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Tema: “¡Calla!... ¡Están hablando de Dios y de España!" (La mística de España)

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    “¡Calla!... ¡Están hablando de Dios y de España!" (La mística de España)

    Sobre la "mística de España"


    Revista FUERZA NUEVA, nº 60, 2-Mar-1968

    Mística de España

    Carezco de títulos para establecer si el catalán Eduardo Marquina era un buen poeta, pero de algunas de sus estrofas yo no puedo hacer olvido.

    No tengo más que una rudimentaria cultura musical, pero puedo opinar por mi razón y mi corazón sobre la letra del “Himno a Valencia”, que comienza cantando:

    Para ofrendar nuevas glorias a España, nuestra región supo luchar…”.

    Pero por lo que yo no paso, ni puedo pasar, es con que haya alguien que pueda llegar a ser capaz de poner en tela de juicio el saber, el talento y la santidad de San Agustín. Y es el propio San Agustín quien dictamina que el amor a la Patria es superior en rango al que hemos de profesor a nuestros propios padres, y tan solo inmediatamente inferior al que debemos a Dios.

    Sí. Ya sé que corren vientos iconoclastas, que el progresismo avanza con la fuerza efectiva que le da el viento del Este…; pero la verdad es que, gracias a Dios, nuestra Patria no es un dócil arenal, sino que está plagada de recias montañas que dificultan esa erosión producida por tales ventiscas.

    Remontándome a mi niñez, uno de mis más remotos e indelebles recuerdos es el de haber visto llorar con expresión gozosa a mi padre. Y al inquirir -con la ingenuidad infantil- lo que sucedía para ello, aquél quedamente me contestó:
    -¡Calla! Están hablando de Dios y de España.

    Aquel día, en aquella iglesia de Burgos, merced a la palabra del padre Madariaga, de la Compañía de Jesús, comenzó a vivir en mí ya ese binomio inseparable, fundido -gracias a Dios- con mi propio ser. Y esto no es sensiblería barata, como habría quien arguyera, porque gracias a ese modo de sentir ambos ideales han sido segados, de los míos, dos hermanos en una semana, y también asesinados otros once más de mi familia en el largo de nuestra última guerra. Nada de esto es capaz de producirse por sensibilidad cursi y trasnochada, porque le sensiblería es cobarde y estas pruebas sólo pueden obtenerse merced a la fe y a la razón, bien firmemente sentidas, con un corazón que vibre para confesarlas.

    “Viento del Este”… estepario y rojoide, ha ido infiltrándose por resquicios de puertas y ventanas, altas y bajas. Con la hábil experiencia obtenida tras muchos fracasos anteriores, se han cambiado los guanteletes de hierro por suaves mitones de seda; las hachas de leñador o de verdugo por barbitúricos aparentemente inofensivos; la descarada agresividad sincera, al menos, por la meliflua sonrisa maquiavélica. Y merced a todo ello es como sus emisarios y sus dóciles servidores, ciegos o aleves, van escalando puestos, infiltrándose en todas partes y hasta sustituyendo el mandil masónico con su triángulo cabalístico, con una pretextada nueva religiosidad abierta, esencialmente dialogada y complaciente, que entrega y pulveriza gratis las propias defensas salvadoras.

    El hombre es el único animal de la creación que reiterativamente incurre en los mismos errores, sin lograr asirse al caudal salvador de la propia experiencia. Y cuando hemos visto desde siglos incontables que las importaciones de ideologías políticas, sociales y filosóficas de toda índole no nos acarrean más que auténticas calamidades, no hay medio de que nos separemos de esa viciosa costumbre, a pesar de que en nuestro propio acervo tenemos más y mejores soluciones para esos problemas, porque pudimos comprobar su éxito, y porque además están hechos a nuestra propia configuración e idiosincrasia.

    En muchas, muchísimas cosas, cada día me siento más nacionalista. Y si me esgrimís la tónica de un Concilio, yo os esgrimiré también la de otros muchos más anteriores. Y si me agitáis el calendario para que recuerda la época en que estamos, yo os invocaré el recuerdo de nuestro Siglo de Oro, cimero en todo el orbe, y al que logramos llegar por ser nacionalistas antes que universalistas. No. No nos encerramos entonces en nuestro castillo roquero, sino que, con la Cruz en la mano, nuestros tercios, nuestros misioneros, nuestros hombres de ciencia, de letras y nuestros mercaderes y artesanos desbordaban incontenibles por el mundo arrollantemente, para su mejora integral a la sombra de España. Precisamente, cuando los primeros brotes de “importación” asomaron a nuestras tierras, éstas reaccionaron surgiendo los comuneros de Castilla, por ejemplo, y a poco, el gran Emperador Carlos prefirió ser español total, acabando por encerrarse voluntariamente en vida en Yuste, para aquí poder palpar más a Dios hasta su muerte.

    Tras ello, volvieron al ataque los afrancesamientos, que culminaron con las explosiones de las ideologías nacidas en la Revolución Francesa, después de lo que nos llegó la invasión napoleónica, y entonces dieron motivo estas causas a nuestro levantamiento masivo, que derrotó al “invencible” emperador francés; otros intentos inmediatos hicieron surgir rebeldías de los pueblos españoles en América para no admitir sometimiento alguno a las influencias extranjeras en la metrópoli hispana. Y está aún bien reciente el ejemplo de nuestra última guerra y años posteriores (todo lo cual arroja el más potente alarido místico de españolidad), porque aquí, “tirios y troyanos” radicalmente hicimos fracasar toda clase en apetencias y bloqueos bajo el signo que fuere, para así poder seguir siendo nosotros SOLOS los únicos dueños de nuestros destinos, por tierras, mares y aires propios.

    Todo esto a la ridícula suficiencia progresista parecerá incongruente y digno de archivarlo en un museo o en un manicomio. Pero creo que vale la pena recordar a este respecto que frente a las degeneraciones integrales que van proliferando en la mocedad como fruto humano de aquellas ideologías, nosotros podemos presentar como fruto de las nuestras a las juventudes hundiéndose en la cubierta del “Baleares” sin dejar de cantar a la Virgen y a España, o luchando numantinamente en el Cuartel de la Montaña o en el de Simancas, en el Alcázar de Toledo o en Santa María de la Cabeza, en Belchite, en Bujaraloz o donde fuere -incluso a cuarenta grados bajo cero en plena Rusia, con nuestra División Azul, o achicharrándose por el calor y por los ataques enemigos en pleno Sahara-, exactamente igual que van a misionar a América, al África o a la India; o a trabajar en Francia, Alemania o Bélgica, lo mismo que desfilando por las calles con nuestros uniformes militares, o en los campamentos, o a bordo de nuestros buques cantando a España y rezando a Dios.

    Es aquí, en este binomio, en donde tan sólo tenemos la solución única para nuestros problemas. La pleitesía a lo ajeno inmolando los propios estandartes sin reciprocidad, es un gratuito regalo de la victoria a los de enfrente. Pero Diego de Silva Velázquez, el mágico pintor sevillano enmadrileñado, nos lo retrató de modo magistral en su cuadro de “La rendición de Breda”. Y es aquí cuando nuestro general Spínola, rodeado de sus tercios inmortales, supo vencer hasta en la paz, no humillando ni desdeñando al vencido, sino acogiéndole ya con sonrisa fraternal, reciamente española. Pero, eso sí, sin la propia claudicación.

    De nuevo he de repetir cuánta gratitud debemos todos los españoles a quiénes en sus enseñanzas tenaces y pacientes en cuarteles, buques, aeródromos, academias militares y campamentos siguen sembrando ese ardoroso culto a España, sin acabar de darnos cuenta de que sin unas fuerzas armadas disciplinadas, eficientes y de tan alto espíritu patriótico como las que tenemos, no conservaríamos garantía alguna de subsistencia, al menos con un mínimo de dignidad espiritual y material. Y con ello no voy a referirme a una época alguna determinada, sino a esa estela que se pierde en la noche de los tiempos, y que cuando se ha querido denigrar ha brotado con más ímpetu.

