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Tema: Ciencia y democracia

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  1. #1
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    Re: Ciencia y democracia

    Blog de N. López Moratalla

    Blog de A. Orozco





    *LOS CIENTÍFICOS Y LA FILOSOFÍA (Stanley Jaki) * * * * * **
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    LOS CIENTÍFICOS Y LA FILOSOFÍA
    Stanley Jaki nació en Györ (Hungría) en 1924 y es Profesor Emérito de la Universidad Seton Hall de New Jersey. Ingresó en la orden benedictina en 1942. Doctor en Teología y Física, durante los últimos treinta y cinco años ha realizado numerosos estudios especializados en historia y filosofía de la ciencia. Es Doctor Honoris Causa por seis universidades.

    En 1970 le fue otorgado el Premio Lecomte de Nouy. En 1987 recibió el Premio Templeton en atención a sus publicaciones. Desde 1989 es Fellow del Centro de Investigación Teológica de Princeton. Ha sido nombrado recientemente Miembro de la Academia Pontificia de Ciencias. Ha publicado 22 libros, entre los que destacan The Relevance of Physics (1966) y The Road of Science and the Ways to God (1978). En castellano se ha publicado Ciencia, Fe y Cultura (MC, 1990; ver Atlántida, 1990, pág. 484).

    El estilo del profesor Jaki es muy personal y lleno de un fino sentido del humor: su enseñanza queda ilustrada con abundantes ejemplos. Juega con variados recursos del idioma, en una exposición llena de metáforas y delicados matices. Su obra resulta desmitificadora. Quien desea discutir sus conclusiones encuentra abundantes ocasiones para hacerlo, pero debe emplear un instrumento que Jaki dominó con soltura: los hechos, la realidad histórica

    "Nadie debe unir lo que Dios ha separado"

    Entrevista a Stanley Jaki
    Por Molly Baldwin y Patricia Pintado Mascareño



    Física y religión en perspectiva

    Mr. Jaki, usted ha dicho que las mesas de todas las aulas y laboratorios deberían tener grabadas las palabras de Maxwell: "Una de las pruebas más difíciles para una mente científica es conocer los límites del método científico". ¿Cuáles son los límites del método científico?

    —los límites de la Ciencia (y al hablar de Ciencia me refiero a su forma más exacta, es decir, a la Física) los fija su propio método. El método de la Física versa sobre los aspectos cuantitativos de las cosas en movimiento. Sólo podemos aplicar legítimamente el método de la Física cuando captamos rasgos cuantitativos en las cosas. Pero cuando ante las cosas nos surgen preguntas como "¿Y es esto bonito?", "¿Esto existe?" o "¿Es esto moralmente bueno?", nos preguntamos cosas que el método de la Física no puede contestar. Actualmente es muy importante —en momentos en que muchos desean respuestas científicas a sus preguntas— que esta limitación del método científico sea manifestada con frecuencia y firmeza por físicos destacados. los físicos tienen una gran autoridad epistemológica. Si un Premio Nobel de Física dice algo, incluso si no está relacionado con su campo específico de estudio, al poco tiempo sus declaraciones son publicadas en la prensa. Puede hablar de cuanto existe bajo el cielo, puede incluso decir tonterías, pero diga lo que diga, uno tiende a dudar de sí mismo antes que de las palabras de un Nobel de Física. Algunos físicos han abusado macho de la confianza que la gente tiene en ellos. En cierto modo, dada que este abuso se ha convertido en alga bastante habitual, descubrimos una pista que conduce a uno de los mayores males de la cultura moderna occidental: un interés casi exclusive en las cantidades. Cuando se trata de analizar una cuestión moral se ha puesto de moda recurrir a las estadísticas: ¿Cuánta gente actúa de este modo y cuántos actúan de otra manera? luego, si es que se llega alguna conclusión, se afirma que es preferible la actuación de la mayoría a la de la minoría.

    En otras palabras, el peligro que existe —en potencia— en el método científico es que bajo su influencia podemos encasillar la sensibilidad en unos patrones previamente fijados. Dado que un patrón o modelo puede medirse, podemos caer en la tentación de pensar que una vez obtenidos ciertos resultados cuantitativos, hemos hallado la solución a nuestra pregunta. Obrando de este modo tal vez hayamos eliminado los aspectos más importantes de la pregunta, especialmente si es de estética, moral o sobre la existencia como tal. Por ejemplo, un científico mira a través de su microscopio. A lo largo de este proceso aplica legítimamente el método científico. Pero ese método no puede siquiera asegurarle que el microscopio está delante de él. Pongo énfasis en el verbo ser o estar, el más metafísico de todos los verbos. Con ese verbo el método de la ciencia no tiene nada que hacer.

    [Distinción entre cuantitativo y cualitativo]

    —¿Qué piensa usted sobre la necesidad de unir en los planes de estudio de las universidades los es tudios humanísticos y los científicos?

    —Opino que los estudios humanísticos y los científicos deben estar separados. No se debe intentar fundirlos porque parten de presupuesto distintos y emplean métodos también distintos. En Humanidades, por ejemplo, cuando estudiamos a Dante, no preguntamos: ¿Cuántas letra hay en tal o cual obra de Dante? Pregunta que en el campo científico sería lógica. Al estudiar obras literarias nos mueve un propósito muy específico; para tal estudio el método científico sirve más bien poco. la grandes obras literarias ofrecen, por lo general, lecciones de moralidad, de ética. Versan sobre los designios humanos, el destino, las reacciones de los distintos individuos ante cuestiones de conciencia. Ninguna de estas preguntas puede ser solucionada empleando un método científico. Debemos cultivar tanto los aspectos cuantitativos de las cosas como aquellos que no son mensurables; los aspectos cualitativos de esas mismas cosas, de esos procesos y experiencias. Dado que las Humanidades parten de un método que no es científico y que los aspectos cuantitativos de las cosas dan par supuesto otro método, ambos deben ser tratados de formas distintas. El problema de nuestra cultura es que estamos condicionados por 200 o 300 años de ciencia y, por lo tanto, es muy difícil tratar sólo con cuestiones de tipo cuantitativo, aun si tenemos en mente el valor tan importante que se le da en nuestro siglo a la ciencia.

