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Tema: Bajada cuatrienal de la virgen de los reyes. Isla de el hierro

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    Bajada cuatrienal de la virgen de los reyes. Isla de el hierro

    BAJADA CUATRIENAL DE LA VIRGEN DE LOS REYES,
    PATRONA DE LA ISLA DE EL HIERRO.
    “por ver a la Madre amada, no siento la caminada”
    José Guillermo Rodríguez Escudero

    “…Quizá sea ese sentimiento indescifrable, inexplicable, que propios y extraños compartimos cada cuatro años, lo que ha hecho que esta celebración, una fiesta emblemática, intensísima, reconocida incluso allende los mares y las fronteras, a pesar de ser El Hierro una isla tan pequeña, minúscula incluso si se compara con el tamaño inmenso del mundo. Fero, Hero, Hierro o Aprositus la Inaccesible, como se ha llamado, según las sucesivas nomenclaturas de los antiguos, a nuestra querida isla, se prepara, una vez más y ya dentro de este siglo XXI, para volver a esparcir esa magia que destilan sus esencias, sus parajes y paisajes, ese sentimiento inextricable demasiado difícil de expresar y apresar con palabras…”
    José Manuel Álamo González

    El mayor acontecimiento que se produce en la Isla de El Hierro –la más suroccidental y menor de las Islas Canarias- es la Bajada de la Virgen de los Reyes, su flamante Patrona. Una multitudinaria romería a la que asisten miles de canarios llegados de cualquier parte del Archipiélago. Cada vez son más los foráneos que, seducidos por esta original forma de veneración, acuden a la Isla para celebrar con gran devoción o gran curiosidad –o ambas- esta efeméride tan importante para el Pueblo Herreño. Se trata de una singular procesión que se celebra cada cuatro años. En ésta, se traslada a la venerada imagen de la Patrona Insular desde su recóndito santuario de La Dehesa hasta la capital, la Villa de Valverde.

    LA ERMITA DE LA DEHESA

    La Dehesa es una tierra de míticos pastores y quesos artesanales. Un lugar remoto, de soledades dormidas, pero con olor de leyenda, donde parece parado el reloj del tiempo. Una zona despoblada que constituye la parte más occidental de la Isla del Meridiano, llamada así porque pasaba el meridiano de Ptolomeo y Luis XIII. En su extremo se encuentra El Sabinal, donde se encuentran las torcidas sabinas milenarias, que nos ofrece sin la menor duda cuál es el efecto del viento en la zona. La actividad económica más importante que aquí se encuentra es el pastoreo, que está sometido a la explotación comunal. Dominan esta región la soledad, el misterio, el cielo y el mar. En una zona deshabitada se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Los Reyes, flamante patrona de la Isla.

    La blanca Ermita, con su campana quieta y dulce, nada entre el verde paisaje con tabaibas, tederas, ajinajos… La cumbre y el verde pinar con su arbolado copudo, esbelto y colosal, embalsama la Dehesa silenciosa, idílica, insondable, de una esencia áurea y penetrante…”
    La ermita de La Dehesa, Flora Barrera.

    La venerada imagen se halla ubicada en la hornacina central del hermoso y brillante retablo de arte popular del siglo XVII. Éste es de factura muy elaborada. Fue concebido para ocupar todo el testero de la capilla mayor de la pequeña ermita. Ofrece una anchura generosa en relación a su altura: es casi cuadrangular. En los nichos laterales y en el central del ático, se encuentran custodiándola las tres imágenes de los Reyes Magos. Curiosamente no son piezas exentas, sino altorrelieves. Como característica del retablo podemos destacar la profusa utilización de la columna salomónica, presente en número de ocho que enmarcan las cuatro hornacinas. Se adopta con su uso uno de los aspectos cultos del período barroco. Algunos recuerdan con algo de nostalgia cómo este altar estaba pintado con colores puros y planos “que resaltaba el encanto del carácter popular de la obra”. Su aspecto actual ha cambiado. Debido al exceso de pan de oro en la predela, el cuerpo y el ático, así como la abundancia de color rojo o bermellón, nada queda ya de aquel efecto original, “confiriéndole una excesiva monotonía que densifica en exceso el conjunto”.

    La recóndita y sencilla ermita -de mampostería encalada y tejado a dos aguas- está rodeada de un muro sin almenas. Tiene una sola nave y sencillo artesonado. Primeramente, la imagen fue albergada en una cueva próxima a su actual emplazamiento, pero en el siglo XVI se procedió a levantar este recinto. Fue reedificado en el XVIII, aunque ya en nuestros días se ha tenido que acometer nuevos trabajos de restauración, manteniéndose el campanario de cubierta cónica al que se asciende por una escalera exterior. Se recuerda la rehabilitación efectuada tras la primera visita de un obispo al santuario, don Fray Albino González Menéndez Reigada, en 1940. Fue tal el estado de deterioro en el que se hallaba el recinto que, tras la aprobación y el impulso del prelado, la cofradía o mayordomía de la Virgen, el torrero del Faro de Orchillas, numerosos devotos, alcaldes y el pueblo en general, unieron esfuerzos para que “quedara como ha mucho tiempo todos ansiábamos”. De forma especial, el pueblo de Frontera participó de dicha obra. En los años 80, sufrió otra una profunda restauración y, de nuevo, colaboraron las instituciones y todo el pueblo. Anexo a la ermita está el salón de los romeros, con cuartos individuales para su alojamiento. La reparación producida en 1980 fue dirigida por el arquitecto Joaquín Jalvo Mínguez con presupuesto de catorce millones de pesetas. La inauguración de la obra se celebró con misa concelebrada por el párroco de Frontera, el palmero Gilberto Teixé.

