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Tema: Londres y Moscú intercambian de expulsiones de diplomáticos

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    Londres y Moscú intercambian de expulsiones de diplomáticos




    Londres y Moscú intercambian de expulsiones de diplomáticos


    William Hague
    © AFP/ Roni Rekomaa




    10:21 22/12/2010
    Londres / Moscú, 22 de diciembre, RIA Novosti.

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    Gran Bretaña expulsó este mes a un diplomático ruso, a lo que Moscú respondió con una medida similar, confirmó ayer William Hague, ministro británico de Asuntos Exteriores.
    En una declaración remitida al Parlamento, Hague precisó que el pasado 10 de diciembre Londres pidió a Moscú revocar a uno de sus diplomáticos ante “evidencias obvias de la labor de servicios de inteligencia rusos en contra de intereses británicos”.
    Los detalles del incidente y la identidad del expulsado se mantienen en secreto, como es tradición en tales casos, pero el periódico The Guardian da a entender que el diplomático ruso “se pasó” e “infringió las reglas del juego”. Lo descubrieron supuestamente cuando intentaba reclutar a un informante.
    La cancillería rusa reaccionó al caso el pasado día 16 solicitando al Foreign Office la retirada de un funcionario de la embajada británica en Moscú. Londres ya cumplió esa petición aunque la calificó de infundada.
    El anterior escándalo de este tipo entre Londres y Moscú se produjo en verano de 2007: la cancillería británica anunció la expulsión de cuatro diplomáticos rusos después de que Rusia rechazó la extradición de Andrei Lugovoi, un ex agente al que la Justicia británica implica en la muerte de Alexander Litvinenko, antiguo oficial ruso de Seguridad envenenado con polonio en Londres. La reacción de Rusia fue simétrica: cuatro diplomáticos británicos se vieron obligados a abandonar Moscú.








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  2. #2
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    Re: Londres y Moscú intercambian de expulsiones de diplomáticos

    Rusia expulsa al corresponsal del diario británico The Guardian

    Captura de la pajina web de Luke Harding
    © Guardian News and Media Limited 2011


    09:53 08/02/2011
    Moscú / Londres, 8 de febrero, RIA Novosti.

    Noticias relacionadas





    Rusia expulsó al corresponsal del diario británico The Guardian en Moscú, Luke Harding, según revelaron anoche el mismo periodista, a través de un microblog en Twitter, y la Redacción de su periódico en la web corporativa.
    Harding regresó a Moscú el pasado 6 de febrero, tras una ausencia de dos meses, pero fue detenido en la frontera, puesto bajo custodia por 45 minutos y embarcado en el vuelo de vuelta a Londres. Una vez a bordo, le devolvieron el pasaporte pero el visado, que en un principio estaba válido hasta mayo, ya tenía la estampa “anulado”.
    “No hubo ninguna explicación acerca del por qué… Lamento mucho irme de Rusia en semejantes circunstancias”, confesó Harding a través de Twitter.
    Un oficial de Fronteras, según el periodista, le dijo en el aeropuerto que “Rusia le está cerrada”.
    Alain Rusbridger, director de The Guardian, calificó el incidente de “alarmante” y que “implica consecuencias graves para la libertad de prensa”. La Redacción procura aclarar los detalles y se mantiene en contacto con Exteriores, dijo.
    El canciller británico William Hague, según el periódico, llamó ayer a su homólogo ruso, Serguei Lavrov, quien le prometió averiguar las circunstancias del incidente. Portavoces del Foreign Office confirmaron que tal conversación realmente tuvo lugar.
    Las autoridades rusas rehúsan por ahora ofrecer comentarios oficiales. Una fuente de los cuerpos de seguridad locales dijo que “a Harding se le denegó la entrada (…) por exigencia de una de las instituciones nacionales” pero no especificó cuál ni por qué motivo.
    Luke Harding llevaba varios años trabajando en Rusia y tuvo ya algunos roces con las autoridades. En abril pasado, por ejemplo, fue detenido en el territorio de la república norcaucásica de Ingushetia. Últimamente estaba implicado en la confección de artículos a partir de las filtraciones de Wikileaks, en particular, sobre las figuras clave del mundo político y empresarial de Rusia.
    También cubría la evolución del proceso judicial contra Julian Assange, el fundador de Wikileaks, y hasta se convirtió en coautor de un libro recién publicado, “En el interior de la guerra Julian Assange contra el secretismo” (“WikiLeaks: Inside Assange's War on Secrecy”) que narra la historia de la web de filtraciones más famosa del mundo.
    La expulsión de Harding se produjo a pocos días de una visita del canciller Lavrov a Londres. El escándalo vuelve a empañar la de por sí difícil relación entre Gran Bretaña y Rusia que se cruzaron en los últimos años numerosos reproches a raíz de la misteriosa muerte del ex agente Alexander Litvinenko, o a causa de la negativa británica de extraditar a prófugos buscados por la Justicia rusa.