    [No unir lo que dios ha separado]

    Me gustaría repetir algo que ya he destacado muchas veces, a saber, que ningún hombre debe unir lo que Dios ha separado. ¿De qué manera o en qué sentido separó Dios estas cosas? El sentido es que existe una irreductibilidad conceptual entre los aspectos cuantitativos y cualitativos de la cosas. A modo de ejemplo podríamos considerar la acción de asesinar. Tal acción —se coge un cuchillo y se le clava a otro en la espalda— puede ser descrita correctamente en términos cuantitativos. Se puede medir el tamaño del cuchillo, la profundidad de la herida y el momento exacto en que expiró la víctima. Pese a ello, estos datos no nos llevarían a descubrir si la persona muerta era inocente, o si la acción fue lícita o ilícita moralmente, o incluso si la persona que cometió el crimen sintió o no remordimiento. Los aspectos físicos y morales de una misma acción no se pueden equiparar conceptualmente. A esto me refiero al afirmar que "nadie debe unir lo que Dios ha separado". Estos aspectos no están separados en el sentido de que no tienen nada que ver el uno con el otro. Pero al intentar comprender estos aspectos —diferentes—, debemos tener en cuenta que tenemos entre manos conceptos totalmente distintos. En este sentido las Humanidades no pueden convertirse en Ciencias, ni éstas podrán ser nunca una rama de los estudios humanísticos.

    —Usted ha afirmado que el gran "crimen" de este siglo es decir que el único verdadero conocimiento es aquel que puede medirse cuantitativamente. ¿Cuáles son las con secuencias más destacadas de este "crimen"?

    —Es un crimen en el sentido de que estas aplicaciones unilaterales del método cuantitativo llegan a privar al ser humano de su sensibilidad hacia los aspectos inconmensurables de la existencia. la principal consecuencia es la relativización de los puntos de vista morales. En lugar de movernos en una perspectiva moral, según la cual una acción es intrínsecamente buena y otra es intrínsecamente mala, ahora seguimos un modelo behaviorista. Esta es la base del relativismo moderno que se fundamenta en la creencia de que existen varios patrones de comportamiento, o, como dice la popular frase americana, "estilos de vida alternativos". No se hacen más preguntas.

    —¿Cómo describiria usted la actitud de la Iglesia hacia la Ciencia a lo largo de la historia?

    —la actitud de la Iglesia hacia la Ciencia ha sido muy beneficiosa. Considerada en sí misma, dicha actitud no tiene que ser útil a la Ciencia como tal, dado que el campo de la Iglesia no es el mundo de la Ciencia. Como se decía en tiempos de Galileo, y como de hecho el propio Galileo afirmó citando a San Agustín: "la razón de ser de la Iglesia no es explicar a la gente cómo funciona el Cielo, sino cómo ir al Cielo".

    —¿Qué debe hacerse si las conclusiones a las que llega la Ciencia son contrarias a las enseñanzas de la Iglesia?

    —Toda conclusión científica es siempre cuantitativa. Como tal no tiene contenido moral. No tiene siquiera contenido ontológico. Presupone un estado ontológico. Cuando un científico va más allá de la aplicación apropiada del método científico, se le debe llamar la atención y advertir que ha sobrepasado los límites de su competencia. En otras palabras, cuando nos encontramos ante conclusiones científicas y enseñanzas de la Iglesia que están enfrentadas, lo peor que puede hacer uno es perder la calma. Uno debe especificar la naturaleza de sus objeciones, sean cuantitativas o no. En el primer caso no puede ir contra las enseñanzas de la Iglesia. En el otro caso, no es una objeción científica sino filosófica, ética o pseudofilosófica, y como tal debe ser tratada.

    Tenemos el caso del aborto. La Medicina moderna ha llegado tan lejos que es posible realizar un aborto, sin perjudicar a la madre, cuando el feto tiene pocas semanas. Esto es algo médicamente comprobado. Ahora bien, sólo porque se haya llegado a este punto no significa que el aborto sea moralmente lícito. Y ahora analicemos un caso de hurto. Hay ladrones muy hábiles que actúan con tal maestría que nadie se da cuenta de lo ocurrido. En estos casos, ¿el acto deja de considerarse un robo, por el simple hecho de haber sido realizado con una pillería ejemplar?

    Siempre hay que echar mano de dos distinciones fundamentales: Si se habla simplemente de cantidades o si nos referimos a una serie de cosas no mensurables y con contenido moral.

    [¿La existencia de Dios es científicamente demostrable?]

    —Usted afirma que las premisas filosóficas de las que se parte en el uso creativo del método científico son semejantes a las premisas filosóficas mediante las cuales uno puede demostrar la existencia de Dios. ¿Es, por tanto, correcta la afirmación de que esas premisas son propias de ontologías realistas, y que por lo tanto la Ciencia demuestra la existencia de Dios?

    —El método científico no demuestra la existencia de las cosas, mucho menos la de Dios. Volvamos a la base de todo. Como dije antes, tan pronto como el científico afirma "hay un microscopio delante de mí", está hablando como un filósofo, tenga o no conocimientos de filosofía. la esencia de toda prueba de la existencia de Dios está ligada a la existencia del universo o del cosmos. Si existe un universo, y lo hay, entonces la razón de su existencia sólo puede encontrarse en un factor externo al universo. Ese factor es Dios. (Me gustaría precisar que tomamos universo, en el sentido estricto de la palabra que el universo es la suma de todo. No puede haber dos universos. la pluralidad de universos es una contradicción en sí misma.)

    La Ciencia moderna tiene, en términos de la Teoría General de la Relatividad de Einstein, un método que está libre de contradicciones con la gravitación interactiva de todo lo material. De donde se sigue que, desde el punto de vista de la ciencia, la noción de universo es una noción legítima. ¿Por qué esta conclusión es tan importante? Porque Inmanuel Kant, en su ataque al argumento cosmológico, declaró que lo anterior no presenta razones concluyentes, porque la noción de universo es una noción falsa. De hecho, Kant escribió que el concepto de universo es el fruto ilegítimo de los deseos metafísicos del intelecto. Los científicos modernos que se dedican al estudio de la cosmología deben, sin embargo, basar sus estudios en la Teoría General de la Relatividad de Einstein y, por lo tanto, admitir que el universo es un concepto legítimo desde la perspectiva científica. Así pues, la Cosmología moderna socava la objeción de Kant al argumento cosmológico. Es más, la ciencia moderna presenta el universo como algo extremadamente específico, tanto en el espacio como en el tiempo. En consecuencia, y contrariamente a lo afirmado por Kant, la ciencia no plantea dificultades a la hora de formular una pregunta tan propia de la Metafísica como es ¿Por qué el universo es así y no de otra manera? Cualquier persona mínimamente informada de la historia del pensamiento a lo largo de los siglos pasados podrá percibir sin problemas que esta contribución de la ciencia al argumento cosmológico es de suma importancia.

