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Tema: El sindicalismo carlista

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    El sindicalismo carlista

    Los sindicatos libres, un obrerismo nacido en la tradición.

    Un sindicalismo original, que a pesar de sus promotores tuvo pocas servidumbres políticas sirviendo a los intereses de los trabajadores y preocupando a los sindicatos de clase, al servicio del marxismo y al sindicalimo amarillo, al servicio del capital

    El movimiento obrero ha sido investigado con amplitud, sin embargo, el sindicalismo originario de grupos políticos no procedentes de la izquierda, no siempre ha sido estudiado con la objetividad necesaria. La acusación de amarillismo (colaboración con la patronal) siempre ha sido achacada a todos las asociaciones obreras católicas o independientes. Sin embargo, el fenómeno del sindicalismo libre fue muy distinto y la combatividad que se dió contra él procedió precisamente por su radical defensa de los derechos del obrero, rompiendo el monopolio del sindicalismo único de la CNT en la Barcelona de principios de siglo.

    Los Sindicatos Libres nacieron en el tejido social del tradicionalismo barcelonés. Por aquél entonces, el tradicionalismo catalán vivía su renacimiento. Hasta 1876 el tradicionalismo catalán había sumado a sus reivindicaciones un fenómeno de protesta social de la población rural pirenáica empobrecida contra el incipiente capitalismo de las urbes del litoral. Después del fracaso militar de la Tercera Guerra Carlista, la fuerte industrialización produjo una fuerte mutación social que obligó al tradicionalismo a adaptarse a lo tiempos modernos. Su participación política se incrementó y la apertura de círculos se amplió especialmente en los núcleos urbanos como Barcelona. Pero en estos espacios urbanos el anticlericalismo practicado por el Partido Radical de Lerroux tenía una importancia cada vez mayor y se reclutaba entre el naciente proletariado barcelonés. El tradicionalismo se fue convirtiendo en la respuesta y refugio más firme de los obreros católicos. Una parte de los nuevos inmigrantes llegados a Barcelona eran personas procedentes de las laderas pobres del Pirineo que mantuvieron en la gran urbe su Fe católica y su fidelidad a los ideales del tradicionalismo.

    El tradicionalismo barcelonés del siglo XX estaba compuesto de dos sensibilidades, el periódico El Correo Catalán representaba una línea moderada, gremialista y era el órgano oficial del delegado regional, duque de Solferino, y de Miguel Junient, redactor jefe del mismo. Sin embargo, el semanario La Trinchera representaba un sector obrero y más radical en sus proclamas, que tenía su especial acogida en los círculos El Porvenir, Crit de Patria y el Ateneo Obrero Legitimista. El principal punto de enfrentamiento entre las dos corrientes era la consideración de alianzas electorales. Los tradicionalistas catalanes estaban obligados por su sistema electoral a evitar su marginación política y social y la alianza con la Lliga Regionalista tenía unas bases comunes en el la defensa del catolicismo y un cierto catalanismo. Pero para los más radicales procedentes de las clases populares, el verdadero enemigo era la Lliga por su separatismo latente y su procedencia exclusiva de la burguesía. Los radicales eran partidarios de crear un climax revolucionario con la conjunción práctica con fuerzas antisistema como los republicanos, ya que había un antecedente de lucha contre el enemigo común en la Segunda Guerra Carlista, la colaboración con la más fuerte Lliga, convertía al tradicionalismo local en un grupo marioneta de los intereses de Francesc Cambó. Había que decir que el tradicionalismo barcelonés era uno de los movimientos políticos más interclasista del tradicionalismo, estando compuesto en un tercio por trabajadores residentes de los barrios periféricos. En este magma social y político es donde iba a nacer uno de los sindicatos más reivindicativos y desconocidos de nuestra historiografía.

    El nacimiento del sindicato libre

    La demanda de un sindicalismo profesional se hacía necesario, la CNT que en 1915 tenía 15.000 miembros había pasado en 1919 a 714.028 afiliados, mientras la más reformista UGT contaba con 211.342 altas y los católicos de los sindicatos del marqués de Comillas llegaban con dificultad a los 60.000 afiliados. El eco de la revolución bolchevique, un reforzamiento de la posición de fuerza de muchos empresarios enriquecidos en la locura de la guerra y una radicalización revolucionaria de los dirigentes cenetistas obligó a muchos obreros y empleados católicos a pensar en la fundación de un sindicato a parte del que empezaban a controlar los elementos anarquistas radicales. Hasta entonces la CNT había aglutinado sindicatos profesionales y los anarquistas revolucionarios eran una corriente minoritaría que se fue creciendo con la paulatina desaparición de los moderados.

    En 1919, se producía una reunión en el Ateneo Obrero Legitimista de Barcelona, presidida por Pedro Roma, Miguel Junyent y Salvador Anglada. En esta reunión se decidió la necesidad de fundar un sindicato profesional y separado de la CNT que tenía un fin revolucionario. Ramón Sales fue elegido presidente y diferentes cuadros tradicionalistas entraron en la labor sindical convirtiéndose en la élite culta del sindicato que se ocupó de la ideología, redactar estatutos, relaciones públicas y dirigir la organización. Estos hombres fueron José Baró, Jordi Bru, Estanislao Rico, Santiafo Brandoly, Domingo Farrel, Juan Laguía, Feliciano Baratech y Mariano Puyuelo. Los intelectuales se encargaron de la divulgación en prensa, pero los resortes de la organización fueron controlados por obreros, algo que no había sucedido en los sindicatos católicos.

    Ramón Sales fue su presidente y líder indiscutible hasta 1936, nacido en 1900 en La Fulleda (Lérida) emigró a Barcelona con sus hermanos al enviudar su madre, empleado en unos almacenes pertenecía al sindicato de la CNT, pero a su vez era miembro del requeté, ya que mantuvo los contactos tradicionalistas que había tenido en el pueblo. Sales no fue ningún orador pero cuando tuvo que expresarse lo hizo claro, contundente y casi siempre en catalán, porque hablaba mejor. Fue el líder indiscutible del sindicato y eso que se convirtió en su presidente con 19 años.

