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Tema: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

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  1. #1
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    Bueno, siempre nos quedará la película original, de 1945, que es magnífica. En esa época (40-50) se hicieron en España unas películas de tipo épico-patriótico que, en mi opinión, están a años luz de todo lo que vino después (y del cine "español" de a partir de los 80 mejor ni hablar). Una pena que nadie esté por la labor de hacer más (aunque tampoco le dejarían) porque sin duda episodios gloriosos de nuestra historia tenemos de sobra.
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  2. #2
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    Siempre digo que si los españoles de hoy fueran como tenían que ser y si tuviéramos un Hollywood en España, haríamos unas películas increíbles con la historia que tenemos.
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  3. #3
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    ¡A la mierda España!

    Jesús Laínz






    Aquí hablaremos poco de cine, pues preferimos dejar en manos de los entendidos la tarea de juzgar la película desde el punto de vista cinematográfico. Y vaya por delante que 1898: Los últimos de Filipinas es una película más que notable, sobre todo si se compara con las mediocridades a las que nos tiene acostumbrados el cine español.

    Tócanos a nosotros hablar un poco de historia, y sobre todo de opiniones sobre historia. Porque en esto, como en tantas otras cosas, sobre todo en las relacionadas con la política, todo el mundo tiene opiniones. Pero casi nadie tiene argumentos. Y lo más triste es que, en los pocos casos en los que se despliegan argumentos, éstos suelen elaborarse a partir de convicciones previas, con lo que poco sitio queda para el razonamiento y el conocimiento.

    Nos encarrilará en nuestras reflexiones Luis Tosar, que encarna magníficamente al protagonista del sitio de Baler, Saturnino Martín Cerezo. “No me gusta la palabra patria, se han hecho atrocidades en su nombre”, acaba de declarar. Quizá cupiese preguntar a este gran actor y candidato del BNG y de Galeusca si dicha palabra le disgusta en cualquier circunstancia o solamente cuando se refiere a España.

    Pero es cierto: en nombre de la patria se han cometido muchas atrocidades. Pero no sólo en España, patria particularmente perversa según demasiados españoles, sino en todas partes y en toda época. Sin salir de Filipinas, los liberadores yanquis sostuvieron una nueva guerra de cuatro años en la que, junto a quema de cosechas, exterminio de ganados, campos de concentración y otras medidas para someter a la población hostil, el número de muertos ascendió, según fuentes estadounidenses, a 4.234 soldados americanos y más de 16.000 combatientes y 210.000 civiles gugus, término con el que denominaban despectivamente a los filipinos. Nada semejante sucedió en los cuatro siglos de dominio español sobre aquel archipiélago.

    Además, en nombre de la patria también se han realizado grandes hazañas, si bien esto no suele ser mencionado, sobre todo por labios progresistas. Por otro lado, también se han cometido tremendas atrocidades en nombre de la libertad, y de la igualdad, y de la fraternidad, y de la democracia, y de la revolución, y de tantas otras palabras bendecidas por la conciencia universal. Pero esto tampoco suele mencionarse.

    Otro elemento que no puede faltar en una película española es la contemporaneización de personajes, actitudes y palabras. Porque –¡qué raro!– el cura es drogadicto y descreído, los personajes juran hasta cuando no viene a cuento, y las frases más importantes del guión, que casi acaban cargándose la película, son previsibles muestras del antibelicismo más vulgar y el antipatriotismo más cansino. Ya advirtió Balzac hace dos siglos que una de las más detestables costumbres de los espíritus liliputienses es la de suponer en los demás sus propias ruindades. Porque, efectivamente, la mayor parte de los artesanos de la cultureta, desde su rasante perspectiva, suelen tener dificultades para comprender que hombres que no son ellos, sobre todo los que vivieron en otras épocas y circunstancias, podían pensar, sentir y hablar de manera distinta. Pues, aunque a algunos les resulte inadmisible, parece probable que en la España del siglo XIX hubiera clérigos de comportamiento coherente con su condición; y personas que no estuvieran escupiendo continuamente la jerga de la chusma televisiva del siglo XXI; e incluso militares tan zafios y primitivos que cumplieran con su deber y que estuvieran dispuestos a darlo todo, incluidas sus vidas, por esa patria que tanta alergia les da a nuestros aguerridos paladines de la corrección política. Llegados a este punto, merece la pena recordar que el general Frederick Funston, uno de los principales comandantes del bando enemigo, escribió a propósito de la primera edición en inglés del relato de Martín Cerezo sobre lo sucedido en Baler:

    Deseo que cada uno de los oficiales y soldados de nuestro ejército lea este libro. El que no se sienta animado a grandes hechos por este modesto y sencillo relato de heroísmo y devoción al deber, debe de tener corazón de liebre.


