Re: Artículos tradicionalistas de las hemerotecas
El Eco del Bruch
Artículo aparecido en El Eco del Bruch.
Manresa (Barcelona). Domingo, 29 de mayo de 1870
La carta del Sr. Aparisi y Guijarro.
Despues de la carta del señor Duque de Madrid D. Carlos VII á su hermano don Alfonso, no ha aparecido en el campo carlista ningun documento politico tan importante como la carta del señor Aparisi. Es esta carta un verdadera programa de Gobierno, y en ella se aclara y se confirma mas y mas la política que el señor Duque de Madrid prometió inaugurar y cumplir en su célebre Manifiesto.
Antes de ocuparnos del fondo de la repetida carta, cúmplenos decir que agradecemos en el alma las palabras que en nombre de nuestro Rey en ella se nos dirigen; y cúmplenos tambien ratificar mas y mas nuestra adhesion al Representante de la legitimidad, diciéndole con sencillez pero con entereza : «Podreis tener vasallos mas ricos, mas nobles, mes aguerridos, mas literatos que los redactores del Eco del Bruch, pero súbditos mas fieles y mas adheridos a vuestra real persona, y sobre todo, a los principios que representais, No.» Ni nos arredran las amenazas, ni las persecuciones. Ni apagan nuestro entusiasmo la desgracia y el destierro; ni vendemos, ni venderemos nuestras plumas á causas ilegítimas, ó á motines afortunados: somos de la Religion católica, pertenecemos á España, amamos al Rey, y no hay bastante oro en el mundo para comprar á un verdadero católico, y español y carlista. Llámesenos en horabuena retógrados y oscurantistas, neos y atrasados; nosotros preferiremos siempre esos motes á la tacha de inconsecuentes. Hemos jurado á un Dios, y solo serviremos á ese Dios; hemos jurado á una patria y á un Rey, y ese juramento valdrá por toda nuestra vida. En nuestra historia solo encontrarán los hombres un juramento, uno solo; cosa harto rara en nuestros tiempos. Diga lo que quiera la gente; «nosotros sobre todo debemos salvar nuestra conciencia ante Dios, y el honor de nuestra bandera á los ojos del mundo.» Asi nos lo aconseja y nos lo manda en su carta el señor Aparisi; asi lo procuramos y procuraremos cumplir siempre nosotros.
Hay en dicha carta una refutacion solemne y una negacion rotunda de algunas especies que hacen correr los liberales entre los propietarios, para que estos permanezcan alejados de nuestro campo: especies que se reducen al restablecimiento de los diezmos, señoríos, inquisition etc. etc. etc. Pues conste que no habrá nada de eso; conste que Carlos VII no quiere restablecer diezmos, ni señoríos; conste que lo único que quiere echar fuera es el liberalismo, y lo único que quiere restaurar es la Monarquía Tradicional con sus Cortes económicas y consultivas, no legislativas, con sus municipios libres, con su unidad católica y con su respecto a la autoridad y á la propiedad, tan maleado por moderados y unionistas, como pisoteado por progresistas y republicanos. Dice el señor Aparisi: «Despues del concordato, el partido carlista no puede pensar ni en anular ventas de bienes, ni restablecer diezmos, y por razones que á nadie se esconden, nunca ha pensado en hacer revivir señoríos.» Y esto lo dice el señor Aparisi con consentimiento, beneplácito y aprobacion del Rey D. Cárlos de Borbon y de Austria.
Ahora bien: ¿saldrán de su retraimiento los hombres, los propietarios á quienes espantaba el fantasma de los diezmos y señoríos? Es de creer que sí, es de creer que se vendrán sin demora á nuestros reales. No hay porque negarlo: muchos hay que son católicos y monárquicos de corazon, muchos que desearían nuestro triunfo si con nuestro triunfo no creyesen que volverían otra vez los diezmos y señoríos. Pues bien: nosotros decimos á esos propietarios, que alejen todo miedo y temor; nosotros esperamos de nuestros suscritores y correligionarios todos que transmitan esa determinacion á amigos y enemigos, á carlistas y a republicanos. Ese fantasma: de diezmos e inquisicion tenemos que conjurarlo á fuerza de protestas enérgicas por ahora, que despues, cuando el Rey reyne y gobierne, ese fantasma desaparecerá para no aparecer jamas.
