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Tema: La Jura de la Bandera de D. Sixto Enrique de Borbón

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    La Jura de la Bandera de D. Sixto Enrique de Borbón

    Fuente: “Apuntes y documentos para la historia del tradicionalismo español, 1939-1966”. Manuel de Santa Cruz. Tomo 27 (1965). Páginas 80 a 87.




    VI. El Infante Don Sixto Enrique de Borbón Parma jura la Bandera de España en la Legión y se le concede la nacionalidad española.



    Introducción

    Llevamos varios años viendo a la Familia Real entregada por entero a la promoción de Don Carlos Hugo directa e indirectamente con la propia promoción de sus demás miembros. Muy atrás y muy claramente disipadas quedaban las dudas, fundadas, acerca de si Don Javier tenía o no “voluntad de vencer”. El más joven de los Infantes, Sixto Enrique, también se presenta en público, aclamado por los carlistas con diferentes pretextos, pero quizá algo menos que sus hermanas, especialmente Doña María Teresa y Doña Cecilia; la Infanta Doña María de las Nieves también quedaba en un segundo plano, aun participando de la consigna de movilización familiar.

    Pero en el año 1965 Don Sixto pasa a la cabeza del protagonismo de la Familia Real con un buen golpe de efecto, bien montado: aparece haciendo su servicio militar en la Legión. Esta operación recuerda el trabajo de Don Hugo en una mina de Asturias. También fue explotada al máximo por los seguidores de Don Javier, en términos generales y en especial para crear simpatías entre los militares, bastante más influyentes entonces que los mineros.

    Pero en esta actuación de Don Sixto había detrás de las alharacas una cuestión importante y de largo alcance. Hacer el servicio militar en el Ejército de España y jurar su bandera preparaban eficazmente el reconocimiento de la nacionalidad española de Don Sixto. Completaba la maniobra su deserción del Ejército francés, pregonada con visión muy corta por la prensa española juanista, que copiaba la noticia de la francesa.

    La fórmula del juramento que hizo Don Sixto Enrique de Borbón Parma decía así: “¿Juráis a Dios y prometéis a España, besando con unción su bandera, respetar y obedecer siempre a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y derramar, si es preciso, en defensa del honor e independencia de la Patria y del orden dentro de ella, hasta la última gota de vuestra sangres?”.

    No hay en esta fórmula un compromiso político; las palabras “y del orden dentro de ella” se entendían unánimemente, sin dudar ni discutir, que se referían al orden público, a la ausencia de disturbios callejeros.

    El día 11-X-1985 juró la bandera en la Academia General Militar de Zaragoza el cadete Don Felipe de Borbón y Grecia. La fórmula era distinta; entre otras modificaciones, las anteriores palabras “y del orden dentro de ella” habían sido sustituidas por “y del ordenamiento constitucional”, lo cual le llevó a un grave compromiso con el ordenamiento constitucional vigente en aquel momento, el establecido por la Constitución de 1978, que es atea, democrática y compatible con el divorcio, el aborto, la libertad de cultos, etc.

    Don Sixto Enrique de Borbón Parma está libre de este compromiso.

    El pueblo carlista volvía a vitalizarse con este suceso. Tanto que los seguidores de Don Juan y de su hijo contraatacaron cuanto pudieron.


    Resumen de varias crónicas impresas

    A fin de año se difundió una cuartilla bien impresa que decía así:

    “Comunión Tradicionalista.

    Servicio Informativo.

    (Información exclusiva para carlistas).

    S. A. R. el Infante Don Sixto-Enrique de Borbón Parma, Duque de Aranjuez, ha permanecido once meses sirviendo la Bandera Española en el Tercio “Gran Capitán”, I de la Legión, en Melilla.

    El Infante Don Sixto se enroló en el Banderín de enganche de la Legión, en Madrid, el 2 de enero de 1965, previa comprobación de requisitos para prestar sus servicios en estas fuerzas, entre ellos el imprescindible y meticuloso examen médico, firmando el compromiso de tres años y siendo destinado a Melilla, al primer Tercio.

    Allí, tras el período reglamentario de instrucción a que fue sometido como todos sus compañeros, juró bandera el 2 de mayo, bajo el nombre de Enrique de Aranjuez, siendo después destinado a la Compañía de Ametralladoras, donde continuó prestando sus servicios hasta el día en causó baja en la Legión.

