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Tema: La Orden de Malta hoy: ¿es oro todo lo que reluce?

  1. #1
    Avatar de Scolastica
    Scolastica está desconectado Miembro graduado
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    La Orden de Malta hoy: ¿es oro todo lo que reluce?

    Me gustaría saber si alguien aquí está familiarizado con la Orden de Malta.

    Los caballeros y damas de la orden supuestamente tienen que probar sus superiores cualidades cristianas, pero he visto algo recientemente que me hizo preguntarme si actualmente no es más que una especie de club de campo global donde solamente hace falta tener los contactos adecuados. Se trata de un vídeo que he visto en un blog enlazado por otro blog tradicionalista. Creo que se trata de un fragmento de “Españoles en el mundo” de Cuatro, y seguía a un matrimonio de hispanófilos de Manila. El hombre era profesor de baile flamenco. Más adelante lo acompañamos a su mansión donde nos espera su señora, que se presenta como Dama de la Orden de Malta. Pronto me rechina la señora. El orgullo snob con el que se proclama Dama, su nuevoriquismo hortera mientras nos enseña sus figurines y su colección de miles de zapatos cual émula de Imelda Marcos… Pronto la sensación inicial se confirma. Nos muestra orgullosa unas litografías que muestran a unas señoras practicando sexo oral lésbico. Y lo mejor viene cuando nos dice que se dedica a la usura (bueno, ella dice “préstamo”, no usura, pero a buen entendedor, etc y cuando el periodista, tan mosqueado como este servidor, le pregunta qué interés cobra, se nota que se lo inventa sobre la marcha cuando dice 5%).

    ¿Es mi impresión representativa de la Orden en la actualidad?


    Un saludo.



  2. #2
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Re: La Orden de Malta hoy: ¿es oro todo lo que reluce?

    Orden de Malta, en razón de su soberanía, no cooperará con grupo de investigación nombrado por la Secretaría de Estado del Vaticano






    Lo que nosotros de modo informal llamamos ‘comisariamiento’ de la Orden de Malta en razón de la sustitución del antiguo Gran Canciller, que en realidad es una investigación ordenada por la Secretaría de Estado del Estado Vaticano constituida por un grupo de cinco personas, investigación la cual consideran “inaceptable”. El Gran Magisterio de la Orden emitió ayer una declaración reiterando su soberanía e indicando que no colaborarán con este grupo de cinco personas, “por lo que no es y no puede en modo alguno ser considerada como una falta de respeto hacia el Grupo, ni hacia Su Eminencia el Secretario de Estado”.

    Nuestra traducción de la declaración (visto que no existe por ahora una versión oficial en español de la misma).



    El Gran Magisterio de la Soberana Orden de Malta, en respuesta a las actividades que lleva a cabo un Grupo nombrado por el Secretario de Estado del Vaticano, considera apropiado reiterar que la sustitución del antiguo Gran Canciller fue un acto interno de la Gobierno de la Orden.

    Por lo tanto, considerando la irrelevancia jurídica de este Grupo y de sus conclusiones en relación con la estructura jurídica de la Orden de Malta, la Orden ha decidido que no debe cooperar con ella. Esto es para proteger su soberanía contra iniciativas que afirman estar dirigidas en cuestionar o incluso limitar objetivamente dicha Soberanía (y por lo tanto —aparte de sus intenciones— revela ser legalmente irrelevante).

    El parágrafo 6 del artículo 4 de la Carta Constitucional es claro cuando afirma que “el carácter religioso de la Orden no perjudica el ejercicio de prerrogativas soberanas pertenecientes a la Orden en la medida en que sea reconocida por los Estados como sujeto del derecho internacional” y el parágrafo 5 del artículo 4 reitera que “la Orden tiene representación diplomática ante la Santa Sede, de acuerdo con las normas del derecho internacional”.

