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Tema: Contra la propaganda de la “Leyenda Negra”

  1. #1
    Avatar de Hyeronimus
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    Contra la propaganda de la “Leyenda Negra”

    "Árbol de odio", el clásico de Powell

    Contra la propaganda de la “Leyenda Negra”



    “Desde los libros de texto a las novelas de capa y espada y viceversa, a los villanos españoles raramente se les concede una oportunidad frente a los héroes nórdicos. Tal vez sea mejor, pues al contrario de las creencias populares, el auténtico español, especialmente en su apogeo imperial, fue un soldado y diplomático de primera clase, con muchas victorias en su haber; podría significar una gran desilusión para nuestros escolares y público el conocer cuán a menudo desbarató los planes de nuestros antepasados anglosajones”. Así hablaba el norteamericano Philip W. Powell en un libro clásico, "Árbol de odio", publicado por Porrúa en 1972 y reeditado próximamente por Áltera. Hoy es el día adecuado para rescatar algunas de sus ideas.
    PHILIP W. POWELL

    "La escala de los héroes de la anti-España se extiende desde Francis Drake hasta Teodoro Roosevelt; desde Guillermo El Taciturno hasta Harry Truman; desde Bartolomé de Las Casas hasta el mejicano Lázaro Cárdenas o de los puritanos de Oliverio Cromwell a los comunistas de la Brigada Abraham Lincoln –de lo romántico a los prosaico, y desde lo casi sublime, hasta lo absolutamente ridículo. Hay mucha menos distancia de concepto que la que hay de tiempo entre el odio anglo-holandés a Felipe II y sus ecos en las aulas de las universidades de hoy; entre la anti-España de la Ilustración y la anti-España de tantos círculos intelectuales de nuestros días.

    La deformación propagandística de España y de la América Hispana, de sus gentes y de la mayoría de sus obras, hace ya mucho tiempo que se fundió con lo dogmático del anticatolicismo. Esta torcida mezcla perdura en la literatura popular y en los prejuicios tradicionales, y continúa apoyando nuestro complejo nórdico de superioridad para sembrar confusión en las perspectivas históricas de Hispanoamérica y de los Estados Unidos. Sería suficiente esta razón para inducir al profesorado y otros intelectuales a promover y favorecer cuanto contribuya a eliminar los conceptos erróneos vigentes sobre España.

    Por lo general, la propaganda efectiva está dirigida por intelectuales que se entregan apasionadamente a una causa, o bien lo hacen por determinada recompensa –hombres familiarizados con los medios adecuados para moldear el pensamiento de los demás. Esto es lo que a menudo ha sucedido con las propagandas antiespañolas, tanto en los tiempos pasados como en la actualidad. Por desgracia, esta entrega de líderes espirituales a misiones propagandísticas, tanto en el curso de los siglos XVI y XVIII como en el XX, ha determinado con frecuencia un excesivo éxito en la santificación del error. Cierto es que la Leyenda Negra ha tenido detractores de gran talla intelectual desde sus comienzos, pero no es menos cierto que tales refutaciones nunca han gozado del grado de difusión alcanzado por las mentiras destinadas a mover o manufacturar prejuicios populares. La erudita oposición a las falsas interpretaciones populares de los hechos históricos españoles, ha estado circunscrita a círculos limitados, y el número de los bien informados sigue siendo reducido por falta de un vigoroso esfuerzo contrario.

    El estereotipo del español, según nuestros textos escolares, literatura popular, cine y televisión, es de un individuo moreno, con barba puntiaguda, morrión y siniestra espada toledana. Se dice que es, por naturaleza, traicionero, lascivo, cruel, codicioso y absolutamente intolerante. A veces toma la forma de un encapuchado inquisidor, malencarado. Más recientemente, y con menos acritud, se le ha presentado como una especie de astuto, escurridizo, semidiabólico y donjuanesco "gigolo". Pero sea cualquiera la descripción que de él se haga, lo más frecuente es que se le presente contrastándolo con el "ego" nórdico.

    El conflicto histórico y literario entre el héroe nórdico y el villano español, tan popular en el mundo de habla inglesa, que se remonta a la época de Francis Drake y de la Armada Española, ha moldeado en nosotros, al igual que en nuestros mayores, una firme fe en la superioridad nórdica. Aquel villano español de la obra, continúa personificando las perversidades de la Iglesia Católica-Estatal; la barbarie de la conquista del Nuevo Mundo, y un genérico concepto de inferioridad moral-físico-intelectual, en contraste con las virtudes de los nórdicos.