    La presencia del Infante en el Ejército español provocó maniobras e intrigas de elementos juanistas, que culminaron con la baja de Enrique de Aranjuez a los once meses de servicio activo en la Legión el pasado 23 de noviembre, baja que fue decretada contra la voluntad del mismo, con el pretexto de “incapacidad física para prestar sus servicios en estas fuerzas” ”.

    * * *

    El impreso “I. M., Información Mensual”, de abril de 1965 destaca en su portada una gran fotografía de Don Sixto vestido de legionario en la puerta del acuartelamiento del Tercio, da la noticia y comenta: “Comprendemos ahora su ausencia de la Reunión de Puchheim en el mes de enero.” Hay que tener en cuenta que estas publicaciones veían la luz retrasadas respecto de las fechas de sus cabeceras. Este número de abril debió de salir en los primeros días de mayo, inmediatamente después de la Jura de la Bandera, que fue el 2 de mayo.

    La misma publicación, en su número de enero de 1966, en un reportaje convencional y destacado sobre el asunto, añade a propósito de la Jura de la Bandera: “En aquella fecha el Infante Legionario envió al Generalísimo un telegrama en el que expresaba la emoción que en aquellos momentos le embargaba, al que correspondió con otro, redactado en términos muy afectuosos, la Casa Militar de su Excelencia.”

    El “Boletín de Información de la Delegación Nacional de Requetés”, número 12, de noviembre de 1965, publica un largo reportaje con las noticias y comentarios ya conocidos, a los que añade éstos: “Con el objeto de desprestigiar al Infante Don Sixto y de perjudicar a los oficiales legionarios excombatientes del Requeté, se lanzó en Melilla la historia, urdida fuera de allí, de que se estaba preparando una sublevación carlista. (…). El juarismo, ante la presencia del Infante Don Sixto decidió:

    1. Dificultar la estancia del Infante en la Legión.
    2. Conseguir con falsas acusaciones el arresto de oficiales que tuvieran alguna relación con Don Sixto.
    3. Comprar a algún carlista para que traicionara y facilitara el trabajo.
    4. Asustar a todos los simpatizantes que pudiera haber entre la población civil y militar de Melilla.”

    Se hizo una separata de largos párrafos de este reportaje en un folio bien impreso, con otros comentarios ya conocidos y bajo el título “Un intento de maniobra del juanismo dentro del Ejército.”


    Resumen de varias narraciones de testigos al recopilador

    En diciembre de 1964, el Jefe Nacional del Requeté, Don José Arturo Márquez de Prado, llamó a un veterano y destacado carlista, Don Sixto Barranco Carmona, Comandante de Infantería y jefe a la sazón del Banderín Central de la Legión en Leganés. Tenían una entrañable amistad. Le dijo que fuera a ver a Don Carlos Hugo a su domicilio de la calle Hermanos Bécquer, 6, de Madrid. Don Hugo le preguntó a Barranco, con el máximo secreto si entrar en la Legión y jurar la bandera de España en ella sería un buen camino para que el Infante Don Sixto Enrique adquiriera la nacionalidad española. La respuesta fue afirmativa: constantemente lo hacían legionarios de las más variadas procedencias. Acordaron, pues, que Don Sixto se enrolaría en la Legión, en el Banderín de Leganés, que mandaba Barranco, con la máxima discreción para no malograr el objetivo final de llegar a la Jura de la Bandera. Porque calculaban que si era descubierto se le impediría reunir todos los requisitos para la obtención de la nacionalidad española.

    En el Banderín Central de Leganés se iban concentrando todos los solicitantes de toda España, y cuando su número alcanzaba el de noventa, se enviaban a las unidades de África en tren. Para que no fuera descubierto en los días de estancia en el Banderín, se convino que se presentaría con un amigo que se enrolaría con él para asistirle solamente unas horas antes de la salida de una expedición. Barranco no les pediría ninguna documentación y usarían nombres supuestos. Don Sixto Barranco sugirió enviarle al Sahara o a Ifni, entonces, ¡ay!, provincias españolas, porque los coroneles que mandaban las unidades que estaban allí eran amigos suyos y simpatizantes del Carlismo. Pero Don Carlos Hugo objetó que estaban lejos y mal comunicadas aquellas provincias, y que era mejor enviarle a Ceuta o a Melilla para poder ir a visitarlo. El Comandante Barranco insistió en que no hubiera visiteo, porque cualquier indiscreción daría al traste con el proyecto.

