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Tema: Carta de Monseñor Lefevbre

  1. #1
    Avatar de Ordóñez
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    Carta de Monseñor Lefevbre

    Carta Abierta a los Católicos Perplejos (1)


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    ¿Quién negará, que los Católicos de este agonizante siglo XX están perplejos? El fenómeno es relativamente reciente, correspondiéndose con los últimos 20 años de la historia de la Iglesia. Basta observar lo que pasa persuadirse de ello. Antes todo era más fácil, el camino estaba perfectamente trazado; se seguía o no se seguía; se tenía fe o se había perdido, o nunca se había tenido. Pero quien tenía fe, quien había entrado en la santa Iglesia por el bautismo, y había renovado sus promesas a los once años, y había recibido el Espíritu Santo el día de su Confirmación sabía perfectamente lo que debía creer y los que debía practicar.

    Hoy muchos lo ignoran. Se oyen en las iglesias tantos despropósitos, se hacen tantas declaraciones contrarias a los que se había enseñado antes, que las dudas se han removido en los espíritus.

    El 30 de junio de 1968, en la clausura del Año Santo de la Fe, S.S. Pablo VI ante todos los Obispos presentes en Roma y ante millares de fieles hacía una profesión de fe católica. En su preámbulo ponía en guardia a los fieles contra los ataques doctrinales que preveía: “Esto engendrará (como desgraciadamente ocurre hoy) sufrimientos y perplejidades en muchas almas fieles”.

    La misma palabra se encuentra en una alocución de S.S. Juan Pablo II, el 6 de febrero de 1981: “Los cristianos de hoy se encuentran en gran parte perdidos, confusos, perplejos; más aún, decepcionados”. El Santo Padre resumía las causas de esta perplejidad de la manera siguiente:

    “Por todas partes se extienden ideas que contradicen la verdad revelada y siempre enseñada. Verdaderas herejías se han divulgado en los dominios del dogma y de la moral, suscitando dudas, confusión y rebelión. La misma liturgia no ha sido respetada. Sumergidos en un relativismo intelectual y moral, los cristianos se sienten tentados por un iluminismo vagamente moralista, por un cristianismo sociológico, sin dogmas definidos y sin moralidad objetiva”.

    Esta perplejidad se manifiesta constantemente en conversaciones, escritos, periódicos, emisiones radiofónicas o televisivas y en el comportamiento de los católicos; esto último se traduce en una disminución considerable en la práctica religiosa, tal como lo testimonian las estadísticas; en un abandono de la misa y de los sacramentos y en una relajación general de las costumbres.

    Como consecuencia nos preguntamos, ¿qué es los que ha provocado este estado de cosas? Porque no hay efecto sin causa. ¿Por qué la fe de los hombres se aminora?; ¿por un eclipse de generosidad del alma, por un mayor deseo de felicidad o por la atracción que ejercen los placeres de la vida y las múltiples distracciones que ofrece el mundo moderno? Estas no son las verdaderas razones; estas causas siempre se han dado de una manera o de otra; la rápida caída de la práctica religiosa se debe principalmente a un nuevo espíritu que se ha introducido en la Iglesia; espíritu que ha puesto en duda todo un pasado de visa de la iglesia, de enseñanzas y principios cristianos que regían esa vida. Caudal de enseñanzas y principios que se basaban en la fe inmutable de la Iglesia, transmitida por los catecismos, reconocidos y aceptados de manera uniforme por todos los episcopados.

    La fe se fundaba en certezas. Al derrumbarse éstas se ha sembrado la perplejidad.

    Veamos un ejemplo. La Iglesia enseñaba –y todos los fieles creían- que la religión católica era la única verdadera. La razón, muy sencilla: había sido fundada por el mismo Dios, mientras que las otras religiones lo han sido por hombres. En consecuencia, el cristiano, por un lado, debe evitar relacionarse con esas religiones falsas; y por otro lado, hacer todo lo posible para llevar sus adeptos a la verdadera religión que es la de Cristo.



    Carta Abierta a los Católicos Perplejos (2)


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    ¿Esto sigue siendo verdad? Desde luego. La verdad no puede cambiar, de lo contrario nunca hubiera sido la verdad. Ningún dato nuevo, ningún descubrimiento teológico o científico –si es que se puede hablar de descubrimientos teológicos- jamás hará que la religión católica deje de ser la única vía de salvación.

    Pero he aquí que el mismo Papa asiste a ceremonias religiosas de estas falsas religiones, reza y predica en templos de sectas heréticas. La Televisión transmite al mundo entero imágenes de estos contactos. Los fieles lógicamente no comprenden nada.

    Lutero arrancó pueblos enteros a la Iglesia, revolvió espiritual y políticamente a toda Europa arruinando la jerarquía católica, el sacerdocio católico, inventando una falsa doctrina sobre la justificación y la salvación, y una falsa doctrina sobre los sacramentos. Su revolución contra la Iglesia será el modelo de los futuros revolucionarios que arrojarán el desorden sobre Europa y sobre el mundo. Imposible, 500 años más tarde, hacer de él, como algunos quisieran, en profeta o un doctor de la Iglesia, cuando no un santo.

