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Tema: «La edad de la penumbra», un bulo

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    «La edad de la penumbra», un bulo

    La periodista Catherine Nixey trae a España su libro, refutado por historiadores serios

    «La edad de la penumbra», un bulo: los arqueólogos niegan que el cristianismo destruyera templos



    Un fotograma de Ágora, la película de Amenábar sobre Hipatia... que en la vida real tendría unos 60 años

    23 mayo 2018



    La editorial Taurus acaba de publicar, con bombo y platillo y despliegue mediático en las secciones de Cultura de los diarios, el libro "La edad de la penumbra: cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico", de Catherine Nixey.

    Nixey no es una historiadora, sino una periodista y crítica de arte, con formación en cultura clásica, hija de un monje y una monja que salieron del convento en el postconcilio y se casaron. Por lo que dice ella misma en el libro y en algunas entrevistas -ha dado muchas en las que ha hablado mucho-, aunque sus padres le hacían rezar en casa e ir a misa, ellos ya no tenían fe. No le decían que Dios la creó, sino la evolución. Pero le prohibían usar maquillaje y escuchar música pop hasta que se fue de casa a la universidad, ha revelado. Y cuando ella jugaba de niña a imitar la misa, le hacían sentir que era un grave pecado. ¿Puritanismo agnóstico? Eso sí, le hablaban bien de la Iglesia como transmisora de cultura.


    "Oh, Dios mío, papá fue monje, mamá fue monja, mi familia no convencional"; Nixey no es historiadora, sino periodista

    Un día, ya sin fe, pero traumatizada ("con un gran peso") ella leyó a Aristóteles. Dice en La Vanguardia: "las preguntas que se hacía [Aristóteles] eran demasiado distintas a las del cristianismo. No, aquellos dos mundos no pegaban". Decidió que el paganismo no podía haber encajado bien con el cristianismo, investigó algo -ahora veremos cómo- y escribió un libro describiendo "hombres barbudos del desierto" destruyendo templos antiguos. Una y otra vez compara a los cristianos antiguos con los yihadistas de Estado Islámico.

    Con el libro, dice, sintió "una liberación y un gran alivio". O sea, no es historia, es terapia. Pero escribe bien y se vende como historia de lectura ágil.



    ¡Dos días seguidos en La Vanguardia!
    La Vanguardia dedica dos páginas a repetir acrítica y asombradamente todo lo que dice la autora el pasado 19 de mayo, y quizá por parecerle poco le dedica otras dos páginas en la edición de Madrid el lunes 21. ¿Cuántos libros de divulgación histórica consiguen salir dos días en el mismo diario con artículos largos y detallados? Y eso que la editorial no pertenece al Grupo Godó. ¿Casualidad o a alguien le encanta el tema de los malvados cristianos anti-cultura?

    El artículo del día 19 se titula: "Investigación reveladora: Cómo el cristianismo asesinó la cultura clásica". El del 21 se titula "Las sombras del cristianismo: la historiadora británica Catherine Nixey relata los excesos de una religión que arremetió contra la cultura clásica".

    Ambas crónicas empiezan igual que el libro: comparando los cristianos que en el año 385 destruyen una estatua de Atenea en Palmira con los yihadistas de ISIS. En El Periódico de Catalunya (véase aquí), en cambio, prefieren empezar hablando de sexo, seguir hablando de sexo y solo más tarde entran en el tema de los cristianos malvados (represores de sexo, de cultura, de libertad...).



    Monjes destruyen cosas en la Alejandría de Ágora y Amenábar... claro que la película es anterior a Estado Islámico, o quizá los habría vestido de otra manera

    La cultura clásica perdida... ¿por culpa de quién?
    La tesis es que cristianos fanáticos y autoridades civiles cristianas destruyeron una gran cantidad de templos, de libros de filosofía y literatura y ciencia, que machacaron a sabios y filósofos, y así, en general, destruyeron la cultura clásica. Nixey calcula y repite que hemos perdido el 90% de los textos griegos antiguos y el 99% de los textos latinos. No queda claro cómo hace su cálculo.

    En el libro dice, sobre la tarea de los monjes y cristianos que conservaron textos clásicos: "Si esto es preservar -como se dice- es asombrosamente incompetente. Si es censura, fue brillamente eficaz".

    ¿Censura o incompetencia? Claro que hay otra posibilidad... se llama caída del Imperio, invasiones bárbaras, terremotos brutales, epidemias, guerra continuada con los persas, los incendios habituales en cualquier cultura agraria y el paso del tiempo. El papiro era difícil de conseguir y el fuego, el agua y los bichos lo destruyen. Solo se conserva bien el papiro en zonas sequísimas, de desierto.

    El pergamino era caro, se hacía con piel: matar a una cabra daba para 4 páginas. Un libro costaba un rebaño. Si no se copia y recopia se pierde. ¿Y quién tiene tiempo y dinero y capacidad para eso? Copiar y recopiar textos es un lujo. Se hace cuando se puede y con los textos más necesarios: los que se usan para aprender a leer y escribir, como Homero. Lo más copiado es lo que más sobrevive.



    Monjes de negro contra blancos templos paganos...

    Paganos buenos, cristianos malos y a vender libros
    La publicidad de la editorial española copia la inglesa: quieren conflicto y agresividad, han visto que es lo que vende. Venden una historia de paganos buenos buenísimos y cristianos malos malísimos.

    Esta es la doctrina que leemos en la publicidad: "La edad de la penumbra es la historia, en gran parte desconocida, de cómo una religión militante sometió y aniquiló deliberadamente las enseñanzas del mundo clásico, lo que abrió paso a siglos de adhesión incondicional a «una sola fe verdadera». El Imperio romano se había mostrado generoso acogiendo nuevas creencias, pero la llegada del cristianismo lo cambió todo. Esta nueva religión, pese a predicar la paz, era violenta, despiadada y decididamente intolerante. Al volverse oficial, sus fervientes seguidores emprendieron la aniquilación de quienes no estuvieran en sintonía con sus creencias. Derribaron sus altares y templos, quemaron sus libros -incluidas grandes obras filosóficas y científicas-, hicieron añicos sus estatuas y asesinaron a sus sacerdotes".

    La edición en inglés del libro (que contó con una subvención inicial de 5.000 libras de una asociación literaria, RSL Jerwood Awards for Non-Fiction) ha sido alabada por algunos historiadores que tratan otras épocas... pero no es alabada por los historiadores que conocen el periodo del final del paganismo y establecimiento del cristianismo.

    Las críticas de una historiadora experta
    Averil Cameron, una reputadísima experta de la Universidad de Oxford en Antigüedad Tardía y Bizantina respondió en The Tablet:

    "¿Los cristianos antiguo destruyeron templos paganos? Algunos lo intentaron, pero no muchos, ni tan intensamente como ellos presumían. Muchos templos se convirtieron en iglesias, pero en velocidades distintas en regiones distintas y rara vez por mera hostilidad. ¿Los cristianos, incluyendo monjes, participaron en tumultos urbanos? Ocasionalmente, pero solo en circunstancias muy particulares".



