La Ciencia materialista no es verdadera ciencia, es fundamentalismo materialista
¿Ha enterrado la ciencia a Dios? de John C. Lennox
Balmes 25.05.20
«Existe la impresión popular generalizada de que cada nuevo avance científico es otro clavo en el ataúd de Dios». Con estas palabras inicia John C. Lennox, doctor en Matemáticas y asociado a Matemáticas y Filosofía de la Ciencia en el Green Templeton College de Oxford, este ensayo, que constituye el resumen de unas conferencias impartidas en el curso "Faith, reason and science" organizado por la Universidad de Oxford y Salzburgo en diciembre de 2000.
Sin embargo, advierte Lennox, una rápida ojeada a la historia de la ciencia moderna, tanto por lo que se refiere a su origen como a sus logros más importantes, viene a sugerir precisamente lo contrario: «la doctrina de un único Dios Creador, responsable de la existencia y orden del universo, ha tenido un papel importante» en el surgimiento y desarrollo de la ciencia moderna.
Entonces, ¿de dónde viene esta «impresión generalizada»? La respuesta a esta cuestión, que está el trasfondo de todo el ensayo y constituye el gran acierto del mismo, hay que buscarla, no en la pretendida incompatibilidad entre ciencia y fe (la misma ciencia lo desmiente) sino en la promoción de una cosmovisión «naturalista» del mundo, conscientemente enfrentada a una visión «teísta» del mundo y del hombre. La difusión, constante y machaconamente repetida por los medios de comunicación, de toda opinión «científica» que suponga poner en duda la existencia de un Dios creador y providente, por absurda o infundada que sea, parece formar parte de una campaña política encaminada a hacer del Estado el referente último en la vida personal y social de los hombres.
«Para desentrañar la relación entre las dos visiones del mundo y la ciencia hay que hacerse ahora una pregunta verdaderamente difícil: ¿qué es verdaderamente la ciencia?». Lennox no profundiza en la cuestión –el formato del libro no lo permite–, aunque sí apunta el tema de fondo: la ciencia tiene unos límites, límites que los científicos más «mediáticos» muchas veces ocultan para favorecer la sensación de que «Dios es una hipótesis innecesaria». «La ciencia lo explica. Así se podría describir el poder y la fascinación que ejerce la ciencia sobre mucha gente. La ciencia nos permite entender lo que no entendíamos antes; y al ayudarnos a comprender la naturaleza, nos da poder sobre ella».
«La ciencia lo explica». De hecho, la ciencia, y sólo ella, –nos sugieren– puede explicarlo todo. Sin embargo, resalta el profesor de Oxford, la afirmación –que está en el fondo de esta visión naturalista– de que la ciencia constituye la única fuente de conocimiento verdadero es una afirmación que se refuta a sí misma porque el método matemático que utiliza, y que tan buenos resultados ha proporcionado en el desarrollo de la técnica, limita irremediablemente el conocimiento del mundo físico que estas ciencias nos pueden proporcionar, como ya advirtió admirablemente Santo Tomás de Aquino en su tiempo.
Conexo con el método matemático que caracteriza a la ciencia moderna está su «reduccionismo metodológico», procedimiento que ha demostrado ser espectacularmente eficaz, pero que, como señala Lennox con gran acierto, tiene su límite en la misma naturaleza de las cosas. Sin embargo, muchos científicos, abusando de esta metodología, abogan por un «reduccionismo ontológico» (véase, por ejemplo, el empeño en reducir la biología a la química y la química a la física), confundiendo la unidad, aspiración de todo entendimiento, con la unicidad, contraria a la pluralidad de perfecciones que el universo pone ante nuestros ojos.