    “La ermita en el campo, parece que llora
    al verse tan sola cuando muere el día,
    y espera muy triste que llegue la aurora
    a darle una parte de su poesía.
    La ermita ya oye la esquila sonora
    de algún corderillo que exhala alegría.
    Y los pajarillos esperan la hora
    de alegrar el campo con su melodía…
    ¡Ermita de campo, que duermes tan sola…!

    LLEGADA DE LA VIRGEN A LA ISLA
    Se dice que los pastores, la noche del sábado 5 de enero de 1546, se refugiaron en una solitaria cueva de La Dehesa, cerca de Lomo Bermejo, para protegerse del frío, del viento y de la pertinaz lluvia. Allí se agruparon todos los del lugar para rezar devotamente el rosario mientras se organizaban por turnos para vigilar el ganado y atender la llamada de algún compañero. Cuando le llegó el turno al alcalde de esta comarca pastoril, Bartolomé Morales, “se sorprendió al ver el firmamento iluminado por extraños resplandores en aquella imponente oscuridad”. Continúa Riquelme: “…al amanecer el día 6, la tormenta había cesado y divisaron con sorpresa un velero anclado en el Puerto de Orchilla”. Desde la “Cueva del Caracol”, los pastores llegaron a la playa y allí comprobaron que el barco había zozobrado y con rapidez comenzaron a socorrer a los náufragos ofreciéndoles leche, vino, miel, queso y fruta. Padrón Machín nos cuenta que “el barco, según la historia, era italiano, de Génova, que iba en la ruta de América”. Los viajeros, agradecidos, y como premio por haberles salvado la vida, les ofrecieron un gran regalo: la imagen de la Virgen María que traían a bordo y que llevaban a Cuba, recién conquistada. Como amanecía el 6 de enero, la pusieron bajo la advocación de “Nuestra Señora de los Reyes”. La colocaron con gran veneración y júbilo en la luego conocida como “Cueva de la Virgen”. Las crónicas cuentan también cómo la imagen, prodigiosamente, desapareció de ese lugar donde había sido depositada “y dicen que por la mañana apareció en un valle de al lado, mirando hacia el mar. Allí le hicieron el santuario”. Los pastores –ya teniéndola como Protectora y Patrona- acordaron hacerle fiesta cada 25 de abril. Desde entonces esta fiesta anual se conoce como “Fiesta de los Pastores”. Diez años más tarde, sería proclamada Patrona de toda la Isla. Treinta años después de su aparición le construyeron su ermita al abrigo de una montaña, que a partir de entonces pasó a llamarse “de la Virgen” en el lugar de la mencionada “aparición”. En estas tres décadas, los pastores -según refiere la tradición-, siempre la estuvieron acompañando noche y día. Una vez construido el oratorio –gracias a la venta de sus productos: queso, lana, carne…-, en él se celebró la primera misa el 25 de abril de 1577. Por cierto, también la mencionada cueva era conocida como la del “Caracol”, puesto que se encontraba –y encuentra- en una cima que tiene una concavidad vuelta hacia el mar y toma la forma del molusco de ese nombre.

    LA IMAGEN

    Era costumbre generalizada que, desde que arribara la imagen a la costa insular, los habitantes llegados desde todos los puntos de El Hierro, acudieran a visitarla allí “como fuente de todos los consuelos”. La Protectora de las ganaderías y las sementeras también se erigía como abogada de los desconsolados, de los enfermos, de las sequías, de las plagas de langosta…. Desde entonces está considerada como el tesoro más preciado de la Isla.

    La imagen de la Virgen –una talla gótico-renacentista del siglo XVI, según María Jesús Riquelme- es una imagen de vestir, en madera policromada, que “representa a una joven madre de dulces y expresivas facciones, cuyo Hijo hace ademán de acariciarle el rostro”. El ilustre cronista insular, José Padrón Machín, nos dice que “esta imagen pequeña, de cara dulce y acariciadora mirada, es un fiel retrato de la Virgen en los tiempos en que llevaba el Niño Jesús en sus brazos. Se refleja en su rostro y manos la inspiración y delicadeza del arte italiano”. María Jesús Riquelme también nos informa de las diversas restauraciones a que ha sido sometida la efigie a través de los años. Así, en 1896 el escultor Nicolás Perdigón le restaura las manos y el rostro en La Orotava. En 1952 fue enviada a Las Palmas de Gran Canaria para someterla a una nueva restauración. En esta ocasión fue Rafael Padrón el encargado de acometer el encargo, teniendo en cuenta que al año siguiente fue su Coronación Canónica, el 21 de marzo de 1953. Ésta se celebró según Breve Pontificio de Pío XII y realizado por el obispo de la diócesis, Domingo Pérez Cáceres. Dos lustros más tarde, sería el artista recientemente fallecido Ezequiel de León, quien le reparara la cabeza y los brazos. Otra fecha importante fue el 24 de mayo de 1941, cuando se crea oficialmente la Cofradía de la Virgen, con asistencia de todas las autoridades y el párroco de la Villa. El 8 de diciembre de 1960 se encarga el trono a Lucena (Córdoba).

