De la tranquilidad al estrellato
Nada podía prever que Spaggiari estuviera dispuesto a dar su gran golpe. Pero así fue. Reclutó a un grupo de ex mercenarios, antiguos activistas de la OAS y algún hampón corso-marsellés y se puso manos a la obra. La inspiración, al parecer, le llegó tras conocer que una de las principales alcantarillas de la ciudad pasaba bajo la cámara del banco. El grupo, bajo una disciplina férrea –nada de alcohol, horarios de trabajo y sueño perfectamente reglamentados–, pasó dos meses sumergido, literalmente, entre ratas y mierda. El resultado: un túnel de ocho metros que llegaba hasta el objetivo.
El resto fue simple: aprovechar el puente festivo del Día de la Bastilla, abrir el butrón final y entrar en la cámara como en un buffet libre.
Los problemas vinieron cuando la Policía, presionada por el escándalo de un robo que conmocionó Francia –aunque más bien habría que decir que lo alegró, porque la habilidad de los ladrones les creó una corriente de simpatía entre la opinión pública–, comenzó a enfilar sus pesquisas hacia Spaggiari. Cuando fueron a arrestarlo, no lo ocultó. Ni siquiera ante el juez. Reconoció que entre ocho y diez millones de dólares de la época, según narró entonces The New York Times, habían sido sustraidos. Y se marchó.
Sí, se largó. Declaraba en el despacho del juez cuando, de repente, se dirigió a la ventana, atravesó el cristal, cayó sobre un coche y huyó en una moto que le esperaba. Otra más para el mito: al propietario del vehículo le habría enviado un cheque para compensar los daños de la caída.
El misterio
A partir de ese momento, la sombra de Spaggiari se difumina. Comienzan las especulaciones. Se le sitúa en Argentina, sometido a una operación de cirugía plástica para pasar desapercibido. Pero nada es seguro. Al cabo de los años, reaparece en alguna entrevista, publica libros sobre sus andanzas alimentando más su propio mito…
Lo único cierto será su muerte. El 10 de junio de 1989 su cadáver apareció depositado frente a la casa de su anciana madre para que pudiera enterrarlo. Sólo se sabe que había fallecido a causa de un cáncer en el Piamonte italiano. Las versiones discrepan: para unos, su propia esposa fue quien lo trasladó, para otros, sus antiguos camaradas.
Hasta en eso consiguió rubricar un final acorde con sus aventuras.
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