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Tema: El trasfondo geopolítico de algunas críticas al Papa Francisco

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    El trasfondo geopolítico de algunas críticas al Papa Francisco

    Esos católicos contra Francisco que adoran a Putin

    Viaje a la galaxia de los que se oponen al actual Pontificado. Un frente fuerte en la red que engloba a políticos de derecha, nostálgicos de Ratzinger y gente que se opone al Concilio. El líder ruso es considerado un punto de referencia por sus posturas sobre los homosexuales, los migrantes y el islam



    ANSA - En su página oficial de Facebook, Antonio Socci sostiene que Benedicto XVI no quiso renunciar y que todavía se considera Papa, pero compartiendo, de alguna manera, el «ministerio petrino» con su sucesor. Esta interpretación fue desmentida secamente por el propio Ratzinger en varias ocasiones

    16/10/2016, Giacomo Galeazzi - Andrea Tornielli

    Lo que la mantiene unida es la aversión a Francisco. La galaxia de los que no quieren a Jorge Mario Bergoglio abarca desde los lefebvrianos (que decidieron «esperar a un Pontífice tradicional» para volver a la comunión con Roma), hasta los católicos que siguen el partido Liga del Norte italiano, que comparan a Francisco con su predecesor Joseph Ratzinger y lanzan la campaña «Mi Papa es Benedicto». Están los ultraconservadores de la Fundación Lepanto y los sitios de internet vinculados con posiciones «sedevacantistas», convencidos de que tiene razón el escritor católico Antonio Socci cuando sostiene la invalidez de la elección de Bergoglio, solo porque en el Conclave de 2013 una votación fue anulada sin ser sometida al escrutinio. ¿El motivo? Un cardenal incluyó por error una papeleta más en la urna. La votación fue repetida inmediatamente justamente para evitar cualquier duda y sin que ninguno de los cardenales electores planteara objeciones.

    Y más: prelados e intelectuales tradicionalistas firman llamados o protestan en contra de las aperturas pastorales del Pontífice argentino sobre la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar y sobre el diálogo con el gobierno chino. La oposición al Papa reúne a personas y grupos que son muy diferentes entre sí y que no pueden ser asimilados en un grupo homogéneo: están el alejamiento «soft» del periódico en línea italiano «La Bussola quotidiana» (la brújula cotidiana) y de la revista «Il Timone» (el timón), dirigidos por Riccardo Cascioli. Está también el regaño casi cotidiano para el Pontífice argentino que publica el vaticanista emérito del periódico italiano «L’Espresso», Sandro Magister. Están los tonos apocalípticos e irreverentes de la italiana Maria Guarini, que se ocupa del blog «Chiesa e Postconcilio», y también las críticas más duras de los grupos ultra-tradicionalistas y «sedevacantistas», que consideran que no ha habido un Papa válido desde Pío XII. «La Stampa» ha viajado para encontrarse con los protagonistas de esta oposición a Francisco, numéricamente reducidos pero con una fuerte presencia en la red, para describir un archipiélago que mediante Internet y con encuentros reservados entre eclesiásticos amalgama ataques frontales y públicos con estrategias mucho más articuladas. En primera línea contra Bergoglio está el escritor italiano Alessandro Gnocchi, firma de prestigio de los sitios «Riscossa cristiana» y «Unavox». «Bergoglio pone en práctica la programática rendición al mundo y la mundanalización de la Iglesia —acusa Gnocchi. Su Pontificado se basa en la gestión brutal del poder. Un envilecimiento de la fe tan capilar no se había visto en 2 mil años».

    La cabina de dirección


    Entre los muros paleocristianos de la basílica de Santa Balbina (en el Aventino, Roma), al lado de las termas de Carcalla, la Fundación Lepanto es uno de los motores culturales de la oposición contra Francisco. Entre los libros publicados, la agencia de información «Corrispondenza romana» y los encuentros que se llevan a cabo en el salón del primer piso, opera una de las direcciones del frente anti-Bergoglio. «La Iglesia vive uno de los momentos de mayor confusión de su historia y el Papa es una de sus causas —afirma el historiador Roberto De Mattei, presidente de la Fundación Lepanto. El caos tiene que ver sobre todo con el magisterio pontificio, que se muestra carente y contradictorio. Francisco no es la solución, sino parte del problema».