    Pero si leo, por ejemplo, La documentación catholique o ciertas revistas diocesanas ¿qué encuentro? Encuentro escrito y por la pluma nada menos que de la Comisión Mixta Católico-Luterana, oficialmente reconocida por el Vaticano II, lo siguiente:

    “Entre las ideas del Concilio Vaticano II se da acogida a ciertas opiniones de Lutero. Véase por ejemplo:

    -la descripción de la Iglesia como “Pueblo de Dios” (idea maestra del nuevo Derecho Canónico; idea democrática y no jerárquica);

    -se pone el acento sobre el sacerdocio de todos los bautizados;

    -el compromiso a favor del derecho de la persona a la libertad en materia religiosa.

    Otras exigencias de Lutero, formuladas ya en su tiempo, se pueden considerar atendidas y satisfechas hay día con la teología y la práctica de la Iglesia; el uso de la lengua vernácula en la liturgia, la posibilidad de la Comunión bajo las dos especies y la renovación de la Teología y de la celebración de la Eucaristía”. (La DOC. CATH,. 3 de julio 1983), núm. 1.085, pág. 696 y 697).

    ¡Qué revelación tan considerable! ¡Satisfacer las exigencias de Lutero, enemigo resuelto y brutal de la Misa y del Papa! Acoger y aceptar opiniones del blasfemo que decía: “¡Afirmo que todos los lupanares, homicidios, robos, adulterios son menos malos que esta misa abominable!” Sólo se puede sacar de tan aberrante rehabilitación una conclusión: o bien hay que condenar el Concilio Vaticano II que la ha autorizado, o por el contrario, es preciso condenar al Concilio de Trento y a todos los Papas que, desde el siglo XVI, han declarado herético y cismático al protestantismo.

    Se comprende que ante tal cambio los católicos estén perplejos. Pero ¡hay tantas causas para estarlo! A lo largo de estos años se ha podido ver cómo se cambiaban el fondo e la forma de las prácticas religiosas de siempre, las que los adultos habían conocido en los comienzos de sus vidas. En las iglesias, los altares han sido destruidos o arrancados para poner en su lugar una mesa, a menudo móvil y escamoteable. El Sagrario ya no ocupa el lugar de honor; la mayoría de las veces se le ha disimulado, colocado sobre una columna y a un lado del presbiterio. Cuando se ha quedado en el centro, el sacerdote diciendo la misa le vuelve la espalda. Celebrante y fieles se dan la cara, dialogan juntos. Cualquiera puede tocar los vasos sagrados, que frecuentemente se reemplazan por paneras, platos o recipientes de cerámica; laicos, entre ellos mujeres, dan la comunión que se recibe en la mano. Al sacratísimo Cuerpo de Cristo se le trata con una falta de reverencia, que insinúa la duda sobre la fe en la realidad de la transustanciación.

    Los sacramentos se administran de manera distinta según el sitio; por ejemplo la edad del bautismo y de la confirmación, el desarrollo de la bendición nupcial, completada por cantos y lecturas que nada tienen que ver con la religión, ya sea que estén influenciados por otras religiones o por una literatura absolutamente profana, si es que lo están por ideas simplemente políticas.
    Carta Abierta a los Católicos Perplejos (3)
    « Reply #2 on: Apr 5th, 2005, 10:23pm »

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    El latín, lengua universal de la iglesia y el gregoriano, han desaparecido de una manera casi general. La totalidad de los cánticos han sido remplazados por cantinelas modernas en las cuales no es raro encontrar los mismos ritmos que los que se tienen en lugares de diversión.

    Los católicos se han visto sorprendidos también por la brusca desaparición del hábito eclesiástico como si sacerdotes y religiosos tuvieran vergüenza de que se les conociese por lo que son

    Los padres que envían a sus hijos al catecismo constatan que ya no se les enseñan las verdades de la fe, ni aun las más elementales; la Santísima Trinidad, el misterio de la Encarnación, la Redención, el pecado original, la Inmaculada Concepción. De ahí ha salido ese sentimiento de profundo desarraigo: ¿Es que ya no es la verdad? ¿Es que todo eso está ya “pasado” de moda?. Las virtudes cristianas ya ni se mencionan. ¿En qué catecismos se habla por ejemplo, de la humildad, de la castidad, de la mortificación? La fe se ha convertido en un concepto fluctuante, la caridad es una especie de solidaridad universal y la esperanza es, sobre todo, la esperanza de un mundo mejor.

    Estas novedades no son de esas que, en un plano humano, aparecen al correr del tiempo, a las cuales uno se habitúa y que tras un primer período de sorpresa y adaptación, acaba uno por asimilarlas. A lo largo de la vida del hombre muchas formas de actuar y de hacer desaparecen o se transforman. Si yo fuera aún misionero en Africa me trasladaría allí en avión y no en barco, pues tendría dificultades en encontrar una línea marítima que cubriese mis necesidades. En este sentido se puede decir que es necesario vivir con los tiempos, y está uno obligado a ello.

