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Tema: Los católicos sí creemos en el limbo

  1. #1
    Chanza está desconectado Miembro graduado
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    Los católicos sí creemos en el limbo

    Madrid, 24 abril 2007. Los medios han aireado estos días un documento de la Comisión Teológica Internacional que llevaba tres años estudiando, al parecer, la existencia del limbo. Tal documento viene a cuestionar su existencia; prácticamente, a negarla. ¿Es posible dejar de creer hoy lo que siempre se nos había enseñado? En Artículos de FARO, una respuesta documentada y contundente: "Los católicos sí creemos en el limbo".



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  2. #2
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    CRISTIÁN YÁÑEZ DURÁN está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Estimado CHANZA:

    Gracias por el artículo.

    Esta noticia no viene sino a confirmar la consecuencia más previsible de la doctrina herética del Misterio Pascual, o sea la ineficacia del Bautismo en cuanto regenerador y justificador; viniendo a constituirse en mero "signo" de pertenencia al "Pueblo de Dios", tal como lo consideran los modernistas y sus delirios del conciliábulo Vaticano II.

    Debemos rezar y pedir a Nuestra Señora que nos alcance las gracias necesarias, primero para no perder la esperanza y en segundo lugar, para evitar, en cuanto nos sea pertinente, que esta blasfemia contra el Sacrificio de Nuestro Salvador cause aún más confusión y defección, especialmente entre los católicos menos formados, tan abrumadoramente abundantes hoy en día.

    Atte. C.YÁÑEZ D.

  3. #3
    Avatar de Cirujeda
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Estimados:

    ¿Cuál es la apoyatura bíblica del limbo?

    Muchas gracias anticipadas.
    "La Verdad os hará libres"

  4. #4
    Chanza está desconectado Miembro graduado
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Cita Iniciado por Cirujeda Ver mensaje
    Estimados:

    ¿Cuál es la apoyatura bíblica del limbo?

    Muchas gracias anticipadas.
    No me lo tome por descortesía; pero he de responderle que a mí la "apoyatura bíblica" me trae sin cuidado. Me limito a creer lo que la Iglesia enseña. Si lee el artículo cuyo enlace se da al principio de esta tira, queda bastante claro.

  5. #5
    Avatar de Cirujeda
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    No, no me lo tomo por descortesía; le agradezco en cualquier caso su respuesta.

    De todas formas, si me lo permite, le puedo razonar brevemente por qué me interesan las apoyaturas exegéticas y teológicas: Por inquietud misionera.

    Sr. Chanza, para usted y para mí, la Iglesia tiene credibilidad. Ambos creemos lo que la Iglesia nos dice. Pero, en mi opinión, los argumentos de autoridad sólo valen para aquellos que, previamente, han reconocido esa autoridad.

    Si tengo que hablar del limbo a un marxista, un musulmán o un apóstata y, al mismo tiempo, quiero que mis palabras iluminen a esa persona, no me puedo limitar al argumento de autoridad. Por tanto, no me basta con saber qué es lo que enseña la Iglesia y adherirme a ello; además, necesito comprenderlo para explicarlo y que resulte creíble para otros.
    ReynoDeGranada dio el Víctor.
    "La Verdad os hará libres"

  6. #6
    Avatar de CRISTIÁN YÁÑEZ DURÁN
    CRISTIÁN YÁÑEZ DURÁN está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Estimado CIRUJEDA:

    Tomando en consideración que CHANZA a respondido perfectamente a su duda, puesto que todo lo que los católicos creemos lo tenemos por cierto porque nos lo ha transmitido la Iglesia y no por su sustento en la Sagrada Escritura, aprovecho de responderle que, aparte del "Seno de Abraham (adonde iban los justos después de morir, antes de la Redención), nada se habla del Limbo en la Sagrada Escritura. Sin embargo, y siguiendo el principio de san Vicente de Lerins de que hemos de creer "Lo que ha sido creido por todos, siempre y en todas partes", la creencia en el Limbo es parte de la doctrina de la iglesia. En efecto, aparece explícitamente enseñada en el fidelísimo catecismo del R. P. Padre Astete y, por otra parte, cabe señalar que su consideración como fábula por parte de los herejes jansenistas fue incluída dentro de la condenación (magisterio pontificio de la Iglesia) del conciliábulo de Pistoya, en 1794 por S.S. Pío VI, siendo calificada en el mismo documento como "falsa, temeraria e injuriosa".


    Atte. C.YÁÑEZ D.

  7. #7
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Y tampoco creo, Cirujeda, que a un musulmán, un marxista o un apóstata (ejemplos que pones) le sirviera de nada que hubiera fundamento bíblico de la existencia del Limbo, porque la Biblia carece de valor alguno para ellos. En todo caso podría servirte con un evangélico, porque cree en la Sola Scriptura y no da valor a la Tradición, a pesar de que la Tradición se fundamenta perfectamente en las Escrituras, lo mismo que a las Escrituras las avala la Tradición (es más, gracias a la Tradición tenemos las Escrituras canónicas). Y es lógico, porque siendo los dos pilares que sustentan la fe, no pueden contradecirse, sino que en todo caso se complementan mutuamente llenando una las lagunas de la otra.
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  8. #8
    Avatar de Cirujeda
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Conocer en qué se apoya una enseñanza de la Iglesia es importante para lograr su comprensión. A mayor comprensión, mayor autoridad en la explicación. Y, también, mayor capacidad de síntesis.

    Si tengo que explicar a mis hijos la transubstanciación, no les voy a contar que Santo Tomás bebe de Aristóteles, pero sí me interesa conocerlo para, al explicarlo de forma que ellos lo entiendan, no transmitir errores de detalle o, incluso, de fondo.

    Un saludo.
    "La Verdad os hará libres"

  9. #9
    Avatar de Cruzado Furioso
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Doctrina católica sobre el Limbo





    Enseña la Constitución Apostólica de Juan Pablo II Fidei Depositum (11 de octubre de 1992) para la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, 4: «Este Catecismo no está destinado a sustituir los catecismos locales aprobados por las autoridades eclesiásticas, los obispos diocesanos o las Conferencias episcopales, sobre todo si han recibido la aprobación de la Sede Apostólica».

    El propio Catecismo de la Iglesia Católica, punto ante 2052, a propósito de la fórmula catequética de los diez mandamientos, cita en la nota a pie de página número 274 el «Catechismus Catholicus, cura et studio P. Card. Gasparri concinnatus (Typis Polyglottis Vaticanis 1933)», siendo que «las citas, en letra pequeña, de fuentes patrísticas, litúrgicas, magisteriales o hagiográficas tienen como fin enriquecer la exposición doctrinal» (Catecismo de la Iglesia Católica, 21).

    Veamos qué enseña a propósito del Limbo el Catechismus Catholicus del Emmo. y Rvdmo. Sr. Card. Pietro Gasparri,que constituye una obra de primer orden como resumen de la doctrina cristiana; catecismo «aprobado por la Sede Apostólica», publicado por la mismísima Typis Polyglottis Vaticanis en 1933 y que ha merecido ser citado como «fuente de enriquecimiento de la exposición doctrinal» del actual Catecismo de la Iglesia Católica:




    Catechismus Catholicus
    cura et studio P. Card. Gasparri concinnatus
    (Typis Polyglottis Vaticanis 1933)

    Cap. IX. De los sacramentos.
    Sección 2ª. De los sacramentos en particular.
    Art. 1. Del sacramento del Bautismo.

    359. ¿Qué será del alma de aquellos que mueren sin Bautismo, con solo el pecado original?

    «El alma de aquellos que mueren sin Bautismo, con sólo el pecado original, carece de la visión beatífica de Dios a causa de este pecado, pero no sufre las otras penas con que son castigados los pecados personales.

    El lugar y el estado de estas almas suele llamarse Limbo, muy diverso del Limbo de los Santos Padres de que se habla en la pregunta 106».

    106. ¿Qué se entiende aquí por infiernos?

    «Por infiernos se entiende aquí no el Infierno, ni el Purgatorio, sino el Limbo de los Santos Padres, donde las almas de los justos esperaban la redención prometida y ardientemente deseada».

    Aclaración V, pregunta 359 (Catecismo Católico)

    «Acerca de los niños que mueren con sólo el pecado original, es hoy común la doctrina expuesta en el catecismo, a saber: que carecen de la visión beatífica y así sufren la pena debida al pecado original, esto es: la pena de daño; pero no la pena de sentido, que es la que corresponde al pecado personal. Esto supuesto, cabe preguntar si tienen noticia de la privación de la visión beatífica, y si se responde afirmativamente, si sienten o no dolor por ello. En esta cuestión no todos los teólogos son de idéntico parecer.

    En primer lugar está la opinión de Santo Tomás. El Angélico había enseñado [Sum. Theol., in 2, dist. 33, q. a. 2] que las almas de los niños saben que están privadas de la vida eterna, y la causa por que lo están; pero no por ello sienten aflicción alguna. Pero después, en De malo, q. 5, a. 3, mudó de parecer, aunque saca la misma conclusión: a saber, las almas de los niños son castigadas con la misma privación de la visión beatífica, y por esta privación, que ignoran, no sufren dolor ninguno:

    “Las almas de los niños no están en verdad privadas del conocimiento natural, como corresponde a un alma separada en conformidad con su naturaleza, pero carecen del conocimiento sobrenatural, que aquí se nos infunde por la fe, puesto que no tuvieron la fe en acto, ni recibieron el sacramento de la fe.

    Ahora bien, pertenece al conocimiento natural el que el alma sepa que ha sido creada para la felicidad, y que la felicidad consiste en la consecución del bien perfecto. Pero supera el conocimiento natural el saber que este bien perfecto, para el cual fue creado el hombre, es la gloria que poseen los Santos.

    Por eso dice el Apóstol que ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre alguno por el pensamiento cuáles sean las cosas que Dios tiene preparados para aquellos que le aman, a lo cual añade: ‘A nosotros, empero, nos lo ha revelado Dios por medio de Su Espíritu’; la cual revelación pertenece en verdad a la fe.

    Y por lo tanto las almas de los niños no saben que están privadas de tal bien, y por esto no sienten de ello dolor, mas poseen sin dolor lo que tienen por naturaleza”.

    Este parecer no fue admitido por otros teólogos. Así Belarmino [...] y los wiceburguenses [...]. Nosotros, en el catecismo, hemos enseñado en esta controversia lo que los teólogos admiten comúnmente, apoyados en la autoridad de Inocencio III, Pío VI, Pío IX».

