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Tema: Don Juan Carlos anuncia que abandona España.

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  1. #1
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    16 ene, 07
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    Re: Don Juan Carlos anuncia que abandona España.

    Ante la huida de España de Juan Carlos




    Nota de la Secretaría Política de Don Sixto Enrique de Borbón con motivo de la huida de España del anterior Jefe del Estado
    .





    Los acontecimientos que han forzado la huida del anterior Jefe del Estado, don Juan Carlos, al igual que su hoja de servicios, no son precisamente ejemplares; menos aún cuando se contemplan desde la tradición católica de la Monarquía española. Claro es que la familia que detenta el trono se halla desde el principio alejada de la misma. Sin embargo, la monarquía, aun la espuria, levanta tales odios para la Revolución, que sólo con dificultad la sufre, desembarazándose de ella en cuanto puede. En España la República tuvo que disfrazarse de monarquía, porque de otro modo resultaba inaceptable para los españoles, como quedó demostrado en las dos breves ocasiones en que se quitó la corona. ¿Va a intentarlo de nuevo?

    La Comunión Tradicionalista, como depositaria de la verdadera tradición monárquica, sólo puede constatar una vez más en la experiencia lo que desde los principios siempre ha afirmado. Sin resentimiento y sin regocijo. Con preocupación por lo que queda de España. Las fuerzas que quieren acelerar su destrucción una vez más están prontas. Mientras que las que la han hecho posible con su inconsciencia tanto como con sus errores carecen, también una vez más, de capacidad y voluntad de respuesta. Que el actual Jefe del Estado haya facilitado o incluso promovido la salida de su padre puede ser –según la famosa y cínica frase– peor que un crimen: un error. Que es posible termine pagando, más pronto que tarde, reducido como queda a una irrelevancia total y visible. Y que es seguro pagaremos todos. Nosotros redoblaremos los esfuerzos por mantener la bandera de la Monarquía, de la auténtica, ahora que la postiza comienza a declinar según un sino fatal. Y que Dios nos ampare a todos.

    Madrid, 6 de agosto de 2020.








    https://mollelazo.blogspot.com/2020/...an-carlos.html

  2. #2
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    Re: Don Juan Carlos anuncia que abandona España.

    «Demagogos de baratillo» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 08/08/2020.
    ______________________

    Muchos gurús derechoides presentan ridículamente la coyunda entre sociatas y podemitas como una entente «socialcomunista» dispuesta a instaurar un régimen bolivariano. Pero sociatas y podemitas no son más que caniches del globalismo, encargados de arruinar la economía nacional, para que la plutocracia pueda hacer albóndigas con sus escombros, y de convertir a los españoles en una chusma penevulvar y subsidiada. Y la plutocracia globalista se encargará de que sus caniches chupen del bote hasta quedar ahítos, con sueldos blindados de por vida y puertas giratorias para marear.

    Pero, para poder llevar a cabo pacíficamente estos designios plutocráticos, sociatas y podemitas necesitan tener contentas a sus respectivas parroquias. Para lo cual ya no basta aquella «unidad de acción» que caracterizaba el ejercicio del poder en la fase fuerte de la modernidad; sino que es preciso desdoblarse, teniendo a la vez contentos a los partidarios del «orden establecido» (progres sistémicos y con dinerito) y a los partidarios de la «revolución en marcha» (progres resentidos y a dos velas). De ahí que la coyunda de sociatas y podemitas necesite estar a un tiempo en misa y repicando, en una descarada bilocación que encauce los amagos revolucionarios hacia el redil sistémico.

    En esto consiste la astucia de los demagogos en esta fase líquida de la modernidad: en presentarse simultáneamente como esforzados garantes del orden y como valentones subversivos. De este modo, complacen al amplio espectro de su clientela; pues en este fase líquida de la modernidad, las masas huérfanas de toda luz trascendente y dimitidas del mero ejercicio de la razón tragan sin empacho las contradicciones más flagrantes; y, cuando al fin descubren que han sido engañadas se entregan al resentimiento más cetrino, lo que a la postre sigue ampliando la clientela de los demagogos.

    A veces, sin embargo, esta bilocación del poder muestra de forma demasiado evidente sus costuras, como acaba de ocurrir con motivo de la crisis provocada por la marcha de Juan Carlos, que ha permitido a los sociatas erigirse en depositarios del «legado constitucional» y a los podemitas anunciar un «horizonte de república». Por supuesto, esta bilocación tan estridente está plenamente calculada; y su objetivo no es otro sino convertir a Felipe en un monigote que, por temor de que el «poli malo» ejecute sus amenazas republicanas, busca refugio en el «poli bueno», que podrá apretarle las tuercas a placer.