Con Cárlos VII se dará el golpe de gracia á tanto ministro intrigante y dilapidador, a tanto diputado ambicioso y egoista, á tantas córtes que solo hablan de empleos y nóminas, de bajer y subir olvidándose de España, á tanto empleado torpe y á tanto militar imbécil. Yo reinaré y gobernare, ha dicho el Rey; yo no reseablecere diezmos, ni señoríos, porque amo al pueblo y respeto y cumplo sus legítimas aspiraciones: yo seré el presidente de mis Ministros, yo estaré al frente de los empleados, yo presidiré las Córtes y escucharé las necesidades de mi pueblo. Yo seré el general en jefe del ejército, y le guiaré al combate y con él venceré ó sucumbiré con él. El pueblo me ayudará en todo y por todo, y yo le daré mi vida, mi sangre, mis hijos; yo le daré órden, libertad, no liberalismo, que el liberalismo es la máscara con la que se cubren su rostro los tiranos. Esto dice y cumplirá el Rey Cárlos VII. Y esos liberales que dicen á nuestro pueblo, que el Duque de Madrid ni podria, ni sabria cumplir lo prometido; á esos liberales miradles bien, pues son los que mas creen que tales promesas se llevarian á efecto.
Los liberales quieren gobernar la España, pero no quieren que esta tenga un Rey-verdad. Ellos admiten cualquiera monarca constitucional, que les pueda servir de editor responsable: ellos admitirán á Montpensier el francés y el homicida, á Aosta el hijo del Rey ex-comulgado, á Fernando el esposo de una bailarina de teatro; porque al fin y al cabo esos señores ni reinarían, ni gobernarían; esos señores tendrian que estar sujetos á un presidente de Ministros y á unas córtes de diputados hambrientos de empleos; pero esos liberales mismos que admiten franceses y alemanes, y portugueses é italianos, no quieren en manera alguna admitir á un español, al Rey legítimo de España, á Carlos VII. ¿Porqué? Preguntádselo á solas á esos mismos liberales que os dicen que Cárlos no cumpliría su programa; y os responderán, si quieren ser francos, que no le quieren, porque no quieren un Rey que sea Rey, que tenga una autoridad robusta para hacerse respetar, para hacerse obedecer y destruir con mano firme las ambiciones. Con un Rey-verdad se castigaría á los ministros, á los diputados y á los empleados que faltaran á sus deberes: del Rey-abajo nadie estaría exento de la ley. Eso temen los liberales: caer bajo el poder de la justicia y vivir sujetos á un verdadero Rey. Asi se esplica porqué predican hoy y mañana al pueblo, que Cárlos VII no cumpliría su programa; que Cárlos VII restablecería los diezmos y los señoríos. Lo único que restablecería, entiéndelo ¡ó pueblo español, pueblo de los Fernandos y Felipes! seria la justicia, la subordinacion en el ejército, cortando de raiz los pronunciamientos fusilando á sus autores, en vez de nombrarles presidentes del Consejo de Ministros, como hacen los Reyes-mentiras, los Reyes-constitucionales.
Los dos únicos males que aquejan á nuestro país son, como consigna el señor Aparisi, el parlamentarismo y el liberalismo: dos únicos males que se propone echar fuera de la sociedad española D. Cárlos de Borbon y de Austria; el liberalismo, porque es la libertad del bien y del mal, segun algunos inocentes; y segun los avisados, la libertad del mal oprimiendo al bien: el parlamentarismo porque es en su esencia eso que se llama gobierno de la nacion por la nacion: sistema corruptor y falso, que da de sí un despotismo disfrazado ó una república vergonzante; y que por malo y estranjero lo desdeña nuestra altivez y lo condena nuestra razon: porque es el parlamentarismo una mentira gubernativa; y si una mentira envilece á un hombre, una ley-mentira corrompe á un pueblo.- M. O. y de P.
Militia est vita hominis super terram et sicut dies mercenarii dies ejus. (Job VII,1)
Marcadores