquez XII (1976),81-99.
    14. La versión Albeldense de la Crónica de Alfonso III le hace hijo del duque Favila, dato confirmado por algunas fuentes árabes. Id., ibid., 88.
    15. Juan Gil Fernández, José L. Moralejo y juan I. Ruiz de la Peña, Crónicas Asturianas (Oviedo, Universidad, 1985), 202.
    16. Esta es la expresión que utiliza al-Maqqari, aplicada a Pelayo y los suyos, en el relato de la «escaramuza de montaña» que, según algunos autores modernos, fue la batalla de Guadalete. Cf. C. Sánchez- Albornoz, La España musulmana según los autores islamitas y cristianos medievales, I (Madrid, Espasa-Calpe. 1973), 77.
    17. F. Gil Fernández y otros, ob. cit., 171/244.
    18. Sobre el origen de la ideología de la reconquista, véase J.I. Ruiz de la Peña, «La monarquía asturiana (718- 918)», en El reino de León en la Alta Edad Media. III: La monarquía astur-leonesa. De Pelayo a Alfonso VI. 718-1109 (León, Centro de Estudios e Investigación «San Isidoro», 1995),120-127.
    19. Cf. I. I. Ruiz de la Peña. «Estudio preliminar» de la edición de las Crónicas Asturianas. Ed., estudio y traducción de J. Gil Femández y J. L. Moralejo (Oviedo. Universidad, 1985).
    20. Utilizo los textos latinos del Toledano a partir de la edición de Juan Fernández Valverde, Historia de Rebvs Hispanie sive Historia Gothica (Turnholt, Brepols, 1987), y su traducción castellana, del mismo autor, en Historia de los hechos de España (Madrid, Alianza Universidad, 1989)
    21.Cf. O. Rey Castelao, Historiografia del Voto de Santiago. Recopilación crítica de una polémica histórica (Santiago de Compostela, 1985).
    22. Cf. A. Floriano, Diplomática Española, I, 172-176. 23 Cf. Margarita Torres, Las batallas legendarias y el oficio de la guerra (Barcelona, Plaza y Janés, 2002).
    23. Cf. Margarita Torres Las batallas legendarias y el oficio de la guerra (Barcelona, Plaza y Janés, 2002).
    24. España un enigma histórico, I, 275 y 287).
    25. PCG, 11, c. 698.
    26. P. Martínez Sopena, «Sobre los cultos del Camino de Santiago», en XVIII Semana de Estudios Medievales: Viajeros, peregrinos, mercaderes en el Occidente medieval (Pamplona, 1992), 171. Ver también J. Á. García de Cortázar, «Percepción y organización social del espacio en la Castilla del siglo XII», en Finisterra.
    14 (Lisboa, 1989), 5-37).
    27. Ed. cit., cap. 981, vol. II, 660b.
    28. De Rebus Hispanie, ed. cit., VII, xxi.
    29. España un enigma histórico. II (Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1956),9 55.
    30. Ibid., 18.
    31. J. A. Maravall, «La idea de Reconquista en España durante la Edad Media», Arbor XXVIII (1954), 1- 37. Reproducido, con el título de «La idea de reconquista como programa de nuestra Historia medieval», en El concepto de España en la Edad Media (Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1981). Citaré por esta última obra.
    32. Ob. cit., 249. 33 Américo Castro, La realidad histórica de España (México, Editorial Porrúa S.A., 1966),407 ss.
    34. A. Castro, ob. cit., 422. Toma el dato de P. Kerh, «Papsturkunden in Katalonien», en Abhandlungen der Gesellschaaft der Wissenschaaften su Gdttingen XVIII, 2 (Berlin, 1926), 287-288.
    35. Don Juan Manuel, El Libro del los Estados.
    Ed. Jan R, Macpherson y R. B. Tate (Oxford, 1974), 53.
    36. Alexander Pierre Bronisch, Reconquista und Heiliger Krieg. Die Deutung des Krieges chrisslichen Spanien von den Westgoten bis ins frühe 12. Jahsrhudert (Münster, Aschendorff Verlag, 1998). Según reseña de Máximo Diago Hernando en Anuario de Estudios Medievales 28 (1998),952-955.
    37. Don Juan Manuel. El Libro de los Estados.
    Ed. Ian R. MacPherson y R.B. Tate (Oxford, 1974),53.
    38. Citado en L. Suárez Fernández, «Castilla en 1492», en Actas de las III Jornadas Hispano-Portuguesas de Historia Medieval: «La Península Ibérica en la era de los descubrimientos. 1391-1492, vol. II (Sevilla, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 1997).
    39. Rodrigo Jiménez de Rada, Historia de Rebvs Hispaniae sive Historia Gothica. Ed. J. Fernández Valverde (Turnholt, Brepols, 1987), 299 (10).
    40. Cf. Eloy Benito Ruano, «»Santiago, Calatrava y Antioquía», Anuario de Estudios Medievales, I (1964), 349 ss.
    41. Cf. M. González Jiménez, «La idea y práctica de la cruzada enla España medieval: Las cruzadas de Alfonso X», V Jornadas Nacionales de Historia Militar: El Mediterráneo: hechos de relevancia histórico-militar y sus repercusiones en España (Sevilla, 1997), 171 ss.
    42. Karl Erdmann, A Ideia de Cruzada em Portugal (Coimbra, 1940),5. Ver los comentarios de Torcuato O. Souza Soares, «Crítica a ideia de Cruzada em Portugal de C. Erdman», en Revista Portuguesa de História, l (1941),305-311. La bibliografía sobre este asunto es muy abundante. Véanse, entre otros puntos de vista, los expuestos por Eloy Benito Ruano, «España y las cruzadas», Anales de Historia Antigua y Medieval (Buenos Aires, 1951-52), 92-120; la obra monumental de J. Goñi Gaztambide, Historia de la bula de la cruzada en Espeña (Vitoria, 1956); R. FIetcher, «Reconquest and Crusade», en Acts of the Royal Historical Society, 37 (1987), 31-47; José Luis Martín, «Reconquista y Cruzada», en Studia Zamorensia. Segunda Época, 1996, 3,215-241; J. FIori, «»Reforme.reconquiste-croisade. L´idée de reconquète dans la corespondence pontificale d’ Alexandre II á Urbaine», en Cahiers de Civilisation Médievale, 40 (1997),317-345. Es bien conocida la tesis de Robert I. Burns sobre el carácter cruzado de la conquista de Valencia. Ver su última reflexión sobre el tema, «The Many Crusades of Valencia ‘s Conquest (1225-1280): An Historiographica1 Lsbyrinth», en Dona1d J. Kagay & Theresa N. Vann (Eds.), On the Social Origins of Medieval Institutions. Essays in Hónor of Joseph F. O ‘Callaghan
    (Leiden, 1998), 167-177.
    43. Texto tomado El siglo XI en 1ª persona. Las «Memorias» de Abd Allah, último Rey Zirí de Granada destronado por los Almorávides( 1090), traducidas, con Introducción y notas por E. Leví-Provençal (pb.1936) y Emilio García Gómez (Madrid, Alianza Editorial, 1980), 158-159. En parecidos términos se expresaba en 1147 el arzobispo de Braga en un discurso dirigido a los moros de Lisboa:


    «Vos ex mauris et moabitis Lusitaniae regnum regi vestro et nostro fraudulenter subripuistis. Urbium et vicorum et ecclesiarum desolationes innumerae ab iIIo tempore usque in praesens et factae sunt et per dies fiunt [...] Civitates nostras et terrarum possessiones injuste retinetis jam annis CCC et eo amplius LVIII [sic] ante vos a christianis habitas».

    De expuganitione Olisiponis A.D. MCXLVII, en A. Herculano, Portvgaliae Monvmenta Historica. Scriptores, vol. I, 398ª.
    44. Cf. E 1947 tuvo lugar en Jaca una reunión de medievalistas, cuyas Actas fueron publicadas bajo el título de La reconquista española y la repoblación del país (Zaragoza, Instituto de Estudios Pirenaicos, 1951). Una puesta al día de todas estas cuestiones referentes a dicha temática puede verse en Actas del Coloquio de la V Asamblea General de la Sociedad Española de Estudios Medievales. La reconquista y repoblación de los reinos hispánicos. Estado de la cuestión de los últimos cuarenta años (Zaragoza, Diputación General de Aragón; 1988 Ed. Isabel Falcón. Unos años antes J.A. García de Cortázar había coordinado un libro titulado Organización social del espacio. La Corona de Castilla en los siglos VIII- XV (Barcelona, Ed. Ariel, 1985).
    45. Cf. Salvador de Moxó, Repoblación y sociedad en la España cristiana medieval (Madrid, Ediciones Rialp, S.A., 1979).
    46. A.H. de Oliverira Marques, História de Portugal, vol. I. (Lisboa, 1973), 113, ha descrito la reconquista como recuperación de la herencia goda de la que «todos os reis espanhois se consideravan herdeiros legitimas».
    47. Así opina J.V. Serrao, História de Portugal, vol. I (Lisboa, Ed. Verbo, 1979,3. ed.), 107, al referirse a las conquistas de Alfonso I Henriquez, quien «fez da Reconquista Cristià a sua primeira vocaçao em busca da más ampla autonomia política».
    48. M. A. Ladero Quesada, «¿Es todavía España un enigma histórico?», en Lecturas sobre la España histórica (Madrid, Real Academia de la Historia, 1998), 334.





