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Tema: Espías del Imperio español

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    Espías del Imperio español

    Espías del Imperio español: el 'oscuro' secreto que hizo de los Tercios en una máquina de destrucción
    Fernando Martínez Laínez publica 'Espías del Imperio', el primer recorrido por los servicios secretos de los Austrias





    Manuel P. Villatoro


    Corría el siglo XVI en esa España de gorro, capa y espada ropera. Al norte, Sebastián de Arbizu, navarro de nacimiento y agente secreto al servicio de Su Majestad Imperial, barruntaba entrar en Bayona con un centenar de vascos más. La idea: provocar el caos en el interior a golpe de incendio. Distracción perfecta para que una fuerza desembarcara desde San Sebastián. De paso, anhelaba un ascenso, que nunca van mal. Aunque el plan no llegó a ejecutarse por diferentes causas, el suyo fue un claro ejemplo de hasta qué punto había un trasiego de confidentes en nuestra antigua España. El plan fue uno de muchos. Lo mismo que los espías, contados por decenas durante tres siglos. Y, hasta ahora, habían permanecido a un lado de la historia. Por ello, por el desconocimiento que rodea a su labor (vital, entre otras tantas cosas, para las victorias militares de los míticos Tercios), el periodista y escritor Fernando Martínez Laínez ha alumbrado 'Espías del Imperio'. Porque, según desvela a ABC, hacía falta un ensayo que buceara en todo este entramado.

    ¿Tenía el concepto 'inteligencia' en la época de la Monarquía Hispánica el mismo significado que hoy en día?

    El mismo en la práctica, y se empleaba en los documentos y avisos de la época para referirse al espionaje, igual que ahora. El concepto se mantuvo en el siglo XVIII y figuraba ya en el primer diccionario de la RAE de 1732.



    ¿Cómo ha afectado la Leyenda Negra a los servicios secretos de la Monarquía Hispánica?, ¿han sido ninguneados, o vilipendiados?


    El ninguneo ha sido sistemático. Apenas existen referencias bibliográficas o de personajes en publicaciones foráneas actuales sobre la inteligencia española en ese tiempo. Y no hablemos de películas, series o novelas históricas, donde el vacío es clamoroso. Es como si nuestros servicios secretos no hubieran existido o no se hubieran enterado de nada, en contraste con el bombo con que se recogen los hechos y la biografía de Walsingham, por ejemplo, el creador del servicio secreto inglés.

    Afirma que los Reyes Católicos, y en concreto Fernando, fueron los primeros en crear una red de espionaje. ¿Quiénes fueron sus espías más famosos?, ¿cómo colaboraron estos agentes en la Reconquista y la caída de Granada?

    La unión dinástica de las coronas de Castilla y Aragón forjó una gran potencia internacional, y los Reyes Católicos, en especial Fernando, supieron estar a la altura de un momento histórico que situaba a España en el candelero militar de Europa. Eso hizo necesario crear nuevas pautas de organización en el sistema de inteligencia hispano, con herramientas como el Consejo Real, responsable de la política exterior y la información secreta; y también con una red de embajadas en las capitales europeas más importantes que eran los ojos y oídos de la Corona.

    De estos embajadores-espías, porque en aquella época todas las embajadas tenían la misión de espiar, destacan nombres como Gonzalo de Beteta o Fernández de Heredia, en Roma, o el obispo Fonseca en Viena; o la red de agentes que manejaba el Gran Capitán en Italia. En la Guerra de Granada, la ciudad fue tomada gracias a la labor subterránea de los espías próximos a los Reyes Católicos. Uno de ellos, Hernando de Zafra, entró secretamente disfrazado en la Alhambra y logró convencer al rey nazarí para que entregase Granada sin resistencia, lo que ahorró miles de vida y seguramente evitó la destrucción de la ciudad.

    ¿Luchó esta red de espionaje contra la Leyenda Negra que se extendía por Europa?

    Luchó, sí, pero la verdad es que en ese aspecto España no tuvo mucho éxito. La habilidad propagandística no era el fuerte de la inteligencia hispana, sobre todo en tiempo de Felipe II, quizás porque había una falsa sensación de que España podía con todo y sus armas eran invencibles en el campo de batalla, la propaganda se consideraba un asunto de escasa importancia. «Ladran, luego cabalgamos», que diría don Quijote. Aun así, contamos con algunos libelistas extraordinarios, como el propio Quevedo.


    Fernando Martínez Laínez - ABC

    ¿Cómo eran estas 'redes de espionaje'?, ¿qué influencia tenían los 'espías mayores'?

    Las redes de espionaje hispanas estaban repartidas por casi todo el mundo, pero especialmente actuaban en Europa, el Mediterráneo y el norte de África. Estas redes estaban controladas por el Consejo de Estado, el Consejo de Guerra y los secretarios de Estado, y en última instancia dependían del rey o su valido. La información que llegaba a estos dos consejos y a la secretaría de Estado procedía de las redes establecidas por los virreyes, gobernadores generales, embajadores y secretarios de embajada, que a su vez manejaban a los confidentes y espías sobre el terreno. Era un sistema bien articulado, que funcionó con bastante eficacia a hasta la segunda mitad del siglo XVII, aunque a veces los mecanismos y las personas fallaran, con traidores tan señalados como Antonio Pérez, que vendía secretos de Estado por dinero y tuvo la máxima confianza del rey Felipe II durante años.

