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Tema: Feliz día de la Hispanidad

  1. #81
    Avatar de Carolus V
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Luis Navarro. Catedrático mérito de Historia de América "La conquista de América se hizo gracias a los indios"

    Es autor de importantes investigaciones (tiene el máximo de sexenios que reconoce el Estado) y ha dirigido un sinfín de tesis, entre ellas a catedráticos y a políticos conocidos. Es un especialista en México, que le otorgó el Águila de Tlatelolco y el Premio de Historia Banamex 2014.
    José Joaquín León | Actualizado 24.10.2015 - 09:35




    -¿Qué piensa cuando oye que la conquista de América fue un genocidio?
    -Es un comentario que surge todos los años cuando llega el 12 de octubre. Es propio de gente desinformada. En el mundo científico, esas críticas a la conquista española están desautorizadas desde el siglo pasado. Y el concepto del genocidio no es aplicable.

    -¿Por qué motivos?
    -El término genocidio se usa desde 1960, aproximadamente, para referirse al exterminio de judíos por los nazis. Tiene un componente racista. Pero los españoles no mataban a los indios para exterminarlos. Al revés. Los españoles querían que siguieran vivos para aprovechar su trabajo y cobrarles tributos.

    -Mejor vivos que muertos.
    -"No hay Indias sin indios", esa era la idea en la colonización. Por supuesto, querían a los indios sumisos, pero no esclavos. En España era legal tener esclavos negros, pero a los indios los querían cristianizar como hombres libres.

    -La conquista no fue un paseo de amigos…
    -La conquista la hacen los españoles gracias a los indios que colaboraron. Hernán Cortés no podía conquistar México con los 400 hombres que tenía al principio, o con los 1.500 que llegaron después. Lo consiguió con el apoyo de los indios de Vera Cruz y otros de México, que eran enemigos de los aztecas y aprovecharon para vengarse. Muchas empresas de la conquista se hacen con indios aliados, que van a luchar de unos países a otros. Por eso se colonizó con relativa rapidez.

    -¿De dónde viene la leyenda negra española?
    -La crearon los enemigos, pero el origen está en España. Algunos españoles se plantearon la licitud y las consecuencias, a la luz de la Ética y la Teología del siglo XVI. La Iglesia puso especial cuidado en el aspecto evangelizador de las personas. Eso llevó a denunciar algunas situaciones.

    -¿Tan influyente fue fray Bartolomé de las Casas?
    -Es uno de los sevillanos más insignes y fue un precursor de los derechos del hombre. También hay que decir que exageraba y estaba equivocado.

    -¿Por qué exageraba?
    -Porque era impreciso. Por ejemplo, decía que había un millón de ríos en la isla donde actualmente está Haití. También exageraba el número de indios que murieron en las batallas. Un historiador argentino hizo las cuentas y le salían miles de indios muertos todos los días desde 1492 a 1550. La realidad no era así. También murieron por otras causas.

    -¿A qué se refiere?
    -A las epidemias. Muchos indios murieron a consecuencia de los virus de enfermedades que eran desconocidas para ellos. No estaban inmunizados. La gripe los dejó diezmados. Se decía: "El aire del español mata al indio". Hubo un traslado de enfermedades a otro continente.

    -¿Los conquistadores no eran sanguinarios?
    -No lo creo, salvo algunos casos de venganzas personales. Todo lo que ocurrió en América era experimentación. Allí se encuentran hombres del Renacimiento con hombres del Neolítico.

    -¿Practicaban sacrificios rituales de personas?
    -Es una realidad, que está acreditada. Eran culturas bárbaras. También es verdad que los sacrificios rituales de personas se practicaban en casi todas las religiones antiguas. En otras se sacrificaban animales. El cristianismo, de hecho, civiliza el sacrificio ritual y lo traslada a la misa.

    -¿Había canibalismo?
    -Sí. Existió un canibalismo que era ritual, y que podía llevar a comerse al vencido. Seguramente lo practicaron en algunos casos con los españoles.

    -¿La religión católica se impone a sangre y fuego?
    -No. Aunque sí es cierto que apartaban a los indios de las otras religiones. En general, la religión católica se impone porque los indios la veían benévola. Pero en ciertos casos hubo oposición y fue motivo de revueltas. Los sacerdotes de otras religiones salían perdiendo. También puede haber dudas sobre la autenticidad de algunas conversiones. La nueva religión se entendía mejor al cabo de una o dos generaciones.

    -¿Los misioneros hicieron una buena labor?
    -Sí. Los misioneros estaban bastante preparados. Muchos tenían estudios universitarios, eran intelectuales… Contribuyeron a educar a esas poblaciones.

    -¿Y el mestizaje?
    -Fue muy positivo. El mestizaje libró a los indios de epidemias, al contribuir a inmunizarlos frente a enfermedades. Eso no se supo hasta el siglo XX. Hay otro mestizaje, porque España no se limitó a traer tesoros. Llevó a América una nueva agricultura y ganadería. Eso produjo un mayor bienestar económico.


    -¿Le parece bien que la Fiesta Nacional de España sea el 12 de octubre?
    -Me parece bien, porque es un hecho limpio. La conquista de América es más útil que poner el pie en la Luna. Tuvo un enorme valor científico, humano y político. Era la duplicación del mundo en otro continente. Y sólo podían hacerlo España o Portugal, que eran las potencias navales.

    -¿En España hay una crisis de identidad?
    -Hay un complejo de inferioridad histórico. Procede de la decadencia de España a partir del siglo XVII. Otros países europeos progresaban en la tecnología y las formas políticas. Y se veía a España aldeana. Sin embargo, el legado histórico español es muy importante, porque dejó en América una de las dos grandes lenguas del mundo y una forma de pensar.

    "La conquista de América se hizo gracias a los indios"

    Todo el mundo moderno se divide en progresistas y en conservadores. La labor de los progresistas es ir cometiendo errores. La labor de los conservadores es evitar que esos errores sean arreglados. (G.K.Cherleston)

  2. #82
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    https://somatemps.me/2016/10/12/la-h...aska-y-canada/

    La herencia española en USA: Alaska y Canadá




    Es verdad que España no llegó a tener nunca en América del Norte la influencia dominante que tuvo en el Caribe, América Central y América del Sur, pero la huella dejada por los españoles sobre las tierras de América del Norte no ha sido menos profunda. España colonizó América del Norte desde sus puertos ubicados en el Caribe, sus barcos cruzaron el Estrecho de la Florida para llegar al subcontinente norteamericano. Durante más de tres siglos, los españoles fundaron ciudades, misiones y fuertes, fortificaciones desde de Texas hasta la mismísima Alaska, donde podemos encontrar topónimos españoles, como Valdez o Cordova. Dimos nombres españoles a islas y territorios más al norte de USA ( Washington) canadienses, de islas de San Juan, López, Fidalgo, López y Cortés en Washington; Victoria e isla Galiano en Canadá; y Valdez y Córdova en Alaska . Estos nombres hacen honor a gestas de otra época. Llegamos hasta los confines de la actual Rusia, donde el Imperio Español fijó frontera con Rusia.


    Vainilla dio el Víctor.

    Todo el mundo moderno se divide en progresistas y en conservadores. La labor de los progresistas es ir cometiendo errores. La labor de los conservadores es evitar que esos errores sean arreglados. (G.K.Cherleston)

  3. #83
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    La Fiesta de la Hispanidad, una idea que vino de América a España

    El comienzo de la fiesta se encuentra en el IV Congreso de Americanistas (1881), que proponía a todos los gobiernos del mundo civilizado que declarasen festivo el 12 de octubre.

    El descubrimiento de América / Wikipedia
    Pedro Fernández Barbadillo.- En un país como España, donde el estudio de la Historia se desprecia porque no da beneficios económicos o porque se ha convertido en propaganda, la ignorancia sobre su propio pasado es inabarcable.
    El principal tópico imperante sobre el 12 de Octubre es que la conmemoración del Descubrimiento de América es franquista, cuando la verdad es que la introdujo en 1918 un Gobierno parlamentario presidido por Antonio Maura y la celebró la II República. El franquismo fue el que eliminó en 1958 la denominación de Fiesta de la Raza y la sustituyó por Día de la Hispanidad.

    Por otro lado, fue la primera fiesta civil celebrada de manera universal, en 1892, con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América, mientras que el primer Empire Day, auto-homenaje de los súbditos del Imperio Británico en el día del nacimiento de la reina Victoria I, el 24 de mayo, fue en 1902; hoy convertido en Día de la Commonwealth.
    El Día de la Hispanidad fue la primera fiesta civil celebrada de manera universal, en 1892, con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América
    El comienzo de la fiesta se encuentra en el IV Congreso de Americanistas (1881), que aprobó una resolución en la que proponía a todos los gobiernos del mundo civilizado que declarasen festivo el 12 de octubre de 1892 y construyesen estatuas y monumentos de Cristóbal Colón.
    Una vez que pasó 1892, el 12 de Octubre cayó en el olvido institucional. Sólo las comunidades de emigrantes en el extranjero lo celebraban en sus centros regionales, y sin subvenciones. El auge de la fiesta llegó en la segunda década del siglo XX. A partir de 1910 se declaró fiesta anual en Panamá, la República Dominicana, Honduras, Guatemala, Paraguay, Bolivia, El Salvador, Ecuador y Uruguay.





    El 4 de octubre de 1917, el presidente argentino Hipólito Irigoyen (del partido radical) declaró festivo el 12 de Octubre en su país mediante el Decreto 7.112, cuyo contenido es uno de los mayores elogios a la obra de España:


    Visto el memorial presentado por la Asociación Patriótica Española, a la que se han adherido todas las demás sociedades españolas y diversas instituciones argentinas, científicas y literarias, solicitando sea declarado feriado el día 12 de Octubre y

    Considerando:


    1º. Que el descubrimiento de América es el acontecimiento de más trascendencia que haya realizado la humanidad a través de los tiempos, pues todas las renovaciones posteriores se derivan de este asombroso suceso que a la par que amplió los lindes de la tierra, abrió insospechados horizontes al espíritu.

    2º. Que se debió al genio hispano -al identificarse con la visión sublime del genio de Colón-, efemérides tan portentosa, cuya obra no quedó circunscripta al prodigio del descubrimiento, sino que la consolidó con la conquista, empresa ésta tan ardua y ciclópea que no tiene términos posibles de comparación en los anales de todos los pueblos.


    3º. Que la España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, las labores de sus menestrales; y con la aleación de todos estos factores obró el milagro de conquistar para la civilización la inmensa heredad en que hoy florecen las naciones americanas.


    Y por tanto, siendo eminentemente justo consagrar la festividad de esta fecha en homenaje a España, progenitora de naciones, a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y la armonía de su lengua una herencia inmortal, que debemos afirmar y mantener con jubiloso reconocimiento, el Poder Ejecutivo de la Nación decreta:


    Artículo 1º. Declárase Fiesta Nacional el 12 de Octubre.

    Unos días más tarde hizo lo mismo el presidente José Pardo y Barreda del Perú. En su decreto de 10 de octubre, la festividad se instituyó en “homenaje a la Nación española y a Cristóbal Colón”.

    Ahora, la moda entre los gobernantes hispanoamericanos es denigrar su origen.

    La Fiesta de la Hispanidad, una idea que vino de América a España
    Hyeronimus dio el Víctor.

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  4. #84
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Apología a la Hispanidad Católica

    (Ojalá la lean los que desprecian nuestra gran herencia Española)

    La obra de España, obra de catolicismo


    Yo debiera demostraros ahora que la obra de España fué, antes que todo, obra de catolicismo. No es necesario. Aquí está el hecho, colosal. Al siglo de empezada la conquista, América era virtualmente cristiana. La Cruz señoreaba, con el pendón de Castilla, las vastísimas regiones que se extienden de Méjico a la Patagonia; cesaban los sacrificios humanos y las supersticiones horrendas; templos magníficos cobijaban bajo sus bóvedas a aquellos pueblos, antes bárbaros, y germinaban en nuevos y dilatados países las virtudes del Evangelio. Jesucristo había triplicado su reino en la tierra.