    Esa frase, recientemente lanzada como fórmula publicitaria, es verdad integral: “España es diferente”. Hay quien pretendió tachar a nuestra religiosidad de arcaica e inmovilista, y frente a ello aparece tercamente la verdad de tantos santos españoles, tantos mártires españoles, tantos misioneros españoles, tantos de los nuestros fundadores de Órdenes y Congregaciones religiosas y tantas víctimas caídas así en defensa de la religión, que no hay país alguno que nos iguale. Y si fuese verdad que nos habíamos ahora estancado en todo ello, convendría que se reconociera, al menos, que siendo de esa manera antes citada es como se produjo nuestro Siglo de Oro y nuestra grandeza completa, no claudicando, apostatando vergonzosamente ante los “aires de fuera”. Pero no. No es eso sólo. Es que hoy, hoy mismo, frente a los cuadernos claudicantes, surge una vida y una muerte como la del padre Huidobro y miles y miles de ejemplos más de la misma índole, desde José Antonio hasta el último que se ofrece por Dios y por España. (…)

    Que todo lo antes expuesto no es error ni fascinación nos lo dice esa experiencia que no marra, y en ella no cabe espejismo alguno. Y cuando se pretende justificar el progresismo y hasta el comunismo por su ansia de justicia social, debe de recordarse que incumple como buen cristiano español el que tiene para el ajeno ausencia de caridad y auxilio. Se llame hoy como se llame, el “señorío” no era la mera posesión de bienes materiales, tierras y prosapia, sino la manera de elevar al humilde sin propio descenso. Y por fe y señorío los más altos monarcas agonizantes se humillaban de rodillas para recibir a Dios. (…)

    Moraleja: Con mucha consideración hacia los demás “de fuera” volvamos ante todo hacia nuestros altares y rezando, rezando como nos enseñaron, apliquemos de verdad la oración del Padrenuestro, a la vez que sintamos cada vez más la alegría de ser español… que acaso sea lo único que vale ya la pena de ser en esta vida…

    Abelardo DE CARLOS


    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: “¡Calla!... ¡Están hablando de Dios y de España!" (La mística de España)

    … La España eterna, la España conformada y robustecida por el catolicismo “sui generis” no fenece: se retira a las catacumbas…

    Revista FUERZA NUEVA, nº 549, 16-Jul-1977

    LA ESPAÑA DEL 18 DE JULIO

    Ahora, como siempre, sigue habiendo la España oficial y la España real, según el patrón acuñado por Ortega y Gasset, deudor en esto de Charles Maurras -el ultraderechista-, de Charles Benoist -otro ultra de la monarquía- y de Charles Péguy, los cuales diferenciaron en Francia “le pays officiel” del “pays réel”.

    La España oficial es, irremisiblemente, un trasunto deformado de la España real, incluso cuando el “país oficial” es democráticamente representativo del “país real”. Lo reconoce hasta Rousseau.

    Hoy (1977), por ejemplo, la España oficial del 15 de junio (elecciones democráticas) no es representativa de la España actual. En primer lugar, porque hay muchos españoles que no admiten que las reglas democráticas establecidas sean como dogmas de fe o principios permanentes e invariables de una moral absoluta política. En conciencia -siempre hay libertad de conciencia, aun cuando no pueda expresarse-, unos tienen fe democrático-liberal, otros fe democrático-socialista y otros tienen fe democrático-nacionalista, al paso que otros tienen fe católica y, secundariamente, subordinadamente, adjetivamente, fe nacionalista, fe en los valores de la España eterna, de lo que hay de eterno en ese ente configurado a través de la historia bajo el nombre de España. Pero, en segundo lugar, es que incluso los que tienen fe democrático-liberalista observan que la España oficial (el Gobierno y las Cortes) no es representativa ni de los demócratas cristianos españoles, en cuanto tales , ni de los socialistas históricos, ni de ciertos socialdemócratas, ni de los carlistas, ni de los falangistas, ni de los partidos extremistas de izquierda. (…)

    ***
    Ha ocurrido, pues, que en son de reconciliación nacional, el centrismo -de buena o de mala fe-, que se proponía acabar con el problema de las dos Españas, lo único que ha conseguido es hacer el papel de Bertrand Duguesclin: cuando dos Españas, las dos eternas Españas, luchaban por la hegemonía, como don Pedro I El Justiciero de Castilla y su hermano don Enrique de Trastámara, el centrismo le ha dado la vuelta al singular combate, consiguiendo que una España (don Enrique) que por sí misma había merecido quedar debajo quede por ahora encima, con el riesgo de que aniquile la otra (a don Pedro).

    Hay que decirlo claro, la España eterna, la España del 18 de Julio, ganó la victoria en noble lid, sin trampas. Y, con fe en los valores eternos, aun respetando la legalidad establecida, debe proclamar hoy bien alto que su conciencia no admite la regla democrática como forma de sustanciar las diferencias; que no encuentra en conciencia otra forma de reconciliación que la cristiana, la de la coincidencia en la Verdad, en la Justicia y en el Bien objetivos. Es decir, que la España del 18 de Julio respeta en conciencia lo que se le impone contra su conciencia y contra sus creencias más íntimas. Ha perdido una batalla, no más.

    Lo que no puede la España del 18 de Julio -cuyos logros nadie ha superado por ahora y cuyos principios no han sido superados por la democracia liberal- es vender su alma, afirmar que da por zanjado este asunto definitivamente, adquiriendo la fe en que lo objetivamente honesto, lo justo objetivamente, lo certero es resolver los problemas civiles mediante el recurso a un proceso electoral basado en reglas extranjeras, más o menos arbitrarias, siempre de un valor relativo y convencional, para aquellos que las hayan convenido.

    ***
    En modo alguno contienen estas palabras, amenaza alguna de rebelión civil. Lo que contienen es la renovada promesa de fidelidad a los principios que hicieron histórica y moralmente válido el 18 de Julio de 1936, gesto sin el cual la España del 15 de junio habría sido imposible, porque sin el 18 de Julio, se diga lo que se diga, España sería una Federación de Repúblicas Socialistas Soviéticas sumisa a Moscú; y la historia entera de Europa, un relato de socialismo “made in Moscow”.

    La España del 18 de Julio, último avatar conocido de la España eterna, de la España conformada y robustecida por el catolicismo “sui generis” no fenece: se retira a las catacumbas, preparándose para resurgir cuando otra vez, fracasada la democracia capitalista, hoy declinante en toda Europa y en el mundo entero, el clamor de los españoles hoy alucinados reclame de nuevo el nacional-catolicismo español y el nacional-sindicalismo, para remediar los estragos que va a producir en nuestra Patria el nacional-catolicismo franco-vaticano (*) y el capitalismo multinacional democrático.

    Como observa Charles Maurras, las naciones -la naturaleza de esos entes sociales individuados en la Historia- no mueren, aunque mueran los individuos: unas simples elecciones no raen del alma de muchos españoles, amantes de lo que simboliza el 18 de Julio, la afección a los ideales y, por qué no decirlo, a la ideología de la España eterna, es decir, a la concepción de la vida y a la explicación de las incógnitas humanas, de una manera típicamente española, la que singulariza a nuestros héroes, a nuestros mártires y santos. Pueden ser políticamente reprimidos esos ideales y esa ideología por la España oficial triunfante, pero no eliminados, ya que España parece que vuelve a ser, como en el símil evocado por Ramiro de Maeztu en su “Defensa de la Hispanidad”, un viejo tronco oculto y parasitado por la hiedra.

