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Tema: 9 de marzo: Festividad de los Mártires de la Tradición 2019

  1. #1
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    9 de marzo: Festividad de los Mártires de la Tradición 2019



    Festividad de los Mártires de la Tradición
    Bajo la presidencia de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

    Sábado, 9 de marzo de 2019

    12:00 h.
    Santa Misa por los Mártires de la Tradición

    Iglesia del Convento del Cristo del Pardo (Carretera del Cristo del Pardo s/n)

    13:30 h.
    Comida de hermandad y Acto político

    Restaurante El Lar de Domingo (antes llamado El Faro del Pardo)( Carretera El Pardo-Fuencarral, km.1)

    A los postres tomarán la palabra: don Fernando Andina,don Alfredo Allué y don José Miguel Gambra

    Reservas: circulo@mollelazo.com.

    –Cubierto ordinario: 35 €; estudiantes y parados: 29 €
    –Se puede pagar el mismo día, previa reserva de plaza lo antes posible en: circulo@mollelazo.com
    –Quien desee facilitarnos la gestión, puede hacer el ingreso en la cuenta de Bankia número: 2038 1153 21 6001032574 a nombre de Círculo Cultural Antonio Molle Lazo, y aportando el día 9 el justificante de pago.

    Se ruega a los asistentes que lleven boina roja o blanca.

    *Transporte público desde Madrid a la localidad de El Pardo: Autobús 601, parada en el intercambiador de Moncloa (isla 3, dársena 30) cada 20 minutos aproximadamente.

    «Todos morían al grito de ¡viva la Religión!, ¡viva España!, ¡viva el Rey!»

    «Con la misma sagrada invocación en los labios, ¡cuántos otros han entregado el alma a Dios, mártires incruentos, en los hospitales, en la miseria; matados, aún más que por el hambre, por las humillaciones, y todo por no faltar a la fe jurada, por ser fieles al honor, por no doblar la rodilla ante la usurpación triunfante!»

    «Propongo que se instituya una fiesta nacional en honor de los mártires que desde el principio del siglo XIX han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey en los campos de batalla y en el destierro, en los calabozos y en los hospitales, y designo para celebrarla el 10 de marzo de cada año, día en que se conmemora el aniversario de la muerte de mi abuelo Carlos V».
    S.M.C. Carlos VII,

    De la Carta al Marqués de Cerralbo

    Venecia, 5 de noviembre de 1895


    ——————————————————————————————————————————————COMUNIÓN TRADICIONALISTA: Apartado de Correos 50571 • 28080 Madrid; www.carlismo.es

    Círculo Cultural Antonio Molle Lazo; www.mollelazo.com

    https://carlismo.es/9-de-marzo-festividad-de-los-martires-de-la-tradicion-2019/.

  2. #2
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    Re: 9 de marzo: Festividad de los Mártires de la Tradición 2019

    A los mártires carlistas.

    Himno a los mártires:

    Los carlistas, asombro del mundo,
    Como bravos supieron luchar
    Por librar a la España querida
    Del oprobio y baldón liberal.

    Y su sangre, semilla fecunda
    De carlistas ha sido y será,
    Pues la causa que tiene sus mártires
    No se pierde ni extingue jamás.

    Sus ejemplos valor nos infunden
    Y cual ellos sabremos luchar
    En el día tal vez no lejano,
    Cuando ruja el furioso huracán.

    Si nos hiere una bala traidora,
    Nada importa, habrá un mártir más;
    Si al cuerpo le cubre la tierra,
    Tendrá el alma una gloria inmortal.

    Niceto (La Verdad, 10 marzo 1904)




    Hoy, 10 de marzo de 2019, los tradicionalistas de toda España —y aún de los países hispánicos de Ultramar— honramos a cuantos nos precedieron en la lucha contra el liberalismo, y muy singularmente a todos los que vertieron su sangre por la Santa Causa de la Religión, la Patria y la Legitimidad.

    Entre tantos leales que nos vienen a la cabeza, nos acordamos en esta fecha del periodista Francisco Guerrero Vílchez, veterano de la Tercera Guerra Carlista y director del periódico carlista granadino LA VERDAD (1899-1941) y autor de las siguientes líneas, tomadas del libro Homenaje de la Comunión Carlista á los Mártires de la Tradición y del Derecho (1908), que hacemos nuestras:


    A vosotros, mártires de la Tradición, cuyos heroicos hechos se encuentran consignados en la Historia, constituyendo una de sus más brillantes páginas; la Patria, por orden de nuestro Augusto Jefe, os consagra el día de hoy.
    Francisco Guerrero Vílchez (Granada, 1854-1941)

