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Tema: Sobre Lutero y sus mentiras

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    Sobre Lutero y sus mentiras

    Fuente: Juan Antonio Hevia Echevarría, Sobre Lutero y sus mentiras, El Catoblepas 52:15, 2006

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    Sobre Lutero y sus mentiras

    Juan Antonio Hevia Echevarría

    Crítica de la película Lutero, dirigida por Eric Till
    y estrenada en España en diciembre de 2005




    Lutero corre despavorido. En la soledad del campo, la tormenta y los rayos lo envuelven. Aterrorizado, se arroja al lodazal del suelo y se encomienda a Dios, rogándole por su salvación y prometiéndole a cambio de ella tomar los hábitos. Así comienza la película Lutero, dirigida por Eric Till, sobre un guión de Bart Gavigan y Camille Thomasson, protagonizada por Joseph Fiennes en el papel de Lutero y estrenada en España en diciembre de 2005.

    Dejando de lado los valores formales, estilísticos o interpretativos que pueda poseer esta película, vamos a basarnos ante todo en consideraciones de tipo histórico para ofrecer una crítica de la misma. Habrá quien piense, seguramente acogiéndose a la autoridad de Aristóteles{1}, que, puesto que en la poética la fidelidad a los hechos históricos sólo poseería una importancia secundaria y toda obra cinematográfica pertenecería a alguno de los géneros poéticos que el estagirita distingue, sólo a algún erudito en extremo picajoso y pedantón se le podría ocurrir criticar una película por su falta de rigor histórico. Si bien es cierto que, centrándonos en el objeto de nuestra crítica, desde un punto de vista que podríamos llamar «nomotético», la película Lutero resulta casi inatacable en virtud de la universalidad de su discurso (que podríamos presentar de la siguiente manera: Para todo individuo, si este individuo se erige como debelador de una situación palmariamente inicua con respecto a la cual nadie hasta su aparición ha tenido la lucidez necesaria para denunciarla, ni la valentía requerida para arrostrar las consecuencias que, en caso de no ser capaz de despertar conciencias, ni aunar voluntades, se seguirían bajo la forma muy probable de castigo ejemplarizante, entonces muy bien podremos referirnos a este individuo como «genio, rebelde y libertador», siendo así como la publicidad de Lutero presenta a su protagonista) y, por ello, la consecución de la universalidad de la que se dota a su protagonista en tanto que investido de los atributos esenciales de todo héroe victorioso y libertador (aunque, como ya veremos, esta «esencialidad» dice relación atributiva con dependencia del momento histórico de formulación del discurso y, por tanto, paradójicamente, debe relativizarse) nos haría restar importancia a la falta de rigor histórico de la película (de hecho, podría llegar a afirmarse que, aun siendo falso históricamente, cuanto más verosímil resulte el discurso de la película en función del entretejimiento que nos ofrece de los actos del héroe dentro del conjunto de las distintas circunstancias que lo envuelven, tanto mejor resultará que la narración de lo que realmente sucedió a pesar de su inverosimilitud), sin embargo, desde el punto de vista de la singularidad de cada uno de los hechos históricos narrados, sólo podemos decir que Lutero es una película especiosa, insidiosa y falaz, en la que, cuando no es manifiestamente falso, lo que se nos cuenta aparece tergiversado, manipulado y sesgado siempre en el mismo sentido; es más, no sólo lo decimos, sino que realmente es así, como demostraremos a continuación.

    Pero previamente formularemos los principios que hacen las veces de razón y medida a las que en todo momento se ajustan los guionistas de esta película, a saber: en primer lugar, cuando alguno de los hechos históricos en los que Lutero se vio envuelto, nos ofrezca una imagen de éste digna de elogio, este hecho siempre será realzado y puesto de relieve; en segundo lugar, cuando alguno de los hechos en los que Lutero se vio envuelto, sea susceptible de ser interpretado de manera favorable a éste y contraria a la Iglesia romana, siempre será interpretado en este sentido y jamás en el contrario, aunque de hecho esta interpretación también sea factible; y, finalmente, cuando alguno de los hechos en los que Lutero se vio envuelto, nos ofrezca una imagen pésima y detestable de éste, siempre se manipulará, tergiversará y sesgará a mayor gloria de Lutero, cuando no se falsee directamente. Por todo ello, aunque pueda ser cierto que nomotéticamente esta película resulta casi inatacable (es decir, suponiendo lo que se nos cuenta, tendremos que considerar a Lutero genio, rebelde y libertador), sin embargo, idiográficamente, es falaz y engañosa.

    La cuestión que se nos plantea es la siguiente: aun siendo correcta su formulación universal nomotética, ¿cómo podríamos soslayar precisamente aquello que contribuye de hecho a la efectividad de su verdad? Por otra parte, no deja de ser cierto que de la misma manera que en la alta edad media el pueblo analfabeto recibía su instrucción por medio de los relieves iconográficos incorporados a las iglesias románicas, así también, hoy en día una película o una novela resultan más efectivas para «impartir doctrina» y «convertir infieles» que sesudos tratados de teología. Por ello, aquí debemos señalar que Lutero ha sido producida por Thrivent Financial for Lutherans, grupo financiero surgido de la fusión de Lutheran Brotherhood y Aid Association for Lutherans, que, además de estas labores de mecenazgo, ofrece productos bancarios, seguros, inversiones en acciones, &c., para que sus más de tres millones de miembros disfruten de una mejor calidad de vida en unión gozosa de lazos de fe luterana. En efecto, es indudable el ánimo proselitista que informa a Lutero desde su propia concepción. Así pues, abandonando todo escrúpulo aristotélico, resulta tanto más necesario bajar a la singularidad idiográfica para desenmascarar todos los engaños y manipulaciones históricas que nos quieren colar de rondón, cuanto que discursos como este penetran de manera subrepticia en la conciencia del espectador incauto y desprevenido con la misma efectividad y facilidad con que se engaña a un niño. Por consiguiente, vamos a comenzar negando lo que afirma la publicidad de Lutero,porque Lutero no fue genio, ni rebelde, ni libertador, como demostraremos a continuación.

    La película comienza presentándonos el momento dramático en que Lutero, presa del pánico por los rayos que caen cerca de él, promete a Dios consagrarse a la vida religiosa a cambio de su salvación. Tras un salto de dos años, en 1507 asistimos a la primera misa que Lutero oficia en la iglesia del convento que los agustinos regentan en Erfurt. También se nos cuenta cómo Juan de Staupitz –vicario general alemán de los agustinos observantes, que en 1510 fue elegido provincial de la rama no reformada de la orden, es decir, los conventuales, para la provincia de Sajonia– encarga a Lutero que viaje a Roma con la misión de entregar unas cartas en la curia romana. Según se nos cuenta, Lutero sería el más indicado para esta misión por sus «títulos en leyes». En realidad, Lutero no tenía ningún «título en leyes», puesto que no llegó a completar ni siquiera un mes de sus estudios de Derecho en la universidad de Erfurt, porque, habiéndolos comenzado el 20 de mayo de 1505, el 20 de junio de este mismo año ya había vuelto a su casa de vacaciones y fue el 2 de julio cuando le sorprendió la famosa tormenta junto a Stotternheim. Además, en realidad, Staupitz sólo lo envió como asistente de su profesor Juan Nathin. Sin embargo, la película ya comienza presentándonos a Lutero como gran experto en leyes al que se encomiendan graves negociaciones en la curia de Roma en representación del provincial de su orden. Es cierto que en dos horas de película es imposible narrar toda la complejidad de los hechos que se nos cuentan, pero ya comenzamos a ver que todo se simplifica siempre a mayor gloria de Lutero.

    Ahora bien, todavía peor es el relato que se nos ofrece del viaje del agustino a Roma. Llega Lutero como peregrino y, ante la sola visión del arco de Constantino y los aromas de la vegetación del mediodía, se embriaga con el espíritu de santidad que emana de la ciudad eterna. Pero cuando entra en Roma, se encuentra con una realidad muy distinta. Si en Wittenberg todo era laboriosidad (hombres construyendo casas), limpieza (mujeres alegres lavando sus sábanas blancas a orillas del Elba) y tierna religiosidad (frailes compasivos comprando leña a mujeres pobres que se ganan la vida honradamente), en Roma dominan la picaresca, la prostitución y la política. En la nueva Babilonia, los ciegos que mendigan no son ciegos, los dominicos se dedican a prostituir mujeres y el Papa Julio II recorre Roma a caballo y vestido con armadura dorada. Pero repárese en la diferencia: mientras los dominicos tienen que corromper a mujeres remisas de entrar en comercio carnal, a Lutero las meretrices se le echan encima y casi no le dejan caminar. Desde luego, Lutero asiste escandalizado a este espectáculo de concupiscencia. Pero, en realidad, esta imagen de Lutero escandalizado por los desenfrenos a los que conduce la concupiscencia, no se compadece muy bien con lo que el propio Lutero nos dice en sus escritos. Según leemos en las Martin Luthers Werke. Kritische Gesamtausgabe, que se comenzaron a publicar en Weimar en 1883 (Weimarer Ausgabe, WA), el destino que le estaría reservado a la mujer («ese animal estúpido»{2}) sería el siguiente:

    «La obra y la palabra de Dios nos dicen claramente que las mujeres deben servir para el matrimonio o la prostitución»{3}.

    Sin duda, la doctrina luterana de la concupiscencia invencible no deja lugar para la castidad, como el propio Lutero sabía bien por propia experiencia; en efecto, en carta a Juan Lang afirma:

    «Tengo raramente el tiempo suficiente para recitar mis horas y celebrar misa. A esto se juntan mis tentaciones del lado de la carne»{4}.

    «La de la castidad es una lucha atroz. Yo la he conocido bien. Supongo que vosotros también debéis conocerla. Sí, yo la conozco, cuando el diablo llega y excita la carne y la inflama... Yo no tengo en mí lo que es necesario para vivir en continencia»{5}.

    Este conocimiento le hará acudir en ayuda de los religiosos sujetos a celibato:

    «Quisiera más que nada en el mundo llevar socorro a los monjes y a las religiosas. ¡Tanta piedad tengo de estos desdichados, de estos jóvenes, de estas muchachas atormentadas por las excitaciones sensuales!»{6}.

    «Quiero liberar a los jóvenes del infierno del celibato manchado con tantas inmundicias»{7}.

    En su reclusión en el castillo de Wartburg escribe:

    «Me veo aquí hundido en la ociosidad, inerte y endurecido, orando poco, no gimiendo nada por la Iglesia de Dios y devorado por las llamas ardientes de mi carne indómita. Resumiendo, yo que debía arder por el espíritu, ardo por la carne, la pasión, la pereza, la ociosidad, la somnolencia... Desde hace ya ocho días no escribo, ni oro, ni estudio, atormentado como estoy a la vez por tentaciones carnales y otros males»{8}.

    Y en carta a su antiguo confesor le dice:

    «Soy un hombre arrastrado y envuelto en la sociedad, la embriaguez, las tentaciones carnales, la negligencia y otras miserias, sin hablar de los deberes profesionales, que me aturden»{9}.

    Todo un ejemplo de santidad. Pero entonces, ¿por qué los guionistas presentan a Lutero escandalizado por el comportamiento de los dominicos? Escuchemos lo que Juan de Staupitz le dice en una carta:

    «Tu causa es sostenida por todos los que frecuentan los lupanares»{10}.


    Pero además, según se nos cuenta, en Roma Lutero asiste a algo todavía peor, a saber, la instrumentalización de la religión, convertida en un negocio que los dominicos administran con la altivez, el engreimiento y los malos modos de quienes se saben en posesión del monopolio de la fe. Se comercia con efigies de santos, se comercia con reliquias, se comercia con indulgencias... Como si en Roma nada hubiera cambiado desde los tiempos de Yugurta, Lutero bien podría exclamar de nuevo: Romae, quid non venale! El propio Lutero compra una indulgencia para liberar a su abuelo del purgatorio y es entonces cuando surge el genio. Por caminos misteriosos que la razón no alcanza, aquel que cuando no estaba asediado por el demonio, lo estaba por las tentaciones de la carne, tuvo un momento de lucidez. Nadie hasta su llegada a Roma lo había tenido. Los guionistas le hacen decir en sus clases en la universidad de Wittenberg:

    «Por un florín de plata liberé a mi abuelo del purgatorio. Por el doble habría liberado a mi abuela y al tío Markus, pero no tenía ese dinero. Así que tuvieron que quedarse allí. En cuanto a mí, los sacerdotes me aseguraron que sólo por contemplar las reliquias sagradas acortaría mi estancia en el purgatorio. Por suerte Roma tiene tantos clavos de la Santa Cruz como para herrar mil caballos. Pero tenemos reliquias por toda la cristiandad. En España hay enterrados dieciocho de los doce apóstoles. Sin embargo, aquí en Wittenberg tenemos lo mejor de todo: pan de la última cena, leche del pecho de la Virgen, una espina que horadó la frente de Cristo en el calvario y otros diecinuevemil pedacitos de huesos sagrados. Todas son reliquias sagradas autentificadas».

    ¿Para qué queremos a Voltaire teniendo a Lutero? Pero ¿cuál fue la realidad del viaje de Lutero a Roma? Oigamos lo que él mismo nos cuenta:

    «Yo fui en Roma un santo loco, corrí por todas las iglesias y rincones y me creí todo lo que allí se ha mentido. También celebré en Roma una misa o diez y casi me daba pena que aún vivieran mi padre y mi madre, pues con mucho gusto los hubiera sacado del purgatorio con mis misas y con otras obras y oraciones aún más excelentes, pero el fin principal de mi viaje a Roma fue mi deseo de hacer una confesión general y ser piadoso»{11}.

    La única queja de Lutero en relación a su viaje a Roma fue que ningún confesor logró sondear las profundidades de su conciencia para librarle de sus «angustias interiores» y del «asedio del demonio». Pero no dice ni una sola palabra relativa a su «descubrimiento» del engaño de las indulgencias. Además, hay algo más importante. En la película siempre se informa al espectador del lugar y del año en que acontece la acción. Pero esto no sucede en el caso del viaje a Roma. ¿Por qué se nos oculta? Este viaje tuvo lugar en 1510 y los primeros escritos de Lutero denunciando el engaño de las indulgencias no aparecen hasta 1517. ¿Cómo explicar que un «genio» como Lutero, que ya en 1510 ha «descubierto» el engaño de las indulgencias y que además (como nos informa la publicidad de la película) es un «rebelde», pueda tardar siete años en dar a conocer su «descubrimiento»? ¿Tardó acaso este genio siete años en redactar sus 95 tesis sobre las indulgencias?

    Hurtándonos esta información, los guionistas aprovechan el viaje a Roma para presentárnoslo como la causa del desencanto del agustino con lo que allí sucedía, a pesar de que la realidad fuese muy distinta, como evidencian las palabras de Lutero que acabamos de citar. Pero como el fin que en todo momento se persigue en la película es presentarnos a Lutero como héroe debelador de injusticias, su viaje a Roma sirve a los guionistas de excusa perfecta para ofrecer al espectador el contraste entre la madre de todas las iniquidades y el héroe justiciero.

    De este modo, se nos hurta la exposición de lo que en realidad sucedió. Lo cierto es que, como el propio Lutero nos cuenta, hasta el año 1517 el comercio de las indulgencias no le había inquietado lo más mínimo. ¿Qué sucedió en 1517 para que Lutero lo denunciase? Lo que sucedió es que un gran número de fieles wittembergenses, ansiosos de ganar una indulgencia plenaria, corrieron «como maníacos» hacia los lugares en los que predicaba el dominico Juan Tetzel.

    La predicación de esta indulgencia había sido prohibida en todo el territorio sajón, porque tanto el duque Jorge, príncipe de la Sajonia albertina, como Federico el sabio, príncipe de la Sajonia ernestina, no estaban dispuestos a que el dinero de sus súbditos sirviese para pagar las prebendas que Alberto de Brandenburgo acumulaba. Entre ellas, además del arzobispado de Magdeburgo y el obispado de Halberstadt, anteriormente administrados por prelados sajones, se encontraba el arzobispado de Maguncia, Sede Primada de Alemania, que Alberto de Brandenburgo había obtenido en competencia con el linaje sajón de los Wettin. De este modo, los Hohenzollern, que además de las sedes de Alberto, también gobernaban Brandenburgo y poseían el gran maestrazgo de la orden teutónica, ejercían su jurisdicción sobre buena parte de los territorios alemanes en detrimento de la casa de los Wettin.

    Pero por la elección para el arzobispado de Maguncia, Alberto de Brandenburgo hubo de desembolsar la cantidad de 21.000 ducados y 500 florines; para hacer frente a este pago, tuvo que pedir un préstamo al banquero augsburgense Jacobo Fugger y, una vez ganada la sede primada, se vio en la necesidad de devolver el préstamo. Por ello, solicitó del Papa León X la concesión de la predicación de la indulgencia plenaria en forma de jubileo que Julio II había promulgado para hacer frente a los gastos por la construcción de la nueva basílica de San Pedro –cuya construcción había comenzado en 1506– y que León X había renovado, incluyendo para su predicación el territorio alemán, que había sido excluido por Julio II, a fin de no perjudicar la indulgencia concedida a la orden teutónica para que ésta pudiese afrontar los gastos generados por la cruzada contra los rusos de Livonia.

    Sin embargo, en la película casi no se menciona a Alberto de Brandenburgo y mucho menos la rivalidad entre los Hohenzollern y los Witten. Tampoco se dice que los fieles devotos que salían de Wittenberg para comprar indulgencias a Tetzel, dejaban de comprar a Federico de Sajonia las que éste tenía concedidas para el cuidado de la iglesia de su palacio y el mantenimiento de su universidad, de la que, recordemos, Lutero era profesor. Pero nada de esto se cuenta en la película; quizás los guionistas pensasen que todo esto es demasiado prosaico y difícilmente conciliable con la imagen de Lutero como héroe genuinamente racionalista al que, como le hacen decir los guionistas en su conferencia con el cardenal Cayetano, «sólo le interesa la verdad».

    Tampoco se dice nada del fundamento teológico que Lutero aduce en sus escritos para oponerse al comercio de las indulgencias, a saber, la doctrina del arbitrio siervo y la voluntad esclava. Según Lutero, el hombre es esencialmente corrupto y sus obras están totalmente desprovistas de valor moral, porque proceden de una voluntad corrompida y determinada siempre hacia el mal. Las obras humanas, por tanto, no pueden contribuir a nuestra salvación (sólo la fe justifica), porque el hombre es un autómata corrupto que carece de libre de arbitrio.

    Ahora bien, ¿cómo puede conciliarse esta tesis con la imagen del héroe debelador de iniquidades? ¿No están los guionistas pidiendo un principio que todo luterano fiel a la doctrina de Lutero debería negar? La presentación de un héroe debelador de iniquidades debe presuponer al menos la existencia de alguna iniquidad. Pero ¿cómo podríamos considerar inicuo a quien no puede actuar de otra manera? ¿Por qué los guionistas hacen que Lutero critique al Papa, si, según la doctrina del agustino, no podría actuar de manera distinta de como lo hace? Sin embargo, reconocemos que esta crítica debería dirigirse más bien a la doctrina del propio Lutero. Pero no vamos a seguir este camino.

    Lo único que pretendemos aquí es mostrar de nuevo que esta película proyecta una imagen ficticia del agustino, porque le oculta al espectador aspectos claves que movieron su actuación y se inventa o tergiversa otros. No se hace ninguna mención de la doctrina que fundamenta su rechazo del comercio de las indulgencias, siendo la consecuencia natural que se sigue de ella la amoralidad e irresponsabilidad absolutas de todo acto humano.

    Pero esta tesis es demasiado escandalosa y recordemos que nos encontramos ante una película proselitista que debe proyectar la imagen de Lutero que más seductora y amable pueda resultar para el espectador actual, aunque sea totalmente espuria. Que nadie espere que en esta película se va a encontrar con el jabalí feroz que embestía a todo aquel que se le pusiese por delante (siempre que no se tratase de su protector Federico de Sajonia, por supuesto; por ello, creemos que el «rebelde» Lutero no lo habría sido tanto, porque esta rebeldía nunca se habría ejercido contra aquel de quien el fraile agustino verdaderamente dependía). Todo lo contrario. El Lutero de esta película es un héroe melifluo y edulcorado, que, como unpuer delicatus, huye de la monja exclaustrada Catalina de Bora, cuando ésta lo persigue sicalíptica.

    Se trata de un héroe muy de nuestro tiempo, tierno, suave y algodonoso, adornado de sentimientos pacifistas, que le hacen estremecerse cuando contempla el resultado de la violencia desatada por la predicación de los profetas de Zwickau. Pero, volviendo a la cuestión del comercio de las indulgencias, debemos decir que, desde la primera mitad del siglo XI, la Iglesia impulsó este modo de remisión de penas en atención a la debilidad humana y para promover obras de piedad y caridad. Y si bien es cierto que lo recaudado a menudo servía para financiar guerras, cruzadas y construcciones de iglesias y catedrales, también es cierto que con frecuencia revertía al propio pueblo bajo la forma de construcciones de puentes, mantenimiento de universidades, hospicios u otras formas de ayuda a menesterosos.

    Pero ¿fue Lutero un «genio» por denunciar el comercio de las indulgencias? ¿Nadie lo había denunciado antes que él? Dando por supuestos los intereses más prosaicos que movieron a Lutero a denunciarlo y de los que ya hemos hablado, debemos señalar que, en la predicación de las indulgencias, los predicadores insistían más en la necesidad de los actos externos del arrepentimiento –como limosnas, obras de caridad y actos piadosos– que en la contrición interior. Lutero, sin embargo, como ya hemos señalado, despreciaba el valor de las obras, porque sólo engendran soberbia. Es por ello natural que su denuncia del engaño de las indulgencias se dirigiese ante todo hacia los actos externos a cuya realización animaban sus predicadores. Según Lutero, sólo se puede alcanzar la remisión del castigo y de la pena por medio del reconocimiento de los pecados cometidos y del odio de sí mismo. El hombre sólo puede desconfiar de sus propias fuerzas y acogerse a los méritos de Jesucristo. Pero ¿fue Lutero un «genio» por realizar esta denuncia? No.

    En primer lugar, porque habría heredado su doctrina del desprecio de las obras de piedad, en la que fundamenta su denuncia del comercio de las indulgencias, de la rama de los agustinos conventuales, a la que pertenecía. Frente a los agustinos observantes, que representaban una reacción contra el estado de relajación de los conventuales, éstos menospreciaban las múltiples obras de piedad preceptuadas por la regla agustina, que eludían con dispensas frecuentes. Y Lutero, pese a que en un principio militó al lado de los observantes, posteriormente se pasó del lado de los conventuales.

    En segundo lugar, la propia denuncia del comercio de las indulgencias no era inaudita dentro de la Iglesia católica: el cardenal Cisneros ya había elevado una queja a la Santa Sede por la indulgencia concedida por León X para la construcción de la nueva basílica de San Pedro; también en el V concilio lateranense (1512-1517) los obispos, en especial el obispo Campegio, se quejaron de abusos por parte de los franciscanos encargados de la predicación de esta indulgencia; también se quejó el virtuoso Sadoleto; el propio cardenal Cayetano señalaba que legistas y canonistas no se acababan de poner de acuerdo en materia de indulgencias. Así pues, Lutero no fue ningún genio por denunciar algo que ya otros habían denunciado antes.

    La película también nos cuenta cómo el 31 de octubre de 1517, tras enterarse de que el dominico Juan Tetzel ha vendido una indulgencia a una mujer pobre y madre de una niña tullida («Dulce madre, haz que llegado el momento tu hija lisiada pueda correr hacia Jesús») en la cercana ciudad de Jüterbog, Lutero clava sus 95 tesis a las puertas de la Schlosskirche de Wittenberg. Lo cierto es que este famoso suceso nunca debió haberlo sido, porque nunca tuvo lugar. Teniendo en cuenta que al día siguiente se celebraba la festividad de todos los santos y que ese día la iglesia de palacio esperaba la afluencia de una gran multitud de fieles piadosos que acudirían para adorar las reliquias allí guardadas y comprar alguna de las indulgencias concedidas a Federico de Sajonia para su venta, habría sido una temeridad por parte de Lutero clavar a sus puertas unas tesis contrarias al comercio de las indulgencias, aunque no lo hubiese hecho para denunciarlo, sino tan sólo para anunciar una serie de tesis a defender en la universidad en disputa pública.

    En realidad, el acto de la afixión fue una invención excogitada y narrada por Felipe Melanchton en su prefacio a la segunda edición de las obras de Lutero publicadas en 1546. Ningún historiador del luteranismo había hablado de ello con anterioridad a esta fecha. El propio Lutero jamás contó tal cosa. Lo único que sucedió el 31 de octubre fue que Lutero envió una carta al arzobispo de Maguncia denunciando los abusos cometidos en la venta de indulgencias. Ahora bien, no vamos a pedir a unos guionistas que no dudan en tergiversar y falsear hechos históricos perfectamente documentados que se abstengan de retratar algo que ni siquiera sucedió, pero que se ha repetido hasta la saciedad, porque simbolizaría a la perfección la protesta de Lutero contra los supuestos abusos de la Iglesia católica.

    Además, los guionistas le hacen decir a Lutero, a requerimiento de Spalatin, consejero de Federico el sabio, que ha escrito la carta al arzobispo sin informar previamente al príncipe para no comprometerlo; ahora bien, lo cierto es que el propio Lutero afirma en sus escritos que no le dijo nada porque tenía la total seguridad de que el príncipe estaría de acuerdo con el contenido de su carta y esto es algo de lo que no dudamos lo más mínimo. En la película los guionistas ponen en boca del príncipe Federico que, durante años, éste no ha cruzado con Lutero más de veinte palabras. Es muy probable que así sucediese. No obstante, habría que decir que ni esas veinte palabras eran necesarias para que Lutero supiese en todo momento de qué manera agradarle y obrar de manera conforme a sus deseos y expectativas. ¿O acaso habría denunciado Lutero el comercio de las indulgencias de habérsele concedido a su protector el comisariado pontificio para su predicación y comercio?

    Pero en la película nada se nos dice sobre esta «complicidad» tácita entre protegido y protector. Aquí tan sólo se nos presenta como detonante de la denuncia del comercio de las indulgencias por parte de Lutero el engaño de que es objeto la madre de la niña tullida. Nada se nos dice de los intereses de su protector, ni de su rivalidad con los Hohenzollern. En la película todo es ternura y sentimentalismo: Lutero es un héroe compasivo que debe defender a las madres de hijas tullidas. Pero escuchemos lo que dice el propio Lutero sobre las razones que le llevaron a denunciar la predicación de Juan Tetzel:

    «A mis oídos llegaron los abominables y espantosos artículos que Tetzel predicaba, algunos de los cuales quiero poner aquí, a saber:
    Que él tenía del papa esta gracia y potestad: que si alguien hubiese llegado a violar a la santa virgen María, Madre de Dios, podía él perdonarle con tal que depositase en el arca los derechos correspondientes.
    Asimismo, que la cruz bermeja del penitenciero con el escudo pontificio alzada en las iglesias era tan poderosa como la cruz de Cristo.
    Asimismo, que si San Pedro estuviese ahora aquí, no tendría mayor potestad y gracia que él.
    Asimismo, que no quería cambiarse con San Pedro en el cielo, pues él con las indulgencias había salvado más almas que Pedro con la predicación.
    Asimismo, que si uno echa en el arca un dinero por un alma del purgatorio, apenas la moneda cae y suena en el fondo, sale el alma hacia el paraíso...
    Todo esto lo promovía él de un modo abominable y todo lo hacía por dinero. No sabía yo en aquel tiempo a qué bolsillos iba a parar aquel dinero»{12}.

    Desde luego, es tal la caricatura que Lutero hace aquí de la predicación de Tetzel como vulgar vocinglero que los guionistas tan sólo se atreven a poner estas palabras en su boca una vez que las ideas del agustino ya se han difundido entre el pueblo y el dominico está desesperado, porque sus persuasivas hipotiposis del cielo y del infierno ya no le sirven de nada y ha pasado a recaudar una quinta parte de lo habitual. De este modo, los guionistas suavizan el modo burdo, tosco y grosero en que Lutero hace expresarse al dominico, porque resulta totalmente inverosímil, por no decir que es falso sin más, como certificaron testigos de la predicación de Tetzel, algo que Lutero nunca fue. Además, en su escrito Lutero dice: «...y todo lo hacía por dinero».

    Pero ¿por qué se había preocupado el príncipe Federico de enriquecer su iglesia palatina con toda suerte de reliquias e indulgencias? ¿No vivía el propio Lutero de las donaciones y limosnas que en ella se hacían? Y añade: «No sabía yo en aquel tiempo a qué bolsillos iba a parar aquel dinero». Desde luego, bien sabía que no iba a parar a los bolsillos de su príncipe protector. Pero en la película Lutero es todo ternura y compasión. Es un héroe racionalista que no puede sufrir que un dominico se aproveche de una madre pobre que carga con su hija tullida y le saque el poco dinero que tiene con el engaño de las indulgencias. Pero ¿cómo eran los devotos que daban limosna en la iglesia palatina de Federico el sabio? ¿Eran acaso más ricos? ¿Y no vivía Lutero de ellos?



    Pero continuemos con la película. Tras la escena de la afixión de las 95 tesis, Lutero es llamado a comparecer en Augsburgo los días 12, 13 y 14 de octubre de 1518 ante el cardenal Cayetano, que, como legado papal, se encontraba asistiendo a la dieta imperial en la que se trataba la cuestión turca. Vamos a ofrecer el diálogo entre ambos.



    (Se abre la escena con el cardenal Cayetano dominando la estancia sentado en solio sobre gradas y bajo dosel purpurino. Ante él, Lutero yace decúbito prono y con los brazos extendidos en cruz)
    Cayetano. —Hijo mío, conozco tu deseo de ser un fiel servidor de Dios y de su Iglesia. Estoy aquí para ayudarte. Levántate, hijo mío. (Lutero se arrodilla) ¿Qué tienes que decir?
    Lutero. —¿Me equivoqué?
    Cayetano. —Sí, te equivocaste.
    Lutero. —¿Cómo?... Para evitar cometer ese error otra vez.
    Cayetano. —Te equivocaste al enseñar nuevas doctrinas.
    Lutero. —¿Cuál de mis enseñanzas es ofensiva para Roma?
    Cayetano. —Para empezar, las indulgencias. La bula Unigenitus del Papa Clemente expresa claramente que «los méritos de Cristo son un tesoro de indulgencias».
    Lutero. —(interrumpiéndolo) «Adquirieron»... Perdón, su Excelencia, creo que verá que dice: «los méritos de Cristo adquirieron un tesoro de indulgencias».
    Cayetano. —No he venido a debatir contigo.
    Lutero. —No, su Excelencia, pero la Unigenitus se publicó hace ciento setenta y cinco años y si esa bula no fue tan embarazosa para nuestra Iglesia, tal vez no se la habría llamado «Extravagante». Ya no consta en las recopilaciones de Derecho canónico. Contradice a la panormitanus [sic].
    Cayetano. —Nuestro Papa actual León está de acuerdo con la bula de Clemente y eso concluye el asunto.
    Lutero. —El honor del papado no se preserva con la afirmación sin más de la autoridad papal, sino con la protección de la credibilidad del Papa y el testimonio claro de las Sagradas Escrituras.
    Cayetano. —El Papa interpreta las Escrituras.
    Lutero. —Puede interpretarlas, pero no está por encima de ellas. Ambos sabemos que la venta de indulgencias no tiene apoyo en las Escrituras. ¡Si la gente corriente pudiese leer la Biblia por sí misma, entendería lo amplias que son las interpretaciones de la Iglesia!
    Cayetano. —¡Eso es un disparate! Las Escrituras son demasiado complejas incluso para el sacerdote medio y mucho más para el hombre común. Las indulgencias son una tradición establecida que da consuelo a millones de cristianos sencillos.
    Lutero. —¿Consuelo? Su Excelencia, no me interesa el consuelo. ¡El consuelo no es el problema!
    Cayetano. —Entonces, ¿consideras tu malestar más importante que la supervivencia de la cristiandad?
    Lutero. —¡A mí sólo me interesa la verdad!
    Cayetano. —¡¿La verdad?! Los turcos reúnen ejércitos en nuestras fronteras del este. Estamos al borde de la guerra. Al oeste hay un mundo de almas que nunca ha oído el nombre de Cristo. ¡Esa es la única verdad! La cristiandad se desmorona y cuanto más necesitamos la unidad, ¡tú creas confusión!
    Lutero. —¡Mi meta no es discutir con el Papa o con la Iglesia, sino defenderlos con algo más que la mera opinión! ¡El Evangelio no puede ser desmentido por la palabra de un hombre!

    La situación espacial de los personajes al comienzo de esta escena ilustra muy bien la intención detractora que en todo momento mueve a los guionistas y, aunque la sutilidad maniobrera que envuelve todos sus engaños pueda pasar desapercibida para alguien que no conozca la historia de Lutero y del luteranismo, cualquiera que la conozca advertirá que en esta película se intenta hacer pasar por natural y evidente lo que es puro engaño y artificio, porque (según se nos quiere hacer ver) cualquiera debería considerar natural que un prelado de una institución tan represiva como la Iglesia católica ordene yacer decúbito prono a un fraile rebelde (tal como le ordena Girolamo Aleander en la escena anterior) ante el cardenal que sobre solio dominará el espacio en que se desarrollará la conferencia. Estos artificios e ingeniosidades escenográficas sirven muy bien para proyectar una imagen autoritaria de una Iglesia católica que habría procedido con gran dureza contra Lutero. Pero oigamos lo que dice Lutero sobre su encuentro con Cayetano:

    «Fui recibido por el señor cardenal legado con mucha benevolencia, incluso con algún exceso de honor»{13}.