    La confirmación de tal estatuto en virtud del derecho internacional también está confirmada en el Annuario Pontificio de la Santa Sede, donde la Orden es mencionada sólo una vez y no entre las órdenes religiosas, sino entre los Estados con Embajadas acreditadas en la Santa Sede.

    Hay que señalar los diferentes rangos de los miembros de la Orden pertenecientes a diferentes clases y, por lo tanto, también las relaciones jerárquicas que existen entre esos miembros y sus superiores. La Segunda Clase, a la que pertenecía el antiguo Gran Canciller, es para los miembros de la Orden ‘en Obediencia’ que hacen la Promesa según el artículo 9, parágrafo 2, de la Carta Constitucional (véase también el artículo 8, parágrafo 1 b de la Carta Constitucional). Esta Promesa no tiene nada que ver con el Voto de Obediencia que toman los Caballeros de Justicia, que pertenecen a la Primera Clase. Por lo tanto, los Caballeros de Justicia “son religiosos en todos los aspectos” (Artículo 9 parágrafo 1 de la Carta Constitucional), mientras que no son ‘Caballeros en Obediencia’.

    Adicionalmente, de conformidad con el parágrafo 2 del artículo 4, la Carta Constitucional establece que los miembros de la Segunda Clase que han asumido la Promesa de Obediencia sólo están subordinados a sus Superiores religiosos particulares dentro de la Orden.

    A la luz de estas normas jurídicas fundamentales, está claro que, en términos estrictamente legales, la negativa a un mandamiento ‘en Obediencia’ no justifica en modo alguno la participación de ‘superiores religiosos”, tanto más que no todos pertenecen a la Orden.

    Tal participación, además de ser imposible desde el punto de vista jurídico, es también superflua en cuanto a la protección de los miembros de la Orden: desde el momento en que los miembros de la Segunda y Tercera Clase que deseen apelar contra medidas disciplinarias que ellos consideren demasiado duras, pueden disputarlos ante los Tribunales Magisteriales, conforme a lo dispuesto en el artículo 129 del Código Constitucional.

    La falta de cooperación con el mencionado Grupo tiene por lo tanto motivos estrictamente legales, por lo que no es y no puede en modo alguno ser considerada como una falta de respeto hacia el Grupo, ni hacia Su Eminencia el Secretario de Estado.

    La posición del Gran Magisterio es que las declaraciones que miembros individuales consideren que podrían hacer al Grupo no pueden, en sus términos y juicios, estar en contradicción, directa o indirectamente, con la decisión del Gran Maestro y del Soberano Consejo respecto del reemplazo del Gran Canciller.



    Fuente: SECRETUM MEUM MIHI
    Última edición por Martin Ant; Hace 1 semana a las 20:09

  3. #3
    Avatar de Hyeronimus
    Hyeronimus está desconectado Miembro Respetado
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    Re: La Orden de Malta hoy: ¿es oro todo lo que reluce?

    Aunque ya se publicó el otro día, lo repito en este hilo, que viene más a pelo y explica mejor la situación. Mañana si Dios quiere habrá otro artículo del mismo autor sobre este tema.


    El Papa y la Orden de Malta: una medida que no es conforme a derecho



    El Papa ha nombrado una comisión para investigar la Orden de Malta. La estrategia de crear estas comisiones gusta indudablemente a Francisco, que ya ha tomado tan draconianas medidas contra dos institutos religiosos que considera excesivamente tradicionales: los Franciscanos de la Inmaculada y los religiosos del Verbo Encarnado. Y no tiene nada de casual que el anuncio de la creación de una comisión al objeto de «recoger elementos aptos para informar debidamente en tiempo breve a la Santa Sede sobre la actuación del Gran Canciller de la Orden, Albrecht von Boeselager» lo haya hecho la Sala de Prensa Vaticana el pasado 22 de diciembre, justo mientras el papa Bergoglio convertía la tradicional felicitación navideña a la Curia en una dura reprimenda contra quienes resisten su proyecto de transformación radical de la Iglesia, aludiendo implícitamente al cardenal Raymond Leo Burke, patrono de la Orden de Malta. Pero en este caso no es válido servirse de una comisión investigadora.


