Re: Reino de Cerdeña y Córcega
EL TERCIO DE CERDEÑA (1564-1568)
La historia del Tercio que el maestre de campo Gonzalo de Bracamonte gobernaría entre
1564 y 1568, en Córcega, la Goleta, Malta, Cerdeña, Nápoles y Flandes, donde sería disuel -
to, es un ejemplo de las unidades militares que servían la España de esta época, atendiendo
las necesidades de la política internacional que el rey Felipe II venía dictando, adaptándose
a circunstancias y escenarios cambiantes, en un momento de trasvase de preeminencia: el
mediterráneo o el norte de Europa.
En 1559 la paz de Cateau-Cambresis había puesto fin a las tentativas francesas de arrebatar
el control de Córcega de las manos de Génova. Sin embargo, Sampietro Corso [o Sant Pedro
Corzo en las relaciones españolas de la época] un natural de la isla que se había puesto al
lado de los ocupantes franceses durante la invasión, continuaba siendo una amenaza para
los genoveses, después de que —como represalia de su participación en la ocupación fran-
cesa—, le habían sido expropiadas sus tierras, estando ya sin nada que perder. Amén de la
actividad que desarrollaba en la isla a modo de guerrilla, conociendo el interés de Turquía
en el control del Mediterráneo, viajó en 1563 a Estambul, donde solicitó una ayuda en for -
ma de galeras al Solimán, que le fue negada. Conocedor Felipe II de esta embajada, y de los
problemas que una isla en manos de otro que no fuera su aliada Génova [fuera Francia, los
turcos, o un nacionalista sostenido por poderes extranjeros] le podía originar, decidió inter-
venir directamente, enviando para ello tropas; entre ellas una unidad que, con el paso del
tiempo y con los movimientos geográficos propios de aquellos tiempos, llegaría a adoptar el
nombre de Tercio de Cerdeña.
LA GÉNESIS DEL TERCIO. DE VÉLEZ DE LA GOMERA A CÓRCEGA
En agosto de 1564, se tienen noticias de Córcega, estando «alterada la mayor parte della
por Sant Pedro Corso que hace todo lo último por apartarla de poder de los ginoveses y en-
tregar algún puerto ó plaza fuerte al turco y tener otros fines». Se decidió entonces enviar
a Lorenzo Suárez de Figueroa que con 1500 italianos levantados en Cremona acudiera a la
isla en apoyo de los aliados y que procurasen «impedir y estorbar al dicho Sant Pedro Corso
que no pueda hacer ningún efeto de los que pretende, antes se allane y aquiete la tierra».
Mientras tanto, se estaba llevando a cabo la empresa del Peñón de Vélez de la Gomera, diri-
gida por García de Toledo, para arrebatar a los turcos esta base naval enclavada en el actual
Marruecos, frontera la otra parte del mar, de las costas del reino de Granada. Finalizada exi-
tosamente la jornada a primeros de septiembre, la artillería de sitio y las tropas empleadas
en ella debieron repartirse, a excepción de entre 350 y 400 soldados que quedaron de guar-
nición. Vista la necesidad de auxiliar a Córcega, se decidió enviar cierto número de tropas a
la isla. Parte de la armada del Peñón volvió a España, bajo el gobierno de don García de To-
ledo, que quedó encargado de liquidar los adeudos de las tropas, y asimismo, de organizar
su envío a Córcega.
En la [entonces] isla de Santa Pola, al S. de Alicante, se tomó muestra general a finales de
mes, donde se reformaron los capitanes nuevos, y se procedió a pagar la soldada de la em-
presa del Peñón. En noviembre de 1564 [probablemente el día 24] se tomó muestra en Por-
to Ferraio (isla de Elba) de la gente que había de ir a Córcega. Conocemos la noticia por los
problemas derivados de la exclusión de ella de la compañía [pero no de sus soldados] del
capitán Juan Díaz de Orca, que quedó reformado: “visto que no era de los capitanes que V.
M. habia mandado nombrar, habiendo sido menester desminuir el numero dellos por
haber desminuido también el de los soldados, como tengo scripto á V. M., que me paresció
resumir su compañía en las otras que van á Córcega”, y para el cual solicitaba don García
de Toledo una recompensa, por el dinero que había gastado en levantar su compañía.