    Pero los católicos, a los que se han querido imponer novedades en el origen espiritual y sobrenatural, en virtud de este mismo principio, han comprendido que esto no era posible. No se cambian el Santo Sacrificio de la Misa, los sacramentos instituidos por Jesucristo; no se cambia la verdad revelada una vez para siempre; no se sustituye un dogma por otro.

    Las páginas que van a seguir quisiera responder a las preguntas que Uds. se hacen, Uds. que han conocido otra cara de la Iglesia. Ellas se dirigen también a los jóvenes, nacidos después del Concilio y a los que la comunidad católica no les ofrece lo que ellos tienen derecho a saber. Quisiera dirigirme también a los indiferentes y a los agnósticos. Algún día la gracia de Dios les tocará el corazón. Pero corren el riesgo de encontrar entonces una Iglesia sin sacerdotes, una doctrina que no corresponda a las aspiraciones de sus almas.

    Además es evidente que es ésta una cuestión que hoy se plantean muchos, a juzgar por el interés que le concede la prensa de información general, de manera particular en nuestra patria. Los periodistas muestran también perplejidad. Es fácil leer titulares como los siguientes:, escogidos al azar: “¿Va a morir el cristianismo?, “¿Habrá aún sacerdotes en el año 2000?”.

    A estas preguntas quiero responder, no aportando a mi vez nuevas teorías, sino apelando a la Tradición ininterrumpida de la Iglesia, que por haber sido abandonada en estos últimos años parecerá a muchos lectores como algo enteramente nuevo.

    Monseñor Marcel Lefebvre.

  2. #2
    Avatar de Kontrapoder
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    Re: Carta de Monseñor Lefevbre

    Copio aquí una conferencia del mismo personaje que me pareció interesante. Por cierto ¿por qué pones este post en el purgatorio?
    ES AUN CATOLICA LA IGLESIA CONCILIAR DEL VATICANO II?

    La siguiente conferencia dictada en Argentina en Agosto de 1981, por S.E. Monseñor Lefebvre nos lo dice.- (Texto tomado de la revista "ROMA" de Buenos Aires, Argentina.)



    EL PAPEL DE LA FRATERNIDAD SACERDOTAL

    SAN PIO X EN EL SENO DE LA IGLESIA

    Sabemos que se formulan muchas preguntes acerca de mi actitud en la Iglesia, de mi posición en la Iglesia. ¿Cuál es la actitud de Monseñor Lefebvre en la Iglesia Católica?

    ¿Cuál es la situación de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en el seno de la Iglesia?

    Pienso que encontrándome ante un auditorio selecto, ante un auditorio profundamente católico, profundamente cristiano, no me será necesario Insistir sobre cuál fue la situación de la Iglesia hasta el Concilio Vaticano 11. Se puede decir, de un modo general, que la Iglesia, los hombres de la iglesia, tal. cual eran en tiempos del Papa Pío XII, a quien conocí personalmente cuando fui Delegado Apostólico para el Africa Francesa, eran muy distintos a los actuales. Tuve oportunidad de encontrarme frecuentemente con Pío XII, todos los arios durante once años.

    Puedo decir, de una manera general, que en las Congregaciones Romanas y en el Vaticano existía un sentido muy profundo de la fe católica. Se trabajaba, realmente, para el reinado de la Fe de Nuestro Señor Jesucristo y para el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo, reinado sobre las personas, sobre las familias y sobre la sociedad.

    Por supuesto, ustedes saben bien que desde hace cuatro siglos se han realizado grandes esfuerzos para luchar contra esa doctrina católica, contra esa Fe de la Iglesia, pero lo cierto es que cuando uno Iba al Vaticano encontraba que la Fe Católica estaba viva en todas esas Congregaciones romanas y allí se encontraba un apoyo considerable, sobre todo para un obispo misionero como era yo.

    En ese tiempo, si necesitábamos esclarecer nuestra fe sobre algún punto de la doctrina, era suficiente consultar a la Congregación del Santo Oficio para obtener una respuesta clara y precisa, conforme a la Fe de la Iglesia y a su magisterio.

    No había ninguna vacilación.

    De la misma manera, para conocer qué clase de relaciones quería mantener el Vaticano entre la Santa Sede y las sociedades civiles era suficiente dirigirse a la Secretaría de Estado, que entonces tenía principios muy claros y muy precisos frente a los estados que no eran católicos, con relación a los estados enteramente católicos.

    En todos estos dominios se experimentaba, entonces, la sabiduría secular de la Iglesia, de nuestra Santa Madre la Iglesia, como puede sentirse la sabiduría y la protección de la Santísima Virgen María hacia sus hijos. Cuando los principios de las relaciones entre el Vaticano y los estados estaban facilitados por la Fe Católica, no existían dificultades en lo que se refiere a las relaciones de los estados con la Iglesia.

    Respecto de su misión de salvar las almas, cuando los estados eran católicos, la Santa Sede contaba con el apoyo de los jefes de estado, a quienes pedía que fuera Nuestro Señor Jesucristo quien reinara en la sociedad. Cuando los jefes de estado redactaban una constitución consignaban en el primer artículo que la religión católica es la única reconocida oficialmente por el Estado". Así se cumplía lo que deseaba la Santa Sede: el reinado de Nuestro Señor Jesucristo para la salud de las almas, no para tener una influencia temporal en esos estados.