    Porque España fué un Estado misionero antes que conquistador. Si utilizó la espada fué para que, sin violencia, pasara triunfante la Cruz. La tónica de la conquista la daba Isabel la Católica, cuando a la hora de su muerte dictaba al escribano real estas palabras: «Nuestra principal intención fué de procurar atraer a los pueblos dellas (de las Indias) e los convertir a Nuestra santa fe catholica.» La daba Carlos V cuando, al despedir a los Prelados de Panamá y Cartagena, les decía: «Mirad que os he echado aquellas ánimas a cuestas; parad mientes que deis cuenta dellas a Dios, y me descarguéis a mí.» La dieron todos los Monarcas en frases [206] que suscribiría el más ardoroso misionero de nuestra fe. La daban las leyes de Indias, cuyo pensamiento oscila entre estas dos grandes preocupaciones: la enseñanza del cristianismo y la defensa de los aborígenes.


    España mandó a América lo más selecto de sus misioneros. Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Jesuítas, acá enviaron hombres de talla y de fama europea. Los nombres de Fray Juan de Gaona, una de las primeras glorias de la iglesia americana; de Fray Francisco de Bustamante, uno de los grandes predicadores de su tiempo; Fray Alonso de Veracruz, teólogo eminente; todos ellos eran de alto abolengo, o por la sangre o por las letras, y dejaban una Europa que les hubiera levantado sobre las alas de la fama.


    Los mismos conquistadores se distinguieron tanto por su genio militar como por su alma de apóstoles. Pizarro, que funda la ciudad de Cuzco «en acrescentamiento de nuestra sancta fee catholica»; Balboa, que al descubrir el Pacífico, que no habían visto ojos de hombre blanco, desde las alturas andinas, hinca su rodillas y bendice a Jesucristo y a su Madre y espera para Dios la conquista de aquellas tierras y mares; Menéndez de Avilés, el conquistador de la Florida, que promete emplear todo lo que fuere y tuviere «para meter el Evangelio en aquellas tierras», y otros cien, no hicieron más que seguir el espíritu de Colón al desembarcar por vez primera en San Salvador: «Yo –dice el Almirante–, porque nos tuvieran mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se convertiría a nuestra Santa Fe con amor que no por fuerza, les di unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo.»


    La misma nomenclatura de ciudades y comarcas, con la que se formaría un extenso santoral; las sumas enormes que al erario español costaron las misiones y que el P. Bayle hace montar, en tres siglos, a seiscientos millones de pesetas; esta devoción profunda de América a la Madre de Dios, en especial bajo la advocación de Guadalupe, trasplantada de la diócesis de Toledo a las Américas por los conquistadores extremeños; y –¿qué más?– esta tenacidad con que la América española, desde Méjico, la mártir, hasta el Cabo de Hornos, sostiene la vieja fe contra la tiranía y las sectas, [207] por encima del huracán del laicismo racionalista, ¿qué otra cosa es más que argumento invicto de que la forma sustancial de la obra de España en América fué la fe católica? Arrancadla de España y América, y no digo que nos quedamos sin la llave de nuestra historia, acá y allá, sino que nos falta hasta el secreto del descubrimiento del Nuevo Mundo, que arrancó de los ignotos mares España, misionera antes que conquistadora, en el pensamiento político del Estado.

    Y faltará el secreto de la raza, de la hispanidad, que, o es palabra vacía, o es la síntesis de todos los valores espirituales que, con el catolicismo, forman el patrimonio de los pueblos hispanoamericanos.


    América es obra nuestra; esta obra es esencialmente de catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre raza o hispanidad y catolicismo. Vamos a señalar las orientaciones viables en el sentido de formación del espíritu de hispanidad. Pero antes respondamos a algunos


    III
    Reparos que a España pueden hacerse
    en sus campañas por la hispanidad


    ¡Difícil cometido sostener la bandera de España en pro de la hispanidad! No somos ya lo que fuimos; en nuestra misma casa parecen haber sufrido grave derrota los principios fundamentales de la hispanidad. Empeñarse hoy un español en hacer raza podría parecer invitación a desvalorizar los grandes factores de la vida de un pueblo: tradición, historia, patriotismo verdadero, y, sobre todo, este algo divino sin lo que ningún pueblo vive vida digna, la religión; este algo soberanamente divino, Jesucristo y su Evangelio, que han hecho de Europa lo que ni soñar pudieron Grecia o Roma y que ha merecido el repudio oficial en España. Ya podéis suponer que le sangra el corazón a un Obispo español que, lejos de su patria, tiene que hacer esta confesión tremenda.


    Y por la parte de América, se nos ofrece a primera vista un amasijo formidable de naciones, de razas, de tendencias diversas que se traducen en rivalidades y recelos, de lenguas y civilizaciones [208] distintas que hacen de esta bellísima tierra que corre de las Antillas a Magallanes, una Babel más complicada que la del Senaar. Yo no sé quién ha hablado de los «Estados desunidos de la América del Sur»; y en un periódico español se ha escrito que el nombre de América es algo serio y sustancial para el mundo moderno, pero que debe referirse a los Estados Unidos, pues todo lo demás, dice, «es un revoltillo de españoles, portugueses, indios, negros y loros».


    Las objeciones son formidables, pero denuncian algo accidental en España y América, no un defecto medular que, acá y allá, haga inútil todo esfuerzo de hispanización.


    Cuanto a España, confesemos un hecho: la desviación, hace ya dos siglos, de nuestra trayectoria racial. Desde que, con el último de los Austrias, nuestro espíritu nacional polarizó en sentido centrífugo, haciendo rumbo a París, toda tendencia espiritual –filosofía y política, leyes y costumbres–, hemos ido perdiendo paulatinamente las esencias del alma española, y hemos abrumado con baratijas forasteras el traje señoril de la matrona España.
    Confesemos todavía otro hecho, que no es más que la culminación explosiva de este espíritu extranjerizante: me refiero a nuestra revolución, de la que yo no quiero decir mal, porque no cabe hablar mal de la casa propia en la ajena, y menos cuando la pobre madre, por culpa de los hijos, se halla en trance de dolencia grave. Yo no creo que ningún español deje de querer bien a su patria, aunque haya cariños que puedan matarla. Yo prefiero creer que muchos de mis hermanos de patria andan equivocados, antes de creer en la existencia de malos patriotas: es más verosímil, porque es más humano, un desviado mental que un parricida.

    Pero España resurgirá. No aludo a ningún mesianismo, ni a ningún espasmo de orden político o social. Resurgirá porque las fuerzas latentes de su espíritu, los valores que cien generaciones cristianas han depositado en el fondo del alma nacional, vencerán la resistencia de esta costra de escorias que la oprimen, y saldrá otra vez a la superficie de la vida social el oro puro de nuestra alma añeja, la del catolicismo a machamartillo, la del sentido de jerarquía, más arraigado en España que en ninguna otra nación del mundo, la de los nobles ideales, la que ha cristalizado en obras e instituciones que nos pusieron a la cabeza de Europa. [209]

    Cuanto a América, no es un amasijo. Lo fuera si sus elementos estuvieran destrabados. Si así fuera, perecería en el caos de luchas fratricidas, o seria aventada, en frase de la Escritura, como el polvo del camino. Pero América, con toda la complejidad de sus nacionalismos, de sus razas, de sus aspiraciones, de las facetas múltiples de su espíritu, se asienta en el subsuelo uniforme de la espiritualidad que hace cuatro siglos la inoculó la Madre España.


    Y ahí tenéis, anticipándome a la prueba positiva de mi tesis, el factor esencial de la unidad hispanoamericana: el espiritualismo español, este profundo espíritu católico que, porque es católico, puede ser universal, pero que, matizado por el temperamento y la historia, por el cielo y el suelo, por el genio de la ciencia y del arte, constituye un hecho diferencial dentro de la unidad de la catolicidad, y que se ha transfundido a veinte naciones de América. Vosotros conocéis el fenómeno geológico de estas formaciones rocosas que emergen en la tierra firme de países separados por el mar, con iguales caracteres químicos y morfológicos, y que se dan la mano y se solidarizan por debajo de las aguas del océano; esto ocurre con vuestra patria y la mía; las aguas de cien revoluciones y evoluciones han cubierto las bajas superficies, y hemos quedado en la apariencia separados; pero allá, en España, y acá, en América, asoman los picachos de esta cordillera secular que nos unifica; es la cordillera de nuestra espiritualidad idéntica; son los picachos, las altas cumbres de los principios cristianos, coloreados por el sol de una misma historia y que a través de tierras y siglos nos consienten darnos el abrazo de fraternidad hispana.


    Yo no hablaría con la lealtad que os he prometido si no resolviera otra objeción. ¿Por qué, diréis, nos habla España de unificación en la hispanidad, cuando los hijos de España desgarran su propia unidad? Aludo, claro, al fenómeno de los regionalismos más o menos separatistas, que se han agudizado con nuestro cambio de régimen político y que pudiera dañar el mismo corazón de la hispanidad.


    Pero éste es pleito doméstico; pleito que tiene su natural razón de ser en lo que se ha llamado hecho diferencial, no de las [210] razas hispanas, que no hay más que una, producto de veinte siglos de historia en que se han fundido todas las diferencias étnicas, de sangre y de espíritu, de los pueblos invasores, sino de cultura, de temperamento, de atavismos históricos; pero que se han agudizado por desaciertos políticos pasados y presentes y tal vez por la acción clandestina de fuerzas internacionales ocultas, que tratan para sus fines de balcanizar a España, rompiendo a la vez el molde político y religioso en que se vació nuestra unidad nacional.


    Pero esto pasará. Pasará por el desengaño o el cansancio de los inquietos, o porque el buen sentido de los pueblos y la prudencia de los gobernantes hayan encontrado el punto de equilibrio que consienta el libre juego de la vida regional dentro de la unidad de la gran patria. Yo creo que, salvando algunas cabezas alocadas por esta fiebre chauvinista, no hay español que no sepa que España no puede partirse en piezas sin que éstas, tarde o temprano, entren en la órbita de atracción de otro mundo político, de otro Estado, y a esto no se avendrá jamás ningún buen español.

    Y siempre quedará, en el fondo de nuestra patria, el primer factor de hispanidad, que si ha podido ser el alma política de Castilla, acrecida en su fuerza por el alma de todas las regiones que han colaborado con ella, pero en lo más sustantivo es este espíritu católico, más amplio y más profundo que toda forma política, que ha unificado en forma específica nuestra vida social y que será el molde perdurable de la hispanidad.


    Ni es obstáculo a la unificación espiritual de los pueblos hispanoamericanos el hecho histórico de la lucha por la independencia de estas Repúblicas, que hubiese podido dejar un sedimento, cuando no de odios, de resquemores, hijos de pasadas querellas. El fin del imperio español en América –lo ha demostrado André en un libro así rotulado– no se debió al ansia de libertad de unos pueblos esclavizados por la metrópoli, sino a una serie de factores históricos e ideológicos que hicieron desprenderse, casi por propia gravedad y sin violencias, a las hijas mayores, del seno de la madre, como caen del árbol, por su propio peso, los frutos maduros de otoño.


    Porque lo que sostuvo nuestro imperio colonial en su unidad política, fueron los principios espirituales que en su origen informaron a la colonia y a la metrópoli, es decir, la religión y la [211] autoridad de los monarcas. El siglo XVIII fué fatal para estos principios: el ateísmo de la Enciclopedia y la revolución demagógica entraron en América de matute con los cargamentos españoles; la vieja hispanidad se tornó poco a poco francófila; Madrid fué suplantado por Versalles; el Evangelio, por la Enciclopedia; el viejo respeto a la autoridad del Rey, por el prurito de tantear nuevas formas democráticas de gobierno.


    De aquí la guerra civil entre los mismos americanos, que se dividieron ante los hechos y las ideas de Europa, especialmente ante la terrible explosión revolucionaria de la Convención y ante la invasión napoleónica de España, que quedó sin Rey y determinó un movimiento instintivo de justo temor y de concentración en sí mismas en las hoy Repúblicas americanas.

    Y se guerreó acá, no contra España, ni contra la Religión, ni en pro de los principios revolucionarios de Francia o de los Derechos del Hombre, sino por un Rey o por otro, por una u otra forma política de gobierno, siempre, o casi siempre, para salvaguardar la personalidad y la independencia política de estas naciones. Recordad que en Quito empieza la guerra un Obispo al grito de «¡Viva el Rey!»; que en Méjico se lucha contra el parlamentarismo liberal, dueño de España; y que cuando en 1816 el Congreso de Tucumán proclamó la independencia argentina, de los 29 votantes, 15 eran curas y frailes, y que el voto de un fraile decidió el empate en favor de la República.