    —¿No cree usted que, aunque tal vez sea de modo inconsciente, las ideas filosóficas de cada científico en particular influyen en su trabajo?

    —En todas las épocas, bien sea el siglo XIX, el XVIII o el XIII, la mayoría de los científicos compartía los puntos de vista de gran parte de los otros grupos de profesionales. También es verdad que, en la mayor parte de los casos, las hipótesis empleadas en los trabajos no son un reflejo del quehacer científico. Y cuando lo son, suele ocurrir que se emplean formulaciones muy primitivas de las cuestiones filosóficas. Por lo tanto, es muy difícil intentar aprender filosofía a través de las obras de los premios Nobel. Es casi tan peligroso como ir a una carnicería en busca de luces para comprender mejor la obra de Goya, por el simple hecho de que en muchas carnicerías se ve carne ensangrentada.

    Hoy en día, hay pocas cosas más peligrosas o dañinas que leer obras escritas por personas que han sido galardonadas con el Premio Nobel de Biología, Química, o Física, y que intentan hacer asequible la Ciencia. Son aún más dañinas cuando se leen con la idea de aprender de ellas ética. Fijémonos —par ejemplo— en Azar y necesidad, de Jacques Monod. En el libro, Monod nunca definió el concepto de azar. Si el título del libro ya cojea, desde el punto de vista filosófico, ¿por qué leerlo? Lo mismo ocurre con los libros de Ilya Prigogine sobre la Filosofía de la Ciencia. El autor afirma que dado que la Ciencia no puede predecir los estados ulteriores de procesos similares al del flujo turbulento, éstos no son producto de ninguna causa. Este es un argumento filosófico muy pobre.

    —El libro de Stephen Hawking ha tenido mucho éxito par todo el mundo. ¿A qué se debe?

    —Probablemente a que el ambiente cultural contemporáneo se caracteriza por su agnosticismo y por su ateísmo. En tales ambientes, uno busca en la Ciencia la confirmación de que Dios no existe. Porque si no hay un Dios, uno puede hacer lo que quiera. Para un agnóstico o un materialista, esto es alga muy reconfortante. Llegados a este punto, sólo existen sistemas, modelos o formas alternativas de vida que se emplean según convenga.

    —¿Qué opina sobre el hecho de que muchos científicos acepten la interpretación de Copenhague del mecanismo del quantum?

    —Tal interpretación es una falacia. Se basa en la premisa de que una acción intermedia que no se pueda medir con exactitud no puede producirse con exactitud. Lo es porque en la primera parte de la premisa la palabra exactitud se emplea en su sentido operativo, y en la segunda parte se toma en sentido ontológico. Esto es erróneo, porque entre ambos campos no puede haber relación.

    Mucho antes de que Heisenberg formulara el Principio de la Indeterminación y de que le diera aquel valor anti-causal en 1927, muchos físicos destacados, entre ellos el propio Heisenberg, ya habían rechazado el Principio de Causalidad en otros campos. Lo que ocurrió fue que en lugar de encontrar en la ciencia una demostración o refutación de la causalidad, lo que encontraron fue una especie de recubrimiento de cientificismo a su incredulidad en la causalidad. Tal recubrimiento y una refutación científica son dos cosas bien distintas. la apariencia de ser alga científico se buscó porque la mentalidad de la cultura moderna se basa en el pragmatismo y en el relativismo. Tal mentalidad busca una gratificación inmediata, y trata de ignorar las consecuencias a largo plazo (fundadas en la causalidad) de las acciones del individuo. Para poder sostener esta mentalidad hay que tener un punto de vista mediante el cual las cosas parezcan ser incoherentes. la apariencia de cientificismo que adopta el rechazo de la causalidad sostiene esta reivindicación pseudocultural de la incoherencia de las cosas y de las acciones.

    En otras palabras, desde esta perspectiva el fin de la vida es pasar por muchos momentos en que recibimos gratificaciones inmediatas, sin necesidad de plantearnos la relación entre unos momentos y otros, ni sus consecuencias. Dicho de otro modo: debe tenerse en cuenta que la mentalidad moderna está enferma como consecuencia del pecado original y que esto será así siempre. Usemos los argumentos que usemos, el mundo sigue siendo lo que era, lo que es y lo que seguirá siendo, en cuanto a su actitud negativa hacia los argumentos filosóficos puros y la religiosidad sincera.

    —¿Qué diferencia existe entre la mente humana y la computadora más perfecta?

    —Si se considera que la mente humana equivale al cerebra, que es un conjunto de moléculas, puede establecerse un paralelismo entre el cerebro y una computadora. Pero, ¿quién ha demostrado que la mente humana se reduce al cerebra? Si todo es asunto propio de la mente humana, entonces, ¿cómo puede la mente llegar a la idea de la nada? o ¿cómo puede la mente plantearse funciones matemáticas que no se pueden expresar en términos cuantitativos exactos, tales como, par ejemplo, la tendencia al infinito en el cálculo integral o el reino de los números irracionales e imaginarios? Si la mente es meramente un conjunto de moléculas, ¿cómo se explica que llegue a tales nociones, y muy especialmente a la noción de la nada? la nada es una de las invenciones más espectaculares del poder metafísico de la mente humane. Cuando se escribe, se transforma en algo, pero a pesar de todo significa que no hay nada.

    Si la mente humana se reduce al cerebro, resulta imposible tratar con cosas tan esenciales en la vida de la mente como son las abstracciones (implícitas en toda palabra) y los hechos en la vida espiritual.

    —¿Y qué tiene que decir la Ciencia sobre la evolución biológica?

    —la Ciencia puede declarer que ha habido un pasado biológico de al menus 3 billones de años. Puede establecer que hay cierta sucesión entre varies especies y géneros. Pero cuando la Ciencia emplea términos como especies géneros y phyla, trae a colación los poderes metafísicos de la mente. Uno no puede ver los distintos reinos animates ni las especies. Todas estas nociones, tan esenciales en la biología evolutiva, son generalizaciones. la biología evolutiva está repleta de conceptos metafísicos. Es más, la ciencia biológica no puede decir nada acerca del propósito de la evolución. Para empezar, la Ciencia no ha demostrado empíricamente el origen de una especie a partir de otra. Cuando yo acepto la evolución, y desde luego que la acepto partiendo de los poderes metafísicos de mi mente, lo considero como un reflejo maravilloso de esos poderes metafísicos. Pero de ninguna forma un método científico me puede decir el propósito de la evolución y sin lugar a dudes no me sirve para nada una evolución basada en la probabilidad, porque probabilidad es otro modo de decir ignorancia. Hace mucho que debió eliminarse esa palabra de la terminología filosófica y científica.

