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Tema: Antonio Huachaca y la rebelion antirepublicana de Iquicha (Ayacucho)

  1. #1
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    Antonio Huachaca y la rebelion antirepublicana de Iquicha (Ayacucho)

    "Ustedes son mas bien los usurpadores de Religión, Corona y Suelo Patrio...¿Qué se ha obtenido de vosotros durante...vuestro poder? La tiranía, el desconsuelo y la ruina en un Reino que fue tan generoso. ¿Qué habitante, sea rico o pobre, no se queja hoy? ¿En qué recae la responsabilidad de los crímenes? Nosotros no cargamos semejante tiranía."-Antonio Huachaca a los republicanos.

    ***

    ANTONIO HUACHACA Y LA RESISTENCIA IQUICHANA

    Publicado por Cabeleira Santoro . Madrid - España

    La nueva entrega de esta serie de entradas sobre aquellos amerindios y mestizos que lucharon a favor del Imperio Español durante las guerras de independencia hispanoamericanas trata sobre la figura de Antonio Huachaca, un humilde campesino amerindio que lideró la resistencia realista en el Virreinato del Perú junto a otros valientes iquichanos en lo que actualmente se conoce como la provincia de Huanta.

    José Antonio Navala Huachaca nació en el montañoso pueblo de San José de Iquicha ubicado en el antiguo Virreinato del Perú. Casado y con dos hijos, se vio envuelto en numerosos acontecimientos ocurridos durante el proceso de independencia del actual Perú. En el año 1814 lucha por primera vez en el bando español para frenar el avance de los rebeldes cuzqueños sobre la región de Ayacucho. Aquella experiencia en el campo de batalla le convertiría en un experto jinete y un gran estratega para futuros enfrentamientos. En recompensa a sus servicios se le otorga el rango de General de Brigada de los Reales Ejércitos del Perú. En 1821 el virrey José de la Serna otorga al municipio de Iquicha un escudo conmemorativo por su acreditada lealtad a España. Tal era el ímpetu de los iquichanos que incluso lograron capturar al teniente coronel Medina en su intento por llegar a Lima para comunicar la victoria de las tropas independentistas en la Batalla de Ayacucho producida el 9 de diciembre de 1824. Este hecho enfadó enormemente a Simón Bolívar hasta el punto de que ordenó al año siguiente gravar con un impuesto de 50000 pesos a toda la provincia de Huanta por su apoyo a las tropas realistas.
    A causa de la nueva insurrección separatista surgida en el virreinato, Antonio Huachaca comienza a movilizar a unos cuantos miles de amerindios de las proximidades de Iquicha para plantar batalla a las tropas secesionistas. Entre marzo y diciembre de 1825 consigue organizar una milicia disciplinada y uniformada a pesar de estar escasamente armada con lanzas, hondas y algunos rifles. Debido a la escasa capacidad de la guerrilla iquichana no se llega a producir combate alguno pero se sientan las bases para las futuras incursiones que llegarían sólo seis meses después. En junio de 1826, la milicia amerindia liderada por Antonio Huachaca conquista la ciudad de Huanta frente a las tropas separatistas que allí se encontraban. En agosto de ese mismo año el líder iquichano consigue gracias a su carisma que dos destacamentos de los Húsares de Junín ubicados en Huancayo deserten del bando secesionista para unirse al intento de preservar el Imperio Español. Envalentonados por la situación, la guerrilla iquichana ataca la localidad de Huamanga (renombrada como Ayacucho por los independentistas) fracasando en su intento por conquistar la ciudad. A pesar de que esta derrota implicó la retirada de la milicia amerindia a Iquicha, Antonio Huachaca siguió defendiendo la causa española enviando ese mismo año una carta al prefecto republicano de la región de Ayacucho en la que decía lo siguiente:
    “Salgan los señores militares que se hallan en ese depósito robando, forzando a mujeres casadas, doncellas, violando hasta templos, a más los mandones, como son el señor Intendente, nos quiere acabar con contribuciones y tributos […] y de lo contrario será preciso de acabar con la vida por defender la religión y nuestras familias e intereses”