    Lamentablemente, esta gran película, que alcanza un momento sublime con la capitulación y el emocionante “Han sido cuatro siglos” del comandante filipino, acaba convertida en un panfleto a causa de dos frases, breves pero contundentes, pronunciadas al final. La primera es el deseo de Martín Cerezo de ser expulsado del ejército, palabras ahistóricas e improbables en quien recibiría la Cruz Laureada de San Fernando y acabaría su carrera de general. Y la más importante de todas, la puesta en labios de uno de los personajes ficticios, el valiente pero cruel, disciplinado pero envidioso, eficaz pero vengativo sargento Jimeno, interpretado por Javier Gutiérrez. Pues, sin venir al caso, pone la guinda al épico relato con un gratuito “¡A la mierda España!” que arroja todo el guión por la borda a cambio de pagar un tonto peaje a la corrección política.

    Pero ya metidos en asuntos de la mierda, ese lugar al que el guionista cubano envía a España a través del sargento Jimeno, algún dato histórico al respecto hemos conservado, efectivamente, de aquellos días. Por ejemplo, el soldado sabadellense Dionisio Torruella Alujas, cuya correspondencia durante la guerra de Cuba se editó hace algunos años, escribió estos versos a su hermana en octubre de 1898:

    Ya sabrás hermana mía / que se acabó la campaña
    y que volvemos a España / con muchísima alegría.
    Irá la bolsa vacía / pero alegre el corazón,
    y aunque por esta ocasión / la isla de Cuba se pierda,
    que vaya Cuba a la mierda / y viva nuestra nación.

    Mierdosa premonición, vive Dios
    , tan de actualidad en estos días de luto por el caudillo vitalicio y hereditario de la experla del Caribe.

    El ejemplo está entresacado, por cierto, de entre otros muchos posibles, con la mejor de las intenciones de este siempre bienintencionado juntaletras: ¡uno de Sabadell hablando de España como su nación! ¡Ave María purísima…! Y aprovechemos la ocasión para recomendar a los sostenedores de la plurinacionalidad del Estado Estatal que no se les ocurra hurgar en viejos papeles, no vaya a ser que encuentren lo que los catalanes escribían en aquellos días –por ejemplo el poeta Francisco Camprodón (“las barras de Catalunya / sont sempre’ls puntals d’Espanya”)– y acabe dándoles un telele.

    Ya metidos en harina, no sería honrado dejar de recordar el papel destacadísimo que representó Cataluña en la explotación y defensa de las últimas provincias de ultramar, pues la metrópoli colonial de la época no fue otra que Barcelona, ciudad en la que se encontraban afincadas empresas tan importantes como la Compañía Trasatlántica, monopolizadora del transporte marítimo oficial entre Barcelona y Manila, el Banco Hispano Colonial o la Compañía General de Tabacos de Filipinas. Y catalán fue Víctor Balaguer, ministro de Fomento y Ultramar que se distinguió por su defensa a ultranza de la presencia española en el archipiélago que el vasco Legazpi ganara para Felipe II.

    Barcelona se distinguió por sus homenajes a los generales Weyler y Polavieja. Sonrojémonos un poco con lo relatado por La Vanguardia el 14 de mayo de 1897 sobre el multitudinario recibimiento a este último, “militar insigne que con su valor y pericia tan alto ha puesto el nombre español en Filipinas”:

    Con el más vivo entusiasmo y con todo el interés que nos inspiran estos heroicos y anónimos hijos de España, unimos nuestro aplauso a los que espontáneamente resonaron en la mañana de ayer en honor de estos soldados que vertieron su sangre en defensa de los derechos de la nación.