    El Sindicato Libre pronto cobró personalidad propia al enfrentarse al rival cenetista y hacer frente también a la Patronal en sus veleidades de subordinarlo a sus intereses. De 1919 a 1921, el naciente sindicato fue promocionado por los empresarios en su labor de dividir al proletariado barcelonés. Sin embargo, los Libres siempre dejaron claro que su política iba en defensa estricta de los derechos profesionales del obrero y no se iban a plegar a los intereses de los empresarios, como había pasado con algunos sindicatos profesionales y católicos, que habían nacido por el patrocinio de algunos notables conservadores y se sentían obligados a defender el orden constituido. Este punto de vista diverso impidió unas relaciones amistosas con los sindicatos confesionales que estaban controlados por magnates conservadores. No obstante, los católicos-libres fundados por los dominicos habían mantenido una postura más combativa en los intereses obreros y mantenían un buen diálogo con los carlistas. Estos sindicatos tenían casi su única fuerza en la región vasco-navarra por lo que la simbiosis carlista y sindicalista se daba en muchas zonas como Azpeitia. Esta amistad se prolongaría de tal modo que en 1924 en el congreso de Pamplona decidieron fusionarse y crear la Confederación Nacional de Sindicatos Libres, cuya fuerza estaba en Cataluña y País Vasco-Navarra, curiosamente parte de la misma geografía política del tradicionalismo.

    Hasta 1923, los Libres sufrieron la constante amenaza del terrorismo anarquista que no podía permitir que hubiesen escindido a la clase obrera, el precio fue el asesinato de 53 dirigentes sindicales. Sin embargo, los Libres también crearon sus grupos de autodefensa que atacaron a los anrquistas con sus mismas armas. No obstante, los Libres estaban naciendo y la pérdida de dirigentes les hacía más daño. Para colmo, las autoridades restauracionistas en premisa de proteger el orden liberal establecido detenía tanto a sindicalistas cenetistas como Libres. La lucha entre ambos sindicatos fue sangrienta, pero la patronal intentó manejarla a su favor utilizando esquiroles Libres en las huelgas de los anarquistas y al revés en las promovidas por los Libres.

    Sin embargo, el período de 1920-1922 en el que el gobierno civil fue dirigido por el general Martínez Anido, la situación mejoró para los Libres. Aunque el sindicato nunca se definió como tradicionalista, para posibilitar su crecimiento en el proletariado profesional, la alianza con el general fue posible para luchar con éxito contra una CNT liderada por el elemento más radical del anarquismo revolucionario. De esta forma el elemento más moderado de los cenetistas se afilió a los Libres y algunos dirigentes procedían del campo izquierdista, aunque los tradicionalistas tenían el control, como Estanislao Rico, director de Unión Obrera, órgano del sindicato.

    La madurez del sindicalismo libre

    En 1923, el sindicato Libre contaba casi con 200.000 miembros, tres cuartas partes en Barcelona. El crecimiento había sido grande debido al interés de algunas agrupaciones sindicales por defender sus intereses profesionales y no preocuparles los fines reovilucionarios y terroristas de los anarquistas, por que cuando la represión de Martínez Anido hizo su efecto, estos sindicalistas se afiliaron a los Libres, como los únicos capaces de defenderlos frente a la Patronal conservadora, algo que no harían los católicos confesionales.

    Sin embargo, en este año se produjo la instauración de la dictadura de Primo de Rivera. El general Martínez Anido fue nombrado ministro del interior, pero el nuevo régimen no sólo no apoyó, como creían al sindicalismo Libre, sino que eligieron a los socialistas de la UGT como entidad colaboradora, prohibiendo la CNT. Los sindicalistas Libres únicamente pudieron ocupar los puestos que los socialistas no querían. Entretanto, el tradicionalismo político estaba debilitado por la escisión mellista de 1919, que no había supuesto defecciones en Cataluña, pero por su foralismo catalán que se oponía al centralismo liberal del primoriverismo, se opuso a la dictadura.

    El sindicalismo Libre tuvo a varios dirigentes perseguidos por su catalanismo y a otros que ocuparon puestos de responsabilidad en el incipiente corporativismo del régimen por su amistad con Martínez Anido. No obstante, el sindicato tuvo entonces su máxima expansión con 197.853 miembros, las tres cuartas partes en Barcelona y alrededores, destacando Igualada y Tortosa, ambos núcleos de un fuerte tradicionalismo, el segundo núcleo País Vasco y Navarra, contanto con varios grupos en Asturias y Madrid. En 1927 se fundó la Confederación del Centro, en 1928 la del Levante y en 1930 la de Andalucia. Los sindicatos principales eran en el sector servicios, artesanal y empleados. Los camareros, cocineros, panaderos, barberos, empleados de Banca y dependientes de almacenes fueron los más fieles al sindicalismo Libre, fuera de Cataluña los afiliados procedían de trabajadores especialistas.

    El declive de una organización
    En 1930, con la caída de la dictadura de Primo de Rivera y el inicio de la dictablanda de Berenguer, el sindicalismo Libre era una organización madura que tuvo que afrontar con la libertad sindical y la vuelta de la CNT a la legalidad la defección de un 20 % de sus efectivos catalanes. Sin embargo, el fin del sindicalismo Libre no vino únicamente de la presión de una renacida CNT con 1.600.000 afiliados, sino que con la llegada de la II República, las nuevas autoridades decidieron emprender una represión sin medida sobre la organización Libre. Ramón Sales tuvo que exiliarse a Francia, donde vivió de albañil y otros oficios, algunos dirigentes como Estanislao Rico, Josep Baró y Jordi Bru pasaron a la renacida Comunión Tradicionalista que había acogido a los escindidos integristas y mellistas y 16 sindicalistas fueron asesinados en un mes por la CNT para intimidarlos. Las secciones sindicales se fueron desgajando de la Confederación y poniendo distancia, permaneciendo independientes o integrandose por fuerza en la CNT o UGT. Especialmente Lluis Companys, antiguo abogado de la CNT, y prohombre de la ERC fue el más vengativo posibilitando el pacto del Hambre, un acuerdo en que la Patronal se avenía con la CNT y la UGT a no contratar a ningún trabajador afiliado a los Libres. Unos 4.000 obreros fueron afectados por tales medidas, por razón de edad unos 200 no pudieron trabajar nunca más, quedando en el mundo marginal con la complicidad de las autoridades republicanas de la Generalitat.