Inmediatamente después de esta muestra, se enviaron las compañías en las galeras necesa-
rias para ello, modificando García de Toledo las instrucciones dadas por el rey ante el aviso
de la estancia frente a Sicilia de 32 galeras del turco Dragut, por ser demasiadas las tropas
que había de llevar a la isla en tan solo veinte galeras, y conociendo la falta de vituallas en
Córcega. Así pues, don García de Toledo resolvió que «me ha parescido dejar el tercio de
aquel reino [Sicilia], el de los soldados nuevos, habiendo hecho volver en él todos los que en
Málaga y en el Peñón se habían puesto debajo de otros capitanes, las cuatro compañías del
Piamonte [Lombardía] y la de D. Pedro González».
Toda esta gente había de ser gobernada por el marqués de Pescara, pero excusando este su
presencia allí, se determinó que marchara Gonzalo de Bracamonte, el cual acudió a la isla
con título de maestre de campo, a finales de diciembre de 1564, o primeros de 1565, infor -
mando a Felipe II del estado de la gente que allí se hallaba, de “cuan enferma y mal tratada
estaba, y a cuan poco número se había reducido”. Además, Sampietro seguía con su táctica
guerrillera: «la forma que Sant Pedro Corso tiene en gobernarse, acogiéndose a las monta-
ñas y sustentando en su devoción muchos pueblos con fin de tener alborotada y desasose-
gada la isla todo el tiempo que pudiere». Se pretendía, no obstante, acabar con brevedad la
empresa de Córcega; es decir, la reducción del sublevado.
Felipe II le informaba en marzo de 1565 del envío de 4.000 hombres más para refuerzo de
los existentes, ante la amenaza de la armada del turco, —«que viene este año en daño de la
cristiandad y con fin de ponerse sobre la Goleta ó Malta»—, con el propósito de que lo de
Córcega «se allane y concluya con toda brevedad y se apriete á Sant Pedro Corzo en todo lo
que se pudiere, siendo el dicho Sant Pedro Corzo un foragido y andar por las montañas».
Pero el rey tenía claras las prioridades; por eso, añade que si «la armada del turco se da pri-
sa podia ser que, antes que esa empresa se acabe, la dicha gente fuese menester para meter
sobre nuestras galeras ó otra cosa». Tales temores se confirmaron y fue preciso dejar a don
Gonzalo de Bracamonte subordinado a don García de Toledo, capitán general de la mar y
encargado de la defensa frente a la amenaza turca, «porque lo que conviene es atender al
remedio de lo de la armada, que es lo principal y mas substancial». Respecto a la gente que
se hallaba en la isla, informaba Bracamonte que eran “pocos los útiles por las
enfermedades que han tenido, y haberse muchos de ellos ido á Lombardía con la otra
gente” pero que “con ser ya el tiempo bueno se cree que reforzarán y llegarán por lo menos
á mill y ducientos”.
Se puede inferir que se aguardaba que los que habían abandonado la isla durante el
invierno para pasarlo en Lombardía, se reincorporasen ahora a sus compañías. Amén de
estos españoles, había en la isla tropas italianas [1500 hombres] al mando de Figueroa.
De los cuatro mil hombres que se debían enviar, dos mil vendrían de los que se habían de
levantar en España, y otros dos mil, de los que el Gobernador del Estado de Milán, Gabriel
de la Cueva, había de enviar desde el Milanesado, sustituyendo a estos en su papel de
soldados de las guarniciones de Lombardía por otros dos mil que habían de venir
igualmente desde España, teniendo así cierto equilibrio entre relación de soldados viejos y
bisoños.
En marzo se tienen avisos de la Armada del turco, que informaba de inmediato García de
Toledo al rey: “El camino que el armada llevaba , aunque era el derecho para Malta , es
también el que ha de llevar para la Goleta, así que por el discurso de la navegación no
puedo presumir que sea mas para una parte que para otra”.
