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Tema: La Impagable DEUDA de la Civilización con la Iglesia Católica

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    Avatar de donjaime
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    07 nov, 15
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    La Impagable DEUDA de la Civilización con la Iglesia Católica

    INTRODUCCIÓN:
    Está muy mal visto ir contra la corriente, afirmar y sostener ideas y verdades contra la querencia general. Más aún en sociedades como la actual en que se ha instaurado la tiranía de los Políticamente Correcto. En que hay unos tópicos que dicen basarse en la razón pero que no son más que unos prejuicios artificialmente construidos por una inmisericorde propaganda anticatólica (y anti española en cuanto que el Imperio Español sostuvo y defendió a la Iglesia en todo el mundo, incluso contra sus intereses).

    Hay que vencer una gran inercia mental para, no ya rebatir sino simplemente, CUESTIONARSE si esas "verdades" inculcadas durante siglos de Leyenda Negra son ciertas o tienen algún fundamento.

    Pero es mucho más indignante comprobar que durante siglos se ha estado, de forma deliberada, prostituyendo la verdad en beneficio de ciertos intereses exteriores hasta que muchos españoles y católicos se las han acabado creyendo a fuerza de repetición por la prensa, TV, literatura, hollywood, etc.
    Y aún siguen tirando piedras contra su tejado e injuriando a la verdad, la auténtica, no la diseñada y propagada artificialmente para derrotar a un enemigo que habiéndose intoxicado de ese veneno mental y moral no presenta ni batalla, sólo la rendición.

    Con esta serie se pretende romper una lanza en honor de la verdad y mostrará, siempre de manos de Historiadores Profesionales y extranjeros, que España y en especial la Iglesia Católica fue y es la FORJADORA DE NUESTRA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL.

    Porque de bien nacido es ser agradecido. Gracias Iglesia Católica.







    PARTE : LA IGLESIA INDISPENSABLE.
    El profesor de Historia en la Universidad de Pensilvania (Philip Jenkins) señala que el anticatolicismo es el ÚNICO PREJUICIO RESIDUAL aún aceptable en EEUU hoy en día.

    Es una afirmación irrefutable. Es poco, si es que hay algo, que la cultura popular y mediática prohíba cuando se trata de ridiculizar, escarnecer o parodiar a la Iglesia Católica.

    Los alumnos y personas que desconocen todo de la Iglesia, sí están empero, al corriente de su supuesta "corrupción" gracias a las innumerable historietas de diversa credibilidad que sus profesores, los mass media, etc. les cuentan.

    La historia del catolicismo suele ser hogaño un compendio de ignorancia, represión, estancamiento y oscurantismo.

    Que nuestra civilización occidental tenga una GRAN DEUDA CON LA IGLESIA gracias a la que hay Universidades, instituciones benéficas, Derecho Internacional, las ciencias como las conocemos hoy, y otros importantes principios legales, entre otras muchas otras cosas, no parece que haya sido inculcado ni dado a conocer con algún rigor.

    Nuestra CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL DEBE A LA IGLESIA CATÓLICA mucho, muchísimo más, de lo que la mayoría, incluidos los católicos, tiende a pensar. La verdad es que fue la IGLESIA CATÓLICA LA QUE CONSTRUYÓ NUESTRA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL.

    Evidentemente la civilización occidental no tiene su origen sólo en el catolicismo, no podemos negar la importancia de Grecia y Roma, o las distintas tribus germánicas que heredaron el Imperio Romano de Occidente, con influencias notables en el peso fundacional de nuestra civilización.

    Contra la creencia general, lejos de repudiar esas tradiciones, la Iglesia las ha asimilado y aprehendido lo mejor de todas ellas. Sorprende así que, la sustantiva y esencial aportación católica, pase inadvertida, más bien denostada, para la cultura popular.

    Ningún católico serio discutirá que los hombres de la Iglesia tomaron en todo momento las decisiones más adecuadas, pero, si bien creen que la Iglesia conservará la integridad de la fe hasta el fin de los tiempos, esta garantía espiritual no implica que las actuaciones de los papas y episcopado hayan sido siempre irreprochables o modélicas.

    Al contrario los católicos DISTINGUEN entre la santidad de la Iglesia como institución guiada por el Espíritu Santo y su naturaleza pecaminosa al estar formada por hombres, incluidos los que sirven a la institución.

    Actualmente se han revisado con contundencia algunos acontecimientos históricos tradicionalmente citados como prueba de la maldad de la Iglesia, más bien usados por la PROPAGANDA anticatólica de forma tan falaz como machacona:

    Por ejemplo hoy sabemos y ESTÁ PROBADO que la INQUISICIÓN no fue, ni de lejos, tan dura como malintencionadamente se quiere hacer creer.
    El número de personas realmetne ejecutado no es inferior, sino MUY INFERIOR, al de las exageradas versiones inculcadas por la propaganda y la Leyenda Negra. Y cualquier reo de la época prefería el tribunal Inquisitorial al civil, mucho más severo, en España y fuera de España. La Inquisicón fue un MONUMENTO DE DERECHO PROCESAL, el mejor y más moderno de su época, tanto que algunas de sus innovaciones se conservan y aplican hoy en día: poder recusar al juez, abogado defensor, etc.

    No es un simple alegato del autor sino la conclusión a la que han llegado los estudios eruditos más recientes (Henri Kamen: The Spanish Inquisition: A Historical Revision, Yale University Press, 1999, o el de Edward M. Peters, Inquisition, University of California Press, Berkeley, 1989, etc.)

    En el medio cultural actual es fácil olvidar, o ni siquiera aprender, lo mucho que nuestra civilización debe a la Iglesia Católica.

    La mayoría reconoce la influencia de la Iglesia Católica en la música, el arte y la arquitectura, pero la huella de la Iglesia en nuestra civilización occidental va mucho más allá de esos ámbitos.

    Los no eruditos tienen bien asentada, tras una falaz pero eficaz labor de propaganda y Leyendas Negras, la falsa idea de que la Europa Medieval (1.000 años anteriores al Renacimiento) fueron tiempos oscuros, de ignorancia y represión, carentes de un debate enérgico o intercambio intelectual animado. Que los intelectuales estaban sometidos a una estricta conformidad implacablemente impuesta.

    Es lógico esa desvirtuada visión es la que ha triunfado en la escuela y la que falsamente domina en la cultura popular. Incluso autores profesionales sostienen ese punto de vista.
    Así en libros como El Segundo Mesías (Christopher Knight y Robert Lomas) ofrecen un retrato de la Iglesia Católica y de su influencia en nuestra civilización totalmente erróneo y deformado, lleno de fuertes prejuicios hacia la Edad Media, pero sobre todo por su desconocimiento general de ese período histórico.

    En dicho libro se pueden leer cosas como: "el establecimiento del cristianismo romano marcó el comienzo de los Tiempos Oscuros", período en que la luz estuvo ausente de todo aprendizaje y la superstición sustituyó al conocimiento. Esa época se prolongó hasta que el poder de la Iglesia romana fue socavado por la Reforma".
    Es difícil decir más falsedades y sandeces en tan poco espacio. Pero aún siguen: "se despreció todo cuanto era bueno y verdadero y se ignoraron todas las ramas del conocimiento humano en nombre de Jesucristo"

    Esos clichés y tópicos son los que muchos lectores tienen por ciertos. Los aprendieron en la escuela y se refuerzan convenientemente en películas, series de TV, literatura, etc.
    Pero no hay ya, actual y afortunadamente, un historiador serio que no desprecie esa versión propagandística.

    Y ese, como otros libros similares, contravienen los resultados de un siglo de investigaciones recientes que Knight y Lomas, que no son historiadores, ignoran. Pero ningún historiador profesional actual puede evitar sonreír ante los viejos bulos tan extensa (y eficazmente) propagados.

    Es frustrante para estos historiadores medievales esforzarse y documentarse durante años, obtener innumerables pruebas, para que todo el mundo siga dando pábulo a las historietas que consideran que el Medioevo fue un yermo intelectual, cultural de principio a fin, y que la Iglesia Católica no ha legado a Occidente nada más que represión y oscurantismo.

    Autores, que no historiadores, como Knigth y Lomas se callan que en los "Tiempos Oscuros" la Iglesia inventó e implantó en Europa el sistema UNIVERSITARIO un auténtico regalo de la civilización occidental al resto del mundo.
    Se suele escamotear, sistemáticamente, que los católicos españoles pusieron en funcionamiento bibliotecas y Universidades en sus PROVINCIAS de ultramar (que no colonias), antes que los tan adelantados (y tolerantes) holandeses y británicos, las tuvieron en sus naciones. O se olvidan mencionar (tal vez porque lo desconocen) que la ratio de camas de hospital por habitante en el Perú español de hace siglos era superior al de HOY en día en California, el estado más rico de EEUU.

    Los que de verdad analizan la Historia sin prejuicios se asombran de la cima que llegó a tener el DEBATE INTELECTUAL bajo el Catolicismo, de forma totalmente LIBRE y sin cortapisas en los centros de eseñanza medievales.
    La exaltación de la RAZÓN humana y sus capacidades, el compromiso con un debate racional y RIGUROSO y el impulso de la INVESTIGACIÓN INTELECTUAL así como el intercambio académico, todo patrocinado por la Iglesia, proporcionaron el marco necesario para la extraordinaria REVOLUCIÓN CIENTÍFICA que se produciría en la civilización occidental
    .


    Los historiadores de la ciencia: A.C. Crombie, David Lindberg, Edwar Grant, Stanley Jaki, Thomas Goldstein, J.L. Heilbron, etc. etc. han concluido en los últimos 50 años que la REVOLUCIÓN CIENTÍFICA SE PRODUJO GRACIAS A LA IGLESIA.

    La aportación católica a la ciencia no se limitó a la esfera de las ideas (también las teológicas, claro) y muchos CIENTÍFICOS en ejercicio eran sacerdotes y clérigos.

    El padre Nicholas Steno, un luterano converso y ordenado sacerdote, es comunmente considerado el padre de la GEOLOGÍA.
    El padre de la Egiptología fue Athanaisus Kircher.
    El primero que midió el índice de aceleración de un cuerpo en caída libre fue otro sacerdote: padre Giambattista Riccioli.
    Roger Boscovich tiene atribuido el descubrimiento de la moderna teoría atómica.
    Los jesuitas llegaron a dominar el estudio de los terremotos y la sismología actual sería impensable sin ellos al punto que se le denomina "ciencia de los jesuítas" al igual que la Astronomía y Cosmología unas 35 cráteres lunares llevan nombres de científicos y
    MATEMÁTICOS jesuítas.
    La Iglesia católica ha proporcionado más ayuda financiera y APOYO SOCIAL al estudio de la astronomía durante seis siglos que NINGUNA OTRA INSTITUCIÓN y más que el resto junto.

    Fue la españolísima y católica Escuela de Salamanca la que inventó, desarrolló y elaboró el Derecho Internacional, e importantes estudios y análisis económicos.
    etc. etc. etc. etc. etc.

    Aunque la importancia de la tradición monástica ha sido más o menos reconocida, pues casi todos saben que los monjes católicos preservaron y difundieron la herencia literaria del mundo antiguo, podría decirse que gracias a ellos pervivió el alfabetismo en Europa tras la caída del Imperio Romano, pero en realidad la aportación de los monjes, de la Iglesia fue mucho, muchísimo mayor.

    Es difícil, casi imposible, encontrar una empresa significativa para el progreso de nuestra civilización a lo largo de la Edad Media (más de 1.000 años) en la que la intervención de los monjes no fuera decisiva.

    Según estudios especializados los monjes proporcionaron a toda Europa una red de fábricas, centros de cría de ganado, centros de investigación, fervor espiritual, la predisposición a la acción social, ... en resumen una avanzada civilización que surgió del caos y la barbarie circundantes.

    Sin duda San Benito fue el padre de Europa y los benedictinos, sus hijos, fueron los padres de nuestra civilización europea. (J.L. Heilbron: The Sun in the Church as Solar Observatories, Harvard University Press, Cambridge, 1993, pg. 3).

    El Derecho Internacional se debe a las universidades españolas del XVI y es Francisco de Vitoria, profesor y sacerdote católico, el padre de tal disciplina del saber. Ante la problemática del trato a los indígenas del Nuevo Mundo, Vitoria y otros filósofos y teólogos, católicos, empezaron a especular sobre los DERECHOS HUMANOS y las correctas relaciones entre los pueblos.
    Estos pensadores católicos crearon la idea del Derecho Internacional como se conoce hoy.

    Más aún el Derecho Occidental es en gran medida una aportación eclesiástica. En la que el Derecho Canónico fue el PRIMER SISTEMA LEGAL MODERNO surgido en Europa que demostró la posibilidad de reunir en un solo cuerpo legal coherente y completo el batiburrillo de estatutos, tradiciones, y costumbres locales, a menudo, contradictorias

    Según el experto Harlod Berman: "fue la Iglesia quien enseñó por primera vez al hombre occidental lo que es un sistema legal moderno. Fue la Iglesia la quien enseñó qué costumbres, qué estatutos, casos y doctrinas en mutuo conflicto pueden reconciliarse mediante el análisis y la síntesis". (Réginald Grégoire, Léo Moulin y Raymond Oursel en The Monastic Realm, Rizzoli, NY, 1985, pg. 277). Es decir el Derecho como lo conocemos se origina del Derecho Canónico de la Iglesia Católica.

    Y otros importantes principios legales de nuestra civilización occidental son fruto de influencia eclesiástica pues fueron los hombres de la Iglesia los que decidieron introducir una serie de procedimientos judiciales de corte racional, además de conceptos legales, para acabar con las ordalías, arraigadas en la superstición, que caracterizaban el orden legal germánico.

    Aunque estudios antiguos atribuyen la creación de la economía moderna a Adam Smith y otros teóricos de la economía del XVIII, las investigaciones más recientes subrayan la importancia del PENSAMIENTO ECONÓMICO de los últimos escolásticos, en particular, los teólogos católicos españoles del XV y XVI. Algunos como el gran economista del XX: Joseph Schumpeter han calificado a estos pensadores españoles y católicos de fundadores de la moderna ciencia económica.

    Si bien la mayoría conoce la labor de caridad desarrollada por la Iglesia Católica desconoce el EXTRAORDIANRIO COMPROMISO con dicha labor.
    Hasta W.E.H. Lecky, un historiador decimonónico muy crítico con la Iglesia reconocía, no obstante, que el compromiso eclesiástico con los pobres (en lo espiritual y material) era un fenómeno nuevo en el mundo occidental y constituía un avance sustancial sobre los modelos de la Antigüedad clásica.

    La Iglesia ha dejado una huella indeleble en el núcleo de la civilización occidental a la que ha forzado, significativamente, hacia el bien. No hay ninguna institución en el mundo que pueda honrarse de contar con tantos hombres y mujeres HERÓICOS, ni de haber conseguido TANTOS LOGROS HISTÓRICOS.

    Sin embargo hay muy poca información, si es que hay alguna, en libros de texto sobre estos hechos, sean de primaria, secundaria o universitarios.

    La Iglesia Católica ha configurado nuestra civilización y nuestra actitud como personas de modos mucho más diversos de lo que se piensa a simple vista.

    Aunque los manuales escolares no lo digan, la Iglesia Católica ha sido INDISPENSABLE PARA LA CONSTRUCCIÓN DE NUESTRA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL. Puso fin a las prácticas moralmente repugnantes del mundo antiguo (infnaticidio, aunque ahora volvamos a él de forma peor y más cruel si cabe, combates de gladiadores, esclavitud, etc.). Tras la caída de Roma FUE LA IGLESIA LA QUE RESTAURÓ LA CIVILIZACIÓN Y POSIBILITÓ SU PROGRESO.

    Nunca, ninguna otra civilización ha alcanzado tan altas cotas de libertad y bienestar, tanto social como personal, cómo las conseguidas por la Iglesia Católica.