    Entretanto, los sindicatos católicos, profesionales e independientes se confederaron en la CESO consiguiendo reunir a más de 200.000 trabajadores, en esta amplia organización se integraron la mayor parte de las antiguas agrupaciones de los Libres, como la regional del País Vasco-Navarra y la Federación de Obreros de Cataluña, nacida en 1932. Sin embargo, esta organización defendía la vía moderada de los antiguos sindicatos confesionales y repudió la posterior petición de integración de un renacido sindicato Libre. Ramón Sales estuvo moviéndose en clandestinidad en Barcelona, desde Francia y en 1935 la organización reapareció con unos cuantos dirigentes de los antiguos carlistas de Sales de la primera hora. Sin embargo, esta vez en una España politizada, el mundo laboral impedía la vigencia de una fuerza sindical profesional. Los Libres se vieron reducidos a su núcleo barcelonés y al reducto del obrerismo carlista.

    No obstante, las relaciones con las autoridades locales de la Comunión Tradicionalista no eran cordiales. Los Libres se habían convertido a un nacionalismo españolista de raíz obrera que chocaba con el catalanismo de algunos dirigentes locales de la CT. Aunque fuesen el sindicato con mayor número de catalanoparlantes, Sales, Baró, Roig, Fort, Clavé son los apellidos de los principales dirigentes y la mayor parte del proletarido catalán fue fiel a los Libres frente a los emigrantes, que por su falta de especialización eran clientela fácil del extremismo anarquista. Los Libres estaban bastante politizados y eran patrocinados por el entramado derechista de Barcelona. El recien formado Bloque Nacional de Calvo Sotelo se dedicó a promocionar a los Libres. Este grupo era en teoría una coalición de alfonsinos y carlistas, pero fue en realidad una formación personalista de Calvo Sotelo, aunque muy objetada por sus teóricos integrantes. Goicoechea, líder de Renovación Española, por mantener el liderazgo de los alfonsinos y los carlistas por el posible intento de enajenar las masas populares al líder carlista Fal Conde.

    Los Libres necesitaban apoyos y la CEDA, partido mayoritario de la derecha, ejercía su influencia en la CESO, los Libres por tanto únicamente gozaron con la estimable ayuda de un viejo amigo, Joaquín Bau, el carismático líder del carlismo tortosino. Con el estallido del Alzamiento el 18 de julio, algunos miembros sindicales consiguieron unierse a los sublevados. Entre éllos, Augusto Lagunas, Ramón Colom y Pedro Navarro murieron en combate, otros como José Baró, Jaume Fort y Anselm Roig fueron fusilados por la FAI-CNT. En cuanto a Ramón Sales, consiguió ocultarse y huir a Francia de donde volvió para ayudar a fundar la 5ª columna en Barcelona, allí fue capturado por sus antiguos enemigos de la CNT, quienes le torturaron y desde cuatro camiones le descuartizaron en las Ramblas.

    El sindicalismo Libre fue una experiencia nacida en la base obrera carlista que consiguió expansionarse al defender los intereses profesionales de los tarbajadores, pero que no contó con la ayuda de sus afines conservadores, que siempre le vieron peligrosamente revolucionario por su origen, poco cómodo. En su final, el sindicato no pudo luchar contra sus rivales y las autoridades republicanas, especialmente Companys, quien fue el más empecinado en aniquilarlos. Finalmente la guerra aniquiló a sus últimos miembros en las lucha por Barcelona, hasta la hora de la Liberación.

    http://www.arbil.org/(30)sind.htm
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    POR DIOS Y POR ESPAÑA VICTORIOSOS DE TODOS SUS ENEMIGOS, SIN PACTOS NI MEDIACIONES.

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    Re: El sindicalismo carlista

    El Movimiento Obrero Tradicionalista en la estela de los Sindicatos Libres: El carlismo obrerista


    El Movimiento Obrero Tradicionalista, tiene su origen en los primeros años de la década de los sesenta en el seno del carlismo. Sus primeros pasos se dieron en Murcia en 1963, con el claro objetivo de enlazar con la tradición obrerista del carlismo, especialmente con la experiencia de los Sindicatos Libres, creados por el carlismo en la primera mitad del siglo XX.

    Uno de los primeros inspiradores fue el sindicalista vasco Périco Olaortúa, antiguo militante de los “libres”, defensor de la propiedad sindical, pero no estatista y contrario al principio de la lucha de clases. En la circular de presentación, en 1963 del M.O.T, se leía:

    “Este movimiento obrero de la Comunión Tradicionalista quiere ser dentro de la interpretación católica de la cuestión social, el germen de un nuevo y renovado impulso en el carlismo, para su proyección en el mundo del trabajo”

    Su órgano difusor fue la revista “Vanguardia Obrera Tradicionalista”. En 1964 el VOT transcribe en su número 3 un manifiesto de Ramón Sales, líder de los Sindicatos Libres carlistas, donde entre otras cosas se decía:

    “Los Sindicatos Libres aspiran a la abolición del sistema capitalista”

    El M.O.T de Cataluña también se consideraba continuador de la obra de Sales y de los Libres, y en un documento se definen como:

    “No en vano es la vanguardia de la lucha obrera, la continuación de aquellos Sindicatos Libres, fundados en los años 20 por Ramón Sales”. (El M.O.T de Cataluña y la Reforma Sindical)