    Como explica Fabrizio Turriziani Colonna en un documentado estudio dedicado a la soberanía e independencia de la Soberana Orden Militar de Malta (Libreria Editrice Vaticana 2006), la mencionada orden y la Santa Sede están en un pie de igualdad como sujetos de derecho internacional, y se encuentran por tanto en una situación de independencia recíproca. De hecho, la Orden de Malta posee una doble personalidad jurídica que, en el plano del derecho canónico, la subordina a la Santa Sede, pero en el del derecho internacional le garantiza su independencia de ésta. El hecho de que la Orden de Malta mantenga relaciones diplomáticas con 94 estados y tenga un embajador cerca de la Santa Sede confirma que, en un determinado ámbito, las relaciones son de igual a igual. La Soberana Orden Militar de Malta es, en resumen, un estado soberano aunque carezca de territorio; un estado celoso de su autonomía y sus prerrogativas. En nueve siglos de historia, los Caballeros de Malta se han cubierto de gloria derramando su sangre por la Iglesia, pero no han faltado los conflictos con la Santa Sede. El último, relatado por Roger Peyrefitte (Chevaliers de Malte, Flammarion, París 1957), tuvo lugar durante la posguerra de la segunda contienda mundial, cuando la Orden consiguió frustrar la tentativa de fusión con los Caballeros del Santo Sepulcro. La pugna se resolvió en 1953 con la sentencia de un tribunal cardenalicio que reconoció la soberanía de la Orden de Malta, si bien afirmando su dependencia de la Santa Sede en lo que respecta a la vida religiosa de los caballeros. La Orden de Malta aceptó la sentencia, condicionándola a algunos puntos: 1) Reconocimiento de los derechos que le corresponden como sujeto de derecho internacional; 2) Limitación de la dependencia religiosa de la Orden a los caballeros profesos y los capellanes; 3) Exclusión de la sujeción a la Secretaría de Estado vaticana. La competencia de la Santa Sede no afecta por tanto al gobierno interno e internacional de la Orden, sino que se limita al ámbito estrictamente religioso.


    A estas alturas se podría imaginar que el Papa, tras haber reconocido desviaciones de orden doctrinal y moral entre los caballeros haya querido tomar cartas en el asunto para corregir la situación. ¿Y qué ha sucedido por el contrario? Habiendo trascendido que Albrecht von Boeselager, mientras ejercía como Gran Hospitalario de la Orden, había abusado de su autoridad promoviendo la distribución de decenas de miles de preservativos y anticonceptivos, algunos incluso abortivos (como documentan los informes relativos al programa de las Naciones Unidas contra el sida en Myanmar), el Gran Maestre Matthew Festing intervino para poner fin al escándalo y solicitó a Boeselager que dimitiera, apelando al voto de obediencia. El Gran Canciller, valiéndose de de su amistad con el Secretario de Estado Pietro Parolin y del reciente nombramiento de su hermano Georg como miembro de la junta del IOR, rechazó con arrogancia la petición, haciendo valer su conducta como católico liberal.

    La creación por parte de la Secretaría de Estado de una comisión investigadora compuesta de cinco miembros, todos ellos más o menos vinculados a Boeselager, constituye una grave injerencia en el gobierno de la Orden. La Santa Sede debería limitarse a supervisar su vida religiosa a través del Cardenal Patrono, que es Burke, nombrado por el propio papa Francisco. El Papa tiene perfecto derecho a informarse de los asuntos internos de la Orden, pero no es conforme a derecho que lo haga por medio de una comisión que puentee al representante pontificio, a no ser que no quiera hacer a este último objeto de acusación. Ahora bien, un cardenal sólo puede ser juzgado por sus iguales, no por la burocracia vaticana. Igual de impropio es confiar a una comisión vaticana el juicio de cuestiones que no afectan la vida religiosa, sino el gobierno de la Orden, dirigiendo en este caso la acusación al Gran Maestre. El cual ha hecho bien, por tanto, al rechazar el irregular nombramiento de la comisión.


