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Tema: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

  1. #21
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    ORGULLOSOS DE NUESTRA HISTORIA.

    Pues sí, el primer general negro de la historia de Norteamérica fue el español Jorge Biassou, nacido en Haití hace 275 años cuando la isla pertenecía al Imperio Español. Se alistó en el ejército para obtener la libertad, status que disfrutó los últimos 10 años de su vida. Luchó principalmente en la Habana y en Florida (entonces territorios también de la corona española) siendo siempre fiel a los intereses españoles.




    _________________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/espanolesap...type=3&theater

  2. #22
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    Spanish Soldiers (1739-1740) Honored at Fort Mose


    Publicado el 1 ago. 2016


    The St. Augustine Garrison held a memorial ceremony Saturday at Fort Mose to honor the Spanish soldiers who died defending Fort Picolata, Fort San Francisco de Pupo, Fort San Diego and Fort Mose from the 1739-1740 British attack on St. Augustine. First Coast.TV got a chance to speak with Orlando Ramirez to explain this event, since it is the first time such a ceremony has been conducted.





    https://www.youtube.com/watch?v=vUuDAJB8M60

  3. #23
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    San Agustín de La Florida:El santuario de libertad para los negros que huían de la esclavitud británica.

    San Agustín de La Florida es el primer sitio en lo que hoy son los Estados Unidos en que los negros pudieron vivir en libertad.

    La ciudad de Saint Augustine, Florida, es la ciudad más antigua de los Estados Unidos. Precede en 42 años al de Jamestown en Virginia y en 55 al de Plymouth, fundada por los peregrinos del Mayflower en Masachussetts.

    Los españoles ya habían explorado la zona en expediciones que tuvieron lugar entre 1513 con Ponce de León y 1563, pero sin llegar a levantar ninguna fortificación estable. Sin embargo, la presencia, en 1564, de un nutrido contingente de hugonotes franceses, que alzaron un fuerte en la desembocadura del río San Juan, suponía una seria amenaza, que llevó a España a la decisión de establecer una presencia militar permanente en el área. Esa fue la razón del desembarco de Pedro Menéndez de Avilés, que dio fin al establecimiento de piratas franceses —allí están sus tumbas— y fundó la ciudad de San Agustín de La Florida, el 28 de agosto de 1565 la primera ciudad de los actuales EEUU.

    En San Agustín se celebró la primera misa sobre el suelo de lo que hoy es territorio de los Estados Unidos. En la iglesia Misión de Nombre de Dios, en el lugar donde desembarcó Menéndez de Avilés y se celebró la primera Eucaristía, se encuentra la imagen de la


    Virgen amamantando al Niño o Virgen de la leche.

    Los españoles crearon varias estructuras defensivas -incluido el castillo de San Marcos ( hecho de coquina y no de piedra.) - para hacer frente a los ataques de los piratas ingleses Francis Drake,Robert Searle o los asedios británicos de 1702 y 1740 siempre peligrosos y sanguinarios, pero que no tuvieron ningún éxito.


    El santuario de libertad para los negros que huían de la esclavitud británica.

    La cercanía de San Agustín respecto de las colonias inglesas de Carolina del Sur propició un fenómeno que en España no es demasiado conocido: el establecimiento de un verdadero santuario de libertad para los negros que huían de la esclavitud británica.

    Ciertamente, en la época, en las posesiones de España, era legal la esclavitud, pero las condiciones de los esclavos británicos y españoles no eran las mismas. El régimen de servidumbre español permitía, por ejemplo, que los esclavos tuvieran dinero propio, para comprar su libertad, los autorizaba a llevar a sus señores ante los Tribunales, impedía que se rompieran familias por motivos de venta y constituía, en definitiva, un sistema más benigno, lo que no fue desconocido por los esclavos que padecían el muy riguroso ordenamiento británico.

    Ya en 1688 se corrió la voz entre los esclavos negros de Carolina del Sur de que San Agustín era un santuario para quienes escapaban. En 1687 había llegado el primer grupo de fugitivos, compuesto por ocho hombres, dos mujeres y un niño. Y el goteo fue a partir de entonces incesante, hasta llegar en cifras cercanas a la centena, como se ha dejado dicho.


    Montiano crea el primer asentamiento legal de libertos negros en América del Norte.

    Poco después de su toma de posesión como Gobernador de la Florida, escribió al gobernador de Cuba notificándole de una posible invasión británica y solicitándole suministros para alejar el peligro. El 15 de marzo de 1738, el gobernador Montiano construyó la fortaleza Gracia Real de Santa Teresa de Mosé (Fort Mose), una ciudad fortificada por esclavos africanos que habían escapado de la colonia británica de Carolina y a quienes Montiano otorgó la ciudadanía y la libertad a cambio de su servicio en la milicia. Se convirtió en el primer asentamiento negro libre legalmente sancionado en América del Norte y en un refugio para los esclavos fugitivos de todas las colonias británicas del norte. El primer sitio en lo que hoy son los Estados Unidos en que los negros pudieron vivir en libertad.


    Francisco Menéndez el líder de los libertos negros.

    El capitán de la milicia de Fort Moses fue Francisco Menéndez, en otro tiempo esclavo evadido. Francisco Menéndez fue un liberto, líder militar, al servicio de la Corona española en San Agustín (Florida) durante siglo XVIII. Sus orígenes están en Carolina del Sur, donde era un esclavo que, al igual que muchos de sus contemporáneos, escapó hacia San Agustín, en la Florida española. En Florida le fue concedida la libertad como súbdito del rey y fue nombrado jefe de la milicia negra basada en el fuerte Gracia Real de Santa Teresa de Mosé. Desde esta base dirigió varios ataques contra Carolina del Sur.