    Textos de los Romanos pontífices, 359 (Catecismo Católico)

    Inocencio III, Epist. Maiores Ecclesiae causas, sub finem 1201, ad Ymbertum Archiep. Arelatensem (Decretales Gregorii IX, l. III, tit, 42, cap. 3):

    «... La pena del pecado original es la privación de la vista de Dios; la pena del pecado actual es el tormento del infierno eterno».

    Pío VI, Const. Auctorem fidei, 28 agto. 1794, prop. 26 inter damnatas, contra errores Synodi Pistoriensis (Bullarii Romani Continuatio, ed. Taurinem., XV, 2711 s.):

    «Es falsa, temeraria, injuriosa a las escuelas católicas la doctrina que rechaza como pelagiana aquel lugar de los infiernos, designado generalmente por los fieles con el nombre de limbo de los niños, en el que son atormentados con la pena de daño, mas no con la de sentido, las almas de los que mueren con la culpa original, como si por el mismo hecho de excluir la pena de fuego, indicasen que aquel lugar es como un estado medio, libre de culpa y de pena, entre el reino de Dios y la eterna condenación, según imaginaron los pelagianos».

    Pío IX, Enc. Quanto conficiamur, 10 agto. 1863, ad episcopos Italiae (Acta Pii IX, I, 111, 613):

    «Y aquí, amados Hijos Nuestros y venerables Hermanos, conviene recordar y reprobar de nuevo un error gravísimo, en el que han caído miserablemente algunos católicos, según los cuales pueden alcanzar la vida eterna los hombres que viven en los errores y lejos de la verdadera fe y de la unidad católica. Lo cual ciertamente se opone en gran manera a la doctrina católica.

    Es cosa sabida de Nos y de vosotros que los que se encuentran en ignorancia invencible respecto de la santísima religión y guardan diligentemente la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en todos los corazones, llevando una vida honesta y recta, pueden conseguir la vida eterna en virtud de la luz y gracia divinas, porque Dios, que ve perfectamente, escruta y conoce la mente, el ánimo, los pensamientos y los hábitos de todos, no permitirá en modo alguno por Su suma bondad y clemencia, que sea castigado con las penas eternas quien no haya cometido culpa voluntaria.

    Pero es también conocidísimo el dogma católico que ninguno puede ya salvarse fuera de la Iglesia católica, y que no pueden conseguir la salud eterna los rebeldes a la autoridad y a las definiciones de la misma Iglesia, y los pertinaces en la separación de la unidad de la misma Iglesia, y del sucesor de Pedro, el Pontífice Romano, a quién confió el Salvador el cuidado de la viña».
    Última edición por Cruzado Furioso; 27/09/2007 a las 18:00
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  10. #10
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    O Limbo

