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Tema: Señoríos del Reino de León.

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    Señoríos del Reino de León.

    Ducado de Albuquerque:

    image.jpg

    El Ducado de Alburquerque es un título nobiliario español de carácter hereditario concedido por Real Cédula de Enrique IV de Castilla de 26 de septiembre de 1464 a su valido don Beltrán de la Cueva, siendo una de las mercedes que éste obtuvo por su renuncia al cargo de Gran Maestre de la Orden de Santiago. Es el título principal de la Casa de Alburquerque.


    Su nombre hace referencia a la villa de Alburquerque (Badajoz), y pertenece al grupo de los denominados Grandes de España de 1520, primeros títulos españoles en obtener la Grandeza de España por merced de Carlos I de España tras su coronación como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.


    Su actual propietario es Juan Miguel Osorio y Bertrán de Lis, que ocupa el décimo noveno lugar en la lista de sucesión en el título.


    Historia


    Enrique IV de Castilla había otorgado a su valido Beltrán de la Cueva el Maestrazgo de la Orden de Santiago, hecho que irritó tanto a la nobleza castellana, por lo que el monarca le pidió que renunciase a dicha dignidad. A cambio de ello, recibiría las villas de Anguix, Cuéllar, Alburquerque con el título de ducado, Roa, La Codosera, Aranda, Molina de Aragón y Atienza, y debía alejarse por un tiempo de la Corte. A todas estas dignidades habría de unirse la concesión del condado de Huelma, por Real Cédula de 20 de agosto de 1474, ya que don Beltrán había cedido el condado de Ledesma a su hijo primogénito.


    Hacia 1530 el emperador Carlos V concede el título de marqués de Cuéllar a Francisco II Fernández de la Cueva y Girón, IV duque de Alburquerque y biznieto de don Beltrán. A partir del año 1562 el Marquesado de Cuéllar será el título que llevarán los herederos al ducado, vinculando así ambos títulos. Por tanto, todos los duques de Alburquerque poseyeron unidos los títulos de: Ducado de Alburquerque, el Marquesado de Cuéllar y los Condados de Ledesma y de Huelma.


    En el siglo XVII se extingue la rama primogénita más directa al morir el quinto duque sin sucesión, heredando el ducado los descendientes del segundo duque, línea que continúa hasta 1757 cuando fallece sin sucesión Francisco Fernández de la Cueva y de la Cerda, XI duque. De acuerdo a las cláusulas de fundación del mayorazgo, recayó en la Casa Condal de Siruela, manteniendo el apellido originario y añadiendo otros títulos nobiliarios a la Casa. Esta línea no perdura ni un siglo, pues en 1811 muere en Londres su último portador, José María de la Cueva y de la Cerda, el XIV duque. Se inicia entonces un largo pleito por la división de las casas y mayorazgos acumulados en su persona, que duró hasta 1830, recayendo el Ducado de Alburquerque y sus estados correspondientes en la gran familia de los Osorio, Marqueses de Alcañices y de los Balbases, en la que perdura en la actualidad.


    Real Cédula de concesión




    Por Real Cédula fechada en 20 de agosto de 1464 el Rey concede a Beltrán de la Cueva el ducado, exponiendo:


    Don Enrique por la graçia de Dios, rey de Castilla, de Leon, de Toledo, de Galiçia, de Seuilla, de Cordoua, de Murçia, de Jahen, del Algarbe, de Algeçira, de Gibraltar, señor de Viçcaya é de Molina... Por ende, conosçiendo lo susodicho é asi mesmo conosçiendo la muy grand fidelidad é lealtad que yo siempre he fallado é fallé en vos Don Beltran de la Cueva, maestre de la orden de la caballeria de Santiago, conde de Ledesma é del mi Consejo, é el amor é çinçero deseo que siempre avedes mostrado é mostrades á mi serviçio é á guarda de mi persona é estado é dignidad real é al bien de la cosa pública de mis regnos é la noblesa e eroycas virtudes de que Dios doctó vuestra persona, é que sois buen merescedor de lo que esta mi carta contenido... fago vos mi duque de la vuestra villa de Alburquerque; el qual dicho nombre de Duque quiere deçir aparcero del Rey é cabdillo de sus gentes...


    Antonio Rodríguez Villa, Bosquejo biográfico de Beltrán de la Cueva, I duque de Alburquerque, Madrid, 1881, pág. 164.


    http://es.m.wikipedia.org/wiki/Ducado_de_Alburquerque
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

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    Re: Señoríos del Reino de León.

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Marquesado de Tábara

    image.jpg




    TABARA: UN LARGO Y COMPLEJO PROCESO DE FORMACIÓN SEÑORIAL EN TIERRAS DE ZAMORA


    1. INTRODUCCIÓN


    Alfonso Franco Silva Universidad de Córdoba


    Isabel Beceiro Universidad de Valladolid


    El linaje de los Mendoza y la organización de sus extensos territorios en Castilla constituye uno de los objetos fundamentales de nuestra inves- tigación en los últimos años (1).


    Entre los diferentes señoríos que, a través de enlaces matrimoniales, se incorporaron al ducado del Infantado se hallan algunos pequeños estados territoriales que pasaron al tronco central de los Mendoza como herencia de la casa de Pastrana.


