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Tema: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

  1. #1
    Avatar de Corocotta
    Corocotta está en línea ¡Santiago y cierra España!
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    Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    Hay cosas que me repugnan, no lo puedo remediar. Y una de ella es ver hasta que punto se ha llegado a tergiversar la verdad sobre nuestra historia.

    En una de esas travesías sin rumbo fijo que suelo hacer por internet decidí meterme en alguna página de estas pro islámica, para pasar el rato y ver un poco a que altura estaban las sandeces que soltaban... Creo que estuve diez minutos, no más. Y por supuesto mis expectativas se cubrieron de sobra. ¿No voy yo tan tranquilo leyendo mentiras y me encuentro esto?








    este es el link: http://www.*****************.org/

    La página en cuestión se llama YAMA'A ISLÁMICA DE AL-ANDALUS (LIGA MORISCA)

    Otra pieza de verdadero valor histórico es un clip de video de un supuesto documental de la CNN (No he comprobado si pertenece a ellos realmente, puede no serlo) que cuenta como el Mediterraneo se había secado a lo largo de su historia como 10 veces, como supuesta base para justificar una cultura común con el Al Andalus y desvinculándonos a nosotros. Por supuesto, sospecho que el fragmento está cortado y aislado de su contexto (lo que facilita su malinterpretación).

    El link al video: http://www.*****************.org/cont...ia.php?id=1078

    Y por último no quería dejar pasar por alto esta frase.

    Que la asimilación de la cultura musulmana por Cervantes no procede de los cinco años de esclavitud en Argel, puesto que ya estaba impregnado de ella a través de la propia cultura materna y española, completamente híbrida y mestiza, o aljamiada y mudéjar si se prefieren las denominaciones de tradición medieval.
    Esta frase está en la sección "Cervantes y el Islam" en negrita y debidamente resaltada.



    ¿Y sabeís lo peor de todo? Que cuando Goebles dijo eso de "Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad", tenía razón. Ahí lo dejo, compañeros.
    España, tierra de María.

  2. #2
    Avatar de Erasmus
    Erasmus está desconectado Socio vitalicio
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    Thumbs down Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    Abrí un thread sobre esa Web en Stirpes. Te olvidaste de pegar el homenaje que le hacen a Blas Infante
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  3. #3
    Avatar de Juan del Águila
    Juan del Águila está desconectado Jainko-Sorterri-Foruak-Errege
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    Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    YAMA'A ISLÁMICA DE AL-ANDALUS
    En buen sitio te has ido a meter...esa sucia porqueriza es muy famosa, hombre.Ese estercolero, junto con la escoria de Webislam -donde se muestran artículos de un santón londinense de ideas demenciales- es de lo más granado de la canalla renegada.¡Pues no son célebres!En fin.Mejor no hacerse mala sangre.

    Para estas cosas, esta bitácora es entretenida:
    http://lainvasion.blogspot.com/

    Y si quieres volver a reírte con los traidores a tus ancestros, también puedes pasarte por:

    http://www.cislamica.org/
    (aunque se cortan bastante más)

    y por donde cierta secta mahometana heterodoxa:

    http://www.ahmadiyya.de/es/

    En particular puedes entrar en su particular visión de la historia del Cristianismo, en la cual se nos viene a decir que somos medio paganos (la Stma. Trinidad es, según ellos, mitología pagana de origen romano, o algo así) y, prácticamente, unos gilipollas.

    Hasta luego amigos, que me voy a repasar lo de la Alianza de Civilizaciones, que si no se me olvida...

  4. #4
    Avatar de Juan del Águila
    Juan del Águila está desconectado Jainko-Sorterri-Foruak-Errege
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    Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    En una especie de panfleto que se descarga de esta última página, titulado "La Victoria del Islam", escrito en el 73 en Pakistán, se afirma esto de Cristo:

    De hecho, en una ocasión llegaron a crucificarle, creyendo haberle matado. Al no ser quebrados sus huesos, sobrevivió a esta terrible experiencia con la ayuda de un hombre religioso que apreciaba mucho a Jesús. Después de haber vivido los restantes años de su vida, fue “ascendido a Dios”. Sus seguidores y amigos íntimos también mostraron una extrema debilidad de fe.
    Nada nuevo bajo el sol.

  5. #5
    Avatar de Ordóñez
    Ordóñez está desconectado Puerto y Puerta D Yndias
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    Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    Por todo esto me hace gracia cuando muchos paisanos míos se dedican a criticar a los catalanes, como si nuestra situación fuese mucho mejor....


    A ver cuando de verdad se empieza a tomar al andalucismo en serio, porque está haciendo muchísimo daño, y la mayoría de los políticos " andaluces ", del PSA al PP, son así.

  6. #6
    Avatar de Gonzalo
    Gonzalo está desconectado Miembro graduado
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    Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    Hombre Ordoñez , a esta gente se le toma como lo que son frikis , yo salvo un amigo medio majara que tengo en el PA ,cofrade y rociero ,conozco a muy poca gente y menos votantes.

    Tampoco hagamos un drama de 4 y el del tamborito , y eso en reino de la Betica , en la Oriental Granada esta hasta mal visto no ya de frikis , mal visto lo dicho.

    Y Jaén !!!! Bueno he visto quemar Banderas del Palacio de San telmo-almohade , mal llamada andaluzas .

  7. #7
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    Pues hay que irse preparando para esta intoxicación; más aun, crecerá a medida que aumenten los musulmanes en España.
    La Historia es la primera víctima de las manipulaciones sociopolíticas.
    Lo que hoy parece delirante, proximamente saldrá en debates ..y quizá dentro de 10 años será una tesis aceptable.

    Pero, en cualquier caso, dentro de 50 años será la
    "Historia Oficial" y única NO ya de la Península finiquitada y decadente, sino del Al Andalus que campeará una vez reconquistada la península cultural y sociológicamente para el islamismo.. y ya para siempre..
    Simultáneamente algo parecido ocurrirá en el resto de Europa.

    Estas cosas hielan la sangre. Pero eso será así.
    Nos guste o no.

  8. #8
    Avatar de Corocotta
    Corocotta está en línea ¡Santiago y cierra España!
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    Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    Estas cosas hielan la sangre. Pero eso será así.
    Nos guste o no.
    Mira, yo también creo que esto tiene muy mal arreglo, pero no seríamos españoles si no tratásemos de defendernos hasta el final.
    España, tierra de María.

  9. #9
    Tradan está desconectado Miembro graduado
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    Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    Os dejo aquí la transcripción de una charla que di en las Jornadas de la Unidad Católica de Zaragoza en abril de 2004. Por si a alguno le interesa. Los datos no están actualizados, es decir, desde entonces han sucedido muchas más cosas, pero creo que es de interés para acercarse a un conocimiento del tinglado que en el aspecto cultural cobija la penetración islámica en España.

    Saludos.

    "La Cultura como vehículo de la religión islámica". Zaragoza, Abril 2004


    Don Manuel de Santa Cruz, estimados amigos:

    Ante todo, permítanme que me presente. Yo soy andaluz. Andaluz de Sevilla, esa ciudad que, a pesar de todo, sigue llevando inscrito en su escudo como timbre de honor, desde que una cofradía de penitencia lo solicitase a la corporación municipal hace casi cuarenta años, el título de Mariana. Andaluz de Sevilla, reconquistada por Fernando III, el Rey Santo, a los moros el día de San Clemente de 1248, y que cuatro años más tarde, en el tránsito de la muerte, elegiría como su última morada. Soy sevillano, de la primera ciudad que en todo el orbe católico alzó su voz en defensa del dogma concepcionista, siglos antes de que éste se proclamase. Soy de la tierra de San Isidoro y de San Leandro, de la tierra de las santas Justa y Rufina, de esa casa en la que habitan y desde la que reparten sus gracias la Virgen de los Reyes y la Esperanza Macarena. Esa ciudad de la que el poeta local Antonio Rodríguez Buzón, en un arrebato de amor exaltado dijo que era “ella y sólo ella, la tierra única de María Santísima”. Me basta y me sobra esta presentación; y espero que a ustedes también. Para el que les habla no existe mejor currículum ni título más honorable que el de ser nacido en Sevilla, e hijo de María Inmaculada.

    Pues bien, como andaluz, comprenderán ustedes que mi preocupación por el Islam y su actual penetración en España sea alta. No en vano, el mito de Al-Andalus sigue vivo, muy presente, en el imaginario colectivo islámico. Como una llaga aún sin curar, el mahometismo reclama España como parte de su patrimonio. Y de toda España, Andalucía es para ellos más Al-Andalus aún si cabe. Un Al-Andalus más próximo en el tiempo y en el espacio. Una puerta ineludible para acceder a ese Occidente aún por conquistar.

    Para que comprendan un poco más mi preocupación, y como nota introductoria, les leeré lo que no hace mucho declaraba Ali Kettani, rector de la Universidad Islámica Averroes de Córdoba, a la publicación mahometista “Verde Islam”:

    En la entrevista, Kettani manifestaba lo siguiente:

    La mayoría de mi familia son musulmanes de origen andalusí, moriscos exactamente. La herida de al-Andalus ha estado marcada en nuestro cuerpo, pasando de una generación a otra. Nunca podré olvidar cuando mi padre vino aquí, casi como un peregrino, en el año cincuenta. Yo tenía entonces ocho años. Cómo hablaba de Córdoba, de su mezquita, de Sevilla, del alminar de la Masyid al-Mansur, que ahora llaman la Giralda, de Granada y de tantas otras cosas que le impresionaron. Por eso, cuando tuve la oportunidad de viajar por primera vez a Al-Andalus, lo hice. Fue en 1960, cuando era estudiante en Suiza. Yo siempre he tenido la seguridad de que el pueblo andaluz fue vencido, nunca fue convencido por otra religión que el islam.

    De hecho, en la primera oportunidad que el pueblo andaluz ha tenido de manifestarse libremente desde la conquista de Granada por los cristianos fue en 1975, con el advenimiento de la democracia. Esta democracia ha provocado un resultado. ¿Cuál? Que las gentes se han liberado de la imposición cristiana sobre sus conciencias, de la Inquisición, que fue una Inquisición de sangre y de hierro durante los siglos XVI, XVII hasta el XVIII y XIX, y luego se continuó como Inquisición legal y presión social hasta 1975.

    No olvidemos que hoy, aunque el pueblo andaluz está desislamizado, tiene un amor secreto por el islam. Eso se ve en los pueblos, por todos sitios. Por todo ello, pienso que es necesario que este pueblo aprenda de nuevo qué es el islam, sin mentiras, ahora que dispone de la libertad para ello. Mi sueño ha sido ver el islam de nuevo en su casa, en esta tierra. Eso yo lo tuve muy claro desde los primeros pasos de las comunidades musulmanas en España.

    Todo empezó a finales de los años setenta. A un nivel más individual en el setenta y ocho, setenta y nueve, y ya con asociaciones desde 1980. Ahora se puede ver que este asunto de al-Andalus, de Andalucía, no es un nacionalismo ciego como se considera en Occidente, no, es un amor por una tierra, nada más. El amor por esta tierra no es un asunto étnico. El musulmán debe amar a su gente, a su tierra. Por eso, el deseo de ver el renacimiento del islam en esta tierra, no se produce como rechazo a otros musulmanes o a otras gentes.

    Sin embargo, aquí puede constatarse que el islam ha venido por dos caminos y que ahora, alhamdullillah, se juntan. Una vía sufí -no olvidemos que la tradición sufí fue muy importante en las tierras de al-Andalus- y la vía, entre comillas, «nacionalismo andaluz». Entre comillas porque no es un nacionalismo cerrado sino que acepta a todo el mundo.

    Ésas fueron las dos asociaciones más importantes. Por un lado, la Asociación para el Retorno del islam en España; y por otro, la Yamaa Islámica de al-Andalus. Después surgieron muchas más. Si vamos a comparar con lo hecho posteriormente, vemos que hay una evolución que continúa. Si tenemos en cuenta el número de personas que han aceptado el islam, el nivel de aceptación del islam por parte de la población en general, la evolución es palpable. Hay muchos más musulmanes españoles y andaluces hoy que hace quince años.

    Podemos decir que todo empezó en 1980, con la formación de la Comunidad Autónoma Andaluza. Ahora, la existencia de un musulmán, digamos indígena, de aquí, se considera algo normal. Hace quince años se veía como una cosa rara. Aquella historia de guerra de moros y cristianos por el asunto de la mezquita de Santa Clara, todo eso denotaba un rechazo. Ahora, realmente, no existe ese rechazo.

    El acuerdo en el que se reconoce el islam es un acuerdo histórico. Ahora es necesario hacer que se cumpla y que no quede sólo en papel mojado. Los musulmanes españoles en general y los andaluces en particular tienen por vez primera unos derechos. Eso es un hecho histórico.”

    Esto es lo que dice Kettani... Esto es lo que piensan los musulmanes que viven en España... No se puede ser más elocuente.

    Pues bien, movido por esta preocupación como católico y como andaluz, e invitado por don Manuel de Santa Cruz, a quien quedo muy agradecido, es como me presento ante ustedes. No consistirá mi exposición en un tratado exhaustivo de las relaciones entre el mundo de la cultura y el Islam, tratado que sin duda requeriría bastante más tiempo del que dispongo, sino que me limitaré a esbozar, mediante unas cuantas pinceladas breves, el panorama que ante nosotros se presenta, concretamente en España, en lo referente a este aspecto. Espero que les mueva a la reflexión y que saquen conclusiones.

    Lo primero que tenemos que hacer al comenzar es dejar claros algunos puntos.

    Para empezar hay que aclarar que el Islam es un fenómeno complejo, poliédrico. No es monolítico, sino que en su seno coexisten distintas interpretaciones de la misma religión. Pese a ello, y aun a riesgo de poder pecar de poco riguroso, no me detendré en diferenciar entre las diversas corrientes que componen los seguidores de Mahoma. Para lo que nos ocupa, no son primordiales las diferencias entre las obediencias mahometanas. Sunníes, chiíes o wahabbíes, pese a sus, en algunos casos, insalvables diferencias, comparten un hecho común: todos son fieles de una religión que en sí misma lleva implícita una cosmovisión. Una cosmovisión rigurosa, explícita y detallada. Una cosmovisión que regula todos los aspectos humanos: desde el propiamente espiritual hasta el político y el social.

    En segundo lugar, y no abundaré en ello puesto que en otras exposiciones de estas mismas jornadas ya se habrá tratado, esa cosmovisión es incompatible con el cristianismo. Ambas realidades son antagónicas. Más allá. Son realidades irreconciliables y la historia ha demostrado que además son excluyentes. Allá donde reine el Islam, aún en sus modalidades más tolerantes, jamás podrá desarrollarse con libertad el cristianismo. Esto es sencillo de entender, primero porque ambas realidades tienen como misión su propia expansión (la evangelización en un país islámico implica necesariamente la pérdida de adeptos a la secta de Mahoma, algo inaceptable para cualquier musulmán, y viceversa). Y segundo, porque la propia génesis del mahometismo surge de la negación radical de verdades católicas fundamentales. Si el Arcángel San Gabriel se presentó ante Mahoma para anunciarle que él sería el “sello de todos los profetas”, entonces Cristo no pasaría de ser un vil farsante, y ni siquiera entraría en la categoría de “profeta” que el Islam le atribuye. Si, por el contrario, Cristo es, como Él mismo afirma, el Hijo del Hombre, el Mesías, y resucitó después de someterse voluntariamente a una humillante muerte de cruz, tal y como narraron los testigos directos, entonces quien engañó y sigue engañando a toda una legión de almas cándidas es el propio Mahoma. No cabe otra posibilidad. Más allá. Si afirmamos que el Islam es incompatible con el cristianismo ¿qué no decir de las actuales sociedades occidentales, configuradas a la postre por ideologías y sistemas de pensamiento que no son sino herejías del catolicismo? El enfrentamiento entre una sociedad materialista, hedonista y racionalista como la actual y, no ya sólo el Islam, sino cualquier doctrina que tenga un mínimo sentido de la trascendencia, se presenta como inevitable.

    Me gustaría que tuvieran en cuenta estos asuntos cuando escuchen todo lo que les voy a contar a continuación, dado que sobre ellos gravita el verdadero problema que se nos está presentando, aquí y ahora, en España, con el reciente fenómeno del expansionismo islámico, sobrepasando con creces la muy dolorosa anécdota de los brutales atentados del pasado 11 de marzo en Madrid o del peligro, ciertamente creciente, del terrorismo de corte islamista en nuestra tierra.

    Hemos dicho que el Islam implica una cosmovisión, una manera de ver e interpretar el mundo en toda su complejidad. Como tal, la cultura, incluso en el menos estricto sentido de la acepción, es algo que no queda fuera de dicha doctrina. Esto es, el Islam implica necesariamente una cultura islámica, pues en caso contrario, en el de una práctica religiosa musulmana desvinculada de sus modos culturales, dejaría de ser Islam. Una cultura, la islámica, que como también hemos mencionado, es radicalmente incompatible con la cultura cristiana, y hasta con la postcristiana de esta extraña época que nos toca vivir. Además, repetimos, el Islam es proselitista por naturaleza. Con estos tres ingredientes llegaremos a una sencilla conclusión: el mahometismo, para extenderse tal y como su propia vocación le marca, necesita integrar en la sociedad a la que pretende convertir, una cultura: su cultura. Si esto no sucede, cualquier intento de implantación estará irremediablemente condenado al fracaso.

    Esto siempre fue así, y sin embargo, hasta épocas muy recientes no ha existido un verdadero peligro de islamización en España, a no ser por la fuerza de las armas. Hoy estamos ante una realidad bien distinta a la de épocas pretéritas. Nuestro mundo actual está desprotegido ante la implantación islámica, porque no se identifica con ninguna cosmovisión que defender, tal y como hizo en otros tiempos, más allá del relativismo puro y llano y de medios concretos elevados a la categoría de universales metafísicos y convertidos en valores incuestionables, como la propia palabra “democracia”. Fuera de ése, el Occidente moderno no expone ni un solo pilar que salvaguardar. Ni siquiera los tan cacareados Derechos Humanos, puesto que en su enumeración, nacida del consenso y el voluntarismo, y no de categorías universales, se excluye el más fundamental de todos; uno sin el cual los demás carecen por completo de sentido: el derecho a nacer. La continuada predicación de dicho relativismo ha hecho mella en un país, como el nuestro, que hasta hace poco menos de un siglo se preciaba, al menos mayoritariamente, de ser defensor y baluarte del catolicismo, creando el clima propicio para que un hombre como Kettani llegue a afirmar en las declaraciones que les he leído, y no sin cierta razón que “Ahora, la existencia de un musulmán, digamos indígena, de aquí, se considera algo normal”.