    En 1740, el ejército británico invadió Florida y tomó el Fuerte Mosé, pero días después el ejército español y la milicia de Fuerte Mosé asediaron a las tropas británicas en Fuerte Mosé y las derrotaron, evitando futuros ataques británicos.

    Posteriormente, Menéndez partió en un barco español para asaltar a barcos ingleses, siendo capturado por los ingleses y vendido como esclavo de nuevo. Tras pagar un rescate, Menéndez fue devuelto a Florida. Allí se le pidió que reconstruyese el Fuerte Mosé. La comunidad permaneció hasta que los británicos tomaron el control de Florida en 1763 y Menéndez fue evacuado con la comunidad de Fuerte Mosé hacia Cuba para formar parte de la milicia de La Habana que reconquisto la Florida al mando Bernardo de Gálvez y Madrid en 1781.

    Florida retornó oficialmente a manos españolas en 1783, pero ya nadie volvió a las ruinas del Fuerte Mosé para reconstruirlo. Lo que quedaba del emplazamiento fue ocupado en 1812 por los Florida Patriots que luego fueron expulsados de la zona por los antiguos esclavos, las autoridades españolas decidieron quemar lo que quedaba de la fortificación con el fin de que no se repitiera el incidente. Sin embargo, esto no impediría que Florida pasase a dominio estadounidense en 1819 tras la firma del Tratado de Adams-Onís.




    _________________________________________

    Fuente:

    San Agustín de La Florida:El santuario de libertad para los negros que huían de la esclavitud británica.

  4. #24
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    FUERTE MOSE (Fort Mose)"La tarde de Eppo"-MetropolisFM

    Un nuevo episodio de "Españoles Universales" en "La Tarde de Eppo" de MetropolisFM (Gestiona Radio Región de Murcia - Gestiona Radio Región de Murcia). En esta ocasión Eppo Cardelo nos habla del Fuerte Mose, primer asentamiento legal de colonos negros libres en lo que actualmente es el territorio de Estados Unidos y que en ese momento pertenecía a la Corona Española. Su construcción fue decretada en 1738 por el entonces gobernador español de Florida, Manuel de Montiano.





    https://www.youtube.com/watch?v=c7GAwiCb7YQ

  5. #25
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    Francisco Menéndez, capitán de una libre milicia negra

    Un esclavo fugitivo se eleva a comandar una libre milicia negra. Este momento en la historia de la Florida fue producida en colaboración con WPBT-TV.





    https://www.youtube.com/watch?v=iKizf3-IJSc

  6. #26
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    Los negros esclavos de las plantaciones inglesas de Norteamérica huían a los territorios vecinos del Imperio español, sobre todo a la Luisiana, pero no para escaparse de sus amos, sino de la recluta forzosa de los rebeldes fundadores de Estados Unidos. Veían que tenían más protección como esclavos en el Imperio Español y bajo el mismo Imperio Británico, que como hombres "libres" al servicio del Congreso Continental de los Estados Unidos.


    _________________________________________

    Fuente:


    https://www.facebook.com/francisco.n...63815877201863

  7. #27
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    El primer pueblo de negros libres de Norteamérica, en la Florida española

    Fuerte Mosé: negros de Estados Unidos recuerdan con orgullo su pasado español

    Mie 19·7·2017 · 7:12 4

    Ondea el Aspa de Borgoña en Estados Unidos. Un afroamericano empuña la bandera imperial española, al frente de una columna de soldados negros y blancos que lucen uniformes españoles.

    Así celebró su 450 aniversario la ciudad más antigua de los EEUU continentales

    Emocionante homenaje en Filipinas a los soldados españoles que defendieron Baler


    Esta escena se repite año tras año a mediados de junio en San Agustín (en inglés St. Augustine). Ya os hablé hace dos años de esta localidad de Florida, la más antigua ciudad continental de EEUU, pues cada mes de septiembre celebra su fundación por Pedro Menéndez de Avilés, y lo hace con la localidad llena de banderas rojigualdas y recordando con orgullo su pasado español.




    Recreadores españoles de la Batalla de Fuerte Mosé, Florida (Foto:
    ExploreStAugustine.info)


    El 25 de junio de 1740 se libró en San Agustín una batalla entre españoles e ingleses: la Batalla del Fuerte Mosé
    , una lucha que tuvo lugar en el marco de la Guerra del Asiento (1739-1748), una contienda entre ambos imperios que tuvo su epicentro en los territorios españoles del Caribe, que en el bando español contó con oficiales tan insignes como Blas de Lezo (en Cartagena de Indias) y que terminó con una derrota inglesa. La Batalla de Fuerte Mosé es recordada en EEUU como “Bloody Mose” (Mosé sangriento) por su extrema dureza. Pero antes de entrar en pormenores sobre este combate, tenemos que remontarnos un poco más atrás en el tiempo.


    Florida: un santuario español para los esclavos que huían de los británicos

    La fascinante historia de Fuerte Mosé se remonta a 1687, cuando España empezó a ofrecer asilo a los esclavos negros que huían de las colonias británicas de Norteamérica (los llamados “cimarrones”). Estos huidos, a menudo, eran esclavos raptados por los británicos en África, donde habían sido libres. En el Imperio español, igual que en el británico, existía entonces la esclavitud, pero los esclavos españoles, por las leyes hispanas y las costumbres católicas, recibían un trato mucho mejor que los esclavos de las colonias británicas, pudiendo tener pertenencias propias y manteniendo la unidad de sus familias. Por otra parte en Florida, entonces territorio español, había muchos negros libres. Para los cimarrones la Florida española se había convertido en una puerta a la libertad. En 1693 la Corona española puso dos condiciones a los esclavos asilados para poder vivir libres en Florida: que abrazasen la fe católica -la religión oficial del Imperio- y que contribuyesen a la defensa del territorio. Se formaron milicias negras con los esclavos huídos, para defender la Florida española frente a los ataques ingleses. Estos hombres formaron en San Agustín un asentamiento que también acabó acogiendo a indios americanos que se habían quedado sin hogar durante la Guerra de la Reina Ana (1702-1713), entre Inglaterra y Francia.