    Todo empezó enseñando a los bárbaros, lamentablemente hacia la barbarie nos dirigimos, en pare, olvidando quienes somos, de dónde venimos y denostando a la Iglesia.


    DE BIEN NACIDOS ES SER AGRADECIDOS. GRACIAS IGLESIA CATÓLICA.









    2ª Parte: UNA LUZ EN LAS TINIEBLAS.
    Es usual que se designe, erróneamente, el milenio entre el fin de la Antigüedad Clásica y el Renacimiento como de Tiempos Oscuros. Actualmente sabemos que hay un amplio reconocimiento a los extraordinarios logros realizados durante la Alta Edad Media.

    David Knowles señala que los historiadores prescinden cada vez más de ese cliché onimoso de Tiempos Oscuros, y tampoco consideran admisible aplicarlo a los siglos VIII, IX y X.

    Evidentemente en el VI y VII hubo un profundo retroceso cultural e intelectual en educación, producción literaria y otras áreas. Pero ¿es achacable tal situación a la Iglesia?

    Desde hace ya unas décadas el historiador agnóstico Will Durant defiende a la Iglesia de tales acusaciones al atribuir el declive cultural a las invasiones bárbaras, no a la Iglesia que hizo cuanto pudo para impedirlo.
    Como explica Durant, con datos y lógica irrefutable, "no fue el cristianismo sino la barbarie; no fue la religión, sino la guerra. La avalancha humana destruyo y empobreció las ciudades, monasterios, bibliotecas y escuelas, haciendo imposible la vida intelectual y científica".

    "De hecho la destrucción hubiera sido mucho mayor de no mediar la Iglesia que instauró cierto orden en una civilización que se desmoronaba" (Will Durant en Caesar and Christ, MJF Books, NY, 1950, pg. 79).

    A finales del II un conglomerado de diversas tribus germanas se desplazaron hacia el Oeste desde Europa Central: la Völkerwanderungen, amenazando las fronteras del Rin y Danubio.
    Con el tiempo y la decadencia moral, las luchas internas, etc. los generales romanos se preocuparon más de intrigas políticas que de proteger las fronteras y las tribus invasores aprovechaban los vacíos en las defensas romanas.

    Las invasiones bárbaras acabaron con el Imperio y presentaron un desafío sin precedentes a la Iglesia.
    El impacto fue diverso, algunas tribus como los vándalos arrasaron y conquistaron con violencia (Norte África, Roma, etc. siglo V).
    Otras fueron menos hostiles, incluso respetando el poder de Roma y su cultura.

    Los godos fueron admitidos en el Imperio en el 376, cuando huían de las persecuciones de los hunos. Fue en el 378 en respuesta al atroz tratamiento de las autoridades locales cuando se alzaron contra Roma, un siglo después ellos gobernaban Roma.

    Ante la grave alteración del orden político y la división del Imperio de Occidente en reinos bárbaros, obispos, sacerdotes y religiosos resolvieron establecer las bases de la civilización a partir de estos inciertos comienzos.

    De hecho, el hombre que se considera el padre de Europa: Carlomagno, estaba muy influenciado por los bárbaros, pero convencido de la belleza, VERDAD y SUPERIORIDAD de la religión católica, hizo cuanto pudo para construir la nueva Europa post imperial, sobre los cimientos del catolicismo.


    LOS PUEBLOS BÁRBAROS.
    Eran rurales y/o nómadas que carecían de literatura escrita y apenas sabían de organización política (exceptuando la lealtad debida al jefe)

    Uno de los mayores logros de la Antigua Roma fue el desarrollo de un completo sistema legal, cuya influencia pervivió en Europa durante muchos siglos.
    Para los bárbaros la ley era únicamente la forma de finiquitar una disputa y mantener el orden, no la entendía como forma de establecer la justicia.
    A un acusado de asesinato se le sometía a la ordalía del agua hirviendo (introducirle la mano en un caldero en ebullición para extraer una piedra del fondo) luego se le vendaba el brazo, tres días después se retiraba el vendaje, si la herida había empezado a curar se declaraba inocente (si había costra), en caso contrario era culpable, etc.

    Eran pueblos guerreros que asombraban a los romanos por sus costumbres y conductas salvajes. Según Christopher Dawson: "la Iglesia hubo de asumir la tarea de introducir la ley del Evangelio y la ética del Sermón de la Montaña entre gentes para quienes el homicidio era la más honrosa de las ocupaciones y la venganza era sinónimo de justicia".

    Y según J.N. Hillgarth en Christianity and Paganism, the Conversion of Western Europe, University of Pensilvania Press, Filadelfia, 1986, pg. 69): "cuántas vidas se ha cobrado la violencia de la guerra. Ni los salvajes y densos bosques, ni las altas montañas, ni los ríos que se precipitan en cascadas, ni las ciudades en alturas o protegidas por altas murallas, ni la barrera del mar, ni la triste soledad del desierto, ni las grutas del suelo o las cuevas bajo impresionantes acantilados pudieron escapar a los ataques de los bárbaros".

    El principal de estos pueblos fueron los francos que se establecieron en la Galia (Francia) a diferencia de otras muchas tribus no se habían convertido al arrianismo (herejía que reniega de la divinidad de Cristo) y la Iglesia puso en ellos sus miras.
    La Iglesia ya tenía suficiente experiencia para sabe que es más fácil atraerse a paganos que a seguidores de otros ritos.
    Cuando Clodoveo se convirtió en rey de los francos (481) los hombres de la Iglesia atisbaron su oportunidad. San Remigio escribió al nuevo rey una carta de felicitación y proponiéndolo colaborar con el episcopado.
    Algunos historiadores defienden la idea de que el matrimonio del rey con la hermosa y pía católica Clotilda fue arreglado por los obispos para convertir al rey.
    Pero parece más pausible que fue una decisión (evindentemente con tintes políticos) que Clodoveo se había emocionado con la historia de Cristo. Y cuando le relataron la crucifixión, exclamó: ¡Ah, si yo hubiera estado allí con mis francos!, aún así pasaron varios años antes de que se bautizara, la fecha es incierta (aunque Francia conmemoró en 1996 el 1.500 aniversario del suceso).

    Pero, tuvieron que pasar otros CUATRO siglos para que todos los pueblos bárbaros de Europa occidental se hubieran convertido al catolicismo, y eso pese a un inicio tan favorable.

    No fue fácil, la Iglesia hubo de convertir a los bárbaros y continuar su guía hasta garantizar que la conversión había arraigado realmente y la fe comenzaba a transformar su gobierno y modo de vida.
    Es la conversión y supervisión continuada lo que realmente separa la historia de los francos (San Gregorio de Tours, en el VI) de la Historia Eclesiástica del pueblo inglés (Beda el Venerable, en el VIII)

    El ocaso de la dinastía merovingia (por sangrientas luchas intestinas por el poder) a la que pertenecía Clodoveo afecto negativamente a la Iglesia al haberse comprometido tanto con ellos. Y alrededor del VIII la situación de los sacerdotes y episcopado francos es desesperada (por inmoralidad y luchas de poder y riqueza).
    Finalmente la iglesia franca será reformada, desde el exterior, por misioneros irlandeses y anglosajones que habían recibido la fe del continente.
    Cuando la tierra de los francos precisó una infusión de fe, orden y civilización la recibió de los misioneros católicos cuya semilla habían plantado.


    EL RENACIMIENTO CAROLINGIO.
    La Iglesia decidió apartarse de los emperadores deConstantinopla que poca ayuda podían proporcionar por su guerrear contra persas y árabes, pero especialmente por la propensión de sus Emperadores a insmicuirse sobrepasando sus funciones estatales.

    En el VIII la Iglesia bendijo el traspaso oficial del poder de la dinastía merovingia a la carolingia: la de Charles Martel que había derrotado a los musulmanes en Tours (732) y en última instancia en Carlos el Grande: Carlomagno.

    La Iglesia facilitó el paso, sin guerra ni sangre, de los merovingios (su último rey se retiró a un monasterio) a los carolingios.
    Con éstos la Iglesia trabajaría estrechamente los años venideros para restaurar los valores de la vida civilizada y bajo la influencia de la Iglesia este pueblo semibárbaro se transformó en el gran constructor de la civilización. Carlomagno, el más franco de los francos, pasó a ser la encarnación de ese ideal (desde la marca hispánica al este, hasta el norte de Italia, con Francia, Suiza y casi toda Alemania)

    Carlomagno, que era analfabeto, dio bajo consejo de los obispos gran impulso a la educación y las artes, solicitando el concurso de la Iglesia para organizar escuelas en torno a sus catedrales.

    Según el historiador Joseph Lynch: "la escritura, la copia de libros, el arte, las obras arquitectónicas, y el pensamiento de los hombres educados en la catedral y escuelas monásticas, propiciaron un importante cambio cualitativo y cuantitativo de la vida intelectual" (Joseph Lynch en The Medieval Church: A Brief History, Longman, Londres, 1992, pg. 89).

    Este resurgimiento de la educación y artes se denomina el Renacimiento Carolingio que llegó hasta el 840. Y una de las claves de este Renacimiento fue la enseñanza correcta de la gramática latina al pueblo germánico (difícil en los VI y VII) pero permitió que estudiaran a los padres de la Iglesia y la Antigüedad clásica. De hecho las copias más antiguas de la literatura romana que nos han llegado datan del IX cuando los intelectuales carolingios las rescataron del olvido.

    Suele desconocerse que en la actualidad sólo hay tres o cuatro manuscritos antiguos de autores latinos. TODO NUESTRO CONOCIMIENTO DE LA LITERATURA ANTIGUA SE DEBE A LA RECOPILACIÓN Y TRANSCRIPCIÓN BAJO EL REINADO DE CARLOMAGNO.
    Prácticamente la TOTALIDAD DE LOS TEXTOS CLÁSICOS QUE HAN SOBREVIVIDO HASTA EL VIII SIGUEN VIVOS HOY por obra de la Iglesia. (Kenneth Clark en Cvivilisation: A Personal View, Harper-Perennial, NY, 1969, pg. 18).

    La esencia de la educación carolingia es la de los antiguos modelos romanos en que descubrieron las siete artes liberales (astronomía, música, aritmética y geometría, lógica, gramática y retórica) y ESTAS SON LAS BASES SOBRE LAS QUE SE ASENTÓ TODO EL FUTURO PROGRESO INTELECTUAL.

    Otro logro sustancial del Renacimiento carolingio fue en la escritura con la invención de la minúscula carolingia. Las diversas escrituras en uso hacían muy dificultoso desentrañar los textos y muy tediosa su elaboración, no había letras de caja baja, signos de puntuación, y espacios entre palabras. Según Philippe Wolf fue un avance de similar impacto al posterior de la imprenta, pues permitió el progreso de una civilización basada en la palabra escrita (The Awakening of Europe, NY, 1968, pg. 57).

    Y esta minúscula carolingia fue desarrollada, como no, por los monjes católicos y pieza clave de la alfabetización en la civilización occidental.

    Los católicos de la época de Carlomagno anhelaban el nacimiento de una civilización aún más grande que las de Grecia y Roma, pues los hombres del VIII, IX y X disponían de algo que no habían tenido sus antepasados: LA FE CATÓLICA.
    Si bien modelaban la antigua Grecia aspiraban a superarla pues poseían la perla que los griegos nunca tuvieron.

    Así, pese al azote de las invasiones: vikingas, magiares, musulmanas, en los siglos IX y X, el espíritu del Renacimiento carolingio jamás llegó a extinguirse. Aún en los días más aciago de esas invasiones, el espíritu de aprendizaje estuvo vivo en los monasterios conservando la semilla para que germinara en las épocas de estabilidad.

    Fue el católico Alcunio de York el que insistió en la necesidad de realizar buenas copias de los mejores libros de texto, dando así un gran impulso a las técnicas de copia de manuscritos.

    Tras la muerte de Carlomagno la iniciativa de difundir el conocimiento recayó progresivamente en la Iglesia y los concilios locales solicitaron la apertura de escuelas como en el Sínodo de Baviera (798) y los Concilios de Chalons (813) y Aix (816).

    Obispos y abades auspiciaron la expansión educativa: "los sacerdotes abrirán escuelas en pueblos y ciudades" y si alguno de los fieles les confían a sus hijos para que aprendan letras no se negarán a instruirlos labor que hicieron de forma altruista y de insistir los padres no se aceptarán más que pequeños obsequios (David Knolwes, op. cit. pg. 66)

    LA IGLESIA FUE LA ÚNICA LUZ QUE SOBREVIVIÓ EN LA FACETA EDUCADORA DE EUROPA durante las constantes invasiones bárbaras, en los IV y V por los germánicos, en IX y X por vikingos, magiares y musulmanes.

    Fue la infatigable determinación de los obispos, monjes, sacerdotes, intelectuales y administradores civiles CATÓLICOS lo que salvó a Europa de una segunda caída en la barbarie(Philippe Wolf, op. cit. pg. 153 y ss).

    Las semillas del conocimiento germinaron en la Iglesia que una vez más actuó en aras de la civilización "no había sino una tradición disponible, la que emanaba de las escuelas católicas" (Andrew Fleming West en Alcuin and the Rise of the Christian Schools, Charles Scribner's Sons, NY, 1982, pg. 179).

    La conservación de la herencia clásica de Occidente y de los avances del Renacimiento carolingio no fue tarea fácil, las hordas invasoras descoyuntaban las regiones, arrasaban ciudades, pueblos y monasterios e iglesias, incendiaban las bibliotecas.

    FUERON LOS MONJES LOS QUE IMPIDIERON, CON SU TRABAJO INCANSABLE Y SACRIFICIO, QUE LA LUZ DEL CONOCIMIENTO SE APAGASE.

    DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO.
    GRACIAS IGLESIA CATÓLICA.








    3ª Parte : LA IGLESIA Y LA UNIVERSIDAD.
    Aunque muchos, demasiados, universitarios no son capaces de situar cronológicamente la Edad Media, suelen estar convencidos de que ésa fue una época de ignorancia, represión y superstición intelectual (y lo dicen los coétaneos de los horóscopos, ludópatas, parasicólogos, visionarios de extraterrestres, sectarios, cartománticos, etc. como nunca se había visto en la historia).

    Nada más lejos de la realidad, es en ese período cuando se consigue uno de los mayores logros de la civilización occidental: EL SISTEMA UNIVERSITARIO.

    La UNIVERSIDAD es un fenómeno enteramente nuevo en la historia de Europa. Ni Grecia ni Roma habían tenido nada similar (Charles Homer Haskins en The Rise of Universites, Cornell University Press, Ithaca, 1957, pg. 1).

    La institución que se conoce hoy, con sus facultades, programas, exámenes y títulos, así como la diferencia entre estudios superiores y de grado medio, procede directamente del tan denostado mundo medieval.

    Siguiendo al historiador Lowrie Daly (The Medieval University, 1200-1400, Sheed and Ward, NY, 1961, pg. 4) LA IGLESIA DESARROLLÓ EL SISTEMA UNIVERSITARIO porque era la única institución en Europa que mostraba un interés riguroso por la conservación y el cultivo del conocimiento.

    Desconocemos la fecha exacta de la aparición de las universidades de París, Bolonia, Oxford y Cambridge, pues su existencia es fruto de un proceso sostenido en el que las dos primeras empezaron como escuelas catedralicias y las segundas como reuniones informales de maestros y estudiantes. Lo que sí sabemos con certeza es que todas ellas empezaron en la segunda mitad del XII.

    Para calificar de universidad un determinado centro de enseñanza medieval se atiende a una serie de características:
    - poseer un corpus textual obligatorio que los profesores ampliaban con sus visiones particulares.
    - tener programas académicos bien definidos que duraban un número de años fijo.
    - obtención de ciertos diplomas.
    - la obtención del título de maestro permitía al poseedor acceder al gremio docente.
    También era frecuente que las Universidades lucharan contra la autoridad exterior para obtener su autogobierno y reconocimiento legal como corporaciones (Richard C. Dales, The Intellectual Life of Western Europe in the Middle Ages, University Press of America, Washington D.C., 1980, pg. 208).