    Tal era la preocupación del bando secesionista que hasta el nuevo congreso de Perú aprobó una ley de pacificación para la región. Además se otorgó el indulto general a Antonio Huachaca que posteriormente sería ratificado por el presidente republicano José Domingo de La Mar. Después de unos meses de tregua en donde los iquichanos vieron como el ejército separatista recuperaba Huanta comienza la nueva ofensiva liderada por Antonio Huachaca. El 12 de noviembre de 1827 la guerrilla amerindia vuelve a conquistar de forma casi milagrosa la ciudad de Huanta ante la inoperancia de las tropas independentistas comandadas por el sargento mayor Narciso Tudela. El día 29 de ese mismo mes, la milicia iquichana intenta conquistar Huamanga (actual Ayacucho) volviendo a ser derrotada debido a que el nuevo prefecto Domingo Tristán y Moscoso había previsto un posible ataque con la consiguiente fortificación de la ciudad. Tras el fallido ataque el coronel secesionista Francisco Vidal ocupa nuevamente el municipio de Huanta persiguiendo posteriormente a la guerrilla amerindia que se había refugiado en las montañas de Iquicha. El comerciante alemán Heinrich Witt fue testigo de aquella última ocupación por parte del ejército independentista escribiendo lo siguiente en su diario:
    “Las tropas del gobierno tomaron nuevamente posesión de la ciudad y, si se puede creer a los huantinos, se portaron peor de lo que lo habían hecho los indios: no sólo saquearon las casas sin que ni siquiera respetaron la iglesia, de donde se llevaron las vasijas sagradas hechas de plata, estatuas de ángeles del mismo valioso metal, flecos de oro y plata, en resumen, todo lo de valor. Un oficial fue acusado de haber enviado a Huamanga no menos de nueve mulas cargadas de cosas robadas”
    Este imparcial testimonio debido a la nacionalidad de su autor sumado a la anterior carta de Antonio Huachaca corroboran el expolio y la crueldad de las tropas separatistas tras las derrotas que infligieron a los iquichanos. Existe constancia de que muchos de los prisioneros amerindios capturados a lo largo de la contienda fueron fusilados sin proceder ni siquiera a un juicio antes de su ejecución.
    A pesar de este segundo fracaso a la hora de conquistar Huanta, la milicia iquichana fue capaz de recuperarse aunque sus fuerzas se vieron notablemente mermadas. La guerrilla amerindia consiguió resistir ferozmente en las montañas de Iquicha a la represión ejercida por el ejército secesionista dirigido por el coronel Vidal. Pero finalmente en 1828 se produce la batalla de Uchuraccay en donde las tropas separatistas al mando del comandante Gabriel Quintanilla derrotan a los iquichanos que sólo disponían de lanzas y hondas para defenderse. Se produce la muerte de centenares de amerindios entre los que destaca el hermano de Antonio Huachaca llamado Prudencio. El resto de los iquichanos supervivientes son hechos prisioneros incluyendo a la esposa y los hijos de Antonio Huachaca como venganza al comprobar que el líder amerindio había escapado a través de las montañas de Iquicha a lomos de su caballo llamado Rifle. Pero incluso tras esta dolorosa derrota la milicia iquichana (ya sin su líder) logra alargar un poco más la guerra de independencia peruana hasta su aparente derrota definitiva en Ccano.
    Panorámica del municipio de Huanta en las que aparecen las
    montañas por donde descendieron los milicianos iquichanos
    liderados por Antonio Huachaca para conquistar la ciudad
    Una vez establecido definitivamente el nuevo estado de Perú, los iquichanos se mantienen ajenos a las disputas políticas de una república que consideran que no les representa a la vez que mantienen vivos los ideales por los que lucharon. Debido a esta férrea voluntad, Antonio Huachaca regresa en 1836 para liderar nuevamente a sus paisanos en favor de la Confederación Peruana-Boliviana en su lucha contra el ejército chileno. Para los iquichanos aquella confederación suponía en cierto modo la restauración del Imperio Español por otros medios. En el año 1838, Antonio Huachaca es nombrado Juez de Paz y Gobernador del distrito de Carhuahuran como distinción por su apoyo a la causa confederal. En marzo de 1839 la nueva milicia iquichana sitia la ciudad de Huanta debido a la delicada situación por la que atravesaba la confederación. Pero los refuerzos chilenos enviados por el coronel Lopera (impuesto como prefecto de Ayacucho) consiguieron romper el asedio obligando a los iquichanos a retroceder nuevamente a las montañas. Sin embargo en junio de ese mismo año se produce la batalla de Campamento-Oroco, en la cual la guerrilla amerindia aprovechó una tormenta para atacar por sorpresa a las tropas enemigas provocando su retirada de una forma humillante y calamitosa. Tras este combate se lleva a cabo una brutal venganza por parte del ejército adversario que mata a todo aquel iquichano que se encuentra a su paso sin hacer distinciones entre civiles y milicianos.
    Debido a esta situación el Prefecto-Coronel Lopera intenta promover un acuerdo con la guerrilla iquichana para conseguir terminar con el conflicto de manera negociada. Es así como el 15 de noviembre de 1839 se firma el Tratado de Yanallay en donde se acuerda la paz permanente que supone el final de la resistencia iquichana. No obstante Antonio Huachaca nunca aceptó este tratado ya que lo consideraba una traición a su objetivo de recomponer el Imperio Español como dejó constancia en su última carta dirigida al prefecto:
    “Ustedes son más bien los usurpadores de la religión, de la Corona y del suelo patrio... ¿Qué se ha obtenido de vosotros durante tres años de vuestro poder? La tiranía, el desconsuelo y la ruina en un reino que fue tan generoso. ¿Qué habitante, sea rico o pobre, no se queja hoy? ¿En quién recae la responsabilidad de los crímenes? Nosotros no cargamos semejante tiranía”
    Después de la disolución de la efímera Confederación Peruana-Boliviana, el líder iquichano prefirió adentrarse en la selva antes que renunciar a los ideales por los que tanto había luchado. Tras su muerte en 1848 fue enterrado en el altar mayor de la iglesia de San José de Iquicha en donde actualmente se encuentran sus restos mortales.
    A pesar de todo existen numerosos historiadores hispanoamericanos que buscan justificar de alguna manera el patriotismo español mostrado por los amerindios iquichanos para legitimar el proceso de independencia hispanoamericano. Nuevamente nos encontramos con una tergiversación interesada que pretende adaptar estos hechos históricos a la doctrina oficial impuesta por los gobiernos hispanoamericanos sobre lo ocurrido durante la independencia de los estados americanos.
    Los iquichanos lucharon en el bando realista porque eran y se sentían españoles, demostrando que para muchos amerindios nunca supuso una contradicción ser nativos americanos a la vez que leales vasallos de la corona española. Tanto Antonio Huachaca como sus partidarios tenían profundas convicciones monárquicas y religiosas provenientes de una larga tradición de tres siglos. Para los iquichanos la independencia hispanoamericana suponía un proyecto ajeno que les excluía al negar sus raíces españolas y católicas. Tampoco perdonaron que las tropas separatistas asesinaran civiles y profanasen iglesias puesto que ellos nunca cometieron semejantes actos pese a estar en tiempos de guerra. Todo esto sin contar con que la nueva república peruana tenía una estructura fuertemente centralista que derogó el derecho de los amerindios para nombrar a sus propias autoridades locales (corregidores y caciques).
    La admirable determinación de Antonio Huachaca fue lo que posibilitó la supervivencia de la resistencia iquichana durante tantos años. El líder amerindio consiguió restablecer la monarquía española en la provincia de Huanta a pesar de los escasos medios de los que disponían los iquichanos. Antonio Huachaca administraba la región por la autoridad que le otorgaba ser general de brigada del ejército español. Durante su mandato designó delegados para controlar de forma efectiva toda la provincia a la vez que diezmeros que recaudaron fondos destinados a la causa española. También congregó suficiente mano de obra para reparar los puentes y caminos de la zona. Incluso elaboró un reglamento de orden público para legislar sobre los patrones éticos de conducta de las personas que estaban bajo su cargo.