    En este mismo sentido se pronunciaba Samir Khalil, árabe, Jesuita y profesor de la Universidad de Beirut hace cinco meses, cuando llegó a Madrid invitado al V Congreso de “Católicos y vida pública”. En una jugosa entrevista que publicó la prensa, decía literalmente que “Europa es estúpida si no se da cuenta de que el Islam utiliza su tolerancia para islamizar”.

    Y proseguía asegurando que “cuando los musulmanes van adquiriendo fuerza social, exigen que las leyes les reconozcan como minoría distinta, y cuando de una minoría de un cinco o diez por ciento llegan a tener ya la presencia de un treinta por ciento, como en el caso de Malasia o de Mindanao en Filipinas, exigen la islamización de la sociedad. Y cuando el Islam ha ido adquiriendo zonas de poder e influencia, nunca retrocede”.

    Nunca retrocede... Pero ¿Ha ido adquiriendo el Islam zonas de influencia (todavía no de poder) en España en los últimos tiempos? Hagamos un breve, muy breve, recorrido histórico para comprobar que en efecto, en nuestra tierra el Islam no ha retrocedido en los últimos treinta y siete años, a pesar de las diferencias internas en su seno (Fuentes: E. Montánchez y P. Canales: “En el Nombre de Alá”. Planeta, Madrid, 2002, y J. Moreras: Musulmanes en España, más allá de la memoria histórica: la viva presencia musulmana en España” extr. "Musulmanes en Barcelona. Espacios y dinámicas comunitarias”, CIDOB, 1999):
    La génesis de la actual implantación del Islam en nuestro país la hallamos remontándonos a 1967. En julio de dicho año, con el General Franco aún en la jefatura del Estado, se aprueba la primera ley de libertad religiosa. A pesar de que todavía se reconocía la confesionalidad católica del Estado español, esta ley abre el camino para el desarrollo institucional de los colectivos musulmanes en España. Entre 1968 y 1971 se crean las primeras asociaciones islámicas en Ceuta y Melilla, ciudades donde la presencia musulmana era más numerosa. La presencia de estudiantes, de empresarios y de diplomáticos de origen árabe y mahometano, comienza a ser importante y a través de su iniciativa se inauguran nuevas asociaciones musulmanas en España. En 1971 se crea en Madrid la Asociación Musulmana de España, de la mano del médico sirio nacionalizado español Riay Tatary Bakry. Gracias al interés de sus miembros y a la ayuda económica externa -de procedencia saudí, principalmente-, esta asociación edificó la primera mezquita moderna en nuestro país, la de Abu Bakr, en Madrid.


    Con la transición política se abrió un nuevo espacio para la expansión religiosa y cultural islámica. Un grupo de jóvenes españoles que en 1975 se había convertido al Islam en Londres, y tras permanecer un tiempo en Inglaterra aprendiendo las bases de la religión y pasar otro período en Marruecos ampliando su formación, se instaló en Córdoba en 1976. Allí fundaron la primera comunidad islámica propiamente española del movimiento Murabitun, que se dedicó activamente a la difusión del Islam en España. En poco tiempo fueron creciendo y en 1980, paralelamente a aprobación de la nueva ley de libertad religiosa, ya la componían un centenar de miembros. Se trasladaron a Sevilla, donde veían buenas posibilidades de expansión, y en 1981 se acudieron a Granada, tras la invitación del alcalde de la ciudad. Instalados la mayoría en el Albaicín, el antiguo barrio musulmán, desarrollaron una intensa actividad cultural y religiosa: publicaciones, conferencias, seminarios, oraciones públicas en medio de la calle... todo ello culminó con el registro en el Ministerio de Justicia como entidad legal definitiva bajo el nombre de Comunidad Islámica en España, en 1983. Desde algunas de estas asociaciones se propugnaba una combinación de Islam e ideología nacionalista andaluza, lo que llevó incluso a algunas de ellas a participar en las primeras elecciones locales y autonómicas. Estas asociaciones también protagonizaron algunas acciones que suscitaron la polémica, como cuando los miembros de la Asociación Musulmana de Córdoba quisieron entrar en enero de 1982 en la catedral (antigua mezquita) para rezar, sin tener permiso de las autoridades locales, hecho que fue ampliamente recogido por la prensa local y nacional.
    También en el período entre 1975 y 1989 surgen las primeras tensiones en el interior del colectivo musulmán. La Comunidad Musulmana de España, creada en 1979 por el converso español A. Machordom Comins, se configura como la oposición a la autoridad que hasta entonces detentaba la Asociación Musulmana de Tatary. Fue uno de los primeros episodios de la polémica entre comunidades de diversa orientación y adscripción ideológica para conseguir hacerse con la representación del Islam en España, en la cual estaban implicados los intereses de los países árabes y musulmanes, muy especialmente de Arabia Saudí y Marruecos. Además este período vería un florecimiento de asociaciones islámicas en toda España. Concretamente en Andalucía se registraron doce nuevas asociaciones, cinco de ellas en Granada, donde además se creó la Junta Islámica a finales de los ochenta para agrupar a todas las asociaciones.
    Otro hecho importante se da en 1981, cuando finaliza la construcción de la mezquita de Marbella, la primera edificada en tiempos modernos en España y que fue financiada con capital saudí. A su inauguración asistió el príncipe heredero Sultán bin Abdulaziz, y fue durante años un centro de reunión y referencia de todos los mahometanos de Andalucía. En este período también aparecen los primeros oratorios habilitados por los colectivos inmigrantes. A pesar de que su ciclo migratorio se inicia en la etapa anterior, la progresiva sedentarización supone la apertura de nuevos oratorios comunitarios. La creciente presencia musulmana en España despertó el interés de los países musulmanes, en especial de Marruecos, que creó en 1986 la Comunidad Musulmana Marroquí de Madrid AI-Umma, estrechamente vinculada a la Embajada del reino alauita, pero también a Arabia Saudí y Kuwait que, en 1989, promovieron la apertura de una delegación del Consejo Continental Europeo de Mezquitas en la capital española (sobre el interés específico de Arabia Saudí en nuestro país me detendré más adelante).


    El reconocimiento oficial, en julio de 1989, del notorio arraigo del Islam en España marca el inicio de la carrera para obtener la representación de la comunidad musulmana ante el Estado español. Así, el 17 de septiembre de 1989, se crea la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), con quince asociaciones federadas. Pero ante esta primera tentativa de unificación, la Asociación Musulmana de España, escindida de la anterior, cuestiona su representatividad. Como consecuencia, entre marzo y julio de 1990 aparecen diez nuevas asociaciones, distribuidas a lo largo de todo el territorio español, incluso en lugares donde la presencia musulmana es escasa. Este proceso continúa con la creación, el 10 de abril de 1990, de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), con un total de diecisiete asociaciones adscritas. A través de esta estrategia, fundamentada en los principios que definen por ley el reconocimiento del notorio arraigo de cualquier confesión religiosa (esto es, que se demuestre su implantación y extensión en el territorio español), la nueva federación adopta una posición de fuerza desde la que discutir la representatividad de la anterior frente al Estado. Éste, reconociendo el distanciamiento entre ambas federaciones, comenzó las negociaciones con los representantes, planteando desde el primer momento la necesidad de proceder a la unificación de las dos. En vista de la lentitud y de las dificultades que planteaba esta doble y paralela negociación, la Administración exigió la unificación de ambas federaciones como condición imprescindible para conseguir la firma del Acuerdo de Cooperación. Finalmente, en abril de 1992, poco antes de la firma de este acuerdo, se crea la Comisión Islámica de España, unión definitiva de las dos federaciones e interlocutora oficial de la comunidad musulmana ante el Estado.
    La firma del Acuerdo de Cooperación supone el desarrollo de un cuerpo legislativo específico que regula los principios fundamentales de la práctica religiosa de la comunidad musulmana, y algún sorprendente privilegio que mencionaré después. Su desarrollo posterior, que se ha concretado en la aprobación del currículum de educación religiosa islámica y en su publicación en el Boletín Oficial del Estado, así como en la firma del convenio de ampliación de la misma en las escuelas públicas del Estado (todo ello entre enero y marzo de 1996), se ha visto limitado ante las difíciles relaciones que mantienen entre sí las dos grandes federaciones musulmanas.
    En este período, y seis meses después de la firma de este Acuerdo, se inauguró el 21 de septiembre de 1992, en presencia de Don Juan Carlos y Doña Sofía (que, curiosamente, llevan el título de Majestades católicas) y del príncipe Salmán de Arabia Saudí, la que sería entonces la mezquita y centro musulmán más grande de Europa: el Centro Religioso-Cultural Islámico de Madrid (conocido popularmente como la mezquita de la M-30). Está edificada sobre un terreno de 12.000 m², cedido en 1978 por el Ayuntamiento de Madrid, costó aproximadamente unos 2.000millones de pesetas y fue financiada con capital saudí. Una mención aparte, por lo que tiene de simbólico, merecerá el caso de la mezquita del Albaicín en Granada, inaugurada el pasado año 2003.

    Cabe señalar que el aumento de asociaciones islámicas a partir de 1990 fue espectacular. Entre este año y el 2000 se constituyeron cerca de 200 asociaciones legales, de las cuales sólo en Cataluña se dieron de alta 40, en la Comunidad de Madrid, 38 y en Andalucía 28.

    Volviendo al asunto del acuerdo entre el Estado y los musulmanes, ratificado en 1996, bajo mandato del Partido Popular, es reseñable que en él se otorga a los musulmanes derecho a intervenir en determinadas áreas de actividad social, religiosa y educativa que supuestamente les incumban. Entre los privilegios, sobresale sorprendentemente el derecho a intervenir en los patronatos de aquellas entidades culturales e históricas que tengan relación con el mundo musulmán o con el pasado islámico de España. Con esta base legal, nos encontramos con que por ejemplo, hoy, Ibrahim Lucio, miembro del Consejo Islámico de Granada, se queja de que el acuerdo no ha sido llevado a la práctica, y reclama además, atentos a esto, su ¡derecho a intervenir en el Patronato de la Alambra!, que califica de “monumento musulmán por excelencia”.

    Así, tras constatar por el breve recorrido histórico que, en efecto, el Islam no ha retrocedido absolutamente ni un ápice en España en los últimos años, sino que, antes bien no ha parado de extenderse, podemos proseguir.

    Una de las principales estrategias que los mahometanos utilizan para su implantación, no ya en España, sino en todo el mundo, es la apertura de los denominados Centros Culturales Islámicos. Estos centros culturales, cuya presencia es anterior a la apertura de mezquitas y que en muchos casos coexisten con ellas, son en realidad centros de adoctrinamiento en el Islam. Hacen las veces de escuela coránica, de centro de oración, de centros de reunión de la comunidad musulmana implantada en la zona, sirven para dar conferencias públicas o privadas, y en la mayoría de los casos dependen de las asociaciones islámicas, estén estas registradas o no legalmente. Esto lo sabe todo el mundo. Lo sabían los vecinos de Mataró cuando el 21 de marzo de 2001 se opusieron a la apertura del Centro de Cultura Islámica de su ciudad en unas antiguas cocheras de la compañía de recogida de basuras, a pesar de que la concejala de Igualdad y solidaridad del Ayuntamiento repitiese que “no se trataba de una mezquita como las que existen en los países de religión musulmana, sino un centro para orar, pero también para dar clases de catalán y castellano”. Los únicos que parecen no enterarse son los gobernantes. En España y en la actualidad, el número de asociaciones islámicas legalmente registradas asciende a 280, de las cuales 28 están implantadas en Andalucía, 3 en Aragón, 2 en Asturias, 3 en Baleares, 9 en Canarias, 1 en Cantabria, 3 en Castilla y León, 6 en Castilla-La mancha, 42 en Cataluña, 10 en Ceuta, 3 en Extremadura, 3 en Galicia, 3 en la Rioja, 38 en Madrid, 6 en Melilla, 3 en Murcia, 2 en Navarra, 3 en Vascongadas y 11 en Valencia. Especifico lo de legalmente registradas porque en realidad, el número es muy superior. Muchas de las existentes tienen carácter local, familiar o exclusivamente cultural y no han sido registradas oficialmente. Se sabe, por ejemplo, que en Granada, donde hay 5 asociaciones legales, existen otras tantas que no han sido dadas de alta en el ministerio de Justicia.

    Junto a los centros culturales, dependientes o no de las distintas asociaciones, la red islámica cuenta con universidades, fundaciones, páginas web, diversas publicaciones que abarcan desde lo propiamente religioso hasta temas de carácter histórico (en nuestro país tendientes a hacer un revisionismo del papel del Islam en Al-Andalus, pero también con objeto de lo que llaman “tender puentes”entre Oriente y Occidente). En España el número de acerca al centenar. También hay entidades tan pintorescas como el reciente Instituto Halal, aprobado por la Junta de Andalucía, que se encarga de homologar que los alimentos destinados a consumo de los musulmanes cumplen las normas coránicas, tanto en el sacrificio de los animales, como en la vigilancia de que en su elaboración no se mezclen grasas de cerdo, etc. (como anécdota, y por si alguien decide no comprar, le comento que la empresa cárnica Crismona ya ha homologado algunos de sus productos en este instituto). Todo ello forma parte de una amplia telaraña cultural islámica que disemina sus objetivos en una triple vertiente:

    -Crear una especie de “contrasociedad” islámica, autosuficiente y expansiva.
    -Hacerse visibles y fuertes frente al Estado para reclamar derechos y privilegios como los ya obtenidos en el acuerdo de 1992-1996 (al menos sobre el papel),
    -Integrar a la cada vez más creciente inmigración musulmana, que proviene principalmente de los países del Magreb.

    El hecho de la inmigración es bastante significativo, pues si bien en el asociacionismo musulmán, su evolución y su crecimiento en España, ésta ha tenido un peso poco notable, sí que cumple otra función, que aunque distinta, no es menos importante.

    Antes de explicarla, creo que es necesaria un inciso al respecto del panorama asociativo islámico en España. Contra lo que cabría suponer, la evolución de esta red asociativa no es consecuencia de la llegada de musulmanes de origen inmigrante a nuestro país, sino que se deriva de las dinámicas asociativas que se han generado en estas comunidades, compuestas fundamentalmente por musulmanes españoles, e implicadas en conseguir la representación del colectivo musulmán ante la sociedad y la Administración Pública españolas. Jordi Moreras, en un estudio sobre los musulmanes en España publicado por la Fundación CIDOB explica literalmente queParte de este acelerado aumento responde, esencialmente, a la influencia ejercida desde estos ámbitos asociativos nacionales para regularizar los espaciosde culto musulmán que han surgido para dar cobertura legal a las comunidades inmigrantes. Dentro de un complejo proceso de inscripción legal al que se acogen estos pequeños oratorios, su registro como entidades religiosas es tan sólo una de las posibles alternativas y, ni mucho menos, la más frecuente” y concluye que “la emergencia de este tejido asociativo musulmán responde fundamentalmente a las dinámicas generadas por el proceso de progresiva institucionalización del Islam en nuestro país, en el que el Acuerdo de Cooperación se ha convertido, precisamente, en activo motor”. Esto es, que el entramado asociativo (en el que se encuentran inscritas las aristas culturales del mahometismo español) está dirigido por musulmanes de origen Español, aunque, eso sí, con la inestimable colaboración de las autoridades políticas y administrativas del Estado.

    Hecho este inciso, volveré a la última de las funciones de esta red cultural, la de integrar, dar cobertura y acoger a la creciente inmigración musulmana, que a la postre supone fuerza, al menos numérica, para un Islam organizado ante el Estado, y lo que no es menos importante, con significados apoyos del exterior. Sobre este asunto Pedro Canales y Enrique Montánchez, en su libro “En el nombre de Alá”, en el que denuncian la existencia de una red secreta para reislamizar España, arrojan unas ideas bastante aclaratorias:

    “En general –dicen-, un musulmán que vive en su país de origen no otorga mucha importancia a su identidad, a sus valores. Lo ve como algo normal. No piensa en ello; ni se detiene a pensar sobre la incidencia del medio ambiente en su propia personalidad, en sus creencias, en su pensamiento y prácticas religiosas y en sus costumbres. Vive inmerso en su propia sociedad, la que ha conformado su modo de ser. Pero cuando un árabe o un musulmán, en general, se encuentra viviendo en España, se plantea el problema de la identidad. Vive en un país que no es el suyo, rodeado de gentes que tienen otro modo de relacionarse, de expresar su cultura y su idiosincrasia. Comienza entonces a interrogarse sobre sus valores, y en particular sobre los religiosos. Porque aunque no practique, sociológicamente sigue siendo un musulmán. Es en el extranjero donde se empieza a sentir este problema.”

    Prosiguen afirmando que

    “Es fácil constatar un gran cambio en la personalidad de la gente cuando emigra. Gente que no practica en Marruecos, que no tiene ninguna relación con la cotidianidad del islam, se transforma en practicante cuando sale al extranjero, Hay la atmósfera y el medio ambiente que les empuja a vincularse con su identidad, con sus orígenes.»

    Y concluyen:

    “Este fenómeno se manifiesta de manera especial cuando se encuentran dificultades para integrarse, Los inmigrantes que viven en España, los procedentes de países árabes, limítrofes o lejanos, ya sea que hayan venido por razones políticas o religiosas, por estudios o en busca de trabajo, no encuentran fácil la integración. Esto ocurre tanto en España como en Francia. Para ellos son otras sociedades con otros valores, otras normas, otra religión. Por esta razón, tienen dificultades para integrarse; dificultades que les empujan a replegarse en sí mismos, Por eso prefieren la vuelta a la religiosidad.”

    Como se deduce del texto, la vuelta a la religiosidad a través de la identidad, de la cultura, y la cultura e identidad como vehículos del compromiso con la causa de Mahoma, son inseparables.

    Hay que constatar además que del más de medio millón de mahometanos residentes en España en la actualidad, el porcentaje de ellos cuyo origen es español es mínimo. Sin embargo, su peso político, social y cultural es proporcionalmente muy superior al de los inmigrantes. Pese a ello, los inmigrantes son un elemento imprescindible para alcanzar el objetivo de la islamización de los países occidentales. De nuevo, Canales y Montánchez abordan el asunto con una explicación elocuente cuando dicen que:

    “El Rey de Marruecos, en su calidad de Emir de los creyentes (Amir el-Muminin), tiene como misión favorecer la promulgación del islam en el mundo”. Y que “el régimen de Marruecos no duda un instante cuando tiene que ayudar a la construcción de mezquitas en Europa, cuando tiene que dar medios a las asociaciones musulmanas, cuando tiene que ayudar a la formación educativa, al mantenimiento de los vínculos religiosos y culturales con la comunidad emigrada. En una palabra, el rey de Marruecos es un apoyo decisivo en la expansión del islam en Europa”.