    Desde los libros de texto a las novelas de capa y espada y viceversa, a los villanos españoles raramente se les concede una oportunidad frente a los héroes nórdicos. Tal vez sea mejor, pues al contrario de las creencias populares, el auténtico español, especialmente en su apogeo imperial, fue un soldado y diplomático de primera clase, con muchas victorias en su haber; podría significar una gran desilusión para nuestros escolares y público el conocer cuán a menudo desbarató los planes de nuestros antepasados anglosajones. Vayan como prueba unos pocos ejemplos: la derrota de Juan Aquines (John Hawkins) y Francis Drake en Veracruz (Méjico) en 1568; la airosa defensa de Cartagena de Indias contra la flota de Lord Vernon en 1740; la derrota por los hispanoargentinos de dos intentos sucesivos de invasión inglesa en 1806 y 1807; el fracaso del proyecto de Cromwell contra las Indias Españolas, en contraposición con sus grandes objetivos; y un éxito general al mantener, e incluso aumentar, sus dominios americanos no sólo contra los ingleses, sino contra cuantos les amenazaron y atacaron."


    http://www.elmanifiesto.com/articulo...idarticulo=930

  2. #2
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    Re: Contra la propaganda de la “Leyenda Negra”

    La leyenda negra, por Alberto G. Ibáñez

    Entrevistamos a Alberto G. Ibáñez, autor del libro "La leyenda negra. Historia del odio a España". Un libro imprescindible para comprender nuestra historia y cómo es tergiversada por enemigos y competidores (también para dominar el "relato" del presente), lo cual entra dentro de lo razonable; pero que desgraciadamente los españoles e hispanoamericanos hemos asumido como verídica.

    Aunque la entrevista no puede agotar lo aportado y explicado por Alberto G. Ibáñez en su obra "La leyenda negra" (la cual recomendamos no dejen de leer), trata de ser exhaustiva y no dejar sin tocar nada de lo analizado por el autor, siendo así que, debido a su duración, en Cima & Holzenthal hemos decidido mostrársela en dos partes.






  3. #3
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    Re: Contra la propaganda de la “Leyenda Negra”

    Jesús G. Maestro - Literatura en español ante la leyenda negra

    Jesús G. Maestro, Literatura en español ante la leyenda negra. De España frente a Europa de Gustavo Bueno a 6 relatos ejemplares 6 de Elvira Roca Barea
    Lección en la Escuela de Filosofía de Oviedo, el día 19 de octubre de 2020

    Jesús Maestro, Literatura en español ante la leyenda negra

    La publicación en 1999 de España frente a Europa de Gustavo Bueno galvanizó, entre otras muchas cuestiones muy actuales, el papel de España –su obra histórica, política, científica, literaria…– ante la leyenda negra. En esa genealogía bibliográfica cabe situar libros posteriores de Ivan Vélez, Roca Barea, Estanislao Jorge Payne, Pedro Insua, &c.

    Si examinamos la obra literaria de España en referencia a la leyenda negra, se observa que prácticamente desde el último Siglo de Oro, con la literatura de Quevedo, hasta la aparición de los 6 relatos ejemplares 6 de Elvira Roca Barea, el silencio de autores, intérpretes e hispanistas en general, ha sido extraordinario, con las puntuales excepciones de un Feijoo o de un Cadalso, y poco más, hasta casi los umbrales del siglo XX, donde los efectos de la propaganda luterana y anglosajona comienzan a tomarse en serio solamente por parte de algunas figuras de cierta referencia.

    En connivencia con algunas de estas figuras literarias, persisten autores, muy reconocidos, como Valle-Inclán, Pérez de Ayala o Martín Santos –entre otros muchos (alguno incluso Premio Cervantes de las Letras, como Goytisolo)–, que siguieron, irreflexivamente, cultivando, desde dentro de la creación literaria, el caldo y la psicología más acríticamente negrolegendarias. A este tipo de escritor siguió o acompañó otro modelo que, a título de género literario, y con vulgares pretensiones de ganarse el consumo lector de un público fácil, se apuntó al negocio de escribir para negrolegendarios.