    La historia y la política, con sus avatares, sus pendulaciones, sus “corsi e ricorsi”, como dirían Giambattista Vico y Eugenio d’Ors, su tesis y su antítesis, su rotación parlamentaria, autorizan a creer que “la desesperación en política es una estupidez absoluta -como sentenció el mismo Maurras- y, por contraposición, la espera una discreción elemental e incluso democrática. ¡No digamos la esperanza, virtud cardinal triunfante siempre! (…)

    Fuera de la adhesión de esa minoría al Gobierno, queda la mayoría de los españoles a la espera de sucesivos cambios políticos -nunca se detiene la historia- que han de sobrevenir, producidos merced al libre juego del ejercicio de esos derechos y facultades humanas que las reglas democráticas confieren a los ciudadanos. ¡Ojalá que esos cambios no tengan signo colectivista y marxista! El centro y el centro izquierda muchas veces le preparan el advenimiento y el caldo de cultivo al marxismo.

    ***
    No se espere de nosotros, al servicio del nuevo régimen (que ni es conciliador ni es de todos los españoles, ni se está produciendo con, por y para todos los españoles, se diga lo que se diga), más de lo que los hoy victoriosos hicieran y prestaran al régimen español anterior. La democracia todo lo hace reversible y nada hace estable. (…)

    Eulogio RAMÍREZ

    (*) nacional-catolicismo “franco-vaticano”: entiéndase, especialmente sumiso a los intereses de Francia y del Vaticano


    Última edición por ALACRAN; 16/05/2023 a las 13:46
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: “¡Calla!... ¡Están hablando de Dios y de España!" (La mística de España)

    “Nosotros, los españoles”

    Revista FUERZA NUEVA, nº 63, 23-Mar-1968


    NOSOTROS, LOS ESPAÑOLES

    Por Jaime MONTERO

    (…) La formidable Cruzada española, en su grandeza histórica de acontecimiento estelar en la historia de la humanidad cristiana, no es algo que pueda exportarse o aplicarse a otros países, por la misma razón que no pueden reproducirse la Revolución inglesa del siglo XVII, la francesa del XVIII, la Guerra de Secesión americana o la Revolución rusa de 1917. En esos acontecimientos, lo que surge y se manifiesta es un pueblo como protagonista de la historia, hecho que por constituir un eslabón en la cadena o una fase en el proceso vital de una comunidad significativa y caracterizada entre las que integran el mundo, no tiene repetición posible. Como enseñó García Morente el maestro, el Morente converso y español, solamente Dios puede explicar el por qué aparecen y el por qué desaparecen las “personas históricas”. (…)

    ¿Cuál puede y debe ser, ahora y en adelante, el influjo bienhechor de España en las demás naciones del área cristiana en que nosotros estamos llamados a actuar?

    1º. Mostrar con los hechos, como solamente puede hacerlo una nación histórica, que es tanto como decir agente, y no marioneta, en la escena de las relaciones internacionales, que es completamente ajeno a nosotros el planteamiento agónico que está aceptando la cultura occidental frente a la implacable, cruel y atea dialéctica marxista.

    2º. Poner en acción, a toda marcha, el motor de la historia que viven los hombres y los pueblos como el nuestro, que no se han dejado avasallar por las fuerzas de la revolución sin Dios: esa que niega el ser real y auténtico de hombres y pueblos, desconoce la verdad, monta las sociedades sobre la injusticia y utiliza la energía humana del odio para destruir toda estructura que pueda servir de apoyo a armazón del orden natural y cristiano.

    Tal como se mueven y luchan hoy los imperialismos mundiales sería inútil nuestra experiencia, e imposible nuestro influjo, si no estuviéramos sufriendo en lo vivo y actual los efectos de su acción concurrente. La acción comunista ofrece especial virulencia en países católicos donde el materialismo capitalista judeo-protestante arroja las heces de su vivir confortable y sofoca con su proselitismo ideológico, seudorreligioso y moral, todas las manifestaciones propias de la civilización cristiana. Destruidas o abandonadas sus firmes creencias, y carentes de los valores morales o raciales (no católicos) de esas fuerzas invasoras, no les queda otra suerte que dejarse dominar por minorías poseídas de la pasión puritana del dinero y los negocios, hasta el punto de oponer el fofo y sensual bienestar burgués al comunismo, o bien arrojarse a la lucha apasionada de la revolución permanente, que este último propala y practica. (…)

    Nosotros, los españoles de hoy (1968), estamos en condiciones de enseñar al mundo que, efectivamente, el comunismo es tenaz en sus tácticas. Aquí ya retoña y se mueve por esas “vías más inesperadas”. Sin embargo, no incurriremos en el error de ofrecerle la Iglesia Católica como parapeto de resistencia, o servirle en bandeja una “democracia cristiana” y unos partidos burgueses o socialistas, muy liberales y “avanzados”.

    Nosotros no vamos a pedirle a la Jerarquía eclesiástica que se enfeude en un sistema que por su mecanismo exija a los católicos ir mendigando el apoyo moral o alguna propaganda encubierta de la Iglesia para el logro de triunfos pírricos en contiendas electorales periódicas sobre el ser o no ser de la civilización cristiana, de nuestra concepción de la vida o de la comunidad nacional. Eso no lo necesitamos nosotros, porque hemos sabido reconquistar nuestro ser comunitario y elevar a ordenamiento fundamental las exigencias actuales de la intrínseca y permanente constitución del pueblo español, no contrahecho por los esquemas racionalistas del orgulloso humanismo antropocéntrico y prepotente. (…)

    Odio personal implacable, nacional, político, alimentado de pasión ibérica, contra todo lo que el materialismo tiene de repugnante, sea capitalista o comunista; contra lo que el marxismo tiene de radical negación de la verdad y del bien; contra lo que la vida confortable y encanallada de Occidente tiene de hundimiento en el escepticismo, la sensualidad y la injusticia social. Odio a muerte contra lo que el comunismo y el bolchevismo encienden y alimentan de encono y lucha fratricida en el seno de todas las estructuras de la comunidad y de la Iglesia.

    Amor por encima de todo, a Dios y a los hermanos, sin distinción de clases ni condiciones, razas o creencias, pero ante todo a los débiles. Veneración a su santa Ley. Amor a la verdad, a la justicia y a la independencia nacional, sin la que tendríamos que renunciar a la justicia y a la verdad, perdiendo para siempre la libertad. (…)

    Hemos de enseñar al mundo, otra vez, que no es con tanques, dinero, bombas, ayudas extranjeras o aviones como un pueblo se libra del comunismo abyecto y perverso, o se organiza para la paz, sino sabiendo odiar todo lo que es necesario aborrecer, para amar de veras, con el alma y la vida, lo que está por encima de nosotros: Dios y España. ¡Sólo puede unir a los hombres, de corazón, lo que está por encima de los hombres!

    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: “¡Calla!... ¡Están hablando de Dios y de España!" (La mística de España)

    … Aún tenía salud el catolicismo en España en los últimos años de Franco, pese a las reformas del Vaticano II que por entonces ya se implantaban

    Revista FUERZA NUEVA, nº 66, 13-Abr-1968

    Catolicismo español

    Siempre el catolicismo español ha sido objeto de discusión y hasta de injusta difamación. Si la envidia no secase las almas, como la carcoma corroe la madera, seguramente que sería menos insidiosa esta oposición extranjera. Que adolezcamos de defectos es incuestionable; pero que no tengamos más que deficiencias a publicar y exagerar es harina de otro costal.

    No hay que olvidar que al aparecer la pseudorreforma protestante era España la gran potencia que, con doctrina en Trento y con armas en tierras anglosajonas, le puso un dique infranqueable. Luego, “nuestra decadencia, vino porque estábamos SOLOS contra toda Europa y no hay pueblo que a tal desangrarse resista”. (Menéndez Pelayo).