  4. #4
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    WESTGOTLANDER

    Adjunto artículo aparecido en la revista "Razón española" sobre la importancia de el pueblo germánico de los visigodos en la formación de la nación hispana.
    Para comensar los visigodos ni germanos eran.

    En segundo lugar mas que formar deformaron. Desde que pusieron el pie en Hispania fueron causa de divisiones y enconos, que fue finalmento lo que los mato.

  5. #5
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Por supuesto que formaron, y además, al contrario de lo que muchos creen vulgarmente fueron un puebo culto. Basta nada más con nombrar a San Isidoro, que no fue el único ni mucho menos.

  6. #6
    Avatar de txapius
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

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    Para comensar los visigodos ni germanos eran.
    ¿No? ¿Que eran?

  7. #7
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    Por supuesto que formaron, y además, al contrario de lo que muchos creen vulgarmente fueron un puebo culto. Basta nada más con nombrar a San Isidoro, que no fue el único ni mucho menos.
    Desde luego, amigo Hyeronimus, porque desde Recaredo han permitido primero y fomentado después la conversión al cristianismo. Cuando los sarracenos invaden la Península, las guerras en la monarquía goda no habían puesto en causa que Hispania fuera al tiempo, una, católica y apostólica... y ese es un rasgo fundamental de la hispanidad.

    No puedo estar de acuerdo con la expresión fundadores de la nacionalidad hispánica: hasta porque no existe algo como nacionalidad hispánica. Pero que fueron, como dices Hyeronimus, formadores de una consciencia de pertenencia patriótica, eso fueron: hasta porque esa consciencia no se puede separar del catolicismo.
    res eodem modo conservatur quo generantur
    SAGRADA HISPÂNIA
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  8. #8
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    ¿No? ¿Que eran?
    ellos y sus primos los ostrogodos eran naciones balticas no germanas

  9. #9
    Avatar de txapius
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Cita Iniciado por sniper Ver mensaje
    ellos y sus primos los ostrogodos eran naciones balticas no germanas
    Vaya vaya ¿según quien?
    Hasta ahora creía que eran de bálticos y germanos.... ¿De donde sale lo de no germanos?
    http://www.uam.es/otros/cupauam/pdf/Cupauam30/3014.pdf
    .....
    Otro elemento que hay que tomar en consideración a la hora de analizar estos materiales de la primera mitad del siglo V d. C. es el hecho de que diversos grupos de “germanos”, entre ellos los propios Godos, formaban parte del propio ejército romano bien individualmente enrolados en el mismo, como cualquier otro ciudadano del Imperio, bien a través de acuerdos como grupo al servicio de los intereses de Roma.

  10. #10
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Al hilo de lo dicho por Hyeronimus, a parte de San Leandro también, baste leer la correspondencia entre Recaredo y San Gregorio Magno, para darse cuenta que no se trataba de un pueblo de paletos, al estilo de sus parientes lejanos los suiones (svers).
    Última edición por Reke_Ride; 11/10/2010 a las 18:15
    "De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"






  11. #11
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Cita Iniciado por sniper Ver mensaje
    ellos y sus primos los ostrogodos eran naciones balticas no germanas
    ¿No quedamos que no existían las naciones hasta 1812?....

    ¿primos? ambos dos se llamaban a si mismos godos, incluso cuando se produjo la división en las márgenes del Dniéper y en tiempos de Teodorico el Grande, rey de Italia. De hecho, no supuso el menor escándalo que dos generales ostrogodos como Teudis y Teudiselo, se convirtieran en reyes visigodos, tras el reinado de Amalarico (con regencia del Ostrogodo Teodorico). Mas que primos, eran hermanos, con independencia de que muchos de los que permanecieron en la Cristiandad oriental, al primer contacto con los Hunos se integraron en ellos y posteriormente batallaran contra sus hermanos del oeste en los campos cataláunicos. Las diferencias sustanciales comienzan con el traslado de la corte de Tolosa a Toledo y la conversión de Recaredo (en aquellos tiempos Narsés ya había reducido a los ostrogodos a cenizas y su identidad se diluyó como la sal en el agua).

