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Tema: Mallorca y Puerto Rico

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    Mallorca y Puerto Rico

    Los Mallorquines: su Contribución al Desarrollo de Ciales *

    Por Francisco C. Vicéns



    En el 1956, mientras hacía el servicio militar en Francia con el ejército americano, tuve el privilegio de visitar a mis familiares en la isla de Mallorca durante una de las más felices vacaciones que haya pasado en mi vida. El conocer primos, tíos y otros parientes cercanos, tanto por parte de padre como de madre, visitar la antigua casa de piedra en Almallux donde se crió mi madre, el Santuario de Lluc, el pueblito de Sóller donde pasó su niñez mi padre, Palma, la Capital de Mallorca, Inca, Manacor, en fin, toda la isla fue una experiencia inolvidable.Las comidas mallorquinas, los lugares visitados, las personas, el idioma, todo me era ligeramente familiar, aunque al mismo tiempo nuevo e interesante.


    Cuando nos criábamos en Cordillera era lo más natural del mundo oir a nuestros padres hablando en mallorquín y escuchar infinidad de relatos sobre la vida y costumbres de Mallorca Se nos enseñaba a amar y a admirar la pequeña patria lejana sin menospreciar la nuestra. Todo lo mallorquín era una parte integral de nuestras vidas, lo que aceptábamos como niños al fin, sin percatarnos entonces de la importancia, tanto personal como cultural que esto tenía. Al pasar los años, cuando ya las canciones de cuna en mallorquín se nos han olvidado, vamos cobrando conciencia de lo que significó la cultura mallorquina, no sólo en nuestras vidas particulares, sino también en nuestra historia como pueblo. Comprendemos ahora que aunque somos descendientes directos de ese antiguo pueblo y llevamos en la sangre el ser mallorquines, somos primero que nada, puertorriqueños: otro pueblo y otra cultura distinta. Cultura sumamente joven la nuestra, apenas cinco siglos si contamos a partir del descubrimiento, comparada con cuarenta siglos que tienen a su haber los mallorquines, pero cultura propia y definida que no será fácilmente asimilada y destruida como pretenden algunos.




    Hablemos un poco de Mallorca y del carácter de sus habitantes antes de pasar revista sobre los nombres y apellidos de mallorquines en Ciales. Mallorca es una isla de 3640 km cuadrados al este de España, en el Mar Mediterráneo. Es la mayor de la Baleares, aproximadamente una tercera parte del tamaño de Puerto Rico. Las otras islas principales del archipielago son Menorca, Ibiza y Formentera. El nombre “Balear” según algunos historiadores viene del griego “Balleo”, lanzar, con referencia a la habilidad de los antiguos baleáricos para tirar piedras con hondas. Estas eran usadas lo mismo para cazar conejos como para defenderse de los múltiples invasores que sufrieron a través de la historia.


    La ubicación de Mallorca y de las otras baleares, las ha convertido en lugar de paso o asiento permanente de diferentes culturas durante sus cerca de cuatro mil años de historia: fenicios, griegos, cartagineses, romanos, vándalos, judíos y finalmente, moros, dejaron una huella imborrable en Mallorca. El Rey Jaime I de Aragón invadió a Mallorca en el 1229 para liberarla de los moros, dejando allí un reinado que duró hasta el 1349 cuando pasó a ser una dependencia de la Corona de Aragón, fortaleciéndose así una infinidad cultural y política con Cataluña en la península.


    El idioma mallorquín es muy parecido al catalán y al francés. Tiene sin embargo, una vasta literatura por lo que se le considera técnicamente un idioma y no un dialecto. Los mallorquines son sumamente regionalistas y orgullosos de su historia y de su raza. Acostumbrados durante siglos a una supervivencia dura, son trabajadores, frugales y metódicos. Gustan mucho de la vida familiar, de los bailes, la música y la alegría. Se parecen a nosotros en lo bulliciosos. Dejemos que una mallorquina nos describa el carácter de sus compatriotas.