    El impulso intelectual de la Iglesia y el estímulo y apoyo del papado fue decisivo en el fomento de las universidades. como demuestra la concesión de una cédula pontificia.

    En la época de la Reforma ya había 81 universidades en Europa, 33 tenían la cédula pontificia, 15 tenían cédula real o imperial, 20 tenían ambas acreditaciones, sólo 13 carecían de ellas (Univesities, Catholic Encyclopedia, 1913).

    Las Universidades no podían otorgar título sin aprobación papal, rey o del emperador.


    CIUDAD Y TOGA.

    El papel del papado en las universidades se extendió a otros muchos asuntos.

    Repasando la historia de las universidades en la Edad Media revela que los conflictos entre la universidad y el pueblo y el gobierno local eran frecuentes.

    La Iglesia proporcionaba una especial protección a los estudiantes: el beneficio del clero.
    El clero poseía un estatuto jurídico especial, ponerle la mano encima a un clérigo era un delito serio y tenían derecho a exigir que sus causas fueran juzgadas en tribunales eclesiásticos. En su condición de clérigos o aspirantes a serlo, los universitarios disfrutaban de tales prerrogativas.

    El Papa Gregorio IX promulgó la bula Parens Scientiarum en favor de los "maestros" de París que otorgaba a la Universidad parisina el derecho de autogobierno y la facultaba para establecer sus propias reglas en lo relativo a cursos y estudios.

    Era frecuente que las Universidades elevaran sus quejas a Roma. Los papas fueron los principales protectores de los estudiantes y Universidades.

    Las universidades se diferenciaban en algunos aspectos de las de hoy en día. Inicialmente carecían de edificaciones propias, más que un lugar la Universidad estaba formada por el cuerpo docente y sus estudiantes, las conferencias se impartían en las catedrales y salas privadas. No había bibliotecas, era difícil reunir ejemplares (aún teniendo sitio y edificio para ella) un volumen típico exigía de 6 a 8 meses de duro trabajo especializado de copista. Los estudiantes se veían obligados a alquilar los libros que precisaban.
    Muchos estudiantes medievales provenían de familias humildes aunque predominaban los de familia adinerada.
    La media de edad de los estudiantes de artes (en sentido amplio) era de 14 a 20 años.
    Entre el alumnado había numerosos sacerdotes que deseaban ampliar sus conocimientos.

    ¿Qué estudiaban?
    Las siete artes liberales para los principiantes.
    Además Derecho Civil y Canónico.
    Filosofía Natural
    Medicina,
    Teología.

    Una intensa actividad traductora permitió recuperar muchas de las grandes obras del mundo antiguo perdidas durante siglos, así: la Geometría (Euclides), lo lógica, la metafísica, la filosofía natural, la ética (Aristóteles), los trabajos médicos (Galeno).

    Florecieron los estudios legales, especialmente en Bolonia tras redescubrir el Digesto, la pieza clave del Corpus Juris Civilis de Justiniano, compendio de derecho romano admirado hasta hoy en día.


    EL PERÍODO ESCOLÁSTICO.

    De ser ciertas las patrañas de la Leyenda Negra y la Edad Media hubiera sido n tiempo en que los asuntos sólo se resolvían mediante el uso (abuso) de la autoridad el COMPROMISO CON EL ESTUDIO DE LA LÓGICA FORMAL sería un sinsentido.

    Pero el ejercicio de la lógica revela la existencia de una civilización decidida a COMPRENDER y PERSUADIR. A tal fin, los hombres educadas deseaban formar universitarios capaces de detectar las falacias lógicas y de formular argumentos sólidos.

    Este fue el período ESCOLÁSTICO, es difícil definirlo englobando a todos sus pensadores.
    El escolasticismo era, por un lado, el término asignado a la labor intelectual realizada en las escuelas, es decir, en las universidades de Europa.
    El término alude más que al contenido de estos intelectuales al método que usaban. Se ENTREGABAN A LA RAZÓN COMO HERRAMIENTA INDISPENSABLE para el estudio de la Teología, Filosofía y la Dialéctica (yuxtaponían las posiciones contrarias, seguidas por la resolución del asunto en liza mediante la razón y la autoridad).

    A medida que el método fue madurando los tratados escolásticos empezaron a ceñirse a una pauta fija: planteo de la cuestión; exponer argumentación contraria; ofrecer la opinión del propio autor; y responder las objeciones.

    Posiblemente el primer escolásticos fuese San Anselmo (1033-1109) abad del monasterio de Bec y arzobispo de Canterbury se distinguió por no sostener una postura académica formal pero compartía el uso de la razón para explorar las cuestiones de índole teológica y filosófica. Así en su Cur Deus Homo analiza desde un punto de vista racional por qué era oportuno y adecuado que Dios se encarnara hombre. Si bien en los círculos filosóficos es más conocido por su prueba racional de la existencia de Dios. Su línea argumental: argumento ontológico, ha estimulado e intrigado incluso a sus disidentes.

    Filósofos posteriores como Santo Tomás de Aquino no llegaron a convencerse del razonamiento de San Anselmo, pero aún hay algunos que reafirman que tenía razón San Anselmo.

    Otro escolástico notable fue Pedro Abelardo (1079-1142) maestro ampliamente admirado que pasó diez años enseñando en la escuela catedralicia de París.
    Fue Abelardo el que argumentaba que como los herejes intentan usar los argumentos de la razón para arremeter contra la fe, es sumamente oportuno y adecuado que los fieles de la Iglesia hagan uso de la razón en defensa de la fe (David Knowles en The Evolution of Medieval Thougt, Longman, Londres, 1988, pg. 111 y ss).

    etc. etc. etc.

    Está contrastado que UNA DE LAS PRINCIPALES APORTACIONES DE LA EDAD MEDIA A LA CIENCIA MODERNA FUE LA LIBERTAD DE INVESTIGACIÓN EN EL MUNDO UNIVERSITARIO, los académicos podían debatir y discutir propuestas sobre los cimientos de la razón humana.

    Contra la grosera e inexacta imagen de una Edad Media que hoy pasa como conocimiento adquirido, los intelectuales medievales se esforzaron de forma decisiva para Nuestra Civilización Occidental.

    Según David Lindgerg (The Beginnings os Western Science, 1992) "los eruditos de la Alta Edad Media crearon una extensa tradición intelectual, en ausencia de la cual el progreso de la filosofía natural (esencialmente ciencias naturales) habría sido inconcebible"

    Uno de los grandes historiadores del XX, Christopher Dawson observó que desde el nacimiento de las primeras universidades "los estudios superiores estuvieron dominados por la técnica de la discusión lógica: la quaestio y el debate público que determinó la forma de la filosofía medieval".

    Como dice Robert de Sorbon "nada que no haya sido masticado por los dientes del debate puede llegar a conocerse perfectamente y la tendencia a someter cualquier cuestión -desde la más obvia a la más abstrusa- a esta masticación aviva el ingenio y la precisión del pensamiento al tiempo que desarrolla ese espíritu crítico y esa duda metódica a la que tanto deben la ciencia y cultura occidentales" (Religion an the Rise of Western Culture, Image Books, NY, 1991, pgs. 191-1).

    El historiador de la ciencia Edward Grant coincide en ese juicio: "¿Qué permitió a la civilización occidental desarrollar la ciencia y las ciencias sociales hasta extremos jamás alcanzados por ninguna otra civilización? La respuesta, estoy convencido, reside en un persuasivo y sólido espíritu investigador que surgió como consecuencia natural del énfasis en la razón desde la época de la Edad Media.
    La razón, con la salvedad de las verdades reveladas, se entronizó en las universidades medievales como árbitro definitivo en la mayoría de los debates y controversias intelectuales. Era natural entre los eruditos inmersos en el entorno universitario recurrir a la razón para adentrarse en materias no exploradas hasta la fecha, así como para discutir posibilidades que nunca antes se habían tomado en serio
    "

    LA CREACÓN DE LAS UNIVERSIDADES, EL COMPROMISO CON LA RAZÓN Y LA ARGUMENTACIÓN RACIONAL ASÍ COMO EL ESPÍRITU DE INVESTIGACIÓN SON LAS CARACTERÍSTICAS DE LA VIDA INTELECTUAL DE LA EDAD MEDIA. FUE EL MAYOR REGALO DE LA CIVILIZACIÓN Y FUE POSIBLE PORQUE EN SU CENTRO MISMO ESTABA LA IGLESIA CATÓLICA.

    DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO.
    GRACIAS IGLESIA CATÓLICA.















    4ª Parte : LA IGLESIA Y LA CIENCIA.CASO GALILEO GALILEI.
    ¿Fue simple azar que la ciencia moderna se desarrollara en un ambiente católico o el catolicismo tiene algo que favorece el éxito de la ciencia?
    Formularnos esta pregunta ya presupone una transgresión a los prejuicios inculcados por la propaganda y la Leyenda Negra.
    Pero cada vez más académicos se plantean dicha cuestión e incluso llegan a conclusiones sorprendentes.

    No es asunto baladí. La supuesta hostilidad de la Iglesia Católica hacia la ciencia es quizás uno de los mayores lastres que imperan en la cultura popular.

    Ante una versión unilateral y deformada sobre Galileo, mayoritaria en la opinión popular, se debe en buena parte la generalización de la falsa creencia según la cual la Iglesia ha impedido el avance de la investigación científica.

    Lo cierto es que aunque el incidente de Galileo hubiera sido tan negativo como fabuló la Leyenda Negra, John Herny Cardinal Newuman, converso del anglicanismo en el XIX, encontró revelador que éste fuera casi el único ejemplo que la gente es capaz de citar de supuesta hostilidad de la Iglesia Católica hacia la ciencia, y encima es propaganda totalmente falsa.

    El incidente de Galileo giró sobre la controversia en torno a la obra del astrónomo polaco Nicolás Copérnico (1473-1543).
    Copérnico llegó a recibir el tratamiento de sacerdote y, si bien fue nombrado canónigo del capítulo de Frauenburg, no hay datos de que recibiera órdenes mayores. Pero por decisión del Rey Segismundo de Polonia de incluirlo (1537) entre los cuatro posibles candidatos para un sillón episcopal vacante.

    Fuera cual fuese su posición clerical, Copérnico era de familia religiosa de la Tercera Orden de Santo Domingo, que extendió a los laicos la oportunidad de participar de la espiritualidad y la tradición dominica (J. G. Hagen en Nicolaus Copernicus, Catholic Encyclopedia, 1913).

    Su labor científica fue reconocida en los círculos eclesiásticos. En el V Concilio de Letrán (1512-1517) solicitó su consejo sobre la reforma del calendario.
    Clérigos y científicos imploraban a Copérnico que difundiera su obra, accedió y publicó sus Seis Libros sobre la revolución de las órbitas celestes (dedicado al Pablo III, 1543).

    Copérnico dominaba todos los conocimientos astronómicos acumulados hasta ese momento, ampliamente debidos a Aristóteles y, sobre todo a Ptolomeo, el brillante astrónomo griego que postulaba un universo geocéntrico.
    La astronomía copernicana compartía con los predecesores griegos la noción de los cuerpos celestes como esferas perfectas, la circularidad de sus órbitas y la constante velocidad de los planetas.
    La innovación de Copérnico fue desplazar la tierra del centro del universo para situar allí al sol. Era su modelo heliocéntrico que sugería que era la tierra la que orbitaba alrededor del sol, como los demás planetas.

    Pese al feroz ataque de los protestantes por esta SUPUESTA refutación de las Sagradas Escrituras, el sistema copernicano no fue objeto de censura formal alguna por los católicos hasta el advenimiento de Galileo.

    Galileo Galilei realizó importantes observaciones astronómicas con su telescopio que refutaban el modelo Ptolomeico. Detectó montañas en la luna refutando la esfericidad perfecta de los cuerpos celestes, descubrió fenómenos desconocidos para Ptolomeo (como cuatro lunas en Júpiter y que un planeta no dejaba detrás sus satélites cuando se desplazaba por su órbita). Ese era uno de los argumentos contra el movimiento de la Tierra: que la Luna se quedaría detrás.
    Y también halló otro apoyo para el sistema copernicano las fases de Venus.

    El trabajo de Galileo fue muy bien acogido y celebrado por destacados eclesiásticos. A finales de 1610, el padre Christopher Clavius escribió al científico para comunicarle que los astrónomos jesuítas habían confirmado sus descubrimientos con el telescopio.
    Un año después Galileo fue recibido en Roma por importantes personalidades, religiosas y laicas.

    De su puño y letra escribió a un amigo: "he sido recibido y RESPALDADO por muchos ilustres cardenales, prelados y príncipes de esta ciudad". Disfrutó de una larga audiencia con el Papa Pablo V y los jesuítas del Colegio Romano celebraron diversas actividades en su honor. Luego ante una congregación de cardenales, hombres doctos, líderes laicos, los alumnos del padre Christopher Grienberger y el padre Clavius disertaron sobre los grandes descubrimientos del astrónomo.

    Eran eruditos muy distinguidos, El padre Grienberger verificó personalmente el descubrimiento de las lunas de Júpiter, era un excelente astrónomo, inventor del soporte ecuatorial, un instrumento que permitía girar el telescopio en torno a un eje paralelo a la Tierra.
    También contribuyó al desarrollo del telescopio reflactor que aún se usa actualmente (Joseph MacDonnell, S.J., Jesuit Geometers, Institute of Jesuit Sources, San Luis, 1989, pg. 19).

    Por su parte el padre Clavius era uno de los grandes matemáticos de su tiempo, encabezó la comisión encargada de elaborar el calendario gregoriano (en vigor desde 1582), un sistema de medición que resolvía las numerosas imprecisiones del anterior calendario juliano.
    Sus cálculos sobre la longitud del año solar y el número de días necesarios para adaptar el calendario a éste -un salto de 97 días cada 400 años- fueron tan exactos que aún hoy muchos científicos siguen sin comprender cómo pudo hacerlo (ob. cit.).

    Todo parecía hacer merced a Galileo, cuando en 1612 el astrónomo publicó sus Cartas sobre las manchas solares, en las que defendía, por primera vez en forma impresa el sistema copernicano, recibió entre otras muchas cartas de calurosa felicitación una del propio cardenal Maffeo Barberini que pasaría a la posteridad como su Santidad Urbano VIII (Jerome J. Langford, op. cit. pg. 45, 52).

    LA IGLESIA NO PUSO NINGUNA OBJECIÓN AL USO DEL SISTEMA COPERNICANO, que percibía como un elegante modelo teórico pero cuya verdad literal se hallaba aún muy lejos de demostrarse si bien explicaba los fenómenos celestes con mayor fiabilidad que cualquier otro sistema.

    No había objeción alguna en presentarlo y usarlo como modelo hipotético. Galileo, por su parte, consideraba que el sistema de Copérnico era literalmente cierto, no una mera hipótesis que ofrecía predicciones exactas, pero carecía de la más mínima prueba válida que respaldara SU SUPOSICIÓN.

    Y argumentaba, equivocadamente, que el movimiento de las mareas era una prueba del movimiento de la Tierra, una idea que hoy es risible. Y ya había errado anteriormente en otras suposiciones.
    Tampoco era capaz de responder a las censuras de los seguidores de Aristóteles que respaldaban el sistema geocéntrico y sostenían que, si la Tierra realmente se moviera, los cambios de paralaje resultarían evidentes observando las estrellas, lo que no ocurría.

    El problema con Galileo surgió cuando CARECIENDO DE PRUEBAS ESTRICTAMENTE CIENTÍFICAS, insistió en defender la veracidad literal del sistema copernicano, negándose a aceptar el razonable compromiso del transmitir dicho modelo como lo que era UNA HIPÓTESIS MÁS mientras no pudiesen encontrarse más pruebas favorables.
    Cuando propuso la reinterpretación de ciertos versículos de la Biblia, es cuando los teólogos pensaron que Galileo estaba usurpando su autoridad.