Aclaradas estas cuestiones previas –un trabajo muy necesario y eficaz para deshacer la pretendida incompatibilidad entre ciencia y fe consiste en precisar el significado de las palabras utilizadas en la discusión– y en lo que constituye el grueso del ensayo, Lennox analiza algunos de los temas recurrentes en la pretendida confrontación entre ciencia y fe: el origen del universo y de la vida. La conclusión de que «la ciencia misma ha demostrado que la hipótesis de la creación es comprobable», su decidida oposición al evolucionismo y el interesante estudio sobre el concepto de información aplicado al mundo natural justifican sobradamente una lectura provechosa del trabajo de este profesor de Oxford, en el que, como él mismo concluye, ha intentado «presentar evidencia de que, lejos de haber enterrado a Dios, los resultados de la ciencia no solamente apuntan a su existencia, sino que hasta su misma posibilidad queda validada por su existencia».
https://www.infocatolica.com/blog/ba...05250712-title
https://www.bbc.com/mundo/noticias-43260681
COSAS QUE NUNCA SABREMOS, SOBRE LOS LÍMITES DEL CONOCIMIENTO HUMANO
FILOSOFÍA
Una de las ramas más importantes de la Filosofía es la Teoría del Conocimiento. Hay quien la llama también Gnoseología y otros Epistemología; ya se sabe, los filósofos siempre con sus vocabularios específicos y sus distinciones... El caso es que por encima de nombres raros, las preguntas que se plantea esta disciplina no son nada triviales: ¿Cómo conoce el ser humano" ¿Qué facultad de conocimiento resulta más importante en nuestro acercamiento a la realidad, la razón o los sentidos" ¿Es posible una colaboración entre ambos" ¿Puede el ser humano conocerlo todo, o hay unos límites que jamás podremos superar? Son preguntas a las que, de un modo u otro, han contestado todos los grandes filósofos de la historia. Como ocurre en otras ramas de la filosofía, estas cuestiones se han de enfocar, también, desde la ciencia. Los filósofos no pueden perder de vista las aportaciones de los científicos si quieren estar puestos al día y resolver sus interrogantes con rigor y seriedad.
Desde el campo de la lógica y las matemáticas, Kurt Gödel demostró los teoremas de limitación. Se trata de demostraciones complejas, pero una de las conclusiones que se desprenden de ellos es bien sencilla: cualquier intento de expresar las matemáticas a partir de un conjunto de fórmulas lógicas tendrá como consecuencia que este mismo conjunto pueda generar fórmulas "indecidibles", es decir, fórmulas cuyo valor de verdad (o cuya consistencia con el resto) no puede ser determinado de un modo definitivo. Dicho de otro modo: no seremos capaces de demostrar si algunas fórmulas son compatibles con el sistema o no, no podremos saber si algunas fórmulas son verdaderas o no. Las interpretaciones de los teoremas de Gödel trascienden la propia lógica, y una de ellas podría ser precisamente esta: la razón tiene sus propios límites, y existen teoremas que no podrán ser demostrados nunca.
Pero a los límites de la razón hemos de unirles los límites de la experiencia. Tres años antes de que Gödel demostrara su Teorema de la Incompletitud, Heisenberg había enunciado el famoso Principio de Indeterminación: cuando se estudia el movimiento de partículas elementales, las partículas de luz que se envían para determinar su posición y su movimiento afectan a ambas variables, por lo que es imposibles determinarlas de un modo simultáneo. O la posición o el movimiento. Ambas cosas a la vez son imposibles. Con este principio se rompe el prejuicio de que la ciencia sea objetiva, pero también el de que pueda conocerlo todo. Con la física cuántica hay que dejar sitio para la incertidumbre y la probabilidad, para un conocimiento menos seguro que el pretendido por los mismos científicos. El conocimiento humano influye en lo conocido, y debe aceptar además ciertos límites que no puede traspasar. De esta forma, aportaciones científicas en principio tan dispares como la de Heisenberg o Gödel, deben ser tenidas muy en cuenta por los filósofos que quieran dedicarse a la Teoría del Conocimiento.
¿Tiene límites el conocimiento humano" Contestar esta pregunta al margen de la ciencia es, desde hace ya unas décadas, una imprudencia filosófica imperdonable.
https://www.boulesis.com/boule/cosas-que-nunca-sabremos
¿Tiene límites el conocimiento humano" Contestar esta pregunta al margen de la ciencia es, desde hace ya unas décadas, una imprudencia filosófica imperdonable.
Esto es el fundamentalismo materialista en Ciencia, y esto la invalida, convierte en futurólogos a los investigadores materialistas, sus afirmaciones transforman la ciencia en dogma, es decir, el principio en el que se basa la pseudociencia, y afecta a toda posible forma de conocimiento por lógico y racional que sea o basado en la propia experiencia, al negar cualquier forma de acceso a ese conocimiento sólo porque ellos lo dicen.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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