    Uno de ellos, el marquesado de Tábara, constituye el objeto de estas páginas. A pesar de que el título de marqués de Tábara les fue concedido en el siglo XVI a una rama menor de dos grandes linajes, los orígenes del señorío propiamente dicho arrancan de muy atrás, concretamente del siglo XV.


    El proceso de formación del marquesado de Tábara resultó ser ciertamente complicado, y no se verá consolidado hasta los comienzos del siglo XVI. A mediados del siglo XV, dos grandes linajes castellanos, los Pimentel, condes de Benavente, y los Enríquez, almirantes de Castilla, formaron dos




    2. EL MAYORAZGO DE DON PEDRO PIMENTEL
    Esencialmente arranca del reparto territorial dispuesto en el testa- mento de don Alfonso Pimentel, tercer conde de Benavente, en 1455.


    En este testamento divide entre sus hijos varones sus posesiones, amputando una serie de ellas del mayorazgo que había fundado su padre. Sin embargo, fue parcialmente modificado en una época que se puede suponer inmediatamente anterior a la muerte del conde, el 21 de febrero de 1461.


    Este segundo testamento no se ha conservado, pero se puede reconstruir parcialmente por referencias contenidas en documentos posteriores. La parte de su hijo don Pedro se configura esencialmente con los lugares de Pobladura del Valle, Comonte, la villa de Gondoncillo con su aldea de Retuerta, la de Alija y sus lugares de La Nora y El Burgo, el portazgo de la aldea de Puente de Vizana, anejo al término de Alija, y 60.000 maravedís de juro en Astorga (4), aunque en realidad, Alija y su término pertenecían propiamente a la condesa.


    Este señorío se amplía con el mayorazgo fundado para don Pedro por la condesa viuda doña María de Quiñones. En él se ratifica el legado de don Alfonso y se añaden algunas localidades nuevas. Está contenido en su testamento del 20 de febrero de 1477 y comprende Gordoncillo y Alija, con sus respectivos términos, Pobladura del Valle, Comonte, y además Puente de Vizana y Ginestacio (5).
    Todo ello estaba situado en las actuales provincias de Zamora y León y procedía de los condados de Luna y Benavente. Ginestacio constituía la dote destinada a doña María por su padre, el conde de Luna (6). Alija y sus aldeas habían sido donados por Juan II a la citada condesa de Benavente en 1446, en señal de la reconciliación entre el rey y la nobleza a raíz de la batalla de Olmedo (7). Por último, varias villas y lugares habían sido compradas por el antecesor de don Alfonso Pimentel. Vamos a tratar de seguir el destino de cada una de estas localidades hasta el momento en que se integran en el mayorazgo de don Pedro.


    2.1. Puente de Vizana o de Bazán
    En 1469, doña María de Quiñones compró a Luis Ponce, hijo de Alvar Ponce, la cuarta parte que le pertenecía en Puente de Vizana (8). Luis Ponce, en un documento posterior, ratificó la venta y se comprometió a no hacer ningún tipo de reclamaciones a los herederos de doña María.


    A
    principios del siglo XVI los Benavente traspasan el lugar a la Casa de Tábara a cambio de Gordoncillo, sin que podamos conocer con claridad cómo lo adquirieron previamente (9).


    2.2 Ginestacio
    El lugar de Ginestacio, próximo a la villa de Quintana del Marco, pertenecía a los dominios del linaje Quiñones, hasta que el 24 de noviembre de 1440 Diego Fernández de Quiñones, Merino Mayor de Asturias, se la cedió como dote a su hija María de Quiñones (10). Ginestacio se valoró en ese año en 210.000 maravedís y formaría parte del total de 1.100.000 maravedís, que recibió el conde de Benavente al casar con doña María. Dos años más tarde, el 3 de febrero de 1442, los condes de Luna, Diego Fernández de Quiñones y María de Toledo, confirmaban en su testa- mento, otorgando en León, la posesión de Ginestacio a su hija la condesa de Benavente (11).


    2.3. Gordoncillo
    Esta villa pertenecía al linaje de los Prado, descendientes de Martín Díaz de Prado a quien don Alfonso Vil había concedido la iglesia de Velerda, en el territorio de Caso, junto al asturiano río Nalón (12). Unos años antes, en Toledo, el 18 de septiembre de 1142, Alfonso Vil y su mujer doña Berenguela habían donado a Martín Díaz la villa de Albires y su valle, en el reino de León, junto a Mayorga. En 1392 un descendiente suyo, también llamado Martín Díaz, casa con Inés Alvarez, hija del señor de la villa leonesa de Valderas, Alvar Pérez Osorio. Doña Inés recibe entonces como dote Gordoncillo y su aldea de Retuerta, que Alvar Pérez desgaja del alfoz de Valderas (13).


    El 26 de mayo de 1434, su hijo Rodrigo de Prado vende al segundo conde de Benavente, y antecesor de don Alfonso Pimentel, estas dos localidades. El motivo de la venta es la obligación de entregar mil florines como arras para su boda con María de Vega (14). A cambio de Gordoncillo y Retuerta, obtiene 20.000 maravedís de juro de heredad en ciertas rentas de la ciudad de Zamora y 3.000 florines de oro, que ascendieron en total a unos 180.000 maravedís (15).