    Cuando se trataba de estados que no eran católicas, por ejemplo el Senegal, en el cual estuve durante quince anos como Arzobispo, sobre 3.500.000 habitantes había 3.000.000 de musulmanes y 500.000 animistas, de los cuales, felizmente, 100.000 se convirtieron a la fe católica. Eramos, por consiguiente, una pequeña minoría. ¿Y qué hacía la Iglesia en este caso? Enviaba sacerdotes obispos, religiosos y religiosas, hermanos de las escuelas cristianas, hermanos que se dedicaban a enseñar al pueblo, de manera que lentamente, seguramente, los que no creían en Nuestro Señor Jesucristo, se convirtieron a la Iglesia, se transformaran en cristianos, aun al precio de la sangre de esos predicadores. ¡Cuántos de estos misioneros enviados por la Iglesia en el curso de los siglos han sido masacrados, porque decían que Nuestro Señor Jesucristo debía ser el Rey de las personas, el Rey de la sociedad!

    A estos misioneros, la Iglesia los ha puesto en los altares y los ha considerado mártires.

    De la misma manera, la Iglesia colocó en los altares muchos santos, santos Papas, santos obispos, santos sacerdotes, religiosos, religiosas, padres de familia, madres de familia, reyes, reinas, pobres.

    La Iglesia mostraba así, el ejemplo de estas personas que habían trabajado, cada una en su medio, que habían trabajado en el curso de su vida para santificarse por el reinado de Nuestro Señor Jesucristo y para establecer su reino en las almas. Todos estos reyes y reinas, que han, sido canonizados, nos dan un ejemplo extraordinario que bien podríamos adoptar en nuestros días.

    ¡Qué orgullosos podríamos estar de tener en nuestras lías ejemplos de reyes de reinas, que vivieran como santos! ¡Qué ejemplos significarían para el mundo entero! Y esta postura la conservó la Iglesia hasta los tiempos de Pío XII.

    Pero, desgraciadamente, debernos reconocer que algo ha cambiado en la Iglesia. Por supuesta que cuando digo la Iglesia tengo conciencia de que la Iglesia no puede cambiar, ya que la Iglesia será siempre eterna santa, universal, católica y apostólica.

    De manera que, cuando hablo de la Iglesia, se descuenta que no quiero atacar a la Iglesia. Tengo una inmensa veneración por la Iglesia y creo que sigo trabajando siempre para la Iglesia, como lo hice en tiempos de los Papas Pío XI y Pío XII.

    Pero no podemos dejar de reconocer que algo importante ha cambiado en la Iglesia.

    Si nos remontamos hasta las primeras causas de la situación actual, si buscamos quién es el primer autor de estos cambios nos encontraremos con el primer enemigo,, el gran enemigo de Nuestro Señor Jesucristo, su enemigo jurado, con Satanás mismo. El demonio luchó siempre contra Nuestro Señor Jesucristo y pudo pensar que triunfaba en el momento de la Crucifixión, en el momento de¡ Calvario, pero allí también fue derrotado, por lo que siguió atacando al Cuerpo Místico de Cristo, a la Santa Iglesia Católica, y entonces, desde el principio y durante tres siglos hubo miles y miles de cristianos martirizados que dieron testimonio de la Fe, de su Fe en Nuestro Señor Jesucristo.

    Después vinieron las herejías, los cismas, los ataques contra la Fe, las divisiones suscitadas por el demonio y así, desgraciadamente, Millones de cristianos se separaron de la Iglesia.

    Inventó también Satanás falsas religiones que hicieron Imposible la conversión de pueblos enteros, dificultando así el trabajo de las misiones. Esa fue la obra de¡ demonio durante quince siglos, podemos decir que hasta el momento de la Revolución Francesa.

    Hasta esa época el demonio trabajaba como enemigo de la Iglesia, para destruir la Iglesia desde el exterior de la misma y así pudo sustraer a pueblos enteros de¡ reinado de Nuestro Señor Jesucristo y llevarlos hasta las puertas del infierno, Después, para atacar con más seguridad a la Iglesia, que era defendida por sus hijos y gobernada por ésos que se llamaban lugar tenientes de Nuestro Señor Jesucristo, por los príncipes católicos, Satanás atacó a los mismos gobiernos de los estados católicos y desaté una persecución contra esos estados católicos, de resultas de ¡a cual no hubo más estados católicos.

    Los estados ateos, los estados que no profesaban ninguna religión, persiguieron a la Iglesia Católica, que fue atacada, entonces, por los mismos estados laicos que se habían convertido en estados anticatólicos. Esto constituyó un éxito considerable para Satán, en el Interior de esos estados de esas universidades, de esas escuelas en las cuales formó generaciones Imbuidas de liberalismo, de modernismo, de ateísmo, de suerte que llegó el momento, para Satán, de apoderarse de esos estados. Todos los ambientes católicos terminaron por dejarse penetrar por ese clima.

