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Tema: Libros de caballerías españoles (ciclo bretón, carlovingio, greco-asiático, etc.)

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    Libros de caballerías españoles (ciclo bretón, carlovingio, greco-asiático, etc.)

    CATÁLOGO RAZONADO DE LOS LIBROS DE CABALLERÍAS que hay en lengua castellana o portuguesa, hasta el año 1800

    Discurso preliminar por D. Pascual Gayangos (de la Real Academia de la Historia)

    Madrid, año 1874


    (La ortografía es la de la propia obra)

    (…) En España este movimiento literario parece haberse sentido mas tarde que en ningun otro pueblo de Europa, y la razon es obvia. De muy antiguo nuestra historia se halla revestida de cierto barniz caballeresco y legendario, que la hace en este punto mas pintoresca y animada que otra alguna. Tanto es esto verdad, que entre algunos trozos de la Crónica general, y principalmente los que tratan de Bernardo del Carpio y los siete Infantes de Lara, entre las relaciones populares del Cid y Fernan Gonzalez, la historia fabulosa de don Rodrigo, las leyendas monacales mas antiguas, y ciertos pasajes del Amadis, la transicion es casi imperceptible, sin advertirse mas diferencia entre unos y otros que la de estar aquellos fundados en la popular tradicion y referirse á personajes históricos, y tratar estos de héroes enteramente fabulosos. Por estas y otras razones, entre las cuales no entra por poco el estado de una sociedad en lucha continua con un enemigo interior, la novela caballeresca en prosa fué poco conocida en la Península antes de principiar el siglo XIV.

    Mucho tiempo antes gozaban ya de gran crédito en Bretaña, Inglaterra y aun en el centro de Francia, libros de gesta en verso, como Le roman de Brute y el de Rou, compuestos ambos por Roberto Wace, trovera normando, á mediados del siglo XI; el de Sangreal, atribuido á Tomás Lonelich, poeta de la corte de Enrique VI de Inglaterra; el de Perceval, cuyo autor, Christian de Troyes, floreció en el siglo XII; Les enfances d'Ogier le Danois, o las Mocedades de Ugiero, cuyas principales escenas pasan en nuestra península ó en países fantásticos y regiones imaginarias.

    Nada de esto habia á la sazon entre nosotros, como si los héroes nacionales y sus gloriosas empresas contra el comun enemigo bastaran ya para llenar cumplidamente la curiosidad de los oyentes y lectores, y satisfacer su mas ardiente patriotismo. De Artús y su Tabla Redonda poco ó nada se sabia por entonces, y el mismo Carlomagno no aparece en los cantares y romances sino como un invasor del suelo patrio, sufriendo cruel derrota á manos de Bernardo del Carpio y sus invictos montañeses.

    La primera y mas antigua de estas imitaciones parece ser la Historia del caballero del Cisne, que el rey Alfonso el Sabio ingirió en su Gran Conquista de Ultramar, ya que no sea, como hay motivos para sospecharlo, traduccion de un libro francés. Por otra parte, la Crónica de don Rodrigo, último rey de los godos, no es mas que un conjunto de fábulas y patrañas, un verdadero libro de caballerías, ideado en el siglo XV por Pedro del Corral, a pesar de que muchos y graves autores la hayan mirado como historia verdadera.

    Pero si España fué tardía en admitir, fué tenacísima en conservar este género de literatura, ampliándole y perfeccionándole en tiempos mas modernos, hasta el punto de haberle, por decirlo así, resucitado, dándole nueva vida y formas nuevas, é imponiéndole a su vez á la Europa entera. Por causas que no son de este lugar, el espíritu caballeresco, ya decadente en los demás reinos de Europa, se hallaba en nuestra Península, á fines del siglo XV, mas floreciente y vigoroso que nunca. El celo ardiente (dice un escritor moderno), que arrancó á tantos cristianos de sus hogares para conducirlos á los sitios de la pasion de nuestro Redentor; los sentimientos exaltados de honor y de amor, tan vigorosamente delineados en las ficciones de la Tabla Redonda , grandes y nobles objetos de la piedad de nuestros mayores, habian ya dejado de existir ó estaban lastimosamente modificados. La astucia y la perfidia habian reemplazado entre los soberanos de Europa á la lealtad caballeresca.

    En Francia, un libertinaje grosero, revestido de maneras cortesanas, ocupaba el lugar de aquel idealismo del amor, móvil y causante de gloriosas empresas siempre que animaba el corazon de verdaderos caballeros. Juan de Ligny vendia la poncella de Orleans, mujer y prisionera, á Felipe de Borgoña, quien se la revendía á los ingleses. La política y la disciplina sustituian ya en Inglaterra al espiritu caballeresco, y este cambio se operaba principalmente en el arte de la guerra y en la organizacion de los ejércitos. Eduardo III debió sus victorias contra la Francia á la formacion de escuadrones regulares, contra los cuales se estrellaba el fogoso ardimiento y la inconsiderada valentía de los caballeros franceses. En Italia, micer Poggio el florentino, Pulci y Maquiavelo se burlaban de las proezas de los antiguos paladines, y daban pruebas patentes de un escepticismo político y religioso.

    La España sola conservaba aun en toda su fuerza su primitiva aficion a los pasos de armas, torneos y todo género de ejercicios caballerescos. En la sola Crónica de don Juan II se citan nada menos que veinte y tres de aquellos. Fernando de Pulgar, secretario de los Reyes Católicos, asegura con cierta arrogancia que en su tiempo eran en mayor número los caballeros españoles que iban á reinos extraños á buscar fortuna, que los extranjeros que venian á España, y mosen Diego de Valera habla con marcada complacencia de sus propios duelos y combates en Bohemia y Hungría. ¿Qué mucho, pues, que mientras Cárlos V llevaba sus armas victoriosas á varios puntos de Europa y Africa; cuando, fiado solo en su palabra, atravesaba el territorio de su mortal enemigo; cuando proponia á Francisco I un duelo á la antigua usanza, entregando los destinos de una nacion entera á las eventualidades de un combate personal; cuando libertaba á España y á Europa toda de las invasiones del Turco y de los progresos del luteranismo, los patrióticos sentimientos del pueblo español hallasen solaz y deleite en las increibles hazañas de Bernardo del Carpio, en los gloriosos hechos del Cid y otros héroes nacionales, y que, á falta de personajes históricos, se forjasen nuevos campeones, cuyas altas proezas y nunca oidas hazañas sirviesen de meta y límite á las aspiraciones de pechos nobles y generosos? Así es que, siendo los españoles, como ya lo dijo Lope de Vega, «ingeniosísimos en este género de composicion, sin que en la invencion les haya aventajado ninguna otra nacion, muy pronto la literatura caballeresca alcanzó límites que hoy dia nos parecen casi increibles.

    Para tratar de estos libros con el debido órden, convendrá dividirlos en tres grandes ciclos: el breton, el carlovingio y el greco-asiático. Los dos primeros son, con alguna ligera excepcion, exclusivamente franceses; el tercero fué engendrado en la Península por la brillante imaginacion de nuestros escritores. A este último habrán necesariamente de agregarse otra multitud de libros, así en prosa como en verso, que, estrictamente hablando, no son mas que una modificacion del género, como son la novela caballeresca-sentimental, los libros de caballerías morales o á lo divino, los que están fundados sobre la historia de España, y por último, las bellísimas epopeyas caballerescas traducidas ó imitadas del italiano.


    ***

    1. CICLO BRETÓN
    Merlin y sus profecias.-El libro del Baladro.-La Demanda del Santo Greal.- Lanzarote del Lago. - Tristan de Leonis y Tristan el joven.-Tablante de Ricamonte y Jofre, hijo del conde don Ason.-Sagramor y segunda Tabla Redonda.

    2.° CICLO CARLOVINGIO.
    Crónica fabulosa del arzobispo Turpin.-Carlomagno y sus doce pares
    .-
    Segunda parte. Tercera parte.

    3º CICLO GRECO-ASIÁTICO .
    Amadis de Gaula.- Consideraciones generales sobre este libro.-Conjeturas acerca de la prioridad de una version castellana anterior á Vasco de Lobeira.-Garci-Ordoñez de Montalvo.-Sergas de Esplandian. -Don Florisando.-Lisuarte de Grecia. — Muerte de Amadis, por el bachiller Juan Diaz.--Amadis de Grecia.- Florisel de Niquea.-Rogel de Grecia.-Don Silves de la Selva.-Esferamundi y sus descendientes.