    Y al par de estas causas generales que determinaron la independencia, otras que derivaron, como el lodo de los polvos, de aquella conmoción de los espíritus: el parlamentarismo de las Cortes de Cádiz, en que cien veces quedaron defraudados y humillados los diputados por América; la codicia de los ex ricos, o de los que querían serlo por vez primera, que acá vinieron a llenar sus bolsillos sin vaciar sus pensamientos y su alma para ir tejiendo la historia de la maternidad de España, que empezaba a salir de su vieja trayectoria para formar este ángulo abierto, que se agranda hace ya más de un siglo; la expulsión insensata de los jesuítas, vínculo de unión con la patria, institución venerada por los indígenas, que sufrieron como propio el golpe de la Compañía y aprendieron a pagar el agravio con el rencor; la derogación de la ley de Indias, que concedía nobleza al criollo, no por la sangre de sus abuelos, sino por las proezas de los conquistadores, rompiendo así, a pretexto [212] de la pureza de la sangre azul de la aristocracia española, un nexo que sabiamente habían creado los antiguos Monarcas; la expansión del comercio que, especialmente en Buenos Aires, aspiraba a negociar sin trabas con todo el mundo, y la francmasonería, en fin, que trabajó con denuedo por la independencia de estos pueblos para descatolizarlos más fácilmente.


    Pero no hay que mirar al pasado, sino al porvenir. Canceladas quedan, con sus penas y hasta con sus glorias, las culpas de acá y de allá, y hoy la Madre España, ufana de la opulencia de sus hijas, henchido el corazón del amor con que las engendrara e hiciera fuertes, tiende a ellas sus brazos para atraerlas, con todo el respeto que le merece su gloriosa independencia política y social, y fundirlas en el viejo crisol de la pura hispanidad. Los hijos no tienen motivo para recelar de la madre.


    Y sigamos removiendo obstáculos a la gran obra. Se ha llamado a este día, 12 de octubre, Día de la Raza. ¿De qué raza? ¿Qué es la raza?

    Yo no sé lo que ha puesto Dios en el fondo del organismo humano y del alma humana y en el fondo, tal vez más misterioso, en que cuerpo y alma se unen en unión sustancial para formar el ser humano, que el hombre, nacido de un solo tronco, se diversifica socialmente; en el cuerpo, por determinados caracteres anatómicos; en el alma, por distintas tendencias espirituales, y en la historia, por corrientes de civilizaciones inconfundibles. Religión, lengua, literatura, arte, instintos, hasta el mismo concepto de la vida, es decir, cuanto puede llamarse proyección social del humano espíritu, todo imprime y recibe a su vez el sello de la raza. Dejemos a filósofos y antropólogos que definan y expliquen el misterio. Nosotros no podemos hacer más que definir el concepto de raza tal como lo entendemos al adoptarlo para esta fiesta, o tal como se requiere para expresar el concepto de hispanidad.

    La raza, dice Maeztu, no se define ni por el color de la piel ni por la estatura ni por los caracteres anatómicos del cuerpo. Ni se contiene en unos límites geográficos o en un nivel determinado sobre el mar. La raza no es la nación, que expresa una comunidad regida por una forma de gobierno y por unas leyes; ni es la patria, que dice una especie de paternidad, de sangre, de lugar, de instituciones, de historia. La raza, decimos apuntando al ídolo del [213] racismo moderno, no es un tipo biológico definido por la soberbia propia y por el desdén a las otras razas, depurado por la selección y la higiene, con destinos transcendentales sobre todas las demás razas.


    La raza, la hispanidad, es algo espiritual que trasciende sobre las diferencias biológicas y psicológicas y los conceptos de nación y patria. Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el catolicismo, diríamos que la hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas. Es algo espiritual, de orden divino y humano a la vez, porque comprende el factor religioso, el catolicismo en nuestro caso, por el que entroncamos con el catolicismo «católico», si así puede decirse, y los otros factores meramente humanos, la tradición, la cultura, el temperamento colectivo, la historia, calificados y matizados por el elemento religioso como factor principal; de donde resulta una civilización específica, con un origen, una forma histórica y unas tendencias que la clasifican dentro de la historia universal.


    Entendida así la hispanidad, diríamos que es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la hispanidad. Es el temperamento español, no el temperamento fisiológico, sino el moral e histórico, que se ha transfundido a otras razas y a otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española, de la vida y de la acción española. Es el genio de España que ha incubado el genio de otras tierras y razas, y, sin desnaturalizarlo, lo ha elevado y depurado y lo ha hecho semejante a sí. Así entendemos la raza y la hispanidad.

    En el cielo, dice el Apocalipsis, gentes de toda nación y raza bendicen a Dios con este himno: «Nos redimiste, Señor, con tu sangre, de toda nación, y has hecho de todos un solo reino.» Alejando toda profanidad en la aplicación, ¿por qué todas las gentes de Hispanoamérica no podrían bendecir a la Madre España y decirla: «Señora, nos sacaste un día de la idolatría y la barbarie y nos imprimiste una semejanza tuya, que aún perdura después de más de cuatro siglos? Somos la hispanidad, señora, porque si no formamos un reino único de orden político, pero tenemos idéntico espíritu, y ese espíritu es el que nos une y nos señala una ruta a seguir en la historia.» [214]

    Así queda definido el problema de la hispanidad en su fórmula espiritual, y queda al mismo tiempo resuelta la dificultad que podría ofrecerse por la enorme
    diferencia de tipos biológicos, de cultura, de lengua, que nos ofrecen estas Américas, hasta reduciéndolas al tipo latino o hispano.


    Y así definida la hispanidad, yo digo que es una tentación y un deber, para los españoles y americanos, acometer la hispanización de la América latina. Tentación, en el buen sentido, porque todo ser apetece su engrandecimiento, y América y España se brindan mutuamente, más que otros países del mundo, anchos horizontes hacia donde expansionarse. Deber, porque lo hemos contraído ante nuestra propia historia, que nos impone la obligación moral de la continuidad, so pena de errar la ruta de nuestros destinos. Hemos hecho lo más; nos queda por hacer lo menos. Hemos conquistado y colonizado y convivido en español; hemos de reconquistar nuestro propio espíritu, que va desvaneciéndose en América.

    Bryce, que habla de España peor que un mal español, nos señala así nuestra posición ante América: «El primer movimiento, dice, de quien está preocupado, como lo está hoy todo el mundo, por el desenvolvimiento de los recursos naturales, es un sentimiento de contrariedad al ver que ninguna de las razas continentales de Europa, poderosas por su número y su habilidad, ha puesto las manos en la masa de América; pero tal vez sea bueno esperar y ver las nuevas condiciones del siglo que viene. Los pueblos latino-americanos pueden ser algo diferente de lo que en la actualidad aparecen a los ojos de Europa y de Norteamérica. ¿Se dará tiempo a las sociedades iberoamericanas para que hagan esta experiencia, antes que alguna de las razas occidentales, poderosas por su número o habilidad, les imponga la ley?» ¿Dictó estas palabras, decimos nosotros, el miedo a Monroe, o son un estímulo para que las razas poderosas y fuertes se resuelvan a anular nuestra influencia en América? He aquí expuestos en toda su crudeza los términos del problema: o trabajamos por la hispanidad, o somos suplantados por otros pueblos, por otras razas, más fuertes y menos perezosas.


    Veamos ahora las [215]

    IV
    Formas más eficaces de hacer raza
    y trabajar por la hispanidad


    Perdonadme que reitere la palabra y el concepto de hispanidad, porque todos los valores espirituales de la América latina son originariamente españoles; porque estos valores han sido sostenidos durante tres siglos por la acción política y administrativa de España, y más aún por la acción misionera de España; y porque si los siglos pasados señalan a los pueblos sus caminos, faltaríamos a nuestra misión histórica si no hiciéramos hispanidad.


    Cierto que otras naciones europeas han aportado a la América latina, sobre todo en el último siglo, su caudal de sangre, de esfuerzo, de civilización peculiar. Pero todas ellas no han dejado más que un sedimento superficial en la gran masa de la población americana; algo más denso en las modernas ciudades cosmopolitas.

    Pero las capas profundas de la civilización secular de estas Américas las pusimos nosotros, con la erección de sus más famosas ciudades, que se construyeron al estilo español; con los obispados y misiones, que irradiaron la vida espiritual de la Metrópoli hasta el corazón de las selvas vírgenes; con esos Cabildos o Municipios, a los que se concedieron iguales privilegios que a los de Castilla y León, institución de derecho político que no ha sido igualada en ningún país de Europa; con las Universidades, que lograron tanto lustre como las de Europa y que difundieron aquí la cultura en el mismo nivel que en el mundo viejo; en las encomiendas y reducciones, sobre todo las asombrosas reducciones del Plata, que llevaron a estos pueblos a ser tan felices como pueda haberlo sido pueblo alguno de la tierra, pudiendo parangonarse las instituciones de derecho civil y político de estos países con las conquistas de la moderna democracia, sin los peligros de la atomización de la autoridad. Sobre estos pilares se levantó la civilización americana, que, o dejará de ser lo que es, o debiera seguir por los caminos de la hispanidad.


    Lo primero que hay que hacer para que España y América se encuentren y se abracen en el punto vivo que les es común, que [216] es su propia alma, es destruir la leyenda negra de una conquista inhumana y de una dominación cruel de España en América. Lo pide la verdad histórica; lo exigen las últimas investigaciones de la crítica, hecha sobre documentos auténticos del Archivo de Indias por historiadores que tal vez fueron a bucear allí para sacar testimonios contra España; lo reclama la justicia, porque la leyenda negra es un estigma que no sólo deshonra a España, sino que puede perjudicarla en sus intereses vitales –iguales, a lo menos, a los de todo el mundo– sobre estas tierras que descubrió y civilizó y de las que tal vez se la quiera desplazar.


    Valen en este punto todos los recursos que no se apoyen en una falsedad o en una injusticia. Las naciones no están obligadas a la ley del Evangelio que nos manda ofrecer la mejilla sana cuando se nos ha herido en la otra. Verdad contra la mentira; la vindicación legítima contra la calumnia villana; el sol entero de nuestra gloria en América para disipar los puntos negros de nuestra gestión.


    No hace mucho que en un libro publicado en una nación hermana para promover la más grande obra de civilización, que es la acción misional católica, se nos marcaba a los españoles al fuego con esta afirmación tremenda: «Acaso jamás llevó nadie el nombre de cristiano y de católico más indignamente que los conquistadores de la península Ibérica, que fueron los usurpadores y perseguidores despiadados, hasta exterminarlos, de los pobres indios. La mancha de sus nefandas empresas, no se lavará nunca.» ¿Que no se lavará? ¿Que no la ha lavado toda esta literatura abrumadora de historia, de política, de psicología, con que hombres como Humbolt, Pereyra, André, Bayle y otros cien, han pulverizado las mentiras de los adversarios del hombre español que, al decir de Nuix, coinciden todos en su animadversión contra el catolicismo? Este libro era denunciado por un eximio Prelado español al jesuíta y gran americanista Padre Bayle, y al disparo desafortunado de pobre arcabuz ha respondido el insigne escritor con el libro que acaba de salir de prensas, España en Indias, en que dispone en serie todas las baterías de la verdadera historia logrando no sólo restaurar la vieja justicia, sino que, valiéndome de sus palabras mismas, anula los nuevos ataques con las nuevas defensas.


    Vale, contra las negras imputaciones, hasta el recurso del [217] «Más eres tú». Porque no basta descubrir en la historia de nuestra gestión en América el garbanzo negro, hablando en vulgar, de unos hechos que somos los primeros en condenar, sino que hay que atender a la naturaleza de la conquista, en que no pocas veces nos tocó la peor parte; al principio general de no hay guerra sin sangre, como no hay parto sin dolor: al principio más profundo de derecho, sostenido por nuestro gran Vitoria, que es lícito guerrear contra el que se opone al precepto divino de predicar el Evangelio a toda criatura, y, sobre todo, hay que comparar nuestra acción colonizadora con la de otros Estados y de otras razas.