    A estas y otras cuestiones nos referiremos en la conferencia, para desembocar en un asunto final que consideramos de importancia y gravedad: los efectos adulterantes y nocivos que la propaganda negrolegendaria ha provocado –y provoca– en los estudios literarios actuales, y su paulatina introducción en una concepción de la Teoría de la Literatura fragmentada, ilusa e irreal.

    Este tipo de fenómenos no constituyen una novedad en la invención histórica de influencias que han tratado de verterse sobre la Hispanidad con pretensiones de europeización, modernización, progresismo, etc., pues podríamos enumerar –y es uno de los puntos esenciales de esta conferencia– varios casos anteriores:

    1) La intromisión del erasmismo
    2) La exaltación académica y universitaria del luteranismo y de la Reforma religiosa
    3) La idealización de la Ilustración dieciochesca europeísta
    4) La inyección krausista
    5) Los intentos por eclipsar la originalidad del realismo español
    6) Actualmente es la posmodernidad


    Texto completo de la presentación en: Jesús Maestro, Literatura en español ante la leyenda negra





    https://www.youtube.com/watch?v=e3A-udlDxKk&t=1827s

  4. #4
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    Re: Contra la propaganda de la “Leyenda Negra”

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Cinco películas anglosajonas cargadas de Leyenda Negra y errores históricos sobre los españoles

    Hay un discurso del odio que todavía hoy se refleja en la manera en la que el resto del mundo y del cine ven a la nación de la siesta, la sangría y las palmas



    Grabado de Theodor de Bry ilustrando la Brevísima


    César Cervera

    Actualizado:31/01/2021 11:46h



    Unos tienen fama de un ácido sentido humor y de estar todo el día tomando el té. Otros de amar por encima de todas las cosas la «Liberté, la Égalité, la Fraternité» y el queso roquefort. Muchos en el norte de ser demasiado trabajadores o exageradamente cívicos... Todos los países y razas tienes vinculados una serie de estereotipos, casi siempre falsos o incompletos pero pocas veces tan dañinos como en el caso español. Buena parte de los tópicos sobre los españoles derivan de lo proclamado por la propaganda angloholandesa del siglo XVI (ellos fueron los precursores, aunque no los únicos) sobre la naturaleza violenta, fanática, atrasada y depravada del país de Felipe II. Un discurso del odio que todavía hoy se refleja en la manera en la que el resto del mundo y del cine ven a la nación de la siesta, la sangría y las palmas.

    «Las películas nunca son totalmente inofensivas. Las imágenes quedan grabadas en la mente con mucha más profundidad que la palabra escrita», asegura Henry Kamen sobre el peligro de perpetuar ciertos prejuicios.


    «Piratas del Caribe»

    Como cuenta Esteban Vicente Boisseau en el estudio «La imagen de la presencia de España en América (1492-1898) en el cine británico y estadounidense», es impensable que hoy en día en parques temáticos dirigidos a un público infantil se escenificara en una atracción con música alegre el saqueo, por ejemplo, de un pueblo chino en 1930 por tropas japonesas o uno alemán por tropas suecas en el siglo XVII. Y eso es precisamente lo que se representa en las películas de Disney de la saga «Piratas del Caribe»: la escenificación alegre del robo, tortura y saqueo de ciudades españolas de América, que eran en el momento que se desarrolla las cintas el país con mayor presencia en la zona.




    La saga de «Piratas del Caribe» ha contribuido a banalizar el saqueo que realizaban los piratas, sobre todo anglosajones, a poblaciones de El Caribe


    «Esto indica una banalización del mal en el pensamiento del público, con una interiorización por cientos de millones de personas de la idea de que es admisible y normal visualizar despreocupadamente delitos cometidos por piratas», apunta en su informa Esteban Vicente Boisseau. Desde una visión anglosajona de la historia se hace apología de comportamientos tipificados como delictivos criminales según las legislaciones penales occidentales e internacionales. Se normaliza el sufrimiento de miles de personas para ensalzar a unos héroes, o antihéroes, que gozan de inmerecida fama en el imaginario anglosajón.