    Desde luego, sus palabras no se compadecen muy bien con el hecho de que se le ordenase yacer decúbito prono ante la figura egregia del cardenal, como nos cuentan los guionistas. Luego comienza el diálogo entre ambos y a lo que asistimos es a una disputa dialéctica –sobre el tesoro de la Iglesia y la bula Unigenitus{14}– en la que Lutero corrige e imparte doctrina a un Cayetano dubitativo y a todos los espectadores, como si se nos estuviese diciendo: ¡Oíd a vuestro maestro!

    Pero es imposible que Lutero, cuya obra escrita se reducía en ese momento a sus 95 tesis y algunos sermones y comentarios a San Pablo, le diese lecciones a Cayetano, que en 1518 ya había escrito la mayor parte de sus obras teológicas y filosóficas, de cuya sola enumeración desistimos para no fatigar al amable lector. Pero alguien podrá decir que, a pesar de que el catálogo de las obras de Lutero fuese tan exiguo en el momento de su conferencia con Cayetano, pudo haber reflexionado ya con profundidad invencible en materia de indulgencias. Si esto es cierto, el único resultado de sus profundas reflexiones habrían sido sus 95 tesis, que bien caben en un folio y que, en realidad, ni son 95, ni son tesis, porque muchas de las llamadas «tesis» son puras afirmaciones e interrogaciones retóricas, por no hablar de las constantes repeticiones y variaciones sobre el mismo tema.

    Sin embargo, antes de su encuentro con Lutero en Augsburgo, el cardenal Cayetano ya había escrito varios tratados sobre las indulgencias, a saber: Tractatus de indulgentiarum thesauro in quatuor quaestiones divisus, Tractatus de causa indulgentiarum, Tractatus de suscipientibus indulgentias, Tractatus de indulgentiis in decem capita divisus y Tractatus de indulgentiis in sex quaestiones divisus; por no hablar de otros tratados compuestos (también antes de octubre de 1518) en respuesta a las tesis de Lutero en materia de penitencia, excomunión y purgatorio. ¿Alguien puede creer que 95 repetitivas tesis acumulasen un caudal inexhaurible de sabiduría del que Lutero bebiese para hacerse invencible en la disputa dialéctica y que todos los tratados de Cayetano sólo le sirviesen a éste para mostrarse dubitativo y errático en la disputa?

    Además, Lutero también da lecciones de Derecho canónico (recordemos que, con toda falsedad, los guionistas ya nos lo han presentado como poseedor de «títulos en leyes») y le enseña al cardenal que la bula Unigenitus de Clemente VI recibe el nombre de «Extravagante» por ser una bula «embarazosa para nuestra Iglesia».

    De nuevo, aun estando los guionistas en este punto en posesión de una ignorancia vencible, prefieren soslayar cualquier intento de exposición erudita de la disputa mantenida por Lutero y Cayetano, vulgarizando los términos de la discusión y, lo que es peor, falseándolos completamente, a fin de que Lutero aparezca triunfante ante un Cayetano desconcertado y vencido, al que los guionistas incluso hacen salir de la estancia en busca de la ayuda de un libro de Derecho canónico y de los comentarios de Nicolás de Tudeschis a la bula Unigenitus.

    De este modo, los guionistas prefieren no saber nada de Derecho canónico y, por ello, le hacen decir a su protagonista una estupidez indigna incluso de Lutero, porque las «Extravagantes» pueden recibir este nombre de manera genérica o específica: de manera genérica, se denominan así todas las decretales pontificias promulgadas con posterioridad al Decreto de Graciano, porque serían decretales vagantes extra Decretum Gratiani; de manera específica, reciben este nombre las decretales y constituciones pontificias promulgadas por Juan XXII (Extravagantes Ioannis XXII) y por los pontífices posteriores a éste hasta 1484 (Extravagantes communes). En concreto, la bula Unigenitus de Clemente VI (promulgada el 27 de enero de 1343) sería una decretal vagans extra decretum Gratiani que, dentro delCorpus iuris canonici, estaría incluida dentro del grupo de las Extravagantes communes. Es totalmente falso lo que los guionistas le hacen decir a Lutero a propósito de la exclusión de esta bula de las recopilaciones de Derecho canónico. Concretamente, dentro del Corpus iuris canonici, la bula Unigenitus está incluida dentro de las Extravagantes communes, lib. V, tit. IX, c. II, tal como las clasificó Juan Chappuis en su edición del Corpus iuris canonici publicada entre 1499 y 1505. Pero, por supuesto, los guionistas no se dirigen en su proselitismo al experto en Derecho canónico, sino al pueblo indocto generatim, que en su ingenuidad seguramente contemplará indignado el impudor que exhibe Cayetano, cuando, exasperado por la tozudez, el subjetivismo y la cortedad de miras de Lutero, se desenmascara y le revela toda la verdad:

    «Los turcos reúnen ejércitos en nuestras fronteras del este. Estamos al borde de la guerra. Al oeste hay un mundo de almas que nunca ha oído el nombre de Cristo. ¡Esa es la única verdad! La cristiandad se desmorona y cuanto más necesitamos la unidad, ¡tú creas confusión!».

    Este discurso en boca de un cardenal debería escandalizar a cualquier creyente. ¿Es esa toda la verdad? ¿Al final todo se reduce a política? ¿Dónde quedan los méritos de Cristo? ¿De dónde procede el tesoro de la Iglesia? ¿Tiene un origen divino o sus riquezas tan sólo proceden de la administración del monopolio de la fe? ¿A quién abrirá las puertas de los cielos San Pedro el llavero: a los que compren indulgencias para combatir a los turcos o a los que crean con fe firme en Dios creador y en su Hijo resucitado?

    Si para cualquier materialista las últimas palabras de Cayetano son una verdadera enseñanza de política real, al creyente le resultarán escandalosas y altamente turbadoras, por no decir impúdicas, aunque esto sólo sería posible en el caso de que el creyente estuviese en el secreto y, por tanto, dejase de serlo. Así pues, la buena imagen que el espectador materialista se forma de Cayetano al escuchar las palabras que los guionistas ponen en su boca, se torna inquietante y totalmente detestable para el creyente, siendo esta reacción la que buscan los guionistas. Pero frente al cardenal se encuentra Lutero, representando la gran esperanza de salvación y de una creencia renovada y fiel tan sólo al Evangelio, en ausencia de cualquier interés de carácter temporal. Resultará redundante repetir de nuevo el diagnóstico de proselitismo que atribuimos a esta película.

    Finalmente, sobre la imagen que los guionistas trasladan del cardenal Cayetano debemos decir que, de entre todos los prelados de la curia romana que aparecen en la película, es a Cayetano a quien se trata con mayor benevolencia e incluso respeto; seguramente se deba a que los guionistas han querido ser fieles, aunque no sea más que por una vez, a las palabras del propio Lutero, que siempre reconoció que el cardenal lo había tratado con gran benignidad y paternalismo, aunque no por ello dejó de apostrofarlo en sus escritos; por ejemplo, desde Augsburgo le escribe a Karlstadt:

    «Cayetano es tal vez un tomista renombrado, pero un teólogo o cristiano oscuro, recóndito e ininteligible y, por tanto, tan idóneo para juzgar, entender y sentenciar esta causa, como un asno para tocar el arpa. De ahí que mi causa esté tanto más en peligro, cuanto que está en manos de jueces que no sólo son enemigos e iracundos, sino también incapaces de reconocerla, ni de entenderla»{15}.

    Algunas de las palabras o acciones por medio de las cuales los guionistas ofrecen de Cayetano una buena imagen, a pesar de su condición de alto prelado de la curia romana, serían las siguientes: ciertas palabras que, sin perjuicio de su carácter críptico, dejan entrever una crítica del cardenal a la actuación general de León X y particular en el caso de Lutero; el interés que el cardenal demuestra por informarse de la verdad de las aseveraciones de Lutero con respecto a la bulaUnigenitus y a su exclusión del Corpus iuris canonici por parte del panormitano, lo que daría a entender que al cardenal le movería más la búsqueda de la verdad que el puro deseo de vencer en la disputa dialéctica (aunque haciendo a Cayetano obrar de esta manera, los guionistas le hacen entrar en contradicción con las últimas palabras que dirige a Lutero; esta contradicción sólo podría resolverse distinguiendo en Cayetano, por una parte, al filósofo exclusivamente interesado por la verdad y, por otra parte, al cardenal de la Iglesia romana; al primero los guionistas lo hacen susceptible de respeto, pero el segundo es detestable); y, finalmente, las propias palabras del cardenal cuando contrapone la figura del difunto León X con la del «gigante» Lutero (esta maniobra por parte de los guionistas es muy efectiva: si hasta tus enemigos reconocen tus méritos, nadie podrá negarlos). Seguramente, para maquillar ese maniqueísmo tan inverosímil del que los guionistas hacen gala en todo momento –y que les hace tan poco aristotélicos– y para que nadie pueda objetarles que, presentando a la Iglesia católica como una institución esencialmente corrupta, no se entiende de qué modo pueda haber perdurado durante 2.000 años, se ven en la necesidad de intentar balancear de algún modo todo el envilecimiento que atribuyen a la Iglesia católica y para ello se sirven de la figura del cardenal Cayetano.

    Por otra parte, según lo que se nos cuenta en la película, Lutero debía de ser muy consciente de lo que le sucedería, si un tribunal romano juzgase su causa, porque se lo están recordando constantemente: tanto Spalatin, como Juan de Staupitz le avisan de que, si no se retracta, será entregado al Santo Oficio y, tal como le dice Federico de Sajonia a Carlos V:

    «La Inquisición no juzga, dicta sentencias de muerte».

    No vamos a negar el fin muy probable (con olor a chamusquina) que le habría aguardado a Lutero, en el caso de que su causa hubiese sido vista en Roma. Ahora bien, la afirmación de Federico de Sajonia no se compadece muy bien con la realidad, sobre todo a partir de los últimos estudios históricos (porque muchos de los anteriores son basura historiográfica destinada a seguir propalando la leyenda negra{16}) sobre la actuación del Santo Oficio en los países católicos. Por ejemplo, según Gustav Henningsen y Jaime Contreras{17}, en todo el territorio del Imperio español, entre 1540 y 1700, sobre 44.674 causas incoadas por presunta herejía, sólo el 1,8% de los encausados habrían sido condenados a la pena capital. Respecto a los procesos por brujería, durante los siglos XVI, XVII y XVIII, la Inquisición española condenó a la hoguera a 59 brujas, la portuguesa a 4 y la italiana a 36. Pero veamos lo que sucedió en los países protestantes: en Suiza, con una población de un millón de habitantes, fueron quemadas 4.000 brujas; en Dinamarca y Noruega, con una población de 970.000 personas, lo fueron 1.350; y en Alemania, con una población de dieciséis millones, fueron quemadas 25.000. Estas cifras hablan por sí solas y únicamente se pueden explicar por el racionalismo que informaba a la Iglesia católica en su proceder respecto a los casos de «brujería» (que para los teólogos no eran otra cosa que casos de celestinismo, curanderismo y superchería) frente a la credulidad ciega que los protestantes demostraron en relación a las noches de Walpurgis y que condujo a la hoguera a muchas mujeres de las que realmente se pensaba que sus pactos con el demonio les habían conferido poderes sobrenaturales.

    Pero a pesar de la verdad histórica, hay quienes todavía siguen considerando a Lutero un libertador. Oigamos lo que dice Luis Hernández Arroyo en su artículo «Nosotros, los hijos de Lutero», aparecido en Libertad digital el 10 de febrero de 2006 y escrito seguramente bajo la influencia de la imagen ficticia de Lutero que proyectan películas como la que estamos criticando o muchos de quienes hoy en día se hacen llamar «teólogos» y ni siquiera saben latín:

    «El libertador de verdad, el forjador de occidente, de los derechos humanos, de la democracia, de la libertad personal protegida por la ley, fue Lutero. Él fue quien liberó nuestra conciencia. Todo empezó cuando declaró que 'la fe de cada uno es cosa absolutamente libre. No se puede forzar a los corazones. Se logrará, como mucho, constreñir a los débiles a mentir, a decir lo contrario de lo que piensan en el fondo de sí mismos'. Y, más adelante, estas hermosas palabras: 'la herejía es una fuerza espiritual: no se la puede herir con el hierro ni quemar con el fuego'.
    ¡La herejía, fuerza espiritual! Cada vez que leo estas palabras, me conmuevo, no por motivos religiosos, sino porque, desde entonces, la historia tomó otro camino, el que condujo a la libertad. La libertad, arduamente conquistada, de ser herejes. Ahí esta la clave. ¿No es la base de los Derechos Humanos? Seamos herejes, y con orgullo».

    Este texto es auténticamente delirante y está escrito con la osadía frívola del ignorante: en primer lugar, porque los derechos humanos no son producto, ni invención de ningún hombre, sino derechos derivados de los conflictos que han enfrentado a las culturas de pueblos diferentes que han alcanzado un desarrollo en el que, como sostiene Gustavo Bueno, «ya podemos hablar de normas cristalizadas en instituciones o costumbres, con variables de individuo»{18}; en segundo lugar, porque ¿cómo va a ser libertador de nadie quien niega que el hombre posea libertad de arbitrio?; en tercer lugar, porque si consideramos a Lutero el forjador de la democracia, ¿qué haremos con todos los libros de Historia que nos presentan a Atenas como la primera democracia de relevancia histórica?; en cuarto lugar, porque conceptos tan difusos como «occidente» por su propia inanidad en realidad no dicen nada; en quinto lugar, porque en este artículo se citan textos –seguramente de quinta o sexta mano– de tal manera que resulta imposible acudir a la fuente originaria para ver en qué contexto aparecen; de todos modos, las palabras citadas recuerdan a algunas que Lutero escribió en una obra que, junto a Mein Kampf de A. Hitler y El judío internacional de Henry Ford, debe incluirse en la trilogía de cabecera de todo antisemita; estamos hablando de Sobre los judíos y sus mentiras, escrita por Lutero en 1543; puesto que en esta obra el wittembergense también habla de la imposibilidad de «forzar a los corazones», veamos qué quiere decir con ello; pero oigamos al propio Lutero, porque es muy elocuente:

    «Le concedemos a cualquiera el derecho a no creer...; esto lo libramos a la conciencia de cada uno»{19}.

    Ahora bien, inmediatamente añade:

    «Pero ostentar esta falta de fe con tanta libertad en iglesias y ante nuestras propias narices, ojos y oídos, hacer alarde de ella, cantarla, enseñarla, injuriar y maldecir la verdadera fe, y de este modo atraer a otros y obstaculizar a nuestra gente, esa es una historia muy, muy diferente».

    También dice:

    «Nada podemos hacer si no comparten nuestra fe. No se puede forzar a nadie a que crea»{20}.

    Pero inmediatamente añade:

    «No obstante, debemos evitar que sientan confirmadas sus mentiras, calumnias, maldiciones y difamaciones desvergonzadas»{21}.

    Así pues, este es el libertador tan ensalzado que no «fuerza a los corazones», porque «la fe es libre». Oigamos lo que este «forjador de occidente, de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad personal protegida por la ley» pensaba sobre los judíos:

    «Obramos mal al no quitarles la vida. En cambio, permitimos que vivan libremente entre nosotros, a pesar de que nos asesinan, nos maldicen, blasfeman y mienten contra nosotros y nos difaman»{22}.

    «Debemos prender fuego a sus sinagogas o escuelas y enterrar y tapar con suciedad todo lo que no prendamos con fuego, para que ningún hombre vuelva a ver de ellos piedra o ceniza. También aconsejo que sus casas sean arrasadas y destruidas. Porque en ellas persiguen los mismos fines que en sus sinagogas. En cambio, deberían ser alojados bajo un techo o en un granero, como los gitanos... que la protección en las carreteras sea abolida completamente para los judíos. No tienen nada que hacer en las afueras de las ciudades»{23}.

    «¿Cómo puede ser que nosotros, pobres cristianos, alimentemos y enriquezcamos a gente tan inservible, malvada, perniciosa, estos blasfemos enemigos de Dios, sin recibir nada a cambio más que las maldiciones y la difamación y todos los infortunios que pueden infligirnos o nos desean? De hecho, en relación a esto estamos tan ciegos e insensibles como los judíos en su falta de fe; padecemos la imponente tiranía de estos viciosos alfeñiques. Pero si las autoridades son renuentes a usar la fuerza y contener la indecencia diabólica de los judíos, estos últimos deberán ser expulsados del país»{24}.

    «Todos estos judíos son engendros de víboras, hijos del demonio, es decir, gente que nos concederá los mismos beneficios que su padre, el demonio, y han envenenado pozos, asesinado y secuestrado niños»{25}.

    «Oí que un judío le envió a otro judío una vasija llena de sangre, junto con un tonel de vino, en el cual, una vez tomado éste, se hallaba un judío muerto. Hay más historias de este tipo. A causa del secuestro de niños con frecuencia han sido quemados en la hoguera o desterrados (como ya hemos oído). Tengo plena conciencia de que ellos niegan todo esto. Sin embargo, coincide plenamente con la apreciación de Cristo, que declara que son víboras venenosas, amargas, vengativas, engañosas, asesinos, hijos del demonio, que hieren y hacen el mal a hurtadillas, cuando no pueden hacerlo abiertamente»{26}.

    «Si tuvieran el poder de hacernos lo que nosotros podemos hacerles a ellos, ninguno de nosotros viviría más de una hora. Pero dado que no poseen el poder de hacerlo públicamente, en sus corazones continúan siendo nuestros asesinos cotidianos y enemigos sedientos de sangre. Sus plegarias y maldiciones son evidencia de esto, así como también la significativa cantidad de historias que relatan las torturas de niños y todo tipo de crímenes por los cuales fueron quemados en la hoguera o desterrados. Creo firmemente que en secreto practican cosas mucho peores que las que se encuentran registradas sobre ellos en las historias y otros relatos. Deseo y pido que nuestros gobernantes, que tienen súbditos judíos, muestren una aguda piedad hacia esta maldita gente, como sugerí más arriba, para ver si esto les sirve de ayuda (lo cual es poco probable). Deben actuar como un buen médico que cuando se encuentra frente a un cuadro de gangrena sin piedad procede a amputar, serrar o quemar carne, venas, hueso y médula. Este tipo de procedimiento debe seguirse del siguiente modo. Incendiad sus sinagogas, prohibid todo lo que enumeré anteriormente, obligadlos a trabajar y tratadlos con rigor, como hizo Moisés en el desierto masacrando tres mil»{27}.

    No vamos a multiplicar las citas, porque todas serían del mismo tenor. Muchos preferirán permanecer ignorantes y no reconocerlo, pero este es el verdadero Lutero, tal como se nos muestra en sus propios escritos: un fanático incendiario muy alejado de la imagen de libertador pacífico y candoroso que se nos intenta vender por parte de todos aquellos que, por odio a la Iglesia católica, se alían incluso con el diablo.

    Pero continuemos con nuestra crítica de la película. Ya hemos dicho que nos presenta a Lutero como un héroe de nuestro tiempo; por tanto, debe ser un héroe pacifista. Así vemos que en la película Lutero sale en defensa de los sacerdotes a los que el pueblo de Wittenberg intenta linchar el 3 de diciembre de 1521. Pero ¿cuál fue el verdadero comportamiento de Lutero con respecto a la violencia desatada por su predicación? Oigamos lo que él mismo cuenta en carta a Spalatin:

    «Todo lo que veo y oigo, me place extraordinariamente. El Señor fortalezca el espíritu de los que están animados de buena intención»{28}.

    También dice:

    «¿Hay entonces que estar discutiendo continuamente sobre la palabra de Dios y no pasar nunca a la acción? Si no hay que hacer nada más que lo que hemos hecho hasta aquí, no había tampoco por qué enseñar nada más»{29}.

    Ahora bien, Federico el sabio, que había comenzado a preocuparse por el grado de violencia cada vez mayor por parte de los exaltados defensores de las ideas de Lutero, le pidió a éste que combatiera el tumulto y la violencia. Por ello, Lutero comenzó a decir misa en hábito de fraile y tonsurado, criticando en sus sermones todos los desórdenes de aquellos que se decían seguidores suyos. Este fue el rebelde Lutero, rebelde contra todos salvo contra su señor temporal, que era de quien cobraba como profesor de su universidad.

    La película llega hasta el año 1530, en que se celebra la dieta de Augsburgo, convocada por Carlos V para intentar lograr la unidad imperial con objeto de combatir los ejércitos turcos que ya el año anterior habían llegado a las puertas de Viena. Con anterioridad a la celebración de la dieta, Carlos V había pedido a los príncipes protestantes que redactasen una confesión de fe, a fin de ver si era posible limar diferencias y buscar puntos de encuentro entre católicos y protestantes; ya en la dieta Felipe Melanchton procedió a la lectura de la famosa Confessio augustana,primera confesión de fe de la Iglesia luterana. Pero en la película, sin embargo, de nuevo asistimos a la manipulación de los hechos, porque se nos presentan unos príncipes victoriosos que han logrado forzar al emperador a oír su confesión, cuando en realidad no hubo necesidad alguna de forzarle, puesto que, como ya hemos dicho, él mismo fue quien propuso a los príncipes la redacción de una confesión de fe. Pero los guionistas consiguen el efecto que buscan: unos príncipes movidos exclusivamente por la defensa de su fe (y que afirman estar dispuestos a dejarse matar antes que renunciar a ella) consiguen que un emperador altivo, intolerante y defensor de los intereses de la Iglesia católica asista humillado a la lectura de su confesión de fe. Por supuesto, nada se nos dice del interés que estos príncipes (que en la película se nos presentan movidos exclusivamente por la defensa de su fe) tenían en mantener su dominio sobre las propiedades enajenadas a la Iglesia católica.

    Sin embargo, no vamos a acusar de ignorancia a los guionistas de Lutero,porque en tal caso sólo podríamos hablar de errores en la exposición de los hechos y ya hemos dicho que en la película todo se manipula, se tergiversa y se sesga siempre en sentido favorable a la causa luterana, lo que implica un conocimiento de los hechos que se intentan narrar. Y esto puede apreciarse claramente en la conversación que los guionistas presentan entre el cardenal Cayetano y León X, en la que acertadamente (aunque no sea más que por una vez y siempre en función del objetivo perseguido por los guionistas) se nos hace ver que León X subestimaba el peligro que para la Iglesia representaba Lutero (todo se reducía a una «disputa entre frailes» y Cayetano carecía de «visión global de las cosas») y por eso no quiso forzar a Federico de Sajonia a que tomase medidas contra Lutero, porque el Médicis estaba más preocupado por ganarse a Federico para que en la próxima elección imperial el sajón otorgase su voto a Francisco I y no al Hagsburgo Carlos V, cuyo poder en caso de ser elegido emperador temía el Papa; y con razón, como se demostró en el año 1527. Así pues, León X erró en todas sus decisiones. Pero si es imposible negar el interés político que movía al papado en sus actuaciones, también lo es en el caso del príncipe Federico; sin embargo, en la película el único interés que parece mover al sajón es el de que su universidad no pierda a un profesor «tan brillante», porque a todo un príncipe de edad provecta y canas venerables un fraile jovenzuelo le habría convencido del engaño de las indulgencias y de las reliquias.

    El final de la película es delicioso. Asistimos a bodas, banquetes y fiestas en las que Lutero toca el laúd y Catalina de Bora canta para él inspirada por la religiosidad tierna e íntima que su marido predica a los niños. Todo compone un cuadro de vida perfecta en comunión evangélica y muy alejada de la Roma corrompida por la política y la lujuria. Pero terminemos oyendo de nuevo a Lutero:

    «Nosotros, los alemanes, somos hoy la risa y la vergüenza de todos los pueblos; nos tienen por puercos ignominiosos y obscenos»{30}.

    «Hoy los nuestros son siete veces peores de lo que jamás hubiesen sido antes. Robamos, mentimos, engañamos, comemos y bebemos en exceso y nos entregamos a todos los vicios»{31}.

    «Si quisiera ahora pintar a Alemania, debería representarla bajo los rasgos de una marrana»{32}.

    «Nosotros, los alemanes, pecamos y somos esclavos del pecado, vivimos en los placeres carnales y nos arrojamos a la libertad con el corazón alegre hasta las orejas. Queremos obrar a nuestra manera, servir los intereses del diablo y ser libres de hacer únicamente lo que nos place... Estamos muy contentos de habernos desembarazado del Papa, de los oficiales y de las otras leyes, pero de saber cómo debe servirse a Cristo y librarse de los pecados nadie se preocupa»{33}.

    «¿Quién se habría puesto a predicar, si hubiéramos previsto que de ello resultarían tantos males, sediciones, escándalos, blasfemias, ingratitudes y perversidades? Pero ya que estamos en ello, hay que tener contra la mala fortuna buen ánimo»{34}.

    «Con esta doctrina, cuanto más se avanza, peor se torna el mundo; es la obra y el trabajo de este diablo maldito. Bastante se ve cómo el pueblo es ahora más avaro, más cruel, más impúdico, más desvergonzado y peor de lo que era bajo el papismo»{35}.

    Notas
    {1} Poética, 1451b5-8.
    {2} Cfr. Martin Luthers Werke, Weimarer Ausgabe 1883-, t. XV, p. 420.
    {3} Ibid., t. XII, p. 94.
    {4} Martin Luthers Briefwechsel, ed. a cargo de L. Enders, G. Kawerau y Flemming, Frankfurt 1884-1920, t. I, pp. 66-67.
    {5} Cfr. WA, t. I, p. 215.
    {6} Cfr. Enders, t. III, p. 207.
    {7} Ibid., t. III, p. 247.
    {8} Ibid., t. III, p. 189.
    {9} Ibid., t. I, p. 431.
    {10} Ibid., t. III, p. 406.
    {11} Cfr. WA, t. I, 1, p. 226.
    {12} Cfr. WA, LI, 538.
    {13} Cfr. WA, I, 7.
    {14} Unigenitus Dei filius factus nobis a Deo sapientia, iustitia, sanctificatio et redemptio non per sanguinem hirconum aut vitulorum, sed per proprium sanguinem introivit semel in sancta, aeterna redemptione inventa. Non enim corruptibilibus auro et argento, sed suis ipsius agni incontaminati et immaculati pretioso sanguine nos redemit, quem in ara crucis innocens immolatus non guttam sanguinis modicam, quae tamen propter unionem ad verbum pro redemptione totius humani generis suffecisset, sed copiose velut quoddam profluvium noscitur effudisse ita, ut a planta pedis usque ad verticem capitis nulla sanitas inveniretur in ipso. Quantum ergo exinde, ut nec supervacua, inanis aut superflua tantae effusionis miseratio redderetur, thesaurum militanti Ecclesiae acquisivit, volens suis thesaurizare filiis pius Pater, ut sic sit infinitus thesaurus hominibus, quo qui usi sunt, Dei amicitiae participes sunt effecti. Quem quidem thesaurum non in sudario repositum, non in agro absconditum, sed per beatum Petrum, coeli clavigerum, eiusque successores, suos in terris vicarios, commisit fidelibus salubriter dispensandum et propriis et rationalibus causis nunc pro totali, nunc pro partiali remissione poenae temporalis pro peccatis debitae tam generaliter tam specialiter (prout cum Deo expedire cognoscerent) vere poenitentibus et confessis misericorditer applicandum. Ad cuius quidem thesauri cumulum beatae Dei genitricis omniumque electorum a primo iusto usque ad ultimum merita adminiculum praestare noscuntur, de cuius consumptione seu minutione non est aliquatenus formidandum tam propter infinita Christi (ut praedictum est) merita quam pro eo, quod, quanto plures ex eius applicatione trahuntur ad iustitiam, tanto magis accrescit ipsorum cumulus meritorum. Datum Avinione vi. Kalend. Februar. Pont. nostri Anno primo.
    {15} Cfr. Brief., t. I, 216.
    {16} Uno de estos calumniadores antiespañoles fue Juan Antonio Llorente (1756-1823), sacerdote, comisario del Santo Oficio y secretario supernumerario de la Inquisición madrileña a finales del siglo XVIII; tras la invasión francesa de España trocó su condición religiosa por la de anticlerical y afrancesado; en 1817 escribió en París un libelo infamatorio (Historia crítica de la Inquisición española), en el que atribuye la escasez demográfica de España a la actuación de la Inquisición, porque, según cuenta, habría condenado a la hoguera al 9,2% de los encausados por herejía.
    {17} Contreras, J. y Henningsen, G., «Forty-four Thousand Cases of Spanish Inquisition (1540-1700): Analysis of a Historical Data Bank», en Henningsen, G. et alii, The Inquisition in Early Modern Europe. Studies on Sources and Methods.Delkab: Northen, Illinois U.P., p. 100-129.
    {18} Gustavo Bueno, El sentido de la vida, Pentalfa, Oviedo 1996, p. 342.
    {19} Von den Juden und ihren Lügen, Wittenberg 1543; citamos según la traducción y división en capítulos propuesta por Elias Bernard, c. 11.
    {20} Ibid.
    {21} Ibid.
    {22} Op. cit., c. 10.
    {23} Op. cit., c. 11.
    {24} Ibid.
    {25} Ibid.
    {26} Ibid.
    {27} Op. cit., c. 12.
    {28} Cfr. WA, t. II, 410.
    {29} Ibid., 412.
    {30} Cfr. WA, t. VIII, p. 295.
    {31} Ibid., t. XXXVI, p. 411.
    {32} Ibid., t. VIII, p. 294.
    {33} Ibid., t. XLVIII, p. 389.
    {34} Ibid., t. I, p. 74.
    {35} Ibid., t. I, p. 14.
    Última edición por Donoso; 08/03/2014 a las 15:30
    Pious dio el Víctor.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  2. #2
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    Excelente aporte, Donoso, muchas gracias. El libro "Revisionismo Histórico y Herejía Religiosa" describe muy bien la personalidad psicopática del heresiarca de Wittenberg, sus dudas y contradicciones y su obsesión demonológica; si no lo encuentro en PDF en estos días subo algunos extractos. Saludos en Cristo Rey.



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    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  3. #3
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    ese libro se puede encontrar en cualquier lado?

  4. #4
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    Cita Iniciado por Boffo Ver mensaje
    ese libro se puede encontrar en cualquier lado?
    Gracias, Boffo, me había olvidado de este hilo, me hiciste acordar de pegar algunos extractos acá. La obra es del año '84 y lo encontré hace varios años en una librería de Buenos Aires.

    Saludos.



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  5. #5
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    Lutero, o filme: uma boa e grossa mentira

    Marcos Libório


    "Que mal pode haver se um homem diz uma boa e grossa mentira
    por uma causa meritória e para o bem da Igreja (luterana)?"


    Martinho Lutero
    Introdução


    O filme Lutero é um tributo muito apropriado ao pai da revolta protestante.

    Pois ainda que seus idealizadores tenham deixado de retratar fielmente a vida atribulada de Martinho Lutero, movidos claramente pela ideologia apaixonada que visou a reabilitação pública do monge alemão e o bem da Igreja luterana, usaram e abusaram do princípio escandaloso proposto pelo próprio Lutero: mentir a vontade, sem remorso, dizer boas e grossas mentiras!

    De antemão se sabia que o filme seria tendencioso, pois fora patrocinado por um fundo luterano milionário – Thrivent – bem como pela Federação Luterana. Mas o resultado ultrapassou em muito as piores perspectivas:

    Fizeram do soberbo Lutero um religioso humilde!

    Do mentiroso Lutero, fizeram um homem leal!

    Do imoral Lutero, imaginem só, fizeram dele um santo!

    Os produtores de Lutero mentiram à vontade...

    Não que as cenas do filme sejam todas inventadas. Só algumas.

    Os luteranos – embora tivessem o aval do mestre – preferiram mentir pela mentira menos escancarada, que é a omissão, embora em algumas passagens tenham distorcido os fatos abertamente.

    O filme peca então majoritariamente pela omissão, para que o escândalo não fosse tão grande. Pois no dizer pitoresco e muito verdadeiro do Padre Vieira, “a omissão é um pecado que se faz não fazendo” (sermão da Primeira Dominga de Advento).

    Quando se mente claramente, negando fatos verdadeiros, a consciência teima em reclamar uma reparação, ainda que anestesiada pelo princípio luterano da mentira por uma boa causa. Com a omissão – veja-se que conveniente – é muito mais fácil silenciar a consciência, embora seus efeitos deletérios possam ser equivalentes, ou mesmo superiores aos de uma mentira aberta.

    Ainda que haja muitas cenas que realmente ocorreram, raras vezes se mostra um equilíbrio entre a atitude de Lutero e a contrapartida Católica. A intenção é clara: fazer de Lutero um herói da fé, um campeão da liberdade, perseguido pela tirania do Papa.

    Mesmo quando o filme mostra Lutero em situações constrangedoras, como, por exemplo, em suas discussões doentias com o demônio, sempre se sugere ao espectador que a culpa é da Igreja.

    Nessa linha vem bem a propósito o comentário de Steven Greydanus:

    "Entre protestantes sensatos a Reforma freqüentemente tem sido chamada de “trágica necessidade”. Em Lutero, (...) a Reforma é vista como um todo positivo, um triunfo da liberdade religiosa e da liberdade de consciência.”(Greydanus)

    Para que o leitor não pense que acusamos o pseudo-reformador alemão gratuitamente, registramos a seguir algumas de suas muitas mentiras, que foram instrumento (iníquo) amplamente utilizado em sua revolta.