    Sí, vosotros representáis el genuino y caballeresco carácter español: por eso la Patria viste hoy de luto recordando las proezas de sus héroes y el valor de sus mártires.
    ¡Hoy es día de luto para la España tradicional!
    ¡Oremos, pues, por esos valientes; oremos por nuestros hermanos!
    ¡Nobles compañeros que disteis vuestra generosa sangre en defensa de la más santa de las causas y por la verdadera libertad, descansad en vuestras tumbas!
    Vuestra empresa, digna es de soldados de la Religión y del Trono.
    La patria agradecida a tan sublime abnegación, os dedica el recuerdo que merecéis.
    Vuestra sangre será semilla de nuevos entusiasmos y germen de nuevos campeones.
    Cuando nosotros reclutas disponibles de nuestro Rey continuemos la obra que hace años emprendisteis, y con la ayuda de Dios el éxito corone nuestros esfuerzos, vuestra será la victoria.
    Al dedicaros El Tradicionalista este Homenaje y recuerdo, creo que experimentará siquiera la satisfacción propia del que hace un bien; pues honrando vuestra memoria se cumple con un deber de hermanos y se honra a los valientes que murieron por Dios, su Patria y el Rey.


    Francisco Guerrero Vílchez

    Director de «La Verdad» (Granada).

  3. #3
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    Re: 9 de marzo: Festividad de los Mártires de la Tradición 2019

    Los mártires de la Iglesia y los mártires de la Tradición.

    Deshecho huracán se ha desencadenado y amenaza arrollar con su furia a la Iglesia de Cristo; ese árbol gigantesco, bajo cuya sombra benéfica se cobijan y amparan todas las desgracias y miserias.

    ¡Vano empeño! Su empuje se estrellará contra esa roca inconmovible sin causar en ella el más leve detrimento.



    Es que ese árbol bendito ha echado raíces muy profundas en el corazón de la humanidad; es que el suelo donde crece y se desarrolla está empapado con la sangre que los mártires del Cristianismo vertieron generosos en aras de su fe.

    * * *

    Ciclón imponente pretende tronchar por su base ese otro árbol, también gigantesco, de la Tradición; institución venerada y providencial que Dios ha hecho surgir en nuestra Patria, precisamente en este siglo, para que sirva de dique a la revolución, que con desesperantes esfuerzos trata de arrasarlo todo.

    ¡Vano empeño!, todos los esfuerzos serán impotentes para derribarlo en tierra; sus raíces están muy hondas, crece en un suelo empapado con la sangre de aquellos héroes que inmolaron sus vidas en aras del santo lema Dios, Patria y Rey.

    ¡Bendita la sangre de los Mártires; que frutos tan saludables ha hecho germinar en esta bendita tierra!

    Aurelio Alonso
    Redactor-jefe de «El Correo de Zamora»

    Tomado del libro "Homenaje de la Comunión Carlista á los Mártires de la Tradición y del Derecho" (1908).

  4. #4
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    Re: 9 de marzo: Festividad de los Mártires de la Tradición 2019

    Liber scriptus proferetur...

    Y a la faz de las generaciones abierto estará el libro de la vida; y en columna de honor ante el Dios de los ejércitos desfilarán, tremolando en sus manos las palmas del triunfo, los soldados de la Gran Comunión, pues ellos fueron los que derramaron su sangre y los que sacrificaron sus bienes en holocausto de nuestra invicta bandera, y mártires fueron y mártires serán los valientes atletas que firmes en las trincheras de la prensa e impertérritos, en el baluarte de la tribuna, defendieron, defienden y defenderán la causa por antonomasia sacrosanta, que es la causa de Dios, de la Patria y del Rey.




    Carlos Forcada.

    Director de «Ausetania» (Vich).
    Tomado del libro "Homenaje de la Comunión Carlista á los Mártires de la Tradición y del Derecho" (1908)



  5. #5
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    Re: 9 de marzo: Festividad de los Mártires de la Tradición 2019

    Discurso de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón en la Festividad de los Mártires de la Tradición

    26 marzo, 2019





    No quiero hablar mucho, porque estos discursos son tan fundamentales que no hay que olvidarlos por algunas palabras de más. Quisiera solamente comunicar cuán fundamental es para mí estar con vosotros todo el tiempo, como es mi esperanza. Estaba pensando en que la tradición es repetición, pero es fundamental que esté repetida de tal manera que nosotros seamos capaces de expresar su aliento. Es importante que también se pueda recordar en discursos como estos que son fundamentales. Agradezco muchísimo las palabras tan importantes como las que hemos escuchado hoy.

    Quisiera solamente recordar que estoy viviendo fuera de España, en Francia. Y en Francia hay un movimiento extraño que se llaman “los chalecos amarillos” – no sé si lo han escuchado – que es un movimiento muy interesante de reacción popular a la situación lamentable de la democracia francesa, que ha llegado a ser tan perversa que está totalmente podrida, y mucha gente reacciona sin saber qué decir, pero es querer reaccionar. Es muy importante esto. Los chalecos amarillos, que tienen toda mi amistad y toda mi simpatía, tienen un gran problema, y es que no son españoles.