    En paralelo al aumento de comercio entre América y Sevilla, la Monarquía francesa y otros enemigos del imperio comenzaron a financiar las expediciones piratas contra los barcos que usaban los españoles para transportar las mercancías. En 1521, piratas franceses a las órdenes de Juan Florin lograron capturar parte del conocido como «El Tesoro de Moctezuma», el grueso de las riquezas que Hernán Cortés envió a Carlos V tras la conquista de Tenochtitlan, abriendo toda una nueva vía para asaltos y abordajes. Sin embargo, los españoles aprendieron pronto a defenderse de los piratas franceses, a los que más tarde se unieron los ingleses y los holandeses, a través de impresionantes galeones, mucho más armados que los navíos piratas, y un sistema de convoys que, siglos después, serviría a las naciones aliadas en la Primera Guerra Mundial para vertebrar su defensa contra los submarinos alemanes.

    Entre 1540 y 1650 –periodo de mayor flujo en el transporte de oro y plata– de los 11.000 buques que hicieron el recorrido América-España se perdieron 519 barcos, la mayoría por tormentas y otros motivos de índole natural. Solo 107 lo hicieron por ataques piratas, es decir menos del 1 %, según los cálculos de Fernando Martínez Laínez en su libro «Tercios de España: Una infantería legendaria».


    Entre 1540 y 1650, periodo de mayor flujo en el transporte de oro y plata, de los 11.000 buques que hicieron el recorrido América-España se perdieron 519


    El historiador Germán Vázquez Chamorro, autor del libro «Mujeres Piratas» (Algaba Ediciones), resta importancia a la influencia que pudo tener la piratería en el proceso de decadencia del Imperio español. En su opinión, los más famosos piratas encumbrados a la fama, sobre todo por la literatura y la propaganda inglesa, realmente atacaban barcos pesqueros o chalupas de escaso o nulo valor para la Corona española. De hecho, los enemigos de España prescindieron de aliarse con los piratas cuando descubrieron otros métodos para ganarle terreno a este imperio. Así, en los siglos XVII y XVIII, todas las naciones se conjuraron para perseguir y castigar sin piedad a los piratas.


    Roosevelt, el héroe que masacraba españoles

    Una de las razones por las cuales EE.UU. convenció a su opinión pública de la necesidad de expulsar a los españoles de Cuba es porque, siguiendo los dogmas de la Leyenda Negra, se trataba de un pueblo de malos cristianos incivilizados que estaban explotando a la población local. A esta campaña de propaganda contribuyó la prensa amarillista y también políticos como Theodore Roosevelt, que sería presidente del país de 1901 a 1909 e intervino directamente en guerra.

    Roosevelt era un firme defensor de la superioridad de la raza anglosajona-germánica, como así escribió en su libro «La conquista del oeste», dando a entender que los indios, los afroamericanos y los hispanos eran seres inferiores. Por esas convicciones y por mero interés político, el entonces subsecretario de la Armada no dudó al estallido de la guerra con España en alistarse como teniente coronel, segundo al mando del 1º Regimiento de Caballería voluntaria, unidad de más de mil jinetes conocida como «Rough Riders» («jinetes duros»). No obstante, el papel de Roosevelt en esa colina de San Juan (Santiago de Cuba), la batalla más sangrienta de la guerra, se mitificó hasta caer en mentiras flagrantes. Se difundió, con pinturas de Remington, la imagen del político encabezando una valiente carga de su regimiento contra una colina minada de españoles.




    Fotograma de Roosevelt en la serie «Jinetes rudos»


    Con los años esta visión mitificada le valió a Roosevelt la Medalla de Honor del congreso y obras de cine, sin el menor criterio histérico, a modo de homenaje. William Night dirigió en 1919 «The fighting Roosevelts», una biografía autorizada por el presidente que incluía la carga en San Juan. La realidad es que Roosevelt y sus hombres subieron a la colina a pie, mientras eran los «Buffalo Soldier», una unidad de afroamericanos que había salvado a los «Rough Riders» en la colina anterior, quienes realizaron el ataque más directo frente a un grupo de españoles en inferioridad numérica. Los «Rough Riders» llegaron tarde al combate, pero a tiempo de hacerse una fotografía emblemática y de disparar a los españoles por la espalda. El propio Roosevelt se jactó tras el conflicto de matar a los enemigos como animales: «Yo maté con mi propia mano a un español como a una liebre».