    Al atacar a España, esas naciones mataban dos pájaros de un tiro. Así, la “leyenda negra” de la Inquisición española (cómo si ésta no fuera de origen extranjero y “en toda Europa también se encendieran hogueras” y se levantaran patíbulos) y de la colonización española en América, dándose el caso irrisorio de que la única nación que defendió con leyes cristianísimas la igualdad de derechos de los indios y conservó y se mezcló igualitariamente con los aborígenes fuera tachada de inhumana y cruel por naciones que han exterminado a los nativos por ser razas inferiores.

    En España pudo haber defensores de los indios contra los EXCESOS ILEGALES de los encomenderos, porque los reyes atendían estas quejas, aunque fueran tan exageradas como las del manoseado Bartolomé de las Casas. No había lugar a ello en otros países, donde la Corona se llamaba a parte en las ganancias de las compañías mercantiles, al socaire de las cuales completaban su dominación.

    Algo parecido ocurre actualmente (1968) respecto a nuestro catolicismo. Hay un maridaje estúpido entre los nuevos “Bartolomés de las Casas” y ciertos grupos extranjeros, ya se llamen “católicos progresistas” que se arrugan por sí y ante sí la representación exclusiva y genuina del catolicismo posconciliar; ya sean “hermanos separados”, que si en sus países pluriconfesionales, en aras de la armonía nacional, han llegado a un acuerdo expreso o tácito de evitar el “proselitismo” (reprobado también por el Concilio); en España desenvuelven una actividad propagandística domiciliaria, publicitaria y social-económica, digna y apropiada más bien para países no cristianos que no creen en Jesús Redentor. (…)

    Hemos leído en revistas católicas y oído en reuniones ecumenistas, presentes miembros acatólicos extranjeros, que ESPAÑA HA DEJADO DE SER CATÓLICA. Manuel Azaña lo dijo (1931) en sentido OFICIAL, pues aquel Estado era aconfesional; pero el sentido de la frase en boca de los repetidores es peyorativo, pues significa que la mayoría de los españoles no profesa la religión católica; que sus prácticas religiosas son escasísimas y supersticiosas; que sus procesiones y actos de culto están vacíos de contenido; que su catolicismo es inmovilista y anticonciliar y que su clero, en todos los grados jerárquicos, es anticuado y opuesto a las corrientes modernas. (…)

    Pero también reconozco las excelsas virtudes de nuestro pueblo. En tiempos de Pío X corría por Roma esta frase, atribuida a un cardenal de la Curia: “Prefiero un seglar español a un clérigo francés”. Desde luego, España ha sido siempre OBEDIENTE sin reservas al Papa, creyente, sincera y cumplidora de cuantas disposiciones emanaban del Pontífice. Cuando éste estaba recluido como protesta en el Vaticano, el grito VIVA EL PAPA REY era de los españoles peregrinos. Pero cuando se pactó en Letrán (1929), se cambió por el de ESPAÑA POR EL PAPA.

    En ningún Concilio ecuménico se oyó una voz española discrepante de la verdadera doctrina o que abogara por privilegios propios: Constanza y Basilea no tuvieron como corifeos a prelados españoles, sino que siempre las voces españolas han sido LUZ Y FRENO.

    Y a la hora de cumplir los preceptos conciliares ha sido España la primera en ponerlos en práctica. Así, ya antes del Tridentino, la verdadera Reforma de la Iglesia se llevaba a efecto por el Cardenal Cisneros hasta Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Pedro de Alcántara… Después del Concilio Vaticano I (siglo XIX) no fue en España donde aparecieron los cismáticos “católicos viejos”. (…)

    Con idéntica inexactitud se ha tachado al catolicismo español de anquilosado e infructífero. Veamos, señores míos: “Por los frutos los conoceréis, dijo el Maestro. En España abundan las vocaciones sacerdotales y religiosas (1968), hasta el punto de que las voces del Papa se nos dirigen para que desplacemos nuestras actividades al extranjero. En cambio, escasean en los pueblos “aperturistas” y “progresistas”. ¿Por qué?

    Nos responden: “Es que son más cultos y civilizados”. ¡Ah!, luego la religiosidad vocacional está en razón inversa del progreso o civilización… Eso y dar la razón a los que acusan a la religión como obstáculo del progreso va muy poco. ¡No! La causa de la escasez de vocaciones religiosas es, en frase de Pablo VI, “la pérdida o atenuación del sentido de Dios y de lo sagrado en los individuos y en la familia”. Por eso hay en España más vocaciones, porque el espíritu religioso individual y familiar es más intenso, independiente del nivel de vida, como se aprecia, por ejemplo, en Navarra, respecto a las demás regiones españolas.

    He comprobado en mis visitas a países extranjeros que la asistencia a misa y la confesión y comunión son muy reducidas y he oído de labios extranjeros admiración y alabanza al ver el número de comulgantes varones en España.

    Que aquí también gran parte de católicos no cumple con los preceptos religiosos. Cierto y lastimoso. Pero culpémonos, porque la desidia es nuestra característica ancestral, en los fieles y en nosotros mismos. Mas, lo mismo que nuestro patriotismo, nuestra fe permanece, aunque encenizada, y al agitarla da su fruto oportunamente. Hagámoslo.

    Observadores extranjeros no se cansan de señalar a España como la “gran reserva espiritual de Europa”, apoyándose en la gran moralidad del pueblo, en el bajo coeficiente de criminalidad juvenil, en lo raro de los suicidios, en la modalidad matrimonial, en la honestidad de la mujer, cuya virginidad es presea y flor lozana… ¿Y qué es todo esto, sino fruto de nuestro catolicismo, tal vez menos ilustrado, pero más práctico y efectivo que el de otros países que se nos quieren presentar como modelo a imitar?

    “Un árbol malo no puede dar frutos buenos, ni un árbol bueno dar frutos malos”. No soy enemigo apriorístico de los injertos; pero, cuidado, que si no se hacen por un buen agricultor pueden secar la planta injertada. Y hay ahora muchos aficionados irresponsables en el arte de injertar.

    Adrián PECES MARTÍN DE VIDALES

    Última edición por ALACRAN; 08/06/2023 a las 13:14
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: “¡Calla!... ¡Están hablando de Dios y de España!" (La mística de España)

    MISIÓN UNIVERSAL ESPAÑOLA


    Revista FUERZA NUEVA, nº 552, 6-Ago-1977

    MISIÓN UNIVERSAL ESPAÑOLA

    (…) Fuerzas ocultas y revoluciones humanistas

    La marcha de los episodios de la Historia se explican analizando atentamente la acción y la pugna entre las fuerzas ocultas que mueven a los hombres y a los pueblos en su andadura por la vida. A este respecto, desde la llamada reforma protestante, que fue el principio de la gran apostasía de Europa, desertando de su misión, la máxima influencia corresponde a las revoluciones humanistas; la religiosa de Lutero y Calvino; la político-religiosa de Enrique VIII de Inglaterra y otros príncipes europeos, y la filosófica, iniciada por Descartes. A las revoluciones y sistemas políticos subsiguientes, de tipo de burgués, hechos de mentiras, hipocresía y medias tintas (liberalismo escéptico, democracias y socialismo) sucedieron las revoluciones fascistas, última muestra, como decíamos, del imperialismo nacionalista, decadente ya, en la propia línea europea del humanismo, nunca oficialmente ateo, pero sí panteísta (en los fascismos) y anticristiana.

    El año 1945: los humanismos mundiales

    1945 marca el final de ese humanismo europeo, apóstata de Cristo y optativamente paralizador de su obra salvadora del mundo. El Concilio Vaticano II, en alguno de sus documentos pastorales, representa el empeño puesto por la “Iglesia ecumenista” en bautizar y sobrellevar los frutos malditos del humanismo. Esfuerzo inútil, porque sólo puede bautizarse y sobrenaturalizarse lo que sean naturaleza o cultura menesterosas de redención por Cristo (como eran el mundo y la cultura grecolatina, precristiana de la Antigüedad, pero ¡jamás! lo que es contranaturaleza rebelde y contrahistoria, renegadora de Dios, de su Revelación y de la obra redentora de Cristo.