    Un recreador afroamericano con uniforme español en Fuerte Mosé, Florida (Foto:
    AmericanRoads.net)


    Hasta la “última gota de sangre en defensa de la Gran Corona de España”

    Uno de los cimarrones que acabó al servicio de España fue Francisco Menéndez, un criollo cuya vida es digna de una película.
    Su nombre original era Mandinga y había vivido libre en la Angola portuguesa hasta que fue secuestrado por tratantes de esclavos y llevado a la Carolina británica. Mandinga consiguió huir y vivió con los indios yamasee, en el nordeste de Floria, luchando junto a ellos contra los ingleses. En 1724 Mandinga llegó a San Agustín, donde se le concedió asilo, tomando el nombre español de Francisco Menéndez tras bautizarse en la fe católica.




    Recreadores españoles y británicos de la Batalla de Fuerte Mosé, Florida (Foto:
    LocalsGuideSA.com)


    Francisco ayudó en la defensa de San Agustín frente a los ingleses en 1727, donde forjó su reputación de líder
    , cuando sólo era un adolescente, convirtiéndose en el comandante del Fuerte de Gracia Real de Santa Teresa de Mosé, más conocido como Fuerte Mosé, tras su construcción en 1738 (Francisco ya tenía 24 años para entonces), cuando el asentamiento de esclavos huidos de San Agustín cobijaba ya a más de 100 cimarrones, entre hombres, mujeres y niños. Deseosos de vengar las penurias de su esclavitud y movidos por un fuerte patriotismo y gratitud hacia España, los milicianos de Menéndez juraron ser “los enemigos más crueles de los ingleses” y derramar hasta su “última gota de sangre en defensa de la Gran Corona de España y la Santa Fe”.




    Recreación de la Batalla de Fuerte Mosé, Florida (Foto:
    FloridasHistoricCoast.com)


    Los ingleses consiguen tomar Fuerte Mosé

    En junio de 1740 los ingleses pusieron a prueba el fervor patriótico y la lealtad de los hombres de Menéndez con un ataque al Fuerte Mosé, encabezado por el coronel John Palmer al frente de 170 hombres pertenecientes a la milicia colonial de Georgia, highlanders escoceses del 24º Regimiento de Infantería e indios que estaban con los británicos, que asesinaron a algunos de los habitantes negros del fuerte español. Los ingleses consiguieron tomar el Fuerte Mosé, con el objetivo final de conquistar y arrasar San Agustín.




    Recreadores de la Batalla de Fuerte Mosé, Florida (Foto:
    FloridasHistoricCoast.com)


    El contraataque español y la bravura de los milicianos negros

    El gobernador español, Manuel de Montiano, ordenó un contraataque en el que tomarían parte 300 hombres, entre tropas regulares, milicias negras e indios semínolas afectos a España. Las tropas regulares fueron comandadas por el capitán Antonio Salgado; las milicias negras y los semínolas estuvieron bajo el mando de Francisco Menéndez. El asalto se hizo en la madrugada del 25 al 26 de junio, antes del amanecer -entonces no era habitual combatir de noche-, y los españoles pillaron por sorpresa a los ingleses, masacrándoles en un combate en el que se llegó a la lucha cuerpo a cuerpo. Fuerte Mosé quedó destruido, pero la victoria española frenó la ofensiva británica, al dar tiempo para la llegada de refuerzos procedentes de La Habana. Las milicias negras de Menéndez combatieron con una bravura que mereció los elogios del gobernador español de Florida. Como el fuerte había sido arruinado, a los cimarrones se les permitió asentarse en San Agustín, con los mismos derechos que los españoles que residían en esa localidad.




    Recreadores españoles de la Batalla de Fuerte Mosé, Florida (Foto:
    Daron Dean / StAugustine.com)


    Menéndez, nuevamente cautivo y esclavo de los ingleses

    Poco después de estos hechos, Francisco Menéndez y algunos de sus hombres se unieron a un barco corsario que recibía el apoyo de la villa de San Agustín, con el infortunio de ser capturado en 1741 por un buque británico que tenía el significativo nombre de “Revenge” (Venganza). Cuando los ingleses descubrieron quién era, amenazaron con castrarle en venganza por la sangrienta Batalla de Fuerte Mosé. Finalmente le sometieron a un castigo brutal: 200 latigazos, echándole sal en sus heridas para que no curasen. Después le volvieron a someter a la condición de esclavo en las islas Bahamas. Contra toda esperanza, Francisco consiguió huir de nuevo y volver a San Agustín, donde el Fuerte Mosé fue reconstruido en 1752, siendo él su comandante, ya con 38 años.


    El final del Fuerte Mosé y la marcha de los milicianos de Menéndez

    En 1763 España cedió Florida a Inglaterra, y los negros de Mosé se negaron a vivir bajo la bandera británica, por lo que se marcharon a la isla española de Cuba. Francisco Menéndez se mudó con su esposa, Ana María Escovar, a la provincia cubana de Matanzas, creando una comunidad llamada San Agustín de la Nueva Florida, mudándose después a La Habana. Es ahí donde se perdió el rastro de Menéndez y de sus milicianos negros. Se especula con que algunos se uniesen a la milicia de La Habana y que una parte de ellos, o sus descendientes, pudiesen volver a Florida con la expedición de Bernardo de Gálvez en 1781. Cuando dos años más tarde Florida volvió a ser española, el Fuerte Mosé estaba en ruinas y no fue reconstruido.