    Averil Cameron, una de las mayores especialistas inglesas en Historia de la Antigüedad Tardía, ha criticado con dureza el libro de Nixey

    "¿Los emperadores cristianos dictaron leyes duras contra los herejes, ordenando quemar libros y prohibiendo que los paganos trabajaran en puestos públicos? Sí, pero la ley era más cosa de retórica que de aplicarse. ¿Los Padres de la Iglesia usaron un lenguaje violento para condenar desviaciones de la doctrina oficial? Sí, ciertamente. Pero, ¿todo eso llevó a la destrucción del mundo clásico a manos del cristianismo, como dice el subtítulo chillón de Nixey? Difícilmente", continúa la experta Averil Cameron.

    ¿Dónde se ha documentado Nixey, periodista y crítica de arte?

    "Un rápido repaso a las citas de Nixey muestra lo que ha estado leyendo, con varias referencias a los mismos nombres de un grupito de historiadores de mentalidad similar igualmente hostiles al cristianismo. Da poca atención a otras fuentes. También falta toda la montaña de evidencia arqueológica que muestra la extensión verdadera de la reutilización cristiana y adaptación de edificios paganos, opuesta a lo que algunos cristianos aseguraban", añade Cameron.

    La publicidad manipula a los críticos del libro
    La web publicitaria del libro recoge una frase en el "Sunday Times" de Peter Thonemann, un joven experto en estudios griegos clásicos de la Universidad de Oxford: «Mordaz y documentado, el libro palpita a un ritmo fabuloso, y Nixey evoca con brillantez todo lo que perdimos con la decadencia del mundo clásico.»

    Pero la web no recoge el resto de las afirmaciones de Thonemann en ese artículo: él sólo alaba su estilo vivo, no lo que cuenta, que no es histórico.


    "Nixey evoca vívidamente las hogueras fundamentalistas que 'ardían a través del imperio con libros prohibidos desapareciendo en llamas'. Qué inconveniente que no tengamos evidencias de que ni un solo poema de Ovidio o Catulo fueran echados al fuego. Ovidio, admite ella a regañadientes, continuó siendo copiado y leído con entusiasmo durante el periodo medieval", afirma este helenista.

    Y este autor -que la editorial quiere presentar como favorable al texto- sigue machacando los datos: "Nixey dedica muchas páginas horrorizadas a la destrucción del templo de Serapis, 'el mayor edificio del mundo' a cargo de una turba cristiana en Alejandría en el 392. De nuevo, la realidad es más compleja: de los 700 templos que conocemos dedicados a los viejos dioses en la Galia Romana, solo 10 (1,4%) parecen haber sufrido un final violento en el siglo IV o V, no ciertamente a manos de cristianos. Sin duda, [San] Agustín y [San] Jerónimo están menos sintonizados con las costumbres sexuales del siglo XXI que Catulo u Ovidio. Pero la intolerancia tiene más de un sabor", avisa.



    Hipatia intentando salvar papiros en la película de Amenábar; el papiro era frágil, fuego y humedad lo destruían, todo lo que no se copiara y recopiara desaparecería...

    Las causas de la decadencia: no fue el cristianismo
    Philip Jenkins, profesor de Historia y religión en la Universidad Estatal de Pensilvania, recuerda que el paganismo del siglo IV y V no se parecía mucho al de la Edad Dorada de dos o tres siglos antes. Estaba agotado y debilitado en un imperio en crisis y lleno de neoplatónicos que despreciaban el mundo o lo material. La acusación de que el cristianismo estableció mil años de opresión teocrática contra la ciencia, dice, "no la apoya ningún historiador académico serio".

    También critica la acusación de que cristianismo causó la decadencia imperial desde que lo despenalizó Constantino en el año 313. La caída de la civilización clásica, dice, es un proceso largo que empieza hacia el año 230 y llega hasta el 560.

    "Implicaría una variedad de factores: cambio climático, en parte por erupciones volcánicas titánicas; plagas repetidas a escala comparable a la Peste Negra en Europa; el colapso de la frontera romana que permitió la incursión en masa de paganos bárbaros, cuyas depredaciones destruyeron incontables ciudades antiguas y textos. Nixey menciona esos factores brevemente, solo para desdeñarlos como temas menores en comparación con el tumor maligno del cristianismo, como hizo Gibbon antes que ella". De hecho, el historiador anticristiano Edward Gibbon, es una de sus fuentes más citadas... pero es un autor del año 1776.

    Un ateo contra los bulos antihistóricos

    La crítica más dura y detallada contra el libro de Nixey la hace Tim O’Neill, autor del blog "Historia para Ateos". O'Neill tiene un título en historia y literatura medieval y lleva 30 años debatiendo de historia en Internet. Es "ateo, escéptico y racionalista" y fue presidente de la Asociación Australiana de Escépticos en su región. Aunque es ateo, sabe historia y creó su blog para refutar bulos anti-históricos de ateos contra el cristianismo.

    Y dedicó varias semanas a documentarse para refutar (en 30 páginas de letra apretada, y no es exhaustivo) los bulos y falsedades del libro de Nixey, bulos que, para asombro suyo, eran recibidos en la prensa generalista casi sin críticas.

    "Apenas hay una página del libro de Nixey que no tenga alguna forma de:

    - representación selectiva de evidencia,
    - evasión de contraejemplos,
    - desprecio de visiones alternativas,
    - deformación de la información,
    - o sobreafirmación de una idea”.

    “Es una pena que con una época tan fascinante y un tema tan interesante haya producido un lío distorsionado así. Hay otros libros sobre el mismo tema muy superiores".

    O'Neill recomienda, sobre todo, The Final Pagan Generation, de Edward J. Watts, "que es todo lo que no es el libro de Nixey: equilibrado, académico, erudito, mesurado. [...] Watts muestra que la transición [al cristianismo] fue gradual, en su mayor parte sin altibajos, y que los cristianos y paganos eran más parecidos de lo que un lector de Nixey podría pensar".

    Nixey oculta las rarezas y extremos de los paganos
    Para Nixey los malos más malos son los monjes. Con ellos empieza su libro, siempre vienen del desierto, rompen cosas, son brutos e ignorantes y huelen mal y queman libros. Hacen cosas locas subidos a columnas y flagelándose y ayunando. O'Neill sospecha que el hecho de que los padres de Nixey hayan sido monjes y le hayan prohibido escuchar pop y maquillarse puede tener algo que ver con el tema.

    Nixey no menciona que también los paganos estoicos, los mendigos de la escuela cínica, que imitaban a los perros, el escandaloso Diógenes y muchos célibes neoplatónicos alababan las mismas virtudes ascéticas y extremas de muchos monjes. Era cosa de la época y sus valores, no de la religión.