    Ante este hecho incontestable desde mi punto de vista, los autores de “En el nombre de Alá” plantean un dilema. Así, escriben lo siguiente:

    “En esta situación se plantean a menudo dos hipótesis: la primera, optimista, es la de quienes estiman que el rey de Marruecos se limita a mantener los lazos religiosos con los marroquíes creyentes que se han instalado en Europa, pero que no va más allá; la segunda, más pesimista podríamos decir, estima que Marruecos acosa a España, por ejemplo en el caso de las ciudades de Ceuta y Melilla en una primera fase, del Levante español y el antiguo territorio de al-Andalus en una segunda, con intención deliberada. Este acoso está destinado a reconquistar las ciudades españolas situadas en el norte de Marruecos, a reislamizar España y Europa, a enriquecer los clanes que dominan el poder marroquí por medio del control y la perennidad del tráfico de hachís.”

    Bien. Yo me quedo con la segunda de las hipótesis, y no por una simple cuestión de prejuicios, sino a través de la observación de que los modos de proceder de los distintos gobiernos árabes son prácticamente idénticos en este sentido, como ya hemos observado en su influencia y acción durante toda la serie de años precedentes, concretamente en nuestro país. Si al gobierno marroquí se le puede otorgar el beneficio de la duda, ésta no cabe cuando hablamos de Arabia Saudí y su concepción fundamentalista wahabbista del Islam. ¿Alguna duda al respecto? Los servicios de Información españoles parecen no tenerla. Así, el diario La Razón, daba hace apenas un año la noticia de que

    Arabia Saudí quiere crear en España un consejo de imanes para implantar el fundamentalismo islámico”.

    Según el periódico, que tuvo acceso a documentos que manejaba el Gobierno, “El plan consiste en controlar el movimiento asociativo musulmán y extender el fundamentalismo wahabí. Y su primer paso es la fundación de un Consejo Superior de Imanes que se encargaría de atraer y formar en el proselitismo fundamentalista a los actuales imanes moderados, mediante comisarios religiosos wahabíes y abundante financiación”. Explicaba además que “Este consejo forma parte de la estrategia saudí para controlar el movimiento asociativo musulmán en España, actualmente débil y dividido, y promover la construcción de mezquitas , escuelas y bibliotecas.”

    La Noticia, firmada por el actual redactor jefe de investigación del diario, Juan Carlos Serrano, decía literalmente que “el Gobierno español poseía información de estos planes de Arabia Saudí desde hacía, al menos, un año, cuando se detectaron los primeros movimientos para la constitución e inscripción en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia de una asociación de imanes”.


    Y proseguía:

    ”Los estatutos de la asociación, que en un principio está previsto que se denomine Consejo Superior de Imanes de España, están prácticamente redactados y en ellos, la asociación se define como «un organismo independiente, de naturaleza religiosa, científica y cultural», según ha podido saber La Razón de fuentes oficiales. Entre sus fines figura el «impulsar la investigación, la publicación de obras científicas y la organización de cursos, para unificar los criterios de los imanes».

    El consejo pretende gestionar ante la Administración su reconocimiento como «organismo competente para emitir dictámenes de jurisprudencia islámica o fatwas , sobre cuestiones de interés general» y como «autoridad científica religiosa islámica absoluta».

    Según estas fuentes, el proyecto lo está impulsando personalmente el director del Centro Islámico de Madrid con la colaboración del presidente del Consejo Continental Europeo de Mezquitas, un ciudadano español de origen sirio, hombre de confianza de los saudíes y miembro de la Liga Islámica Mundial, de la organización Rabita y de la Comisión del Waqf Europeo, instituciones todas ellas vinculadas al proselitismo wahabí.

    Ambos han contactado para el proyecto con prestigiosas personalidades islámicas residentes en España con la intención de que formen parte del núcleo fundamental del Consejo con la intención de que posteriormente se unan el resto de imanes en España.


    El objetivo de Arabia Saudí es influir en la crisis con promesas de apoyo económico a las distintas asociaciones que la componen para que el resultado final responda a sus intereses.

    También explicaba que ”Dentro de las actuaciones promovidas en España por los saudíes, se encuentra también la apertura y financiación de nuevos centros culturales y mezquitas en distintos puntos de la geografía española, como Barcelona, Las Palmas de Gran Canaria y Málaga”.

    Los informes en poder del Gobierno sobre las actuaciones saudíes en España destacan el «incremento notable de sus actividades» y en ellos se afirman que éstas van dirigidas a alcanzar uno de sus mayores objetivos: «La implantación entre los musulmanes que viven en España del islam wahabí como forma de vida». No obstante, la conclusión de este dossier es que «estas acciones forman parte de una verdadera ofensiva, a escala mundial, que, en Europa, se concreta en el triple objetivo de conseguir la reislamización de los musulmanes de los antiguos países del Este, la implantación del wahabismo entre los inmigrantes musulmanes de la Unión Europea y la conversión al Islam de los cristianos»”.



    La conversión al Islam de los cristianos.... ¿Y qué hacen las autoridades españolas ante este fenómeno? Absolutamente nada. Bueno, nada no; miento. Llegan a acuerdos con la comunidad mahometana mediante los cuales ésta pueda tener presencia real y efectiva sobre todo el patrimonio cultural, social o educativo que tenga que algo que ver con ellos (aunque haya que remontarse en esa relación a 500 años atrás).


    Decíamos que entre sus fines también se encuentra la promoción y la creación de nuevas mezquitas, escuelas y bibliotecas. En su penetración cultural, las bibliotecas son también un elemento esencial en la expansión religiosa islámica. La formación de bibliotecas, incluso con subvenciones estatales de los países receptores en cada centro neurálgico de las comunidades mahometanas (sean éstos mezquitas o los eufemísticos Centros Culturales Islámicos, es un hecho consubstancial a dichas comunidades religiosas. Allá donde hay varios musulmanes organizados existe una biblioteca islámica cuidadosamente seleccionada. Pero el problema va más allá. Donde y en cuanto pueden, los mahometanos aprovechan para hacer donaciones y llenar las estanterías de las bibliotecas públicas de los países donde residen de libros islámicos. El 15 de marzo de 2000, por ejemplo, la Comunidad Islámica de Cataluña cedió 63 libros a la red de bibliotecas públicas de Tarrasa, con la presencia del concejal de cultura en el acto. El objetivo, decían, era mejorar el conocimiento mutuo de las culturas cristiana y musulmana. 63 libros entre los que se encontraban títulos tan sugerentes como “Ser musulmán”, o “Contribución musulmana a la Civilización”. He estado revisando el archivo de noticias de varias agencias y me he encontrado 18 donaciones a diferentes bibliotecas públicas españolas, en los últimos 4 años.


    Otro caso curioso es el de las universidades. Las comunidades musulmanas, allá donde sus medios y la legislación se lo permiten, abren universidades. Su concepto de universidad, evidentemente nada tiene que ver con el que en nuestro tiempo y en nuestro país se maneja. Las universidades islámicas no son ni más ni menos que centros de adoctrinamiento en el Islam y la lengua árabe. Las universidades euroárabes, universidades islámicas como la Averroes de Córdoba... en todas ellas el componente religioso es esencial, primordial y excluyente. Si alguien quiere saber lo que se enseña en una universidad islámica, no tiene más que visitar en Internet la página www.azzagra.com y comprobarlo. Sencillamente: lengua Árabe y Corán. La página, que no está muy actualizada, corresponde a la Facultad de estudios andalusíes, que está en Granada. Tiene relación con Universidades sirias, egipcias y repartidas por todo el mundo islámico, y los alumnos pueden ir a ellas a completar sus estudios. Organizan conferencias en las que vuelven a insistir sobre uno de sus temas fundamentales: las aportaciones del Islam al mundo occidental y a la Civilización, centradas, cómo no, en Al-Andalus. Lo mismo que hace apenas dos meses vinieron a hacer 18 universitarias de los Emiratos Árabes, que acudieron a España a un programa de la Universidad Complutense sobre la influencia de Al-Andalus en la España actual. La lista podría repetirse hasta casi el infinito. Las conferencias sobre Al-Andalus en las que se repiten hasta la saciedad las que llaman decisivas aportaciones del Islam a nuestra cultura son incontables. En el pasado año 2003 yo he logrado recabar noticias sobre 143, probablemente, un número bastante inferior al real. Creo necesario volver a recordar que, en virtud de los acuerdos de 1992-1996 entre el Estado y la comunidad Islámica, los musulmanes van a tener derecho a influir de manera explícita en todo el entramado cultural español cuando a ellos (al Islam) se refiera, y lanzo al aire una pregunta: ¿qué pueden querer los musulmanes sino islamizar?.

    No quiero proseguir por este recorrido sin antes mencionarles otra noticia significativa que espero que les lleve a la reflexión. Sin salirnos del ámbito universitario, el pasado 30 de noviembre ocurrió un hecho histórico en España. Según informaciones del Rectorado de la Universidad, en Granada hay un grupo de estudiantes procedentes de países árabes que ronda el número de 3.000, de los cuales casi el 90% proceden de Marruecos. Pues bien, la Facultad de Filosofía y Letras de Granada acogió en su seno una fiesta con motivo del fin del Ramadán, convirtiéndose en la primera institución universitaria española en albergar una fiesta islámica. Todo ello, con patrocinio de la Unión Europea, a través de su proyecto “Culto y Cohesión social”, destinado a (y escuchen atentamente, por favor) “incrementar la participación social de las comunidades musulmanas en Europa”. ¿Entendemos un poco por dónde van los tiros? El de Granada, hasta hoy, es un caso aislado. Mañana no sabemos que ocurrirá en el resto de las universidades españolas.

    Que este hecho haya ocurrido precisamente en Granada es, a mi entender, bastante significativo. Allí culminó la trabajada reconquista española, y allí tienen fijos sus ojos los musulmanes de medio mundo para su particular reconquista. Allí, precisamente, en la ciudad donde yacen los restos de los reyes católicos, es donde hace menos de un año, el diez de julio pasado para más señas, se inauguró la primera mezquita desde 1492. El caso de la mezquita del Albaicín es revelador para ese hecho al que nos enfrentamos y que ya hay quien denomina como “la reconquista espiritual de Al-Andalus”. Permítanme que les cuente un poco por encima la historia de ese hito, un logro codiciado por generaciones y generaciones de mahometanos desde la última victoria Cristiana en la Península.

    A principios de los ochenta y gracias a la inestimable ayuda de algunos países, principalmente del Líbano, que aportó la mayoría del capital, el movimiento islámico Murabitun, del que les hablé antes, compró un terreno en el histórico barrio del Albaicín de Granada, situado en lo más alto del promontorio, frente a la Alhambra. Allí deciden construir una mezquita y una casa en la que la comunidad musulmana establezca su sede social, una sala de reuniones y un lugar donde dar clases y recibir a los invitados.

    La elección del terreno no fue gratuita ni casual, pues éste está a pocos metros de la iglesia de San Nicolás, justo en el pináculo del antiguo barrio morisco. Para los mahometanos, como comprenderán, es algo más que una mezquita, algo más que un lugar de rezo y de reunión, convirtiéndose en el símbolo de una reconquista espiritual, de una reislamización de al-Andalus.

    Tras haber sido comprado el terreno, se inició el diseño del proyecto de la misma, que se encarga a un equipo de arquitectos de Madrid supervisados por un miembro de la comunidad, igualmente arquitecto. El Ayuntamiento de Granada lo rechazó entonces, a causa del aspecto exterior de la propia mezquita, pues su minarete no debía en ningún caso sobrepasar la altura de la torre de la iglesia de San Nicolás, que, construida en el siglo XVI, simboliza la conquista cristiana de Granada. Por ello, la licencia de construcción tuvo que esperar varios años hasta su aprobación definitiva, que llegó en noviembre de 1994, una vez que la altura y el volumen del minarete fueron modificados en un nuevo proyecto. Conseguida la licencia para la construcción, esta se fue dilatando por el hallazgo en el solar de restos arqueológicos romanos.

    Aunque el comienzo de la construcción efectiva no llegaría hasta 1998, en abril de 1996 se hizo la ceremonia de colocación de la primera piedra, , acto que se enmarcó en el programa cultural llamado “Encuentros Andalusíes”. Este programa contenía, además de la ceremonia propiamente dicha, un concierto de música andalusí en el Auditorio Manuel de Falla, con orquestas de Argelia y Marruecos, conferencias en la Universidad Euroárabe, una recepción a la autoridades y cuerpo diplomático en el Palacio de los Córdoba y dos noches de dhikr presididas por el jeque Abd al-Kader as-Sufi al-Murabit y a las que estaban invitados miembros de la Tariqa Harraqi de Marruecos.

    Al acto de la primera piedra asistieron el alcalde de Granada y los miembros de su gabinete, además de representantes de la Umma (comunidad musulmana mundial). Estaban presentes el ministro de Asuntos Islámicos de Marruecos y los embajadores de Argelia, Malasia, Indonesia, Pakistán y Arabia Saudí. Además, la comunidad musulmana se desplazó al centro de la ciudad para establecer un salat al-yumu'a (rezo del mediodía del viernes) con numerosa asistencia de mahometanos. Roces entre distintas facciones islámicas sobre quién debía ejercer el control sobre la mezquita y la falta de fondos (y esto a pesar de las importantes donaciones de algunos países del Golfo y de Marruecos) dilataron un poco el proyecto, pero por fin, el diez de julio pasado, el sueño tan largamente acariciado se hizo realidad. Dignatarios y personalidades religiosas de todo el mundo árabe y musulmán (Malasia, Turquía, Arabia Saudí, Indonesia, Emiratos Arabes, la Autoridad Nacional Palestina....) asistieron a la inauguración. Entre los gritos de "Alá es el más grande", proferidos por los numerosos invitados, y discursos recordatorios a la huella de Al-Andalus, afirmando que parte de esa civilización pervive hoy en el "carácter" y la "sangre" de los españoles nacidos en Andalucía, el emir de Sharjah (Emiratos Arabes Unidos), Jalid bin Sultán al-Qassimi, descubrió la placa conmemorativa en los jardines de la Mezquita Mayor de Granada. Costó 4,5 millones de dólares, la mitad de los cuales procedió de los Emiratos Arabes Unidos. La Fundación Mezquita de Granada, a través de un comunicado dijo que el proyecto ha sido posible gracias al "compromiso" y la ayuda, tanto moral como material, prestada por “musulmanes de todo el mundo” para que "la verdad del Islam pueda ser presentada a españoles y europeos desde esta histórica ciudad islámica". Ya ven, “Granada, ciudad islámica”...

    Como dato importante, resaltar que con motivo de la inauguración de la mezquita, sus promotores organizaron también una jornada sobre el Islam en Europa, que se celebró el 12 de julio en el Palacio de Congresos de Granada. (Fuentes: Agencia EFE y E. Montánchez y P. Canales: “En el nombre de Alá”, Planeta 2002)

    Pero ¿se trata solo de eso? ¿Es sólo una mezquita? ¿Un lugar de oración? Pues no, de ninguna manera.

    La Fundación Mezquita de Granada, en el mismo comunicado en el que califica a Granada de histórica ciudad islámica, explicaba que la mezquita impulsará el intercambio de conocimiento y acción con el resto de los musulmanes europeos, con el fin de –atención al dato- “perfilar una nueva identidad islámica en el continente”.

    Además, según los promotores, “la nueva mezquita pretende ser el "lazo de unión" entre los musulmanes de Granada y de España y del resto de Europa, para lo cual, además del fin primordial del centro, la oración, desarrollará un amplio programas de actividades desde el Centro Islámico que complementa el complejo”.

    Las actividades previstas se centran en el “conocimiento de los musulmanes por los no practicantes de esta religión, la educación continuada de los musulmanes y ser el corazón de la vida de la comunidad islámica en Granada".

    Entre otras actividades, la Fundación Mezquita de Granada avanzó la celebración semanal de una conferencia, abierta a la sociedad, otra anual, con la participación de líderes musulmanes y en donde se analizarán diferentes aspectos científicos, históricos, religiosos y sociales del Islam.
    La Mezquita de Granada contará con una sala de exposiciones donde se ofrecerán muestras de arte, caligrafía, artesanía, fotografía y otros trabajos de artistas, artesanos o estudiantes de la escuela musulmana u otras de Granada, pero siempre relativas al Islam o a los musulmanes.

    El centro islámico también organizará concursos abiertos de dibujo, artes decorativas, fotografías y producciones audiovisuales sobre la historia, el legado de AI-Andalus y de la Granada musulmana. El programa educativo, prevé, entre otros, cursos de ciencias básicas y de la lengua árabe para la formación continuada de los musulmanes”.

    Como pueden observar, todo un entramado sociocultural alredededor del templo. “Dar a conocer” el Islam a los cristianos a través de exposiciones, concursos y un largo etcétera de actividades, y explicar una historia de Al-Andalus distinta, se revelan como objetivos prioritarios. En definitiva y sin tapujos, en boca de sus propios promotores, se trata de la cultura, y su papel fundamental como vehículo por el que transmitir la religión islámica. ¿A alguien puede caberle alguna duda?