    4.° LOS PALMERINES.
    — El de Oliva. — Primaleon. - Platir. – Flortir. — Palmerin de Inglaterra. Pruebas de su origen español.--Don Duardos de Bretaña.- Don Clarisel.

    5.º LIBROS DE CABALLERÍAS INDEPENDIENTES.
    Tirante el Blanco.-Arderique.- Claribalte.- Cifar.—Clarian de Landanis, con sus continuaciones. Florambel de Lucea.- Don Floriseo de la Extraña Aventura.- El caballero de la Cruz, Lepolemo.- Leandro el Bel.- Félix Marte de Hircania.-Florando de Inglaterra.-El caballero del Febo.- Febo el Troyano, y otros.

    6ª HISTORIAS Y NOVELAS CABALLERESCAS.--
    Relaciones de santos.-Libros de caballería á lo divino.-Otros fundados sobre historia de España.- Traducciones é imitaciones del Orlando.






    Última edición por ALACRAN; 15/06/2022 a las 14:05
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Libros de caballerías españoles (ciclo bretón, carlovingio, greco-asiático, etc.)

    1. CICLO BRETÓN

    Merlin y sus profecias.-El libro del Baladro.-La Demanda del Santo Greal.- Lanzarote del Lago. - Tristan de Leonis y Tristan el joven.-Tablante de Ricamonte y Jofre, hijo del conde don Ason.-Sagramor y segunda Tabla Redonda.

    La vida del sábio Merlin, sus astucias y transformaciones, los hechos del rey Artús de Bretaña, y las maravillosas hazañas de Lanzarote del Lago, de Galaz, su hijo, de Perceval, Boortes y otros caballeros bretones, empeñados en la demanda del santo Greal, constituyen la larga serie de novelas caballerescas en prosa, conocida comunmente con el nombre de Ciclo breton ó de la Tabla Redonda.

    Fúndanse todas ellas en una tradicion antiquísima, conservada en Inglaterra, y ya consignada por Mateo Paris en su Historia, de que José de Arimatea, el senador judío que asistió á la muerte del Salvador, habia comido a la mesa de un obispo armenio que fué á Inglaterra á principios del siglo XII; y para explicar tamaña longevidad se decia que al terminar cada siglo aquel santo varón caia en una especie de éxtasis ó letargo, del cual salia recobrando toda la juventud y lozania del tiempo en que presenció el suplicio de nuestro Redentor en la cruz. Sobre esta vulgar tradicion, Tomás Lonelich, trovador anglo-normando de la corte de Enrique VI, escribió una novela en verso, intitulada Sangreal, que mas tarde fué puesta en prosa francesa por otro trovador, fingiendo que José de Arimatea habia logrado adquirir la copa ó vaso (hanap) en que Jesus bebiera la noche antes, cenando con los apóstoles.

    El hecho estriba en la siguiente tradicion: antes de enterrar el cuerpo del Salvador, José, habiéndose antes procurado dicha copa, la llenó de su preciosa sangre a medida que brotaba de sus heridas; accion que exasperó de tal manera á los judíos, que le arrancaron la santa reliquia y le encerraron en un calabozo. Allí se le apareció una noche el Redentor y le devolvió la copa, recobrando, por último, su libertad, despues de cuarenta y dos años de prision, en la toma de Jerusalen por Tito Vespasiano. Puesto en libertad, José comenzó á predicar el Evangelio, convirtiendo, entre otros, á Enelaco, rey de Sarraz, quien, con tan poderosa ayuda , emprendió y llevó á cabo la conquista de Egipto. Por este tiempo era rey de Bretaña Artús ó Arturo, el cual instituyó la Tabla Redonda, dejando, por consejo de Merlin, un lugar vacante para la santa reliquia , que habia casualmente caido en manos del rey Pescador, asi llamado, ya por su habilidad en la pesca, ó ya por su notoriedad como pecador renitente. Las hazañas de los caballeros de la Tabla Redonda, en su loable empeño de descubrir y recuperar tan insigne reliquia, constituyen la parte caballeresca y romántica de esta notable historia, la que, con mas o menos exactitud, fué luego traducida á los diferentes idiomas europeos, dando tambien lugar á varias imitaciones y continuaciones.

    Mas antes de escribirse el Sangreal, dos troveras anglo-normandos, llamados Geoffrey ó Godofredo de Monmouth y Roberto Wace, autor el uno de una crónica semifabulosa y el otro de una historia métrica, conocida con el título de Le roman de Brut (Novela de Bruto), habian inventado el personaje fabuloso de Merlin, mitad hombre y mitad diablo, así como el José de Arimatea, dueño de la famosa copa que contenia la sangre de Cristo.

    Sobre estas dos obras, Roberto de Bouron, escritor del tiempo de Eduardo I, compuso su Vida de Merlin, en prosa francesa, cuyo argumento es el siguiente:

    Los diablos, alarmados al ver el número de víctimas que diariamente se escapaban de sus garras, mediante el progreso del cristianismo, predicado por José y otros, resolvieron, prévio consejo y deliberacion, enviar á la tierra uno de los suyos, que entrando en relaciones con una virgen cristiana, la hiciese concebir un varon, que habia de ser con el tiempo el destructor de todo el linaje humano. El infernal mensajero se hospedó en casa de un noble breton con tres hijas muy hermosas, la mas jóven de las cuales resistió largo tiempo á sus halagos, si bien, por último, el enemigo, aprovechando la ocasion en que aquella estaba dormida, llevó a cabo su designio, y la virgen se sintió preñada. Acusada, segun las leyes de Escocia, que castigaban con la muerte semejante deshonestidad, fué luego encerrada en una fuerte torre, donde dió á luz á Merlin, á quien un santo varon, llamado Blas, hizo bautizar en el acto. Próxima ya al suplicio, la inocente madre se quejaba amargamente de su suerte, dirigiéndose en términos duros al que creia autor de su desgracia, y Merlin, que aun no tenia un mes, la consolaba, diciendo que no moriria, aconsejándola que se presentase con ánimo resuelto ante sus jueces. Llevada al tribunal, Merlin, en una larga y difusa peroracion, prueba que uno de los jueces, el mas condecorado y temido de todos, no era hijo del que pasaba por su padre, sino del prior de un convento cercano al lugar donde se veia el proceso; el cual, para evitar su propia deshonra y la de su madre, se ve precisado á influir con sus compañeros y obtener de ellos la absolucion de la delincuente. (…)

    Otra novela caballeresca, tan intimamente ligada con las dos anteriores, que parece mas bien continuacion de ellas, es la de Lancelot du Lac, ó Lanzarote del Lago, como le llaman los nuestros. Este fué hijo del rey Ban de Bretaña, quien atacado de improviso en su castillo de Trible por el rey Claudas, se ve precisado á huir con su esposa Elena y su hijo de pocos años, despues de encomendar á su senescal la defensa de aquella plaza. En el camino sube á la cumbre de un monte para desde allí contemplar la morada de sus abuelos por la vez postrera, y al verla presa de las llamas, cae muerto de dolor. Elena, dejando al tierno infante á orillas de un lago próximo á aquel lugar, vuela á socorrer a su esposo; mas al volver ve á una ninfa arrebatar el fruto de sus amores y zambullirse con él en las aguas. La ninfa no era otra sino Bibiana, la querida del sábio Merlin, que de tiempo antiguo vivia como encantada en aquel lugar y era conocida por la Dama del Lago. Leonel y Bohort (Leonel y Boortes), sobrinos del rey Ban, son conducidos á aquel sitio de una manera igualmente maravillosa, y educados por Bibiana con la misma ternura y amor que su primo Lanzarote del Lago. (…)

    Tal es, en suma, el complicado argumento de una de las novelas caballerescas mas antiguas, escrita primero en latin, despues en verso, y últimamente en prosa francesa, alterada, corregida y adicionada, así en el fondo como en su parte accesoria y episódica , hasta formar el tronco de la dilatada série romántica conocida con el título de Romans de la Table Ronde. De las muchas redacciones que de ella se conservan, la mas comun se atribuye á Roberto de Borron, escritor del siglo XII; mas en materia de libros populares durante la edad media, es muy difícil, por no decir imposible, referirlos á determinado autor; obras de este género parecen haber sido patrimonio de una familia, de una escuela, ya que no del primero que, copiándolas y alterándolas, las hacia suyas.