    Esperanza Mayol, en su autobiografía titulada Isla dice:



    El mallorquín, en Puerto Rico equivale a decir sollerense, es una persona frugal y laboriosa, de gran inteligencia natural y de una persistencia enorme en sus propósitos. Es de naturaleza noble y servicial, aunque no es la generosidad su mayor virtud. Es básica-mente religioso, pero no muy devoto. A veces es muy reservado y en sus fueros internos un poco idealista y quijotesco. Es pasivo y paciente, pero si se le trata de engañar o humillar, se torna explosivo e iracundo y hay que tomarle temor, pero prontamente vuelve a su mansedumbre, porque no es rencoroso. Es ingenioso, progresista y despierto, aunque a veces no actúa siguiendo los dictámenes de la reflexión. En ocasiones da dema-siado interés al aspecto material de la vida y entonces se torna un poco egoísta. Es franco y sincero y posee una socarrona llaneza y una sutil ironía. Cultiva el ahorro y tiene una gran facilidad para adaptarse a los cambios de la fortuna.


    Actualmente Mallorca es un paraíso turístico donde van a disfrutar de sus playas y su sol visitantes de todo el mundo especialmente de los paises más fríos de Europa y América. Es conocida por el sobrenombre de “Isla de la Calma” por su ambiente de paso lento, sosegado. Los mallorquines han elevado el turismo a nivel de arte ya que representa su mayor fuente de ingresos, aunque son magníficos pescadores, comerciantes, agricultores, artesanos y orfebres. Los puertorriqueños que nos hemos acostumbrado en los últimos años a gastar dinero a manos llenas, mayormente a crédito, deberíamos aprender de los mallorquines. Su pequeña isla, que no disfruta de ayudas gubernamentales como nosotros, se sostiene a base de trabajo duro, ingenio, frugalidad y ahorro.




    En el siglo pasado los mallorquines prácticamente controlaban la economía de Ciales. Esperanza Mayol, quien en su autobiografía nos ofrece infinidad de detalles sobre la vida de los mallorquines emigrantes que se establecieron en el area de Arecibo, dice que la invasión americana trajo consigo la devaluación de la moneda en un cuarenta porciento, las partidas sediciosas y los ciclones, especialmente San Ciriaco, arruinaron las fincas de café dejando a muchos dueños de haciendas en muy mala situación económica. Por esta razón muchos mallorquines regresaron a su patria, aunque otros se quedaron a vivir en los pueblos de la zona cafetalera y continuaron luchando con el tesón de siempre, adaptándose a al nuevo régimen.


    En el libro La Formación del Pueblo Puertorriqueño de Estela Cifre, se indica que había 884 mallorquines residentes en Puerto Rico en el siglo pasado, de los cuales 841 eran hombres y 43 eran mujeres. Según el citado libro, había en Ciales ocho mallorquines durante el siglo XIX, sin embargo, como veremos más adelante, hace cincuenta años había en Ciales muchos más. Entre los nombres y apellidos más conocidos están los siguientes: Juan Alberti, Gabriel Ferrer, Miguel Pastor, Antonio Vicéns Bernat, Lorenzo Joy, Pedro Mayol, Miguel Serra, Juan Vicéns Bernat, los hermanos José y Antonio Colom, José Colom Joy, Gabriel Garau, Juan Reynes, Jaime y Jorge Ferrer, José Vicens Arbona, Cristóbal Vicéns Bernat, Miguel Sureda, Juan Casellas, Antonio y Rosa Arbona, Catalina Arbona Fiol, José Nayol, Cristóbal Frau, Agustín Lopategui, María Mayol Bernat, Bernardo Soler, Jaime Pons, Alfonso Castañer Jose Marqués Ripoll, Bernardo Soler Vicéns, Guillermo Martorelí, Bernado Oliver, Jose Vicéns Magraner y Miguel Joy.


