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Tema: Los Reyes Sevillanos de las Canarias

  1. #1
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    Los Reyes Sevillanos de las Canarias

    LOS REYES SEVILLANOS DE LAS CANARIAS :


    Antes que nada, agradecer al historiador sevillano José María de Mena su trabajo; plasmado entre otras cosas, en su obra Personajes sevillanos célebres en la Historia ( Colección Giraldillo; Serie Mayor )


    Las Islas Canarias ( Nombre derivado de sus originales canes ) formaban ya parte de la mitología grecorromana, como la Piel de Toro; siendo situadas como el Jardín de las Hespérides; uno de los trabajos hercúleos. Realmente, el contacto que se tenía en el mundo clásico se perdió; quedando en ella sus pobladores : Los guanches, de los que realmente sabemos poco. Se aprecia que hablaban una lengua beréber y que no tenían una homogeneidad física; ya que a los guanches de Tenerife se les dice “ rubios y altísimos “ y a otros “ ni blancos ni negros “. Sea como fuere, tras el proceso de Conquista llevado a cabo por la Corona Castellana y otros Reinos Hispánicos, habitaban en las Islas Afortunadas unos treinta mil guanches, de los cuales la inmensa mayoría, desgraciadamente, se extinguieron, quedando algunos nombres y apellidos : Naira, Yeray, Guayre, Mencey, Idaira….Eran un pueblo muy luchador, e incluso se le ha relacionado sus actividades pugilísticas con zonas de España como León, las Vascongadas, Navarra….

    Lanceloto Mallocello, un genovés que comandaba una expedición portuguesa, arribó a las islas en el año de 1312, de ahí a Lanzarote….

    Por el año 1400, un Caballero de la Normandía que se encontraba al servicio de la Corona de Castilla, Juan de Béthencourt, navegante y soldado, arribó al Archipiélago. Concibió pues la idea de conquistar el novedoso territorio insular, pero para ello precisaba tener primero una cobertura continental próxima, y así lo primero que hizo fue establecer en Cabo Suy, la Costa del Sáhara Español, una base de operaciones desde la que realizar sus incursiones a las Canarias. Pero las islas eran demasiado grandes para sus escasos medios, ya que no contaba ni con una docena de soldados. Se contentó con ocupar la pequeña isla de Fuerteventura, de la que tomó posesión autotitulándose Rey; capturó guanches y trajólos a la Piel de Toro para venderlos.

    Puesto en comunicación Béthencourt con el Papa, a quien dio cuenta de la existencia de las Islas Canarias, de las que él era Rey por derecho de su “ Descubrimiento “ ( Esto último, nada más lejos de la realidad…); el Papa le reconoció como tal, y Béthencourt marchó a la Francia y a la Escocia para intentar que los reyes de estos países le facilitasen barcos y tropas en cantidad suficiente para llevar a cabo la Conquista insular. Sin embargo, al no obtener lo que necesitaba volvió a la Península Ibérica, y pactó con la Corona de Castilla, para que le reconociera como rey feudatario y le diera alguna ayuda.

    Vuelto a Cabo Juy examinó detenidamente el Archipiélago desde su barco, y llegando a la conclusión de que era una empresa demasiado grande para él transfirió sus derechos a su primo, Monsieur Maciote, el cual quedó titulado Rey de Canarias, pero tampoco llegó a considerar como posible la Conquista de las islas, así que al igual que el anterior, realizó algunos desembarcos, capturó guanches y llevólos para esclavizarlos a Francia y España.

    Sin embargo, la noticia de las Islas Afortunadas habían despertado el interés de muchos españoles deseosos de gloriosas aventuras; y fueron muchos los Hijos del Reino de Sevilla los que se enrolaron para acompañar al obispo que había sido nombrado por el Papa Martín V para las Canarias, y que era el sevillano Don Fray Mendo de Viedma. El obispo y sus sevillanos militares desembarcaron en Lanzarote, fundando allí una pequeña ciudad y entablando ciertas negociaciones con los aguerridos guanches.

