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Tema: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

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    Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    Fuente:”La larga marcha hacia la Monarquía”. Laureano López Rodó. Ed. Noguer. Páginas 607-623.



    INTERPELACIÓN DE ZIBAUR EN LAS CORTES


    Los Procuradores en Cortes que suscribimos tenemos el honor de formular la presente interpelación al Gobierno, al amparo de lo dispuesto por el Reglamento de la Cámara en su artículo 5º., 2 – 2º., y ateniéndonos a lo establecido en el artículo 71 y siguientes –Título X– del citado Reglamento.

    La interpelación tiene el carácter de oral y la solicitamos mediante escrito razonado y comprensivo del contenido fundamental de la misma, que es el siguiente:

    Estando en la ciudad de Zaragoza S.S.A.A.R.R. don Carlos y doña Irene de Borbón-Parma, recibió el Príncipe una comunicación fechada el 20 de diciembre del pasado año y suscrita por el excelentísimo señor Gobernador Civil, que literalmente decía:

    «En cumplimiento de órdenes recibidas de la Superioridad, pongo en conocimiento de V.A. que ha de abandonar inmediatamente el territorio nacional, dada su participación en actividades de carácter político, en las que, según sus promesas, había de abstenerse.»

    En cumplimiento de lo ordenado, el Príncipe fue conducido en un coche de la Policía hasta la frontera de Irún, con toda clase de precauciones a lo largo del trayecto, vigilado por fuerzas de orden público.

    El día 26 de los aludidos mes y año, S.A.R. don Javier de Borbón-Parma y Braganza y sus hijas, AA.RR. doña María Teresa y doña María de las Nieves, recibieron oficios individuales, de esa misma fecha, suscritos por el Jefe Superior de la Policía. El texto era éste:

    «Por orden de la Superioridad, deberá abandonar V.E. el territorio nacional en el término de veinticuatro horas.»

    Consecuentemente, don Javier y su Familia salieron por el aeropuerto de Barajas, vigilados por la Policía, excepción hecha de doña María Teresa, que atravesó la frontera de Portugal.

    Las segundas expulsiones no tuvieron motivación expresa. Sí la tuvo la del Príncipe don Carlos. Los firmantes hemos de mostrar nuestra extrañeza en ambos casos: en el primero, porque nada se ha dicho; y en el segundo, precisamente por lo que se adujo como motivación.

    No compartimos las determinaciones que se han tomado respecto de la Familia Borbón-Parma, que, aunque expresadas en dos fases, parecen responder a un mismo propósito. Apoyamos esta disconformidad en lo que a continuación exponemos:

    Primero. Ninguno de los expulsados ha incurrido en hechos que objetivamente puedan ser causa de las medidas adoptadas y, por supuesto, no han perturbado el orden público. Sus últimas actuaciones, las que han precedido a la expulsión, estuvieron en la misma línea de las que desde hace años vienen realizando.

    Segundo. No obstante lo dicho, y ya que en el oficio recibido por don Carlos se alude a actividades políticas, se hace preciso que analicemos ese punto, lo que trae consigo unas necesarias concreciones:

    a) Don Javier de Borbón-Parma es públicamente conocido como Representante de la Dinastía Carlista, carácter que consiguientemente afecta a sus hijos. En virtud de esa Representación estuvo al frente del Carlismo en los trabajos de conspiración que precedieron al Alzamiento Nacional; firmó el pacto de la Comunión Tradicionalista con el Ejército y fue quien dio la orden de incorporación de los Requetés, que combatieron junto al Ejército y a las Banderas de Falange. Un hermano de don Javier, el Príncipe don Cayetano, resultó herido grave en el Tercio de Navarra; y su hermana, la Princesa doña Isabel, fue enfermera en el hospital «Alfonso Carlos» durante toda la campaña.

    b) Don Carlos no prometió abstenerse de actividades de carácter político. Lógica y naturalmente, las actuaciones de todas aquellas Personas que tienen títulos de Realeza son políticas, en el amplio sentido de la palabra. En el caso que contemplamos también lo son, por el doble carácter a que nos hemos referido en el apartado referente, que vincula a la Familia Borbón-Parma a ocuparse del futuro de España, puesto que en tan gran empresa invirtieron el Carlismo y su Dinastía tanto capital de esfuerzos y de sacrificios.

    Por esa misma razón, cuando se anunció el referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado, don Javier de Borbón envió al entonces Delegado suyo en España, este telegrama:

    «Ruego haga público siguiente telegrama de felicitación al Generalísimo Franco. Ley Orgánica un gran avance hacia soluciones legales para garantía de la paz creando estructuras jurídicas monarquía tradicional. Como Representante Dinastía defensora esos principios expreso públicamente a Su Excelencia mi felicitación. Reitero participación Comunión Tradicionalista para proceso político de apertura popular en conformidad con mi Declaración de 2 de octubre.»