    «Yo maté con mi propia mano a un español como a una liebre»


    Otras películas posteriores como «La negativa» (1925) y «The Rough Riders» (1927) retrataron el conflicto en los mismos términos románticos. Asimismo, en 1997, en vísperas del centenario del conflicto se filmó la serie «Jinetes rudos», que utiliza «la inversión de la culpabilidad, el ocultamiento de hechos históricos, la exageración y tergiversación de hechos» para presentar una realidad alternativa a lo realmente pasó en Santiago de Cuba . Además de mentiras y mitos, la ficción pone énfasis en la unión de yanquis y confederados en la guerra, así como en la integración de nativos americanos, afroamericanos e incluso un personaje hispano, el sargento Rafael Castillo, que dice luchar por la libertad de los cubanos, americanos como él, frente a los españoles que los maltratan con hambre, golpes y toman sus mujeres.

    Reconstrucción del todo improbable sobre la situación de EE.UU. en 1898, donde los veteranos confederados jamás hubieran aceptado tener cerca a negros cuando el Ku-Klux-Klan campaba a sus anchas en el sur; donde los mexicanos sabían que España no era ya el auténtico enemigo, tras la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), que obligó a México a ceder la mitad de su territorio soberano a EE.UU.; y donde los nativos estaban confinados en reservas miserables.


    «El nombre de la rosa»

    Otra película citada por Esteban Vicente Boisseau como ejemplo sobre el tópico de los españoles fanáticos es «El nombre de la rosa» (1986), basada en la novela del italiano Umberto Eco con el mismo título. En esta obra europea pero rodada con actores y en idioma ingleses, se suceden una serie de asesinatos en una abadía italiano de la Orden de San Benito del siglo XIV que tiene que investigar el fraile británico Guillermo de Baskerville, un antiguo inquisidor seguidor de Roger Bacon y Guillermo de Ockham, dos promotores británicos de la ciencia y el razonamiento lógico como un don divino. Frente al progreso representado por los ingleses, el responsable de los crímenes resulta ser el monje castellano Jorge de Burgos, un fanático supersticioso que odia la risa y el progreso.


    Umberto Eco lo describe así:

    «El que acababa de hablar era un monje encorvado por el peso de los años, blanco como la nieve; no me refiero al pelo, sino también al rostro, y a las pupilas. Comprendí que era ciego. Aunque el cuerpo se encogía ya por el peso de la edad, la voz seguía siendo majestuosa, y los brazos y manos poderosos. Clavaba sus ojos en nosotros como si nos estuviera viendo, y siempre, también en los días que siguieron, lo vi moverse y hablar como si aún poseyese el don de la vista. Pero el tono de la voz, en cambio, era el de alguien que estuviese dotado del don de la profecía».




    Fotograma de Sean Connery como el fraile iluminado de «El nombre de la rosa»


    De alguna manera Guillermo de Baskerville es un precursor de la Reforma y Jorge de Burgos uno de esos católicos que se aferrarían supuestamente al pasado en el Cocilio de Trento. La idea de que el mundo anglosajón, vía reforma protestante, logró romper con las cadenas que amarraban a Europa a la Edad Media es una constante para explicar por qué hoy en día, al menos en apariencia, la zona católica del continente está menos desarrollada económica y científicamente. Sin embargo, no existe una correlación causal entre la Reforma y la Revolución científica. Como señaló el célebre historiador de la ciencia David Wooton en un artículo en la revista Nature, en 2017, titulado «History: Science and Reformation», «la revolución científica se produjo independientemente de la reforma protestante, si esta no hubiese existido los logros científicos hubieran sido los mismos».


    No existe una correlación causal entre la Reforma y la Revolución científica, solo temporal


    La prueba de ello es que hubo grandes científicos católicos, como Copérnico, Galileo, Pascal o Mendel, sin que nacer a un lado o a otro de Europa garantizara un camino de rosas a los descubridores. Porque tampoco es cierto que los protestantes fueran más permeables a ciertos descubrimientos. En España gozó de gran prestigio la obra de Copérnico y la Universidad de Salamanca la consideró de obligatoria lectura, mientras esta era prohibida en las Universidades de Zúrich (1553), Rostock (1573) y Tubinga (1582), entre otras en territorios protestantes. Calvino llegó a atacar al polaco por osar colocarse por encima del Espíritu Santo.