    Esa teorías ya hace tiempo que están superadas...si eran balto-eslavos aporta pruebas rey, porque si bien pudieron serlo la lengua que hablaban era del tronco germánico ¿cómo se explica eso?: por un lado los pueblos fineses que habitaban la ribera meridional del báltico habían sido asimilados por los bálticos, adoptando lengua y costumbres de los recién llegados...y luego va y resulta que hubo una migración germana A.C. en esa zona (chorradas) que gestó la idiosincrasia de pueblos baltos que allí habitaban, cambiándoles la lengua. Los Godos no eran mas que una escisión de los gautas que se trasladó al sur en busca de nuevas oportunidades (la explicación mas sencilla, siempre es la correcta).
    "De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"






  12. #12
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Para ponernos puristas, también podríamos decir que eran "escandinavos", o dentro del amplio grupo nórdico-germánico, goto-escandinavos al igual que ostrogodos, vándalos y burgundios.

    De todas formas, ¿no tendremos un nuevo adepto de Olagüe? ¿O será el mismo?

  13. #13
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Txapius

    Vaya vaya ¿según quien?
    Según los que saben, y lo reafirmo yo.


    Hasta ahora creía que eran de bálticos y germanos.... ¿De donde sale lo de no germanos?
    http://www.uam.es/otros/cupauam/pdf/Cupauam30/3014.pdf
    pues creías mal
    .....
    Otro elemento que hay que tomar en consideración a la hora de analizar estos materiales de la primera mitad del siglo V d. C. es el hecho de que diversos grupos de “germanos”, entre ellos los propios Godos, formaban parte del propio ejército romano bien individualmente enrolados en el mismo, como cualquier otro ciudadano del Imperio, bien a través de acuerdos como grupo al servicio de los intereses de Roma.
    Txapius, muchacho, ¿es que no lees tus propios materiales antes de postearlos, no has notado esas comillas cuando habla de grupos “germanos”, o el tratamiento diferenciado cuando cita a germanos y godos ¿eso no te dicta nada, porque no te lees tranquilamente el articulo que indicas?


    Solo te digo que germanos en Hispania si los hubo pero no fueron los godos (visigodos para que me entiendas)

  14. #14
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Reke_Ride

    ¿No quedamos que no existían las naciones hasta 1812?....


    Quedamos que lo que no existía es la Nación Española
    Las naciones gentiles en el sentido de la consanguinidad claro que si existían

    Esa teorías ya hace tiempo que están superadas...si eran balto-eslavos aporta pruebas rey, porque si bien pudieron serlo la lengua que hablaban era del tronco germánico ¿cómo se explica eso?: por un lado los pueblos fineses que habitaban la ribera meridional del báltico habían sido asimilados por los bálticos, adoptando lengua y costumbres de los recién llegados...y luego va y resulta que hubo una migración germana A.C. en esa zona (chorradas) que gestó la idiosincrasia de pueblos baltos que allí habitaban, cambiándoles la lengua. Los Godos no eran mas que una escisión de los gautas que se trasladó al sur en busca de nuevas oportunidades (la explicación mas sencilla, siempre es la correcta).


    ¿Cuándo he dicho eslavos?, Si a lo de balto-eslavos le eliminas lo de eslavos te acercas más a la realidad
    Y claro que para la época de los godos en el Báltico no hubo ninguna migración de germanos luego como dices es una chorrada relacionar godos con germanos. Pero claro para el ignorante cuaja mejor germano que balto.

  15. #15
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    goto-escandinavos al igual que ostrogodos, vándalos y burgundios.
    goto-escandinavos,... , al rato "castellanos-hispanos"
    .

  16. #16
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

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    ellos y sus primos los ostrogodos eran naciones balticas no germanas

    LA POBLACIÓN: EL ELEMENTO GERMÁNICO.

    "A) ASENTAMIENTOS POPULARES. - Cuando terminó el primer tercio del Siglo VI, se hallaba prácticamente concluido el proceso de incorporación de elementos germánicos a la población de Hispania, que se había iniciado en la época de las invasiones barbáricas de principios del siglo anterior. Como ya se vió, los visigodos, que constituyeron el grupo popular GERMÁNICO más importante...