    Desde aquí quiero rendir mi más sincero homenaje a este gran patriota español que junto a sus paisanos iquichanos lucharon hasta la muerte por defender la unidad del mundo hispánico. Sólo queda por conocer vuestra opinión sobre este tema en forma de valoraciones y comentarios. ¡Muchas gracias!
    Corriente Hispanista: ANTONIO HUACHACA Y LA RESISTENCIA IQUICHANA
    Última edición por Montealegre; 28/08/2013 a las 00:43

  2. #2
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    Re: Antonio Huachaca y la rebelion antirepublicana de Iquicha (Ayacucho)


  3. #3
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    Re: Antonio Huachaca y la rebelion antirepublicana de Iquicha (Ayacucho)

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    ANTONIO HUACHACA, un indio que defendió a España

    Cesáreo Jarabo 19/01/2022



    Era Antonio Huachaca un indio peruano que acabó siendo caudillo de los rebeldes patriotas de San Juan de Iquicha, donde llegó a montar un Estado y continuó hasta 1839 la guerra que se había dado por terminada en Ayacucho en 1824; es la etapa denominada guerra de Huanta. Dicen los cronistas que Huachaca siempre se distinguió por su serenidad, su arrojo y audacia, y su iniciativa en el combate, estando naturalmente dotado para organizar las guerrillas y dirigir los comandos.

