SOBRE LA VERDAD
Presentamos un artículo de un colaborador y amigo nuestro.
Nos ha parecido muy didáctico este artículo que gira alrededor de uno de esos temas que nunca son actuales, por ser de perenne vigencia.
Esperamos que se anime y escriba más con nosotros.
Barandán.
QUIS VERITAS?
Esta fue la pregunta que Poncio Pilato le hizo a Jesús, el cual guardó silencio ante la misma. Sin tratar de enmendarle la plana a Jesús, voy a aventurarme a decir que la verdad es el alma de la vida. Tan cierto como que dos y dos son cuatro.
¿Por qué preguntó Poncio Pilato a Jesús por la verdad? Pues porque allá por el año 33 de nuestra era había en Roma tal cantidad de escuelas filosóficas y creencias religiosas, esotéricas y exotéricas, que ya no había manera de saber cuál era la que llevaba razón.
Veamos esto con un simple ejemplo. Supongamos que volvemos a tener 16 años y que una noche llegamos tarde, lo suficiente como para que nuestros padres se hayan acostado sin esperarnos. Cuando a la mañana siguiente nos despertemos, es posible que nos pregunten a qué hora llegamos anoche. Tenemos varias opciones: a) "Anoche llegué a las cuatro y media"; b) "No eran las dos cuando llegué"; c) "No sé, se me olvidó el reloj".
Si nuestros padres son severos, responder a) es, en la práctica, una locura. ¿A quién se le ocurre decir la verdad así, de primeras? O uno es muy valiente o muy loco. La respuesta c) nos puede servir una primera vez, pero la segunda no cuela. Es la respuesta b) la que nos interesa, si es que queremos medio salir con bien de un lío.Porque con la respuesta a) establecemos una relación de correspondencia efectiva con la realidad, de modo y manera que eran las cuatro y media, ni un segundo antes, ni un segundo después. Pero con la respuesta b) decimos que pudimos llegar a cualquier hora menos a las dos. Y la noche es muy larga.
Reconozco que como hijo prefiero la respuesta b), pero, como padre, prefiero la a), por razones evidentes.
La respuesta a) denota una concepción de la verdad como adecuación, como corrección, como orthótes, que decían los antiguos griegos. La respuesta b), en cambio, denota una concepción de la verdad como descubrimiento, como algo incompleto que es necesario completar a base de realizar más preguntas, pues no creo yo que un padre o una madre se conformen con esa respuesta. En griego, esta concepción de la verdad se llama alétheia.
Estos conceptos de verdad son muy útiles, pero no son intercambiables, pues dependen de un contexto. En Matemáticas y en Física, como modelo de ciencias “exactas”, la verdad se establece casi siempre como corrección o adecuación, como orthótes. Esta verdad es identitaria, se expresa mediante el signo “=”, de modo que ante una expresión, pongamos por ejemplo, ax2+bx+c=0, estamos estableciendo una igualdad estricta entre ax2+bx+c y 0, de modo que decir 0 , o sea, nada, y ax2+bx+c es lo mismo, lo cual me lleva a preguntarme a qué se dedican los matemáticos. Igualmente, si un físico me dice que E=mc2, me está estableciendo una identidad entre los significados de E, m y c2, en este caso Energía, Masa y el cuadrado de la Velocidad de la luz, y podríamos, según las reglas de las matemáticas y de la lógica, reducir esta expresión a pura idealidad, pues si, según las leyes de la identidad, lo que es positivo se negativiza al cambiar de sitio la expresión, es seguro que E-(mc2)=0, con lo que decir que cualquier cosa es nada es quedarse corto. En estos casos, la identidad está relacionada con el ser, pues a nadie se le ocurre decir que “dos y dos son igual a cuatro”, sino que “dos y dos son cuatro”. (Sé que este razonamiento tiene trampa, y muy gorda, pero no voy a desvelarla aquí, pues sólo me interesa poner un ejemplo de verdad como corrección o adecuación).
Sin embargo, si vamos al médico, la verdad que se utiliza es la del tipo alétheia, que significa descubrimiento. Ningún médico se atreverá a decirte que tienes una hernia sin haberte reconocido y haberte hecho un determinado tipo de pruebas. A veces, las pruebas son numerosas, y otras escasas. Depende de la enfermedad o del trastorno. De cualquier manera, este tipo de verdad no es identitaria, sino aproximada. De hecho, los médicos, en caso de duda, ven razonable pedir una segunda opinión, pues se supone que cuatro ojos ven más que dos.
Por tanto, alétheia y orthótes representan la diferencia que existe entre la ciencia formal, o “exacta”, y la ciencia natural, o “aproximada”.
Y ahora viene la cuestión: en la vida cotidiana se usan las dos nociones, indistintamente, pero, ¿cuál es preferible?
Los filósofos antiguos y las religiones serias defienden la verdad como adecuación, como orthótes. Indiscutiblemente, es la verdad completa, desnuda, la de los valientes, pero también la más hiriente, pues si hay que decirle a alguien que es un imbécil, y hay buenas razones para decírselo, esto le dolerá. Imagínense al chico que da al padre la respuesta a). Eso sí, el padre podrá decir lo que quiera, pero el hijo, por lo menos, será honrado y leal, y será capaz de asumir las consecuencias de su tardanza, aunque tenga miedo de las mismas.
Esta variante de la verdad, sin embargo, no es la más defendida en la actualidad. En el siglo XIX, los filósofos empezaron a preocuparse por la historia y por el tiempo, dado que el espacio disponible estaba ya ocupado por completo o casi. Así que comprendieron que el hombre no podía disociarse del tiempo, y el tiempo nos hacía cambiar, por lo que no valía la noción de verdad como adecuación, pues es bien supuesto que el pensamiento de una persona es como los pantalones: cambian de talla porque crecen. Por eso se adoptó la verdad como descubrimiento, lo cual no deja de ser gracioso, pues, una vez descubierto el mundo, el hombre seguía siendo el gran desconocido. Por tanto, alétheia, la respuesta b).
Y así estamos, ante la verdad a medias que no es mentira, pero tampoco te deja satisfecho. Por eso pienso a menudo en la pregunta de Pilatos y en la ausencia de respuesta de Jesús, un silencio significativo, al menos para mí. Reconozco que en estas cuestiones siempre he preferido la adecuación al descubrimiento, mas me quedan dudas razonables por el abuso de la alétheia en detrimento de la orthótes, pues está claro que la verdad desnuda puede herir, pero no es menos claro que la media verdad puede envilecer. Y, puestos a elegir, la primera es la más reconfortante, por aquello que decíamos al principio del alma de la vida.
Autor: Luisov.
LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS
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