    Finalmente, ya que de los Últimos de Filipinas se trata, rindamos desde aquí homenaje a los cuatro catalanes que se encontraron entre aquellos treinta y tres: José Pineda Turá, de San Feliù de Codines, Pedro Vila Garganté, de Taltaull, Ramón Mir Brils, de Guisona, y Pedro Planas Basagañas, de Sant Joan de les Abadesses. Este último, en flagrante acto de traición a la nación catalana, tuvo tiempo durante el asedio para componer el Himno de Baler:

    Somos del 2º nobles soldados, / dignos seremos del Batallón.
    Siempre en la brecha nos encontramos / dando la vida por la nación.
    Viva el monarca que nos gobierna. / Viva la insignia del Batallón.
    Viva España la hidalga tierra. / Sea primero nuestro pendón.

    Pero no podemos poner el punto final a estas líneas sin una última mención a Saturnino Martín Cerezo. Pues en el memorable año de 1936 los defensores de la democracia y la legalidad fueron a buscarle a su casa. Pero como lo encontraron muy enfermo en su cama, allí lo dejaron y prefirieron llevarse a su hijo, de diecisiete años, de paseo hasta Paracuellos.

    Sirva esto como humilde aportación a la memoria histórica.


    https://laverdadofende.wordpress.com...a-jesus-lainz/

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  4. #4
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    Este lunes emiten en TV2 “Los últimos de Filipinas”. La versión buena, la de 1945




    Ya era hora. Ya la añorábamos. Después del último bodrio progre, para desmitificar la historia de España, más en concreto sobre los últimos de Filipinas, … Por fin TV2 reacciona.

    Este lunes 30, a las 21,55 h. TV2 emitirá el programa Historia de nuestro cine, pasando la película ‘Los últimos de Filipinas’, 1945. Dir.: Antonio Román. Int.: Armando Calvo, José García Nieto, Guillermo Marín.

    Una película en blanco y negro que nada tiene que envidiar a los largometrajes norteamericanos de la época. Una película llena de sentimiento y patriotismo sano …

    y por supuesto, con la inmortal habanera “Yo te diré”.
    https://www.youtube.com/watch?v=traod1KvNss


    https://somatemps.me/2017/01/29/este...buena-de-1945/

    Mexispano, DOBLE AGUILA y Pious dieron el Víctor.

  5. #5
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    Análisis de Jesús Á. Rojo sobre Los últimos de Filipinas: "Es un insulto a los héroes de Filipinas"

    Publicado el 15 dic. 2016

    El autor de "Cuando Éramos Invencibles" y "Los invencibles de América", nos habla sobre esta película en un especial de Intereconomía tv: "Una oportunidad de oro desperdiciada por el cine español", acompañado de Javier Algarra.





    https://www.youtube.com/watch?v=ZJVXJoI2Vso
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  6. #6
    Avatar de donjaime
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    Hoy tenemos ocasión de ver la versión de D. Antonio Roman 1945, en TVE 2, a las 21,55

  7. #7
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    Los últimos de Filipinas


    «Los últimos de Filipinas», la original, dirigida en 1945 por Antonio Román, con un gran elenco de actores, es una bella película, de factura impecable, que está por lo menos a la altura de las grandes superproducciones estadounidenses de la época.

    Sirve como antídoto contra la pésima película del mismo título dirigida por Salvador Calvo en 2016, film ridículo y panfletario, contra España y de espaldas a la historia. Apoyado y subvencionado, por supuesto, por el Gobierno del PP y por los grandes consorcios mediáticos.

    Tomado de la Agencia FARO



    LOS SOLDADOS DE BALER

    No decimos los héroes, á cosa hecha. Soldados eran cuando se defendieron como tales; soldados duros, inconmovibles ante el empuje del enemigo; soldados en toda la extensión de la palabra; soldados como lo fueron todos los españoles mandados por jefes como don Juan de Austria, Roger de Lauria, Gonzalo de Córdova, el duque de Alba, Reding, Alvarez, el Empecinado y Mina.