    Otro ejemplo bastante reciente de esta misma interacción y necesaria simbiosis entre las estrategias cultural y de expansión religiosa del Islam lo hemos visto en la prensa esta misma semana. Isabel Romero, directora del Instituto Halal (que, como recordarán es supuestamente una institución de carácter social, que tiene como objeto facilitar el acceso a alimentos aceptables para los musulmanes en un país como España, donde les es difícil comer de un modo adecuado a sus costumbres o su doctrina) ha anunciado que la Junta Islámica pedirá formalmente al Ayuntamiento de Córdoba que apruebe una moción "en la que se solicite el carácter universal de la Mezquita" (esto es, la catedral cordobesa), a raíz de la petición que hicieron los socialistas y los comunistas cordobeses para que los musulmanes puedan rezar en el templo. ¿El argumento? Pues la señora Romero dijo literalmente que “la petición de que se reconozca el carácter universal de la Mezquita beneficiará a todos, desde la Iglesia Católica a la propia ciudad, que en ocasiones se ha visto privada de que en este monumento Patrimonio de la Humanidad se lleven a cabo acciones que podrían haber promocionado Córdoba a nivel internacional". También dijo que “no pretende en ningún caso ser reivindicativa y, mucho menos, ser entendida como la intención por reconquistar nada, sino apostar por el carácter universal de este monumento y generar un diálogo entre religiones que es necesario en el mundo en que vivimos, en el que se produce un constante choque de culturas”. Ignoro si la señora en cuestión se cree lo que ella misma dice. En cualquier caso, coincidirán conmigo en que roza lo esperpéntico que la directora de una institución creada para facilitar el consumo alimenticio de carnes de animales sacrificados y desangrados de una manera específica utilice el término “monumento Patrimonio de la Humanidad” y la expresión “promocionar Córdoba a nivel internacional” para referirse a un templo católico en el que ella y los suyos, extraños a él, pretenden entrar a rezar cada vez que les plazca. Claro, he omitido deliberadamente un pequeño detalle: La señora Romero es, además, miembro de la Junta Islámica de Córdoba. Su ámbito de acción no es, pues, el exclusivamente cultural. (Al día de la publicación de este documento, el Vaticano se había pronunciado, rechazando la petición de los musulmanes para ocupar el templo católico).

    Sigamos. Antes les he mencionado la inestimable colaboración a la difusión del Islam de programas culturales de la Unión Europea como “Culto y Cohesión social”, que ha traído la celebración del Ramadán a la Universidad española. No he mencionado sin embargo su presupuesto, que asciende a 65.436 euros, con participación de la UE y el Ayuntamiento de Granada, que aportan un 85 y un 15 por ciento de la financiación respectivamente, además de la Facultad de Trabajos Sociales de Granada, que a través del grupo de trabajo “Seminario de Estudios Para la Investigación Social y Educativa”, aporta personal y material para las investigaciones. Tampoco he mencionado que este proyecto cultural lleva a cabo otras acciones, como la adecuación del Cementerio Islámico de la ciudad de Granada, consistente en su vallado y la construcción de sendas salas para el lavado de los cuerpos y la oración de los difuntos -tal y como reza la tradición islámica-, la “promoción de iniciativas para incrementar la participación de las mezquitas en el ámbito local” y “para aumentar la comprensión y la simpatía de los vecinos del entorno por el islam”, o la elaboración de una guía de comunidades y recursos musulmanes en Granada, “destinada principalmente a responsables políticos y gestores municipales, así como a gestores de la acción social y cultural, con el mismo fin”.

    También les he hablado de la puerta abierta de par en par a la islamización que ha supuesto el acuerdo entre el Estado Español y las comunidades islámicas, al amparo del cual, y entre otras cosas, los musulmanes ya llevan tiempo exigiendo las clases de religión islámica en las escuelas públicas españolas. La Comisión Islámica de España, por ejemplo, ya distribuía en el año 2001 entre todas las comunidades mahometanas de nuestro país documentos explicativos sobre las condiciones que deben cumplirse para elegir al profesorado islámico.

    Pero, curiosamente, estos apoyos a la islamización de países no musulmanes no conciernen sólo al ámbito europeo o español.

    Ya desde hace bastantes años, el Consejo económico y social de Naciones Unidas tiene creado un organismo que se llama ISESCO, que no es sino la Organización Islámica para la Educación la Ciencia y la Cultura. En el informe del secretario general de la Comisión de Población y desarrollo de la ONU del 10 de enero de 1997, se especifica la actividad de la mencionada ISESCO:

    Textualmente, “la ISESCO brinda asistencia a las comunidades inmigrantes islámicas para preservar su identidad y la cultura y el patrimonio del Islam. El objetivo de estas actividades, dice en informe, es ofrecer a los niños musulmanes información sobre la cultura y la vida islámicas, ofreciéndoles así la oportunidad de comprender de una manera equilibrada su cultura y la del país en que residen, con el fin de fomentar la participación positiva sobre la base de la comprensión mutua”.

    Además, explica que “las actividades de la ISESCO incluyen el suministro de libros y publicaciones de referencia a los centros culturales islámicos; la celebración de sesiones de capacitación en lengua árabe y cultura islámica en escuelas y centros islámicos de países no islámicos; la concesión de becas a hijos de emigrantes para que estudien en universidades de todo el mundo; la preparación de programas de estudios para la enseñanza de lengua árabe y de los principios del Islam a los hijos de emigrantes musulmanes; y la producción de material audiovisual destinado a transmitir el pensamiento, la cultura y la civilización islámica a las comunidades musulmanas”.

    Lo de la ONU es brillante. ¡Hay que darles a los hijos e los musulmanes clases de Islam, adoctrinarlos convenientemente en una religión no sólo ajena, sino opuesta a los principios configuradores de la civilización que conforma el medio en el que van a vivir, y educarlos en una cultura y una mentalidad en choque permanente e inevitable con los países que los han acogido... Claro, hay que evitar que se occidentalicen o, algo mucho peor, ¡que terminen haciéndose cristianos! Es mucho mejor fomentar desde pequeños el germen de la discordia y el expansionismo ilimitado en sus propios núcleos. Al parecer, y visto lo visto, no sólo es “tonta” Europa al no darse cuenta de que el Islam utiliza su tolerancia para islamizar, en palabras del profesor Samir Khalil.

    Por supuesto nos falta mencionar en este sucinto mapa de los imprescindibles apoyos al islamismo en España, el de la progresía patria. A no ser que uno suba hasta un nivel teológico-escatológico para desde allí observar este fenómeno, se hace completamente incomprensible que los mismos que se empeñan en eliminar la religión de la escuela (la católica, por supuesto), que reclaman a cada instante un estado laico y que no aceptan más visión del mundo que la científico-materialista y el voluntarismo, apoyen las reclamaciones del Islam. Posiblemente el más antilaicista, el más teocrático, el más providencialista (si se me permite el término, incorrecto) y determinista de los sistemas de pensamiento que existen.

    Para muestra, botones. La izquierda española ha dado un notable ejemplo en Córdoba esta semana, con el hecho ya comentado de la petición en el Ayuntamiento para que los mahometanos ocupen una parte de la catedral, pero ese mismo “proislamismo” lo practica desde hace años. Todos los avances en la expansión cultural, social y religiosa musulmana de los últimos treinta años en España, han venido acompañados de importantes apoyos de los muy tolerantes izquierdistas españoles, bien desde el Estado principalmente en los períodos de Gobierno socialista (aunque el PP no le ha ido demasiado a la zaga) con subvenciones a porrillo, bien desde diversas administraciones locales, con cesión de terrenos para mezquitas como en el caso de la muy fundamentalista de la M-30 en Madrid (también para cementerios islámicos, de los que hay más de diez en nuestro país), bien desde organizaciones de apoyo al inmigrante, o bien desde asociaciones culturales, de esas que apuestan por el “multiculturalismo” de lo más diversas. No me voy a detener en ellos, aunque sí lo haré en un detalle anecdótico, pero no por ello poco significativo. Se trata de la Fundación de Cultura Islámica, que antes se llamaba Instituto Occidental de Cultura Islámica. Esta fundación, que cuenta con un presupuesto nada desdeñable y apoyos de lo más varipointo (desde distintos países, como Jordania o Marruecos, hasta el Institut du Monde Arab o la Universidad euroárabe itinerante), organiza actividades de carácter cultural encaminadas a hacer comprensible y admisible el islam en nuestro país. Cuenta en su haber con bastantes publicaciones proislámicas e innumerables cursos y conferencias sobre el Islam. La fundó en 1982 el islamólogo Cherif Abderraman Jah, y hasta su muerte ostentó la presidencia de honor Julio Caro Baroja. Tiene suscritos convenios de colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, la Comunidad de Madrid, el Colegio Oficial de Psicólogos de España, el Instituto de psicología Transcultural, la liga española pro derechos humanos, la Fundación la Caixa y el Consejo de Europa, y con ella han colaborado personas como Federico mayor Zaragoza, el que fuera presidente de la UNESCO y algún eurodiputado. Además, se define como “independiente de cualquier vinculación política o religiosa”, por lo que es el perfecto vagón de enganche para los “tontos útiles” de la izquierda a favor del Islam, bajo el sempiterno manto de esa palabra mágica de hoy día que es la “tolerancia”. Entre sus actividades más destacadas y que más resonancia han tenido se encuentra la exposición itinerante titulada “El Islam, patrimonio de todos” (con ese título ya se pueden hacer una idea de hacia donde estaba dirigida). La exposición estaba dirigida específicamente a escolares de enseñanza primaria y secundaria para -decían los organizadores-, “acercarles a un mundo desconocido pero cuyos valores y esquemas se desenvuelven muchos muchachos de su entorno” (Hay que hacer notar que, según las propias asociaciones islámicas, el número de niños musulmanes en edad escolar en España no llega a los 48.000, y esto en un contexto en el que estaban solicitando clases de religión en la escuela, por lo que las cifras reales deben ser bastante inferiores. O sea, que de “muchos muchachos de su entorno”, nada).

    La propia fundación explicaba además que “presentándoles la cultura islámica de una forma que despierte su curiosidad e interés, mediante una información sencilla, incluso lúdica y divertida nuestros escolares podrán identificarla como parte que es, históricamente, de su propia cultura”. No abundaré más en ello. Para todo aquel que quiera comprobar por sí mismo la intencionalidad (alguno diría malicia) que encerraba la exposición, he traído algunos de sus textos, que entregaré gustoso al que quiera conocerlos para que los examinen.

    Pues bien, como decía, esta fundación es el enganche perfecto para que el tonto útil de la izquierda española le haga un favor gratuito al Islam. Y parece que los responsables encontraron el modo perfecto de comprometerlos, a través de la firma del que denominaron como “Manifiesto contra la islamofobia”. Entre los firmantes, nos encontramos a importantes exponentes de la “cultureta” española, esa, la que es más amiga que nadie de las subvenciones. Nombres como el de la actriz militante pro-lesbianismo Anabel Alonso, las nada delgadas Teté Delgado y Loles León, Rosa María Sardá, el de la cantante Ana Belén, el de los directores de cine Fernando Colomo y Elías Querejeta, actores como Juan Echanove, Alvaro Mutis o Pepón Nieto, nombres de la política como Alfonso Guerra, Joaquín Almunia o José Antonio Labordeta, del periodismo como Carlos Carnicero, escritores como Bryce Echenique, Antonio gala, Sánchez Dragó o el fallecido Vázquez Montalbán, dibujantes como Forges...todos ellos, entre una lista de nombres interminable, suscribieron el manifiesto contra la islamofobia redactado por una fundación de marcado carácter islamófilo. Con estas bazas culturales también juega el Islam en España, y creo que no está de más hacerlo constar.

    La realidad que representa la Fundación de Cultura Islámica es elocuente, habla por sí sola, pero ¿y si existiese una fundación mucho más poderosa, en lo económico y en sus apoyos institucionales, que diese un paso más, y en su identificación de la España actual con el pasado de Al-Andalus implicase a toda una Comunidad Autónoma y contase hasta con el alto patrocinio del Jefe del Estado español? No busquen más. La hay. Esa fundación se llama El legado andalusí. Fue creada por la Junta de Andalucía y cuenta como presidente de honor de su Patronato al Jefe del Estado, que sorprendentemente, detenta el título de Majestad Católica. En el discurso del acto de presentación del patronato de la fundación, Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía, dejó clara la visión que ésta pretende proyectar. “Rescatar la memoria y la huella, dijo, de una etapa que tuvo manifestaciones ejemplares en la creación cultural, en las artes plásticas y en las costumbres populares”. “Con el Legado Andalusí queremos revivir el pasado, es decir, hacerlo presente y convertirlo en palanca de futuro. Revivir o recuperar, porque consideramos que no ha muerto, que la historia de Al-Andalus es una herencia común que fue y existió pero que no ha dejado de ser ni de existir” “Hace nueve o diez siglos, proseguía, el vértice del progreso se situaba aún en el otro extremo del mediterráneo. Si se miraba hacia poniente, solo se distinguía la brillante realidad de Al-Andalus. El resto era un conglomerado difuso y lejano denominado la Cristiandad”. ¡La Cristiandad, un conglomerado difuso y lejano! Todo eso dijo, y más. Y todo ello, en presencia complacida y complaciente de quien se sienta en el trono de los Reyes Católicos.

    Con esta declaración de intenciones, la Fundación El Legado Andalusí ha desplegado una actividad de proporciones faraónicas. Publicaciones, encuentros culturales, académicos, gastronómicos y musicales a este y al otro lado del Estrecho, rutas históricas y turísticas para los visitantes que llegan a Andalucía con el objeto de presentar la región como la herencia de un pasado islámico obviando todos los siglos posteriores y anteriores de presencia cristiana... y todo ello pagado con el dinero por supuesto, sin haberle consultado, de esa pobre anciana que le reza cada día sus oraciones a la Bendita imagen de la Virgen del Rocío, que mira con lágrimas en los ojos al Nazareno de Cádiz, o que, cada viernes, se acerca a besar el talón desgastado de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.

    Una actividad y una presencia de tales dimensiones que allá donde la Junta de Andalucía monta una caseta, en cada feria del libro, en cada encuentro cultural o turístico al que asiste institucionalmente, El Legado Andalusí ocupa una situación preferente. La fundación vende allá por donde va, una versión oficial de Andalucía: “la historia de Al-Andalus no ha muerto. Es una herencia común que fue y existió pero que no ha dejado de ser ni de existir”. Esta fundación está consiguiendo crear toda una estructura ideológica concreta a través de un revisionismo histórico, que soslaya deliberadamente la historia cristiana de Andalucía. Se ha hecho en pocos años con un catálogo de publicaciones que consta de más de setenta títulos que se encargan de presentar una visión idílica del pasado musulmán español, incluidos libritos para niños de entre 7 y 12 años que, titulados “cuadernos didácticos”, invitan a los niños a “conocer su historia” (la historia mora, por supuesto). Además la fundación está confeccionando la llamada enciclopedia andalusí, que en su primera obra, el diccionario de autores y obras andalusíes, ya publicado, recoge más de un millar de biografías y unas cinco mil obras, y todo ello a cargo del director cultural del Legado Andalusí, un musulmán llamado Assen Al Bacha. Exposiciones fotográficas y festivales en Marruecos, patrocinio de exposiciones de pintura para reforzar los lazos con el mundo árabe, y logros tales como conseguir que el presidente Sirio visite por primera vez un país occidental, España, a invitación de la fundación. Con este bagaje, no es de extrañar que las asociaciones de musulmanes de nuestro país estén encantadas con la fundación y que sea una de sus recomendaciones de referencia en todas sus publicaciones. Baste para concluir esta breve exposición, un apunte: de las portadas de las obras todo el catálogo de la Fundación, tan sólo en una de ellas aparece una cruz. Una cruz, que es identificada con la destrucción y el asesinato de moriscos indefensos a manos de sanguinarios cristianos. Me he procurado un ejemplar para traérselo y mostrárselo a ustedes. Aquí lo tienen, como muestra de lo que hay:




    A través de estos breves apuntes nos damos cuenta de que éste, y no otro, es el panorama, la situación de fuerte penetración cultural en la que se encuentra ahora mismo el Islam en España. Algunos de nuestros bienpensantes parecen empezar a darse cuenta de la situación y del peligro que para nuestra identidad cultural y religiosa (o lo poco que pueda quedar de ella) representa el Islam. A raíz de los atentados del 11 de marzo ha habido algunas editoriales y no pocos artículos de opinión que, alertando sobre la instrucción de las mezquitas, pedían que se limite su construcción en España y la vigilancia de sus predicaciones (nada se ha dicho, sin embargo de otras asociaciones paralelas a éstas o de los adoctrinamientos “domésticos”, en instituciones no legalizadas), atendiendo, entre otros, al principio de “reciprocidad”, por el cual los cristianos no pueden hacer uso de la libertad religiosa en muchos países árabes para construir iglesias. Parece que ellos sólo alcanzan a atisbar el problema en el terrorismo islámico. Pero el peligro, estimo, es el Islam en sí, por los motivos que expliqué al principio, entre los que está la incompatibilidad entre dicha religión y la visión cristiana de la vida. ¿Cómo resolver ese problema? Creo que la solución es muy complicada si no se ataja de raíz. Y atajar el problema de raíz pasa por tocar a todo el entramado cultural islámico, proislámico, o simplemente permisivo o indiferente hacia el Islam, porque con el mahometismo no caben componendas, es prácticamente imposible el entendimiento en cuanto éste es fuerte socialmente. Pasa necesariamente por abandonar el relativismo y construir una defensa de la cosmovisión cristiana desde las instituciones políticas y sociales. Esto, desgraciadamente, al día de hoy es una quimera, por lo que hay que andar primero el paso previo. Ese que el islamismo lleva recorriendo desde 1967, y que no es otro que el que los propios católicos intentemos fomentar una contrasociedad influyente ante el Estado, una red cultural fuerte que pueda servir de base a un movimiento evangelizador potente. El Islam le lleva la delantera en ese terreno al catolicismo, y además cuenta con la complicidad, consciente o inconsciente de buena parte de los poderes públicos no sólo españoles sino también internacionales. Sin embargo, la situación sociológica aún, y estimo que no por mucho tiempo, sigue estando de nuestro lado de la balanza. Pienso que hay que ponerse a andar sin más dilación, y en cualquier caso confiar siempre en que la Santísima Virgen intercede continuamente por sus hijos ante el Altísimo.

    Muchas gracias.

  10. #10
    Avatar de Ordóñez
    Ordóñez está desconectado Puerto y Puerta D Yndias
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    Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    Frikis y todo lo que tú quieras, como Carod, son los que mangonean la política y todo en el Sur. Y están haciendo mucho daño, pues buena parte del pueblo se está creyendo sus cuentos, como la porquería de bandera por ejemplo. No creo amigo que haya que menospreciar el tejemaneje en el que se encuentran los pueblos andaluces debido a estos mal nacidos, porque no son 4 y del tamborito. Con Extremadura, seguimos siendo la región con más parados del país, amén de la especulación urbanística, los contratos basura, la precariedad de los jornaleros, la destrucción de nuestra pesca y agricultura, la inmigración incontrolada-masiva....El PSOE de aquí es tan nacionalista como Maragall, al igual que IU, PA, PSA y la mayoría de los políticos de la Junta, hasta el PP. Pero como sabes Gonzalo, aquí a la gente les gusta siempre quejarse del otro....Para no ver la miseria que tenemos.





    ¡ Gracias Tradan por poner esto !