    El Papa San Pío X en su primera encíclica de 1904, dice textualmente: "De ahora en más el enemigo no está fuera de la Iglesia sino dentro de la Iglesia misma" y San Pío X designa los lugares donde se encuentra el enemigo: el enemigo está en los seminarios, el enemigo se Infiltró en los seminarios, entre los profesores de los seminarios. Esto está claro: es San P' X mismo quien lo dice.

    Cincuenta años entes de este texto de San Pío X, el Papa Pío IX mostró a los obispos el plan de las sociedades secretas y pidió que se publicaran las actas de las sociedades secretas Italianas. En estos documentos se puede leer: de ahora en adelante penetraremos en las parroquias, en los obispados, y en los seminarios y tendremos así párrocos, obispos y cardenales que serán nuestros discípulos, y de estos cardenales esperamos tener un día un Papa, que estará imbuido de nuestro Ideas y que no parecerá elegido por las Sociedades secretas, Así, el pueblo cristiano creerá seguir la tiara de Pedro y en su lugar nos seguirá a nosotros.

    Cincuenta años después, este plan satánico se realiza, según las mismas palabras de San Pío X, y desde entonces, desde hace cincuenta años, en los cincuenta años siguientes, no sólo las sociedades secretas revelaron este plan y esta actividad, sino que la misma Santísima Virgen María en La Salette predijo que un día el enemigo subiría hasta los más altos puestos de la Iglesia.

    Fui testigo, en particular, en una última sesión de¡ Consejo preparatorio del Concilio (pues yo era miembro de la Comisión Central en la cual habla setenta cardenales y veinte obispos, entre los que me contaba como presidente de la Asamblea Episcopal del Africa Francesa) de una violenta discusión entre el Cardenal Bea y el Cardenal Ottaviani sobre el documento de la libertad religiosa.

    El Cardenal Ottaviani defendió la tesis tradicional de la Iglesia y el Cardenal Bea la tesis liberal. Estas dos tesis fueron sometidas a votación. Los cardenales votaron y nosotros comprobamos de acuerdo con los resultados, que ellos estaban divididos totalmente. Unos eran liberales y apoyaban al Cardenal Bea y otros eran conservadores y tradicionalistas y apoyaban al Cardenal Ottaviani. Así resultó de acuerdo con lo que hemos visto en el Concilio, que ganaron los liberales, No se puede negar. Fueran ellos quienes dominaron en el Concilio Vaticano 11, desgraciadamente con el apoyo de Su Santidad Pablo VI.

    Serían necesarias varias horas para poder mostrarles cc5mo los liberales dominaron durante el curso del Concilio Vaticano II. Para que ustedes puedan conocer ésta exactamente, por ustedes mismos, me parece oportuno aconsejarles la lectura de un libro del Padre Ralph Wiltgen "El Rhin se arroja sobre el Tíber", que fue escrito originalmente en inglés y luego fue traducido a otros idiomas, francés, italiano y alemán, donde se muestra imparcialmente, ya que su autor no era un tradicionalista, la imagen de¡ combate que se desarrolló en el Concilio.

    No podemos olvidar que el Papa Juan XXIII pidió expresamente a los cardenales de la Curia Romana, que eran sin duda los más tradicionalistas, que no intervinieran en las discusiones del Concilio. De hecho, los cardenales romanos, aunque integraron las comisiones, ya no hablaron más. Esto fue un golpe muy duro para los grupos conservadores que se mantenían fieles a ¡a tradición de la Iglesia Católica, que no eran innovadores, que no eran modernistas.

    Yo les quiero dar sólo un ejemplo de lo que fue el Concilio: hicimos lo posible para que el Concilio Vaticano 11 condenara al comunismo. Siendo un - concilió pastoral (no debemos olvidar que el Concilio Vaticano 11 fue un concilio pastoral), es decir, un concilio que tiene como preocupación principal la salvación de las almas, que tiene come objeto destruir los errores que amenazan a las almas, era necesario, sin dudas, que este Concilio se opusiera al peligro más grave que se presenta en esta época, como es el comunismo, un peligro que se extiende por todo el mundo.

    Este Concilio, donde estaban reunidos 2.500 obispos responsables de la Iglesia Católica ¡no fue capaz de condenar formalmente al comunismo!

    Nosotros, por nuestra parte, hicimos todos los esfuerzos posibles para que se condenara al comunismo. Así logramos reunir 450 firmas para pedir esa condenación. Monseñor Sigaud y yo fuimos a ver a Monseñor Felici, el Secretario del Concilio, llevando en nuestras manos las firmas que habíamos reunido dentro del tiempo establecido de acuerdo con el Reglamento interno, a fin de que se propusiera esta condenación del comunismo a los padres conciliares. Cuando Monseñor Garrone, que era el relator del Concilio hizo referencia a este documento, dijo que tan sólo un obispo había presentado la posibilidad de que se condenase al comunismo, siendo que nosotros habíamos reunido 450 firmas. Él dijo: "Yo no he oído hablar de eso". Sabemos que Monseñor Glorieux, que era uno de los secretarios del Concilio, hizo desaparecer esta lista de firmas, de manera que nosotros no pudimos buscar otras para ser presentadas a los padres conciliares. Ante esta situación, pensamos dirigirnos a los cardenales y a los obispos de atrás de la cortina de hierro: el Cardenal Wyszynski, el Cardenal Beran y el Cardenal Slipyi que habían sido perseguidos por el comunismo, que habían estado presos. Creíamos que si conseguíamos el apoyo de estos tres cardenales, tal vez podríamos llegar a obtener cerca de mil firmas. Fuimos los dos entonces a ver al Cardenal Wyszynski, al Cardenal Beran y al Cardenal Slipyi. Habíamos preparado un proyecto con una redacción muy cuidada a cargo de Monseñor Carli, en la que se pedía a los padres conciliares la condenación del comunismo.