    —¿Por qué los teoremas de Godel sobre lo incompleto son tan importantes?

    —Considerados en sí mismos, dichos teoremas afirman sólo que las matemáticas no pueden ser consideradas como un conjunto de proposiciones verdaderas a priori y, por lo tanto, necesarias. Esto, sin embargo, admite una consecuencia muy importante para la cosmología científica, que en parte es empírica y en parte teórica. Desde el punto de vista teórico, la cosmología científica tiene mucho de matemática. En consecuencia ninguna expresión de cosmología científica puede tomarse como necesariamente cierta, basándonos en su simplicidad matemática. No obstante algunos cosmólogos modernos (Hawking, par ejemplo) tienen la esperanza de dar con alguna teoría cosmológica que demuestre que el universo tiene que ser necesariamente como es y lo que es. Un universo que existe necesariamente no necesita un creador. La importancia de los teoremas de Godel debe estar clara ahora. Debido a ello es imposible sostener el principal principio del paganismo clásico y moderno, a saber, que el universo es el ser primario.

    Sin embargo, si el universo, que es la totalidad de las cosas, no puede ser considerado como lo primario o esencial, queda abierto el campo a una búsqueda filosófica y teológica de ese Principio que es el Creador del universo. O existimos necesariamente o somos creados. La tercera alternativa, que todo existe par azar, no merece ni siquiera ser considerada. El azar es un sinónimo de nuestra ignorancia. Esto lo han señalado muchos sabios, incluso el Cardenal Newman (el año pasado celebramos el centenario de su muerte). Newman estaba muy cerca del punto principal de nuestra conversación cuando escribió: "Hay sólo un pensamiento mayor que el de nuestro universo, y ese pensamiento es el de su Creador".


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    (Extracto de la revista Atlántida, enero/marzo 1991, pp. 76-82)


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    28/04/2005

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    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

  2. #2
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    Re: Ciencia y democracia

    Buscador

    MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA

    Es de la mayor importancia para los científicos que aparezcan ante el público como lo que realmente son: humildes buscadores de la verdad.


    Por José Ramón Ayllón




    Las más hondas palabras
    del sabio nos enseñan
    lo que el silbar del viento cuando sopla
    o el sonar de las aguas cuando ruedan.
    A. MACHADO.


    Ciencia y cientifismo. Optimismo y desengaño.

    I. La cuestión del sentido.
    II. Descartes: el precio de la exactitud.
    III. Comte: balance del positivismo.
    IV. Realidades extracientíficas.


    Poco después de obtener el premio Nobel por sus investigaciones en el campo de la neurocirugía, John Eccles escribía estas reveladoras palabras:



    «Una insidia perniciosa surge de la pretensión de algunos científicos, incluso eminentes, de que la ciencia proporcionará pronto una explicación completa de todos los fenómenos del mundo natural y de todas nuestras experiencias subjetivas: no sólo de las percepciones y experiencias acerca de la belleza, sino también de nuestros pensamientos, imaginaciones, sueños, emociones y creencias (...). Esta extravagante y falsa pretensión ha sido calificada irónicamente por Popper como "materialismo promisorio". Es importante reconocer que, aunque un científico pueda formular esta pretensión, no actúa entonces como científico, sino como un profeta enmascarado de científico. Eso es cientifismo, no ciencia, pero impresiona fuertemente al profano, convencido de que la ciencia suministra la verdad. Por el contrario, el científico no debe pretender que posee un conocimiento cierto de toda la verdad. Lo más que podemos hacer los científicos es aproximarnos más de cerca a un entendimiento verdadero de los fenómenos naturales mediante la eliminación de errores en nuestras hipótesis. Es de la mayor importancia para los científicos que aparezcan ante el público como lo que realmente son: humildes buscadores de la verdad».



    El sueño de una ciencia que lo sepa y lo pueda todo procede quizá del Siglo de las Luces: en medio de un mundo dominado y sin secretos, el hombre alcanzaría la felicidad para siempre. Pero el sueño de la Ilustración se convirtió en algo peor que una pesadilla: el horror gigantesco de dos Guerras Mundiales.

    Rodeada por los avances tecnológicos más asombrosos, la mitad de la humanidad ha sufrido también medio siglo largo de totalitarismo comunista, un sistema calificado como la más grande empresa carcelaria de toda la Historia.

    Cabe sospechar, a la vista de tales resultados, que la pretensión de conseguir respuestas científicas para todo, científicas soluciones absolutas, es una superstición. Es otorgar a la ciencia poderes que no tiene ni puede ni podrá tener.

    La mentalidad cientifista del que sale a la calle gritando «tengo respuestas: )dónde están las preguntas?», es de una gran simplicidad. Sin embargo, es una mentalidad demasiado corriente. En revistas y libros de divulgación científica es fácil encontrar planteamientos que a menos que respondan a móviles ideológicos o económicos resultan grotescos. Un científico prestigioso como Hoyle, por ejemplo, es capaz de asegurar que «si la gravedad fuese menor en la Tierra, no cabe duda de que las aves (...) podrían adquirir cerebros pensantes, y entonces resultaría poco probable el dominio del hombre». Para Hoyle, el vuelo exige un cerebro poco pesado; con menos gravedad, el cerebro de las aves podría ser mayor, y llegaría a pensar (!). El razonamiento parece de ciencia ficción, pero además, si el pensamiento depende del tamaño del cerebro, uno se pregunta por qué los elefantes no son sabios. Y si la gravedad fuera menor, )sólo el cerebro de las aves tendría derecho a crecer?

    I. La cuestión del sentido.

    Aún cuando la ciencia sea rigurosa, es preciso admitir que una imagen del mundo puramente científica será siempre incompleta, parcialmente real. Es muy posible que la existencia del Universo no carezca de sentido. Y es seguro que el hombre necesita encontrar un sentido a su vida. Pero el sentido no es una cuestión científica, está más allá de los porcentajes y de las ecuaciones, como lo están también los proyectos, las intenciones y las esperanzas...

    Cuando Otto Hahn descubrió la fisión del átomo de uranio, puso el último eslabón de la teoría que hizo posible la bomba atómica. La noticia de la destrucción de Nagasaki le llegó al campo de concentración inglés donde se encontraba internado. Su reacción fue intentar abrirse las venas con los alambres de espino que cercaban el campo. Por fortuna, sus compañeros lograron disuadirle, y escucharon esta confesión desolada: «Acabo de advertir que mi vida en conjunto carece de sentido. He investigado por puro deseo de revelar la verdad de las cosas, y el saber teórico acaba de convertirse en poder aniquilador».