  11. #11
    isabel_de_castilla está desconectado Miembro novel
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    Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    Cita Iniciado por Tradan Ver mensaje
    Os dejo aquí la transcripción de una charla que di en las Jornadas de la Unidad Católica de Zaragoza en abril de 2004. Por si a alguno le interesa. Los datos no están actualizados, es decir, desde entonces han sucedido muchas más cosas, pero creo que es de interés para acercarse a un conocimiento del tinglado que en el aspecto cultural cobija la penetración islámica en España.

    Saludos.


    "La Cultura como vehículo de la religión islámica". Zaragoza, Abril 2004



    Don Manuel de Santa Cruz, estimados amigos:

    Ante todo, permítanme que me presente. Yo soy andaluz. Andaluz de Sevilla, esa ciudad que, a pesar de todo, sigue llevando inscrito en su escudo como timbre de honor, desde que una cofradía de penitencia lo solicitase a la corporación municipal hace casi cuarenta años, el título de Mariana. Andaluz de Sevilla, reconquistada por Fernando III, el Rey Santo, a los moros el día de San Clemente de 1248, y que cuatro años más tarde, en el tránsito de la muerte, elegiría como su última morada. Soy sevillano, de la primera ciudad que en todo el orbe católico alzó su voz en defensa del dogma concepcionista, siglos antes de que éste se proclamase. Soy de la tierra de San Isidoro y de San Leandro, de la tierra de las santas Justa y Rufina, de esa casa en la que habitan y desde la que reparten sus gracias la Virgen de los Reyes y la Esperanza Macarena. Esa ciudad de la que el poeta local Antonio Rodríguez Buzón, en un arrebato de amor exaltado dijo que era “ella y sólo ella, la tierra única de María Santísima”. Me basta y me sobra esta presentación; y espero que a ustedes también. Para el que les habla no existe mejor currículum ni título más honorable que el de ser nacido en Sevilla, e hijo de María Inmaculada.

    Pues bien, como andaluz, comprenderán ustedes que mi preocupación por el Islam y su actual penetración en España sea alta. No en vano, el mito de Al-Andalus sigue vivo, muy presente, en el imaginario colectivo islámico. Como una llaga aún sin curar, el mahometismo reclama España como parte de su patrimonio. Y de toda España, Andalucía es para ellos más Al-Andalus aún si cabe. Un Al-Andalus más próximo en el tiempo y en el espacio. Una puerta ineludible para acceder a ese Occidente aún por conquistar.

    Para que comprendan un poco más mi preocupación, y como nota introductoria, les leeré lo que no hace mucho declaraba Ali Kettani, rector de la Universidad Islámica Averroes de Córdoba, a la publicación mahometista “Verde Islam”:

    En la entrevista, Kettani manifestaba lo siguiente:

    La mayoría de mi familia son musulmanes de origen andalusí, moriscos exactamente. La herida de al-Andalus ha estado marcada en nuestro cuerpo, pasando de una generación a otra. Nunca podré olvidar cuando mi padre vino aquí, casi como un peregrino, en el año cincuenta. Yo tenía entonces ocho años. Cómo hablaba de Córdoba, de su mezquita, de Sevilla, del alminar de la Masyid al-Mansur, que ahora llaman la Giralda, de Granada y de tantas otras cosas que le impresionaron. Por eso, cuando tuve la oportunidad de viajar por primera vez a Al-Andalus, lo hice. Fue en 1960, cuando era estudiante en Suiza. Yo siempre he tenido la seguridad de que el pueblo andaluz fue vencido, nunca fue convencido por otra religión que el islam.

    De hecho, en la primera oportunidad que el pueblo andaluz ha tenido de manifestarse libremente desde la conquista de Granada por los cristianos fue en 1975, con el advenimiento de la democracia. Esta democracia ha provocado un resultado. ¿Cuál? Que las gentes se han liberado de la imposición cristiana sobre sus conciencias, de la Inquisición, que fue una Inquisición de sangre y de hierro durante los siglos XVI, XVII hasta el XVIII y XIX, y luego se continuó como Inquisición legal y presión social hasta 1975.

    No olvidemos que hoy, aunque el pueblo andaluz está desislamizado, tiene un amor secreto por el islam. Eso se ve en los pueblos, por todos sitios. Por todo ello, pienso que es necesario que este pueblo aprenda de nuevo qué es el islam, sin mentiras, ahora que dispone de la libertad para ello. Mi sueño ha sido ver el islam de nuevo en su casa, en esta tierra. Eso yo lo tuve muy claro desde los primeros pasos de las comunidades musulmanas en España.

    Todo empezó a finales de los años setenta. A un nivel más individual en el setenta y ocho, setenta y nueve, y ya con asociaciones desde 1980. Ahora se puede ver que este asunto de al-Andalus, de Andalucía, no es un nacionalismo ciego como se considera en Occidente, no, es un amor por una tierra, nada más. El amor por esta tierra no es un asunto étnico. El musulmán debe amar a su gente, a su tierra. Por eso, el deseo de ver el renacimiento del islam en esta tierra, no se produce como rechazo a otros musulmanes o a otras gentes.

    Sin embargo, aquí puede constatarse que el islam ha venido por dos caminos y que ahora, alhamdullillah, se juntan. Una vía sufí -no olvidemos que la tradición sufí fue muy importante en las tierras de al-Andalus- y la vía, entre comillas, «nacionalismo andaluz». Entre comillas porque no es un nacionalismo cerrado sino que acepta a todo el mundo.

    Ésas fueron las dos asociaciones más importantes. Por un lado, la Asociación para el Retorno del islam en España; y por otro, la Yamaa Islámica de al-Andalus. Después surgieron muchas más. Si vamos a comparar con lo hecho posteriormente, vemos que hay una evolución que continúa. Si tenemos en cuenta el número de personas que han aceptado el islam, el nivel de aceptación del islam por parte de la población en general, la evolución es palpable. Hay muchos más musulmanes españoles y andaluces hoy que hace quince años.

    Podemos decir que todo empezó en 1980, con la formación de la Comunidad Autónoma Andaluza. Ahora, la existencia de un musulmán, digamos indígena, de aquí, se considera algo normal. Hace quince años se veía como una cosa rara. Aquella historia de guerra de moros y cristianos por el asunto de la mezquita de Santa Clara, todo eso denotaba un rechazo. Ahora, realmente, no existe ese rechazo.

    El acuerdo en el que se reconoce el islam es un acuerdo histórico. Ahora es necesario hacer que se cumpla y que no quede sólo en papel mojado. Los musulmanes españoles en general y los andaluces en particular tienen por vez primera unos derechos. Eso es un hecho histórico.”

    Esto es lo que dice Kettani... Esto es lo que piensan los musulmanes que viven en España... No se puede ser más elocuente.

    Pues bien, movido por esta preocupación como católico y como andaluz, e invitado por don Manuel de Santa Cruz, a quien quedo muy agradecido, es como me presento ante ustedes. No consistirá mi exposición en un tratado exhaustivo de las relaciones entre el mundo de la cultura y el Islam, tratado que sin duda requeriría bastante más tiempo del que dispongo, sino que me limitaré a esbozar, mediante unas cuantas pinceladas breves, el panorama que ante nosotros se presenta, concretamente en España, en lo referente a este aspecto. Espero que les mueva a la reflexión y que saquen conclusiones.

    Lo primero que tenemos que hacer al comenzar es dejar claros algunos puntos.

    Para empezar hay que aclarar que el Islam es un fenómeno complejo, poliédrico. No es monolítico, sino que en su seno coexisten distintas interpretaciones de la misma religión. Pese a ello, y aun a riesgo de poder pecar de poco riguroso, no me detendré en diferenciar entre las diversas corrientes que componen los seguidores de Mahoma. Para lo que nos ocupa, no son primordiales las diferencias entre las obediencias mahometanas. Sunníes, chiíes o wahabbíes, pese a sus, en algunos casos, insalvables diferencias, comparten un hecho común: todos son fieles de una religión que en sí misma lleva implícita una cosmovisión. Una cosmovisión rigurosa, explícita y detallada. Una cosmovisión que regula todos los aspectos humanos: desde el propiamente espiritual hasta el político y el social.

    En segundo lugar, y no abundaré en ello puesto que en otras exposiciones de estas mismas jornadas ya se habrá tratado, esa cosmovisión es incompatible con el cristianismo. Ambas realidades son antagónicas. Más allá. Son realidades irreconciliables y la historia ha demostrado que además son excluyentes. Allá donde reine el Islam, aún en sus modalidades más tolerantes, jamás podrá desarrollarse con libertad el cristianismo. Esto es sencillo de entender, primero porque ambas realidades tienen como misión su propia expansión (la evangelización en un país islámico implica necesariamente la pérdida de adeptos a la secta de Mahoma, algo inaceptable para cualquier musulmán, y viceversa). Y segundo, porque la propia génesis del mahometismo surge de la negación radical de verdades católicas fundamentales. Si el Arcángel San Gabriel se presentó ante Mahoma para anunciarle que él sería el “sello de todos los profetas”, entonces Cristo no pasaría de ser un vil farsante, y ni siquiera entraría en la categoría de “profeta” que el Islam le atribuye. Si, por el contrario, Cristo es, como Él mismo afirma, el Hijo del Hombre, el Mesías, y resucitó después de someterse voluntariamente a una humillante muerte de cruz, tal y como narraron los testigos directos, entonces quien engañó y sigue engañando a toda una legión de almas cándidas es el propio Mahoma. No cabe otra posibilidad. Más allá. Si afirmamos que el Islam es incompatible con el cristianismo ¿qué no decir de las actuales sociedades occidentales, configuradas a la postre por ideologías y sistemas de pensamiento que no son sino herejías del catolicismo? El enfrentamiento entre una sociedad materialista, hedonista y racionalista como la actual y, no ya sólo el Islam, sino cualquier doctrina que tenga un mínimo sentido de la trascendencia, se presenta como inevitable.

    Me gustaría que tuvieran en cuenta estos asuntos cuando escuchen todo lo que les voy a contar a continuación, dado que sobre ellos gravita el verdadero problema que se nos está presentando, aquí y ahora, en España, con el reciente fenómeno del expansionismo islámico, sobrepasando con creces la muy dolorosa anécdota de los brutales atentados del pasado 11 de marzo en Madrid o del peligro, ciertamente creciente, del terrorismo de corte islamista en nuestra tierra.

    Hemos dicho que el Islam implica una cosmovisión, una manera de ver e interpretar el mundo en toda su complejidad. Como tal, la cultura, incluso en el menos estricto sentido de la acepción, es algo que no queda fuera de dicha doctrina. Esto es, el Islam implica necesariamente una cultura islámica, pues en caso contrario, en el de una práctica religiosa musulmana desvinculada de sus modos culturales, dejaría de ser Islam. Una cultura, la islámica, que como también hemos mencionado, es radicalmente incompatible con la cultura cristiana, y hasta con la postcristiana de esta extraña época que nos toca vivir. Además, repetimos, el Islam es proselitista por naturaleza. Con estos tres ingredientes llegaremos a una sencilla conclusión: el mahometismo, para extenderse tal y como su propia vocación le marca, necesita integrar en la sociedad a la que pretende convertir, una cultura: su cultura. Si esto no sucede, cualquier intento de implantación estará irremediablemente condenado al fracaso.

    Esto siempre fue así, y sin embargo, hasta épocas muy recientes no ha existido un verdadero peligro de islamización en España, a no ser por la fuerza de las armas. Hoy estamos ante una realidad bien distinta a la de épocas pretéritas. Nuestro mundo actual está desprotegido ante la implantación islámica, porque no se identifica con ninguna cosmovisión que defender, tal y como hizo en otros tiempos, más allá del relativismo puro y llano y de medios concretos elevados a la categoría de universales metafísicos y convertidos en valores incuestionables, como la propia palabra “democracia”. Fuera de ése, el Occidente moderno no expone ni un solo pilar que salvaguardar. Ni siquiera los tan cacareados Derechos Humanos, puesto que en su enumeración, nacida del consenso y el voluntarismo, y no de categorías universales, se excluye el más fundamental de todos; uno sin el cual los demás carecen por completo de sentido: el derecho a nacer. La continuada predicación de dicho relativismo ha hecho mella en un país, como el nuestro, que hasta hace poco menos de un siglo se preciaba, al menos mayoritariamente, de ser defensor y baluarte del catolicismo, creando el clima propicio para que un hombre como Kettani llegue a afirmar en las declaraciones que les he leído, y no sin cierta razón que “Ahora, la existencia de un musulmán, digamos indígena, de aquí, se considera algo normal”.

    En este mismo sentido se pronunciaba Samir Khalil, árabe, Jesuita y profesor de la Universidad de Beirut hace cinco meses, cuando llegó a Madrid invitado al V Congreso de “Católicos y vida pública”. En una jugosa entrevista que publicó la prensa, decía literalmente que “Europa es estúpida si no se da cuenta de que el Islam utiliza su tolerancia para islamizar”.

    Y proseguía asegurando que “cuando los musulmanes van adquiriendo fuerza social, exigen que las leyes les reconozcan como minoría distinta, y cuando de una minoría de un cinco o diez por ciento llegan a tener ya la presencia de un treinta por ciento, como en el caso de Malasia o de Mindanao en Filipinas, exigen la islamización de la sociedad. Y cuando el Islam ha ido adquiriendo zonas de poder e influencia, nunca retrocede”.

    Nunca retrocede... Pero ¿Ha ido adquiriendo el Islam zonas de influencia (todavía no de poder) en España en los últimos tiempos? Hagamos un breve, muy breve, recorrido histórico para comprobar que en efecto, en nuestra tierra el Islam no ha retrocedido en los últimos treinta y siete años, a pesar de las diferencias internas en su seno (Fuentes: E. Montánchez y P. Canales: “En el Nombre de Alá”. Planeta, Madrid, 2002, y J. Moreras: Musulmanes en España, más allá de la memoria histórica: la viva presencia musulmana en España” extr. "Musulmanes en Barcelona. Espacios y dinámicas comunitarias”, CIDOB, 1999):
    La génesis de la actual implantación del Islam en nuestro país la hallamos remontándonos a 1967. En julio de dicho año, con el General Franco aún en la jefatura del Estado, se aprueba la primera ley de libertad religiosa. A pesar de que todavía se reconocía la confesionalidad católica del Estado español, esta ley abre el camino para el desarrollo institucional de los colectivos musulmanes en España. Entre 1968 y 1971 se crean las primeras asociaciones islámicas en Ceuta y Melilla, ciudades donde la presencia musulmana era más numerosa. La presencia de estudiantes, de empresarios y de diplomáticos de origen árabe y mahometano, comienza a ser importante y a través de su iniciativa se inauguran nuevas asociaciones musulmanas en España. En 1971 se crea en Madrid la Asociación Musulmana de España, de la mano del médico sirio nacionalizado español Riay Tatary Bakry. Gracias al interés de sus miembros y a la ayuda económica externa -de procedencia saudí, principalmente-, esta asociación edificó la primera mezquita moderna en nuestro país, la de Abu Bakr, en Madrid.


    Con la transición política se abrió un nuevo espacio para la expansión religiosa y cultural islámica. Un grupo de jóvenes españoles que en 1975 se había convertido al Islam en Londres, y tras permanecer un tiempo en Inglaterra aprendiendo las bases de la religión y pasar otro período en Marruecos ampliando su formación, se instaló en Córdoba en 1976. Allí fundaron la primera comunidad islámica propiamente española del movimiento Murabitun, que se dedicó activamente a la difusión del Islam en España. En poco tiempo fueron creciendo y en 1980, paralelamente a aprobación de la nueva ley de libertad religiosa, ya la componían un centenar de miembros. Se trasladaron a Sevilla, donde veían buenas posibilidades de expansión, y en 1981 se acudieron a Granada, tras la invitación del alcalde de la ciudad. Instalados la mayoría en el Albaicín, el antiguo barrio musulmán, desarrollaron una intensa actividad cultural y religiosa: publicaciones, conferencias, seminarios, oraciones públicas en medio de la calle... todo ello culminó con el registro en el Ministerio de Justicia como entidad legal definitiva bajo el nombre de Comunidad Islámica en España, en 1983. Desde algunas de estas asociaciones se propugnaba una combinación de Islam e ideología nacionalista andaluza, lo que llevó incluso a algunas de ellas a participar en las primeras elecciones locales y autonómicas. Estas asociaciones también protagonizaron algunas acciones que suscitaron la polémica, como cuando los miembros de la Asociación Musulmana de Córdoba quisieron entrar en enero de 1982 en la catedral (antigua mezquita) para rezar, sin tener permiso de las autoridades locales, hecho que fue ampliamente recogido por la prensa local y nacional.
    También en el período entre 1975 y 1989 surgen las primeras tensiones en el interior del colectivo musulmán. La Comunidad Musulmana de España, creada en 1979 por el converso español A. Machordom Comins, se configura como la oposición a la autoridad que hasta entonces detentaba la Asociación Musulmana de Tatary. Fue uno de los primeros episodios de la polémica entre comunidades de diversa orientación y adscripción ideológica para conseguir hacerse con la representación del Islam en España, en la cual estaban implicados los intereses de los países árabes y musulmanes, muy especialmente de Arabia Saudí y Marruecos. Además este período vería un florecimiento de asociaciones islámicas en toda España. Concretamente en Andalucía se registraron doce nuevas asociaciones, cinco de ellas en Granada, donde además se creó la Junta Islámica a finales de los ochenta para agrupar a todas las asociaciones.
    Otro hecho importante se da en 1981, cuando finaliza la construcción de la mezquita de Marbella, la primera edificada en tiempos modernos en España y que fue financiada con capital saudí. A su inauguración asistió el príncipe heredero Sultán bin Abdulaziz, y fue durante años un centro de reunión y referencia de todos los mahometanos de Andalucía. En este período también aparecen los primeros oratorios habilitados por los colectivos inmigrantes. A pesar de que su ciclo migratorio se inicia en la etapa anterior, la progresiva sedentarización supone la apertura de nuevos oratorios comunitarios. La creciente presencia musulmana en España despertó el interés de los países musulmanes, en especial de Marruecos, que creó en 1986 la Comunidad Musulmana Marroquí de Madrid AI-Umma, estrechamente vinculada a la Embajada del reino alauita, pero también a Arabia Saudí y Kuwait que, en 1989, promovieron la apertura de una delegación del Consejo Continental Europeo de Mezquitas en la capital española (sobre el interés específico de Arabia Saudí en nuestro país me detendré más adelante).