    Pero ocurrió que el rey Maciote, ante la imposibilidad de conquistar las islas mayores, decidió abandonar la empresa política y limitarse a la mercantil, con el propósito de ir esclavizando el mayor número posible de vasallos, utilizando Lanzarote como su base de operaciones…El obispo Viedma se opuso a este proyecto, y respaldado por los Caballeros Hispalenses que lo que pretendían era civilizar y evangelizar aquel territorio y unirlo a la política del Reino Español de Sevilla, iniciaron una resistencia civil contra el rey. Éste, intentando continuar con su propósito, se embarcó para la Eterna Roma, donde pidió al Papado la creación de otra diócesis, donde él pondría la capital y organizaría las cosas a su imagen y semejanza. Pero no le salió bien el intento; porque Fray Mendo de Viedma fue a Roma a aclarar la situación ante el Vicario de Cristo y consiguió desbaratar los planes mercantilistas; en tales términos que Maciote se vio obligado a vender sus derechos monárquicos, encontrándose como único comprador al Caballero Veinticuatro del Ayuntamiento de Sevilla : Don Pedro Barba Campos, quien pasó, por tanto, a ser el III Rey de las Canarias. Pedro Barba Campos era marino, Almirante de una flota que había mandado la Reina Regente, Doña Catalina, madre del niño Juan III de Castilla.

    Pedro Barba Campos vendió sus derechos a otro sevillano; también Caballero Veinticuatro del Ayuntamiento de Sevilla : Fernán Pérez de Sevilla, IV Rey de las Canarias. Duró éste poco en el trono; vendiendo sus derechos al Conde de Niebla : Don Enrique Alonso de Guzmán; V Rey de las Canarias.

    El Conde de Niebla, Grande de España, con notable influencia en diversas Cortes Europeas; ocupado demasiado en las labores de su fuerte condado y ante unas islas a medio ocupar y con poca esperanza, vendió sus derechos en el año de 1420 al sevillano Alfonso de las Casas, Alcalde Mayor de Sevilla, por mil doblas de oro. Alfonso VI de las Casas pues; VI Rey de las Canarias, juró feudo a Juan de Castilla, haciéndose constar en Capitulaciones que se firmaron en Ávila el 25 de Agosto del 1420, con el que compromiso de que fuera Sevilla la que llevara a cabo la definitiva Conquista de las Canarias, de las cuales aún no se había llegado a pisar siquiera las de Gran Canaria, Tenerife y La Palma.

    Durante trece años reinó Alfonso en las Canarias; conquistando varias islas, entre ellas las del Hierro y a su muerte, en el 1433, heredó el Trono Canario su hijo Guillén de las Casas, nacido en Sevilla, que fue el VII Rey de las Canarias. Ya para estas fechas se había creado en la Gomera una Corte; donde el Obispo y el Rey ( Sevillanos ) protagonizaban los mejores acontecimientos oficiales.

    Guillén de las Casas casóse con Inés de Bracamonte, sobrina de Béthencourt, y de este matrimonio nacieron Inés y Guillén, siendo Inés la que sucedió a su padre como VIII Monarca.

    Inés de las Casas contrajo matrimonio con otro sevillano, también Caballero Veinticuatro de Sevilla, Fernán Peraza, quien se aplicó con afán a la Conquista Canaria, preparando todo un ejército al mando de su Reino para desembarcar en la Isla de la Palma.

    Al cabo de un par de décadas; los Reyes contaban con un hijo, Guillén Peraza de las Casas, príncipe audaz, que quiso compartir con su padre la gloria del desembarco y la Conquista de la Palma. Según cuenta una crónica : “ El Príncipe Guillén, llevado de su ardor juvenil y su valentía se adentró en el territorio más de lo prudente, cayendo de improviso sobre su pequeña tropa un crecido número de guanches palmeros, que destruyeron la hueste del Príncipe. Este, protegiendo a los suyos, ordenó que se retirasen y él quedó manteniendo la retirada, pero quedó cortado en una vaguada combatiendo animosamente espada en mano, hasta que le golpearon con una piedra en la cabeza, dejándole muerto. Recuperado el cadáver por los suyos tras una sangrienta pelea, fue transportado a La Gomera, donde se le hizo un funeral donde lloraron todas las mujeres de la Isla, arañándose la cara con las uñas, y gritando como si a cada una se le hubiera muerto el marido o el hijo. “. De esta muerte desgraciada se escribió un planto o “ lay “ que hasta hace poco cantaban las niñas de La Gomera, y que así dice :