    El desengaño de Otto Hahn es el desengaño de toda una época. Una sobrecogedora impresión de amargura invadió a todos los que se habían empeñado en alcanzar la pretendida cima del conocimiento. El mito del eterno progreso les decía que la máxima ciencia llevaba a la máxima felicidad. Pero «esta ilusión multisecular hizo quiebra en las trincheras de Verdún. La Primera Guerra Mundial puso trágicamente de manifiesto que el saber teórico puede traducirse en saber técnico y en poder sobre la realidad, pero no conduce automáticamente a una mayor felicidad de los hombres si quienes ostentan tal poder y saber carecen de una conciencia ética adecuada a su responsabilidad. En qué consiste esta ética no lo determina la ciencia sino la filosofía. Tras siglos de febril incremento del saber científico, éste acaba mostrándose en la situación límite de la guerra como una actividad humana sumamente menesterosa» (López Quintás).

    Por la misma época, Husserl, que había abandonado las Matemáticas por la Filosofía, desenmascaraba el cientifismo con palabras severas: «La ciencia no tiene nada que decir sobre la angustia de nuestra vida, pues excluye por principio las cuestiones más candentes para los hombres de nuestra desdichada época (...): las cuestiones del sentido o sinsentido de la existencia humana».

    II. Descartes: el precio de la exactitud.

    Desde que nace la ciencia moderna con sus descubrimientos maravillosos, con leyes de una exactitud asombrosa, y con el fruto sabroso de una técnica que eleva enormemente la calidad de vida, nace también la tentación de conocer toda la realidad con exactitud matemática. Y como ello no es posible, el precio que se paga por esa exactitud va a ser el reduccionismo.

    Abundan los ejemplos. Uno de los más característicos lo ofrece el intento de explicar la inteligencia humana. Quizá resulte imposible saber exactamente qué es el pensamiento, pero si reduzco el problema a una cuestión de neuronas puedo tener una tranquilizante impresión de exactitud: 1.350 gramos de cerebro humano constituido por 100.000 millones de neuronas, cada una de las cuales forma entre 1.000 y 10.000 sinapsis y recibe la información que le llega de los ojos a través de 1 millón de axones empaquetados en el nervio óptico. Por lo demás, toda neurona es una célula viva que puede ser explicada por la química orgánica.

    Así pues, puedo explicar lo suprabiológico en clave biológica; y entender la biología como procesos químicos; y expresar lo químico de forma matemática. Ahora bien, lo que siempre se preguntará cualquier lector medianamente crítico es qué tienen que ver el carbono, el hidrógeno, las neuronas y la expresión matemática de sus procesos, con algo tan poco matemático como sostener la más inocente de las conversaciones, entender un chiste o captar el cariño de una mirada.

    A pesar de ello, el empeño por conocer toda la realidad con una exactitud semejante a la del conocimiento matemático se dio en Descartes con fuerza irresistible. Pero Descartes olvidó algo esencial: que las matemáticas son exactas a costa de considerar únicamente los aspectos cuantificables de la realidad. Pueden afirmar que la vía férrea mide 3.200 kms., y que este halcón pesa 3 kgs. Ambas magnitudes también pueden ser exactas, pero su exactitud no dice nada sobre las propiedades del hierro y las cualidades del halcón.

    Lo real nunca podrá expresarse totalmente en cifras, porque las cifras sólo expresan magnitudes, y la magnitud es sólo un aspecto mínimo de las cosas.

    Los números no son entes ni cualidades de los entes. Son signos convencionales con los que el hombre expresa parte de la realidad: delante de mí pasan dos hombres, veo que son dos, pero el número 2 no me dice si son hermanos, padre e hijo, buenos amigos o simples desconocidos; tampoco me informa sobre sus gustos, sus manías o sus enfermedades. Saber que son 2 hombres es saber con exactitud que son 2, y nada más. Por eso, la sola exactitud matemática es un conocimiento notoriamente insuficiente.

    Además del falseamiento reduccionista, la pasión por conquistar la exactitud llevó a Descartes a invertir la naturaleza del conocimiento. Sabemos que la verdad surge en el hombre cuando lo que conoce coincide con la realidad. Pero lograr esa coincidencia no siempre es fácil, y Descartes quiere un conocimiento sin margen de error. )Cómo lograrlo? Aceptando como verdades únicamente las que presentan una coherencia racional subjetiva. La inversión cartesiana consiste en hacer depender la verdad no de la realidad sino de mi voluntad, que es quien aprueba la coherencia de mis ideas.

    Confundida la verdad con la coherencia, la voluntad se encargará, cuando la realidad se presente oscura y compleja, de elaborar coherencias subjetivas tranquilizadoras, tan sólidas como las matemáticas. Y de la exactitud matemática se tenderá a la exactitud total, cediendo a la tentación de descubrir el secreto último de lo real, es decir, de proponer una teoría definitiva y autoconvencerse de su verdad: todo es extensión y pensamiento, dirá Descartes.

    Cuando lo real es evidente, el método cartesiano resulta inofensivo: ahí está el sol, y yo no dudo de ello. El peligro aparece cuando el objeto de conocimiento ya no es tan radiante y evidente, porque entonces Descartes decide otorgarle una claridad subjetiva sobre la que pretende apoyar una verdad indudable. Hasta Descartes, la evidencia se fundaba en la realidad; desde Descartes, es elaborada por la inteligencia y admitida por la voluntad.

    Todo esto puede resumirse así: de la misma manera que el conocimiento matemático es exacto dentro de un aspecto limitado de lo real lo cuantificable , la pretensión de extender esa exactitud sobre toda la realidad es un empeño imposible y contradictorio, porque toda exactitud es un molde subjetivo que falsea en la medida en que impone su propia forma.

    III. Comte: balance del positivismo

    La Ilustración exclamó: (basta! El hombre ha vivido hasta ahora prisionero de creencias irracionales y de saberes supersticiosos, basados en la autoridad y en la costumbre. Pero ha llegado la hora de la Razón: ella arrinconará a la ignorancia, iluminará el camino y dirigirá los destinos de la humanidad.

    Para el pensamiento ilustrado, fielmente expresado en la Enciclopedia, los conocimientos religiosos y metafísicos no son más que explicaciones ingenuas que elabora el hombre no científico. Pero el progreso de la ciencia acabará por iluminar todos los sectores y aspectos oscuros de la realidad, y mostrará la esterilidad de tales pseudociencias.