    ¡Que España llevó a las Américas la violencia y el fanatismo, e Inglaterra exportó acá la libertad! ¡Qué nuestras colonias americanas vivieron entecas y pobres y las inglesas son vigorosas, hasta aventajar a la madre que las dio a luz! La historia tiene sus revueltas, y hay que esperar que diga la última palabra en cuanto al éxito definitivo de las civilizaciones del norte y del sur de América. Cuanto a procedimientos, que es lo que aquí interesa, nos remitimos a la historia de los Pieles Rojas y a la trama de La Cabaña del Tío Tom, al Memorial del P. Vermeersch, que con mejor juicio que nuestro Las Casas denuncia los abusos del Congo Belga, y a lo que nos cuentan las historias de Virginia, California y el Canadá. Y, como trabajo de síntesis, nos remitimos al capitulo XIV de la obra del Padre Bayle, titulado: «El tejado de vidrio.» Todos lo tenemos quebradizo, con la ventaja, por nuestra parte, de que no es nuestro el adagio inglés que dice que «no hay indio bueno sino el indio muerto», y que nosotros encontramos una América idólatra y bárbara y se la entregamos, entre dolores de alumbramiento, a la civilización y a Dios.

    Esto, sin acrimonia. Y haciendo en nombre de España y de la verdad un llamamiento a la fraternidad hispanoamericana, pido a los hermanos de América que eliminen sin piedad de la circulación literaria todo lo que denigre sin razón a mi patria; que depuren los textos de historia de sus Centros de enseñanza; que borren de sus himnos nacionales –ya sé que lo ha hecho la República Argentina– todo concepto de tiranía que la vieja Metrópoli ejerciera en estas tierras y que no tiene razón de ser sino en momentos de exaltación patriótica, que ya debieron pasar con el logro de la independencia política. A los españoles, les digo que [218] aprendan de los mismos extranjeros, que están ya de vuelta y han desmentido la fábula de nuestra barbarie. Y a los extranjeros que puedan oírme, que si dan crédito a las exageraciones del Obispo de Chiapa, no repudien los testigos de descargo, ni cierren los ojos a esta luz de civilización que al conjuro de España se levantó y brilla hoy radiante en esta tierra bendita de América. Y, a lo menos, que paguen con la admiración nuestra paciencia, porque ningún país del mundo hubiese consentido, como España, vivir cuatro siglos abrumada por la calumnia.


    Destruído el prejuicio de las falsas historias, hay que revalorizar el espíritu netamente español en las Américas.


    Lo digo con pena, pero no diré más que lo que está en el fondo de vuestro pensamiento en estos momentos: España está depreciada ante el mundo, y es inútil pedir paso libre a la hispanidad si España no puede llenar honrosamente su misión. El gran Menéndez y Pelayo, que tanto trabajó en la restauración de los valores patrios y que no ha tenido aún sucesor de la envergadura de él, se lamentaba, en el Congreso de Apologética de Vich, en 1911, de que España contemplara estúpidamente la disipación de su patrimonio tradicional. Más que disiparlo, lo que ha hecho España es dejarlo abandonado; que el ser y el valer de una gran nación no se aventa en unos lustros de incomprensión de sus hijos. Dios nos ha deparado coyunturas históricas, hasta en lo que va de siglo XX, en que cualquier nación hubiese podido dar un aletazo por encima del peñascal que cayó sobre Europa y que arruinó al mundo, y las hemos desaprovechado. Más aún: cuando los pueblos europeos empiezan a resurgir de sus ruinas, nosotros hemos cometido la locura de entrar en el mar agitado de una revolución que pudo ser una esperanza, pero que de hecho ha sido la vorágine en que pueden hundirse los valores más sustantivos de nuestra historia: el sentido religioso, el de justicia que sobre él se asienta, la cultura integral, desde la que se ocupa en las altas especulaciones de la filosofía hasta las ciencias aplicadas que dan a los pueblos lustre y provecho; el culto a la autoridad por los de abajo y el sentido de paternidad en los de arriba; la hidalguía, la fidelidad, todo aquello, en fin, que constituyó el patrimonio espiritual de España en los siglos pasados.


    Todo esto debemos revalorizarlo, no sólo sacando de los viejos [219] arcones de nuestra historia los altísimos ejemplos que podemos ofrecer al mundo, sino trabajando con inteligente abnegación sobre nuestro espíritu nacional para desentumecerlo y devolverle el uso de su fuerza y de sus aptitudes y virtudes históricas, sin dejar de incorporarnos todo lo legítimo de las corrientes que de afuera nos lleguen. Los tiempos son propicios para ello, a pesar de la dispersión de nuestras energías al salir de la corriente de nuestra Historia, y a pesar de que nuestro esfuerzo mental se prodiga estérilmente en el complicado juego de la vida moderna, en los escarceos de la baja política, en la hoja diaria voraz y en los temas múltiples y triviales que plantea la curiosidad insana del espíritu.


    Y son propicios los tiempos porque, como ha notado Maeztu, «el sentido de cultura de los pueblos modernos coincide con la corriente histórica de España; los legajos de Sevilla y de Simancas y las piedras de Santiago, Burgos y Toledo, no son tumbas de una España muerta, sino fuentes de vida; el mundo, que nos había condenado, nos da ahora la razón», y es de creer que España, que se ha deshispanizado en estos dos últimos siglos, volverá a entrar en el viejo solar de sus glorias, después que, nuevo hijo pródigo, ha corrido esas Europas viviendo precariamente de manjares que no se hicieron para ella.


    Cuique suum. Europa empieza a hacernos justicia: ayudemos a Europa a hacérnosla. Felipe II ya no es el «Demonio meridiano», sino el Rey Prudente y el político sagaz. El Escorial ya no es una mole inerte, esfuerzo de un arte impotente para inmortalizar un nombre y una fecha, sino que es un monumento en que Herrera aprisionó de nuevo la serenidad y armonía del genio griego. América ya no es el viejo patrimonio de ladrones, aventureros y mataindios, sino una obra de conquista y civilización cual no la hizo ni concibió pueblo alguno de la historia. Así, paulatinamente, se revalorizará el arte, la teología, el derecho, la política, todo lo que constituye el patrimonio de la cultura patria; e injertando en el viejo tronco de nuestras tradiciones lo nuevo que puedan asimilarse, ofreceremos al mundo la España viva y gloriosa de siempre, inaccesible a esta corriente de trivialidad, de extranjerismo, de fatuidad revolucionaria que nos atosiga.

    Vosotros, americanos de sangre española, debéis ayudarnos en este trabajo ímprobo. Vuestras son las ejecutorias de la grandeza [220] de España, porque son de vuestra Madre. Las fuerzas de conquista del mundo moderno están, con las de España, alineadas ante esta América para el ataque, llámense monroísmo, estatismo, protestantismo, socialismo o simple mercantilismo fenicio. Escoged entre la madre que os llevó en sus pechos durante siglos o los arrivistas de todo cuño que miran a su provecho. Rubén Darío, apuntando a uno de los ejércitos permanentes que nos asedian, arrancaba a su estro sonoro esta estrofa, colmada de espanto y de esperanza en España:

    ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
    ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
    ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
    ¿Callaremos ahora para llorar después?

    Aquí está España, que quiere rehabilitarse ante vosotros y que os pide en nombre de la vieja común historia, que unáis otra vez a ella vuestros destinos.

    Libres de los prejuicios de la leyenda negra y rehechos nuestros valores espirituales, unámonos en la obra solidaria de la cultura, entendida la palabra en su sentido más amplio y profundo. Cultura es cultivo: como estamos obligados a cultivar la tierra para que nos dé el sustento de cada día, así tenemos la obligación moral de cultivar la vida humana personal y socialmente, para lograr su máximo rendimiento y esplendor. Los pueblos sin cultura sucumben, porque son absorbidos o anulados en su personalidad histórica por los más cultos. La infiltración de la cultura de un pueblo en otro es el preludio de su conquista moral, especie de anexión de espíritus que importa como una servidumbre, que es desdoro para quien la presta.

    Cierto que la cultura es patrimonio circulante, a cuya formación contribuyen y de que participan a su vez todos los pueblos. Pero hay pueblos parásitos que viven de la cultura ajena y pueblos fabricantes y exportadores de su cultura específica. Estos son los que imponen al mundo la ley de su pensamiento, en el orden especulativo, y acaban por imponer las ventajas de sus inventos científicos y los productos de sus fábricas.


    No seamos parásitos ni importadores de cultura extranjera. Tenemos alma y genio que no ceden a los de ningún pueblo. Tenemos un fondo de cultura tradicional que el mundo nos envidia. [221] Tenemos una lengua, vehículo de las almas e instrumento de cultura, que dentro de poco será la más hablada de la tierra y en la que se vacían, como en un solo troquel, el pensamiento y el corazón de veinte naciones que aprendieron a hablarla en el regazo de una misma madre. Y, sobre todo, tenemos la misma formación espiritual, porque son idénticos los principios cristianos que informan el concepto y el régimen de la vida.


    ¿Cómo fomentar esta obra solidaria de cultura? Españolizando en América y americanizando en España. Cuando dos se aman, piensan igual y sus corazones laten al unísono. Amémonos, americanos, y transfundámonos mutuamente nuestro espíritu; nos será más fácil entendernos que con otros, porque tenemos el paso a nivel de una misma tradición y de una misma historia. La depuración de la lengua, el intercambio de libros y periódicos, la voz de España que se oiga en los Círculos y Ateneos de América y la voz de los americanos que resuene en España, para repetirnos nuestras viejas historias y proyectar, acá y allá, las luces nuevas del espíritu. Contacto de maestros y juventudes en Colegios y Universidades, con las debidas reservas para que no se deforme el criterio de nuestra cultura tradicional; coordinación de esfuerzos acá y allá, entre los enamorados del ideal hispanoamericano, para abrir nuevas rutas a nuestra actividad cultural y canalizar las energías hoy desperdigadas. Un gran centro de cultura hispanoamericana en España, en comunicación con otros análogos en las naciones de habla española en América, podría ser el foco que recogiera e irradiara la luz homogénea del pensamiento de aquende los mares.


    Y todo ello sin recelos, hermanos de América, sin recelos por nuestra aparente inferioridad; que todavía le queda cerebro y médula al genio español, que iluminó al mundo hace tres siglos; y menos por la autonomía de vuestro pensamiento y de vuestra cultura propia, porque España no aspira al predominio, sino a una convivencia y a una colaboración en que prospere y se abrillante el genio de la raza, que es el mismo para todos.


    Si no desdijese de mis hábitos episcopales y de esta cruz pectoral, que recuerda lo espiritual y sobrenatural de mi misión, yo os diría, americanos, sin que nadie pueda recelar de propagandas ajenas a mi oficio: Unámonos hasta para el fomento de [222] nuestros intereses económicos. ¿Por qué no? El hombre no vive de sólo pan, cierto; pero no vive sin pan, y tiene derecho a su conquista, hasta donde pueda convenirle para vivir prósperamente. La decadencia económica va casi siempre acompañada del decaimiento espiritual; la prosperidad colectiva, mientras se conserven en los pueblos las virtudes morales, es estímulo social de progreso.


    Ni es ajeno al oficio sacerdotal el de buen patriota que quiere para su pueblo la bendición de Dios de pinguedine terrae. ¿No fueron los misioneros los que trajeron de España acá aperos y semillas y abrieron escuelas de artes y oficios? No había en América más que una espiga de trigo que tenían en su jardín los dominicos de la Española; cuando el Obispo Quevedo se queja a Las Casas de que no hay pan, contesta indignado el celoso misionero: ¿Qué son estos granos del huerto de los frailes? Y en América hubo pan: al mísero cazabe sustituyó el pan candeal, el de los pueblos civilizados; este pan de Melquisedec y del Tabernáculo mosaico y de los altares cristianos en que Dios ha querido fundar el sacrificio, que es la salvación del mundo.


    Pan copioso debemos pedirle a Dios y a nuestro mutuo esfuerzo, y con él toda bendición de la tierra.