    Pero hay que reconocer que, convirtiendo a Felipe en un monigote a su merced, los sociatas no se desvían ni un ápice de la estrategia diseñada por Felipe González, cuando facilitaba con taimada complacencia los episodios galantes de su padre. Más desfachatada (y como dirigida a una parroquia de zombis lobotomizados) resulta la estrategia de los podemitas, gozosos chupópteros del «régimen del 78» que, después de prometer la Constitución y de colaborar con la Fiscalía en el archivo de la causa contra Juan Carlos, pretenden ahora presentarse como subversivos revolucionarios.

    La monarquía está consagrada constitucionalmente como «forma política del Estado español». Y para cambiar esa forma política sólo existen dos métodos: la reforma constituyente y el golpe de estado. Para ejecutar la primera son necesarias mayorías inalcanzables; y para ejecutar el segundo hacen falta unos huevos que los podemitas no tienen, porque son unos revolucionarios de spa y jacuzzi, amorrados a privilegios que saborean con fruición, mientras a su parroquia zombi la contentan -huesecillo que se arroja al chucho, para que deje de ladrar- con la gallofa de la retórica republicana. Dejad de engañar a los ilusos y de alimentar su resentimiento, demagogos de baratillo.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...8_noticia.html.

  3. #3
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    Re: Don Juan Carlos anuncia que abandona España.

    «Una defensa diferente de la Monarquía» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 09/08/2020.
    ______________________

    Varios lectores desencantados por acontecimientos recientes y penosos me preguntan con algo de sorna si «desde ese pensamiento tradicional que usted proclama» la monarquía española admite, en la presente coyuntura, alguna defensa.

    Como escribió en ABC José María Pemán, la monarquía sólo es auténtica cuando es «de tipo tradicional, social y representativa»; pues cualquier otra fórmula tendrá inevitablemente «sustancia republicana, incluida la propia monarquía liberal y parlamentaria, que entre nosotros ya ha demostrado ser un principio de república». Para Pemán, una monarquía con «replanteos dinásticos» y «forzamientos dialécticos» estaba tan acabada como una Iglesia «con interpretaciones sexuales de la pureza o el celibato y charlas de sacristía volterianas». La evolución de la Iglesia y de la monarquía durante las últimas décadas demuestra que, además de finísimo escritor, Pemán tenía dotes proféticas. Los «replanteos dinásticos» que mezclan sangres que no pegan ni con cola, así como los «forzamientos dialécticos» que tratan de conciliar la monarquía con formas políticas que la repudian, la han dejado hecha unos zorros. Pues -como nos enseña Aristóteles- materia y forma no pueden disociarse alegremente, como si la forma no configurase y diese sentido a la materia. La monarquía, cuando disocia materia y forma, se convierte en espantajo.

    La conversión de la monarquía en «república coronada» ha servido, además, para que los reyes sustituyeran el ideario monárquico por el ideario del hombre moderno, que como nos recuerda Nicolás Gómez Dávila se resume en «comprar el mayor número de bienes, hacer el mayor numero de viajes y copular el mayor número de veces». Y así los reyes de las repúblicas coronadas se convierten en rehenes de sus cópulas, sus viajes y sus bienes, hasta acabar en Abu Dabi (a diferencia de lo que ocurre en la monarquía tradicional, social y representativa, cuyos reyes acababan en Yuste). Pero el mal de fondo que corrompe a la monarquía se halla en los «forzamientos dialécticos», en la negación del principio de autoridad que la sustenta: pues el poder de los reyes, como la claridad, viene del cielo; y la monarquía que lo niega acaba gangrenada. Incluso aunque sus reyes dejen de coleccionar cópulas, viajes y bienes, ya están cogidos por «do más pecado habían»; y quienes los tienen cogidos no tardan en estrangularlos.

    Y, sin embargo… sucede algo profundamente misterioso, de naturaleza preternatural. Aun convertida en república coronada, la monarquía sigue provocando odios espumajeantes y sulfurosos. Prueba inequívoca de que, en la figura del rey, aunque sea el rey más dimisionario o monigote, sigue resonando la frase que Cristo pronunció ante Pilato: «No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiese sido dado del cielo». Los enemigos de la monarquía no se revuelven contra los abusos de los reyes, ni contra su coleccionismo de bienes y de cópulas (que incluso pueden incitar o jalear, para fomentar su envilecimiento y después rasgarse las vestiduras, como hace ahora la patulea gobernante), sino contra ese poder «dado del cielo», que está inscrito en el alma de la monarquía. Y de esa alma, por mohosa que parezca, puede surgir cualquier día -mañana mismo, o dentro de cien años-, un vástago que reniegue de las delicuescencias de sus antepasados. Entretanto, la monarquía -aun la más maleada- seguirá siendo un obstáculo (un katejon, en lenguaje paulino) al desencadenamiento del odio espumajeante y sulfuroso. Esta defensa de la monarquía tal vez cause estupor a los lectores que han demandado mi opinión, casi tanto como a los tesalonicenses debió de causarles que San Pablo identificase el katejon que retenía al Anticristo con el degenerado Imperio Romano.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...4_noticia.html.