    El bosque en el que se ubicaba originalmente el Fuerte Mosé (Foto:
    Ebyabe / Wikimedia)


    Lo que queda de Fuerte Mosé en la actualidad

    En 1812 fuerzas estadounidenses ocuparon lo que quedaba del Fuerte Mosé, siendo expulsadas por los españoles, que decidieron destruir el viejo y ruinoso fuerte para impedir que volviese a ser tomado. Hoy en día apenas queda rastro de él, salvo un pequeño bosque que recuerda su ubicación, bosque que en 1994 fue declarado Monumento Histórico Nacional de EEUU.




    Letrero del Parque Histórico Estatal de Fuerte Mosé, en Florida (Foto:
    Ebyabe / Wikimedia)


    Como ya he señalado, en la actualidad, todos los años y a mediados de junio, un grupo de estadounidenses recuerda la Batalla de Fuerte Mosé con una recreación en la que hombres blancos y negros vuelven a vestir uniformes españoles y a ondear la bandera del Aspa de Borgoña. Esos afroamericanos recuerdan con orgullo su pasado español, puesto que gracias al asilo que concedió España a aquellos cimarrones, Fuerte Mosé fue el primer asentamiento de Norteamérica formado por negros libres.




    Recreadores de la Batalla de Fuerte Mosé, Florida (Foto: Florida State Parks)


    Para terminar, podéis ver aquí un vídeo de la recreación de la Batalla de Fuerte Mosé, concretamente de la celebrada el 21 de junio de 2014:



  8. #28
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    segun tengo entendido, en España (y no se si en las colonias tambien) un esclavo compraba su libertad a los cinco o seis años de trabajo, en las colonias inglesas, se les hacia trabajar hasta que morian reventados antes de comprar exclavos nuevos.

  9. #29
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    ORGULLOSOS DE SU PASADO ESPAÑOL

    A la izquierda un conquistador español de la expedición de Hernando de Soto y la derecha el capitán Francisco Menendez (milicia de morenos libre de Gracia Real de Santa Teresa de Mosé). Foto realizada hace dos años con motivo de 450 aniversario de la fundación de San Agustín de la Florida. Hoy 8 de Septiembre será el 452 aniversario.

    Cortesía de Moises Sztylerman





    https://www.facebook.com/15980661837...type=3&theater
    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas

  10. #30
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    Borja Cardelus: "España acogía a los esclavos que huían de las plantaciones de Georgia"

    Publicado el 10 feb. 2018

    Borja Cardelús es un hombre que ha tenido la gran suerte de poder dedicarse a aquello que le apasiona: la Naturaleza y la Hispanidad.

    Hombre polifacético, sus viajes por América “de Polo a Polo” le sirvieron para sentir la llamada de la Hispanidad como legado en toda América. Esa llamada le motivó a luchar por su legado civilizatorio y para reparar el daño que ha causado a España y a todas las naciones hispánicas la llamada Leyenda Negra.

    Actuall le ha entrevistado para hablar de su experiencia.





    https://www.youtube.com/watch?v=NnoqQPqEQJY

  11. #31
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    Excelente vídeo Mexispano.

    Mais um vídeo para calar os difamadores dos Impérios Português e Espanhol.
    Nossa escravidão nunca foi de cor, como era com os ingleses e holandeses.
    Podemos até dizer que Espanha e Portugal foram os pioneiros do antirracismo.
    O mestiço é uma criação de Portugal e Espanha.
    Os mesmos que nos acusam de ladrões, assassinos, racistas foram os mesmo que fizeram as maiores atrocidades contra outros povos.
    Mentiras e mais mentiras foram inventadas, mas um dia a verdade virá.
    Ela virá tão forte que todo o sistema satânico implantado por Inglaterra, Holanda e França será desmascarado.
    Chegará a hora, onde todos Hispanicos serão unificados sob uma só coroa e um só rei.
    Um dia todos os povos que nos difamaram e nos destruir serão derrotados.

    Hispanicos de todo mundo uni-vos!
    Mexispano dio el Víctor.
    Oh! quem pudera dizer
    Os sonhos que o homem sonha!
    mas eu hei grão vergonha
    De mos não quererem crer.


    Trovas de Bandarra

  12. #32
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    Nueva York retira la estatua del ginecólogo que experimentó con esclavas negras

    Los activistas recuerdan que los logros científicos del doctor Marion Sims en el siglo XIX se basan en pruebas a mujeres afroamericanas, sin anestesia y sin su consentimiento




    Dos mujeres se abrazan mientras funcionarios retiran la estatua del doctor J. Marion Sims de Central Park, el martes 17 de abril. Mark Lennihan APAgencias/E.P.


    Madrid18 ABR 2018 - 12:29 CEST

    La estatua del doctor James Marion Sims ha sido bajada de su pedestal en Central Park en Nueva York. Conocido en Estados Unidos como el padre de la ginecología moderna, durante décadas fueron menos notables las prácticas sobre las que se sustentaron los avances que consiguió. Activistas han denunciado durante años que sus logros se basaron en experimentos con esclavas afroamericanas y por eso reclamaron al ayuntamiento la retirada de la estatua. Meses después de la creación de una comisión para que estudiara el caso, su retirada se hizo efectiva este martes.

    Hasta Central Park se acercó un grupo de personas que se abrazaban y celebraban que Sims dejara de tener un puesto entre las figuras ilustres que completan el paisaje del parque. “Es importante reconocer que sus contribuciones realmente ocurrieron a expensas de mujeres que no pudieron dar si consentimiento" dijo Bernadith Russell, una doctora afroamericana del hospital New York-Presbyterian, que acudió a ver cómo los funcionarios retiraban la estatua con una grúa. "Reconozco sus contribuciones, pero es como si Josef Mengele hubiese logrado avances en el campo de la medicina. No pondríamos una estatua suya debido a cómo obtuvo esa información", añadió en declaraciones a AFP, en referencia al médico nazi que realizó crueles ensayos con prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial.