    Desgraciadamente, no sólo ha sido irregular el procedimiento, sino también y sobre todo el juicio por parte de las autoridades vaticanas. A quien menospreciando el Magisterio de la Iglesia favorece la contracepción y el aborto y viola los votos que ha hecho, se lo considera hoy digno de ser rehabilitado. Y en cambio, quien defiende las enseñanzas de la Iglesia y la integridad moral de las instituciones a las que pertenece, es acusado de resistencia malévola al Santo Padre y termina en el banquillo de los acusados. Es de esperar que los caballeros reaccionen. Lo que está en juego no es sólo es la soberanía de la Orden de Malta, sino también su tradición de ininterrumpida defensa de la fe y de la moral católica.


    Roberto de Mattei


    El Papa y la Orden de Malta: una medida que no es conforme a derecho
    Última edición por Hyeronimus; Hace 1 semana a las 02:36

  4. #4
    Avatar de Hyeronimus
    Hyeronimus está desconectado Miembro Respetado
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    Re: La Orden de Malta hoy: ¿es oro todo lo que reluce?

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    ¿Quién quiere disolver la Orden de Malta?



    Roberto de Mattei


    «Mucho tiempo antes de que las naciones civiles se reunieran y establecieran un derecho internacional; mucho antes de que pudieran tener el sueño --aún no llevado a la práctica-- de disponer de una fuerza común encargada de defender la sana libertad humana, la independencia de los pueblos y una pacífica equidad en sus relaciones mutuas, la Orden de San Juan ya había congregado en una fraternidad religiosa y sometido a una disciplina militar a hombres de ocho "lenguas" [divisiones geográficas] consagrados a la defensa de los valores espirituales que son patrimonio común de la Cristiandad: la fe, la justicia, el orden social y la paz.»

    Estas palabras de Pío XII, dirigidas el 15 de enero de 1940 a los caballeros de la Soberana Orden Militar de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta resume las características que distinguen a la más antigua orden de caballería, el único estado soberano cuya bandera ondeó en los campos de batalla de las Cruzadas. Una orden cuyo carisma ha sido siempre «Tuitio fidei et Obsequium pauperum» (custodia de la Fe y regalo de los pobres).

    ¿Es posible que un papa quiera disolver esta institución, gloria de la Cristiandad? Desgraciadamente, ésta es la impresión que se saca de los últimos acontecimientos relativos a la Orden de Malta. El pasado 24 de diciembre, Corrispondenza Romanapresentó una primera reconstrucción de los hechos. Edward Pentin, en el National Catholic Register del 7 de enero de este año, ha profundizado en el asunto y añadido nuevos detalles.

    En síntesis, la situación es la siguiente: el 6 de diciembre pasado, el Gran Maestre de la Orden de Malta Frey Matthew Festing, en presencia de dos testigos, uno de los cuales era el cardenal patrono Raymond Leo Burke, solicitó al Gran Canciller Albrecht Freiherr von Boeselager que dimitiera. Había trascendido que el Gran Canciller Boeselager, mientras ejercía como Gran Hospitalario de la Orden, había abusado de su autoridad promoviendo en algunos países del Tercer Mundo la distribución de decenas de miles de preservativos y anticonceptivos, algunos incluso abortivos.

    A pesar del voto de obediencia que lo obliga a someterse al Gran Maestre, el Gran Canciller se negó a dimitir. Durante Iniciadoel proceso de suspensión de todos sus cargos, Boeselager pidió ayuda a la Secretaría de Estado vaticana, que nombró una comisión de investigación para que recabase datos a fin de informar detalladamente y en breve plazo a la Santa Sede sobre el asunto.