    Había un doctor llamado Buenaventura Rupert que también era mallorquín. Hay otros apellidos en Ciales que también descienden de mallorquines, entre estos están: Amengual, Aulet, Ballester, Bennazar, Bibiloni Campos, Carbonell, Casanova, Corretjer, Crespí, Cosme, Dellá o Deyá, Domenech, Durán, Ferrá, Figuerola, Forteza, Fullana, Oliver, Padró, Palmer, Picó, Perelló, Relles o Reyes, Román y Sastre. Estos mallorquines y otros que puedan haberse escapado al recuerdo de las personas que nos proveyeron los datos, en su mayoría, se dedicaron a la agricultura y el comercio. Desarrollaron fincas y haciendas que dieron empuje a la economía de Ciales, junto a otras colonias de peninsulares de distintas partes de España.


    Los mallorquines se reunían socialmente y trataban de mantener el idioma y las costumbres de su tierra, la música y los platos típicos, tal como hacemos los puertorriqueños que recordamos lo que somos cuando estamos lejos de la patria. Como lo hacían en Mallorca, criaban cerdos y hacían matanzas dos veces al año para preparar manteca, embutidos y sobreasada y criaban conejos y palomas para complementar la dieta. También tenían un horno de ladrillos para preparar pan, galletas, dulces y cocas. Algunas veces el horno se explotaba comercialmente. Tampoco faltaban los apiarios para cosechar miel de abejas.


    En el barrio Cialitos, aún se conserva en funcionamiento la Hacienda de Pepito Colom, hijo de un mallorquín. La Hacienda de Pepito y la historia de las haciendas de café de Ciales merecerán un artículo separado en una edición futura de CIALES: AYER Y HOY.




    Muchos de los descendientes directos de mallorquines que quedamos en Ciales todavía conservamos las relaciones con nuestros parientes en Mallorca y son ocasionales los viajes y las visitas mutuas cuando las circusntancias económicas lo permiten. Las recetas de platos mallorquines típicos, especialmente cocas, empanadas, enseimadas, pan, butifarrones, sobreasadas sopas de pan y guisado de conejo aún se conservan entre nosotros.


    En la actualidad, sólo quedan tres mallorquines auténticos en Ciales, que sepamos. En el Barrio Cordillera vive la madre del autor de este artículo, doña Catalina Arbona Fiol, Vda. de Jose A. Vicéns Álvarez. Doña Catalina nació en el pueblo Inca aunque vivió su juventud en una finca llamada Aulalluc. Vino a Ciales en el 1920 al casarse con don José Antonio Vicéns, hijo también de un mallorquín, Juan Vicéns Bernat. Tuvo nueve hijos. A pesar de sus 84 años aún se conserva saludable y fuerte. Tiene muy buena mano para cultivar perejil, ingredientes indispensables para las cocas mallorquinas, las que hacemos con frecuencia.


    En el sector la Línea del barrio Pesa-Jaguas vive don José Marqués Ripol con su esposa doña Mercedes quien es puertorriqueña. Tuvieron dos hijos. Don Pepe es natural del pueblo de Sóller, Mallorca y vino a Arecibo en el 1913. En el 1923 vino a Ciales donde ha vivido hasta ahora dedicándose siempre a la agricultura. Todavía, a pesar de sus años, se conserva fuerte y animoso y cultiva hortalizas en en un pequeño huerto casero como siempre lo han hecho los mallorquines.


    En el barrio Pesas, vive doña María Mayol Bernat, viuda de don Pedrito Mayol. Nació en Biniarix, Sóller y vino a Ciales en el 1926. Se casó con don Pedrito Mayol (Q.E.P.D) puertorriqueño de descendencia mallorquina. No tuvieron hijos. Doña María está planeando volver a su querida Mallorca donde tiene una casa y familiares.


