Ya en fecha tan temprana como 1738 el Papa Clemente XII en la Constitución In Eminente avisó de la intrínseca perversión de la masonería. Después lo hicieron Benedicto XIV, Pío VII, León XII, Pío VII, Gregorio XVI y Pío IX. Todo esto consta en la más que interesante Encíclica de León XIII Humanum Genus, publicada el 20 de abril de 1884. (No puedo dejar de señalar que este mismo Papa escribió la Quod Apostolici Muneris, ¡en 1878!, un suculento texto sobre el comunismo y el socialismo). Pero a lo que íbamos. La lectura de la Humanum Genus -no dejaría de ser oportuna una reedición-, donde se trata de la secta de la masonería, es verdaderamente provechosa para saber de qué estamos hablando, para convencernos los cristianos de que no se trata de fantasías o exageraciones pías.
En esas líneas se dice por ejemplo que los masones "maquinan abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia", que "hablan continuamente de su empeño por la civilización" (¿les suena?), que "se trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda ingerencia del magisterio y autoridad de la Iglesia, con persecuciones y ofensas", que "la única educación que a los masones agrada, es la que llaman laica, independiente, libre; es decir que excluya toda idea religiosa", que "hubo en la secta masónica quien dijo públicamente y propuso que ha de procurarse con persuasión y maña que la multitud se sacie de la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad que así la tendrán sujeta a su arbitrio para atreverse a todo", que "apresuradamente se corre a cambiar la naturaleza del matrimonio en unión inestable y pasajera", o que "comenzaron a influir sobremanera en los Gobiernos".
Desde 1884 hasta hoy ha llovido mucho, pero debo reconocer que lo apuntado más arriba me trae a la cabeza un no se qué de actualidad que queda balbuciendo, un atisbo de demasiadas coincidencias. Y uno hace tiempo que ha dejado de creer en las casualidades. Yo no sé si José Luis Rodríguez Zapatero es masón o no (Ricardo de la Cierva dice que lo es, y que lo tiene documentado). Pero lo que si sé es que actúa como tal, que lo parece, con una política radical y sectaria, que no es precisamente lo mismo que una política honesta de izquierdas o socialdemócrata, si es que esto es todavía posible. No gobierna para todos -el bien común-, gobierna para los suyos, exclusivamente. Incluso para si mismo. Y sus melifluos gestos de gobernante novel no responden a sus palabras jamás. Debiera recordar lo de Gracián (un jesuita, vaya por Dios): "Malo es, no teniendo palabra buena, no tener obra mala; peor, no teniendo palabra mala, no tener obra buena".
Sí, tengo la convicción -como muchos otros ciudadanos- de que la masonería tiene un peso importante en la ejecutoria de este pálido gobierno. Y yo me lo tomo en serio. Por cristiano y porque amo a mi país. Y porque estoy hasta las ñatas de tanto huevón irreverente mangoneando con mis impuestos.
Colaboración para Hispanismo.org
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