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Tema: El quid de la cuestión: la Teoría de la Relatividad

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  1. #3
    Avatar de Valmadian
    Valmadian está desconectado Miembro tradicionalista
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    Re: El quid de la cuestión: la Teoría de la Relatividad

    Sugiero a los posibles lectores algunos experimentos sencillos que demuestran perfectamente como el geocentrismo es falso.

    1.- Tomemos una peonza, una de las de siempre, de esas a las que se enrolla una cuerda y se lanzan contra el suelo. Preferiblemente ha de ser de madera porque en su parte más alta clavaremos un par de chinchetas de colores diferentes y en paralelo. A continuación, haremos lo propio en lo que es su ecuador. Si la ponemos a rotar podremos comprobar visualmente que las chinchetas que están en la parte alta forman dos líneas continuas de diferente color y totalmente concéntricas. A su vez, las que están en el ecuador de la peonza forman dos líneas paralelas no concéntricas. Esto se puede fotografiar o filmar en vídeo para más tarde analizar las imágenes aumentadas en un reproductor.

    2.- Una vez hecha esta prueba, tomemos nuestra cámara fotográfica (preferentemente una reflex) o un grabador de vídeo. Colocaremos nuestro instrumento orientado a uno de los Polos (cada cual según el Hemisferio en el que viva). Tendremos que dejar el obturador abierto durante al menos una hora, aunque preferentemente de hora y media a dos horas. Cuando cerremos el objetivo, tendremos la oportunidad de contemplar un espectáculo de de un gran número de trazos totalmente concéntricos y de colores diferentes.

    3.- Después, haremos igual pero orientando nuestra cámara hacia el azimut, es decir, nuestro horizonte, (si vivo en montaña es posible que sea más limitado que si vivo al borde del mar). También dejaremos el obturador abierto durante un tiempo aproximado, aunque en este caso obtendremos los resultados mucho antes a causa de la diferencia en la velocidad de rotación terrestre. Después, podremos contemplar como en nuestra cámara se han grabado una gran cantidad de rayas paralelas pero no concéntricas.

    En resumen, obtendremos los mismos resultados que cuando ponemos a rotar la peonza. Y, para que no quede duda alguna, es imposible que quien rote sea el cielo porque no hay dos velocidades diferentes en el mismo, sino una sola por la que se mide lo que se denomina periodo sidéreo de rotación axial.


    Ahora pondremos en práctica un juego muy sencillo. Para ello hay que buscar algún objeto que rote como, por ejemplo, una atracción de feria de las que hay en cualquier parque de atracciones. Nos situaremos enfrente de cualquiera de las que nos encontremos. Entonces, podemos hacer dos cosas: una observarla directamente (también grabar su movimiento) para comprobar como se mueve y qué sentido tiene su giro (horario -dextrógiro-, o antihorario -levógiro-).
    Luego, la siguiente prueba la haremos frente a la atracción y rotando sobre nuestros propios pies y en el mismo sentido de giro que tenga aquélla. ¿Quién rota? Más aún, esperemos a que se detenga, y volvamos a rotar sobre nuestros pies, ¿aparentemente quién se está moviendo?


    Y aún tenemos otro juego más. Esta vez imitaremos el movimiento sincrónico de la Tierra y la Luna. Así podremos entender por qué aquélla nos da siempre la misma cara y se podrá comprobar cómo ambos cuerpos también rotan sobre sí mismos. También debemos saber que debido a la diferencia de masas entre ellas, hay lo que se conoce como baricentro común, es decir, el punto en el cual la masa de un cuerpo y el de otro de masa menor se hace nulo.

    Propongamos a nuestros familiares o amigos el siguiente juego:

    1.- Un adulto y un menor han de tomarse de las manos. El adulto representa la Tierra y el menor la Luna. Lentamente, que empiecen a dar vueltas uno alrededor del otro sin soltarse de las manos en ningún momento. Durante todo el desarrollo del juego ellos sólo se verán las caras.

    2.- Al mismo tiempo, el resto del grupo estará contemplando la escena y podrá comprobar como van viendo las caras, las nucas y los perfiles de los jugadores, tanto el izquierdo como el derecho. Esto se produce porque no están afectados por el movimiento sincrónico de los jugadores (el movimiento sincrónico de la Tierra-Luna, que se puede ver desde un punto más alejado de la órbita de ambos objetos).

    Queda una cuestión por aclarar, ¿por qué desde cualquier punto de observación en diferentes latitudes y longitudes se ve la misma cara de la Luna, cuando el jugador que representa a la Tierra no está girando su cabeza? Pues precisamente porque la Tierra si que gira sobre sí misma al mismo tiempo y velocidad que la Luna da una vuelta completa a la Tierra.

    Que lo disfrutéis.
    Última edición por Valmadian; 26/12/2012 a las 21:51
    Smetana y Pious dieron el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

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