    16/09/2011 por Rodrigo Cassio Rodrigues

    .
    O LIMBO: UMA DOUTRINA INCONTESTÁVEL CONFUNDIDA PELA “NOVA TEOLOGIA”
    .
    Depois do nosso artigo “Magistério desprezado — o Batismo das crianças e o limbo” (Sim sim Não não de abril de 1996 p.1), recebemos a seguinte correspondência do Rev. Pe. Sulmont ? carta publicada no Boletim Paroquial de Domqueur de novembro de 1995 (suplemento do Boletim n°287, p. 1):
    Domqueur, 25 de outubro de 1995
    Senhores,
    Li seu artigo em SiSiNoNO do mês de outubro..
    Sem dúvida, estou inteiramente de acordo com sua posição sobre a necessidade de batizar as crianças, como ensinam o Magistério infalível da Igreja, todos os Concílios, toda a tradição, inclusive o Credo de Paulo VI, de 30 de junho de 1968.
    Entretanto, permitam-me ser menos categórico a respeito do limbo e da sorte das crianças mortas sem Batismo.
    O limbo das crianças é uma conclusão teológica que não é de Fé divina mas somente de Fé eclesiástica, segundo a classificação que me foi outrora ensinada no Seminário.
    Dito de outra forma, o limbo não faz parte da Revelação contida no Evangelho. Quando Cristo diz a Nicodemo ‘ninguém, se não renasce da água e do Espírito Santo, pode entrar no reino de Deu´ (Jo. III, 5), funda o Batismo, mas Ele fala a pessoas que não são ainda batizadas e os próprios apóstolos não o estavam ainda, como se acredita.
    Necessita-se, assim, um certo tempo para que o sacramento do Batismo seja generalizado: o reino de Deus se instaurará aqui, pouco a pouco.
    O limbo, ou melhor, as franjas do reino de Deus, existe na terra, para a Igreja, antes que a evangelização se tenha realizado plenamente em seus fiéis.
    Guardei a lembrança da morte de parto de uma mãe há alguns anos, e vejo ainda o pequeno caixão da sua filhinha, chamada Aurora, posto ao lado da mãe, que era boa cristã.
    O senhor pensa que Deus possa abrir o céu à mãe, dar-lhe a bem-aventurança, e fechar a porta ao seu bebê, enviando-o a algum outro lugar?
    Ainda que uma mãe pudesse esquecer seu filhinho, Deus não esquece os seus.
    Parece-me que a solução do limbo não leva suficientemente em conta o dogma da Comunhão dos Santos que está no Credo.
    Em todos os tempos, e desde o Antigo Testamento, os fiéis admitem que a morte permite o reencontro com seus pais. Os laços naturais da família não são definitivamente rompidos. Os méritos dos santos não podem ser atribuídos, com prioridade, aos membros de sua família natural e àqueles que eles amaram na terra? Senão a caridade seria uma virtude descontínua.
    Eis o que sugiro: talvez os senhores possam dar-me sua opinião sobre esse assunto difícil do limbo.
    De qualquer maneira, estou de acordo com os senhores em combater, o mais energicamente possível, o retorno da heresia de Pelágio e a inadmissível teoria da escolha pessoal do Batismo unicamente para os adultos.
    O pelagianismo é hoje uma praga: a negação do pecado original, o culto do Homem, os sacramentos laicizados, o desprezo da graça de Deus em benefício de truques; ignora-se o texto do Evangelho: “Não foram vós que me escolheram, mas eu, diz Jesus, que vos escolhi” (Jo, XV, 16).
    Cordialmente,
    Pe. Sulmont
    Por seu lado, uma leitora nos escreve:
    Rev. Pe.,
    [...] o artigo a respeito do Batismo das crianças e o limbo, no seu último número, fez-me refletir de novo.
    Minha cunhada, por ocasião de uma intervenção cirúrgica, estando grávida de quatro meses, pediu que o feto fosse batizado, no caso de… Tendo sido mudada a equipe cirúrgica (durante a noite), não se fez o que ela tinha pedido.
    À uma pergunta feita a [...] me responderam que não havia, nesse caso, Batismo de desejo, porque não se podia intervir da mesma maneira para um adulto, que deveria acusar seus pecados.
    Permita-me refazer a pergunta ao mesmo tempo em que formulo esta outra: Como encarar, nesse particular, a questão do Juízo Final?
    Espero que o senhor me esclareça sobre esse ponto delicado, sabendo que no fm do mundo haverá aqueles que terão (feito…) e os que não terão (feito…) em função de sua vontade livre e esclarecida, e lhe peço que aceite, com meus agradecimentos antecipados, a expressão do meu respeito.
    Carta assinada
    Respondemos aqui a essas duas cartas.
    UMA “DOUTRINA COMUM DA IGREJA”
    “… permitam-me ser menos categórico a respeito do limbo e da sorte das crianças mortas sem Batismo”. (Pe. Sulmont).
    Não se trata aqui de ser mais ou menos “categórico”. Trata-se, ao contrário, de manter a doutrina ensinada durante séculos, até às vésperas do Concílio Vaticano II, pela maioria dos Pastores, doutrina adotada pela maioria dos teólogos, acreditada por todo o povo cristão. Separar-se dela significa separar-se da doutrina comum para aderir a essas vozes discordantes e isoladas, que não faltaram em diversos períodos, no curso dos séculos, mas que se mostraram inconciliáveis com a Revelação divina ou que permaneceram como hipóteses, piedosas e caritativas, se quiserem, mas que não são fundadas sobre qualquer revelação.
    Em 1935, padre J. Webert, O.P. escrevia: “Se, no curso dos tempos, houve entre os teólogos certas hesitações ou obscuridades, a doutrina da Igreja está doravante bem determinada sobre a existência do Limbo, como lugar onde repousarão eternamente as almas daqueles que morreram somente com o pecado original” (L’au dela, notas e apêndices à tradução francesa da Suma Teológica de São Tomás de Aquino, ed. Desclée). O próprio Häring, que nega o limbo das crianças, reconhece que se trata de “uma doutrina comum da Igreja” (Famiglia Christiana 27 de maio de 1975) e todos os teólogos a reconhecem como tal.
    Ora, um padre deve estimar no seu justo valor o peso — no domínio doutrinário — de um consenso tão longamente mantido e tão unânime na Igreja, consenso que, por sua aceitação tranqüila e sua duração, compromete a própria infalibilidade da Igreja tanto “in docendo” quanto “in credendo”.
    A isto, deve-se acrescentar o favor, tácito ou expresso, do Magistério Pontifício que, pela boca de Pio VI, defendeu como ortodoxa a crença no limbo contra o concílio herético de Pistóia: “O papa declara falsa, temerária, injuriosa às escolas católicas, a proposição segundo a qual deve ser rejeitado como uma fábula pelagiana o lugar dos infernos, chamado vulgarmente limbo das crianças, no qual as almas daqueles que morrem somente com o pecado original são punidas com a pena de dano [privação da visão de Deus] sem a pena do fogo” (DB 1526).
    Assim, em 1954, nas vésperas do Vaticano II, os padres jesuítas espanhóis na sua Sacrae Theologiae Summa (BAC, Madri) escreviam que “etsi de limbo plures sunt quaestiones, ejus existentia certo tenenda est [em itálico no texto] quamvis non sit doctrina de fide definita”. “Apesar de haver várias questões [a resolver] sobre os limbos, sua existência deve ser tida por certa, conquanto não haja uma fé definida” (vol. II De sacramentis p. 150). E depois de ter examinado e refutado as diversas objeções e hipóteses sobre o destino das crianças mortas sem Batismo, estes padres jesuítas lembravam o gravíssimo julgamento de Santo Agostinho: “Noli credere nec docere infantes antequam baptizantur morte praeventos pervenire posse ad originalium indulgentiam peccatorum, si vis esse catholicus [em itálico no texto]”. “Quem quer ser católico, não creia, nem diga, nem ensine que as crianças colhidas pela morte antes de serem batizadas podem obter a remissão do pecado original” (Ibid.)
    .
    UM ERRO
    “O limbo das crianças é uma conclusão teológica que não é de Fé divina mas somente de Fé eclesiástica, segundo a classificação que me foi outrora ensinada no Seminário” (Pe. Sulmont).
    Sentimos muito ter que dizer que o Pe. Sulmont é aqui “categórico” e que está em erro, e isso por vários motivos. O limbo é, realmente, uma conclusão teológica, mas não uma conclusão teológica de Fé eclesiástica, sem que a Igreja tenha ainda se pronunciado sobre a questão (e veremos por que) de maneira solene e definitiva. Contudo, fosse a doutrina sobre o limbo de Fé eclesiástica, como crê nosso leitor, sua certeza seria “infalível como nos casos dos verdadeiros dogmas” (L. Ott Compendio di teologia dogmatica, Marietti 1955 p.22) e, portanto, o argumento segundo o qual o Limbo “não seria de Fé divina mas somente de Fé eclesiástica” não tem nenhum peso, em realidade.
    .
    SENTENTIA AD FIDEM PERTINENS
    “Dito de outra forma, o limbo não faz parte da Revelação contida no Evangelho” (Pe. Sulmont).
    Infelizmente, não estamos de acordo com nosso reverendo leitor. O limbo é uma conclusão teológica como, aliás, ele mesmo o diz e, por conseguinte, justamente por ser uma conclusão teológica, é uma verdade virtualmente ou implicitamente revelada, como o ensina qualquer manual de teologia: “Chama-se conclusão teológica uma verdade religiosa deduzida de duas premissas, das quais uma é formalmente revelada e a outra é conhecida unicamente pela razão. Sendo tais verdades derivadas de uma raiz da Revelação, são ditas virtualmente reveladas (virtualiter revelatae)” (Bartmann Manuale di teologia dogmática, vol. I, ed. Paoline 1949, p. 20).
    Por esta relação teológica com a Revelação divina, a conclusão teológica, antes mesmo de ter sido pronunciada definitivamente pela Igreja, é chamada “sententia ad fidem pertinens”, sentença que pertence à Fé. Não seremos, portanto, tão categóricos para concluir como nosso leitor que “o limbo não faz parte da Revelação, contida no Evangelho”.
    .
    UMA OPINIÃO “MUITO SINGULAR”
    “O limbo, ou melhor, as franjas do reino de Deus, existe na terra, para a Igreja, antes que a evangelização se tenha realizado plenamente em seus fiéis” (Pe. Sulmont).
    E é assim que os limbos são completamente negados. Não se trata aqui, de fato, do destino das crianças mortas sem Batismo e que seus pais tenham desejado batizá-las, trata-se sim da própria existência do limbo. Não vemos como essa opinião totalmente pessoal, que situa o limbo “aqui em baixo”, sobre a terra, possa conciliar-se com o Evangelho: “Ninguém, se não renasce da água e do Espírito Santo, pode entrar no Reino de Deus” (Jo. 3,5), e com dois mil anos de reflexão teológica “in eodem sensu et eadem sententia” sobre a sorte das crianças mortas sem Batismo e com os documentos do Magistério infalível da Igreja. Se o limbo existe somente “aqui em baixo” e não existe depois da morte, quer dizer que jamais haverá o caso de almas que morrem unicamente com o pecado original, mas somente almas dignas ou do Céu (com seu anexo, o Purgatório) ou do Inferno, por terem morrido não somente com o pecado original, mas também com pecados pessoais. As definições infalíveis da Igreja, ao contrário — todas sem exceção — consideram certo que existem almas que morrem somente com o pecado original: na profissão de Fé de Michel Paleólogo e em todas as profissões de Fé impostas aos orientais (Dz. 387, 588, 870, 875), no Concílio de Lyon e no de Florença (DB 464) distingue-se sempre entre os que morrem em estado de pecado mortal e os que morrem “somente com o pecado original” (isto é, as crianças e os dementes não batizados). Daí a conclusão lógica, tirada pelos teólogos, da existência de um lugar especial que acolhe essas almas depois da morte.
    Além disso, uma vez negado o limbo depois da morte com a finalidade de salvar as crianças cujos pais desejaram ardentemente o batismo, faltaria estabelecer onde vão terminar as outras crianças, inclusive as dos infiéis, cujos pais não desejaram batizar, nem mesmo vagamente. Não chegaríamos, por este caminho, a negar a própria verdade revelada, da qual o limbo não é senão uma conseqüência lógica, a saber, a necessidade absoluta do Batismo para todos? Ficaremos por aqui. Acrescentemos somente que a Igreja, hoje, sofre com opiniões “muito pessoais”. Evitemos, nós que queremos ser filhos fiéis da Igreja, dela sair.
    .
    UMA PERGUNTA DESRESPEITOSA PARA COM O MAGISTÉRIO E A TEOLOGIA CATÓLICA
    “Guardei a lembrança da morte de parto de uma mãe há alguns anos, [...] O senhor pensa que Deus possa abrir o céu à mãe, [...] e fechar a porta ao seu bebê, enviando-o a algum outro lugar?” (Pe. Sulmont)
    Essa pergunta nos parece, antes de tudo, e é o menos que se pode dizer, desrespeitosa para com tantos grandes teólogos católicos (incluindo Santo Agostinho e São Tomás de Aquino), como para com a Igreja que – como se exprime Pio XII em Humani Generis — “deu com sua autoridade, uma aprovação tão notável a sua teologia”. De fato, esses grandes teólogos — e a Igreja com eles — não se teriam dado conta de que o limbo faz injustiça à … bondade de Deus! Na realidade, os grandes teólogos bem sabiam que a visão direta de Deus é um dom totalmente gratuito (ninguém tem “direito” à graça e à glória), que ultrapassa infinitamente as exigências e as aspirações da natureza humana (coisa negada pela “nova teologia”) e que não é permitido, portanto, pedir contas a Deus quando Ele não concede a alguém as alegrias do Céu que, apesar de querer dar a todos, não deve a ninguém. Nossa geração orgulhosa parece ter esquecido isso, mas a palavra de Deus está aí para nos lembrar: “Ó homem, quem és para altercar com Deus? Será que o vaso de argila diz a quem lhe deu a forma: Por que me fizeste assim? O oleiro não é dono da sua argila, para fazer da mesma massa um vaso de honra e um vaso de ignomínia?” (Rm 9, 20-21). Ou ainda: “Não fostes vós que me escolheram, mas eu que vos escolhi” (Jo 15, 16) recordado pelo Pe. Sulmont na conclusão de sua carta e que é uma das várias passagens evangélicas que afirmam a soberana liberdade de Deus no plano da salvação. (Lembremo-nos também de: “Não sou livre de fazer dos meus bens o que quero?”, do dono da vinha, na parábola dos operários da última hora).
    É certo que Deus quer que todos os homens se salvem, mas o quer com uma vontade condicionada, não absoluta (como o quereria, contrariamente, a “nova teologia”), isto é, Ele o quer com a condição que os homens e as causas segundas, em geral, concorram para a obra de salvação e, se esse concurso falta, Deus não intervém distribuindo milagres, para enviar todos os homens ao Paraíso, a qualquer preço, violando a liberdade humana, mas deixa as causas segundas seguirem seu curso. Por isso muitas crianças morrem sem Batismo por negligência culpável dos pais e de outras pessoas (no caso exposto pela leitora, por falta de equipe médica precedente que não transmitiu à nova equipe a vontade da mãe). E mesmo se a negligencia não é evidente, como nesse caso, sempre se poderia procurar uma responsabilidade — segundo a hipótese plausível de um teólogo — na falta de utilização de todas as graças atuais que Deus distribui aos homens para que se cumpra perfeitamente seu plano de salvação. Com isto, não pretendemos que a questão esteja completamente resolvida: ela permanece sempre misteriosa para o homem porque, no fundo, trata-se de uma desigual repartição de graças, desigualdade da qual Deus se reserva o segredo. O que está dito, no entanto, basta para estabelecer que a existência do limbo não põe em questão a justiça, nem a bondade divina. Tanto é assim que, segundo o julgamento comum dos teólogos, se as alegrias do Céu são recusadas às almas do limbo (elas não lhes são devidas), as alegrias naturais, as mais elevadas, não se lhe são, no entanto, recusadas, alegrias que lhes asseguram uma felicidade pelas quais não cessam de agradecer a Deus.
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    UMA DOUTRINA CONSOLADORA
    Realmente, a reflexão teológica sobre os limbos, se estes são bem conhecidos (o que não parece o caso, segundo as cartas recebidas) oferece vários motivos de consolação aos pais cristãos aflitos.
    É certo que as almas do limbo sofrem objetivamente a pena do pecado original, que é “a privação da visão de Deus” (Inocêncio III, Dz. Enchiridion n° 341), mas é de julgamento comum dos teólogos que a justiça divina não permite que elas a sofram subjetivamente. Já havia dito Santo Agostinho que sua pena “é entre todas a mais doce” “omnium mitissima” (a dureza ulterior do doutor de Hipona é devida à controvérsia pelagiana). Foi em seguida, aprofundando a natureza do pecado original, que nos descendentes de Adão tem um caráter não de falta, mas de privação da graça, que os teólogos precisaram melhor a natureza da pena do limbo, puramente privativa também, e não aflitiva.