    El reconocimiento oficial, en julio de 1989, del notorio arraigo del Islam en España marca el inicio de la carrera para obtener la representación de la comunidad musulmana ante el Estado español. Así, el 17 de septiembre de 1989, se crea la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), con quince asociaciones federadas. Pero ante esta primera tentativa de unificación, la Asociación Musulmana de España, escindida de la anterior, cuestiona su representatividad. Como consecuencia, entre marzo y julio de 1990 aparecen diez nuevas asociaciones, distribuidas a lo largo de todo el territorio español, incluso en lugares donde la presencia musulmana es escasa. Este proceso continúa con la creación, el 10 de abril de 1990, de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), con un total de diecisiete asociaciones adscritas. A través de esta estrategia, fundamentada en los principios que definen por ley el reconocimiento del notorio arraigo de cualquier confesión religiosa (esto es, que se demuestre su implantación y extensión en el territorio español), la nueva federación adopta una posición de fuerza desde la que discutir la representatividad de la anterior frente al Estado. Éste, reconociendo el distanciamiento entre ambas federaciones, comenzó las negociaciones con los representantes, planteando desde el primer momento la necesidad de proceder a la unificación de las dos. En vista de la lentitud y de las dificultades que planteaba esta doble y paralela negociación, la Administración exigió la unificación de ambas federaciones como condición imprescindible para conseguir la firma del Acuerdo de Cooperación. Finalmente, en abril de 1992, poco antes de la firma de este acuerdo, se crea la Comisión Islámica de España, unión definitiva de las dos federaciones e interlocutora oficial de la comunidad musulmana ante el Estado.
    La firma del Acuerdo de Cooperación supone el desarrollo de un cuerpo legislativo específico que regula los principios fundamentales de la práctica religiosa de la comunidad musulmana, y algún sorprendente privilegio que mencionaré después. Su desarrollo posterior, que se ha concretado en la aprobación del currículum de educación religiosa islámica y en su publicación en el Boletín Oficial del Estado, así como en la firma del convenio de ampliación de la misma en las escuelas públicas del Estado (todo ello entre enero y marzo de 1996), se ha visto limitado ante las difíciles relaciones que mantienen entre sí las dos grandes federaciones musulmanas.
    En este período, y seis meses después de la firma de este Acuerdo, se inauguró el 21 de septiembre de 1992, en presencia de Don Juan Carlos y Doña Sofía (que, curiosamente, llevan el título de Majestades católicas) y del príncipe Salmán de Arabia Saudí, la que sería entonces la mezquita y centro musulmán más grande de Europa: el Centro Religioso-Cultural Islámico de Madrid (conocido popularmente como la mezquita de la M-30). Está edificada sobre un terreno de 12.000 m², cedido en 1978 por el Ayuntamiento de Madrid, costó aproximadamente unos 2.000millones de pesetas y fue financiada con capital saudí. Una mención aparte, por lo que tiene de simbólico, merecerá el caso de la mezquita del Albaicín en Granada, inaugurada el pasado año 2003.

    Cabe señalar que el aumento de asociaciones islámicas a partir de 1990 fue espectacular. Entre este año y el 2000 se constituyeron cerca de 200 asociaciones legales, de las cuales sólo en Cataluña se dieron de alta 40, en la Comunidad de Madrid, 38 y en Andalucía 28.

    Volviendo al asunto del acuerdo entre el Estado y los musulmanes, ratificado en 1996, bajo mandato del Partido Popular, es reseñable que en él se otorga a los musulmanes derecho a intervenir en determinadas áreas de actividad social, religiosa y educativa que supuestamente les incumban. Entre los privilegios, sobresale sorprendentemente el derecho a intervenir en los patronatos de aquellas entidades culturales e históricas que tengan relación con el mundo musulmán o con el pasado islámico de España. Con esta base legal, nos encontramos con que por ejemplo, hoy, Ibrahim Lucio, miembro del Consejo Islámico de Granada, se queja de que el acuerdo no ha sido llevado a la práctica, y reclama además, atentos a esto, su ¡derecho a intervenir en el Patronato de la Alambra!, que califica de “monumento musulmán por excelencia”.

    Así, tras constatar por el breve recorrido histórico que, en efecto, el Islam no ha retrocedido absolutamente ni un ápice en España en los últimos años, sino que, antes bien no ha parado de extenderse, podemos proseguir.

    Una de las principales estrategias que los mahometanos utilizan para su implantación, no ya en España, sino en todo el mundo, es la apertura de los denominados Centros Culturales Islámicos. Estos centros culturales, cuya presencia es anterior a la apertura de mezquitas y que en muchos casos coexisten con ellas, son en realidad centros de adoctrinamiento en el Islam. Hacen las veces de escuela coránica, de centro de oración, de centros de reunión de la comunidad musulmana implantada en la zona, sirven para dar conferencias públicas o privadas, y en la mayoría de los casos dependen de las asociaciones islámicas, estén estas registradas o no legalmente. Esto lo sabe todo el mundo. Lo sabían los vecinos de Mataró cuando el 21 de marzo de 2001 se opusieron a la apertura del Centro de Cultura Islámica de su ciudad en unas antiguas cocheras de la compañía de recogida de basuras, a pesar de que la concejala de Igualdad y solidaridad del Ayuntamiento repitiese que “no se trataba de una mezquita como las que existen en los países de religión musulmana, sino un centro para orar, pero también para dar clases de catalán y castellano”. Los únicos que parecen no enterarse son los gobernantes. En España y en la actualidad, el número de asociaciones islámicas legalmente registradas asciende a 280, de las cuales 28 están implantadas en Andalucía, 3 en Aragón, 2 en Asturias, 3 en Baleares, 9 en Canarias, 1 en Cantabria, 3 en Castilla y León, 6 en Castilla-La mancha, 42 en Cataluña, 10 en Ceuta, 3 en Extremadura, 3 en Galicia, 3 en la Rioja, 38 en Madrid, 6 en Melilla, 3 en Murcia, 2 en Navarra, 3 en Vascongadas y 11 en Valencia. Especifico lo de legalmente registradas porque en realidad, el número es muy superior. Muchas de las existentes tienen carácter local, familiar o exclusivamente cultural y no han sido registradas oficialmente. Se sabe, por ejemplo, que en Granada, donde hay 5 asociaciones legales, existen otras tantas que no han sido dadas de alta en el ministerio de Justicia.

    Junto a los centros culturales, dependientes o no de las distintas asociaciones, la red islámica cuenta con universidades, fundaciones, páginas web, diversas publicaciones que abarcan desde lo propiamente religioso hasta temas de carácter histórico (en nuestro país tendientes a hacer un revisionismo del papel del Islam en Al-Andalus, pero también con objeto de lo que llaman “tender puentes”entre Oriente y Occidente). En España el número de acerca al centenar. También hay entidades tan pintorescas como el reciente Instituto Halal, aprobado por la Junta de Andalucía, que se encarga de homologar que los alimentos destinados a consumo de los musulmanes cumplen las normas coránicas, tanto en el sacrificio de los animales, como en la vigilancia de que en su elaboración no se mezclen grasas de cerdo, etc. (como anécdota, y por si alguien decide no comprar, le comento que la empresa cárnica Crismona ya ha homologado algunos de sus productos en este instituto). Todo ello forma parte de una amplia telaraña cultural islámica que disemina sus objetivos en una triple vertiente:

    -Crear una especie de “contrasociedad” islámica, autosuficiente y expansiva.
    -Hacerse visibles y fuertes frente al Estado para reclamar derechos y privilegios como los ya obtenidos en el acuerdo de 1992-1996 (al menos sobre el papel),
    -Integrar a la cada vez más creciente inmigración musulmana, que proviene principalmente de los países del Magreb.

    El hecho de la inmigración es bastante significativo, pues si bien en el asociacionismo musulmán, su evolución y su crecimiento en España, ésta ha tenido un peso poco notable, sí que cumple otra función, que aunque distinta, no es menos importante.

    Antes de explicarla, creo que es necesaria un inciso al respecto del panorama asociativo islámico en España. Contra lo que cabría suponer, la evolución de esta red asociativa no es consecuencia de la llegada de musulmanes de origen inmigrante a nuestro país, sino que se deriva de las dinámicas asociativas que se han generado en estas comunidades, compuestas fundamentalmente por musulmanes españoles, e implicadas en conseguir la representación del colectivo musulmán ante la sociedad y la Administración Pública españolas. Jordi Moreras, en un estudio sobre los musulmanes en España publicado por la Fundación CIDOB explica literalmente queParte de este acelerado aumento responde, esencialmente, a la influencia ejercida desde estos ámbitos asociativos nacionales para regularizar los espaciosde culto musulmán que han surgido para dar cobertura legal a las comunidades inmigrantes. Dentro de un complejo proceso de inscripción legal al que se acogen estos pequeños oratorios, su registro como entidades religiosas es tan sólo una de las posibles alternativas y, ni mucho menos, la más frecuente” y concluye que “la emergencia de este tejido asociativo musulmán responde fundamentalmente a las dinámicas generadas por el proceso de progresiva institucionalización del Islam en nuestro país, en el que el Acuerdo de Cooperación se ha convertido, precisamente, en activo motor”. Esto es, que el entramado asociativo (en el que se encuentran inscritas las aristas culturales del mahometismo español) está dirigido por musulmanes de origen Español, aunque, eso sí, con la inestimable colaboración de las autoridades políticas y administrativas del Estado.

    Hecho este inciso, volveré a la última de las funciones de esta red cultural, la de integrar, dar cobertura y acoger a la creciente inmigración musulmana, que a la postre supone fuerza, al menos numérica, para un Islam organizado ante el Estado, y lo que no es menos importante, con significados apoyos del exterior. Sobre este asunto Pedro Canales y Enrique Montánchez, en su libro “En el nombre de Alá”, en el que denuncian la existencia de una red secreta para reislamizar España, arrojan unas ideas bastante aclaratorias:

    “En general –dicen-, un musulmán que vive en su país de origen no otorga mucha importancia a su identidad, a sus valores. Lo ve como algo normal. No piensa en ello; ni se detiene a pensar sobre la incidencia del medio ambiente en su propia personalidad, en sus creencias, en su pensamiento y prácticas religiosas y en sus costumbres. Vive inmerso en su propia sociedad, la que ha conformado su modo de ser. Pero cuando un árabe o un musulmán, en general, se encuentra viviendo en España, se plantea el problema de la identidad. Vive en un país que no es el suyo, rodeado de gentes que tienen otro modo de relacionarse, de expresar su cultura y su idiosincrasia. Comienza entonces a interrogarse sobre sus valores, y en particular sobre los religiosos. Porque aunque no practique, sociológicamente sigue siendo un musulmán. Es en el extranjero donde se empieza a sentir este problema.”

    Prosiguen afirmando que

    “Es fácil constatar un gran cambio en la personalidad de la gente cuando emigra. Gente que no practica en Marruecos, que no tiene ninguna relación con la cotidianidad del islam, se transforma en practicante cuando sale al extranjero, Hay la atmósfera y el medio ambiente que les empuja a vincularse con su identidad, con sus orígenes.»

    Y concluyen:

    “Este fenómeno se manifiesta de manera especial cuando se encuentran dificultades para integrarse, Los inmigrantes que viven en España, los procedentes de países árabes, limítrofes o lejanos, ya sea que hayan venido por razones políticas o religiosas, por estudios o en busca de trabajo, no encuentran fácil la integración. Esto ocurre tanto en España como en Francia. Para ellos son otras sociedades con otros valores, otras normas, otra religión. Por esta razón, tienen dificultades para integrarse; dificultades que les empujan a replegarse en sí mismos, Por eso prefieren la vuelta a la religiosidad.”

    Como se deduce del texto, la vuelta a la religiosidad a través de la identidad, de la cultura, y la cultura e identidad como vehículos del compromiso con la causa de Mahoma, son inseparables.

    Hay que constatar además que del más de medio millón de mahometanos residentes en España en la actualidad, el porcentaje de ellos cuyo origen es español es mínimo. Sin embargo, su peso político, social y cultural es proporcionalmente muy superior al de los inmigrantes. Pese a ello, los inmigrantes son un elemento imprescindible para alcanzar el objetivo de la islamización de los países occidentales. De nuevo, Canales y Montánchez abordan el asunto con una explicación elocuente cuando dicen que:

    “El Rey de Marruecos, en su calidad de Emir de los creyentes (Amir el-Muminin), tiene como misión favorecer la promulgación del islam en el mundo”. Y que “el régimen de Marruecos no duda un instante cuando tiene que ayudar a la construcción de mezquitas en Europa, cuando tiene que dar medios a las asociaciones musulmanas, cuando tiene que ayudar a la formación educativa, al mantenimiento de los vínculos religiosos y culturales con la comunidad emigrada. En una palabra, el rey de Marruecos es un apoyo decisivo en la expansión del islam en Europa”.

    Ante este hecho incontestable desde mi punto de vista, los autores de “En el nombre de Alá” plantean un dilema. Así, escriben lo siguiente:

    “En esta situación se plantean a menudo dos hipótesis: la primera, optimista, es la de quienes estiman que el rey de Marruecos se limita a mantener los lazos religiosos con los marroquíes creyentes que se han instalado en Europa, pero que no va más allá; la segunda, más pesimista podríamos decir, estima que Marruecos acosa a España, por ejemplo en el caso de las ciudades de Ceuta y Melilla en una primera fase, del Levante español y el antiguo territorio de al-Andalus en una segunda, con intención deliberada. Este acoso está destinado a reconquistar las ciudades españolas situadas en el norte de Marruecos, a reislamizar España y Europa, a enriquecer los clanes que dominan el poder marroquí por medio del control y la perennidad del tráfico de hachís.”

    Bien. Yo me quedo con la segunda de las hipótesis, y no por una simple cuestión de prejuicios, sino a través de la observación de que los modos de proceder de los distintos gobiernos árabes son prácticamente idénticos en este sentido, como ya hemos observado en su influencia y acción durante toda la serie de años precedentes, concretamente en nuestro país. Si al gobierno marroquí se le puede otorgar el beneficio de la duda, ésta no cabe cuando hablamos de Arabia Saudí y su concepción fundamentalista wahabbista del Islam. ¿Alguna duda al respecto? Los servicios de Información españoles parecen no tenerla. Así, el diario La Razón, daba hace apenas un año la noticia de que

    Arabia Saudí quiere crear en España un consejo de imanes para implantar el fundamentalismo islámico”.

    Según el periódico, que tuvo acceso a documentos que manejaba el Gobierno, “El plan consiste en controlar el movimiento asociativo musulmán y extender el fundamentalismo wahabí. Y su primer paso es la fundación de un Consejo Superior de Imanes que se encargaría de atraer y formar en el proselitismo fundamentalista a los actuales imanes moderados, mediante comisarios religiosos wahabíes y abundante financiación”. Explicaba además que “Este consejo forma parte de la estrategia saudí para controlar el movimiento asociativo musulmán en España, actualmente débil y dividido, y promover la construcción de mezquitas , escuelas y bibliotecas.”

    La Noticia, firmada por el actual redactor jefe de investigación del diario, Juan Carlos Serrano, decía literalmente que “el Gobierno español poseía información de estos planes de Arabia Saudí desde hacía, al menos, un año, cuando se detectaron los primeros movimientos para la constitución e inscripción en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia de una asociación de imanes”.


    Y proseguía:

    ”Los estatutos de la asociación, que en un principio está previsto que se denomine Consejo Superior de Imanes de España, están prácticamente redactados y en ellos, la asociación se define como «un organismo independiente, de naturaleza religiosa, científica y cultural», según ha podido saber La Razón de fuentes oficiales. Entre sus fines figura el «impulsar la investigación, la publicación de obras científicas y la organización de cursos, para unificar los criterios de los imanes».

    El consejo pretende gestionar ante la Administración su reconocimiento como «organismo competente para emitir dictámenes de jurisprudencia islámica o fatwas , sobre cuestiones de interés general» y como «autoridad científica religiosa islámica absoluta».

    Según estas fuentes, el proyecto lo está impulsando personalmente el director del Centro Islámico de Madrid con la colaboración del presidente del Consejo Continental Europeo de Mezquitas, un ciudadano español de origen sirio, hombre de confianza de los saudíes y miembro de la Liga Islámica Mundial, de la organización Rabita y de la Comisión del Waqf Europeo, instituciones todas ellas vinculadas al proselitismo wahabí.

    Ambos han contactado para el proyecto con prestigiosas personalidades islámicas residentes en España con la intención de que formen parte del núcleo fundamental del Consejo con la intención de que posteriormente se unan el resto de imanes en España.

    El objetivo de Arabia Saudí es influir en la crisis con promesas de apoyo económico a las distintas asociaciones que la componen para que el resultado final responda a sus intereses.

    También explicaba que ”Dentro de las actuaciones promovidas en España por los saudíes, se encuentra también la apertura y financiación de nuevos centros culturales y mezquitas en distintos puntos de la geografía española, como Barcelona, Las Palmas de Gran Canaria y Málaga”.

    Los informes en poder del Gobierno sobre las actuaciones saudíes en España destacan el «incremento notable de sus actividades» y en ellos se afirman que éstas van dirigidas a alcanzar uno de sus mayores objetivos: «La implantación entre los musulmanes que viven en España del islam wahabí como forma de vida». No obstante, la conclusión de este dossier es que «estas acciones forman parte de una verdadera ofensiva, a escala mundial, que, en Europa, se concreta en el triple objetivo de conseguir la reislamización de los musulmanes de los antiguos países del Este, la implantación del wahabismo entre los inmigrantes musulmanes de la Unión Europea y la conversión al Islam de los cristianos»”.


    La conversión al Islam de los cristianos.... ¿Y qué hacen las autoridades españolas ante este fenómeno? Absolutamente nada. Bueno, nada no; miento. Llegan a acuerdos con la comunidad mahometana mediante los cuales ésta pueda tener presencia real y efectiva sobre todo el patrimonio cultural, social o educativo que tenga que algo que ver con ellos (aunque haya que remontarse en esa relación a 500 años atrás).

