El texto del artículo de Ángel Gómez Escorial al que hace referencia Luis Pérez Domingo es el siguiente.


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(Fuente: La Vanguardia, 8 de Febrero de 1980, página 12)



País Vasco: El informe que pidió Carrero Blanco



Madrid, 7. (Especial para «La Vanguardia».) – En el año 1964, un grupo de jóvenes oficiales del Ejército, adscritos al Alto Estado Mayor, realizaron un informe sobre el País Vasco, ETA y la eclosión nacionalista. Dicho trabajo se hizo por encargo especial del almirante Carrero Blanco. Unos cien folios daban una muy completa «precisión de riesgos». En estos momentos, interesa el ejercicio de futuro construido hace más de quince años. Es probable, incluso, que si los consejos dados a Carrero Blanco hubieran sido tomados en cuenta, el problema vasco sería hoy mucho menor.

En las soluciones policiales se incluía la necesidad de ejercer una fuerte presión sobre las autoridades francesas. Se especificaban hechos concretos que demostraban complicidad por parte del país vecino. Esto, en definitiva, es suficientemente sabido y poco importa, en la actualidad, su desarrollo. Lo más llamativo del informe se cifra en una estrategia de medidas políticas que habrían de haberse llevado a cabo para neutralizar la, entonces, naciente operación antiespañola.

Se detectó en las ikastolas –escuelas euskera regidas por sacerdotes– importantes focos de acción nacionalista. Los religiosos, en general, eran nacionalistas, pero no revolucionarios. Incluso muchos de ellos no permitían que en sus centros se repartieran textos o se enseñaran consignas revolucionarias. El estudio preconizaba un apoyo a estos centros, ofreciendo ayudas desde el Ministerio de Educación y, también, la apertura de negociaciones con la jerarquía vasca por la que se aseguraría la existencia de los centros, siempre y cuando hubiera compromiso y vigilancia para evitar la propagación de doctrinas disgregadoras respecto a la comunidad española. Sectores de la jerarquía de Euskadi aceptaban el acuerdo e, incluso, lo veían razonable.

Al parecer, el pragmatismo de Carrero Blanco hizo que algunas partes del informe fueran enviadas a vascos notables muy relacionados con el anterior régimen y con el mundo de las finanzas. Los consultados, en su totalidad, informaron en contra. Minimizaron la importancia de las ikastolas e, incluso, un vasco que había ocupado un alto cargo en la Administración de Madrid llegó a decir que no existía, ya, ese espíritu nacionalista.

La jerarquía católica, no vasca, aconsejó no negociar con un mínimo sector del clero vascongado. Había –según mis noticias– una curiosa particularidad. Los «encuestados» ignoraban que el informe había sido realizado por militares y algunos de ellos expusieron al almirante Carrero sus dudas sobre que el texto fuera fiable y «leal». Cuando el «número 2» de Franco señaló a unos pocos de sus interlocutores el origen del mismo, tampoco éstos cambiaron de opinión. Podemos anticipar que esa previsión de riesgos fue olvidada.

Hay más cosas. El informe presenta también que era suicida destruir al carlismo. Ese movimiento popular, indiscutiblemente alineado a la derecha, podía frenar, en el futuro, la orquestada corriente antiespañola. Se recomienda revitalizar al carlismo separándole en lo posible de la burocracia del movimiento nacional, mediante la sustitución de sus dirigentes de entones –entregados absolutamente al juego de los jerarcas azules históricos– por personas más en contacto con los pueblos vasco y navarro. Según parece, don Luis Carrero Blanco pensó que esa «jugada» perjudicaría, entonces, a la sucesión de Franco en la figura de don Juan Carlos de Borbón. Sin embargo, el documento señalaba que esa potenciación más abierta del carlismo, desvirtuaría cualquier exigencia de don Carlos Hugo. Desde Madrid, se siguió machacando al carlismo hasta su desaparición.

Parece claro. Si Carrero Blanco y sus colaboradores vascos y navarros hubieran tomado en cuenta el estudio es casi seguro que la tragedia de Euskadi sería hoy menor para vascos y españoles. Hay un último detalle con característica de anécdota o de hecho casual. Algunos de los oficiales que participaron en la elaboración del informe fueron ascendidos poco después para prestar servicios de agregados militares en diversas Embajadas españolas. – Ángel Gómez Escorial.



Fuente: HEMEROTECA LA VANGUARDIA