    En 1945 surgen potentísimos los grandes humanismos mundiales hoy en liza: 1º) el humanismo paganizante occidental, bien simbolizado en el capitolio yanqui, que, por la democracia, aspira a una coexistencia de todas “las religiones” en pie de igualdad -como en el Panteón romano-, sintetizadas o sincretizadas en la religión masónica de la humanidad, o de la “luz”. 2º) El humanismo mesianista oriental del Kremlin, con sus mitos, de raíz judaica, del “pueblo salvador” y de una vida humana terrenal paradisiaca.

    Las fuerzas anticristianas

    Ambos humanismos constituyen la máxima representación actual (1977) de las dos grandes fuerzas con que tuvo que luchar y enfrentarse ya desde un principio el cristianismo en la Historia: hacia el Oriente, contra los viejos mitos fundados en verdades arcanas mal entendidas (Israel triunfalista y el islamismo), y en Occidente, contra la pugnaz mitología pagana europea -¡sólo rendida en España!- que mal-usó de la Luz recibida por Cristo, sin otro objeto que robársela a Dios para hacerse los hombres dueños de ella. No es un azar que la masonería se presente como poseedora y difusora de “la luz”; ni lo es tampoco que Marx (judío envenenado por Europa) adoptara férvidamente “la profesión de Prometeo”, el titán que, según la mitología, robo a Júpiter el fuego o la luz del cielo.

    España, fiel a su misión

    Tampoco es azar ni es mitología, sino gloriosa historia, que España fuera la única nación occidental que, por fidelidad a la misión recibida por medio de Santiago y San Pablo, se enfrentara heroicamente, varias veces, contra esas dos fuerzas anti-Cristo (que podrían simbolizarse propiamente con las bestias del Apocalipsis). Primero, frente al paganismo europeo: conversión de Recaredo y concilios toledanos. Luego, durante ocho siglos, frente al mesianismo oriental del Islam: Reconquista. Ante el humanismo paganizante de la modernidad europea, o contrahistoria en acción: por las guerras de religión frente a la apostasía protestante y el naciente imperialismo nacionalista. A la revolución humanista burguesa opuso la Guerra de la Independencia (antes la del Rosellón) y las Guerras Carlistas, en el siglo XIX, más la rebeldía generalizada de nuestro siglo XX contra el artilugio de las Constituciones con que ejercen su tiranía disgregadora, a base de pucherazos electorales, los partidos políticos, los caciques y las oligarquías.

    Y en fin: frente a las fuerzas confabuladas del imperialismo democratista (que en 1936 preparaban y ensayaban ya su gran guerra mundial), la revolución del 18 de julio, cuya trascendencia universal no han visto todavía nuestros minipolíticos, haciéndole competencia, en ineptitud y ceguera, a la despreciable secta anodina de periodistas, escritores y falsos intelectuales españoles, uncidos unos con los yugos del democratísimo internacional y otros estabulados en las granjas del capitalismo apátrida.

    Cómo puede deshacerse y rehacerse España

    Ahora ya podemos contestar a las primeras interrogaciones. Hombres insignificantes pueden llevar como en volandas a nuestro pueblo, sin más que domesticarlo al estilo democrático, previa una mentalización masiva que los medios actuales de propaganda y difusión hacen tan fácil, sobre todo si coadyuvan en la tarea el terrorismo desmoralizador, los chantajes mundiales, los secuestros, las coacciones más violentas, los fraudes más cínicos y las traiciones y perjurios más escandalosos. (...)

    Decíamos que para arrollarnos y destruirnos como nación histórica, basta que unos cuantos hombres insignificantes se pongan al servicio de las fuerzas ocultas del imperialismo democratista mundial, hoy en acción. En cambio, para que España siga su camino por la Historia, con dignidad, hacen falta hombres significativos, capaces de captar y movilizar esa fuerza oculta del pueblo español, siempre dispuesto a ponerla en acción cuando se le señalan, o se le recuerdan, las exigencias y las necesidades de su fe y de su misión universal. (…)

    Jaime MONTERO

    Última edición por ALACRAN; 23/06/2023 a las 13:18
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: “¡Calla!... ¡Están hablando de Dios y de España!" (La mística de España)

    "Europa y el rapto de España”


    Revista FUERZA NUEVA, nº 563, 22-Oct-1977

    Andrés Gambra: “Europa y el rapto de España”

    “La integración de España en Europa constituye una renuncia traidora a lo mejor del espíritu hispánico”, fue la idea fundamental de la disertación que, dentro del noveno ciclo de conferencias de FUERZA NUEVA pronunció el catedrático de Historia Andrés Gambra, el pasado jueves día 13, en nuestro salón de actos.

    Más tarde se extendió sobre la clara interpretación de lo que han significado y significan las relaciones de España con Europa, interpretando los acontecimientos históricos no como una sucesión de hechos inconexos, sino como un todo en el que se destacan los diferentes conceptos que del término Europa se pueden obtener. Considerando en un principio el término como lugar geográfico, el conferenciante pasó a describirlo según la utilización del término histórico restringido en el que se enmarcan la identificación de Europa con la Cristiandad, posición avalada por las fuentes históricas, y la consideración del continente como continuador y sucesor del Imperio Romano, “momento de esplendor para Europa en que todos los pueblos están unidos por el vínculo más fuerte que puede unir a los miembros de una comunidad: la misma fe”. Empleando la palabra Europa este sentido -prosigue Gambra- es evidente el paralelismo entre la historia de España y la del continente

    Como contrapunto a esto, señala el conferenciante el término histórico restringido que se utiliza para referirse a la civilización que surge cuando la Europa-Cristiandad se desmorona. Una Europa que se contrapone ala anterior. Es la época de la escisión espiritual” y del reformismo protestante de Lutero y de Calvino.

    Es en este momento cuando la Historia de España rompe con la de Europa. Dicho cambio le supone a nuestro continente duras pugnas: la Guerra de los Treinta Años, las guerras de religión de Francia con hugonotes y calvinistas. Pero nace, en fin, la “tolerancia”. Tolerancia que no acepta a España, que elige el camino de la Contrarreforma, de la Reforma interior si cabe: Reyes Católicos, Cisneros… Se extiende la cultura cristiana por todo el mundo. Es el Siglo de Oro, la conquista de América y su evangelización. Fue una tarea grandiosa, clave de nuestra Historia. Pero Europa no se puede resignar y frente a España se creó un frente común incluso con la alianza de turcos y mahometanos con Francisco I y la de Mazarino y Richelieu. De esta confrontación salió España exhausta, arruinada económicamente y también moralmente. Pero nos cabe el noble intento de hacer que la Cristiandad sobreviviera.

    A partir de esta derrota comienza un nuevo capítulo de nuestra Historia. Tras la crisis aumenta el número de los españoles que reniegan de ese pasado glorioso y surgen los “europeizantes”; los ilustrados del siglo de las luces, los afrancesados de la Guerra de la Independencia, los liberales del siglo XIX, y en sus escritos comienza el mito de la leyenda negra española. Todos estos intentos confluyen en la Institución Libre de Enseñanza, de la que surge una nueva teoría de la Historia de España, falseada y denigrada. A ello oponen la solución: “España debe europeizarse”.

    En la actualidad, esa crítica despiadada y negra de nuestra Historia se ha extendido a todos los ámbitos y se multiplica en obras que abordan el tema desde enfoques liberales o materialista-históricos.

    Pero, frente a ellos, lo más sano de nuestro pueblo, la España católica, se ha negado a esta renuncia y se opuso hasta en cuatro ocasiones a las nuevas corrientes: en la Guerra de la Independencia, las dos guerras carlistas y el alzamiento nacional del 18 de Julio.

