No se trata de que los oficiales no puedan e incluso deban tener una formación científico-técnica. Aquí la clave está en el intento ideológico de desmilitarización del ejército, que representa un nuevo tirabuzón en el absurdo. Se trata de convertir al soldado en una mezcla de burócrata y tecnócrata, ya que todo lo que huela a castrense está considerado por el pensamiento débil como obsoleto, peligroso y antidemocrático. Es un nuevo paso del fundamentalismo democrático hacia sus úñtimas consecuencias lógicas.
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