    La Historia de Merlin se tradujo luego al italiano, y de esta lengua á la nuestra, aunque bastante alterada y aumentada en una y otra version. Ya el francés que la puso en prosa habia añadido un capitulo de profecías hechas por aquel sábio, mientras que el autor castellano introdujo en ella nuevos incidentes, como la muerte de aquel nigromante y otros, poniendo á su libro el nuevo y extraño título de Baladro del sábio Merlin, con que generalmente es mas conocido. En cuanto al libro de Lanzarote del Lago, parece haberse traducido al castellano á fines del siglo XIV ó principios del siguiente, pues además de hallarse citado ya en el Rimado de Palacio y en la parte cuarta del Amadis (8), hay un pasaje del Arcipreste de Talavera, y en el Cancionero e Juan Alfonso de Baena, ciertos versos de un monje jerónimo, capellan del obispo de Segovia, don Juan de Tordesillas, que ninguna duda dejan sobre el particular.



    Otro libro hay tambien citado por escritores del siglo XV, y que parece haber tenido gran boga en Castilla, y es el de Tristan de Leonis, caballero de la Tabla Redonda, cuyo original francés pasa, y con razon, por el mejor libro de su clase, y el que con mas fidelidad retrata el espíritu caballeresco de la edad media. Es continuacion de otro intitulado Meliadus de Leonnoys, compuesto en el siglo XI por Rusticiano de Pisa, y en él se prosiguen y continúan las aventuras de Tristan de Leonis, su hijo, y sus amores con la reina Iseult (Iseo).

    Su argumento, mas animado y dramático que el de otros libros de su clase, es el siguiente : Meliadus, padre de Tristan, estuvo casado con Isabel, hija del rey Marc, á quien los nuestros llaman Mares de Cornualla. Una hada conocida de Merlin se enamora de él, y un dia que el Rey salió á caza prepara un encantamiento y se apodera de su persona. Isabel, á la sazon encinta, sale en busca de su esposo, y topa con un ermitaño, que no es otro que Merlin, el cual la anuncia que no volverá á ver al Rey. En efecto, á los pocos dias muere de sobreparto, despues de haber dado á luz un hijo, que por las circunstancias de su nacimiento es nombrado Tristan, el mismo que un fiel escudero de la Reina recoge y lleva á su padre Meliadus, ya libre de su encantamiento por industria del mismo Merlin.



    Sabedor su suegro Mares, por la prediccion de un enano agorero, de que su sobrino Tristan le habia con el tiempo de usurpar el trono, resuelve la muerte de este; sorprendido Meliadus por sus espías, es asesinado durante una cacería, si bien Gorbalan, el mismo fiel escudero que habia salvado antes la vida de Tristan, le salva segunda vez y le lleva a la corte del rey Pharamond (Feremondo de Gaula). Una hija de este rey, llamada la infanta Belisenda, se enamora de don Tristan; mas, descubiertos sus amores por su padre, Tristan se ve precisado á dejar la corte de Feremundo y refugiarse en Inglaterra. Allí, en el castillo de Tintadel (Tintadoyl), célebre en otro tiempo por los amores de Artús y Ginebra, Tristan logra reconciliarse con su tio el rey Mares; poco despues desafia y mata á Morhoult (Morlote), hermano de la reina de Irlanda, que viniera allí á exigir tributo al rey Mares. Despues de esta hazaña, Tristan es enviado á Irlanda á pedir para su tio la mano de Iseult la Blonde (Iseo la Rubia), hija del rey de aquella tierra, y obtenida, vuelve con ella á Cornualla ; mas durante el viaje por mar, una doncella de Iseo, llamada Brangian (Brangel), administra á los dos jóvenes un filtro amoroso, que los une irrevocablemente el uno al otro, é influye poderosamente en el destino de ambos. En el camino aportan á una isla y son hechos prisioneros, como lo habian sido antes que ellos otros varios caballeros y doncellas; costumbre singular de aquel territorio y castillo, que no debia terminar hasta tanto que el caballero mas valiente y la doncella mas hermosa pusiesen el pié en aquellas playas inhospitalarias. Tristan vence á un robusto y desemejado jayan, que era el encargado de mantener aquella demanda, y se hace amigo de Gallehaut le Brun (Galeote el Brun), señor de dicho castillo, dando, por consiguiente, libertad á todos sus prisioneros.(…)

    El libro de Tristan de Leonis se tradujo al castellano por un anónimo, y se imprimió en Valladolid, año de 1501, con el siguiente título: Libro del esforçado caballero don Tristan de Leonis y de sus grandes hechos en armas. Tomóse el traductor tales y tamañas licencias, suprimiendo pasajes enteros y sustituyendo otros de su propia cosecha, que su libro mas bien paréce original que no traduccion. Volvióse á imprimir en 1528, y seis años despues, en 1534, salia á luz en Sevilla con la añadidura de una segunda parte y el título de: Coronica nuevamente emendada y añadida del buen caballero don Tristan de Leonis y del rey don Tristan de Leonis el joven, su hijo. Esta segunda parte es enteramente nueva y original, y nada tiene que ver con los hechos de Isaias el Triste, que forman la continuacion del Tristan francés. No habiendo logrado ver juntas las dos ediciones de 1501 y 1534, no podrémos determinar si la que en esta última se llama primera parte es reimpresion de aquella, ó si, como nos inclinamos á creer, es una nueva version o imitacion de la novela francesa. (…)

    Quién sea el autor de esta segunda parte de Don Tristan, en la cual se introducen por primera vez y sin disfraz personajes históricos, novedad poco comun en este linaje de libros, se ignora de todo punto. Hay, sin embargo, fundadas razones para sospechar que fué natural de Andalucía, del condado de Niebla , y morador quizá de alguna villa próxima á la raya de Portugal, atendida la manera ruda y descortés con que siempre que le viene a mano trata á los de aquella nacion. Tambien pudiera presumirse, atendido el gran número de devotas consideraciones y amonestaciones cristianas con que la narracion está exornada, que su autor fué hombre de iglesia; y llevando aun mas allá la conjetura , pudiera sospecharse si su autor fué el mismo que en 1528 escribió el octavo libro de Amadis , aunque en apoyo de esta última conjetura no podamos ofrecer mas razon que cierta semejanza de estilo que en la lectura escrupulosa y detenida de uno y otro libro hemos creido advertir.

    Aun nos queda que mencionar en este lugar una obra original española, muy preciada del vulgo, puesto que sigue aun hoy dia reimprimiéndose para su uso; y es la Crónica de Tablante de Ricamonte y Jofre, hijo del conde don Asson, que en ediciones modernas y viciadas es llamado Jofre Donason y don Nason ; la cual se dice compuesta por un tal Nuño de Garay, aunque en la impresion de Sevilla de 1599 se dice haberlo sido por Felipe Camus. Forman el argumento de este libro las aventuras de un caballero llamado Tablante, que vivia en tiempos del rey Artús. Deseando ganar prez y honra, deja su castillo de Ricamonte y se presenta en la corte de aquel monarca, desafiando a todos los caballeros de la Tabla Redonda. Aceptado el reto por uno de ellos, llamado el conde don Milian, Tablante vence á su contrario y le lleva preso á su castillo. Un doncel del rey Artús, llamado Jofre, hijo del conde don Asson ó Azon, toma sobre sí la empresa de libertar al Conde. En el camino topa con Montesinos el Fuerte, que maltraia á una doncella llamada Bruniesen; le vence, y gana el afecto de esta dama. Despues de mil peligrosas aventuras llega al castillo de Ricamonte, se combate con Tablante, le vence, liberta al conde don Milian, y todos juntos pasan a la corte del rey Artús, donde don Jofre casa con Bruniesen, y Tablante con la hermana de otro caballero.




