LA VIOLENCIA CONTRA EL EXTRANJERO, LA MEJOR ALIADA DE LA INMIGRACIÓN


Lo han pasado, y creo que no me equivoco, por casi todas las televisiones. ¿Es que usted no lo ha visto? Se trata, como cada vez estamos más acostumbrados, de unas imágenes de muy precaria calidad, grabadas con el vídeo de un teléfono móvil. En estas imágenes pueden verse las maneras chulescas y prepotentes con las que unos guardias de seguridad privada trataban a un inmigrante en el Metro de Madrid.

El trato vejatorio y los maltratos físicos que ha sufrido ese extranjero no pueden ser vistos con la menor indulgencia. Imposible no sentir una honda repugnancia por aquellos que cometen injusticias de este calibre. Rebajar a una persona, independientemente de que sea extranjera y no entendamos qué hace en nuestra nación, es algo inicuo. No se puede maltratar así a una persona, desposeyéndola de su dignidad humana, ofendiéndola y humillándola como si de un zanganillo se tratara, como si fuese un pelele y no lo que es: un ser humano. Un extraño en un país que no le pertenece, desvalido de solemnidad, tan mísero que, muy posiblemente, por no poderse pagar el billete, pretendía usar un transporte público a guisa de polizonte. Y aunque pudiera pagárselo, y al final se tratara de picaresca… ¿Cuándo hemos tratado a los pícaros de esa forma?

Indignación, sí. Impotencia, también. No se le trata así a un ser humano. Claro que no. Pero, tampoco hay que rasgarse las vestiduras, mesarse los cabellos y entonar las jeremiadas que pueden leerse y oírse a cuento de estas imágenes. Pues yo les aseguro que hay individuos que se tienen aprendido el guión, para soltarlo de carretilla ante episodios así. Eso sí, mientras nos lanzan el sermón tontolerante y multileches bien que ponen la mano para embolsarse sus honorarios en una OSG (Organización Sí Gubernamental). Los medios de comunicación de masas cumplen una función social, vale, ¡pues muy bien!; pero no es menos cierto que esos mismos rodillos mediáticos, ávidos de noticias que conmuevan el sentimentalismo hediondo de la audiencia, aprovechan luctuosos episodios como éste para el mejor blindaje social de la inmigración, para hacer de la inmigración en nuestra nación un fenómeno irreversible. En definitiva, para hacer desaparecer nuestra nación, disolviéndola en una colosal Torre de Babel.

No son pocos los que, al ver escenas de violencia “racista” como esta que comentamos, han dado en la flor de pensar si no serán grupos perfectamente organizados los que orquestan grabaciones como ésta, buscando los lóbregos escenarios subterráneos de los metros, situaciones reales de violencia que, grabadas y publicitadas, no pueden ser miradas sino con repulsión e indignación. Pero, ¿tal vez buscando la tolerancia infinita de los españoles ante la inmigración? ¿quizá pretendiendo que nos resignemos a la pérdida inminente de nuestra identidad? Pues, mirándolo fríamente, este tipo de cosas: ¿a quién benefician? Desde luego que a los que estamos declaradamente en contra de la inmigración, no nos hace ni maldito el favor y tampoco, a mí, ni maldita la gracia. ¿Con qué objeto se propagan imágenes de asuntos tan desagradables? ¿Podría ser para blindar la panza del Caballo de Madera que nos están colando en Troya?

Y es que, como dijo Hamlet… En Troya -perdón, en Elsinor- algo huele a podrido.




Publicado por Maestro Gelimer

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