    Augusto Comte, hijo legítimo de la Ilustración, supuso que la humanidad atraviesa en su historia tres etapas sucesivas: la religiosa, la metafísica y la científica o positiva. Por eso denomina positivismo a su sistema. Según él, el hombre primitivo ignora todo, teme todo y cree que las fuerzas de la naturaleza son dioses y espíritus superiores. Con el tiempo, la razón va depurando esta explicación politeísta hasta llegar a un sólo Dios, concebido como supremo principio metafísico. Pero la evolución constante de la razón acaba por descubrir que la metafísica es irreal e innecesaria: para explicar totalmente el Universo basta con el conocimiento científico basado en la observación de los hechos y en la deducción matemática. El misterio desaparece y se convierte en problema, es decir: en algo que se resolverá cuando poseamos todos los datos.

    Esta Ley de los tres estadios religioso, metafísico y científico o positivo es ciertamente pintoresca. Si la Metafísica sustituye a la Religión, )cómo explica Comte que los europeos de los siglos góticos sintieran una atracción irresistible por la Metafísica y , a la vez, fueran hombres profundamente religiosos? Y si la ciencia entierra a la Religión y a la Metafísica, )qué decir cuando los científicos más grandes se declaran íntimamente metafísicos y religiosos? Comte quiso acabar con la Filosofía y con la Religión, y consiguió que las tesis positivistas fueran para muchos intelectuales los dogmas de una nueva religión laica. Científicos y hombres de letras creyeron ciegamente los postulados más dudosos y las conclusiones más ingenuas. En nombre de la ciencia triunfó demasiadas veces la credulidad. Asombra, por ejemplo, que hombres como Baroja llegaran a sostener ideas como las que aplica a uno de sus personajes: «)No era científicamente un poco absurdo el furor que le entraba muchas veces al ver las injusticias del pueblo? (...) )No estaba también determinado, no era fatal el que su cerebro tuviera una irritación que le hiciera protestar contra aquel estado de cosas violentamente?».

    El caso es que el positivismo dominó gran parte de la cultura europea durante un siglo. Fueron los años en los que la revolución industrial y científica llevaron a pensar, con entusiasmo general, que el progreso humano y social, además de constituir la verdadera y única fuente de la felicidad, era imposible de detener. Antiseri y Reale señalan los siguientes rasgos de esta compleja corriente de pensamiento:

    1. A diferencia del idealismo, en el positivismo se reivindica el primado de la ciencia: sólo conocemos aquello que nos permiten conocer las ciencias. La ciencia es el único medio de solucionar todos los problemas individuales y sociales que agobian a los hombres.

    2. Nace la sociología, entendida como la ciencia de los hechos constituidos por las relaciones humanas.

    3. La época del positivismo se caracteriza por un optimismo general, que surge de la certidumbre en un progreso imparable que avanza hacia un bienestar generalizado, en una sociedad pacífica y llena de solidaridad entre los hombres.

    Así pues, el positivismo tiende a cierto totalitarismo ideológico, pues identifica su verdad con toda la verdad, y pasa por alto lo que Dostoiewsky denominaba la mitad superior del ser humano, ese complejo mundo de la interioridad personal. De los positivistas se puede decir, con palabras de Antonio Machado, que desprecian cuanto ignoran. Precisamente Einstein escogió la palabra misterio para expresar la incalculable racionalidad del Universo, y añadió que ahí se encontrará siempre el punto débil de los positivistas.

    No es necesario repetir que la verdad científica no es toda la verdad, y que la verdad del positivismo tampoco es toda la verdad de la ciencia. Esa mitad superior del ser humano siempre estará por encima de los fríos datos de laboratorio, y así lo expresa, con versos contundentes, E. E. Cummings:

    Mientras tú y yo tengamos labios y voz
    para besar y para cantar,
    )qué nos importa si algún hijo de tal
    inventa un instrumento para medir la primavera?

    El positivismo aspira a la objetividad, pero tampoco la objetividad es toda la verdad. "La versión integral de la realidad no es, como tantas veces se supone, el puro objeto, sino esa complejísima trama de lo objetivo y lo subjetivo que constituye la existencia" (E. Sábato).

    Existen múltiples ejemplos. Para la objetividad, el resultado de una guerra como la del Golfo (1991) se puede resumir en estas palabras de la prensa: «En cuarenta días de guerra y cien horas de ofensiva terrestre, Estados Unidos y sus aliados han dejado muertos a cien mil soldados iraquíes y heridos de gravedad a cincuenta mil; han hecho casi doscientos mil prisioneros; han destrozado cuarenta y una de las cuarenta y dos divisiones de Sadam y liquidado la Marina, gran parte de la aviación y casi todo el armamento blindado iraquí, además de destruir centrales eléctricas, edificios oficiales, centros informáticos, depósitos de combustible, aeropuertos, puentes, nudos de comunicación y otros muchos millares de objetivos estratégicos. Todo esto lo consiguieron los aliados con un número de muertos inferior al que hubo en las carretras españolas en el último puente de Navidad».

    La noticia es objetiva. Pero la verdad está muy por encima de la objetividad, porque «cualquier coste en vidas está por encima de nuestra capacidad de valorar"» (George Bush). Porque un soldado muerto es mucho más que un número menos en el total de combatientes. Era un simple muchacho nervioso y con miedo, una figurilla insignificante en el desierto, pero tenía detrás centenares, millares de antepasados, siglos innumerables de herencia. Y le iban a seguir muchas generaciones... Un diminuto trozo de metal bastó para acabar con todo. Cada soldado caído tuvo una historia diferente, privada. Cada uno tuvo que interrumpir un amor, una ilusión, una esperanza. Y todo eso es imposible de ser reflejado, aún por la más escrupulosa objetividad.

    Fueron precisamente los horrores de las Guerras Mundiales los que acabaron con el sueño positivista de un mundo feliz por el camino de la ciencia.

    IV. Realidades extracientíficas.

    El éxito de la ciencia, y también su límite, consiste en su capacidad de cuantificar. Pero los aspectos cuantificables de la realidad no son toda la realidad. Tú pesas 70 kgs., pero tú no eres 70 kgs. Y mides 180 cms., pero no eres 180 cms. Las dos medidas son exactas, pero tú eres mucho más que una suma exacta de centímetros y kilos. Tus dimensiones más genuinas no son cuantificables: no se pueden determinar numéricamente tus responsabilidades, tu libertad real, tu capacidad de amar, tu antipatía hacia tal persona o tus ganas de ser feliz.