    Seu julgamento é assim ilustrado e defendido por São Tomás: “a mesma razão vale para a ausência de sofrimento sensível e para a ausência de sofrimento espiritual (para as crianças mortas sem Batismo).
    É sempre o gozo ilegítimo que merece sofrer, e o pecado original não o comporta: há, portanto, isenção de todo sofrimento.
    A terceira opinião admite que as crianças possuem um perfeito conhecimento de tudo o que pode ser conhecido naturalmente, sabem que estão privadas da vida eterna e sabem a razão, e, no entanto, não experimentam nenhum sofrimento. É o que se precisa explicar.
    A ausência de uma perfeição que o excede, não aflige aquele cuja razão é reta (é o caso das crianças mortas sem Batismo), por exemplo, não poder voar como os pássaros, não ser nem rei nem imperador, porque não há nenhum direito a isso; mas ele devia afligir-se por ser privado de um bem que lhe é proporcionado e ao qual é apto. Digo, pois, que todos os homens no uso de seu livre arbítrio são capazes de obter a vida eterna, porque podem preparar-se à graça, que é o meio para isso. Desde então, se faltam a ela, conservarão uma soberana dor por ter perdido o que eles poderiam possuir. Ora, essa capacidade sempre faltou às crianças: a vida eterna não lhes era devida por natureza, da qual excede totalmente as exigências, e por outro lado, não poderiam praticar nenhum ato pessoal, que as fizesse merecer tão grande bem. Portanto, elas não se afligem de nenhuma maneira por não ver a Deus, e de outra parte, gozam por participar em grande parte do bem do qual Deus é a fonte e possuir todos os dons naturais que recebem Dele.
    Não se pode atribuir-lhes a capacidade de obter a vida eterna por uma ação pessoal e nem tão pouco por uma ação externa; não se pode dizer que elas poderiam ter sido batizadas, como muitas outras o foram, e que assim viessem a gozar da visão de Deus. Porque, ser recompensado por uma ação que não é pessoal é o efeito de uma graça totalmente particular, que as crianças não se entristecem de não ter recebido, assim como um homem sensato não se entristece por não ter recebido muitas graças concedidas por Deus a outros homens”. São Tomás App.q.2 a.2. Tradução francesa: Revue des Jeunes, suppl: q.70 bis art.2).
    Em suma, se o limbo não é o Paraíso, também não é o inferno dos danados e, se lá as almas não gozam da visão beatifica, gozam, não obstante, de uma felicidade acidental secundária, possuindo sem dor bens naturais, de nenhum modo desprezíveis, e em primeiro lugar o conhecimento e o amor natural de Deus, como o explica São Tomás.
    “Apesar de que as crianças não batizadas estejam separadas de Deus, no que concerne à visão beatifica, elas não estão completamente separadas Dele. Ao contrário, estão unidas a Deus pela participação nos bens naturais e podem assim gozar Dele também pelo conhecimento natural e o amor natural” (In IV Sent. I.II, dist. XXX, q.II a.2 ad.5).
    Suarez, por seu lado, diz que as crianças mortas sem Batismo amam a Deus com um amor natural, acima de todas as coisas e gozam por estarem ao abrigo de todo pecado e de todo sofrimento (De peccatis et vitiis disp. IX sect VI).
    Lessius diz que elas possuem um conhecimento natural perfeito das coisas materiais e espirituais que as leva a amar soberanamente a Deus, mesmo se se trata de um amor natural, a abençoá-Lo e louvá-Lo por toda eternidade (inclusive por tê-las poupado do combate terrestre, cujo resultado é sempre incerto) (De perfect divin. 1 XII c. XXII n° 144 ss).
    O cardeal Sfondrati acrescenta que “Esse benefício da inocência pessoal e da exceção do pecado é tão grande que essas crianças prefeririam ser privadas da glória celeste a cometer um só pecado; e todo cristão deve ser desta opinião [como o foram, de fato, os Santos]. Portanto, não há lugar para queixas nem aflição a propósito dessas crianças, mas antes, convém louvar a Deus e agradecer-Lhe a esse respeito” (Nodus praedestinationis dissolutus, Roma 1687, p. 120).
    Como é evidente, para consolar os pais cristãos, aflitos com a morte de seus filhos sem Batismo, não é, de modo nenhum, necessário negar a existência do limbo; basta simplesmente instruí-los sobre sua doutrina. Gostaríamos também de lembrar aqui que o cônego Didiot, da Faculdade teológica, se diz “inteiramente disposto a crer que as relações entre o céu dos eleitos e o limbo das crianças são possíveis e mesmos freqüentes; que o laço de sangue conservará sua força na eternidade, e que a família cristã, reconstituídas no céu, não será privada da alegria de reencontrar e amar seus queridos participantes de um dia” (Mortos sem Batismo, Lille 1896 p. 60). Essa é somente uma hipótese pessoal e o autor a tem por tal, mas é uma hipótese que se harmoniza com o dogma e a doutrina tradicional.
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    PELOS MÉRITOS DE CRISTO E NÃO DOS SANTOS
    “Parece-me que a solução do limbo não leva suficientemente em conta o dogma da Comunhão dos Santos que está no Credo. [...] Os méritos dos santos não podem ser atribuídos, com prioridade, aos membros de sua família natural e àqueles que eles amaram na terra?” (Pe. Sulmont)
    Esta observação também é um agravo aos grandes teólogos da Igreja e a Ela mesma que não se teriam dado conta, todos, que a conclusão teológica sobre o limbo não está bem de acordo com o “dogma da Comunhão dos Santos que está no Credo”. Na realidade os grandes teólogos não estavam esquecidos, como parece esquecer-se nosso leitor, que a primeira graça (conferida justamente pelo Batismo e restituída eventualmente pela Confissão) é concedida pelos méritos de Cristo e não dos Santos e que a Revelação divina associa absolutamente a primeira graça ao Batismo (Jo 3, 5). Esse Batismo de água pode ser substituído pelo de sangue, como no caso dos santos inocentes, assassinados pelo ódio a Cristo, ou pelo de desejo que, consistindo em atos pessoais de Fé e de contrição, não pode, no entanto, ser dado aos recém nascidos (nem aos dementes).
    Não nos foi dado a conhecer outros meios de salvação, e é com justiça que os teólogos, unânimes, dizem que a uma lei tão geral e tão universal, revelada por Deus, como a do Batismo, não se pode admitir nenhuma exceção, se o próprio Deus não revelar a existência desta exceção (Sacrae theologiae Summa cit. e Dicionário de teologia católica, palavra batismo e limbo). Aí está porque todas as hipóteses sobre a questão, inclusive as piedosas, acabam por basear-se somente em razões de sentimento e carecem de fundamento sólido: “solido quidem fundamento carere”, como declara a seu respeito o Santo Ofício no Monitum de 18 de fevereiro de 1958 (AAS 50/1958, 114).
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    O JULGAMENTO UNIVERSAL
    Acreditamos ter assim respondido igualmente à segunda carta. Falta-nos somente responder a pergunta sobre o julgamento final. A questão não foi ignorada pela teologia católica. É verdade que o Evangelho sobre o julgamento final nada diz daqueles que não terão tido a possibilidade de “fazer ou não fazer”, mas não é permitido, de modo nenhum, deduzir daí que eles não existem. Para prová-lo há os documentos do Magistério infalível da Igreja, única à qual é dado explicar o verdadeiro sentido das Escrituras.
    Esses documentos, já mencionamos, colocam sempre numa categoria à parte, distinta dos bem-aventurados e dos danados, as almas que morrem “somente com o pecado original”, quer dizer, aqueles que, como as crianças ou os dementes, não tiveram a possibilidade de agir ou não agir em função da sua vontade livre e esclarecida. Se não se faz menção dessas almas no julgamento geral é simplesmente porque esse julgamento não lhes diz respeito: elas não serão julgadas, porque não há nada para julgar, uma vez que estas almas não tiveram a possibilidade nem de merecer nem de desmerecer. É por isso que, segundo alguns teólogos, as almas do limbo nem mesmo assistirão ao julgamento final e, ignorando a felicidade dos eleitos, não sentirão nenhum pesar. Segundo outros, ao contrário, elas terão conhecimento da felicidade dos eleitos, mas igualmente não sentirão desgosto, estando sua vontade perfeitamente conforme à vontade divina, que eles sabem ser sensata, justa e boa; ao contrário, vendo a danação dos reprovados, alegrar-se-ão por seu estado e agradecerão à bondade divina de lhes haver poupado misericordiosamente a prova terrestre, que pode terminar com o céu, mas também com o inferno (do qual os danados ficariam bem contentes se as portas do limbo se abrissem para eles). Segundo Santo Tomás e os tomistas, ao contrário, mesmo se as almas do limbo assistissem ao julgamento geral, a Providência continuaria misericordiosamente mantendo-os na ignorância da felicidade dos eleitos. Todos os teólogos, sejam quais forem, estão de acordo sobre o seguinte: que o texto do Evangelho acerca do julgamento final não põe obstáculo à conclusão teológica sobre o limbo.
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    UMA FÁCIL CONCLUSÃO
    A Igreja, com razão, insiste no seu ensinamento sobre o dever de batizar as crianças o mais rápido possível (D.B. 712). O limbo, de fato, mesmo se não é um lugar de sofrimento, mas de prazer estimável, não é, no entanto, o Paraíso, ao qual Deus chama todos os homens. Não é nem mesmo um paraíso natural, porque as almas suportam aí, ainda que sem sofrimento, um dano real, provocado pelo pecado original: a privação da visão direta de Deus. Essa insistência justa da Igreja [sobre o Batismo precoce das crianças] não deve, no entanto, levar a comparar a danação das almas do limbo à danação dos reprovados, por que isto seria contrário ao Magistério infalível da Igreja, que os distingue bem. Tão pouco deve levar a considerar o limbo como um lugar de aflição, apesar de diferente do inferno, porque a Igreja não ensina e jamais deixou de ensinar assim, e à doutrina de Belarmino, que queria ver nas almas das crianças uma leve tristeza pela bem-aventurança perdida, ela claramente preferiu a doutrina que expusemos aqui.
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    A “NOVA TEOLOGIA” CONTRA O LIMBO
    Se os neo-modernistas não tivessem feito abortar, desde seu começo, o Concílio Vaticano II, a doutrina consoladora sobre o estado das almas no limbo seria hoje realmente de Fé eclesiástica (como supõe erradamente nosso leitor) e, portanto, sua certeza seria “infalível como no caso dos verdadeiros dogmas” (L. Ott. cit.).
    No esquema preparado pela comissão teológica, lê-se: “O concílio declara vão e sem fundamento todos os julgamentos segundo os quais se admite para as crianças um meio [para atingir a visão de Deus] diferente do Batismo realmente recebido. Todavia, não faltam motivos para considerar que elas gozarão eternamente de uma felicidade conforme seu estado”.
    Com isto o Concílio teria encorajado o aprofundamento teológico sobre o estado de felicidade acidental e secundário das almas no limbo, e teria fechado a porta à busca de outros meios de salvação diferentes do “Batismo realmente recebido”, busca essa que na véspera do Concílio tornou-se ainda mais inquieta e inquietante sob o impulso da “nova teologia”. Esta conclusão está, aliás, perfeitamente de acordo com diferentes textos do Magistério infalível, tais como, por exemplo, o decreto Pro Jacobitis do Concílio de Florença (retornado em seguida pelo Concílio de Trento), no qual se lê: “Cum ipisis (pueris) non possit alio remedio subveniri nisi per sacramentum baptismi… admonet… quamprimum commode fieri potest, debere conferri” (DB 712). “Porque as crianças só podem ser socorridas pelo Sacramento do Batismo… (a Igreja) adverte severamente… que ele deve ser administrado logo que for possível fazê-lo sem problemas” (e Pio XII lembra também essa doutrina, no seu famoso discurso às mulheres parteiras). Infelizmente, esta conclusão definitiva não foi adotada pelo Concílio, por causa do desvio que lhe impôs a minoria modernista, e os neo-modernistas aproveitaram dessa falta de definição para definir a questão no pós-concílio, à sua maneira… ou seja, eliminando o limbo, somente pelas seguintes razões:
    1) ele contraria a heresia de De Lubac e de “sua turma” que, desenterrando o modernismo condenado por São Pio X, queriam que o sobrenatural (portanto a visão beatífica) não fosse um dom absolutamente gratuito, que Deus não deve a ninguém, mas ao contrário, que fosse qualquer coisa de devido, porque é um aperfeiçoamento da natureza humana (v. SiSiNoNo de 15/2/1993 p.3).
    2) a existência do limbo está igualmente em desacordo com a outra heresia, própria da nova teologia, que quer a salvação incondicional de todos os homens, fiéis e infiéis, batizados ou não (V. SiSiNoNo de 15/4/1993, pp. 1 ss).
    Apesar disso, o texto preparado pela comissão teológica permanece aqui para testemunhar, se for necessário, que na véspera do Concílio a doutrina sobre o limbo era comumente professada pelos Pastores, teólogos e fiéis e que somente a revolução modernista perturbou (e encontramos o eco dessa perturbação nas cartas que recebemos) a possessão tranqüila dessa conclusão teológica, tão notavelmente resumida, justamente na véspera do Concílio, pela Enciclopédia Católica: “III. O Limbo das Crianças — Existe ainda, segundo a teologia, o limbo das crianças, isto é, o estado e o lugar das crianças não batizadas, mortas sem o uso da razão, sem a remissão do pecado original. Não estando em condições, por sua idade, de praticar atos de Fé e de contrição (Batismo de desejo), elas não podem ser libertadas da falta original senão por meio do Batismo, conferido in ‘fide Ecclesiae’, não o recebendo, ‘elas não renascem na água e no Espírito Santo’ (Jo. 3,5) e portanto não são admitidas no Reino de Deus: não terão entretanto, nenhuma pena, ao contrário, segundo a opinião comum dos teólogos gozarão de certa bem-aventurança natural. Como diz São Tomás: ‘elas serão felizes, participando amplamente da bondade divina nas perfeições naturais’ (II Sent. d.33 q.11. a.2; cf. d.45, q.1, ª2: Suma Teológica supl. Q. 79. a.4). essa concepção teológica, apesar de não ser explícita [mas implícita, sim], nas Sagradas Escrituras, está fundada sobre a justiça de Deus, a qual não pode infligir castigos pessoais a quem não possui pecados pessoais. Logo, a sorte das crianças mortas sem Batismo, como observa São Gregório de Nissa (PG 46.177-80), deve-se distinguir da dos adultos que, por falta própria, desdenharam o Batismo; contudo, elas não serão admitidas à felicidade sobrenatural, como pensavam os pelagianos contra os quais se pronunciaram, o Concílio de Cartago em 418 (Dez. U. 102 note4) e Santo Agostinho (De anima e eius origine, 12, 17: PL 44. 505). O limbo das crianças dura eternamente, pois, aqueles que morreram somente com o pecado original estão fixados neste estado para sempre. Esta doutrina foi explicitada [e não inventada como o desejaria a ‘nova teologia’] pelos grandes teólogos do século XIII” (palavra limbos col. 1358).
    *
    Em conclusão, queremos acrescentar que compreendemos perfeitamente a dor dos pais cristãos que não puderam batizar seus filhinhos e o desejo que têm de saber alguma coisa mais sobre o seu destino. Mas como já tivemos a ocasião de dizer, não há necessidade de inventar fábulas nem, menos ainda, de negar o limbo, para os consolar: o aprofundamento teológico sobre a questão oferece abundantes motivos de consolação; trata-se somente de torná-lo conhecido. Sentimo-nos, além disso, no dever de lembrar a gravidade da hora presente e a ameaça insistente do neo-modernismo, que hoje parece corromper mesmo os melhores na Igreja. Tudo isso exige, dos que querem ser e permanecer realmente filhos da Igreja, a mais rigorosa fidelidade ao seu Magistério e à teologia católica autentica, para não pôr em perigo sua própria Fé e não cooperar para essa demolição da Igreja por seus inimigos internos, expressa impropriamente por Paulo VI como “a autodemolição da Igreja”.
    Gregorius
    (Revista SIM SIM NÃO NÃO n° 45 ? Setembro de 1996)