En abril de 1565, no obstante el rey informaba del transporte de los cuatro mil soldados
desde España a Córcega, García de Toledo planificaba traer a los españoles que en la isla
estaban a Nápoles, preparándose para defender La Goleta [puerto de Túnez] y Malta [en
manos de los caballeros de la orden de Malta]: “para que las diez y seis galeras que allí
quedaron [Génova] tomasen la infantería española que hay en Córcega y la lleven sin
perder tiempo á Mesina,”.
Efectivamente, solucionado o no el asunto de Sampietro Corso, la prioridad era el turco, y
quedando en la isla los 1500 italianos a cargo de Figueroa, los españoles de Bracamonte
aguardan las galeras de Génova para marchar a Sicilia, extremo meridional de las
posesiones italianas: “que no salga de Córcega D. Lorencio de Figueroa con la gente de su
cargo , sino que ayude y asista con ella á la empresa de aquella isla”.[1]
El 28 de mayo, la armada turca llegaba a Malta.
EL TERCIO DE DON GONZALO. EL SOCORRO DE MALTA.
Se cuenta con los 1200 hombres que se tienen en Córcega, como parte del cuerpo de los
más de diez mil españoles que participarán en la empresa. Sin embargo, a pesar de las
instrucciones dadas, las tropas no partían de Génova hasta principios de junio, llegando el
día 6 a Sicilia: “Hasta ayer no llegaron aquí las galeras de Juan Andrea y las demás que son
hasta veinte y seis, con las cuatro compañías de Lombardía y las que estaban en Córcega,
que los unos y los otros no pasan de 1800 hombres”. Aunque días después informaba que
eran en realidad dos mil.
Al tiempo el rey daba instrucciones [11 de junio] para que se enviaran comisarios para
tomar muestra, realizándose la misma el 10 de agosto de 1565:
Relación de la gente que pareció en la muestra que se tomó en Zaragoza [Siracusa] a las
cuatro compañías de el tercio de D.Gonzalo de Bracamonte, y a las nueve que últimamente
vinieron de España que están a su cargo
El Tercio de D.Gonzalo de Bracamonte
Pedro González 165
Isidro Pacheco 141
Lope de Figueroa 162
Juan Osorio de Ulloa 147
Las nueve compañías que últimamente vinieron de España.
Juan de Alagon 428
Ruy Franco de Buitron 215
Toribio Zimbron 192
Francisco Hernández de Ávila 247
Diego de Mendoza 169
Carrillo de Melo 179
Juan Maldonado 194
Periche de Cabrera 197
Pedro Ramírez de Arellano 194
Más quinientos de las tres compañías que vinieron de Messina con don García de Toledo,
que son de D.Marcos de Toledo, Osorio de Angulo y Beltrán de la Peña de el Tercio de D.
Gonzalo sin las arriba dichas.
Si añadimos estos últimos 500 hombres a la suma, tenemos un total de 3190 hombres.
Efectivamente, las compañías del Tercio de Bracamonte, que eran las traídas desde
Córcega, se habían recrecido con 2015 hombres traídos desde España [entre otros, por las
galeras de Álvaro de Bazán] los cuales correspondían a aquella previsión inicial de 4.000
hombres que habían de acudir a Córcega, y que evidentemente, no pusieron pie en aquella
isla. Tenemos un total de 17 compañías.
Si sumamos los 500 hombres que escoltaban a García de Toledo, a los 615 hombres del
Tercio de don Gonzalo, y los comparamos con los 1200 hombres que se refiera había en
Córcega, queda una duda ¿dónde están los del Tercio de Sicilia?
En una muestra realizada en La Goleta, por el contador Pedro Ortiz de Río tenemos que:
Las tres compañías que trujo el Sr. D. Sancho de Leiva que estaban en Córcega tienen 276
soldados de servicio y 24 plazas muertas para los oficiales arriba contenidos, que
serán con ellos 300 plazas.
Imaginamos que estas correspondían a parte del Tercio de Sicilia que en aquella isla estuvo
alojado.
