Jarauta: Recuperación histórica
Ernesto Soto Paéz
Tomada la ciudad por las tropas estadounidenses al mando de Winfield Scott, el ánimo de los soldados mexicanos por el suelo, el general Santa Anna huyendo hacia La Villa de Guadalupe, tocó a la guerrilla hacer frente por diferentes rumbos a los yankees.
Una de las partidas de guerrilleros -comandada por el padre Celedonio Domeco Jarauta- fue la que más daño hizo a los invasores en septiembre de 1847, conjuntamente con la población enardecida; empero, sus hazañas y fusilamiento han merecido una discreta mención para los historiadores de este capítulo negro en la historia de México.
La figura del padre Jarauta (quien nació en Zaragoza, España, en 1814 y murió fusilado en Guanajuato en 1848) es hasta ahora un misterio, primero porque fue olvidado por los cronistas de su época, como Manuel Payno quien en El fistol del Diablo menciona algunas batallas memorables, como la de El Peñón, donde las tropas mexicanas volvieron a perder estrepitosamente.
Y, segundo, porque su forma de ser y su personalidad creaban rechazo entre los generales mexicanos, aunque siempre pecó de osado y fue un activo guerrillero que nunca rechazó entrar en combate. Por esto, el padre Jarauta fue doblemente odiado: primero por los mexicanos y después por los invasores yankees.
Su fusilamiento en Guanajuato, por órdenes del presidente Anastasio Bustamante, puso fin a la vida de un hombre que "antes de llegar al presbiteriado luchó en su país a favor del pretendiente Carlos, pero vencido éste, embarcó para América y llegó a Veracruz en 1844. Se secularizó en este puerto y obtuvo del obispo Vázquez una parroquia en Puebla, que dejó a poco para domiciliarse en el convento de la Merced en Veracruz".
En el puerto jarocho, Jarauta -de quien se dice fue actor circunstancial en La Habana, Cuba- decidió vestir de cura y oficiar misa con un estilo poco ortodoxo. Por ello fue el párroco de moda en ese lugar, donde durante la invasión estadounidense formó su guerrilla y causó muchos daños a las tropas de Scott.
Sobre estos hechos y la recuperación histórica del guerrillero trata, justamente, el libro La pasión del padre Jarauta que el Consejo Editorial del Gobierno de la Ciudad publicó recientemente.
El texto escrito por el periodista Daniel Molina Alvarez es en rigor un reportaje que viene a llenar varios huecos sobre la "Guerra del 47 contra Estados Unidos", porque recupera escritos inéditos, documentos olvidados y testimonios anónimos.
En esto radica el valor de este libro, en resaltar la figura de Jarauta y exhibir al Dictador Resplandeciente: Antonio López de Santa Anna. Luz y sombra de la guerra contra los invasores estadounidenses.
Así lo definió el cronista Antonio García Cubas: "La fama y popularidad del padre Celedonio Domeco Jarauta, el hombre que nunca, jamás, aceptó la derrota; el hombre que se tragó su propia muerte a cucharadas, gota a gota, a sorbos; el hombre que apuró su cáliz sin quejarse".
En cambio, Santa Anna luce en su esplendor y muestra que a los primeros disparos es el primero en esconderse; también decide dar marcha atrás sin estar bien seguro de la derrota y anuncia victorias aplastantes, cuando el enemigo avanzaba sin la menor resistencia del ejército mexicano![]()
Daniel Molina Alvarez, La pasión del padre Jarauta, México, Colección Tu ciudad, Arte y Literatura,1999, 189 pp.
Ernesto Soto Páez es periodista, egresado de la ENEP Acatlán, UNAM.
resea, Ernesto Soto Paz, etctera 376
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