    LOS MILAGROS DE LA VIRGEN

    Los habitantes de El Hierro se morían de sed en 1614. Fue una de las más pertinaces y pavorosas sequías que se recuerdan. Habían dejado de manar todas las fuentes, el hambre cundió entre la población y los ganados morían a centenares. Es entonces cuando los pastores empezaron a moverse. Leopoldo Morales –Hijo distinguido de El Hierro y Canónigo de Tenerife- nos cuenta cómo empezó todo: “…los pastores se aferraron al manto de su Virgen, como se aferran las espinas a la rosa, y, con fe, rogaron a las Autoridades permiso para llevarla, en rogativas, a Valverde. Como lo negaron, los pastores fueron geniales, porque el amor sabe siempre improvisar. Ocultaron la sagrada imagen desde la cueva de El Caracol hasta las cuevas de Lemus, en las afueras de la capital, y, a media noche, resonaron, como una mística salmodia, unos aldabonazos en casa del señor Beneficiado: ‘Id ahora mismo a la Cueva de Lemus a recoger una prenda’. Allí estaba Ella. Como una nave, agitada sobre un mar de súplicas y promesas, fue llevada en procesión. La leyenda o la tradición nos dicen que, antes de llegar a la Iglesia, llovía copiosamente: ¿Milagro?¿Casualidad? Para el que tiene fe, un ‘favor’ de la Virgen de los Reyes. Para los incrédulos, la duda. Para todos, una lluvia de amor…” El traslado oculto de la Virgen ocurría a las dos de la madrugada del día 27 de marzo de 1614. Éste fue el preámbulo de la Bajada: un canto de gratitud del herreño a su Reina por los favores recibidos.

    Nuevamente en 1740 se volvió a producir una atroz sequía. Las crónicas narraban: “octubre, noviembre y diciembre no ven caer una sola gota de agua. Los labradores no pueden efectuar la siembra. La tierra está seca nada cría. El calor recrudece el rostro de sus moradores, las voces se oyen ásperas, los lamentos se repiten, porque en las gargantas no hay humedad…”. Al ver tales desgracias, “el Cabildo se reúne, el Clero concurre y asiste casi todo el pueblo, y entre lágrimas acuerdan traer a la Celestial Señora entre rogativas, y hacerle una solemne novena…” Así, el Pueblo trajo devotamente a su Virgencita desde su recoleto santuario hasta la capital. Es entonces cuando ocurre el milagro: “… la bienhechora lluvia cae a torrentes sobre toda la Isla y aquel año tan calamitoso en sus principios termina siendo una de los más abundantes…” La Virgen oyó a su Pueblo y, en forma de preciado líquido, envió desde el Cielo la respuesta a tanta plegaria y a tanta fe. Continúa el cronista diciendo que el prodigio “llenó de regocijo a estos habitantes que concurren, en atropellados grupos, a dar gracias a la Virgen…”

    EL VOTO

    En un protocolo del ayuntamiento de la Villa de Santa María de Valverde, fechada el 29 de enero de 1741, se lee:

    “Todos unánimes y conformes hacen voto –con los vínculos y firmezas de lo que sí y por todos los demás vecinos y moradores de esta Isla que hoy son y por los que en la posteridad les sucedieren –a la Majestad divina y a la Emperatriz de los Cielos, que cada cuatro años, que será el primero el año de mil setecientos cuarenta y cinco, y de allí en adelante con el mismo cómputo y respecto, pasará un señor Beneficiado y los Clérigos que arbitrase, los señores Justicia y Regimiento, y los vecinos que no tuvieran legítimo impedimento, al santuario de la Señora y, con el mayor culto y veneración, la conducirán a esta Villa, haya o no urgente necesidad…”
    El Voto.

    En 1741 y, ante lo insólito de estos hechos, se decide instaurar formalmente la Bajada de la Virgen, siendo la primera en 1745. Dicha acta de acuerdo se firmó en la parroquia matriz de la Concepción de la Villa de Valverde. En la reunión se hallaban presentes todas las autoridades religiosas, civiles, militares, los vecinos principales así como representaciones de todo el pueblo. Allí se narraron los prodigios de la Virgen sobre todo tipo de calamidades desde que había llegado a las costas herreñas. Se había erigido como la principal devoción insular. Por todo ello, se acuerda su traslado cada cuatro años desde su ermita hasta esa parroquia. Tras el acuerdo, se pide la autorización del señor obispo. El prelado la da y se inicia la Bajada cuatrienal.

    “…La Virgen que ya venía, / apagaba la sequía.
    Pastores del mes de abril,/ pastores de los ganados
    y un mar en aguas de añil.
    ¡Ay, Virgen de mis clamores, / y reina del alma mía,
    remédianos la sequía, / estrella de los pastores!
    Ya se secaron las fuentes,/¡ay, agua, agüita queremos!
    Prenda en Cuevas de Lemos, /las nubes se hacen torrentes.
    ¡Estrella del aguacero,/yo vi en la Cueva un lucero!
    ¡Es veintiuno de enero,/apaga Madre, el calvario,
    hoy se acaba el novenario,/mándanos un aguacero!
    Rumores del mes de abril,/pastores de la majada,
    ¡ay, qué voto de Bajada!/tocó un aljaraz-candil!...”
    La Virgen de la lluvia, Flora Barrera


    Se recuerda también la sequía de 1867. Desde noviembre del año anterior no llovía; se estaba a finales de febrero y estaba la población muy preocupada. Se decidió bajar a la Virgen el cuatro de marzo. Según un testigo, el párroco don Andrés de Candelaria, “el día tres salimos para la Dehesa con grande calor y aún el mismo día cuatro amaneció crudo levante. Serían las ocho de la mañana cuando principió la misa y ya en medio del sacrificio principió a llover; concluyose la misa y el agua era tan abundante que la comisión del ayuntamiento y algunas otras personas decían que no podía partirse de allí, temerosos de una tempestad…” La narración continúa de forma muy emotiva describiendo cómo lejos de cancelarse la procesión, la comitiva cruzó la cumbre “en medio de una crecida lluvia sin nadie desmayar…” Era tanta la cantidad de agua que caía que todos los habitantes de los pueblos pensaron que la Virgen se había quedado en el santuario y regresaron a mitad de camino o permanecieron en sus casas. Alguien se adelantó a dar la buena noticia y la algarabía recorrió calles y plazas, empezando los repiques de campanas… cuando la Virgen llegó a San Juan, ya el Beneficio y todo el pueblo se hallaba reunido y feliz, esperándola. Entonces cesó la lluvia para permitir que la Virgen llegara a Valverde de forma más cómoda y espectacular. Algo parecido sucedió el año siguiente, 1868. El día 20 de marzo fue la fecha elegida y se rezó el Rosario en todo el recorrido pidiendo el milagro a la Virgen. Se dice que “incluso los niños de los pagos del Pinar y San Andrés le pedían agua desnuditos”. A los siete días del novenario, en medio de la misa, “se dejó sentir la copiosa lluvia y las campanas se echaron al vuelo, era Viernes de Dolores y la imagen de Reyes salió en la tarde en procesión”.