En todo caso, Sancho de Leiva, capitán general de las galeras de Nápoles, no estuvo en
Córcega durante la empresa contra Sampietro Corzo, sino que estuvo encargado de proveer
galeras en Nápoles y Cataluña, donde recogió a parte de la infantería española, para hacer
lo propio con la de Lombardía en Saona para marchar igualmente a Sicilia donde llegaría en
agosto. Allí se reunirían todas las tropas que habían de acudir al socorro de Malta.
Tras una salida de las galeras desde Siracusa el 22 de agosto abortada por un temporal, el 4
de septiembre vuelven a salir a la mar, cuando una nueva tormenta hace que la flota de 50
galeras se separe, pero finalmente, se consigue el día 6 desembarcar en las playas de
Mellieha, a 12 millas al norte de la Armada turca, sin estorbo de los enemigos, quedando
las tropas a cargo de Álvaro de Sande y las galeras a cargo de García de Toledo.
El 7 de septiembre informaba don García de Toledo a Su Majestad del evento que acabaría
suponiendo el levantamiento del asedio al que sometían los turcos las fortalezas de la bahía
de la Valeta: Sant Angelo, y San Miguel, habiendo sido tomado San Telmo en junio.
Quedaron las tropas en tierra [entre ellas el Tercio de don Gonzalo] con bizcocho para mes
y medio, mientras que las galeras regresaban a Messina a revituallarse [de bizcocho,
pólvora y mecha] y recoger otros cuatro mil soldados.
Pasando de regreso a Sicilia García de Toledo por delante de La Valeta con sus galeras,
comenzaron los turcos a preparar la retirada. El día 10, los españoles alojados a 8 millas de
la ciudad de Naxxar [Malta la vieja] comienzan a caminar hacia la misma, teniendo
conocimiento de la marcha de los turcos.
El único contacto entre unos y otros fue ese mismo día diez, donde con el capitán Gonzalo
de Salinas en cabeza a cargo de una manga de arcabuceros acosó, los escuadrones de los
Tercios dieron caza a un escuadrón de tres o cuatro mil turcos que iba poniendo fuego a
algunas casas al tiempo que se retiraban para embarcarse en sus galeras en la bahía de San
Pablo, muriendo en este alcance 900 o 1000 turcos, y entre seis u ocho coseletes
españoles, que murieron rendidos tras caminar siete millas más persiguiendo a los turcos,
amén de las que ocho que habían caminado. Aparte de estos soldados agotados, murieron
otros españoles por el combate: “De los nuestros no son cuatro los muertos de heridas”,
según relataba Sancho de Londoño, maestre de campo del Tercio de Lombardía. La
mayoría de los turcos, no obstante, pudo El mismo día 10 de septiembre, quedaban los
turcos embarcados para marchar a Constantinopla.
DE TERCIO DE CÓRCEGA A TERCIO DE CERDEÑA.
El 19 de octubre de 1565, informaba García de Toledo al rey: «Envío á D. Gonzalo de Braca-
monte con su tercio en Cerdeña en las galeras del duque de Florencia, y va pagado hasta el
dia que parte, y avituallado hasta Cerdeña».
Pero ya a mediados de enero de 1566, de nuevo debían apercibirse las tropas distribuidas
por los estados italianos, “teniendo los avisos que se tienen de la venida de la armada del
turco mas gruesa que el año pasado”, dando orden de que se acopiasen provisiones “al
virey de Cerdeña para los del tercio de D. Gonzalo de Bracamonte que están allí”. El
descanso invernal era para las tropas, pero la campaña de verano comenzaba a prepararse
pronto.
Acerca de la denominación del Tercio, no habiendo llegado a Cerdeña hasta el otoño de
1565, y habiendo pasado hasta entonces más tiempo en Córcega, don García de Toledo
escribía: “y el tercio de Córcega enviaré á Cerdeña para que invierne allí como V. M. lo tenia
designado el año pasado”. Recibía antes la denominación de Tercio de don Gonzalo
Bracamonte que la regional, pero evidentemente, no podía ser Tercio de Cerdeña sin haber
puesto pie en esta isla.
Efectivamente, comenzaba el año de 1566 como el de 1565, la prioridad era el turco, y la
armada prevista para ese año, que podía poner en un brete a cualquier parte del
mediterráneo occidental.