  4. #4
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    Re: Don Juan Carlos anuncia que abandona España.

    «Efectos de una espantada» por Juan Manuel de Prada para la revista XLSEMANAL, artículo publicado el 17/08/2020.
    ______________________

    Sorprende la torpeza cósmica y la desconcertante chapucería con la que se ha pretendido resolver la crisis que atraviesa la monarquía en España. Sorprende tanto que, en medio de nuestra perplejidad, tratamos de buscar razones ocultas, intenciones segundas que nos hayan pasado inadvertidas, ases en la manga que permitan comprender una decisión tan desquiciada. ¿Qué gentes ofuscadas y pánfilas asesoran a la Casa Real? ¿O será más bien que quienes la asesoran anhelan secretamente la destrucción de la institución monárquica, para lo que han diseñado la marcha del llamado ‘rey emérito’?

    Una marcha que, aunque se pretenda disfrazar de ‘acto de servicio’ o ‘sacrificio’ por ‘España y la democracia’, como pretende el periodismo áulico, desprende el tufillo característico de la espantada. Y que, inevitablemente, quedará asociada en la memoria colectiva a la larga lista de Borbones exiliados, que hasta ahora se vinculaba a turbulencias políticas estragadoras. Pero el exilio de Juan Carlos no lo provocan tales turbulencias, sino las acusaciones de comisionista que le ha lanzado una señora casquivana con la que, al parecer, mantuvo una relación adulterina. Hasta el momento, tales acusaciones –aunque muy aireadas por la prensa– no se han probado ni traducido en la atribución de ningún delito; entre otras razones, porque actuar como comisionista no es en sí mismo un delito (aunque, desde luego, sea un desdoro mayúsculo para un rey y para la institución que encarna), por mucho que el manejo posterior de ese dinero obligue al comisionista a enjuagues fiscales que podrían merecer la caracterización delictiva. Que Juan Carlos sea inviolable no resta, desde luego, gravedad a estas conductas todavía no probadas, que no formarían exactamente parte de su ‘vida privada’, sino que más bien confirmarían algo que nuestra época se niega a admitir: que las virtudes privadas están íntimamente ligadas a las virtudes públicas; y que cuando entregamos el fortín de las virtudes privadas acabamos despeñándonos por los precipicios de las lacras públicas. Quien con señoras casquivanas se acuesta, con comisiones se levanta.

    Pero el daño que Juan Carlos ha hecho a la monarquía se amplifica con su espantada. Desde luego, la supervivencia de la institución hacía recomendable una separación (y también un cierto distanciamiento o enfriamiento de relaciones) entre el padre y el hijo, siempre que no atentase contra los deberes de la piedad filial. Juan Carlos debería haber abandonado el palacio familiar y haberse retirado en algún lugar recoleto, desde donde podría haber dado además muestras de arrepentimiento por los errores pasados con una vida (la corta vida que todavía le reste) frugal y penitente. De este modo, los golpes que desde hoy sin duda recibirá la institución monárquica por parte de sus detractores y enemigos habrían caído sobre sus espaldas y no sobre las de su hijo; y, sobre todo, se habría mitigado el furibundo revisionismo de su figura, que incluirá lo mismo sus episodios galantes que sus cambalaches crematísticos, sin excluir por supuesto su papel en espinosos acontecimientos históricos no del todo dilucidados. A ojos de sus detractores, la espantada de Juan Carlos lo convierte en un delincuente confeso; y arreciarán las diatribas y campañas de desprestigio contra la institución monárquica (pieza última que se desea abatir), que su hijo tendrá que afrontar sin escudo alguno.