    Andrés Gambra, que fue presentado por Javier Urcelay, terminó ofreciendo como solución a este intento de negación de nuestras propias esencias, la lucha constante y perenne contra estas ideas y el ánimo tenso para conseguirlo. (…)
    Última edición por ALACRAN; 12/12/2023 a las 13:05
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: “¡Calla!... ¡Están hablando de Dios y de España!" (La mística de España)

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    Última edición por ALACRAN; 29/02/2024 a las 13:06
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: “¡Calla!... ¡Están hablando de Dios y de España!" (La mística de España)

    “la palabra muda de nuestros mártires actualiza las razones permanentes de su sacrificio”



    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 106, 18-1-1969

    Santander conmemora el XXXII Aniversario del buque-prisión “Alfonso Pérez”

    “LA PALABRA MUDA DE NUESTROS MÁRTIRES ACTUALIZA LAS RAZONES PERMANENTES DE SU SACRIFICIO”

    Por Antonio de COSSÍO Y ESCALANTE, sacerdote

    El pasado día 27 de diciembre (1968) se conmemoró en Santander el XXXII aniversario del martirio por los rojos de los presos del barco-prisión “Alfonso Pérez”. En la cripta de la catedral se celebró un funeral, presidido por las autoridades provinciales, al que asistió gran cantidad de público. La homilía fue pronunciada por el obispo de la diócesis, monseñor Cirarda. A continuación se trasladaron los asistentes al lugar donde estuvo atracado el “Alfonso Pérez”, y allí se rezó un responso y se depositaron coronas. Los actos terminaron con el “Cara al Sol”. Es de destacar la asistencia cada vez mayor de sacerdotes de la diócesis de Santander a estos actos conmemorativos, que constituyen un recuerdo permanente de las atrocidades cometidas en la provincia durante el tiempo que estuvo sometida al poder rojo y que hacen incomprensible el que hoy, personas que aseguran pertenecer a organizaciones apostólicas colaboren en organizaciones subversivas, como las Comisiones Obreras, con los comunistas asesinos de católicos, seglares y sacerdotes. Por constituir una interesante glosa al significado de los actos, reproducimos a continuación la parte fundamental de la homilía preparada por el sacerdote don Antonio de Cossío y Escalante par el funeral antes citado, y que no fue pronunciada ante el deseo del señor obispo de rendir personalmente tal tributo a los mártires de la Cruzada.

    ***
    Estamos a distancia de un hecho, misterio de dolor y de gloria, en el que un nutrido grupo de ciudadanos y de sacerdotes fueron bárbaramente asesinados en las bodegas y sobre la cubierta del barco-prisión “Alfonso Pérez”.

    Estamos también a distancia de otro hecho, la institución de la Eucaristía, que estamos celebrando, misterio de dolor y de gloria, en el que la hora de las tinieblas se precipitó sobre Jesús y se resolvió en la victoria sobre el pecado y la muerte, la mañana quieta y translúcida del día de Resurrección.

    Estamos celebrando la memoria de dos hechos, de dos sacrificios, de dos calvarios y de dos victorias:el sacrificio de los caídos por Dios y por España y el resurgimiento de sus cenizas de la nueva España, y el Sacrificio de la Cruz, con la contrapartida de la apoteosis pascual.

    Estamos en esta doble celebración no sólo para recordar, sino para retrotraer y actualizar lo que fue, para que siga siendo como fue y de esta forma se perennice entre nosotros “vere, realiter et substancialiter”.

    El progresismo, contra la Eucaristía

    Dicen que los hechos históricos se clarifican y se equilibran en la perspectiva del tiempo. Pero no creo yo que sea el tiempo, sino el ojo que mira en el tiempo y a lo largo del tiempo los hechos históricos. Es Jesús quien habló que los ojos limpios clarificaban todo el ser y los ojos turbios lo inundaban de tinieblas.

    Ahí tenéis, hermanos, la suerte que le ha cabido a la institución de la Eucaristía. El Sacrificio de la Cruz está corriendo en la perspectiva de nuestro tiempo, que presume de atención y de sensibilidad a los signos de los tiempos, las más arbitrarias y caprichosas interpretaciones. Ahí tenéis cómo esa cabalgadura sin montura y a pelo, agarrada a la crin desmelenada del viento de la historia, ha sido capaz de hacer corrimientos alarmantes en la misma historia, con visuales filosóficas, teológicas y bíblicas de color subjetivista y de libre examen. Ved cómo esas perspectivas, disfrazadas con el velo de la desmitificación y de la vuelta a las fuentes, en vez de enquiciar, desquician; en vez de ceñir, aflojan; en vez de ajustar, pasan la rosca y cascan.

    Y así, las verdades más exactas, las más rotundas, los dogmas, son desquiciados y corridos de plano y, como el manantial y la fuente inicial se descomponen bellos y caprichosos surtidores domésticos que bañan y embellecen la estrecha parcela de cada estrecha razón, robando el caudal al magisterio autorizado y único de la Iglesia (…)

    La voz de los muertos

    Si por esta pendiente acelerada de la historia, cuya meta terminará siendo el nihilismo absoluto, se han echado a rodar tantas cosas sagradas, ¿qué suerte les ha podido caber en esas altiplanicies de perspectiva histórica a la muerte de unos patriotas cuyos huesos están aquí, en la guardia horizontal de su tumba, junto al altar de Dios?

    Si la Palabra de Dios nos dirige y nos acerca en cada misa a la actualización y perennización del Sacrificio de la Cruz, la palabra hoy muda de nuestros caídos nos actualiza los valores y las razones permanentes que motivaron la ofrenda de sus vidas.

    Si un día los hechos de los hombres fueron elevados por la Gracia, convirtiéndose en Palabra de Dios en la narración neotestamentaria de los Hechos de los Apóstoles, ¿no será hoy también una palabra divina en tono menor la palabra del silencio expresivo de los muertos que conmemoramos?

    Escuchemos su silencio y el silencio cómplice, porque nos interesa saber muy bien si las razones y los motivos de su ofrenda a la patria siguen siendo válidos o están sujetos también, como el Sacrificio de la Cruz, a la acción disolvente del tiempo y deben ser sometidos a revisión.

    Hoy que se lleva hasta el desfasamiento la sublimación de las realidades temporales y, en cierto sentido, han venido a ser como un invento de comunión laica, en la que se quiere dar al hombre aquellas piedras que el Señor rechazó en el desierto. Hoy en que, por otra parte, el coletazo arrasador del laicismo militante, con su bandera naturalista y desacralizadora, ha hecho presa en sectores no pequeños de personas y de instituciones eclesiásticas, hoy digo: ¿Se atreverá alguien a decir que los deberes para con la patria son algo neutro, una tierra de nadie? Si, ante la crítica corrosiva y demoledora que de un tiempo a esta parte se hace a la Iglesia Católica desde dentro de la Iglesia misma y con argumentos y sistemas importados de los seculares enemigos de la misma, Su Santidad Pablo VI ha recordado a los católicos que la Iglesia es su prójimo, su primer prójimo (¡su Madre!, hubiera añadido yo) ¿se atreverá alguien a negarme que la patria es nuestro prójimo, nuestro segundo prójimo?

    La voz penetrante de estos muertos, ¿no nos habla con acentos sublimes de que su patria, de que España, fue para ellos el prójimo, al que ellos entregaron alegremente su hacienda, sus amores, su vida? Si agudizamos el oído y nos volvemos a escucharles no pecamos de inmóviles, sino que reactivamos resortes sagrados que nos propulsan hacia una zona que no es neutra, que tiene algo desagrado, una vinculación con lo divino, una tangencia religiosa con lo trascendente que expresa en la voz íntima de la ley natural y que registra la conciencia de todo hombre.

    La Iglesia y la Patria

    ¿Ha querido Dios incidir en este asunto esclareciéndolo y urgiéndolo?