    No saben de tradición, esto es lo fundamental. No saben entender la situación como tiene que ser entendida conforme a los elementos de la fe, del combate y las luchas que el carlismo ha sabido mantener y que ellos no han sabido hasta ahora conocer. Pero es muy interesante que sepan que hay que reaccionar, que hay que demostrar un descontento internacional. Y esto es un fin muy importante, pero no van a conseguir nada porque no tienen tradición. Son muy simpáticos, muy nuestros, pero no tienen formación intelectual ni histórica.

    Además, no tienen la suerte que nosotros sí tenemos, la de saber lo qué es la fe, la esperanza; la suerte de saber realmente lo que es el combate, el combate carlista de 150 años o más, que ellos no tuvieron. Ellos no saben de esto, ellos no saben que, si hay que combatir, hay que combatir con un proyecto. Un proyecto lo tenemos nosotros los carlistas, ellos no tienen proyectos. No tienen tampoco jerarquía, y para conseguir una victoria hay que mantener una jerarquía, no tienen jerarquía. Van a perder, aunque son una reacción muy compacta, muy nuestra; ellos quisieran salvar el país, pero no lo van a salvar porque no son españoles, no son carlistas.

    La verdad también es que hay que mantener la jerarquía, hay que tener un cierto concepto intelectual que lo da el cristianismo. Esto ya no existe, ni es interesante tampoco como moda, de manera que ellos no saben; ellos esperan, pero no saben cómo esperar ni de qué manera esperar. Yo les tengo una simpatía enorme, pero tengo poca esperanza. Ellos tendrían que ser carlistas; y no lo son, por desgracia para ellos.

    Ahora quiero volver a España. España tiene todo esto; lo que pasa es que, en la realidad, España se está reduciendo muchísimo, en su realidad geográfica y también de manera intelectual y política. Yo no creo en España – y perdón por la expresión–; yo creo en el Imperio Español. Yo quiero una reconquista del Imperio Español. No sé cómo, pero tenemos que mantener el Imperio Español, esos virreinatos que ya no existen. Estoy totalmente a favor de una tentativa nuestra de volver a lo que fueron estos países que fueron nuestros y que constituían un imperio internacional muy español, como Dios manda. Espero que puedan entender que yo creo en España, pero en una España Imperial, no en una España republicana ni nada parecido. Por eso tenemos que poner totalmente nuestras esperanzas en reconquistar, de una manera u otra, el Imperio Español como estaba antes de que los ingleses que se metieran de por medio. No podemos esperar que España retroceda, tenemos que esperar una España reconquistada por ella misma a través del Imperio que tuvo y que hoy se conoce como el Nuevo Mundo. Porque es importante acordarse de que España estaba reinando en el mundo de entonces, porque tenía este poder, un poder que era geográfico, cultural, pero también era espiritual. Si nos olvidamos de eso, nos olvidamos también de España. España no puede vivir sin el Impero. Quiero reconquistar el Impero para reconquistar España, aunque pueda parecer iluso.Ahora quiero decir algo importante, que también estos “chalecos amarillos” van a tratar de mantenerse, aunque no tienen realmente jerarquía. Nosotros tenemos jerarquía. No tienen ellos fe, como nosotros que tenemos esa fe. No podemos tener solo lo que tienen ellos, el poder imparable de luchar política, militar y paramilitarmente. Creo que España tuvo siempre esto, el concepto de la lucha nacional, militar y paramilitar. Así los requetés consiguieron realmente la victoria del 36-39; es por el carlismo, y la gente olvida que la Falange fue simpática pero muy limitada y que el carlismo nunca fue limitado. Esta es la fuerza del carlismo. Y creo que estamos en esto: volver a la lucha militarmente y sobre todo paramilitarmente; por eso están estos jóvenes aquí – ¡entre comillas lo de jóvenes! –. Y me alegro de constatar esta situación tan fuerte: que el carlismo no muere porque cada generación vuelve a ser carlista.

    Agradezco mucho a estas generaciones aquí presentes. La verdad es que quiero que ustedes sepan que tenemos una jerarquía fenomenal, gracias a ustedes y no gracias a mí, a ustedes. Y que esta jerarquía la debemos mantener, porque si no la mantenemos, vamos a terminar muy mal, un desastre total. Tenemos que volver a la jerarquía, tenemos que volver a la recuperación de estas fuerzas básicas que ustedes demuestran por supuesto. Agradezco mucho a esta jerarquía que ustedes han sabido aceptar y desarrollar, el sermón y los discursos políticos. Creo que con estas pocas palabras sabrán que yo estoy siempre con vosotros, día y noche, año por año, hasta que Dios me llame, que no será dentro de mucho. Hasta muy pronto, adiós y gracias.