    Depois da leitura da confissão em Augsburg, Melanchthon e os demais luteranos foram questionados pelos católicos na Confutatio, devendo então ceder em alguns pontos. Melanchthon estava disposto ao sacrifício em nome da paz, mas Lutero era radicalmente contra, o que provocará a defesa intransigente da confissão protestante através da Apologia. Lutero então escreveu a Melanchthon do castelo de Cobourg, incentivando o amigo a se expressar de forma ambígua:

    “(...) Pois, uma vez conseguida a paz e escapado à violência, podemos facilmente fazer remendos para nossos ardis (mentiras) e faltas (tricks (lies) and failings), porque a misericórdia de Deus prevalece sobre nós. (…)” (Grisar: 388)

    Quando voltou a Wittemberg em 1522, Lutero expulsou os radicais e restabeleceu a aparência de Missa, parecendo defender a lei e a ordem para poder dominar a situação. Porém:

    “(...) os mesmos paramentos foram usados e (...) os mesmos antigos hinos em latim eram ouvidos. A hóstia era elevada e exibida na Consagração. Aos olhos do povo era a mesma Missa de sempre, exceto que Lutero omitiu todas as orações que representavam a função sagrada como sacrifício. (Grisar: 220)

    E nessa mesma linha de imposição do novo culto sem despertar a atenção, atraindo o apoio popular:

    “O ofício divino foi essencialmente alterado, mas as suspeitas foram evitadas ao máximo pela retenção da forma externa, de modo que as pessoas comuns, como dizia Lutero, “nunca tomariam consciência disso. ”Era para ser feito “sem escândalo”.” (Grisar: 221)

    Ao estudante Martin Weier, Lutero recomendou fingir para não escandalizar:

    “(...) jejuar, rezar, assistir Missa, e venerar os santos, exatamente como vinha fazendo antes,”mas que tente instruir seu pai o melhor possível; ele não erraria se “tomasse parte na Missa e outras profanações (sic) por causa do pai.” (Grisar: 221)

    Visando sempre a reforma dissimulada, já em 1523 Lutero compôs um tratado sobre a Missa onde ainda mantinha vários ritos da Igreja católica “por causa daqueles fracos na fé”, enquanto alterava substancialmente o cerne do Santo Sacrifício da Missa. (Grisar: 249)

    É por essas e outras que amigos de longa data de Lutero – como Erasmo – o acusavam nestes termos:

    "Revelarei a todos que mestre insigne és em falsificar, exagerar, maldizer e caluniar. Mas já toda gente o sabe... Na tua astúcia sabes torcer a própria retidão, desde que o teu interesse o requeira. Conheces a arte de mudar o branco em preto e de fazer das trevas luz". (Grisar, Luther, II, 452 e ss, apud Franca, IRC: 200, nota 96)

    Erasmo – longe de ser modelo de católico – irá apartar-se de Lutero quando a controvérsia sobre o livre arbítrio mostrar claramente que o monge alemão estava indo além da reforma a que supostamente havia se proposto, e querendo destruir mesmo a essência do Cristianismo. Conhecendo a capacidade do humanista, Lutero implorou a Erasmo que não o atacasse:

    “Não escreva contra mim, nem aumente o número e a força de meus oponentes; particularmente não me ataque por publicações (through the press), e eu, de minha parte, me absterei também de atacá-lo”. (Grisar: 269)

    E se a mentira era companheira de Lutero, sabemos que tal vício normalmente acompanha e justifica outros vícios. No caso luterano, era a soberba que transbordava de sua boca incontrolável, como na carta a Henrique VIII:

    Através de mim Cristo começou Sua revelação sobre as abominações no lugar santo.”

    E ainda:

    Estou certo que meus dogmas vêm do céu.” (Grisar: 261)

    Vemos também sua soberba em confissões como esta:

    “Muito embora a Igreja, Agostinho e os outros doutores, Pedro e Apolo e até um anjo do céu ensinem o contrário, minha doutrina é tal que só ela engrandece a graça e a glória de Deus e condena a justiça de todos os homens na sua sabedoria.” (Weimar, XL, 1 Abt., 132; apud Franca, IRC: 179)

    Lutero tinha suas doutrinas em tão doentia estima que chegou a dizer que eram a expressão máxima da verdade, mesmo (...) se Deus ou Cristo anunciarem o contrário (sic!) (Grisar: 497)

    E se sua doutrina era tão sublime, evidentemente o monge rebelde não podia tolerar concorrência, embora empunhasse continuamente o estandarte de libertador:

    “Ninguém deve erguer-se contra mim. (Propos de table, n. 1484) (...) “Cada um deve andar no freio”, para retomar precisamente sua expressão, freio, cujas rédeas estão, naturalmente, em suas mãos.” (Brentano: 132)

    Quanto às críticas à sua tradução da Bíblia, Lutero reagia, entre outras amabilidades:

    “Pela Graça de Deus, considero-me mais sábio do que todas as vossas universidades com seus sofistas.” (Brentano: 180)

    É claro que o fundo milionário Thrivent e a Federação Luterana Mundial não mostraram nada disso no filme.

    Sua intenção era promover Lutero a qualquer preço.

    Mostraram o Lutero mito, E esconderam o Lutero histórico.

    Essa separação entre Lutero mito e real já era reconhecida no século XIX pelo teólogo luterano Krogh-Tonning:

    “Cumpre distinguir dois Luteros: um mítico, outro histórico. Ordinariamente só se ocupam do primeiro, ornado de todas as perfeições. Quando alguém quer apreciá-lo calça o coturno; olham-no do alto; e fazem tábua rasa da realidade. (...)” (Franca, PB: 306)

    Os milionários americanos e os luteranos alemães calçaram o coturno e fizeram tábua rasa da realidade para prestar um culto a Lutero. Isso é incontestável e não surpreende.

    O que intriga é saber como os luteranos puderamfazer um filme tão contrário à personalidade e à realidade histórica de Lutero, e não haver praticamente nenhuma reação?

    Essa é a pergunta a ser feita.

    Se o rebelde alemão era tão escandaloso – conforme mostraremos a seguir – como é que os luteranos puderam mostrar o Lutero mítico, e ninguém abre um livro para revelar o Lutero histórico?

    Antes de analisarmos as mentiras do filme, tentemos responder essa pergunta fundamental.

    Parece-nos que três fatores tornaram possível esse filme mitificador:

    1. A ignorância universal sobre Lutero

    Esse ponto nos parece pacífico, e pode ser confirmado pelas inúmeras cartas que recebemos de protestantes (e mesmo católicos) que não fazem a mínima idéia de quem tenha sido Martinho Lutero, nem da realidade histórica em que ele surgiu; só uns poucos eruditos conhecem e estudam a vida real do monge rebelde.

    2. O papel fundamental do ecumenismo, que calou as vozes oposicionistas.

    Apenas uma confissão nos parece suficiente sobre esse ponto. Escreveu o famoso teólogo D. Kloppenburg:

    "Na década de 50 publiquei (...) livros, cadernos, folhetos e artigos sem conta. Era antes do Concílio Vaticano II (1962-1965), quando defendíamos nossa fé cristã e nossa Santa Igreja contra os ataques de seus adversários. (...) Veio então o Concílio com seu apelo ecumênico para o diálogo e a união. Dizia-se que o Vaticano II acabara de vez com a apologética. Em conseqüência e obediente, me afastei da liça. (...) de fato, depois não houve nem diálogo nem muito menos união”. (Kloppenburg: 7) D. Kloppenburg falava do espiritismo, mas podemos estender suas considerações a toda apologética.

    Se mesmo apologistas notórios foram envolvidos nesse utópico ecumenismo, entende-se perfeitamente a ausência de reação católica.

    Assim, dirigindo-se a um público desconhecedor de Lutero, e sem o risco de serem desmascarados pelos Católicos, os luteranos poderiam disseminar livremente sua noção de que Lutero foi um grande herói, um campeão da fé que libertou consciências aprisionadas pela Igreja Medieval.

    Mas só a ignorância sobre Lutero e o silenciamento dos oponentes não bastava.

    Faltava ainda uma contribuição fundamental, uma falsa noção potencializada pela sociedade consumista e refém intelectual dos meios de comunicação, tal como é hoje a sociedade ocidental: a noção de que os fatos narrados no filme são a expressão da verdade.

    3. Vivemos uma Era da simulação ou do espetáculo

    Daí vem em nosso auxílio a definição de Era da simulação ou do espetáculo (Wood: 100). Nessa Era da simulação, onde predominariam a imagem e a passividade,aspessoas aceitariam os pseudo-eventos do filme como se fossem verdades históricas. Numa época como essa, a sociedade baseada na imagem criaria e aceitaria representações superiores ao mundo real, e o homem seria espectador de um grande show: “O Homo spectator não vive, apenas contempla”.(Wood: 103) Será que já não vimos algo parecido com isso?

    Com asseveram seus teóricos, na Era da simulação não importa mais o ser nem o ter, mas o parecer. Pouco importa a realidade: a representação tem apenas de ser convincente. E convincente é qualidade que não podemos subtrair aos filmes modernos.

    Numa sociedade que aceita tais pressupostos, pouco importa se os eventos do filme Lutero ocorreram ou não: eles têm apenas que convencer o espectador: a verdade cede então espaço à verossimilhança.

    Nesse contexto, o cinema passa a ocupar um papel fundamental, deixando de ser entretenimento para ser efetivamente instrumento pedagógico:

    “A realidade transforma-se em produção cinematográfica e as experiências reais passam a ser julgadas contra seu correspondente fílmico, em uma posição desvantajosa.” (Wood: 103)


    Embora essa abordagem tenha exageros evidentes, ela é suficientemente apropriada para definir o impacto que os assim chamados “filmes históricos” exercem hoje sobre a sociedade ocidental.

    Valendo-se então desses três pontos, os milionários da Thrivent e os alemães da Federação Luterana puderam dar largas à sua criatividade, sem receio de serem importunados em sua aventura mitificadora.

    Nessa linha, Lutero optou pela apresentação propagandística pura e simples. A problemática doutrinária foi sacrificada em nome de uma idealização do Lutero humano, do Lutero libertador, do Lutero destemido.

    Ao ignorar as péssimas doutrinas de Lutero, seus ataques de fúria, seu orgulho indisfarçável, seus vícios constrangedores e sua linguagem vulgar, os produtores de Lutero escolheram a via fácil, visando influenciar o grande público.

    É o que trataremos a seguir, apresentando a nossos leitores a verdade dos fatos em confronto com as “boas e grossas mentiras” luteranas.

    Importa notar que a maioria dos autores por nós citados é de Católicos, mas que invariavelmente nos remetem às fontes do protestantismo, como mui freqüentemente as obras completas de Lutero na edição de Weimar e à sua parte mais controversa, as Conversas à Mesa (Propos de table),conjunto de anotações de frases de Lutero colhidas por seus hóspedes, e que compõem um retrato bastante vivo do rebelde alemão.

    Dos autores citados, Grisar é um dos mais condescendentes com o comportamento grotesco de Lutero, e, portanto, o leitor terá diante de si um historiador dos mais imparciais. E Brentano, cuja posição é escancaradamente favorável a Lutero, embora nunca revele claramente sua religião tem, todavia as páginas mais duras sobre o ex-monge, que ele, embora preso ao compromisso de historiador, não se furte de tentar sempre justificar.

    Nem citamos o Denifle... Deixemos este historiador Dominicano para uma biografia mais completa...

    Assim, damos citações e relatos sobre Lutero do modo mais histórico e imparcial quanto é possível.

    Se as frases e os pensamentos luteranos parecerem ao leitor muito chocantes, é porque Lutero não tinha meias palavras.

    O que Lutero pensava – e pensava mal, muito mal – não tinha escrúpulos em externar. Essa foi a desgraça da Igreja e do povo da Alemanha, e por extensão da civilização ocidental.

    Os negritos nas citações são nossos, a menos que citado diferentemente.

    As citações trazem o sobrenome do autor seguido da página da obra, cujas referências se encontram ao final do trabalho.



    Passagens do filme

    1. Tempestade e raio: a primeira mentira

    O filme começa com a versão clássica da tempestade e do juramento desesperado de Lutero, pronunciado em meio ao terror de ser atingido por um raio.

    Ora, muito já se falou sobre a invalidade de tais votos, pronunciados sob uma pressão desestabilizadora e, portanto que não podiam vincular quem os pronunciava. Se esse princípio tivesse sido seguido, o mundo teria se livrado do tão grande mal causado por Lutero.

    Mas há uma hipótese muito mais interessante para a súbita entrada de Lutero no mosteiro: a de que o jovem reformador teria buscado refúgio entre os agostinianos de Erfurt após ter assassinado um colega em duelo.

    E essa hipótese é muito mais coerente que a história do raio. Por meio dela conseguimos compreender – por exemplo – o incomum transtorno de consciência que acompanhou Lutero durante seus primeiros anos no mosteiro. Mais instigante ainda é que tal hipótese foi pesquisada por anos por um alemão de origem protestante, Dietrich Emme. (Emme: 62)

    Dietrich mostra que os primeiros biógrafos relataram que Lutero teria ferido um colega em duelo, e que quase simultaneamente uma grande tempestade o teria traumatizado. Os biógrafos são ninguém menos que Mathesius, Melanchthon e Seinecker. Esconder esse fato é algo significante. Como dissemos, os luteranos irão mentir nesse filme muito mais pela omissão do que pela mentira clara.

    Os duelos eram proibidos pela Igreja, mas freqüentemente realizados pelos estudantes para resolver seus conflitos. Lutero carregava uma espada, graças a sua condição de mestre, e num episódio nebuloso em 1503 teria ferido a própria perna com sua espada. Tão grave foi o acidente, que Lutero temeu por sua vida, sendo socorrido por um médico.

    Dietrich então sugere que esse fato foi resultado não de uma displicência do reformador, mas já de um primeiro duelo. Tanto mais que os registros da Universidade de Erfurt mostram que Lutero trocou nessa época a melhor associação estudantil (Collegium Ampionianum) por outra bem menos importante (Georgenburse), o que se explicaria como sendo um castigo pelo duelo (que as normas das associações proibiam).

    Há também confissões interessantes de Lutero, como a que fez a seu secretário Veit Dietrich:

    “Por uma extraordinária disposição de Deus, entrei para o mosteiro para que não me capturassem. Senão, eu teria sido preso facilmente. Não puderam porque minha ordem me acolheu.” (Emme: 63)

    Outros textos mostram que Lutero entrou no mosteiro contra sua vontade:

    “Eu não me tornei monge de bom grado e por minha vontade, e ainda menos para comer, mas cheio de terror e medo diante de uma morte súbita, pronunciei um voto forçado e não livre. (coactum et non necessarium votum)” (Emme: 63) [Grisar registra confissão semelhante (Grisar: 38)]

    Também, em 1521, Lutero escreveu a seu amigo Melanchthon dizendo temer ter pronunciado seu voto monástico “de maneira ímpia e sacrílega” e de ter “agido sob coação” (Emme: 63)

    Outro autor protestante (Nikolaus Selmnecker) relata as condições estranhas em que Lutero entrou no mosteiro:

    secretamente e de noite (clam et noctu) (...) e durante dois dias companheiros de armas, amigos, estudantes e outras pessoas vigiaram atentamente o convento e o cercaram para tentar fazer com que Lutero saísse, mas a entrada do convento foi fechada tão rigidamente que durante um mês ninguém pode aproximar-se de Lutero.” (Emme: 64)

    Há ainda o registro da morte de um estudante na época da entrada de Lutero no mosteiro (Hieronimus Buntz, em 1505), devido à pleurite, infecção pulmonar causada pelo corte recebido no peito, muito comumente em conseqüência de duelos.

    Mas há mais: Lutero não entrou no convento nem como postulante nem como irmão leigo. Durante os seis primeiros meses de permanência lhe deram os trabalhos mais humildes, a ele, que era o novo mestre: ele deveria virar o leite para fazer o queijo, limpar as latrinas: foi tratado como um servo.

    Outro apoio interessante a essa hipótese é um documento de Lutero que ninguém deu muita atenção e que consta da coletânea de obras completas de Weimar. Esse documento é uma apologia do direito de asilo na Igreja, e foi circulado anonimamente em 1517 (quando se inicia o conflito, com a fixação das 95 teses), e depois em 1520. Nele, Lutero lembra que segundo a lei mosaica aquele que mata alguém sem ter sido seu inimigo, inadvertidamente, sem premeditação, não é culpável de assassinato.

    Pergunta então Dietrich: seria então um tipo de autojustificação preventiva, no momento que Lutero tornar-se-ia um personagem público? Ou mesmo uma justificação da ordem agostiniana, por ter recebido em asilo um criminoso? (Emme: 64).

    Parece servir aos dois propósitos...

    Tendo por base essa outra versão dos fatos, explicam-se os comportamentos doentios de Lutero, como a frase: "Gostaria que não houvesse Deus" (Grisar: 49) que o filme atribui falsamente à pregação da Igreja.

    Essa é apenas uma hipótese, mas que agrega diversos elementos instigantes, propositadamente esquecidos pelos luteranos.

    É uma hipótese, mas que faz um sentido enorme, ainda mais quando conectada aos eventos que se seguem: a juventude sem freios de Lutero, que não contradiz em nada a idéia de um Lutero fanfarrão e duelista; e as doutrinas antinomistas de Lutero, em resposta a seu terror pela justiça divina.


    2. Primeira Missa, segunda mentira

    No filme que analisamos, a celebração da primeira Missa pelo jovem padre omite um fato capital: Lutero quase fugiu do altar, não fosse a intervenção de seu auxiliar. (Grisar: 47). Talvez tenha sido difícil justificar uma atitude tão doentia como essa, ainda que se acuse a Igreja medieval de impor medo aos seus fiéis.

    E junto a este comportamento estranho, notem-se outros, também ausentes na produção cinematográfica luterana: monges de Erfurt contaram posteriormente ao apologista Católico Cochlaeus que o comportamento de Lutero devia-se provavelmente ao contato com o demônio”. (Grisar: 42)

    Um desses comportamentos estranhos se deu no Ofício. Lutero, “enquanto atendia o ofício divino no coro dos monges, caiu prostrado no chão e foi sacudido por convulsões, enquanto o Evangelho do endemoniado era recitado, e gritou alto: Não sou eu! Não sou eu! (significando que ele não era o homem possuído).” (Grisar: 49)

    Também vários autores narram como Lutero, mais de uma vez, foi encontrado desfalecido, em conseqüência de não comer, não beber nem repousar por dias seguidos!

    É curioso que os luteranos irão acusar a Igreja medieval por esse comportamento patológico que, no entanto só se manifestava em Lutero, em nenhum outro monge!

    Tal comportamento reforça a hipótese de Emme, de que Lutero sofria tremendamente os remorsos de seu crime. Aqui a hipótese do duelo encontra um apoio muito consistente. Ainda mais que Lutero era muito orgulhoso, potencializando os efeitos do remorso num escrúpulo doentio.

    O problema para Lutero é exatamente seu orgulho extremo, que o impedirá de usar os remédios que Deus colocou à disposição dos pecadores, através da Igreja: a confissão e o arrependimento sinceros, além da oração constante.


    3. A visita oficial a Roma...

    Aqui temos, não uma omissão, mas uma das claras inverdades do filme: que Lutero teria ido a Roma por ordem de seu superior-geral – Staupitz. De fato, Lutero foi a Roma contra Staupitz, como representante do mosteiro de Erfurt.

    Staupitz queria unir os mosteiros observantes (da regra) e os conventuais, e Lutero foi enviado a Roma contra essa união, que acabaria por prejudicar a causa dos observantes. Portanto, Lutero foi a Roma contra Staupitz. (Grisar: 51-52)

    Aliás, esse é o motivo do fracasso de sua viagem: o caráter não oficial de sua demanda, que – para ser aceita – exigiria uma carta do próprio Staupitz. Por isso, Lutero não foi recebido em Roma pela Cúria papal. (Grisar: 53)

    Talvez tenha ficado difícil encaixar no roteiro o conflito entre os dois religiosos, já que o filme tem que mostrá-los amigos. Talvez fosse difícil explicar por que Lutero foi a Roma sem motivo justificado, já que a petição que carregava só poderia ter sido aceita caso fosse realmente enviado por Staupitz.

    E aí seriam muitas perguntas a responder: quem de fato mandou Lutero a Roma?

    Com que finalidade, já que não era uma missão oficial?

    Será que é coincidência Florença estar no caminho de Roma? Florença, que sediava a famosa Academia Platônica de Marcilio Ficino, e onde talvez Lutero tenha lido o pseudo-Hermes Trismegisto, de cuja obra ele depois demonstrará ter domínio completo?

    Seriam muitas perguntas a responder, mais fácil dizer que foi uma missão oficial...

    E convém também mostrar que de inocente Staupitz nada tinha. Por isso ele é o único católico que não foi demonizado pelo filme.

    Grisar mostra que Staupitz ficou ao lado de Lutero mesmo após sua condenação pela Igreja, apesar de creditar isso a uma visão curta do superior. E que Staupitz também elogiou a coragem de Lutero, mesmo nos períodos críticos que antecederam a apostasia. (Grisar: 69)

    Em 1518, o agostiniano Della Volta recebeu a missão do Papa de fazer com que os superiores de Lutero o dissuadissem de suas idéias. Staupitz, mesmo pressionado, nada fez (Grisar: 95). Ora, por que o filme também não mostrou essa teimosia do superior, incompatível com uma visão tenebrosa e tirânica da Igreja medieval?

    E mesmo após a excomunhão e a revolta aberta, Staupitz protegeu e justificou o pupilo nesses termos:

    “Martim tomou sobre si uma difícil tarefa e age magnânimamente, iluminado por Deus” (Grisar: 171)

    Llorca é mais expresso: Leão X mandou que o superior agostiniano contivesse o monge impetuoso, mas “como Staupitz era um de seus principais protetores e admiradores, esta medida da cúria romana não teve resultado.” (Llorca: 669)

    É isso que explica Lutero reclamando ter sido abandonado, quando Staupitz finalmente começou a deixá-lo por pressões da Igreja:

    “Você me vira as costas muito freqüentemente. Como seu filho favorito isso me fere de modo intenso. (...)” (Grisar: 120)

    Parece que no final da vida, depois de contribuir sobremaneira para a revolta de Lutero, Staupitz rejeitou o pupilo e morreu Católico, em 1524 (Grisar: 178)

    Fidelium animae per misericordiam Dei requiescant in pace.


    4. Papa Julio cavalgando de armadura em Roma. O cândido Lutero de joelhos

    A aparição do Papa Júlio de armadura em Roma serve para impressionar a grande maioria dos espectadores: Lutero, o humilde; Julio II, o guerreiro soberbo!

    Embora a sociedade Quinhentista estivesse minada em suas estruturas morais pelo renascimento pagão, é falso que a Igreja não devotasse grandes esforços – e há muito tempo – para uma verdadeira reforma nos costumes.

    É falso também que não tivesse preocupação com a salvação das almas, principalmente do povinho mais miúdo.

    O IV Concílio de Latrão – realizado em 1215 e citado falsamente no filme – evidencia que 300 anos antes de Lutero a reforma de costumes e a preocupação pastoral faziam parte da vida da Igreja: Cânon 9:

    “(…) Já que em muitas localidades dentro das cidades e dioceses há pessoas de diferentes línguas tendo uma só fé mas vários ritos e costumes, ordenamos estritamente que os bispos dessas cidades e dioceses devam prover homens apropriados que, de acordo com diferentes ritos e línguas, celebrem os ofícios divinos para eles, administrem os sacramentos da Igreja e os instruam pela palavra e pelo exemplo.” (http://www.intratext.com/IXT/ENG0431/__P9.HTM)

    E o mesmo Concílio em relação à reforma de costumes: Cânon 14:

    Para que a moral e a conduta geral dos clérigos possam melhorar faça-se que todos vivam casta e virtuosamente, particularmente aqueles investidos nas sagradas ordens, guardando contra todo vício do desejo, especialmente tendo-se em conta que a ira Divina desce do céu sobre os filhos da descrença, então que em vista do Deus Todo-Poderoso possam eles cumprir suas obrigações com o coração puro e o corpo casto. (...) Os prelados que derem auxílio a tais iniqüidades, especialmente visando dinheiro e vantagens temporais, deve estar sujeito a tal punição (o afastamento perpétuo).” (http://www.intratext.com/IXT/ENG0431/__PE.HTM)

    O filme propõe uma distinção paradoxal: todos os padres do século XVI seriam corruptos, menos Lutero.

    Alguém um pouco mais atento perceberá o contraste, e se perguntará: mas Lutero também não era padre? Por que só ele não se corrompeu? Será mesmo que o clero era tão ruim assim como pintaram os luteranos?

    É fato reconhecido (mesmo por protestantes) que Lutero exagerou a corrupção na Idade Média para lançar as pessoas contra a Igreja Católica (Grisar: 130-132).

    E para piorar, Lutero lançou mão mesmo de lendas sem comprovação para atacar a Igreja:

    “Lutero era inventivo na promoção de sua causa. Em sua avidez de lucrar o que parecesse servir aos seus fins, Lutero ao final de 1520 fez uso de uma notória fábula atribuída ao bispo Ulrich de Augsburg, publicando-a [a fábula] em Wittemberg com seu prefácio. Essa publicação pretendia ser uma efetiva arma contra o celibato dos padres e religiosos. Nessa carta o santo bispo é representado narrando como cerca de 3000 (de acordo com outros, 6000) cabeças de crianças foram descobertas num reservatório de água do convento de freiras de São Gregório em Roma. (...) (Jerome) Emser desafiou Lutero a publicar essa questionável carta, e ele respondeu que não confiava muito nela. (sic!) Todavia, graças a seu patrocínio, a fábula pôde continuar sua destruidora carreira e foi zelosamente explorada.” (Grisar: 177)

    Lutero mesmo apelará a tal carta ainda em três ocasiões (registradas nos Propos de table) embora não pudesse provar sua autenticidade! (Grisar: 177; nota 64)

    É curioso também notar que Emser, secretário do duque George da Saxônia, já havia acusado Lutero de uma vida dissoluta em sua época de estudante - “grande delinqüência de sua parte” – ao que Lutero não respondeu, e mesmo admitiu indiretamente. (Grisar: 30)

    Jerome Dungersheim fez companhia a Emser, apontando os “maus hábitos” do jovem estudante, e atribuindo a esses comportamentos e à falta de oração o fato de Lutero rejeitar a possibilidade do monge observar seu voto de castidade. (Grisar: 30-31)

    Se Lutero não era correto na juventude, muito menos o será posteriormente: quando ainda era vigário rural escreveu confessando seu relaxamento no cumprimento das obrigações morais:

    É raro que eu tenha tempo para a recitação do Ofício Divino ou para celebrar Missa, e então, também, eu tenho minhas peculiares tentações da carne, do mundo, e do demônio” (Grisar: 62)

    Evidentemente a tríplice concupiscência não pouparia o monge: sem rezar e sem comungar, como Lutero poderia esperar salvar-se?

    A Bíblia – que Lutero dizia conhecer – manda insistentemente: “Vigiai e orai para não cairdes em tentação.” (Mt, XXVI, 41)

    Mesmo o condescendente Staupitz foi obrigado a fazer Lutero saber em 1522 que o monge rebelde estava indo longe demais, e que as atividades de Lutero estavam sendo “louvadas por aqueles que mantém casas de má-fama.” (Grisar: 178) Lutero por essa época pregava a libertação das autoridades eclesiásticas e a quebra dos votos monásticos, que esvaziou muitos conventos. Daí a advertência de Staupitz, que via bem onde estava conduzindo o evangelho luterano...

    Em Julho de 1521, portanto quando estava no castelo de Wartburg, Lutero escrevia a Melanchthon:

    “Eis que, eu rezo muito pouco... Por uma semana inteira eu nem escrevi, nem rezei nem estudei, atormentado em parte pelas tentações da carne, parte por outro problema [constipação]. Reze por mim, pois na solidão estou afundando no pecado. (...) Eu queimo nas chamas de minha carne insubmissa; em resumo, eu deveria estar ardente no espírito, pelo contrário eu ardo na carne, no desejo, na preguiça, na desocupação e na indolência, (...) Eu sou severamente experimentado pelo pecado e pelas tentações. (...)” (Grisar: 199)

    Lutero dizia o mesmo a Staupitz dois anos antes. (Grisar: 199)

    Vejam essa confissão, prezados leitores: Lutero ficava uma semana inteira sem rezar! E ainda por cima ficava ocioso, pois nem lia, nem estudava!

    Entregue ao ócio, mãe de todos os vícios, e sem rezar, sem pedir a ajuda divina, certamente iria cair em tentação.

    Lutero reclamava das tentações, porém, ao invés de rezar e fazer penitência, abandonava-se cada vez mais ao vício; não rezava nem vigiava.

    E como os vícios gostam de fazer companhia um ao outro, pois o semelhante atrai semelhante, vemos como Lutero os possuía com largueza:

    “À sua Catarina escrevia em 1540: vou comendo como um boêmio e bebendo como um alemão, louvado seja Deus!” (Franca, IRC: 186).

    E em 1534 havia escrito:

    “Ontem aqui bebi mal e depois fui obrigado a cantar; bebi mal e sinto-o muito. Como quisera haver bebido bem ao pensar que bom vinho e que boa cerveja tenho em casa, e mais uma bela mulher... Bem farias em mandar-me daí toda a adega bem provida do meu vinho e, o mais freqüentemente que puderes, um barril de tua cerveja.” (Franca, IRC: 186)

    São confissões escandalosas na boca de um reformador evangélico.

    Mas não para por aí. Mandava dizer de Wartburg (1541): “Aqui passo todo o dia no ócio e na embriaguez.”. Em Erfurt, por 1522, Melanchthon relata que Lutero não fez senão beber e gritar, como de costume.” (Franca, IRC: 186)

    Em 1531 o rebelde reclama a Wenceslau Link:

    “a dor de cabeça, contraída em Coburgo por causa do vinho velho, ainda não foi debelada pela cerveja de Wittemberga” (Franca, IRC: 187)

    Na mesma linha da decadência moral, Lutero encaixa então seu sistema teológico. Veja-se como ele aconselha o atribulado Jerome Weller em termos estarrecedores:

    “Quando te vexar o diabo com estes pensamentos, palestra com os amigos, bebe mais largamente, joga, brinca ou ocupa-te em alguma coisa. De quando em quando se deve beber com mais abundância, jogar, divertir-se e mesmo fazer algum pecado em ódio e acinte ao diabo para não lhe darmos azo de perturbar a consciência com ninharias... Quando te disser o diabo: não bebas, responde-lhe: por isso mesmo que me proíbes hei de beber e em nome de J.C. beberei mais copiosamente... Por que pensas que eu bebo, assim, com mais largueza, cavaqueio com mais liberdade e banqueteio-me com mais freqüência, senão para vexar e ridicularizar o demônio que me quer vexar e ridicularizar de mim?... Todo o decálogo se nos deve apagar dos olhos e da alma, a nós tão perseguidos e molestados pelo diabo.” (De Wette, IV, 213, apud Franca, IRC: 187)

    Cristo havia mandado o jovem rico guardar os mandamentos.

    Lutero mandou seu discípulo apagar os mandamentos dos olhos e da alma! Eis o reformador evangélico!

    E como conseqüência do princípio luterano, o rebelde escreve ao então escrupuloso Melanchthon em 1521:

    Seja um pecador, e peca fortemente, mas creia ainda mais firmemente (Esto peccator et pecca fortiter, sed fortius fide)” (Grisar: 206)

    Peca fortemente! Sabendo que Cristo o perdoará!

    Ora, o pecado é uma ofensa a Deus. Como alguém pode pretender ofender outrem, contando antecipadamente com a bondade dessa pessoa em perdoá-la?

    Como pode um verdadeiro reformador evangélico incitar alguém ao pecado, como fez Lutero? Se isso não é permitir toda violação da lei, então o que será?

    Livre de todo freio moral, Lutero dará à história do protestantismo páginas inacreditáveis de baixezas, que eram resultado de sua constituição bruta e principalmente de sua doutrina péssima.

    Grisar mostra que o uso de expressões rasteiras pelo reformador era uma constante, e uma verdadeira fixação:

    “Suficiente lembrar aqui que a esfera das funções ventrais constitui o solo mais fértil de suas (de Lutero) amplificações e comparações. Os estudantes ao redor de sua mesa freqüentemente indicam termos impróprios em seus manuscritos por meio de sinais, como I e X, no lugar onde a pena hesita em expressar a palavra suja. (...) Caspar Schatzgeyer, um dos mais moderados entre os apologistas católicos (...):“Nunca”, ele diz, “em qualquer outra disputa literária tal conjunto de armas foi usado.” (Grisar: 484)

    Por conta do desconhecimento do verdadeiro Lutero e de sua mitificação, tornou-se comum a rejeição aos textos dos Propos de table, por não parecerem dignas do Lutero mítico. Mas como vimos acima, e como veremos a seguir, Lutero era comumente vulgar e brutal, particularmente contra seus inimigos, mas mesmo nas conversas entre os seus.