    LOS DANZARINES

    Ante el trono de la “Señora”, unos danzarines muy especiales, únicos, trazan sus bailes desde La Dehesa hasta la Villa, en un agotador trayecto en el que se recorren alrededor de cuarenta kilómetros en unas doce horas. “En una escena escalofriante y apoteósica, todos caen de rodillas cuando Ella aparece en la puerta del santuario, iluminada por los primeros rayos del sol naciente. Los bailarines que, de rodillas, han orado brevemente, se levantan, -gritan al unísono- “Viva la Virgen, Viva”, y comienza la procesión”. En relación con esta danza, el viajero Juan Antonio Urtusáustegui, en el siglo XVIII nos decía: “pero lo que más admira, son las danzas que forman delante de la Imagen, que va en un sillón cubierto, desde que sale de su ermita, siendo menos fuertes los hombres que las mujeres en este ejercicio, pues hubo algunas en esta ocasión que yo asistí del mismo modo que en otras, que las seis leguas no cesaron ni un instante de bailar; cosa increíble a quien no hubiese sido testigo; y más que van descalzas, y que en sus vueltas, avances y retiradas, aumentan dos o tres leguas a aquella medida, sin parar, aun cuando se hace alto, como media hora en la cumbre. Añádase a esto los hiyides y gritos frecuentes de alegría… Jamás he gozado procesión más festiva, tan vistosa ni de igual concurrencia, suponiendo que no haya sido mayor de cuatro a cinco mil personas…”

    Llama la atención el colorido y viveza de los danzantes, con curiosos tocados, que van delante del trono bailando sin cesar. Se dice que el origen de los danzarines es de la conquista de la Isla y tiene raíces árabes. Por ello, en principio se adornaban con turbantes en la cabeza, a los que incorporaban lazos y flores. Más tarde, fueron estos sustituidos por gorros que también adornaban con los mismos elementos. En referencia al folklore que acompaña esta peculiar celebración, se ordenó, por aquellos comienzos, “adaptar para la fiesta de la Bajada una serie de músicas antiguas que acompañaban a la imagen en su recorrido”. Talavera García también nos informa de que “desde entonces, podemos escuchar en esta celebración el característico sonido de los tambores y pitos, que se funden en la devoción de los miles de peregrinos que acompañan al cortejo”. El mismo investigador nos ofrece un estudio sobre el origen de esta peculiar vestimenta. Así, el hecho de que la Isla fuese una de las primeras en ser conquistada por los castellanos, unido a su aislamiento y lejanía, ha conservado la esencia de los primeros ritos de origen católico que llegaron a las Islas. Es curiosa la similitud que tienen estos tocados en los de los danzantes de poblaciones de Aragón, Castilla La Mancha, Extremadura y Andalucía (Córdoba y Huelva), especialmente en las localidades de Valverde de los Arroyos y Majaelrayo (ambas en Guadalajara) y Badajoz.

    “… Vienen vestidos de blanco
    con adornos de colores
    bandas rojas o amarillas
    prendas de oro, muchas flores,
    lazos que ondean al viento
    cuando bailan esos hombres
    danzas viriles y recias,
    como hicieran sus mayores,
    para obsequiar a la Reina
    de los herreños pastores” Bailarín, L. Morales Pérez

    Tradicionalmente, tanto la camisa como el pantalón eran de lino y de color blanco. Los zapatos eran de cuero los majos, hoy se han cambiado por las lonas. Llevan, además, unas faldillas cortas, bordadas o caladas con un pequeño delantal rojo, al igual que la banda o fajín y lleva adornos de encajes., Por detrás, por la espalda, se lleva una esclavina de seda roja. Siguiendo con la descripción que de este “traje típico herreño” hacen los folkloristas Pérez Rodríguez y Concepción, lo que llama más la atención es el gorro redondo y cubierto, como vimos, en la parte superior, de flores de papel, espejos, prendas preciosas o semipreciosas o plumas de pardela. Se remata en la parte de atrás con un haz de cintas de raso o seda y de varios colores, que llegan incluso hasta la cintura del bailarín.

    “… El tambor es de cuero de cabra machorra o de perro, golpeado por palillos de diferente grosor, de madera de haya”.
    José Alberto Galván Tudela

    Alberto Galván nos detalla cómo es el modelo de organización de esta peculiar danza, al que compara con “una manada de ovejas”. Nos informa de que “un guío o dos dirigen el cambio de pito; uno o dos pastores con traje tradicional (montera –gorro-, talega y asta –palo-) llevan el orden, abriendo paso a unos doce bailarines (que para los herreños simbolizan el ganado) que tocan chácaras de carisco o moral”. Es curioso cómo la apreciación campesina compara el atuendo del bailarín con los “vestidos de mujer”. Es una indumentaria extraña, puesto que la conforma un pantalón, una falda y camisa (prendas de riguroso blanco) y corbata y faldellín (ambos rojos). Corona el vestuario del danzarín un gorro blanco decorado con pétalos de flores, plumas de pardela, prendas de nácar, oro, cintas de colores… Por regla general, y por tradición, eran los hombres quienes bailaban, aunque se veía alguna mujer vestida de “paisano” para pagar alguna promesa (cosa que se respetaba al máximo). En la década de los ochenta empezaron a proliferar las mujeres como tocadoras de pito y bailadoras, y hoy en día es frecuente verlas mezcladas con los hombres, formando un solo cuerpo de baile en honor a su Virgencita.