    Según el mayor experto en la materia, Jerome Langford, resume la postura de Galileo en ese sentido: "Galileo estaba convencido de conocer la verdad, aunque objetivamente no tenía pruebas que le respaldaran. Es una clara injusticia sostener, como hacen algunos historiadores, que nadie quiso escuchar sus argumentos, que nunca se le dio una oportunidad".
    Los astrónomo jesuítas habían confirmado sus descubrimientos y esperaban con avidez el hallazgo de nuevas pruebas que les permitieran abandonar el sistema de Tico (Tico Brahe, 1546-1601, propuso un sistema astronómico intermedio entre el geocentrismo y el heliocentrismo, entre Ptolomeo y Copérnico, en el que todos los planetas, excepto la Tierra, orbitaban alrededor del Sol, mientras que el Sol giraba alrededor de una Tierra estática) y poder defender CON RIGOR el modelo copernicano.
    Muchos clérigos influyentes creían que Galileo tenía razón pero NECESITABAN PRUEBAS.

    No es fiel a la verdad retratar a Galileo como una víctima inocente de la ignorancia y los prejuicios, los acontecimientos que siguieron son también imputables a la cabezonería (nada científica, por cierto) de Galileo que se negó al consenso, entró a debatir sin disponer de la más mínima prueba racional y se metió en terreno teológico.

    Galileo insistió y perseveró en la suposición de la VERDAD LITERAL del sistema copernicano y de esa persistencia arrogante surgió el problema pues el modelo heliocéntrico parecía entrar en contradicción con ciertos pasajes de las Sagradas Escrituras.

    La Iglesia, sensible a las acusaciones de los protestantes, para quienes los católicos no mostraban el debido respeto a la Biblia, no vio con buenos ojos la insinuación de que el significado literal de las Escrituras -que en ocasiones presenta la Tierra como inmóvil- debiera dejarse de lado en aras de acomodar una teoría científica aún por demostrar (Jacques Barzun, From Dawn to Decadence, Harper Collins, NY, 2001, pg. 40).

    Y aún, sobre ese punto LA IGLESIA NO SE MOSTRÓ INFLEXIBLE y el cardenal Bellamino observó: "si hubiera UNA PRUEBA REAL de que el Sol ocupa el centro del universo, de que la Tierra se encuentra en el tercer cielo, y de que el Sol no gira alrededor de la Tierra, sino que es ésta la que lo hace alrededor del Sol, deberíamos proceder con suma cautela a la hora de explicar determinados pasajes de las Escrituras que parecen apuntar lo contrario y admitir que no supimos comprenderlos, antes de proclamar como falsas una opinión que ha sido demostrada verdadera. Por lo que a mí respecta, no creeré en la existencia de dichas pruebas hasta que me sean presentadas" (James Brodrick, The Life and Work of Blessed Robert Francis Cardinal Bellarmino, S.J., 1542-1621, vol. 2, Burns, Oates and Washbourne, Londres, 1928, pg. 359)

    LA APERTURA TEÓRICA DE BELLARMINO A LA REINTERPRETACIÓN DE LAS ESCRITURAS SOBRE LA BASE DE NUEVOS CONOCIMIENTOS HUMANOS NO ERA UN FENÓMENO NUEVO, San Alberto Magno ya había adoptado una posición similar. Y Santo Tomás de Aquino advirtió sobre las consecuencias de aferrarse a una particular INTERPRETACIÓN de las Escrituras si había bases sólidas para creer que dicha interpretación era incorrecta.

    Pese a todo, en 1616, después de que Galileo hubiera enseñado pública y recalcitrantemente el sistema copernicano como cierto, las autoridades eclesiásticas le ordenaron que cesara de presentar el heliocentrismo como una VERDAD CONTRASTADA, SI BIEN TENÍA TOTAL LIBERTAD PARA TRATARLA COMO LO QUE ERA: UNA HIPÓTESIS.
    Galileo aceptó y continuó su trabajo.

    En 1624 volvió a Roma y volvió a ser recibido con entusiasmo y debatió cuestiones científicas con influyentes cardenales.
    El Pontífice Urbano VIII le hizo obsequios y solicitó patrocinios para Galileo. Se refería a él como "un hombre cuya fama brilla en el cielo y se extiende por todo el mundo".
    Asimismo Urbano VIII transmitió al astrónomo que la IGLESIA NUNCA HABÍA DECLARADO HERÉTICAS LAS TEORÍAS DE COPÉRNICO Y QUE JAMÁS LO HARÍA.

    Galileo publicó en 1632 el Diálogo sobre los grandes sistemas del mundo, obra ESCRITA A INSTANCIAS DEL PONTÍFICE, pero omitiendo la instrucción expresa de tratar el modelo como lo que era una hipótesis, no como hizo, como una verdad establecida.

    En 1663 Galileo recibió la orden de no seguir divulgando el copernicanismo, Galileo desoyó, una vez más, la prohibición y siguió sacando a la luz importantes trabajos como Discursos relativos a dos nuevas ciencias.

    Fue esta censura la que han aprovechado para mancillar la reputación de la Iglesia.

    Lo cierto es que los CIENTÍFICOS CATÓLICOS TUVIERON AUTORIZACIÓN PARA PROSEGUIR LIBREMENTE CON SUS INVESTIGACIONES, siempre y cuando presentaran el movimiento terráqueo como lo que era: una hipótesis aún sin demostrar. Tal como exigía el Santo Oficio de 1616.
    Un nuevo decreto (1633) ahondó en la prohibición, excluyendo del debate científico cualquier referencia al movimiento terrestre, pero los científicos católicos como el padre Roger Boscovich continuaron esbozando trabajos con la Tierra en movimiento los eruditos especulan que el decreto de 1633 estaba destinado únicamente a Galileo, no al resto de científicos católicos.

    La condena de Galileo no tiene nada que ver con las imágenes de cárcel, tortura y muerte en la hoguera de la Leyenda Negra. Galileo en realidad se hospedó en aposentos papales como invitado, no estando ni un solo día en la cárcel. Y la terrible coco Inquisición no le tocó ni un pelo. Nunca fue torturado y murió en la cama de su casa plácidamente (de viejo).

    La "oscurantista" Iglesia tampoco NUNCA le atacó por el lado personal, lo que ocurriría hoy en cualquier programa de telebasura (vivía en concubinato y tuvo hijas bastardas, pero la Iglesia sólo juzgó su orgullo científico y reincidencia al negarse a aceptar como hipótesis unas presunciones que no pudo demostrar; sin inmiscuirse en una relación personal que nunca se cuestionó).


    DIOS ORDENÓ TODAS LAS COSAS POR SU MEDIDA, SU NÚMERO Y SU PESO.
    Desde que a inicios del XX salieron los trabajos del historiador Perre Duhem, la tendencia dominante entre los historiadores de la ciencia ha subrayado el destacado papel de la Iglesia en el desarrollo del pensamiento científico.

    Muy pocos de estos trabajos académicos se han vulgarizado, pero es algo que ocurre habitualmente. La mayoría sigue creyendo que la revolución industrial mermó, drásticamente, el nivel de vida de los trabajadores, cuando lo cierto es que las condiciones de vida de la media mejoraron (Thomas E. Woods, Jr. The Church an the Market: A Catholic Defense ot the Free Economy, Lexington, Lanham, Md. 2005, pgs. 169-174).

    De manera similar la verdadera función de la Iglesia en el desarrollo de la ciencia moderna continúa siendo un secreto para el público en general.

    El padre Stanley Jaki, doctor en física y teología, galardonado como historiador de la ciencia, ha contribuido a situar el catolicismo y el escolaticismo en su contexto en la evolución de la ciencia occidental.
    Muchos de sus libros defienden la provocadora tesis de que, LEJOS DE OBSTACULIZAR EL PROGRESO DE LA CIENCIA, LAS IDEAS CATÓLICAS HAN CONTRIBUIDO A HACERLO POSIBLE.

    Para ello se basa en que la tradición católica, desde la prehistoria del Antiguo Testamento y hasta más allá de la Edad Media, concibe a Dios -y su creación- como un ser RACIONAL y METÓDICO.
    El mundo es obra de un Ser sumamente racional y dotado de orden y finalidad. Sobre esta base los católicos antiguos defendían la RACIONALIDAD del universo e inspiró a sus sucesores que un milenio después, cuando despuntaba la ciencia moderna realizaron numerosas investigaciones con el fin de comprender el universo.

    Aunque parece obvio la idea de un universo racional y ordenado es enormemente fértil e indispensable para el progreso de la ciencia y ha sido desconocido para muchas civilizaciones.
    Por tanto, NO ES ACCIDENTAL QUE LA CIENCIA, COMO ACTIVIDAD INTELECTUAL, NACIERA EN UN CONTEXTO CATÓLICO Y CIERTAS CREENCIAS CATÓLICAS FUNDAMENTALES SON IMPRESCINDIBLES PARA LA APARICIÓN DEL PENSAMIENTO CIENTÍFICO.

    Las culturas no católicas no poseían ese bagaje filosófico y se vieron lastradas por contextos conceptuales que impidieron la evolución científica.


    En su obra (Science and Creation) amplia la tesis a 7 grandes culturas: árabe, babilónica, china, egipcia, griega, hindú y maya. EN TODAS ELLAS LA CIENCIA NACIÓ MUERTA debido a las concepciones de esas culturas sobre el universo y no creer en un Creador trascendente que estableció en la creación leyes físicas coherentes.

    Estas culturas percibían el universo como un inmenso organismo dominado por un panteón de deidades y destinado a cumplir un ciclo infinito de nacimiento, muerte y renacimiento. La ciencia no pudo nacer en ese contexto.

    El animismo de antiguas culturas, con presencia inmanente de lo divino en todas las cosas, impidió el avance científico al excluir dichas creencias la existencia de unas leyes naturales constantes pues al poseer la creación mente y voluntad propias descartaban la posibilidad de observar su comportamiento conforme a patrones regulares y fijos.

    La doctrina católica de la Encarnación es totalmente opuesta a esas creencias animistas e inmanentes. El catolicismo eludió cualquier modelo panteísta y permitió percibir el universo como un mundo ordenado y predecible.

    Evidentemente esas culturas realizaron importantes hazañas tecnológicas, pero no hay en esos logros el florecimiento de una INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA FORMAL Y SOSTENIDA. Por esa razón, las tempranas innovaciones técnicas de los griegos, romanos, Islam, y la China imperial no pueden considerase ciencia siendo más bien tradiciones, destreza, sabiduría, técnicas, habilidades, tecnología, aprendizaje o conocimientos.

    Es paradigmático el caso de Babilonia. Su civilización se distinguió por su observación del cielo, la recopilación de datos astronómicos y el desarrollo de los rudimentos del álgebra, pero su clima filosófico y espiritual a duras penas permitía aplicar esas habilidades prácticas al desarrollo de algo que pudiera denominarse, en rigor, ciencia (Paul Haffner, Creations and Scientific Creativity, Christendom Press, Front Royal, 1991, pg. 35).

    Por el contrario es relevante que en la creación católica, como se describe en el Génesis, el caos se halle completamente sometido a la soberanía divina.

    El caso de China es analizado por el historiador marxista Joseph Needham que culpa del estancamiento a las creencias religiosas y el marco filosófico que envolvía a los pensadores chinos. Conclusión sorprendente para un marxista del que cabría esperar una argumentación económica o materialista para el abortado de la ciencia en dicho país.
    Needham sostiene que los pensadores chinos eran incapaces de creen en las leyes naturales por no haber desarrollado la concepción de un dador de la ley celestial que imponga orden sobre la naturaleza no humana.

    En el caso griego, con sus extraordinarios avances en el uso de la razón en diversas disciplinas, la cultura que más se aproxima al desarrollo de una ciencia moderna pero que en última instancia no lo consigue.

    El proceso científico fue posible porque los escolásticos católicos de la Edad Media llevaron a cabo una "despersonalización" de la naturaleza de modo que la explicación al hecho de que cayeran piedras no estaba en el amor innato que estas tenían por la tierra.

    Respecto al Islam, las aportaciones de sus científicos tuvieron lugar PESE al Islam antes que gracias a él. Los intelectuales islámicos ortodoxos rechazaban cualquier concepción del universo sometido a unas leyes físicas (la autonomía absoluta de Alá no podía verse limitada por ninguna ley natural y esas aparentes leyes naturales no eran más que hábitos de Alá que en cualquier momento podrían mutar).

    El catolicismo admite la posibilidad de milagros y reconoce la función de lo sobrenatural, pero la propia idea de milagro implica un acontecimiento excepcional. Y sólo en un escenario de un mundo natural ordenado puede reconocerse un milagro.

    Hasta el mayor crítico del catolicismo del XIX, Friedrich Nietzsche sostiene: "no existe nada parecido a una ciencia "carente de presuposiciones" ... una ciencia exige una filosofía, una fe previas, para cobrar dirección, significado, límite, método y derecho a existir ... lo que subyace a nuestra fe en la ciencia sigue siendo una fe metafísica" (Citado en Ernest L. Fortin The Bible Made Me Do It: Christianity, Science, and the Enironment, Rowman&Littlefield, Lanham, 1996, pg. 122 subrayado en el original de Nietzsche, Genealogy of Morals, III, pgs. 23-24)

    Otro ejemplo esclarecedor de la relación entre el marco contextual y la forma que determina la ciencia es el modelo griego. Los griegos tenían la visión de que el estado natural de todos los cuerpos era el reposo, y para ellos el movimiento requería una explicación que Aristóteles intentó proporcionar pero tuvo grandes dificultades para explicar el movimiento de los proyectiles.

    Un ingrediente esencial para pasar de la física antigua a la moderna fue la introducción del concepto de inercia, la resistencia al cambio. Fue Isaac Newton quien describió esta idea en el XVIII (1ª Ley del Movimiento).
    Y los científicos modernos empiezan a reconocer la importancia de los precedentes medievales en el desarrollo del concepto de inercia. Especialmente de Jean Buridan (profesor de la católica Sorbona del XIV)

    Newton dedicó sus últimos años a borrar el nombre de Descartes de sus cuadernos para ocultar la influencia del filósofo francés. A su vez Descartes ocultó la importancia de la teoría medieval de la inercia fundamental en su trabajo.
    Copérnico aludió a la teoría de la inercia pero no citó sus fuentes (posiblemente conoció en Cracovia los manuscritos de los comentarios de Buridan y Oresme).

    En cualquier caso el hallazgo decisivo de la inercia fue resultado directo de la fe católica de Buridan que trató de describir el movimiento, en la Tierra y el universo, mediante un único sistema mecánico.

    etc. etc. etc.


    EL SACERDOTE CIENTÍFICO.
    Es sencillo demostrar que muchos grandes hombres de ciencia, como Louis Pasteur, han sido católicos. También es revelador el gran número de sacerdotes católicos que han desarrollado una amplia y destacada labor científica.
    La curiosidad insaciable de estos hombres y su compromiso con la investigación científica revelan, más que cualquier discusión teórica, que la relación IGLESIA - CIENCIA es amistosa y totalmente natural.

    Entre otros muchos:
    - Roger Bacon, franciscano y profesor en Oxford, matemático y óptico. Precursor del método científico moderno. Escribió sobre filosofía de la ciencia.

    - San Alberto Magno, dominico, enseñó en la Universidad de París con alumnos como Santo Tomás de Aquino, fue procincial de los dominico y obispo. Abarcó la física, lógica, metafísica, biología, psicología.

    - Robert Grosseteste, canciller de Oxford y obispo de Lincoln, uno de los hombres más eruditos de la Edad Media describió por primera vez los pasos necesarios para llevar a cabo un experimento científico.

