Por cierto, y abundando en lo que dice Donoso, mi padre q.e.p.d., como católico de amplia cultura y firme ortodoxia, tenía en su gran bibloteca con conocimiento y autorización del obispado, una gran cantidad de libros "prohibidos" por lo que doy fe de que la Iglesia no destruía libros sino que los ponía, aun los más peligrosos, en manos de personas de probada solvencia moral, acendrada religiosidad y elevada capacidad intelectual, a sabiendas de que harían un correcto uso de los mismos. No se pueden refutar los errores si no se conocen las doctrinas erróneas. Ni que decir tiene que aquellos libros estaban bajo llave y solo accedí a ellos cuando mi padre estimó que estaba preparado para ello ¡y ya tenía yo los 40 cumplidos!
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