    ...Suevos y godos constituyeron el elemento GERMÁNICO de la población peninsular...

    ...Una cifra aproximada de doscientos mil visigodos parece aceptable, si se atiende a su amplia superioridad sobre los otros pueblos germánicos que les precedieron en Hispania y que quedó patente en la rapidez con que aniquilaron en su primera campaña peninsular a los alanos y vándalos silingos. Ese número de doscientos mil es el que --según declaración de Tótila recogida por Procopio-- tenía el pueblo ostrogodo antes de la "guerra gótica"..."


    Historia de España. Época visigoda (409-711) Vol. 4, José ORLANDIS, Edit. GREDOS, Madrid 1987. Págs., 74-75


    "Casi a la vez, otro pueblo germano, el visigodo,, penetra en las Galias y..."

    Breve Historia de España F. GARCÍA DE CORTÁZAR y J.M. GONZÁLEZ VESGA.
    ALIANZA Edit., 1994/95. VOL., 1, para Edic. ALTAYA, pág., 132

    Todo esfuerzo que se pierde en intentar refutar palabras sin fundamento o sin apoyo documental, acaba por resultar baldío pues se trata de rebatir opiniones subjetivas que no van a cambiar, es decir, no habrá rectificación alguna, todo lo más silencio y a otra cosa. El hecho de que una parte del pueblo germano de los godos estuviese asentado a orillas del Vístula, según registros del Siglo I, no los hace "bálticos", y es que apenas algunos decenios más tarde, ya en el Siglo II los ostrogodos establecieron su reino a orillas del Mar Negro. O sea según esto, no eran germanos, eran ucranianos.
    Pious dio el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  17. #17
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    Txapius


    Según los que saben, y lo reafirmo yo.


    pues creías mal
    .....

    Txapius, muchacho, ¿es que no lees tus propios materiales antes de postearlos, no has notado esas comillas cuando habla de grupos “germanos”, o el tratamiento diferenciado cuando cita a germanos y godos ¿eso no te dicta nada, porque no te lees tranquilamente el articulo que indicas?


    Solo te digo que germanos en Hispania si los hubo pero no fueron los godos (visigodos para que me entiendas)
    ¿Y quiénes son "los que saben"? ¿y quién eres tú?
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

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  18. #18
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

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    Según los que saben, y lo reafirmo yo.
    Genial, otro mensaje lleno de nada.
    Ya estabas avisado, no estamos para perder el tiempo con ningún pedante y mucho menos uno que ni siquiera hace gracia.

    Sin duda eres demasiado bueno para participar aquí, asi que vamos a prescindir de tus aportes, no sea que aprendamos demasiado y nos duela luego la cabeza. Adiós.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  19. #19
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

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    Para comensar los visigodos ni germanos eran.

    En segundo lugar mas que formar deformaron. Desde que pusieron el pie en Hispania fueron causa de divisiones y enconos, que fue finalmento lo que los mato.

    ¡Sí señor! profunda reflexión fundamentada en un proceso de formalización lógica que no deja lugar a la duda...

    Sólo en el texto que he citado anteriormente: Historia de España. Época Visigoda (409-711) de ORLANDIS en Edit GREDOS, figuran las citas de:

    Textos jurídicos visigodos:

    -Liber Iudiciorum, en el que se recogen las leyes de: Recesvinto, Egica, Chindasvinto, Recaredo, Wamba, Atanagildo, Ervigio y Sisebuto.

    -Novelas de Justiniano.

    -Cánones Conciliares Toledo I a XIV, Nicea I, Lérida, Zaragoza y Mérida.

    -Documentos en pizarra, hasta un total de 42.

    -Fórmulas, hasta 37.

    Así como los 36 Concilios visigodos, así como queda registrada una bibliografía general de 64 investigadores, aparte de la específica de cada uno de los 11 capítulos de la obra, así como el conjunto de referencias históricas cuya citación ocupa 7 páginas completas.

    Antes de escribir tonterías hay que meditar un poco sobre lo que se va a decir.
    Pious dio el Víctor.
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    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

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  20. #20
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    Re: Los godos, fundadores de la nacionalidad hispánica

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    ¡Yo me sé la lista de los godos.....!

    Mi honor, la lealtad,

    mi fuerza, la voluntad,
    mi fe, la catolicidad,
    mi lucha, la hispanidad,
    mi bandera, la libertad,
    mi arma, la verdad,
    mi grito... ¡despertad!
    mi lema... ¡¡Conquistad!!

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