    El frenético baile, que precede y dirige el lento avance del sillín marrón, tiene lugar durante toda la romería, con las únicas paradas en las “rayas” y en la “Cruz de los Reyes”, lugar elegido para el almuerzo y el descanso, con el tradicional tendido de los “paños”. Una extraña y original danza cuyo ritmo va desde el “Baile de la Virgen” al “Tajaraste”, pasando por –en palabras de Galván- “la contradanza (sencilla y redoblada), redondo, manqueo, Santo Domingo, paso cumbre y la hullona”.

    LA BAJADA DE LA VIRGEN

    Hemos visto que la Bajada es la institucionalización de una “rogativa” del pueblo de El Hierro para favorecer, como informaba Galván Tudela, “la reproducción en la Isla (agua y pastos, protección contra la langosta). Pero más allá del problema de la escasez del agua, la Bajada se muestra como un fenómeno social total, que combinando lo sagrado con lo profano, expresa contenidos sociales, económicos y políticos”.

    Desde 1745, ininterrumpidamente cada cuatrienio, los romeros acompañan a su “Virgencita” por un trazado de antiguas rutas pastoriles y caminos reales, atravesando la Isla de suroeste a noroeste y, según los “campesinos y pastores” debe de ser respetado “tirando las paredes de los cercados y pisando los sembrados que se interpongan a su paso”. La pesada silla de viaje de piel marrón coronada por la bandera blanca de María llega a la Villa atravesando el llamado “Camino de la Virgen”. Las consignas que nos transmiten los participantes del rito son: “¡Cuando veas la Bandera Blanca es que la Virgen se acerca!¡Por allí, por donde ondea la Bandera, viene la Virgen!”. Esta bandera se ha convertido, a lo largo de tantas Bajadas, en el digno estandarte y guión especial de la romería y de sus participantes. En ella van bordadas las iniciales AMAve María-, el saludo del Arcángel San Gabriel a la Virgen en la Anunciación.

    Entre las tradiciones propias de la Bajada está, precisamente, la ardua tarea de la limpieza de esta sagrada senda. A través de este sendero, la Virgen es cargada con cariño, fervor y respeto sobre los hombros de los devotos y pagadores de promesas. En la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de Valverde permanecerá durante un mes, visitando cada uno de los pueblos herreños, al igual que hace cada lustro la Virgen de Guadalupe de La Gomera. Las anheladas visitas tienen lugar durante unos días. Una vez transcurrido ese tiempo, tiene lugar el triste retorno –de carácter más íntimo- a su Santuario de la Dehesa.

    El día señalado para la Bajada (primer sábado de julio de cada cuatro años), al amanecer, tiene lugar intramuros el cántico llamado “la Meda”. Esto ocurre en los instantes previos a la salida procesional de la Virgen por la puerta grande de su ermita. En el cántico se repite insistentemente entre estrofas improvisadas el estribillo: “por ver a la Madre amada, no siento la caminada”. Los danzarines entran a buscar a la Virgen y empiezan a sonar con estrépito los tambores, los pitos, las chácaras, los aplausos, las campanas… la Patrona de los Pastores –coronada canónicamente el 17 de mayo de 1953- sale tras la misa de peregrinos, aún de noche, produciendo lágrimas de emoción de los romeros. Es delicadamente trasladada a hombros por cuatro autoridades hasta la Piedra de los Regidores, un histórico sitio localizado tras la montaña del Caracol. Está situada esta piedra en un pequeño llano que bordea por el este la original y bonita colina a cuyo abrigo se encuentra el humilde santuario. Es una piedra muy dura, granítica, de puro basalto que ha resistido la acción del tiempo durante siglos. Padrón Machín nos dice que “afecta la forma de un cubo y se ve claramente que le dieron esa configuración a fuerza de escodas y martillos. Su tamaño es enorme y también su peso…” Es una piedra, por cierto, única. No existe otra igual en algunos kilómetros a la redonda, sólo se encuentra en algunos puntos de las cumbres herreñas.

    “Esta Piedra del Regidor era el pedestal donde se colocaba la Virgen de los Reyes para que los pastores le dedicaran sus danzas y bailes al son de su música de tambores, chácaras y flautas, así como también más tarde, el primer descansadero de la venerada imagen cuando debía salir en romería en los días de la Bajada; de igual manera, el último cuando, desde la Villa de Valverde, en la Subida, regresaba a su ermita”.

    La Piedra del Regidor, José Padrón Machín.
    EL CAMINO DE LA VIRGEN Y LAS «RAYAS»

    En este trono pétreo es entregada al Pueblo de El Hierro. Sobre la piedra, la Virgen aguarda la salida del sol, entre plegarias, loas y rezos. La procesión se inicia con los tenues rayos del amanecer y su tabernáculo de madera forrado de cuero es portado por cuatro devotos que se alternan durante el fatigoso itinerario romero, preservándola así del polvo del camino, de la humedad de la brisa y del viento. La bandera blanca que corona esta silla de mano es avistada desde lo lejos: la Virgen se acerca. Detrás de estas andas de viaje ocupa lugar de privilegio el arcipreste y el alcalde pedáneo con su vara de mando. En primer lugar toma la imagen el pueblo de Sabinosa con su patrono San Simón, con lo cual se hace el trayecto de su primera “raya”. Los danzarines con su increíble fortaleza y devoción no dejan de danzar en “siete leguas”: el Baile de la Virgen, el Tajaraste, Redondo, Paso Cumbre, Hullona, etc. La comitiva se va incrementando durante el recorrido con los vecinos de cada pueblo por cuyo término transcurre la agotadora romería. Muy lejos queda ya lo que antiguamente estuvo asociado a los pastores, la mayoría de los isleños, si bien “al ser erigido símbolo insular no ha entrado en contradicción con los significados tradicionales”.