    Nacido en Carolina del Sur, Sims estudió medicina y la practicó en una sociedad todavía esclavista en Alabama entre 1835 y 1849. Allí, según consta en sus cuadernos, llevó a cabo operaciones a una decena de esclavas. Posteriormente se desplazó a Nueva York, donde fundó el primer hospital para mujeres en 1855. Fue pionero en la intervención de fístula y también inventó el espéculo y otros instrumentos médicos que se utilizan actualmente. Sin embargo, sus experimentos con esclavas negras, sin anestesia y sin su consentimiento, han planteado cuestiones éticas y rechazo por parte de los activistas de los derechos humanos.

    La reflexión sobre la estatua de Sims y otras esculturas de la ciudad de Nueva York surgió después de los enfrentamientos en una protesta de supremacistas blancos en Charlottesville (Virginia), en agosto de 2017, en contra la retirada de una estatua del general confederado Robert Lee, en la que murió una joven antirracista. Estos enfrentamientos abrieron el debate nacional sobre los símbolos de la guerra de Secesión que todavía siguen presentes y han dividido a la población entre los que piden su retirada porque son considerarlos racistas -el sur era favorable a mantener la esclavitud- y quienes opinan que forma parte de la historia del país.


    Símbolos polémicos

    El alcalde de Nueva York, el demócrata Bill de Blasio, creó una comisión a la que encargó un informe sobre los símbolos en la ciudad que han generado controversia. Los siete miembros votaron a favor de la retirada de la estatua de Sims, a la que habían arrojado pintura roja en señal de protesta en varias ocasiones. La escultura será llevada al cementerio de Gree-Wood en Brooklyn donde está enterrado el doctor.
    La comisión neoyorquina finalmente decidió mantener las estatuas de Cristóbal Colón, la del expresidente estadounidense Theodore Roosevelt -montado a caballo y acompañado a pie por un nativo estadounidense a un lado y un afroamericano al otro- y una placa dedicada a Philippe Pétain, un militar francés que luchó en al Primera Guerra Mundial y luego colaboró con los nazis. No obstante, el Ayuntamiento agregará una leyenda explicativa con más contexto histórico.





    __________________________

    Fuente:

    https://elpais.com/internacional/201...00_696258.html

  13. #33
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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    Experimento Tuskegee, la investigación médica más inmoral de EEUU

    Entre 1932 y 1972, 600 personas del condado de Macon, en el sur de Estados Unidos, formaron parte de uno de los experimentos médicos menos éticos y más controvertidos de la historia del siglo XX



    Durante 40 años, esta investigación se llevó a cabo a la vista de toda la población americana.



    Autor Héctor G. Barnés

    Contacta al autor
    hectorgbarnes





    24.06.2015 – 05:00 H.

    La revelación de que Estados Unidos experimentó durante la Segunda Guerra Mundial con sus tropas afroamericanas ha hecho recordar a muchos el tristemente célebre Experimento Tuskegee, uno de los episodios más lamentables de la historia americna en particular y la de la medicina en general. Desarrollado entre 1932 y 1972 en la localidad sureña de Tuskegee (Alabama), utilizó como conejillos de india a 600 aparceros afroamericanos para comprobar el desarrollo de la sífilis desde sus fases iniciales hasta la muerte. Al final de la investigación, 28 participantes habían fallecido a causa de dicha enfermedad y otros 100 de complicaciones relacionadas con ellas. Además, 40 mujeres habían sido infectadas y 19 niños habían nacido con la enfermedad.

    Para entender lo ocurrido hay que remontarse a finales de los años 20, poco antes del crac económico, cuando el experimento se puso en marcha. Por aquel entonces, no existía ningún tratamiento fiable para la sífilis, tan sólo algunos mecanismos que causaban fuertes efectos secundarios y cuya utilidad no estaba demostrada. Con el objetivo de entender mejor el funcionamiento de la enfermedad, el Servicio Público de Salud y el Instituto Tuskegee decidieron estudiar durante un período de seis a ocho meses la población infectada que habitaba en el condado de Macon y, posteriormente, tratarlos con los medicamentos disponibles. Con lo que no contaban por aquel entonces es con que iban a terminar engañando, enfermando y despreciando a decenas de los estadounidenses más desfavorecidos.


    Cuando la raza y la clase social acaban con tus derechos

    Para llevar a cabo el experimento, se contó con 399 varones afroamericanos, así como con 201 sanos, que habrían de servir de grupo de control. Se dijo a los enfermos que tenían “mala sangre” (bad blood), una palabra genérica para referirse a diversas enfermedades y ofrecieron comida, alojamiento y seguro de deceso a los participantes. En un primer momento, el estudio era meramente prospectivo, es decir, los datos se recogían en tiempo presente para llegar a unas conclusiones ulteriores, ya que no existía ningún tratamiento completamente fiable que lo pudiese convertir en terapéutico. Se reconoce al doctor Taliaferro Clark como su impulsor. Descontento con la metodología de sus compañeros, decidió marcharse al cabo de un año, dejando el experimento en manos de otros médicos menos considerados como el doctor Oliver Wenger, que supervisó el proceso durante años.

    En un correo enviado a su compañero el doctor Raymond Vonderlehr, Wenger le felicitaba por su capacidad para engañar a los “negratas” (utilizaba el término nigger en su misiva). Por ejemplo, durante la investigación, los pacientes recibieron una carta que avisaba que se trataba de “la última oportunidad para tener un tratamiento especial gratis”. Dicho tratamiento no era otra cosa que una punción lumbar para localizar la enfermedad: no había nada de terapéutico en ello.