    Los demonios: ¡también los paganos creían en ellos!
    Nixey cree que la causa de la mayor parte de los males y la violencia está en que los cristianos creían en los demonios: veían demonios por todas partes, y combatir contra ellos justificaba destruir templos, estatuas, etc...

    Lo que Nixey no escribe -como señala O'Neill- es que también los paganos creían en demonios, que estaban por doquier, que actuaban y que era necesario protegerse de ellos (por ejemplo, aplacándolos con magia, sacrificios, pactos, etc...).

    La supuesta tolerancia de los romanos
    Nixey quiere presentar a los romanos como un oasis de tolerancia y pluralidad. Para ello, no dirá nada de cómo exterminaron a todos los druidas de Galia y de Britania, o como persiguieron los cultos de Atis, de Cibeles y varias sectas de bacantes.

    La persecución a los cristianos la reduce al mínimo con trucos sucios y sin buscar datos modernos: la cifra de Gibbon de 1776 de unos 150 mártires anuales durante 30 años le parece bien. No se interesa en las persecuciones regionales o locales, Y aunque lee el libro de 1965 de W.H.C.Frend que calcula que en la persecución de Diocleciano, justo antes de la despenalización, se mató a 3.000 o 3.500 personas, no menciona esta cifra para nada.

    Las actas de los mártires, Nixey las considera fantasías. Y para otros casos dice simplemente que eran fanáticos que buscaban ser torturados... que es lo mismo que han dicho los funcionarios que ordenan torturas contra los cristianos en el Japón Imperial, los regímenes comunistas, etc...

    Cuando no le queda más remedio que admitir que los romanos no eran tolerantes, enseguida salta a su tema: "pero los cristianos eran peores".

    Leyes contundentes... que no se aplicaban
    Cita la ley del emperador cristiano Teodosio del 399 que ordena destruir los templos. Pero la arqueología muestra que no se destruyeron. Los historiadores saben que los edictos imperiales pasaban por mil filtros que los descafeinaban a nivel local y regional.

    En el año 2011 se publicó una detallada recopilación de artículos de Luke A. Lavan y Michael Mulryan sobre la antigüedad tardía y los templos paganos ("Lavan, "The End of the Temples: Toward a New Narrative?"). "se puede decir con confianza que los templos ni fueron convertidos ampliamente en iglesias ni demolidos en la Antigüedad tardía". En su estudio de todo el Imperio, [Richard] Bayliss localizó solo 43 casos [de desacralización o destrucción arquitectónica activa] de los que solo 4 se confirmaron arqueológicamente".

    Así, tenemos una lista de templos paganos destruidos en el siglo IV-V:

    - 10 en Galia (y por bárbaros, parece)
    - unos pocos en Libia (todos en la ciudad de Cirene)
    - 1 en toda Asia Menor (Turquía actual)
    - 1 en Grecia, el de Poseidón, y lo destruyeron los visigodos
    - 1 en Italia
    - 3 en Britania
    - 7 en Egipto, incluyendo el Serapeum
    - 21 en Levante (Siria, Líbano, Palestina...), de donde Nixey saca casi todos sus ejemplos

    De hecho, hay leyes del Código de Teodosio (16.10.15 y 16.10.18) que piden proteger las obras de arte y estimar los edificios. Así, en Grecia, África, Italia... parece que se dedicaron muchos más recursos a mantener templos que a destruirlos. El historiador Javier Arce detecta que los templos en España se abandonan hacia el siglo IV y nadie los reconvierte en iglesias hasta el siglo VI o VII.



    La periodista Catherine Nixey no ha hecho mucho caso a las críticas de historiadores o arqueólogos a su libro ni ha incorporado mejoras

    Los mismos paganos abandonaron los templos
    La realidad es que en el siglo IV y V incluso los filósofos paganos neoplatónicos como Porfirio, Filostrato o Plotino criticaban los templos y sus religiones basadas en sacrificios y desfiles y buscaban contactar con lo Divino a través de sabidurías iniciáticas y filosóficas. Filostrato dedica todo un libro a criticar los sacrificios. Y sin caros sacrificios e inversiones de los ricos, los templos no se mantenían.

    En el año 363, el Emperador Juliano el Apóstata, que quiere restaurar el paganismo, llega a Antioquía, ciudad grande y rica, y quiere visitar el templo de Apolo en Dafne, famoso, en su día grande, esperando festejos y procesiones. Allí encuentra un solo sacerdote anciano y pobre que ha traído un ganso como sacrificio. Nadie más de la ciudad va a celebrar la fiesta ni encargar ofrendas, dice el anciano. El sistema se había hundido. Juliano lo cuenta en su libro "Misopogon".

    El Serapeum... lleno de terroristas paganos
    Nixey cuenta que una turba de cristianos en el 392 ataca el templo pagano del Serapeum en Alejandría. O'Neill denuncia que no cuenta lo que había pasado antes (descrito por 5 fuentes cercanas distintas, algunas paganas).

    Unos cristianos encontraron unos objetos en un templo abandonado. Un grupo de paganos -de la escuela neoplatónica yámblica, que era la más esotérica y dada a rituales- les atacó para recuperarlos y les mató. Después, capitaneados por líderes ricos y cultos de esta escuela, Olimpio, Heladio y Ammonio, se atrincheraron en el Serapeum, fortificado, con rehenes cristianos. Durante semanas torturaron a los presos cristianos: hambre, rodillas rotas e incluso crucifixiones. Eran meros terroristas con estudios.

    El Emperador ordenó a la guardia, al obispo y a milicias de ciudadanos y monjes cristianos, que dejaran marchar a los culpables pero que destruyeran el lugar, considerando que tenía algo de maligno. Los líderes fueron a Atenas y allí trabajaron de maestros de filosofía, presumiendo de los cristianos que habían matado y torturado, como recoge el historiador Sócrates Eclesiástico que estudió con ellos.



    El Serapeum según Amenábar; sabemos por 5 fuentes distintas que terroristas paganos, de la tradición yámblica, se atrincheraron en él y torturaron a rehenes y presos cristianos en el 392; fue destruido por las autoridades de Alejandría, pero ninguna fuente habla de destrucción de libros

    ¿Quemar libros? ¿Hipatia? Dos bulos
    Nixey dice que al destruir el Serapeum se destruyeron "los restos de la biblioteca de Alejandría, con miles de libros", pero lo cierto es que hay 5 crónicas sobre esa destrucción y ninguna, ni siquiera el pagano Eunapio, dice nada de libros. Hay un texto de décadas antes, de Amiano Marcelino, que ya hablaba de la biblioteca en pasado, como algo que ya no existía.

    Después llegó el caso del asesinato de la filósofa pagana platónica Hipatia, supuestamente, según Nixey, por ser mujer, sabia científica y pagana.

