Ondárroa / Madrid, 20 mayo 2013, Lunes de Pentecostés; S. Bernardino de Siena O.F.M. La detención (tan ridículamente retrasada como entorpecida y espectacular) el pasado día 15 de la terrorista etarra Urtza Alkorta ha atraído la atención de los medios hacia la villa vizcaína de Ondárroa.
Este Domingo de Pentecostés publicaba el diario ABC un artículo de Jon Juaristi: "Ondárroa. La táctica abertzale de resistencia no violenta supone una continuidad de la estrategia totalitaria de ETA". No muerde Juaristi la mano que le da de comer (los cientos de miles de vascos trasterrados no han recibido los puestos y prebendas que este señor disfruta desde que salió de su tierra). Aprovecha también para arrimar el ascua a la sardina de la geoestrategia anglosionista, y no aprecia debidamente al autor carlista y buen sacerdote de Ondárroa, don Domingo Aguirre (llamado "Txomin" Aguirre por los nacionalistas, a los que era completamente ajeno) cuyas novelas ambientadas en la vida, los usos y costumbres de los "arrantzales" (pescadores) ondarreses son notables.
Pero en conjunto, viniendo de quien viene, no está mal el artículo, ni el recuerdo del mártir de la Tradición, José María Arrizabalaga Arcocha, jefe de las Juventudes Tradicionalistas del Señorío de Vizcaya, estrechamente ligado a S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, quien le otorgó a título póstumo la gran cruz de la Orden de la Legitimidad Proscrita.
Ampliando la información. El primer Arrizabalaga al que se refiere Juaristi no tiene nada que ver con nuestro José Mari, solamente el apellido: no eran parientes. El terrorista Francisco Aldanondo era en cambio pariente cercano de carlistas, de padre requeté y excautivo por España junto a los demás tradicionalistas ondarreses que sufrieron prisión en la cárcel del Carmelo de Bilbao. Un caso más del abandono del Carlismo y el paso al enemigo que fueron efecto tanto de las desviaciones y traición del expríncipe Carlos Hugo y sus colaboradores como de la apostasía de buena parte del clero vasco, que tras el Vaticano II abandonó el catolicismo por el nacionalismo marxista.
Por lo demás, en el artículo está bastante bien retratada la situación de Ondárroa. Es verdad que ETA puso en marcha un experimento (como dice Juaristi) de limpieza ideológica en esta villa; asesinan a José Mari Arrizabalaga (27 diciembre 1978) y amenazan a su familia y posteriormente a otras; unos se marcharon por no vivir de rodillas, otros se quedaron atemorizados y amordazados. Mientras tanto, quienes han controlado las instituciones se esforzaron desde el principio en impedir que hubiese reacción contra los terroristas y sus aliados, en vez de reprimir a éstos.
Y es que con los nacionalistas los demócratas pueden negociar, pactar y compartir; con los carlistas, no.
Artículo completo en este enlace.
A propósito del artículo reseñado, recordamos una réplica a Jon Juaristi Linacero publicada en ABC el 4 de septiembre de 2010, obra del Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, profesor José Miguel Gambra:
Juaristi y el carlismo
Sr. Director: El ABC del pasado domingo 29 publica un artículo de Jon Juaristi titulado "Carlismos", donde analiza las actividades políticas de don Carlos Hugo de Borbón y le proporciona post mortem los consejos culinarios que le hubieran llevado a ocupar un sabroso puesto en la transición. Aplaude Juaristi su designio de aprovechar la masa del pueblo carlista y la elevada temperatura del horno durante el franquismo decadente, para cocinar un buen pastel con crema de socialismo, fina capa de regionalismo y churretón de progresismo por encima. Lamenta, sin embargo, que no supiera aprovechar esos sabrosos elementos en tan excelente ocasión y que equivocara el aderezo, poniendo el insípido legitimismo y la foránea especia autogestionaria, en lugar de añadir una pizca de inspiración cristiana, una brizna de democratismo y un sí es no es de sindicalismo, que es lo debería haber hecho.
El artículo, además de ofrecer un visión sintética del fracasado partido carlista y de su líder, pone de manifiesto la experiencia del articulista en la escuela de repostería política cuyo exponente autóctono más conspicuo fue Martínez de la Rosa, con razón apodado "rosita la pastelera". Tanto don Carlos Hugo como Jon han aprovechado los ingredientes de su despensa de manera similar. El uno, bajo excusa de aggiornamento, usó la autoridad que la legitimidad de cuna le deparó, para intentar el transvase ideológico del carlismo hacia su personal mejunje ideológico, lo cual sólo produjo escisiones y defecciones entre los carlistas. El pueblo carlista, mucho más crítico de lo que se piensa, le fue abandonando y él se quedó a solas con unos corifeos reclutados fuera del tradicionalismo. El fracaso acompañó a su deslealtad, por no decir traición, y así será recordado por la historia. El otro, con la excusa de sucesivas conversiones personales, ha empleado sus talentos para buscar el éxito a lo largo de todo el espectro político: desde ETA, a la que sirvió de correveidile con el falso carlismo, hasta el PP madrileño, pasando por el comunismo, el socialismo, el judaísmo y de qué se yo cuántos ismos más. Colmada de honores y prebendas, su vida no pasará, sin embargo, a historia alguna, a no ser que algún literato le dé por contarla y le granjee un merecido lugar junto al buscón don Pablos, a Guzmán de Alfarache y a Gil Blas de Santillana.