    ¿Qué influencia tuvieron estos espías en batallas como la de Lepanto?

    Mucha. Juan de Austria, el jefe supremo de la Liga Santa, disponía de redes de espionaje en el Mediterráneo y pagaba con generosidad a sus espías. Eso le permitió estar al tanto de todos los movimientos de la flota turca que batalló en Lepanto, lo que en buena medida facilitó la victoria cristiana. En general puede decirse que no hay gran victoria sin un buen servicio de inteligencia previo, aunque la inteligencia, por si sola, no garantice el triunfo, ya que intervienen también otros factores, como la abrumadora superioridad económica o militar del enemigo, o la torpeza del mando propio.

    De hecho, afirma en su obra que la labor de espionaje de algunos agentes evitó que se sucediera alguna batalla que podría haber costado cara a los españoles…

    Si, sobre todo en el norte de África, donde actuaban agentes tan competentes como el mercader italiano Ansalone, en Trípoli, o la red de la familia Corso en Berbería y otros puntos del Mediterráneo. Juan de Austria manejó también agentes en Túnez, y luego en Flandes, cuando fue nombrado gobernador general en ese país.


    "El Gran Capitán" de Augusto Ferrer Dalmau

    Destaca el caso de Martín de Acuña como agente doble. ¿Cuál fue su historia y por qué traicionó a la monarquía?

    Martín Vázquez de Acuña había nacido en Valladolid, de linaje noble, y después de estudiar en Alcalá de Henares entró muy joven en la milicia y combatió en Flandes y Túnez. Antes de caer prisionero de los turcos estuvo en Italia, donde adquirió mala fama como jugador endeudado y fullero, su mayor vicio. Después de sufrir cautiverio y ser liberado en Constantinopla, se ofreció al rey como espía. Felipe II lo aceptó, y Acuña actuó en tareas de contrainteligencia, descubriendo agentes que traicionaban al servicio de inteligencia hispana. De hecho, durante un tiempo, el rey le tuvo bastante aprecio, y Acuña estuvo en tratos con Antonio Pérez.

    Pero la ruina de Acuña se produjo cuando, en nombre del rey, aseguró haber concertado una tregua con el sultán que resultó ser falsa. Eso y la mala fama que le precedía hizo que la inteligencia hispana lo considerase un agente doble, vendido a los turcos por dinero, y en este sentido las pruebas debieron de ser consistentes, aunque siguió disfrutando mucho tiempo del favor de Felipe II, hasta el punto de acceder a nombrarle caballero de la Orden de Santiago.

    Finalmente, el rey ordenó encerrarle en la cárcel fortaleza de Pinto en 1584, y Acuña fue torturado, sentenciado a muerte y ejecutado en la prisión. Se trató de un juicio secreto, lo que aún deja muchas incógnitas sin resolver.

    ¿Fueron determinantes los agentes en algunas batallas de los Tercios?

    Lo fueron. Uno de los mejores ejemplos fue la batalla de Rocroi, una derrota de los tercios que tuvo trascendencia histórica, más por la propaganda francesa que por la importancia del descalabro en sí. Pero el factor psicológico también cuenta, y mucho, en la guerra. Los franceses tenían infiltrado un espía en el centro de mando hispano, y otro espía del bando español desertó por dinero e informó de la situación al ejército francés poco antes de la batalla. El mando francés entonces tomó sus medidas y supo aprovecharlas bien.

    Habla de los 'escritores espías'. Sorprende porque entre ellos había algunos muy famosos…

    En efecto, fueron agentes de la talla literaria de Cervantes, Quevedo, Francisco de Aldana, Calderón o Alonso de Ercilla. Excepto Quevedo, se trataba de soldados que aceptaron trabajar en cuestiones de inteligencia como si fuera un trabajo más en cumplimiento de su deber de soldados. Era la misión que les tocaba en ese momento. En este sentido, España es sin duda, el país que más grandes escritores-soldados ha dado al mundo, y muchos de ellos realizaron misiones de inteligencia.


    Batalla de Rocroi. El último Tercio, de Augusto Ferrer-Dalmau

    ¿Cómo evolucionaron las redes de espías durante el periodo que usted analiza en su obra?

    Trataron de adaptarse a las circunstancias, de acuerdo con la correlación de fuerzas cambiantes y los enemigos. El factor humano, la inteligencia obtenida directamente de personas, tenía entonces una enorme importancia, porque era la principal fuente de información, ya que los medios tecnológicos eran rudimentarios y evolucionaron muy lentamente hasta el siglo XIX.

    ¿Cómo era el día a día de un espía de la Monarquía?, ¿cómo era su labor de inteligencia y contra inteligencia?