    - padre Nicolaus Steno (converso anglicano) ordenado sacerdote es quien estableció la geología moderna y sus principios, fue médico y estudió fósiles.

    etc. etc.

    AVANCES CIENTÍFICOS DE LOS JESUÍTAS.
    Esta orden sacerdotal cuenta con el mayor número sacerdotes católicos interesados por la ciencia.
    Sólo hasta el XVIII entre otros estudiaron y tuvieron méritos en:
    - perfeccionamiento de relojes de péndulo, pentógrafos, barómetros, telescopios reflectores y microscopios.
    - magnetismo, óptica y electricidad.
    - pioneros en la observación de la banda de colores en la superficie de Júpiter, la nebulosa de Andrómeda, los anillos de Saturno.
    - teorizaron sobre la circulación sanguínea (al margen de Harvey), la posibilidad de volar, la influencia lunar en las mareas, la naturaleza ondulante de la luz.
    - elaboraron mapas celestes del hemisferio sur.
    - desarrollaron la lógica simbólica,
    - controlaron las crecidas del río Po y Adige,
    - introdujeron los signos matemáticos + y -
    - científicos de talla tan grande como el genial jurista y MATEMÁTICO Fermat, Huygens, Leibniz y Newton tenían a jesuítas como corresponsales.

    DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO. GRACIAS IGLESIA CATÓLICA.
    Valmadian y ReynoDeGranada dieron el Víctor.
    La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen; pero son intolerantes en la práctica porque no aman”.

    [R.P. Reginald Garrigou-Lagrnage O.P.].

  2. #2
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    Re: La Impagable DEUDA de la Civilización con la Iglesia Católica

    5ª Parte : CÓMO LA CARIDAD CATÓLICA CAMBIÓ EL MUNDO.
    Cuando el hambre y la enfermedad azotaban al ejército del emperador (Constantino) a inicios del IV, Pacomio, un soldado pagano, contemplaba, atónito, cómo los romanos ofrecían comida y cuidados a los hombres afligidos y, sin discriminación de ningún tipo, prestaban ayuda a quien la necesitaba.

    Intrigado, preguntó por aquellas gentes y supo que eran CRISTIANOS. Entonces irremediablemente se preguntó ¿Qué clase de religión es esta que inspira semejantes actos de HUMANISMO y GENEROSIDAD? empezó a aprender sobre la fe y, antes de darse cuenta, ya había iniciado el camino a la conversión (Alvin J. Schmidt, Under the Influence: Homo Christianity Trasformed Civilization, Zondervan, Gran Rapids, Mich. 2001, pg. 130).

    Las obras de caridad cristianas han seguido suscitando el mismo asombro a lo largo de los siglos, incluso en individuos como Voltaire el más prolífico propagandista anticatólico del XVIII al que causaba admiración el HERÓICO SACRIFICIO que animaba a tantos hijos e hijas de la Iglesia.

    "Puede que no haya en este mundo nada más grande que el sacrificio de jóvenes hermosas, a menudo de alta cuna, que con su trabajo callado en los hospitales alivian la miseria humana, cuya visión tanto nos altera. Los pueblos separados de la religión romana han imitado, aunque imperfectamente, esta generosa caridad" (Michael Davis, For Altar and Throne: The Rising in the Vendée, Remnant Press, St. Paul, Minn, 1997, pg 13)

    Registrar la totalidad de las obras de caridad católicas realizadas por individuos, parroquias, dióecesis, monasterios, misioneros, frailes, monjas y organizaciones seglares exigiría cientos de extensos volúmenes (actual, sintética y completa es la obra de Santiago Cantera, Historia Breve de la Caridad y de la Acción Social de la Iglesia, Voz de Papel, Madrid 2004)

    LA CARIDAD CATÓLICA NO HA TENIDO, NI TIENE, PARANGÓN EN CUANTO A CANTIDAD Y DIVERSIDAD DE TRABAJOS REALIZADOS Y ALIVIO DEL SUFRIMIENTO Y DE LA MISERIA HUMANA.

    ES LA IGLESIA CATÓLICA LA INVENTORA DE LA CARIDAD COMO SE ENTIENDE HOY EN OCCIDENTE.


    Y tan importante como su cantidad fue la diferencia cualitativa que separó la caridad eclesiástica de los ejemplos precedentes. No pueden negarse los nobles sentimientos defendidos por los grandes filósofos de la Antigüedad en materia de filantropía, ni que algunos hombres adinerados realizasen sustanciosas donaciones voluntarias a su comunidad.
    Se esperaba de los ricos que financiasen los baños y edificios públicos, así como entretenimientos para el pueblo. Así, Plinio el Joven no se limitó a construir en su ciudad natal una escuela y una biblioteca.

    El espíritu de generosidad en el mundo antiguo era, pese a todo, deficitario comparado con el de la Iglesia.
    La caridad antigua era interesada, antes que puramente gratuita. Las construcciones financiadas por los ricos exhibían sus nombres de manera destacada (publicidad) y los donantes actuaban por su afán de notoriedad y/o intención de obtener réditos.
    Su generosidad no respondía al principio de servir a los necesitados sin esperar nada a cambio, sin ninguna reciprocidad.

    Si bien la escuela estoica (300 adC) consiguió convivir en los primeros siglos del Cristianismo que suavizó sus posturas (para los estoicos había que tener un estricto autocontrol que consideraba la piedad y la compasión emociones patológicas, defectos del carácter que el hombre debía evitar. Para ellos la piedad implicaba el ofrecimiento de ayuda inmerecida y, por tanto, contraria a la justicia)

    El Cristianismo suavizó la postura estoica, así Marco Aurelio, emperador romano, filósofo y estoico (del II) tiene ya gran similitud con el pensamiento de los cristianos. Y San Justino Mártir ensalzaría a los estoicos pero la implacable supresión emocional y sentimental que exigía dicha escuela ya se había cobrado un alto tributo.
    Es ajeno a la naturaleza humana la negación estoica de la dimensión que nos confiere la humanidad reflejada en el comentario de Anaxágoras que al ser informado de la muerte de su hijo se limitó a comentar: "jamás supuse que había concebido a un inmortal"

    O Estilpo quien, ante la ruina de su país, la toma de su ciudad y la pérdida de sus hijas para convertirlas en esclavas proclamó que en realidad no había perdido nada, pues el hombre sabio trascendía todas sus circunstancias.

    No extraña que hombres tan alejados de la realidad del mal no corrieran a aliviar sus efectos cuando éste afligía a sus semejantes. Empeñados en negar el dolor y la enfermedad como males difícilmente se plantearán ayudar a otros.

    Un buen análisis de la ausencia de la idea de la caridad cristiana en la Antigüedad está en: Gerhard Uhlhorn, Christian Charity in the Anciente Church, Charles Scribner's, NY, 1883, pgs. 2-44.

    EL ESPÍRITU DE CARIDAD CATÓLICA NO SURGIÓ DE LA NADA, SINO QUE TOMÓ SU INSPIRACIÓN DE LAS ENSEÑANZAS DE CRISTO.
    Un nuevo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Así todos sabrán que sois mis discípulos (Juan 13, 34-35) (Santiago 4, 11).

    San Pablo explica que quienes no pertenecen a la comunidad de los fieles merecen también el cuidado y la caridad de los cristianos, incluso aunque sean enemigos de la fe (Romanos, 12, 14-20; Gálatas 6, 10).

    Un duro crítico de la Iglesia como W.E.H. Lecky dice: "no cabe la menor duda ni en la teoría ni en la práctica, ni en las instituciones que se fundaron o en el puesto que alcanzó en la escala de obligaciones, de que la CARIDAD ocupó en la Antigüedad una posición en modo alguno comparable a alcanzada con el Cristianismo".

    La ayuda era competencia casi exclusiva del Estado y dictada por la política, no por la benevolencia, prueba de ello es la costumbre de vender a los hijos, las duras privaciones, la presteza de los pobres a convertirse en gladiadores, frecuentes hambrunas, etc. muestran cuanto sufrimiento quedaba sin alivio (Lecky, op. cit. pg. 83).

    La práctica de ofrecer oblaciones para los pobres se instaura con el origen de la Iglesia. Las ofrendas de los fieles se depositaban en el altar durante la Misa, se practicaban colectas, días de ayuno (de las que Zutano tiene recuerdo directo), etc.

    La lista de buenas obras realizadas por pobres y ricos de la Iglesia temprana sería extensísima.
    San Agustín fundó un hospicio para peregrinos y esclavos fugados, donde se les proveía de ropas (advirtiendo a los donantes que de donar ropas caras se venderían y daría lo recaudado a los pobres, Gerhard Uhlhorn, op. cit. pg. 264).
    San Juan Crisóstomo fundó una serie de hospitales en Constantinopla (Cajetan Baluffi, The Charity of the Church, Gill and Son, Dublín, 1885, pg. 39).
    San Cipriano y San Efrén organizaban campañas de ayuda para hambrunas y epidemias.

    En sus primeros años la Iglesia institucionalizó el cuidado de viudas, huérfanos, enfermos, etc.

    Las sucesivas plagas de peste que asolaron Cartago y Alejandría despertaron la admiración y el respeto a los cristianos por su valentía al consolar a los moribundos y enterrar a los muertos cuando los paganos abandonaban a sus suerte incluso a familiares y amigos (Lecky, op. cit. pg. 87; Cajetan Baluffi, op. cit. pg.s 14-15; Alvin J. Schmidt, Social Results of Early Christianity, op. cit. pg. 328).

    El obispo y padre de la Iglesia San Cipriano reprendía (en el III) a los paganos de Cartago por desvalijar a las víctimas de la plaga en vez de socorrerlas. Alentando a los cristianos a alimentar a los enfermos y enterrar los muertos.

    En Alejandría (en el III) el obispo cristiano Dionisio relata como los paganos arrinconaban a los enfermos y arrojaban los moribundos a los caminos donde los dejaban, incluso familiares y amigos, tratándolos despreciativamente en cuanto morían y sin darles sepultura. Los cristianos no se abandonaban unos a otros, permanecían unidos y visitaban a los enfermos consolándolos ignorando, deliberadamente, el peligro que corrían.

    Incluso Martin Lutero que se separó de la Iglesia católica (en el XVI) conservaría este espíritu de sacrificio en el famoso ensayo en el que discute si un ministro cristiano está moralmente legitimado para huir de una plaga, y concluye que NO. Que su lugar está con su rebaño, atendiendo sus necesidades espirituales hasta la muerte.

    Cuando la hambruna asoló Armenia (reinado de Maximiano) los cristianos ayudaron a los pobres sin distinción de sus creencias.

    Eusebio el gran historiador eclesiástico (XIV) cuenta como muchos paganos se interesaron por una religión cuyos FIELES ERAN CAPACES DE TANTA DEVOCIÓN DESINTERESADA.

    Hasta Juliano el apóstata que detestaba el cristianismo se lamentaba de la bondad de los cristianos hacia los pobres paganos: "esos impíos galileos no sólo alimentan a sus pobres, sino también a los nuestros; los invitan a sus ágapes para atraerlos, tal como se atrae a un niño con un dulce".


    LOS PRIMEROS HOSPITALES Y LOS CABALLEROS DE SAN JUAN.
    Aún permanece la controversia si en Grecia y Roma hubo instituciones similares a nuestros hospitales. Muchos historiadores lo dudan, otros señalan destacadas excepciones.
    Pero estas excepciones eran únicamente militares (soldados enfermos o heridos) no para la población general.

    ES LA IGLESIA LA QUE LIDERÓ LA CREACIÓN DE INSTITUCIONES GESTIONADAS POR MÉDICOS, en las que se hacían diagnósticos, se prescribían tratamienos y dispensaban cuidados (Alvin J. Scidt, Under the Influence, op. cit. pg. 153-155)

    Sobre el IV la Iglesia empezó a patrocinar la creación de hospitales a gran escala, de forma que cualquier población grande contaba, sin excepción, con un centro sanitario. Allí se cuidaba de extranjeros, viudas, huérfanos y pobres en general (John A. Ryan en Charity and Charities, op. cit. pgs. 79 y ss).

    Según Guenter Risse los cristianos superaron la hospitalidad recíproca que había prevalecido en la Grecia antigua o la devoción familiar de los romanos para atender a grupos sociales marginados por la pobreza, la enfermedad y/o la edad.

    El historiador de la medicina, Fielding Garrison observa que antes de Cristo la actitud hacia los enfermos y moribundos no era compasiva, el CRÉDITO DE ALIVIAR EL SUFRIMIENTO HUMANO A GRAN ESCALA CORRESPONDE ENTERAMENTE A LA CRISTIANDAD.

    etc. etc. etc. etc.

    Las Órdenes religiosas del tiempo de las Cruzadas administraban los hospitales de toda Europa.
    La de los Caballeros de San Juan (Hospitalarios) fueron un temprano ejemplo de lo que más tarde se convertiría en la Orden de Malta dejando una profunda huella en la historia de los hospitales europeos.
    El hospicio de Jerusalén (fundado 1080) alimentaba a los pobres, cobijaba peregrinos.
    Tras Godofredo de Buillon sus funciones se diversificaron ampliamente tras sus donativos (importantes propiedades).

    El sacerdote alemán Juan de Würzburg quedó impresionado por los cuidados que allí se dispensaban y por la labor caritativa que se ejercía. Según sus testimonios eran tantos los individuos de dentro y fuera a los que la casa alimenta, y tantas las limosnas que ofrece a los pobres que se acercan a sus puertas que los que la dirigen y sostienen no pueden calcular la cuantía del gasto.

    Teodorico de Würzburg, otro peregrino alemán, se maravillaba de los cientos de camas ocupadas, afirmando que no hay tirano con suficiente poder para mantener a diario a tantos como la casa alimenta.

    etc. etc.

    En el XII estos centros empezaron ya a parecerse más a un hospital moderno que a un hospicio de peregrinos y entonces su misión se definió más específicamente hacia el cuidado de enfermos.

    El Hospital de San Juan empezó a acoger a musulmanes y judíos. Impresionaba por su profesionalidad y organización y su estricto régimen. Se realizaban cirugías y los enfermos eran visitados, diariamente, por médicos, se les bañaba y daban dos comidas principales diarias. Los trabajadores del hospital no podían comer en tanto no lo hubieran hecho los enfermos, personal femenino garantizaba que no faltaran a los enfermos ropa y sábanas limpias.
    Esta esmerada organización del Hospital de San Juan y su DECIDIDA VOCACIÓN DE SERVICIO A LOS ENFERMOS FUE EL MODELO PARA EUROPA donde en pequeños pueblos o grandes ciudades surgieron centros inspirados en dicho modelo.

    Han sido tantas e impresionantes las obras de caridad católica que hasta sus peores enemigos se han visto obligados a reconocerlas.


    Luciano (pagano 130-200) observaba con asombro: "es increíble el celo con que quienes profesan esta religión se ayudan unos a otros en la necesidad, sin escatimar esfuerzos. Su dador de la ley les inculcó la idea de que todos son hermanos" (Carrol y Shiflett, pg. 143).

    Juliano el Apóstata (360) realizó un enérgico pero inútil intento de restaurar el paganismo en el Imperio reconocía que los cristianos superaban con creces a los paganos en devoción por la caridad: "mientras los sacerdotes paganos desprecian a los pobres los odiados galileos (los cristianos) se entregan a obras de caridad y, en un alarde de falsa compasión, ved sus mesas dispuestas para los indigentes. Es una práctica común entre ellos y provoca el desprecio hacia nuestros dioses".

    Martín Lutero un gran enemigo de la Iglesia reconocía: "bajo el papado, la gente al menos era caritativa y no era preciso recurrir a la fuerza para obtener limosnas. Hoy bajo el reinado del Evangelio (protestantes) en lugar de darse se roban los unos a los otros, y parece que nadie cree poseer nada hasta que se hace con la propiedad de su vecino".