    Después de su incorporación al mayorazgo de don Pedro Pimentel, los condes intentan reiteradamente efectuar un trueque con don Pedro para recuperar estas posesiones. El primero de estos intentos se produce en 1484: es un concierto entre el cuarto conde de Benavente y su hermano por el cual el primero dará a don Pedro la merindad de Valladolid, en el caso de que le sea concedida por los Reyes Católicos en juro de heredad, y recibirá a cambio Gordoncillo y su aldea (16). Evidentemente, este acuerdo no se llevó a la práctica, pues durante todo el siglo XV Gondoncillo y Retuerta continuaron en manos de don Pedro, pero a principios del XVI vuelven al condado de Benavente, cuyo titular entrega Puente de Bayzan y 350.000 maravedís (17).


    No se sabe en qué año se efectuó este trueque, pero tuvo que ser en 1500, porque al año siguiente ya figuran las rentas de Gordoncillo adscritas al condado (18).


    2.4. Robladura del Valle
    Este lugar formaba parte de los dominios de Men Rodríguez de Benavides, señor de Santisteban del Puerto en el reino de Jaén, en que lo vendió al segundo conde de Benavente junto con el lugar de Cebrones del Río (19). Don Rodrigo Alfonso Pimentel firmó el contrato de compraventa el 22 de mayo de ese año y entregó a Benavides 5.280 maravedís de juro de heredad, que serían situados en las alcabalas de las carnes vivas y muertas de Baeza, Ubeda y Santisteban del Puerto (20). Men Rodríguez de Benavides lo ratificó en Ibros, lugar de Baeza, el 23 de julio de 1430.


    2.5. Alija
    En 1369 Enrique II de Trastamara concedió esta villa a su vasallo Juan Rodríguez de Neira(21). Un año más tarde, el 26 de marzo de 1370, el monarca comunicaba a su canciller mayor que había hecho donación de Alija a Rodríguez de Neira, así como también de todos los bienes que poseía Pedro García de Castro en San Millán, cerca de Valencia de Campos. Juan I confirmó ambos privilegios en Burgos el 30 de agosto de 1379, reservándose para la Corona las rentas reales de la villa. Unos años después, el 5 de junio de 1385, el monarca volvió a confirmar la donación a Juan Rodríguez de Neira, y más tarde, el 20 de febrero de 1392, Enrique III confirmaba a su vez la merced de Alija a Gómez Yáñez de Neira, hijo del anterior (22).
    A Gómez Yáñez le sucedió como señor de Alija su hijo Pedro de Meira que murió sin sucesión, retornando la villa a la Corona. El 23 de abril de 1446 Juan II donaba Alija y sus lugares a la condesa de Benavente. Esta concesión se enmarca en la política del monarca en aquellos momentos de atraerse a los Pimentel y separarlos del resto de la coalición nobiliar y partidaria de los infantes de Aragón (23). Unos años más tarde, en 1477, doña María de Quiñones cedía Alija a su hijo Pedro Pimentel, tras la renuncia a la posesión de la villa por parte del primogénito, Rodrigo Alfonso Pimentel.


    2.6. Comonte
    Hasta 1434 pertenecía a Juan de Ñera o Neira, probablemente her- mano del que fue señor de Alija, Pedro de Neira. En esta fecha vende el lugar al segundo conde de Benavente, por 150.000 maravedís. El motivo de la venta son las deudas de Juan de Neira con Gutierre Ponce, regidor y representante del concejo de Benavente. En 1433, y por el mismo motivo, había salido a pública subasta su localidad de Manganeses, después de haberlo empeñado dos años antes. Pero esta vez fue el concejo de Benavente quien realizó esta adquisición (24).


    3. EL MAYORAZGO DEL LINAJE ALMANSA




    Enrique II premiaba los servicios de su vasallo Gómez Pérez de Valderrábano con la donación de una serie de lugares: Alcañices, Tábara, Mombuey y Ayóo (hoy Ayóo de Vidríales) (25). Las villas y lugares mencionados pertenecían a la tierra de Zamora. Gómez Pérez no era, sin embargo, un advenedizo, pues los informes del Archivo de Osuna le hacen descender de don Arias Díaz de las Asturias, primer señor de Valderrábano, y de su esposa Aldonza González Froilaz, señora de Alcañices (26).


    La donación que le hace Enrique II a Gómez Pérez fue confirmada por Juan I en Burgos el 12 de agosto de 1379. El monarca menciona en su carta de confirma- ción los principales motivos de esta merced: los numerosos servicios que Gómez Pérez había prestado a su padre y a él mismo (27). Juan I se reservaba para la Corona las alcabalas, pedidos, moneda forera y minas de oro y plata de esas villas, con la expresa obligación de que Gómez Pérez le diese posada cuando las visitase acompañado de su esposa y de su madre.


    Unos años más tarde Enrique III, en un documento fechado en Madrid el 15 de diciembre de 1393, confirmaba la donación de esas villas a Luis y Ramiro de Almansa, hijos y herederos de Gómez Pérez y de su esposa Juana Gómez de Cifuentes (28).


