Re: Las infantas portuguesas que reinaron en España
ISABEL DE PORTUGAL, La Emperatriz del Clavel ( I )
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Hacia 1500, Lisboa era la gran metrópoli que albergaba a una de las más fastuosas cortes del mundo. Manuel I de Portugal pudo considerarse, con razón, el rey más opulento de Occidente. Este rey, viudo de la infanta Isabel de Aragón y Castilla, se casó con su cuñada la infanta María, cuarta hija de los Reyes Católicos, en la villa portuguesa de Alcacer do Sal. María de Aragón era una mujer muy rubia, de tez blanca, ojos grandes, cara redonda y poco risueña, aunque este último aspecto se contrarrestaba por sus modales amables, discretos y siempre buscando agradar a los demás, demasiado alta para la media de la época, muy religiosa y de completa formación humanística.
Los reyes portugueses tuvieron diez hijos, de los cuales, la segunda sería la infanta Isabel, que nació en la madrugada del 25 de Octubre de 1503 en el palacio real de Lisboa. Fisicamente era descrita como alta, de cuerpo esbelto y caminar elegante, de piel blanca como el alabastro, grandes ojos garzos, cabello muy rubio y frondoso, rostro perfectamente ovalado, labios finos, nariz aguileña y manos finas con largos dedos. Su extraordinaria belleza causó gran admiración a propios y extraños, considerándola una de las mujeres más hermosas de su época. En cuanto a sus cualidades era mansa, honesta, callada, discreta y no entrometida, sencilla, amable, simpática, prudente, dulce, desprendida, muy inteligente, poseía fuerza interior y una voluntad firme.
En la prosperidad de la corte portuguesa, Isabel se educó bajo la tutela de su madre con severidad y sobriedad, como correspondía al estilo de su propia formación, pero a la vez recibió un gusto exquisito para vestirse y colocarse alhajas. La reina inculcó a su hija una piedad religiosa profunda, de oración y meditación cotidianas, y gran inclinación a los trabajos manuales como bordar, coser o hilar, siendo Isabel sumamente hábil en estas tareas. Como princesa renacentista que era, estudió las lenguas principales de su época y el latín, recibió lecciones de canto, baile y música, llegando a tocar con destreza varios instrumentos. Dedicaba gran parte de su tiempo a colaborar en los roperos para hacer los ornamentos de iglesias y conventos o cosiendo la ropa interior de los infantes y del rey Manuel, costumbre que heredó de su abuela la reina Isabel y de su madre. Tampoco descuidaba el ejercicio físico realizando habituales paseos, andando o a caballo.
Realizaba obras de caridad, humildad y sacrificio impropias de su edad, dejando en ocasiones boquiabierto a su tutor, el sacerdote don Alvaro Rodrígues, a quien años más tarde la futura emperatriz sabría agradecer su magisterio llamándole a la corte imperial para nombrarle decano de su real capilla. Leía libros de espiritualidad, realizaba frecuentes visitas al monasterio de San Jerónimo de Lisboa y repartía limosnas a los pobres en diferentes poblaciones. Cuando cumplió catorce años, su padre el rey le puso casa propia y le hizo merced y donación de lo que a Isabel le correspondía por herencia y la nombró señora de la ciudad de Viseo y de la villa de Torres Vedrás.
Cuando falleció la reina Maria, tras dar a luz a un infante en 1517, pasó Isabel a hacer las veces de madre con sus hermanos. En su largo testamento, escrito en castellano, la reina dejaba dinero para que se dieran cinco mil misas por su alma, se vistieran cincuenta pobres y se casaran varias huérfanas a su costa. Entre otras peticiones como la liberación de cautivos o el perdón de las deudas a sus criados, rogaba que sus hijas sólo se casaran con reyes o con un príncipe, de no ser así, prefería que se casaran con Dios.
Recién llegado Carlos V a España, en 1518 , envió el rey Manuel a su embajador Alvaro da Costa llevando como misión secreta el tratar su tercer matrimonio con la infanta Leonor de Austria, que estaba prometida al príncipe heredero Juan de Portugal, hijo del rey, y también se tanteó casar a la infanta Isabel con Carlos. Manuel I se había enamorado de Leonor nada más contemplar su retrato y el compromiso matrimonial de su propio hijo con ella fue anulado. Leonor tuvo que obedecer de nuevo a su hermano Carlos.
Un año después del fallecimiento de su madre, Isabel recibiría otro duro golpe: su padre se volvía a casar con Leonor de Austria. Esta boda fue una sorpresa para todos los vasallos portugueses y para la propia familia del rey. La noticia llevó a la desesperación al príncipe heredero, que se decía andaba ya muy enamorado de Leonor. La tensión tuvo que ser insoportable, pues el rey decide desterrar a su hijo de la corte, esperando que la distancia apaciguara su cólera. Sin duda, fueron tiempos difíciles para Isabel, en medio de la disputa entre padre e hijo.
A pesar de aquel mal comienzo, al poco de entrar en Portugal, la nueva reina Leonor se ganó el cariño del pueblo por su carácter afable, natural discreción y ánimo piadoso. Supo ser para sus hijastros, también otra madre que compartía con Isabel las preocupaciones y desvelos propios de su cuidado e Isabel se preocupó siempre de cuidar de que la nueva reina se encontrara a gusto. Fruto de este matrimonio nacerían dos hijos: Carlos, murió con apenas unos meses, y María. En 1521, Isabel despedía a su hermana Beatriz que se marchaba de Portugal para casarse con el duque Carlos III de Saboya.
El rey Manuel murió el 13 de diciembre de 1521, víctima de una peste bubónica. Parece que el soberano llamó en privado a su hijo y heredero Juan, poco antes de expirar, y le conminó a que trabajase todo lo posible para llevar adelante el matrimonio de su hija con el emperador. El moribundo rey estuvo asistido en todo momento por su esposa y por Isabel. Ambas se llevaban muy bien y eran afines en gustos y edades.
