Es normal señalar la lógica concomitancia, durante la actual época revolucionaria, entre la progresiva destrucción del orden social corporativo tradicional y su consecuente sustitución por el Estado (cuya característica primordial es llegar con los tentáculos de los diferentes ramos de su Administración a todos los ámbitos de la vida de las personas).
Pero es importante subrayar también la existencia de un fenómeno que, paradójicamente, resulta compatible y complementario con el desarrollo y perfeccionamiento totalitario del Estado: el del asociacionismo liberal.
En el régimen tradicional, las relaciones de las múltiples y variadas corporaciones que se extendían formando el tejido de las comunidades políticas de la Monarquía, guardaban un trato político de igualdad o de paridad con el Poder Supremo (ya directa, ya indirectamente a través de otras corporaciones más amplias en las cuales quedaban integradas).
Con el Estado, en cambio, sólo se admite un tipo de relación política subordinada o de disparidad. De ahí la eliminación de todo vestigio corporativo en su seno, con la única excepción de las artificiosas y artificiales corporaciones ideológicas (más conocidas vulgarmente como partidos políticos). Pero, dada la sociabilidad natural de las personas, era preciso canalizar ese instinto humano por unos cauces compatibles con esa relación de subordinación con el "todopoderoso" Estado: es ahí donde entra en juego el asociacionismo liberal, o comunitarismo, de todo pelaje.
El episcopado español, en el marco de su adaptación a los regímenes revolucionarios constituidos, fomentó, sobre todo a partir de la época del régimen alfonsino, todo tipo de asociaciones con vistas al apostolado. Es lo que se conoce como Acción Católica, cuyos métodos y procedimientos originarios vendrían a ser copiados por multitud de posteriores entidades o asociaciones de católicos seglares (Asociación Nacional de Católicos Propagandistas, Opus Dei, etc...).
No voy a entrar en este hilo acerca de la importantísima responsabilidad que han tenido todas estas asociaciones de apostolado eclesiástico y seglar, supuestamente "apolíticas" o "políticamente neutras", a la hora de atraer a las masas católicas legitimistas al acatamiento de los regímenes revolucionarios constituidos (el Maestro Canals Vidal es uno de los que más han estudiado este lamentable y espurio proceso de "trasvase político" por vía de estas asociaciones "fundamentalmente católicas y nada más que católicas").
Como digo, no voy a entrar en eso. Sino que en este hilo vamos a tratar de esa otra multitudinaria proliferación de asociaciones no católicas (o supuestamente "neutras" en lo religioso) que se produjo de manera paralela y simultánea, en las cuales se establece como objeto social, en principio, la loable defensa de variados bienes y "valores" materiales y humanos que se consideran en verdadero peligro; pero que, sin embargo, al mismo tiempo, guardan en su seno una más profunda intención moralizante anticristiana.
El fenómeno del asociacionismo liberal, en el seno del Estado omnicomprensivo, lo trata brevemente D. José Miguel Gambra en su reciente libro La sociedad tradicional y sus enemigos. En concreto hace referencia a él en el Capítulo VII titulado "Corporaciones y totalitarismo", en el subapartado titulado "Las razones a favor de los fueros".
Aquí vamos a traer unos artículos del P. Echániz publicados en Cruzado Español, en donde se toca resumida, aunque pormenorizadamente, la íntima conexión ideológica que existe dentro de toda esta clase particular de asociaciones moralizantes (religiosamente "neutras") que fueron surgiendo a partir principalmente de finales del siglo XIX; así como la condena que hizo de ellas el episcopado español.
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