    Fuente: Comunión Tradicionalista


    .
    Última edición por Martin Ant; Hace 3 semanas a las 19:29

  6. #6
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    Re: 9 de marzo: Festividad de los Mártires de la Tradición 2019

    Sermón del Padre José Ramón García Gallardo en la Santa Misa de los Mártires de la Tradición 2019.


    30 marzo, 2019






    Alteza Real, Don Sixto Enrique de Borbón Parma; Señor Jefe Delegado, Don José Miguel Gambra Gutiérrez, miembros de la Secretarìa Política, queridos correligionarios:

    Agradecemos a la Divina Providencia que nos ha permitido una vez más cumplir la voluntad de su Majestad el Rey Don Carlos VII, quién dejara establecido:

    «Propongo que se instituya una fiesta nacional en honor de los mártires que desde el principio del siglo XIX han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey en los campos de batalla y en el destierro, en los calabozos y en los hospitales, y designo para celebrarla el 10 de marzo de cada año, día en que se conmemora el aniversario de la muerte de mi abuelo Carlos V».

    Por eso estamos aquí y ahora para honrar a nuestros mártires.

    Mártir, es aquel que da la vida por Cristo, la verdad, la justicia u otra virtud. Y en sentido amplio afirma Orígenes: «Todo el que da testimonio de la verdad, bien sea con palabras, con hechos o trabajando de alguna manera en favor de ella, puede llamarse con todo derecho: testigo».

    Mártir, es quién ha llevado hasta el heroísmo la virtud de fortaleza, firme en el sustinere, soporta los ataques y la persecución por amor a la verdad y la justicia. Realizando el acto excelso, el gesto supremo de la virtud de Caridad, «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos». (Jn XV, 12)

    Por estos actos de virtud los mártires alcanzan la bienaventuranza eterna prometida: «Felices aquellos que sufren persecución por la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece» (Mt V,20).

    San Ambrosio declara que: «Con la muerte de los mártires la religión fue defendida, aumentó la fe y la Iglesia fue fortalecida». Y nosotros podemos agregar, con respecto a la Patria, sucede lo mismo, por lo tanto, con ellos tenemos una enorme deuda de gratitud.

    Al subir al altar he besado con devoción el ara que contiene reliquias de mártires, porque son ellos el sólido fundamento de la Ciudad Católica, del altar y del trono. «Dos amores han dado origen a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la Ciudad Católica» (CD 14,28).

    «Los mártires, no necesitan de nuestras festividades porque gozan en los cielos la compañía de los ángeles, pero gozan con nosotros … si los imitamos». «Celebremos los mártires pensando fundamentalmente en imitarlos; elige tu causa y no te preocupes de la pena», San Agustín de Hipona.

    Comenta San Bernardo en la epístola sobre los Macabeos: «Dichosos los muertos, no solo los que mueren por el Señor, como los mártires, sino también los que mueren en el Señor, como los confesores. Dos cosas hacen la muerte preciosa: la Vida y la Causa, pero más la causa que la vida».

    San Agustín en varias de sus obras nos enseña que: «No hace al mártir la pena, sino la causa». «En la cruz y en los ladrones es parecida la pena, pero la causa es distinta: uno creyó, otro blasfemó. Y el Señor desde el tribunal de la cruz juzgó a ambos, a uno al infierno, al otro lo llevó consigo al paraíso. Así pues, elegid la causa de los mártires, si queréis obtener la palma de los mártires. San Dimas admitió su delito, subió a la cruz, cambió la causa y accedió al paraíso».

    Don Carlos VII dice de nuestros mártires que «Todos morían al grito de ¡viva la Religión!, ¡viva España!, ¡viva el Rey!»

    «Con la misma sagrada invocación en los labios, ¡cuántos otros han entregado el alma a Dios, mártires incruentos, en los hospitales, en la miseria; matados, aún más que por el hambre, por las humillaciones, y todo por no faltar a la fe jurada, por ser fieles al honor, por no doblar la rodilla ante la usurpación triunfante!»

    Los carlistas de ayer, de hoy y, Dios lo permita, también los de mañana, serán testigos en la vida y, si es necesario, en la muerte, de esa CAUSA, la causa de la Santa Tradición, por la que nuestros héroes son mártires. Esta es la Causa a la que los tradicionalistas hemos consagrado la vida.

    Hemos visto que es LA CAUSA la que hace al MARTIR y nuestros mártires: «han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey».


    .


    La Santa Causa está simbolizada por nuestra BANDERA, las Aspas de Borgoña, la de la Cruz de San Andrés, que sobre fondo blanco su sangre martirial tiñera de rojo.

    San Andrés, hermano de San Pedro, cuyo nombre en griego significa: Valiente, ofrendó su vida en Grecia, como si quisiera con su sangre bautizar la filosofía. Es el Apóstol primogénito, el primer llamado.

