CARTA AMIGA A UN NATUR-ECO PLAYERO
Estimado despelotari:
Has de saber que por pudor, concepto anacrónico en estos tiempos de educaciones para la lobotomía, el tema que hoy nos ocupa, me cuesta exponerlo con la solvencia de anteriores misivas, todas ellas publicadas en exclusiva por este magnifico portal y sin censura previa. Se agradece.
Iremos al grano. No es justo, que después de estar soñando durante once meses con unas plácidas vacaciones, pedir un crédito –el sueldo de un mileurista no da para más- y pasarse largas horas delante del navegador explorando la mejor oferta del mercado, focas marinas en peligro de expansión, arruinen mi merecido descanso mostrando a los cuatro vientos sus despropósitos lipídicos de destrucción masiva a escasos metros de donde extiendo mi humilde toalla. Focas marinas cuyas carnes alimentadas durante décadas por grasas vegetales de franquicia naturista, fermentadas por el inexorable óxido del tiempo, abandonadas sin compasión a las más elementales leyes de la gravedad e, incapaces por otro lado, de despertar la más mínima ley del deseo, exhiban sin reparos y en pelota picada -para desesperación de la mayoría de honrados bañistas-, su triste figura en deconstrucción.
No es justo que maricas de playa, voyeurs profesionales parapetados tras burladores ahumados de miradas indiscretas y demás ralea calenturienta que puebla el saturado litoral hispánico, sigan empeñados en mostrarme su menguante croqueta rebozada en salitre y arena en el nombre del progreso y la libertad individual. Y lo que es más trágico: sus repugnantes posaderas repletas de fístulas y eczemas diversos, coronadas por incipientes vellosidades dispuestas sin orden ni devoción en paraje tan poco heroico. Vaya trago queridos lectores. Personalmente, prefiero ser atacado por media docena de medusas furibundas que asistir a tan dantesco espectáculo. El bocadillo de atún ante semejante tesitura se vuelve incomestible. No es para menos.
No es justo que ahora que los catalanes hemos recuperado las competencias con la Ley de costas, nos veamos incapaces de detener esta invasión de los ultracuerpos de abdominales cerveceras, cartucheras infinitas y glándulas mamarias sin geometría ni aritmética posible. Nosotros los catalanes, pueblo ibérico con el gusto más refinado de todos los que pueblan la península, que alardea y paga magníficamente a ese elenco de políticos, escritores, pintores, arquitectos, filósofos, cocineros, titiriteros y presentadores, todos ellos de probado diseño patriótico, nos veamos desbordados por un ejército de mondongos en carne viva, con derecho a cotizar en nuestras castigadas y desprotegidas retinas.
¡Quién fuera polaco! Polaco de verdad.
Arnau Jara
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