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    Re: Londres y Moscú intercambian de expulsiones de diplomáticos

    Rusia expulsa al corresponsal del diario británico The Guardian





    09:53 08/02/2011
    Moscú / Londres, 8 de febrero, RIA Novosti.

    Noticias relacionadas





    Rusia expulsó al corresponsal del diario británico The Guardian en Moscú, Luke Harding, según revelaron anoche el mismo periodista, a través de un microblog en Twitter, y la Redacción de su periódico en la web corporativa.
    Harding regresó a Moscú el pasado 6 de febrero, tras una ausencia de dos meses, pero fue detenido en la frontera, puesto bajo custodia por 45 minutos y embarcado en el vuelo de vuelta a Londres. Una vez a bordo, le devolvieron el pasaporte pero el visado, que en un principio estaba válido hasta mayo, ya tenía la estampa “anulado”.
    “No hubo ninguna explicación acerca del por qué… Lamento mucho irme de Rusia en semejantes circunstancias”, confesó Harding a través de Twitter.
    Un oficial de Fronteras, según el periodista, le dijo en el aeropuerto que “Rusia le está cerrada”.
    Alain Rusbridger, director de The Guardian, calificó el incidente de “alarmante” y que “implica consecuencias graves para la libertad de prensa”. La Redacción procura aclarar los detalles y se mantiene en contacto con Exteriores, dijo.
    El canciller británico William Hague, según el periódico, llamó ayer a su homólogo ruso, Serguei Lavrov, quien le prometió averiguar las circunstancias del incidente. Portavoces del Foreign Office confirmaron que tal conversación realmente tuvo lugar.
    Las autoridades rusas rehúsan por ahora ofrecer comentarios oficiales. Una fuente de los cuerpos de seguridad locales dijo que “a Harding se le denegó la entrada (…) por exigencia de una de las instituciones nacionales” pero no especificó cuál ni por qué motivo.
    Luke Harding llevaba varios años trabajando en Rusia y tuvo ya algunos roces con las autoridades. En abril pasado, por ejemplo, fue detenido en el territorio de la república norcaucásica de Ingushetia. Últimamente estaba implicado en la confección de artículos a partir de las filtraciones de Wikileaks, en particular, sobre las figuras clave del mundo político y empresarial de Rusia.
    También cubría la evolución del proceso judicial contra Julian Assange, el fundador de Wikileaks, y hasta se convirtió en coautor de un libro recién publicado, “En el interior de la guerra Julian Assange contra el secretismo” (“WikiLeaks: Inside Assange's War on Secrecy”) que narra la historia de la web de filtraciones más famosa del mundo.
    La expulsión de Harding se produjo a pocos días de una visita del canciller Lavrov a Londres. El escándalo vuelve a empañar la de por sí difícil relación entre Gran Bretaña y Rusia que se cruzaron en los últimos años numerosos reproches a raíz de la misteriosa muerte del ex agente Alexander Litvinenko, o a causa de la negativa británica de extraditar a prófugos buscados por la Justicia rusa.