    El telegrama fue reproducido por la Prensa, que resaltó el interés de don Javier por el futuro de España y de sus Instituciones.

    c) España ha sido proclamada como Estado católico, socia y representativo que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino (artículo 1º. de la Ley de Sucesión), concepto en el que insiste la Ley Orgánica (artículo 1º.). Las dos son Leyes Fundamentales. Pues bien, esas notan que matizan a la Monarquía son las propias de la Tradicional, que fue y sigue siendo la mantenida por la Dinastía Carlista. Y, por tanto, sería una inconsecuencia manifiesta si la Familia Borbón-Parma se desentendiera, precisamente ahora, de una cuestión tan trascendental, pues faltaría a un deber para con su patria.

    Tercero. Hemos escrito «su patria». Esto nos lleva a abordar un tema que fue planteado en nombre de don Javier y su Familia en escrito de 17 de febrero de 1964, dirigido a S.E. el Jefe del Estado, que no ha tenido contestación. Nos referimos al «reconocimiento» de la nacionalidad española de don Javier de Borbón-Parma y de su Familia, petición que se fundaba en poderosos argumentos jurídicos e históricos, avalados por Dictámenes de prestigiosos juristas que abundaban en la razón de pedir.

    En síntesis, la argumentación es ésta:

    1. El Derecho español, tanto en la anterior redacción de los artículos 17 y siguientes del Código Civil como en la actual, resultante de la reforma del año 1954 que modificó el Título 1 del Libro 1 de dicho Código, ha dado franca acogida al sistema de «ius sanguinis», «que sigue cumpliendo la función de principio básico para la determinación de la nacionalidad», según la Exposición de Motivos de la citada Ley.

    2. La Casa Ducal de Parma estuvo integrada en la Casa Real de España, siendo los Duques Infantes y entrando siempre en el juego político de la Corona española y de los Tratados internacionales que España suscribió. Por un Real Decreto que publicó la «Gaceta de Madrid» del 23 de mayo de 1854, se reconoció como Infante de España, con todas las preeminencias, honores y distinciones correspondientes a su alta jerarquía, al Duque don Roberto de Borbón y Borbón, padre de don Javier y, por consiguiente, abuelo de don Carlos.

    3. Como consecuencia de la participación de don Roberto, en la tercera guerra carlista, al servicio de Carlos VII, los Monarcas españoles en aquélla combatidos no quisieron reconocer posteriormente la nacionalidad española y los títulos de los Borbón-Parma, como represalia por su conducta de servicio a la Tradición y lealtad a la Dinastía que la abanderaba.

    De lo dicho se deduce:


    Que por la Casa a que pertenecen y por derecho de sangre, don Javier y su Familia son españoles, faltándoles solamente el «reconocimiento» formal de su condición natural. Que esto es así y no de otra manera, lo abona el siguiente hecho, que no puede ser más elocuente.

    Reinando don Alfonso de Borbón y siendo Presidente de su Consejo de Ministro don Eduardo Dato, S.A.R. don Elías de Borbón Parma –hijo del Duque don Roberto y hermano de don Javier– instó el «reconocimiento» de su nacionalidad española, a la cual solicitud y previa consideración de los antecedentes y de la estirpe familiar se accedió, dándose el Real Decreto de 18 de agosto de 1920 («Gaceta de Madrid», del 21), cuya parte dispositiva decía así:


    «Vengo en reconocer la nacionalidad española a don Elías Roberto Carlos de Borbón de Parma, con la facultad de usar en estos Reinos el título de Príncipe de Borbón con el tratamiento de Alteza Real.»

    La solicitud supuso el acatamiento de la Monarquía imperante, pero no es éste el caso de la situación actual.

    Cuarto. El Gobierno surgido del Alzamiento Nacional no tiene por qué estar vinculado a los actos de desconocimiento de la nacionalidad española de los Borbón-Parma, descendientes de don Roberto, llevados a cabo por la una Dinastía no reinante en la actualidad, aunque pudiera aprovechar el antecedente de lo actuado por aquélla en cuanto a la forma del «reconocimiento». Pero tampoco esto es preciso, ya que existe precedente dentro de la legislación actual. Nos referimos a la Ley de 15 de diciembre de 1938 («B.O. del E.» núm. 173), por la que con expresa derogación de la Ley de la República de 20 de noviembre de 1931 se restituyó a don Alfonso de Borbón y Habsburgo-Lorena todos los derechos que en su calidad de ciudadano español le correspondían y ello en atención a la «injusticia notoria» de la privación y a los «radicales vicios de fondo».