    En las Conclusiones del Tercer Congreso del M.O.T celebrado en Madrid los días 31 de octubre y 1 de noviembre de 1965, se declaran partidarios del Corporativismo, en la más genuina tradición social católica:

    “El Cooperativismo es un sistema social cristiano por excelencia, en donde el hombre vuelve a ocupar el puesto de primacía que le corresponde en la actividad productiva, sometiendo el capital a su servicio y reduciéndole a sus justos límites de instrumentos de la producción y no como medio de dominio del hombre (…) Frente a la propiedad privada de unos pocos y a la propiedad colectiva que es de uno solo, el cooperativismo supone la propiedad privada para todos a la vez, que es una propiedad social al servicio de los socios. (…) El Tradicionalismo, fiel a los principios sociales cristianos que constituyen la esencia de su doctrina, propugna el sistema cooperativo como una solución que contribuirá a resolver el problema social económico de nuestros días.”

    En el mismo Congreso se proponen como textos básicos de formación para los militantes del M.O.T los siguientes libros: “Breve historia del Legitimismo español” de Melchor Ferrer, “La Monarquía Social y Representativa” de Rafael Gambra y “Antología de textos de Vázquez de Mella” también de Rafael Gambra. Así como el Breve curso del M.O.T; en este texto tras una feroz crítica al capitalismo liberal y a los sindicatos verticales franquistas, se definía de la siguiente forma al sindicalismo anarquista y marxista:

    “Los anarquistas son fieles al ideal obrero del reparto y de la propiedad en manos común. Pero dos fallos garrafales cometieron: 1-emplear como única táctica la violencia, ejercida muchas veces contra inocentes 2- sus dirigentes están al servicio de la burguesía masónica (la historia de España los confirma). Los sindicatos marxistas representan la traición plena al ideal obrero. Estatismo, materialismo dialéctico en oposición al recio humanismo de la familia obrera, sacrificio de todo respeto a normas morales en aras de una táctica absorbente. Como decía Marx y repetía Lenin el marxismo no es un movimiento obrero sino una fuerza dirigida por intelectuales burgueses. La subordinación ciega de estos sindicatos al partido los incapacita para representar la causa obrera”.

    Sobre el marxismo se añadía:

    “La colmena es el resultado de la aplicación del marxismo a una sociedad. Es otro intento de superar el liberalismo que conduce a una masificación peor que la occidental. En la sociedad marxista pura, la China, porque la rusa parece querer asomarse a Occidente, ha desaparecido hasta la apariencia de libertad. Libertad ¿para qué? Decía Lenin.

    Los caracteres de la colmena soviética son:

    1-Solidaridad entre hombres, impuesta coactivamente, nacida del odio a otros hombres. Los odiados reciben muchos nombres: contrarrevolucionarios, fascistas, imperialistas etc. Nótese que lo que define al enemigo no es el ser obrero o burgués, sino el estar excomulgados por el dogma marxista. Hay burgueses marxistas y obreros anticomunistas, estos son sus peores enemigos.

    2-Las decisiones de gobierno pertenecen en exclusiva a una minoría oficialmente definida: el partido.

    3-Capitalismo de Estado. Las bases del capitalismo siguen en pie; el único capitalista, el único patrón es ahora el Estado. El obrero sigue siendo una máquina; los peores salarios, las jornadas más duras de trabajo son las comunistas.

    4-Dictadura del proletariado. Oficialmente se llaman democracias populares. Pero en realidad es un régimen totalitario en que todas las libertades fundamentales del hombre están encadenadas.

    5-Toda la información es arma de propaganda política. Hablar de verdad o de mentira en cuanto lo que se diga coincide con la realidad de los hechos, carece de sentido político aplicado a la propaganda soviética. Si interesa decir que el descubridor de América fue un ruso, pues se dice. Si se afirma que el Papa es un servidor, hoy, de los intereses capitalistas y mañana que ha aceptado las tesis marxistas, no hay ningún rubor en proclamarlo.

    6-El partido comunista verdugo y heredero de los antiguos grupos de presión. Los mata, hereda sus privilegios, los incrementa y ahoga la sociedad de forma total; controla todas sus manifestaciones religiosas, culturales, artísticas, políticas etc.”

    El M.O.T desapareció en 1970 no pudiendo superar la alocada deriva huguista y la demagogia impuesta por la traición del ex-príncipe, truncándose así una interesante experiencia, no carente de errores y mimetismos epocales, pero muy sugerente en la proyección social anticapitalista del carlismo contemporáneo.

    El Matiner: El Movimiento Obrero Tradicionalista en la estela de los Sindicatos Libres: El carlismo obrerista
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    Re: El sindicalismo carlista

    Ramón Sales Amenós: Obrerismo y Tradición

    Dentro del inmenso patrimonio moral, cultural y social del carlismo la figura de Ramón Sales Amenós destaca, junto a otros obreristas como el sevillano Ginés Martínez Rubio, por su singular perfil al lograr consolidar un sindicalismo obrerista radicado en la Tradición, libre de mediatizaciones políticas y patronales, en las más difíciles condiciones políticas y sociales. Para El Matiner supone el cumplimiento un deber de piedad filial el recordar y homenajear su ejemplar conducta, pues su pueblo natal, La Fuliola, se encuentra muy cerca de nuestro pueblo materno.