    Hace pocas semanas que la Unión Ibero-Americana circulaba en España una comunicación en que se quejaba de la decadencia del comercio español con las Américas, de la competencia ruinosa de otras naciones, de los errores cometidos por los exportadores nacionales, de lo difícil que será recobrar para España lo que por su culpa se perdió, e invitaba a las entidades del comercio español a una conferencia para el presente otoño. Señores: si cupiese en los ámbitos de mi jurisdicción, yo diría a la Unión Ibero-Americana: os envío mi bendición de Obispo español y quisiera que ella fuese prenda de todas las bendiciones del cielo, para España y para América, en orden a la conquista legítima de los bienes de la tierra. Y ojalá que al conjuro de esta bendición surgieran de nuestros arsenales las escuadras pacíficas de los trasatlánticos y de los zepelines que, en su ir y venir de un mundo a otro, ataran las naciones de la hispanidad con el hilo de oro de la abundancia, y, al par que vaciaran en los puertos de ambos mundos los tesoros de sus entrañas, estrecharan cada día más los lazos espirituales que unen los pueblos de la raza. Qué también en los banquetes, [223] en que se refocilan los cuerpos, se comunican los espíritus y se fundan amistades duraderas.


    Yo quería hablaros de las características de esta colaboración de España y América en la obra de la hispanidad: del espíritu de continuidad histórica, porque la historia es la luz que ilumina el porvenir de los pueblos, y si rechazan sus lecciones dejarán de influir en lo futuro, pues, como dice Menéndez y Pelayo, ni un solo pensamiento original son capaces de producir los que han olvidado su historia; de otro espíritu de disciplina, sin el que no se concibe una sociedad bien organizada ni el progreso de un pueblo; porque la disciplina de Reyes, hidalgos y misioneros, cualesquiera que sean las fábulas sobre nuestra colonización, supo imprimir el sello intelectual y moral de sus almas bien formadas; y de este otro espíritu de perseverancia tenaz, sin el que sucumben y fracasan las empresas mejor concebidas y empezadas y que, en una elocuente parrafada, negaba nuestro Costa al genio español.


    Pero prefiero hablaros, para terminar, de lo que es todo esto junto, historia, disciplina de cuerpo y alma, perseverancia secular; que es la razón capital de la intervención de España en América y, por lo mismo, la razón de la historia hispanoamericana, y que no podemos repudiar si queremos hacer hispanidad verdadera. Es el catolicismo, confesado y abrazado en todas sus esencias doctrinales y aplicado al hecho de las vidas en todas sus consecuencias de orden moral y práctico.


    V
    Catolicismo e hispanidad


    Esta es la síntesis de mi discurso. Ni podía ser otra, por mi carácter de Obispo católico que ha venido a estas Américas para presenciar esta función de catolicismo, el Congreso Eucarístico, una de las más fastuosas que habrán presenciado los siglos cristianos, culminación del espíritu que la vieja España infundió en estas tierras americanas; ni por la misma naturaleza de las cosas, porque si no puede olvidarse la historia sin que sucumban los pueblos [224] desmemoriados de ella, la historia de nuestra vieja hispanidad es esencialmente católica, y ni hoy ni nunca podrá hacerse hispanidad verdadera de espaldas al catolicismo.
    ¡Que esto es hacer oficio de paleontólogo, como ha dicho alguien, y empeñarse en vivificar estos grandes pueblos de América enseñándoles un fósil como lo es el sistema católico! ¡Que España ha dejado de ser católica, que se ha borrado de su Constitución hasta el nombre de Dios y que un español no tiene derecho a invocar el catolicismo para hacer obra de hispanidad!


    ¡Un fósil el catolicismo, cuando el espíritu moderno, en medio de las tinieblas y del miedo que nos invaden, sólo está iluminado por el lado por donde mira a Jesucristo; cuando públicamente ha podido decirse: «O la Iglesia o los bárbaros»; cuando este japonés que escribe de historia y de conflictos sociales y de razas, profetiza el choque tremendo del Asia con Europa, y sólo ve flotar sobre las ruinas más grandes de la historia la cruz refulgente a cuya luz se reconstruirá la civilización nueva; cuando los espíritus más leales y abiertos y que más han profundizado en las ideologías que pretenden gobernar el mundo, queman los dioses que han adorado y se postran ante Jesucristo, luz y verdad y camino del mundo; cuando al anuncio, hoy hecho glorioso, de que en Buenos Aires, la ciudad nueva que en pocos años ha alcanzado las más altas cimas del progreso, iba a levantarse la Hostia Consagrada, que es el corazón del catolicismo, porque en ella está Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, se ha conmovido el mundo, y han venido acá multitudes de toda la tierra para aclamarle Rey inmortal de todos los siglos! ¡Ved el fósil con que quisiera yo vivificar estas Américas, en cuyas entrañas mi Madre España depositó, hace cuatro siglos, esta partícula de Jesucristo, de donde derivó toda su actual grandeza!


    ¡Que España ha dejado de ser católica! En la Constitución, sí; en su corazón, no; y en la entraña llevan los pueblos su verdadera constitución. Yo respeto las leyes de mi país; pero yo os digo que hay leyes que son expresión y fuerza normativa a la vez de las esencias espirituales de un pueblo; y que hay otras, elaboradas en un momento pasional colectivo, sacadas con el forceps de mayorías artificiosas manejado por el odio que más ciega, que es el de la religión, que se imponen a un pueblo con la intención malsana de deformarlo. [225]


    Id a España, americanos, y veréis cómo nuestro catolicismo, si ha padecido mucho de la riada que ha pretendido barrerlo, pero ha ahondado sus raíces; veréis una reacción que se ha impuesto a nuestros adversarios; veréis que las fuerzas católicas organizan su acción en forma que podrá ser avasalladora; veréis surgir por doquier la escuela cristiana frente a la laica, así hecha y declarada a contrapelo por el Estado; veréis el fenómeno que denunciaba Unamuno en metáfora pintoresca, cuando decía de los ateos españoles que, quien más quien menos, llevan sobre su pecho un Crucifijo; veréis el hecho real, ocurrido en mi Diócesis de Toledo, de veinticuatro socialistas que mueren al estrellarse en un barranco el autocar en que regresaban de un mitin ácrata, y sobre el rudo pecho se les encuentra a todos el escapulario de la Virgen o la imagen de Cristo; y veréis más, veréis cómo los hombres de nuestra revolución mueren también como españoles: abrazados con el Crucificado, es decir, con el fundador del Catolicismo que combatieron.


    Esto es el Catolicismo, hoy; y este es el Catolicismo de España. El Catolicismo es, en el hecho dogmático, el sostén del mundo, porque no hay más fundamento que el que está puesto, que es Jesucristo; en el hecho histórico, y por lo que a la hispanidad toca, el pensamiento católico es la savia de España. Por él rechazamos el arrianismo, antítesis del pensamiento redentor que informa la historia universal, y absorbimos sus restos, catolizándolos en los Concilios de Toledo, haciendo posible la unidad nacional. Por él vencimos a la hidra del mahometismo, en tierra y mar, y salvamos al Catolicismo de Europa. El pensamiento católico es el que pulsa la lira de nuestros vates inmortales, el que profundiza en los misterios de la teología y el que arranca de la cantera de la revelación las verdades que serán como el armazón de nuestras instituciones de carácter social y político. Nuestra historia no se concibe sin el Catolicismo; porque hombres y gestas, arte y letras, hasta el perfil de nuestra tierra, mil veces quebrado por la Santa Cruz, que da sombra a toda España, todo está como sumergido en el pensamiento radiante de Jesucristo, luz del mundo, que, lo decimos con orgullo, porque es patrimonio de raza y de historia, ha brillado sobre España con matices y fulgores que no ha visto nación alguna de la tierra. [226]


    Y con todo este bagaje espiritual, cuando, jadeante todavía España por el cansancio secular de las luchas con la morisma, pudimos rehacer la patria rota en la tranquilidad apacible que da el triunfo, abordamos en las costas de esta América, no para uncir el Nuevo Mundo al carro de nuestros triunfos, que esto lo hubiese hecho un pueblo calculador y egoísta, sino para darle nuestra fe y hacerle vivir al unísono de nuestro sobrenaturalismo cristiano. Así quedamos definitivamente unidos, España y América, en lo más sustancial de la vida, que es la religión, porque nada hay más profundo para el hombre y la sociedad que la exigencia y la realidad de la religión.


    Y esta es, americanos y españoles, la ruta que la Providencia nos señala en la historia: la unión espiritual en la religión del Crucificado. Un poeta americano nos describe el momento en que los indígenas de América se postraban por vez primera «ante el Dios silencioso que tiene los brazos abiertos»: es el primer beso de estos pueblos aborígenes a Cristo Redentor; beso rudo que da el indígena «a la sombra de un añoso fresno», «al Dios misterioso y extraño que visita la selva», hablando con el poeta. Hoy, lo habéis visto en el estupor de vuestras almas, es el mismo Dios de los brazos abiertos, vivo en la Hostia, que en esta urbe inmensa, en medio de esplendores no igualados, ha recibido, no el beso rudo, sino el tributo de alma y vida de uno de los pueblos más gloriosos de la tierra. Es que este Dios, que acá trajera España, ha obrado el milagro de esta gloriosa transformación del Nuevo Mundo.
    Ni hay otro camino. «Toda tentativa de unión latina que lleve e











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  5. #85
    sjl
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    ¡Feliz día a todos!

  6. #86
    Avatar de Alejandro Farnesio
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Feliz día de la Hispanidad a todos. Aunque a la vez sea un día que me saque de mis casillas por tener que lidiar con tanto imbécil en las redes sociales o en la propia calle.
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  7. #87
    Avatar de Guerreiro Galaico
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Feliz Día de la Hispanidad, les deseo desde la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires.-

    Como siempre quebrando una lanza por la gualda y oro, solo, rodeado, en tierra de herejes en donde lo Hispano es aborrecido.-

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  8. #88
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    ¡Feliz Día de la Hispanidad a todos!
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  9. #89
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    12 de Octubre, Festividad de la Virgen del Pilar, Día de la Hispanidad.




    Cuenta la Tradición que el dos de enero (Fiesta de la Venida de la Virgen) del año cuarenta de la era Cristiana, la Santa Madre de Dios se apareció en carne mortal sobre un solemne Pilar al Apóstol Santiago, quien desesperado en su misión evangelizadora, se encontraba meditativo junto a un reducido grupo de cristianos hispanos en Caesar Augusta (Zaragoza).


    Quiso así Nuestra Señora, mostrándose de esta forma singular -pues además de ser su primera aparición, fue la única que se produjo durante la propia vida carnal de la Madre de Dios-, transmitir al Pueblo Español por mediación de su principal heraldo, el Apóstol Santiago el Mayor, Patrón de España, su condición de pueblo elegido por el Señor para llevar la palabra de Dios hasta los confines del mundo.


    Así lo reconoció posteriormente el Santo Padre Clemente XII, otorgando a la Festividad de la Virgen del Pilar la fecha del doce de Octubre, día histórico en que las naos castellanas descubrieron el Nuevo Mundo para la Cristiandad por medio de la Monarquía Hispana y sus heroicos hijos.


    Oh Virgen del Pilar, Reina y Madre.
    España y todas las naciones hispanas
    Reconocen con gratitud tu protección constante
    Y esperan seguir contando con ella.
    Obténnos de tu Hijo fortaleza en la fe,
    Seguridad en la esperanza
    Y constancia en el amor.
    Queremos que en todos los instantes de nuestra vida
    Sintamos que tú eres nuestra Madre.

    Por Jesucristo Nuestro Señor.


    Amén.


    A. C. T. Fernando III el Santo
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  10. #90
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    La Fiesta de la Raza






    Nuestra Santa Madre la Iglesia, única Maestra infalible, proponiéndonos diariamente la consideración de las vidas gloriosas que realizaron los que declaró su sabiduría dignos del honor de los Altares, nos enseña lo conveniente que es la constante remembranza de los hechos dignos de loa. Y como pocos hay que puedan compararse con el que inmortalizó el día 12 de Octubre, festividad de Nuestra Se*ñora del Pilar, justo es que de esa fiesta [...] nos aprovechemos para estrechar los lazos que deben unirnos, ya que tanto empeño hay en romper esos fraternales vínculos, presentándonos separados y hasta en oposición.