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    Re: Londres y Moscú intercambian de expulsiones de diplomáticos

    Ministro ruso de Exteriores viajó a Londres para





    Andrei Fediashin, RIA Novosti

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    Reparar las relaciones bilaterales nunca ha sido un pasatiempo y mucho menos en medio de la niebla. Pero si se trata de la nebulosa Albión, o sea Gran Bretaña, no hay otro remedio.
    Es por eso que el Ministro ruso de Asuntos Exteriores Serguei Lavrov visitó Gran Bretaña en el pasado 14 y 15 de febrero. Su cometido principal fue sanar las relaciones ruso-británicas en víspera de la próxima visita a Moscú del primer ministro inglés David Cameron (Lavrov entregó la respectiva invitación del presidente ruso Dmitri Medvédev).
    Antes, presidente ruso se entrevistó con el nuevo primer ministro conservador en noviembre de 2010 en la cumbre G-20 en Seúl y le había invitado a visitar Moscú este año. Su visita se espera para el próximo mes de octubre o en noviembre.
    Los escándalos se producen solos
    En los últimos 30 o 40 años Gran Bretaña y Rusia no pueden prescindir de escándalos en víspera de cualquier visita relevante. Unas veces surgen espías, otra vez ocurren expulsiones de los diplomáticos o incluso acusaciones de asesinato (como en el “caso Litvinenko”, ex agente secreto ruso muerto en Londres en 2006).
    Da la impresión de que vamos acumulando escándalos para luego dar un toque picante a nuestras relaciones y discusiones diplomáticas. Nacido hace tiempo, este fenómeno parece vivir por sus propias leyes y se reproduce solo. O no tan solo?
    La última reincidencia estuvo vinculada al corresponsal del diario británico The Guardian Luke Harding. Tras una ausencia de dos meses regresó a Moscú el 5 de febrero. Fue detenido en la frontera y embarcado en el vuelo de regreso a Londres por no tener en regla la documentación de acreditación del periodista extranjero.
    Aunque sí tenía el visado válido. Después de una llamada personal del titular de Exteriores británico William Hague a su homólogo ruso Lavrov y la intervención personal del último en el embrollo, a Harding le dejaron entrar, le expidieron los papeles y podrá quedarse hasta que expire su visado el 31 de mayo de 2011. O más tiempo. Aunque esto no está claro. Al igual que no está bien claro qué fue lo que pasó. Y por qué.
    El escándalo no aportó nada a nadie, sólo provocó una avalancha de indignación por parte de la comunidad periodística y la sociedad británica en general: al fin y al cabo The Guardian es un periódico nacional respetado, liberal y bastante tolerante. Todos los periodistas en todo el mundo infringen algo. Y una acreditación mal tramitada tampoco debe ser motivo para la expulsión de un reportero que, además, tiene un visado válido.
    The Guardian afirma ahora que Harding había hecho un comentario poco halagador (y ni siquiera lo hizo él sino que repitió lo dicho por WikiLeaks) sobre algún dirigente del Kremlin. El periodista es coautor del libro recién publicado, “En el interior de la guerra Julian Assange contra el secretismo” (“WikiLeaks: Inside Assange's War on Secrecy”).
    También se dice que las autoridades rusas ya intentaron expulsarle el pasado noviembre tras un viaje a las repúblicas norcaucásicas de Ingushetia y Daguestán pero no lo hicieron a petición del gobierno de Gran Bretaña. Ahora todos los periódicos británicos afirman a coro que Rusia está volviendo hacia el pasado y empieza a expulsar a los reporteros por lo que escriben.
    Un ambiente muy extraño para hablar de la próxima visita del primer ministro del Reino Unido a Moscú. Por supuesto los ministros hablaron sobre otras cosas: de la cooperación económica y de inversiones (que aunque poco a poco pero siguen su curso sin la intervención de los gobiernos), de los visados, de las cuestiones de seguridad en Europa, de la No Proliferación Nuclear, de la OTAN, de los sistemas antimisiles europeos, del Oriente Próximo, de la lucha conjunta conta el terrorismo. Siendo de notar que todos estos temas son de cooperación multilateral, no bilateral.