    Soldados que creían en la honra nacional, cuando aguantaron asedio estrechísimo, cuando se defendieron, en tanto que los otros capitulaban; soldados de verdad; pues, sin esperar ajeno auxilio, abandonados de todos, menos de la fe que alentaba en sus corazones, supieron demostrar que el indomable espíritu que anima nuestra raza, dormita tal vez unos momentos, pero no se extingue, no muere, no acaba.

    Miente ó se engaña quien afirma que el espíritu no doma ni moldea la carne. Hemos visto en Francia, los últimos supervivientes de la famosa carga de Reichschoffen; hemos visto en España, al héroe de las Tunas, á los voluntarios catalanes que combatieron en Tetuán y en Wad-Ras á las órdenes de Prim. Sobre todas aquellas caras bronceadas, fulguraba y fulgura una luz que no ilumina las facciones de los demás soldados. Los cuerpos se yerguen con mayor gallardía, las frentes se levantan con mayor dignidad. Es que todos aquellos hombres han recibido el bautismo de gloria; es que todos han visto la muerte cara á cara. Y así como el fuego deja una marca indeleble sobre cuanto toca, así también la gloria y la muerte imprimen un indeleble sello sobre sus elegidos.




    Ved sus rostros morenos, curtidos por la intemperie, atezados por la flameante hoguera del sol de los trópicos; ved su continente marcial, la firmeza de sus movimientos, la rapidez y energía del gesto, la mirada fija, serena, dura, sostenida; esa mirada que doma á los felinos, que hace retroceder á los otros hombres; ved la inmovilidad de las facciones, petrificadas por el peligro continuo; mirad uno por uno á esos hombres, y, al advertir su continente reposado y decidido á un tiempo, su apostura gallarda, os explicaréis su conducta heróica, diréis: «Esos son los héroes de Baler; esos, esos solamente son los soldados de España.»

    Merced á su titánico arrojo, nuestro pabellón ondeaba aún en Filipinas once meses después de haber capitulado Manila.

    Sitiados por los tagalos en Baler, pueblecillo en la costa oriental de la Isla de Luzón, resistieron cerca de un año, desde el convento que les servía de fuerte, las agresiones constantes de sus feroces enemigos; y sólo cuando, faltos de salud, víveres y municiones, se vieron imposibilitados en absoluto de defenderse, aceptaron una capitulación gloriosa, con todos los honores de guerra. Una escolta de honor, formada por sus mismos contrarios, les acompañó hasta las puertas de la capital, en donde fueron recibidos por los victoriosos yankees con vítores y palmas.

    Cuando todos los muros se cuartean, cuando todo se hunde, cuando la desolación y la ruina anonadan todo lo fuerte y todo lo inconmovible, saludemos con respeto, con religioso respeto, á ese puñado de valientes que quizá algún día se convierta en legión; descubrámonos á su paso, y digamos una vez más, con entusiasmo, con orgullo: «¡Estos son los soldados de España! ¡estos son hombres!»

    ALBUM SALON (Barcelona, 1.º de marzo de 1899)


    Reino de Granada
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  8. #8
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    Enlaces de peliculas interesantes (aunque antiguas) sobre la Guerra del 98:

    "Héroes del 95" (1947) de Raúl Alfonso
    HEROES DEL 95 1/2 - Vìdeo Dailymotion

    "Bambú" (1945) de Rafael Sáenz de Heredia; musical con Imperio Argentina, Fernán Gómez etc.
    https://www.youtube.com/watch?v=Tgze...652606&index=1

    "Ramón y Cajal: Historia de una Voluntad" (1982, Serie de TVE capítulo 3, 57min)
    Ramón y Cajal: historia de una voluntad, Capítulo 3, Ramón y Cajal: Historia de una voluntad - Capítulo 3 - RTVE.es A la Carta
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  9. #9
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    Enlazo también "Raza" (el gran clásico), pues sus primeros 25 minutos son sobre la Guerra de Cuba.