    Es San Andrés, como su cruz lo indica, el Apóstol de la multiplicación, pues cuando estaban junto al lago de Tiberiades y la multitud estaba hambrienta, con San Felipe ofreció al Señor lo poco que tenía: cinco panes de cebada y dos peces; y fue cuando el Señor alimentó a más de cinco mil. (Juan 6, 1-10.)

    Estando San Andrés con San Juan Bautista, éste señaló al Mesías diciendo «Este es el Cordero de Dios». San Andrés le preguntó al Señor. Maestro: ¿dónde habitas? Jesús les dijo: «Venid y ved».

    Aquella pregunta que le hizo al Señor en el desierto recibirá por fin respuesta esperada, en este momento supremo, agonizando en la cruz, el Señor le mostró los cielos abiertos y el lugar dónde habita la gloria de Dios. Vio esa morada que Dios tiene preparada para aquellos testigos que son leales y fieles en este campo de batalla.

    El Apóstol, luego de ser azotado en una columna, se dirigió hacia la Cruz, cantando un himno que enaltecía aquella Cruz, que más adelante sería nuestra bandera. Iba cantando, como tantos y tantos de nuestros mártires:

    «¡Oh cruz buena, que fuiste embellecida por los miembros del Señor, tantas veces deseada, solícitamente querida, buscada sin descanso y con ardiente deseo preparada! Recíbeme de entre los hombres y llévame junto a mi Maestro, para que por ti me reciba Aquél que muriendo me redimió. Amén».

    Atado a esa cruz permaneció tres días predicando a las gentes, y podemos decir que aun hoy desde ella continúa exhortándonos.





    Las aspas de Borgoña, crux decussata, dirá la heráldica; la Cruz de San Andrés nos dirá la historia; signo de multiplicar, las matemáticas; es el símbolo sensible de nuestra Santa Causa. Es la bandera que flameó hasta donde España llevó las fronteras de la Cristiandad. La cubrió con su sombra y la hizo fecunda ¡Plus Ultra! Por Europa, América, África y Asia. La bandera de los Tercios que hasta en Empel protegía y guardaba, la Inmaculada. Y si Don Carlos I nos trajo de Borgoña las aspas, con ellas Juan Sebastián Elcano hace quinientos años ceñía el orbe entero.

    Servimos la bandera de la Tradición, con un pasado que muchos héroes hicieron heroico, que muchos santos hicieron sublime y así como la admiramos y conjugamos en tiempo pretérito, proféticamente, podemos verla flamear victoriosa en tiempo futuro. Porque es eterna, como la Verdad que representa, la Causa que simboliza. Viva, como el Espíritu que la vivifica.

    No nos seducen las banderas modernas, flores de un día, hoy florecidas entre huesos de viejas trincheras, sobre los escombros de un pueblo, ruinas de un imperio y mañana marchitas. Tan modernas como pasajeras, con tanto futuro, como pasado, doctrinas peregrinas.

    San Cipriano, mártir, dice: «Una cosa es que falte el ánimo para el martirio y otra que falte el martirio al ánimo». Servimos con mucho ánimo nuestra Bandera. La causa que permite a quienes abnegadamente la sirven, heroicamente la defienden, entusiastamente la exaltan, sean hoy como ayer: Mártires.

    Servimos una Bandera, combatimos por una causa. Símbolo que nos trasciende. No ponemos nuestras vidas, nuestros bienes, nuestro tiempo al servicio del Ego, cuando precisamente la abnegación de servir esta bandera nos pide que ofrendemos nuestro amor propio. Mucho menos estamos dispuestos a servir los egos de los prójimos, de mercenarios y caciques, díscolos y déspotas.

    La santidad de esta Bandera exige que sea servida con humildad, pues al lado de esos mártires que hoy honramos somos poco y nada, al lado de esas almas gigantes, somos unos enanos; al lado de esos héroes, muy cobardes; a lado de esos corazones generosos unos mezquinos. Otra vez el reloj de la historia nos marca la hora del heroísmo. Oíd a Santa Teresa: «Todos los que militáis, debajo de esta bandera, ya no durmáis, no durmáis, pues que no hay paz en la tierra».

    Antes de acabar quiero agradecer a Vuestra Alteza, Abanderado de la Tradición, haber sostenido fiel y firmemente la Bandera de las Aspas de Borgoña, la bandera de la Cruz de San Andrés, vientos de revolución quieren hacerla girones, pero aun flamea. Cuando las tiranías revolucionarias nos esclavizan ella es la verdadera libertad. Cuando la mentira, el odio, la muerte; la traición de los militantes, la apostasía de los bautizados, la perversidad de los malos y la tibieza de los buenos, la ingenuidad de los inocentes y la astucia de los criminales, amenazan nuestra Civilización Cristiana. Nuestra Bandera con singular nobleza resiste feroces tormentas democráticas, mundialistas e igualitarias. Su sombra cobija a muchos leales en toda la Hispanidad. Es quién abriga la Esperanza. La miran y veneran en las Pampas Argentinas, en Nápoles y en Filipinas, en tierras de Nueva Granada, en México, en Perú, la cordillera de los Andes de punta a punta, bajo su sombra se cobijan los hijos de los aztecas, de los incas, guaraníes y araucanos. La miran con amor filial pues es la bandera que los hizo cristianos. Alteza tenedla firme, ¡No caiga jamás de vuestras manos!