    Hay libros recientes sobre Hipatia muy documentados y serios: el de Maria Dzielska de 1995 y el de 2017 de Edward J. Watts. Ambos dejan claro que Hipatia muere asesinada por una turba en un conflicto político entre dos facciones, y en ambas facciones políticas había cristianos y paganos. "Era una disputa política, no era sobre religión, no era de género, no era contra la enseñanza clásica", escribe O'Neill.

    Pero Nixey ignora los datos y cuenta el mismo cuento que Gibbons en 1776, el de que la perseguían por ser científica y pagana. Incluso insiste en el detalle absurdo de describir que era sádicamente despellejada con restos de cerámica. En realidad, la fuente, que es el historiador Sócrates Eclesiástico, dice que "la mataron con óstraka", que eran tejas de tejado, el tipo de material que se usa para apedrear a alguien de lejos, lo que suelen hacer las turbas.

    [Más datos sobre el caso histórico de Hipatia y la película de propaganda anticristiana de Amenábar aquí en ReL;sobre la película Ágora y sus fallos históricos detallados, este blog]



    Los cristianos filósofos y cultos, disimulados
    Nixey intenta demostrar el desprecio de los cristianos antiguos contra la filosofía y la cultura clásica con frases de predicadores que ensalzan la sencillez de la fe frente a la erudición de los filósofos.

    Lo cierto es que hubo un debate interno en el cristianismo, y ganaron los cristianos enamorados de la filosofía y la cultura, empezando por Orígenes (pero ella sólo lo cita, y dos veces, para hablar de cuando de joven se autocastró) y San Clemente de Alejandría, con su obra Stromata (que ella ignora por completo) o San Juan Damasceno, ya el último Padre de la Iglesia, que es otro sabio que alaba la filosofía griega.

    Nixey hace trampas jugando al solitario: todo lo que se perdió, es culpa de los cristianos, por incompetentes, censores o despreciar la cultura. Todo lo que se conservó, es también por culpa de los cristianos: eran tan tontos que necesitaban usar esa sabiduría pagana y conservarla con esfuerzo, incluyendo los poemas de Ovidio y las historias tórridas amorosas de Catulo.

    Demócrito, el materialista, ¿censurado?
    Ella insiste en el libro y en todas las entrevistas (como en las de La Vanguardia) que los cristianos censuraron y borraron de la historia a Demócrito, un filósofo de mil años antes (s.V a.C) que decía que no hay dioses y solo hay materia hecha de átomos. La realidad es que Demócrito llevaba varios siglos pasado de moda y ni siquiera lo soportaban los paganos neoplatónicos que ella alaba, paganos que creían en todo tipo de espíritus y entidades no físicas.

    Demócrito era absolutamente minoritario e irrelevante. El mismo Platón lo desprestigió ya en su época y los neoplatónicos no iban a llevarle la contraria a Platón. No hizo falta ninguna conspiración ni censura mil años después: simplemente, se dejó de copiar porque el pergamino y las horas de copista son caros y escasos. Los textos cristianos del siglo IV y V a veces critican y refutan a estoicos y epicúreos, pero nunca dedican una línea a Demócrito, dice O’Neill, porque no era tema de debate. Estaba ya olvidado.



    Hipatia y sus alumnos de filosofía neoplatónica; a ninguno le interesaba Demócrito, materialista de mil años antes, porque los neoplatónicos no eran materialistas

    El universo eterno, ¿censurado?
    Nixey dice que eran censurados y eliminados los textos de autores antiguos que hablaban de un universo eterno, sin creación. Pero es falso: Aristóteles defendía eso y los monjes y copistas cristianos lo copiaron una y otra vez, y lo enseñaban en círculos cultos en el Oriente cristiano. El muy materialista "De rerum natura" de Lucrecio, epicúreo, también fue copiado y recopiado por cristianos.

    Todas las afirmaciones sobre destrucción de libros Nexey las saca de una sola fuente, un libro de 2016 de Dirk Rohmann: Christianity, Book-Burning and Censorship in Late Antiquity. Cuando leen que se quemaban libros de oráculos, brujería y adivinación, Rohmann y Nixey leen "libros de filosofía o ciencia clásica". O'Neill responde que podían ser perfectamente adivinación y oráculos (que Roma persiguió siempre, porque se usaban para provocar revueltas políticas o asesinatos) y también libros de neoplatónicos yámblicos, que eran muy amigos de los rituales secretos, invocaciones, teurgias y adivinaciones.

    Los filósofos que fueron a Persia... y volvieron
    Finalmente, Nixey cuenta con estilo literario tremebundo el cierre de la escuela filosófica de Atenas en el año 529 (una escuela que funcionaba solo desde hacía unos 150 años, no era la de Platón). La realidad fue más prosaica. Simplemente, el Estado se negó a seguir pagando a los profesores paganos de esta ciudad. Podían enseñar, pero no a cuenta del erario público.

    Los filósofos paganos decidieron irse a Persia, cultura pagana, libre y soleada, a la corte de Cosroes I. Pero allí no les fue bien y acabaron corriendo a pedir al César que les dejase volver. Finalizaron sus días como profesores en el sector privado, perfectamente libres, en el Imperio Romano de Oriente.

    ¿Vale la pena dar tantos datos para rebatir lo que parece ser una terapia de una mujer con heridas emocionales personales que, eso sí, escribe con pasión, como terapia?

    Sí, porque dice que es historia. Y no lo es.

    https://www.religionenlibertad.com/c...iegan-que.html
    Valmadian y Pious dieron el Víctor.

  2. #2
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    Re: «La edad de la penumbra», un bulo




    La religión católica, fuente de progreso y cultura

    19/11/18

    Bruno de la Inmaculada


    Desde la época de la Ilustración, los enemigos de la Iglesia y de la religión siempre han intentado hacer ver que existe un antagonismo entre la ciencia y la fe, que la religión es oscurantista y retrógrada. De hecho, ya desde antes de Voltaire y otros de su calaña se viene manipulando el caso Galileo con miras a demostrar que la Iglesia siempre se ha opuesto a la ciencia y el progreso. Y en 1874 John William Draper y Andrew Dickson White publicaron su Historia del conflicto entre la religión y la Ciencia, obra cargada ideología y odio a la fe que tuvo bastante impacto en su época.