    É o que se vê, por exemplo, na disputa epistolar entre Lutero e Lemnius, seu antigo discípulo, não menos vulgar que o mestre: embora não possa ter muito crédito, por suas mentiras e frivolidades, bem como por sua baixeza, Lemchem é um exemplo de como o espírito evangélico dominava os pseudo-reformadores:

    “Ele (Lemchem) compôs um poema revoltante no qual ele descreve Lutero acometido de disenteria (sic!). Lutero lhe devolve uma “xxxx-song” (!), na qual ele presta tributo a Lemnius em linguagem não menos vulgar que seu oponente. (Propos de table, n. 4032)” (Grisar: 502)

    A propósito, o Salmo:

    "De maledicência, astúcia e dolo sua boca [do ímpio] está cheia; em sua língua só existem palavras injuriosas e ofensivas." (Salmo IX, 28)

    Nessa linha de vulgaridade injustificada, o filme também não revela o modo como Lutero costumava se referir ao Papado:

    “No fim daquele mês (fevereiro de 1545) apareceram duas estampas devidas à colaboração desses dois homens de gênio (sic), Martim Lutero e Lucas Cranach: o papa-asno e o papa-porco, seguidas duma série de dez gravuras em madeira guarnecendo quadras de Lutero onde este fizera seu “testamento”. Grosseiras obscenidades: o demônio gerou o papa, as fúrias o alimentaram no seio; convidado para um concílio, ele apresenta à Cristandade pasmada, sua própria imundície. Uma das estampas mostra o papa com uma cabeça de burro, tocando a cornamusa para atrair os imbecis ao seu concilio (Trento). (...) Outra apresenta o pontífice a cavalo num porco do alto do qual abençoa um monte de imundícies fumegantes, para o qual o animal estende o focinho. Eis aqui os versos de Lutero gravadas no alto: Porco, deixa-te conduzir / Esporear sobre teus dois flancos / Um belo concílio será tua recompensa, / Este fino prato (o monte de imundícies) constituirá o acepipe.” (Brentano: 215)

    Brentano refere-se à obra conjunta de Cranach – que aparece rapidamente no filme, junto ao eleitor Frederick – e Lutero: Contra o Papado de Roma fundado pelo demônio. As figuras de Cranach e os textos de Lutero são horripilantes. Nos furtamos de reproduzir tal baixeza, que pode ser conferida na fonte (Grisar: 546-547).

    Os protestantes se esforçam por esconder essa obra imoral e delirante de Lutero, como se pode ver em Köstlin, que só cita duas imagens, as menos ofensivas (figuras abaixo) e que reproduzem a suposta tirania do Papa sobre os imperadores alemães. (Köstlin: 563):




    Imagens blasfemas do Papa (Grisar: 546-547)


    E juntamente com a vulgaridade obscena, o ódio era marca registrada do rebelde alemão.

    Na resposta ao teólogo Prierias, Lutero perde todo o controle:

    “Se a fúria dos Romanistas chega a isso,” ele escreve, “parece-me não haver outro remédio para o imperador, para os reis, e para os príncipes senão atacar essa peste na Terra por meio das armas, e decidir a questão com a espada ao invés de palavras (...) Se punimos os ladrões com a forca, os assaltantes com a espada, os hereges com o fogo, então por que também não nos armamos e não atacamos esses mestres da corrupção, esses cardeais, esses papas, e toda essa corja da Sodoma Romana que corrompe a Igreja de Deus sem fim? Por que não lavamos nossas mãos em seu sangue?(Grisar: 148)

    E Lutero, no afã de atacar o Papa e o imperador, proibia seus príncipes de ajudá-los no combate aos turcos. Em 1524:

    “Nós recusamos obedecer e marchar contra os Turcos ou contribuir para essa causa, já que os Turcos são dez vezes mais inteligentes e mais devotos que nossos príncipes(Grisar: 326)

    E depois:

    o governo do Papa é dez vezes pior que aquele do turco... Se os turcos merecem ser exterminados, será preciso começar pelo Papa.” (Grisar: 326)

    E isso quando os turcos já batiam às portas de Viena, ameaçando toda a Europa Cristã!

    De fato Lutero terá grande culpa no atraso ao combate aos turcos que ameaçavam a Cristandade. Isso será causa mais tarde de imensos remorsos para o reformador, ao constatar a destruição causada pelos muçulmanos. De fato, essa ameaça será um empecilho constante para que o imperador se dedique ao problema religioso na Alemanha, e será mesmo oportunidade de barganha para os príncipes protestantes. Em 1532, para afastar mais uma vez o perigo turco, Carlos V teve que ceder em Nuremberg e anular a Dieta de Augsburg, que havia terminado favoravelmente ao Catolicismo. (Llorca: 686-687)

    Lutero alimentava-se de ódio: ele praguejava contra o Papa, e abençoava seus discípulos desejando que igualmente odiassem o Sumo Pontífice. Seu ódio chegava a tal ponto que ele dizia que renovar o ódio ao Papa apascentava seu espírito e dissipava suas tentações! (Grisar: 442)

    Contra Lutero, diz o Príncipe dos Apóstolos:

    “(...) sede todos dum mesmo coração, compassivos, cheios de amor fraternal, misericordiosos, modestos, não retribuindo mal por mal, ou injúria por injúria; antes, pelo contrário, bendizendo” (1 Pe, III, 8-9)

    E como diz a Escritura, "a boca fala o que transborda do coração" (Mt XII, 34)

    E a hipocrisia de Lutero se revelava por vezes demasiado clara: em 1521, quando ele esperava ainda poder cativar o imperador em prol de sua causa, escrevia a Carlos V em termos extremamente respeitosos com relação ao papado e à Igreja; ao mesmo tempo, terminava seu tratado De Captivitate Babylonica, onde descreve o papado como o reino da Babilônia e repudia a hierarquia e toda a Igreja visível nos piores termos! (Grisar: 162)

    O imperador – muito corretamente - rasgou a carta hipócrita de Lutero durante a Dieta de Worms. (Grisar: 162)

    Hipocrisia, violência, deboche. Contra os inimigos, qualquer arma era válida para Lutero. O Bispo de Meissen, John von Schleinitz, baseando-se no V Concílio de Latrão, opôs-se ao rebelde em 1520 quanto à demanda pela comunhão sob as duas espécies. Lutero então reagiu violentamente, primeiro insinuando que o autor de tal proibição não poderia ter sido um bispo, para se desvencilhar da autoridade; depois dizendo – na linguagem que lhe era própria – que o documento muito apropriadamente tinha surgido na quaresma, pois o seu autor “provavelmente havia perdido sua razão durante o carnaval.” (Grisar: 150-151)

    O pior é que Lutero confessaria sua arbitrariedade doutrinária nesse ponto, nos seguintes termos:

    Se um Concílio ordenasse ou permitisse as duas espécies, por despeito ao Concílio, nós só receberíamos uma, ou mesmo, nem uma nem outra e anatematizaríamos os que, em virtude dessa ordenação, recebessem as duas.” (Bossuet, T. 1, L. 1, 59)

    Na verdade Lutero não queria reformar coisa alguma.

    Ele queria apenas destruir o que a Igreja, única guardiã da doutrina verdadeira de Nosso Senhor, havia edificado e sustentado por quinze séculos.

    Quem vê o Lutero doce e controlado do filme nem imagina tal realidade...

    http://www.montfort.org.br/index.php...me&lang=bra#26

    Pious dio el Víctor.

  6. #6
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    5. Paródia das indulgências: crânio de São João e outros

    Desnecessário também é comentar o exagero absurdo, que beira o cômico, da venda de indulgências em Roma. Quase não sobram ruas vazias na Cidade Eterna, qualquer cantinho é oportuno para vender a salvação.

    Assim como Lutero, os forjadores do filme só viram maldade e corrupção em Roma. Nada viram ali de belo e de santo.

    Para eles as bem apropriadas palavras de Veuillot sobre a Cidade Eterna: Comme le Dieu qui la remplit, elle se révèle aux humbles et se cache aux superbes.” (Veuillot: 8)

    Também, convém notar como os católicos são sempre retratados como miseráveis e fanatizados, enquanto o clero explorador das indulgências invariavelmente verga o hábito de São Domingos. Talvez seja o ódio de Lutero e luteranos ao maior teólogo de todos os tempos, São Tomás de Aquino.

    Mas o filme – de novo – omite que Lutero pronunciou um sermão a favor das indulgências em Julho de 1516, mostrando – conforme a doutrina Católica, que a indulgência não é remissão do pecado, mas “remissão da pena temporal devida ao pecado, que o penitente deve sofrer, seja da maneira como foi imposta pelo padre, seja que ele tenha que sofrer no purgatório,” e continua:
    “ninguém pode sentir-se seguro da salvação.”

    E ajuntando:

    “Ganham indulgência plenária apenas aqueles que tenham se reconciliado com Deus por meio de verdadeira contrição e confissão.” (Grisar: 89)

    E ainda, surpreendentemente, sobre o fundamento das indulgências:

    “Elas são o mérito de Cristo e de Seus santos [i.e. elas derivam sua eficácia desse tesouro de méritos], e nós devemos, portanto, estimá-las com toda reverência devida.” (Grisar: 89-90)

    É exatamente a doutrina que Lutero irá atacar nas suas 95 teses, no ano seguinte. Os historiadores sérios mostram que as indulgências não passaram de pretexto para a erupção da revolução. O filme quer passar a idéia que a Igreja realmente vendia a salvação...

    Curioso é que, no filme Lutero, coloca-se essa doutrina na boca de Spalatin, que defende o eleitor Frederick, ávido consumidor de relíquias e indulgências. E Lutero responde apenas com um sorriso de desdém...


    6. Staupitz oferece a Lutero a possibilidade de ler a Bíblia em Wittemberg

    Uma outra distorção clara do filme é a sugestão de que Lutero nunca teria lido a Bíblia (Novo Testamento) antes de ir a Wittemberg.

    Falso!

    Completamente falso!

    Uma das regras do mosteiro de Erfurt rezava que:

    “sobretudo a obrigação de “ler a Bíblia com fervor, escutar sua leitura com devoção, e aprendê-la com assiduidade.” (Grisar: 44)

    O rebelde alemão parecia mesmo ter muito interesse na Bíblia, de acordo com o relato do mestre de noviços (Grisar: 44)

    E Köstlin também reconhece que Lutero lia a Bíblia em Erfurt, e acrescenta que Staupitz teria ordenado a leitura ZELOSA da Bíblia! (Köstlin: 43)

    Lutero entrou no mosteiro de Erfurt em 1505. Só três anos depois ele irá a Wittemberg. Durante todo esse tempo leu a Bíblia, sim senhor.

    Infelizmente...

    E o rebelde teve ainda contato anterior com a Bíblia, na Universidade de Erfurt, aos 20 anos. (Köstlin: 36)

    Por ser um livro raro e precioso, a Bíblia se encontrava presa à estante por uma corrente, o que deu origem a mais uma lenda protestante, a da “bíblia acorrentada” (sic!). Lutero usará esse episódio para criticar a Igreja por manter a Bíblia longe do alcance do povo, usando levianamente o fato do livro Sagrado estar preso à estante.

    Ora, até hoje é costume manter presos os livros mais raros e valiosos em qualquer biblioteca do mundo, e não era diferente em Erfurt. Antes do advento da imprensa, a Bíblia – e muitos outros livros – eram caros e difíceis de reproduzir, justificando plenamente essa medida. (Grisar: 432)

    E além do mais, a aparição de Hans Luther em Erfurt na ordenação do filho revela uma informação preciosa: a de que o povo conhecia a Bíblia!

    Pois Hans diz ao filho rebelde: “Por acaso não leste na Escritura que o quarto mandamento manda honrar os pais?” . E Köstlin é mais explícito, revelando o que disse o pai de Lutero no almoço que se seguiu à ordenação: "Learned brothers, have you not READ in Holy Writ, that a man must honour father and mother? ". (Köstlin, 54).

    O pai de Lutero era camponês, e conhecia a Escritura! E soube inclusive aplicá-la muito bem!! Portanto, é mentira que a Igreja negava ensinar a doutrina ao povo mais simples. É mentira que a Igreja escondia a Bíblia.


    7. Dr. Carlstadt, Lutero e o Extra ecclesia nulla salus

    O Dr. Carlstadt foi dos primeiros a aderir a Lutero.

    E essas coisas não acontecem do dia para a noite: é evidente que o professor de Wittemberg já tinha idéias péssimas, e que instigado pelo rebelde lançou-se então fanaticamente contra a Igreja.

    Em seguida se lançará avidamente em busca de uma mulher, violando seu voto de padre, pois não há herege sem concubina.

    Depois se lançará contra o próprio Lutero, sendo inclusive expulso da Saxônia por intercessão do monge rebelde, graças à tolerância religiosa da reforma...

    Em um diálogo que provavelmente nunca ocorreu, Lutero interpela Carlstadt sobre a salvação fora da Igreja, reclamando o destino dos ortodoxos; dos santos ortodoxos (sic!): Carlstadt então cita a autoridade do V Concílio de Latrão, que definiu a questão mostrando que fora da Igreja Católica não há salvação, conforme a famosa sentença de São Cipriano “extra ecclesia nulla salus”. Lutero então diz que o IV Concílio de Latrão se opunha ao V de Latrão, ao admitir que poderia haver salvação fora da Igreja, embora não fora de Cristo.

    Ora, mas não há nada mais falso!

    Assim se pronunciou o IV Concílio de Latrão, em seu Cânon 1:

    “Há apenas uma Igreja Universal dos fiéis, fora da qual não há absolutamente salvação (“There is one Universal Church of the faithful, outside of which there is absolutely no salvation”) (http://www.intratext.com/IXT/ENG0431/_P1.HTM)

    Que – diga-se de passagem – concorda inteiramente com o que disse o V de Latrão, em sua Sessão 11 (Dez de 1516):

    “Pois, regulares e seculares, prelados e seus fregueses (...) pertencem à única Igreja Universal, fora da qual ninguém pode se salvar, e todos têm um Senhor e uma fé.”(http://www.intratext.com/IXT/ENG0067/_PT.HTM#O4T)

    Portanto, mais uma boa e grossa mentira luterana...

    Vale acrescentar que Lutero irá recusar e desqualificar toda autoridade com sua revolta, apelando à autoridade no início apenas por hipocrisia, para ganhar tempo e fazer um mal maior dentro da Igreja.

    Assim, irá elogiar o Papado até ser excomungado; uma vez condenado pelo Papa, irá apelar ao Concílio, que evidentemente irá rejeitar posteriormente; também, aceitará a arbitragem das universidades até que elas declarem seus escritos heréticos, quando então passará a recusar sua autoridade com uma violência inaudita.

    O diálogo com Carlstadt é apenas mais uma idealização de Lutero, passando a idéia de que o rebelde era imbatível nos debates e que a Igreja só possuía ignorantes e sofistas.

    É por isso que o filme Lutero não mostra a Disputa de Leipzig, pois seria difícil conciliar a imagem superior de Lutero com a derrota na disputa com o teólogo Católico John Eck, que conseguiu encurralar o revolucionário alemão para que negasse toda autoridade da Igreja (Papa e Concílios) e mostrar-se verdadeiramente um herege. (Grisar: 115-116)

    Nessa famosa disputa, Eck fez Lutero negar os livros que na Bíblia defendem o Purgatório, fundamento das indulgências que Lutero atacava.

    Eck venceu de tal modo a disputa, que como conseqüência o Duque George da Saxônia firmou posição definitiva a favor da Igreja, e as universidades de Colônia e Louvain condenaram as doutrinas heréticas de Lutero. (Llorca: 671)

    O fato relevante é que as universidades haviam sido invocadas como árbitros da disputa, e seu veredicto então deveria ser aceito pelos participantes. As universidades de Paris e Erfurt também irão condenar Lutero, embora mais tarde (Llorca: 671)

    Mais curioso ainda é que Lutero havia dito no começo que aceitaria as sentenças das universidades. Quando Colônia e Louvain rejeitaram várias de suas proposições, Lutero escreveu uma Responsio, onde pretendia mostrar “a vaidade e nulidade de tais veredictos acadêmicos em geral.” Dizia ainda, em linguagem que lhe era própria:

    “Até que eles o refutem, (...) considera as condenações como se fossem imprecações de uma meretriz bêbada (sic!). Os professores de Louvain e Colônia são caracterizados como “asnos” em carta a Spalatin.” (Grisar: 149)


    Embora tenha perdido a disputa de Leipzig, Lutero é quem contará a versão oficial na Alemanha, graças à intensa máquina de propaganda que acompanhou toda Reforma.

    Humanistas – como Crotus Rubeanus, Filipe Melanchthon e Justus Jonas, com a bênção de Erasmo - e os hussitas cerrarão fileiras com Lutero, e o apoiarão decisivamente, divulgando suas idéias e mesmo protegendo-o do imperador e do Papa. (Grisar: 116-117)

    As elites alemãs suportaram o jovem e impetuoso rebelde.

    Como sempre acontece nas revoltas populares...


    8. Conversas com o demônio

    As doentias discussões com o demônio são um lugar comum na vida de Lutero.

    Mesmo tendo mostrado essa face do reformador, o filme sugere que esse era um legado católico, e que o monge era atormentado então pela noção de justiça divina tirânica.

    Contra essa afirmação, basta lembrar que Lutero irá encontrar o demônio durante toda vida, e de modo mais intenso ainda depois que abandonou a Igreja Católica e supostamente libertou-se da opressão que denunciara.

    Em Wartburg (1521), por exemplo, no ócio que ele mesmo disse estar, demônios começam a povoar sua imaginação e mesmo “tornam-se visíveis e audíveis para ele (...)” (Grisar: 200) Outras manifestações anormais o acompanhavam, como o diabo que lhe aparece em forma de um cachorro (Grisar: 202)

    Ainda no mosteiro, dizia Lutero, o demônio “freqüentemente me puxava pelo cabelo (sic), contudo foi sempre forçado a me deixar ir.” (Grisar: 204)

    Lutero via diabos em toda parte.

    Ele aceitou avidamente o relatório de Bugenhagen sobre um demônio que testemunhou a favor do evangelho por meio de uma serva possuída (sic!) (Grisar: 383)

    E Lutero admirava o poder do príncipe das trevas em termos estarrecedores (em 1530):

    “Eu mal posso esperar o dia (...) no qual veremos o grande poder desse espírito e, como era, sua quase divina majestade.” (sic!) (Grisar: 383)

    Via demônios em Cobourg em 1530, como a serpente de fogo que depois de transforma em estrela cadente; e ainda:

    “Eu vi meu demônio sobrevoando a floresta de Cobourg”;

    Em Cobourg também será constatada a mancha de nanquim na parede, como em Wartburg, embora Grisar não confirme a autoria dos disparos de tinteiro por Lutero. (Grisar: 383-384)

    Brentano, no entanto, nos narra de maneira muito viva esse episódio estranho:

    “Vêem-se ainda, em Wartburg, traços duma nódoa de tinta, que Lutero teria feito na parede, lançando um tinteiro na cabeça do demônio; pelo menos a mancha foi renovada, pelos peregrinos que não cessam de arrancar pedaços do muro a título de relíquias (sic). Traços iguais na muralha, deixados pelos tinteiros que Lutero jogava em Satã, encontram-se no convento de Wittemberg e no castelo de Cobourg. Parecerá que o reformador não pode permanecer em lugar algum sem se empenhar com o Maligno, em batalhas a tinteiradas”. (Brentano: 85)

    Interessante notar que essas manifestações doentias são bem posteriores à conversão de Lutero, e que, portanto, o reformador já estava livre das lendas e da influência que os biógrafos protestantes atribuem à Igreja Católica.

    A partir de 1521, Lutero deveria possuir a paz e a alegria que atribuía à sua doutrina de justificação pela fé, livre da prisão moral imposta pela Igreja!

    O que se vê, no entanto, é exatamente o contrário: quanto mais se afastou da Igreja e mais se afundou em seus erros, mais desesperado e doentio foi seu comportamento. (Grisar: 384)

    O diabo era companheiro inseparável de Lutero. Em Wartburg (1521):

    “Ao tempo de minhas primeiras conferências sobre os Salmos, dirá, (...) estava sentado redigindo minhas primeiras lições, quando o diabo surgiu e fez barulho, três vezes, atrás de minha estufa, como se tivesse arrastado uma vasilha para fora do inferno. (...) Senti-o, de novo, por cima do quarto no claustro, mas como notasse que era o diabo, não lhe dei mais atenção e adormeci.” (Brentano: 93)


    Dirá que Levava o diabo pendurado no pescoço”; e também:

    Conheço o diabo a fundo, de pensamento e de aspecto, tendo comido em sua companhia mais de uma pipa de sal” (Brentano: 93)

    E ainda, surpreendentemente:

    O diabo dormiu ao meu lado, em minha cama, mais vezes do que minha mulher.”; (Brentano: 93)

    Ao que ajunta Brentano:

    “Satã mostrava-se ao pai da reforma sob os mais diversos aspectos: ora sob a forma de uma grande porca preta, ora sob a de uma tocha acesa; no castelo de Cobourg insinua-se na pele duma feia serpente, para aparecer, em seguida, na forma de estrela radiosa. (...)” (Brentano: 93)

    E vemos Lutero falando aos discípulos sobre as tentações do demônio, e a forma anticristã de as afastar:

    “Muitas vezes os ataques do demônio vos caem na cabeça, como o raio; não há melhor remédio do que comer bem, passar boa vida, e as maquinações do demônio derretem-se como neve ao sol.”(Brentano: 97)

    E ainda:

    “Cuida de teu estômago, não te vás matar com jejuns; dormirás melhor; quando não durmo, o diabo acorre logo e põe-se a discutir comigo. Fala com voz grave e forte” (Brentano: 97)

    Ora, esse é um comportamento diametralmente oposto ao sola gratia de Lutero: é um comportamento pelagiano, através do qual o homem se julga capaz de disputar com a tentação e de vencê-la com as próprias forças, sem apelar à graça divina através da oração!

    É mais uma das inúmeras contradições do rebelde...

    Nessa linha, Brentano vai além, mostrando como o demônio, além de companheiro, era de fato mestre de Lutero:

    “Mas às vezes o reformador tinha com o Espírito do Mal longas conversas; dava-lhe ouvidos aos argumentos. Aconteceu deixar-se convencer por eles. Por sua própria confissão, esta e aquela parte de sua doutrina nascem dessas infernais discussões. Nicolau anotou, (...): “Nunca houve ninguém, a não ser Lutero, que se tivesse gabado, numa obra impressa, de ter tido uma longa conferência com o diabo; que se tinha convencido de suas razões, que as missas privadas eram um abuso e que era esse o motivo que o tinha levado a aboli-las”. Bossuet volta ao mesmo ponto, em sua História das variações... (liv. IV): “Nesse tempo Lutero publicou esse livro contra a missa privada, onde se encontra a famosa conversa que tivera com o anjo das trevas e onde, forçado pelas razões deste, aboliu, como ímpia, a missa que celebrara durante tantos anos (...) ” (Brentano: 98-99)

    Como dissemos, aqui encontramos a justificativa para Lutero mentir tanto e se contradizer continuamente: ele tinha por mestre o próprio pai da mentira...

    E se o diabo era mestre e companheiro inseparável de Lutero, convém notar também que o rebelde foi descrito pelo menos três vezes como dotado de um olhar estranho, faiscante, como o de um homem possuído pelo demônio: em Worms, pelo Cardeal Aleander (Grisar: 183), no retorno a Wittemberg, pelo bispo John Dantiscus (Grisar: 217) e pelo núncio Vergerio, que entrevistou Lutero em 1535. (Grisar: 414)

    É fato que Lutero tinha um encantamento estranho; que cativava as pessoas, em que pese suas incoerências e inúmeros vícios. Diz-se que, entre os luteranos, somente Schwenkfeld não foi dominado pela estranha atração de Lutero.


    9. Jovem suicida: Lutero concede-lhe a sepultura cristã

    Um dos episódios mais interessantes do filme não se encontra nas biografias de Lutero: o episódio do jovem suicida, que Lutero enterra no solo sagrado da Igreja. Mesmo porque Lutero defendia atitudes até mais radicais nesse sentido: falando a pastores em Agosto de 1532:

    "Guardemos a Igreja por nossas prédicas, por uma pura doutrina, distribuindo os sacramentos. Quanto aos que não querem recebê-los nem aprender o catecismo, deixai-os rebentar como porcos, sem assisti-los na hora da morte; não consintais que sejam enterrados no cemitério; assim os amedrontareis e intimareis os outros" (Propos de table, n. 1735) (Brentano: 162)

    Na verdade, nos parece que essa ficção luterana foi feita com uma intenção muito clara: transmitir de modo brando e menos escandaloso a doutrina do Servo arbítrio de Lutero.

    Seria difícil reproduzir os diálogos do monge rebelde, ou mesmo trechos do terrível livro Do servo arbítrio, que afinal levava Lutero a dizer que nem Judas nem Adão tiveram culpa de seus terríveis pecados!

    "Neste caminho [da predestinação] Lutero é obrigado a confessar que, conforme sua doutrina, Judas não podia deixar de trair Cristo. Se Judas devia necessariamente entregar Jesus, Adão no paraíso devia necessariamente comer a maçã - também assim Lutero o reconhecia. Como acaba nessas condições a tese do pecado original e toda a doutrina luterana da corrupção, não somente da humanidade, mas da natureza inteira, pela falta de Adão, já que nosso primeiro pai não podia deixar de cometer esta falta? Ao que Lutero chega a esta bela conclusão: "Deus age sempre como um louco" (närrisch)." (Brentano: 111)

    Seria difícil fazer o herói Lutero reproduzir palavras tão duras como essas no filme!

    Também seria difícil colocar no moço bonzinho a conseqüência que ele mesmo tirava da teoria da predestinação:

    “Na predestinação, esquecemos Deus: o Laudate se transforma em Blasphemate. (Propos de table, no. 1820) ” (Brentano: 156)

    E o que diriam os pacatos espectadores de Lutero, se lhes fosse apresentada a seguinte explicação de Lutero para a vontade humana:

    “O arbítrio humano, (...) se assemelha a uma sela de cavalo entre os dois [Deus e o diabo]. Se Deus monta na sela, a vontade do homem quer e age de acordo com a vontade de Deus... Mas se o demônio é o cavaleiro, o homem deseja e age conforme a vontade do demônio. Ele não tem forças para correr para um ou outro dos cavaleiros, e oferecer a si mesmo, mas os cavaleiros lutam para obter a posse do animal. (sic)” (Grisar: 300)

    Brutal, mesmo para nossos tolerantes dias, e para nossos passivos espectadores!

    E também não seria fácil passar a solução luterana para o problema da predestinação, que o rebelde colocou nos seguintes termos:

    "[Lutero] esconde arbitrariamente de si mesmo a predestinação ao inferno com seus horrores, mas insiste firmemente sobre a monstruosidade da predestinação absoluta à punição eterna (...) Ele sugere que nós simplesmente não devemos pensar nisso!" (Grisar: 302)

    E continua Grisar, mostrando como Lutero fundamentava sua teoria absurda:

    "Ele [Lutero] recorre a um misterioso Deus escondido, o qual, em Sua ilimitada majestade, deve ter outras normas que nosso senso de justiça humano possa conceber. A essência de Deus é de fato inescrutável. A afirmação do Apocalipse de que Deus quer a salvação de todos os homens, se aplica ao Deus revelatus no Evangelho de Cristo; mas há também um Deus escondido, um Deus absconditus, cujos decretos podem ser bem diferentes." (Grisar: 302)

    Veremos mais adiante como essa estranha concepção na verdade tinha uma base doutrinária muito sólida e muito conhecida pelo monge...

    Definitivamente, não era possível apresentar o servo arbítrio nem a predestinação luterana assim cruamente, sem um disfarce...
    Mas se não era possível apresentá-la assim, era preciso adaptá-la de alguma forma, pois não houve doutrina mais cara a Lutero, que chegou a dizer em 1537:

    “Eu não reconheço nenhum de meus escritos como genuíno, exceto o Servo Arbítrio e o Catecismo” (Grisar: 303)

    E confessando sua firme adesão a doutrina tão perversa:

    “Nenhum de meus livros, afirma em 1527, a Capito, é tão bem fundado como meu Servo Arbítrio (Brentano, 157)

    Então, como mostrar essa doutrina de Lutero de forma branda, simpática? Nada mais fácil quando não se é comprometido com a verdade... : um jovem atormentado pela mentalidade punitiva da Igreja; um trabalho humilhante e explorador; um monge solidário com os sofrimentos do povo (Lutero, é claro!); e pronto: Lutero desafia o status quo, enterra o jovem na Igreja, fica de bem com os desesperados pais, e coloca toda a culpa no demônio!

    Nada como não ter compromisso com a verdade!

    Convém notar ainda como é no paganismo que Lutero busca parte dos argumentos a favor de sua tese absurda:

    “Deus é obrigatoriamente, um Deus sob cuja decisão tudo se realiza. Os próprios pagãos não atribuiriam a Júpiter uma vontade suprema que chamam Fatum (o destino)? Não reconheceram que nenhuma vontade humana pode subtrair-se a esse jugo eterno? O poder supremo de Deus, somado à sua presciência eterna, fazem desaparecer obrigatoriamente uma razão agindo livremente em nós. (De servo arbítrio, 1525)” (Brentano: 157)

    Contra Lutero disse São Tiago:

    "Ninguém, quando for tentado, diga: É Deus quem me tenta. Deus é inacessível ao mal e não tenta a ninguém. Cada um é tentado pela sua própria concupiscência, que o atrai e alicia. A concupiscência, depois de conceber, dá à luz o pecado; e o pecado, uma vez consumado, gera a morte." (Tiago I, 13-15)

    Notem, prezados leitores, como a doutrina luterana é paganismo, como veremos ao final. Ele apenas usou a aparência de Cristianismo para abrigar-se, como fazem todos os hereges.


    10. Lutero pregador: sermão amoroso e de confiança...

    Segundo o filme, o herói popular é também orador eficiente, e que fala só de amor e de confiança, em oposição à Igreja tenebrosa e punitiva.

    No entanto, esqueceram de mostrar que em 1530, Lutero recusou-se a pregar no púlpito, devido

    “seu desgosto com a indiferença do povo em relação à palavra de Deus”. O editor (luterano) da coleção de Weimar comentou então que “a única explicação possível para esse passo é patológica.” (Grisar: 382)

    O sermão de Lutero no filme é sempre de confiança em Deus, de fé e de amor; porém o Lutero histórico era bem diferente, como quando tira as conclusões de seu absurdo servo arbítrio, como já tratado: "Deus age sempre como um louco" (Brentano: 111)

    O filme também não mostra Lutero blasfemando acerca de Nosso Senhor, contra os Sacramentários:

    “Pensais, sem dúvida, que o beberrão Cristo, tendo bebido demais na ceia, aturdiu os discípulos com uma vã tagarelice?” (Brentano: 135)

    E ainda, violento e mais blasfemador:

    “Certamente Deus é grande e poderoso, pensa Lutero, e bom e misericordioso e tudo quanto se pode imaginar nesse sentido, mas é estúpido (Deus est stultissimus; Propos de table n. 963, ed. De Weimar, I, 487)” (Brentano: 147)

    Brentano mesmo, um notório admirador de Lutero, reconhece:

    “Nas crises de nervosismo na sua natureza tão perigosamente impetuosa e impulsiva, o ilustre reformador aflige e desconcerta os biógrafos, mesmo aqueles em que provocou sincera admiração (Brentano: 165)

    Mas tem mais, porque Lutero era tão pródigo em baixezas e blasfêmias quanto os luteranos em colocar palavras leves em sua boca:

    “Sabes como Deus procede para se conservar o regente da humanidade? Paralisa os velhos e cega os jovens, e com isto se conserva mestre. (Propos de table, n. 2115 B)” (Brentano: 148)

    Os luteranos de hoje podem controlar num roteiro meticuloso as falas de Lutero.

    Que prodígio!

    Da falta de um roteiro se ressentem os luteranos de ontem que não podiam segurar a língua de seu mestre:

    “Tendo sido censurado pelo dr. Jonas, por ter insultado Deus em seu Salmo Quare fremuerunt gentes, Lutero responde: (Propos de table, n. 2505 B): - Certamente, mas qual o profeta que não insultou Deus?(Brentano: 148)

    A Bíblia ensina o contrário:

    “Se alguém pensa ser piedoso, mas não refreia a sua língua e engana o seu coração, então é vã a sua religião.” (Tg I, 26)

    Os luteranos lamentam a falta de um roteiro para segurar o Lutero histórico na linha:

    Se Deus não me perdoasse os pecados, eu os jogaria pela janela. (Propos de table, n. 2007)” (Brentano: 148)

    E a brutal blasfêmia contra a pureza de Nosso Senhor, que embora vinda de Lutero, nunca teria lugar no seu filme:

    “Cristo, diz Lutero, cometeu adultério pela primeira vez, com a mulher da fonte, de que nos fala São João. Não se murmurava em torno dele: “Que fez, então, com ela?” Depois com a mulher adúltera, que ele absolveu tão levianamente. Assim Cristo, tão piedoso, também teve de fornicar, antes de morrer. (Propos de table, n. 1472, ed. De Weimar, II, 107)” (Brentano: 151)

    Eis o arauto da paz, do amor, da confiança!

    Um blasfemador incensado pelo mundo moderno!

    Contra ele, a Bíblia:

    Pois, quem quer amar a vida, e ver os dias felizes, refreie a sua língua do mal, e os seus lábios não falem engano” (1 Pe, III, 10)

    Particularmente para aqueles que defendem o ecumenismo utópico, convém lembrar que Lutero dizia ser pior rezar a Missa Católica do que ser explorador de mulheres de má vida (sic!) ou assaltante! (Grisar: 222; Brentano: 86).

    E para completar, é incrível que o próprio Lutero tenha confessado certas vezes que não acreditava em suas próprias doutrinas.

    É claro que ele dizia que as doutrinas eram de Cristo, e que mesmo ele duvidando não devia desistir delas:

    “E o que me espanta, acrescenta Lutero em termos verdadeiramente comovedores, é que eu não consiga compenetrar-me dessa doutrina de verdade e que meus discípulos julguem possuí-la na ponta dos dedos (Propos de table, n.1351)” “ Dizia aos comensais: “Tenho maior confiança em minha mulher e em cada um de vós do que em Cristo, embora nenhum de vós fizesse por mim o que o ser divino fez em meu favor: deixar-se crucificar e morrer.” (Propos de table, n 2397 b).” (Brentano: 200-201)

    O castigo para o soberbo e blasfemo era pois a confusão intelectual...