    Los antiguos límites jurisdiccionales que atraviesa el “Camino de la Virgen” se señalan con una especial y popular división: “las rayas”. Estos pueblos o comarcas que allí se señalizan son: el Barrio o Barlovento, la Villa, Azofa –Isora y San Andrés-, Sabinosa y El Pinar. Hace unos años se ha incorporado la raya del Golfo. En la Fuente de Binto se suma a la comitiva el pueblo de El Golfo, con su patrono San Salvador. Una vez hecha la “venia” (señal) del guío, se continúa hacia la Cruz de los Reyes. Hasta ahí se van acercando la gente del Barrio con San Pedro; la de la Villa y Tiñor, con San Isidro (“mi santito de los bueyes, llega a la Cruz de los Reyes”), San Telmo del Puerto y San Juan de Tamaduste; la de Isora con San José; la de San Andrés con este santo y la de El Pinar con San Antón (popularmente llamado “el macho del monte”). Se intenta que la Virgen no llegue a Valverde entrada la noche, aunque los retrasos se van generando en las rayas debido a que la entrega de la imagen es motivo de rivalidad en estas “fronteras”.

    “… Ahora los del Pinar llegan y
    aumentan los sones,
    con sus muchos bailarines
    y sus buenos bailadores.
    ¡Cómo resuena en la Cumbre
    esta mística, señores!” Binto, L. Morales Pérez

    Se ha esperado cuatro años para portarla y tenerla en su territorio, y por ello se demora en la entrega al siguiente “vecino”. Se intenta retrasar la estancia de la Virgen en su zona, por ello los bailarines de cada pueblo, quienes tienen el honor de “mandar”, acentúan o retrasan el ritmo de la danza. Cada uno de los pueblos, con su santo patrón al frente, junto con el alcalde pedáneo y el pueblo entero, aguardan en su raya, “y la exasperación se acrecienta cuando el pueblo donante retrasa deliberadamente su llegada”. Cada santo patrón porta, simbólicamente, “las primicias de cada comarca”: las llaves, los bueyes, un barco, los higos, las almendras, la cebada, los mocanes…

    “Según antiguas costumbres
    que luego se han vuelto leyes,
    los Patronos de los Pueblos
    van a la Cruz de los Reyes,
    con su Alcalde y bailarines,
    seguidos de sus vecinos,
    cada cual por sus veredas
    sin olvidar sus caminos,
    bien por montes bien por playas,
    respetando sus trayectos,
    jurisdicciones y rayas”.
    Los Santos Patronos, Morales Pérez

    Intencionadamente se va cambiando de “pito” e introduciendo el ritmo de “hullona” o “tajaraste”. Galván Tudela también nos aclara que “la competencia en la música, en la instigación a los pueblos vecinos, en los adornos de los bailarines y en la vianda, forman parte del fondo ceremonial herreño. Si no hay pique, no hay fiesta, y por ello la rivalidad y el localismo constituyen el contrapunto de la unidad ritual en la fiesta herreña”.

    El trono de la Virgen es girado dos veces sobre sí mismo en señal de bendición y de despedida de cada una de las paradas rituales, que no necesariamente coinciden con las “rayas”. Todo el mundo puede verla así desde los alrededores. Así, en la Gorona de Sabinosa, para despedirse de esta comarca; en la Cruz de los Humilladeros, por ser la última asomada desde donde se divisa su recoleto santuario de La Dehesa; en encrucijadas de caminos, como en la Cruz del Niño y en las Cuatro Esquinas (centro simbólico de la meseta de Nisdafe)…

    “… ¡Que viva la Virgen!¡Viva!
    Dicen a coro sus voces,
    y avanza la romería
    de niños, ancianos y jóvenes.
    Prosigue el baile a la Virgen,
    el que despierta emociones,
    saca muy hondos recuerdos
    y hace brotar lagrimones”.
    ¡Viva la Virgen, Viva!, L. Morales Pérez.

    Cuando se llega a Malpaso, todos los Santos Patrones ya van llegando a la Cruz de Los Reyes para esperar a la Virgen. En palabras de Díaz Fleitas: “Malpaso se convierte de esta manera en punto geográfico con doble simbología: es el punto orográfico más alto de la Isla, donde a la vez todas las ilusiones, desvelos, añoranzas, reviven al encontrase bailando en ese lugar todos los bailarines de la Isla (la primera de las dos únicas veces que así lo hacen en toda la celebración), y por otro lado se producen encuentros entre familiares y parientes que no se han visto desde hace cuatro años o más y muchas emociones afloran de forma natural y espontánea”.

    LA CRUZ DE LOS REYES

    Uno de los puntos más esperados de la Bajada es la zona llamada “Cruz de los Reyes”, a escasos dos kilómetros de Malpaso, donde la Virgen y su comitiva hacen la gran parada.

    “¡Cruz de Los Reyes! Mudo testigo de tantas historias y de tantos idilios. Si en el cruce de tus alas surgiera una boca parlera ¡qué de cosas les dirías a los presentes de las pasadas generaciones! pies descalzos, ensangrentados, han manchado la arena del sendero, en promesa de favores recibidos…

    Es, quizá, el espectáculo más impresionante y hermoso de la Bajada Si todo transcurre según marca la tradición, en torno al mediodía llega la comitiva donde se va a celebrar la reunión de todo el Pueblo de El Hierro en torno a su pequeña “Gran Patrona”. Primero, se celebra la Santa Misa, luego, se procede a tender el “paño” para el almuerzo fraternal.