    El momento crítico se produce, no obstante, en 1947, cuando la penicilina comienza a difundirse como tratamiento para la sífilis. Cuatro años antes la Ley Henderson ordenaba su tratamiento obligatorio. Ello no detuvo el experimento, ni siquiera hizo que se replantease. Al contrario, este siguió adelante como si nada hubiese ocurrido, sin proporcionar penicilina a ninguno de los pacientes. Los responsables de la investigación se negaron a que sus conejillos de indias formasen parte de campañas nacionales para la erradicación de la enfermedad y siguieron proporcionándoles placebo. Ni siquiera durante la Segunda Guerra Mundial, cuando 250 de los participantes en el estudio fueron llamados a filas, pudieron ser tratados, ya que los investigadores adujeron que ya estaban recibiendo medicación.



    Una lección olvidada


    Entre principios de los años 30 y finales de los años 40, la situación internacional había cambiado bastante, en especial por el descubrimiento de la experimentación nazi durante el Holocausto. Ello no impidió que durante esos años el doctor John Heller, director de la División de Enfermedades Venéreas del Servicio Público de Salud, decidiese seguir adelante con el experimento. Años después justificaría a los colaboradores afirmando que “los médicos y el personal civil se limitaron a cumplir con su trabajo. Algunos siguieron órdenes, otros trabajaron para gloria de la ciencia”. Uno de ellos era la enfermera Eunice Rivers, quizá uno de los personajes más controvertidos del reparto de esta tragedia. Se trataba de una mujer local afroamericana que trabajó como asistente de Vonderlehr y que consiguió convencer a muchos de sus vecinos de participar en el experimento. Durante mucho tiempo, fue el enlace entre el grupo de investigadores y los inocentes cobayas.


    En 1997, Bill Clinton se disculpó de forma oficial en la Casa Blanca ante cinco de los supervivientes


    A pesar de que en 1964 la Organización Mundial de la Salud obligó a que todos los experimentos con humanos tuviesen el consentimiento expreso de los participantes, el criterio del Experimento Tuskegee no se revisó. Un par de años después, Peter Buxton, investigador de enfermedades venéreas del Servicio Público de Salud denunció la situación al CDC (Centro de Control de Enfermedades, por sus siglas en inglés), que descartó toda intervención hasta la muerte de todos los participantes, momento en el que finalmente podrían obtener los tan deseados datos. Más de ocho años después, Buxton acudió a la prensa ante la pasividad de las autoridades sanitarias oficiales. Finalmente, el Washington Star y el New York Times publicaron en sus primeras páginas la noticia a finales de julio de 1972 y, en apenas un día, el escándalo fue tal que el proyecto fue clausurado.

    En ese momento, tan sólo 74 participantes originales quedaban vivos. Tanto ellos como las familias del resto de víctimas se repartieron nueve millones de dólares de compensación. En 1997, Bill Clinton se disculpó de forma oficial en la Casa Blanca ante cinco de los supervivientes: “No se puede deshacer lo que está hecho, pero podemos acabar con el silencio”, recordó a las víctimas. “Podemos dejar de mirar a otro lado, miraros a los ojos y finalmente decir, de parte del pueblo americano, que lo que hizo el Gobierno fue vergonzoso y que lo siento”. A pesar de la disculpa, la sombra del Experimento Tuskegee sigue siendo muy larga. No sólo provocó dolor y sufrimiento a centenares de ciudadanos, sino que sus consecuencias se han dejado notar a lo largo del tiempo: provocó que gran parte de afroamericanos desconfiasen de los tratamientos médicos y fuesen reticentes a acudir a un facultativo.

    En 1977, Gil Scott-Heron editó en su álbum Bridges una canción llamada «Tuskegee #626»: “Tuskegee #626, los científicos disfrutan cuando la enfermedad mortal puede hacer lo que quiere, los resultados no son difíciles de predecir”, cantaba en ella. “Tuskegee #626, empujados rápidamente a un lado cuando tus hermanos son cobayas en viciosos experimentos”. Una directa denuncia de uno de los episodios más tristes de la medicina del siglo XX.




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    Re: Cuando los esclavos negros de Norteamérica querían ser españoles

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    En la Florida de España, Fuerte Mose: santuario de libertad para los negros
    Carmelo García Franco



    Al extremo del estado de la Florida, en los confines mismos de Carolina del Sur, está San Agustín, que pasa por ser la plaza más septentrional que ocupó España en la costa atlántica americana, si bien no fuera esta ciudad el genuino confín de las posesiones españolas, que unos pocos kilómetros al norte estuvo el Fuerte de Santa Teresa de Mose: lugar que hoy los americanos hoy reverencian como the black fortress of freedom, la fortaleza negra de la libertad.

    En la navegación a vela, el tornaviaje de las Américas desde el Caribe se hacía aprovechando el arco de la corriente del Golfo, que empujaba las naves hacia el norte, dando lugar al riesgo cierto de que sufrieran ataques desde la costa continental, lo que aconsejaba contar con una base en tierra firme, con un apoyo militar desde el que evitar o paliar aquel peligro: conveniencia que llevó a levantar la fortificación de San Agustín, en un lugar propicio para abrigar naves y razonablemente fortificable.

    Los españoles ya habían explorado la zona en expediciones que tuvieron lugar entre 1513 (Ponce de León) y 1563, pero sin llegar a levantar ninguna fortificación estable. Sin embargo, la presencia, en 1564, de un nutrido contingente de hugonotes franceses, que alzaron un fuerte en la desembocadura del río San Juan, suponía una seria amenaza, que llevó a España a la decisión de establecer una presencia militar permanente en el área. Esa fue la razón del desembarco de Don Pedro Menéndez de Avilés, que dio fin al establecimiento de piratas franceses –allí están sus tumbas- y fundó la ciudad de San Agustín, cuarenta y dos años antes de que los ingleses establecieran la colina de Jamestown, cincuenta y cinco años antes de que desembarcaran los Pilgrims fathers.