    Decíamos que entre sus fines también se encuentra la promoción y la creación de nuevas mezquitas, escuelas y bibliotecas. En su penetración cultural, las bibliotecas son también un elemento esencial en la expansión religiosa islámica. La formación de bibliotecas, incluso con subvenciones estatales de los países receptores en cada centro neurálgico de las comunidades mahometanas (sean éstos mezquitas o los eufemísticos Centros Culturales Islámicos, es un hecho consubstancial a dichas comunidades religiosas. Allá donde hay varios musulmanes organizados existe una biblioteca islámica cuidadosamente seleccionada. Pero el problema va más allá. Donde y en cuanto pueden, los mahometanos aprovechan para hacer donaciones y llenar las estanterías de las bibliotecas públicas de los países donde residen de libros islámicos. El 15 de marzo de 2000, por ejemplo, la Comunidad Islámica de Cataluña cedió 63 libros a la red de bibliotecas públicas de Tarrasa, con la presencia del concejal de cultura en el acto. El objetivo, decían, era mejorar el conocimiento mutuo de las culturas cristiana y musulmana. 63 libros entre los que se encontraban títulos tan sugerentes como “Ser musulmán”, o “Contribución musulmana a la Civilización”. He estado revisando el archivo de noticias de varias agencias y me he encontrado 18 donaciones a diferentes bibliotecas públicas españolas, en los últimos 4 años.

    Otro caso curioso es el de las universidades. Las comunidades musulmanas, allá donde sus medios y la legislación se lo permiten, abren universidades. Su concepto de universidad, evidentemente nada tiene que ver con el que en nuestro tiempo y en nuestro país se maneja. Las universidades islámicas no son ni más ni menos que centros de adoctrinamiento en el Islam y la lengua árabe. Las universidades euroárabes, universidades islámicas como la Averroes de Córdoba... en todas ellas el componente religioso es esencial, primordial y excluyente. Si alguien quiere saber lo que se enseña en una universidad islámica, no tiene más que visitar en Internet la página www.azzagra.com y comprobarlo. Sencillamente: lengua Árabe y Corán. La página, que no está muy actualizada, corresponde a la Facultad de estudios andalusíes, que está en Granada. Tiene relación con Universidades sirias, egipcias y repartidas por todo el mundo islámico, y los alumnos pueden ir a ellas a completar sus estudios. Organizan conferencias en las que vuelven a insistir sobre uno de sus temas fundamentales: las aportaciones del Islam al mundo occidental y a la Civilización, centradas, cómo no, en Al-Andalus. Lo mismo que hace apenas dos meses vinieron a hacer 18 universitarias de los Emiratos Árabes, que acudieron a España a un programa de la Universidad Complutense sobre la influencia de Al-Andalus en la España actual. La lista podría repetirse hasta casi el infinito. Las conferencias sobre Al-Andalus en las que se repiten hasta la saciedad las que llaman decisivas aportaciones del Islam a nuestra cultura son incontables. En el pasado año 2003 yo he logrado recabar noticias sobre 143, probablemente, un número bastante inferior al real. Creo necesario volver a recordar que, en virtud de los acuerdos de 1992-1996 entre el Estado y la comunidad Islámica, los musulmanes van a tener derecho a influir de manera explícita en todo el entramado cultural español cuando a ellos (al Islam) se refiera, y lanzo al aire una pregunta: ¿qué pueden querer los musulmanes sino islamizar?.

    No quiero proseguir por este recorrido sin antes mencionarles otra noticia significativa que espero que les lleve a la reflexión. Sin salirnos del ámbito universitario, el pasado 30 de noviembre ocurrió un hecho histórico en España. Según informaciones del Rectorado de la Universidad, en Granada hay un grupo de estudiantes procedentes de países árabes que ronda el número de 3.000, de los cuales casi el 90% proceden de Marruecos. Pues bien, la Facultad de Filosofía y Letras de Granada acogió en su seno una fiesta con motivo del fin del Ramadán, convirtiéndose en la primera institución universitaria española en albergar una fiesta islámica. Todo ello, con patrocinio de la Unión Europea, a través de su proyecto “Culto y Cohesión social”, destinado a (y escuchen atentamente, por favor) “incrementar la participación social de las comunidades musulmanas en Europa”. ¿Entendemos un poco por dónde van los tiros? El de Granada, hasta hoy, es un caso aislado. Mañana no sabemos que ocurrirá en el resto de las universidades españolas.

    Que este hecho haya ocurrido precisamente en Granada es, a mi entender, bastante significativo. Allí culminó la trabajada reconquista española, y allí tienen fijos sus ojos los musulmanes de medio mundo para su particular reconquista. Allí, precisamente, en la ciudad donde yacen los restos de los reyes católicos, es donde hace menos de un año, el diez de julio pasado para más señas, se inauguró la primera mezquita desde 1492. El caso de la mezquita del Albaicín es revelador para ese hecho al que nos enfrentamos y que ya hay quien denomina como “la reconquista espiritual de Al-Andalus”. Permítanme que les cuente un poco por encima la historia de ese hito, un logro codiciado por generaciones y generaciones de mahometanos desde la última victoria Cristiana en la Península.

    A principios de los ochenta y gracias a la inestimable ayuda de algunos países, principalmente del Líbano, que aportó la mayoría del capital, el movimiento islámico Murabitun, del que les hablé antes, compró un terreno en el histórico barrio del Albaicín de Granada, situado en lo más alto del promontorio, frente a la Alhambra. Allí deciden construir una mezquita y una casa en la que la comunidad musulmana establezca su sede social, una sala de reuniones y un lugar donde dar clases y recibir a los invitados.

    La elección del terreno no fue gratuita ni casual, pues éste está a pocos metros de la iglesia de San Nicolás, justo en el pináculo del antiguo barrio morisco. Para los mahometanos, como comprenderán, es algo más que una mezquita, algo más que un lugar de rezo y de reunión, convirtiéndose en el símbolo de una reconquista espiritual, de una reislamización de al-Andalus.

    Tras haber sido comprado el terreno, se inició el diseño del proyecto de la misma, que se encarga a un equipo de arquitectos de Madrid supervisados por un miembro de la comunidad, igualmente arquitecto. El Ayuntamiento de Granada lo rechazó entonces, a causa del aspecto exterior de la propia mezquita, pues su minarete no debía en ningún caso sobrepasar la altura de la torre de la iglesia de San Nicolás, que, construida en el siglo XVI, simboliza la conquista cristiana de Granada. Por ello, la licencia de construcción tuvo que esperar varios años hasta su aprobación definitiva, que llegó en noviembre de 1994, una vez que la altura y el volumen del minarete fueron modificados en un nuevo proyecto. Conseguida la licencia para la construcción, esta se fue dilatando por el hallazgo en el solar de restos arqueológicos romanos.

    Aunque el comienzo de la construcción efectiva no llegaría hasta 1998, en abril de 1996 se hizo la ceremonia de colocación de la primera piedra, , acto que se enmarcó en el programa cultural llamado “Encuentros Andalusíes”. Este programa contenía, además de la ceremonia propiamente dicha, un concierto de música andalusí en el Auditorio Manuel de Falla, con orquestas de Argelia y Marruecos, conferencias en la Universidad Euroárabe, una recepción a la autoridades y cuerpo diplomático en el Palacio de los Córdoba y dos noches de dhikr presididas por el jeque Abd al-Kader as-Sufi al-Murabit y a las que estaban invitados miembros de la Tariqa Harraqi de Marruecos.

    Al acto de la primera piedra asistieron el alcalde de Granada y los miembros de su gabinete, además de representantes de la Umma (comunidad musulmana mundial). Estaban presentes el ministro de Asuntos Islámicos de Marruecos y los embajadores de Argelia, Malasia, Indonesia, Pakistán y Arabia Saudí. Además, la comunidad musulmana se desplazó al centro de la ciudad para establecer un salat al-yumu'a (rezo del mediodía del viernes) con numerosa asistencia de mahometanos. Roces entre distintas facciones islámicas sobre quién debía ejercer el control sobre la mezquita y la falta de fondos (y esto a pesar de las importantes donaciones de algunos países del Golfo y de Marruecos) dilataron un poco el proyecto, pero por fin, el diez de julio pasado, el sueño tan largamente acariciado se hizo realidad. Dignatarios y personalidades religiosas de todo el mundo árabe y musulmán (Malasia, Turquía, Arabia Saudí, Indonesia, Emiratos Arabes, la Autoridad Nacional Palestina....) asistieron a la inauguración. Entre los gritos de "Alá es el más grande", proferidos por los numerosos invitados, y discursos recordatorios a la huella de Al-Andalus, afirmando que parte de esa civilización pervive hoy en el "carácter" y la "sangre" de los españoles nacidos en Andalucía, el emir de Sharjah (Emiratos Arabes Unidos), Jalid bin Sultán al-Qassimi, descubrió la placa conmemorativa en los jardines de la Mezquita Mayor de Granada. Costó 4,5 millones de dólares, la mitad de los cuales procedió de los Emiratos Arabes Unidos. La Fundación Mezquita de Granada, a través de un comunicado dijo que el proyecto ha sido posible gracias al "compromiso" y la ayuda, tanto moral como material, prestada por “musulmanes de todo el mundo” para que "la verdad del Islam pueda ser presentada a españoles y europeos desde esta histórica ciudad islámica". Ya ven, “Granada, ciudad islámica”...

    Como dato importante, resaltar que con motivo de la inauguración de la mezquita, sus promotores organizaron también una jornada sobre el Islam en Europa, que se celebró el 12 de julio en el Palacio de Congresos de Granada. (Fuentes: Agencia EFE y E. Montánchez y P. Canales: “En el nombre de Alá”, Planeta 2002)

    Pero ¿se trata solo de eso? ¿Es sólo una mezquita? ¿Un lugar de oración? Pues no, de ninguna manera.

    La Fundación Mezquita de Granada, en el mismo comunicado en el que califica a Granada de histórica ciudad islámica, explicaba que la mezquita impulsará el intercambio de conocimiento y acción con el resto de los musulmanes europeos, con el fin de –atención al dato- “perfilar una nueva identidad islámica en el continente”.

    Además, según los promotores, “la nueva mezquita pretende ser el "lazo de unión" entre los musulmanes de Granada y de España y del resto de Europa, para lo cual, además del fin primordial del centro, la oración, desarrollará un amplio programas de actividades desde el Centro Islámico que complementa el complejo”.

    Las actividades previstas se centran en el “conocimiento de los musulmanes por los no practicantes de esta religión, la educación continuada de los musulmanes y ser el corazón de la vida de la comunidad islámica en Granada".

    Entre otras actividades, la Fundación Mezquita de Granada avanzó la celebración semanal de una conferencia, abierta a la sociedad, otra anual, con la participación de líderes musulmanes y en donde se analizarán diferentes aspectos científicos, históricos, religiosos y sociales del Islam.
    La Mezquita de Granada contará con una sala de exposiciones donde se ofrecerán muestras de arte, caligrafía, artesanía, fotografía y otros trabajos de artistas, artesanos o estudiantes de la escuela musulmana u otras de Granada, pero siempre relativas al Islam o a los musulmanes.

    El centro islámico también organizará concursos abiertos de dibujo, artes decorativas, fotografías y producciones audiovisuales sobre la historia, el legado de AI-Andalus y de la Granada musulmana. El programa educativo, prevé, entre otros, cursos de ciencias básicas y de la lengua árabe para la formación continuada de los musulmanes”.

    Como pueden observar, todo un entramado sociocultural alredededor del templo. “Dar a conocer” el Islam a los cristianos a través de exposiciones, concursos y un largo etcétera de actividades, y explicar una historia de Al-Andalus distinta, se revelan como objetivos prioritarios. En definitiva y sin tapujos, en boca de sus propios promotores, se trata de la cultura, y su papel fundamental como vehículo por el que transmitir la religión islámica. ¿A alguien puede caberle alguna duda?

    Otro ejemplo bastante reciente de esta misma interacción y necesaria simbiosis entre las estrategias cultural y de expansión religiosa del Islam lo hemos visto en la prensa esta misma semana. Isabel Romero, directora del Instituto Halal (que, como recordarán es supuestamente una institución de carácter social, que tiene como objeto facilitar el acceso a alimentos aceptables para los musulmanes en un país como España, donde les es difícil comer de un modo adecuado a sus costumbres o su doctrina) ha anunciado que la Junta Islámica pedirá formalmente al Ayuntamiento de Córdoba que apruebe una moción "en la que se solicite el carácter universal de la Mezquita" (esto es, la catedral cordobesa), a raíz de la petición que hicieron los socialistas y los comunistas cordobeses para que los musulmanes puedan rezar en el templo. ¿El argumento? Pues la señora Romero dijo literalmente que “la petición de que se reconozca el carácter universal de la Mezquita beneficiará a todos, desde la Iglesia Católica a la propia ciudad, que en ocasiones se ha visto privada de que en este monumento Patrimonio de la Humanidad se lleven a cabo acciones que podrían haber promocionado Córdoba a nivel internacional". También dijo que “no pretende en ningún caso ser reivindicativa y, mucho menos, ser entendida como la intención por reconquistar nada, sino apostar por el carácter universal de este monumento y generar un diálogo entre religiones que es necesario en el mundo en que vivimos, en el que se produce un constante choque de culturas”. Ignoro si la señora en cuestión se cree lo que ella misma dice. En cualquier caso, coincidirán conmigo en que roza lo esperpéntico que la directora de una institución creada para facilitar el consumo alimenticio de carnes de animales sacrificados y desangrados de una manera específica utilice el término “monumento Patrimonio de la Humanidad” y la expresión “promocionar Córdoba a nivel internacional” para referirse a un templo católico en el que ella y los suyos, extraños a él, pretenden entrar a rezar cada vez que les plazca. Claro, he omitido deliberadamente un pequeño detalle: La señora Romero es, además, miembro de la Junta Islámica de Córdoba. Su ámbito de acción no es, pues, el exclusivamente cultural. (Al día de la publicación de este documento, el Vaticano se había pronunciado, rechazando la petición de los musulmanes para ocupar el templo católico).

    Sigamos. Antes les he mencionado la inestimable colaboración a la difusión del Islam de programas culturales de la Unión Europea como “Culto y Cohesión social”, que ha traído la celebración del Ramadán a la Universidad española. No he mencionado sin embargo su presupuesto, que asciende a 65.436 euros, con participación de la UE y el Ayuntamiento de Granada, que aportan un 85 y un 15 por ciento de la financiación respectivamente, además de la Facultad de Trabajos Sociales de Granada, que a través del grupo de trabajo “Seminario de Estudios Para la Investigación Social y Educativa”, aporta personal y material para las investigaciones. Tampoco he mencionado que este proyecto cultural lleva a cabo otras acciones, como la adecuación del Cementerio Islámico de la ciudad de Granada, consistente en su vallado y la construcción de sendas salas para el lavado de los cuerpos y la oración de los difuntos -tal y como reza la tradición islámica-, la “promoción de iniciativas para incrementar la participación de las mezquitas en el ámbito local” y “para aumentar la comprensión y la simpatía de los vecinos del entorno por el islam”, o la elaboración de una guía de comunidades y recursos musulmanes en Granada, “destinada principalmente a responsables políticos y gestores municipales, así como a gestores de la acción social y cultural, con el mismo fin”.

    También les he hablado de la puerta abierta de par en par a la islamización que ha supuesto el acuerdo entre el Estado Español y las comunidades islámicas, al amparo del cual, y entre otras cosas, los musulmanes ya llevan tiempo exigiendo las clases de religión islámica en las escuelas públicas españolas. La Comisión Islámica de España, por ejemplo, ya distribuía en el año 2001 entre todas las comunidades mahometanas de nuestro país documentos explicativos sobre las condiciones que deben cumplirse para elegir al profesorado islámico.

    Pero, curiosamente, estos apoyos a la islamización de países no musulmanes no conciernen sólo al ámbito europeo o español.

    Ya desde hace bastantes años, el Consejo económico y social de Naciones Unidas tiene creado un organismo que se llama ISESCO, que no es sino la Organización Islámica para la Educación la Ciencia y la Cultura. En el informe del secretario general de la Comisión de Población y desarrollo de la ONU del 10 de enero de 1997, se especifica la actividad de la mencionada ISESCO:

    Textualmente, “la ISESCO brinda asistencia a las comunidades inmigrantes islámicas para preservar su identidad y la cultura y el patrimonio del Islam. El objetivo de estas actividades, dice en informe, es ofrecer a los niños musulmanes información sobre la cultura y la vida islámicas, ofreciéndoles así la oportunidad de comprender de una manera equilibrada su cultura y la del país en que residen, con el fin de fomentar la participación positiva sobre la base de la comprensión mutua”.

    Además, explica que “las actividades de la ISESCO incluyen el suministro de libros y publicaciones de referencia a los centros culturales islámicos; la celebración de sesiones de capacitación en lengua árabe y cultura islámica en escuelas y centros islámicos de países no islámicos; la concesión de becas a hijos de emigrantes para que estudien en universidades de todo el mundo; la preparación de programas de estudios para la enseñanza de lengua árabe y de los principios del Islam a los hijos de emigrantes musulmanes; y la producción de material audiovisual destinado a transmitir el pensamiento, la cultura y la civilización islámica a las comunidades musulmanas”.

    Lo de la ONU es brillante. ¡Hay que darles a los hijos e los musulmanes clases de Islam, adoctrinarlos convenientemente en una religión no sólo ajena, sino opuesta a los principios configuradores de la civilización que conforma el medio en el que van a vivir, y educarlos en una cultura y una mentalidad en choque permanente e inevitable con los países que los han acogido... Claro, hay que evitar que se occidentalicen o, algo mucho peor, ¡que terminen haciéndose cristianos! Es mucho mejor fomentar desde pequeños el germen de la discordia y el expansionismo ilimitado en sus propios núcleos. Al parecer, y visto lo visto, no sólo es “tonta” Europa al no darse cuenta de que el Islam utiliza su tolerancia para islamizar, en palabras del profesor Samir Khalil.

    Por supuesto nos falta mencionar en este sucinto mapa de los imprescindibles apoyos al islamismo en España, el de la progresía patria. A no ser que uno suba hasta un nivel teológico-escatológico para desde allí observar este fenómeno, se hace completamente incomprensible que los mismos que se empeñan en eliminar la religión de la escuela (la católica, por supuesto), que reclaman a cada instante un estado laico y que no aceptan más visión del mundo que la científico-materialista y el voluntarismo, apoyen las reclamaciones del Islam. Posiblemente el más antilaicista, el más teocrático, el más providencialista (si se me permite el término, incorrecto) y determinista de los sistemas de pensamiento que existen.