    Permitidme que para responderos no recurra a los textos clásicos sagrados, ni siquiera los Santos Padres, sino que lo haga en el nombre del Magisterio de la Iglesia, precisamente porque en estos momentos está tan intencionadamente ignorado y silenciado. Escuchad a León XIII en su encíclica “Sapientiae Christianae”: “Ahora bien, si por la ley de la naturaleza estamos obligados a amar especialmente y defender a la sociedad en que nacimos, de tal manera que todo buen ciudadano esté pronto para arrostrar hasta la misma muerte por la patria…”

    Prestad oídos a Pío XI en su encíclica “Divini Illius Magistri”: “Los católicos no hacen obra política de partidos, sino obra religiosa indispensable a su conciencia, y no pretenden ya separar a sus hijos del cuerpo ni del espíritu nacional, sino antes bien educarles en el modo más perfecto y más conducente a la prosperidad de la nación, puesto que el buen católico, precisamente en virtud de la doctrina católica, es, por lo mismo, el mejor ciudadano, amante de su patria y lealmente sometido a la autoridad civil constituida, en cualquier forma legítima de gobierno”.

    Sufrid con Pío XI, cuando le arrancan a la juventud alemana, en la encíclica “Mit brennender sorge”, decirles:“… que nadie ponga tropieza en el camino que debiera conducirla a la realización de una verdadera unidad nacional y fomentar un noble amor por la libertad y una inquebrantable devoción a la patria”.

    Sigamos más adelante y estremeceos, porque estas palabras parece que se dirigen hoy a nosotros. Ved como la energía de Pío XI se opone “al contraste querido y sistemáticamente exacerbado…”,“pero que les oculta la ventaja que proviene a la cultura occidental de la unión vital entre la Iglesia y nuestro pueblo…”

    Seguid con Pío XI en la encíclica “Ubi arcano”, previniendo: “…cómo la soberbia de la vida ha llevado a los partidos políticos a contiendas tan encarnizadas que no se detienen ni ante el crimen de lesa majestad ni ante el parricidio mismo de la patria”. Y añadir, en conceptos que no pronuncio por no hacerme largo, cómo el patriotismo puro es inspirador de grandes virtudes y heroísmos.

    Ved, por último, porque las citas serían interminables, cómo el Concilio Vaticano II, siguiendo la continuidad magisterial permanente de la Iglesia, en la Constitución “Gaudium et Spes” nos dice en lenguaje cortante y moderno: “Cultiven los ciudadanos con magnanimidad y lealtad el amor a la patria”.

    Héroes y mártires

    Oído muy sucintamente el magisterio de la Iglesia sobre la patria y los deberes ineludibles para con ella, ¿no queda centrado e iluminado ese compromiso temporal de estos colosales testigos de la patria? En otras palabras, ¿el testigo fiel de la patria derramando su sangre por ella no ejerce un sacerdocio que adentra, separa y ofrece esta sangre sobre el altar donde las realidades temporales se consagran?

    Si se acepta la ofrenda y se la lleva al altar es porque en el juicio del sacerdote, en ella se reúnen las condiciones de materia válida y lícita que la hacen susceptible de ser consagrada y elevada. ¿Estas vidas segadas son materia válida o materia rechazable? Hagamos dos consideraciones. Imaginemos que España es un altar, un altar exacto y concreto, hecho piedra a piedra por la historia, y en el que sabemos también por la historia que se han derramado muchas sangres. Cuando un español jura la bandera y la besa, besa ese altar que es España, como el sacerdote besa el altar del santuario. Pero cuando un español aprieta con sus labios y sus manos esa bandera roja y gualda, jura que derramará su sangre, si fuera preciso, hasta la última gota. Ese juramento no por su laconismo castrense pierde el alto voltaje espiritual de que va cargado. Desde ese momento cada español sabe que se ha convertido en víctima y en holocausto de la patria.

    Os decía que se han vertido muchas sangres sobre ese altar y, para bien o para mal, nuestra historia nos dice que ese altar de la patria ha estado siempre sobrecargado de generosas ofrendas. Pero voy a poner mi objeción de conciencia: ¿No hablaba Pío XI de que se debía educar en el espíritu nacional? ¿El espíritu nacional son muchos espíritus o es un único Espíritu que informa como el alma al cuerpo a todos los españoles?¿No es la patria precisamente la herencia de ese espíritu que se nos entrega de generación en generación y hace como la misma Iglesia que, sujeta a todos los avatares, es siempre y por encima de todo, a través del tiempo, igual así misma?¿No es esa herencia el talento que se nos entrega como quehacer temporal, cuyo enterramiento es sepultar la patria y cuyo cambio es venderla?

    El sentido de la patria

    Tres sangres se derramaron el Viernes Santo sobre el altar del Gólgota. Muchas sangres se vertieron sobre el altar de España cuando, el 27 de diciembre de 1936, derramaban la suya estos testigos de la patria.

    ¿Es el altar o son las intenciones de las víctimas que se entregan lo que distingue a los testigos auténticos de la patria y a los testigos falsos? La comunión con el espíritu nacional será, en definitiva, el criterio para declarar a un español fielo infiel a la patria. ¿O es que era lo mismo morir sobre el altar de España con blasfemias en los labios y gestos de reto, como el mal ladrón, Gestas, o con plegarias sublimes, como Jesús y Dimas, el buen ladrón?¿ O es que era lo mismo morir sobre el altar de España al grito “U.R.S.S.” o al grito jubiloso de “Arriba España”, o “Nosotros morimos pero España se salva”? ¿O es que era lo mismo morir por salvar o por no ceder el talento entregado y heredado que hacer una venta de la patria al extranjero?

    ¡Filosofía de España, metafísica de España, esencia y sustancia de la Patria, el ser y el no ser de España!...

    Ahí tenéis cómo he tratado de clarificaros que hay un “sensus patriae” que armoniza la patria y la construye, como hay un “sensus Ecclesiae” que la purifica y embellece. Porque no son los que se matan por la patria y por la Iglesia los que la salvan, sino los que las sirven como ellas quieren ser servidas y porque sobre la patria ha habido siempre sangres con las que se pudo celebrar una misa blanca o una misa negra.

    Por eso, porque sabemos de dónde vienen las palabras que amontonan la tierra para enterrar a ese Dios, de quien ya se dice que “ha muerto”, levantamos hoy la Hostia, que es el Dios, y le adoramos vivo; por eso mismo también levantamos la losa de la tumba de los caídos en el “Alfonso Pérez”, para que, en el santuario de la patria, el buen olor de sus cenizas sea como el incienso con que inmediatamente incensaremos el altar, y los pulmones de la patria se oxigenen, se limpien y se tonifiquen.

    Unidad de destino

    Cuando todos hemos escuchado entre nosotros estas o parecidas frases: “La empresa de edificar un plan de resurgimiento histórico es algo que puede realizarse sin apelar al signo católico de los españoles”, “Es una empresa que la Iglesia católica misma ni intenta, ni debe, ni se le permitirá emprender”, “España necesita patriotas que no la pongan apellidos”, “El patriotismo al calor de las iglesias se adultera, debilita y carcome”… es cuando nosotros nos metemos en la Iglesia, porque es la Iglesia, como hemos oído en su magisterio, quien nos ha hecho patriotas y universales; porque es la Iglesia la única que enseñó y pudo construir en el mundo la “Civitas”, la ciudad terrena, en las precisiones del derecho natural y positivo,y que es un anticipo terrestre de la Ciudad Celeste, que se eleva hasta la Gloria y queda rematada en la Patria Celestial.