    El paraje donde Avilés y los suyos desembarcaron, Misión de Nombre de Dios, es hoy de la Iglesia Católica, que lo mantiene y venera como el lugar más santo de América, por tratarse el primer lugar de los hoy territorios norteamericanos en donde se celebró la Santa Misa. Se trata de un espacioso y grato parque para la oración y la meditación, cuidado y arbolado, junto al mar, amparado por una cruz muy elevada, salpicado de rincones de referencia mariana y custodio de la ermita en donde se venera a la Señora bajo la nada corriente advocación de Our Lady of la leche, en una imagen de la Virgen lactante.

    Imagen de Our Lady of la Leche y ermita en que se venera

    Aunque hay ya rastros en las catacumbas romanas de la devoción a la Virgen de la Leche, por la que se venera a Santa María cuidando tiernamente del cuerpo del Niño Jesús y fue una devoción extendida por toda Europa, arraigó con particular intensidad en la España del siglo XVI, donde el rey Felipe III de Austria ordenó –corría 1598- levantar una ermita en su honor.

    Conocedores y seguidores de tal devoción, los primeros pobladores españoles consagraron la primera ermita dedicada a la Virgen en lo que hoy es territorio norteamericano, bajo el nombre de “Nuestra Señora de la Leche”, cuya imagen era copia de la que se veneraba en Madrid, de modo que, habiendo sido destruida ésta, la original, el 13 de marzo de 1936, al ser devastada la iglesia madrileña de San Luis, en que se encontraba, por la vesania irreligiosa de los albores de la guerra civil, la réplica que se halla hoy en la Florida es lo más cercano que nos queda de aquélla que fue modelo, si bien también haya imágenes bajo el mismo título en Astorga y en Palas de Rei y hasta en Pisa y en Budapest.

    La vida de la ciudad de San Agustín no fue pacífica. En 1586 fue atacada por el siniestro corsario Drake, al servicio de la corona inglesa. Sus edificios fueron arrasados y quemados, pero sin que ello quebrara la voluntad de España de mantener allí su presencia, como tampoco cejó ante el ataque del capitán pirata John Davis, que tuvo lugar ochenta y dos años después, o ante los sucesivos asaltos británicos de 1702 y 1740, siempre peligrosos y atroces, pero siempre sin éxito.

    Por ironías de la política, la imbatida San Agustín vino a ser pacíficamente otorgada a la corona británica en 1763, si bien nuevamente retornaría a España de resultas del Tratado de París, en 1784, para permanecer española hasta 1821, en que fue entregada a los Estados Unidos.

    San Agustín de la Florida, una plaza en disputa.

    Los habitantes de San Agustín no esconden el orgullo por su pasado español, del que hay vestigios permanentes en el paisaje urbano. Y todavía hoy los nombres de las calles denotan la pasada presencia hispana: las calles de Valencia, de Granada, de Córdoba, de de Soto, de Avilés, de Cádiz, de Zaragoza, de la Artillería; y las casas con blasones, el Hospital Militar, la casa de los Mesa, la de los Peso de Burgo, la de los Ximénez-Fatio, la de los Hita, la de los Gallegos, y hasta la catedral, en la que campean los escudos español y norteamericano, hacen eco de lo que la ciudad fue. Y ese eco resuena incluso en la vida local, toda vez que, aunque se trata de una ciudad en la que la lengua inglesa prevalece, se mezclan en el habla local palabras del español colonial y hasta la vida es mucho más a la española que otras ciudades norteamericanas: vías estrechas, terrazas junto a los bares, parques donde corretean los niños, iglesias y misa de doce.

    Se extiende la vieja ciudad española a lo largo de la península que se forma entre la bahía de Matanzas y la desembocadura del río San Sebastián, amparada, unas millas al sur, por el castillo de Matanzas, y al norte, por la imponente mole del castillo de San Marcos, sobre los que hoy, por gracia de la Administración norteamericana, no ondea la bandera de las barras y las estrellas, sino la blanca con la cruz de Borgoña, en un elegante gesto de respeto al propio pasado hispano.

    El castillo, cuya actual traza data de 1672, sustituto de anteriores construcciones de madera que allí mismo se asentaron, es un importante ejemplar de la arquitectura militar española en las Américas, con baluartes apuntados hacia el exterior, y no se construyó en piedra, sino en coquina: una mezcla de moluscos y arena, aglutinada por la cal de las conchas, que resultó ser un excelente material, que no se destrozaba ante los proyectiles del enemigo, sino que los absorbía.

    El castillo de San Marcos y la vieja bandera de la Monarquía Hispánica

    La cercanía geográfica de San Agustín respecto de las colonias inglesas de Carolina del Sur propició un fenómeno que en España no es demasiado conocido: el establecimiento de un verdadero santuario de libertad para los negros que huían de la esclavitud británica.

    Aunque ya se venía produciendo un goteo de esclavos fugitivos hacia la plaza española, fue la llegada de no menos de cien de ellos en 1738 lo que dio lugar al establecimiento de una población fortificada, unas millas al norte de la fortificación del castillo de San Marcos: el fuerte de Gracia Real de Santa Teresa de Mose: el primer sitio en lo que hoy son los Estados Unidos en que los negros pudieron vivir en libertad.

    Desdichadamente, no ha habido hasta hoy ningún productor cinematográfico que se haya arriesgado a divulgar este episodio de libertad que es historia común de España y de los Estados Unidos, si bien sí sea conocido y divulgado por los católicos norteamericanos (a título de ejemplo, la página sobre este particular de la diócesis de Denver), y sean de mucho mérito los esfuerzos que han venido haciendo el Old Florida Museum y el Florida Museum of Natural History, éste bajo la dirección de la profesora Kathleen Deagan, para indagar y dar a conocer lo que aquello fue, hasta la apertura, en 1991, de la exposición itinerante Fort Mose: America´s Black Fortress of Freedom.