    Hay, por último, en portugués dos libros pertenecientes a este mismo ciclo, y cuyo asunto son las proezas de los caballeros de la segunda Tabla Redonda. El primero de ellos se intitula: Triunfos de Sagramor, em que se tratan os feitos dos cavalleiros da segunda Tabola Redonda , y se imprimió en Coimbra, por Joao Alvares, 1554, fólio. El otro tiene por título Memorias das proezas dos cavalleiros da segunda Tabola Redonda. Lisboa , por Joao Barreira, 1567, fólio. Uno y otro son obra de Jorge Ferreira de Vasconcellos, á quien Barbosa Machado cita en su Biblioteca Lusitana, y parecen versar sobre el restablecimiento de la Tabla Redonda en tiempo de Eduardo IV, si es que no se refieren a la reforma hecha anteriormente por el rey Arturo.

    Estas son, en suma, las traducciones é imitaciones hechas en la Península, de libros caballerescos franceses pertenecientes á este ciclo breton, las cuales, con sus diferentes ediciones, podrán verse mas detalladamente en el Catálogo razonado, puesto al fin de este Discurso. Que en España al menos, las ficciones caballerescas de aquel ciclo precedieron a las del llamado carlovingio, queda ya suficientemente demostrado en otro lugar, y por lo tanto, nos limitarémos aquí á observar que los libros de esta clase, como mas antiguos, revelan un estado de sociedad mas rudo y guerrero; que hay menos artificio en su composicion, y que, a pesar de ser en su mayor parte obra ideal y fantástica de troveras anglo-normandos ó franceses, manifiestan demasiado su conexion y semejanza con las crónicas monacales y leyendas de santos, que constituian la sola y única literatura de aquellos siglos semibárbaros.
    Última edición por ALACRAN; 15/06/2022 a las 14:08
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Libros de caballerías españoles (ciclo bretón, carlovingio, greco-asiático, etc.)

    2.° CICLO CARLOVINGIO. Crónica fabulosa del arzobispo Turpin.-Carlomagno y sus doce pares.- Segunda parte. Tercera parte.

    Las guerras y conquistas de Carlomagno, las inauditas proezas de los doce pares y otros paladines de su imperial corte, forman el núcleo de otra série de novelas caballerescas, si cabe mas populares y acreditadas aun que las de su rival, Artús de la Tabla Redonda, puesto que, además de las infinitas traducciones y continuaciones en prosa á que dieron lugar, constituyen el vasto arsenal de donde el divino Ariosto, Pulci, Dolce y tantos otros ingenios italianos sacaron sus elegantes ficciones poéticas, que traducidas á casi todas las lenguas de Europa, componen un género de literatura conocido con el nombre de Orlandina ó Epopeya caballeresca.

    Fúndanse todas ellas en una crónica fabulosa, atribuida á un tal Turpin, supuesto capellan de Carlomagno y arzobispo de Reims, pero escrita , segun otros, por un canónigo de Barcelona, hácia fines del siglo XI ó principios del XII. Su principal argumento es la venida á España de aquel emperador; hecho que algunos críticos modernos han querido poner en duda, pero que se halla demasiadamente confirmado por el testimonio de los escritores árabes, para admitir controversia de ningun género.

    Segun la crónica, Carlomagno, despues de haber conquistado la Bretaña, la Italia y el imperio germánico, se entregaba una noche al reposo, cuando se le apareció el apóstol Santiago, estimulándole á que libertase á España del yugo de los infieles. Carlomagno, obedeciendo sus mandatos, junta un poderoso ejército, pasa el Pirineo y pone sitio á Pamplona, ciudad inexpugnable, y que resiste durante tres meses toda la furia de sus ataques, aunque al fin sucumbe, siendo sus fuertes muros derrocados, como los de Jericó, por influencia divina. Carlomagno emprende el camino de Compostela, visita el sepulcro del Apóstol, y él y su capellan, Turpin, convierten y bautizan millares de infieles gallegos. Durante esta jornada, Carlomagno y el buen Obispo se afanan por derribar los muchos idolos que habia en España, consiguiendo echarlos todos por tierra, con la sola y única excepcion de uno que habia en Cádiz, y que, por tener dentro del cuerpo toda una legion de diablos, resiste á sus esfuerzos.

    Mas no bien habia Carlomagno vuelto á sus estados, cuando un rey pagano de España, llamado Aigolandus (Aygolante), recupera todo lo perdido, obligando al Emperador á mandar segundo ejército, á las órdenes de Milo (Milon), el padre de Roldan, quien en una sangrienta batalla es derrotado por el rey pagano, quedando él y cuarenta mil de los suyos tendidos en el campo. Ufano con tal victoria Aygolante, seguido de innumerable ejército, compuesto de moabitas, etiopes, partos y africanos, entra en Gascuña; Carlomagno le sale al encuentro, le vence en los llanos de Sanctona (Xaintonges), y le obliga á encerrarse dentro de Pamplona. Síguele hasta allí el Emperador, y Aygoylante le pide una tregua y celebra con él una entrevista, en la cual, despues de una larga disputa teológica, se resuelve a abrazar el cristianismo y consiente en ser bautizado con todos los suyos. A dicho fin se presenta al siguiente dia en el real de Cárlos, á quien halla en su tienda comiendo у bebiendo con trece pobres andrajosos y famélicos. El pagano, maravillado, le pregunta quién son aquellos descamisados, y Cárlos le responde que son pobres á quien da de comer, en representacion de los apóstoles de Dios; lo cual es bastante para que Aygolante se vuelva atrás de su propósito, declarando que no quiere tener que ver con semejante religion ni con tales gentes. Rompen de nuevo las hostilidades, y Aygolante es vencido y muerto en batalla campal.

    Un gigante, llamado Ferracutus (Ferragús), que vivia en Nájera, desafia al Emperador, el cual acepta el reto, si bien los suyos, al verle tan fuerte y desemejado, le suplican con instancia no ponga la causa del cristianismo al trance de un combate singular con un hombre tan grande como dos, con mas fuerza que cuarenta, que tenia la cara larga de tres palmos y ancha de otros tantos, y los brazos y piernas como si fueran vigas de lagar. Ogier el Danés es el encargado de combatir con el gigante, quien, sin hacer el mas mínimo esfuerzo, le arranca de la silla, le coge debajo del sobaco, y sin hacerle daño le lleva a la ciudad. Constantino de Roma , Hoel de Nantes, y otros y paladines enviados por Carlomagno á pelear con el jayan, tienen igual suerte y son por él encerrados en una fuerte torre, hasta que, por último, presentándose en el campo el paladin Rolando con su buena espada Durindana, las fuerzas de los combatientes se igualan algo mas. (…)

    Los reyes moros de Sevilla y Córdoba, Ebrahim y Altumajor, desafian á Carlomagno, y señalado el dia de la batalla , se presentan con sus huestes. Segun la Crónica, los dos caudillos paganos mandaron hacer diez mil carátulas muy feas, dellas negras y dellas coloradas, con grandes orejas y mayores cuernos, ordenando que se las pusiesen los peones, y que cada uno tuviese además un cencerro en la mano. El estratagema surtió su efecto : los de las carátulas se colocaron al frente de la hueste enemiga, y comenzaron á sonar sus cencerros, espantando de tal manera á los caballos de los cristianos, que, a pesar de sus jinetes, volvieron grupa y pusieron en desórden al resto del ejército imperial, si bien al siguiente dia el Emperador tomó su revancha, mandando vendar los ojos a los caballos y meterles algodon en los oídos, con lo cual los paganos fueron vencidos, Córdoba tomada, y la España toda repartida entre los guerreros del Emperador, quien dió Navarra á los bretones, Castilla á los francos, Aragon á los griegos y Portugal á los flamencos.

    Por tercera vez entra Carlomagno en España, resuelto a castigar al rey Marsirius (Marsilio), que se le habia rebelado en Zaragoza. Envia antes á Galalon, el Gan Traditor de los poetas italianos, para que, viéndose con el rey pagano, le exija en su nombre el acostumbrado tributo. Marsilio finge someterse, y ganándose con dádivas y halagos al mensajero de Cárlos, obtiene de él noticia circunstanciada de las fuerzas que componian el ejército imperial, y el camino que á su vuelta á Francia se proponia seguir. Saliéndole despues al encuentro en una de las estrechas gargantas del Pirineo, le hace sufrir una gran rota, matándole la flor de sus tropas, y entre ellos á Roldan y sus mejores paladines. Turpin, el supuesto autor de la crónica, que se hallaba á la sazon celebrando misa en el palacio de Cárlos, oyó la suave armonía de un coro de ángeles que llevaban al cielo el alma de aquel paladin, y vio al mismo tiempo una legion de diablos que con distinta ruta y con gran griteria y zumba conducian á Gehenná (el infierno de los árabes) el alma de Marsilio. Turpin anuncia al Emperador la muerte de Roldan, aquel entra de nuevo en España para vengar la derrota de sus armas; vence á los árabes á orillas del Ebro y manda prender á Galalon, quien, acusado de traicion, y vencido el campeon por él nombrado, es descuartizado vivo.