    En primer lugar, fuimos a ver al Cardenal Beran, que en ese momento era arzobispo de Praga. El Cardenal Beran nos dijo: Estoy totalmente de acuerdo con ustedes, quiero firmar el documento, pero no solo. Si firmo solo, los comunistas van a atacar a mi familia en Checoslovaquia. Quiero firmar, pero quiero que otros obispos, otros cardenales apoyen también esta posición. porque siendo 'muchos les será mucho más difícil atacarme. Finalmente, firmó y nosotros le prometimos que si ningún otro obispo firmaba la declaración le devolveríamos su firma. Luego nos dirigimos a ver al Cardenal Slipyi que vivía en el mismo Vaticano, detrás de la sacristía de San Pedro. Al dar con 61 y presentarlo el documento, nos dijo: Estoy totalmente de acuerdo con ustedes. Si hay un error que debemos condenar es el comunismo. Ya saben cual es mi posición, pero yo soy un huésped de¡ Vaticano y estoy seguro que allí, arriba (señalando la cúpula de San Pedro) no quieren que se condene al comunismo. Esto lo sé muy bien. Por último, fuimos a ver al Cardenal Wyszynski, y al no encontrarlo en sus habitaciones le hablé por teléfono. El Cardenal Wyszynski me dijo: Monseñor, usted sabe cuál fue mi intervención sobre este punto en el Concilio. Yo pedí en el Concilio que se redactara un documento completo para condenar al comunismo y nadie me apoyó; mi proposición fue rechazada, y yo ya no quiero Intervenir más. Entonces nos vimos obligados a devolver su firma al Cardenal Beran, arzobispo de Praga. Esta es la verdadera historia de este documento de condenación de¡ comunismo que nunca fue aprobado por el Concilio. Este solo ejemplo muestra lo que fue el Concilio Vaticano II, un Concilio en el que estaban reunidos 2.50d padres que no se enfrentó el comunismo, el mayor enemigo de Dios, de la Iglesia, de todo principio espiritual. -n Concilio que actúa de esta manera se condena por sí solo.

    No voy a insistir más acerca de todos aquellos hechos del Concilio, de este Concilio pastoral que produjo frutos sin duda desastrosos. Luego del Concilio, los liberales que habían triunfado completamente en él ocuparon todas las Comisiones que tenían a su cargo llevar adelante las reformas proclamadas. Todas las personas que dirigían esas comisiones, que eran las encargadas de llevar todo a la práctica, todas las Congregaciones estaban en manos de los modernistas y de los liberales. Aún actualmente, podemos decir, de una manera general, que las Congregaciones romanas están en manos de los modernistas y de los liberales que han sucedido a aquéllos que ya han muerto.

    Habiendo mostrado cuál fue mi actitud, vuelvo entonces a las preguntas que hice al comenzar esta conferencia. ¿Se asombran ustedes de que alguien nos condene? Ahora que los jefes de las congregaciones romanas son aquellos liberales que triunfaron en el Concilio, es evidente que ellos tendrán como objetivo perseguir a todos los tradicionalistas.

    Por ejemplo a mi, que he formado un seminario que ha sido aprobado regularmente por el Obispo de la diócesis del lugar y que ha sido constituido de acuerdo con todas las reglas canónicas. El hecho de que el seminario se haya desarrollado los ha inquietado y han preparado una especie de complot contra él y contra la Fraternidad que ha fundado, un complot, en definitiva, contra nosotros, para llegar a suprimir la tradición de la Iglesia. Creo que esto no puede sorprender a nadie. Podemos afirmar que ellos no tienen enemigos a la izquierda, solamente tienen enemigos a la derecha.

    Si yo los diera todos los detalles de este complot y de la forma en que se llegó a la condenación de mi seminario y de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ustedes quedarían estupefactos. Les doy simplemente un detalle: luego de la visita que realizaron al Seminario de Encone, Suiza, dos monseñores enviados desde Roma, fui invitado por tres cardenales a esa ciudad para dar algunas informaciones complementarias. Esta reunión a la que fui invitado, no constituía de ninguna manera un juicio eclesiástico. Puede decirse que era, simplemente, una visita de cortesía.

    Al comienzo de la entrevista, en la qué estaban presentes el Cardenal Garrone, el Cardenal Wright y el Cardenal español Tavera, el Cardenal Garrone me preguntó: Monseñor, ¿permite que grabemos esta conversación? Yo les dije que sí, que podían grabarla, a condición de que después me dieran una copia de la misma. El me dijo: Sí, por supuesto, se la daremos.