    Campesino y requeté, nacido en 1893 en el pueblo leridano de La Fuliola, con quince años se trasladó a Barcelona, junto con sus hermanos, al enviudar su madre. Trabajó como dependiente en unos almacenes, y en 1918 ingresó en el Sindicato Mercantil de la CNT. Al estar en desacuerdo con su ideología libertaria, en diciembre de 1919, con otros miembros del Ateneo Obrero Legitimista (Baró, Roig, Fort, Clavé, etc.), fundó la Unión de Sindicatos Libres, de la que sería líder indiscutible. En 1919, se producía una reunión en el Ateneo Obrero Legitimista de Barcelona, presidida por Pedro Roma, Miquel Junyent, el escritor Rico Ariza y el concejal Salvador Anglada. En esta reunión se decidió la necesidad de organizar un sindicato obrero, independiente, pero basado en la doctrina social del Carlismo, tal y como ya se organizó en otros lugares de España, como Bilbao (gracias al empeño de otro destacado obrerista carlista: Pedro Ullaortua), Pamplona o Zaragoza. Ramón Sales fue elegido presidente y diferentes cuadros tradicionalistas entraron en la labor sindical convirtiéndose en la élite culta del sindicato que se ocupó de la doctrina, redactar estatutos, relaciones públicas y dirigir la organización. Estos hombres fueron José Baró, Jordi Bru, Estanislao Rico, Santiago Brandoly, Domingo Farrel, Juan Laguía Lliteras, Ceferino Tarragó, Ignacio Jubert, Feliciano Baratech y Mariano Puyuelo. Los intelectuales se encargaron de la divulgación en prensa, pero los resortes de la organización fueron controlados por obreros, algo que no había sucedido en los sindicatos católicos. Sales fue un orador con un estilo claro, directo y contundente y casi siempre en catalán, porque hablaba mejor dicha lengua española.

    La Liga Patriótica Española

    Antes de la creación de los Sindicatos Libres, en 1918 y dentro del ámbito del obrerismo carlista Ramón Sales creó la Liga Patriótica Española y la Entidad Fe y Patria, grupos de combate frente a las pretensiones de la Lliga Regionalista de Francesc Cambó. En este punto el carlismo catalán se hallaba divido entre la tendencia pro-Solidaridad Catalana (es decir, los partidarios de unirse electoralmente con el regionalismo catalán derechista y burgués de Cambó), representada por el Carlismo burgués, cuyo portavoz era el periódico “El Correo Catalán” y la tendencia anti-Solidaridad, representada por el Carlismo obrero, cuyo portavoz era el periódico “La Trinchera” y de donde nace la citada Liga Patriótica Española. Para los obreros carlistas era inaceptable el concurrir electoralmente con un grupo que representaba tan claramente los intereses de la oligarquía como la Lliga Regionalista. La Liga Patriótica editó un manifiesto fundacional (“¡Viva España!”) dirigido “A todos los buenos españoles” denunciando que en “este trozo de España que se llama Cataluña” unos malvados catalanes “pretenden intervenir en la conferencia de paz [de París] para que le sea concedida a Cataluña la independencia que los villanos sueñan les llegue impuesta por el mandato de Europa”, como Cuba al mediar EE.UU. El texto exhortaba “un día y otro día a aclamar ¡Viva España! para ahogar con él las vociferaciones de esos perros separatistas”. Si bien al regionalismo derechista de Cambó no se le podía tildar de “separatista” hay que tener en cuenta que en torno a los muy heterogéneos grupos que esos años eran partidarios de la Mancomunidad concurrían algunos elementos armados claramente separatistas (los llamados “escamots”) organizados por el ex – militar español Francesc Macià y que acabarían fundando Estat Català. Los obreros carlistas de la Liga Patriótica Española opondrían la violencia defensiva frente a las pretensiones de los lliguistas y los separatistas de tomar las calles con su propaganda.

    El colectivo tuvo su sede sobre el teatro Petit Pelayo, en la Rambla (desde donde hostilizaba actos de signo nacionalista y de la Lliga), y su “grito de guerra” fue la canción “La hija de Malasaña” que cantaba en el teatro Goya la cupletista “Mary Focela” y concluía así:

    “Lucho como una leona/ al grito de viva España!/ Y es que por mis venas corre/ la sangre de Malasaña”.

    Sindicatos Libres: lucha por el obrero y defensa contra el anarquismo y el socialismo.

    La denominación de “Libres” dejaba clara su independencia respecto de cualquier formación política así como respecto de la patronal, con el fin de asegurar una verdadera defensa de los intereses de los trabajadores. Como el carlista vizcaíno Pedro Ullaortua los definió “unidad de los trabajadores contra el sistema capitalista en total autonomía”. Sin embargo el carácter carlista de la doctrina que promovían era evidente, así como el legitimismo de sus miembros (y recíprocamente era enorme la cercanía de los Reyes Legítimos por dichos sindicatos). Y en su propaganda ambos aspectos quedaban claros, con la denuncia y la lucha contra separatistas, marxistas, liberales y anarquistas. Los Sindicatos Libres organizaron huelgas, bolsas de trabajo, seguros sociales y asistencia obrera. Su labor fue enorme para dignificar las condiciones de vida de las masas obreras, condenadas a la explotación por el liberalismo capitalista.

    El Sindicato Libre pronto chocó con la CNT, y también hubo de hacer frente a la Patronal, que pretendía subordinarlo a sus intereses. Sin embargo, los Libres también crearon sus grupos de autodefensa armada. No obstante, los Libres estaban naciendo (murieron 53 dirigentes a manos de pistoleros anarquistas) y la pérdida de dirigentes les hacía más daño. Para colmo, las autoridades restauracionistas en premisa de proteger el orden liberal establecido detenía tanto a sindicalistas cenetistas como Libres. Para poder contextualizar esta violencia hay que tener en cuenta que en el anarquismo el pistolerismo y la extorsión llegó a convertirse en un modus vivendi creando auténticas organizaciones gansteriles, mientras que el uso de la violencia en los Sindicatos Libres solo era ocasional y respondía a exigencias de autodefensa. El pistolero cenetista José Serra reconoce en su libro de memorias “Diario de un pistolero anarquista” que en aquellos años “los límites entre la acción revolucionaria y la rapiña eran cada vez más difusos”.