    Esta es la razón por la que seguimos educando el espíritu nacional en recogimiento de nuestras iglesias, en la severidad entrañable del canto gregoriano, poniendo junto al altar los huesos de los caídos con el cuidado y el esmero con que en el canon romano, que ha pronunciado durante más de cuatrocientos años de Iglesia católica universal, se han adosado antes y después de la consagración, dos catálogos de testigos y amigos de Jesús, y tras nuestros tabernáculos la devoción popular colocó junto a Jesús, y como en permanente guardia sobre los retablos, a aquellos que en la vida y en el cielo le rodearon y de los que Él mismo quiso rodearse, y que cuajó y se remató en piedra en el expresivo pórtico de la Gloria, en tierra española, en Santiago de Compostela.

    El sentido nacional jamás se automutilará el apellido de católico, porque la pérdida del apellido será la pérdida del sentido nacional, y porque sólo con ese apellido y lo que significa se puede ser al mismo tiempo nacional y universal, como demuestra nuestra historia y genialmente definía aquel que captó como pocos el alma de España: “Unidad de destino en lo universal”.

    Ya estáis viendo cómo los pueblos que no tienen esa unidad de destino, hoy no son pueblos, sino mercados, y cómo sus habitantes no son hombres sino consumidores, y cómo las patrias ya son sólo países que han cambiado el alma por las ventajas y la funcionalidad que dobla el espinazo ante la última tentación, “todo esto te daré si, poniéndote de rodillas, me adoras”.

    Por eso es nuestro deber sacar del olvido y devolver al santuario de la patria a la ciencia española, arrumbada y sustituida, como el arte de muchas de nuestras iglesias, por el fetichismo idolátrico de un falso pensamiento español o importado de más allá de nuestras fronteras. Que esa ciencia española, que existe y está ahí y debe fomentarse en la mejor inversión de todos los planes de desarrollo, corra como una vena de agua transparente, como una gran arteria que riegue el cerebro de nuestra universalidad civil y eclesiástica, y corra por el cuerpo y los miembros de la patria para filtrarse y renovarse en el corazón de España, que es el pueblo. Ese corazón a quien tantas veces le faltó la cabeza, no porque no la hubiera, sino porque se la robaron.

    Así España podrá andar por sí misma, conocerse a sí misma, desarrollarse a sí misma, paseándose por el genio de sus propias ideas y sirviendo al mundo su propio genio.

    Antonio de COSSÍO Y ESCALANTE, sacerdote

    Última edición por ALACRAN; 29/02/2024 a las 13:08
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Sobre la unidad ibérica


    Revista FUERZA NUEVA, nº 113, 8-3-1969

    SOBRE LA UNIDAD IBÉRICA

    Existen valores humanos que están muy por encima del concepto de la política, verbigracia la Patria. Y existen valores eternos que están muy por encima de los conceptos humanos, por ejemplo el sentido ecuménico y cristiano de la vida, que envuelve el concepto de la Patria y abraza, en todos sus matices, los auténticos sentimientos de caridad y fraternidad universales.

    Vivimos unos momentos (1969) en los que los valores humanos tienden a la asociación, y en los que los valores eternos adquieren una feliz perspectiva ecuménica. El ideal de la Europa unida sustituye a la antañona rivalidad franco-prusiana, nada menos que en el espíritu de uno de los franceses más patriotas de todos los tiempos: De Gaulle. (…)

    Como un postulado biológico, todo tiende hacia la unión: tanto la vida sobrenatural como la simple vida natural, así lo entienden. A la vista de una mecánica histórica tan consumada como irrefutable, no comprendo, ni puedo comprender ese minifundio “taifista” que intenta minimizar la anatomía Ibérica, al abundar en posturas miopes y desangeladas que tienden -a contrafilo de la más actual y palpitante historia- a la dispersión de unos hombres unidos por vínculos de fe, por ataduras geográficas y por destinos históricos.

    No comprendo, a estas alturas, la anacrónica virulencia del morbo separatista. Mi concepto de la Patria es que, del mismo modo que un castellano debe castellanizar a Cataluña, un catalán debe catalanizar a Castilla. Y ambos, “iberizar” nuestro destino común en la herencia fraterna de América. Es la única respuesta que existe para nuestros intereses humanos, políticos y económicos.

    Soy un castellano -concretamente nacido en la provincia de Toledo- que se considera hijo espiritual de Cataluña. Ciertamente, admito que puedan existir factores centralistas que deban ser revisados y que, incluso, muchas estructuras deban ser modificadas en aras de una solidaria equidistancia común entre los sentimientos y los pensamientos de los pueblos y de los hombres de España. Pero el sublime concepto de la Patria común -que desde los Pirineos abraza a los Andes- está muy por encima, tanto de centralismos intransigentes como de nefastos separatismos. La Patria es la biología de la Historia. España, Iberia, forma un pueblo de muchos pueblos que posee un cuerpo perfectamente aglutinado. Atentar contra ese cuerpo, hoy, es atentar contra la España de las Españas en su inexorable destino ibérico.

    Preocupados por descubrir en un amanecer cualquiera la plateada luna de nuestras mitologías -convertida en prosa matemática- nos vamos olvidando de que España descubrió la poesía de la redondez cabal de la Tierra. De que España descubrió el cuerpo amado de nuestro mundo con un beso inmortal de nuevos mares, de nuevas tierras y de nuevos vientos. De que España completó el afán telúrico de la Humanidad. Nos olvidamos de una historia enamorada que supo llevar el mensaje de Jerusalén hasta los Andes y el Derecho Romano a toda una novísima forma de vida continental. No acabamos de darnos cuenta precisa de que la luz del edificio de las Naciones Unidas, en Nueva York, esa luz clara y diáfana ha sido iluminada por el pensamiento precursor del Derecho Internacional de nuestro padre Vitoria. América es un cálido parto de España; en cada verso americano late una sílaba española.

    Fue la semilla de una estirpe derramada sin racismos, con la mezcla de una sangre que, por modo de pensar, era cristiana e ibérica por manera de ser. Ahí, en la “tierra corporal” de América, están los surcos de nuestra progenie. Iberoamérica es un eterno Jerusalén en el que las sangres indias, negras y blancas han hecho, del cristianismo, una aplastante realidad humana, humanitaria y humanística. Sólo con Iberia, la historia ha sido biología. No vemos por ninguna parte la cicatriz de la herida de nuestros pregonados defectos. Esas maravillosas y exóticas actrices del cine mejicano no informan precisamente al mundo sobre la pureza de la raza aria…

    ¡Ahí está la gloria de Iberia! Se puede falsear el legado de la historia, pero no se puede falsear el testamento de la sangre. Nuestra sangre corre en las venas de los indios y clarifica la piel de los negros. Darse a sí mismo es el gesto más generoso de la humanidad.

    Los pueblos son unidades históricas. La Patria que se vive en la hermosura de la rosa –con ser la rosa muy bella y ser, además, más nuestra por inmediata- es un sentimiento rudimentario, primitivo, simplista. La Patria, siempre, en última instancia, se vive en el espíritu, como la supo vivir el catalán Bartrina.

    Patria es mucho, muchísimo más que el “hortet”… ¡es la dimensión espiritual de una unidad Ibérica, ubérrima de posibilidades en los continentes del mundo! No hemos de renunciar a esa gloriosa unidad Ibérica por el “hortet”, ¡hemos de universalizar el sentimiento del “hortet” dentro de ese amplio concierto ibérico! En una palabra: el catalán consciente debe catalanizar la unidad ibérica que, por todos los conceptos, ofrece un ancho pan, mientras que el “hortet” a duras penas ofrece la filigrana de un “dux veneciano” anacrónico, desfasado, ineficaz e indeciso.

    Cuando son tantas las Españas por unificar en el universo mundo -auténtico testamento espiritual y material de nuestra historia- me producen un alérgico estupor esos hombres que, con mentalidad de rincón introvertido y ensimismado, creen que la geografía es el nido de la historia, cuando realmente la historia ha sido es y será el vuelo universal -y muy pronto cósmico- de la geografía.

    Ricardo HORCAJADA
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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