    Don Sixto Barranco no conocía a Don Sixto Enrique de Borbón Parma; no le había visto jamás. Pero entendió de quien se trataba cuando dos jóvenes entraron en su despacho y uno le dijo con notable acento francés: “Bueno, ya estamos aquí”. “¿De parte de quién vienen ustedes?” “De mi hermano Carlos”. El Comandante llamó a Hermanos Bécquer y confirmada la identidad de los solicitantes, se les enroló sin más trámites y salieron aquella noche para Melilla.

    El joven acompañante se llamaba Juan Carlos García de Cortázar y dejó para esta misión sus estudios de cuarto curso de la carrera de ingeniero industrial.

    El Comandante Barranco avisó secretamente del asunto al Capitán Adolfo Morán Carapeto, del Primer Tercio; los dos habían combatido en la Cruzada en el Tercio de Requetés sevillanos de Nuestra Señora de los Reyes y mantenían vivo el entusiasmo y las ideas de aquellos días. Pero Carapeto recibió a Don Sixto con grandes abrazos y demostraciones de júbilo, y le alquiló una habitación en el mejor hotel de Melilla para que descansara los sábados y los domingos. En el mismo hotel se alojaron Pepe Zavala y Celestino García Marcos, entonces destacados carlistas jóvenes, que fueron allá con la misión de apoyarle. Empezó a recibir visitas de carlistas a quienes divertía ir allá a verle. Y aquí se dividen las opiniones: unos testigos creen que el mando estaba enterado de todo desde el primer momento, y otros que, a pesar de tan frívolas indiscreciones, no sabía nada; esto no era inverosímil por la gran densidad de simpatizantes con el Carlismo que había entre la oficialidad de aquellas unidades, que es presumible que nada dijeran.

    Con algunas dificultades por su débil complexión, Don Sixto llegó hasta el día de la Jura de la Bandera, que fue el 2 de mayo. Era un acto solemne y público. Acudieron a presenciarlo algunos carlistas andaluces y valencianos, con cierto secreto. Se presentó también una periodista desconocida a la que no se le dejó entrar porque no tenía invitación. Al ver que pasaba el tiempo y no conseguía entrar, la periodista dijo que allí dentro había un Príncipe de Borbón Parma al que quería entrevistar; la noticia, que causó cierta sensación, empezó a circular en el mismo momento en que Don Sixto volvió a su puesto en la formación después de pasar debajo de la Bandera. Se salvó la situación por muy poco, en la hipótesis de que por esos claroscuros de los servicios de información el mando no lo hubiera sabido. El mismo día presentó la solicitud de la nacionalidad española.

    El Coronel del Tercio, Don Julio Coloma Gallego, que le había destinado de batidor suyo, lo devolvió inmediatamente a un destino de filas y detuvo la documentación de solicitud de nacionalidad. Don Javier de Borbón Parma escribió a Franco en apoyo de esa solicitud y se hicieron otras gestiones en la Casa Militar de Franco. Éste dijo que el asunto se ajustara a derecho y al procedimiento reglamentario, y al fin, al cabo de tres meses, se le concedió la nacionalidad española, que a otros en las mismas circunstancias se concedía automáticamente. Pero se le dio de baja en la Legión.

    El joven bilbaíno Juan Carlos García de Cortázar había sido destinado a las oficinas. Allí se dedicaba a levantar por su cuenta fichas de la manera de pensar de los jefes y oficiales; fue sorprendido y amenazado con un Consejo de Guerra que no llegó a celebrarse, pero cuyo mero anuncio le costó horribles pesadillas, que disminuyeron notablemente su eficacia.

    El Infante Don Sixto Enrique regresó al domicilio de Hermanos Bécquer, 6, de Madrid. El día 3 de diciembre, festividad de San Francisco Javier, asistió a un cocktail ofrecido por los Príncipes de Asturias en su residencia privada con motivo del santo del Rey y al que concurrieron numerosas personalidades de las letras, las finanzas y la política española, junto a relevantes figuras del Carlismo.

    Pero quizá por la aureola alcanzada en la Legión, y también por su carácter irascible, tuvo algunas desavenencias con su hermano Don Carlos Hugo, que no quería que figurara para nada. Una noche, la discusión alcanzó tal violencia, que Don Sixto marchó a casa de unos amigos, y luego, de allí, a Portugal. Como siempre sucede, estas desavenencias trascendieron pronto y, con intención de aminorarlas o desmentirlas, la publicación “I. M.- Información Mensual”, que se redactaba en casa del Jefe Delegado por miembros de la Secretaría, publicó el mes de enero de 1966 una fotografía con el siguiente pie: “Los Príncipes de Asturias asisten a un espectáculo en Madrid, en compañía del Infante Don Sixto”. Los tres aparecen sonrientes y bromeando en un palco.