    El único resultado concreto de las conversaciones de Lavróv y su homólogo Hague fue un avance en materia de la comunicación gubernamental directa. Los técnicos de los dos países se preparan para renovar por completo los sistemas de comunicación directa entre la residencia oficial del primer ministro británico en el número 10 de la Downing Street londinense y el Kremlin. Se instalarán unos equipos más modernos y seguros. Pero no es ninguna novedad, es un paso técnico, una simple modernización – los equipos actuales fueron instalados en 1992.
    Londres, capital de la oligarquía rusa
    Los rusos y los británicos, desde cuando “nos conocimos” entre finales del siglo XV y principios de XVI, vivimos en un estado permanente de tensión entre escándalo y escándalo.
    Las raíces de ello son muy profundas. Desde antaño los intereses de los Imperios Británico y Ruso chocaron en muchas ocasiones. Gran Bretaña no paraba de tramar algo en la periferia del Imperio Ruso primero, después de la URSS y al final de Rusia. Nos enfrentamos en Asia Central, en Irán, en Afganistán, en el Oriente Lejano, en África, en el Oriente Próximo. Las antipatías acumuladas y la mentalidad colonial no se disipan tan rápido. Los británicos tardaron en darse cuenta de que en este siglo Londres ya no tiene ningunas herramientas de influencia para presionar Moscú.
    Psicológicamente es difícil reconocerlo. Pero en Londres ya van comprendiendo que para Rusia es mucho más importante la postura política de Washington, Berlín, Pekín o Deli que la de la capital del Reino Unido.
    Incluso las relaciones económicas de Rusia con Inglaterra son mucho menos dinámicas que con el resto de los países europeos.En cambio hay numerosos factores irritantes. Si se consigue eliminarlos ya será un buen resultado, aunque esto es una tarea muy ardua.
    Tratándose de las relaciones entre Rusia y Gran Bretaña siempre es útil comparar el pasado con el presente. Solemos culpar a los ingleses de acoger en su país a los ciudadanos rusos caídos en desgracia, con la reputación manchada, acusados de terrorismo, oposicionistas y, en general, de que dejen “sedimentarse” en las islas a “cualquier cosa”...
    Pero esto no empezó ayer, ni siquiera el siglo pasado. Aunque la “afluencia rusa” de hoy no tiene precedentes. A juzgar por los datos británicos, en el país isleño, concentrados principalmente en la su capital, residen 300 mil rusos, entre ellos 100 mil son los “superricos”, incluidos los llamados “oligarcas”.
    Parece que un ex gobernante de una importante ciudad rusa está tramitando actualmente un premiso de residencia británico. Casi todos los oligarcas rusos ya se dieron cuenta de que para aparentar respetabilidad es imprescindible tener residencia en Londres (lo cual no descarta tener casas en Francia, Florida, Italia, etc.).
    Los ingleses desde siempre dieron cobijo a los rebeldes y librepensadores rusos. Por ejemplo, en el siglo XIX al demócrata revolucionario Herzen y su estrecho colaborador Ogariov que fundaron en Londres, en 1857, el periódico antigubernamental La Campana. En general, a lo largo del siglo XIX en Gran Bretaña se publicó la gran parte de la prensa prohibida en Rusia.
    Si el Zar de Rusia Alejandro II no hubiese pedido en 1856 a la Reina Victoria que “acabase con ese escándalo”, Herzen, en vez de trasladarse a Suiza, posiblemente hubiera vivido en el Reino Unido hasta la muerte. Incluso uno de los principales teóricos del movimiento anarquista, el príncipe revolucionario Piotr Kropotkin vivió en Gran Bretaña a finales del XIX. Y en 1903 el Partido Obrero Social-Demócrata de Rusia celebró allí su Segundo Congreso en el cual se configuró la fracción de los bolcheviques. Con todas las consecuencias...
    A los refugiados rusos de ahora no se les puede comparar, desde luego, con los pensadores revolucionarios. Por otra parte, la Gran Bretaña de la época victoriana tampoco era lo que es en la actualidad.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIE OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI.

