Nunca debemos olvidar aquel 16 de julio de 1212. Ese fue el momento en el que nuestros antepasados, se enfretaron a las huestes de Mira-Manolín, el rey moro, y triunfaron. Dándonos, gracias a su sangre y esfuerzo, la libertad de la que hasta no hace mucho pudimos gozar.
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