    No volvemos a tener noticias de este linaje hasta el año 1460, en que era señor de estas villas don Diego de Almansa, biznieto de Gómez Pérez. El 18 de enero de 1465 don Diego, ante la falta de hijos varones, formó dos mayorazgos para sus hijas Francisca y Constanza, casadas respectiva- mente con don Pedro Pimentel y con Juan Enríquez, señor de Belber y Sobreros y primer conde de Alba de Aliste (29). La hija primogénita, Francisca de Almansa, recibiría las villas de Almansa, Alcañices y Tábara. A doña Constanza le correspondió el lugar de Villabel de Ayóo, las casas de Zamora, la heredad y rentas de la localidad de Moreruela y 5.000 maravedís de juro sobre las alcabalas de los lugares de la Mediana.


    Doña Francisca de Almansa, esposa de Pedro Pimentel, falleció pronto, dejando como heredero a su hijo único llamado Pedro, que poco después moría también, siendo aún menor de edad (30). La herencia de los Almansa pasaba, pues, a la única heredera viva, doña Constanza, mujer del conde de Alba de Aliste. Sin embargo, don Pedro Pimentel abrigaba planes para recuperar en su favor el patrimonio de su esposa e hijo. Para conseguir su objetivo, Pimentel manifestó que las villas de Tábara, Almansa y Alcañices le pertenecían como único heredero vivo de su hijo Pedro.


    Poco después y para neutralizar las pretensiones del conde de Alba de Aliste, solicitaba en matrimonio a la hija de este último, doña Inés Enríquez de Almansa. Finalmente, se dirigía a los Reyes Católicos invocando los numerosos servicios que sus antepasados habían prestado a la Corona. Los monarcas, para no enemistarse con un linaje tan pode- roso como el de los Pimentel, le despacharon un privilegio el 28 de enero de 1487 por el que le concedían las villas de Almansa y Tábara y le daban
    licencia para formar un mayorazgo (31).


    Sin embargo, pronto surgieron problemas. El 21 de agosto de 1489, don Francisco Enríquez de Almansa, hijo del conde de Alba de Aliste, presentó en la Cnancillería de Valladolid una demanda contra Pedro Pimentel. Don Francisco exigía la devolución del patrimonio de su tía Francisca de Almansa. La Chancillería, adoptando una solución salomónica, procedió a dividir las villas entre los dos herederos: don Francisco recibía Almansa y Alcañices y don Pedro Pimentel la villa de Tábara (32).


    El resultado del pleito no satisfizo las ambiciones de don Pedro Pimentel, pues juzgaba que le era claramente desfavorable. En consecuen- cia, elevó una súplica a Fernando el Católico. La sentencia del monarca, pronunciada en Valladolid el 12 de marzo de 1510, no hacía sino confirmar la de la Chancillería y el patrimonio quedó, por tanto, dividido (33).


    Por otra parte, Almansa fue objeto de nuevos acuerdos entre don Pedro Pimentel y el conde de Benavente. El 30 de noviembre de 1470 don Pedro se compromete a entregar Almansa y, a cambio, su hermano don Rodrigo le dará villas, rentas y vasallos por el mismo valor (34). Y, provi- sionalmente, el condedaentenenciaadon Pedro lavillade Viilafáfila, que no pertenecía a su señorío sino a la Orden de Santiago, pero que tenía en arriendo del comendador de Castrotorafe. El acuerdo funcionó en un principio y más o menos parcialmente. Así, en 1493 el conde disfruta de las alcabalas de Almansa al igual que de las de sus propios dominios y pasa a su hermano las rentas procedentes del arriendo de la villa (35).


    En cambio, en 1499 parece haberse abandonado esta transacción, quizás porque se ha anulado también el arrendamiento de Viilafáfila (36).




    En cuanto al mayorazgo de los bienes de don Pedro, fue fundado por este señor y su esposa Inés Enríquez el 9 de agosto de 1497. El heredero sería su hijo don Bernardino Pimentel. Los bienes que se enumeran en este mayorazgo son los siguientes (37):
    4.
    — La villa de Almansa con su fortaleza, que poco después les sería arrebatada por el conde de Alba de Aliste.
    — La villa de Tábara con sus lugares y la tierra de Orcellón y las aceñas de Misleo y Quintos.
    — La villa de Alija con sus lugares de La Nora y El Burgo, las posesio- nes en Puente de Vizana, Ginestacio y Comonte.
    — La villa de Gondoncillo y su tierra. Muy pronto sería cambiada por el resto de Puente de Vizana.
    — Los vasallos que tenían en Pobladura del Valle.
    — 60.000 maravedís de juro en Astorga y la dehesa y término de Carpurias y Ribaroya.


    EL MAYORAZGO DEL LINAJE ENRÍQUEZ


    En 1473, el almirante don Fadrique Enríquez, con licencia otorgada por Juan II el 20 de octubre de 1440, procedía a formar cuatro mayorazgos para sus hijos (38). El primogénito, Alonso Enríquez, heredaría el título de Almirante de Castilla y las villas más importantes del linaje: Medina de Rioseco, Torrelobatón, Villabrágima y otras. Su hijo segundo, don Pedro Enríquez, Adelantado de Andalucía, casado con la heredera del linaje andaluz de los Ribera, recibía la villa de Tarifa. El tercer hijo, Enrique Enríquez, heredaba las villas de Villada y Villavicencio. Finalmente, el cuarto hijo, Francisco, recibía la villa de Vega de Río Ponce, que años más tarde volvería al tronco principal del linaje porque este último hijo no tuvo descendencia.