    El economista del XX, Simon Patten se refería a la Iglesia en estos términos: "proporcionaba alimento y refugio a los trabajadores, caridad a los desposeídos, y aliviaba la enfermedad, la plaga y la hambruna, tan comunes en la Edad Media. Si atendemos al número de hospitales y enfermería, a la prodigalidad de los monjes y el sacrifico de las monjas, no cabe duda de que quienes sufrían en esa épcoa eran tan bien atendidos como lo son quienes sufren hoy".

    etc. etc. etc.

    Muchas veces la labor ingente aunque oscurecida, de la Iglesia se aprecia mejor cuando dicha labor se interrumpe. Sucedió en Inglaterra del XVI cuando Enrique VIII prohibió los monasterios, confiscó sus propiedades que distribuyó a precios ínfimos entre hombres influyentes del reino. Como pretexto para tales medidas esgrimió que los monasterios se habían convertido en fuente de inmoralidad y escándalo, pero tales manifestaciones no consiguieron ocultar la codicia real y de los nobles.
    Las consecuencias sociales de la disolución monacal fueron notorias. Las Sublevaciones del Norte (1536) fueron auténticas rebeliones populares (conocidas como Peregrinación de la Gracia) al soliviantarse el pueblo por la desaparición del socorro monástico.

    Un peticionario real manifestaba, dos años después: "la experiencia vivida con estas casas hoy suprimidas demuestra a las claras que será grande el dolor y grande la decadencia que en adelante se cernirá sobre vuestro reino, y grande el empobrecimiento de tantos pobres súbditos obedientes, pues faltará la hospitalidad y el sustento con los que esas casas proporcionaban gran alivio a los pobres de todas las zonas próximas a dichos monasterios" (Neil S. Rushton en Monastic Charitable Provision in Tudor England: Quantifyng and Qualifying Poor Relief in the Early Sixteenth Century, edit. Continuity and Change, 2001, pt. 34 (el fragmento de la petición se ofrece en inglés moderno).

    Los monasterios eran generosos y buenos terratenientes al ofrecer tierras a rentas bajas y en usufructos de larga duración. El monasterio es un propietario que nunca muere, sus tierras son de un señor inmortal, ni sus tierras ni casas cambiaban jamás de propietario y los arrendatarios no estaban sujetos a incertidumbres de los contratos con otros terratenientes.
    Así la desaparición de los monasterios y la consecuente redistribución de las tierras supuso la ruina a decenas de miles de campesinos pobres, el hundimiento de las pequeñas comunidades que eran su mundo y un futuro miserable asegurado (Philip Hughes, A Popular History of the Reformation, Hnanover House, Garden City, 1957, pg. 205)

    Para mayor desgracia de los campesinos los nuevos propietarios: tenderos, banqueros, nobles, etc. no tenían ningún vínculo con el pasado rural y explotaron las tierras con criterios exclusivamente comerciales, las rentas se elevaron, los cultivos se transformaron en pastos y se perdieron muchas zonas de cultivo.
    Miles de labradores se vieron arrojados a la calle, las diferencias sociales se acentuaron y la pobreza se disparó (Henri Daniel-Rops, en The Protestant Reformation, J.M.Dent&Sons, Londres, 1961, pg. 475).

    Los historiadores modernos empiezan a revisar la distorsión histórica que data de fines del XVII e inicios del XVIII a consecuencia del sesgo protestante de Gilbert Burnet en su History of the Reformation of the Church of England

    Según Paul Slack, investigador moderno: "la disolución monacal, de los gremios religiosos y las fraternidades (1530-1540) supuso una drástica reducción de las fuentes de caridad. Y pese a ser una ayuda localizada geográficamente fue más sustancial de lo que se pensaba y su destrucción dejó un vacío real".

    Igualmente Neil Rushton ofrece pruebas significativas de que los monasterios en verdad dirigían su ayuda a los verdaderos necesitados. Y en los casos que no fue así (explica Bárbara Harvey en su estudio Living and Dying in England, 1100-1540) la culpa era de las limitaciones establecidas por los donantes para el uso de los fondos monásticos.

    A la muerte de Carlomagno (814) el cuidado de los pobres básicamente parroquial, se transfirió a los monasterios lo que permitió decir al rey Luis IX de Francia que eran patrimonio pauperum, lo cierto es que era costumbre desde el siglo IV hablar de las posesiones eclesiásticas como patrimonio pauperum.
    Pese a todo desde las altas montañas a los valles se alzaban monasterios en torno a los cuales se articulaba la vida religiosa y comunal. Se instalaban escuelas, se ofrecían modelos de agricultura, industria, piscicultura, técnicas forestales, se acogía a viajeros, se aliviaba a los pobres, se criaban huérfanos, se atendía a los enfermos y se deba refugio a los acuciados por la miseria, material, corporal y/o espiritual.

    Y al igual que la corona inglesa atacó los monasterios en el XVI debilitando la red de caridad creada por estas instituciones, la Revolución "francesa" contra la Iglesia puso fin, en el XVIII, a una abundante fuente de buenas obras.
    En 1789 (noviembre) el gobierno revolucionario confiscó los bienes eclesiásticos.
    En 1847 Francia contaba con un 47% de hospitales menos que en 1789, y en 1799 (en sólo diez años tras la revolución) de 50.000 estudiantes matriculados en las universidades antes de la revolución se redujeron a 12.000.

    AUNQUE AÚN SE OMITE EN LOS TEXTOS HISTÓRICOS, LA IGLESIA CATÓLICA REVOLUCIONÓ LA PRÁCTICA DE LA CARIDAD, TANTO EN SU ESPÍRITU COMO EN SU APLICACIÓN. LOS RESULTADOS HABLAN POR SÍ MISMOS: UNA CANTIDAD SIN PRECEDENTES DE ACCIONES CARITATIVAS E INSTITUCIONALIZACIÓN DE CUIDADOS A VIUDAS, HUÉRFANOS, POBRES Y ENFERMOS.

    POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS.

    DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO. GRACIAS IGLESIA CATÓLICA.




















    6ª Parte: LA IGLESIA Y EL ESTADO : DERECHO OCCIDENTAL.
    Cuando en la mayoría de países occidentales una personas es condenada por asesinato a la pena capital, si en ese período, antes de la ejecución, pierde la razón la condena se aplaza hasta que recupera la cordura. Sólo entonces se practica el castigo. El motivo de esta excepción es puramente teológico pues sólo cuando el individuo está en su sano juicio puede hacer una confesión válida, confesar sus pecados y confiar en la salvación de su alma.

    Casos análogos llevaron a Harold Berman a observar que los sistemas jurídicos modernos de Occidente son un residuo secular de actitudes y creencias religiosas que hallaron su expresión histórica en la liturgia, los ritos y la doctrina de la Iglesia.
    Más tarde en las instituciones y principios de los valores legales.
    Si no se comprenden estas raíces históricas, muchos aspectos del Derecho pueden parecer carentes de fundamentos. (Harold J. Berman, Law and Revolution: The Formation of the Western Legal Tradition, Harvard University Press, Cambridge, 1983, pg. 166).

    Berman ha documentado la influencia de la Iglesia Católica en el desarrollo del Derecho de Occidente.
    Los principios del Derecho occidental se hallan en sus orígenes, por tanto, en su naturaleza, en íntima relación con conceptos claramente teológicos y litúrgicos, como la expiación y los sacramentos (op. cit. pg. 195).

    En los primeros siglos de la Iglesia, tras el Edicto de Milán (313, ampliaba la tolerancia al cristianismo emitido por Constantino) se generaron multitud de conflictos entre Iglesia y Estado, generalmente en detrimento de la primera.

    En el 325 Constantino convocó el Concilio de Nicea, el primer concilio ecuménico de la historia de la Iglesia para afrontar el arrianismo divisor, una herejía que negaba la divinidad de Cristo.
    La intervención laica en asuntos eclesiásticos era frecuente. Los reyes y emperadores francos designaban al personal eclesiástico e incluso lo instruían.

    En el IX y X la intervención del poder laico se intensificó dentro de la Iglesia, y abades, párrocos, incluso obispos eran nombrados por laicos, no por la Iglesia.

    La reforma gregoriana se inició para mejorar la moral del clero, insistiendo en la observancia del celibato y aboliendo la práctica de la simonía (compra venta de cargos eclesiásticos). Los intentos de reforma chocaron con el problema de base, la intromisión laica en la Iglesia.
    Hildebrando, luego San Gregorio VII poco podía hacer para poner fin a la decadencia en el seno de la Iglesia si carecía de poder para nombrar obispos.


    LA SEPARACIÓN DE LA IGLESIA Y EL ESTADO.
    El Papa Gregorio dio un paso decisivo cuando describió al rey como un profano más, lisa y llanamente. Los reformistas eclesiales anteriores aún reconociendo que la designación laica de cargos eclesiásticos menores eran un error, el rey ocupaba una posición excepcional.
    La figura real se consideraba sagrada, dotada de deberes y derechos religiosos, hasta el punto de que se propuso que la coronación fuera elevada a categoría sacramental.

    Gregorio insistió, el rey era como cualquier otro profano, sin órdenes sagradas y, por tanto, sin derecho a intervenir en los asuntos eclesiásticos, y por extensión, tampoco el Estado sobre el cual el rey ejercía su gobierno poseería poder alguno sobre la Iglesia.

    Fue la reforma gregoriana la que delimitó las fronteras entre Iglesia y Estado. Tras este momento empiezan a redactarse códigos legales, tanto en la Iglesia como en el Estado, definiendo explícitamente los poderes y responsabilidades de cada cual para la Europa posterior a Hildebrando.

    El DERECHO CANÓNICO es pues el primer código legal sistemático de la Europa medieval, y sirvió de modelo a los diversos sistemas jurídicos laicos de siglos posteriores.

    Antes del Derecho Canónico (XII y XIII) en Europa Occidental se carecía de algo similar a un sistema legal moderno.
    Tras la desaparición del Imperio Romano de Occidente en diversos reinos bárbaros, el derecho se hallaba indisolublemente unido a la costumbre y el parentesco, sin autonomía de ambos, como un fruto del conocimiento y del análisis capaz de establecer unas normas generales de conducta humana.

    En igual situación se encontraba el Derecho Canónigo hasta el XI, sin un intento serio de codificación sistemática, estando disperso en las observaciones conciliares ecuménicas, libros de penitencia, papas, algunos obispos, los padres de la Iglesia, etc. Y buena parte del derecho eclesiástico era de naturaleza regional, no universal al conjunto de la cristiandad.
    Esto cambió en el XII, y el principal tratado de derecho canónico fue obra del monje Graciano: Una Concordancia de Cánones Disonantes (Decretum Gratiani o simplemente Decretum, de 1140).

    Es una obra gigantesca, en volumen y alcance, que marcó un auténtico hito histórico. De acuerdo con Bergman, el Decretum, fue el primer tratado legal sistemático y exhaustivo en la historia de Occidente y tal vez de la humanidad (entendiendo por exhaustivo el intento de abarcar la totalidad de las leyes de un sistema de gobierno, y por sistemático el presentarlas en un cuerpo común cuyas partes se conciben en interacciones del todo).

    En un mundo regido por la costumbre, antes que por un conjunto de leyes de obligado cumplimiento, tanto en la Iglesia como en el ámbito laico, Graciano y otros canonistas desarrollaron una serie de criterios, basados en la razón y la conciencia para determinar la validez de las costumbres y sostener la idea de que toda costumbre legítima debía responder a una ley pre-política y natural.

    El derecho canónico enseñó a un Occidente barbarizado a elaborar, a partir de una mezcla de costumbres, normas tipificadas y otras fuentes dispersas un orden legal coherente y sólidamente estructurado en el que todas las contradicciones observadas antes quedasen sintetizadas o resueltas.

    Fue esa visión del derecho la que fructificaría en la Iglesia y e todos los sistemas legales laicos codificados a partir de entonces.

    Fueron los pensadores católicos los que reunieron una amplia variedad de textos (Biblia, Evangelio, Aristóteles, Justiniano, los padres de la Iglesia, San Agustín, los Concilios, etc.) y mediante el método escolástico y la teoría del derecho natural lograron crear, partiendo de fuentes tan dispares, una ciencia legal coherente y racional (Harold Berman en The Influence of Christianity Upon the Development of Law, Oklahoma Law Review 12, 1959, pg. 93).

    En el curso de esta unificación de los sistemas legales de los Estados emergentes en la Europa Occidental los juristas del XII tomaron como modelo el derecho canónigo.
    E igual importancia tuvo el contenido que impulsó el Derecho Occidental en aspectos como el matrimonio, la pobreza, y la herencia como en la introducción de procedimientos judiciales de carácter racional en sustitución de prácticas mágicas usadas para probar la comisión de delitos (ordalías del fuego y agua, los combates, etc. propios de los pueblos germánicos).
    La insistencia en el CONSENTIMIENTO como pilar del matrimonio y en la MALA FE como base del delito, el impulso de la igualdad para proteger a pobres e indefensos ante los ricos y poderosos
    , etc.

    Los legisladores y juristas católicos tropezaron con una realidad poco propicia cuando se reunieron en las universidades medievales con el propósito de establecer los respectivos sistemas legales de la Iglesia y el Estado.
    Los pueblos de Europa seguían viviendo en el XI bajo un modelo de rey bárbaro. Se enfrentaban a la situación de que la ley preponderante era la del feudo de sangre, la del juicio mediante combate, las ordalías, la purgación, etc.

    Los procedimientos racionales del derecho canónico aceleraron el fin de los métodos primitivos.

    El derecho es una de las principales facetas de la civilización occidental donde mayor es nuestra deuda con la Roma clásica.
    La aportación de la Iglesia no se limitó a innovar con una aportación de igual importancia, sino a regirse por unas normas que demostrasen la validez de las pruebas y procedimientos racionales inspirados en el orden legal romano, en un contexto donde la inocencia o la culpa se establecían mediante pura superstición.

    Al desarrollar los principios fundamentales en las leyes, los juristas católicos fueron capaces de superar la práctica del matrimonio infantil (costumbre bárbara).
    Al insistir en el libre consentimiento se cimentó el derecho matrimonial moderno pero también el moderno derecho contractual con el concepto de libre voluntad y los conceptos relacionados de error, coacción y fraude.

    La codificación y promulgación de un corpus legal sistemático hizo posible que los beneficiosos principios de la doctrina católica se abriesen camino en la vida diaria de los pueblos europeos que habían adoptado el catolicismo aunque no lo practicaran con todas sus consecuencias.

    Esos mismos principios siguen siendo las claves del sistema legal por las que hoy se rigen las vidas de los pueblos occidentales y afortunadamente, de un número cada vez mayor de no occidentales.

    Al analizar las reglas mediante las cuales el derecho canónico se proponía establecer la criminalidad de un determinado acto se descubren los principios legales que han llegado a ser la norma en todo el mundo occidental.
    Preocupados por la intención del acto los legisladores de la época apreciaron que podía ser diversa y las consecuencias morales de distintas conexiones causales.
    Los canonistas consideraban supuestos como el siguiente: alguien tira una piedra con intención de intimidar al compañero, que, al intentar esquivarla, choca contra una roca y sufre graves daños. La asistencia médica es negligente y le causa la muerte. ¿hasta qué punto el lanzamiento de la piedra es responsable de esa muerte?

    Estos legisladores también introdujeron el principio moderno de circunstancias atenuantes eximentes de responsabilidad legal. Ciertamente el derecho romano contemplaba y distinguía entre actos deliberados y accdentales, por lo que contribuyó a introducir la idea de intencionalidad en el derecho.

    Tanto los canonistas del XI y XII como los juristas laicos coétaneos, al elaborar los primeros sistemas legales de Europa Occidental se inspiraron en el recién descubierto código legal de Justiniano (VI) pero la adopción de ese modelo fue de gran calado por las contribuciones y mejoras propias tras numerosos siglos de influencia bárbara.

    Los sistemas laicos llevan la marca distintiva de la teología católica.