La previsión inicial era poner una fuerte defensa en La Goleta [que se entendía había de ser
el objetivo del turco ese año] acudir a Malta con una fuerza de unos mil hombres, y dejar
un remanente de fuerzas en Sicilia para acudir allí donde hiciera falta, sin dejar sin defensa
el resto de estados:
“En Cerdeña se pornán 1,400 italianos, y de allí se sacará el tercio que enviastes de D.
Gonzalo de Bracamonte, que con las tres compañías que tomo y trujo de Ñapóles don
Alvaro de Bazao, se entiende que terna número de 1,800 soldados.”
En La Goleta, amén de los cinco mil españoles, habría cuatro mil italianos y tres mil
alemanes, que guarnicionarían el nuevo fuerte que había de construirse.
En marzo, se determinó se enviasen a Malta tres mil españoles viejos de los presidios de
Italia y tres mil alemanes que levantaba el conde Paris de Lodron. Realmente marcharían
cuatro mil quinientos españoles [aunque en algún texto se indica cinco mil] entre los
cuales encontraríamos 10 banderas del Tercio de Cerdeña.
A La Goleta se enviaba el Tercio de Nápoles [menos de tres mil hombres] y dos mil
españoles más de varias unidades.
En julio parecía claro que no habría ataque: “pues el armada del turco da lugar para ello
con no dar muestra de venir allí ni en otra parte de las de acá”, por lo que se procedía a
realojar a los distintos tercios en sus estados, aprovechando para acometer una
reorganización “por excusar de gasto lo de acá , como porque los tercios estén cumplidos y
se excusen tantos capitanes y oficiales”.
Respecto a las instrucciones dadas por el rey en relación al Tercio de Cerdeña, cuyas tropas
habían de ser repartidas en los de Lombardía y Nápoles, don García de Toledo ejecutaba
según su parecer “no habiéndose de dar mas que al duque de Alburquerque la gente que
habrá menester para henchir el número que creo serán hasta setecientos ó ochocientos
hombres, y no habiendo de quedar en este tercio mas de dos mil que ya los hay, sobrará
buen golpe de gente al maestre de campo D. Gonzalo de Bracamonte” y respecto al
alojamiento del Tercio, proponía don García de Toledo dos variantes: “que se entremeta la
gente de su cargo en otras partes, ó si manda como será forzoso que vuelvan á alojar en
Cerdeña”.
El 25 de julio informaba Sancho de Londoño, maestre de campo del Tercio de Lombardía,
desde Malta: “quedan las diez compañías del cargo de D. Gonzalo de Bracamonte, y las
cinco de Sicilia que están á cargo de D. Pedro de Padilla, y las diez que son á mi cargo, en
todas habrá cuatro mil y quinientos soldados de servicio”.
En agosto de 1566 ya se tenían noticias de la alteración de Flandes, la furia iconoclasta, y se
preveía que Felipe II acudiera a Flandes vía Italia, contando con la escolta que habían de
hacerle estos soldados viejos, viaje que no haría su majestad sino el Duque de Alba,
inaugurando el Camino Español.
Se procedió no obstante, a reorganizar y realojar las tropas, según el principio de que
habían de quedar tres mil españoles en Nápoles y otros tantos en Lombardía:
“será conviniente que también saquéis la infantería spañola que está en Malta y la Goleta y
la enviéis á Nápoles y Lombardía con la mayor brevedad que se pueda, repartiendo entrel
un tercio y el otro los soldados spañoles que han estado y residido en Cerdeña á cargo de D.
Gonzalo de Bracamonte y los que llevó D. Alvaro de Bazan”.
Proponía entonces el rey una reforma de los Tercios de Cerdeña y Sicilia, que no tuvo lugar
por desinterés de los responsables de las unidades receptoras de las tropas.
En agosto llegaban a Sicilia las tropas que habían estado en Malta y La Goleta, tomándose
muestra el día 30.
El 2 de septiembre, don García de Toledo informaba del envío al duque de Alburquerque
[don Gabriel de la Cueva, gobernador de Milán] de “cinco compañías de las del tercio de D.