    La oposición, añade De Mattei, «no proviene solo de los ambientes, definidos tradicionalistas, que desde hace muchos años critican la dirección post-conciliar, sino que se ha extendido a obispos y teólogos de formación ratzingeriana y wojtiliana». Más que simple oposición, De Mattei prefiere hablar de «resistencia», la misma que recientemente expresaron 45 teólogos y filósofos católicos mediante la crítica contra la exhortación apostólica «Amoris laetitia» y 80 personalidades (que después se volvieron algunos millares, entre los que hay cardenales, obispos y teólogos católicos) con la declaración de «fidelidad al magisterio inmutable de la Iglesia». Entre los italianos, destaca el cardenal Carlo Caffarra, arzobispo emérito de Boloña. Uno de los mayores centros de esta resistencia, subraya nuevamente el historiador De Mattei, «es el Instituto Juan Pablo II para la familia, cuya cúpula fue recientemente decapitada por Bergoglio». Otro de los blancos preferidos de los tradicionalistas es la «contribución que la Política migratoria de Francisco ofrece a la desestabilización de Europa». La teología de la acogida sería el agente «del final de la civilización occidental».

    Frondas político-teológicas


    Los ataques contra Bergoglio son a nivel global. «En la galaxia de la contestación contra Francisco hay un fuerte elemento geopolítico —observó Agostino Giovagnoli, profesor de Historia contemporánea en la Universidad Católica. Acusan a Bergoglio de no anunciar con fuerza suficiente las verdades de fe, pero en realidad lo acusan de no defender la primacía del Occidente. Es una oposición que tiene razones políticas disfrazadas de cuestiones teológicas y eclesiales». China es un ejemplo. «Hay una alianza entre ciertos ambientes de Hong Kong, sectores de Estados Unidos y de la derecha europea: le reprochan a Francisco privilegiar el objetivo de unir a la Iglesia en China en lugar de la defensa de la libertad religiosa —indicó. Son posturas que a menudo encuentran espacio en la agencia católica AsiaNews. El Papa, según estos críticos, debería afirmar la libertad religiosa como argumento político en contra del gobierno de Pekín, en lugar de buscar el diálogo mediante la diplomacia». Quienes dan voz a estas críticas, que tienen sin duda representantes dentro de la Curia, son algunos eclesiásticos cercanos al Vaticano, como el liturgista y teólogo Nicolás Bux, asesor de las Congregaciones para el Culto Divino y para las Causas de los Santos. «Hoy —explicó a “La Stampa”—, no pocos laicos, sacerdotes y obispos se preguntan: ¿hacia dónde estamos yendo? En la Iglesia siempre ha existido la posibilidad de expresar la propia postura alejada de las autoridades eclesiásticas, aunque se trate del Papa. El cardenal Carlo Maria Martini expresaba frecuentemente, e incluso por escrito, sus críticas al Pontífice reinante, pero Juan Pablo II no lo destituyó como arzobispo de Milán ni fue considerado un conspirador». La tarea del Papa, indicó Bux, es «tutelar la comunión eclesial y no favorecer la división ni la contraposición, poniéndose ala cabeza de los progresistas o conservadores». Y, «si un Pontífice sostuviera una doctrina heterodoxa, podría ser declarado, por ejemplo por los cardenales presentes en Roma, decaído de su oficio». En un “crescendo” de filas diferentes, con una entrevista a «Il Giornale» intervino hace algunos días el investigador Flavio Cubierto, autor de un libro que critica el magisterio social del Papa y asiduo frecuentador de René Guenon y del tradicionalismo vinculado con una derecha esotérica y gnóstica. Declaró que «Bergoglio no ha actualizado la doctrina, la ha demolido, se comporta como si fuera católico pero no lo es».