    Soldados españoles de raza negra, sirviendo en las plazas del Caribe.

    Ciertamente, en la época, en las posesiones de España, era legal la esclavitud, pero las condiciones de los esclavos británicos y españoles no eran las mismas. El régimen de servidumbre español permitía, por ejemplo, que los esclavos tuvieran dinero propio, para comprar su libertad, les autorizaba a llevar a sus señores ante los Tribunales, impedía que se rompieran familias por motivos de venta y constituía, en definitiva, un sistema más benigno, lo que no fue desconocido por los esclavos que padecían el muy riguroso ordenamiento británico.
    Ya en 1688 se corrió la voz entre los esclavos negros de Carolina del Sur de que San Agustín era un santuario para quienes escapaban. En 1687 había llegado el primer grupo de fugitivos, compuesto por ocho hombres, dos mujeres y un niño. Y el goteo fue a partir de entonces incesante, hasta llegar en cifras cercanas a la centena, como se ha dejado dicho.

    Ante tamaño aluvión, se decidió, en 1738, permitir el establecimiento de los negros fugitivos, en régimen de libertad, en el asentamiento extremamente fronterizo que hoy se conoce como Fort Mose.

    Enterrados hoy bajo las ciénagas, así debieron ser el pueblo y fuerte de Gracia Real de Santa Teresa de Mose.


    Curiosamente, ni los primeros esclavos en América habían sido africanos, ni los primeros africanos en América habían sido esclavos.

    Aunque, como es sabido, el celo de la Reina Isabel prohibió en su testamento la servidumbre de los indios (“no consientan ni den lugar que los Indios vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados”), es lo cierto que esa real voluntad quebró no pocas veces en la práctica, llegándose a justificar la esclavitud de aquellos indios que rehusaran la conversión o practicaran el canibalismo. Y mientras que los primeros esclavos eran indios, estaban arribando a las Américas, como hombres libres, en las primeras expediciones, marineros, soldados y colonos de raza negra, como, por ejemplo, Juan de las Canarias, que se había enrolado en la Santa María con Cristóbal Colón; como Juan Garrido, que partió desde Sevilla, por su propia voluntad, hacia La Española (Santo Domingo) y participó en las exploraciones de Ponce de León y, luego, en las campañas de Cortés, con el que combatió en Tenochtitlán; como Estebanico, explorador de Pánfilo de Narváez quien, tras fracasar la expedición a la Florida de 1528, fue uno de los cuatro, de cuatrocientos, que sobrevivieron, al conseguir llegar andando, tras ocho años de caminar, desde la Florida hasta México, para luego morir en combate contra los indios Zuni; como Juan Valiente, que guerreó en Guatemala, en el Perú y en Chile; y como otros de los que no cabe memoria.

    Ciudadanos norteamericanos, vestidos con uniformes españoles de época, hacen memoria de la milicia de hombres negros libres que sirvió en los confines de la Florida.

    No hay duda de que la existencia de hombres libres de raza negra bajo el régimen español alentó que se constituyera aquella comunidad de Santa Teresa de Mose, que fue, según han escrito Katlheen Deagan y Darcie MacMahon, un símbolo de esperanza para muchos africanos de la colonia inglesa.

    Aunque la hospitalidad española respondía a la convicción de que quienes libremente abrazaran la religión católica debían vivir como hombres libres, hay que presumir que, junto a tal creencia, operaría la conveniencia de restar fuerza económica a las colonias británicas, generar inseguridad, y ganar nuevos trabajadores, aunque en régimen de libertad. Y es que en Carolina del Sur, sobre una fuerza de trabajo de cuarenta mil esclavos negros, dominaba una población blanca de sólo veinte mil colonizadores, en una proporción que hacía extremadamente preocupante cualquier intento de rebelión espartaquista.

    De la política española de acogida queda testimonio en la cédula otorgada en 1693 por el Rey Carlos II, que cabalmente expresaba su voluntad de que “dando libertad a todos.. tanto a los hombres como a las mujeres.. sea ello ejemplo de mi liberalidad y dé lugar a que otros hagan lo mismo”.

    Constantemente incrementado el número de quienes escapaban de las plantaciones esclavistas de Carolina, se llegó a constituir, en 1738, bajo bandera de España, una milicia negra, con oficiales de la propia raza, como lo fue el capitán Francisco Menéndez, en otro tiempo esclavo evadido. Y no se trataba de una fuerza simbólica, sino bien operativa, habida cuenta de que su calidad de veteranos fugitivos les había dado un buen conocimiento de la zona, mientras que su condición de antiguos esclavos, les hacía valientes y con resuelta voluntad de vencer, para no volver jamás a la servidumbre.

    Destruido Fuerte Mose por los ingleses en 1740, sus ocupantes se defendieron desde San Agustín, que resistió.
    Cuando, en 1763, por el tratado de París, se entregó pacíficamente la Florida a Inglaterra, los que habían sido defensores de Fort Mose embarcaron, junto a los pobladores de procedencia peninsular, hacia la isla de Cuba, especialmente hacia Matanzas, en donde siguieron su vida como hombres libres.

    Sólo algunos de los antiguos esclavos regresaron a San Agustín cuando la Florida volvió de nuevo a España, en 1784. Y rindieron un último servicio al aplastar a los Florida Patriots, que se habían atrevido ocupar Mose, reclamando el territorio para los Estados Unidos. En aquella ocasión, una vez más, se destruyó el viejo fuerte, cuyo asentamiento quedaría enterrado en las marismas, para ser explorado sólo al cabo de muchos años, no ya por soldados, sino por voluntariosos investigadores.




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