    De esta herencia sólo nos interesa considerar aquí la que correspon- dió al tercer hijo, don Enrique Enríquez, señor de Villada y Vallavicencio. Casado más tarde con doña María de Luna, don Enrique no tuvo de ella hijos varones, y como su padre había prohibido en las cláusulas del mayorazgo que éste pudiera transmitirse a las hembras, ambas villas, por tanto, debían retornar á su muerte al linaje primogénito. Don Enrique, para evitar la desaparición de su linaje, se vio obligado a recurrir a sus sobrinos los Reyes Católicos (39).


    Los monarcas, para complacerle, anularon la cláusula testamentaria de su padre, una vez que el Almirante Alonso Enríquez, en presencia de Isabel y Fernando, y bajo la fórmula feudal del juramento, dio su aprobación a que el mayorazgo de su hermano fuese heredado por una de sus hijas (40).


    Las relaciones familiares de los Enríquez con Fernando el Católico dieron sus frutos. Los Reyes procedieron a dar facultad y licencia en 1493 y 1495 a don Enrique Enríquez para que formase su propio mayorazgo.


    Una vez conseguidos sus propósitos, don Enrique y su esposa fundaron un mayorazgo en Medina del Campo, el 10 de abril de 1504 (41). Su hija Teresa, esposa de Enrique Enríquez de Guzmán, heredaría las villas de Villada, Villavicencio de los Caballeros, el lugar de San Juan de Grajera con Hermita—que después se despobló—, el término de Villamuza y las villas de Riaño, Salió y La Puerta. Según las disposiciones de sus padres, doña Teresa no podía enajenar estas villas ni tampoco imponer tributo alguno sobre ellas. Don Enrique organizaba además la sucesión del ma- yorazgo de la siguiente manera: si faltaban los hijos varones de doña Teresa heredaría el patrimonio su segunda hija, Elvira Enríquez, casada
    con el marqués de Priego, a quien le sucedería su hijo segundo. Si Elvira fallecía sin descendencia, el mayorazgo pasaría a su tercera hija, Fran- cisca, esposa del marqués de Denia.


    Si ésta moría también sin sucesión, los bienes serían heredados por su cuarta hija, María, casada con el duque de Gandía. Finalmente, don Enrique establecía que quien heredase el mayorazgo por él constituido, llevaría el apellido y armas del linaje Enrí- quez (42). Tres meses más tarde, el 20 de julio de 1504, los Reyes Católicos confirmaron el mayorazgo en Medina del Campo.


    Unos años más tarde, tras la muerte de don Enrique Enríquez, heredó el mayorazgo su hija Teresa, que había contraído matrimonio con Enrique Enríquez de Guzmán, conde de Alba de Aliste (43). De esta manera, el patrimonio del linaje Enríquez pasó a formar parte de los dominios del condado de Alba de Aliste cuando el hijo primogénito de este matrimonio, Diego Enríquez de Guzmán, heredó los señoríos de sus padres. A mediados del siglo XVI contrae matrimonio Teresa, segunda hija de don Diego Enríquez, con don Pedro Pimentel, segundo marqués deTábara. Con este enlace, los tres mayorazgos—Pimentel, Almansa y Enríquez— pasaban a formar el patrimonio de un único linaje, el de los marqueses de Tába- ra (44).


    El señorío que aportaban los Enríquez al marquesado de Tábara, estaba formado por cuatro villas y dos lugares. Las villas eran Vlllada, Villavicencio de los Caballeros, Riaño y Salió y los lugares se denominaban La Puerta y el despoblado de Villamuza. No disponemos de informa-ción alguna sobre Riaño, Salió, el término de Villamuza y La Puerta y, por tanto, solamente nos detendremos a considerar la historia de Villada y Villavicencio hasta el momento en que se integraron en los dominios del almirante de Castilla.


    4.1. Villada
    Villada era un lugar de behetría que formaba parte en el siglo XIV de la menndad de Carrión. En el Becerro de las Behetrías, de 1352, se describe la villa como una localidad en la que se ha introducido el señorío compar- tido de varias personas e instituciones. Se trata del monasterio de Saha- gún y, por otra parte, de varios señores laicos: Gonzalo Núñez, Ñuño Núñez de Aza, los hijos de Fernando Alvarez de Aza, y Juana Núñez, Urraca Alvarez, Elvira Alvarez, Juana Núñez, Mayor Alvarez, Fernán Alva-
    rez y Juan Núñez de Aza (45). El Becerro enumera las rentas que el rey y los señores de la villa percibían en Villada: los vasallos pagaban al rey servicios y monedas; los solariegos no pagaban la fonsadera, excepto los vasallos pertenecientes al abad de Sahagún. Estos últimos sí lo hacían, pero no pechaban con el yantar ni con la martiniega. Los demás pagaban cada uno tres maravedís en concepto de martiniega por la casa en que vivían. Se hallaban, además, obligados a hacer una serna cada mes y a dar el «cuarto» de la cántara de vino. Por su parte, los vasallos de Sahagún entregaban al abad nueve dineros por la casa en que habitaban, además de realizar una serna obligatoria cada mes.