    Concluye la crónica refiriendo otra vision del buen Arzobispo. Hallábase este en Vienne, ciudad del Delfinado, y Cárlos, agoviado por la edad y los padecimientos, vivia en su palacio de Leodium (Lieja), á muchas leguas de distancia, cuando Turpin, que rezaba sus horas puesto de pechos sobre una ventana, vió pasar por delante de sus ojos una legion de diablos. A uno de ellos, que acaso quedó algo zaguero, le pregunta que adónde van, y el diablo, que era negro y de nacion etiope, le contesta que por el alma del Emperador para depositarla en el Averno. Turpin entonces le ruega que, despachada que sea su comision, se vuelva por aquel mismo camino, y le diga cómo ha terminado el negocio. El complaciente diablo vuelve a pasar por Vienne, pero confiesa, mal de su grado, que en el momento de asir su presa él y sus compañeros, un gallego sin cabeza (el apóstol Santiago), habiendo pesado en una balanza los pecados y las buenas obras de Cárlos, habia tomado posesion de su alma, llevándosela en direccion opuesta á la suya.

    Tal es, en suma, la crónica latina falsamente atribuida á Turpin, en la cual, a pesar de sus muchas fábulas y consejas, se halla muy poco que revele el romanticismo que mas adelante penetró en los libros de caballerías. No se ven en ella ni castillos, ni serpientes, ni caballeros enamorados, ni doncellas que demandan auxilio, ni otros muchos de los incidentes que mas tarde entraron en la composicion de aquellos. La narracion versa principalmente sobre guerras y conquistas, y las controversias teológicas de cristianos é infieles. El autor parece haber tomado por modelo las campañas de Josué, y así es que las murallas de Pamplona se desploman como las de Jericó; que el estratagema militar empleado por los reyes de Córdoba y Sevilla parece calcado sobre igual suceso en la batalla de los gibeonitas, y por último, los vencedores se reparten de una manera análoga los estados del rey pagano. No faltan, es verdad, en la crónica prodigios y maravillas, pero estas se asemejan mas a las de las antiguas leyendas de santos que á las bellas ficciones de los libros caballerescos. Como quiera que esto sea, no puede dudarse que la crónica, tal cual es, sirvió mas tarde de base á infinitos libros caballerescos, métricos los unos, en prosa francesa los otros, que formaron por mas de dos siglos la lectura favorita de las gentes, hasta que los italianos, y principalmente Ariosto, la popularizaron aun mas con sus bellísimas epopeyas caballerescas.



    En 1528 un tal Nicolás de Piamonte, acerca del cual nada se sabe, publicó en Sevilla un libro con el siguiente título : Historia del emperador Carlomagno y de los doce Pares de Francia, trasladada, segun él mismo lo expresa en el prólogo, « de la lengua francesa, sin discrepar, ni añadir ni quitar cosa alguna de la escriptura y repartida en tres libros : el primero traducido del latin de la crónica de Turpin, el segundo de un libro en metro en francés, y el tercero de otro intitulado Espejo historial. Esta refundicion de Nicolas de Piamonte siguió leyéndose en varias ediciones hechas durante el siglo XVI, hasta que el portugués Moreira, que años atrás habia traducido aquella á su lengua, añadió una segunda parte, dividida en cuatro libros, continuando la historia de aquel emperador y las hazañas de sus doce pares. Mas bien que segunda parte, debiera haberla intitulado nueva historia, etc., pues desentendiéndose enteramente de la muerte de aquel monarca, referida, segun hemos visto, en el último capítulo de la obra de Piamonte, emprende su relacion con la consagracion de la iglesia mayor de Compostela, y vuelta de Carlomagno á Francia, y guerras que tuvo con el soldan de Egipto en ayuda del sumo Pontifice, y por último, su casamiento y el de su sobrino don Roldan. Mezclanse en la obra, que se dice traducida fielmente de las crónicas francesas, varios episodios románticos, tomados de libros italianos, como el de la cueva Tristefea, y la entrada en ella de Roldan por librar á su Angélica; los de los gigantes de Córdoba , Batrocas y Parramonte, que escachavao pe lo meio os soldados de Carlo Magno, y fueron al fin muertos, el primero por Roldan, el segundo por Oliveros; la traicion que Bradamante, Salgueriano y Brutamonte intentaron contra Toledo, y cómo penetraron dentro de la ciudad para robar a la infanta Galiana; y por último, como el Emperador y su amigo Galafre entraron triunfantes en Toledo, despues de haber derrotado al miramamolin de Córdoba, Abderramen. Concluye la segunda parte con el casamiento de Carlomagno con Galiana, y de Roldan con Angélica , prévia la conversion y bautizo de estas dos damas moras.

    Aun hay en portugués otra parte, llamada Terceira e verdadeira, escrita por el presbítero Alexandro Caetano Gomes, natural de Chaves, cuyo principal argumento forman las hazañas y proezas de Bernardo del Carpio. Imprimióse por primera vez en 1745, y como el autor mismo lo dice en su prólogo, se escribió « para servir de divertimento e diverso do somno pas compridas noites do inverno »; hecho por cierto curioso y que merece ser consignado, el que a mediados del siglo XVII se escribiese é imprimiese en la Península un libro de este jaez. Empieza la obra con la creacion del mundo, el diluvio universal, la confusion de las lenguas, y los reyes fabulosos de España hasta llegar á don Ramiro de Leon, en cuyo tiempo su hija, la infanta doña Jimena, y don Sancho, conde de Saldaña, tuvieron á Bernardo; el cual, armado luego caballero por Orimandro, soldan de Persia, acomete mil peligrosas aventuras, vence al paladin Roldan, y vuelve, por último, á España, de donde sale á poco para defender al Papa, sitiado en Roma por los longobardos. Segunda vez se combate con Roldan y le vence, destruyendo el ejército de Carlomagno al paso del Pirineo. Despues у de esto hace tributarios á los reyes moros de Zaragoza, Lamego y Mérida, así como á los alcaides de Toledo y Badajoz, vence y mata á don Buesso, duque de Guiana, que habia penetrado en España; conquista, auxiliado por Iñigo Arista, el reino de Aragon; se desnaturaliza de Leon, cuyo rey se niega á reconocerle, y por fin, despues de haber conquistado á Cataluña toda y haber dado leyes á los catalanes, fundando las santas casas de Poblet y Monserrate, renuncia todos sus reinos y señorios, у y se mete monje en Aguilar de Campó.



    Quizá pudiera tambien incluirse en este ciclo la muy conocida y popular Historia de Oliveros de Castilla y Artús de Algarve, impresa por primera vez en el siglo xv, y reproducida despues en infinitas ediciones; pero, a pesar de la semejanza de su nombre con Olivier (Olivero), el paladin de á Carlomagno, ni la ficcion, que creemos original española, se refiere a los tiempos de aquel emperador, ni hay en ella incidente alguno que tenga conexion con las proezas de los doce pares; mas bien se la hallariamos con la Tabla Redonda, puesto que tanto las aventuras de Oliveros como las de su compañero Artús pasan principalmente en Inglaterra.
    Última edición por ALACRAN; 15/06/2022 a las 14:09
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Libros de caballerías españoles (ciclo bretón, carlovingio, greco-asiático, etc.)

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    3. CICLO GRECO-ASIÁTICO: Amadis de Gaula.- Consideraciones generales sobre este libro.-Conjeturas acerca de la prioridad de una version castellana anterior á Vasco de Lobeira.--Garci-Ordoñez de Montalvo.-Sergas de Esplandian. -Don Florisando.-Lisuarte de Grecia. — Muerte de Amadis, por el bachiller Juan Diaz.--Amadis de Grecia.--Florisel de Niquea.-Rogel de Grecia.-Don Silves de la Selva.-Esferamundi y sus descendientes.