    Deseamos pues, rendir homenaje en este número de CIALES: AYER y HOY a los mallorquines, quienes dejaron su huella indeleble en nuestra cultura y nuestra historia contribuyendo así al desarrollo de nuestro pueblo.


    Los Mallorquines
    Ordóñez y PARPAL dieron el Víctor.
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

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    Re: Mallorca y Puerto Rico

    Centro Balear de Puerto Rico


    Hacia atrás




    Los baleares en Puerto Rico formaban una comunidad muy unida, a finales del siglo XIX y a principios del XX, se reunían cada año en Ciales para orar a la Virgen de Lluc y compartir socialmente. Este era su encuentro principal antes del 1932, cuando se organizó el primer Círculo Mallorquín, que estuvo muy activo hasta 1952. Posteriormente se realizaron actividades ocasionales. Más tarde, en el 1977 se reactivó la organización con el nombre de Círculo Mallorquín, presidida entonces por Don Frank Ballester. En el 2004 se le llamó Casa Balear de Puerto Rico.


    El propósito principal de la Casa Balear de Puerto Rico es realizar actividades que ayuden a los baleares y a sus descendientes a conservar las costumbres, valores y cultura de los antepasados. La inmigración baleárica comenzó a partir del año 1830, teniendo su auge a finales del siglo XIX. Se calcula que llegaron a Puerto Rico entre 3,500 a 4,000 baleares. Es uno de los países de Hispanoamérica que más descendientes de baleares tiene. Existe constancia de una sola familia que tiene más de 1,000 descendientes. La Casa Balear de Puerto Rico desea dar a conocer y resaltar el rol fundamental de los baleares en la economía, cultura, historia y política de Puerto Rico.

    Centro Balear de Puerto Rico on Balear Exterior
    PARPAL dio el Víctor.
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

  3. #3
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    Re: Mallorca y Puerto Rico

    Los Alomar: Una familia mallorquina en Santa Isabel


    Los mallorquines tuvieron una presencia viva en la vida de este pueblo durante todo el Siglo XIX. En el censo de 1898 en la lista de haciendas existentes, además de la hacienda Santa Isabel, se menciona a la hacienda «La Mallorquina» perteneciente a Don Juan Cortada.
    Los mallorquines, particularmente, la familia Alomar, eran grandes luchadores y con una cultura de trabajo fuerte que los llevó a colocarse entre los principales hacendados del pueblo durante todo el Siglo XIX.
    En ese siglo se abrieron las puertas a extranjeros para que la economía de Puerto Rico se pudiera fortalecer. A Santa Isabel llegaron italianos, franceses, alemanes, ingleses y mallorquines.
    La historiadora, Estela Cifre, indica que en el Siglo XIX había 884 mallorquines residentes en Puerto Rico de los cuales 841 eran hombres y 43 eran mujeres.




    A finales de siglo, con la crisis de la industria azucarera, la invasión norteamericana y, por último, el huracán San Ciriaco de 1899, muchos terratenientes en Puerto Rico enfrentaron una crisis grave. Algunos mallorquines regresaron a Mallorca y otros se mudaron a pueblos cafeteros de la isla.
    En la lista de Cifre se incluyeron varios mallorquines que vivían en Santa Isabel, entre ellos, la familia Alomar que hicieron de la Hacienda Santa Isabel una de las principales del pueblo.
    La familia Alomar llegó a ser una de las que poseía el mayor número de esclavos y terrenos en Santa Isabel. Con el tiempo los hijos de los esclavos y los libertos llevaron también el apellido Alomar. Para el censo de 1910 ya había en este pueblo más personas mulatas con el apellido Alomar que blancos usando este apellido. Lo mismo sucedió con los apellidos de los dueños de esclavos: Anés, Capó, Cabrera, Famanía, Márquez y otros.