    El 15 de agosto de 1373, Gonzalo Núñez de Guzmán, maestre de la orden de Calatrava, e hijo de Ramiro Froilaz de Guzmán, señor de Bel ver, y de doña María González de Aza, señora de una parte de Villada, concedía a su primo Pero Núñez de Guzmán, los lugares de Alcozar y Villamizar y parte de Villada (46). Gonzalo Núñez de Guzmán había heredado los dos primeros lugares de su abuelo Ramiro Núñez de Guzmán, y se los dejaba a su primo porque su abuelo había prohibido en su testamento que sus bienes pasasen a una mujer o a una institución religiosa (47). Por último, el donante prevenía a su primo Pero Núñez que había hecho donación a su pariente Gonzalo Núñez de Aza de la parte de Villada que él había recibido de su madre. Unos años más tarde, el 22 de abril de 1391, Enrique III confirmaba en Madrid estas disposiciones de Gonzalo Núñez de Guzmán.




    Sin embargo, esta donación del maestre de Calatrava no tuvo, al parecer, efecto, pues la parte que los Aza poseían en Villada no la heredó Pero Núñez de Guzmán, sino Gonzalo Núñez de Aza. Ignoramos las causas que alteraron las disposiciones del maestre, aunque es posible que él mismo rectificase posteriormente la donación a Pero Núñez, pues Herrera y Juan de Valencia, sus criados, así como también 10 varas de paño a Marina González, 200 maravedís y 10 varas de paño a Elvira Alfón, esposa de Fernán González y 10 cargas de trigo en Villada a Teresa, cuñada de Alfonso Fernández de Valderrábano. Este testamento se otorgó en 1405, cuando Gonzalo Núñez ejercía las funciones de alcaide del castillo de Zorita. El 15 de diciembre de ese año, hallándose muy enfermo, otorgó un codicilo en la villa de Huete en el que ratificaba el testamento anterior y hacía una nueva donación a su esposa de las heredades que poseía en tierras de Guadalajara, Torres, Ciruelos e Hita (53).


    En ese codicilo dispone que lo hereden sus hijos, y si éstos fallecen sin herederos, que sus albaceas destinen sus bienes a la reden- ción de cautivos. Finalmente, ordena que se den 20.000 maravedís a su sobrina Teresa, hija del comendador de Calatrava, para ayudar a su casamiento, y otros 10.000 maravedís a Beatriz, hija de Ñuño Fernández Cabeza de Vaca.
    Gonzalo Núñez falleció poco después de otorgar su último testamento y su viuda doña Berenguela y su cuñado el obispo de Cuenca aceptaron las disposiciones del donante el 12 de enero de 1406.


    Por su parte, Ramiro y Fernando, hijos de Gonzalo Núñez, denunciaron el testamento de su padre y, con la ayuda de su tío Diego Ramírez de Guzmán, arcediano de Valderas y obispo electo de León, pusieron pleito a su madrastra por la posesión de Villada (54). Mientras tanto, doña Berenguela Cabeza de Vaca había tomado posesión de los bienes que le pertenecían, como bienes gananciales durante su matrimonio. Ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, intervino el rey Enrique III que, por dos cédulas otorgadas en Valladolid el 8 de marzo y el 24 de abril de 1406, prohibió a ambos hermanos que se abstuvieran de inquietar a doña
    Berenguela mientras no fuese oída en juicio (55).


    Finalmente, ambas partes decidieron someter sus diferencias a dos compromisarios encargados de examinar la situación y de emitir un fallo. Así, Ramiro Daza, por su parte, y como tutor de su hermano Fernando, nombró compromisario a su tío Diego Ramírez de Guzmán, arcediano de Valderas (56). Doña Berenguela eligió a su hermano Ñuño Fernández Cabeza de Vaca.


    El 29 de mayo de 1406, ambos compromisarios se reunieron en Villada y, una vez oídas las dos partes, determinaron que doña Berenguela disfrutase de la villa mientras viviese, según lo había dispuesto su difunto esposo en su testamento (57).


    La sentencia no satisfizo a los hermanos Daza, que volvieron a importunar a doña Berenguela por la posesión de Villada.


    El 7 de marzo de 1410 Fernando Daza dio poder a su hermano Ramiro para que de nuevo pleitease con doña Berenguela y ésta, por su parte, encargó a su segundo esposo, Alvar Rodríguez de Escobar, sobrino de su marido, que protegiese sus derechos sobre Villada (58). El pleito no prosperó y doña Berenguela siguió disfrutando de la villa.




    Unos años más tarde, el 8 de marzo de 1423, doña Berenguela Cabeza de Vaca compró a Juana Ramírez, hija de Juan Ramírez de Palazuelo y viuda de Fernán García de Lara, todo lo que ésta poseía en los términos de Villada, Grajera, Cisneros y Pozo de Urama, así como la novena parte de los diezmos que le correspondían en la iglesia de San Juan de Grajera, por la cantidad de 1.000 maravedís (59).




    La documentación del archivo de Osuna referida a Villada se interrumpe en ese año y no volvemos a tener noticias de los Aza y de doña Berenguela hasta el año 1436, en que Fernando de Aza vende la mitad de Villada al monasterio de Sahagún por 3.000 florines (60). La venta no podría hacerse efectiva hasta el fallecimiento de doña Berenguela.