    Era una permanente preocupación de Don Javier dotar a sus hijos, y especialmente a Don Sixto, de un medio de vida digno, como ya venían ejercitando con absoluta normalidad y universal aceptación otros Príncipes de Casas Reales europeas destronadas por la Revolución, entre ellos, el Príncipe Eduardo de Lobckovick, esposo de la Infanta María Francisca, que trabajaba en la Bolsa de Nueva York, además de disfrutar de una buena posición económica. Con ese propósito, Don Javier envió a Portugal, patria de su madre, a Don Sixto para que aprendiera a moverse en el mundo de los negocios de la mano de la familia de los banqueros apellidados Espíritu Santo. Con ellos pasó, poco después, a hacer una gira por el imperio portugués en África, donde estuvo una temporada viendo funcionar sus negocios.

    Mientras tanto, en la Legión, se procedía a reconstruir el asunto. El primer eslabón, la puerta de entrada, había sido el Comandante Barranco, jefe del Banderín Central, ya muy fichado como carlista. El general de la Legión, Don Nicasio Montero, liberal alfonsino, le pidió su palabra de que no conocía a Don Sixto Enrique de Borbón Parma, y Don Sixto Barranco Carmona le juró, con absoluta veracidad, que nunca le había visto anteriormente. A pesar de todo, fue dado de baja en la Legión y enviado a destinos civiles, donde terminó su carrera militar con el empleo de coronel. En aquel trance le ayudó y manifestó su simpatía por los carlistas el general Martínez Baldrich, hijo del famoso pacificador de Barcelona, general Martínez Anido.


    El Príncipe Sixto de Borbón Parma, condenado en Francia en rebeldía

    Con este título, y destacada en un recuadro, el diario “ABC” de Madrid del 27 de diciembre de 1965, edición de la tarde, página 81, da la siguiente noticia:

    “Lyon, 18.- El Príncipe Sixto Enrique de Borbón Parma, hijo de Don Javier de Borbón Parma, ha sido condenado el viernes, en rebeldía, a un año de prisión por el Tribunal permanente de las Fuerzas Armadas de Lyon, que dispuso igualmente el embargo de sus bienes.

    Nacido en Pau en 1940, fue empadronado y clasificado “apto para el servicio militar”, y, en consecuencia, citado el 5 de enero de 1965, después de expirar una primera prórroga de estudiante, para su incorporación al 4º. Regimiento de Cazadores en La Valbonne. Como no acudió a dicho llamamiento, fue declarado prófugo y un mandamiento de arresto ha sido dictado contra él”. (“Le Monde”, 20 de diciembre de 1965).

    La revista “Montejurra”, número 13, reproduce una fotografía del texto de “ABC” y otra fotografía de Don Sixto desfilando en Melilla a bordo de un jeap el 18 de Julio. Acompaña a estas fotos un texto violento contra “ABC” sin especial interés.

    Unos años después, Don Javier consiguió, tratando directamente con el presidente de la República Francesa M. Pompidou, que se le indultara la pena, se le restituyeran los bienes embargados y pudiera circular libremente por Francia.
    PARPAL dio el Víctor.

  2. #2
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    Re: La Jura de la Bandera de D. Sixto Enrique de Borbón

    Dos testimonios de Don Sixto Enrique en la Legión




    En 1965, S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón se alistó en el banderín de enganche de la Legión española, bajo el nombre de Enrique Aranjuez, y fue destinado al Tercio Gran Capitán, I de la Legión, en Melilla. La Familia Real se había destacado en estos años por un increíble activismo en acciones humanitarias. Para la familia rival el listón era demasiado alto: la Infanta María Francisca había servido en la Cruz Roja en auxilio de los húngaros durante la represión soviética de 1956; la entonces infanta María de las Nieves había realizado el Servicio Social en el Castillo de la Mota en Medina del Campo, y la entonces también infanta Cecilia se había volcado en intentar paliar el desastre humanitario de Biafra.


    María Teresa, al igual que Carlos Hugo y María Cecilia también pasó por Valladolid.
    Don Sixto Enrique visitaría nuestra ciudad invitado por el Jefe de las Juventudes Tradicionalistas: José Millaruelo. En la imagen, autógrafo de María Teresa en una invitación.