    Huachaca era indio; gran parte de sus huestes eran indias, pero no podemos entender el movimiento como indigenista, sino como patriótico; no solo por las manifestaciones en tal sentido, que serían suficientes, sino, y también, porque entre sus cuadros figuraban personas que no eran indias.



    Entre los no indios que participaron militarmente en la guerra de Huanta, Nicolás Soregui es el personaje principal. Después de Antonio Huachaca, él se significa como el segundo personaje de la guerra, quizás el doble o el simétrico de Huachaca para los no indios.

    La dirección militar e ideológica de la guerra fue efectuada por algunos jefes indios, tres antiguos militares del ejército real de un grado poco alto y por un cura que ni siquiera era titular en su función. El Estado Mayor político y militar del ejército de los iquichanos se componía, pues, de indios y de algunos representantes de los que se podría agrupar en la categoría de los pequeños blancos, todos ellos españoles, criollos o mestizos.

    Por otra parte, hablamos de Iquicha y de los iquichanos, pero es de señalar que Iquicha no responde a la identificación de un pueblo. Dice Cecilia Méndez Gastelu-mendi:

    Fue solo en el transcurso de la rebelión de 1826-1828, y como resultado de la difusión de las primeras proclamas monarquistas, escritas principalmente por españoles capitulados, que los habitantes de las comunidades de las punas y valles de Huanta empezaron a ser llamados «iquichanos» indiscriminadamente…/…Los «iquichanos» no eran los habitantes de ningún pueblo hasta 1825; y, sin embargo, todos los campesinos que en adelante abrazaron la causa restauracionista se convirtieron en «iquichanos».



    Tras la derrota de Ayacucho, los indios, arrieros, hacendados, curas y campesinos de la provincia de Huanta se sublevaron en diversas ocasiones en 1825 y 1826, siendo hostigados por el nuevo gobierno.

    Es en 1826 cuando Antonio Huachaca tomó la ciudad de Huanta, donde instaló su cuartel general, con el proyecto de atacar Ayacucho y cortar las comunicaciones con Lima.

    Esta sublevación se irradió hacia los pueblos de Challhuamayo, Huayllay, Secce, Marccaraccay, Huay-chao, Ccarhuahurán, Cancaillo, Cunya, Ninaquiro y otros ubicados en las punas de Huanta, por encima de los 3.500 metros de altitud.

    El levantamiento popular se vio reforzado cuando, a principios de Julio de 1826, los escuadrones de Húsares de Junín que permanecían acantonados en Huancayo controlando el desarrollo de las elecciones bolivarianas se negaron a obedecer la orden de regresar a Lima; los soldados redujeron a sus oficiales, se apoderaron de las armas y de los fondos públicos y partieron para unirse al ejército de los campesinos de Huanta, que en ese momento controlaba ya toda la provincia.

    Con estas unidades se inició el intento de asalto de Ayacucho, que acabó en fracaso, y comportó la venganza de la administración imperante. El general Santa Cruz aplicó una dura represión a la población, incendiando poblaciones, destruyendo ganado, encarcelando mujeres y niños.

    La represión fue dura como método disuasorio, y más duradera que el tiempo necesitado para expulsar de Huanta a los patriotas. Santa Cruz tardó un mes en esa labor; pero, antes de un año, Antonio Huachaca reanudaría las actividades.
    Ante el rebrote de las actividades bélicas, la reacción del gobierno sería en principio conciliadora, proclamando un indulto y el reparto de semillas, pero el 12 de Noviembre de 1827, unos 1.500 insurrectos atacaron y tomaron Huanta, en la que permaneció la mayor parte de la población, en claro signo de connivencia con los libertadores.

    Aunque carecían de apoyos, y eran acusados por el general Domingo Tristán de pandilleros y de seducidos por intereses extraños, Antonio Huachaca le dio a este militar una contestación que muestra la decisión de los patriotas y su claridad de ideas cuando tratan de tiranos a aquellos que combatían:

    Si cree que los que han levantado la voz de la revuelta son solo un reducido número de pandilleros, debo decirle que vive en el error o en la mentira… Nosotros estamos orgullosos de que esos pandilleros sean nuestros hermanos y de combatir con ellos por la defensa de la religión de los derechos de un soberano. Ustedes son más bien los usurpadores de la religión de la corona y del suelo patrio… ¿Qué se ha obtenido de vosotros durante los tres años de vuestro poder? la tiranía el desconsuelo y la ruina de un reino que fue tan generoso. ¿Qué habitante, sea rico o pobre, no se queja hoy? ¿En quién recae la responsabilidad de los crímenes? ¡Nosotros no cargamos semejante tiranía! Nosotros amparamos a nuestros hermanos y a nuestros semejantes, y no queremos arrancarlos de nuestros corazones. La experiencia de los acontecimientos recientes acaecidos en nuestras punas es una prueba sin equívoco del valor de las tropas que nos glorificamos en dirigir en nombre del Rey. Más bien, vuestras tropas no se contentaron con robar, ¡redujeron a cenizas nuestras casas! ¿Cómo puede entonces tratarnos como hermanos?