Salvadas las distancias, ambos han confundido la técnica del gatuperio, para procurarse poder y honores, con el noble arte del político. La política, enmarcada desde Aristóteles en la ética, debiera acomodar prudentemente a las circunstancias cambiantes de España los principios del saber político que nos ha legado el occidente cristiano. Legado que une al propio Estagirita con San Agustín y Santo Tomás y a los maestros de la escolástica española postrenacentista con los pensadores carlistas, que lo recogieron y enraizaron en las costumbres españolas.
Uno y otro no sólo aparentan desconocer todo eso, sino que se han mostrado incapaces de concebir doctrina alguna a la que servir, para bien de la comunidad, sin convertirla en objeto de chalaneo para otros fines. Los carlistas tenemos que agradecer las despectivas palabras de Juaristi hacia nosotros. Primero, porque otra cosa nos hubiera sonado a insulto, y, segundo, porque evidencia ese gusanillo de intranquilidad que sigue produciendo el carlismo. No tanto por nosotros mismos, que ahora estamos empequeñecidos (menos de lo que Juaristi cree), sino porque la doctrina carlista tiene tanta vitalidad intrínseca que ya tenemos por costumbre ver su esquela en los periódicos sin inmutarnos.
Este lunes de Pentecostés, en Zoom News / Zoom País Vasco, el periodista Gorka Angulo escribe también sobre el genocidio nazionalista en la misma villa vizcaína: "El puente de Bildu en Ondarroa". Tiene algunos aciertos, pero la lista de errores es demasiado extensa.
Para empezar, la confusión en términos y en conceptos. Hablar de "Euskadi", o hablar de "fascistas" y "nacionalismo español" en la villa vizcaína de Ondárroa, resulta sencillamente ridículo. Pero el Sr. Angulo evidencia su propia formación inicial cuando llama "monumento a caídos del bando nacional en la Guerra Civil" al "monumento en memoria de los 18 muertos y desaparecidos del pueblo en el crucero 'Baleares', la gran tragedia marítima de los nacionales en el Cabo de Palos en 1938. La villa marinera fue el municipio de España que más voluntarios (48) dio a lo que los carlistas locales llamaban 'crucero Baleares, boina roja de los mares'". El periodista combina vocabulario "políticamente correcto" de dos épocas distintas: los carlistas rechazaron siempre la jerga fascistizante de los "caídos" que usaba la propaganda falangista.
La confusión de Gorka Angulo continúa con la cita de otra fuente no fiable, Mario Onaindía, para decir que "a pesar de la fama vasquista de Ondarroa, el 18 de julio 'en muchísimos balcones del pueblo ondeaba la bandera española con el escudo franquista'". Es que los vasquistas de Ondárroa usaron siempre la bandera española; y hasta 1980 se colgaba profusamente en los balcones ondarreses, no sólo el 18 de julio, sino también el 6 de marzo, Día del "Baleares", y el 4 de octubre, Liberación de Ondárroa. Pero en las viviendas esas banderas iban sin escudo, como corresponde. Al menos una valiente carlista siguió colgándola muchos años más. También se llevaban coronas de laurel al monumento a los muertos del Crucero Baleares.
La gran "bertsolari" carlista Sotera Aldarondo, que el Sr. Angulo cita, autora de los "bertsos" dedicados al asesinado José Mari Arrizabalaga, nunca habló de "raza". Sotera Aldarondo, por cierto, nunca abandonó Ondárroa y aguantó el tipo hasta su muerte. Tampoco se entiende bien al periodista cuando dice "en otros comicios, Blas Piñar superó el 5% de los votos". Blas Piñar López nunca fue candidato en Vizcaya, ni se presentó a las elecciones su desaparecido partido "Fuerza Nueva" más que como integrante de una coalición, Unión Nacional, cuya candidatura al Congreso de los Diputados en las elecciones generales de 1978 obtuvo en Ondárroa 330 votos, casi el 6 % de los emitidos (probablemente obtuviera más, pero mediara "pucherazo"). Pero se trataba de una coalición en la que también participaba la Comunión Tradicionalista.
En fin, tenemos que terminar esta reseña con las palabras que dedicábamos al artículo anterior de Jon Juaristi, pero si cabe con más reparos:
Por lo demás, en el artículo está bastante bien retratada la situación de Ondárroa. Es verdad que ETA puso en marcha un experimento (como dice Juaristi) de limpieza ideológica en esta villa; asesinan a José Mari Arrizabalaga (27 diciembre 1978) y amenazan a su familia y posteriormente a otras; unos se marcharon por no vivir de rodillas, otros se quedaron atemorizados y amordazados. Mientras tanto, quienes han controlado las instituciones se esforzaron desde el principio en impedir que hubiese reacción contra los terroristas y sus aliados, en vez de reprimir a éstos.
Y es que con los nacionalistas los demócratas pueden negociar, pactar y compartir; con los carlistas, no.
Artículo completo en este enlace.
Libro relacionado: Vasconia españolísima, por Zacarías de Vizcarra Arana. Durandarte, 2012. En La Librería Católica
Agencia FARO
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