  5. #5
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    Re: Londres y Moscú intercambian de expulsiones de diplomáticos

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    Ministro ruso de Exteriores viajó a Londres para





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    Es por eso que el Ministro ruso de Asuntos Exteriores Serguei Lavrov visitó Gran Bretaña en el pasado 14 y 15 de febrero. Su cometido principal fue sanar las relaciones ruso-británicas en víspera de la próxima visita a Moscú del primer ministro inglés David Cameron (Lavrov entregó la respectiva invitación del presidente ruso Dmitri Medvédev).
    Antes, presidente ruso se entrevistó con el nuevo primer ministro conservador en noviembre de 2010 en la cumbre G-20 en Seúl y le había invitado a visitar Moscú este año. Su visita se espera para el próximo mes de octubre o en noviembre.
    Los escándalos se producen solos
    En los últimos 30 o 40 años Gran Bretaña y Rusia no pueden prescindir de escándalos en víspera de cualquier visita relevante. Unas veces surgen espías, otra vez ocurren expulsiones de los diplomáticos o incluso acusaciones de asesinato (como en el “caso Litvinenko”, ex agente secreto ruso muerto en Londres en 2006).
    Da la impresión de que vamos acumulando escándalos para luego dar un toque picante a nuestras relaciones y discusiones diplomáticas. Nacido hace tiempo, este fenómeno parece vivir por sus propias leyes y se reproduce solo. O no tan solo?
    La última reincidencia estuvo vinculada al corresponsal del diario británico The Guardian Luke Harding. Tras una ausencia de dos meses regresó a Moscú el 5 de febrero. Fue detenido en la frontera y embarcado en el vuelo de regreso a Londres por no tener en regla la documentación de acreditación del periodista extranjero.
    Aunque sí tenía el visado válido. Después de una llamada personal del titular de Exteriores británico William Hague a su homólogo ruso Lavrov y la intervención personal del último en el embrollo, a Harding le dejaron entrar, le expidieron los papeles y podrá quedarse hasta que expire su visado el 31 de mayo de 2011. O más tiempo. Aunque esto no está claro. Al igual que no está bien claro qué fue lo que pasó. Y por qué.
    El escándalo no aportó nada a nadie, sólo provocó una avalancha de indignación por parte de la comunidad periodística y la sociedad británica en general: al fin y al cabo The Guardian es un periódico nacional respetado, liberal y bastante tolerante. Todos los periodistas en todo el mundo infringen algo. Y una acreditación mal tramitada tampoco debe ser motivo para la expulsión de un reportero que, además, tiene un visado válido.
    The Guardian afirma ahora que Harding había hecho un comentario poco halagador (y ni siquiera lo hizo él sino que repitió lo dicho por WikiLeaks) sobre algún dirigente del Kremlin. El periodista es coautor del libro recién publicado, “En el interior de la guerra Julian Assange contra el secretismo” (“WikiLeaks: Inside Assange's War on Secrecy”).
    También se dice que las autoridades rusas ya intentaron expulsarle el pasado noviembre tras un viaje a las repúblicas norcaucásicas de Ingushetia y Daguestán pero no lo hicieron a petición del gobierno de Gran Bretaña. Ahora todos los periódicos británicos afirman a coro que Rusia está volviendo hacia el pasado y empieza a expulsar a los reporteros por lo que escriben.
    Un ambiente muy extraño para hablar de la próxima visita del primer ministro del Reino Unido a Moscú. Por supuesto los ministros hablaron sobre otras cosas: de la cooperación económica y de inversiones (que aunque poco a poco pero siguen su curso sin la intervención de los gobiernos), de los visados, de las cuestiones de seguridad en Europa, de la No Proliferación Nuclear, de la OTAN, de los sistemas antimisiles europeos, del Oriente Próximo, de la lucha conjunta conta el terrorismo. Siendo de notar que todos estos temas son de cooperación multilateral, no bilateral.