    Para ir más allá de lo físico que es tanto como salir del campo de las ciencias no es necesario hablar de otro mundo: lo no material se da en la materia. "Hemos visto la cara de Einstein escribe Gilson , pero )hemos visto su saber? Hemos oído su voz, que era material, pero )cómo hemos entendido el sentido de las palabras que pronunciaba? Si existe lo inteligible, existe lo inmaterial; y puesto que está ligado a nuestro cuerpo, que es material, existe lo inteligible en lo sensible".

    Con otras palabras: un pensamiento no es algo que honradamente podamos calificar de material: no tiene color, sabor o extensión, y escapa a cualquier instrumento que sirva para medir propiedades físicas. Volvemos a citar a Eccles: «Los fenómenos mentales trascienden claramente los fenómenos de la fisiología y la bioquímica».

    Se podría pensar que lo psíquico es mera función del cerebro, lo mismo que la bilis es producto del hígado: pura secreción de la materia. Pero el hecho de que un proceso mental tenga su sede o apoyo en un proceso fisiológico no autoriza a identificarlos, sino sólo a señalar su concomitancia. El aparato eléctrico no funciona sin ser enchufado, pero el enchufe no es la causa de su funcionamiento ni de la electricidad. Enchufe y cerebro son condiciones, no causas.

    Ya hemos dicho que el orden es una cualidad que se da en la materia y no es material. El orden pone de manifiesto que la realidad ha sido diseñada con precisión, con una finalidad (irónicamente se ha dicho que "no es temerario creer que el ojo está hecho para ver"). Ese diseño inteligente de lo real apunta a un diseñador. Un anticlerical como Voltaire reconoce que «hay que taparse los ojos y el entendimiento para pretender que no hay ningún designio en la naturaleza, y si hay designio hay causa inteligente, existe Dios».

    Dios, sin embargo, no está en el punto de mira de las ciencias particulares, pero a la vez es el Ser más inevitable, pues constituye la condición última de toda existencia. Aunque el origen radical del Universo no pertenece al estudio de las ciencias, algunos científicos han vislumbrado una acción creadora detrás de hipótesis como el Big Bang. A ello se refieren las palabras de Robert Jastrow, director del Goddard Institute of Space Studies de la NASA:

    «Para el científico que ha vivido de la creencia en el poder de la razón, la historia de la ciencia concluye como una pesadilla. Ha escalado la montaña de la ignorancia, y está a punto de conquistar el pico más alto. Y cuando está trepando el último peñasco, salen a darle la bienvenida un montón de teólogos que habían estado sentados allí arriba durante bastantes siglos».

    Así pues, no es legítima la pretensión de considerar como único objeto de conocimiento lo que se puede medir, contar, verificar...: expresar numéricamente. El prestigio de la ciencia llena la Edad Moderna, pero al tomarla como único conocimiento posible, «se observa que no colma la vida del hombre, pues no habla de valores, de sentido, de metas y fines, de todo cuanto el ser humano requiere en su vida diaria auténtica. El mundo de la objetividad científica es un mundo cerrado e inhóspito» (López Quintás). Más allá de la ciencia hay otra cara de la realidad, la más interesante, y también la más interesante del ser humano, esa "mitad superior" donde aparecen aspectos tan poco cuantificables como los sentimientos: no se pueden pesar, pero nada pesa más en la vida. Se ha dicho que lo más importante en la vida son los amigos, pero la amistad no es asunto científico.





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    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  3. #3
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    Re: Ciencia y democracia

    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    1.- las ciencias responden al deseo de saber, de conocer, ese es el inconformismo que anima a cualquier persona con curiosidad hacia el mundo que le rodea. Mientras que el inconformismo que usted menciona es el político. Y en lugar de afirmar lugares comunes, mencione usted una sociedad tolerante y no dogmática.
    Claro, pero es que hubo un tiempo en que era la religión la que se encargaba de explicarlo todo, despreciando muchas veces aquello que no entendía. Y en aquellos tiempos, cuando abrir un cadáver para ver como era por dentro era pecado castigado con la condenación ETERNA, estudiar anatomía requería tener un cierto grado de rebeldía... ¿no cree? y eso era política aparte de curiosidad.

    2.- ¿Una actividad democrática en el pasado? ¿desde cuándo la actividad científica ha sido democrática?
    la Ciencia a lo largo de la historia creó no solo conocimientos positivos sino también valores, como por ejemplo la objetividad, la imparcialidad, la libertades cívicas (la DEMOCRACIA está entre ellas). Es decir, la Ciencia no ha sido una mera herramienta al servicio de la tecnología como es hoy, sino que su ejercicio implicaba una serie de virtudes personales que implicaban ser mejor que el resto de la gente. Hoy es casi al revés.

    3.- De acuerdo, la Filosofía no es una ciencia, es la Ciencia.
    Por eso los filósofos están hoy en paro o trabajando de limpiaváteres por 300 euros...
    Y por eso se ha eliminado la enseñanza de la filosofía en las escuelas, etc etc....
    Mire, abra los ojos... La filosofía está en quiebra y Vd lo sabe.

    4.- ¡Menudo descubrimiento el suyo !!!!!!!!!!!!!!!!!!! al afirmar que el Estado interfiere en la labor de investigación, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡por la cuenta que le tiene !!!!!!!!!!!!!!!! Pero eso no es Ciencia, eso es conveniencia empirista.
    Llámelo como le de a Vd la gana, pero eso de una Ciencia "neutral" e "imparcial" es un cuento chino que sólo existe en la cabeza de algunos románticos. Hoy la Ciencia está relegada, sometida a la TECNOLOGIA, cuyos fines en muchos casos son cualquier cosa menos "neutrales".

    Además, usted no tiene ni noción de la enormidad de investigación que se hace fuera de la esfera de influencia del Estado, y es que las ciencias son más de 2.000 (clasificación de M.Bunge, epistemólogo y catedrático de Filosofía de la Ciencia y conocido en el mundo entero, menos por usted, claro).
    Supongo que me habla de "ciencias sociales"... economía, psicología, sociología, historia, ... en fin todas aquellas ciencias que se estudian con un boli y un folio y que sólo sirven para llenar las facultades con futuros parados...

    Robert JASTROW, ex-Director, ya fallecido, del Goddard Institute of Space Studies de la NASA decía:
    "Para el científico que ha vivido de la creencia en el poder de la razón, la historia de la ciencia concluye como una pesadilla. Ha escalado la montaña de la ignorancia, y está a punto de conquistar el pico más alto. Y cuando está trepando el último peñasco, salen a darle la bienvenida un montón de teólogos que habían estado sentados allí arriba durante bastantes siglos."
    Los teólogos no están hoy muy "encumbrados" que se diga... conocieron tiempos mejores.