    «1492: La conquista del paraíso»

    El supuesto genocidio de la población indígena en América es otro de los puntales de la conocida como Leyenda Negra. La película «1492: La conquista del paraíso», dirigida por Ridley Scott en el año que se conmemoraron quinientos años de la llegada de Colón, recurre a los tópicos habituales para explicar cómo una nación atrasada y fanática como Castilla, representada como un campo de ejecuciones y represión inquisitorial, acabó enriqueciéndose a base de corromper un paraíso en la tierra. Idea extraída del mito del «buen salvaje» de la Ilustración, de modo que se presenta a los indígenas y a las sociedades precolombinas como un paraíso perdido que corrompieron los europeos. Esto casa poco con los sacrificios humanos, el canibalismo y la brutalidad que hallaron los conquistadores en algunos pueblos americanos.




    Gérard Depardieu, como Colón, en «1492: La conquista del paraíso»


    En la película de Ridley Scott, el genovés Colón debe enfrentarse a la oposición de muchos elementos de la sociedad castellana para lograr sacar adelante su expedición, de manera que más que con ayuda española consigue alcanzar América a pesar de ellos. La visión antiespañol aparece reflejada en el maltrato sistemático de los indios nada más pisar tierra. El español Adrián de Moxica, personaje real que fue con Colón en su tercer viaje, corta manos y maltrata a los indios que no le entregan oro e impuestos, mientras el navegante supuestamente genovés se opone a esta forma de actuar de los españoles. La realidad es justo la contraria. Cristóbal Colón hizo oídos sordos a las reclamaciones de Isabel La Católica de «tratar a dichos indios muy bien y con cariño» y esclavizó a los indios taínos en sus sucesivos viajes hasta reducir dramáticamente su número.


    El español Adrián de Moxica, personaje real que fue con Colón en su tercer viaje, corta manos y maltrata a los indios que no le entregan oro e impuestos, a pesar de que el navegante supuestamente genovés se opone a esta forma de actuar


    El cronistas Bartolomé de Las Casas criticó la crueldad de Colón con los indios y recordó en sus textos que contradecía el espíritu «de benevolencia, dulzura y paz cristiana» reclamado por los Reyes Católicos. Cuando en su segunda vuelta a España apareció Colón con un millar de esclavos, la Reina de Castilla ordenó al marino que devolviera como fuera a aquellos hombres y mujeres al Nuevo Mundo, lo que para muchos de ellos fue demasiado tarde, debido al frío ibérico y la exposición a enfermedades desconocidas.


    «Elizabeth: la Edad de Oro»

    La tradición anglicana coloca en la lucha entre católicos y protestantes del siglo XVI, escenificada en la mal llamada Armada Invencible, el mito fundacional de la nación inglesa. Felipe II es el villano de una fábula donde los católicos ingleses, como hoy los catalanes que no se declaran independentistas, son pintados por los nacionalistas como traidores o agentes al servicio de extranjeros. Los verdaderos ingleses son los anglicanos y el resto son fanáticos foráneos.




    En «Elizabeth: la Edad de Oro», Isabel I es representada como una guerra que condujo a las tropas a la costa por si desembarcaban los españoles en Inglaterra


    La película británica «Elizabeth: la Edad de Oro» (2007), donde Felipe II es interpretado por un Jordi Mollà de voz siniestra y personalidad oscura, recoge todos los mitos nacionalistas antiespañoles. No solamente muestra a Isabel I como una mujer guerrera, compasiva e iluminada por la luz frente al intrigante Rey de España, también presenta la catástrofe de la Grande y Felicísima armada española como consecuencia de la victoria de los rápidos y astutos buques ingleses sobre los lentos y atrasados barcos españoles, a pesar que en realidad apenas se produjeron combates entre ambas escuadras.

    El hispanista Henry Kamen criticó el film por su falta de rigor y sus concesiones a la tradición nacionalista al presentar a los españoles como «los enemigos diabólicos de España», idea presente durante siglos en la persecución y ejecución de miles de católicos, además de perpetuar una imagen «absolutamente negativa e incorrecta de las relaciones históricas entre Inglaterra y España». En general, el historiador británico definió la cinta como «0 científicos e inventores españoles que cambiaron el mundo y fueron borrados por la Leyenda Negra




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    Fuente:

    https://www.abc.es/historia/abci-cin...i=noticia.foto

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