    El bendito IDEAL DE ESPAÑA, lo que forma la aspiración de su alma colectiva, comprende lo que llamó Vázquez de Mella los tres dogmas nacionales, y el tercero, complemento de los tres anteriores, cima y cúspide de ellos, es la Confederación tácita con los Estados hispanoamericanos: con esos Estados, sangre de nuestra sangre, huesos de nuestros huesos, vida de la vida española. Es indispensable llegar a constituir los Estados Unidos del Sur de América, que contrapesarían la acción sajona de los Estados Unidos del Norte. La cruz que llevó Colón al Nuevo Mundo no puede dejar de levantarse sobre todas las concupiscencias. Tiene que ser cada vez más y mejor ensalzada en la lengua que el gran Emperador Carlos V empleaba para hablar a Dios Nuestro Se*ñor y con su Madre.

    Oportunísima es la celebración de la llamada Fiesta de la Raza. Como el Catecismo, debían aprender y repetir los escolares la gran hazaña del gran terciario franciscano, a quien Cavanilles apellida “el mayor de los bienhechores de la Humanidad”.

    Repitamos las palabaras del mismo historiador:

    “Una noche, el 11 de Octubre, a los setenta días de viaje, descubre Cotón desde el castillo de popa una luz a lo lejos; vuelve a observar... No había duda; llama a alguno de los suyos, a Pedro Gutiérrez, repostero de estrados del Rey, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, veedor de la Armada; uno la veía; otro, no; y Colón esperó adquirir más certidumbre antes de publicar su descubrimiento.

    La gente estaba inquieta y alarmada; si anunciaba la tierra y desgraciadamente no lo era ¿qué dirían los suyos? Perderían por completo el ánimo, se declararían en abierta rebelión, y peligraría la empresa. Mas el almirante había sido el primero que descubrió la codiciada tierra: así debía ser y así fue.

    A las dos horas después de media noche pareció la tierra, de la cual estarían dos leguas; anuncióla primero Rodrigo, de Triana, marinero de la Pinta... Postrá*ronse todos, dieron gracias a Dios, y ¡quién podrá expresar el júbilo que inundaría el corazón del almirante! Este gran día fue el viernes, 12 de Octubre de 1492.”
    [...] El descubrimiento, la colonización de América, fue empresa española y, por ende, católica. y monárquica, en servicio del Altar y del Trono. El mismo Colón lo declaró en su testamento, y un noble poeta español, a pesar de su liberalismo, hubo de reconocerlo así, proclamando, y precisamente a raíz del movimiento arteramente iniciado y protegido por nuestros seculares enemigos, que no será posible se rompan los fraternales, los filiales lazos que nos unen con los traídos por nosotros a las apacibles vías de la civilización. Hágase lo que se haga; intríguese lo que se intrigue, siémbrese la cizaña que se quiera, será una verdad axiomática la cantada por el simpático Conde de Haro, Duque de Frías:

    “¡Españoles seréis, no americanos!
    porque ahora y siempre el argonauta
    [osado,
    que del mar arrostrare los furores,
    al arrojar el áncora pesada
    en las playas antípodas distantes,
    verá la Cruz del Gólgota plantada
    y escuchará la lengua de Cervantes.”

    EL CONDE DE DOÑA-MARINA



    EL CORREO ESPAÑOL (11 de octubre de 1917)


    Reino de Granada
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  11. #91
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    En este día quiero acordarme especialmente de Juan Garrido, Juan Valiente y Pedro Alonso Niño, conquistadores negros; así como de los tlaxcaltecas, zapotecas, tarascos, otomíes, chancas, cañaris o chachapoyas que fueron conquistadores indios; así como de Francisco Fajardo y los conquistadores mestizos. Y no me olvido de cómo el mestizo Agualongo y el indio Cisneros, así como los mestizos y los indios de la isla de Chiloé, o así como los negros de la Nueva Granada, resistieron hasta la extenuación los planes secesionistas.

    Ellos nos dieron el ejemplo como pioneros o como resistentes.

    Quiero acordarme de la Roma que nos dio la forja y la vocación universal, la misma que nos dio la raíz de un idioma y un derecho por y para ser nosotros mismos.

    Quiero acordarme también de los intrépidos viajes andaluces y de los potentes astilleros vizcaínos.

    Quiero acordarme de las Islas Canarias como sempiterno puente euramericano.

    Quiero acordarme del idioma que nació en Castilla para hacerse universal. que es el idioma que a la postre tienen que usar desde indigenistas hasta separatistas ibéricos para odiarse a sí mismos. ¡Nunca tuvo el imperialismo anglosajón tan buenos y baratos lacayos!

    Quiero acordarme de ese Atlántico que comienza en la marisma de Doñana anunciándose como Mare Nostrvm, uniendo toda la franja occidental peninsular, desde el Finisterre galaico.

    Quiero acordarme de la nobleza inca o de los descendientes de Moctezuma que fueron reconocidos como títulos de Castilla.

    Quiero acordarme de unos acordes musicales que, cristalizados en el barroco especialmente a través del fandango antiguo, han creado una interacción universal influyendo a diestro y siniestro, y que todavía palpamos entre marineras o sevillanas.

    Quiero acordarme de cómo la tortilla o el gazpacho, o tantos otros platos característicos de la gastronomía ibérica, llevan a América dentro.

    Quiero acordarme de esa arquitectura soberbia que se ha ido cincelando entre pinceladas góticas, mudéjares, clasicistas o barrocas, reconociéndose por todo el mundo como crisol artístico único.

    Quiero acordarme de aquellos que por toda Norteamérica, sin complejos, de una manera entrañable, reclaman su herencia hispánica.

    El hispanismo (pero el de verdad, no el de los frikis pedantes y amanerados dizque academicistas) será la causa del siglo XXI, porque es lo único que nos queda por defender. Porque es lo único que realmente vale la pena. Los ingleses lo vieron claro ya en el siglo XVIII: A España hay que vencerla en América, no en Europa. Por algo dijo Federico García Lorca que el español que no ha estado en América no sabe qué es España, y por algo dijo Ramón del Valle-Inclán que el alma de España había que buscarla en México. Algo de eso hay.

    Somos un pueblo cautivo, esparcido y alienado. Nos han querido quitar hasta el alma. Pero tengamos fe y esperanza, que por algo el poeta Rubén Darío nos dejó la salutación del optimista.

    Feliz día hermanos. Y aunque sea como dijo Bernardo de Gálvez: "Yo solo". Sigamos nosotros adelante, que así le quitaremos el miedo a los que nos sigan y, como Gálvez, crearemos otra armada invencible.


    ¡ORGULLOSO DE SER HISPANO!

    -Antonio Moreno Ruiz






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  12. #92
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Son varias las formaciones políticas y “culturales” (anticultura) que salen a criticar la celebración del día de la Hispanidad. Argumentando que fue un acto criminal, donde se esclavizó, se asesinó y se saqueó a los pueblos conquistados.

    Esas personas son las mismas que también ven mal celebrar la Toma de Granada (2 de Enero), porque según ellos es una falta de respeto hacia los musulmanes.

    Para los endófobos antiespañoles, la invasión musulmana fue una época de progreso y desarrollo acojonante, donde los árabes nos aportaron sus grandes conocimientos. Para ellos esa España era la gran España civilizada, alejada de la Europa cristiana y obsoleta. No hablan de crímenes, ni de esclavitud, ni de saqueo, ni de injusticias. Al-Ándalus es muy amada por este tipo de personas. Camisetas, canciones, banderas, marcas comerciales… Todo muy respetado por ellos.

    Pero con la Hispanidad el chip les cambia, pues están educados para odiar a sus propios antepasados, su cultura y su historia. En ese momento histórico no ven un aporte cultural de nuestros pueblos a los indígenas. Ven las matemáticas de los árabes en Al-Ándalus, pero no la de nuestro pueblo en América. No hay progreso en la llegada de nuestros antepasados… o por lo menos ellos no quieren verlo.

    Está claro que su visión de la historia está bajo el prisma de la endofobia. De ahí que el Ayuntamiento de Madrid colgara la “wiphala”, símbolo de la resistencia indígena. Mientras que en en Granada ven mal que los españoles mostremos orgullo por expulsar y resistir a los musulmanes.

    Son una corriente infantil que lamentablemente tiene bastante poder e influencia en este país. Por eso debemos seguir recordando lo que somos y lo que nuestros antepasados lograron hacer. Mejorando el destino de los pueblos, no mandándolos al exterminio, que es lo que casi hicieron los ingleses con los nativos de la zona. Hoy viven en reservas, mientras que Evo Morales gobierna en su país.

    Nosotros como canarios que somos debemos defender esta condición hispana que nos recorre la sangre y adorna nuestra historia. Hemos sido punta de lanza de la conexión europea con América. Nuestros antepasados cruzaron el charco en la conquista creando nuevos pueblos, y dejando allí parte de nuestra cultura. Cultura que hoy permanece viva en muchas zonas del continente (desde el norte hasta el sur)

    Los marxistas quieren que sintamos vergüenza por nuestros abuelos, por nuestro pasado, por nuestro pueblo. No quieren que sintamos orgullo por nada en relación a nuestra patria. Por el contrario exaltan el orgullo que sienten otros por sus antepasados… Una cosa de locos. La palabra correcta para definirlos es; endófobos. No la olviden.

    ¡Feliz día de la Hispanidad!







    __________________________________

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  13. #93
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    A la raza hispana, de Flavio Zaragoza [Antología de poesía filipina]


    Subido el 4 sep. 2011


    A la raza hispana, de Flavio Zaragoza Cano

    I

    Noble raza inmortal, raza divina
    que hablas el dulce idioma de Castilla
    triste y altiva, mi alma filipina
    ante tu altar sagrado se arrodilla

    Amo a mi patria mas el sacro rayo
    de mi amor puro no es para ella sola
    que si como patriota soy malayo
    como poeta ¡mi alma es española!

    Y lo proclamo así, sin cobardía.
    Amo a España que me dio cultura.
    La gratitud es flor del alma mía
    y mi alma no es ingrata ni es impura

    Mi amor a España Dios ha bendecido
    y no es traición para mi propia tierra
    porque en mi corazón que odia el olvido
    si es noble y santo todo amor se encierra


    II

    Hoy que muchos claudican yo te canto
    gran raza hispana, tu renombre eterno
    vive en mi lira en medio del quebranto
    con que sufrimos el dogal moderno

    Si todos ya olvidaron el aroma
    de tu seno prolífico y fecundo
    aún quedo yo, soldado de tu idioma
    para cantar tus glorias en el mundo

    No soy de ese linaje de chacales
    que nacidos de páramos incultos
    al recibir tus besos maternales
    tu dulce amor pagaron con insultos

    Los que ayer te ensalzaron hoy te olvidan
    ¡corifeos del nuevo coloniaje!
    mientras extrañas águilas anidan
    en el bello jardín de tu lenguaje




    III

    Noble raza que sufres con grandeza
    las épicas tragedias del presente
    yo te amo y respeto la tristeza
    que brilla en las arrugas de tu frente

    Y si ayer contra ti tenido hubiera
    que ir a la lucha por la patria mía
    nunca hubiese manchado tu bandera
    y en medio de mis triunfos ¡te amaría!

    De tu amor maternal la firme esencia
    no olvidará la tierra panayana
    que al gritar libertad e independencia
    ¡siempre hablamos la lengua castellana!

    Cuando te olviden todos, mi alma fuerte
    pregonará tu honor de polo a polo.
    Yo hablaré tu lenguaje hasta la muerte.
    Si nadie te ama ya ¡te amaré solo!




    Leolfredo dio el Víctor.

  14. #94
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Encontré insólito lo de la bandera indígena en Madrid el 12 de octubre. En nuestra América esa bandera no representa nada. Es sólo un adornito en manifestaciones izquierdistas, pero en Europa parece que se le está dando una importancia inusitada. Es una forma más de dividirnos.