    La obra de San Anselmo (Cur Deus Homo) permite analizar la tradición legal en Occidente. Basado en razonamientos teológicos sobre el porque Dios no podía, simplemente, perdonar al hombre por el pecado original.
    Así surge el Derecho Penal en Occidente, en un contexto religioso profundamente influido por la doctrina de la expiación de San Anselmo.
    Esta exposición se basa en la idea de que una violación de la ley es una ofensa contra la justicia y contra el propio orden moral que debe castigarse para reparar dicho orden. Así el castigo debe adecuarse a la naturaleza y alcance de la violación.

    Fue cuestión de poco tiempo pasar de la justicia teológica a la del reino temporal, quien ha violado la justicia, en abstracto, debe ser sometido a alguna clase de castigo para restablecer el orden de la justicia. Así se despersonalizaba el delito y los actos criminales pasan a ser percibidos menos como acciones contra determinadas personas (las víctimas) y más como violaciones del principio de justicia abstracto, cuya aparejada alteración del orden moral sólo puede rectificarse mediante la aplicación de un castigo .


    EL ORIGEN DE LOS DERECHOS NATURALES.
    La influencia de la Iglesia en los sistemas legales y pensamiento jurídico occidental se extiende al concepto de derechos naturales.

    Aunque durante mucho tiempo se aceptó que la idea de derechos naturales, privilegios o exenciones de moral universal en posesión de todos los individuos, surgió espontáneamente sobre el XVII.
    Hoy sabemos (gracias a Brian Tierney, la mayor autoridad del pensamiento medieval, y otros) que esa tesis no puede defenderse.

    Cuando los filósofos del XVII formularon sus teorías sobre los derechos naturales, construían sobre una tradición previa, y sus orígenes se encuentran en los eruditos católicos del XII (Brian Terney en The Idea of Natural Rights: Studies on Natural Rights in Later Scholastic Thought, Cambridge University Press, 1997; Charles J. Reid, Jr en The Canonistic Contribution to the Western Righsts Tradition: an Historical Inquiry, Boslton College Law Review 33, 1991, pgs. 37-92; y Kenneth Penington en The History of Rights in Western Thorught, Emory Law Journal 47, 1998, pgs. 237-252).

    La noción de derechos naturales es uno de los rasgos distintivos de la civilización occidental, de ahí que los expertos tiendan a reconocer, cada vez más, que es otro legado inestimable de la Iglesia Católica.

    Antes de Tierney pocos suponían que el origen de los derechos naturales se hallaban en los comentarios del Decretun de Graciano (compendio canónico) pese a que fueron estos eruditos, los decretistas, quienes de hecho iniciaron la tradición de la que hablamos.

    El XII fue tiempo de gran interés y preocupación por los derechos de ciertas instituciones y categorías de individuos. A partir de los controvertidos procedimientos de investidura del XI los reyes y papas se enfrentaron en enérgico debate sobre sus respectivos derechos, debate que seguía vivo siglos después.

    En realidad no eran reivindicaciones que pudieran denominarse "derechos naturales" pues solamente afectaban a determinados grupos, no a los derechos inherentes por naturaleza a todos los humanos. Pero fue ese contexto cultural que esgrimía frecuentemente el concepto de derechos de donde los canonistas y otros juristas extrajeron el vocabulario y el aparato intelectual asociados hoy en día con las modernas teorías del derecho natural.

    Las diversas fuentes citadas en los primeros capítulos del Decretum de Graciano aludían a menudo al término ius naturale (derecho natural) pero las fuentes ofrecían diversas definiciones del término, y los comentaristas intentaron dilucidar todos sus significados. En esa labor descubrieron un nuevo significado no presente anteriormente. La lectura de textos antiguos con esa nueva luz, más personalista y basada en los derechos permitió a esos pensadores católicos incorporar una definición nueva.

    Una vez definido subjetivamente el concepto de derecho natural se llegó fácilmente a las correctas normas de conducta y poderes inherentes al individuo que hoy llamamos derechos naturales.
    Y los canonistas vislumbraron que una noción correcta de justicia natural debía incluir el concepto de derechos individuales. Se identificaron ejemplos concretos de derechos naturales como el de comparecer ante un tribunal de justicia y defenderse de las acusaciones que pudieran formularse contra una persona.
    Los juristas medievales insistieron en que este derecho fuese una concesión del gobierno al ciudadano, sino que se trataba de un derecho natural de todos.

    Pese a las importantes aportaciones que partieron de litigios y controversias (como las de la pobreza de los franciscanos, etc. que derivó en un importante y fructífero debate sobre la naturaleza de la propiedad, del que surgirían importantes cuestiones que dominarían la teoría del Derecho en el XVII) pero lo que en verdad reforzó los tratados del Derecho en el XVII en el seno de Occidente fue el descubrimiento de América y las cuestiones teológicas que se plantearon los escolásticos españoles respecto a los derechos de los pueblos nativos.

    Los españoles desarrollaron la idea de que los NATIVOS AMERICANOS POSEÍAN UNOS DERECHOS NATURALES QUE LOS EUROPEOS DEBÍAN RESPETAR, y los teólogos del XVI retomaron una antigua tradición intelectual (originada en los canonistas católicos del XII).

    Así, el derecho canónico proporcionó a Occidente el primer ejemplo de sistema legal moderno y fue sobre esa base, con ese modelo, como se pudo construir posteriormente la tradición legal del Occidente Moderno.

    Análogamente el Derecho Penal de Occidente está fuertemente influenciado por los principios legales consagrados por el derecho canónico y también por las IDEAS TEOLÓGICAS, en particular la doctrina de la expiación de San Anselmo.

    Finalmente la propia noción de derechos naturales erróneamente atribuida durante un tiempo a pensadores liberales del XVII y XVIII, procede realmente de los canonistas, papas, profesores de universidad y filósofos católicos.

    Cuanto más se investiga el Derecho occidental mayor resulta la huella de la Iglesia católica en nuestra civilización y más conviene reclamar su autoría.


    DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO. GRACIAS IGLESIA CATÓLICA.


















    7ª Parte : LA IGLESIA Y LA MORAL EN OCCIDENTE.
    No extraña que los parámetros morales hayan sido establecidos de forma decisiva por la Iglesia Católica, pues muchos de los principales valores de la tradición moral en Occidente tienen su origen en la CONCEPCIÓN CATÓLICA DE QUE LA VIDA HUMANA ES SAGRADA.

    En la insistencia en EL HECHO DE QUE CADA SER HUMANO ES ÚNICO POR POSEER UN ALMA INMORTAL carece de equivalencia en el mundo antiguo.

    De hecho los pobres, los débiles, los enfermos, recibían un trato (maltrato) despectivo por los no católicos y generalmente abandonados a su suerte. Como ya vimos en la 5ª Parte de ahí que la CARIDAD católica fuese tan significativa e innovadora en el mundo occidental.

    Los católicos denunciaron y pusieron fin a la práctica del infanticidio que Roma y Grecia consideraban aceptable.
    El mismo gran Platón declaraba que al que no fuese capaz de trabajar, por su enfermedad, debería dejársele morir.
    Séneca escribía: ahogamos a los niños que nacen débiles o anormales (Alvin J. Schmidth, Under the Influence. How Christianity Transformed Civilization, Grand Rapids, 2001, pgs. 128 y 153)

    Los varones deformes y muchas niñas totalmente sanas (incómodas para sociedades patriarcales) simplemente se les abandonaba y por ello en la Roma antigua la población masculina superaba la femenina en un 30% (Vicent Carroll y David Shiflett, Christianity o Trial, Encounter Books, san Francisco, 2002, pg. 7).

    LA IGLESIA JAMÁS ACEPTÓ ESA CONDUCTA.

    El compromiso de la Iglesia Católica con la naturaleza sagrada de la vida humana se observa también en la condena al suicidio, un acto que tenía defensores en el mundo antiguo (y desgraciadamente, hoy día).

    Si bien Aristóteles criticaba el suicidio los estoicos lo aceptaban como vía de escape al dolor físico o la frustración emocional. Y bastantes estoicos se suicidaron ¿qué mejor prueba de desapego al mundo que el acto de controlar el momento de la propia partida?

    San Agustín (La Ciudad de Dios) prohíbe esa vía.
    Santo Tomás abordó la cuestión del suicidio en la Summa Theologiae (parte dedicada a la justicia) y dos de sus tres argumentos contra el suicidio se basan en la razón, defendible al margen de la revelación divina.

    La Iglesia ha tenido notable éxito inculcando la aversión al suicidio como constatan las estadísticas. A inicios del XX un especialista señalaba la notable diferencia en el índice de suicidios en los cantones católicos comparándolos con los protestantes (Suiza) o el bajísimo índice de casos en Irlanda un país que ha padecido incontables penalidades y tragedias (James J. Walsh, The World's Debt to the Catholic Church, The Stratford Co, Boston, 1924, pg. 227).

    Igualmente fue la Iglesia y las enseñanzas de Cristo las que contribuyeron a abolir las luchas de gladiadores. Pues semejante banalización de la vida (matarse por diversión) es totalmente contraria a la noción católica de dignidad y valor individual.

    Como señala el historiador francés (Jérôme Carcopino en su Vida cotidiana en la Roma Antigua) las carnicerías en la arena terminaron por orden de los emperadores cristianos.

    Lecky pone el hecho en perspectiva: "apenas hay reforma tan importante en la historia de la moral como la supresión de los espectáculos de gladiadores, un logro exclusivamente atribuible a la Iglesia Católica"

    Igual de crítica fue la Iglesia con la posterior y ampliamente extendida práctica del duelo, y aplicó severas sanciones a los que se batieran, hasta que en el Concilio de Trento se acordó la excomunión para los duelistas.

    León XIII siguió la misma línea ante la indiferencia de las leyes laicas de la época.


    LA GUERRA JUSTA.
    Otro importante ejemplo de la influencia Católica en la moral occidental se halla en la tradición de la guerra justa. Cuestión presente ya en el mundo clásico y hasta Cicerón discutió los bienes y males de la guerra.
    Y aunque los filósofos antiguos se refirieron a determinadas guerras como justas e injustas no llegron a formular una teoría completa sobre la guerra justa.

    Como dice Ernest Fortin ni en Platón ni en Aristóteles hallamos naa que pueda compararse con por ejemplo la exposición "sobre la guerra" de Santo Tomás en la Summa Teológica.

    El desarrollo de una tradición occidental claramente definida respecto de la rectitud moral de las guerras sobre la base de unos determinados principios establecidos fue obra de la Iglesia Católica.

    Aunque Cicerón avanzó algo parecido a una teoría de la guerra justa al analizar los conflictos bélicos en la historia de Roma pero serían los padres de la Iglesia los que retomaron y ampliaron esa idea para transformarla en una herramienta de evaluación moral más ambiciosa.

    Santo Tomás de Aquino abordó la cuestión de forma memorable, citando tres condiciones necesarias para que una guerra pudiera denominarse justa:
    1º.- la autoridad del soberano bajo cuyo mando se desarrolla la guerra, pues no es asunto de un individuo particular declararla.
    2º.- existir una causa, que quienes sean atacados lo sean por merecerlo al haber cometido alguna falta.
    3º.- que los beligerantes tengan una intención justa, fomentar el bien o evitar el mal.

    Luego serían los escolásticos españoles (XVI). El padre Francisco de Vitoria que estableció los rudimentos del Derecho Internacional y también se dedicó a la causa de la guerra justa.
    En De Jure Belli identificaba tres normas principales.

    Por contra El Príncipe de Maquiavelo es un análisis POLÍTICO y LAICO (Roland H.Bainton, Christian Attitudes Toward War and Peace, Abingdon Press, NY, 1960, pgs. 123-126) y ofrece una visión de la relación Estado y moral cuya influencia aún pervive en el planteamiento político occidental que ayuda a apreciar la importancia de la teoría de la guerra justa.

    Según Maquiavelo el Estado no puede ser juzgado por nada ni por nadie, y no está obligado a rendir cuentas ante ninguna autoridad superior. Ningún Papa, ningún código moral podía juzgar la conducta de un Estado.
    Una de las razones por las que Maquiavelo denostaba tanto el catolicismo es la noción católica de que el Estado, no sólo los individuos, deben actuar con corrección moral.

    Para Maquiavelo la política se convirtió en un juego de ajedrez en el que la eliminación de un peón político, aún estando integrado por miles de hombres, no era más inquietante que la eliminación de cualquiera de las figuras de marfil del tablero (Ibidem. pg. 126).

    La tradición de la guerra justa y las aportaciones escolásticas del XVI precisamente surgen como respuesta a este pensamiento maquiavélico.

    Para la Iglesia Católica nadie ni siquiera el Estado se halla exento de deberes morales. Y la teoría de la guerra justa fue, en siglos posteriores, una herramienta indispensable de la moral y los filósofos actuales, herederos de esa tradición, se sirven aún de sus principios originales para afrontar los desafíos del XXI.


    MORAL SEXUAL.
    Las fuentes más antiguas revelan que la moral sexual había llegado a un punto de degradación cuando surge la Iglesia en la Historia.

    La promiscuidad generalizada (escribe el satírico Juvenal) era la causa de que los romanos hubiesen perdido a la diosa Castidad. Ovidio observaba que las prácticas sexuales se habían tornado en su tiempo especialmente perversas, incluso sádicas,

    En Catulo, Marcial y Suetonio encontramos testimonios similares al respecto de la fidelidad conyugal y la inmoralidad sexual.

    César Augusto intento poner freno a esas tendencias con medidas legales, pjero la ley rara vez puede reformar a un pueblo que ya ha sucumbido a los encantos de la gratificación inmediata.

    A inicios del II, Tácito afirmaba que una mujer casta era un fenómeno raro (Alvin J. Schmidt, op. cit. pgs. 80-82).

    La Iglesia enseñó (y enseña) que las relaciones íntimas debían circunscribirse al matrimonio.

    Incluso Edward Gibbson que culpaba a la cristiandad de la caída del Imperio Romano de Occidente se vio obligado a admitir que: "los cristianos restablecieron la dignidad del matrimonio"

    Impresionado por la rectitud sexual de los cristianos Galeno, el médico griego del II, los describía "tan avanzados en disciplina ... y con un deseo tan intenso de alcanzar la excelencia moral, que en modo alguno pueden considerarse inferiores a los verdaderos filósofos" (ibidem, pg. 84).

    La Iglesia no limitaba el adulterio a la infidelidad de la mujer hacia el marido como era la costumbre en el mundo antiguo, sino que lo extendía a la del hombre hacia la mujer. Según el historiador de la institución del matrimonio Edward Westermarck atribuye a la influencia cristiana la equiparación del pecado de adulterio.

    La Iglesia santificó el matrimonio y lo elevó a la categoría de sacramento, prohibió el divorcio. Y mejoró la autonomía de las mujeres.

    Dotado de razón el ser humano no está condenado a obrar por mero instinto, es capaz de reflexión moral algo de lo que carecen las especies animales.
    Cuando el ser humano no ejerce esa facultad, entonces NUNCA vive a la altura de su propia naturaleza.
    Si no reflexiona, sino evalúa con rigor moral su propio comportamiento ¿de qué le sirve ser humano?
    Si el único principio rector de la vida es hacer únicamente lo que reporta placer inmediato, el hombre no es, en cierto sentido, distinto de una bestia
    .

    Hasta los paganos de Roma percibían la degradación que sufrían, "que cosa tan despreciable es el hombre -escribía Séneca- cuando no logra elevarse por encima de su condición humana"

    Sócrates afirmaba que EL CONOCIMIENTO ES VIRTUD, Y CONOCER EL BIEN ES HACER EL BIEN.


    En la serie se han repasado algunas de las principales ideas introducidas por la Iglesia Católica en nuestra Civilización Occidental.