    O castigo para o imoral e antinomista era ainda a incerteza de salvação...

    Não! Lutero não foi feliz nem em vida, assim como todos os hereges.


    11. A Mãe miserável e a filha deficiente. Lutero caridoso?

    O Lutero idealizado pela milionária Thrivent também não podia deixar de se preocupar com os pobres e oprimidos. Em várias cenas o jovem pároco de Wittemberg aparece ajudando e se apiedando de uma mendicante e de sua filha deficiente, que mal pode andar com duas muletas artesanais.

    Evidentemente tais cenas nunca existiram. Muito menos existiu a preocupação de Lutero com o povo, com os pobres. É notório que os príncipes que dominaram a religião em seus territórios suprimiram as coletas de caridade mantidas pela Igreja.

    Mais uma vez mostraremos como o Lutero histórico nada tem do piedoso pároco apresentado no filme.

    Em Torgau, junto a Jonas, Melanchthon e o eleitor da Saxônia, entre outros, Lutero disse:

    “Queria ser durante três dias um anjinho, para ir roubar o dinheiro dos camponeses e jogá-lo no (rio) Elba; mas depois faltaria corda, porque todos iriam enforcar-se" (Brentano: 131)

    E comentando entre amigos sobre música, que tanto lhe agradava:

    "Estou satisfeito de que os camponeses sejam privados deste elemento de consolação: não entendem nada de música. (Propos de table, n. 1817)” (Brentano: 131)

    Os biógrafos luteranos narram ainda uma ridícula e caricata tentativa de exorcismo:

    “Em janeiro de 1544, na sacristia da Igreja paroquial de Wittemberg, sob a presidência do dr. Martim Lutero, numerosa assistência reunira-se ao redor duma jovem de dezoito anos – uma histérica sem dúvida (sic) – que o diabo dominara. Começaram rezando preces comuns, mas a moça não se dava conta de nada. Visivelmente o diabo zombava dos espectadores e das preces que dirigiam a Deus. Então Lutero, possuído de cólera, deu na jovem, isto é, no demônio, um grande pontapé; depois se apressou em ganhar a porta, prevendo, sem dúvida, que o diabo, que rira das preces dirigidas a Deus, acharia menos engraçado o pontapé que lhe acabava de dar. De fato, a moça lançou-se em perseguição do dr. Martim que fugira. Maldição! O ferrolho, que fechava a porta, tinha caído automaticamente e a chave não girava mais. Que fazer? O dr. Martim, fora de si, corria daqui para ali, a jovem, o que vale dizer o diabo, uivando no seu encalço. (...) Enfim o bedel da igreja passou um machado por uma vidraça quebrada; podendo-se então arrombar a porta e libertar o exorcitador.” (Brentano: 96)

    Grisar narra o mesmo episódio em termos semelhantes, e como Brentano, lembra que posteriormente disseram a Lutero que o diabo abandonou a menina, talvez para consolar o exorcista fracassado. (Grisar: 493)

    De novo este Lutero nada tem comum com o padre que se inclina para amparar a vacilante menina deficiente que se equilibra em muletas precárias.

    Devido a seu temperamento explosivo, Lutero por diversas vezes não conseguia se controlar, passando de todos os limites e esbravejando desesperadamente:

    “Se eu não posso mais rezar, ao menos poderei maldizer. Não direi mais: “Santificado seja o teu nome...”; mas “Que seja maldito, emporcalhado, danado, o nome dos papistas!” Não direi mais: “Venha a nós o teu reino... Repetirei: “Que o papado seja maldito, danado, aniquilado... Sim, é assim que eu rezo todos os dias, do fundo do coração.” (Brentano: 194)

    Pasmem, leitores!

    Até o Pai-Nosso Lutero inverteu!

    E Lutero volta-se mesmo contra seus antigos colaboradores, que o abandonaram e retornaram à Igreja. Assim, Witzel era uma “víbora ingrata”, Crotus não é mais que “um lambedor de pratos do arcebispo de Mayence” (Brentano:194)

    O rebelde alemão ataca igualmente aqueles que discordavam de sua doutrina:

    “Oeckolampade, Schwenckefeld, Zwingli. Que ele trata desembaraçadamente de possuídos do diabo, arquipossessos, blasfemos, bocas mentirosas.” (Brentano:194)

    É possível conciliar este Lutero com o personagem do filme? No filme não o vemos sequer levantar a voz, sequer dizer uma grosseria, sequer entristecer-se com seus inimigos! A indignação mostrada contra Tetzel é pouco, quase nada, perto do que vemos aqui!

    E para desmascarar também a aura de bondade luterana com relação às mulheres, lembremos apenas uma das indelicadezas do rebelde, dita a Catarina de Bora:

    “Arroga-te toda autoridade no lar, mas que meu direito aí permaneça intacto. O domínio da mulher jamais produziu alguma coisa de bom. Deus fizera Adão mestre e senhor na terra e tudo aí era perfeito quando a mulher surgiu para tudo transtornar; (...) (Propos de table, n. 1046)” (Brentano: 204)



    12. Pregação do Dominicano Tetzel: sombria e doentia...

    Fiel à sua proposta de demonizar tudo que é contra Lutero, o filme apresenta o pregador Dominicano João Tetzel como um psicopata. Tetzel chega a botar a mão no fogo – literalmente! – para convencer os fiéis de sua doutrina apocalíptica!

    E para denegrir o dominicano, inimigo número um do rebelde, os produtores de Lutero usaram até uma falsa lenda, atribuindo a Tetzel uma frase terrível e inverídica:

    “(…) o filme atribui o rumor escandaloso, aludido por Lutero, de que Tetzel afirmava que absolveria com sua indulgência mesmo aquele que (per impossibile) “violasse a mãe de Deus,” apesar de Tetzel negar isso de forma indignada e ter testemunhas oculares para respaldar essa declaração.” (Greydanus)

    Já tivemos a chance de mostrar como Lutero era honesto na divulgação de acusações contra a Igreja Católica...

    Além do mais, o filme nem trata da disputa epistolar que travaram Lutero e Tetzel, e nem como os estudantes de Wittemberg queimaram a última defesa feita pelo dominicano, deixando claro então que os argumentos não mais importavam, pois o fanatismo luterano já havia se instalado na Alemanha.

    Curioso também mostrar que o expediente difamatório que Lutero e todos os hereges usam contra a Igreja não é novo.
    O próprio Lutero nos legou o relato dessa prática, anos antes de lançar-se em revolta aberta:

    “(...) os hereges não são bem acolhidos se não pintam a Igreja como má, falsa e mentirosa. Só eles querem passar por bons: a Igreja há de figurar como ruim em tudo.” (Franca, IRC: 200)

    Confissão preciosa!

    Muito preciosa!


    13. Cajetan, Aleander e a eleição de Leão X

    Demonizados serão também os cardeais e o Papa, particularmente Leão X.

    Convém destacar, por exemplo:

    “O filme alega que Leão X colocou a cabeça de Lutero a prêmio, mas esquece de mostrar (o papa) Leão dando ordens para que o salvo-conduto de Lutero na saída da Dieta de Worms fosse respeitado.” (Greydanus)

    E é evidente também que a corrupção do clero e da sociedade em geral foi obra do Renascimento pagão.

    Curioso que Lutero ataca o efeito, mas abraça a causa... o renascimento será base doutrinária e política para as teses luteranas mais importantes, e os humanistas serão seus notórios e muito valiosos aliados nos anos críticos.


    14. Lutero em Augsburg: a audiência com o Cardeal Cajetan.


    Essa e outras cenas tentam passar a idéia de humildade do monge agostiniano, que a tudo se submete e que não quer desafiar as autoridades. Nada mais falso, como se vê, por exemplo, em 1520:

    "Para enganar e subverter o papado julgamos que tudo nos é lícito" (De Wette, I, 478; apud Franca, IRC: 200, nota 95)


    Llorca também desmente essa imagem submissa do rebelde. Segundo ele, o Cardeal Cajetan entrevistou Lutero com a única intenção de fazê-lo rejeitar seus erros: não havia sido marcado nenhum debate ou disputa.

    Era como se hoje em dia – mutatis mutandis – um deputado qualquer comparecesse diante de uma CPI e, negando-se a rejeitar seus crimes notórios, apoiando-se numa interpretação arbitrária da lei, negasse a autoridade da Comissão para condená-lo e para mandar prendê-lo!

    Lutero tinha simplesmente que se apresentar ao Cardeal para retratar-se. Como se negou obstinadamente a fazê-lo, Cajetan endureceu contra ele, pois Lutero se mostrava então um verdadeiro herege, um inimigo de Deus e do Império.

    Mas, o mais interessante – e que o filme esqueceu de mostrar – é que Lutero fugiu de Augsburg quando viu que a situação se tornara insustentável, deixando apenas uma apelação por escrito ao Papa. O Cardeal, muito contrariado por aquela situação absurda, apelou ao eleitor Frederick, porém sem sucesso... (Llorca: 670)

    Grisar confirma a fuga de Lutero, e sua “manifesta arrogância e obstinação ofensiva” contra o Cardeal. O monge rebelde diz a Cajetan que apelará ao Papa, e a outros diz que apelará a um Concílio. Sabemos perfeitamente bem que depois de condenado pelo Papa, Lutero não aceitará mais sua autoridade; e depois da instalação do Concílio (Trento), também se recusará a aceitar suas decisões.

    Lutero não queria senão ganhar tempo para difundir seus erros.

    Infelizmente, conseguiu...


    15. Lutero na Dieta de Worms: herói popular?

    No afã de transformar seu ídolo em herói popular, os artífices da película Lutero por vezes esqueceram completamente a história.

    Tentando passar a falsa de idéia de que a Igreja era odiada e que Lutero era visto pelo povo como libertador da tirania, antes que a fama, foram cem cavaleiros que precederam Lutero em Worms! (Grisar: 183) Aliás, o indefeso e destemido Lutero sempre contou com tais proteções, como em Leipzig em 1519 e em Lichtenberg para encontro com Miltitz em 1520 (Brentano 73; 90).

    Outro fato omitido no filme foi a intensa atividade editorial que acompanhou toda a revolta de Lutero, desde a difusão das 95 teses até a propaganda pura e simples da santidade do rebelde:

    “Na época em que Lutero foi condenado, e mesmo antes da condenação, circularam em Worms e em outras localidades do império, representações pictóricas dele com a pomba, símbolo do Espírito Santo, pairando sobre sua cabeça. Outros desenhos representavam-no com um halo (de santidade). Um panfleto sobre a “Paixão de Martinho” (sic!), modelado conforme a narrativa da paixão de Cristo, foi publicada, no qual ele era glorificado como um herói perseguido.” (Grisar: 193)

    Daí até se justifica que o povo tenha acorrido para conhecer o afamado monge rebelde, que merecia a escolta devida a um príncipe e que era promovido como um herói ou um santo!

    Vemos então que desde o início da revolta Lutero obtém apoio incondicional de príncipes e humanistas, que esperavam muito mais do reformador que apenas discussões teológicas sobre as indulgências...

    Quando da excomunhão pelo Papa, personagens importantes cerram fileira em torno de Lutero: Humanistas, Cavaleiros (Ulrich von Hutten e Sylvester de Schaumburg), o famoso chefe mercenário Franz Von Sickingen, e mesmo o príncipe eleitor da Saxônia, Frederick, o Sábio, cujo conselheiro Spalatin fora colega de Lutero na Universidade de Erfurt (Grisar: 161) Curioso também como artistas como Alberto Dürer – cujos discípulos eram ateus – declararam apoio a Lutero, mesmo não compartilhando de sua doutrina (Grisar: 195)

    Mas o maior apoio virá de Erasmo de Rotterdã.

    O seu apoio irrestrito ao movimento do rebelde alemão induziu grandes quantidades de alunos a assistirem e apoiarem Lutero em Wittemberg, já em 1520. (Llorca: 672)

    Também consta que Erasmo teve papel decisivo ao proteger Lutero impedindo a divulgação da bula do Papa na Alemanha, desacreditando a condenação e influenciando diretamente o eleitor da Saxônia:

    “São de grande interesse as diversas manifestações de Erasmo por ocasião da condenação de Lutero pelo Papa. Assim, em 5 de Novembro de 1520 dizia ao eleitor da Saxônia que a perseguição a Lutero devia-se a motivos inferiores e que não passava de gritaria e de pura maldade. (...)” (Llorca: 675, nota 33)

    Não é à toa que nessa época corria o ditado: “Erasmo pôs o ovo que Lutero chocou.”

    http://www.montfort.org.br/index.php...me&lang=bra#26
    Pious dio el Víctor.

  7. #7
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    16. Lutero aclamado na dieta?

    Tudo na versão luterana sobre a Dieta de Worms é falso.

    Não houve uma aclamação popular de Lutero. A sua frase decisiva é apócrifa. Nunca houve tal baderna apoiando Lutero ao final de seu pronunciamento.

    Já mostramos como a imprensa promoveu Lutero antes, durante e depois de Worms.

    Quando Lutero termina sua exposição sobre a doutrina que decidiu sustentar, diz apenas que espera que Deus o ajude, o que era uma forma absolutamente normal de terminar os discursos na época. Não há motivo para louvar essa frase tão comum como se fosse a confissão de um santo ou herói. Antes dessa frase, o folclore protestante inventou outra mais significativa: Assim (nessa posição) permaneço (Here I stand). A frase nunca foi dita por Lutero...

    Por fim, nunca houve tal apoteose dentro da sala da dieta.

    Os eleitores e o imperador ouviram juntamente com os legados do Papa a triste decisão de Lutero, e lamentaram sua apostasia.

    Foi depois que saiu que Lutero comemorou com seus acompanhantes, que esperavam do lado de fora. A festa continuou na taverna... (Grisar: 186)

    Como em outras situações, os luteranos quiseram fazer desse episódio um marco de heroísmo do rebelde alemão. E de desafio às autoridades da Igreja e do império, contra o que ensina a Escritura:

    “Sede, pois, submissos a toda autoridade humana, por amor de Deus; quer ao rei, como a soberano, quer aos governadores (...) Honrai a todos, amai os irmãos, temei a Deus, respeitai o rei.” (1 Pe, II, 13-17)


    17. Cardeal Aleander x Lutero? Seqüestro em Wartburg: Spalatin e mais uma mentira

    Não havia nenhuma ameaça objetiva contra Lutero, como insinua o filme. Foram os protestantes que, exagerando os fatos na Dieta a favor de Lutero, inventaram falsas ameaças para incitar ainda mais o ódio aos Católicos.

    O que de fato houve foi uma manobra do eleitor da Saxônia para preservar Lutero da condenação pelo Império.

    E, além do mais, usando um expediente pouco honesto: Frederick mandou que seus assistentes escolhessem o esconderijo para o monge. Assim, quando questionado pelo imperador, poderia dizer sinceramente que não sabia do paradeiro de Lutero...

    O desaparecimento do rebelde irá inclusive contribuir para o aumento do ódio contra a Igreja e o Império, acusados injustamente pelo sumiço de Lutero.

    O fato objetivo é que Lutero era um fora-da-lei, um criminoso perante o império.

    E, portanto, o eleitor da Saxônia e todos os seus colaboradores acobertaram um criminoso.


    18. Melanchthon x Carlstadt: a questão das imagens

    Na verdade esse episódio passageiro – bem passageiro no filme, pois os dois discutem enquanto correm escada abaixo – resume a indisposição de Lutero contra quaisquer concorrentes.

    Carlstadt também teve que sofrer nas mãos de Lutero. Quando mandou imprimir livros que contestavam a doutrina do papa de Wittemberg, Lutero cobrou do eleitor da Saxônia providências imediatas:

    “Carlstadt montou uma tipografia em Iena, escreve o reformador (7 de janeiro de 1524), mas o eleitor (de Saxe) e nossa academia prometeram, conforme o édito imperial, não tolerar nenhuma publicação, que não fosse submetida ao exame das “Comissões”, isto é, da censura”. Assim, eis nosso doutor invocando os éditos do imperador católico romano e a censura de uma comissão de controle, contra os sectários da religião reformada, que não julgavam compromisso apegar-se estreitamente à sua doutrina.(...)” (Brentano: 135-136)

    Mais tarde, como Lutero não conseguiu convencer os sacramentários de Carlstadt com argumentos, usou um outro recurso mais sutil:

    “ (...) Lutero recusou prosseguir a discussão encetada com o discípulo insubmisso. Ao contrário do florim dado na hospedaria do Urso Negro, obteve de João, o Constante, que Carlstadt fosse exilado do Eleitorado. O proscrito teve de abandonar a mulher e os filhos.” “Vários outros pregadores que ensinavam doutrinas dissidentes do luteranismo, foram expulsos igualmente. (...) Vários sectários de Carlstadt foram lançados na prisão.” (Brentano: 137)

    O florim no Urso Negro também é outro episódio edificante da Reforma Luterana:

    “Após um sermão do mestre (Lutero), Carlstadt entra com ele na taverna do Urso Negro e declara que não pode tolerar sua opinião sobre a presença real. Lutero, com ar desdenhoso, desafia-o a escrever contra ele e promete um florim de ouro a Carlstadt se o fizer. Tira então a moeda do bolso. Carlstadt aceita-a. (...) A despedida dos combatentes foi memorável: disse Carlstadt: - Possa ver-te esmagado por um rolo!” Ao que respondeu Lutero: “Mil raios te partam antes de saíres da cidade!”. – Eis o novo evangelho, eis os atos dos novos apóstolos” conclui Bossuet sobre o episódio(Bossuet: T.1, L. II, 61-62)

    Pasmem, leitores-espectadores, de que caridade se revestiram os falsos reformadores no trato entre si...

    Diz a Escritura: Vede como se amam...


    19. Confusões populares em Wittemberg: Lutero herói!?


    O filme sugere que Lutero teve um heróico desprendimento, salvando inclusive padres indefesos das mãos do populacho enfurecido. Doce ilusão...

    O que ocorreu, de fato, foi que Lutero voltou à cidade para calar as vozes dissonantes – como a de Carlstadt e dos profetas de Zwickau – e colocar fim à baderna que ele mesmo criara. Os profetas já haviam inclusive convencido Melanchthon (sic!) de algumas de suas doutrinas!

    Nesse sentido, um episódio pitoresco e esclarecedor é a entrevista de Lutero com o anabatista Mark Stübner.

    Lutero o desafiou a provar sua missão divina – evidentemente todos os reformadores diziam ter uma missão divina – através de um sinal miraculoso. Stübner, ao invés de devolver o desafio a Lutero, soberbamente afirmou que poderia dar tal sinal. Lutero esbravejou então que seu Deus impediria os falsos deuses de Stübner a cumprirem tal milagre (sic!) e a entrevista terminou por aí... (Grisar: 219)

    Lutero usou o mesmo expediente contra Tomás Munzer em Mulhouse, e contra Carlstadt, proibindo-lhes então a pregação (sic!) (Franca, IRC: 177)

    E nunca houve a cena de Lutero salvando os padres das mãos enfurecidas do povo.

    Outra grossa mentira.


    20. Guerra dos camponeses: a Reforma faz suas maiores vítimas

    A participação de Lutero na guerra dos camponeses é extremamente atenuada pelo filme. Após o sangrento conflito, que se confunde com o levante em Wittemberg, que é anterior, Lutero aparece apenas lamentando o sangue derramado.

    No entanto, Lutero foi o instigador da revolta através de seu ataque violento ao clero Católico.

    Mais, Lutero foi o propulsor da matança, quando seus inimigos anabatistas levavam às últimas conseqüências o que ele havia dado apenas como princípio.

    E Lutero constitui-se ainda inimigo do povo ao final do conflito, pois os camponeses perceberam que o ídolo fabricado nos porões humanistas e anticatólicos se esfacelava diante das situações reais.

    Lutero foi o instigador da revolta. Historiadores abalizados não deixaram de reconhecer a paternidade de Lutero na luta: As pregações luteranas sobre a liberdade cristã e contra a opressão da autoridade eclesiástica e ainda contra o imperador contribuíram, indubitavelmente para a revolta conhecida na história como guerra dos camponeses.” (Llorca: 682; negrito do texto)

    O mesmo Erasmo, outrora aliado, agora acusava Lutero: “Não queres acusar os amotinados, mas eles te acusam e os autores desta guerra se jactam com o Evangelho”. (Brentano: 122)

    Embora Lutero não tenha tido toda a culpa pela guerra dos camponeses, Grisar mostra que a “doutrina da liberdade evangélica teve o papel principal”. E que ao incitar a violência contra a Igreja, de fato deu o combustível aos revoltosos: “Quantas vezes Lutero não intimou seus seguidores a destruir Igrejas, mosteiros, e dioceses do Anticristo (?)” (Grisar: 279-280)

    Parte do ódio luterano que se desencadeará depois pode ser explicado pela participação dos inimigos de Lutero na revolta popular. Os revoltosos mais eminentes eram exatamente aqueles que radicalizaram os princípios luteranos e pretendiam apartar-se do mestre, como os “profetas” de Zwickau e Tomas Munzer. Contra eles escreveu Lutero no início de 1525, e, sem sucesso, viu na guerra a possibiliade de liquidar os rivais com a ajuda dos príncipes. (Grisar: 298)

    O humanista Ulrich Zazius escrevia ao amigo Amerbach: “Lutero mergulhou a Alemanha em tal delírio, que se deve chamar repouso e segurança a esperança de não ser abatido.” (Brentano: 123)

    Lutero escreveu inicialmente contra a revolta, não em favor da Igreja nem da paz na Alemanha, mas simplesmente porque não era atribuição do povo a intervenção pela força. Também porque ele ainda tinha a ilusão, derivada de sua falsa doutrina, de que venceria o papado apenas com a pregação da Palavra Divina, e não pelo uso da força (Grisar: 209)

    Ao rejeitar parte dos artigos dos camponeses revoltosos, Lutero conclui dizendo: “Nunca a revolta visa um bom fim”. Ao que ajunta Brentano: “Nosso amigo Lutero esquecia a sua.” (Brentano: 125)

    Quando a revolta se alastra como incêndio, Lutero se abstém de intervir. É o que vemos na carta ao conselheiro do conde de Mansfeld, João Rühel: “Os camponeses são ladrões e assassinos, é o diabo que tramou isso contra mim: ainda bem! se eles continuam (os camponeses) desposarei minha Kate (Catarina de Bora)” (Brentano: 121)

    Ao que Brentano ajunta: “E eis que simples leigos, “homens dos campos, carvoeiros, batedores das granjas”, se punham também a pregar o evangelho, com comentários a seu jeito. Também não assegurava Lutero que todo cristão era padre, pelo próprio batismo, e apto a doutrinar?” (Brentano: 122)

    Em Erfurt, a violência contra a Igreja teve uma intensidade particularmente alta, apoiada pela pregação de Lutero e de outros padres apóstatas. Em 1524, um simpatizante da reforma confessava: Imoralidade, corrupção da juventude, desprezo do ensino, dissensões, tais são os frutos do seu Evangelho.” “Ó infeliz Erfurt!” Estigmatiza também os reformadores, contra “o raivoso comportamento desses homens de Deus sem Deus (godless men of God), (...) ” (Grisar: 306)

    Apoiados em Lutero, esses homens de Deus sem Deus pregavam a revolução sangrenta (Bartholomew Usingen), e a “sustentação do evangelho por meio da espada” (Johann Lang). Relatos de roubos e violência contra a Igreja em Erfurt em particular, são pródigos (Grisar: 306-310)

    E Lutero, além de instigador, foi propulsor da matança: na obra Contra as hordas bandoleiras e homicidas dos camponeses, fala em termos violentos contra os camponeses, que“roubam e gritam e agem como cães furiosos... Portanto, qualquer um que seja capaz, deve reduzi-los a pedaços, estrangulá-los, feri-los pela espada, secreta ou abertamente, da mesma maneira que alguém é impelido a matar um cão raivoso.” Estrangule-os, quem puder e ainda, num de seus delírios escatológicos: “Talvez (...) Deus queira atirar o mundo numa massa de confusão como preparação para o dia do Julgamento.” (Grisar: 282-283)

    Posteriormente, para justificar esse seu comportamento doentio, escreveu a Rühel: “Quando os camponeses são tomados por tal espírito, é imperioso que sejam estrangulados como cães raivosos (Grisar: 283)

    Eis o verdadeiro criminoso, que no filme apenas chora comovido pela destruição da Alemanha...


    21. Freiras fugitivas em Wittemberg: piedade e sofrimento?

    As freiras fugitivas de Nimbschen aparecem em Wittemberg e pedem abrigo ao Dr. Lutero, como se apenas sua fama as houvesse levado até lá.

    Porém, Lutero participou diretamente de sua fuga, através de escritos e com ajuda física mesmo; ele escrevera em 1523 dois panfletos pregando a fuga dos conventos para as freiras: Razão e resposta, porque as virgens devem deixar os Conventos com a sanção Divina e Estória sobre como Deus ajudou uma freira.

    Conta-nos Grisar: “A ocasião para a publicação do último foi dada por doze freiras Cistercienses, que fugiram de seu convento em Nimbschen (...) com a ajuda do Conselheiro da Cidade, Leonard Koppe de Torgau. Nove dessas freiras fugitivas vieram para Wittemberg. Entre elas estava Catarina de Bora, e uma irmã de Johann Staupitz. (...) É interessante notar a confissão de Lutero de que ele próprio, com a ajuda de Koppe, planejou a fuga das doze freiras, as quais haviam sido iluminadas por seus escritos.” (Grisar: 233-234)

    Melanchthon vai reclamar em carta a Camerário que as freiras fugitivas armavam laços para pegar Lutero; que o enlaçavam “com todo tipo de estratégia”. Por receio ou pudor, Melanchthon camuflou os trechos mais picantes dessa carta, escrevendo-os em grego. Não satisfeito, Camerário irá simplesmente excluir esses trechos comprometedores quando publicar a carta! (Grisar: 272)

    De acordo com Melanchthon, “Lutero entrou em muito próximos e freqüentes contatos com as freiras fugitivas que vieram a Wittemberg. Deve ser lembrado que algumas delas encontraram alojamento com diferentes famílias na cidade, enquanto outras encontraram refúgio temporário no mosteiro de Lutero (Grisar: 292)

    Convém esclarecer que nessa época (1523) o mosteiro agostiniano de Wittemberg havia virtualmente acabado: os monges que não haviam aderido a Lutero foram expulsos para outras cidades, e o mosteiro ficou vazio. Então, o eleitor Frederick teve a brilhante idéia de transformar o mosteiro em abrigo, em moradia para Lutero. O monge não se fez de rogado e, com alguns discípulos, posteriormente recebeu em seu mosteiro as freiras fugitivas, as mesmas que lhe armavam laços de todos os tipos...

    Se nos escritos Lutero era pouco comedido, nas conversas pessoais ultrapassava todos os limites (é isso que tornará particularmente interessante suas Conversas à mesa, que mostram o rebelde sem nenhum freio).

    Em carta a Spalatin, na Páscoa de 1525, Lutero dizia que era um “famoso amante” (sic!), e que lhe daria um exemplo: “era realmente impressionante que ele não havia se tornado uma mulher (sic!) há tempos, pois havia escrito tanto sobre casamento e se imiscuído tanto com as mulheres (misceor feminis).” Que tivera três esposas ao mesmo tempo (sic), e que duas delas já o haviam deixado por outros. Continua Grisar: “As três esposas parecem ser as três mulheres que relatos comuns designavam como prováveis para casar com Lutero.” (Grisar: 292)

    Tantos contatos com mulheres podem não ter efeminado Lutero, mas podem ter lhe causado outros problemas. Por meio de um relatório médico de 1523, revelado pelo protestante Theodore Kolde, sabemos que Lutero foi acometido de Malum Franciae exatamente na época em que acolheu as pobres freiras fugitivas em sua humilde residência, o mosteiro de Wittemberg. E essa doença, conhecida por todos então, era a sífilis. (Grisar: 290)

    Talvez a vida dissoluta do monge rebelde o tenha levado a considerar uma união mais estável, quiçá até um casamento...


    22. Pseudo-casamento: amor e dedicação?

    Ora, uma festa de casamento normalmente é alegre, pois foi através da união entre homem e mulher que Deus constituiu as famílias, base da sociedade. Aproveitando-se disso os luteranos usaram a ocasião para amenizar o escândalo de um casamento entre um ex-padre com uma ex-freira.

    Porém, a realidade foi bem outra.

    Em seu estilo debochado, Lutero irá dizer sobre seu casamento: “Eu tornei-me tão baixo e desprezível por este casamento (...) que espero que os anjos rirão de mim e todos os demônios chorarão.” (Grisar: 294)

    Surpreendentemente, Lutero escreveu a Spalatin para justificar seu casamento nos seguintes termos: Eu fechei a boca daqueles que difamavam a mim e a Catarina de Bora.” (Grisar: 295)

    Já que alguns Lutero reconhece que quis calar a boca de alguns, que dizer da fama de Catarina?

    Já o fato de ser ex-freira, fugida de um convento para viver junto com os pseudo-reformadores em Wittemberg seria escandaloso o suficiente. Mas Grisar acrescenta que ela “foi muito ativa no prosseguimento de sua escolha. Ela desdenhou outras alianças que estavam abertas a ela. Sua mente mirava alvos mais elevados. Ou Lutero ou Amsdorf, ela disse, seria seu marido. Ela percebeu como influenciar Lutero com as artimanhas femininas. (...)” (Grisar: 294)

    Sabemos como Melanchthon criticou o casamento inesperado de Lutero em termos duríssimos, na carta a Camerário. E essa carta, depois censurada, só veio integralmente à luz em 1876. Mais uma mentira... pela causa da igreja luterana!

    Nessa carta, Melanchthon se queixava nesses termos: “Será para ti uma surpresa saber que em tempos tão calamitosos e no infortúnio de tanta gente de bem, Lutero parece desinteressar-se das misérias públicas, mergulhar nos prazeres, rebaixar sua dignidade, justamente no momento em que a Alemanha mais precisa de sua ciência e autoridade. Eis como, a meu ver, a cousa se passou: Lutero era um homem extremamente leviano e as freiras [por ele soltadas do convento] que lhe armavam laços com grande astúcia acabaram por envisgá-lo... Espero que a nova existência o tornará mais sério e o fará renunciar às chocarrices que tantas vezes nele censuramos.” (Melanchthon, Brief na Camerarius uber Luthers Heirat vom 16 Junii 1525, apud Franca, CP: 131-132)

    O curioso é que a carta falsificada por Camerário constava ainda do Corpus Reformatorum (1834), edição oficial das obras luteranas, e que era ainda muito usado na época de Grisar, em 1925!

    E por mais escandaloso que possa parecer, o mosteiro de agostinianos de Wittemberg transformou-se no lar do casal Lutero!

    Objetos piedosos foram adaptados ao uso profano dos traidores da fé e dos votos. (Grisar: 297-298)

    E se Lutero já era vulgar quando tratava de teologia, imaginem quando escrevia sobre o matrimônio!

    Pois é, Lutero escreveu um tratado sobre o tema, onde admite o divórcio e o re-casamento em certas circunstâncias, bem como sugere que o marido possa ter relações extraconjugais (sic!): “Lutero diz que se a esposa recusa a servir o debitum (ato conjugal) sem razão, o marido pode usar uma linguagem ameaçadora para obrigá-la: “Se você se recusa, há uma outra disposta; se a esposa se recusar , então deixe vir a serva.” (Grisar: 258-259)
    A escandalosa expressão parece ser um ditado popular na época,“significando a relação conjugal fora do casamento.” (Grisar: 259)

    O duque George da Saxônia protestou violentamente contra esses absurdos de Lutero, mas a Alemanha parecia estar cega.

    Não foi coincidência a degradação moral que se seguiu à Reforma.

    E a imagem de um lar verdadeiramente cristão não é exatamente aplicável a Lutero, como se vê no seguinte diálogo entre ele e Catarina: “Lutero a importunava (a Catarina): - Não tardará o momento que um homem poderá casar-se com várias mulheres. – Pensamento do diabo! - E com justa razão, Kate, pois u´a mulher não pode ter mais do que um filho por ano, ao passo que um homem pode arranjar vários. – São Paulo disse: “Que cada um tenha sua própria esposa.” – Sim, “sua própria esposa”; mas não disse “uma só esposa.” Catarina explodiu: - Antes de suportar isso eu os plantaria todos, você e os filhos, e voltaria para o convento. Martim Lutero ria gostosamente. (sic!) (Propos de table, n. 1461)” (Brentano: 205)

    Eis o lar cristão que Lutero legava aos pobres alemães...

    Apesar do “casamento feliz” que luteranos insistem em ver em Lutero, ele estranhamente irá se apartar de Catarina e dos filhos no final da vida (com exceção de dois filhos, ao que parece).

    Quando na cidade de Zeitz, ele “envia carta a sua esposa, declarando que nunca mais voltará e pedindo que ela retorne ao Estado de sua família em Zulsdorf restituindo o Mosteiro (de Wittemberg) ao Eleitor.” (Grisar: 495)

    E de fato, Lutero irá falecer em Eisleben, longe da família.


    23. Lutero entrega Novo Testamento ao Eleitor da Saxônia, Frederick

    Em mais um momento mágico do filme, o jovem reformador entrega candidamente ao eleitor da Saxônia um grosso volume do Novo Testamento em alemão, para delírio do príncipe. O diálogo que se segue então sugere que a Igreja escondia a Escritura e a utilizava para dominar o povo.

    Nada mais falso.