  15. #95
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    La evangelización española de América - Ramiro de Maetzu


    Todo un pueblo en misión







    Toda España es misionera en el siglo XVI. Toda ella parece llena del espíritu que expresa Santiago el Menor cuando dice al final de su epístola que: “El que hiciera a un pecador convertirse del error de su camino, salvará su alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus pecados” (V.20). Lo mismo los reyes, que los prelados, que los soldados, todos los españoles del siglo XVI parecen misioneros. En cambio, durante el siglo XVI y XVII no hay misioneros protestantes. Y es que no podía haberlos. Si uno cree que la Justificación se debe exclusivamente a los méritos de Nuestro Señor, ya poco o nada es lo que tiene que hacer el misionero; su sacrificio carece de eficacia.




    La España del siglo XVI, al contrario, concibe la religión como un combate, en que la victoria depende de su esfuerzo. Santa Teresa habla como soldado. Se imagina la religión como una fortaleza en que los teólogos y sacerdotes son los capitanes, mientras que ella y sus monjitas de San José les ayudan con sus oraciones y escribe versos como éstos:


    "Todos los que militáis
    debajo de ésta bandera,
    ya no durmáis, ya no durmáis
    que no hay paz sobre la tierra"




    Parece que un ímpetu militar sacude a nuestra monjita de la cabeza a los pies...




    La Compañía de Jesús, como las demás Órdenes, se había fundado para la mayor gloria de Dios y también para el perfeccionamiento individual... San Ignacio había enviado a San Francisco a las Indias, cuando todavía no había recibido sino verbalmente la aprobación del Papa para su Compañía. ... si no iba él era porque como general de la Compañía tenía que quedar en Roma, en la sede central; pero al hombre que más quería y respetaba, le mandaba a la obra misionera de las Indias. ¡Tan esencial era la obra misionera para los españoles!




    El propio padre Vitoria, dominico español, el maestro directa o indirectamente, de los teólogos españoles de Trento, enemigo de la guerra como era y amigo de los indios, que de ninguna manera admitía que se les pudiese conquistar para obligarles a aceptar la fe, dice que en caso de permitir los indios a los españoles predicar el Evangelio libremente, no había derecho a hacerles la guerra bajo ningún concepto, “tanto si reciben como si no reciben la fe”; ahora que, en caso de impedir los indios a los españoles la predicación del Evangelio, “los españoles, después de razonarlo bien, para evitar escándalo y la brega, pueden predicarlo, a pesar de los mismo, y ponerse al a obra e conversión de dicha gente, y si para esta obra es indispensable comenzar a aceptar la guerra, podrán hacerla, en lo que sea necesario, para oportunidad y seguridad en la predicación del Evangelio”. Es decir, el hombre más pacífico que ha producido el mundo, el creador del derecho internacional, máximo iniciador, en último término, de todas las reformas favorables a los aborígenes que honran nuestras Leyes de Indias, legitima la misma guerra cuando no hay otro medio de abrir el camino a la verdad.




    Por eso puede decirse que toda España es misionera en sus dos grandes siglos, hasta con perjuicio del propio perfeccionamiento. Este descuido quizá fue nocivo; acaso hubiera convenido dedicar una parte de la energía misionera a armarnos espiritualmente, d tal suerte que pudiéramos resistir, en siglos sucesivos, la fascinación que ejercieron sobre nosotros las civilizaciones extranjeras. Pero cada día tiene su afán. Era la época en que se había comprobado la unidad física del mundo, al descubrirse las rutas marítimas de Oriente y Occidente; en Trento se había confirmado nuestra creencia en la unidad moral del género humano; todos los hombres podían salvarse, ésta era la íntima convicción que nos llenaba el alma. No era la hora de pensar en nuestro propio perfeccionamiento ni en nosotros mismo; había que llevar la buena nueva a todos los rincones.






    Ramiro de Maetzu – En defensa de la Hispanidad – Editorial Poblet – Bs.As. 1952 – Págs. 117-120.



    Nacionalismo Católico San Juan Bautista: La evangelización española de América - Ramiro de Maetzu
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  16. #96
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    En breve, ¿cuáles eran los verdaderos motivos de Colón?



    Vídeo: en breve, ¿cuáles eran los verdaderos motivos de Colón? – Que no te la cuenten
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  17. #97
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    Arequipa: Manifiesto por el Día de la Hispanidad

    En este día en que la Providencia quiso generosamente incorporar vastos territorios y millones de almas a la Cristiandad, por el brazo heroico de la Monarquía Católica, los tradicionalistas de Arequipa, congregados en la sección regional del Círculo Blas de Ostolaza del Perú, luego de peregrinar en acción de gracias a la Recoleta Franciscana, iglesia y colegio apostólico misionero virreinal situado en los antiguos extramuros de la ciudad, donde se venera a la Santísima Virgen en su advocación de Montserrat, deseamos manifestar:





    • Nuestra permanente gratitud a la Corona hispánica, en la persona de S.A.R. el Duque de Aranjuez, Don Sixto Enrique de Borbón, Abanderado de la Tradición, por aquella gesta única, cuya memoria ha de permanecer por siempre y a la que debe nuestra nación tanto la vida natural como la sobrenatural.
    • Nuestra alegría por poder celebrar por primera vez, congregados bajo las banderas de la Tradición carlista, el Día de la Hispanidad, cuya esencia –lejos de las mistificaciones de mitologías políticas de algunos sectores minúsculos y extravagantes– representa, según Ramiro de Maeztu y el Rvdo. P. Arintero, una verdad espiritual de eminente valor: «La igualdad esencial de todos los hombres de la tierra, en punto de libertad metafísica».
    • Nuestra alarma por los avances de la agenda mundialista en nuestro hemisferio, expresada en los intentos de alcanzar un acuerdo inicuo que comprometía la paz y el orden cristiano de nuestro hermano pueblo neogranadino, auspiciado por todo género de figuras desprestigiadas, pertenecientes al variopinto espectro de la revolución anticristiana global.
    • Nuestro repudio, en primer lugar, a los intentos por parte de determinadas figuras liberales exdinásticas de confundir al pueblo tradicionalista con supuestas defensas de principios en los que no creen; y, en segundo, a las organizaciones que, habiendo abandonado los principios carlistas hacia posiciones en la práctica «centristas» y democristianas, les hacen el juego, contribuyendo a la confusión generalizada.


    ¡Dios, Patria, Fueros y Rey!


    Círculo Blas de Ostolaza, sección de Arequipa


    Miércoles 12 de octubre de 2016, fiesta de Nuestra Señora del Pilar




    https://www.facebook.com/notes/agenc...82787471753255
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  18. #98
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    12 de Octubre: Día de la Hispanidad

    Por Luis Gaisse Fariña


    12 de octubre. Fecha llena de significados para gran parte del mundo, pero también sujeta a interpretaciones y usos torticeros. El 12 de octubre de 1492 avistó Colón las tierras del nuevo continente sin saberlo. Entonces comenzó una epopeya de grandes dimensiones que cambió el rumbo de la humanidad. Como toda empresa humana está llena de luces y sombras, y algunos -no pocos- han pretendido denodadamente resaltar las sombras y minimizar las luces, cuando a la mirada del historiador honrado se presenta con grandiosa luminosidad. Los primitivos pobladores de América no eran los indígenas inocentes y llenos de bondad que nos quieren presentar los hijos de Rousseau denostadores de la civilización y el progreso, por el contrario, vivían en un estado prehistórico, bastante animalizados, tan violentos que habían aniquilado culturas y pueblos enteros, practicantes habituales de sacrificios humanos y canibalismo, etc.
    La conquista de los españoles difiere mucho de la de otros colonizadores. De entrada en el respeto a la raza y el mestizaje: ¿Cuántos aborígenes australianos quedan o se han fundido con los ingleses? ¿Cuántos indígenas nativos de la América del norte? ¿Cuántos años han tardado los pueblos africanos en superar la separación racial? Negar el diferente enfoque colonizador es negar una realidad innegable. Podríamos también hablar de aspectos culturales, lingüísticos, etc. Por todo ello este día 12 de octubre es el Día de la Hispanidad, anteriormente llamado Día de la Raza (vestigios quedan en calles de Sevilla), denominación que no tiene nada que ver con el Franquismo, es terminología del siglo XIX cuando menos. Por eso este debe ser un orgullo celebrar este Día de la Hispanidad en España y en toda Iberoamérica: la cantidad de vínculos que nos unen, muchos más que los que nos separan
    La razón de fondo de esa singular obra colonizadora se debe encontrar en la otra conmemoración que se celebra el 12 de Octubre: la Virgen del Pilar. Es decir, las raíces cristianas de España y de los conquistadores. Los testimonios históricos del cristianismo en las tierras del Ebro se remontan al primer siglo de de nuestra Era por lo que no es nada arriesgado dar verosimilitud al hecho de la aparición milagrosa de la Santísima Virgen María en carne mortal a Santiago y sus primeros discípulos. Es decir, uno puede creerlo o no, pero no es un suceso ahistórico ni una simple leyenda medieval. Desde entonces y con no pocos avatares, la fe ha permanecido en nuestra patria y, con todas las deficiencias que caben en los seres humanos, ha sido motor de gestas como la que nos corresponde celebrar este gran Día. Leyendas negras ha habido y seguirá habiendo, se autoalimentan. La verdad no es patrimonio de nadie, simplemente es, guste, no guste, esté de moda o no, es la verdad histórica adecuación de los hechos a la razón que los juzga.


    12 de Octubre: Día de la Hispanidad
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  19. #99
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    Re: Feliz día de la Hispanidad

    miércoles, 12 de octubre de 2016

    América: no es descubrimiento, sino INVENCIÓN






    12 de octubre: ¿una fecha memorable, para celebrar y rendir homenajes, o un infausto histórico execrable, trágico, cuyo recuerdo más valdría olvidar, mejor aun, borrar, si posible fuera, para sanar las cicatrices colectivas? En honor a la verdad, las respuestas meramente humanas, son variadas, y dependerán de la cosmovisión e ideología que se adopten alrededor de este magno acontecimiento, así como del sentido de pertenencia en el rumbo histórico e identitario en que uno se engarce, y del que se sienta parte. Desde un sentido metafísico y teocéntrico de la historia, al que no ocultamos adherir, el Descubrimiento de América FUE UN EVENTO PROVIDENCIAL, por más que en apariencia meramente fáctica, se reconozca su punto de partida accidental: el hecho de tardarse décadas en reconocer que se había arribado a un continente nuevo, no a la India asiática, cuya nueva ruta de acceso marítimo se pretendía trazar.


    Muchos habrían de lamentar, quizá a perpetuidad, como mala hora este “accidente” de la historia, deseando que jamás se hubiera producido. Podemos entender tal mentalidad y más aun, tal repertorio psicológico de anticuerpos a la dominación hispánica en lo que hoy conocemos como América. Y lo entendemos, porque se da, por lo general, precisamente, en aquellos que NO SE IDENTIFICAN CON ESPAÑA, EUROPA U OCCIDENTE, ni con lo que ello representa. Suponemos, que, al contrario, estas personas detentan una religión (o irreligión), lengua, cosmovisión, costumbres, etnia y derroteros políticos ajenos a lo que el Imperio español trajo a América. Señálense entre ellas, a multitud de etnias indígenas, sea como comunidades o como individuos, que conservan y desean que se haga respetar su otredad, frente al imaginario e instituciones occidentales; también, cuéntense aquí , a los grupos y gente de cuño marxista y con tendencia a políticas que llaman de “liberación”, cuya inspiración siendo materialista, humanista y atea, aun si se consideraran creyentes adscritos a alguna fe religiosa, les distancia enormemente del espíritu ideológico y político de la España imperial. Finalmente, se hacen presentes como ajenos o contrarios a la hispanidad, aquellos que, reconociendo su hibridación cultural y étnica, afirman y retoman para sí su legado indígena de forma exclusiva y excluyente.


    Nosotros, por el contrario, aun reconociendo CON RESPETO Y HASTA ADMIRACIÓN el valor de nuestros ancestros indígenas y su cultura, sin embargo, RETOMAMOS CON ORGULLO LA HERENCIA ESPAÑOLA, que llevamos viva no solo en la sangre, sino en nuestro espíritu. Para quienes así reclamamos nuestra estirpe hispánica, el 12 de octubre, lejos de ser oprobioso, es UN MOTIVO DE FESTEJO, JÚBILO Y VENERACIÓN. Consideramos esta fecha, lejana en el Cronos, pero viva en el Eros metahistórico al que nos plegamos. Frente a los odios e incomprensiones que suscita esta efemérides, sea por constituir ecos de gritos dolientes de identidades ancestrales cuya resonancia sigue viva, y que siendo así, logramos comprender, o más aun, proviniendo de desfiguraciones históricas e interpretaciones parciales en torno al balance del valor civilizatorio y los aportes negativos y positivos que ha legado España a América, nosotros AFIRMAMOS NUESTRO AMOR Y GRATITUD AL LEGADO HISPÁNICO Y NO AHORRAMOS OCASIÓN PARA DAR NUESTRO HUMILDE HOMENAJE A LA ESPAÑA IMPERIAL A LA QUE CONFESAMOS COMO MADRE PATRIA .