    La espantada de Juan Carlos, en fin, deja a Felipe en una posición mucho más debilitada y expuesta a las veleidades del gobierno de turno, que podrá maniatarlo y embozarlo cuanto quiera, enaltecer o envilecer su figura, hacerla más brillante u opaca, según le pete; y siempre proyectando sobre él una sombra de velada amenaza. Por supuesto, a Felipe se lo obligará a llevar una vida irreprochable; y se lo someterá a una vigilancia puritana asfixiante, que servirá además para mantener la atención de las masas cretinizadas alejada de los desmanes que perpetre la casta política. Muestra evidente de la debilidad a la que está condenado Felipe es la táctica gubernativa empleada para enjuiciar la espantada de su padre: mientras Podemos desempeña resueltamente (y hasta con cierto aspaviento) el papel de ‘poli malo’, los socialistas le muestran el rostro amable del ‘poli bueno’. Y ya se sabe lo que la policía persigue cuando recurre durante los interrogatorios a este desdoblamiento: la conversión del interrogado en un pelele, dócil y genuflexo ante el ‘poli bueno’, que así se convierte en dueño de su voluntad.

    Una torpeza, en fin, de tamaño cósmico, que sin duda acelerará el deslizamiento político hacia la república y la posterior anarquía que Donoso Cortés explica maravillosamente en su célebre Discurso sobre la situación general de Europa.

    https://www.xlsemanal.com/firmas/202...uel-prada.html.

  5. #5
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    Re: Don Juan Carlos anuncia que abandona España.

    «El futuro de la monarquía» por Juan Manuel de Prada para la revista XLSEMANAL, artículo publicado el 12/10/2020.
    ______________________

    Diversos amigos me han preguntado durante las últimas semanas por el ‘futuro’ que le aguarda a la monarquía; y yo les he respondido invariablemente que su ‘futuro’ será el que sus detractores deseen. Y no se me ocurre futuro más triste que depender, para nuestra subsistencia, de quienes desean nuestro mal, o al menos no anhelan nuestro bien. Todos, en alguna circunstancia, hemos experimentado la desazonante sensación de abordar una empresa o negocio que depende, en último extremo, de la voluntad de otras personas de las que no nos podemos fiar (personas aviesas que anhelan nuestro fracaso, personas esquinadas que ponen trabas a nuestro esfuerzo, personas negligentes u holgazanas que matan nuestro ímpetu); pues esta misma es la posición en la que se halla la monarquía, que aceptando su desvirtuación tuvo que encomendarse a defensas endebles cada vez más insostenibles. Siempre en el pecado se lleva la penitencia.

    Nuestra monarquía ha padecido unos defensores inconsistentes, por no decir bellacos y calamitosos. Todavía recuerdo a los fantoches que la defendían porque había traído el «periodo más próspero de nuestra historia»; expresión que, aparte de hiperbólica, era perfectamente mentecata, pues sometía la institución a una contingencia que, una vez disipada, la arrastraría consigo. Pero no todos los defensores de la monarquía esgrimían argumentos tan penosos. Estaban también los que sostenían pomposamente que la monarquía había consolidado nuestra democracia, favoreciendo el «régimen de libertades» vigente. Pero a nadie se le escapa que, para favorecer tal cosa, no hace falta que en la cúspide de la organización política se halle un rey que recibe hereditariamente el poder. Por el contrario, si nuestro ‘régimen de libertades’ se fundamenta en el principio democrático, lo más lógico sería que el jefe del Estado fuese elegido mediante votación popular, como el resto de los representantes políticos. Por supuesto, podría oponerse aquí que la elección popular del jefe del Estado no garantiza (sino más bien lo contrario) que sea un hombre dotado de las prendas adecuadas, como prueban tantos representantes elegidos en las urnas corruptos y cantamañanas, malvados y fulleros, ignorantes y presuntuosos. Pero el principio hereditario tampoco asegura que el jefe del Estado sea un hombre de mérito, ni virtuoso, como se comprueba echando la vista atrás (y ni siquiera demasiado atrás).

    Y están, en fin, quienes defienden la monarquía porque la figura del rey simboliza o encarna la «permanencia de la nación española». Pero esta defensa de la institución tendría sentido allá donde verdaderamente existe una continuidad histórica que, con sus virtudes y defectos, se asume como propia, con una vocación de perfeccionamiento; es decir, allá donde impera la tradición. Pero en España ocurre exactamente lo contrario: predominan quienes abominan de esa continuidad histórica, por considerar que nos retrotrae al ‘oscurantismo’; y, en general, se considera que la ‘nación española’ es producto de una mera convención legal plasmada en un papel (que acaba siempre mojándose). Entretanto, además, las nuevas generaciones son educadas en el desprecio olímpico a nuestro pasado (que, por lo común, ignoran, cuando no lo reciben de forma muy taimadamente tergiversada) y en la adoración meningítica de una democracia en la que la institución monárquica funciona a modo de floripondio o engorrosa concesión a ese pasado aborrecible o ignoto en el que el poder se fundaba en conceptos que inevitablemente se juzgan contrarios a la democracia misma (el principio dinástico, y no digamos el origen divino del poder).