    Según información que me proveyó desde España el especialista en numismática, Jaume Boada Salom, en la investigación que realizó en Mallorca sobre esta familia, encontró que José Alomar y Burgos nació en el 1806 y a los 27 años se casó en la Catedral de Palma de Mallorca con María Gertudris y Bennassar Famanía (23 de junio de 1833). Tuvieron cinco hijos: dos que nacieron en Mallorca; José Rafael que nació en noviembre del mismo año y fue bautizado en la Iglesia Sant Nicolau, y Juan (1839). En Puerto Rico tuvieron tres hijos: Francisco (1846), Gaspar (1848) y Pedro (1850).
    De acuerdo a Francisco Alomar, descendiente de la familia Alomar y residente en España, la historia de cómo llegó esta familia a Santa Isabel fue así. Don Juan Famanía (antes Femenía) era el propietario de la Hacienda La Unión, en Santa Isabel. Al morir éste, su hijo



    Francisco Famanía (uno de los fundadores de Santa Isabel y también alcalde) no quiso seguir la tradición familiar y todos los ojos se dirigieron al yerno, Don José Alomar y Burgos que estaba casado con Doña Gertrudis Famanía y vivían en Palma de Mallorca.
    Don José le pidió a su hermano, Don Gaspar Alomar, que estaba enrolado en la Marina Real, que aprovechara un viaje que estaba haciendo a Cuba y llegara a Santa Isabel a través de Ponce, Puerto Rico, para ver la propiedad de Don Juan Famanía. Cuando Don Gaspar llegó quedó prendado de ella. Aproximadamente para el 1839 se embarcaban hacia Puerto Rico Don José, Doña Gertrudis (embarazada), con dos hijos, y Don Gaspar.


    Don Gaspar Alomar
    En 1842 Don Gaspar Alomar, que posteriormente se menciona como el administrador de la Hacienda Santa Isabel, fue uno de los que solicitó la fundación del pueblo de Santa Isabel.
    Aparentemente para esa época los terrenos de la Hacienda la Unión no estaban a nombre de los hermanos Alomar. El 7 de junio de 1842, cuando se hicieron las mensuras que ordenaba el gobierno la familia Alomar no apareció en la lista de los terratenientes que existían en el pueblo, pero sí estaba Don Francisco Famanía.
    Es interesante observar que en Palma de Mallorca se adora a Santa Isabel de Hungría y existe allí un famoso convento con ese nombre, que Don Gaspar Alomar y Don Francisco Famanía fueron parte del grupo de líderes que fundó el pueblo de Santa Isabel y que la hacienda de esta familia mallorquina se llamó posteriormente Hacienda Santa Isabel.
    Don Gaspar fue también alcalde del pueblo en 1849. En el 1852 se realizó un reparto de subsidio agrícola e industrial en Puerto Rico. En el informe sobre este pueblo aparece la Hacienda Santa Isabel como la más grande con un capital de 24,856 (AGPR, Legajo 998, Gobernadores, Caja 582)
    El 13 de marzo de 1853 el Gobernador de Puerto Rico exoneró a Don Gaspar Alomar de su cargo en el muncipio que ya no podía ejercer por sus ocupaciones.