    No cabe duda que a la luz del Alzamiento Nacional es «injusticia notoria» y esos «radicales vicios de fondo» también existen en el desconocimiento de la nacionalidad española por lo que se refiere a la Familia Borbón-Parma, cuya situación deriva de las actuaciones de la Monarquía en otro tiempo reinante.

    La argumentación en pro de lo que mantenemos es elemental y precisamente se afianza en un texto lapidario y elocuente de Su Excelencia el Jefe del Estado en su discurso de 19 de abril de 1937: «La España ideal, representada entonces por los carlistas, contra la España bastarda, afrancesada y europeizante de los liberales».

    Ese convencimiento y criterio tuvo reflejo en Disposiciones. El Decreto de 9 de marzo de 1938 («B.O. del E.» núm. 507), refiriéndose a las guerras carlistas, dice: «… aquellas Cruzadas del siglo XIX que bien pueden considerarse precursoras del actual Movimiento Nacional, ya que fueron intentos y esfuerzos realizados por la auténtica España para reintegrarse al cauce de sus destinos históricos…». Por eso se reconoció el Grado de Tenientes Honorarios del Ejército español a los veteranos de las guerras carlistas. Y en el preámbulo de la Ley de 4 de mayo de 1948 («Boletín Oficial del Estado» número 126), consta: «Como lógica consecuencia de nuestra Cruzada es justo reconocer también la confirmación de los títulos llamados carlistas, como signo de hermandad de aquéllos que derramaron su sangre en defensa del ideal común y de la reconquista de la Patria, otorgados por los Monarcas de la Rama tradicionalista». Consecuentemente y en la parte dispositiva se hizo este reconocimiento.

    Conocidos estos antecedentes no acertamos a explicarnos cómo ese propósito de reintegro a los cauces históricos no ha alcanzado todavía el «reconocimiento» de la nacionalidad española de don Javier y su Familia, que –contra su voluntad– siguen padeciendo una situación que tiene origen, precisamente, en su servicio a la España Ideal y en su lealtad a los Monarcas de la Rama tradicionalista. Y menos nos lo explicamos si tenemos en cuenta que don Javier, con su decisiva actuación, hizo realidad en el año 1936 y actualizó esa feliz idea del Carlismo, precursor del Movimiento Nacional.

    El amor a España de la Familia Borbón-Parma es bien manifiesto. Pues si esa razón, la del «amor a España», fue bastante para que por Decreto-Ley de 29 de diciembre de 1948 («B.O. del E.» núm. 9 de 1949) se reconociese la condición de súbditos españoles a los sefarditas de Egipto y Grecia, ¿qué razón puede haber, a mayor abundamiento, para que no se reconozca a don Javier de Borbón-Parma y a su Familia, en el que concurren ese amor, bien acreditado, aparte de las razones ya expuestas?

    Quinto. De cuanto antecede se concluye, además, en la inexistencia de una motivación política objetiva, dentro del contenido del Alzamiento Nacional, para las expulsiones de don Carlos y de don Javier y sus hijas, si es que en cuanto a éstos se extendió –lo que no consta– la misma motivación que se expresó al Príncipe.

    Por el contrario, existen razones, a más de las ya expuestas, que demandan la revisión de las expulsiones y el «reconocimiento» de la nacionalidad. Nos referimos a las de alto interés nacional.

    Esto es claro. España está definida como Reino y previsto el mecanismo para la designación de Rey. En cualquiera de los supuestos de propuesta de Rey, tanto cuando la hace el Jefe del Estado (art. 6º. de la Ley de Sucesión) como cuando, vacante la Jefatura, la efectúan conjuntamente el Consejo del Reino y el Gobierno (art. 8º.) es a las Cortes a quien corresponde aceptarla o no.

    En consecuencia, todo aquello –expulsión o falta de reconocimiento– que eliminara a la Dinastía Carlista de su consideración en la propuesta sería prejuzgar «a priori» en una cuestión de capital importancia y en base a unos hechos previamente forzados, siendo así que lo que interesa al bien común y al futuro de España no solamente es la opción entre personas de estirpe regia, sino también la valoración de lo que ellas representan, máxime cuando se trata de instaurar una Monarquía social y representativa y de asegurar el mantenimiento de unos Principios.

    Además, la eliminación reduciría prácticamente las posibilidades de las Cortes, constriñendo su actuación a un automatismo o a una actitud meramente negativa, supuestos ambos que distan de ser los ideales.