    Un año después Ramiro de Aza, hermano de don Fernando, regalaba la parte que poseía en Villada y en Grajera al mismo monasterio, para que los monjes rogasen a Dios por sus padres y por él mismo (61).
    Sin embargo, ambas escrituras quedaron sin efecto cuando el 2 de marzo de 1437 doña Berenguela Cabeza de Vaca donaba la mitad de Villada a don Fadrique Enríquez, hijo del almirante de Castilla Alfonso Enríquez.


    El motivo de la donación consistía en que el almirante había prestado hacía más de treinta años la cantidad de 3.000 florines al esposo de doña Berenguela, Gonzalo Núñez, y éste no los había devuelto (62). Por tanto, Villada era el pago del préstamo de los Enríquez. Unos meses más tarde, el 19 de noviembre de 1437, don Fadrique Enríquez y doña Berenguela llegaban a un acuerdo por el cual esta señora vendía al primero Villada y Grajera por 32.000 maravedís, de a dos blancas el maravedí.


    De ellos, recibiría 12.000 maravedís en un juro de heredad situado sobre las alcabalas de la madera y fruta de Valladolid y los 20.000 restantes le serían pagados progresivamente en varios años (63). Poco después, doña Berenguela se dio por satisfecha de la venta y, de esta manera, pasó Villada a los dominios del almirante.


    Pero los Enríquez sólo eran señores de la parte de Villada que había pertenecido a los Aza. Para poseer el señorío completo de la villa era necesario llegar a un acuerdo con su otro señor, el monasterio de Saha- gún. El cenobio se negó a enajenar las dos partes que poseía en la vi IIa de Villada. Entre lósanos 1438 y 1470, fueron muy frecuentes las diferencias y litigios dentro de Villada, entre los vasallos de los Enríquez y los del monasterio. Lasituaciónerainsostenibley, por ello, en 1470 don Fadrique pidió al abad de Sahagún que le vendiese su parte.


    El monasterio, para evitarse conflictos continuos con los Enríquez, se decidió entonces a enajenar definitivamente las dos partes que tenía de la villa. Con este fin, solicitó del Pontífice el oportuno permiso y éste le llegó en forma de bula dada por Pío II en Roma, el 8 de febrero de 1471 (64). De todas formas, hubo que esperar aún trece años más para que la compra se llevase a efecto.


    El 29 de octubre de 1484 se llegó finalmente a una concordia con el monasterio de Sahagún. En ese año ya era señor de Villada don Enrique Enríquez, tercer hijo del almirante Fadrique, de quien había heredado la villa. Don Enrique, en la fecha ya señalada, compró al abad los ochenta vasallos y solares que le pertenecían en Villada, por la cantidad de 80.000 maravedís de juro de heredad, 65.000 en las alcabalas de Sahagún y 15.000 en las de León (65).


    Los ochenta vasallos del monasterio vivían en la calle que llamaban de Sahagún y de cada vecino los monjes percibían 80 cargas de pan, 23 gallinas y 23 cornados de la moneda vieja. Se concertó también que el monasterio se quedase con dos casas, con su préstamo y heredades, para recoger los diezmos, las ofrendas y otras rentas.


    Los que en ellas viviesen como mayordomos o familiares del cenobio serían francos de servicios, empréstitos, sernas y huéspedes debidos al señor, pechando solamente con los tributos debidos al concejo.


    Finalmente, el monasterio pedía a Enrique Enríquez que no permitiese que los parroquianos del barrio de San Frutos se pasasen a vivir a la feligresía de Santa María, porque ello significaría la disminución de las rentas decimales que percibía el cenobio. Había que intentar, según esta petición, que al menos se mantuviesen en San Frutos los mismos feligre-mses que lo habitaban en el momento de la venta. El monasterio se reser- vaba, pues, los diezmos y el patronato de la iglesia de Villada.


    A este respecto, es interesante conocer la situación de la villa de Villada en 1484, año en que se lleva a cabo la venta. El monasterio, a petición de don Enrique Enríquez, redactó una información sobre lo que poseía en Villada. Según este informe, el cenobio tenía en los arrabales que se hallaban fuera de la villa unos setenta vecinos y la mitad de veintiocho.


    Las rentas que le proporcionaban ascendían a 20.000 maravedís anuales (66). Diversos testigos afirmaron después que los 80.000 maravedís que había pagado don Enrique al monasterio venían a ser un tercio más de lo que valía todo lo que el cenobio poseía en la villa.


    De esta información se deduce además que en total eran ochenta y cuatro los vasallos de Sahagún en Villada, es decir, cuatro más de los que aparecen en el contrato de venta.


    Así pues, tras esta compra, la villa de Villada pasaba a pertenecer por entero a don Enrique Enríquez.


    4.2. Villavicencio
    Este lugar, como Villada, era también de behetría. Según un informe del archivo de Osuna, pertenecía a los siguientes señores: el abad de Sahagún, Suer Téllez, García Díaz, Pero Rodríguez, Gómez Lazareno, Fernando Rodríguez, la abadesa doña María de Gradefes, Gonzalo Rodrí- guez Valera, Elvira Lazareno, Estebanía Lazareno, Aldara Ruiz, Pedro García, Marina García y Sancha Pérez (67).