    Las teorías sobre los dos Papas

    En su página oficial de Facebook, Antonio Socci sostiene que Benedicto XVI no quiso renunciar y que todavía se considera Papa, pero compartiendo, de alguna manera, el «ministerio petrino» con su sucesor. Esta interpretación fue desmentida secamente por el propio Ratzinger en varias ocasiones, desde febrero de 2014 hasta el reciente libro «Últimas conversaciones». El Papa emérito ha declarado completamente válida su renuncia y ha manifestado públicamente su obediencia a Francisco. La teoría se ha reforzado con la interpretación de algunas palabras que pronunció en mayo de este año el arzobispo Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia y secretario de Benedicto XVI. Don Georg, en una presentación de un libro, afirmó: «No hay, pues, dos Papas, sino de hecho un ministerio extendido (con un miembro activo y otro contemplativo)». Socci publicó a finales de septiembre, juntas, las fotos de Bergoglio y Ratzinger con una frase: «¿Cuál de los dos?». Y escribió: «Está el que opone el amor a la verdad (Bergoglio) y el que las reconoce unidas en Dios (Benedicto XVI)». En Internet las críticas contra Francisco asumen los tonos más encendidos, con personas que, detrás de la protección de la computadora, se dejan invadir por furiosas invectivas, como se lee en los comentarios bajo los artículos publicados en las redes sociales. En el sitio «messainlatino», que se dedica a la promoción de la liturgia antigua, pero que también publica comentarios sobre el papa, se habla de la «aburrida monotonía ideológica del actual Pontificado». En la red hay comentarios sobre la Iglesia que «se verá orillada a disolverse en una especie de ONU de las religiones, con un toque de Greenpeace y otro de sindicato», puesto que hoy «los pecados mortales son desclasificados y Bergoglio instituye los pecados sociales (o socialistas)». En el blog híper-tradicionalista de Maria Guarini, «Chiesa e Postconcilio», se leen títulos como este: «Si el próximo Papa es bergogliano, el Vaticano se convertirá en una sucursal catomasónica». Las resistencias nacen en los ambientes más conservadores, pero también cuenta con apoyos en algunos ultra-progresistas desilusionados.

    Es el caso del sacerdote ambrosiano Giorgio De Capitani, que ha atacado sin descanso a Francisco desde la izquierda, por lo que no forma parte de los grupos descritos hasta ahora. En su sitio web no salva nada del Pontificado. «Cuántas palabras inútiles y descontadas —expresa. Paz, justicia, bondad. El Papa nos está dorando la píldora con palabras y gestos arranca-lágrimas. Francisco es víctima del propio consenso y solo está provocando ilusiones, echa mucho humo en los ojos, busca algunos aplausos y deslumbra a algunos periodistas ignorantones en materie de fe». Giuseppe Rusconi, el periodista italiano que se ocupa del sitio «Rossoporpora», se pregunta: «¿nuestro Pastor está verdaderamente en “nuestro” primer lugar o no demuestra privilegiar al indistinto rebaño mundial, siendo percibido por la opinión pública no católica como un líder aceptable para los deseos que expresa la sociedad contemporánea? ¿Lo hace por estrategia jesuita o por deseo personal? Y, cuando el Pastor vuelva al redil, ¿cuántas ovejas perdidas llevará consigo? ¿Y cuántas encontrará de las que había dejado?». Esta variada galaxia de la contestación ha elegido como punto de referencia a algunos obispos y cardenales. Magister en su blog lanzó la candidatura papal del cardenal de Guinea Robert Sarah, actual ministro para la liturgia de Francisco, amado por los conservadores y tradicionalistas, y muy citado en sus sitios y publicaciones.

    ¿Peligro de cisma?

    Entre todos los que son considerados verdaderos “nortes” por este mundo están en primer lugar el purpurado estadounidense Raymond Leo Burke, patrón de los Caballeros de Malta, y el obispo auxiliar de Astana, Athanasius Schneider. Pero más allá de la amplificación mediática que ofrece la red, no parece que haya en el horizonte nuevos cismas, después del que provocó Marcel Lefebvre en 1988. Está convencido de ello el sociólogo Massimo Introvigne, director del Censur: «Los obispos católicos en el mundo son más de 5000, la contestación logra movilizar a una decena y muchos de ellos ya están jubilados, por lo que se demuestra su poca consistencia». Introvigne sostiene que esta contestación «está presente principalmente en la red, y no tanto en la vida real, y se exagera su valor: hay, de hecho, disidentes que escriben comentarios en las redes sociales bajo cuatro o cinco seudónimos, para dar la impresión de que son más numerosos». Según el sociólogo hay un movimiento que «no tiene éxito porque no es unitario. Hay por lo menos tres contestaciones diferentes: la contestación política de las fundaciones estadounidenses, de Marine Le Pen y de Matteo Salvini (que no están interesados en temas litúrgicos o morales, y que a menudo no van ni siquiera a la Iglesia), pero solo frente a la inmigración y a las críticas del Papa contra el turbo-capitalismo. La contestación nostálgica por Benedicto XVI, pero que no critica el Vaticano II. Y la contestación radical de la Fraternidad San Pío X o de De Mattei o Gnocchi, que rechaza el Concilio y todo lo que ha venido después. A pesar de que haya algún eclesiástico que da su apoyo, las contradicciones entre las tres posturas explotarán, y un frente común no tiene ninguna posibilidad de subsistencia». Introvigne destaca una característica común de muchos de estos ambientes: «Es la idealización mítica del presidente ruso Vladimir Putin, presentado como “líder bueno” en contraposición con Francisco, el “líder malo”, por sus posiciones en relación con los homosexuales, los musulmanes y los migrantes. Con la contestación anti-Francisco colaboran fundaciones rusas muy cercanas a Putin».