    El 23 de diciembre el Gran Magisterio de la Orden declaró inaceptable la decisión de la Secretaría de Estado, recordando que la destitución de Boeselager es un acto de gobierno interno de la Soberana Orden de Malta, y por consiguiente es de su exclusiva competencia. En una declaración posterior con fecha de 10 de enero, el Gran Magistero ha reiterado su intención de no colaborar con la comisión investigadora vaticana, «a fin de proteger su soberanía contra iniciativas que afirman estar dirigidas a cuestionar o incluso limitar objetivamente dicha soberanía (y por lo tanto, independientemente de sus intenciones, revela ser jurídicamente irrelevante)».

    De pronto la iniciativa vaticana resulta una impresionante metedura de pata. El régimen jurídico de la Orden de Malta está regulado por la Carta Constitucional de 1997. El artículo 3 de dicha Carta Constitucional, declara en el párrafo 1: «La Orden es sujeto de derecho internacional y ejerce funciones soberanas». Dichas funciones consisten en el poder ejecutivo, representado por el Gran Maestre, asistido por el Soberano Consejo; el poder legislativo, representado por el Capítulo General; y el poder judicial, representado por los Tribunales Magistrales.

    La Orden de Malta expide pasaportes diplomáticos y posee sedes extraterritoriales en Roma, en las que recibe oficialmente a los representantes de más de un centenar de estados con los que mantiene relaciones de igual a igual. La Orden mantiene relaciones privilegiadas con la Santa Sede, pero goza de plena autonomía. La Santa Sede nombra a un Cardenal Patrono y la Orden a un embajador, con arreglo a las normas del derecho internacional.

    Como señala el profesor Paolo Gambi, a pesar de que tiene la naturaleza religiosa propia de las órdenes sometidas a la autoridad eclesiática, la Orden posee una condición peculiar en extremo, «ejerciendo una autoridad casi única en el panorama eclesiástico y limitando las influencias de esta naturaleza a los miembros que han hecho los votos» (La soberana militar Orden de Malta en el orden jurídico eclesial e internacional, Ius Canonicum, XLIV, nº 87 (2004), pp. 197-231). El artículo 4 pár. 6 de la Carta Constitucional de la Soberana Orden de Malta establece claramente: «La naturaleza religiosa no excluye el ejercicio de las prerrogativas soberanas que corresponden a la Orden en cuanto sujeto de derecho internacional reconocido por los Estados».

    El Anuario pontificio confirma dicho status de derecho internacional, incluso ante la Santa Sede . En dicho anuario sólo se menciona una vez a la Orden, y no entre las órdenes religiosas, sino entre las embajadas de los estados acreditados ante la Santa Sede. La Carta Constitucional de 1997 ha eliminado también algunas intervenciones eclesiásticas anteriormente previstas, como la aprobación previa de la Santa Sede para validar la elección del Gran Maestre y el consentimiento expreso de la misma para que sea válida la profesión solemne de votos.

    La competencia de la Santa Sede sobre la vida religiosa de los caballeros afecta únicamente a la primera clase, los Caballeros de Justicia, que hacen tres votos monásticos de forma solemne. Los miembros de la segunda clase, los Caballeros en Obediencia, cuya promesa no tiene nada que ver con el voto de obediencia pronunciado por los Caballeros de Justicia, están subordinados únicamenete a sus propios superiores en la Orden. El ex Gran Canciller, Albrecht von Boeselager, casado y con cinco hijos, es un laico que pertenece a la segunda clase y no depende en modo alguno de la Santa Sede.

    Por otra parte, los Caballeros de Justicia, que deben ser considerados «religiosos a efectos del derecho canónico (art.9 pár.1, Carta Constitucional), no están obligados a la vida en común y constituyen una excepción en la vida de la Iglesia. Frey Ludovico Chigi Albani della Rovere (1866-1951), príncipe y Gran Maestre de la Orden entre 1931 y 1951, hizo tras la muerte de su esposa (1898) votos religiosos como Caballero de Justicia, pero siguió residiendo en el palacio Chigi, que hasta 1916 perteneció a su familia, y vivió como un gran señor, como correspondía a su rango.