  11. #11
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Cita Iniciado por Chanza Ver mensaje
    Madrid, 24 abril 2007. Los medios han aireado estos días un documento de la Comisión Teológica Internacional que llevaba tres años estudiando, al parecer, la existencia del limbo. Tal documento viene a cuestionar su existencia; prácticamente, a negarla. ¿Es posible dejar de creer hoy lo que siempre se nos había enseñado? En Artículos de FARO, una respuesta documentada y contundente: "Los católicos sí creemos en el limbo".



    _________________________________________________
    Agencia FARO
    http://carlismo.es/agenciafaro

    Contra lo que tantas veces nos ha recomendado Donoso, en su día no se reprodujo aquí el artículo citado, y el enlace dejó de funcionar con la web antigua de FARO. Aprovecho la reactivación de este hilo para copiarlo a continuación:

    _____________________________________________________________________________


    Los católicos sí creemos en el limbo


    L.I.A.

    P. ¿Pues hay más que un infierno? R. Sí, padre, hay cuatro en el centro de la tierra que se llaman: infierno de los condenados, purgatorio, limbo de los niños y limbo de los justos o seno de Abraham.

    P. ¿Y qué cosas son? R. El infierno de los condenados es el lugar donde van los que mueren en pecado mortal, para ser en él eternamente atormentados. El purgatorio; el lugar donde van las almas de los que mueren en gracia, sin haber enteramente satisfecho por sus pecados, para ser allí purificados con terribles tormentos. El limbo de los niños, el lugar donde van las almas de los que antes del uso de la razón mueren sin el Bautismo; y el de los justos o seno de Abraham el lugar donde, hasta que se efectuó nuestra redención, iban las almas de los que morían en gracia de Dios, después de estar enteramente purgadas, y el mismo a que bajó Jesucristo real y verdaderamente.
    Catecismo de la Doctrina Cristiana, escrito por el P. Gaspar Astete, añadido por el licenciado don Gabriel Menéndez de Luarca



    Durante generaciones, durante siglos, los españoles —decir católicos españoles era, hasta no hace tanto, una redundancia— hemos aprendido la verdad del limbo con el célebre Astete. Sin embargo, un despacho de la agencia oficial vaticana Zenit nos contaba el 4 de mayo de 2006, ufanamente:
    Monseñor Alessandro Maggiolini, teólogo y uno de los redactores del Catecismo de la Iglesia Católica, explica por qué el limbo ya no aparece en la doctrina cristiana. Monseñor Maggiolini aclara que de este tema no se habla porque «es una hipótesis teológica que no parece fundada sólidamente en la Revelación. El silencio es una opción bastante sabia también porque el limbo, si se hubiera nombrado, no habría podido ser comparado ni con el paraíso ni con el infierno. Dos condiciones de las que a menudo se habla de una manera analítica y un poco petulante en cierta catequesis popular torpe. El Catecismo parece en cambio sugerir que, al final de la vida terrena, no hay soluciones intermedias entre beatitud y condena».
    Según Maggiolini, el Catecismo del Padre Astete debe ser «catequesis popular torpe». También debe serlo la clásica definición de San Vicente de Leríns en su «Commonitorio», según la cual la Fe de la Iglesia consiste en «lo que ha sido creído siempre, por todos y en todo lugar». Mas una sencilla consulta al Denzinger nos confirma que esta «hipótesis teológica» —según el Vaticano actual— la sostiene solemnemente el Magisterio al menos en dos ocasiones. Lo hace en 1321 el Papa Juan XXII, en la carta Nequaquam sine dolore a los armenios. Lo hace en 1794 Pío VI, en la constitución Auctorem Fidei, condenando los errores del Sínodo de Pistoya:
    La doctrina que reprueba como fábula pelagiana el lugar de los infiernos (al que corrientemente designan los fieles con el nombre de limbo de los párvulos) … es falsa, temeraria e injuriosa contra las escuelas católicas.
    ¿Cómo entender, pues, que la Comisión Teológica Internacional, dependiente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que empezó a estudiar la creencia en el limbo en 2004, publique en abril de 2007 un documento que dice cosas como que ésta refleja una «visión excesivamente restrictiva de la salvación», que existen «serias razones teológicas para creer que los niños no bautizados que mueren se salvarán y gozarán de la visión beatífica»? ¿Cómo entender que el cardenal Ratzinger, entonces prefecto de la misma congregación, afirmara en 1984 que el limbo era «sólo … una hipótesis teológica» y que lo mejor sería no tenerla en cuenta? ¿Cómo aceptar que en el Nuevo Catecismo el limbo haya sido omitido?

    Siempre hemos creído que en el limbo se goza de felicidad natural, ya que no de la visión de Dios. Siempre hemos creído también —y ese es el centro de nuestra Fe— que nos salvamos por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, por su Pasión y Muerte en la Cruz. Si el bautismo no es necesario, si se puede entrar en el Cielo con la mancha del pecado original, en vano se encarnó Dios. En vano fue crucificado. En vano resucitó. En vano existe la Iglesia, en vano existen los sacramentos.

    El documento se titula «La esperanza de salvación para los niños que mueren sin ser bautizados» y, según la comisión, el limbo representaba un «problema pastoral urgente», ya que cada vez son más los niños nacidos de padres no católicos y que no son bautizados y también «otros que no nacieron al ser víctimas de abortos»; «es cada vez más difícil aceptar que Dios sea justo y misericordioso y a la vez excluya a niños que no tienen pecados personales de la felicidad eterna». Si hubiese que juzgar por estas palabras, parecería que la Comisión Teológica Internacional, la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Vaticano que autoriza la publicación del documento en cuestión, están más preocupados por el sentimentalismo contemporáneo que por las verdades de Fe.

    Otro despacho de Zenit, de 2 de octubre de 2006, arrojaba más luz sobre el espíritu que guía a la tal Comisión:
    La Comisión Teológica Internacional comenzó este lunes su sesión plenaria en el Vaticano en la que, entre otras cosas, está analizando el borrador de un documento sobre los niños fallecidos sin el bautismo.