    La actividad diaria de un buen espía en ese tiempo, y en realidad en cualquier tiempo, apenas se diferencia de la que llevaría a cabo en circunstancias normales, porque tiene que camuflar sus intenciones bajo la «tapadera» que le permite ocultar su verdadera identidad y seguir espiando. Otra cosa son los jefes o agentes que manejaban las redes de espionaje, que normalmente eran mandos militares, diplomáticos, virreyes o gobernadores. En esos casos, junto a su misión oficial, tenían el cometido ineludible de proporcionar información secreta al Estado en todo lo que pudiera afectar a los intereses de la Corona Hispánica, y muchas veces dejar esos informes por escrito, donde quedaban archivados. Más o menos, lo que se hace también ahora.

    ¿Qué monarca potenció más sus 'redes de espionaje', ¿y qué general?

    El monarca que más potenció las redes de espionaje fue Felipe II, de acuerdo con el enorme poder que llegó a tener en sus manos. En cuanto a generales, destacaría a Ambrosio de Spínola, que acumuló las funciones de jefe militar y de la Hacienda de Flandes, y mantenía conexiones financieras importantes en toda Europa, además de disponer de un servicio de inteligencia propio.

    Gran Armada

    ¿Cuál fue la labor de espionaje en la operación de la 'Armada Invencible'?, ¿evitó que fuera un desastre mayor, o nos llevó precisamente al desastre?


    La operación de la Gran Armada fue una empresa mal concebida y sobre todo mal realizada. La idea no era ni deÁlvaro de Bazán (primer almirante de la operación) ni de Alejandro Farnesio, jefe de los tercios que debían desembarcar en Inglaterra, sino del propio rey. Por razones que resultarían largas de explicar, el servicio secreto inglés conocía los detalles y efectivos de la operación en España y en Flandes; y no es ningún tópico decir que los temporales y el mal tiempo (los “elementos”) también tuvieron buena parte de culpa e impidieron que las tropas terrestres y los barcos españoles se unieran, con lo que el resultado final resultó un fiasco.

    Una vez que la Gran Armada abandonó el canal de La Mancha para internarse en el norte del Atlántico, la inteligencia hispana falló al no disponer de planes de navegación y pilotos que conocieran la zona, algo difícil de prever, por otra parte. En favor del espionaje español hay que decir estuvo al tanto de la suerte de los náufragos, y llevó a cabo misiones arriesgadas desde los puertos del Cantábrico para tratar de salvarlos en Irlanda y Escocia. Algo que se logró en pocas ocasiones, porque la mayoría de estos náufragos fueron asesinados en las playas, cuando intentaban llegar a tierra. Los ingleses no hicieron prisioneros.

    ¿Cuál es la misión más espectacular que recoge en su libro, aquella que le ha causado mayor estupefacción?

    A bote pronto, el intento del espía navarro Sebastián de Arbizu por apoderarse en 1594 de la ciudad francesa de Bayona con un centenar de hombres que hablasen euskera. La idea era entrar en la ciudad en día de mercado con armas ocultas y apoderarse de Bayona con apoyo de una flota enviada desde España. Pero el golpe fracasó y Arbizu murió poco después en Madrid, sin recibir del rey la merced que creía merecer.

    ¿Cómo fue la contienda?

    En aquel tiempo, Bayona era un foco de espionaje militar dirigido al País Vasco y el sur de los Pirineos, que seguía los movimientos de las tropas y de la inteligencia españolas. A este fin, la Corporación de Bayona mantenía un gran número de espías, y en los libros de cuentas de la ciudad figuran las cantidades que percibían, sin que sus nombres aparezcan, por supuesto. El plan era que Arbizu, junto al señor de Garro, también agente de la red de inteligencia del virrey de Navarra, lograra a través de sus espías la entrega de Bayona por medio de la señora de Gramont, el alcaide del castillo de la plaza, capitán Serralde, y el propio gobernador de la ciudad.

    El golpe para ocupar Bayona consistía en provocar una serie de incendios en el centro de la ciudad para facilitar el desembarco de tropas españolas desde San Sebastián en una flota enviada por el capitán general de Guipúzcoa, Juan Velázquez de Velasco, que poco después sería recompensado con el nombramiento de «Espía Mayor», ya en el reinado de Felipe III. Fue lo que también se conoce como la conspiración de Chateo Martin.

    El plan no llegó a ejecutarse por causas no aclaradas, y en junio de 1595 fueron detenidos y ahorcados en Bayona tres espías acusados de intentar apoderarse de la ciudad, entre ellos el cabecilla del complot, Pierre d´Or, que actuaba con el alias de Chateo Martín. Además de ser ejecutados, sufrieron tormento, y sus cadáveres permanecieron descuartizados y a la intemperie durante largo tiempo, con las cabezas clavadas en la puerta de la iglesia de Saint León, mirando hacia España. El fracaso de este intento se celebraba todos los años en Bayona con una procesión de acción de gracias, el domingo siguiente a la fiesta de San Juan.



    https://sevilla.abc.es/historia/abci...9_noticia.html

    Última edición por Hyeronimus; Hace 1 semana a las 23:55

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