Desde luego, y los hombres de 1812 no surgieron espontaneamente, esos lodos venían de otros polvos. La condena de 1812 tiene que valer para sus consecuencias pero también para las condiciones que lo hicieron posible.
Desde luego, y los hombres de 1812 no surgieron espontaneamente, esos lodos venían de otros polvos. La condena de 1812 tiene que valer para sus consecuencias pero también para las condiciones que lo hicieron posible.
Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.
Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI
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