    Además de los dos ciclos, el breton y el carlovingio, de que se ha hablado anteriormente, hay otro, que podremos llamar greco-asiático, por cuanto los héroes fabulosos que le componen fueron principalmente emperadores de Constantinopla o reyes de Trapisonda (Trebizonda), Macedonia, ó Tesalia , Jerusalen y Arabia. Verdad es que algunos, aunque son los menos, lo fueron de Rusia, Bohemia, Hungría, y otros países europeos á la sazon poco conocidos; pero la escena principal, el teatro de sus proezas y aventuras, es casi siempre en regiones asiáticas. Esta denominacion, pues, nos ha parecido la mas propia y conveniente para abrazar y comprender, no solo las dos grandes familias de los Amadises y Palmerines, sino tambien la multitud, verdaderamente asombrosa, de libros caballerescos escritos á imitacion de aquellos, y de los cuales formaremos en nuestro catálogo una seccion aparte, con el titulo de Libros de Caballerías independientes .

    Comenzarémos, pues, nuestro exámen por el mas célebre y mejor de todos, segun Cervantes y el profundo autor del Diálogo de las Lenguas, por el «espejo de la gramática española y modelo del decir», como le denomina su editor Delicado; por el libro, en fin, que, juntamente con la Celestina, formaba en cierta ocasion célebre toda la librería del ingenioso escritor y consumado político don Diego Hurtado de Mendoza. Gran contienda ha habido, y aun dura hoy dia, acerca de la composicion del Amadis de Gaula, reclamándole á un tiempo como suyo portugueses, españoles y franceses; y aunque los argumentos en pro y en contra se hallan en obras comunes y al alcance de todos, bueno será reproducirlos, aunque sucintamente, en este lugar, puesto que tambien á nosotros se nos ocurre algo que decir en la materia.

    Gomes Eannes de Azurara, archivero de Portugal, que por los años de 1454 escribió tres crónicas muy notables sobre asuntos nacionales, fué el primero que atribuyó la composicion del Amadis á Vasco de Lobeira , hidalgo portugués, natural de Oporto, asistente en la corte de don Juan I de Portugal, y armado caballero por aquel monarca en 1385, al estar para darse la batalla de Aljubarrota. Vivió, segun dicen, en Yélves la mayor parte de su vida, y murió en 1403. Antonio Ferreira, poeta portugués, nacido en 1528, y cuyas poesias, dadas á luz por su hijo, se imprimieron en 1598 , escribió un soneto en lenguaje antiguo, en que, dirigiéndose á Lobeira, le llama formalmente autor del Amadis, así como otro en que alude á la modificacion que aquel hubo de hacer en su historia, por mandato del infante don Alfonso, movido á piedad por la suerte de Briolanja. Por último, nuestro Nicolás Antonio dice haber visto al margen del expresado soneto una nota declarando que el manuscrito original de Lobeira se conservaba á fines del siglo XVI en la famosa librería de los duques de Aveiro, en Lisboa. Estos son los únicos testimonios que puedan llamarse auténticos en favor del origen portugués del Amadis, y aunque á primera vista parecen no admitir réplica, y así lo han estimado Clemencin y otros criticos modernos, se nos ofrecen varias dudas, que vamos á proponer.

    En primer lugar, esta creencia, que se supone general en Portugal, estaba muy lejos de serlo tal á mediados del siglo XVI, puesto que, segun don Luis Zapata, paje de la emperatriz doña Isabel, hija del rey de Portugal don Manuel, y mujer de Carlos V, «era fama en aquel reino que el infante don Fernando, hijo de don Alfonso, habia compuesto el libro de Amadis. » Fué don Luis embajador nuestro en Lisboa por los años de 1550, y se lo oyo decir a la infanta doña Catalina, biznieta del mismo don Alfonso. El licenciado Jorge Cardoso, en su Agiologio lusitano, tomo 1, pág. 410, llama al autor Pedro Lobeiro en lugar de Vasco de Lobeira, y de hidalgo y caballero le rebaja á la humilde condicion de escribano (tabeliao) de Yélves, añadiendo que tradujo su obra del francés, por mandado, no ya del infante don Alfonso, sino del célebre infante don Pedro, de quien cuenta nuestro vulgo que anduvo las siete partidas del mundo. La nota atribuida al hijo de Ferreira, con que se pretende probar la existencia del manuscrito original en el palacio de los duques de Aveiro, y la que se asegura puso igualmente al soneto relativo al incidente de Briolanja, no se hallan en la edicion de 1598, única antigua que se conoce de los Poemas lusitanos de su padre. Añadidas posteriormente en la reimpresion de los poemas hecha en 1772, son obra de editor moderno, y no del hijo de Ferreira. El testimonio queda, pues, reducido a la simple asercion de don Nicolás Antonio, quien sin duda vió algun ejemplar con una nota marginal y manuscrita de lector ocioso y autor desconocido, puesto que, á ser del hijo de Ferreira, este la hubiese necesariamente intercalado en el texto impreso (…).

    Con esto quedan algun tanto debilitados los dos principales argumentos hasta aquí alegados para probar que el Amadis es obra de Vasco de Lobeira , y que el original portugués se conservaba aun á fines del siglo XVI en una biblioteca de Lisboa. Pero no es esto solo: la misma literatura castellana del siglo XV nos ofrece armas con que combatir dicha opinion, por mas fuertemente arraigada que esté, y probar que anteriormente a la fecha en que Vasco de Lobeira pudo escribir el libro de Amadis, era ya conocida y popular en Castilla una historia así llamada. Pero Ferrus, cuyas poesias andan impresas en el Cancionero compilado para don Juan II por Alfonso de Baena, dirigió al canciller de Castilla, Pero Lopez de Ayala, un decir á manera de reprension amistosa porque no iba á habitar en Vizcaya (…)

    Mas, antes que Vasco de Lobeira trabajase su refundicion ó traduccion del Amadis, era ya conocida en Castilla una historia de este caballero andante. Mas, qué origen tuvo esta, quién fue su autor y en qué idioma corria, son cuestiones de muy dificil solucion hoy dia, y que no nos atrevemos siquiera á iniciar. Los escritores franceses pretenden (y decimos pretenden, porque ninguna prueba dan en corroboracion de su aserto) que el Amadis es traduccion pura y simple de un libro escrito en idioma de Picardía. Esta asercion, propuesta en primer lugar por D'Herberay, el traductor francés, y apoyada mas tarde por Tressan, quien dijo haber visto el original en la librería de Cristina de Suecia, carece de todo fundamento. Algo mas acertados andan los que, como monsieur Barèt , se inclinan á creerle refundicion de libros bretones, hoy dia perdidos, fundándose en los nombres de algunos de los personajes, como Lisuarte (Lych-warch), Elisena (Heliène sans per, ó Helena la sin par), y otros. Que el autor del Amadis tuvo a la mano ó en la memoria los libros caballerescos de Lanzarote del Lago, Tristan, y aun el del Sábio Merlin y otros pertenecientes al ciclo breton ó de la Tabla Redonda; que quizá tambien el nombre del héroe le fué sugerido por el de un libro francés titulado Amadas et ldoine (que ninguna conexion tiene con el que nos ocupa), del cual se conserva un manuscrito del siglo XIIl, estamos prontos á admitirlo; pero no podemos ir mas allá. Tampoco tratarémos, como Sarmiento, de buscar autor gallego a quien atribuirle, fundándonos en algunos galleguismos que á aquel docto benedictino creyó encontrar en el texto, aun despues de castigado y hecho castellano por Garci-Ordoñez de Montalvo. Sin negar, pues, el derecho de Vasco de Lobeira á una refundicion del Amadis en lengua portuguesa, seguida luego de otra mas importante y radical, como fué la de Montalvo, persistimos en creer, mientras no se aleguen razones en contrario, que antes del tiempo en que floreció aquel autor corria ya en Castilla otra redaccion del Amadis en tres libros. Al hacer la suya Montalvo, no solo corrigió y enmendó lo que halló escrito, sino añadió una cuarta parte, continuando despues la obra en un quinto libro, o sea las Sergas de Esplandian.