    Este artículo fue publicado hoy por el periódico «La Stampa».

    FUENTE: Esos católicos contra Francisco que adoran a Putin - La Stampa


    * * *

    COMENTARIO MÍO

    Algunos aspectos del artículo son muy discutibles. Mezcla diversas contestaciones al Papa --algunas legítimas y de raíz cien por cien religiosa, como la que ejerce la FSSPX-- como si fueran la misma cosa. También creo que se equivoca al meter a AsiaNews en el lote. Esa agencia es exageradamente prorrusa y proiraní, pero creo que obra de buena fe, pues, por ejemplo, fue la única que informó en su día de que los que asesinaron a las monjas de Yemen eran rebeldes chiíes y no suníes, como se había informado en la prensa occidental. Por otra parte, quizá Massimo Introvigne no sea el mejor referente para hablar de estas cuestiones.

    En fin, que el artículo tiene mucho de criticable. Sin embargo, creo que contiene elementos válidos que merecerían ser estudiados a fondo y por eso lo traigo al foro. Pensé en ponerlo en aquel hilo que abrió Valmadian sobre Putin, en el hilo dedicado en este subforo al papado de Francisco o en el hilo que yo abrí sobre la mentira de la geopolítica, pero finalmente creo que es mejor un hilo propio. Soy consciente de que el Papa Francisco no cae precisamente bien en el foro. A mí tampoco me cae especialmente bien y estoy bastante preocupado con algunas cuestiones, pero como he comentado en ocasiones, creo que las críticas, por lo general, no se están orientando adecuadamente --por ejemplo, a una crítica global de la deriva de la Iglesia en el último medio siglo, lo que incluiría necesariamente a los dos papas anteriores-- o bien están entrando por derroteros peligrosos que hacen daño a la misma institución del papado.

    El artículo tiene razón en una cosa fundamental: muchas de las críticas al Papa no tienen un origen estrictamente religioso, sino que obedecen a turbias razones políticas y geopolíticas, o desde luego se entremezclan con ellas. Serían, por lo tanto, críticas bastardas que no buscan el bien de la Iglesia. Por supuesto, queda al margen de todo ello la FSSPX, que viene criticando la deriva de la Iglesia con sobrado fundamento, o el católico de a pie que ve con desagrado más que justificado algunas iniciativas de Francisco, entre ellas su tolerancia verbal con los homosexuales.

    No penséis únicamente en Rusia cuando se habla de razones geopolíticas. El artículo también menciona a unas fundaciones estadounidenses que están muy cabreadas con Francisco porque habla contra el libre mercado, aunque lo encubran con motivos religiosos. Me consta que esas fundaciones existen. Y también me consta, aunque no lo diga el artículo, que algunos grupos de presión judíos --por ejemplo, el Instituto Gateston-- están llevando a cabo una campaña salvaje contra Francisco. Muchos neocones se han reconvertido en sedevacantistas y están jugando muy sucio. En Infocatólica habitan unos cuantos. El artículo habla de unas fundaciones rusas que estarían inmersas en esta campaña. Desconozco cuáles son estas fundaciones, pero sí he visto extraños movimientos contra Francisco en los medios rusos, aunque estos movimientos curiosamente amainaron cuando el Papa se reunió con el Patriarca ruso y pareció darle la razón en el tema de los "uniatas". Desde luego, es sintomático que se idealice a Putin hasta el extremo al mismo tiempo que se tira por tierra al Papa Francisco, cuando ambos líderes tienen posiciones muy similares, por ejemplo en la cuestión de los homosexuales y de los musulmanes. De hecho, el Papa, pese a todas las tonterías que haya podido decir últimamente, tiene una postura mucho más dura en relación con el pecado contra natura que la que pueda tener Putin o cualquier otro líder político.

    No tengo la menor duda de que en muchos de los ataques al Papa están operando subterráneamente razones geopolíticas que no vemos a simple vista. No es una cuestión de tal o cual país, sino de gente poderosa que está usando astutamente a la Iglesia para sus turbios intereses temporales, con el peligro de que nos arrastren a los católicos que de buena fe estamos preocupados por el futuro de la Iglesia. Es nuestro deber separar el trigo de la cizaña, también en las críticas.
    Última edición por Kontrapoder; 20/10/2016 a las 04:49
    Martin Ant, raolbo, Trifón y 2 otros dieron el Víctor.
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

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