    Solo le pedimos dejar este lugar y firmar una capitulación duradera y honorable. Si no acepta, lanzaremos nuestras tropas sobre la ciudad y la pondremos a sangre y fuego…

    Firma : Huachaca, Choque.

    Su intento de asalto a Ayacucho resultó un fracaso. La represión duró siete meses, tras la cual fue concedida la gracia por el gobierno, pero muchos iquichanos siguieron el comportamiento de su jefe Huachaca y no la aceptaron, mientras que continuaron los gobiernos usurpadores de la religión de la corona y del suelo patrio, según los había definido Antonio Huachaca.



    a respuesta del gobierno fue de marcado cariz inglés: se inició una auténtica campaña de genocidio. La pacificación tomó muy a menudo la forma de una campaña de exterminio. Fue organizada por el prefecto del departamento: el mencionado general Domingo Tristán Moscoso – hermano del que había sido último virrey, Pio Tristán – quien convirtió su tarea en un acto de genocidio propio de sus mentores.

    La situación vejatoria llega a ser de tal magnitud que el alcalde de Huanta, Nicolás Gómez, acaba relatando al general Tristán, en su carta de 5 de Febrero de 1828, una serie de excesos realizados por las tropas a cargo del comandante José Gullén, pero de nada le sirvió.

    Finalmente el comandante Quintanilla acusó a todo el pueblo de complicidad con los iquichanos ya que: «los civiles de este pueblo desertaron de los puestos de avanzada en los días que precedieron al ataque. Estos desertores, cuyo número es de ciento diecisiete, partieron en pequeños grupos y se llevaron cada uno una lanza del estado. Además, ese mismo día, dos de febrero, cuando el pueblo de Tambo iba a ser atacado por los rebeldes de Iquicha, los ciudadanos de San Miguel, que está solo a tres leguas de Tambo, no solo parecían indiferentes sino que pasaban el tiempo en fiestas y diversiones…»

    La represión del gobierno se cebó muy especialmente en la familia del caudillo patriota el 25 de marzo de 1828, cuando tuvo lugar la batalla de Uchuraccay, donde Quintanilla venció a los partidarios de Huachaca, tomó prisioneros a su esposa y sus hijos y dio muerte a su hermano, acto que Huachaca no perdonará nunca a Quintanilla. De esta afrenta se resarciría en 1839 el general de hombres libres, Antonio Huachaca, cuando capturó y ejecutó a Quintanilla.

    Antonio Huachaca pudo llevar a cabo esa acción porque, a pesar de que el cuatro de mayo de 1828 el coronel Vidal daba por finalizada la intentona, la verdad es que no había podido librarse del rebelde. A su persecución se dedicó Domingo Tristán.

    Durante dos años no se tiene noticia de su actividad, que reaparece en 1830 cerca de Huanta. A partir de entonces se ofrece una recompensa de 2000 pesos por su cabeza…, y vuelve a perderse la pista hasta 1834, durante la guerra civil peruana, momento en que Domingo Tristán le pedía su participación en el bando de Luis José de Orbegoso, quién ya presidente, visitó Huanta y pidió entrevistarse con Huachaca, que se mostró reticente.

    En 1838 es nombrado juez de Paz y Gobernador del distrito de Carhuaucran y Jefe Supremo de la República de Iquicha.
    Pero en marzo de 1839, estaba nuevamente en guerra contra el Gobierno. En junio sorprendió a los “expedicionarios” y les infligió una humillante derrota que acarreó una terrible represalia, auténtica carnicería de hombres, ancianos, niños y mujeres, al puro estilo bolivariano.



    El 15 de noviembre de 1839 se firmó la paz de Yanallay, en la que Antonio Huachaca dejó consignado su más hondo sentimiento.

    Consciente de la derrota, este general de hombres libres se internó en la selva para no tener que aceptarla ante quienes calificaba de “anticristos” republicanos.Murió en 1848 y fue enterrado en la iglesia de Iquicha.





    https://espanaenlahistoria.org/perso...ndio-a-espana/

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