    Mas, como si todo lo que tiene relacion con este notable libro hubiese necesariamente de andar envuelto en tinieblas, no parece edicion alguna anterior a la de Roma, 1519, siendo así que hay razones muy plausibles para creer que antes de dicho año se imprimió varias veces en la Península. Verdad es que Barbosa Machado, y otros despues de él, han citado una impresion de Salamanca, 1610, y que últimamente el señor don Alejandro Herculano ha hecho referencia á otra de Sevilla, publicada, segun él, en el mismo año; pero ni una ni otra noticia tienen aquel carácter de autenticidad que en estas materias se requiere; y así, habrémos de contentarnos con señalar la del año 1519 como primera, mientras no se halle otra anterior; lo cual, á nuestro modo de ver, es mas que probable, puesto que existe una del Palmerin de Oliva, hecha en 1811, y se citan, aunque vagamente, otras del Florisando y de las Sergas de 1510. Además de que no es creible que el Amadis se imprimiera por primera vez fuera de España, antes al contrario, dicha edicion hace suponer otra ú otras hechas anteriormente en la Península.

    De Garci-Ordoñez de Montalvo, traductor y continuador de este notable libro, no se sabe mas que lo que el mismo quiso decirnos, ya en el prólogo al Amadís, ya en las Sergas, cuando finge que, por mandado de Urganda la Desconocida, suspendió su trabajo histórico; volviéndole despues á emprender de nuevo por orden de dicha sabidora. Sabemos que fué vecino y regidor de Medina del Campo, y que desde su mas tierna edad siguió la noble carrera de las armas. Asimismo consta que cuando escribia su Esplandian era ya de edad bastante avanzada, y que habia alcanzado en Castilla varios reyes y reinas, debiendo razonablemente presumirse que nació en tiempo de don Juan II, y que á la toma de Granada, en 1492, tenia, cuando menos, cincuenta años de edad. En varias partes del libro alude Garci-Ordoñez á este notable suceso, aunque de una manera asaz vaga y contradictoria, pues en el prólogo que puso a los cuatro libros de Amadis de Gaula dice terminantemente haber los Reyes Católicos llevado a cabo aquella conquista, mientras que en el capítulo XCIX de las Sergas da á entender que la habian comenzado y no concluido, si bien mas adelante, en la exclamacion que inserta en el capítulo CLI, da por terminada aquella guerra y echados de España á los judíos. A esto puede añadirse que en el capítulo CXXXII de la cuarta parte, al contar las muestras de amor que dieron sus vasallos al rey Lisuarte, Garci-Ordoñez introduce una especie de lamentacion oratoria de los males que á la sazon afligian á España, que so- i lamente puede aplicarse á los diez últimos años del reinado de Enrique IV; de todo lo cual se infiere que debió emplear, cuando menos, veinte años en sus trabajos de traduccion y refundicion.

    Al concluir las Sergas, Montalvo trata de una continuacion del Esplandian, con las proezas hechas por Talanque y Maneli el Mesurado, juntamente con otros donceles á quien el rey de Irlanda, Cildadan, armara caballeros; libro (dice) muy gracioso y muy alto en toda orden de caballeria , que escribió un muy gran sábio en todas las partes del mundo. De aquí tomó pié un escritor andaluz para escribir el Florisando, y mas tarde un anónimo publicaba el sétimo libro, con las hazañas de Lisuarte de Grecia, el hijo de Esplandian. (…)

    A los cinco años de publicadas las Sergas, y casi al mismo tiempo que el Don Florisando, que, segun hemos visto, forman respectivamente el quinto y sexto libro de Amadis de Gaula, se imprimió en Sevilla otro llamado sétimo, que trata de los grandes fechos en armas de Lisuarte de Grecia, hijo de Esplandian, y de Perion de Gaula, hijo de Amadis (…). Su autor, que no se nombra en esta, que se reconoce por la primera, ni en las demás ediciones posteriores, lo dedicó á don Diego de Deza, arzobispo de Sevilla, expresando en su dedicatoria que se lo ofrecia para que con él pudiera aquel insigne prelado “pasar algun tiempo y descanso del trabajo de su mucho estudios” , fingiendo, como en tales libros se acostumbraba , haber sido nuevamente hallado en Londres, segun lo dejó escrito en griego el gran sábio de las Mágicas, Alquife, y haberlo puesto en lengua castellana, despues de enmendado de los muchos vocablos que por la mucha antigüedad estaban corruptos.

    Refiérense en él las insignes hazañas de Lisuarte de Grecia , hijo de Esplandian y nieto del buen rey Amadís, al propio tiempo que las no menos señaladas de su tio Perion de Gaula. Desde luego se advierte en esta obra, imitacion servil de las anteriores, que no se guarda en ella la proporcion y reglas de la épica , sosteniéndose el interés y concentrándose en un solo individuo, como y sucede en el Amadis, al lado del cual todos los demás héroes quedan muy rebajados ; sino que la atencion divaga lastimosamente y ha de repartirse por igual entre Lisuarte y Perion, salidos del mismo tronco, ambos invencibles, espejos uno y otro de la andante caballería, y dechado de cuantas virtudes constituian á la sazon el decálogo de aquella institucion. (…)

    Al Lisuarte de Grecia, ó sétimo de Amadis, siguió en el mismo año otro libro al propio asunto, aunque con distinto título. Ya hemos dicho que ninguna de las ediciones conocidas del Lisuarte declara el nombre de su autor; pero de ciertas expresiones contenidas en el prólogo al Amadis de Grecia, que conocidamente es obra de Feliciano de Silva, se deduce que este celeberrimo y nunca bien ponderado escritor de caballerías lo fue tambien de dicho libro. En efecto, lamentándose de que el bachiller Diaz, de quien se tratará mas adelante, hubiese dado á luz su libro de Amadis llamándole octavo, y obligándole á que él pusiese al suyo el título de noveno, dice terminantemente que el autor del Lisuarte fué el mismo que escribió el Amadis de Grecia; además de que, leyendo con atencion uno y otro libro, se advierte cierta paridad y semejanza.

    Nicolás d'Herberay, señor des Essarts, que puso en francés los ocho primeros libros del Amadis, continuó este libro de Lisuarte con las hazañas de don Flores de Grecia, el otro hijo de Esplandian, á quien llama el Caballero de los Cisnes. Aunque fingió haberle trasladado del griego, es conocidamente obra suya, y no le hay, que sepamos, en castellano, si bien se tradujo luego al italiano y á otras lenguas. No nos detendremos, pues, en el análisis de esta obra, que no es castellana, y pasarémos á examinar otra muy notable, que al poco tiempo de publicado el Florisando confeccionaba en Sevilla un oscuro bachiller.

    En efecto, no bien se habia impreso aquel, cuando salió á luz en dicha ciudad el Octavo libro de Amadis, que trata de las extrañas aventuras y grandes proezas de su nieto Lisuarte de Grecia, y de la muerte del inclito rey Amadis. Sevilla, por Jacobo Cromberger, aleman, y Juan Cromberger, año de 1526, á 28 de setiembre. Su autor, el bachiller en cánones Juan Diaz, fingió haberle hallado en lengua toscana, traducido ya del griego, y haberlo puesto en castellano á peticion de varios amigos. Pensó, segun parece, denominarlo sétimo, siendo, como es en efecto, continuacion del sexto; pero habiéndose con prioridad publicado el otro libro de Lisuarte, se vió obligado á llamarle octavo. De presumir es que tanto él como el autor del Lisuarte de Grecia trabajasen de consuno en una continuacion de las Sergas de Esplandian, pues solo así se explica la publicacion casi á un mismo tiempo de dos libros al propio asunto. Como quiera que esto sea, no cabe duda que Diaz no tuvo presente el trabajo de su rival, pues da principio á su narracion con la salida de Esplandian y Norandel á Constantinopla, despues de haberse aquel despedido de su padre Amadis, experimentando en la travesía una gran tormenta, en que estuvo á pique de perecer con toda su comitiva. El principal incidente en que estriba la narracion es una gran conjuracion de todos los reyes paganos contra el buen rey Amadis, que muy descuidado y asaz quebrantado por la edad, vivia en Fenusa, corte y capital de la Gran Bretaña. (…)