    En 1923, el Sindicato Libre contaba casi con 200.000 miembros, tres cuartas partes en Cataluña. Los Libres eran el sindicato de los trabajadores catalanes, frente a la querencia ugetista de los trabajadores emigrados de otras partes de España. El crecimiento había sido grande debido al interés de algunas agrupaciones sindicales por defender sus intereses profesionales y no preocuparles los fines revolucionarios y terroristas de los anarquistas. Estos sindicalistas se afiliaron a los Libres, como los únicos capaces de defenderlos frente a la Patronal conservadora, y el carácter no reivindicativo de los llamados sindicatos “católicos” (clericalistas).

    Durante la dictadura del General Miguel Primo de Rivera (1923-1930) se extendió por toda España como Confederación Nacional de Sindicatos Libres e igualó en afiliados a la Unión General de Trabajadores socialista, pese a que dicha sindicato era promocionado por el Directorio Militar con el cual colaboraba. Muchos dirigentes de los Libres fueron encarcelados, algunos acusados de “catalanismo” solo por redactar propaganda en catalán, mientras que los dirigentes socialistas ocuparon puestos en el Consejo de Estado, Consejo de Trabajo, Consejo Interventor de Cuentas del Estado, Comisión Interina de Corporaciones, Consejo Técnico de la Industria Hullera, Tribunal de Cuentas y otros organismos; al tiempo que luchaban contra los sindicatos Libres. Caso singular se dio en la minería asturiana, donde la mayoría de los mineros eran carlistas y por presión de los dirigentes socialistas se prohibió cualquier tipo de sindicación que no fuese en la UGT.

    La relación con los sindicatos “católicos” (clericalistas) fue difícil, debido a como hemos señalado a su carácter poco reivindicativo. Los Libres siempre dejaron claro que su acción iba en defensa estricta de los derechos profesionales del obrero y no se iban a plegar jamás a los intereses de los empresarios, como había pasado con algunos sindicatos profesionales y “católicos”, que habían nacido por el patrocinio de algunos notables conservadores (como el Marqués de Comillas) y se sentían obligados a defender el orden constituido.

    No obstante, los católicos-libres fundados por los dominicos (el Beato José Gafo y Pedro Gerard) habían mantenido una postura más combativa en los intereses obreros y mantenían un buen diálogo con los carlistas. Estos sindicatos tenían casi su única fuerza en la región vascongada y en Navarra por lo que la simbiosis carlista y sindicalista se daba en muchas zonas como Azpeitia. Esta amistad se prolongaría de tal modo que en 1924 en el congreso de Pamplona decidieron fusionarse en la Confederación Nacional de Sindicatos Libres.

    Persecución y martirio

    Tras la proclamación de la Segunda República, comenzó una represión feroz contra el Sindicato Libre, auspiciada por el abogado ex-cenetista y presidente de la Generalidad de Cataluña, Luis Companys, del partido ERC que suscribió el llamado Pacto del Hambre, por el cual la patronal acordó con la CNT y la UGT no contratar a ningún trabajador afiliado a los Sindicatos Libres. Unos 4.000 trabajadores catalanes fueron afectados por dicha medida, quedando más de 200 que por edad no pudieron trabajar nunca más condenados a la pobreza y a la marginalidad.

    Ramón Sales tuvo que exiliarse a Francia, donde vivió de albañil y otros oficios. En 1935 volvió a Barcelona en la clandestinidad. Su ausencia determinó una infiltración de elementos del Bloque Nacional de José Calvo Sotelo en los mismos, lo que provocó ciertas divisiones en el sindicalismo carlista.

    Capturado por milicianos de la CNT en la primavera de 1936, se escapó el 19 de julio y volvió a huir a Francia. Retornando de nuevo para organizar la quinta columna barcelonesa fue capturado el 30 de octubre y descuartizado vivo en las Ramblas, ante las oficinas de Solidaridad Obrera: "Encadenaron los pies y las manos de Sales a cuatro camiones. Acto seguido los camiones emprendieron la marcha, en direcciones distintas."

    Con el estallido del Alzamiento el 18 de julio, algunos miembros sindicales consiguieron unirse a los sublevados. Entre ellos, Augusto Lagunas, Ramón Colom y Pedro Navarro murieron en combate, otros como José Baró, Jaume Fort y Anselm Roig fueron fusilados por la FAI-CNT.Nuestra más sentida deuda de gratitud al mártir de la lucha por los derechos de los trabajadores Ramón Sales Amenós.

    El Matiner: Ramón Sales Amenós: Obrerismo y Tradición
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    Re: El sindicalismo carlista

    LOS SINDICATOS LIBRES Y EL CARLISMO

    La reciente emisión en la Primera de Televisión Española de la serie “Ojo por Ojo” ha sacado a la luz, de una forma bastante distorsionada, un episodio de nuestra historia, que por desconocido no constituye una simple anécdota, cual fue la existencia de un tercer gran sindicato obrero, el llamado Sindicato Libre que, curiosamente nacido en el seno de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), pugnó con ésta y con la Unión General de Trabajadores (UGT) por crear un sindicalismo profesional que, alejado de todo sectarismo político, defendiera los derechos de los trabajadores sin interferencias partidistas.
    Justificar a ambos lados

    Los Sindicatos Libres tienen su origen en la línea editorial del semanario carlista catalán “La Trinchera” cuyas proclamas sociales, en contraste con el diario carlista “El Correo Catalán”, próximo a la línea política de Vázquez de Mella, tuvieron una excelente acogida en los círculos carlistas catalanes “El Porvenir”, “Crit de la Patria” y sobre todo “El Ateneo Obrero Legitimista” que empezaron a organizar diversas actividades de promoción de los trabajadores como una campaña de alfabetización mediante clases impartidas por militantes carlistas femeninas, las denominadas “Margaritas”.