Gonzalo dé Bracamonte […] y porque creo que será D. Gabriel forzado á reformarlos, me
pesa en el ánima porque son muy buenos capitanes, y ansí lo son los demás que quedan de
aquel tercio de D. Gonzalo”.
Entonces, el Tercio de Cerdeña se vio disminuido en cinco banderas, pasando a servir los
soldados de estas en el Tercio de Lombardía.
Asimismo, informaba de que “otras seis [compañías] van á Cerdeña porque el duque de
Alcalá me escribió que no habia menester mas soldados”.
La falta de necesidad de gente en los Tercios de Nápoles y Lombardía, y la poca disposición
de esos estados de asumir más costes, salvaron al Tercio de Cerdeña de la reformación,
pues de otra manera, se hubieran diluido entre ambos, como proponía el rey.
El 18 de septiembre, ya habían marchado las tropas del Tercio de Cerdeña en galeras “Las
de Juan Andrea y Florencia fueron á llevar la infantería de Cerdeña y Lombardía, porque,
como escrebí á V.M., el duque de Alcalá [virrey de Nápoles] no habia querido que se le
rehiciese su tercio”.
A estas alturas del año, en la reordenación del aparato militar para la planificación del año
próximo, la prioridad era ya Flandes.
El rey ordenaba que todas las tropas habían de ser enviadas a Lombardía, donde
aguardarían su llegada, y servirían de escolta para su pasaje a Flandes, siendo sustituidas
las tropas de guardia de esos reinos por compañías levantadas en España. Habían de ir en
galeras hasta Génova, donde desembarcarían y caminarían hasta Milán.
No obstante quedaban las cinco compañías que se habían enviado a Cerdeña, y don García
de Toledo en 25 de octubre pedía instrucciones al respecto: “suplico á V. M. me mande
avisar qué se ha de hacer de la gente que fué á Cerdeña”.
A lo que el rey respondía el 27 de noviembre: “por la infantería que está en Cerdeña
enviaréis para que se junte con la demás y no esté dividida”, aunque su idea era “que se
hubieran incorporado y metido en las compañías y número ordinario que había de quedar
como os lo escribimos”. Que se hubiera reformado, dividiéndose en los Tercios de Nápoles
y Lombardía.
De Italia al Ejército de Flandes
En 1567 se inician los preparativos necesarios para disponer ese verano de las tropas
españolas en Flandes. El duque de Alba partía de Cartagena bordeando la costa
mediterránea en las galeras de Andrea Doria, junto con 17 banderas de españoles bisoños
que habían de quedar en los presidios italianos, de las cuales, cuatro caminarían junto al
Tercio de Cerdeña.
Los Tercios se reunieron en los estados de Lombardía, marchando el 20 de junio,
inaugurando el llamado Camino Español, llegando a Namur el 20 de agosto. El Tercio de
Cerdeña estaba formado por 10 compañías, con un total de 1728 hombres, según
Bernardino de Mendoza, cifra obtenido de la muestra que se realizó en Aste el 2 de junio.
Al Tercio de Cerdeña se le señaló el alojamiento en y alrededores de la villa de Enghien, a
una jornada de camino desde Bruselas, a la cual se preveía debería acudirse con causa de
algún tumulto o por realizar defensa de la misma.
Se inició entonces una represión apresándose y ajusticiándose muchos de los personajes
principales que se entendió habían sido cabecillas de la rebelión, pero no fue hasta la
primavera de 1568 cuando se iniciaron movimientos bélicos propiamente dichos. En Abril
se rompen las hostilidades, pero el Tercio de Cerdeña no es movilizado de inmediato.
Gonzalo de Bracamonte recibe el orden de desplazar a las 8 de las compañías del Tercio a
su cargo alojadas entonces en Bolduque, para reuniéndolas con las otras dos que
guarnicionaban Oudenaarde, para ponerse a las órdenes del conde de Mega, y romper a los
rebeldes alojados en Boxmeer, mas a medio camino, los rebeldes desalojan Boxmeer, y
entran en Grave, con lo que don Gonzalo se dirige a esta villa.