    En la oración de hoy suplicamos a nuestros Mártires que intercedan por nosotros ante San Andrés, para que por su Cruz, nuestra Bandera, se multipliquen el ciento por uno las huestes, los medios y las fuerzas, nuestros tres panes y cinco peces.






    Carlistas que hagan honor a su Bandera por su lealtad y valentía.

    Quiero concluir encomendándoos a la Generala de Nuestros Ejércitos, a la Dolorosa. Al Corazón Doloroso de la Reina de Los Mártires. A ese Corazón que Don Javier decidió poner en el blasón de España a instancias del Papa Pio XII y, Pio XII a instancias de la Virgen María y, la Virgen María a instancias de Dios, fiel a su voluntad, de establecer en el mundo la Devoción al Corazón Inmaculado. Su Corazón Doloroso e Inmaculado, son con el Santo Rosario, nuestras últimas prendas de Victoria. Él es toda la razón de nuestra esperanza. ¡Triunfará!




    Fuente: Comunión Tradicionalista



    .
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  7. #7
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    Re: 9 de marzo: Festividad de los Mártires de la Tradición 2019

    Alfredo Allué: discurso en la Festividad de los Mártires de la Tradición 2019


    6 abril, 2019






    Alteza Real, Reverendos Padres, queridos correligionarios:

    En la confusión antropológica que vivimos, cada vez se hace más patente la falacia liberal que consiste en elevar a la categoría de dogma el siguiente razonamiento: «mis derechos y libertades concluyen donde comienzan los derechos de los demás»; y es una falacia, pues lo que se deriva de este axioma es lo siguiente: los demás son un estorbo para que mis derechos crezcan exponencialmente, como la levadura, y se impongan a todos.

    La llamada sociedad abierta que el liberalismo propugna, que, en palabras de Juan Manuel de Prada, no es más que «la sociedad desarraigada y multicultural en la que todo lazo social y de aspiración al bien común son reducidos a fosfatina», se ha embarcado en un ambicioso proyecto de erradicación del más mínimo vestigio natural y comunitario del ser humano. Para ello se han puesto en marcha políticas e instrumentos coercitivos lo suficientemente despóticos para poder llevar a cabo dicho proyecto.

    Esta coerción se justifica aun más, cuando el liberalismo observa que la imposición ideológica en todos los campos posibles, si no peligra, al menos se cuestiona, porque hay resistencias. En ese momento la coerción actúa para neutralizar a los que estorban, a los que estorbamos. Así, por poner algunos ejemplos, la legislación penal en materia de odio, los protocolos educativos que confunden a nuestros hijos desde el primer momento que pisan un aula, el discurso único e inalterable en materia de memoria histórica, la persecución de todos las «fobias» inventadas etc.; en una actuación totalitaria sobre el propio pluralismo que el liberalismo predica.

    Y esto es así, porque hay, como expresan algunos, un cambio de paradigma cultural; lo que para ser más claros, supone el fin de una trágala con el Nuevo Orden Mundial; en la que millones de personas en muchas sociedades, y también de españoles, se confrontan ya públicamente contra los que, en palabras de Rafael Gambra, niegan los cimientos estables de la sociedad, y suprimen la trascendencia.

    Es verdad que todavía esa confrontación en nuestra Patria se canaliza por derroteros no muy recomendables. El llenar plazas bajo la atenta mirada de las direcciones hegemónicas para sacralizar en última instancia el sufragio, pidiendo elecciones, sin duda poco ayuda a este giro que ponga en la picota a las fórmulas consensuales del liberalismo. En cierto modo, recuerda aquellos multitudinarios mítines de los años treinta de aquella estéril organización política denominada Confederación Española de Derechas Autónomas.

    Pero también, hemos de reconocerlo, hay síntomas positivos nada desdeñables, pues, como dice nuestro Jefe Delegado, se ha conmovido la sensibilidad de los españoles de bien.

    ¿Qué debemos de hacer?




    Honoré de Balzac (que era poco amigo de la contrarrevolución) escribió una maravillosa novela titulada Los Chouanes (aquellos fieros realistas bretones que, junto con los Miguelistas, Brigantes, Vandeanos y Cristeros se opusieron con denuedo, en diferentes momentos y lugares, a la impiedad de la Revolución; y que también son nuestros mártires y hoy junto con los nuestros les recordamos). Pues bien, Balzac refiriéndose al jefe Chouan, protagonista de la novela le describe «sentado sobre los escombros, queriendo hacer del pasado el porvenir».