    Para muestra, botones. La izquierda española ha dado un notable ejemplo en Córdoba esta semana, con el hecho ya comentado de la petición en el Ayuntamiento para que los mahometanos ocupen una parte de la catedral, pero ese mismo “proislamismo” lo practica desde hace años. Todos los avances en la expansión cultural, social y religiosa musulmana de los últimos treinta años en España, han venido acompañados de importantes apoyos de los muy tolerantes izquierdistas españoles, bien desde el Estado principalmente en los períodos de Gobierno socialista (aunque el PP no le ha ido demasiado a la zaga) con subvenciones a porrillo, bien desde diversas administraciones locales, con cesión de terrenos para mezquitas como en el caso de la muy fundamentalista de la M-30 en Madrid (también para cementerios islámicos, de los que hay más de diez en nuestro país), bien desde organizaciones de apoyo al inmigrante, o bien desde asociaciones culturales, de esas que apuestan por el “multiculturalismo” de lo más diversas. No me voy a detener en ellos, aunque sí lo haré en un detalle anecdótico, pero no por ello poco significativo. Se trata de la Fundación de Cultura Islámica, que antes se llamaba Instituto Occidental de Cultura Islámica. Esta fundación, que cuenta con un presupuesto nada desdeñable y apoyos de lo más varipointo (desde distintos países, como Jordania o Marruecos, hasta el Institut du Monde Arab o la Universidad euroárabe itinerante), organiza actividades de carácter cultural encaminadas a hacer comprensible y admisible el islam en nuestro país. Cuenta en su haber con bastantes publicaciones proislámicas e innumerables cursos y conferencias sobre el Islam. La fundó en 1982 el islamólogo Cherif Abderraman Jah, y hasta su muerte ostentó la presidencia de honor Julio Caro Baroja. Tiene suscritos convenios de colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, la Comunidad de Madrid, el Colegio Oficial de Psicólogos de España, el Instituto de psicología Transcultural, la liga española pro derechos humanos, la Fundación la Caixa y el Consejo de Europa, y con ella han colaborado personas como Federico mayor Zaragoza, el que fuera presidente de la UNESCO y algún eurodiputado. Además, se define como “independiente de cualquier vinculación política o religiosa”, por lo que es el perfecto vagón de enganche para los “tontos útiles” de la izquierda a favor del Islam, bajo el sempiterno manto de esa palabra mágica de hoy día que es la “tolerancia”. Entre sus actividades más destacadas y que más resonancia han tenido se encuentra la exposición itinerante titulada “El Islam, patrimonio de todos” (con ese título ya se pueden hacer una idea de hacia donde estaba dirigida). La exposición estaba dirigida específicamente a escolares de enseñanza primaria y secundaria para -decían los organizadores-, “acercarles a un mundo desconocido pero cuyos valores y esquemas se desenvuelven muchos muchachos de su entorno” (Hay que hacer notar que, según las propias asociaciones islámicas, el número de niños musulmanes en edad escolar en España no llega a los 48.000, y esto en un contexto en el que estaban solicitando clases de religión en la escuela, por lo que las cifras reales deben ser bastante inferiores. O sea, que de “muchos muchachos de su entorno”, nada).

    La propia fundación explicaba además que “presentándoles la cultura islámica de una forma que despierte su curiosidad e interés, mediante una información sencilla, incluso lúdica y divertida nuestros escolares podrán identificarla como parte que es, históricamente, de su propia cultura”. No abundaré más en ello. Para todo aquel que quiera comprobar por sí mismo la intencionalidad (alguno diría malicia) que encerraba la exposición, he traído algunos de sus textos, que entregaré gustoso al que quiera conocerlos para que los examinen.

    Pues bien, como decía, esta fundación es el enganche perfecto para que el tonto útil de la izquierda española le haga un favor gratuito al Islam. Y parece que los responsables encontraron el modo perfecto de comprometerlos, a través de la firma del que denominaron como “Manifiesto contra la islamofobia”. Entre los firmantes, nos encontramos a importantes exponentes de la “cultureta” española, esa, la que es más amiga que nadie de las subvenciones. Nombres como el de la actriz militante pro-lesbianismo Anabel Alonso, las nada delgadas Teté Delgado y Loles León, Rosa María Sardá, el de la cantante Ana Belén, el de los directores de cine Fernando Colomo y Elías Querejeta, actores como Juan Echanove, Alvaro Mutis o Pepón Nieto, nombres de la política como Alfonso Guerra, Joaquín Almunia o José Antonio Labordeta, del periodismo como Carlos Carnicero, escritores como Bryce Echenique, Antonio gala, Sánchez Dragó o el fallecido Vázquez Montalbán, dibujantes como Forges...todos ellos, entre una lista de nombres interminable, suscribieron el manifiesto contra la islamofobia redactado por una fundación de marcado carácter islamófilo. Con estas bazas culturales también juega el Islam en España, y creo que no está de más hacerlo constar.

    La realidad que representa la Fundación de Cultura Islámica es elocuente, habla por sí sola, pero ¿y si existiese una fundación mucho más poderosa, en lo económico y en sus apoyos institucionales, que diese un paso más, y en su identificación de la España actual con el pasado de Al-Andalus implicase a toda una Comunidad Autónoma y contase hasta con el alto patrocinio del Jefe del Estado español? No busquen más. La hay. Esa fundación se llama El legado andalusí. Fue creada por la Junta de Andalucía y cuenta como presidente de honor de su Patronato al Jefe del Estado, que sorprendentemente, detenta el título de Majestad Católica. En el discurso del acto de presentación del patronato de la fundación, Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía, dejó clara la visión que ésta pretende proyectar. “Rescatar la memoria y la huella, dijo, de una etapa que tuvo manifestaciones ejemplares en la creación cultural, en las artes plásticas y en las costumbres populares”. “Con el Legado Andalusí queremos revivir el pasado, es decir, hacerlo presente y convertirlo en palanca de futuro. Revivir o recuperar, porque consideramos que no ha muerto, que la historia de Al-Andalus es una herencia común que fue y existió pero que no ha dejado de ser ni de existir” “Hace nueve o diez siglos, proseguía, el vértice del progreso se situaba aún en el otro extremo del mediterráneo. Si se miraba hacia poniente, solo se distinguía la brillante realidad de Al-Andalus. El resto era un conglomerado difuso y lejano denominado la Cristiandad”. ¡La Cristiandad, un conglomerado difuso y lejano! Todo eso dijo, y más. Y todo ello, en presencia complacida y complaciente de quien se sienta en el trono de los Reyes Católicos.

    Con esta declaración de intenciones, la Fundación El Legado Andalusí ha desplegado una actividad de proporciones faraónicas. Publicaciones, encuentros culturales, académicos, gastronómicos y musicales a este y al otro lado del Estrecho, rutas históricas y turísticas para los visitantes que llegan a Andalucía con el objeto de presentar la región como la herencia de un pasado islámico obviando todos los siglos posteriores y anteriores de presencia cristiana... y todo ello pagado con el dinero por supuesto, sin haberle consultado, de esa pobre anciana que le reza cada día sus oraciones a la Bendita imagen de la Virgen del Rocío, que mira con lágrimas en los ojos al Nazareno de Cádiz, o que, cada viernes, se acerca a besar el talón desgastado de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.

    Una actividad y una presencia de tales dimensiones que allá donde la Junta de Andalucía monta una caseta, en cada feria del libro, en cada encuentro cultural o turístico al que asiste institucionalmente, El Legado Andalusí ocupa una situación preferente. La fundación vende allá por donde va, una versión oficial de Andalucía: “la historia de Al-Andalus no ha muerto. Es una herencia común que fue y existió pero que no ha dejado de ser ni de existir”. Esta fundación está consiguiendo crear toda una estructura ideológica concreta a través de un revisionismo histórico, que soslaya deliberadamente la historia cristiana de Andalucía. Se ha hecho en pocos años con un catálogo de publicaciones que consta de más de setenta títulos que se encargan de presentar una visión idílica del pasado musulmán español, incluidos libritos para niños de entre 7 y 12 años que, titulados “cuadernos didácticos”, invitan a los niños a “conocer su historia” (la historia mora, por supuesto). Además la fundación está confeccionando la llamada enciclopedia andalusí, que en su primera obra, el diccionario de autores y obras andalusíes, ya publicado, recoge más de un millar de biografías y unas cinco mil obras, y todo ello a cargo del director cultural del Legado Andalusí, un musulmán llamado Assen Al Bacha. Exposiciones fotográficas y festivales en Marruecos, patrocinio de exposiciones de pintura para reforzar los lazos con el mundo árabe, y logros tales como conseguir que el presidente Sirio visite por primera vez un país occidental, España, a invitación de la fundación. Con este bagaje, no es de extrañar que las asociaciones de musulmanes de nuestro país estén encantadas con la fundación y que sea una de sus recomendaciones de referencia en todas sus publicaciones. Baste para concluir esta breve exposición, un apunte: de las portadas de las obras todo el catálogo de la Fundación, tan sólo en una de ellas aparece una cruz. Una cruz, que es identificada con la destrucción y el asesinato de moriscos indefensos a manos de sanguinarios cristianos. Me he procurado un ejemplar para traérselo y mostrárselo a ustedes. Aquí lo tienen, como muestra de lo que hay:




    A través de estos breves apuntes nos damos cuenta de que éste, y no otro, es el panorama, la situación de fuerte penetración cultural en la que se encuentra ahora mismo el Islam en España. Algunos de nuestros bienpensantes parecen empezar a darse cuenta de la situación y del peligro que para nuestra identidad cultural y religiosa (o lo poco que pueda quedar de ella) representa el Islam. A raíz de los atentados del 11 de marzo ha habido algunas editoriales y no pocos artículos de opinión que, alertando sobre la instrucción de las mezquitas, pedían que se limite su construcción en España y la vigilancia de sus predicaciones (nada se ha dicho, sin embargo de otras asociaciones paralelas a éstas o de los adoctrinamientos “domésticos”, en instituciones no legalizadas), atendiendo, entre otros, al principio de “reciprocidad”, por el cual los cristianos no pueden hacer uso de la libertad religiosa en muchos países árabes para construir iglesias. Parece que ellos sólo alcanzan a atisbar el problema en el terrorismo islámico. Pero el peligro, estimo, es el Islam en sí, por los motivos que expliqué al principio, entre los que está la incompatibilidad entre dicha religión y la visión cristiana de la vida. ¿Cómo resolver ese problema? Creo que la solución es muy complicada si no se ataja de raíz. Y atajar el problema de raíz pasa por tocar a todo el entramado cultural islámico, proislámico, o simplemente permisivo o indiferente hacia el Islam, porque con el mahometismo no caben componendas, es prácticamente imposible el entendimiento en cuanto éste es fuerte socialmente. Pasa necesariamente por abandonar el relativismo y construir una defensa de la cosmovisión cristiana desde las instituciones políticas y sociales. Esto, desgraciadamente, al día de hoy es una quimera, por lo que hay que andar primero el paso previo. Ese que el islamismo lleva recorriendo desde 1967, y que no es otro que el que los propios católicos intentemos fomentar una contrasociedad influyente ante el Estado, una red cultural fuerte que pueda servir de base a un movimiento evangelizador potente. El Islam le lleva la delantera en ese terreno al catolicismo, y además cuenta con la complicidad, consciente o inconsciente de buena parte de los poderes públicos no sólo españoles sino también internacionales. Sin embargo, la situación sociológica aún, y estimo que no por mucho tiempo, sigue estando de nuestro lado de la balanza. Pienso que hay que ponerse a andar sin más dilación, y en cualquier caso confiar siempre en que la Santísima Virgen intercede continuamente por sus hijos ante el Altísimo.

    Muchas gracias.
    Hola Tradan, MUCHAS GRACIAS POR ÉSTA CARTA~~ ESTÁ MUY BIEN has hecho un trabajo excelente y es verdad 100% de todo lo que cuentas.
    Me alegro de saber igualmente que no todos los andaluces abrazan éstos manipuladores de la verdad, estos islamicos.

    -dicen que 30% de las palabras del castellano son árabes...claro ya hemos notado que cuando un marroquí llega a españa no necesita aprender hablar el castellano..........nos entendemos de maravilla no? LOLOLOLOLOLOLOLOLOL laughing out loud and real hard....por supuesto los que hemos estudiado bien y conocemos historia y arqueologia sabemos no supera el 10% y son sólo sonidos fonéticos que han sido acoplados al latín por tanto el *arabe* tal cual desaparece en nuestra lengua y su historia es nada más que lo que querrían ser y no lo que es
    - dicen que invadieron toda españa sin embargo solo en granada y cordoba se ve una mezquita...cuando llegas a castilla todo es romano y gótico del a la z.....y hay pueblos y ciudades que los mozárabes que procedían del sur pusieron como Medinas del campo, medina bella, medina de pomar......y se vé los mozárabes les gustaba colocar el nombre medina delante del campo/bella/pomar que eran autenticas términos latinos...pero nadie quiere hablar de la expulsión.....parece ser no aceptan fueron expulxados......la inquisición española sería lo diabolica y cruel que uno quiera pero la verdad es una y grande: acción trae y desencadena reacción y una causa tiene sus efectos......la inquisición y sus miembros salían de la sombra del islám y ejecutaban su poder en ansias de no dejar elementos que pusieran en peligro la crsitiandad y la iglesia católica...
    quien sabe no llegariamos tambien a crear una inquisicion despues de ver lo que esta por caernos.........
    - según estos payasos de pacotilla que lo único que enseñan en sus *universidades* de pacotilla es islam y ahi empieza y termina......se podan tambien el nombre de Castilla la Vieja.......dice alguno por ahi que el nombre lo dieron los moros que procedia del arabes quasty an....LOLOLOLOLOLOLOL.........claro por supuesto los arabes olvidan o pretender apropiarse todo y pasan por alta que Castilla es tierra de castillos y que proviene del latín castellum...LOLOLOLOLOLOLOl Mongoles de mierda que son!
    - luego se apropian apellidos vascos como Aznar que si viene del arabe Ash nar..........LOLOLOLOLOLOLOLOL.....y resulta que antes de la llegada del primer moro los reinos de Castilla ..........que por cierto ya se llamaban Castilla....LOLOLOL......tenia problemas con los vascuences cosa que sigue de moda LOL...y el apellido Aznar es más antiguo que los abuelos de los primeros moros que se asentaron en andalucía........

    Los que vemos y oimos y que no sólo miramos y escuchamos sabemos que el islam es un poder religisoso así como politico fanático que busca la hegemonia mundial.

    Todos hemos visto lo que se hace con mujeres y niños...mujeres que son torturadas y asesinadas por *adulterio*....ah eso sí........ellos, hijos de perra nunca tendran problemas con el adulterio......ya que la ley les permite tener muchas mujeres.

    Qué tipo de religión puede tener cabida en un mente humana con un nivel de I.Q. humilde cuando se sabe que mohamed tenia una esposa de sólo 9 años!!!!!!!!!! No se les llama pedofilios hoy en día???

    Cada uno que busque la respuesta dentro de sí....yo ya he encontrado la mia. España ha debido de perder el don del discernimiento que permite todo esto. Todo el esfuerzo que hicieron nuestros antepasados para librar España de ésta gentuza y caraduras que manipulan europa con sus mismos diálogos de *tolerancía*.....y ellos........te dejan construir iglesias en su suelo? colocan crucifijos en sus escuelas? te dejan predicar tan abusivamente como ellos hacen aqui?

    Los Musulmanes juegan una buena carta : * libertad de expresión* *tolerancia* una canción que europa ha cantado hace tanto tiempo ya....una buena jugada para conseguir sus fines y todo despacio, lento tan lento pero conciso que pasa casi desapercibido al observador del tiempo español que está demasiado ocupado trabajando y ahorrando para comprar tal y cual y no ve crecer el mal bajo sus ojos.

    El tiempo lo dirá, pues el tiempo es más amable que el hombre y hace siempre salir a la luz lo que estaba oculto.

    Y mañana dirán los ordenadores también son suyos que proviene del arabe oslahidya oge...No? cualquier chorrada.
    Última edición por isabel_de_castilla; 14/08/2008 a las 00:22

  12. #12
    Avatar de Valmadian
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    Re: Hay cosas que me dan verdadero ASCO

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    No hay que preocuparse mucho de estos mentecatos, no son sino voces en el desierto. Lo que amplifica su escasísima importancia no es otra cosa que Internet, por eso son ínfimo pollo para tantísimo arroz.

    En lo que coincido contigo plenamente es en el rechazo absoluto de esa pésima creencia de que cualquier pelagatos está en condiciones de discutir a quienes saben de lo que hablan por que están adecuadamente preparados. A mí es algo que me pone de los nervios, pero la verdadera consecuencia se corrobora en un un lamentable hecho: la desaparición de la Red de los verdaderos especialistas.

    Entrando más en el tema y a modo de ejemplo vaya esta cita:

    "Hay que tener siempre muy presente, desde este momento, algo que suele olvidarse de puro sabido: que nuestra lengua procede del latín, es latín transformado, según hemos dicho. Y, por tanto, ante cada palabra latina se debe pensar siempre en su posible derivación castellana o catalana o gallega...

    Leamos la siguiente serie de sintagmas:

    Altos montes.
    Breves amores.
    Magnifico(s) libro(s).
    Honesta(s) causa(s).
    Utiles calores.
    Tu declamas.
    Tu declamabas.
    Fabulas narras, narrabas, narra.
    Me rogabas.
    Truculentas historias.
    Malignos rumores.
    Altas nubes.
    Flores rosas, uvas portabas.
    Sonores voces das.
    Canoras aves.
    Horas felices.
    Mala memoria.
    Responde, Antonia.
    Poeta fui.
    Pura, honesta, egregia, digna alumna eras.
    Sola cenas.

    Exalta, canta tales campos, montes, valles, tales provincias feraces, opulentas, tales gentes liberales, prudentes, modestas, ingeniosas, diligentes, audaces, rectas.

    Pues bien, todos estos sintagmas y frases están en latín. Y pueden multiplicarse fácilmente. Su coincidencia total con el español es una prueba clarísima de la íntima relación de perentesco entre los dos idiomas. Cientos, miles de palabras españolas son, a la vez, latinas, sin cambiar ni una letra. Otros millares de palabras han sufrido un pequeño cambio..."

    Lengua Latina y Civilización Romana
    2º de Bachillerato.
    HOLGADO REDONDO, Antonio ( Doctor en Filología Clásica y catedrático de Latín del I.N.E.M. "Tirso de Molina" de Madrid.
    MORCILLO SANCHEZ, Consuelo (Lda en Pedagogía y profesora de latín del I.N.E.M "Tirso de Molina" de Madrid)
    Edit. SANTILLANA, pp 21-22. Madrid 1976

    Sinceramente creo que sobran las palabras, aunque sí sería interesante conocer el currículo académico de toda esa barahunda de moranganos y sus traidores "s'amiguetes" ex-españoles.

    España NO es mora, España es católica y occidental y punto.
    Última edición por Valmadian; 15/08/2008 a las 17:25

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