    Sabemos que à época de Lutero já havia várias versões da Bíblia em alemão: "(...) Os primeiros fragmentos bíblicos vertidos para o baixo-alemão ascendem ao século VIII. No século IX encontramos a tradução dos Salmos e a composição das Biblias historiaes que tornavam mais acessível ao povo o conteúdo histórico dos dois Testamentos. No século XI, um monge de S. Gall, Nokter Labeo (m. 1022) e um abade de Ebersberg, Villiram (m. 1085) dão-nos novas traduções de vários livros do A.T. Estas traduções parciais tornam-se mais freqüentes com o tempo e é certo que nos primeiros anos do século XV, antes da invenção da imprensa, já existia em língua vulgar uma versão integral da Bíblia. A invenção dos tipos facilitou extraordinariamente a difusão dos livros sagrados. Antes de 1477 já se haviam impresso 5 edições da Bíblia (Mogúncia, 1472; Strassburgo, 1466, (duas) Nuremberg, 1470; Augsburgo, 1475). De 1477 a 1522 saíram mais 9 edições (7 em Augsburgo, 1 em Nuremberg, 1 em Strassburgo). Nesta mesma época publicaram-se mais 4 edições completas da Bíblia, em baixo-alemão. (Colônia (duas) 1480; Lubeck, 1494; Halberstadt, 1522). Da Vulgata, - e o latim era então língua acessível à maioria das pessoas instruídas - até 1500 já se haviam tirado quase 100 edições. (...)" (Franca, CP: 205-206)

    Poderíamos provocar um pouco mais: será que nessa versão luterana do Novo Testamento se conservara a Epístola de São Tiago? A pergunta é pertinente, pois Lutero não considerava o livro como parte do cânon!

    Já na disputa com Eck o rebelde fora obrigado a recusar o livro que mais lhe atrapalhava: "Quanto aos textos que se poderiam opor à sua doutrina [de Lutero], notadamente a Epistola de São Jacques (São Tiago), são, diz ele, contrários à verdade divina, conseqüentemente apócrifos." (Brentano: 64)

    Pois com relação à composição da Bíblia, Lutero não tinha critérios nada objetivos. Ele fez do sentimento religioso o critério para decidir que livros pertencem à Bíblia, quais são duvidosos e quais devem ser excluídos. Ao mesmo tempo, ele praticamente abandona o conceito de inspiração (...) (Grisar: 263-264)

    Convém também ilustrar com um exemplo quão vago era o conceito de cânon bíblico para Lutero: certa vez ele disse que a obra Loci Communes de Melanchthon era tão bem feita que merecia fazer parte da Bíblia. (sic!) (Grisar: 207)

    Mesmo o incensado protestante Harnack verá “flagrantes contradições” na postura arbitrária de Lutero em relação à Bíblia. (Grisar: 264)

    Ainda em relação ao cânon Bíblico, Lutero aplicava esse critério subjetivo como lhe aprazia: “A Epístola aos Hebreus foi posta de lado como “uma epístola fabricada a partir de fragmentos entre os quais há madeira, feno e palha.” A Epístola de São Judas Apóstolo é classificada como “inferior aos livros principais [da Bíblia].” O Apocalipse ele tinha como “nem apostólico nem profético” (...)” “A Epístola de São Tiago “justifica as [boas] obras” e comparada com outros livros da Bíblia, que [conforme Lutero] claramente proclamam a doutrina da justificação somente pela fé, é “uma epístola de palha”, que não tem “nada evangélico nela.” (Grisar: 426)

    Eis o respeito luterano pela Escritura Sagrada!

    Lutero, que gritava: A Bíblia, só a Bíblia!

    E sabemos também que havia muitos problemas na tradução luterana da Escritura, que o filme nem de longe faz supor: "Convém observar que Lutero não se ateve de modo algum à letra e à interpretação gramatical do texto escrito; serve-se da letra quando esta é por ele e contra os outros, por exemplo, contra os suíços. Quando não é por ele, continua seguro de si e sabe o que deve estar na Escritura. É bem conhecido com que liberdade submete à sua censura cada um dos livros sagrados e lhes aquilata o valor pela harmonia com a sua doutrina, chegando até a ajudar o texto quando não lhe parece oferecer com a necessária decisão a pura doutrina da justificação só pela fé." (F. Paulsen, Geschichte des Gelehrten Unterrichts, t. I, 2a. ed. pp. 206-207; apud Franca, CP: 212)

    Por isso essa obra do pseudo-reformador provocou naturalmente muitas críticas. “A mais grave acusava-o de ter numa das passagens importantes, ajuntado ou suprimido uma ou outra palavra de modo a fazer do texto um apoio às doutrinas do tradutor sobre a graça, o livre arbítrio e a outras que lhe inundavam o coração.” (Brentano: 180)

    O filme tão pouco revela quanto Lutero devia à Igreja: "Quanto à Sagrada Escritura e ao púlpito, é dos papistas que os tomamos; sem os papistas que saberíamos nós?" (Ed. de Wirt, 1551, t. IV, p. 2276; apud Franca, CP: 157).

    Também se dizia que a interpretação luterana fora baseada em grande parte no famoso exegeta medieval Nicholas de Lyra, que se distinguia em sua época pela excelência na interpretação da Escritura. Donde surgiu a frase: “Si Lyra non lyrasset, Lutherus non saltasset. (se Lyra (lira) não tocasse, Lutero não teria dançado)” (Grisar: 429-430)

    Curiosamente o forjador do livre-exame irá afirmar posteriormente que a Bíblia era de difícil interpretação, e que, portanto, a única interpretação válida era a dele!“Então, para evitar anarquia teológica, ele [Lutero] forja uma autocontraditória demanda para que a interpretação da escola de Wittemberg, i.e., seu próprio tribunal, seja sempre seguido.” (Grisar: 429)

    Convém notar que para demolir a autoridade da Igreja, antes Lutero se expressava de modo bem diverso: a todos os cristãos e a cada um em particular pertence conhecer e julgar a doutrina. Anátema a quem lhes tocar um fio deste direito.” (tratado contra Henrique VIII, em 1522). (Franca, IRC: 231)

    Eis o livre-exame luterano...

    Os defensores de Lutero gabam-se ainda da contribuição do pseudo-reformador à língua alemã, particularmente na tradução da Bíblia.

    Porém, deixam de revelar também que a linguagem vulgar de Lutero “levou a uma certa corrupção da língua alemã (...)” dada a difusão das suas obras e a promoção de sua causa como benéfica à Alemanha (Grisar: 485)

    Por fim convém notar que Lutero exaltava a Bíblia quando disputava com os Católicos. Quando, porém, lhe mostravam os textos que se opunham às suas inovações, se desfazia da mesma Bíblia como se fosse uma “escrava, que se devia deixar para ater-se a Cristo, rei e Senhor da Escritura.” (Franca, IRC: 258)

    A Bíblia, prezados leitores, só a Bíblia!


    24. Os hinos de um Lutero piedoso...

    Em primeiro lugar, é falsa a imagem de que a Igreja não possuía cantos piedosos, como insinua um personagem do filme que elogia os hinos de Lutero.

    O monge rebelde recebeu da Igreja sua educação musical, como ele mesmo afirmou: “Nos dias do papado,” disse Lutero no final da vida, “havia excelentes canções.” E ainda: “O canto litúrgico (congregational) floresceu antes da Reforma.” (Grisar: 8)

    O filme exalta os hinos de Lutero, mas não revela que o rebelde compôs apenas as letras, e que muitas das melodias já eram do cancioneiro popular e religioso alemão.

    O filme também não trata do caos litúrgico que se instalou na Alemanha após a liberdade de cerimônia dada por Lutero. Em vão ele tentou unificar os vários ritos, conforme ilustra o caso dos luteranos de Livonia (Grisar: 251)

    Brentano narra ainda – e com uma tolerância absurda – uma prática que mostra bem o desprezo pelo sagrado em Lutero, sua completa falta de piedade: “Tem-se-lhe reprovado muito e veementemente o copo catecismo. Um grande copo, marcado com três riscos: o 1º. A partir da borda superior – dizia Lutero – limitava o decálogo; o 2º. O Credo, o 3º. O Padre Nosso. Lutero estava à mesa com Agrícola, que será mais tarde seu violento adversário. De um trago o dr. Martim esvaziou o copo. Agrícola não conseguiu ir além do decálogo. – Bem eu te disse, replicou triunfante Lutero, que tu não chegarias nem mesmo ao Credo.(sic!) (Brentano: 209-210)

    Deve-se situar essa profanação de Lutero em seu contexto. Não é um fato isolado, mas um comportamento recorrente: Lutero quer tornar profano, comum, do uso vulgar, tudo aquilo que é santo.

    Já vimos como ele violou seus votos, e os votos da freira Catarina num casamento escandaloso. Vimos também como aceitou viver com Catarina no antigo mosteiro de Wittemberg, outro escândalo sem precedentes.

    Mas há um outro fato pouco conhecido e mais profanador ainda, que mostra a que ponto chega essa falsa religião anticristã: A descoberta da torre, onde Lutero teria tido a revelação fundamental de sua doutrina: “Estando na torre, ele dizia, tinha ponderado as palavras: O justo vive pela fé. Seu espírito eleva-se e a conclusão brilha diante dele: Portanto, é a justiça de Deus que justifica e nos salva.” (Grisar: 108)

    Contra Lutero evidentemente se opõe o Apóstolo São Tiago: "De que aproveitará, irmãos, a alguém dizer que tem fé, se não tiver obras? Acaso esta fé poderá salvá-lo?" (Tg II, 14) e ainda: "Assim como o corpo sem a alma é morto, assim também a fé sem obras é morta." (Tg II, 26)

    Mas prossegue o rebelde alemão, explicando exatamente de que lugar se tratava a tal torre do mosteiro de Wittemberg: “Aquelas palavras tornaram-se mais gratificantes para mim. Nessa cloaca (toilete) o Espírito Santo inspirou-me com essa apta interpretação.” (Grisar: 108).

    A confissão foi captada por mais de um pupilo nos Propos de table, embora muitos protestantes se sentiram depois constrangidos em reproduzir esse fato.

    O biógrafo luterano Kawerau completa a descrição dessa passagem repetindo estas palavras inacreditáveis do rebelde: “(...) o Espírito de Deus é livre para agir em qualquer lugar, mesmo na cloaca. (sic!)” (Grisar: 109)

    Eis o reformador evangélico em toda sua crueza!

    Nele, o sagrado e o profano são nivelados – evidentemente – por baixo, pelo nível mais baixo.

    São fatos revoltantes como esses que fizeram com que São Francisco de Sales lançasse essa terrível sentença contra os protestantes:Deus não está em sua Igreja (Sales: 176)


    25. Os príncipes com Lutero em Cobourg: a chave da rápida expansão da Reforma

    Lutero reúne os príncipes em torno da Dieta de Augsburg, que se desenhava decisiva: o imperador se desembaraçara das guerras que tanto atrasaram sua atuação contra a Reforma, e ele queria fazer valer o Édito de Worms, contra a rebeldia dos príncipes protestantes que pilhavam os bens da Igreja e impunham a religião reformada à força em seus territórios, valendo-se da brecha jurídica da Dieta de Spira.

    Antes de tudo, é falso que todos os príncipes alemães ficaram protestantes: embora não tenha tido uma grande expressão militar, a Santa Liga católica de 1537 mostra de modo insofismável que nem todos os príncipes estavam contra o imperador.

    A Santa Liga era composta pelo imperador Carlos V e o rei Fernando, além da Baviera, do Duque George da Saxônia, dos Duques Henry e Eric de Braunschweig e do príncipe eleitor Albrecht de Mayence (por Magdeburg e Halberstadt). (Grisar: 450)

    Mas outra liga Católica em apoio ao imperador já havia se formado em 1524, a aliança de Ratisbonna, composta pelo arquiduque Fernando de Áustria, os duques Guilherme e Luis da Baviera, e doze Bispos do sul da Alemanha. E no ano seguinte, uma liga semelhante – a Liga de Dessau- formou-se sob a direção do Duque George da Saxônia, contando inclusive com vários príncipes do centro da Alemanha. (Llorca: 682) Sua finalidade era novamente fazer o imperador impor o Édito de Worms, para extirpar a ameaça luterana, a causa mesma da guerra dos camponeses, ameaça à unidade e segurança do Império, à unidade da Cristandade (Grisar: 285-286)

    E há príncipes e príncipes...

    Os três mais destacados promotores do luteranismo – Frederick da Saxônia, Filipe de Hesse e Albrecht de Brandenburg - não se distinguiam exatamente por sua retidão moral ou apreço pelo Evangelho.

    Frederick da Saxônia: Lutero mesmo reclamava ao eleitor Albrecht de Brandeburg como a decadência do culto Católico era avançada na Saxônia, graças ao desleixo do príncipe Frederick, o Sábio: “(...) a degradação geral do clero é manifestada por “várias canções, dizeres, sátiras,” e pelo fato dos padres e monges serem pintados em paredes, cartazes e mesmo cartas de jogo. Essa sistemática difamação era comum em particular no eleitorado de Saxe, durante o reinado de Frederico, o protetor da “Reforma,” que conscientemente permitiu o aumento dos ataques contra o Catolicismo em cada setor da vida. O engano e a duplicidade com que praticou lança uma mancha negra sobre seu caráter e coloca seu título “o Sábio” sob uma luz peculiar.” (Grisar: 241)

    Em relação à propaganda sistemática contra a Igreja, pode-se ter uma idéia nestas imagens impressas em medalhas em Nuremberg, mostrando um Papa e um Cardeal em uma posição, e o anticristo e um bobo da corte respectivamente quando as medalhas são colocadas de cabeça para baixo (figuras abaixo).



    Medalhas com a epígrafe de um papa e de um cardeal

    Invertendo a imagem, o anti-Cristo e um bobo-da-corte


    E quanto à moral pessoal do príncipe, Frederick também ficou devendo muito:“Até sua morte, em 5 de Maio de 1525, Frederico praticou um jogo-duplo em questões religiosas. Ele nunca se casou, mas teve dois filhos e uma filha de uma certa Anna Weller (...) [e não] se distinguia por qualidades morais elevadas (…)” (Grisar: 242)

    Filipe de Hesse: Fala-se pouco no filme sobre esse príncipe. Não é à toa.

    Hesse “vivia persistentemente em adultério e pecado público. De acordo com sua própria confissão ele não observava a fidelidade conjugal para com sua esposa Christina nem por três semanas. (sic)” (Grisar: 328)

    Graças à frívola e imoral vida de sua mãe, chamada comumente de Madame Vênus, Hesse não teve a educação moral e religiosa necessária para agir como um verdadeiro soberano. Por isso mesmo já em 1524 irá aderir ao luteranismo e permitir o novo culto em seus domínios. (Grisar: 315-316)

    Em fevereiro de 1539, os protestantes foram obrigados a assinar a “paz de Frankfurt” com os Católicos porque seu líder Filipe de Hesse não compareceu, atacado novamente de uma doença que o acompanhava sempre e era causada por sua vida dissoluta: a sífilis, ou Malum franciae. (Grisar: 452)

    O príncipe então pedirá a anuência dos reformadores para a solução que ele imaginou para seu problema de infidelidade: a bigamia!

    E bem informado que estava, irá recorrer ao conselho que o próprio Lutero havia dado ao rei da Inglaterra, Henrique VIII, quando este também precisava se livrar de um incômodo casamento: “Em um juízo sobre a possibilidade de divorciar de Catarina de Aragão, a esposa legítima do rei, que Lutero enviou em 3 de Setembro de 1531, ele aberta e candidamente pronunciou ser indissolúvel o casamento do Rei, mas, para satisfazer o rei, desde que com a permissão da Rainha, ele podia “casar-se com mais uma rainha, conforme o exemplo dos antigos, que tiveram muitas esposas.” (Grisar: 414)

    Eis a utilidade da Bíblia para os pseudo-reformadores: desculpa para suas mentiras, imoralidades e delírios! Deus tolerou o desvio dos antigos. Tolerou, por causa da dureza dos corações dos judeus! Nunca o permitiu e muito menos incentivou.

    Melanchthon confirmará o parecer de Lutero no mês seguinte: “O Rei pode, em boa consciência (tutissimum est regi), tomar uma segunda esposa, mantendo a primeira.” (Grisar: 415)

    Como Hesse conhecia o precedente, sabia até onde avançar... E sabia também quão valioso era para a Reforma: caso os reformadores recusassem seu pedido, Hesse ameaçava apelar ao imperador, o que poderia ser desastroso para o novo culto, pois Hesse era o sustentáculo militar da liga luterana. E seus vastos territórios, convertidos à nova confissão à força, eram valiosos demais para Lutero.

    Dados tantos bons motivos, a bigamia foi aprovada por Lutero e outros teólogos.

    E a cerimônia se realizou secretamente, inclusive com a presença de Melanchthon. E o oficiante de tal escândalo? “Celebrou-o (...) o predicante da corte, Dyonisius Mélandro, outro frade reformado, que já estava valorosamente na sua terceira mulher, vivas ainda as duas primeiras.” (Franca, PB: 309)

    Os luteranos tentarão minimizar o episódio, dizendo que era um caso concreto, com mil complicadores.

    Falso!

    Lutero defendia a bigamia como legítima a priori: “Confesso, escrevia ele 1524, que não posso proibir tenha alguém muitas esposas; não repugna às Escrituras (sic!); não quisera porém ser o primeiro a introduzir este exemplo entre cristãos” (De Wette, II.259, apud Franca, PB: 19-20)

    Acabou sendo o primeiro...

    Quando a escandalosa bigamia ameaçou tornar-se pública, Lutero declarou-se abertamente pela negação do conselho que dera, pois seria um escândalo muito grande à sua igreja (sic!). Foi então que pronunciou sua famosa apologia da mentira conveniente, na reunião de teólogos em Eisenach: "Que mal pode causar se um homem diz uma boa e grossa mentira por uma causa meritória e para o bem da Igreja (luterana)" (Grisar: 522)

    E alguns dias depois, ajuntou: "Mentir em caso de necessidade, ou por conveniência, ou para excusar-se, não ofenderá a Deus, que estará pronto para tomar sobre si tais mentiras" (Grisar, 522)

    Após a descoberta de sua bigamia, Filipe de Hesse ficou liquidado, por causa das penalidades impostas pelo império, que foram brandas em se considerando que o crime merecia a pena de morte. Hesse acabou saindo da Liga de Schmalkalde, o que provocará seu declínio irreversível. (Grisar: 454).

    Mas por onde passa o boi, passa a boiada.

    Apoiados no exemplo de Hesse, vários soberanos alemães entraram pelo caminho anticristão da bigamia, como Jorge IV da Saxônia, Frederico Guilherme II da Prússia, Eberardo Luísde Wittemberg, Carlos Luís do Palatinado e ainda o rei da Dinamarca Frederico IV. (Franca, PB: 312)

    Albrecht von Brandenburg: outro príncipe que aderiu rapidamente ao luteranismo.

    Albrecht era grão-mestre da ordem Teutônica. Cumprindo a regra secular da ordem, ele pronunciou livremente o voto solene de castidade.

    Fez uma aliança secreta com Lutero em 1521, visando satisfazer suas ambições materiais. (Grisar: 317) Viu a hora do bote em 1525, quando secularizou a Prússia, território pertencente à ordem Teutônica, tornando-se ilegalmente Duque da Prússia, e impondo a toda população a mudança de religião por meio de lei. (Grisar: 318)

    Nem o protesto da ordem fora da Prússia, nem as medidas do Império e os protestos solenes do Papa impediram essa violação brutal do direito estabelecido (Grisar: 318)
    Evidentemente, o próximo passo foi o casamento, cedendo às pressões de Lutero para quebrar os votos, como ele mesmo fizera... (Grisar: 318)

    Era a reforma libertadora se impondo pela espada...

    Era o triunfo dos nobres absolutistas, legitimados pela pregação luterana.

    A motivação dos príncipes nada tinha de religiosa, mas política, principalmente tratando-se de Filipe de Hesse: “Com o desposamento da causa evangélica por Filipe,” diz Theodore Kolde, “um elemento político [rectius, um novo elemento político] entrou no protestantismo nascente.” (Grisar: 316)

    Lutero arrancou das mãos da Igreja o governo das almas e o entregou aos príncipes renascentistas. Foi o trágico ressurgimento do cesarpapismo.

    Contra essa vã tentativa de conspiração, a Escritura diz:

    "Por que conspiram furiosamente as nações? Por que tramam os povos coisas vãs? Erguem-se, juntos, os reis da terra, e os príncipes se unem para conspirar contra o Senhor e contra seu Cristo. «Rebentemos seus grilhões, sacudamos seu jugo!» Aquele que habita no céu ri, o Senhor se diverte à custa deles.." (Salmo II, 1-4)


    26. Dieta de Augsburg: triunfo da nova religião?

    Antes de qualquer coisa, foram lidas três confissões em Augsburg, pois o protestantismo – em 1530 já estava irremediavelmente dividido!

    Além da Confissão de Augsburg, de Melanchthon, Zwingli leu a sua Confissão zwingliana, em nome dos suíços; e Bucer apresentou a Confissão tetrapolitana, que resumia os pontos doutrinários das cidades alemães de Strasburgo, Constança, Lindau e Memmingen. (Llorca: 685-686)

    Curiosamente o filme não mostra essa divisão...

    Melhor mostrar todos protestantes amiguinhos.

    E mesmo com relação à Confissão de Augsburg não havia consenso entre os protestantes luteranos.

    Tal confissão marcou a guinada do luteranismo em direção ao melanchthonismo, se assim o podemos chamar. O fiel discípulo de Lutero, Filipe Melanchthon, assumiu um papel decisivo na redação dessa profissão de fé, afastando-se um tanto das doutrinas luteranas, e buscando aproximar-se da doutrina Católica, para conseguir a aprovação da confissão.

    Lutero não gostou. Mas como estava em Cobourg, pouco podia fazer. Era ceder para não perder. Teve que se resignar com a confissão meio protestante, meio católica, que reconhece já as boas obras, não ataca o Papa como sendo o Anticristo, e nem cita a predestinação, tão cara a Lutero. (Grisar: 376)

    Daí ser completamente falso o encontro jubiloso de Lutero e Melanchthon.

    Lutero tolerou a diplomacia de Melanchthon. Assim como tolerava todos os aliados políticos e religiosos. Porém, quando eles se voltavam contra o pseudo-reformador, este mostrava todo o ódio represado: quando morrem Zwingli e Oecolampadius, pseudo-reformadores da Suíça, Lutero os chama de “blasfemos”, “condenados” e “hereges”, e que teriam atraído sobre si a ira divina. (Grisar: 410)

    Zwingli, o mesmo que - por meio de Filipe de Hesse - tivera encontros com Lutero para unificar as confissões protestantes!

    Por conta disso, os suíços também irão se separar do papa de Wittemberg, denunciando sua tirania e sua vulgaridade. Contra eles Lutero se voltará violentamente como “hereges”. (Grisar: 419-420)

    Ódio, divisões, eis o legado da Reforma de Martim Lutero


    Excessos luteranos após a dieta de Augsburg


    Os autores da película Lutero foram sábios em terminar o filme em Augsburg. É no final da vida que Lutero vai tornar a tarefa dos seus biógrafos cada vez mais complicada.

    Veja-se, por exemplo, o anti-semitismo do rebelde: no começo da revolta, Lutero sonhou com a conversão dos judeus para sua causa. A idéia era sedutora, pois a aceitação do Evangelho pelos judeus seria um selo de confirmação de sua missão divina. Como nada conseguiu, virou-se mais tarde contra eles violentamente: “seu ódio do Judaísmo posteriormente induziu-o a lançar um ataque nunca visto contra eles.” (Grisar: 262)

    E voltou-se violentamente mesmo contra Moisés: “Quanto a Moisés, não pode ouvir falar dele. Moisés é para ele um inimigo pessoal, inimigo a seu modo. “Não aceitamos Moisés; ele só é bom para os judeus. Não nos foi enviado por Deus” (Propôs de table, n. 356). Lutero dirá ainda: “se te falam de Moisés para te constranger a aceitar-lhe os mandamentos, responde-lhes atrevidamente: - Vai falar de teu Moisés aos judeus! Não sou judeu, deixa-me em paz!” (Brentano: 151)

    Também, sem justificativa e virulento, tratava assim o Profeta que libertou o povo judeu da escravidão: herege excomungado, precito, pior que o papa e o diabo.” (sic!) (Franca, IRC: 258)

    E seu ódio não conhecia limites nem meios. Mesmo nos sermões atacava com violência os judeus: “O grande reformador(sic) pronunciou seu último sermão, domingo, 14 de fevereiro de 1546, na igreja de Eisleben; ainda gritos de ódio e de proscrição, desta vez dirigidos contra os judeus, dos quais o orador reclama a expulsão dos domínios comunais. É verdade que, tendo sido atacado de nova opressão no peito, seguido de vertigens, Lutero estava convencido, como escreve a Catarina de Bora, de que os judeus da região, em conivência com o diabo, tinham feito desencadear um vento hibernal para gelar-lhe o cérebro.(sic)” (Brentano: 218)

    Grisar relata o mesmo fato no sermão de 1546: “Soberanos (...) não deveis tolerar, mas expulsá-los.” (Grisar: 543; também em 569)
    Nem a prática da usura – alegada queixa contra os judeus – poderia justificar tais palavras num libertador da humanidade...

    É por isso que o filme se encerra abruptamente em 1530...

    Mas há mais... Muito contra o pensamento comum atual, o tolerante Lutero manda expulsar os judeus - através do poder civil – e é o rei católico que os recebe: “Com a sanção de Lutero, John Frederick expulsa os judeus do eleitorado da Saxônia em 1536, enquanto o Rei Fernando garante a eles asilo em seus territórios.” (Grisar: 542)

    Lutero escreveu ainda a Epístola contra os Sabatarianos em 1538, contra os judeus, que introduziram a prática de guardar o Sábado em algumas localidades. Escreveu em 1542 Dos Judeus e suas Mentiras, que é parte de “(...) um violento ataque, destinado a aniquilar o hostil Povo Judeu”. Em seguida publicou O Shem Hamphoras e a Geração de Cristo, que “(...) transborda com ataques e é saturado com vulgaridades. Shem Hamphoras (ou “nome peculiar”), segundo Lutero, era uma fórmula cabalística dos judeus, supostamente sendo adornada de grande poder, por meio da qual Jesus alegou ter operado seus milagres.(sic)”. Em 1543, outro delírio: As últimas palavras de Davi: “Um ardente zelo pela Cristandade ofendida reflete-se nessas produções, as quais carregam a evidência de uma estrutura mental agitada.” (Grisar: 543)

    E por mais constrangedor que possa soar hoje, Lutero exaltava a Alemanha em expressões aterradoras: “Também o que prevalece em Lutero é a alma e o pensamento alemães. (...) alguns cidadãos da cidade (Metz), convertidos às novas doutrinas, quiseram entrar na liga de Smalkalde. O landgrave de Hesse opinava que era preciso admiti-los; mas Lutero opôs-se: “Ele não tinha confiança nesses cavalheiros de Metz que usavam nomes franceses e eram de origem francesa. (...) Para ele também, o povo alemão é o povo eleito; o povo alemão domina todos os outros – Deutschland über alles. “A Alemanha, diz ele, foi sempre o melhor país, a melhor nação.” (Propos de table, n. 904). (...) Seu Manifesto à nobreza cristã de nacionalidade alemã, escreve Lucien Febvre, “soa como um grito de união dos germânicos.” “Lembrai-vos de que sois germânicos!” não cessa ele de gritar aos seus queridos alemães. Ao que Hitler responderá em nossos dias como estrondoso eco. Às massas que o seguem, ele se dirige como novo profeta alemão. Em sua Admoestação aos seus queridos alemães (...): “Eu sou, diz-lhes, o profeta dos alemães. É para vós, alemães, que procuro a salvação, a santidade... Sou vosso Apóstolo.” (Propos de table, n. 678). Quer fundar uma Igreja alemã (Köstlin Kawerau, I, 552).” (Brentano: 172-173)

    Talvez somente o monstro Hitler tenha conseguido equiparar-se ao monge rebelde, em se tratando de nacionalismo alemão exacerbado.

    Também é interessante notar que:Hitler, que é católico (sic), mandou considerar festa nacional na Alemanha a data de 31 de outubro de 1517, quando o monge agostiniano revoltado afixou nas portas da igreja do castelo de Wittemberg as famosas noventa e cinco proposições (...)” (Brentano: 174)

    É digno de menção também o notório ódio de Lutero ao povo.

    Algumas passagens já foram citadas anteriormente.

    Num momento em família, Lutero confidenciava: “Depois de sentar o filhinho nos joelhos: “Grande benção de Deus, dizia, contemplando o filho; esses brutos camponeses não são dignos disso, não lhes deviam nascer senão porcos.” (Propos de table, ns. 978 e 2454).” (Brentano: 131)

    E ainda:

    “Quando um “traqueador” (furtz lecher) quer governar, só pode resultar mal; que os camponeses triturem seus queijos, tratem das vacas e cozinhem, eis sua tarefa. (Propos de table, n. 1606)” (Brentano: 131)

    Grisar descreve o fenômeno em termos mais abrangentes: “No início da guerra dos camponeses ele [Lutero] fala e escreve furiosamente contra os camponeses e a massa, e continua a fazê-lo até o final de sua vida. (...) Em seus discursos ele freqüentemente sustenta-se em um verdadeiro ódio contra a massa, chamando-a “mestre todos” (Master Omnes), “monstro de várias cabeças,” etc. Como disse um autor protestante, Feuchtwanger, não se separa Lutero facilmente das idéias político-sociais de Maquiavel, que aconselha soberanos a manter o laço curto com as massas.” (Grisar: 560)

    Daí não surpreende que Lutero chegasse a pedir o retorno da escravidão: “Gradualmente ele clama por autoridade absoluta. (...) “Cristo não queria abolir a escravidão,”diz [Lutero] em outra passagem sobre a condição oprimida dos camponeses, cuja sorte piorava constantemente. “O que importa a Ele como os senhores ou príncipes governam [nas coisas temporais]?” Em seus sermões sobre o primeiro livro de Moisés, ele de fato representa a servidão como um estado relativamente desejável. “Se a sociedade é para durar,... será necessário restabelecê-la [a escravidão]” (Grisar: 560)

    E, de fato, essa idéia é coerente com a doutrina exposta por Lutero em A Liberdade do Cristão, onde ele advoga que o cristão é totalmente livre em seu interior, enquanto inteiramente servil para o mundo externo, na sociedade. (Grisar: 166)

    Com tantos ódios e rancores, não surpreende que Lutero fosse se tornando cada dia mais amargo e infeliz.

    Note-se, por exemplo, sua melancolia ao ver a Alemanha destruída por suas doutrinas: “Lutero se aproxima dos sessenta anos; seu humor tornou-se sombrio, estado de alma que sua correspondência reflete. Toda a alegria, a jovialidade, seu humor (...) desapareceram. (...) sobretudo sofre pelo estado e quem se encontra o país, a Alemanha, a sociedade onde vive. Tinha ingenuamente (sic) imaginado que já que o mundo estava agora, graças a ele (...) de posse das verdades celestes (...) o mundo ia entrar numa era de felicidade, de concórdia, de ventura, de bondade, de fraternidade e de amor. Contrariamente: “ A Alemanha acabou-se, escreve nesse ano de 1542, não será nunca mais o que foi outrora. Também, como estou cansado! Demos de ombro! Aconteça o que for possível!” “A igreja é espoliada, despojada, escreve mais longe (sic), não há mais caridade; mas rouba-se, pilha-se. Em tempos idos, reis e príncipes faziam dádivas generosas às igrejas, ajudavam-nas; atualmente eles as saqueiam... Mesmo aqueles que se dizem evangélicos atraem para nós a cólera de Deus por sua rapina, pelos roubos sacrílegos.” (Brentano: 211-212)

    Esquecia Lutero que as rapinas e os príncipes avarentos eram o produto de sua pregação...