    El único resultado concreto de las conversaciones de Lavróv y su homólogo Hague fue un avance en materia de la comunicación gubernamental directa. Los técnicos de los dos países se preparan para renovar por completo los sistemas de comunicación directa entre la residencia oficial del primer ministro británico en el número 10 de la Downing Street londinense y el Kremlin. Se instalarán unos equipos más modernos y seguros. Pero no es ninguna novedad, es un paso técnico, una simple modernización – los equipos actuales fueron instalados en 1992.
    Londres, capital de la oligarquía rusa
    Los rusos y los británicos, desde cuando “nos conocimos” entre finales del siglo XV y principios de XVI, vivimos en un estado permanente de tensión entre escándalo y escándalo.
    Las raíces de ello son muy profundas. Desde antaño los intereses de los Imperios Británico y Ruso chocaron en muchas ocasiones. Gran Bretaña no paraba de tramar algo en la periferia del Imperio Ruso primero, después de la URSS y al final de Rusia. Nos enfrentamos en Asia Central, en Irán, en Afganistán, en el Oriente Lejano, en África, en el Oriente Próximo. Las antipatías acumuladas y la mentalidad colonial no se disipan tan rápido. Los británicos tardaron en darse cuenta de que en este siglo Londres ya no tiene ningunas herramientas de influencia para presionar Moscú.
    Psicológicamente es difícil reconocerlo. Pero en Londres ya van comprendiendo que para Rusia es mucho más importante la postura política de Washington, Berlín, Pekín o Deli que la de la capital del Reino Unido.
    Incluso las relaciones económicas de Rusia con Inglaterra son mucho menos dinámicas que con el resto de los países europeos.En cambio hay numerosos factores irritantes. Si se consigue eliminarlos ya será un buen resultado, aunque esto es una tarea muy ardua.
    Tratándose de las relaciones entre Rusia y Gran Bretaña siempre es útil comparar el pasado con el presente. Solemos culpar a los ingleses de acoger en su país a los ciudadanos rusos caídos en desgracia, con la reputación manchada, acusados de terrorismo, oposicionistas y, en general, de que dejen “sedimentarse” en las islas a “cualquier cosa”...
    Pero esto no empezó ayer, ni siquiera el siglo pasado. Aunque la “afluencia rusa” de hoy no tiene precedentes. A juzgar por los datos británicos, en el país isleño, concentrados principalmente en la su capital, residen 300 mil rusos, entre ellos 100 mil son los “superricos”, incluidos los llamados “oligarcas”.
    Parece que un ex gobernante de una importante ciudad rusa está tramitando actualmente un premiso de residencia británico. Casi todos los oligarcas rusos ya se dieron cuenta de que para aparentar respetabilidad es imprescindible tener residencia en Londres (lo cual no descarta tener casas en Francia, Florida, Italia, etc.).
    Los ingleses desde siempre dieron cobijo a los rebeldes y librepensadores rusos. Por ejemplo, en el siglo XIX al demócrata revolucionario Herzen y su estrecho colaborador Ogariov que fundaron en Londres, en 1857, el periódico antigubernamental La Campana. En general, a lo largo del siglo XIX en Gran Bretaña se publicó la gran parte de la prensa prohibida en Rusia.
    Si el Zar de Rusia Alejandro II no hubiese pedido en 1856 a la Reina Victoria que “acabase con ese escándalo”, Herzen, en vez de trasladarse a Suiza, posiblemente hubiera vivido en el Reino Unido hasta la muerte. Incluso uno de los principales teóricos del movimiento anarquista, el príncipe revolucionario Piotr Kropotkin vivió en Gran Bretaña a finales del XIX. Y en 1903 el Partido Obrero Social-Demócrata de Rusia celebró allí su Segundo Congreso en el cual se configuró la fracción de los bolcheviques. Con todas las consecuencias...
    A los refugiados rusos de ahora no se les puede comparar, desde luego, con los pensadores revolucionarios. Por otra parte, la Gran Bretaña de la época victoriana tampoco era lo que es en la actualidad.

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