    El siguiente en orden en la série de los Amadises es el intitulado : Libro noveno de Amadis, que es la chronica del muy valiente y esforzado Principe y cavallero de la Ardiente Espada, Amadis de Grecia, hijo de Lisuarte de Grecia; del cual se cita ya una edicion, hecha en Burgos en 1535. Aunque el nombre de su autor no aparece en la portada del libro, declárase suficientemente en un extenso prólogo que en algunas impresiones lleva la firma de Feliciano de Silva. Es evidentemente continuacion del sétimo, y no del octavo, y así le hubiera su autor intitulado, á no haberle el sevillano Diaz ganado la vez, dando á luz el suyo; circunstancia que Silva, ofendido, califica en términos poco corteses, y que revelan bastante su mal humor. Como quiera que esto sea, es el mismo que con tanta presteza y de tan buen grado llevó al corral el ama de don Quijote durante el donoso escrutinio de su caballeresca librería. Nótase ya en este libro cierta variacion del género, no porque falten castillos y doncellas, enanos y encantadores, encuentros con robustos jayanes y descomunales gigantes, y otros accesorios de la andante caballería, sino por advertirse ya en el la introduccion de un elemento nunca hasta entonces visto en este linaje de libros. Empezaba a la sazon á ser conocida en Castilla la novela pastoril, cultivada desde principios del siglo por Sannazaro y los italianos, y llevada mas tarde por el portugués Montemayor al mayor grado de perfeccion; y Silva, que no parece haber sido perezoso en esto de asimilarse los trabajos literarios de otros, echó mano del nuevo elemento, harto impropio por cierto en asuntos caballerescos, introduciendo en este su libro á dos pastores, Darinel y Silvia, que hacen despues gran papel en los siguientes tomos. (…)

    No contento Feliciano de Silva con el aplauso y nombradía que debieron valerle sus dos libros anónimos de Lisuarte de Grecia y Amadis de Grecia, puesto que en veinte y cinco años salieron á y luz cuando menos cuatro ediciones distintas de la primera y dos de la segunda, acometió la colosal empresa de proseguir la historia de las hazañas del buen Amadis y sus descendientes hasta la sexta generacion. Qué tal debió ser su intencion, aun antes de concluir su Amadis de Grecia, lo prueba suficientemente el hecho de que, en lugar de imitar á su predecesor y rival, el bachiller en cánones Juan Diaz, poniendo fin á la larga y honrosa carrera de aquel caballero andante, prefirió dejarle en el número de los vivientes, abriendo así la puerta á nuevas combinaciones novelescas, y prosiguiendo la historia de los hijos, nietos y biznietos del caballero de la Ardiente Espada.

    En seis libros pues, comenzados en 1532 y terminados en 1546, la fértil pluma del buen Feliciano de Silva dió al mundo una larguísima série de historias caballerescas, que constituyen y forman, segun la clasificacion bibliográfica mas comun, los libros décimo, undécimo y duodecimo de la gran familia de Amadis. Pero son tantas las partes de que se compone aquella extensa y prodigiosa narracion, tan extraños y enmarañados sus títulos, tan dificil el verlas todas reunidas para poderlas comprender y apreciar; y por otra parte, tantos y tan de bulto los errores cometidos, aun por los escritores mas entendidos en la materia, que bien se necesita el hilo de Ariadna para salir de tan intrincado laberinto. Sin perjuicio, pues, de las noticias insertas en el Catálogo razonado, puesto al fin de este Discurso, nos ha parecido conveniente dar aquí cuenta al por menor, y razon circunstanciada de las tareas literarias del célebre caballero extremeño, el mas fecundo y prolífico, sin disputa, de cuantos escritores cultivaron, en el siglo de oro de nuestra literatura, la novela caballeresca.

    Principio Silva escribiendo la Coronica de los muy valientes y esforzados é invencibles caballeros don Florisel de Niquea y el fuerte Anaxartes, hijos del muy excelente Principe Amadis de Grecia, etc., que consta de dos partes, y que, segun ya dijimos, se imprimió por primera vez en Valladolid, á 10 dias del mes de julio de 1532, á costa de Juan Espinosa , librero, y de Nicolás Tierri, impresor. Era don Florisel, segun hemos visto , hijo de Amadis de Grecia y de la infanta Niquea, y ya, cuando apenas contaba doce años, habia mostrado su valor y gentileza, enamorándose de la pastora Silvia, siguiéndola en hábito de pastor y bajo el nombre supuesto de Laterel Silvestre, y por último, matando por defenderla, en los bosques de Babilonia , á dos caballeros. En este libro, pues, prosiguió Feliciano, con su acostumbrada inventiva y no escasa tramoya, las aventuras del Doncel, así como las del principe Anaxartes y la infanta Alastraxerea, hijos tambien de Amadis de Grecia, habidos á guisa de encanto en la reina Zahara. (…)

    Algunos años despues publicaba Feliciano de Silva la Cuarta parte de don Florisel de Niquea, dividida en dos libros, en el segundo de los cuales trata largamente de los amores de don Rogel y de la bella Archisidea, y de los de Agesilao y Diana, hija de la reina Sidonia, que la criaba con el mayor esmero en la insola de Guindaya. Dedicó Silva esta su obra, continuacion del libro onceno de Amadis, á la reina doña María , hija de Cárlos V. En un extenso proemio, dirigido á aquella ilustre princesa , enumera Silva las hazañas militares del Emperador, y principalmente la campaña contra los luteranos de Alemania y su caudillo el elector de Sajonia en 1547, deduciéndose de algunas de sus expresiones que en esta cuarta parte del don Florisel su autor se propuso celebrar, á manera de alegoría , las virtudes militares y domésticas del inclito Emperador.

    En esta cuarta parte, y no en ninguna de las anteriores, es donde Feliciano hizo notable innovacion introduciendo, á mas de algunas poesías sueltas, como romances, quintillas y otros versos cortos, las églogas que él llama bucólicas , y á que tan aficionado se mostró el buen hidalgo manchego en su plática con el caballero del Bosque.

    Tambien pasa comunmente Feliciano de Silva por autor del Don Silves de la Selva , ó doceno libro de Amadis, aunque, como mas adelante veremos, no lo fué él, sino Pedro de Lujan ó Luxan, autor del Lepolemo y de los Colloquios matrimoniales. Imprimióse el Don Silves en Sevilla en 1546 y 1549, ambas veces por Dominico de Robertis , célebre tipófrago de aquella ciudad, traduciéndose luego al italiano, y mas tarde al francés. (…)

    En cuanto a su estilo, del que tanto se ha hablado, no es siempre el mismo. Natural y sencillo, aunque desaliñado é incorrecto, en el Lisuarte y en el Amadis de Grecia , se convierte en pretencioso y amanerado en el Florisel, hasta el punto de parecernos suave y amistosa la sangrienta crítica del inmortal Cervantes. No creemos exagerar al decir que hay pasajes de este libro, principalmente en la tercera y cuarta partes, que materialmente no se entienden, y que necesitarian acaso de un comentador tan diligente como de Góngora lo fué don José de Pellicer, para comprender muchas de las endiabladas razones y enmarañados retruécanos de su autor.
    Tuvo Rogel de Grecia en Archisidea, emperatriz de Constantinopla é hija del gran Can Aquilidon, un hijo, llamado Esferamundi, del cual el italiano Mambrino de Roseo, traductor de casi todos los libros de Amadis antes citados, publicó una larguísima historia, dividida en cinco partes, declarando haberla hallado escrita en castellano, y trasladado á su idioma natal. Pero aunque varios sugetos, y entre ellos nuestro entendido y respetable amigo don Agustin Duran, aseguran haber visto en castellano las dos primeras, nadie, que sepamos, ha dado puntual noticia del libro castellano, si es que ha existido, y la opinion mas comun es de que las inventó Roseo, á quien habrán igualmente de atribuirse las demás.

    Las mismas dudas nos asaltan relativamente á otro libro de caballerías, intitulado Penalva, de que trata nuestro don Nicolás Antonio en el tomo 11, pág. 404 de su Bibliotheca Nova, diciendo contenia el fin y remate de la carrera caballeresca de Amadís, y atribuyéndole á un escritor portugués. No es del todo improbable la noticia, si se toma en cuenta que aunque Juan Diaz, el autor del Lisuarte , dejó ya muerto y enterrado, segun hemos visto , á Amadis de Gaula , indignado Feliciano de Silva, le volvió a resucitar en su Amadis de Grecia, haciéndole despues asistir á las altas proezas de su rebiznieto Florisel de Niquea y sus descendientes, motivando así la nueva defuncion del héroe, de que echaria mano el escritor portugués, haciéndole despues morir á manos de un caballero de su nación”. (…)
    Última edición por ALACRAN; Hace 3 semanas a las 16:59
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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