    De un Información Mensual procede este testimonio de un carlista valenciano: «Soy agente comercial. Lo que voy a relatar me ocurrió hace ocho días en un tren. Trayecto Santander-Barcelona. En mi departamento iba un legionario del Tercio Gran Capitán, I de la Legión, de Melilla. Como es natural, le pregunté por Enrique Aranjuez. Me contestó con sencillez: Es un Infante español. Un tío estupendo. Come con nosotros y fuma Celtas. Es muy amigo mío y un gran compañero. A pesar de las injurias que ha recibido, por personas ajenas a la Legión, quiere seguir con nosotros como un legionario más. Es un jabato que está al pie del cañón. Y ahora sirve en la 2ª Bandera del Tercio».




    Otro testimonio fue el de Arturo Juncosa Carbonell, jesuita, que ingresó en la Compañía de Jesús en 1946 y que en ese momento dirigía la editorial Librería Religiosa. A pesar de sus pretensiones posteriores, nunca llegó a ser capellán real aunque confesaba en ocasiones a Don Javier y a Carlos Hugo. Representante del arrupismo que sepultó a la Compañía de Jesús, su influencia religiosa explicaría en parte la deriva del, en aquel entonces, Príncipe de Asturias. (Años más tarde, en la revista Razón y Fe, Juncosa se referiría al carlismo como un movimiento político instrumental cuyo objetivo, según esa nueva versión, era la democracia; conseguida ésta, el carlismo ya no tendría sentido). He aquí la carta:
    11-IX-1965
    Señor:
    Esperaba durante este mes poder hacer un viaje a Francia y hubiera sido ésta la gran ocasión para saludar a V.M, y a la Familia Real. Pero, desgraciadamente, he de esperar todavía un poco. Quizás más adelante pueda desplazarme.
    Y, sin embargo, quiero darle en esta carta unas breves noticias sobre mi viaje a Melilla. Como tuve que ir a Andalucía por asuntos de la Editorial en que trabajo, no pude resistir la tentación de cruzar el Estrecho de Gibraltar y llegarme a visitar a nuestro valiente legionario. Mi propósito era estar unas 25 horas, pero me encontré con unas circunstancias diversas de las completamente normales que yo esperaba y se alargó mi estancia allí por 10 días. Fue ello una suerte para mí, pues me dieron ocasión a un trato íntimo y “en exclusiva” con mi queridísimo Sixto. Ya sabe V.M. el afecto tan grande que siento por el Infante. Me pidió el que me quedara, pues me necesitaba, y me quedé muy gustoso para servirle.
    El Infante mantiene un espíritu magnífico. Es todo un hombre, con un gran sentido de la responsabilidad, del deber, del compañerismo. De una delicadeza espiritual extrema, lleno de caridad y benevolencia para con todo el mundo, siempre procurando interpretar bien las cosas, sencillo en extremo, amable, cariñoso. Y disciplinado, duro, sin buscar excepciones ni tratos de favor, un legionario más. Se habla con encomio de su valentía y abnegación.
    Y esto es más importante si consideramos, como bien puede pensar V. M. que la vida en la Legión no es precisamente una vida de placer. Tiene la Legión grandes cosas, una de ellas el que curte a los hombres y les da un temple magnífico. Pero ya se sabe que esto se consigue mediante una vida más bien dura. Pues bien Sixto está perfectamente encajado en ese género de vida y se siente feliz en ella como si siempre hubiera vivido según este estilo.
    Su salud es buena. Estando yo se acatarró un poco, pero ya me encargué de cuidarle y cuando le dejé ya estaba del todo bien. Me encargó que le dijera a V. M. cuando le vea, que está muy bien, contento, y que no se preocupen si no escribe demasiado. Cuando tenga yo la suerte de ver a V. M. le podré contar más cosas con detalle.
    Le felicito, Señor, por estos hijos que Dios le ha otorgado a V. M. Puede estar muy orgulloso del Infante. También he podido tratar a Doña Irene y también puedo afirmar que es un espléndido regalo de Dios a la Familia Real. No creo que Don Carlos hubiera podido hacer mejor elección.
    Con respetuosos saludos para S.M.C. la Reina y para las Señoras Infantas, b.l.m, y queda a los rr.pp. de V.M.C.,
    Arturo Juncosa

  3. #3
    Jao
    Jao está desconectado Miembro novel
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    Re: La Jura de la Bandera de D. Sixto Enrique de Borbón

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    excelente reportaje, yo estuve en esas fechas en el cuartel de Pajares me gustaria obtener fotos de la banda de ese año, Me decían Risas y era corneta desfilamos en Córdoba en semana santa. Gracias anticipadas

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