    “… Pero al llegar a este sitio
    al peso del mediodía
    todos se unirán bailando,
    con hermandad a María.
    Es el momento supremo
    de esta magna romería
    cuando ya todo en silencio,
    celebran la Eucaristía.
    Y después aquí los hombres
    herreños en este día,
    viven el lema cristiano
    mejor que en toda su vida”
    Cruz de Los Reyes, Morales Pérez.

    Se convierte así en el efímero centro espiritual de la Isla y el símbolo de “unión” de todos los herreños; la Virgen descansa y todos reponen fuerzas; es el punto de encuentro de los emigrantes y sus familias; el lugar donde se compra y vende la tierra; el lugar de las promesas, de los rezos, de los agradecimientos y de las loas; es el lugar donde los herreños tienden los “paños” –como se conoce a colocar los manteles sobre el suelo de jable y al cobijo de los pinos- y almuerzan en torno al descanso de la Señora con lo mejor de cada casa: estofado de carnero, pescado, vino, papas arrugadas, gofio, quesadillas, torrijas, magdalenas…; estos paños se extienden y forman un gigantesco mantel comunitario (como reza la copla: “todo el mundo lleva, aunque poco coma. Todo el mundo come, aunque nada lleve”); es el lugar de la hospitalidad, pues nadie –aunque sea foráneo- se siente extraño: todo el mundo es invitado y nadie se queda sin reponer fuerzas ya que aún quedan varias horas de recorrido; se oye una plegaria ininterrumpida mientras tanto: los cantos improvisados y las recitaciones de las loas, alabanzas de poetas y poetisas del pueblo llano... “Con tu tocadito blanco/cubriéndote la cabeza/pareces una paloma/llegada de La Dehesa…”; los poetas y aficionados crean sus propias poesías con mucho cariño, de forma que, incluso dentro del repertorio de música canaria se hacen letras de folías, malagueñas, isas… Las botas de vino pasan de mano en mano… Se dicen “ajijides” o “hiyidos”, loas o “lobas”, y así continúa la fiesta un rato más.

    LLEGADA A VALVERDE

    Tras el descanso, la Virgen continúa su largo camino hacia la Villa de Valverde donde, tras más de diez horas de recorrido, será recibida en la parroquial de La Concepción, dándose por concluido el ritual de la Bajada. Pero, volviendo a la Cruz de los Reyes, la comitiva se pone en marcha ahora con las gentes de El Pinar como “mandadores”. Son los que portan a la Virgen y todos los santos siguen detrás de Ella. Así se continúa hasta la “raya” de Asofa (Asomadas) para luego descender a la del Barrio, en las Chamuscadas y ésta acaba donde empieza la “raya” de la gente de Tiñor y la Villa, en Tejegüete. Desde ahí continúa la presidencia hasta el Barranco del Obispo. En Ajare –nos continúa recordando Flora Barrera, galardonada periodista herreña- es “donde se responsabilizan de la Virgen los concejales del Ayuntamiento de Valverde, y entrando la noche, la Virgen es llevada al templo parroquial y colocada en su trono, entre bailes, repiques de campanas y fuegos artificiales”.


    “Al llegar dentro del templo
    el más fuerte se emociona
    viendo que no caben las almas
    donde hay espacio que sobra.
    La iglesia se viene abajo,
    sus tres naves se abarrotan,
    la música sobrecoge,
    allí Cristo nos derrota,
    tantas velas encendidas
    signo son de una devota
    fe que inflama sentimientos
    y pone a Dios en la boca”
    El Final del camino, L. Morales Pérez

    La capital luce sus mejores galas para la ocasión y el trono penetra por las callejuelas empedradas y empinadas hasta llegar al templo, entre explosión de voladores, vítores y aplausos de los vecinos. Una vez la Virgen llega a San Juan, el alcalde le entrega el bastón de mando de la Villa. Y es que “la Virgen de los Reyes no es sólo madre de todos los herreños, sino sobre todo condición ideológica de la reproducción social de los herreños por encima de clases sociales, profesiones, grupos económicos, etc.”

    Tras una semana de emotivas novenas y numerosos actos religiosos en su honor, la Virgen se viste con sus mejores galas, mantos, joyas… y es cambiada de trono. Ahora sus andas son de baldaquino de plata repujada y se corona con la diadema de las doce estrellas, una preciosa obra de orfebrería. El domingo, ocho días después de su llegada a la Villa, tiene lugar la “Fiesta Real”, donde todos los Santitos, sus bailarines y todo el Pueblo, bailarán nuevamente, orgullosos, al unísono, bajo el cadencioso y original ritmo frenético que no se va de la mente. Luego, la Virgen viajará a todos los municipios de la Isla hasta que llegue el día programado del regreso melancólico a su ermita. Allí aguardará otros cuatro años, en espera que sus Hijos vuelvan a bajarla en alegre romería.

    “…Mejor será, pues, envolvernos en su bruma y dejarnos seducir, una vez más, por ese misterio que descansa en una tradición, en una efigie venerada hasta el desfallecimiento, en unas tierras y en unos mares que circundan lo que hemos sido, lo que somos y lo que seremos. Volvamos a escuchar el sonido de tambores, pitos y chácaras, sintámonos apasionados, tras los flecos del polvo que levantan los bailarines, el latido de nuestros corazones gritando al unísono este entusiasmo, esa alegría, ese vínculo hermoso que nos abraza, herreños todos, en esta isla distinta y distante, en esta isla magia, en esta isla misterio, en esta isla luz, sabina y lagarto y mar…”