    Naturalmente, la Iglesia tiene los mismos derechos sobre la Orden de Malta que ante cualquier otro estado cuando están en juego problemas que afectan directamente la fe y la moral. De hecho, el Papa tiene el derecho y el deber de intervenir en toda cuestión política y social que guarde relación con la consecución del fin supremo del hombre, que es la vida eterna. Si un estado legitima la unión sexual contra natura, el Papa tiene el deber de intervenir denunciando la gravísima infracción de la ley divina y natural.

    Y si la Orden de Malta fomenta la anticoncepción y el aborto, el Papa tiene el deber de hacer oír su voz. Hoy en día sucede por el contrario que la Iglesia se abstiene de pronunciarse sobre problemas morales que son de su incumbencia e interviene en cuestiones políticas y administrativas que no son de su competencia. En el Tablet del pasado 5 de enero, Christopher Lamb cita una carta enviada el 21 de diciembre a Frey Matthew Festing por el Secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, en la cual hace saber que el papa Francisco desea que no se destituya a Von Boeselager. «Como expuse en mi carta anterior del 12 de diciembre de 2016, con relación al empleo y difusión de métodos y medios contrarios a la ley moral, Su Santidad ha pedido un diálogo sobre el modo de afrontar y resolver eventuales problemas. ¡Pero en ningún momento ha dicho que se expulse a nadie!»

    Como se ve, cuando alguien transgrede la ley divina y natural, el camino es el diálogo y la mano tendida. En cambio, para quien defiende la fe y la moral católica, está preparada la vara del comisariamiento político y la comisión de investigación. El grupo de caballeros encabezados por Albrecht von Boeselager representa la corriente secularista, que aspira a transformar la Orden de Malta en una ONG humanitaria.

    La actual clase dirigente representa por el contrario la fidelidad a las raíces religiosas de la Orden. Pero tal vez ahí radique precisamente su grave pecado, al que habría que añadir otro. A lo largo de nueve siglos de historia, la Soberana Orden Militar de Malta no ha perdido jamás su característica fisonomía aristocrática, caballeresca y soberana. Dicha fisonomía es la antítesis del miserabilismo e igualitarismo profesados por quien gobierna actualmente la Iglesia. El resultado es que, aunque se denuncia el clericalismo, en la práctica se aplica y con consecuencias desastrosas. La molesta intervención de la Secretaria de Estado en nombre del papa Francisco esta provocando en realidad caos y división al interior de la Orden.

    A lo largo de su historia, la Soberana Orden Militar de Malta ha superado toda clase de vicisitudes. Durante dos siglos en Palestina, otros dos en Rodas y dos y medio en Malta, hubo numerosas ocasiones en que pareció que su misión había llegado a su fin. Pero siempre resucitó, incluso cuando se desató sobre Europa el huracán de la Revolución Francesa y de Napoleón. Esperamos que el Gran Maestre Frey Matthew Festing y el Soberano Consejo que lo asiste sepan resistir con firmeza las fuertes presiones de que son objeto últimamente. Nadie podría dudar del amor al Papado del Gran Maestre Ludovico Chigi Albani, que como mariscal de la Santa Iglesia Romana participó en tres elecciones pontificias.

    Con todo, se opuso enérgicamente a toda tentativa por parte de la Iglesia de inmiscuirse en la vida de la Orden. La Santa Sede se vio obligada a reconocer la naturaleza soberana de la Orden de Malta, «sin interferencia por parte de otras autoridades laicas o religiosas», como recordó Benedicto XVI cuando recibió a las Caballeros con motivo del noveno centenario del privilegio Pie postulatio voluntatis del 15 de febrero de 1113. Con este acto solemne, explicó el papa Benedicto, «Pascual II puso a la recién nacida "hermandad hospitalaria" de Jerusalén, con el título de San Juan Bautista, bajo la tutela de la Iglesia, haciéndola soberana».

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