    E continua Brentano: “As abadias são atacadas, tomadas de assalto, saqueadas sob a melodia dos cânticos, à sombra dos estandartes onde se lê a divisa evangélica: “A palavra de Deus perdura”. Altares, quadros, órgãos e objetos do culto são quebrados, calcados aos pés, os cálices, ostensórios, ornamentos bordados a ouro, são roubados, as hóstias profanadas, os edifícios religiosos saqueados, a menos que eles não sejam convertidos em cavalariças.(...)” (Brentano: 212)

    Desolado pela desgraça que provocou, Lutero escreve em 1544: “Vejo em todo o mundo uma cupidez incompreensível, o que prova que o derradeiro dia está próximo. Parece que o mundo, em sua extrema velhice, cai em delírio como acontece aos moribundos.” E sobre Wittemberg, berço de sua revolta: “Falta de boa fé, malícia, na nobreza, na corte, no seio do magistrado; ao que se vem juntar na cidade e no campo o desprezo da palavra de Deus e uma negra ingratidão.” (Brentano: 213)

    Nas palavras de Lutero, “Wittemberg tornara-se uma “Sodoma”” (Brentano: 214)

    Depois da tempestade, Lutero só vislumbrava destruição, e não bonança:

    “O Evangelho hoje em dia encontra aderentes que se persuadem não ser ele senão uma doutrina que serve para encher o ventre e dar larga a todos os caprichos.” (Franca, IRC: 197)

    E falando a Melanchthon:

    “Com zelo e amor abraçam o Evangelho porque nele vêm um atalho para a licença que sacode todos os jugos.” (Franca, IRC: 197)

    Lutero escreveu amavelmente ao Duque George da Saxônia em 1525, ainda com esperança de trazê-lo à sua causa. Em excelente resposta, o Duque nos dá uma idéia da ordem moral vigente em Wittemberg nessa época: “O Duque mostra que Lutero estabeleceu lá (Wittemberg) um asilo, uma fortaleza para apóstatas, incluindo aqueles pertencentes a seu território. Todos os monges e freiras “que espoliam nossas igrejas e mosteiros,” ele diz, “encontram refúgio com você”. A aflição e miséria das freiras fugitivas é evidente. “Onde houve tantos monges e freiras fugitivas como agora em Wittemberg? Quando as esposas foram tiradas de seus maridos e dadas a outros, como agora é o caso, sob o seu evangelho? Quando o adultério foi mais comum do que quando você escreveu: quando uma esposa não pode tornar-se mãe por seu marido, ela deve ir a outro e engravidar, cujo filho o marido é obrigado a criar? Parece não ter havido resposta de Lutero... (Grisar: 288)

    Vimos também que a situação não era melhor em Erfurt (Grisar: 306)

    E podemos acrescentar à lista Strasburgo, na confissão de Bucer: “Entre nós em Strasburgo mal há igrejas, não há reconhecimento da Palavra de Deus, nem freqüência aos Sacramentos.” (Grisar: 321)

    Enfim, em toda Alemanha luterana grassava a corrupção: “Em toda parte as congregações apresentam um quadro deplorável, dado que os camponeses nem aprendem, nem rezam, nem fazem qualquer coisa que não seja abusar de sua liberdade; eles nem confessam, nem comungam, como se estivessem completamente afastados da religião.” A situação foi constatada pelos observadores protestantes, que então darão o motivo esperado pelos príncipes para intervir definitivamente na religião, e impor a igreja nacional (Grisar: 331)

    Lutero, desiludido e cansado, vendo seu evangelho produzir só destruição e corrupção, foi tornando-se cada vez mais afastado da realidade. A profecia de Jeremias sobre Gog e Magog significava para ele a destruição da Alemanha pelos turcos, num delírio escatológico que se tornou recorrente. (Grisar: 381)

    O mesmo Melanchthon que no filme aparece jubiloso em Augsburg com o triunfo da reforma, parece ter aconselhado a mãe perto da morte a permanecer Católica: “A nova religião parece mais aceitável, mas a antiga é mais segura Mesmo os protestantes admitem que essa frase não é improvável, embora não tenha sido demonstrada sua veracidade. (Grisar: 464)

    Se o fundador do protestantismo sofria as conseqüências do seu desastre, que dizer daqueles que o seguiam, e que propagaram suas doutrinas: “Melancolia pode ser quase considerada como a principal doença da época da Reforma” (Grisar: 467)

    Entre os que sofreram desse mal, citam-se “Jerome Baumgartner de Nuremberg, Luke Osiander, e Zachary Rivander fala de pessoas saudáveis por toda parte sofrendo de medo, falta de consolação, e tensão mental; que o número de suicídios aumentou de modo assustador de maneira a deixar qualquer um de cabelo em pé; e que eles acreditavam ser isso um sinal anunciando a proximidade do fim do mundo. “(Grisar: 467)

    Ao ver os péssimos frutos da Reforma, mesmo luteranos convictos como Justus Jonas e Spalatin sucumbiram à melancolia: “Em conseqüência de “tentações espirituais” (G. Kawerau) que sofreu depois das Guerras de Schmalkalde, Jonas desenvolveu uma desordem mental grave similar à morbus melancholicus de Spalatin. Diz-se que sua morte (1555) foi mais alegre que sua vida.” (Grisar: 467)

    Podemos acrescentar à lista de melancólicos Jerome Weller, que Lutero aconselhava a pecar para combater a tentação (sic); Nicholas Hausmann, Simon Musaeus, Nicholas Selnecker (o editor dos Propos de Tables), Wolfgang Capito (o arauto de Strasburg) e Joachim Camerarius (amigo íntimo de Melanchthon). Todos sofreram da “melancolia religiosa crônica”. (Grisar: 467)

    Mathesius confessou que a visão de uma faca o instigava ao suicídio; George Besler de fato levou a tentação ao seu termo. (Grisar: 468)

    Uma literatura peculiar, com conselhos para combater a melancolia teve grande florescimento nessa época tenebrosa da humanidade (Grisar: 468)

    E o mais incrível: Lutero não acreditava em sua própria doutrina, como confessou em várias ocasiões! “Antonius Musa, pastor de Rochlitz, confidenciou a Lutero que estava deprimido porque não podia acreditar nas coisas que ensinara a outros. Daí Lutero respondeu conforme (o relato de) Mathesius: “Louvor e graças a Deus que isso também ocorra a outros. Eu pensei que isso só era verdadeiro no meu caso.” (Grisar: 468)

    Em vez de reconhecer a desgraça que havia produzido, Lutero dizia que tais comportamentos se deviam à fraqueza humana, que não estava preparada para receber a Palavra (sic!). E que aqueles acontecimentos sinalizavam o fim do mundo. Ele mesmo marcou o final dos tempos mais de uma vez (Grisar: 493)

    Já que a humanidade não podia compreender sua doutrina, então era melhor que Deus destruísse tudo! No final da vida Lutero se tornará amargo e verá o fim do mundo como única solução para o desastre de sua pregação.

    Hitler não pensará diferente, quando após ter entregado a mesma Alemanha aos algozes, culpará os alemães por não terem correspondido à sua missão divina, merecendo então ser castigados com a destruição total.

    Em carta a Amsdorf, falsamente sagrado “bispo” luterano, Lutero confessava: “Toda Alemanha (...) apresenta uma terrível cena de desmoralização e decadência”. E em outra ocasião, encontrando a solução para tão grande ruína: “É responsabilidade de Cristo ver isto (...) pois Ele mesmo por Sua Palavra chamou tanto mal e tão grande ódio por parte do demônio.” (Grisar: 535)

    Ou seja: a culpa da destruição luterana era de Cristo!

    Ë bem difícil que tenha nascido blasfemador maior que Lutero!

    Por isso diz a Escritura sabiamente: “Nem todo aquele que me diz: Senhor, Senhor, entrará no Reino dos céus, mas sim aquele que faz a vontade de meu Pai que está nos céus.” (Mt 7,21)


    E se Lutero não era amigo do povo, também não pode ser chamado propriamente de libertador, como sugere continuamente o filme.

    Vários episódios mostram como a reforma foi imposta à força, pelos nobres, como na cidade de Eilenburg, já em 1522, a partir de sua idéia mestra: “É obrigação do soberano, como governador e irmão Cristão, expulsar os lobos e ser solícito para com o bem estar do seu povo.” (Grisar: 228)

    Como já foi citado, na primeira parte de A Liberdade do Cristão, Lutero afirma que o Cristão, em virtude da fé é “senhor livre em todas as coisas e não sujeito a ninguém.” Na segunda parte do livro, afirma que “o Cristão é o servo em tudo e sujeito a todos.” (Grisar: 166) Não poucos autores protestantes criticaram essa obra, em vista de seu caráter milenarista (Grisar: 168)

    Contra os concorrentes, Lutero também dispensava o tradicional desprezo e orgulho. Valentine Ickelsamer, que disputou com Lutero, qualificou-o de novo papa, por causa da intolerância e da falta de critério com que produzia seus dogmas (Grisar: 255)

    Lutero soube cativar os príncipes fazendo-os espelharem-se nos patriarcas do Antigo Testamento, que guiavam todos os assuntos em seu território, fossem espirituais ou seculares. Lutero também apelava à consciência dos príncipes, para que trabalhassem diligentemente pela causa do evangelho, o dele, é claro. E curiosamente, após ter feito progredir a reforma em algumas cidades, intima os príncipes a acabarem com a diversidade de cultos, que poderiam criar problemas em seus domínios, levando à desordem e ao caos. Evidentemente o culto a ser mantido deveria ser o luterano: “Apenas um tipo de doutrina pode ser pregado em cada lugar”. O eleitor da Saxônia soube corresponder a seu apelo. (Grisar: 313)

    O novo evangelho usou mais que palavras para triunfar: “A poderosa intervenção do governo secular fornece a chave para solucionar o mistério do rápido progresso da Reforma.” (Grisar: 319)

    Os mosteiros fiéis ao catolicismo que tentaram resistir foram arrasados pelos tiranos protestantes (Grisar: 322)

    Filipe Hesse assumiu o governo religioso de seu território como um bispo supremo, apesar de sua conhecida falta de virtude. (Grisar: 328)

    Em toda Alemanha os soberanos passavam a atuar como suprema autoridade religiosa, graças a Lutero. (Grisar: 329)
    Com o domínio dos príncipes, a Igreja passou a ser questão do Estado, e para garantir o culto único, foram instituídos fiscais “visitadores”, que depois de visitar as paróquias reportavam às autoridades abusos e desvios da orientação luterana. Contra os hereges, particularmente os anabatistas, Lutero aprovou a pena capital, em várias ocasiões. (Grisar: 332-333)

    Lutero asseverava que o poder civil deveria dar suporte à religião. Em carta a Spalatin em 1527, dizia que “os fatos mostraram (...) que os homens desprezam o evangelho e insistem em serem compelidos pela lei e pela espada.” “(...) as massas devem ser “conduzidas e dirigidas para a fé.” (Grisar: 473)

    Em Wittemberg, “(...) aqueles que persistentemente negligenciaram o comparecimento ao sermão eram ameaçados com “banimento e a lei”. A corte de Wittemberg também ordenou o comparecimento universal à igreja.” (Grisar: 474) Lutero ameaçou com a excomunhão a um pecador público – Von Metzsch (Grisar: 474)

    Eis o campeão da liberdade!

    E por mais incrível que pareça, em seus sermões sobre S. Mateus, Lutero manifestava-se contra seu próprio livre-exame: Não é permitido a ninguém excogitar suas próprias idéias, formular sua própria doutrina, permitir-se ser chamado Mestre e dominar ou censurar qualquer outra pessoa.” (Grisar: 501)

    Para dar aulas na universidade de Wittemberg, era preciso fazer um juramento! - “Ordination Oath” – precedido por um exame teológico. Lutero e outros assinaram a ordenação de um tal Heinrich Bock, onde se lê que ele tinha garantido“pregar firme e fielmente a pura doutrina do evangelho confessada por nossa Igreja.” (sic!) (Grisar: 501-502)

    Melanchthon aprendeu bem a lição do mestre, e asseverava que “liberdade de crença” era “negada a cada item”. Também elogiou a execução de muitos hereges, como Miguel Servet sob Calvino. E também desejava ver a morte de Henrique VIII, por um “assassino corajoso” enviado por Deus. (Grisar: 503)

    Quanto ao uso do poder civil, confessou Melanchthon: “Se a autoridade civil não interviesse, o que seria de nossas prescrições? – leis platônicas.” (Brentano: 161)

    Liberdade?

    Apenas o tempo suficiente para usurpar a autoridade da Igreja Católica...

    Como Lutero não conseguiu atrair as multidões pela pregação da Palavra e nem afastar os papistas, como supunha: “ Enganei-me miseravelmente, dirá depois; tive a dolorosa experiência (junho-julho de 1532, Propos de table, no. 1682)”, foi obrigado a apelar ao poder civil para ver triunfar sua religião, como bem se nota na restrição da pregação ao seus seguidores no eleitorado da Saxônia: “Batei-lhes como blasfemos! grita agora, é vosso dever entregá-los a mestre Hans (M. João, sobrenome do carrasco). Nos burgos o magistrado local deve evitar que os pregadores comentem o Evangelho senão conforme a verdadeira doutrina (sic.), e não pelas interpretações à maneira romana, como se tem tolerado até aqui.” (Brentano: 161-162)

    E também, quando consultado sobre a Missa Católica, no resumo de Brentano: “Em toda a extensão do império a missa horrível deve ser suprimida; não serão tolerados mais senão sacramentos conforme as idéias de Cristo, isto é, em harmonia com as idéias de Martim Lutero; as universidades e escolas devem ser reformadas no sentido evangélico; todos os bispados serão secularizados e transformados em organizações leigas.” (Brentano: 162).

    Evidentemente Lutero só pregava a liberdade fora dos territórios da reforma: “O que torna tudo isso particularmente picante é que na mesma época em que Lutero dava ao eleitor de Saxe os conselhos que acabamos de ler (restrição ao culto), dirigia-se ao duque Georges de Saxe, que permanecera fiel ao catolicismo, para suplicar-lhe que deixasse pregar e praticar livremente em seus Estados a religião protestante; (...)” (Brentano, 162)

    E falando em tirania, quando Henrique VIII assassinou os dois homens que se opuseram a seu cisma – São Tomás Morus e São João Fischer – foi aplaudido pelos libertadores de Wittemberg.

    Lutero: “É permitido entregar-se à cólera quando se sabe que traidores, ladrões, assassinos são os papas, seus cardeais e seus legados. Praza a Deus que vários reis da Inglaterra se empenhem em fazê-los desaparecer.”

    E Melanchthon, o pacífico humanista: “Deixar cair a espada na cabeça dos ímpios, é obedecer à lei de Deus.” (Brentano: 162; também Grisar: 415)

    Os santos mártires Morus e Fischer se opuseram ao escandaloso divórcio e re-casamento do rei, que arrastou a Inglaterra à desgraça. Seu sangue é precioso aos olhos de Deus: “Pretiosa in conspectu Domini mors sanctorum eius” (Salmo 115)

    E os relatos da tirania luterana não têm fim: “Naturalmente o papa de Wittemberg restabeleceu a excomunhão. Proceder-se-á contra o ímpio, publicamente, diante da comunidade. Quanto aos obstinados, diz Lutero, “que vão para o diabo”. Depois de mortos serão jogados no monturo. Os despojos daquele que se abstiver da comunhão serão tratados como os de um cão. A força das leis deve sustentar a Igreja, pois os homens menosprezam naturalmente o Evangelho. Por essa palavra, usada geralmente, Lutero denomina sua própria doutrina. O ser humano gosta de ser constrangido à verdade pelo gládio. Aqueles mesmos que não tem fé devem ser obrigados a assistir aos sermões. Monges, curas e todos os tonsurados devem ser degolados. “Eu mesmo me ocuparei da missão; bando de patifes, que não são bons senão para desaparecer.” (Brentano: 162-163)

    Citemos ainda, sobre a censura e a perseguição aos dissidentes: “Na Universidade de Wittemberg, os mestres, os doutores, ensinarão a doutrina luterana revelada por Deus, e os tribunais lhes prestarão concurso. Lutero escreve aos burgueses de Meissen que se desviaram de seu ensinamento, para que façam o quanto antes confissão pública (...) Não suportava (Lutero) sequer que juristas e membros da faculdade de Direito (...) exprimissem livremente opinião sobre questões de ordem relativamente secundária (...) Lutero chegou a instituir “visitadores” (...) inquisidores que penetravam nas famílias a fim de se informar se tudo se passava conforme suas prescrições.” (Brentano, 163)

    E a tolerância religiosa, tão ventilada entre os reformados: “Numa carta ao duque Alberto da Prússia (...) Lutero se espanta de que a doutrina zwingliana seja ainda tolerada em seus Estados. Contra os sacramentários de Zwingli, os de Munzer, de Carlstadt, contra os antinomistas, os anabatistas e tantos outros independentes oriundos de sua propaganda, o pontífice de Wittemberg não cessa de se dirigir à autoridade secular (...) em apelos urgentes para que tais “hereges” sejam impedidos de espalhar suas idéias e fazer-lhes propaganda.” (Brentano, 163)

    Na mesma linha, contra a pregação aberta e contra o livre-exame inventado por ele: “Lutero obrigou o eleitor de Saxe a construir uma prisão especialmente destinada aos pastores e pregadores, cuja conduta ou palestras fossem por ele julgadas dignas de censuras. Ele próprio fala de um certo João Sturm “que se obstinara em crer que Cristo não morrera senão para exemplo.” Foi conduzido a Schwrinitz e encarcerado na torre, onde morreu.” (Brentano: 164)

    E Lutero também tinha sua inquisição: “Em fins de 1529, em Reinhardsbrunn, seis “hereges” por acusação luterana foram entregues a esse M. Hans a quem o reformador formulava tão rude apelo. Suas cabeças tombaram em 18 de janeiro de 1530.” (Brentano: 164)

    É claro que as queixas começaram a surgir. Os anabatistas exclamavam: “há dois falsos profetas, o Papa e Lutero, mas dos dois Lutero é o pior (Grisar: 417)

    E mesmo Melanchthon – o fiel secretário! – fazia coro às queixas contra Lutero, em carta a Camerário: “Vivo na escravidão, como no antro de Ciclope.” (Bossuet: T. 1, L. V, 254)

    Lutero se voltou contra seus próprios aliados. E sua doutrina diabólica se voltou mesmo contra ele próprio.

    Essa situação é já antecipada pelo salmista: "Eis que o mau está em dores de parto, concebe a malícia e dá à luz a mentira. Abre um fosso profundo, mas cai no abismo por ele mesmo cavado. Sua malícia recairá em sua própria cabeça, e sua violência se voltará contra a sua fronte." (Salmo VII, 15-17)

    Lutero odiava a razão, porque ele era um gnóstico. Em seu último sermão em Wittemberg, não cessa de maldizê-la: “A razão é a prostituta, sustentáculo do diabo, uma prostituta perversa, má, roída de sarna e de lepra, feia de rosto (sic), joguemos-lhe imundícies na face para torná-la mais feia ainda.” (Brentano: 217)

    Como Melanchthon insistia em querer sistematizar a doutrina luterana e colocá-la em bases aristotélicas, Lutero mostra também todo seu ódio e desprezo pela filosofia: “Eu devo cortar a cabeça da filosofia, e que Deus me ajude a fazê-lo; pois assim deve ser.” (Grisar: 462)

    Lutero também se mostrou contra a ciência: “Lutero manifestou-se, várias vezes, sobre a concepção que formulara do mundo. Ela é justa e concreta. A terra é seu centro (...) Acima da Terra, uma abóboda imensa (...) a abóboda azul (...) é firme, sólida; e por cima, se estende o céu. O inferno fica no centro da terra, sob nossos pés (sic.). O abade Copérnico surgiu, pretendendo que a terra girasse em torno do Sol. Lutero deu de ombros. Lê-se na Bíblia que Josué deteve o Sol; não foi a Terra que ele deteve. Copérnico é um tolo.” (Brentano: 145)

    Mostrar Lutero tal qual era em sua época pode ser um choque para muitos.

    Mas é a única maneira honesta de mostrá-lo, e – com relação ao filme – desmascará-lo.

    Como dizia São Francisco de Sales, retomando São Jerônimo: "Reduzir a heresia à sua origem é refutá-la" (São Jerônimo, Ad. Lucif. 28; apud Sales: 207)



    Falsa doutrina luterana


    Embora a moral luterana fosse escandalosa, esse não era o seu pior aspecto. Os excessos e contradições de Lutero não eram senão conseqüência de sua péssima doutrina.

    O final da Idade Média assistia ao embate entre os místicos e racionalistas em torno do problema dos universais. É o que Umberto Eco retrata no célebre “O Nome da Rosa”.

    Aprofundando as conseqüências em torno do realismo platônico, os místicos seguidores de Mestre Eckhart defendiam as idéias divinas contra a matéria e a inteligência. (Fedeli: 123)

    Os místicos seguidores de Eckhart eram, portanto gnósticos:

    Para a Gnose, a matéria é considerada má por ser a causa da individuação e da limitação no homem. A razão enganaria o homem, pois, por meio dela, o homem compreende o mundo, construído como inteligível pelo demiurgo. E, compreendendo o mundo, o homem pensa que ele é bom. (...) Uma intuição mística é que o libertaria dos laços da lógica e do silogismo.(Fedeli, PG)

    Defendendo o nominalismo, os racionalistas discípulos de Guilherme de Ockham promoviam o individualismo e o materialismo mais radical. (Fedeli: 124) Eram assim panteístas:

    O Panteísmo é, pois, racionalista, cientificista, evolucionista e determinista. Nele encontramos um naturalismo total. Ao negar a distinção entre Deus e o mundo, ele recusa radicalmente a ordem sobrenatural. Ele prescinde da graça, de sacramentos ou de um Redentor, pois o Homem seria capaz de realizar sua própria redenção. (...)(Fedeli, PG)

    Ambos hereges foram condenados pelo Papa João XXII. (Fedeli, Jf)

    Sabemos que as revoluções ocorrem quando essas duas correntes antagônicas são unidas de alguma forma, o que produz um curto-circuito violento e que inverte a ordem social então vigente.

    Mas quem as poderia unir?

    Lutero estudou com os Irmãos da Vida Comum em Magdeburg. Esse estranho grupo, que remonta ao Mestre Eckhart, e propunha uma nova forma de devoção, uma "devotio moderna", que segundo Grisar era “uma nova concepção de piedade monástica mais em conformidade com os requisitos da época, de acordo com a qual, além das orações e mendicância, uma ativa e oportuna eficácia seria cultivada em favor da humanidade.” (“a new conception of monastic piety more in conformity with the requirements of the age, according to which, in addition to prayers and begging, an active and timely efficacy was to be cultivated in behalf of mankind.”) (Grisar: 12)

    Uma coincidência curiosa: Eckhart fora superior no convento dominicano de Erfurt, e depois geral na Saxônia. Exatamente onde Lutero surgiu, e onde mais o luteranismo irá se espalhar.

    Lutero também aprendeu Nominalismo na Universidade de Erfurt. Esse sistema filosófico era o chamado “via moderna”, em oposição ao sistema Aristotélico-tomista. (Grisar: 24)

    A universidade de Erfurt era mesmo um centro de difusão do nominalismo, e que havia herdado o prestígio perdido pela Universidade de Praga, depois que esta foi atingida pela condenação de Huss.

    Lutero conhecia ambas correntes.

    Lutero será o homem que unirá as duas correntes antagônicas.

    E se a junção dos opostos produz a faísca revolucionária, produz também a separação violenta desses movimentos no momento seguinte.

    É o que ocorreu entre o místico Lutero e o racionalista Erasmo: unidos na eclosão da Reforma, irão se separar definitivamente em 1525, no calor da polêmica sobre a liberdade do arbítrio humano.

    Que Lutero era inclinado à mística, não há dúvida. Além da devotio moderna, ele foi influenciado pelo misticismo pessimista alemão, expresso pelo dominicano John Tauler e pela Theologia Deutsch.

    Tauler, ainda que tivesse uma doutrina ortodoxa segundo Grisar, defendia um quase quietismo, onde a “calma interior na qual as operações de Deus devem ser recebidas, e as trevas que preenche a alma das pessoas piedosas, de quem ele fala consoladamente.” Essa ênfase na passividade interior irá repercutir na alma atribulada de Lutero como solução para suas aflições. O rebelde alemão irá entender passividade como auto-aniquilação, e treva como desespero. (Grisar: 59)

    A Theologia Deutsch era um manuscrito anônimo do século XIV e que produziu vivas impressões no jovem monge, que o editou. O livro era obscuro e exaltava uma visão de que Deus dominava exclusivamente a alma que sofria por Ele. (Grisar: 60)

    Grisar comenta que é interessante que uma obra mística tenha sido a primeira publicação de Lutero (Grisar: 60)

    Embebido de misticismo, Lutero o manifestará juntamente com seu gnosticismo, como vimos na questão da predestinação:

    "Ele [Lutero] recorre a um misterioso Deus escondido, (...) A afirmação do Apocalipse de que Deus quer a salvação de todos os homens, se aplica ao Deus revelatus no Evangelho de Cristo; mas há também um Deus escondido, um Deus absconditus, cujos decretos podem ser bem diferentes." (Grisar: 302)

    E ainda em suas elucubrações diabólicas:

    (...) então não se sabe mais quem é Deus, e quem é o diabo. Chega-se a inquirir se o diabo não será Deus”. (Brentano: 98)

    Mas até meados do século XX os biógrafos e historiadores só conheciam a doutrina de Lutero indiretamente, através das conseqüências absurdas a que ele chegava com seus sola gratia, sola fide e sola scriptura, amparado no absurdo servo-arbítrio, conseqüência da suposta corrupção absoluta da natureza humana decaída pelo pecado original.

    Em meados da década de 60, época emblemática do século XX, uma publicação abalará os alicerces da biografia luterana, e colocará em xeque o processo secular de reabilitação de Lutero.

    O autor dessa publicação?

    O Padre alemão Theobald Beer.



    Padre Theobald Beer e o maniqueísmo de Lutero

    “Lutero? Delírio Maniqueísta”
    Felipe Melanchthon

    Um elemento novo acrescentou contornos dramáticos à análise da doutrina luterana: o estudo do padre alemão Theobald Beer sobre fontes originais – e até então desconhecidas – de Lutero, publicadas em meados da década de 60 sob o título Der Fröhliche Wechsel und Streit.

    As fontes são “anotações autógrafas de Lutero, escritas entre 1509 e 1516 às margens de obras de Agostinho, Pedro Lombardo e outros, e as “Disputas” do período 1535-1545.” (Beer: 54)

    O Padre mostrou que Lutero era desde o começo da revolta um gnóstico e maniqueísta, portanto radicalmente contra Santo Agostinho! E mostrou também um Lutero extremamente influenciado pela obra do pseudo-Hermes Trismegisto, o Livro dos 24 Filósofos, traduzido pela Academia Platônica de Florença.

    Para o maniqueísmo, combatido por Santo Agostinho - que pertencera à seita antes da conversão - existem duas divindades em luta, uma boa e outra má. São dois princípios opostos e complementares em luta constante, sendo que o mundo refletiria esse dualismo em todas as coisas.

    Lutero exprimia-se continuamente de maneira dualista, ora opondo, ora confundindo Cristo e Deus, Deus e o diabo, e mesmo a dupla natureza de Cristo: “deve-se conceder uma hora de divindade do diabo e eu devo atribuir a diabolicidade a Deus dizia o rebelde alemão! (Beer: 55)

    Também, segundo Lutero,

    “Cristo não tomou sobre si só uma condição humana geral, mas submeteu-se ao diabo e concorda com o diabo de alguma forma. Ele não assumiu só as culpas, como afirma a fé católica, mas também a disposição ao pecado.” (Beer: 55)

    Agora ficam claras as frases blasfemas de Lutero contra Cristo: na cristologia luterana Nosso Senhor de fato tinha de pecar; para que Cristo pagasse o pecado deveria cometer todos os pecados! Eis a reforma que dizia reconduzir a Igreja à pureza primitiva!

    Dado que Cristo é uma dualidade para Lutero, Ele não pode ser a terceira pessoa da Santíssima Trindade, que encarnando tornou-se uma só pessoa:

    “Cristo não pode ser “pessoa”, deve ser um “compositum”, pois nele devem coexistir a divindade e a maldição, ou seja, a diabolicidade.” (Beer: 55)

    O Padre Beer mostra como essa visão é absurda e condenada desde o Concílio de Éfeso. O próprio Melanchthon irá rejeitar essa e outras proposições escandalosas de Lutero, acusando-o no final da vida de delírio maniqueísta.

    Lutero dirá, escandalosamente, baseado nesse seu maniqueísmo, que Cristo “(...) É rocha, pedra angular”. Mas acrescenta: pedra significa peccatum, “ita Christus vere est peccatum” (Assim Cristo é verdadeiramente pecado). Não se trata de uma “pessoa”, mas de duas funções, cuja primeira é proteger-nos da ira divina e a segunda é dar-nos um exemplo.” (Beer: 56)

    Para exemplificar a influência do hermetismo, o Padre Beer mostra que Lutero acreditava que a natureza humana de Cristo era apenas um acidente, assim como o branco está na parede! A substância se referiria apenas à Sua divindade:

    “[Cristo] Fala como substância e acidente: a substância é a divindade e o acidente é a humanidade. Muito bem, nesse ponto o modo de pensar e de falar de Lutero vem da tese VI do Pseudo-Hermes: “Deus est cuius comparatione substantia est accidens, accidens nihil” (Deus é aquilo em relação ao qual a substância é acidente e o acidente é nada). Uma coisa é certa: as suas concepções da Trindade e da divindade e humanidade de Cristo não são as afirmações da Igreja, expressas em todos os Concílios. O próprio Melanchthon se recusou não só a divulgar essas idéias mas até defendeu os decretos conciliares.”

    Conclui então Padre Beer que em Lutero não há nada de cristianismo, pois ele rejeitou toda a doutrina cristã sobre Cristo e sobre a Trindade.

    Lutero, numa das anotações recuperadas pelo Padre Beer, mostra-se também claramente em oposição a Santo Agostinho, e em ponto fundamental:

    Lutero despreza Santo Agostinho. Nas Confissões, Agostinho ataca o dualismo dos maniqueus e critica a sua concepção de duas divindades em luta. À margem desse trecho, Lutero comentou: “É falso. É daqui que vêm todos os erros de Agostinho”. Portanto, ataca Agostinho onde ele se opõe aos maniqueus. Por isso, Melanchthon o acusou de maniqueísmo depois da morte, porque em Lutero voltam os dois deuses, os dois Cristos.(...)” (Beer: 58)

    Para a grande maioria dos biógrafos luteranos, isso cai como uma bomba: a filiação de Lutero a Agostinho é ponto de honra para os protestantes, que se recusam a ver quanta distância existe entre o santo Bispo de Hipona e o herege de Wittemberg.

    Com as anotações descobertas pelo Padre, é Lutero mesmo quem confessa seu anti-agostinianismo!

    Maniqueu que era, Lutero via dualismo em tudo. Além das naturezas opostas em Cristo, há oposição entre Cristo e Deus. Padre Beer nos revela:

    Para Lutero (...) Deus é mau em si, é preciso atribuir a diabolicidade a Deus. São Paulo escreveu que em Jesus Cristo “habita a plenitude da divindade”, e Lutero comentou: “é bom que tenhamos um homem assim, porque Deus é em si mesmo mau e cruel.” (Beer: 59)

    Eis o homem. Eis o herói popular. Eis o grande teólogo que só queria reformar a Igreja!

    Pena que o livro do Padre Beer tenha sido sistematicamente rejeitado pelos patrocinadores do ecumenismo utópico. Como conseqüência, não temos senão o original alemão (por enquanto, inacessível pela dificuldade da língua...), e nenhum comentário a não ser a entrevista à 30 Giorni donde tiramos essas citações.

    As descobertas desse Padre liquidam o principal argumento dos reabilitadores do monge alemão: o de que Lutero seria bom no começo, e que a culpa pela separação seria da Igreja Católica. É sobre esse frágil argumento que cem anos de preparação culminaram numa biografia comum a católicos e protestantes.

    A revelação de que Lutero era desde o princípio um gnóstico e um maniqueu liquida completamente esse esforço diabólico, que trabalhou durante o último século para reabilitar o rebelde alemão e permitiu – em última instância – que fosse possível fazer um filme como esse Lutero.

    ***
    Apesar do boicote à obra de Beer, o que nos alenta é que um personagem extremamente influente leu e aprovou o livro de Beer, expressando-se nestes termos em carta ao Padre:

    “Considero o seu trabalho muito estimulante. A influência do neoplatonismo, da literatura pseudo-hermética e do gnosticismo, que o senhor demonstrou estar presente em Lutero, apresenta a sua polêmica contra a filosofia grega e a Escolástica em uma luz inteiramente nova. Novo e importante é também o modo como o senhor aprofundou a diferença até o ponto central da cristologia e da doutrina trinitária.”

    O autor dessa carta hoje ocupa o trono de São Pedro.

    Exatamente: o autor da carta é Bento XVI!

    E Sua Santidade o Papa Bento XVI voltou a denunciar que há lobos...

    Que Bento XVI denuncie esse grande lobo, hoje coberto com as peles dos cordeiros devorados nesse último século de traições e de sua reabilitação vergonhosa.

    Como pediu Sua Santidade, rezaremos para que não fuja dos lobos: Oremus pro Pontifice nostro Benedicto. Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum ejus. Amen

    Pois sabemos que Deus não ignora a história:

    "Quando os próprios fundamentos se abalam, que pode fazer ainda o justo?
    O Senhor habita em seu templo, o Senhor tem seu trono no céu.
    Sua vista está atenta, seus olhares observam os filhos dos homens." (Salmo X, 3-4)


    In Jesu et Mariae
    Marcos Libório

    Referências Bibliográficas


    (Beer): 30 Giorni Ano VII, fev. 1992, pág.54, entrevista "Lutero? Delírio Maniqueísta"
    (Bossuet): Bossuet, Jacques Benigne, Histoire des variations des eglises protestantes, Chez de la veuve de Sebastien Mabre-Cramoisy, Imprimeur du Roy, Paris, 1688
    (Brentano): Funck-Brentano, Martim Lutero, Casa Editora Vecchi, 1956, 2a. ed.
    (Emme): 30 Giorni Ano VII, fev. 1992, pág.62, artigo "Não foi um Relâmpago"
    (Franca, CP): Franca, Leonel, S.J. Catolicismo e Protestantismo, Ed. Agir, 1952, 2a. ed.
    (Franca, IRC): Franca, Leonel, S.J. A Igreja, a reforma e a civilização, Ed. Agir, 1952, 6ª ed.
    (Franca, PB): Franca, Leonel, S.J. O Protestantismo no Brasil, Ed. Agir, 1952, 3a. ed.
    (Franca, Pl): Franca, Leonel, S.J. Polêmicas, Ed. Agir, 1953
    (Fedeli): Fedeli, Orlando, Nos labirintos de Eco, Ed. Veritas, 2005
    (Fedeli, Jf): Fedeli, Orlando, Joaquim de Fiore, Mestre Eckhart e Guilherme de Ockham in http://www.montfort.org.br/index.php?secao=cartas&subsecao=filosofia&artigo=20040814234709&lang=bra (on-line)
    (Fedeli, PG): Fedeli, Orlando, Considerações sobre a gnose: Panteismo e Gnose in http://www.montfort.org.br/index.php?secao=veritas&subsecao=igreja&artigo=panteismo_e_gnose&lang=bra
    (Greydanus): http://www.decentfilms.com/commentary/luther.html
    (Grisar): Grisar, Hartmann, S.J., Martin Luther, His life & work, The Newman Press, 1960
    (Kloppenburg): Kloppenburg, Frei Boaventura, O.F.M., Espiritismo, orientação para os católicos, Ed. Loyola, 6a. ed.
    (Köstlin) Köstlin, Julius, Life of Luther, Longmans, Green, and Co, United Kingdom, 1883
    (Llorca): Llorca, Bernardino, Historia de la Iglesia Catolica, Vol. III – Edad Nueva, BAC, 4ª ed.
    (Sales): Sales, São Francisco de, The Catholic Controversy, TAN Books, 1989
    (Veuillot): Veuillot, Louis, Le parfum de Rome, Gaume Frères et J. Duprey éditeurs, Paris, 1862
    (Wood): Revista EXAME, no. 777, Out/2002, págs. 100-103, artigo “Gestão Espetacular”, de Thomaz Wood Jr.