    En 1919, la consolidación de la revolución bolchevique, lleva a la Confederación Nacional del Trabajo y a la Unión General de Trabajadores a una progresiva radicalización política que les hace encauzar sus actividades más hacia lo meramente político que a lo social y laboralmente reivindicativo. Fue en este año de 1919, cuando se produce la creación, tras una reunión en el Ateneo Obrero Legitimista, del primer Sindicato Libre en Cataluña siendo elegido presidente Rafael Sales Amenós, que hasta ese momento había compaginado su militancia política en el Requeté de Barcelona con su militancia en el Sindicato de Comercio de la CNT.

    De la creación de este Sindicalismo Libre fue debidamente informado S.M. Jaime III que en esos momentos, preocupado por la cuestión social, había obtenido de la CGT francesa su carnet sindical dando su aprobación e instando a todos los trabajadores, especialmente a los carlistas, a ingresar en las filas del Sindicato Libre.

    De 1919 hasta 1922 los Sindicatos Libres fueron creciendo en militancia obrera, debido en gran medida a los deseos de muchos trabajadores de que existiera un sindicalismo socialmente reivindicativo, pero apartado de todo juego político o partidista, llegando a extenderse fuera de Cataluña por toda la geografía española, pero especialmente en la tradicional área de implantación del Carlismo (Euskalherria, Valencia, Aragón, Asturias…).

    El nacimiento de estos sindicatos fue mal visto, no solo por la CNT que entendía que la existencia de un nuevo sindicato podía afectar a la unidad sindical, sino también por los sindicatos católicos estrechamente vinculados a la jerarquía eclesiástica que temían, no sin falta de razón, que los Sindicatos Libres les podrían restar militancia al ser más reivindicativos y presentar una línea de actuación más clara y coherente. Así pues, durante los primeros tres años de existencia, los Sindicatos Libres tuvieron que enfrentarse con la oposición eclesiástica pero, sobre todo, con la violencia ejercida contra ellos por los militantes de la CNT, que les llegó a provocar la muerte de 53 de sus dirigentes.

    En torno a 1922, y ante la situación prerrevolucionaria que se vive en Cataluña debido a las huelgas y a los atentados anarquistas, comienza el declive de los Sindicatos Libres al ser estos infiltrados por agentes provocadores, en muchos casos procedentes del lumpen criminal, que pagados por el Gobierno Civil de Barcelona entonces en manos del General Martínez Anido y por la patronal se dedican al asesinato de militantes sindicales opuestos, todo ello para impedir cualquier unidad sindical enfrentando a unos obreros con otros. La patronal no solo incita a los Sindicatos Libres, a través de sus agentes infiltrados, a lanzarse a una campaña terrorista sino que, hábilmente, utiliza a estos y a la propia CNT para conseguir trabajadores en periodos de huelga, contratando a militantes del Sindicato Libre para que trabajen en momentos de huelgas convocadas por la CNT y contratando a militantes de la CNT para que hagan de esquiroles ante huelgas convocadas por los Sindicatos Libres.

    En 1923, la infiltración de los Sindicatos Libres es tan grande y la situación en Cataluña tan grave debido al pistolerismo de unos y de otros que llega a estar amenazada la existencia misma de todo sindicalismo. Ante esta situación el dirigente de la CNT y anarco-sindicalista, Ángel Pestaña, siempre opuesto al empleo de la violencia por parte del sindicato anarquista, viaja a Francia para entrevistarse con S.M. Jaime III a quién aporta pruebas de la infiltración de los Sindicatos Libres por parte del gobierno y de la patronal, ordenando don Jaime la disolución de los Sindicatos Libres aunque sólo consigue que los militantes Carlistas se aparten de los mismos y dejen de colaborar con ellos, refugiándose el sindicalismo carlista desde ese momento y hasta 1937 en el llamado Movimiento Obrero Tradicionalista (MOT).

    Tras el golpe de estado de Primo de Rivera en Septiembre de 1923, el general Martinez Anido es elevado al Ministerio de Gobernación. A partir de ese momento el gobierno prohíbe la CNT y se apoya en la socialista UGT como entidad colaboradora para controlar al movimiento obrero. Por su parte los Sindicatos Libres, ya sin el apoyo de los carlistas, empiezan su declive a pesar de su fusión con los sindicatos católicos languideciendo, siempre dirigidos por Rafael Sales (que al no cumplir las órdenes de don Jaime de dejar de colaborar con los Sindicatos Libres es expulsado de la disciplina carlista), hasta la proclamación de la II República en el que reaparecen como un sindicato vinculado a la CEDA.

    En definitiva, los sindicatos libres fueron unos sindicatos cuya intención era crear un sindicalismo profesional para la defensa exclusiva de los intereses de la clase trabajadora por ella misma, que superase las divisiones estériles producidas por las aspiraciones políticas de convertir las organizaciones obreras en correas de transmisión de estrategias partidistas diseñadas desde fuera al servicio de metas ideológicas que no tenían porque representar al conjunto de la clase obrera, teniendo en la fundación de los mismos una notable importancia e influencia el carlismo, pero al no ser jamás un sindicato propiamente carlista (tal cosa iría incluso contra sus intenciones de ser un sindicato libre) admitía trabajadores de cualquier procedencia siendo relevante la procedencia cenetista de muchos de sus dirigentes y primeros afiliados. Los Sindicatos Libres sufrieron la infiltración de elementos provocadores tanto del gobierno como de la patronal y cuando S.M. Jaime III instó, tras su entrevista con Ángel Pestaña, su disolución, la misma no se llevó a cabo porque no eran propiamente sindicatos carlistas, aunque no obstante, al conseguirse que los militantes carlistas se alejaran y dejaran de colaborar con ellos dichos sindicatos empezaron un declive que provocó primero su fusión con el sindicalismo clerical y posteriormente su sometimiento político a la CEDA.

    El Chouan Ibérico: LOS SINDICATOS LIBRES Y EL CARLISMO
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    Re: El sindicalismo carlista

    La preocupación social e institucional por los trabajadores es anterior a Marx.