    En realidad Galileo no tuvo problemas por lo que dijo, sino más bien por cómo lo dijo. Se puso fanfarrón, y se le llamó naturalmente la atención. La gente está muy desinformada en este sentido, y muchos hasta están convencidos de que Galileo murió en la hoguera. Lo cierto es que murió de viejo en su casa (que era un palacio). Galileo era amigo del Papa, al que había dedicado su libro, y la teoría copernicana se enseñaba sin problemas en la Universidad de Salamanca junto con el modelo geocéntrico; eran dos teorías válidas, además de la de Tyco Brahe, y uno podía creer la que encontrara más convincente. Galileo no hizo otra cosa que edificar sobre la teoría de Copérnico, que a su vez se apoyaba en los trabajos de científicos anteriores. Desde Nicolás de Oresme (siglo XIV), pasando por Nicolás de Cusa, Juan de Buridán y otros, se había ido desarrollando el modelo de una Tierra que giraba sobre sí misma y en torno al Sol. Como en la célebre frase atribuida a Newton (que realmente la dijo) pero original de Bernardo de Chartres (siglo XIII), eran enanos a hombros de gigantes. Por cierto, Nicolás de Oresme era obispo; su tocayo de Cusa, cardenal y Copérnico era canónigo. Sólo Buridán y Galileo eran laicos. Casi todos hombres de iglesia, y en todo caso creyentes católicos. Y como vemos, hablaban de estas cosas desde la Edad Media, para que luego digan tonterías como que los medievales creían que la Tierra era plana. De hecho, San Beda, San Isidoro de Sevilla, el beato Raimundo Lulio, el monje Juan de Sacrobosco y Santo Tomás de Aquino hablaban de la esfericidad de la Tierra, así como Dante en su Divina comedia, que aunque laico era también católico (en el Corán sí es plana la Tierra, al contrario que en la Biblia. Y el P. Mateo Ricci SJ se las vio y se las deseó para convencer a los chinos de que la Tierra era esférica y China no estaba en el centro del mundo).


    La Academia Pontificia de las Ciencias se fundó en 1603 (la Royal Society londinense data de 1660) como Accademia dei Lincei (de los linces, por considerarse que para ser buen científico hay que tener buenas dotes de observación; vamos, la vista de esos felinos); el nombre actual se lo dio Pío XI. El propio Galileo fue uno de sus primeros miembros.


    Veamos algunos ejemplos de contribuciones de la Iglesia a las ciencias, el progreso y la cultura:


    La primera enciclopedia general la constituyeron las Etimologías de San Isidoro de Sevilla(556-636), texto que gozó de gran prestigio y autoridad durante la Edad Media. Entre 1167 y 1185, la abadesa Herrada de Landsberg escribió el célebre Hortus deliciarum, enciclopedia profusamente ilustrada. Y en la Baja Edad Media alcanzó bastante difusión La propietà delle cose, obra del franciscano Bartolomeus Anglicus. Por su parte, San Alberto Magno, patrono de los químicos, científicos y matemáticos, escribió una titulada Opera omnia. En 1674, el sacerdote lionés Luigi Morieri publicó el Grande Dizionario Histórico, primer diccionario enciclopédico por orden alfabético (1674). Y entre 1701 y 1709, el franciscano Vincenzo Maria Coronelli redactó la Biblioteca Universale Storico-profana, otra enciclopedia estructurada también por orden alfabético. La Enciclopedia de Diderot y D’Alembert, obra cumbre del iluminismo anticristiano de la Ilustración que ha dado nombre a todas las que han venido después, es muy posterior: se editó entre 1751 y 1772.


    San Beda (ca. 672-735) atribuyó las mareas a la acción de la Luna (aunque en otras cuestiones Galileo demostró ser un buen científico, en este caso cometió un error garrafal al atribuirlas a la inercia producida por el movimiento de rotación de la Tierra).


    Paradójicamente, aunque el monacato huyó del mundo, ocupado en el trabajo y la oración (ora et labora, Marta y María) ayudó al mundo a salir de la barbarie y trajo el progreso. Al tener que levantarse a una hora determinada en mitad de la noche para ir a la capilla, necesitan un modo infalible de despertar: inventan el reloj mecánico, más preciso que los de agua; pero no se quedan el invento para ellos, y no tardan en aparecer relojes en torres de iglesias y de plazas de pueblos para beneficio de todos. Del mismo modo, también transmitieron todo lo que descubrieron para mejorar el cultivo de los campos, plantas medicinales (la farmacología les debe mucho), los anteojos o gafas que les permitían trabajar en el scriptorium cuando por la edad les fallaba la vista, etc. Para cultivar sus campos tenían que despejar bosques, sanear terrenos pantanosos y demás, con lo cual mejoraron muchas tierras. Y a lo largo del Camino de Santiago, por ejemplo, construyeron y mejoraron los caminos, tendieron puentes, etc. Por eso Santo Domingo de la Calzada es el patrono de los ingenieros de caminos (se apellidaba prosaicamente García; lo de la Calzada fue por su labor de ingeniería civil). Cuando periódicamente se reunían en capítulo representantes de los monasterios de diversos países para tratar los asuntos de su orden, ponían en común sus avances y descubrimientos, y al volver a sus conventos llevaban consigo lo aprendido, que transmitían a su vez a los pueblos de alrededor, y así iba progresando el mundo en una época en que no existían los grandes medios de difusión de que gozamos hoy.


    La universidad es creación de la Iglesia medieval. Las supuestas universidades musulmanas no son más que medersas o madrasas; básicamente, algo así como el equivalente de los seminarios en el catolicismo. Y por supuesto, la Iglesia también ha tenido, al menos desde la Edad Media, colegios para niños regentados por órdenes religiosas o dependientes de parroquias.


    Al igual que la universidad, el hospital es un invento cristiano. A finales del siglo IV, una viuda romana llamada Marcela transformó su palacio en un convento en que las monjas realizaban labores de enfermería. Algo más parecido a un hospital fue la casa de la célebre Fabiola desde el año 390, donde recogía a los enfermos que encontraba en las calles y caminos. En Oriente, San Basilio creó una verdadera ciudad de la caridad, que funcionaba como hospital, leprosorio, orfanato y escuela de formación profesional. Ya a comienzos de la Edad Media se habían extendido por buena parte de Europa (entonces conocida con el hermoso nombre de la Cristiandad, no con el de una diosa pagana como ahora) hospitales diocesanos (parece que el primero se fundó en Lyon en 542), conocidos en Francia como Hotel-Dieu, y rápidamente imitados en otros países con nombres equivalentes como God’s House o Domus Dei. Eran a la vez hospitales, hospicios y hospederías para peregrinos. San Gregorio Magno, que reinó como papa entre 590 y 604, fundó asimismo hospitales y asilos. Las órdenes hospitalarias o bien dedicadas a la atención de enfermos han sido numerosas desde tiempos muy antiguos; entre las más conocidas están las fundadas por San Vicente de Paúl, San Juan de Dios, San Camilo de Lelis y Santa Ángela de la Cruz.


    En el siglo XIV, el Hospital de los Viejos de Sevilla fue el primer centro gerontológico. Y el padre Juan Gilberto Jofré fundó el primer hospital psiquiátrico del mundo en Valencia. El tratamiento era más humano en los manicomios regentados por órdenes religiosas que en los hospitales laicos surgidos después de las desamortizaciones, como la de la Inglaterra de Enrique VIII; no se trataba a los locos a palos ni con camisas de fuerza. El P. Charles Michel de l’Epée (1712-1789) fundó la primera escuela para sordos en París y creó el alfabeto de los sordomudos. Su sucesor, el P. Sicard, creó y perfeccionó el lenguaje de señas.