    Sin embargo, acabada la conferencia, cuando pedí la copia de la conversación me la negaron. Un segundo ejemplo que demuestra lo que fue esta entrevista con los cardenales romanos: queriendo saber quién había nombrado a esos cardenales para entrevistarse conmigo, sí constituían una comisión, si se trataba de una iniciativa particular o era algo que había ordenado el Papa - y que yo no sabía nada, no tenía ningún documento, ninguna nota oficial y nunca se habla hecho nada parecido en el Vaticano- me dirigí al Cardenal Staffa, que era el presidente de la Signatura Apostólica del Tribunal Romano, y allí presenté un recurso de queja. Pagué los derechos, que se exigen en ese tribunal romano, para poder presentar el reclamo y se me dio recibo.

    Una vez que hice esto, el' Cardenal Villot, que era Secretario de Estado en aquella época, escribió una carta de su puño y letra al Cardenal Staffa, prohibiéndole que me entregara ningún documento y ordenándole que clausurara inmediatamente el proceso. Vemos de esta manera, cómo el poder ejecutivo se inmiscuyó en la esfera del poder judicial. Algo que nunca habla sucedido en la Iglesia e impidió al Cardenal Staffa juzgar sobre mi querella. De tal manera que la Fraternidad, mis seminarios y yo mismo fuimos condenados sin proceso, sin juicio, sin documentos.

    De hecho, debía cerrar mis seminarios, expulsar inmediatamente mis seminaristas, que cursaban sus estudios, a mitad de año, y después dispersar a todos los profesores. Ustedes comprenden que una situación como éste sólo puede atribuirse a la ocupación de la Iglesia, a la ocupación de la Iglesia por el modernismo que persigue a los tradicionalistas.

    Recuerden ustedes la historia del Cardenal Mindszenty. La manera en que fue tratado este cardenal por el Vaticano puede considerarse Innoble. El Cardenal Mindszenty, el héroe de su pueblo, que quiso permanecer durante largos años en la misma Hungría, encerrado en la embajada de Estados Unidos para estar cerca de su pueblo, fue tratado por las Congregaciones Romanas, por la Curia Romana, peor que por los soviéticos.1 Otro ejemplo es el de¡ Cardenal Slipyi. El mismo me dijo: He sido peor tratado aquí, en Roma, que lo que lo fui en Ucrania.

    Lo que el Papa Paulo Vi intituló la "autodemolición de la Iglesia" no es otra cosa que lo que realizan los mismos obispos y sacerdotes dentro de la Iglesia Católica. Y yo no quiero contribuir a la demolición de la Iglesia.

    Es triste lo que acabo de decirles, pero los, cardenales que actualmente están en Roma, de los que ciertamente conocen bien los nombres, continúan esa nueva política, esa nueva actitud de la Iglesia, contraria a la tradición de Cristo. Ya sea por la liturgia, por la enseñanza, por el catecismo, por la política en general de la Iglesia frente a los estados y a las sociedades civiles, se ha impuesto una orientación completamente nueva. Todo ha cambiado en la Iglesia.

    En la liturgia, resulta bien claro. Se han trastrocado, se han subvertido todos nuestros Sacramentos, todos los libros antiguos se han suprimido. y se han reemplazado por libros nuevos. No se trata de una reforma como ¡a de san Pío V, que tuvo como objetivo despejar de la liturgia de la misa los aportes hechos durante siglos que, precisamente, no estaban muy de acuerdo con la tradición. La reforma de San Pío X tuvo el mismo sentido: se quitaron elementos que se hablan adherido los años precedentes y que no eran muy conformes a la tradición, para

    El Cardenal Mindazenty dejó Hungría, después de sufrir presiones vaticanas para que así lo hiciera. Calificó este alejamiento como la cruz más pesada de su vida. Posteriormente al cumplirse los 25 amos de su Inicua condena por los comunistas, Pablo Vi lo depuso de su sede arzobispal. (N. d. 1, R.)-.

    volver a ella, Pero aquí es trata de la supresión de la tradición, de una nueva concepción de la Misa, concepción que es más protestante que católica, la cual estuvo avalada por la presencia de seis pastores protestantes que fueron llamados para transformar nuestra Misa.

    Es una cosa nueva en el tratamiento de la Misa de la Santa Misa de siempre: llamar a seis pastores protestantes para que vengan a cambiarla. Qué podían decir estos pastores protestantes cuando se les preguntó: ¿qué queréis que cambiemos en la Misa? Pues alinear nuestra liturgia con la liturgia protestante. Este es el sentido del diálogo, del que tanto se habla: una actitud muy grave que responde a un principio general, considerar a la religión de los otros tan verdadera como la nuestra. Por consiguiente, considerar que la religión católica no es la única religión por la que uno puede salvarse, la única religión divina, fundada por Dios, fundada por Nuestro Señor Jesucristo, con una orientación perfectamente diferente a las otras, es inconcebible.

