EL FINAL DE LA PAPOLATRÍA
Manuel de Santa Cruz
Con una diferencia de tiempo históricamente insignificante, van prácticamente a coincidir el final del Pontificado de Pablo VI y el proyecto de Constitución atea. Algo muy gordo ha tenido que suceder en la Iglesia en este pontificado para que España se vea en trance de poder dejar de ser católica.
Muchos católicos vamos a votar que «NO», y ese proyecto de Constitución puede fracasar. Tal vez a última hora algunos obispos escriban en contra alguna cosita, en estilo críptico, para quedar bien con todos (¿ ?). Aún puede que el sucesor de Pablo VI llegue a tiempo de detener la apostasía oficial. ¡Quién sabe! Pero todo lo que pueda suceder no puede ya borrar ese gran rasgo definitorio del pontificado de Pablo VI, que es la profunda y rápida descristianización de España.
No se pueden explicar fenómenos complejos con causas sencillas. La papolatría que padecían los católicos españoles en los albores del Concilio y algún tiempo después no ha sido, evidentemente, la única causa del enfriamiento, masivo, de su fe. Pero sí ha sido un factor importante. Como todas las idolatrías, ha sido un pecado grave, cuya curación, muy avanzada, tiene y seguirá teniendo el precio de tremendos castigos y sufrimientos.
• • •
La papolatría se había colocado en la piedad de los españoles bajo forma de ángel de luz, que diría San Ignacio, es decir, con atractiva y falsa apariencia de bien. Era una preciosa coartada para el deporte nacional de no dar golpe, para el lema celtibérico de antes morir que estudiar. Así fueron los obispos españoles al Concilio, alegres y confiados como turistas castos, sin la debida preparación individual y colectiva. ¿Para qué? Ellos iban al Concilio a recibir instrucciones del Papa, con más humildad, sumisión y devoción que nadie, sin chistar; en cualquier proyecto de preparación se podría recelar un germen de insubordinación. En cambio, los obispos europeos fueron con nutridos grupos de expertos, con multicopistas, cintas magnetofónicas, dinero en efectivo, IDO-C, etc., y se los comieron.
Entre los seglares, la papolatría impidió la exteriorización de la reacción de protesta y desconfianza que «in pectore» produjeron no pocos documentos conciliares, entre otros, el de la libertad de cultos; en él venía ya implícita la legalización también del partido comunista, de la masonería, y de cualquier forma del mal. Nadie se explicaba tamaña contradicción con todo lo anterior. Los que fueron a la Cruzada de 1936 por defender la unidad católica y la confesionalidad del Estado, ante ese abrazo de Vergara entre Pablo VI y la Revolución francesa, susurraban, «¡que nos devuelvan el dinero!»; pero no es atrevían a lanzar un movimiento público de resistencia dentro del espacio que la propia ortodoxia católica reserva para lo opinable. Por papolatría.
• • •
A nivel popular, la pérdida de celo por la gloria de Dios también hallaba una coartada en una papolatría vestida con apariencia de virtud. «No seamos más papistas que el Papa; la responsabilidad es suya, y no nuestra.» Que es como si una madre dijera: no me importa que muera mi hijo, porque la responsabilidad es del cirujano.
Al fin, la verdad se impone. Y los que ayer no querían resistir al liberalismo y a todas las formas del mal, por papolatría, hoy no cesan de clamar que esto es un desastre. Algunos, todavía por vestigios de papolatría, ponen verdes a los obispos, pero no dijeron nada del Papa que les ha consentido, cuando no fomentado, su desmadre.
No consigno que hemos pecado de papolatría y que nos hemos curado de ella —¡a qué precio!—, por hacer solamente historia fluyente. Sino para ambientar un gran asunto que hay que ir preparando desde ya y tener a punto cuanto antes. El anuncio de la próxima reunión del CELAM en Puebla (Méjico) ha descubierto que importantes grupos de teólogos, de criterios dispares, se preparan para el próximo cónclave y para el comienzo del nuevo pontificado. Es absolutamente necesario que cuando un nuevo Papa suba a la sede de Pedro, varios grupos de católicos españoles, independientes entre sí, le visiten para informarle que el pontificado precedente ha sido para España como un pedrisco. Y que a él, al nuevo, le toca restituir a España la doctrina de la Soberanía Social de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ah!, y que de adhesión «incondicional», nada; de adhesión, toda la que quepa dentro de la propia teología católica, pero no más.
Fuente: FUERZA NUEVA. Número 606. 19 de Agosto de 1978. Página 14.
Marcadores