    Así lo confirma un comunicado, emitido este sábado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, explicando que la reuniones están presididas por el cardenal William Joseph Levada, presidente de la Comisión, en cuanto prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

    Los documentos de esta Comisión no forman parte del Magisterio de la Iglesia, buscan ayudar a la Santa Sede y especialmente a la Congregación para la Doctrina de la Fe a examinar cuestiones doctrinales de particular importancia.

    En diciembre del año 2005, al hablar de este documento en redacción, el secretario general de la Comisión Teológica Internacional, el padre Luis Ladaria, S.I., explicó a los micrófonos «Radio Vaticano» que sobre el «limbo» «no hay una definición dogmática, no hay una doctrina católica que sea vinculante».

    «Sabemos que durante muchos siglos se pensaba que estos niños iban al Limbo, donde gozaban de una felicidad natural, pero no tenían la visión de Dios. A causa de los recientes desarrollos no sólo teológicos, sino también del Magisterio, esta creencia hoy está en crisis», aclaró.

    Para entender la cuestión el padre Ladaria aclaró: «Tenemos que comenzar por el hecho de que Dios quiere la salvación de todos y que no quiere excluir a nadie; tenemos que fundamentarnos en el hecho de que Cristo ha muerto por todo los hombres y de que la Iglesia es un sacramento universal de salvación, como enseña el Concilio Vaticano II».
    De modo que el motor de esta «abolición» del limbo son «los recientes desarrollos no sólo teológicos, sino también del Magisterio … que Cristo ha muerto por todos los hombres y de que la Iglesia es un sacramento universal de salvación, como enseña el Concilio Vaticano II».

    ¿A qué nos suena esto de «por todos los hombres»? Volvamos al despacho de Zenit de 4 de mayo de 2006, y a Monseñor Maggiolini:
    Es mejor no ser demasiado curiosos respecto a los medios que usa Cristo, el cual quiere salvar «a vosotros y a todos», como dice la fórmula de la consagración eucarística.
    Monseñor Maggiolini, ¿se engaña, o quiere engañarnos? Bien es verdad que las versiones vernáculas del Novus Ordo Missae dicen, con sospechosa unanimidad, «sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados». Mas también es verdad que esa no es la traducción de las palabras de Nuestro Señor Jesucristo. Después de casi cuarenta años de falsificación de las palabras del Redentor, en noviembre de 2006 la Congregación del Culto Divino decretó que «pro multis» debe traducirse como «por muchos». El prefecto de dicha congregación, Francis Arinze, a quien de momento nadie está haciendo caso, justificaba confusamente tanto el cambio como la mala traducción, diciendo entre otras cosas:
    «Por muchos» es una traducción fiel de «pro multis» en tanto que «por todos» es más bien una explicación más adecuada a la catequesis.
    Así que volvemos a la «catequesis popular torpe» de Monseñor Maggiolini y su supresión del limbo. Porque acerca del «pro multis», enseña el Catecismo Romano del Concilio de Trento:
    Respecto a las palabras que se añaden: Por vosotros y por muchos, las primeras están tomadas de San Lucas, y las otras de San Mateo (Luc., XXII, 20; Matt. XXVI, 28), pero que las juntó seguidamente la Santa Iglesia, instruida por el Espíritu de Dios; y son muy propias para manifestar el fruto y las ventajas de la pasión. Porque, si atendemos a su valor, habrá que reconocer que el Salvador derramó su sangre por la salvación de todos; pero si nos fijamos en el fruto que de ella sacan los hombres, sin dificultad comprenderemos que su utilidad no se extiende a todos, sino únicamente a muchos. Luego, cuando dijo: por vosotros, dio a entender, o a los que estaban presentes, o a los escogidos del pueblo judío, cuales eran sus discípulos, excepto Judas, con los cuales estaba hablando. Y cuando dijo: por muchos, quiso se entendieran los demás elegidos de entre los judíos o los gentiles. Muy sabiamente, pues, obró no diciendo por todos, puesto que entonces sólo hablaba de los frutos de su pasión, la cual sólo para los escogidos produce frutos de salvación. A esto se refieren las palabras del Apóstol (Hebr., IX, 28): Cristo ha sido una sola vez sacrificado para quitar de raíz los pecados de muchos; y lo que dijo el Señor, según San Juan (Joan., XVII, 9): Por ellos ruego Yo ahora: no ruego por el mundo, sino por estos que me diste, porque tuyos son.
    Una Comisión Teológica Internacional, sin rango magisterial alguno, enmienda la plana al Magisterio. De forma parecida a como, hace unos años, las conferencias episcopales de los países de habla hispana fueron enmendando la plana a Nuestro Señor Jesucristo, imponiendo cambios en el Padrenuestro. El principal, por cierto, cambiando «deudas» («et dimitte nobis debita nostra») por «ofensas»; y, por lo tanto, al hacer olvidar la deuda, que permanece tras el perdón de los pecados, haciendo olvidar también el «purgatorio; el lugar donde van las almas de los que mueren en gracia, sin haber enteramente satisfecho por sus pecados, para ser allí purificados con terribles tormentos» (Catecismo del Padre Astete). Primero el Purgatorio, ahora el Limbo.

    Parece, sin embargo, que con Trento, con los Papas, con el Padre Astete y con «lo que ha sido creído siempre, por todos y en todo lugar» en la Iglesia, los católicos vamos a tener que seguir creyendo en el limbo.

    Que es, aunque los de esa comisión no quieran entenderlo, una prueba más de la misericordia de Dios.



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  12. #12
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    O desprezo pela clareza: o limbo (I)

    Sidney Silveira
    Vimos, noutras ocasiões, que o trabalho do teólogo, embora importante, é subsidiário, e por si não chega a ter caráter magisterial — além do mais, precisa ser aprovado pelas autoridades eclesiásticas competentes.



    A razão de se encontrarem hoje no supermercado de idéias teológicas, aqui e ali, proposições que parecem desconsiderar o Magistério infalível da Igreja provém, diretamente, da “liberdade” com que alguns teólogos pensam poder expressar as suas teses. Já demos o exemplo do poligenismo, a opinião (condenada pelo Magistério!) de que Adão e Eva não existiram, mas sim um conjunto inumerável de “protoparentes” (sofisticada expressão, não?).


    Na verdade, o múnus da teologia requer absoluta clareza expositiva, e esta não pode ter lugar onde se desprezam os princípios de não-contradição, identidade, causalidade, razão suficiente, entre outros. A velha idéia de De Lubac de que a lógica humana se opõe ao mistério divino é uma aberração, mas que no entanto teve conseqüências para várias teologias posteriores, nem sempre preocupadas com a precisão na formulação dos conceitos. Uma delas foi a tese, muito encontradiça entre certas correntes teológicas influentes há alguns anos, de que a realidade “mistérica” — ou seja, o mistério que Deus é —, sendo formalmente inexpressável pela inteligência humana, não se adapta a nenhuma formulação (razão pela qual existiria uma radical inadequação das fórmulas dogmáticas à realidade misteriosa de Deus Pai, assim como à realidade de Cristo, de Maria, etc.). Segundo essa tese, o mistério de Cristo e da Igreja ultrapassa todas as possibilidades de expressão humana em cada época histórica, e, por isso, não pode ter formulações definitivas, excludentes de outras.

    Essa idéia expressa uma meia verdade, a saber: com certeza, o dogma não nos pode dar a conhecer integralmente a realidade divina a que se refere. No entanto, ele expressa aspectos universalmente verdadeiros e objetivos dessa mesma realidade. E mais: a tese da inadequação “se esquece” de que tudo o que um ente recebe, recebe ao modo de recipiente, como não cansa de frisar Santo Tomás em diferentes obras, razão pela qual a Revelação e os dogmas se adaptam ao modo humano de conhecer — o que não significa, por isso, que sejam “inadequados”, mas ao contrário: são totalmente adequados à nossa humana inteligência.

    Entre esses novos teólogos estão os que mais desprezam a precisão da terminologia escolástica — conheci pessoalmente alguns que costumam contrapor a patrística à escolástica, em detrimento desta última, artificiosamente. E é entre eles que se encontram alguns dos que mandaram o limbo para o “inferno”.

    Antes de entrar no mérito da questão, registre-se que a idéia de que o limbo não existe é tão-somente uma tese, e não integra o Magistério. O que este diz, ao contrário, é o seguinte (dados extraídos de um exemplar do jornal Sim, Sim, Não, Não, e depois conferidos por mim no Denzinger):

    Papa Inocêncio I (417): “É loucura afirmar que as crianças possam entrar no céu sem o batismo”.

    Papa Zózimo (418) aprova o Concílio de Catargo afirmando: “Ninguém pode ser considerado isento do pecado original antes de dele ser liberado pelo batismo”.

    Concílio de Florença (1445): “As crianças destituídas do uso da razão só podem ser ajudadas pelo sacramento do batismo”.

    Concílio de Trento (1563): “Não é possível passar do estado do pecado ao estado de graça sem o batismo ou ao menos seu desejo”.

    Pio XII (Alocução de 19 de outubro de 1951): “Não há outro meio senão o batismo da água para comunicar a vida sobrenatural à criança que ainda não tem o uso da razão”.

    A Comissão Teológica Internacional – CTI, ao dizer (em texto publicado em 19 de janeiro de 2007) que o limbo é apenas uma hipótese teológica possível, elaborada na Idade Média, e que jamais entrou nas definições dogmáticas do Magistério, além de não ser doutrina fundamentada na Escritura, comete quatro erros, porque: 1º) Os Padres gregos já afirmavam em uníssono a exclusão das crianças não batizadas da visão beatífica de Deus, e portanto não é verdade que seja doutrina ensinada somente a partir da Idade Média; 2º) o fundamento escriturístico está em Jo. III, 5; 3º) quanto às formulações dogmáticas, bastam as que mostramos acima; 4º) o limbo não pode ser rebaixado a mera hipótese teológica possível por tudo o que se disse anteriormente. Na verdade, a tese de que o limbo não existe é que é uma hipótese teológica, e na verdade muito pouco (ou nada) possível, por se contrapor ao Magistério.

    A idéia de que o limbo é uma concepção restritiva da salvação, também presente no documento da CTI, não considera o que grandes Doutores da Igreja sempre disseram (como o próprio Santo Tomás): o limbo é um lugar de felicidade natural. Ademais, não podemos deixar de lembrar que a visão beatífica (da qual quem está no limbo é excluído, de acordo com a doutrina católica) é uma felicidade sobrenatural que ultrapassa os direitos da natureza.