    Don José Alomar
    El 2 de julio de 1853 Don José Alomar se unió a Don Pedro Juan Capó, dueño de la Hacienda Destino para exigir el cumplimiento de un permiso otorgado a una solicitud controversial para usar las aguas del río Coamo desde el sector “el güamá” para regar sus tierras. Varios terratenientes, entre ellos, Don Antonio Vélez que vivían en la orilla del río se opusieron creando una controversia en la cual tuvo que intervenir el gobierno.
    Don José Alomar era una persona laboriosa que no se dejaba vencer por las dificultades. Por eso, cuando en el 1855-1856, el cólera acabó con sus esclavos (responsables de la producción de azúcar parda y el melao) se fue a Ponce en 1859 y le compró 47 de los 57 esclavos a la Hacienda Buena Vista de Ponce de la familia Vives. Pagó 760 pesos por cada esclavo, o sea 65 pesos más de su precio en el mercado) pagando un total de 36,000 pesos. Como era costumbre, Alomar renunciaba al privilegio de las Indias o sea que los Vives le podían ejecutar su hacienda si faltaba algún pago. El privilegio de la ley de las Indias, número cinco, titulado “Primer libro del código de las Indias”, desde el 1834 protegía a los dueños de haciendas contra el embargo de sus tierras por sus acreedores en caso de que no pagaran sus deudas. Para la Hacienda Buena Vista fue el año de más ganancias y para la Hacienda Santa Isabel fue un acto de sobrevivencia.
    Al momento de la compra de estos esclavos, Don José poseía: 800 cuerdas de terreno plantadas en caña y monte, cuarenta esclavos, un edificio de concreto para el evaporador de azúcar, casa de pailas y mampostería.
    En el censo de Puerto Rico, en el 1860, Don José Alomar tenía 54 años y Doña Gertrudis 45; José R, 24; Juan 21; Francisco, 14; Gaspar 12 y Pedro 10.
    En 1870 Don Gaspar se destacó como uno de los principales contribuyentes para la construcción del templo de la Iglesia Católica que tardó 29 años.


    En el año 1882 en la Feria de Exposición en Ponce la Hacienda Santa Isabel ganó medalla de oro por las muestras bien elaboradas de azúcar moscabada (parda) en las clases selectas para el consumo, para el refino y la exportación.
    En el año 1895, cuando la industria de la caña de azúcar estaba en crisis, se celebra otra Feria de Exposición en Ponce y la Hacienda Santa Isabel ganó una medalla de plata. Alejandro Infiesta dijo en el libro publicado con la memoria de esta feria:
    “…aunque estas fincas no cuentan con el tacho al vacío, son blancos, muy agradables, y de fácil colocación en Europa. En Barcelona alcanzaron medalla de oro, y a nuestro juicio muy merecido, pues como azúcares mascabados no tienen rival en ninguna parte. En los centrifugados, ni por su color, ni por el grado de dulce, creemos que pueda presentar Cuba, en su clase, tipos mejores; y creemos, que para satisfacer el capricho de algunos mercados, podrían nuestros industriales moldearlos y presentarlos en pilones”.
    ¿Cómo eran los mallorquines?
    Esperanza Mayol, en su autobiografía titulada “Isla” dice:


    El mallorquín en Puerto Rico equivale a decir sollerense, es una persona frugal y laboriosa, de gran inteligencia natural y de una persistencia enorme en sus propósitos. Es de naturaleza noble y servicial, aunque no es la generosidad su mayor virtud. Es básicamente religioso, pero no muy devoto. A veces es muy reservado y en sus fueros internos un poco idealista y quijotesco. Es pasivo y paciente, pero si se le trata de engañar o humillar, se torna explosivo e iracundo y hay que tomarle temor, pero prontamente vuelve a su mansedumbre, porque no es rencoroso.
    Es ingenioso, progresista y despierto, aunque a veces no actúa siguiendo los dictámenes de la reflexión. En ocasiones da demasiado interés al aspecto material de la vida y entonces se torna un poco egoísta. Es franco y sincero y posee una socarrona llaneza y una sutil ironía. Cultiva el ahorro y tiene una gran facilidad para adaptarse a los cambios de la fortuna”.
    Ese espíritu de no dejarse vencer por los obstáculos es característico de los mallorquines. Según Francisco C. Vicens, descendiente de mallorquines cialeños, los mallorquines desarrollaron un espíritu de trabajo fuerte porque durante muchos siglos tuvieron que sufrir invasiones y dificultades en su patria. Él los describe como frugales, metódicos y alegres. También los mallorquines se caracterizan por ser regionalistas y orgullosos de su historia y su raza y les gusta la vida familiar, la música y los bailes. Posiblemente por eso la Hacienda Santa Isabel fue uno de los más populares centros del baile de bomba de los esclavos y luego de los libertos y jornaleros de este pueblo hasta las primeras décadas del Siglo XX.