    La abadesa y doctora de la Iglesia Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), además de mística, poetisa y compositora, fue autora de libros de medicina y otras ciencias, y llegó a hablar de los grupos sanguíneos y de las hormonas, aunque no los llamara exactamente de esa manera.


    La Escuela Franciscana de Oxford (Oxford Calculatores) realizo grandes aportes durante el siglo XIV en el ámbito de las matemáticas y la física, aunque en el terreno filosófico fueron más bien nominalistas. Entre otros destacaron Roberto Grosseteste, Roger Bacon, Duns Scoto y Guillermo de Ockham. El franciscano Roberto Grosseteste escribió entre 1220 y 1235 tratados de astronomía y geometría. Roger Bacon, de la misma orden, propugnó el método experimental en las ciencias. Guy de Chauliac (siglo XIV) fue dentista y pionero de la disección de cadáveres. Es falso que la Iglesia prohibiera el estudio de los cadáveres con fines médicos, y de hecho se hacían autopsias ya desde la Edad Media, por ejemplo en la famosa Escuela de Salerno. En el siglo XVI se hicieron autopsias en las Universidades de México y de Lima con vistas a averiguar las causas de epidemias, cosa impensable en la puritana Inglaterra de aquellos tiempos.


    El Observatorio Astronómico Vaticano (Specola Vaticana) es uno de los más antiguos. Su origen se remonta a 1578, cuando Gregorio XIII ordenó la construcción de la Torre de los Vientos y encargó a los matemáticos y astrónomos jesuitas del Colegio Romano la reforma del calendario, que fue otro gran avance propiciado por la Iglesia. Se perfeccionó el calendario, corrigiendo los errores y desfases producidos desde la reforma de Julio César, y desde 1582 se mide por tanto el tiempo con mayor precisión. Los países protestantes fueron más reacios a adoptarlo, dado que el calendario lo había reformado la Iglesia Católica, pero al final no tuvieron más remedio que ceder.


    Angelo Secchi SJ (1818-1878) es el padre de la astrofísica. Realizó abundantes observaciones astronómicas e inventó el helioespectroscopio y el espectroscopio estelar. No incluyo en esta enumeración al P. Lemaitre. Lo excluyo adrede porque su teoría del Big Bang, plagiada de Maimónides hasta en la datación que atribuye a la supuesta explosión primigenia (posiblemente sin intención; no dispongo de pruebas para acusarlo) no ha aportado ningún avance a la ciencia ni concuerda (al contrario de lo que tantos creen ingenuamente) con la creación ex nihilo, ya que parte de una megaconcentración de materia. Es decir, que no se produjo desde la nada. Hay otras teorías, incluso entre científicos no creyentes, a las que no se ha dado tanta publicidad porque la teoría del Big Bang es una de las endebles bases en que tratan de sustentar el evolucionismo (construyendo sobre arena). Y hace escasos días, en su asamblea general celebrada en Viena, la Unión Astronómica Internacional decidió renombrar la teoría de la supuesta gran explosión con el nombre del susodicho sacerdote.


    Astrónomos de todo el mundo reunidos en París en 1887 y 1889 habían decidido la creación de un mapa celeste y un catálogo astrográfico, y una veintena de observatorios de todo el planeta participó en la empresa, incluido el del Vaticano. El trabajo duró hasta 1966 y se catalogaron los datos de casi 5 millones de estrellas en más de doscientos volúmenes, cerca de un millón (casi la quinta parte) por la Specola Vaticana. La labor de cálculo y cartografía fue realizada por las monjas Emilia Ponzoni, Regina Colombo, Concetta Finardi y Luigia Panceri en la más pura tradición de los monjes medievales que laborando pacientemente en el scriptorium compilaron y transmitieron el saber a las generaciones posteriores.


    El monje benedictino Basilio Valentín (siglo XV) sentó las bases de la química y separándola de la alquimia tres siglos antes de Lavoisier.


    Fray Luca Paccioli (1445-1517) inventó el sistema de la partida doble para la contabilidad y escribió un tratado sobre la divina proporción (el número áureo, phi).


    Hacia el año 1000 el herrero chino Pi Cheng inventó un rudimentario método para imprimir libros, que no pasó de una mera curiosidad entre la corte real y la nobleza y no llegó a tener una amplia difusión, salvo para estampar telas. Los árabes lo trajeron a Europa, y durante siglos sólo se utilizó para los mencionados fines textiles, lo cual está muy bien y aporta variedad a la indumentaria, pero a pesar de tantas tonterías como se dicen de la supuesta cultura de Al Andalus, a nadie se le ocurrió utilizarla para reproducir textos hasta que impresores católicos como Gutemberg en Alemania y Costen en Holanda pensaron en la gran utilidad que podía tener la prensa para difundir la palabra escrita. El primer libro impreso en Occidente fue la famosa Biblia de 42 líneas, versión Vulgata de San Jerónimo (había ensayado previamente con un misal), realizada en 1455. El invento se difundió rápidamente por la Cristiandad, y ya en 1472 se imprimió en España el Sinodal de Aguilafuente, es decir, las actas del sínodo celebrado en dicha localidad segoviana, seguido dos años después por las Trobes en lahors de la Verge Maria, precioso texto en lengua valenciana. Se trata de la obra premiada en un concurso poético de alabanzas a Nuestra Señora. Lógicamente, no sólo se imprimían textos religiosos, pero es hermoso pensar que los primeros textos que se dieron a la imprenta fueron, en general, obras de contenido religioso. Tampoco podemos olvidar que las tres mayores lumbreras literarias del mundo (Dante, Cervantes y Shakespeare) fueron fervientes católicos (éste último en la clandestinidad; ya hablaremos, Dios mediante, de él otro día), y que la imprenta llegó a Hispanoamérica y Filipinas un siglo exacto antes que a la América anglosajona, siendo su mayor timbre de gloria la abundante cantidad de catecismos para enseñar la doctrina a los indígenas y los numerosos diccionarios y gramáticas de las lenguas amerindias y filipinas que se compusieron para enseñarlas a los misioneros.


    En los Siglos de Oro, los aportes de la Escuela de Salamanca fueron considerables en muchos ámbitos. En economía destacaron Tomás de Mercado (ja, ja, nomen omen), Francisco de Vitoria –ambos dominicos–, Luis de Molina SJ, Martín de Azpilcueta CRSA y Luis de Alcalá OFM. En física, Domingo de Soto OP estudió la caída de los cuerpos antes que Galileo. En teología, hay que mencionar a Domingo de Soto y Domingo Báñez entre otros. El derecho internacional se lo debemos al dominico Francisco de Vitoria. Y en Portugal, la Escuela de Coímbra fue una continuación o derivación de la de Salamanca, en la que destacaron jesuitas como Luis de Molina y el mencionado Francisco Suárez.