    La preocupación social e institucional por los trabajadores es anterior a Marx. Un columnista de un periódico digital manifestaba, sin conocimientos suficientes, que la preocupación por la clase obrera no se dio hasta la aparición del marxismo y las ideologías que parten del mismo.


    La orden de los Hermanos de San Vicente de Paúl es creada en París en 1845 por tres seglares, Jean-Léon Le Prévost, Clément Myonnet y Maurice Maignen. Los miembros de esta obra recorren los talleres obreros, repartiendo comida y ropa, y colocando a los jóvenes como aprendices.


    Berryer
    Con un discurso en contra de la ley, la jurisprudencia y la doctrina del librecambismo, Berryer (1790-1868) aboga por los contratos colectivos: “El tratado de común acuerdo es el mercado del hambre; es el hambre dejada a discreción de la especulación industrial. El obrero que tiene hambre acepta un salario insuficiente; pero, a su vez, si el empresario le necesita, usa de su derecho al paro para hacer que le paguen. Aquí tenemos, señores, una calamidad bajo la figura del respeto del derecho de cada uno”.
    conde de Chambord


    En 1865, en la Lettre sur les ouvriers (Carta sobre los obreros), el conde de Chambord defendía el derecho de asociación: “Hay que devolver a los obreros su derecho a concertarse. Es natural que se formen bajo cualquier nombre sindicatos, delegaciones, representaciones que puedan entrar en relación con los empresarios o sindicatos de empresarios para regular amistosamente las diferencias relativas a las condiciones de trabajo, y especialmente al salario”. Organizar el diálogo social para evitar la lucha de clases.


    Frederic Ozaman
    Frederic Ozaman (1813-1853) a partir de 1836 llega a la conclusión de que “la cuestión que divide a los hombres en nuestros días ya no es una cuestión de forma política, es una cuestión social, es saber si la sociedad no será más que una gran explotación en provecho de los más fuertes o una dedicación de cada uno al bien de todos”. Mucho antes de Karl Marx, observa la fractura creciente, dentro de la sociedad industrial, entre los fuertes y los débiles.
    Monseñor Ketteler. Obispo de Mayence




    Monseñor Ketteler. Obispo de Mayence y diputado en el Parlamento de Frankfurt, debido a la escasez de la ayuda privada, reclamaba disposiciones legislativas para proteger la condición obrera. En La cuestión obrera y el cristianismo (libro publicado en 1864, tres años antes del El capital de Carlos Marx), criticaba los daños producidos por un sistema económico basado en la libre competencia absoluta y predicaba la asociación del capital y del trabajo: “El combate entre el empresario y el empleado no es el objetivo, sino una paz equitativa entre ambos”.



    http://fgnaclarando.blogspot.com/201...itucional.html
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: El sindicalismo carlista

    Esto del "sindicalismo libre", tiene sus bemoles.
    En Nuestra Patria el Nacional Justicialismo tenia un sindicalismo que podríamos denominar Verticalista, los que proponían los "sindicatos libres" eran los supuestos "democráticos", como los socialistas, liberales, demócratas cristianos, social demócratas, conservaduros, los gorilas, e incluso insólitamente el partido comunista, es decir crear un caos sindical que en definitiva apuntaba a destruir el peronismo que tenia en el sindicalismo uno de sus pilares fundamentales.
    Se trataba de debilitar los sindicatos por aquello de "a rió revuelto"...
    Por eso no entiendo a que apunta eso de los "sindicatos libres", al menos en nuestro país eso resulto políticamente un fracaso, aprovechado por los que ya sabemos.

  7. #7
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    Re: El sindicalismo carlista

    Cita Iniciado por juan vergara Ver mensaje
    Esto del "sindicalismo libre", tiene sus bemoles.
    En Nuestra Patria el Nacional Justicialismo tenia un sindicalismo que podríamos denominar Verticalista, los que proponían los "sindicatos libres" eran los supuestos "democráticos", como los socialistas, liberales, demócratas cristianos, social demócratas, conservaduros, los gorilas, e incluso insólitamente el partido comunista, es decir crear un caos sindical que en definitiva apuntaba a destruir el peronismo que tenia en el sindicalismo uno de sus pilares fundamentales.
    Se trataba de debilitar los sindicatos por aquello de "a rió revuelto"...
    Por eso no entiendo a que apunta eso de los "sindicatos libres", al menos en nuestro país eso resulto políticamente un fracaso, aprovechado por los que ya sabemos.
    Creo, Juan Vergara, que para analizar esto debemos distinguir entre los distintos contextos en los que se desarrolla cada sindicato: los Sindicatos Libres nacen en época de la monarquía alfonsina, un régimen caciquil y burgués manifiestamente hostil a la lucha obrera. En ese momento, es esencial que los sindicatos sean libres, es decir, no controlados por el gobierno, ya que entonces no cumplirían su labor de defensa de los trabajadores. Cuestión distinta son los sindicatos verticales cuando existen gobiernos que sí son obreristas, como es el caso de la misma CGT en la Argentina de Perón (que no comenzó siendo un sindicato vertical) o la Organización Sindical Española cuando Franco. Cuando el mismo gobierno es favorable a dicha lucha obrera, es lógico que el objetivo no es luchar contra él para derrocarlo, sino colaborar con él para profundizar en dicha lucha.

    Imagino que ahora en la Argentina sucederá algo parecido, pero actualmente en España los sindicatos no son libres sino amarillos, es decir, al servicio del capital y la patronal. Hablo de UGT, CCOO, CGT, etcétera. Ahora mismo, crear un sindicato vertical sería contraproducente, pues significaría condicionar la lucha a los designios del enemigo (en la práctica, los que he mencionado anteriormente funcionan como tales). Por suerte, quedan todavía algunos como UNT, TNS, MOT y otros tantos que todavía están dispuestos a luchar por los derechos de los trabajadores.

    Saludos en Xto.
    Última edición por ReynoDeGranada; 26/04/2020 a las 13:32
    juan vergara dio el Víctor.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Gracias por la aclaración Reino De Granada!

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