    La Iglesia misma ha pedido a los Estados que no sean más Estados católicos, que supriman el primer artículo de sus Constituciones, que dice "la religión católica es la única religión reconocida por el Estado". Es la Santa Sede misma que ha pedido esto a los diferentes Estados, y es por eso que ya no hay más Estados católicos. Eso se acabó. Porque la Santa Sede desea que todas las religiones sean reconocidas igualmente en todos los Estados, que todas las religiones sean iguales para el Estado. Esta es una orientación completamente nueva de la Iglesia. Nunca la Iglesia ha aceptado, nunca la Iglesia ha tomado esta posición. La Iglesia nunca ha aceptado que se ponga en un pie de igualdad a Nuestro Señor Jesucristo con Buda, Lutero y todos esos fundadores de religiones falsas.

    Desde el punto de vista político, lo sabéis bien, lo sabéis perfectamente, en casi todo el mundo los Obispados favorecen positivamente la revolución comunista y el socialismo.

    En Francia, la elección de Mitterand se debió en gran parle a los esfuerzos de los obispos y de los sacerdotes, que pidieron a los fieles que votaran al socialismo. Resultado: tenemos cuatro ministros comunistas, y esto con el apoyo de obispos y clérigos. Es inimaginable. Roma no Intervino para evitar que en Francia se constituyese este gobierno socialista. Un gobierno que es en los hechos, ateo militante, que va a monopolizar toda la enseñanza y que, por consiguiente, pondrá mano en todas las escuelas católicas.

    Cuándo tuve oportunidad de viajar a Méjico, en enero pasado, se publicó un documento del Episcopado mejicano en el cual se apoyaba expresamente la revolución de El Salvador, al punto de llegar a pedir a los católicos mejicanos que contribuyeran, ya sea con armas para ir a pelear contra el gobierno, ya con dinero para ayudar a la revolución, ¿A dónde vamos? ¿Qué Iglesia es ésta? Nos dicen. Ustedes desobedecen. Pero ¿debemos obedecer? ¿Debemos obedecer a estos obispos? ¿Acaso estos obispos representan a la Iglesia?

    Otro ejemplo, el cardenal Knox. Un cardenal que es, de hecho" sacrílego. Durante el Congreso Eucarístico de Melbourne (en ese momento yo estaba en Australia, aunque no asistí al Congreso), se realizó la llamada misa Kanguru. ¿Qué es una misa Kanguru? Hizo venir a la población primitiva, que vive en el interior de Australia, hombres vestidos de la manera que ustedes se imaginan, los cuales danzaron sobre la tarima que se había preparado para la Misa, junto al altar; bailaron sus danzas primitivas mientras se pronunciaban las palabras de la Consagración. Esto que hizo este hombre es un sacrilegio, y este hombre fue nombrado Prefecto de la Congregación del Culto. ¿Qué es lo que puede hacer este hombre al frente de tal Congregación?

    El Cardenal Casaroli, actual Secretario de Estado, se encuentra en la lista de la logia masónica P. 2 que publican los periódicos. No soy yo quien lo dice, son los periódicos italianos.

    Cómo puede concebirse que la Iglesia continúe su tarea de santificación por intermedio de estos hombres. Mientras ellos estén a la cabeza de la Iglesia, los tradicionalistas seremos siempre perseguidos, y la Iglesia continuará su autodemolición.

    Concluyo. Por nuestra parte, nosotros ya hemos elegido y esta elección no la cambiaremos. Queremos seguir en la Iglesia de siempre. Queremos permanecer fieles a los 250 Papas que han defendido la tradición y la fe católica. Queremos continuar el sacerdocio de la Iglesia y es por eso que seguiremos ordenando sacerdotes, a pesar de la prohibición de Roma. Queremos ordenar verdaderos sacerdotes para que ellos puedan continuar rezando la verdadera Misa, por todo el mundo y a lo largo de la historia. Esto es indispensable.

    Yo he tenido la dicha de ordenar ya más de 100 jóvenes sacerdotes, miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

    En el próximo mes de octubre contaremos con 270 seminaristas, seminaristas que pertenecen a los cinco seminarios que han sido fundados solamente en el curso de diez años. Ustedes saben que actualmente hemos comenzado las obras de un seminario aquí, en la República Argentina, a 40 kilómetros de Buenos Aires, en la localidad de La Reja, donde ya contamos con veinte vocaciones, sin contar a los seminaristas que habiendo hecho el año de espiritualidad en el Seminario de Argentina, hoy prosiguen sus estudios en Econe (Suiza), en Albano (Italia) o los que teniendo vocación monástico lo hacen en Bedoin y San Micha¡ en Brenne (Francia).

    Nosotros ya hemos hecho nuestra elección, no la cambiaremos porque queremos ser y queremos morir católicos.



    Conferencia en Buenos Aires, 13 de agosto de 1981. Texto Incompleto.

  3. #3
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    Re: Carta de Monseñor Lefevbre

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    Cita Iniciado por Kontrapoder
    Copio aquí una conferencia del mismo personaje que me pareció interesante. Por cierto ¿por qué pones este post en el purgatorio?
    Eso digo yo, lo pongo en un foro más adecuado.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


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