    Los trabajos del P. Gabriel Mouton sentaron las bases del sistema métrico decimal, un siglo antes de la Revolución Francesa, que más que nada lo que hizo fue imponer con algún ajuste un sistema de pesos y medidas en cuya preparación ya habían trabajado algunos sabios a pedido de Luix XIV.


    El célebre jesuita Athanasius Kircher (1601-1680) escribió dos libros de astronomía y otros sobre física, magnetismo y óptica, e incluso uno sobre la peste en el que propuso la hipótesis de que era causada por diminutos animalillos que se introducían en los sistemas vitales, mucho antes de que se inventase el microscopio y se pudieran observar los microbios. Por cierto, Pasteur, que desarrolló y demostró la teoría de que las enfermedades son producidas por microorganismos no era eclesiástico, pero era un fervoroso católico que rezaba el Rosario todos los días.


    El beato danés Nicolás Steno (1638-1686) se convirtió al catolicismo y se ordenó sacerdote. Fue anatomista, naturalista y geólogo, y está considerado el padre de la estratigrafía y la cristalografía.


    André Tacquet SJ (1612-1660) preparó el terreno para el cálculo, que luego desarrollarían e introducirían simultáneamente Leibniz y Newton, trabajando cada cual por su cuenta sin plagiarse por no saber el uno que el otro trabajaba en lo mismo. Una vez más, enanos a hombros de gigantes.


    El monje benedictino maurista Jean Mabillon (1632-1707) fue el creador de la paleografía (que descifra los escritos antiguos) y la diplomática, que estudia los documentos y textos antiguos.


    El padre Bartolomeu Gusmão SJ inventó la passarola, primer globo aerostático, 74 años antes que los hermanos Montgolfier, e hizo una demostración práctica (no tripulada, por el reducido tamaño del aeróstato) ante los reyes de Portugal.


    Los jesuitas Riccioli y Grimaldi realizaron importantes estudios sobre eclipses y sobre selenografía, incluido un detallado mapa de la Luna donde se nombraban los cráteres y otros accidentes geográficos con los nombres de conocidos científicos.


    La sismología era conocida al principio como la ciencia jesuita. Jean de Haute Feuille creó el primer sismómetro (1703); el primer sismógrafo (1751) es del benedictino Andrea Bina; Filippo Cecchi (1822-1887), escolapio, realizó investigaciones sobre el electromagnetismo, la telegrafía, la meteorología y la sismología. El P. Giusseppe Mercalli (1850-1914), geólogo, realizó importantes investigaciones en vulcanología y sismología, y es creador de la escala que lleva su nombre, que mide la magnitud de los sismos según sus efectos, no la intensidad como la de Richter.


    El jesuita Lorenzo Hervás y Panduro (1735-1809) es padre de la lingüística comparada por ser autor de vocabularios políglotas y ensayos sobre numerosas lenguas. Por su parte, Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), franciscano, es padre de la etnografía, con su monumental Historia de las cosas de Nueva España, en cuyos doce volúmenes expone con gran lujo de detalles la historia y costumbres de los indios mexicanos.


    No podemos olvidarnos del abate Gregor Mendel (1822-1884), cuyos experimentos con legumbres lo llevaron a establecer las leyes de la genética.


    El P. Armand David (1826-1900), naturalista además de misionero en Asia, descubrió y describió numerosas especies animales y vegetales, entre ellas el panda.


    El P. Eugenio Barsanti, escolapio, inventó en 1853 el primer prototipo de motor de combustión interna.


    El P. Roberto Busa (1913-2011), tras haber compilado laboriosamente la obra de Santo Tomás de Aquino durante unos cincuenta años, inventó el hipertexto para poder relacionar los contenidos y estudiarlos mejor, y convenció a IBM de que las computadoras podían servir también para trabajar con textos, no sólo con números.


    El arte es la representación de la belleza, que es uno de los atributos de Dios. Cuando el arte glorifica a Dios alcanza sus mayores cumbres, y así, vemos que aunque en el arte secular puede haber magníficas obras, cuando lo que se busca es glorificar a Dios, aunque sean obras de tema secular se producen auténticas maravillas. Indudablemente, la arquitectura alcanzó la cumbre con el arte gótico, en el que la piedra se vuelve alabanza a Dios y Biblia en piedra que catequiza a los fieles. Todo es armónico y contribuye a la gloria de Dios y la edificación de los fieles. A su manera, el arte barroco también glorifica a Dios y constituyó otra cumbre del arte en la construcción y decoración de los templos, llegando a su máximo esplendor en el barroco hispanoamericano. Ha habido también religiosos que han destacado en la pintura, como Fra Angelico, Fra Filippo Lippi o Fray Juan de la Miseria, autor del más célebre retrato de Santa Teresa, y el arte pictórico no sería ni de lejos que es si no hubiera habido un Murillo, un Zurbarán, un Greco y tantísimos otros artistas seculares que manejaron el pincel para la gloria de Dios.


    Otras modalidades artísticas, como la pintura y la escultura, deben también muchísimo al arte sacro, y de hecho, hasta la llegada del Renacimiento el arte fue esencialmente religioso. En cuanto al teatro, podemos decir que el teatro pagano desapareció en tiempos de Constantino porque no era un esparcimiento edificante, pero reapareció con la monja Roswitha de Gandersheim, que vivió en torno al año 1000 y fue autora de numerosas obras poéticas y dramáticas de tema moral y religioso en las que demuestra su gran familiaridad con los escritos de los Padres y con los clásicos latinos, así como sus conocimientos de matemáticas y otras ciencias.


    La notación musical actual y el tetragrama, precursor del pentagrama, se los debemos al benedictino Guido de Arezzo (991-1050). El canto gregoriano, la cumbre más alta alcanzada en la música litúrgica, es fruto también del monacato. Juan Sebastián Bach no era católico, pero como dice el musicólogo y profesor de filosofía tomista Carlos Nougué, Bach vivió en un mundo que hasta hacía pocos años había sido católico y estaba impregnado de catolicismo. Por eso todavía había belleza en la música, y a pesar de vivir en un ambiente luterano, Bach era un cristiano muy sincero y ferviente que siempre buscaba la gloria de Dios. Es conocida su afirmación de que «el fin último de la música debe ser la gloria de Dios y el deleite del alma; cuando esto no se tiene presente, el resultado es estruendo y cacofonía». Realmente, con Bach la música alcanzó unas cotas nunca superadas por otros músicos en cuanto a belleza y armonía. Siempre albergo la secreta esperanza de que antes de morir tuviera algún momento de lucidez para morir reconciliado con Dios. Si en el último momento pidió perdón a Dios por sus faltas, lógicamente se le perdonó también la de ser protestante, ignorancia muy probablemente invencible en su caso por haberse criado en la Alemania del norte. No tengo forma de saberlo, pero su hijo Johann Christian se trasladó a Italia, donde tuvo oportunidad de ver lo que es el catolicismo en realidad, a diferencia de lo que le habían enseñado en su país natal, y se convirtió y vivió allí hasta el final de su vida componiendo una música que, ya clásica en vez de barroca, no tiene mucho que envidiar a la de su padre aunque haya sido eclipsado por éste. Y desde luego, no podemos olvidarnos de los sacerdotes que han hecho grandes aportes a la música, sacra o no, como Antonio Vivaldi, uno de los grandes nombres del barroco, a los que podemos añadir, también en el mismo periodo, nombres como Francisco Guerrero, Tomás Luis de Victoria y Cristóbal Morales, junto con innumerables compositores laicos católicos que han creado grandes obras, tanto litúrgicas como profanas, y que no enumeramos para no alargar demasiado este escrito, ya bastante extenso.