    José Manuel Álamo González


    “Proclamo, pues amigos y paisanos
    con la efusión que da el convencimiento,
    la belleza sin par de la Bajada,
    la fiesta cuatrienal de nuestro pueblo,
    que es bella por sí sola, sin adornos
    ni arrequives superfluos;
    es bella sin que nadie haya influido en ello…
    como es bella la tierra en primavera,
    y los días de sol en el invierno,
    y los campos de espigas y amapolas
    mecidas blandamente por el céfiro;
    como es bella la luz de la alborada
    y la más bella aún, de los luceros;
    como es bella la vista de Jinama;
    como es bella la cúpula del Cielo”.
    Hasta dentro de cuatro años, Valentín Padrón Espinosa



    BIBLIOGRAFÍA

    ÁLAMO GONZÁLEZ, José Manuel; ÁLAMO, Raúl; ARMAS, Javier; FERRÁNDEZ, Antonio. La Bajada de la Virgen de Los Reyes, encuentro cuatrienal con la Patrona de El Hierro, Canarias: Gobierno de Canarias, Cabildo de El Hierro, CajaCanarias, 2001.
    BARRERA ÁLAMO, Flora Lilia. El Hierro, por los caminos de la Virgen, Cabildo de El Hierro, CCPC, 1997
    DARIAS Y PADRÓN, Dacio Victoriano. Noticias Generales Históricas sobre la Isla de El Hierro, Cabildo de El Hierro, 1988.
    DELGADO GÓMEZ, Juan Francisco. Canarias. Viaje a lo desconocido, Parlamento de Canarias, 2008
    DIAZ FLEITAS, Marcos. “La Bajada”, en Programa de la LXIII Bajada de Ntra. Sra. la Virgen de Los Reyes, Muy Ilustre Ayuntamiento de Valverde, 1993
    FRAGA GONZÁLEZ, Carmen. El Arte en Canarias: Urbanismo y Arquitectura anteriores a 1800, Centro de la Cultura Popular Canaria, 1990
    GALVÁN TUDELA, Alberto. «La Bajada de la Virgen de Los Reyes», Patrimonio Histórico de Canarias, La Gomera. El Hierro, Gobierno de Canarias, 1998
    - Idem. La identidad herreña, Cabildo de El Hierro, CajaCanarias y CCPC, 1997
    GARCÍA EXPÓSITO, Nazario. Caminando por la Isla, Cabildo de El Hierro, 1982
    FUNDACIÓN VIRGEN DE LOS REYES, La Virgen de Los Reyes a través de sus Bajadas, EDOBITE, 2001
    HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, Pedro. Natura y Cultura de las Islas Canarias, Excmo. Cabildo de Tenerife, Tafor Publicaciones, S.L., Octava Edición, 2003
    Iglesia Nivariense, Diócesis de Tenerife, Junio 2009, nº 94
    LORENZO PERERA, Manuel J., El folklore de la Isla de El Hierro, Editorial Interinsular Canaria, Cabildo de El Hierro, 1981
    MORALES PÉREZ, L. «Poemas», La Bajada de la Virgen de Los Reyes, encuentro cuatrienal con la Patrona de El Hierro, Canarias: Gobierno de Canarias, Cabildo de El Hierro, CajaCanarias, 2001.
    PADRÓN MACHÍN, José. El Hierro, séptima isla, Cabildo de El Hierro, CCPC., 1989
    PEREZ RODRÍGUEZ, Manuel; CONCEPCIÓN, José Luis. Trajes típicos. Guía de la vestimenta folklórica de Canarias, ACIC, 1994
    RIQUELME PÉREZ, María Jesús. “Nuestra Señora de Los Reyes. La Dehesa (El Hierro). Guía para visitar los Santuarios Marianos de Canarias, Volumen 15, Ediciones Encuentro, Madrid, 1999
    TALAVERA GARCÍA, Carlos A. «El Baile de la Virgen de El Hierro: aproximaciones a sus posibles orígenes, conexiones e influencias», Tenique. Revista de Cultura Popular Canaria, núm. 7, La Laguna 2006,
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  2. #2
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    Es una fiesta increíble
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  7. #7
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    Yo he tenido el privilegio de hacerla completita en varias ocasiones.. ¡¡menudo pateo!!! pero es impresionante lo que se vive, se siente, se oye, se ve... ¡¡cómo te sientes querido por desconocidos!! cuando digo que soy de La Palma, más me arropan, me dan de beber, de comer tantísimas exquisiteces de El Hierro... como las quesadillas, que no hay postre más rico... en fin, hay que venir y dejarse impregnar por esta legendaria Isla y su encantadora gente... el sonido ancestral de los tambores y las flautas... los lloros emocionados de chicos y grandes... la Virgen es realmente muy amada en El Hierro
    ¡¡Viva la Virgen, Viva!!! ¡¡ viva la Isla Hermana de El Hierro!!!

    Un abrazo grande desde La Palma

    Tanausú
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  8. #8
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    Hola Tanausú.
    Buenas fotos. Casi se escucha el sonido de los tambores, las flautas y chacaras herreñas. Algún dia...algún dia.

  9. #9
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    Hola Tanausú.
    Buenas fotos. Casi se escucha el sonido de los tambores, las flautas y chacaras herreñas. Algún dia...algún dia.
    Gracias, Albmueb. Tienes razón... yo llevo unos días con este sonido en la cabeza y no se me quita... La Bajada es el próximo sábado 4 de julio y no hay manera ya de encontrar forma de entrar en El Hierro ni por aire ni por mar, y tampoco alojamiento... Pero si cierro los ojos... me traslado allí , al Camino d la Virgen y parece que estoy entre los bailarines... De verdad, es algo mágico... Bueno, el año que viene nos toca a los palmeros celebrar a su Patrona, la Virgen de Las Nieves en su Bajada de cada cinco años. También tendrá lugar entre junio y agosto de 2010. Espero verte por aquí. ¿A que también la música de la Polka de los Enanos de la Virgen es muy especial?
    Bueno, estimado/a... aún no me has dicho por qué has elegido este nombrecito... jeje
    Un abrazote y cuídate
    Tanausú

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