    ¿Cómo es Mallorca?
    Es una isla turística de 3640 km cuadrados al este de España, en el Mar Mediterráneo. Conocida por el sobrenombre de “Isla de la Calma” es la mayor de las Baleares, aproximadamente una tercera parte del tamaño de Puerto Rico. El nombre “Balear”, según algunos historiadores, viene del griego “Balleo”, lanzar. Los mallorquines son magníficos pescadores, comerciantes, agricultores, artesanos, orfebres y han hecho del turismo una gran industria. El idioma que se habla allí es el mallorquín, una variante del catalán que es idioma oficial de las Islas Baleares según lo establece el Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares.
    Fuentes:
    Cifré Estela, La Formación del Pueblo Puertorriqueño
    Boada Salom Jaume, Numismática balear d’Ultramar (III): la hisenda dels Alomar
    Estela Cifre dice que José R. Alomar vivía en Santa Isabel en 1863 y tenía 26 años. Aparentemente esta información está equivocada porque no coincide con el acta de bautismo que encontró en Mallorca el especialista en numismástica Jaume Boada Salom. Ver Numismática balear d’Ultramar (III): la hisenda dels Alomar
    Mayol Esperanza, Isla
    Vicéns Francisco C. , Los Mallorquines: su Contribución al Desarrollo de Ciales
    Molina Julio, Santa Isabel: notas para su historia, (1986) 81 y 82
    Francisco Alomar, Madrid, España
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    Antonio Aparisi

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    Re: Mallorca y Puerto Rico

    La Mallorquina, un delicioso viaje al pasado.


    image.jpg
    Fundado en el 1848 y operado como un negocio de familia desde 1926, La Mallorquina es probablemente el restaurante más antiguo de América que ha operado ininterrumpidamente en el mismo lugar.


    Un libro repleto de mensajes y autógrafos de clientes frecuentes y personajes mundialmente famosos que han visitado el restaurante, relata la consistencia y la alta calidad de la comida y el servicio impecable por más de ocho décadas. Un vistazo por el salón comedor muestra peculiares objetos de siglos pasados--un reloj de pared del 1860, el piso de mármol, las vasijas checas traídas en el 1810 y los enormes espejos de barroco del siglo XVIII --- todos testigos de los añorables viejos tiempos.


    El tradicional menú de La Mallorquina especializado en la gastronomía puertorriqueña aún conserva la mayoría de los platos que ofrecían en la carta original del restaurante en la década del 1920, cuando la familia Rojo adquirió el negocio. Deliciosas alternativas incluyendo arañitas de plátano rayado con ajo y gazpacho andaluz (sopa fría) son excelentes aperitivos. Una variedad de asopaos y platos a base de arroz, como el arroz con camarones fritos en aceite de oliva, encabezan la lista de platos principales. Mariscos frescos, carnes y aves componen el resto del variado menú, con apetitosas selecciones como surtido de mariscos a la criolla, filete de res encebollado y fricasé de pollo al jerez.


    En el lado dulce, los irresistibles postres hechos en casa, como el flan de vainilla y el pudín de pan y frutas, acompañados del café de Puerto Rico recién colado son el complemento perfecto para una entretenida sobremesa.


    Localizado en la calle San Justo 207 en el Viejo San Juan, La Mallorquina está abierto para almuerzo y cena de lunes a sábado desde las 11:45 a.m. hasta las 10:00p.m. (El restaurante permanecerá cerrado durante el mes de septiembre por vacaciones.)


    De Puerto Rico Pal Mundo: La Mallorquina, un delicioso viaje al pasado.
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    Antonio Aparisi

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    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    También hay descendientes de Menorquines.

    Nunca debimos perder Puerto Rico,

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