    No está por demás sentarse un poco para reflexionar sobre los escombros de nuestra Patria caída, pero es necesario levantarse y ser activos pues nuestro compromiso antiliberal y anticapitalista, que renovamos todos los años en este acto, nos lo exige. Y en ese activismo no debemos mirar únicamente a los centenares de cercanos (que a veces no lo son tanto) sino a los millones que esperan que se les redima del desarraigo cristiano en el que les obligan a vivir.

    Y no vale tampoco caer en el purismo principista que nos impida actuar, al ver únicamente lo lejano a nuestros principios y no lo potencialmente cercano. ¿Acaso los combatientes y mártires de la Guerra de España tenían meridianamente claro en el último período de la contienda, que la victoria traería indefectiblemente el orden político cristiano y la restitución en el Trono del Rey legítimo? Muy probablemente no, y, sin embargo, combatieron heroicamente hasta el final, como si ese anhelo fuera real y tangible.

    Actividad con denuedo, «a cualquier coste», como el Señor nos transmitió en su alentador Manifiesto de 2017. Nuestros luchadores y mártires son ejemplo.





    Termino con ellos: he encontrado una referencia del semanario Carlista EL Cabecilla donde se hace una semblanza del Mariscal de Campo carlista, el vallisoletano Santiago Lirio y Burgoa (el cual da nombre a nuestro Círculo de Valladolid).

    Sucintamente, el relato es el siguiente: Estando el General Lirio orando, un joven pregunta a un veterano de la Tercera guerra cuántos años de servicio ha prestado D. Santiago a la Santa Causa.

    – «de la Primera a la Tercera, medio siglo de servicio y 154 batallas», le contesta.

    – «¿Y qué edad tiene para tanto servicio?», pregunta el joven, y el veterano le vuelve a contestar:

    – «Los carlistas de antaño no tenemos edad y sólo se sabe la edad cuando nos morimos, porque hasta ese mismo momento, ni las condenas, ni las prisiones, ni las privaciones más crueles, ni las heridas, ni las cárceles nos quitan los bríos y el aliento para montar a caballo y coger el fusil, por Dios, por la Patria y el Rey».

    Muchas gracias




    Fuente: Comunión Tradicionalista



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    Última edición por Martin Ant; Hace 3 semanas a las 19:45

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    Re: 9 de marzo: Festividad de los Mártires de la Tradición 2019

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Discurso de José Miguel Gambra en la Festividad de los Mártires de la Tradición.


    7 mayo, 2019






    Antes de las palabras, siempre tonificantes, de nuestro querido amigo Maurizio Di Giovine, representante de la Comunión en el Reino de Nápoles, hemos escuchado los magníficos discursos de Fernando Andina y Alfredo Allué. Ambos, junto a Diego Baño, han sido designados recientemente para unos puestos de importancia dentro de la estructura cada vez mejor organizada de la Comunión Tradicionalista. Con Allué a la cabeza constituyen un nuevo organismo de apoyo, muy cercano a la Secretaría Política de la Comunión, cuya finalidad se centra en la administración de la Candidatura Tradicionalista, partido político inscrito según la legalidad vigente con el fin de presentar batalla dentro de esa legalidad precisamente para que deje de estar vigente.

    Nuestro querido consiliario, El Padre García Gallardo, ha dado una fundamentación profundísima al martirio en sentido analógico, que es el que padecen quienes trabajan a favor de la Ley de Dios y de su Iglesia, como siempre el carlismo ha hecho en el terreno social y político. Don Carlos VII también asimilaba al martirio los sufrimientos padecidos entre las guerras por los exilados, que hubieron de sufrir toda clase de penalidades para sobrevivir al otro lado de la frontera. Ni que decir tiene que los reyes legítimos se han de poner a la cabeza de estos mártires. Han vivido en el exilio, sin los honores propios de la realeza, han sufrido toda clase de insolencias y privaciones, sin dejar por ello de estar constantemente atentos a los sucesos en España, sin dejar de dirigir a sus leales carlistas y preocuparse por ellos.

    En la Comunión y en la Candidatura Tradicionalista no hay, como en los partidos, elecciones primarias; no se consienten ni codazos ni empujones para hacerse con el poder. Además, no tendría sentido porque no tenemos nada de un partido político, sino que somos una partida de sublevados contra la usurpación y el sistema democrático; y, en cuanto se restablezca la legitimidad y orden político cristiano, los dirigentes de la partida volverán a sus casas y pondrán a disposición del Rey sus cargos, sin que sus trabajos precedentes les den derecho a poder alguno. Su premio – ¡y vaya premio! – será ver restablecido el verdadero bien común en nuestra Patria.