    Veja-se no que dá deixar de lado a clareza e a objetividade: chega-se até a pôr em dúvida a misericórdia de Deus (quem já não ouviu alguém simpático à tese dizer que Deus não poderia fazer uma “maldade” dessas com criancinhas sem culpa, a saber, mandá-las para o limbo?). Ora, não devemos julgar a Deus, e muito menos com critérios da justiça humana, tão limitada.


    Enfim, como o Magistério da Igreja não pode contradizer-se, cremos que o limbo jamais poderá ser anatematizado pela autoridade eclesiástica, ainda que mil teólogos digam o contrário...

    Contra Impugnantes: Resultados da pesquisa limbo


  13. #13
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Limbo: sem dúvida alguma, um dogma

    Sidney Silveira
    Noutro dia, durante um jantar, dizia-me um bom amigo que a doutrina do limbo não é dogmática, baseado talvez num parecer da C.T.I. – Comissão Teológica Internacional, que rebaixara o limbo a mera hipótese teológica possível. Pois muito bem: sem — por ora — recorrer a nenhum Catecismo da Igreja Católica senão o atualmente vigente, basta ler o que se diz no parágrafo 88:


    “O Magistério da Igreja empenha plenamente a sua autoridade, que recebeu de Cristo, quando define dogmas, isto é, quando, utilizando uma fórmula que obriga o povo cristão a uma adesão irrevogável de fé, propõe verdades contidas na Revelação divina ou verdades que com estas têm uma conexão necessária”.

    Em suma, toda vez que a autoridade magisterial — encimada pela autoridade do Papa isoladamente, ou do Papa reunido com os bispos em Concílio — proclama algo como verdade de Fé, com exclusão de todas as opiniões contrárias, empenha a sua autoridade de maneira solene e, sendo assim, define e circunscreve a matéria dogmática. Isto esclarecido, além das menções ao Magistério solene feitas noutro post com relação ao limbo, acrescentemos as seguintes:

    1- A resposta do Papa Pio VI ao bispo cismático de Pistóia, acerca dos que morrem sem o batismo: “A doutrina segundo a qual deve ser rechaçado como fábula pelagiana aquele lugar dos infernos (que os fiéis têm por hábito designar com o nome de ‘limbo das crianças’), no qual as almas dos que morrem apenas com o pecado original são castigadas com a pena de dano e sem a pena do fogo — ou, descartando para estas almas a pena de fogo, 'ressuscite' a fábula pelagiana segundo a qual haveria um lugar e um estado intermédio isentos de culpa e de pena, entre o reino dos céus e a condenação eterna — é falsa, temerária e injuriosa para as escolas católicas” (Denzinger, 1526)
    2- Na profissão de fé proposta por Clemente IV em 1267, e submetida depois ao Segundo Concílio de Lion (1274), se diz, de forma solene e cristalina: "As almas dos que morrem em pecado mortal, ou somente com o pecado original, descem no ato ao inferno, para ser castigadas com penas distintas ou díspares" (Denzinger, 464).
    3- Pouco depois, em 1321, o Papa João XII — o que canonizou Santo Tomás — acrescenta que as referidas almas das crianças que morrem sem batismo são castigadas "com penas e lugares distintos". (Denzinger, 493a).
    4- A mesma declaração de Lion volta a encontrar-se no Concílio de Florença (1439) com as mesmas palavras acima. “As almas dos que morrem em pecado mortal ou somente com o pecado original descem imediatamente ao inferno, para ser castigadas, embora com penas desiguais”. (Denzinger, 693)
    5- A Constituição de 1588, sobre o aborto, assinada pessoalmente pelo papa Sixto V, diz que as vítimas do aborto, vendo-se privadas do batismo, são excluídas da visão beatífica.


    Em suma: trata-se de um dogma, e não de uma mera “hipótese teológica”, como diz a malfadada C.T.I. (ô sigla alegórica!) — e de um dogma fundamentado na Revelação, em Jo. III, 5: “Em verdade, em verdade vos digo: aquele que não renascer da água e do Espírito não verá o Reino de Deus”. Reiterando, não se trata de uma matéria opinável, mas de um dogma da Sagrada Escritura confirmado pela autoridade do Magistério no decorrer dos séculos. Infelizmente, hoje muitos ditos teólogos querem aplicar a Deus critérios da justiça humana e, com esta má-intenção, distorcem conscientemente na Sacra Pagina as palavras insofismáveis de Nosso Senhor. A propósito, como se disse noutro lugar, os teólogos (mesmo reunidos às centenas, como na C.T.I.) não têm autoridade magisterial alguma, pois o seu múnus é totalmente orientado pelo Magistério e pelos dogmas. Até mesmo o Doutor Comum, que é Santo Tomás, se em algum ponto tivesse contrariado o que disse o Magistério, perderia ipso facto a sua autoridade teológica. Mas isto ele jamais o fez.
    Em tempo: Veremos adiante o que diz o Aquinate sobre o limbo, destacando entre outras coisas que se trata de um lugar de felicidade natural. Portanto, a pena de dano que sofrem os que morrem sem batismo, por sua vez, é uma interdição da felicidade sobrenatural (a visão beatífica), que Deus concede livremente a quem quer.
    Em tempo 2: O corolário de tudo isto se lê no magnífico Catecismo Maior de São Pio X, nº 563: "Por que tanta pressa em batizar as crianças?. R. É preciso ter pressa para batizá-las, pois estão expostas, dada a sua tenra idade, a muitos perigos de morte e não podem salvar-se sem o Batismo".
    Em tempo 3. Como se vê, esse castigo é privativo de um bem sobrenatural a que nenhum homem, por sua própria natureza, poderia ter direito. E como Deus é justíssimo e sapientíssimo, em seus irrevogáveis decretos pensou — desde a eternidade — num lugar de felicidade natural onde estariam as almas daqueles que, sem culpa, não foram limpos da mancha do pecado original. Os neoteólogos não suportam isto porque se arrogaram, com grande soberba, o papel de juízes do Criador.

    Contra Impugnantes: Resultados da pesquisa limbo

  14. #14
    Avatar de juan vergara
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Sobre el Limbo, en nuestro país el año pasado se publico un libro de Tomas I. Gonzalez Pondal,
    bajo el titulo de "El limbo de los Niños", "(Doctrina Católica Versus Novedad)", Ediciones nueva Hispanidad.

  15. #15
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Cita Iniciado por Cirujeda Ver mensaje
    Si tengo que explicar a mis hijos la transubstanciación, no les voy a contar que Santo Tomás bebe de Aristóteles, pero sí me interesa conocerlo para, al explicarlo de forma que ellos lo entiendan, no transmitir errores de detalle o, incluso, de fondo.
    El principal problema que suscita, a mi juicio, el documento que ha emitido la Comisión Teológica Internacional, al margen de otras cuestiones igual de importantes (La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo) es que en el se afirma que "el destino de los niños que mueren sin bautizar es el Cielo". Y que, por mucho que el citado documento no diga negar expresamente el dogma del Pecado Original, la negación de la existencia del limbo va a traer muy graves consecuencias para el mantenimiento correcto de ese dogma (...no se si me explico).

    Porque si nos cargáramos por esta vía indirecta el dogma Pecado Original, y decimos que los niños (nacidos o no nacidos) sin bautizar, y por tanto con ausencia de la gracia santificante, pueden estar ante la presencia beatífica de Dios (la visión de Dios), nos cargamos también, ya dicho sea de paso... lo que siempre ha afirmado el Magisterio de la Iglesia sobre el primer efecto que produce el Bautismo (la redención del pecado original....). Y hasta incluso el dogma de la Inmaculada Concepción, ya que, para los niños no bautizados, sería casi como si también lo fueran (es decir: "inmaculada concepción para todos...", muy democrático pero herético).... y así, podríamos seguir hasta darnos cuenta, como si se tratara de un endeble castillo de naipes, que, al quitar una sola carta como ésta, se podría hacer peligrar muy gravemente la mismísima estructura de todo el edificio doctrinal de nuestra Iglesia. Al menos, así yo lo creo.

    ¿Entiendes, ahora, por qué es peligroso este documento de esta famosa "comisión teológica"? (la existencia del limbo no es un dogma, pero es casi como si lo fuera...).

    Un saludo
    Última edición por jasarhez; 29/08/2012 a las 00:05
    Hyeronimus dio el Víctor.

  16. #16
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    ¿Los niños abortados reciben el bautismo de sangre?


    En una entrevista concedida a Infovaticana, Mons. Mario Iceta, obispo de Bilbao, que según dice estudió en una universidad del Opus Dei cuando estuvo en Roma, nos encontramos con lo siguiente:
    –Usted es considerado un experto en bioética, hay dos preguntas de esa materia que me gustaría hacerle: ¿Dónde van los niños cuando son abortados?
    Estos niños, injustamente sacrificados, reciben un bautismo de sangre y, acogidos por el Señor, gozan para siempre de su visión y compañía en el cielo junto con María, los ángeles y todos los santos. Desde allí interceden por nosotros y de modo particular por sus familiares, a quienes no se les ha permitido conocer en esta tierra.
    Antes de continuar, conviene recordar los requisitos para que pueda hablarse de un verdadero martirio, de acuerdo con la exposición de Palazzini:
    Para el verdadero martirio se requieren tres cosas:
    a) Que se sufra verdaderamente la muerte corporal. El mártir es, en efecto, el testimonio perfecto de la fe cristiana, según la cual debemos sufrir todos los males antes que dañar a nuestra alma. Pero el que continúa viviendo la vida corporal no demuestra de un modo absoluto que desprecia todas las cosas terrenas por amor de Cristo, Señor Nuestro. Por lo tanto, antes de haber sufrido la muerte por el Señor, nadie puede ser llamado martirio en un sentido absoluto, Por esta razón los que han sufrido tormentos por el Señor, pero no hasta llegar a la muerte, no son perfecta y completamente mártires, aunque hayan recibido heridas mortales, de las cuales ordinariamente hubiera debido haber seguido la muerte, de la cual, sin embargo, fueron librados de un modo natural o milagroso.
    b) Que la muerte sea infligida en odio a la verdad cristiana. A la verdad de la fe cristiana pertenece no sólo la adhesión interna de la mente a las verdades reveladas (pia credulitas cordis), sino también la profesión externa, la cual se tiene no sólo con las palabras, sino con los hechos, con los cuales se demuestra la propia fe. y por esta razón todas las obras de las virtudes, en cuanto que se refieren a Dios, son de algún modo profesiones y testimonios de fe, en cuanto que por medio de la fe se nos da a conocer que Dios nos pide estas obras y nos premia por ellas y por esto pueden ser razón de martirio, ésta es la causa de que la Iglesia celebre el martirio de San Juan Bautista, el cual sufrió la muerte no por negar la fe, sino por combatir el adulterio, y el de Santa María Goretti, heroína de la pureza. Se requiere además que la muerte sea infligida por el enemigo de la fe divina o de la virtud cristiana.
    Por esta razón no son mártires en sentido estricto: a) los que sufren la muerte por enfermedad contraída al cuidar por amor de Dios de los leprosos o de los apestados; b) los que sufrieron la muerte por verdades naturales; c) los que sufrieron la muerte por defender la herejía; d) los que se mataron para conservar alguna virtud cristiana, porque este acto sería un verdadero suicidio y es ilícito, a no ser que sea excusado por la buena fe del que lo cometió o se haya realizado por impulso especial del Espíritu Santo.
    c) Que la muerte haya sido aceptada voluntariamente. Por esta razón si el adulto es muerto por la fe durante el sueño, sin que antes haya pensado en el martirio, probablemente no es verdadero mártir. Sin embargo, hay autores que defienden que el hombre que lo dejó todo por el Señor es verdadero mártir, aunque haya sido muerto durante el sueño en odio a la fe cristiana por los enemigos de la religión.
    Los niños que fueron muertos en odio a Cristo (Santos Inocentes) se llaman verdaderos mártires, porque en este caso la aceptación de la voluntad fue suplida por una gracia particular.
    No alcanzamos a explicarnos cómo es posible que se cumplan estos requisitos en el caso de los niños abortados. Es cuestión de mirar con realismo el horrendo crimen del aborto para darse cuenta de que en la mayoría de los supuestos no se mata por odio a la verdad cristiana, sino por motivaciones muy distintas. Y aunque hubiera tal odio, no dejaría de ser muy discutible acudir a la analogía con el caso de los Santos Inocentes con la suposición de una gracia particular que no consta que la Revelación enseñe se da siempre y en cualquier circunstancia.
    Tal vez la explicación de la nueva doctrina Iceta sobre el martirio la tenga D. Winfried Due: “Los juanpablistas tienen flojo y fácil el muelle de la gloria beata: Canonizan a todos.”