    Y aunque se salga del ámbito de la ciencia y la cultura, no me resisto a la tentación de hablar de los gremios, instituciones laicas pero empapadas de espíritu cristiano que moldearon la sociedad desde la Edad Media, la más cristiana de las épocas (y por lo mismo, la más difamada). Los trabajadores de las diversos oficios se agrupaban en estos cuerpos intermedios bajo la advocación de un santo (de ahí viene que cada profesión tenga su santo patrón). Al contrario que los sindicatos independientes de hoy, de inspiración liberal y marxista y movidos por intereses políticos partidarios, que promueven la lucha de clases y que por justas que sean sus reivindicaciones utilizan métodos como la huelga que hacen de la sociedad un rehén, en los gremios y guildas de los tiempos medievales y renacentistas trabajadores y patronos acordaban reunidos en torno a una misma mesa las condiciones más justas de trabajo y los precios a cobrar, enseñaban el oficio a los hijos de los trabajadores, ayudaban y cuidaban a los enfermos (en muchos casos tenían sus propios hospitales) y daban ayudas económicas a las viudas de sus asociados. No existía un Estado laico como hoy en día con su burocrática maquinaria de seguridad social, sino que cuerpos intermedios como los gremios, con un espíritu más cristiano y de familia, hacían una sociedad más justa. No eran obreros, sino artesanos que se esmeraban en su trabajo (era impensable la obsolescencia programada), laborando en talleres familiares en vez de en gigantescas colmenas como las fábricas actuales y con todo regulado para que todos pudieran ganarse la vida dignamente sin hacerse la competencia. Pero la Revolución Industrial, la Revolución Francesa y la legislación liberal del siglo XIX acabaron por toda Europa con esta institución cristiana, creando injusticia y desigualdad y dando paso a movimientos marxistas y anarquistas.


    Hemos presentado muy someramente algunos de los casos más destacados, y sin duda nos habremos dejado muchos nombres en el tintero, pero si el tiempo y el espacio hubieran dado para más habría suficiente para completar un grueso volumen. Esperamos haber facilitado al lector municiones suficientes para neutralizar los típicos ataques de los enemigos de la religión. Ellos siempre atacan con tópicos y generalizaciones, vaguedades, pero la mejor apologética es precisa; se sirve de datos concretos como nombres, fechas y lugares.


    https://adelantelafe.com/la-religion...eso-y-cultura/
    Valmadian y Pious dieron el Víctor.

  3. #3
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    Re: «La edad de la penumbra», un bulo

    La Historia no la escriben los aficionados, sino gentes bien preparadas y documentadas. Muchas de las atrevidas afirmaciones de esta periodista, que ha debido tomar como ejemplo a Dan Brown a la hora de forrarse, se fundamentan en simples falacias, facilonas falacias, pero me llama especialmente su osadía propia de su misma ignorancia, cuando afirma sin rubor alguno que la Historia del Cristianismo de los primeros siglos se corresponde a uno de los periodos desconocidos de la Historia.

    Me he entretenido en un simple ejercicio de sentido común, he puesto en la barra de búsqueda de GOOGLE estos términos:

    ¿cuánta bibliografia hay sobre el cristianismo de los cuatro primeros siglos?

    Y me han salido 21.200.000 resultados.

    Siguiendo con el mismo procedimiento, los términos usados han sido éstos:

    causas de la caida del imperio romano de occidente

    Con 78.200 resultados.

    Pero si lo que se pide son:

    causas de la decadencia de Roma

    Se obtienen 2.610.000 resultados.

    En resumen, estamos ante un nuevo negociete editorial, en este caso de Editorial TAURUS y, no obstante, al parecer si llevó a cabo estudios clásicos habiendo ejercido la docencia sobre ellos, aunque este último aspecto no está claro, antes de dedicarse al periodismo (se ve que el sueldo no le daba para mucho):

    https://www.panmacmillan.com/authors...4-08d5dcdae303

    Y peor es la propaganda gratuita que se le ha hecho en Telefónica, pues cuidado porque tal vez los católicos españoles deberíamos cambiar a otras compañías de telecomunicación, a mi, hoy mismo, me han ofrecido todos los servicios completos en Orange garantizándomelos todos y a un coste muy inferior. Y es que no se puede morder la mano del que te da de comer.

    En cualquier caso, toda esta propaganda es una muestra en si misma de la "falacia argumento ad verecumdiam", con eso ya está todo dicho.

    https://es.wikipedia.org/wiki/Argumento_ad_verecundiam
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  4. #4
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    Re: «La edad de la penumbra», un bulo

    Para quien esté interesado en la Historia de Gracia y Roma, a continuación tiene disponible la descarga en PDF de 50 libros totalmente gratis:

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    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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    Re: «La edad de la penumbra», un bulo

    Me pregunto si habrá leído a Mommsen y se habrá inspirado en su Historia de Roma por la que obtuvo el Nöbel en 1902. Y es de esperar porque no es posible que este historiador, miembro de una docena de academias, no se enterase de cuales fueron las causas de la decadencia y desaparición del Imperio Romano de Occidente, al tiempo que el Imperio Romano de Oriente, que fue imperio cristiano, duró nada más que hasta el año de Nuestro Señor de 1453.

    https://es.wikipedia.org/wiki/Theodor_Mommsen


    Esta señorita debería dedicar su esfuerzo a cuestiones menos profundas, por ejemplo a la moda. Algo extensivo también para sus patrocinadores.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

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    Re: «La edad de la penumbra», un bulo

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Para quienes estén interesados en el Cristianismo en Roma, que no duden en descargar y leer -desde el capítulo introductorio "In Memoriam"-, todo el documento siguiente en PDF elaborado por catedráticos, no por aficionados.

    https://web-argitalpena.adm.ehu.es/pdf/UWEB0145884.pdf
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

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