    Así, a la institución monárquica no le resta otra ‘defensa’ que la que puedan brindarle quienes no creen en ella, incluso quienes la detestan de modo más o menos discreto o insolente, que la convierten en rehén de sus conveniencias coyunturales. Podrán darle palmaditas condescendientes en la espalda o, por el contrario, asestarle una puñalada, según les ‘pete’ (incluso podrán hacer ambas cosas simultáneamente, según la táctica del poli bueno y el poli malo que ya hemos explicado en algún artículo anterior). Y podrán, incluso, utilizarla como coartada o escudo de sus desmanes, sabiendo que, pese al vaciamiento de la institución monárquica, todavía hay gentes que siguen contemplando con unción y venerable amor al rey; que, de este modo, será utilizado para mantenerlos engañados. Así, la subsistencia de la monarquía dependerá de la voluntad de sus enemigos, que la mantendrán mientras convenga a sus fines y le darán una patada cuando lo consideren pertinente. Delenda est monarchia.

    https://www.xlsemanal.com/firmas/202...uel-prada.html.

  6. #6
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    Re: Don Juan Carlos anuncia que abandona España.

    «La vía Azaña» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 26/12/2020.
    ______________________

    Renunciamos modestamente a participar en las olimpiadas del lugarcomunismo vacuo que cada año se desatan tras el mensaje navideño del Rey. Mucho más interesante se nos antoja, para entender la situación de extrema debilidad en que se halla la institución monárquica, reparar en la reciente asistencia de Felipe VI a una exposición de homenaje a Manuel Azaña.

    El mejor y más sintético diagnóstico sobre Azaña nos lo brindó Unamuno: «Temedle, es un escritor sin lectores». Y el más brillante retrato sobre Azaña lo escribió Foxá: «Era árido y de metáforas apagadas. Se veía la carga enorme de rencor y desilusión, que era su motor y su fuerza. Era un lírico del odio, un polemista de la venganza. Allí estaban de pie, detrás de él, sus largos años de humillación y de silencio. […] Era el símbolo de los mediocres en la hora gloriosa de la revancha». Y sigue todavía Foxá describiendo en un pasaje arrebatador a la caterva de mediocres y resentidos que babeaban de dicha escuchando a Azaña, entre los que debemos incluir a todos los pésimos escritores (que, contemplándose en las verrugas de Azaña, se consuelan pensando que su prosa pelma y birriosa acabará encumbrada), incluidos los de la derechuza, que en su día convencieron al iletrado Aznar para que limosnease ante la izquierda, farfullando patéticamente que Azaña era su escritor predilecto. A los buenos escritores, en cambio, les gustan Unamuno y Foxá.

    Azaña se dedicó, desde el primer día en que rascó poder, a vomitar su rencor, lo mismo desde la tribuna parlamentaria que desde el despacho gubernativo, donde se ponía palote viendo arder los conventos. Y, cuando las derechas obtuvieron el triunfo electoral, se dedicó sin recato al golpismo «desde dentro», participando sin miramientos en todas las conspiraciones e intentonas revolucionarias que se tramaron, para acaudillar finalmente la alianza del Frente Popular. Aquel gran saco de pus fue uno de los mayores cultivadores del cainismo (si no el mayor de todos) que gangrenó la vida española en los años treinta, hasta desembocar en el festín de la sangre; y acabó pidiendo árnica (paz, piedad y perdón) cuando ya lo vio todo perdido, a la vez que despotricaba contra sus propios colaboradores, tratando de justificarse ante la posteridad, con el típico miedo blandulón que asoma en el resentido, cuando pintan bastos.

    La vindicación de Azaña en la presente coyuntura (como la de la Constitución del 31, en cuya tramitación Azaña tuvo oportunidad de vomitar todo su odio frío y vengativo) tiene un significado muy específico contra la institución monárquica, que se exhibe con la misma falta de recato con la que Azaña ejercía el golpismo «desde dentro». Y aquel gran lírico del odio lo ejerció con irreprochable respeto a la Constitución del 31; como el golpismo «desde dentro» de hogaño se ejercitará con irreprochable respeto a la Constitución del 78. La vía Azaña se ha puesto en marcha; y ver al Rey homenajeando a aquel gran lírico del odio da mucha pena penita pena.

    https://www.abc.es/opinion/abci-juan...2_noticia.html.
    Última edición por Pious; 04/01/2021 a las 14:01

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