    Jose Luis Sáenz de Heredia (1942)
    https://gloria.tv/video/s7aSWpmgZrzC1LTMo1b8VLy3w
    Última edición por DOBLE AGUILA; 05/02/2017 a las 23:14
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  10. #10
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    Pérez Reverte llama «basura» a la película española «Los últimos de Filipinas»

    El escritor, que critica que después de la película sobre la gesta de los últimos de Baler quizás es mejor que «el cine español» no filme ninguna carga de caballería, dio también su valoración en Twitter sobre la española «Oro»: «Una historia original de épica y crueldad, se les olvidó la épica»



    Imagen de «Los últimos de Filipinas», la película criticada por Pérez-Reverte en Twitter - | Vídeo: Así se rodó la película «1898. Los últimos de Filipinas» ABC Play Cine
    Madrid

    Actualizado30/07/2018 a las 17:48



    Eran apenas medio centenar de soldados, enfermos y sin comida, hacinados en una iglesia el sitiado pueblo de Baler. Resistieron durante 337 días, defendiendo el último territorio español en Filipinas, hasta que conocieron la retirada definitiva del país de la colonia en 1898, tras la capitulación de España en su guerra con Estados Unidos.

    La película «1898. Los últimos de Filipinas», dirigida por Salvador Calvo y encabezada por un nutrido elenco de rostros conocidos en el mundo de la actuación, intentó honrar la proeza del último bastión militar español en la isla filipina de Luzón. «La ambientación es precisa y claustrofóbica, y la cámara solemne, como el variado y transversal mensaje que le arrebata a la captura de los hechos: ha de notarse, y se nota, ese estado de ánimo noventayochista (la pérdida paulatina es el «leit motiv»), y ha de notarse, y se nota, ese inevitable ardor patriótico en los resistentes, pero también sus dudas y sus flecos antibelicistas, sea por desnutrición o descreimiento», escribió el crítico de ABC Oti R. Marchante cuando se estrenó la película. «El guionista y el director se manejan con habilidad cinematográfica en el cliché, y concentran su interés en los personajes clave para desentrañar el alma de una nación escurriéndose por el desagüe», dice el experto.

    Pese a la valoración del crítico, no todas las valoraciones son positivas. El escritor Arturo Pérez-Reverte, en una publicación desde su cuenta oficial de Twitter, ha compartido la que, para él, es «la mejor carga de caballería del cine». Pero fue más allá, y la reivindicación de esa escena terminó convertida en una crítica al cine español.

    «Nadie en el cine español hizo nunca nada sobre las cargas del regimiento Alcántara en Annual, en 1921; aunque, recordando la basura que se hizo hace poco con "Los últimos de Filipinas", quizá sea mejor así», añadió en Twitter.

    En respuesta a la pregunta de un usuario, tampoco se olvidó Pérez-Reverte de recordar la opinión que le mereció «Oro», protagonizada por José Coronado: «Sobre "Oro" ya la di. En una historia original de épica y crueldad, se les olvidó la épica», respondió en Twitter.




    ___________________________

    Fuente:

    https://www.abc.es/play/cine/noticia...3_noticia.html

  11. #11
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    Re: Era de esperar: La película sobre los últimos de Filipinas es una birria.

    «Defensa de Baler» por Juan Manuel de Prada para el periódico ABC, artículo publicado el 7/X/2017.
    ______________________

    En cualquier país respetuoso de su pasado la aparición de «Defensa de Baler» (Espuela de Plata, Sevilla, 2016), narración de fray Félix Minaya (1872-1936) sobre el trágico sitio de once meses sufrido por un destacamento militar (los celebérrimos «Últimos de Filipinas») en la iglesia de Baler, habría sido un acontecimiento. Sobre las vicisitudes ocurridas durante tan afamado episodio sólo contábamos hasta la fecha (aparte del testimonio fragmentario de algún soldado) con la crónica «El sitio de Baler», publicada por Saturnino Martín Cerezo, teniente al mando del destacamento tras la muerte del capitán Las Morenas.

    En «El sitio de Baler», Martín Cerezo hace una crónica pormenorizada de los once meses de asedio, resalta el heroísmo de la mayor parte de los soldados a sus órdenes y hace alarde de sus indudables dotes de mando y estrategia. Pero también revela aspectos más discutibles de su personalidad y una justificación no siempre convincente de algunas decisiones adoptadas durante los once meses de encierro.