    En cambio, la inexistencia de esas limitaciones permitiría el «contraste de pareceres –dentro de la unidad del régimen– y la audiencia de aspiraciones», a que se refiere la Exposición de Motivos de la Ley de Cortes. Sería entonces cuando las Cortes españolas podrían responder cabalmente a aquellas palabras con que Su Excelencia el Jefe del Estado abría la nueva Legislatura: «… pedir vuestro acuerdo en cuestiones fundamentales que considero trascendentales para el futuro de nuestra Patria».

    Este es, excelentísimo señor, el contenido sustancial de la interpelación que suscribimos y que a tenor del artículo 71 del Reglamento de las Cortes presentamos a V.E. como Presidente de la Cámara, solicitando dé traslado de la misma a la Presidencia del Gobierno.

    Dios guarde a V.E. muchos años.

    Madrid, 4 de enero de 1969.- José Ángel Zubiaur (primer firmante) y tres señores Procuradores más.

    Exmo. Sr. Presidente de las Cortes Españolas
    Última edición por Martin Ant; 20/05/2014 a las 14:33

  2. #2
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    CONTESTACIÓN DEL GOBIERNO


    El Gobierno, al contestar a la interpelación tramitada por el Presidente de las Cortes, previo dictamen de la Comisión Permanente como pregunta escrita, acerca de las medidas gubernativas adoptadas respecto a determinados miembros de la familia Borbón-Parma, no puede ignorar la trascendencia política que se pretende dar a las mismas.

    Considera, como punto de partida, que no puede involucrarse la condición personal de quienes han resultado afectados por tales medidas con la representación que se les atribuye, y menos todavía con el reconocimiento debido a las fuerzas políticas que, por sentirse continuadoras de nuestra auténtica historia y por fidelidad a los principios de la Tradición, son acreedoras al homenaje de gratitud y admiración que merecen quienes a lo largo de los tiempos los forjaron en un perenne afán español y cristiano; principios que fueron sostenidos con el sacrificio de los voluntarios que en el siglo pasado ofrecieron generosamente su vida por un ideal, renovado por los millares de requetés que, respondiendo al llamamiento de la Patria y a la voz de don Alfonso Carlos, último Representante de la Dinastía Carlista, contribuyeron con su heroísmo, juntamente con el Ejército, las Banderas de Falange y los demás combatientes, a rescatar a España, aportando el tesoro ideológico de la Tradición, que es parte integrante de los contenidos doctrinales del Movimiento Nacional nacido de la Cruzada histórica iniciada el 18 de julio de 1936.

    No acepta, por tanto, el Gobierno las insinuaciones implícitas en el final de la interpelación que contesta, porque nadie podrá aventajarle en el afán por mantener viva la llama de la Tradición española. Y estén seguros los señores Procuradores firmantes de la interpelación que el Gobierno jamás flaqueará en este empeño.

    Por todo lo cual, el Gobierno, seguro de su fidelidad a los principios que inspiran su política y de sus obligaciones para con la Nación, considera en relación con el escrito de interpelación:

    Primero. Los señores Procuradores interpelantes no comparten las determinaciones de expulsión adoptadas en 20 y 26 de diciembre del pasado año, la primera en relación con don Carlos Hugo de Borbón-Parma, y la segunda respecto al Príncipe don Francisco Javier de Borbón-Parma y Braganza y sus hijas doña María Teresa y doña María de las Nieves, porque, según ellos afirman: a) «No han incurrido en hechos que objetivamente puedan ser causa de las medidas adoptadas», b) «No han perturbado el orden público», y c) «Sus últimas actuaciones que han precedido a la expulsión estuvieron en la misma línea de las que hace años vienen realizando».

    No pueden sorprender las medidas adoptadas que han venido a confirmar otras puestas en práctica con anterioridad. Precisamente porque sus últimas actuaciones estuvieron en la misma línea de las que venían realizando, pero más graves, no sólo por la contumacia de su reiteración sino por la naturaleza de aquéllas, el Gobierno hubo de aplicar el mismo criterio establecido anteriormente. En efecto, el 5 de mayo de 1957 se vio en la precisión de ordenar a don Hugo (entonces éste era su nombre, ya que la rectificación anteponiendo el de Carlos en el Registro Civil –Prefectura del Departamento del Sena, Arrondissement– se hizo el 22 de noviembre de 1963) que se trasladase a la frontera y saliera de España, lo que se cumplió ese mismo día.