    Por eso, porque saben que en inmediata retribución de sus trabajos sólo les espera participar un poco de la gloria de los mártires, debemos agradecer calurosamente a Alfredo Allué, a Diego Baño y a Fernando Andina que, sin sombra de vacilación, hayan aceptado sus nuevos cargos. Pero, sobre todo, debemos agradecer a S.A.R. Don Sixto Enrique que este año haya hecho el sacrificio de un penoso viaje para estar aquí con nosotros y ofrendar su homenaje a los Mártires de la Tradición. Rendidas gracias, Alteza.

    La Candidatura Tradicionalista, administrada desde ahora por Allué y sus asistentes junto a la Secretaría Política, no es un partido político y debe alejarse lo más posible de las lacras internas de esas perniciosas instituciones propias de la democracia. Para ver la diferencia se puede recurrir a una anécdota que me sucedió hace poco en la universidad. El rectorado convocó las elecciones a rector y, casi al día siguiente, el rector, que se presentaba para su reelección, emitió un reglamento administrativo que determinaba cómo los profesores pueden sustituir parte de sus clases por trabajos de investigación. Ese reglamento se esperaba que saliera desde hace mucho, pero el rector no lo pasó a la junta de gobierno hasta el momento de la precampaña electoral. Además, parece que es un documento inútil, puesto que al final se indica que toda él depende de la capacidad presupuestaria de la universidad y todos saben que la universidad tiene una deuda de 150 millones de euros. A pesar de eso, todos acogieron esa nueva legislación con alborozo. Yo le pregunté a un profesor que cómo podían dejarse engañar de esa manera y él me contestó que el rector sabe que nos engaña y nosotros sabemos que nos engaña, pero que a fin de cuentas “qué es la vida, un frenesí; qué es la vida, una ilusión”.

    Los partidos políticos son como una compañía de ilusionistas que se dedican a dar ilusiones y la gente paga para sentirse ilusionados. Partidos y votantes saben que no hay verdad alguna en los programas electorales. A cambio de la verdad los electores exigen que los partidos les propongan unos programas lo suficientemente atractivos como para ilusionarlos, como para sentir que «les gusta», como en internet. Lo cual no impide que los más inteligentes sepan que nadie tiene la más remota intención de cumplirlos y que, en el régimen de partidos, las decisiones las toma la casta gobernante sin verse ligada por sus promesas.



    El partido carlista que hoy tiene el nombre de Candidatura Tradicionalista no tiene nada de todo esto. Su papel es el de una avanzadilla al servicio del Rey para destruir todo el sistema constitucionalista y parlamentario y devolver a España su constitución natural, con sus cortes verdaderamente representativas; y no para hacer el juego al sistema como un partido cualquiera. Carlos VII prohibió a los carlistas que habían obtenido escaños en las cortes de Amadeo de Saboya que ejercieran la labor de procuradores en aquellas cortes ilegítimas y les mandó que se pusieran a sus órdenes, pues su papel – decía – no era sino el de una guerrilla avanzada que tiene la honra de estar destinada a abrir fuego. Puso, pues, a la cabeza del parlamento a Cándido Nocedal que, con su táctica obstruccionista, logró paralizar el parlamento.

    A los nuevos partidos que recientemente han surgido dentro de este régimen les ha resultado muy difícil, les ha costado buen número de años, encontrar los programas que han acabado por hacer tilín al electorado. Más difícil le va a resultar a la Candidatura convencerle de que la solución no se halla en un partido que palíe algunas de las leyes más perversamente liberales que emanan del parlamento, sino en la destrucción del mismo sistema liberal que tiene por único principio someterse a la voluntad popular. Porque, incluso entre los carlistas, resulta muy difícil desarraigar el liberalismo, raíz de todo el mal que nos aqueja.

    Carlos VII, amaba al pueblo carlista, a esa «noble plebe» capaz de todo sacrificio y se quejaba de los jefes, de sus pretensiones y disputas diciendo:

    Cuando contemplo la desunión arriba, los disparates de muchos jefes, me desespero y digo: sólo por esos hombres, sí, por esa noble plebe, que es la verdadera España, sólo por ella me sacrifico

    Y un poco después concluía:

    bastante he trabajado con este objeto; pero siempre tropiezo con dificultades inmensas. Pero … no importa. ¡Adelante! ¡Adelante! Esta es mi divisa: «salvar a España o morir por ella».

    Imitemos su ejemplo, secundando el trabajo de la Candidatura Tradicionalista, a pesar de las dificultades inmensas. Sea nuestra su divisa «¡Adelante! ¡Adelante! salvar a España o morir por ella».

    ¡Viva Cristo Rey!

    ¡Viva el Rey!



    Fuente: Comunión Tradicionalista


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    Última edición por Martin Ant; Hace 3 semanas a las 19:52

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