    Ante todo, reconocemos en los conquistadores españoles a simples seres humanos: ni ángeles ni demonios. LEJOS DE NOSOTROS EL FABULAR LA HISTORIA CON LEYENDAS ROSAS O NEGRAS. Lo que no nos impele ni a la neutralidad, ni a borrar de nuestro juicio personal valoraciones de adhesión y afecto, EN UNA MANERA GENERAL, A LA GRAN EMPRESA COLECTIVA, ESPIRITUAL, CULTURAL Y POLÍTICA EFECTUADA POR ESPAÑA. CREEMOS QUE QUIEN LOGRA CONSOLIDAR Y DEFINIR SU IDENTIDAD, QUIEN SABE QUIÉN ES, DE DÓNDE VIENE, ADÓNDE SE INCLINA Y QUÉ REPUDIA, ES CAPAZ DE PODER APRECIAR EL VALOR DE SÍ MISMO, DE LOS OTROS, Y TAMBIÉN, DE RECONOCER TANTO SUS DEFECTOS COMO SUS VIRTUDES. Como bien dice Jacques Lafaye: “Hemos de considerar a los conquistadores como hombres en una situación histórica particular y NO COMO SUPERHOMBRES O BESTIAS” (1), y en otra parte: “Todavía en nuestros días siguen vivas las controversias…entre los historiadores. La exaltación heroica de la Conquista, por una parte, y el anatema a los crímenes de sus autores, por otra, han señalado con una ambigüedad tenaz ESTE EPISODIO ÚNICO EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD”(2).


    Lafaye nos brinda la clave histórica para justipreciar a los conquistadores: “Invirtamos los arcos de triunfo que les levantó la España imperial, recibamos CON PRUDENCIA las requisitorias de los historiadores ingleses y hugonotes; instruyamos nosotros mismos el proceso DANDO LA PALABRA A LOS TESTIGOS: LOS CONQUISTADORES MISMOS EN SUS “RELACIONES” Y ESOS JUECES EXIGENTES QUE FUERON PARA ELLOS LOS “CONQUISTADORES ESPIRITUALES”, como se ha llamado a los MISIONEROS CATÓLICOS. Si la parcialidad de unos y otros no deja duda, TIENE EL MÉRITO DE INTRODUCIRNOS EN UN MUNDO ESPIRITUAL QUE SE NOS HA HECHO AJENO: EL DE LOS CONQUISTADORES. Sólo podremos comprenderlos desde el punto de vista de su época, y en función de la moral que fue suya podremos enjuiciar su actos”(3).


    Francisco Morales Padrón refuerza esta idea: “Pensamos y afirmamos siempre que nada mejor para conocer a aquellos hombres que sus hechos y la documentación. NADA DE INTERPRETACIONES MODERNAS…Los hombres que allí fueron (a América) NO ERAN UNA PANDILLA DE ASESINOS DESALMADOS; ERAN UNOS TIPOS HUMANOS QUE ACTUABAN AL INFLUJO DEL AMBIENTE DETERMINADO POR SU ÉPOCA, POR LAS CIRCUNSTANCIAS, POR EL ENEMIGO, POR SU PROPIO HORIZONTE HISTÓRICO. La conquista puso al rojo todas las virtudes y defectos de la raza” (4). Y con gran tino amplia: “Para acercarnos a la psicología del conquistador, hemos de huir de la vida muelle de nuestro estadio cultural y ABANDONAR LOS PREJUICIOS Y CRITERIOS DEL TIEMPO ACTUAL. La experiencia de sus vidas hay que juzgarla de acuerdo con los cánones de su época y metiéndonos en sus circunstancias. Arrogantes, rapaces, turbulentos, implacables y crueles han sido para una legión de historiadores que han sentado cátedra sobre ellos. Santos, para otros. HUBO DE TODO, y lo que maravilla es que, a la distancia que actuaron y dentro del medio en que lo hicieron, NO SE HUBIESEN COMPORTADO MÁS DESPÓTICA Y ANÁRQUICAMENTE”(5).


    Hecho este recordatorio que apela a un sano juicio histórico, que consideramos que vale la pena retomarse, diremos que América, más que ser descubierta, FUE INVENTADA, y no por obra anónima, sino por la ORIENTACIÓN Y LABOR DEL INGENIO ESPAÑOL. Ciertamente, este continente llevaba milenios de estar habitado por diversidad de pueblos con distinto tipo de organizaciones sociales y culturas. De modo que “descubrimiento” implica un término etnocentrista europeo, puesto que las tierras americanas ya eran conocidas por una pléyade de comunidades humanas. Pero admitimos que este mismo problema de limitación semántica o conceptual, al usar ciertos términos, se puede encontrar en otros conceptos, como el de indios, indígenas, nativos o pueblos originarios, al hacer referencia a los habitantes de América que vivían allí desde siglos atrás antes de la llegada de los europeos.


    Reconocemos la subjetividad y orientación que implica “descubrimiento de América”, y que es un término superable o refutable. No obstante, una vez reconocido su connotación etnocentrista, acusamos de lo mismo, y señalamos también que no está exento de parcialidad usar el término de “pueblos originarios”, puesto que si se toman en cuenta las diferentes teorías del poblamiento de América, la mayoría (y las más aceptadas) afirman que las poblaciones americanas preeuropeas descienden de migraciones principalmente asiáticas. En un sentido estricto, por tanto, no podemos decir otra cosa sino que los precolombinos SÍ QUE TENÍAN MILES DE AÑOS DE VIVIR Y DESARROLLARSE EN AMÉRICA, PERO SU ORIGEN NO ES AMERICANO. A menos, claro, que adhiramos a la tesis de Ameghino, que hace de América el origen de las poblaciones americanas, lo que se desmiente analizando el feno y genotipo mongoloide de la mayoría de indígenas en nuestro continente. El uso del término “pueblos originarios”, por tanto, así como el de “descubrimiento”, es fácil de entender, pero, en el fondo, inexacto y parcial.


    Además, los llamados “descubridores” europeos, para el caso, los españoles, no encontraron una región continental CON UNA POLÍTICA, SOCIEDAD, CIVILIZACIÓN, LENGUA Y RELIGIÓN UNIFICADA. NO SE PUEDE HABLAR MÁS QUE ACOMODATICIAMENTE DE AMÉRICA, ANTES QUE ESTE CONTINENTE, MÁS ALLÁ DE SU UNIDAD TERRITORIAL, O PROXIMIDAD GEOGRÁFICA, CONFORMARA UNA UNIDAD HISTÓRICA Y DE CIVILIZACIÓN, FRUTO DE LA HIBRIDACIÓN DE SUS ELEMENTOS CON LOS EUROPEOS, PERO BAJO LA HEGEMONÍA OCCIDENTAL, EN ESPECIAL, AL HABLAR DE HISPANOAMÉRICA, BAJO LA RÚBRICA ESPAÑOLA.


    De esta unidad en la diversidad que llamamos América, particularmente, de Hispanoamérica, y su nexo INDISOLUBRE E IRRVERSIBLE CON EL IMPERIO ESPAÑOL cuyo perpetuo legado es LA HISPANIDAD, nos sentimos dichosos herederos, y por eso celebramos el 12 de octubre más que como descubrimiento de América, como PRINCIPIO DE LA CONFORMACIÓN DE HISPANOAMÉRICA Y EXALTACIÓN DE LA HISPANIDAD COMO ESTILO DE EXISTENCIA. De la empresa conquistadora y el legado español, su sentido, semblanza de los conquistadores y características de la Hispanidad, hablaremos en otras ocasiones.



    NOTAS:

    (1) Jacques Lafaye. “Los Conquistadores. Figuras y escrituras”, pág. 15.

    (2) Ibíd., pág. 13.

    (3) Ibíd., pp. 15-16.

    (4) Francisco Morales Padrón. “Historia del Descubrimiento y Conquista de América”, pág. 310.

    (5) Ibíd., pp. 310-313.



    BIBLIOGRAFÍA:

    LAFAYE, Jacques. “Los Conquistadores. Figuras y escrituras”. 2a Ed. Fondo de Cultura Económica. México. 1999.
    MORALES PADRÓN, Francisco. “Historia del Descubrimiento y Conquista de América”. 5a Ed. Gredos. Madrid. 1990.



    __________________________________

    Fuente:


    Castillos y Trincheras: América: no es descubrimiento, sino INVENCIÓN

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    Re: Feliz día de la Hispanidad

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    miércoles, 12 de octubre de 2016


    12 DE OCTUBRE: DÍA DE LA HISPANIDAD (DÍA DE LA RAZA)







    ÁGUILAS Y LEONES.


    POEMA DEL MEXICANO
    AMADO NERVO.


    Somos de raza de águilas y raza de leones;
    maridaje sublime de una y otra realeza:
    la del ala que burla todas las extensiones
    y la del rey ungido por la Naturaleza.

    Somos de raza de águilas y raza de leones;
    ya apunta nuestra aurora, nuestro destino empieza.

    Somos de raza de águilas y raza de leones;
    de leones indómitos de coronas fulgentes,
    y de águilas reales que en los hoscos peñones
    estrangulan serpientes

    ¿Cómo no han de alumbrarnos el sol que a las naciones
    transfigura, el divino sol de amor y bonanza?
    Somos de raza de águilas y raza de leones.
    ¡Tengamos esperanza!

    Nuestras estirpes áureas eclipsan los blasones
    de los más grandes pueblos. Tenemos la fe, el estro
    que inflama; la osadía, madre de altas acciones.
    Somos de raza de águilas y raza de leones.
    El mundo (aunque no quieran los otros) será nuestro.

    En tanto, recordamos con emoción amante
    el día en que unas naves, cruzando las llanuras
    del nunca hollado Atlante,
    trajeron a estos mundos al fiero león rapante,
    para unirlo a las águilas, diosas de las alturas.

    De entonces, juntos ambos, mientras el león defiende
    la heredad que en sus garras formidables afianza,
    el águila, su aliada, las extensiones hiende,
    y su mirada inmóvil la emboscada sorprende,
    sortea los peligros y burla la asechanza.

    ¡Oh, España, que nos diste tu altivo león rugiente:
    gracias! Seremos dignos de su pujanza heroica,
    y en premio del regalo y a cambio del presente,
    te ofrendamos el vuelo del águila potente,
    y en el combate brava y en el dolor estoica...


    ¡Oh, madre, madre augusta de las veinte naciones,
    rimemos los latidos de nuestros corazones,
    y unidos para siempre nuestros veintiún pendones,
    marchemos por caminos de paz y bienandanzas!

    Somos de raza de águilas y raza de leones:
    ¡tengamos esperanza!








    A LA VIRGEN DEL PILAR

    (PATRONA DE TODA LA HISPANIDAD)



    Es María la Blanca Paloma
    que un día en España la vieron volar
    y sus plantas augustas se posan
    en el santo y celeste Pilar.

    Y Santiago como lo sabía
    a orillas del Ebro la salió a esperar
    a quien Jesús nos entregó por Madre,
    Reina y Señora de la cristiandad.

    Al decir: "Dios te salve, María",
    cayó de rodillas al pie del Pilar
    y de hinojos a sus plantas postrado
    contempla a María en carne mortal.

    Desde entonces los hijos de España
    la llamamos Madre, Madre del Pilar,
    y con fe le pedimos dichosos:
    no dejes a España nunca de amparar.














    __________________________________

    Fuente:

    Catolicidad: 12 DE OCTUBRE: DÍA DE LA HISPANIDAD (DÍA DE LA RAZA)
    Última edición por Mexispano; 15/10/2016 a las 07:13
    Hyeronimus dio el Víctor.

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