Teniendo noticia del previsible cerco al que le han de someter las tropas reales, los rebeldes
desalojan la villa, entrando en ellas dos compañías del Tercio de Cerdeña, y alojándose el
resto en los contornos de la misma, quedando entonces situados en la posición idónea para
ser seleccionados en una marcha al norte.
La batalla de Heiligerlee
Conocedor el duque de Alba de la ocupación del castillo de Wedde [propiedad patrimonial
del conde] y del campeo que en tierras de Frisia hacían 6.000 infantes a cargo de Ludovico
de Nassau, hermano del príncipe de Orange, es enviado Johann de Ligne, conde de
Arembergh, al mando de 5 banderas de alemanes bajos de su regimiento, auxiliado por las
10 compañías del Tercio de Cerdeña a cargo de Gonzalo de Bracamonte, que embarcados
en Ámsterdam con 6 piezas de artillería se unieron con el conde a su llegada a Frisia.
El Conde de Mega o Megen, acompañado por el castellano Andrés de Salazar, con 4
compañías de su coronelía, y las 3 de caballos ligeros [lanzas o celadas, españolas, italianas
o albanesas] alojadas en Bolduque, partieron tras de él, habiéndose de reunir en tierras de
Groninga.
El 22 de mayo la arcabucería del Tercio de Cerdeña traba escaramuza con los rebeldes,
haciendo que estos se retirasen a Dam [Appingedam] donde tenían su alojamiento. Las
murallas de la villa que habían sido demolidas en 1536 por orden de Carlos V no hacían de
este lugar el idóneo para el planteamiento de defensa alguna, por la cual cosa, los rebeldes
abandonaron Dam caminando hacia el este, encontrando alojamiento fuerte en la abadía
de Heyligerlle [monasterio de monjas agustinas] lugar elevado sobre la campiña
circundante.
El 23 de mayo las tropas de Arembergh y Bracamonte, caminan aprisa tras los enemigos,
recibiendo aviso durante la mañana que el conde de Mega ha de llegar esa misma noche,
no obstante, no aguardan la llegada de los rebeldes y siguen en su acoso a los rebeldes.
Al llegar por el camino que conducía a la abadía, ven dispuestos a los enemigos en dos
escuadrones, uno de unos 1600 infantes, y el otro de unos 900, guarnicionados ambos con
mangas de arcabuceros, a un lado la caballería, y al otro, sobre una pequeña loma contigua
a un bosque, una manga de arcabuceros mayor.
Los arcabuceros españoles que iban en vanguardia por el camino, llegaron al puesto que
ocupaba esta manga de arcabuceros, y con las seis piezas de campaña que llevaban,
comenzaron a batirles, haciendo desalojarles el puesto, retirándose hacia sus escuadrones.
Sin aguardar los arcabuceros españoles que se formase su escuadrón a las espaldas
[formación que es la fuerza de un ejército, desde donde se alimenta el combate que se hace
con la arcabucería, y donde se pueden recoger los soldados si son rotos por el enemigo]
comienzan a perseguir a los arcabuceros del enemigo, y asimismo doscientos coseletes
[piqueros con armadura] que salieron a la deshilada [sin mantener ninguna formación].
Estos hombres serían rotos por las mangas de arcabuceros y los propios escuadrones del
enemigo, que manteniendo su formación, detrás de un terreno privilegiado.
Bernardino de Mendoza atribuye al terreno lleno de fosos y lodazales por la acción
extractora de la turba la mala actuación de los soldados; pero este mal terreno no impidió a
los rebeldes matar a los que les atacaban, así que puede entenderse que fue el ataque
desordenado y no el terreno, el que hizo perder la batalla a las tropas españolas.
El conde Arembergh había trabado batalla a su vez con la poca caballería que llevaba,
alguna tropilla formada por caballeros particulares, contra la caballería del enemigo
gobernada por Adolfo de Nassau. Ambos murieron en el choque, atribuyéndose al conde la
muerte del tercer hermano de los Orange.
Vista la rota de la vanguardia española por las banderas del regimiento de alemanes de
Arembergh, cinco [que salvaron el pellejo] se rindieron rápidamente, negociando no servir
al rey de España por seis meses.