    Libório, Marcos - "Lutero, o filme: uma boa e grossa mentira"
    MONTFORT Associação Cultural
    http://www.montfort.org.br/index.php...filme&lang=bra
    Pious dio el Víctor.

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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    As descobertas da arqueologia sobre a vida de Lutero



    Recentemente, foram feitas análises arqueológicas, que foram obtidas de escavações feitas no monastério de Wittenberg, que foi também a residência de Martinho Lutero, para obter mais informações sobre o monge da Ordem de Santo Agostinho, que foi o pai da Reforma Cristã, a cisão que resultou na criação das Igrejas Protestantes. Revelaram-se e comprovaram-se fatos e idéias, em diversas medidas que agradam e desagradam aos católicos e os protestantes. Retomando diversas afirmações, como a de que o corpulento monge Lutero estava sentado na privada do Monastério, usando o hábito preto de sua Ordem, quando foi assaltado de repente em sua mente pelo conceito fundamentalista de umas idéias reformistas.
    Ele mesmo observou em dois discursos, que o Protestantismo nasceu no esgoto: “O Espírito Santo me revelou a sua criação nesta cloaca.” Alguns historiadores atenuaram a confissão do próprio Lutero, argumentando que a palavra “cloaca” poderia ser interpretada como “banheiro”, e que talvez fosse um termo mais genérico para dizer “este mundo”. Mas a verdade é mesmo de um mau gosto, tal como o mestre havia contado. As escavações no Monastério de Wittenberg descobriram não apenas os restos do antigo escritório de Lutero, mas também “um pequeno buraco de latrina com uma tampa” no porão.

    Falastrão e blasfêmico
    Essas descobertas resultaram de uma escavação arqueológica que começou em 2003 e terminou há poucas semanas com a análise final do sítio arqueológico. Historiadores da arquitetura, especialistas em cerâmica e zoólogos desvendaram o lixo da cozinha de Lutero, o homem cujas teorias mudaram o mundo, e que se referia a si mesmo com orgulho como o “doutor acima de todos os doutores de todo o papado”. Lutero, considerado um herói nacional alemão, foi tema de dezenas de biografias. A sua tradução da Bíblia para a língua alemã foi tão influente quanto as suas blasfêmias que são memoráveis.
    Agora os arqueólogos descobriram novas informações surpreendentes sobre o reformador religioso em três diferentes sítios de escavação: O chão da casa em que Lutero nasceu, na cidade de Eisleben; A casa de seus pais na cidade de Mansfeld; e a propriedade em Wittenberg, onde o ex-monge viveu com sua mulher e os seus seis filhos. As escavações revelaram vários brinquedos e restos de comida, pratos quebrados e grãos (datados do ano 1500, pelo método C14). Os arqueólogos também encontraram a aliança de casamento de sua mulher e uma poupança de 250 moedas de prata. Esses objetos coletados estão na exposição em andamento do Museu de Pré-História do Estado Alemão. O catálogo descreve o conteúdo da exibição como “sensacional”, dizendo que ela nos permite reexaminar “capítulos inteiros da vida humana”, informou uma matéria distribuída pela agência estatal de notícias Deutsche Welle.

    A importância da diferença entre prego e tachinha
    Obviamente essa releitura arqueológica, baseada na “bisbilhotagem” no lixo do fundador da igreja Protestante não foi encarada com entusiasmo pelas congregações protestantes da Alemanha. Nem mesmo fora do país, provavelmente. Para elas, a idéia de que a família de Lutero jogava gatos mortos no lixo da casa é tão irrelevante, do ponto de vista religioso, quanto a suspeita de que Lutero, quando era monge, tenha pregado suas teses na parede da igreja com tachas e não com os pregos como se alegava anteriormente. Mas o lixo da casa de Lutero não deve ser subestimado. Parte dele, analisado com o uso de métodos de criminologia, está relacionado aos trabalhos intelectuais do reformista, e revela até mesmo que ele nem sempre foi totalmente honesto.
    Por exemplo, Lutero mentiu sobre as circunstâncias sociais de seus pais. Ele dizia que era filho de um “minerador pobre” que se matava de trabalhar nas minas com sua picareta, e que “minha mãe carregava toda a madeira nas costas até em casa”. Mas isso está longe da verdade. O pai de Lutero já era dono de um moinho de cobre quando era jovem, enquanto que a sua mãe vinha de uma família burguesa em Eisenach e tinha boas conexões com a administração real das minas. O tamanho e grandiosidade de sua casa, conforme revelou a escavação, estavam de acordo com seu status econômico. A frente da casa, que dava para a rua, tinha 25 metros de comprimento. A escavação também revelou grandes cofres no porão e um quintal cercado por grandes construções. Era onde o jovem Martinho e seus irmãos brincaram, cercados de gansos e galinhas. Os fragmentos encontrados no sítio revelaram que eles brincavam com arco e flecha, bolinhas de gude de barro e pinos de boliche feitos de ossos de boi - brinquedos que muitas famílias não eram capazes de comprar na época.

    Olhando para si, criou o protestantismo
    Foi atrvés de um olhar psicanalítico para o próprio umbigo que levou o monge Martinho Lutero a perder sua antiga crença na certeza da fé. Seus pensamentos hereges incluíram então as cartas de indulgência que os cristãos usavam para comprar da Igreja a redenção e remissão de seus pecados. Ao fazer isso, Lutero estava atacando o sangue vital do Vaticano pois a Igreja ganhava milhões com as cartas.
    Seu rompimento final com a Igreja veio durante a “experiência da torre” em 1516. Lutero estava convencido de que o homem poderia receber a redenção apenas através da “graça” de Deus, e não por meio de pagamentos e boas ações. De acordo com o seu ponto de vista, o homem era um servo indigno, sempre tentado pelo mal. A crença que nasceu repentinamente no monge de Wittenberg enquanto ele estava sentado na privada foi a de que Jesus havia trazido a salvação para os homens apesar dos pecados destes.
    As 95 teses resultantes disso, pregadas na porta da abadia no ano seguinte, no dia 31 de outubro de 1517, rapidamente incendiaram a Europa do início do século XVI. O imperador ameaçou condenar o insurgente à morte, mas Lutero escondeu-se no Castelo de Wartburg, onde continuou a escrever. Ele declarou inválidos todos os sete sacramentos exceto dois (o batismo e a eucaristia), e criticou o culto às relíquias como sendo uma “coisa morta”.
    Perseguido e condenado pelo papa, mesmo assim Lutero não parou de produzir. Três anos depois, em 20 de novembro de 1520, publicou “A Liberdade de um Cristão”. As duas teses que Lutero desenvolveu nesse tratado são aparentemente contraditórias. Mas na verdade, são complementares: “O cristão é um senhor libérrimo sobre tudo, e a ninguém sujeito”; “O cristão é um servo oficiosíssimo de tudo, e a todos sujeito”. A primeira delas é válida na fé; a segunda, no amor.

    Proibir o casamento, era o mesmo que proibir de defecar
    O escândalo começou a atrair cada vez mais pessoas, quebrando a unidade da cristandade européia. O Mosteiro de Wittenberg fechou suas portas em 1522. O prédio foi dado a Lutero para uso próprio. Ele se estabeleceu ali depois de casar-se com a ex-freira católica Catherine von Bora, a quem ele se referia de forma excêntrica como “Senhor Käthe”. Ele não se interessava mais pelo celibato, que argumentava ser contra a natureza humana. A Cúria, argumentava, poderia “com a mesma facilidade ter proibido os fiéis o ato de defecar”.
    Lutero era tremendamente prolífico, escrevendo uma média de 1.800 páginas por ano. Seu tom tornou-se cada vez mais rude com o passar dos anos. Ele chamou os turcos de “demônios”, os judeus de “mentirosos” e os padres homossexuais de “irmãos de jardim que fazem aquilo uns com os outros”. Roma, escreveu, estava cercada de “teólogos porcos”.

    Glutão e triste
    Após escrever palavras tão afiadas, o eloqüente reformista, como mostram os estudos arqueológicos, comia em tigelas de cerâmica e bebia de magníficas jarras turcas. Os arqueólogos encontraram azulejos de forno decorados com motivos do Velho Testamento, além de mais de 1600 cacos de copos que Lutero, um glutão voraz, usava para matar sua sede enorme de cerveja. Lutero precisava anestesiar suas emoções. Os ataques da Reforma contra o cerne apostólico lhe custaram muito. Ele era constantemente atacado pela tristeza.

    Afastava seus demônios com um peido
    Em momentos de remorso, Lutero sofria com a certeza de que o demônio estava tentando convencê-lo a revogar as suas idéias. Sua resposta imediata era jogar tinteiros contra o demônio ou recorrer ao poder de suas entranhas: “Mas eu resisti ao demônio, e freqüentemente mandava ele embora com um peido”. Pelos seus inúmeros conflitos com o papa, não é nenhuma surpresa que o estresse tenha devastado a saúde de Lutero. Ele sofria de reumatismo e pedras no rim. Estava tão fraco que era levado para seus discursos de carroça por serviçais. Ele também sofria de angina pectoris, o que o tornava ansioso. Quando veio a gota, escrever tornou-se cada vez mais difícil para ele. Além disso, havia a obesidade. A princípio, o doutor pesava 100 quilos, depois 120, e finalmente, cerca de 150 quilos. Ele foi se deteriorando gradualmente e em seu leito de morte disse humildemente: “Somos apenas mendigos”.

    Fonte: Der Spiegel
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  9. #9
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    Cita Iniciado por Irmão de Cá Ver mensaje
    Afastava seus demônios com um peido
    Em momentos de remorso, Lutero sofria com a certeza de que o demônio estava tentando convencê-lo a revogar as suas idéias. Sua resposta imediata era jogar tinteiros contra o demônio ou recorrer ao poder de suas entranhas: “Mas eu resisti ao demônio, e freqüentemente mandava ele embora com um peido”.
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  10. #10
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    Hermano Irmao: poco y nada entiendo el portugués, pero. El texto dice que Lutero ahuyentaba los demonios a los pedos, lanzando flatos!!!!?.

    Si es así, fue consecuente, pues la religión que creó, es una mierda.

  11. #11
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    Cita Iniciado por Godofredo de Bouillo Ver mensaje
    Hermano Irmao: poco y nada entiendo el portugués, pero. El texto dice que Lutero ahuyentaba los demonios a los pedos, lanzando flatos!!!!?.

    Si es así, fue consecuente, pues la religión que creó, es una mierda.
    !!Exactamente!! !A leer "la religión que creó" como secta heretica, Yo no lo diría más claro! La fuerza de la fe de Lutero era gaseosa... una arma quimica, se diría actualmente
    Última edición por Irmão de Cá; 14/01/2009 a las 13:33
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  12. #12
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    Cita Iniciado por Irmão de Cá Ver mensaje
    !!Exactamente!! !A leer "la religión que creó" como secta heretica, Yo no lo diría más claro! La fuerza de la fe de Lutero era gaseosa... una arma quimica, se diría actualmente
    "De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"






  13. #13
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    A saber como ahuyentaba sus demonios Calvino
    "De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"






  14. #14
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    Cita Iniciado por Godofredo de Bouillo Ver mensaje
    Si es así, fue consecuente, pues la religión que creó, es una mierda.
    Y tanto que dejó la cagada, si se me permite el vulgar chilenismo con perdón de nuestros foreros del Cono Sur que siempre se expresan con tanta corrección aunque haya otros chilenos que digan garabatos, argentinos que digan malas palabras, peruanos que digan lisuras, españoles que sueltan tacos, etc.

    No olvidemos la conocida leyenda según la cual Lutero recibió la revelación de su doctrina cuando estaba sentado en la letrina, con perdón por la rima.

  15. #15
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    Re: Sobre Lutero y sus mentiras

    Cita Iniciado por Godofredo de Bouillo Ver mensaje
    Si es así, fue consecuente, pues la religión que creó, es una mierda.
    No solo eso, sino que además en esa mierda de herejía no se aclaraban ni ellos, lo que ha dado lugar a unas cuantas mierdas mas: anabaptistas, presbiterianos, metodistas, calvinistas, anglicanos, luteranos, evangélicos...sin contar los mormones, amish, cuáqueros y demás ralea.
    "De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"






  16. #16
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    Talking Respuesta: Sobre Lutero y sus mentiras

    De Lutero hay muchas anécdotas cómicas o mejor dicho tragicómicas; por ejemplo se cuenta que al querer hacer un exorcismo terminó apaleado por los demonios como Esceva y sus hijos, el de los Hechos de los Apóstoles. Al comienzo de la película el padre le dice "que un rayo en el culo lo interpretó como una señal", etc. También decía el historiador argentino Steffens Soler (citado en el libro del profesor Neyra) que él y los frailes que lo siguieron lo hicieron "por presión espermática"

    Una de Calvino, cuenta san Alfonso María de Ligorio que el heresiarca le pagó a un tipo para que se hiciera el muerto y así él haría como que lo resucitaría por el poder de la Fe... el tipo murió en serio



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  17. #17
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    Respuesta: Sobre Lutero y sus mentiras

    Y ahora resulta que además de asesino fue suicida. Quien mal anda mal acaba.


    Martinho Lutero, homicida e suicida

    Marcadores: Apologética, Heresia, Protestantismo, Teologia | author: Marcos Vinícius Mattke #fullpost{display:inline;}
    Martinho Lutero, homicida e suicida
    Eis alguns dados históricos da triste vida do fundador do protestantismo, e de seu fim trágico, depois de uma de suas muitas bebedeiras serestais com príncipes amigos.
    Martinho Lutero nasceu em Eisleben, na Saxônia (Alemanha) em 1483, e pôs fim à próprio vida em 1546, cerca de 25 anos após a sua revolta contra a Igreja de Nosso Senhor. Sua mãe Margarida foi muito religiosa, porém, muito supersticiosa e dada a bruxarias e encantamentos, o que influiu muito no comportamento do filho. O jovem Lutero, depois de seus estudos de humanidades nas escolas locais de Mansfeld, foi estudar filosofia e direito na Universidade de Erfurt, onde se formou, no ano de 1505. Em junho deste ano entrou para o Convento dos Agostinianos, "não por vocação, mas por medo da morte". Ele mesmo falou várias vezes desse "medo da morte" que determinou a sua entrada na religião, como o veremos.
    LUTERO HOMICIDA
    O Dr. Dietrich Emme, em seu livro: "Martinho Lutero - sua juventude e os seus anos de estudos, entre 1483 e 1505", Bonn, 1983, afirma que Lutero entrou no Convento só para não ser submetido à justiça criminal, cujo resultado teria sido, provavelmente, a pena de morte, por ter matado em duelo um seu colega de estudos chamado Jerônimo Buntz. Daí o seu "medo da morte" ao qual se referia freqüentemente. Então um amigo o aconselhou a se refugiar no Convento dos Eremitas de Santo Agostinho, que então gozava do direito civil de asilo, que o colocava ao abrigo da justiça. Foi aí que se tornou monge e padre agostiniano.
    Lutero parecia ter-se convertido. Mas não. Sempre perturbado e contraditório, ele se declara réu confesso em uma prédica em 1529: "Eu fui monge, eu queria seriamente ser piedoso. Ao invés, eu me afundava sempre mais: eu era um grande trapaceiro e homicida" (WAW, 29, 50, 18). E um discurso transcrito por Veit Dietrich, afirma: "Eu me tornei monge por um desígnio especial de Deus, a fim de que não me prendessem; o que teria sido muito fácil. Mas não puderam porque a Ordem se ocupava de mim" (isto é, os superiores do Convento o protegiam) (WA Tr 1, 134, 32). Portanto, Lutero foi réu de um homicídio que cometeu quando era estudante em Erfurt. E segundo os seus biógrafos, o motivo teria sido despeito por ter o seu colega obtido melhor nota nos exames.
    LUTERO ÉBRIO E ÍMPIO
    Ele o confessa: "Eu aqui me encontro insensato, e endurecido, ocioso e bêbado de manhã à noite... Em suma, eu que devia ter fervor de espírito, tenho fervor da carne, da lascívia, da preguiça e da sonolência". No entanto, chamava o Papa de "asno".
    Sobre a oração dizia: "Eu não posso rezar, mas posso amaldiçoar. Em lugar de dizer 'santificado seja o vosso nome', direi: 'maldito e injuriado seja o nome dos papistas..., que o papado seja maldito, condenado e exterminado'. Na verdade é assim que rezo todos os dias sem descanso".
    Sobre os mandamentos, dizia: "Todo o Decálogo deve ser apagado de nossos olhos, de nossa alma e de nos outros tão perseguidos pelo diabo... Deves beber com mais abundância, e cometer algum pecado por ódio e para molestar ao demônio...". Lutero não só afirmava que as boas obras nada valem para a salvação como as amaldiçoava.
    Mas sobre o pecado, ele dizia: "Sê pecador e peca fortemente, mas crê com mais força e alegra-te com Cristo vencedor do pecado e da morte... Durante a vida devemos pecar".
    Sobre a castidade, Lutero incentivou os monges, sacerdotes e religiosas a saírem de seus Conventos e se casarem. "O celibato - dizia - é uma invenção maldita" - "Do mesmo modo que não posso deixar de ser homem, assim não posso viver sem mulher".
    Sobre a Virgem Maria, "a caneta" recusa a escrever as blasfêmias que proferiu contra a sua pureza (originalmente este texto foi publicado em forma de folheto, Nota do Editor).
    Sobre Jesus Cristo, afirma que "cometeu adultério com a samaritana no poço de Jacó, com a mulher adúltera que perdoou..., e com Madalena...".
    Sobre Deus: "Certamente Deus é muito grande e poderoso, bom e misericordioso..., mas é muito estúpido; é um tirano".
    Seu último sermão em Wittenberg, em maio de 1546, foi um furioso ataque contra o Papa, o sacrifício da Missa e o culto a Nossa Senhora.
    LUTERO SUICIDA
    Lutero tinha um temperamento extremamente mórbido e neurótico. Depois de sua revolta contra a Igreja, a sua neurose atingiu os limites extremos. Estudos especializados lhe atribuem uma "neurose de angústia gravíssima", do tipo que leva ao suicídio (Roland Dalbies, em "Angústia de Lutero").
    O suicídio de Lutero é afirmado tanto por católicos como por protestantes. Eis o depoimento do seu criado, Ambrósio Kudtfeld, que mais tarde se tornou médico:
    "Martinho Lutero, na noite que antecedeu a sua morte, se deixou vencer por sua habitual intemperança, e com tal excesso, que fomos obrigados a carregá-lo totalmente embriagado, e colocá-lo em seu leito. Depois nos retiramos ao nosso aposento sem pressentir nada de desagradável. Pela manhã voltamos ao nosso patrão para ajudá-lo a vestir-se, como de costume. Mas, que dor! Vimos o nosso patrão Martinho pendurado de seu leito e estrangulado miseramente.
    "Tinha a boca torta e a parte direita do rosto escura; o pescoço roxo e deformado. Diante de tão horrendo espetáculo, fomos tomados de grande terror. Corremos sem demora aos príncipes, seus convidados da véspera, para anunciar-lhes aquele execrável fim de Lutero. Eles ficaram aterrorizados como nós. E logo se empenharam com mil promessas e juramentos, que observássemos, sobre aquele acontecimento, eterno silêncio, e que colocássemos o cadáver de Lutero no seu leito, e anunciássemos ao povo que o 'Mestre Lutero' tinha improvisamente abandonado esta vida".
    Este relato do suicídio de Lutero foi publicado em Anversa, no ano de 1606, pelo sensato Sedúlius. Dois médicos comprovaram os sintomas de suicídio relatados pelo seu doméstico Kudtfeld. Foram eles Cester e Lucas Fortnagel. As informações desse último foram publicadas pelo escritor J. Maritain, em seu livro: "Os Três Reformadores". Nesse livro o autor oferece ainda uma impressionante lista de amigos e companheiros de Lutero que se suicidaram.
    Portanto, irmãos separados da Igreja Católica por esse falso e ébrio reformador, abram os olhos, e voltem à verdadeira Igreja de Jesus Cristo. É fácil de reconhecê-la. Está claro nos Santos Evangelhos que a verdadeira Igreja de Cristo é uma só (Mt. 16, 16). E o que aí lemos: "Tu és Pedro, e sobre esta Pedra edificarei a minha Igreja". (Cf "Folhetos Católicos" - nº 1).
    Inútil imaginar que Cristo apontava para Si quando falava a Pedro. Sabemos que Cristo é a "Pedra Angular" principal da sua Igreja. Mas Ele tornou a Pedro participante dessa sua condição. Suas palavras "são palavras de vida e de verdade". Só Ele, como único Mediador "de Redenção" (1 Tim 2, 5-6), pôde fundar, e realmente fundou a sua única e verdadeira Igreja tendo também por fundamento visível, neste mundo, a Pedro e seus sucessores, os Papas. Como há um só Senhor, uma só Fé, um só batismo (E.F. 4, 5), também uma só tem que ser a Igreja desse único Senhor. É a Igreja dos primeiros cristãos, é a Igreja dos mártires, é a Igreja católica de sempre, a única que é Apostólica, porque é a única que vem desde os Apóstolos.
    É a única que existiu desde Cristo e dos Apóstolos até Lutero, e até hoje, e que existirá "até o fim dos séculos" (Mt 28, 28-30). Ao passo que as dos protestantes são "uma legião". Elas começaram a partir desse falso reformador, no ano 1521, que foi o primeiro a se atrever a fazer o que só Deus pode fazer: fundar uma religião. A 1ª das religiões dessa "legião" de igrejas chamou-se igreja luterana. Mas, já no tempo de Lutero, alguns luteranos imitaram o seu mau exemplo.
    Assim, Calvino fundou o calvinismo em Genebra. Logo surgiram os anabatistas, os anglicanos, os batistas, os metodistas, etc.etc. (Cf. "Folhetos Católicos", nº 14). Calcula-se hoje em vários milheiros o número de seitas oriundas dos erros luteranos. E hoje a sua nova versão, com as suas "Lojas da bênção", praticando um verdadeiro curandeirismo de Bíblias na mão. A má semente semeada pelo ébrio e neurótico monge continua a produzir seus maus frutos.
    Mas a tentação de se pretender reformar a irreformável obra de Nosso Senhor Jesus Cristo, a sua Igreja, continua. E até nos meios católicos ditos progressistas, se está pretendendo reformar, não os homens da Igreja, mas a própria Igreja. Eles se assemelham hoje aos "católicos reformados" dos tempos de Lutero, com a sua falsa reforma. No entanto, a Bíblia afirma que a única Igreja de Cristo, em si mesma, "é... santa e imaculada" (Ef. 5, 27).
    Nota: Os dados desse folheto são de "Martinho Lutero, homicida e suicida", Pe. Luigi Villa, rev. "Chiesa Viva", nº 258, Brescia, Itália; e de "Lutero", Pe. Pedro de I. Muños, rev. "Tradicion Católica", nº 137, Barcelona, Espanha.
    Dom Licínio Rangel
    Campos/RJ

    Pious dio el Víctor.

  18. #18
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    Re: Respuesta: Sobre Lutero y sus mentiras

    Abomináveis palavras de Bento XVI sobre um terrível heresiarca

    A adulteradora tradução luterana da Bíblia
    SPES


    Eis algumas das recentes palavras de Bento XVI sobre Lutero (Encontro com os representantes do Conselho da Igreja Evangélica na Alemanha, Erfurt 23 de setembro de 2011):




    “Para mim, como Bispo de Roma, é um momento de profunda emoção encontrar-vos aqui, no antigo convento agostiniano de Erfurt. Como acabámos de ouvir, Lutero estudou teologia aqui. Aqui foi ordenado sacerdote.”
    “... o que não lhe dava paz era a questão sobre Deus, que constituiu a paixão profunda e a mola da sua vida e de todo o seu itinerário. «Como posso ter um Deus misericordioso?»: tal era a pergunta que lhe atravessava o coração e estava por detrás de cada pesquisa teológica e de cada luta interior.”
    “«Como posso ter um Deus misericordioso?» O facto que esta pergunta tenha sido a força motriz de todo o seu caminho, não cessa de maravilhar o meu coração. Com efeito, hoje quem se preocupa ainda com isto, mesmo entre os cristãos?”
    “O erro do período confessional foi ter visto, na maior parte das coisas, apenas aquilo que separa, e não ter percebido de modo existencial o que temos em comum nas grandes directrizes da Sagrada Escritura e nas profissões de fé do cristianismo antigo. Para mim, isto constitui o grande progresso ecuménico dos últimos decénios: termo-nos dado conta desta comunhão e, no rezar e cantar juntos, no compromisso comum em prol da ética cristã face ao mundo, no testemunho comum do Deus de Jesus Cristo neste mundo, reconhecermos tal comunhão como o nosso comum e imorredouro alicerce.”


    Veja-se, porém, o retrato veraz de Lutero feito por um folheto que gentilmente nos foi enviado (e que extrai suas citações de “Martinho Lutero, homicida e suicida”, Pe. Luigi Villa, rev. Chiesa Viva, nº 258, Brescia, Itália; e de “Lutero”, Pe. Pedro de I. Muñóz, rev. Tradición Católica, nº 137, Barcelona, Espanha):
    O Diabo, Lutero e o Protestantismo

    O terrível enterro do Heresiarca Lutero

    O corpo de Lutero, bastante desfigurado e mal suportado pelos circunstantes, foi transportado no dia 20 para HALLE, e no dia 22, pelo madrugada, para WITTEMBERG, onde, por ordem do landgrave, devia ser sepultado na igreja, junto ao púlpito donde havia lançado a semente da revolta.
    Dizem os escritores da época que, ao ser ele para lá transportado, o mau cheiro do cadáver se tornou tão penetrante e insuportável que, diversas vezes, os carregadores foram coagidos e deixá-lo por algum tempo, só, no meio dos campos, para poderem respirar um pouco de ar puro.
    Contam ainda ter um bando de corvos, aliciados pela petrefação, seguido o cortejo lúgubre, como se fossem demônio montando guarda de honra a um de seus chefes.
    Foram tais as diversas opiniões veiculadas a respeito da morte e do enterro do fundador do protestantismo.
    Haverá qualquer exagero nestas narrações?
    É difícil dizê-lo; só me foi possível reproduzir o que os contemporâneos narraram a respeito.
    Que Justo Jonas, Célio, Aurifaber e, provavelmente, os filhos de Lutero tenham guardado silêncio sobre o fato é natural, pois a verdade seria a desmoralização da pessoa de seu amigo, de seu pai e até da reforma que este havia pregado e que eles mesmos seguiam.
    É por isso, conforme o testemunho citado, que todos juraram nada revelar da morte de seu chefe; é por isso também que ficou envolta em tantos mistérios e incertezas uma morte que devia ser notória para todos.


    Conclusão


    Lutero desceu ao túmulo, como qualquer mortal; e, infelizmente, parece que acabou impenitente: a alma envenenada por sentimentos rancorosos, o coração transviado pelas paixões humanas, o espírito obcecado pela falsa idéia de um desígnio que o destinava para reformador.
    A existência do herói de Vittemberg desconcerta o mais arguto psicólogo; é um complexo contraditório e um triste acúmulo de ócio e de atividade, de obsessão e de força, de baixezas e de elevação, mas tudo isso, tão entrelaçado, que, querendo-se delinear a sua fisionomia, chega-se necessariamente à de um de seus contemporâneos: “Lutero é um tresloucado, ou, então, vítima de influência diabólica”
    Cada vez se robustece em minha mente este mesmo conceito sobre o pai das seitas protestantes. Iludido por sucessos passageiros, que as circunstâncias favoreceram, ele se julgou um gênio, um astro, um arauto do céu.
    A morte implacável deitou no túmulo a sua audácia de deformador, porém o espírito de revolta que havia insuflado no mundo, o ódio ao Papa, que acendera nas almas, continuou, firmando o credo fundamental do protestantismo.
    Um homem que se ufana de raciocinar sem preconceitos teria de parar diante deste quadro horripilante, como se detém diante da forca de Judas, e exclamar instintivamente: Não, a verdade não está aqui; só posso estar diante do mal, diante do vício, da perdição... e a verdade continua estar ao lado de Jesus Cristo, mesmo estando ele diante de Caifás, de Pilatos ou de Herodes... A verdade está com ele, exclusivamente com ele e com seus sucessores: o Papa imortal de Roma, sucessor de S. Pedro, representante visível do Cristo invisível.
    Para tornar esta verdade palpável, permitiu Deus fosse Lutero, sepultado no mesmo dia em que o povo católico celebrava a festa da “Cathedra Petri”, dia comemorativo da fundação da primazia do Papa... data em que a Igreja canta as palavras do Salvador a Pedro: “Tu és Pedro e sobre esta pedra edificarei a minha Igreja e as portas do inferno nunca prevalecerão contra ela” (São Mateus 16, 18).

    SPES - Santo Tomás de Aquino: Abomináveis palavras de Bento XVI sobre um terrível heresiarca
    Pious dio el Víctor.

  19. #19
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    veritasetgladius está desconectado Miembro graduado
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    Re: Respuesta: Sobre Lutero y sus mentiras

    No creo que quien haya invertido en la producción de la pelicula del nefasto heresiarca aleman tuviera la intención de ser micenas del arte moderno... Nada de eso: lo único que buscan es envenenar m´sa y más a las jóvenes (y desgraciadamente ideotas) generaciones que todo lo compran y todo lo consumen sin espiritu ni verdad... Por eso no hay que preocuparse en cánones de estilismos ya que el arte perfecciona el alma, pero la propaganda anti católica solo aparenta ser obra artística para eyacular su rabiosa mentira.

    La pelicula no solo cae en falsas viosenes históricas, s ino también, en horrores teológicos.

    Cristo Rey se apiade de nosotros y envíe a sus Angeles armados de espadas igneas de justicia...

    Por un Hispanoamerica Católica y Leal.

    En Cristo Rey, Noé

  20. #20
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    Re: Respuesta: Sobre Lutero y sus mentiras

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    èomo toda revelación privada, no es dogma de fe, ma se non è vero è ben trovato...


    A beata Serafina Micheli e a visão de Lutero no Inferno





    Em 1883 a Bem-aventurada Sóror Maria Serafina Micheli (1849-1911), fundadora do Instituto das Irmãs dos Anjos, passava pela cidade de Eisleben, na Saxônia, Alemanha.

    Eisleben é a cidade natal de Lutero. E, naquele dia comemorava-se o quarto centenário do nascimento daquele grande heresiarca (10 de novembro de 1483) e que dividiu a Igreja e a Europa, fato que provocou crudelíssimas guerras de religião que duraram décadas a fio.

    A população aguardava o imperador alemão Guilherme I que devia presidir as solenidades.

    A futura beata não se interessou pela agitação e seu único desejo era encontrar uma igreja onde pudesse rezar e visitar a Jesus Sacramentado.

    As igrejas estavam fechadas e já era noite.

    Na escuridão localizou uma com as portas trancadas, mas se ajoelhou nos degraus de acesso.

    Pela falta de luz não percebeu que a igreja não era católica, mas protestante. Enquanto rezava lhe apareceu o anjo da guarda e lhe disse:

    ‒ ”Levante porque este é um templo protestante”.

    E acrescentou:

    ‒ ”Eu quero te fazer ver o lugar aonde Martinho Lutero foi condenado e a pena que sofre como castigo de seu orgulho”.

    Depois destas palavras, a santa religiosa viu uma horrível voragem de fogo, na qual era cruelmente atormentado um número incalculável de almas.

    No fundo dessa voragem via-se um homem, Martinho Lutero, que se distinguia dos outros: estava rodeado de demônios que o obrigavam a ficar de joelhos, e todos eles equipados com martelos se esforçavam, em vão, para enfiar-lhe na cabeça um grande prego.

    A freira achou que se o povo que estava na festa visse aquela cena dramática, certamente não tributariam honras, lembranças, comemorações e festejos a semelhante personagem.

    Desde então, Sóror Serafina sempre que aparecia a ocasião exortava suas irmãs de religião a viverem na humildade e no esquecimento dos outros.

    Ela estava convencida que Martinho Lutero foi condenado ao Inferno, sobretudo por causa do primeiro pecado capital: a soberba.

    O orgulho fez que ele caísse no pecado capital e o levou para a aberta rebelião contra a Igreja Católica.

    A sua péssima conduta moral, sua atitude de revolta contra o Papado e a sua pregação de más doutrinas pesaram muito no desvio de muitas almas superficiais e mundanas que caíram na perdição eterna.

    Sóror Serafina foi beatificada na diocese de Cerreto Sannita, província de Benevento, em 28 de maio de 2011.

    Erasmus y Pious dieron el Víctor.

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