    infoCaótica: ¿Los niños abortados reciben el bautismo de sangre?

  17. #17
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Es terrible que tantos millones de almas inocentes de niños no nacidos se pierdan en un lugar tan 'sin sustancia', tan 'ni fú ni fá...', como el limbo...

    Como ya dije mas arriba, la existencia del limbo es una exigencia teológica, ya que sin él se llegaría a negar expresamente el dogma del Pecado Original. Y por tanto, la aparente negación de la existencia del limbo, que parece llevar implícita el documento que ha emitido la Comisión Teológica Internacional al que nos referimos, podría traer muy graves, gravísimas, consecuencias teológicas negativas para el mantenimiento correcto de ese dogma.

    Por otra parte, es cierto, que parece ser, al menos a los ojos imperfectos de nuestro humanísimo concepto de la 'justicia', terriblemente injusto que estos pobres millones y millones de niños inocentes queden marginados en un lugar tan 'sin sentido', tan estúpido... como este; un lugar donde no parece hacer ni frío ni calor. Un sitio donde casi parece que Dios los hubiere expulsado de su boca, sin llegar a condenarlos expresamente al infierno sin haber tenido la más mínima ocasión de evitarlo... Y es que Satanás el pérfido, cuando hace planes, no acostumbra jamás a dar puntadas sin hilo.

    El terrible crimen del aborto es una expresión (aunque todos sus autores que lo perpetran, quizás, no lleguen a comprenderlo en su verdadero sentido) un crimen impregnado hasta en su misma esencia de un odio a Dios de magnigudes terroríficas. Una práctica que solamente puede ser obra del mismísimo Satanás, por mucho que digamos...

    Tampoco quisiera, no creo que nadie lo deseemos... que Satanás, en las pobres almas de estos niños inocentes, pudiera salirse ni siquiera un poco con la suya. Pero intentar democratizar algo que el poder humano no tiene facultad alguna de 'democratizar' sin caer en herejía, como es el dogma de la Inmaculada Concepción, tampoco me parecería que fuera la 'solución' a este espinosísimo problema.

    Pero también tengo que decir, después de leer el anterior artículo, que discrepo un poco (en mi ignorancia) a la hora de no tomar en cuenta, en relación a este tema, la (a mi juicio acertadísima) analogía con los Santos Inocentes de los que nos habla la Biblia. ¿Acaso tenemos certeza expresa de que aquellos pobres pobres niños menores de tres años que fueron asesinados por Herodes, estaban todos ellos bautizados?. Y sinembargo, la tradición siempre les llamó 'Santos', no lo olvidemos... Y si así fueron, no creo que acabaran todos en el limbo. Es un problema complejo, por el que tampoco quisiera caer en una especie de orgullo intelectual de carácter teológico intentando comprender la Misericordia ni la Justicia Divina.

    Por ello creo que es algo que, quizás, debiéramos de dejar únicamente en manos de la Divina Providencia. Y que sea lo que Dios quiera... No se bien si me explico.


    Un saludo
    Última edición por jasarhez; 15/09/2013 a las 00:09

  18. #18
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Cita Iniciado por jasarhez Ver mensaje
    Es terrible que tantos millones de almas inocentes de niños no nacidos se pierdan en un lugar tan sin 'substancia', tan 'sin fú ni fá...', como el limbo... Como ya dije mas arriba, la existencia del limbo es una exigencia teológica, de eso no me cabe la menor duda, ya que sin él se llegaría a negar expresamente el dogma del Pecado Original. La aparente negación de la existencia del limbo, que lleva implícito el documento que ha emitido la Comisión Teológica Internacional al que nos referimos, podría traer muy graves, gravísimas, consecuencias teológicas negativas para el mantenimiento correcto de ese dogma.
    Pues ahora que comentas esto, he buscado en El Catecismo la referencia al "limbo" y no hay ninguna. Pero, como el CVII "ha cambiado" tantas cuestiones, pues he revisado mi muy querido libro Religión y Moral de Julio BONATTO, al que tanto acudo (lo tienes en Iberlibro), editado por la EDITORIAL LITÚRGICA ESPAÑOLA en 1934 y ajustado al VCI, y resulta que tampoco hay referencia alguna. Así, en la página 115, hay un cuadro sinóptico de "Los Novísimos", en el que aparece toda la escatología católica y no se menciona el limbo, a diferencia de todos los otros estados. A continuación de este cuadro sinóptico está el correspondiente a "La Comunión de los Santos" y en el apartado especificado como "excluidos de la Comunión de los bienes", se dice específicamente: "herejes", "cismáticos", "apóstatas", "excomulgados"... y punto.

    Naturalmente, cada punto está debidamente desarrollado. Llama la atención el hecho de que entre los "excluidos" no se encuentren los ateos, pero si recordamos Las Escrituras, Cristo ya advierte "Quien cree en mi vivirá..." y los ateos no creen.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  19. #19
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Es que, pese a comprender perfectamente los problemas que suscita, a mi juicio, el documento que ha emitido la Comisión Teológica Internacional, sobre el limbo y los niños asesinados por el crimen del aborto, también me cuesta muchísimo pensar que Dios pudiera permitir que Satanás se salga con la suya de una forma tan estúpida y tan refinadísima y cruel (al mismo tiempo...) como ésta. Y que millones y millones de almas inocentes se pierdan en un lugar tan estúpido como es el limbo, a consecuencia de una cuestión que hasta pudiera parecerme una suerte de curiosa forma de 'orgullo intelectual' teológico que pudiéramos llegar a cometer, en nuestra ignorancia, los pobres seres humanos que intentamos comprender en su mas completa esencia Su Doctrina. Y mucho más si intentamos transitar por recovecos tan intrinquados como el que nos ocupa en estos momentos... También me da miedo ésto.

    Amén de que, sinceramente, me cuesta muchísimo creer que todos esos millones de almas inocentes acaben en ese lugar tan sinsentido al que nos referimos (como un triunfo de Satanás sin precedentes...). Pero, sinceramente, lejos de mi esté la intención de querer democratizar estúpida y heréticamente el dogma de la Inmaculada Concepción para ello. Así que, por eso, como digo, prefiero dejar la cuestión en manos de Quien realmente está... es decir, en manos de la Divina Providencia.

    Quizás habría que pensar en la opción del bautismo de sangre, dado que siempre he tenido clarísimo que el crimen aborto (lo sepan o no lo sepan sus autores) es obra de Satanás, y por tanto está movido únicamente en su esencia por el odio a Dios y a la inocencia.

    Puede que los niños abortados no lo sepan (aunque tampoco somos nadie para adentrarnos en sus pequeñas cabecitas), pero podría incluso pensarse que sus muertes terroríficas fueran una especie de martirio cruento y terrible, que los pobres niños inocentes de nuestros días habrían de sufrir, y que éste fuera bastante similar al sufrido por aquellos pobres niños, Santos Inocentes sin duda... de los que también nos habla la Biblia. ¿Por qué podría ser tan descabellada esta idea...?.

    Por eso la analogía con los Santos Inocentes de la que nos habla la Sagrada Biblia, tampoco me parecería ser tan incorrecta aplicada a esta terrorífica cuestión. Si aquellos niños, los Santos Inocentes, la tradición siempre nos dijo que eran Santos, y así lo recordamos todos los días 28 de diciembre, sin albergar en nuestros corazones la más mínima duda, ¿por qué no habrían de serlo también los nuevos 'santos' de nuestros días?. Me gustaría que alguien me contestara con datos fehacientes a esta pregunta...

    Un abrazo en Cristo N.S.
    Última edición por jasarhez; 15/09/2013 a las 00:42

  20. #20
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    Re: Los católicos sí creemos en el limbo

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Los Santos Inocentes se fueron, como todos los justos antes de la muerte de Nuestro Señor Jesucrito, al Seno de Abraham. O sea, el Limbo. Cuando Jesucristo murió y descendió a los infiernos, como decía el credo antiguo (es decir, al Seno de Abraham), rescató a todos aquellos justos y se los llevó al cielo. Los Santos Inocentes fueron mártires porque los mataron in odium fidei, por odio a la fe con la intención de matar a Cristo. Y no caigamos en eso de "pobrecitos niños" como cae tanta gente porque el Limbo es un lugar de felicidad natural aunque no se contemple a Dios. Repasa todos los mensajes de este hilo y lo encontrarás todo muy bien explicado.
    Esteban dio el Víctor.

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