Los españoles, que no habían formado escuadrón, viendo la huida de la vanguardia y el
resto de los alemanes que huían, comenzaron a huir seguidos por los rebeldes, teniendo la
suerte de encontrarse las tres compañías de caballos que venían con el conde Mega a cargo
del castellano Andrés de Salazar, y oyendo las cornetas de la caballería, temerosos de la
llegada de un refuerzo, se retiraron los rebeldes a su puesto en la batalla, salvándose
entonces los que escapaban.
El resto de la rota de Heiligerllee, fue recogida por el regimiento del conde de Mega, que
caminaba tras Salazar. Tras pasar la noche en Zuidbroek, se retiraron tras lar murallas de
Groninga, guardada por cuatro banderas de alemanes del coronel Schamburg. Murieron
unos 450 españoles en la batalla, entre ellos, los 200 coseletes que se adelantaron tan
temerariamente, perdiéndose las seis piezas de artillería. Entraron en Groninga algo más
de 1000 españoles, cuando la muestra del Tercio de Cerdeña hecha en julio de 1567 era de
1728 hombres.
En Groninga quedaron estas tropas cercadas por los rebeldes, habiendo el duque de Alba
en persona al mando del Ejército a acudir al rescate de los sitiados, produciéndose el 14 de
julio una batalla en la que las tropas de don Gonzalo saldrían de los murallas de la villa para
unirse al ejército de socorro, rompiendo a los rebeldes, e iniciándose una persecución de
los mismos que culminaría en la victoria de Jemmingen, donde el enemigo sería
arrinconado contra el río Ems, y masacrado el día 21 de julio de 1568.
Del Tercio de Cerdeña, Bernardino de Mendoza únicamente destacó al capitán Pedro
González de Mendoza, que formó parte de la arcabucería que tomó la vanguardia.
Al regreso de Jemmingen, situada en la Frisia Oriental alemana, las tropas de Alba pasaron
por delante de la villeta de Heiligerlee, de infausta memoria para los derrotados soldados
del Tercio de Cerdeña. Se había extendido el rumor de que algunos de los soldados huidos
en la batalla tenida lugar en mayo, habían buscado refugio en los alrededores, y los
habitantes del lugar los habían asesinado o entregado a los de Nassau. Como venganza, los
mochileros y algunos soldados del Tercio, que caminaban de retaguardia, pusieron fuego a
las casas, según Mendoza de manera tan metódica “que si se les hubiera dado algun
mandato particular para hacer aquel daño […] no lo ejecutaran tan puntualmente”.
Al duque de Alba le había quedado una espina clavada por el comportamiento que él había
juzgado cobarde en la batalla de Heiligerlee, y aprovechando el desorden – aunque él era
partidario de la disciplina en todo caso – procedió a disolver la unidad, repartiendo los
soldados en las compañías de los demás tercios, siendo por tanto el de Cerdeña el primero
en ser reformado en el Ejército de Flandes, dejando únicamente en pie la bandera del
capitán Martin Díaz de Armendariz, de 400 arcabuceros, el cual se hallaba en Italia en
aquel tiempo.
El duque de Alba informaba de esta manera al rey: “Escribí á V. M. como habia reformado
el tercio de Cerdeña. Yo lo hice por no tener aquella estatua en pié que pudiesen decir que
españoles habían huido sin orden, y aguardé á tomar ocasión de ciertas granjas que
tomaron en Frisia , por cumplir al servicio de V. M. castigar el un delicto y el otro, hice
meter los soldados entre los otros tercios”.
No obstante esto, disculpaba el duque de Alba a su maestre de campo: A D. Gonzalo de
Bracamente y á D. Pero González su hermano, que como capitán de arcabuceros estuvo
con la artillería hasta la postre y peleó muy bien y á otros oficiales les he hecho agravio, y
conviene que V. M. les haga merced, y se lo recompense en otra cosa”. Ese mismo año, se
le concedía a don Gonzalo el mando del recién creado Tercio de Flandes.
© CARLOS VALENZUELA.
http://www.tercios.org/R_D/R_D_cerdena.html
Última edición por Michael; 17/11/2013 a las 16:09
La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.
Antonio Aparisi
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