    Cuando preparaba mi novela «Morir bajo tu cielo» tuve ocasión de consultar el manuscrito de esta «Defensa de Baler» que ahora el gran filipinista Carlos Madrid pone a disposición del lector curioso. Su autor, el padre franciscano Félix Minaya, fue utilizado por los insurrectos filipinos como emisario para convencer al capitán Las Morenas que entregase la plaza. La rendición no se produjo; y Minaya se negaría a salir de la iglesia tras concluir su embajada, compartiendo la suerte de los soldados españoles. De este modo, sería testigo privilegiado de los avatares ocurridos allí durante los 290 días restantes del asedio.

    En «Defensa de Baler» se nos cuentan aspectos que el anticlerical Martín Cerezo nos escamoteó (así, por ejemplo, el fervor religioso que galvanizaba a los soldados) y se nos confirma que el fusilamiento de dos desertores ordenado por el teniente, discutible desde el punto de vista militar, fue además una ignominia, pues no se les permitió confesar sus pecados, habiendo dos frailes en la iglesia. Fray Félix Minaya pasa de puntillas sobre esta gravísima vileza; y nos sugiere que en diversas ocasiones Martín Cerezo actuó muy calculadamente, arrastrando a los soldados en sus desvaríos, para no comprometer su responsabilidad personal.

    Pero «Defensa de Baler» es un documento valiosísimo también por otras razones. Nos ofrece una visión de los primeros cincuenta días del sitio de Baler desde el bando insurrecto; y, en su tercera y última parte, Minaya nos narra su desgraciada vida tras la rendición del destacamento. Pues, extrañamente, el acta de capitulación firmada por Martín Cerezo sólo se preocupa de especificar que la «fuerza sitiada» no quedaría como «prisionera de guerra» y que sería conducida hasta lugar seguro. En cambio, los dos franciscanos que, tras la fallida embajada, habían compartido las penalidades del sitio, fueron apresados por los insurrectos y sufrieron todavía muchos padecimientos (no, por cierto, de la hospitalaria población autóctona, sino de los cabecillas de la revuelta, envenenados de consignas masónicas), hasta que los americanos los liberaron. Fray Félix Minaya nos ofrece, además, descripciones muy vívidas de su peregrinar por la selva, en contacto con tribus de negritos e ilongotes.

    Sorprende el gallardo estilo de fray Félix Minaya, sobre todo si consideramos que escribió su narración a vuelapluma, sin corregirla apenas. Pero aquellos frailes de antaño tenían un castellano vibrante –fruto de una esmerada formación– que en nada se parece al estilo lamerón y bardaje que emplea la actual clerigalla.

    Tampoco es comparable, por cierto, la tibieza de esta clerigalla con el ardor doliente de fray Félix Minaya, que toma vuelo en varios pasajes de su «Defensa de Baler»: «Pobre España, adorada patria, ¡cómo te han puesto! –escribe Minaya–. ¡Eres digna de mejor suerte! ¡Todavía tienes soldados dignos de ti! Despierta y sal del letargo en que yaces, pisoteada y despreciada por los mismos que en otros tiempos te temieron! ¡Ya es hora, despierta, levántate y marcha! ¡Aún tienes hijos que con gusto te dedicarán todos los latidos de sus corazones, todas las energías de sus almas y hasta la última sangre de sus venas! Por ti, querida España, no perdonarán desvelos, no evitarán sacrificios, no se ocultarán a las fatigas, ni los peligros los acobardarán, ni las calamidades les harán desfallecer. ¡Anda y no retrocedas!».

    Pero fray Félix Minaya, a diferencia de nuestros intrépidos obispones, era un evangelizador y un patriota. Por eso murió en Filipinas, entre los españoles de aquellas islas: «Los vecinos de Baler –escribe hacia el final de su crónica– siempre existirán en mi corazón. Mientras la sangre corra por mis venas, mientras el aire alimente mis pulmones, mientras me quede un momento de vida, su nombre ocupará un lugar preferente en mi corazón. Sí, pueblo querido, te amé, te amo y te amaré».

    Y, como obras son amores, fray Félix Minaya se quedó en Filipinas hasta que su corazón entregó su último latido.

    https://www.abc.es/cultura/cultural/...4_noticia.html

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