    “ Llorad las damas
    así Dios os vala
    Guillén Peraza
    Quedó en La Palma;
    La flor marchita
    De la su cara.
    No eres palma
    Que eres retama,
    Eres ciprés
    De triste rama,
    Eres desdicha,
    Desdicha mala.
    ¿ Do está tu escudo
    Guillén Peraza ?
    ¿ Dónde está tu lanza ?
    Todo acaba
    La mala andanza. “


    Poco después de la muerte del Príncipe de Híspalis, murieron sus progenitores, quedando heredera del trono una hermana de Guillén Peraza, Inés Peraza de las Casas, que andaba educándose en Sevilla, en la casa del Duque de Medina Sidonia, su pariente, y éste, al conocer la muerte de los Reyes Hispánicos Canarios, y que la pequeña Inés había de heredar el Reinado, la casó en cuanto tuvo trece años con otro Caballero Veinticuatro Sevillano, llamado Diego de Herrera.

    Inés Peraza de las Casas, IX Reina Titular de las Canarias, marchó con su esposo hacia Lanzarote y la Gomera, residiendo en ambas islas, y haciendo frecuentes viajes a la Península para negociar ayudas para la definitiva Conquista del archipiélago ( Sobre todo, las Islas Mayores ) Castilla, recelosa de Portugal o Francia, decidió asumir por sí misma la Conquista de Tenerife y Gran Canaria, y los Reyes Católicos instaran a los Reyes Titulares a que depusieran sus Derechos Reales; firmándose la Capitulación en Sevilla el 15 de Octubre del 1477; quedando Inés y Diego como Condes de la Gomera, más cinco millones de maravedíes y las rentas de Lanzarote, Fuerteventura y el Hierro.

    Queda claro que, en todo caso, la Conquista de las Canarias fue una empresa mayormente sevillana; con el claro patrocinio de una entidad política de peso como era Castilla; pero a título puramente nominal; y que Isabel no era sólo Reina de Castilla, y Fernando lo era de Aragón. Fueron pues, las Canarias para la Hispanidad una fundación meritoria de los sevillanos sin desmerecer los otros aportes de las gentes españolas; pero hay que acabar con ciertos tópicos historiográficos que, durante siglos, otorgan sólo a Castilla las labores imperiales.

    Una estrofa del “ Canto de Canarias “, de Bartolomé Carrasco de Figueroa, dice así :

    “ Dejó las islas a Monsieur Maciote,
    sobrino suyo, y dio la vuelta España:
    éste las dio en empeño, muerto el tío,
    a Don Guillén, llamado de Las Casas,
    y éste las dio con una hija en dote
    a Hernán Peraza, caballero noble;
    el que las dio también en casamiento
    con su heredera Doña Inés Peraza
    ilustre, generosa y bella dama,
    al valeroso Diego de Herrera
    de clara antigua sangre precedido. “

  2. #2
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    Re: Los Reyes Sevillanos de las Canarias

    * Fe de erratas :

    El poeta en cuestión es Cayrasco, que no Carrasco.

  3. #3
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    Re: Los Reyes Sevillanos de las Canarias

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    Y ahora que caigo, todo el mundo sabe que los acentos canarios tienen una clara influencia del sudoeste andaluz. Es lógico. Ahora que lo pienso, cariñosamente se conoce a los canarios por ser buenos muyayos y por recelar de beber agua del yorro. Y resulta que en la campiña de la actual provincia de Huelva, y mayormente concretando en Valverde del Camino, se dice “ oyo café con leiye “. Las aspiraciones de –j- , -h- y –s-, esa forma peculiar de pronunciar la -ch-; que a posteriori se va a apreciar en notables zonas de la América Hispana…..También me dicen ( Tengo familia en las Islas Afortunadas ) que existe un notable recelo para con el peninsular, y que dentro de ello, al más cercano se considera al sevillano y al gaditano ( Las actuales Cádiz y Sevilla tienen bastante relación con las Canarias por sus gentes ). También veo las murgas carnavaleras canarias, y el folklore de allí, y no deja de recordarme a las tierras gaditanas, onubenses y sevillanas que formaban el Reino de Sevilla ( Amén del sur pacense ); tradición también harto presente en las zonas itálicas que tuvieron contacto con Las Españas.



    Reino de Sevilla y Reino de las Canarias; ¡ en Hermandad por el Sol de Las Españas !

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