    No volvemos a tener noticias de este lugar hasta el 29 de enero de 1443, en que el concejo y los vecinos de Villavicencio se sometieron, bajo pacto de vasallaje, al almirante don Fadrique Enríquez entregándole la jurisdicción civil y criminal, como vasallos de behetría (68).


    Los vecinos de Villa- vicencio se obligaban a dar al almirante y a sus sucesores, en reconoci- miento de señorío, 30 cargas anuales de pan —la mitad de trigo y la otra de cebada—, 3.000 maravedís, un par de gallinas y un ánsar por cada vecino; las aves las entregarán por Navidad y los maravedís los pagarían por tercios anuales.


    El señor se compromete a guardarles sus fueros y a no entregar la villa a otro linaje. Finalmente, las monjas de Santa Clara de Valladolid, que eran señoras de una parte de la villa, renunciaron poco después a su dominio en favor de don Fadrique (69).


    Sin embargo, unos años después, el concejo de Villavicencio denunció esta escritura de vasallaje, alegando que la villa era behetría de los descendientes de los primitivos señores y que, por tanto, la entrega a los Enríquez era nula (70). Y así, los vecinos de la villa pusieron pleito en la cnancillería de Valladolid a doña María de Luna, viuda de don Enrique Enríquez, a su hija Teresa y a su yerno el conde de Alba de Aliste.


    La villa pretendía dejar de ser señorío y pasar al realengo. La sentencia, dictada el 26 de febrero de 1507, fue favorable a la villa (71).


    El conde de Alba de Aliste recurrió contra ella, pero la sentencia de revista del 8 de junio de 1536 le fue también desfavorable. Unos años más tarde, el conde volvió de nuevo a protestar contra esta sentencia, pero aún no se había llegado a un acuerdo cuando los bienes del linaje Enríquez se integraron en el marquesado de Tábara.


    5. LA UNIFICACIÓN DE LOS TRES MAYORAZGOS. EL MARQUESADO DE TABARA


    El 9 de septiembre de 1541 Carlos V, por un privilegio otorgado en Genova, concedía a don Bernardino Pimentel el título de marqués de Tábara (72). Don Bernardino había sucedido a su padre Pedro Pimentel en la posesión de los mayorazgos de los Pimentel y los Almansa y había casado con Constanza Osorio Bazán, hija del conde de Lemos don Pedro Alvarez Osorio. Un año después, el 4 de marzo de 1542, don Bernardino aumentaba su patrimonio con la compra a Carlos V de la villa de Villafáfila y sus lugares de San Agustín y Revellinos, situados en la encomienda de Castrotorafe (73).


    Villafáfila pertenecía a la Orden de Santiago y para enajenarla el monarca solicitó la oportuna bula pontificia. El precio pa- gado por Pimentel fue de 13.634.186 maravedís y en él se incluía la jurisdicción, el yantar, el portazgo, los mostrencos y las dos terceras partes de los diezmos del pan, vino y menudos de siete vecinos de la villa, después de que el obispo de Astorga escogiese otros diez diezmeros.


    La carta de pago fue otorgada en Valladolid por el tesorero del rey Alonso de Baeza, el 31 de marzo de ese mismo año. La venta de Villafáfila se inscribe en el proceso iniciado por Carlos V en los años treinta del siglo XVI, de enajenación de tierras y lugares pertenecientes a las Ordenes Militares, con objeto de procurar ingresos a la hacienda real (74). Poco después, el 2 de junio de 1542, el marqués de Tábara y su esposa, con licencia de Carlos V dada unos años antes, incluían en el mayorazgo fundado por su padre la vi I la de Villafáfila, las casas de Valladolid y sus muebles, los juros, 500 marcos de plata labrada y los derechos que poseía doña Constanza, como hija del conde de Lemos, a la villa de Ponferrada y a la mitad del lugar de Cabezón de Valderaduey.


    El heredero del mayorazgo sería su hijo Pedro, que llevaría el apellido y armas de los Pimentel-Osorio. Don Pedro, segundo marqués de Tábara, heredó también el mayorazgo de los Enrí- quez, al casar con la heredera de este último linaje, doña Teresa Enríquez.


    Los tres mayorazgos se unieron, pues, a mediados del siglo XVI en una única persona, el marqués de Tábara.


    El patrimonio de los marqueses de Tábara hacia mediados del siglo XVI se hallaba formado por tres villas de cierta importancia, Villafáfila, Tábara y Villada, otras dos de menor entidad, Alija y Villavicencio, y una serie de lugares, tales como Ginestacio, Puente de Vizana, la mitad de Pobladura del Valle, Comonte, El Burgo y La Nora. Se trataba de un conjunto territorial disperso por las actuales provincias de Palencia, León y Zamora. Buena parte de los pueblos procedentes del linaje Pimentel se hallan situados en León, al noroeste de la villa zamorana de Benavente: Ginestacio, Alija del Infantado, La Nora y El Burgo y Puente de Vizana. En
    el norte de la actual provincia de Zamora se encontraban los territorios más importantes: Tábara y Villafáfila, con sus respectivas tierras.


    También estaban situadas en esta zona las otras localidades que habían pertenecido a los Pimentel, es decir, Pobladura del Valle y Comonte. Finalmente, Villada y Villavicencio de los Caballeros se hallan en la provincia de Palencia.


    http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10...M_04-05_11.pdf
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

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