    Hoy son mayoría los jóvenes, y no tan jóvenes, que tiene un CONOCIMIENTO CARICATURESCO de las enseñanzas de la Iglesia y de la Iglesia misma. Especialmente en materia de intimidad humana, y dado el ambiente cultural en que viven ni siquiera se plantean NI ENTIENDEN la postura eclesiástica en ese sentido.

    Fiel a su misión, dos veces milenaria, LA IGLESIA CATÓLICA SIGUE DEFENDIENDO UNA MORAL ALTERNATIVA PARA LOS JÓVENES INMERSOS EN UNA CULTURA QUE LOS INUNDA E INVITA SIN TREGUA A BUSCAR LA GRATIFICACIÓN INMEDIATA.

    La Iglesia recuerda a los grandes personajes de su historia y los toma como modelo de cómo han de vivir los hombres verdaderos.

    ¿SU MENSAJE? Esencialmente este: PODEMOS ASPIRAR A SER UNO DE ESOS HOMBRES (constructor de civilización), un gran genio, un siervo de Dios y de los hombres, o un misionero heróico O PODEMOS SER UN DON NADIE ABSORTO EN SÍ MISMO Y OBSESIONADO POR SATISFACER UNOS APETITOS QUE NUNCA SE SACIAN.

    Nuestra sociedad hace cuanto está en sus manos por que tomemos el camino fácil. Pero PODEMOS SER NOSOTROS MISMOS, ALEJARNOS DEL REBAÑO, DECLARAR NUESTRA INDEPENDENCIA DE LA KULTURA QUE NOS CONSIDERA TAN POCO Y PROCLAMAR LA INTENCIÓN DE VIVIR COMO UN HOMBRE, NO COMO UNA BESTIA.

    GRACIAS IGLESIA CATÓLICA. DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO.























    CONCLUSIÓN : UN MUNDO SIN DIOS
    La religión es un aspecto fundamental de cualquier civilización, y la influencia de la Iglesia Católica en la percepción de lo que el hombre occidental tiene de Dios ha sido decisiva.

    Cuatro características distinguen la visión católica de Dios de las ideas de las antiguas civilizaciones de Oriente Medio sobre lo divino.

    PRIMERA: Dios es uno. Los sistemas politeístas según los que una serie de divinidades se encargaban de custodiar determinados fenómenos naturales o lugares físicos son ajenos a la cultura occidental que está acostumbrada a concebir a Dios como único ser dotado de poder supremo sobre toda la creación.

    SEGUNDA: Dios es absolutamente soberano, su existencia no procede de un reino anterior y no está sometido a ninguna otra fuerza, ni la enfermedad, ni el hambre, la sed ni el destino, circunstancias que afectan a los dioses del Oriente Próximo.

    TERCERA: Dios es trascendente, abarca más que su propia creación. No se ubica en ningún espacio físico, ni ha dotado de alma a las cosas creadas, como en las religiones animistas.

    Precisamente esta condición es FUNDAMENTAL para el surgimiento de la ciencia y el progreso de la idea de que la naturaleza se rige por unas leyes cíclicas, pues priva a la naturaleza material de atributos divinos y de voluntad propia, por tanto, es posible concebir que hay unas pautas (o leyes) de conducta regulares.

    CUARTA: Dios es bueno, a diferencia de los dioses de la antigüedad como los sumerios, que en el mejor de los casos se mostraban indiferentes hacia el bienestar de los hombres.
    O de la antigua Grecia cuyas divinidades eran mezquinos y vengativos en su trato a los humanos.
    El Dios del catolicismo ama a la humanidad y desea el bien del hombre agradándole su buen comportamiento.

    Todas estas características también son del Dios del Antiguo Testamento, si bien la concepción católica se distancia de esa tradición (judía) por la ENCARNACIÓN DE JESUCRISTO.
    Con el nacimiento de Cristo y su permanencia en este mundo sabemos que Dios no solo busca la veneración del hombre, sino también su amistad.
    Dios llega al hombre encarnado en Jesucristo (la segunda persona de la Trinidad) porque busca nuestro amor, no sobrecogernos con la majestuosidad de la visión beatífica (que no está a nuestro alcance en este mundo) sino condescendiendo a relacionarse con nosotros poniéndose a nuestro nivel, adoptando nuestra naturaleza y nuestra carne.

    Esta idea es una excepción en la historia de las religiones y ha calado de tal modo en la cultura occidental que apenas nadie se para a pensarlo dos veces.

    Tal es el arraigo de los conceptos católicos que incluso los movimientos contrarios al catolicismo aparecen imbuidos de ideas cristianas.
    Hasta el marxismo, implacablemente anti católico y materialista toma ciertas ideas religiosas de las herejías del XVI (Murray N. Rothbard en Karl Marx as Religious Escathologist, o en Requien for Marx de Yuri N. Maltsev).

    Los progresistas estadounidenses de inicios del XX se jactaban de haber abandonado su fe (ampliamente protestante) pese a lo cual su discurso seguía claramente impregnado de lenguaje cristiano (Muray N. Rothbard en World War I as Fulfitllment: Power and the Intellectuals y otras varias obras más).

    Estos ejemplos subrayan que la Iglesia Católica no se limitó a contribuir al desarrollo de la civilización occidental sino que ES la civilización occidental.
    Naturalmente tomó prestados conceptos del mundo clásico para transformar y mejorar la tradición antigua.
    No ha habido apenas empresa humana en los albores de la Edad Media en la que no participaran monasterios.

    La revolución cristiana arraigó en el Occidente europeo gracias a que sus FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS y FILOSÓFICOS, esencialmente católicos proporcionaron una base sólida y un terreno fértil y propicio para el desarrollo científico.

    En otras civilizaciones no sucedió al carecer de la solidez de pilares y el ambiente propicio, por ello fue sólo con la Iglesia Católica donde surgieron las Universidades, la ciencia, etc.

    Es a los escolásticos a los que debemos tanto la idea del Derecho Internacional como otros conceptos esenciales para el surgimiento de la Teoría Económica.

    Dos frutos de las universidades europeas creadas en la Edad Media por la Iglesia.

    A diferencia de las academias griegas cada una de las cuales tendía a estar dominada por una escuela de pensamiento independiente, las universidades católicas medievales eran lugares de un vivo e intenso debate e intercambio intelectual (David Lindberg en The Beginnings of Western Science, University of Chicago Press, Chicago, 1992, pg. 213).

    Según David Lindberg: "el maestro medieval gozaba de amplia libertad en el seno del sistema educativo. El estereotipo describe al profesor medieval como un individuo débil y servil, un esclavo de Aristóteles y de los padres de la Iglesia (aunque no explica cómo se puede ser esclavo de ambos simultáneamente) temeroso de separarse ni una coma de los dictados de la autoridad.
    Evidentemente había unos límites teológicos, pero dentro de esos amplios límites el profesor gozaba de notable libertad, de pensamiento y expresión; no había apenas doctrina alguna, ya fuese filosófica o teológica, que los intelectuales de la universidad católica medieval no sometieran a un minucioso escrutinio crítico".

    EL AFÁN DEL ESCOLASTICISMO CATÓLICO EN SU BÚSQUEDA DE LA VERDAD MEDIANTE EL ESTUDIO Y MANEJO DE FUENTES DIVERSAS, Y UNA CLARA VOLUNTAD DE ABORDAR POSTURAS CONTRARIAS con cautela y precisión, dotaron a la tradición intelectual medieval y universitaria de una vitalidad de al que Occidente puede, legítimamente, enorgullecerse.

    El Pensamiento Económico, el Derecho Internacional, la Ciencia, la vida universitaria, la caridad, las ideas religiosas, el arte y la moral formaron los cimientos de una civilización, y en Occidente TODO ello surgió del núcleo de la Iglesia Católica.

    Paradójicamente la importancia de la Iglesia en la civilización occidental se ha mostrado más clara cuando su influencia se ha debilitado.
    En el XVIII la Ilustración cuestionó hasta extremos sin precedentes la historia del Catolicismo, la posición privilegiada de la Iglesia y el respeto que hasta ese momento se había ganado.
    Los ataques contra el Catolicismo continuaron en el siguiente siglo, especialmente con la Kulturkampf alemana y el anticlericalismo italiano.
    Francia secularizó la enseñanza en 1905 y aunque la Iglesia floreció en EEUU a finales del XIX e inicios del XX los ataques a la libertad eclesiástica en le resto del mundo occidental causaron un daño indecible (Thomas E. Woods, Jr. The Church Confronts Modernity: Catholic Intellectuals and the Progressive Era, Columbia University Press, NY, 2004).

    El mundo del arte ofrece la prueba más dramática y notoria de las consecuencias del eclipse parcial de la Iglesia en el mundo moderno.
    Jude Dougherty, decano emérito de la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica, habla de una relación entre "la filosofía antimetafísica y empobrecida actual y su efecto debilitador en el mundo de las artes.
    Hay un nexo ente el arte de una civilización y su creencia y conciencia de la trascendente.
    Sin conocimiento metafísico de lo trascendente, sin el reconocimiento de un intelecto divino que es, simultáneamente, la fuente del orden natural y la culminación de las aspiraciones humanas, la realidad se construye en términos puramente materiales.
    El hombre se convierte en la medida de todas las cosas y queda eximido de responsabilidad ante el orden objetivo.
    La vida se vacía y carece de sentido.
    ESTA ARIDEZ SE EXPRESA EN LA PERVERSIÓN Y ESTERILIDAD DEL "ARTE" ACTUAL, desde Bauhaus a la posmodernidad, pasando por el cubismo".

    Cuando la gente cree que la vida carece de sentido y es tan sólo fruto del azar, desprovista de cualquier otra fuerza o principio superior que la guíe ¿sorprende que esa percepción del sinsentido se refleje en el "arte"?

    Esa sensación de absurdo y desorden se intensifica a partir del XIX.

    El gran historiador de la filosofía Frederick Copleston resume el punto de vista Nietzschiano así: "el rechazo a la idea de que el mundo ha sido creado por Dios con un propósito o de que es la manifestación espontánea de la Idea o del Espíritu absolutos, deja al hombre libertad para que asigne a la vida el sentido que prefiera. Y ésta no tiene entonces ningún sentido".

    Por su parte el modernismo literario se ocupaba de sacudir los pilares del orden en el ámbito de la palabra escrita, anulando el planteamiento, el nudo y el desenlace de los relatos. Los escritores ideaban extrañas tramas donde el protagonista se enfrenta a un universo irracional y caótico, que no lograba comprender. Así la Metamorfosis de Kafka comienza diciendo: "Cuando Gregor Samsa depertó una mañana, después de haber tenido sueños perturbadores, descubrió que mientras dormía se había transformado en un insecto gigantesco".

    También el giro golpeó la música atonal de Arnol Schoenberg y en los caóticos ritmos de Igos Stravinski, especialmente en su Consagración de la primavera o en la Sinfonía en tres movimientos de 1945.

    Huelga decir la degeneración sufrida por la arquitectura, palpable incluso (o por eso mismo) en edificios destinados a Iglesias.

    No es hora de cuestionar el mérito de las obras sino de mostrar que reflejan un ambiente intelectual y cultural contrario a la creencia católica en un universo ordenado y dotado de sentido.

    Luego Sartre y la escuela existencialista declararían que el universo era profundamente absurdo y la vida carecía, por completo, de sentido ¿Cómo vivir en tales circunstancias? pues afrontando el vacío más absoluto y reconociendo que nada tiene significado y que no hay valores absolutos. Así cada cual construye sus propios valores y vive en consecuencia.

    Las artes visuales también padecen el virus e influencia de este ambiente.
    El artista medieval, consciente de que su misión era comunicar algo más grande que él mismo no firmaba sus obras, no quería llamar la atención sobre él sino sobre los temas que trataba.
    Luego surge una nueva concepción en el Renacimiento que madura en el romanticismo del XIX. El trabajo del artista se desvió hacia la descripción de su disposición interior, una tendencia reforzada a fines del XIX con la invención de la fotografía que al representar el mundo natural de forma fácil permite al artista centrarse en su mundo interior.

    Y esa preocupación por el individuo que arranca en el romanticismo degeneró en el narcisismo e incluso el nihilismo puro del arte contemporáneo.

    En 1918 el "artista" francés Marcel Duchamp expuso un váter como si fuera una obra de arte. Y en 2004 una encuesta entre 500 "expertos" en arte distinguió la Fountain de Duchamp como la obra más influyente del arte moderno. No es preciso añadir más (Duchamp's Urinal Tops Art Survey, BBC News Vorld Edition, 1 diciembre 2004. http://news.bbc.co.uk/2/hi/entartrainmente/405997.stm).

    Todo esto refleja un alejamiento de la Iglesia por parte de muchos occidentales en los últimos años.
    La Iglesia que llama a sus hijos a ser generosos en la transmisión de la vida ve cómo incluso este mensajes fundamental cae en saco roto, según manifiesta la tasa de natalidad en Europa Occidental que no alcanza a garantizar el relevo generacional.

    A tal punto ha abandonado Europa la fe que corre directa al suicidio. Y la artificial Unión Europea no quiso reconocer en su Constitución la herencia católica del continente.

    Muchas de las grandes catedrales que otrora daban testimonio de las convicciones religiosas de un pueblo se están convirtiendo en museos o meras curiosidades de interés para un mundo descreído.

    LA AMNESIA HISTÓRICA QUE SE LE HA IMPUESTO A OCCIDENTE NO PUEDE BORRAR NI EL PASADO DE LA IGLESIA NI SU FUNCIÓN DECISIVA EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL.

    Como comentó la filósofa francesa Simone Weil: "no soy católica, pero creo que no es posible renunciar a las ideas cristianas sin degradarse; unas ideas cuyas raíces se hallan en el pensamiento griego y en proceso secular que ha alimentado nuestra civilización durante siglos"


    COMO DE BIEN NACIDO ES SER AGRADECIDO. GRACIAS IGLESIA CATÓLICA.
    Valmadian, ReynoDeGranada y Pious dieron el Víctor.
    La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen; pero son intolerantes en la práctica porque no aman”.

    [R.P. Reginald Garrigou-Lagrnage O.P.].

  3. #3
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    Re: La Impagable DEUDA de la Civilización con la Iglesia Católica

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    "La cultura occidental sigue teniendo la capacidad de civilizar, porque el mundo occidental llegó a conceptualizar la racionalidad y un concepto de naturaleza que es válido para todas las culturas, algo que han llegado a hacer con la filosofía griega. Lo que dicen Platón y Aristóteles es muy similar a lo que dice Confucio en el mundo chino, pero Confucio no lo tiene tan conceptualizado como los griegos. Me gusta leer a Platón, porque escribe como hablan los viejos de mi tierra. A esa conceptualización de la racionalidad y de la naturaleza, los romanos le dieron otra vuelta hasta establecer un sistema de derecho del que nos seguimos sirviendo todavía. Y la cristiandad occidental hizo una interpretación de todo esto que era todavía más universal y podía hablar a todas las culturas. Eso se ha perdido de algún modo en Occidente mismo. Ese es el peligro, ese es el problema que trae la globalización, porque ya no tiene valores que hablan a todo el mundo, sino que trae imposiciones que, además, violan los principios de las sociedades donde se arraiga. La globalización trae una especie de colonización más dura que la del siglo XIX [...] Un discurso de derechos sin deberes. Un feminismo radical que cambia la identidad de la mujer. Y, al hacerlo, también interfiere en la identidad del hombre. Un democratismo que habla de una igualdad que es imposible de conseguir, pero que además viene con un individualismo que ciega a la gente que no puede ver las necesidades de los demás. Nos encerramos cada vez más en el yo, en mis intereses y dejamos a muchos fuera. Lo que pretende la democracia, que es la igualdad, provoca la exclusión de mucha gente; por eso, incluso el desarrollo económico trae más desigualdad que los sistemas tradicionales, y eso es preocupante".

    [Declaraciones de la filósofa congoleña Antoinette Kankindi a la revista Mundo negro, n. 629, Madrid, julio/agosto 2017]





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