A la muerte del rey, Leonor e Isabel se apartaron del ruido cortesano y se aislaron en el palacio de la Ribeira, donde había fallecido Manuel I. Allí se dedicaron a su recuerdo y a la oración. Hasta tal punto fue así que apenas participarían en los festejos que siguieron al acto de juramento y proclamación del nuevo rey portugués. Ordenó éste que la hermosa comitiva que le acompañaba en los festejos con músicos, trompetas, chirimías y atabales, permanecieran en silencio al pasar ante el palacio real, para respetar el dolor de la viuda y de la hija, ausentes en las manifestaciones de aquella alegría. Parece que la reina viuda y la infanta se retiraron después a Xábregas y más tarde lo hicieron en las casas del duque de Braganza en Lisboa.
El pueblo presionaba a su joven rey para que se casara con su madrastra que contaba con la devoción de las masas, sin embargo, a Juan III le repugnaba la idea de casarse con la viuda de su propio padre. Leonor recibió la noticia de que Carlos V deseaba su vuelta y la de su hija María a España. Pero el rey y los nobles portugueses nunca permitieron salir del reino a la infanta María. Leonor solicitó permanecer en Portugal más tiempo para disfrutar de la presencia de su hija y, también, por la amistad que la unía a Isabel. De inmediato, el rey, Leonor e Isabel se trasladaron al palacio de caza de Almeirim, situado en los bosques del norte de Lisboa. Cuando regresa a España, Leonor deja con todo el dolor de su corazón a su pequeña hija en Portugal, de apenas un año de edad, al cuidado de la infanta Isabel.
En 1525 se hallaban reunidas las Cortes en Toledo y era uno de los temas a debatir el asunto del matrimonio del rey-emperador. Leonor de Austria defendió el proyecto de una doble alianza matrimonial con Portugal mediante los enlaces de su hermana Catalina con Juan III y de Carlos V con la bella Isabel. Las Cortes, que buscaban una mayor vinculación de Carlos con la Península, consideraron que el matrimonio con Isabel sería muy conveniente a nivel económico y político, también, por las cualidades morales y deslumbrante belleza de la infanta portuguesa, que la convertían en una candidata ideal para ocupar el trono imperial.
Aunque la diplomacia imperial había sopesado el matrimonio con la princesa inglesa María Tudor, era todavía una niña de diez años y se hubiera necesitado una espera dilatada. Por todo ello, Carlos V se convenció muy pronto de que Isabel de Portugal era la mujer que le convenía. Se envió desde Toledo a Lisboa como embajador a Don Juan de Zuñiga con el encargo de ultimar los preparativos para traerla a España. El 17 de Octubre de 1525 se firmaron las capitulaciones matrimoniales. El rey portugués otorgó a su hermana una fabulosa dote de 900.000 doblas de oro castellanas de 365 maravedíes la dobla.
Cuando llegó la dispensa papal que autorizaba el enlace entre parientes consanguineos, Isabel y Carlos eran primos, el 1 de noviembre de 1525 se celebraron las ceremonias de esponsales por poderes en el palacio de Almeirim. El señor de La Chaulx representaba al emperador en calidad de procurador. En uno de los salones del palacio, decorado con tapices de simbología religiosa y un sitial con riquísimo dosel de brocado, al anochecer, dio inicio la ceremonia. Actuó como maestro el capellán mayor del rey y obispo de Lamego, don Fernando de Meneses Coutinho y Vasconcelos, acompañado de toda la real capilla. Habló primero Isabel y a continuación lo hizo el procurador Charles de Pouper. Cuando el capellán dio su bendición, la nueva emperatriz se acercó a los reyes portugueses Juan y Catalina de Austria para besarles las manos, pero ambos no se lo permitieron. Después comenzó el besamanos oficial a los reyes, haciéndolo en primer lugar sus hermanos los infantes, que se acercaron por riguroso orden de edad. Más tarde lo hace el personal asistente al acto, que también besarán la mano de la emperatriz.
Concluida la ceremonia se organizó un brillante sarao. Isabel estaba sentada entre los reyes, pero participó activamente en la fiesta. Bailó con su cuñada Catalina, embarazada de su primer hijo, el rey bailó con doña Ana de Tavora y los infantes lo hicieron con damas del Palacio y de la Casa de la Reina, excluido el joven infante Alfonso, que llevaba a sus dieciseis años el hábito rojo cardenalicio. Dicen algunas fuentes que la fiesta concluyó a las dos de la madrugada. Y hasta es posible que se representara en estreno la obra de Gil Vicente Dom Duardos, que recogen algunas fuentes. Hubo de repetirse la ceremonia del enlace el 20 de enero de 1526 por insuficiencia de la dispensa llegada de Roma, teniendo que solicitarse una nueva dispensa. Ofició, como la primera vez, el capellán mayor del palacio. Es aquí cuando pudo representarse la tragicomedia de Gil Vicente, Templo del Apolo.
Fuentes:
M.Isabel Piqueras Villaldea, Carlos V y la Emperatriz Isabel . 2000 Editorial Actas, S.L
Fernando Gonzalez-Doria, Las Reinas de España. 1989 Editorial Bitácora.S.A
Antonio Villacorta, La Emperatriz Isabel. 2009 Editorial Actas S.Lhttp://elsiglodeoro.wordpress.com/2009/03/10/la-emperatriz-isabel-de-portugal-i/
http://www.altesses.eu/
http://mujeresdeleyenda.blogspot.com...z-del.html?m=1
Última edición por Michael; 10/09/2013 a las 08:04
La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.
Antonio Aparisi
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