    Hay traducciones que hablan de filósofos en lugar de teólogos, pero a la postre es lo mismo para entender esta enternecedora visión y sus románticas palabras del catedrático de Astrofísica y Matemáticas de la Universidad de Berkeley (California), en su obra God and the astronomers N.Y.

    La Filosofía y la Ciencia son la misma cosa: conocimiento. Y forman parte del mismo bagage humano: el saber y sus variaciones.
    Si no puedes con el enemigo únete a él. Cuando la ciencia desbanca a la filosofía sin contemplaciones, lo mejor que puede hacer la filosofía es hacerse pasar por ciencia...
    Última edición por Valderrábano; 27/06/2013 a las 04:56

  4. #4
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    Re: Ciencia y democracia

    Cita Iniciado por Valderrábano Ver mensaje

    1.- Claro, pero es que hubo un tiempo en que era la religión la que se encargaba de explicarlo todo, despreciando muchas veces aquello que no entendía. Y en aquellos tiempos, cuando abrir un cadáver para ver como era por dentro era pecado castigado con la condenación ETERNA, estudiar anatomía requería tener un cierto grado de rebeldía... ¿no cree? y eso era política aparte de curiosidad.



    2.- la Ciencia a lo largo de la historia creó no solo conocimientos positivos sino también valores, como por ejemplo la objetividad, la imparcialidad, la libertades cívicas (la DEMOCRACIA está entre ellas). Es decir, la Ciencia no ha sido una mera herramienta al servicio de la tecnología como es hoy, sino que su ejercicio implicaba una serie de virtudes personales que implicaban ser mejor que el resto de la gente. Hoy es casi al revés.



    3.- Por eso los filósofos están hoy en paro o trabajando de limpiaváteres por 300 euros...
    Y por eso se ha eliminado la enseñanza de la filosofía en las escuelas, etc etc....
    Mire, abra los ojos... La filosofía está en quiebra y Vd lo sabe.


    4.-. Llámelo como le de a Vd la gana, pero eso de una Ciencia "neutral" e "imparcial" es un cuento chino que sólo existe en la cabeza de algunos románticos. Hoy la Ciencia está relegada, sometida a la TECNOLOGIA, cuyos fines en muchos casos son cualquier cosa menos "neutrales".



    5.- Supongo que me habla de "ciencias sociales"... economía, psicología, sociología, historia, ... en fin todas aquellas ciencias que se estudian con un boli y un folio y que sólo sirven para llenar las facultades con futuros parados...


    6.- Los teólogos no están hoy muy "encumbrados" que se diga... conocieron tiempos mejores.



    7.- Si no puedes con el enemigo únete a él. Cuando la ciencia desbanca a la filosofía sin contemplaciones, lo mejor que puede hacer la filosofía es hacerse pasar por ciencia...
    Nuevamente vuelve usted a meter la pata y a manifestar sus malos modos.

    1.- ¿A qué religión se refiere, a la Católica? Porque casualmente las mejores universidades del mundo son de fundación católica. Además, a ver si empieza usted dar datos en lugar de tirar la piedra y esconder la mano.

    2.- Esos valores o son religiosos o son filosóficos. Si quiere empezamos a tratar de ellos en profundidad. En cuanto a lo que dice sobre la conducta profesional o deontología, del científico es algo que se estudia en cualquier asignatura de Filosofía en bachillerato. Por otro lado, la DEMOCRACIA no es ninguna virtud, su origen es religioso y circunscrito a algunas "poléis griegas. Hoy es una lacra totalitarista.

    3.- Está claro que usted desconoce por completo qué es la educación. ¿O sea que limpiando "váteres" según usted? No, mire, son gente que trabaja en campos muy diversos y son personas muy dignas. Y la eliminación de las asignaturas de Filosofía y de Historia ha provocado una situación insostenible, y así nos va con tanta choni y tanto cani entre nuestra juventud que no diferencian un problema de un dedo, y que nos ha llevado al ¡¡¡ último !!! lugar, al peor de los lugares posibles, en materia educativa, y eso especialmente gracias a la LOGSE. Pero en los países avanzados y civilizados, eso no ocurre. Decir que la Filosofía, es decir la primera forma de conocimiento racional base de todo el resto de conocimientos empíricos está en quiebra es una solemne majadería, y usted lo sabe. la cuestión no tiene nada que ver con la lobotomía frontal a la que se ha sometido democráticamente a los españoles. Como se decía antes "ya dará la vuelta la tortilla".
    Luego, esas CIENCIAS de las que usted habla no son sino las ligadas al consumismo barato.

    Einstein, elaboró toda su teoría en base a una pizarra, unas cajas de tizas, unas bombillas y algunos bocadillos, no necesitó más tecnología.

    4.- Claro que es un cuento tártaro, pero es que usted como no sabe, no entiende y no se molesta ni en leer, no se ha enterado que esa era la pretensión absurda del positivismo lógico, ese es el meollo de su fracaso, como fracasará la actual tendencia deshumanizada.

    Empirismo lógico - Wikipedia, la enciclopedia libre

    5.- Me refiero a todas las ciencias, "TODAS", y en cuanto a las mencionadas y que según usted se sacan con "un boli y un folio" supongo que es porque tiene usted todos esos títulos... ¿O NO? ¿No son tan fáciles? entonces ¿cómo es que usted no los colecciona, total serían 1 boli + 1 folio X 4 = 4 bolis, cuatro folios = 4 carreras ¡¡¡ Jó qué chollo!!! ya son ganas de soltar imbecilidades (en sentido de escasez de inteligencia racional) Y si, claro que las facultades de tales estudios están llenas de futuros parados, ¿pero eso a quién se debe? ¿cómo se llega a esa situación?

    6.- ¿No me diga que también sabe de Teología y de como está la situación de los teólogos? Si consideramos que la cifra de cristianos en el mundo es de unos 2.000 millones, de los que la mitad son católicos, y que llegar a ser teólogo supone un esfuerzo más que considerable, pues yo diría que si, que están muy bien situados en general -siempre hay alguna manzana podrida, pero eso ocurre en todo-. Pero usted sólo ve el asunto en términos de consumo y verá, hay muchísimo más mundo, infinitamente más mundo, que el puerco consumismo que fomenta el sistema imperante.

    7.- Semejante chorrada sólo la puede afirmar quien no tiene ni idea del tema. Facilite usted las cosas y deje de seguir diciendo mentecateces.
    jasarhez y Esteban dieron el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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