    Posteriormente, al volver a nuestra Patria, le fueron hechas reiteradas advertencias de que debía abstenerse de desarrollar en España actividades políticas; advertencias que le fueron comunicadas por medio de personas allegadas a él. A pesar de la actitud tolerante del Gobierno, no le era posible ignorar el acto político que tuvo lugar en el Monasterio de Valvanera el 15 de diciembre de 1968, presidido por el Príncipe don Javier y sus hijos don Carlos Hugo y doña María Teresa, en el que, los dos primeros, incurrieron en manifestaciones contrarias al orden público, que rozaban facultades privativas del Poder estatal; actitudes que, por sí mismas, suponían un intolerable enfrentamiento con la hospitalidad prestada a los que no ostentan la condición de españoles. Estos hechos, de gravedad notoria, exigían una acción inmediata del Gobierno.

    Segundo. La condición de miembro de la Casa de Parma no lleva consigo la calidad de español.

    Cuando por virtud de Pactos o Tratados el Infante don Luis Felipe, hijo de Felipe V y de Isabel de Farnesio, pasó a ejercer su función soberana en el Ducado de Parma, perdió su calidad de español para convertirse en el primer ciudadano parmesano, nacionalidad que lógicamente ostentan los Príncipes de la Casa hasta la desaparición del Estado de Parma.

    Llegado ese momento, ninguno de los sucesivos Jefes de la Casa recuperó, en su condición de tales, la nacionalidad española que habían perdido sus antepasados. Los miembros de la misma que la obtuvieron fue a virtud de actos individualizados, como en el caso de don Elías Roberto, hermano de vínculo sencillo de don Javier.

    El Príncipe don Javier de Borbón-Parma y Braganza no posee, por tanto, la nacionalidad española, ni por razón de nacimiento, ni por razón de concesión basada en el «ius sanguinis», ni por nacionalización, ni siquiera –según sus propias manifestaciones– porque se sienta y actúe como español.

    La petición de nacionalidad producida a su nombre y al de sus hijos, al estar basada solamente en motivaciones histórico-políticas controvertidas, no aporta prueba alguna de su condición natural, y al no someterse al procedimiento legal, sino al extraordinario de gracia, participa de esta naturaleza graciable que excusa de su resolución, dicho sea con las consideraciones debidas a las personas, pero con toda objetividad y claridad.

    Pero es más, si se prescinde del aspecto legal, y puesto que se alega en la interpelación el «amor a España» y se califica a España «como su Patria», ¿cuál es el vivir personal y cómo participa en la realidad española el Príncipe don Javier?

    Ya en 1937, en las jornadas que monárquicos franceses celebraron en la Vendée el 5 de septiembre, don Javier actúa como pretendiente al trono de Francia, y en la misma posición comparece en las jornadas celebradas el 20 de agosto de 1961 («Souvenir Vandéen», diciembre 1937, número 18, y septiembre 1961, fascículo 56).

    En la introducción al libro, del que es autor, «La République de tout le monde» (París, Editions «Amiticia», Office Français du Livre, 4, rue Madame, 1946), dice don Javier:


    «No es un pretendiente que se revela: Es un francés que habla ha franceses: Un francés de esa familia de los Capetos, tan profundamente ligado a la Patria, que se llama la Casa de Francia». «Hijo de Reyes que han hecho Francia con la cooperación de todos los franceses, no he aceptado jamás la derrota que destruía en mi Patria la obra de mis padres y de los suyos…».

    «Ninguna ambición personal me impulsa a publicar estas páginas. Pero en conciencia creo que con ellas continúo sirviendo a Francia…».

    «Es para trabajar en ello que, como depositario de los deberes que se imponen a la rama primogénita de la Casa Real de Francia publico estos textos… sobre los cuales deben en todos los tiempos basarse las Leyes fundamentales de nuestra Patria, adaptadas a las condiciones variables del tiempo presente.» «Como él, no pertenezco a ningún partido. Estoy al servicio de Francia. Bien sabe ella que jamás haré nada que pueda turbarla o ser motivo de nuevas disensiones.»

    El mismo don Javier, en su libro «Les accords secrets Franco-Anglais» (Diciembre de 1940, París, Librairie Plom), narra su intervención en dichos acuerdos y confirma reiteradamente su sentimiento políticc-francés. Así, refiriéndose a Francia, habla de «nuestros puertos del Mediterráneo» (página 56), «nuestras colonias africanas» (página 57), «nuestros marinos» (página 51), «nuestros prisioneros» (página 71), etc. Por contraste cuando se refiere a España y los españoles lo hace en idéntica manera a como cita a Inglaterra y a los ingleses y a Norteamérica y los norteamericanos. Con ello viene reiteradamente a considerarse miembro de esa gran nación y buena amiga de España que es Francia.

    Lo mismo ocurre con su hijo primogénito don Carlos Hugo, ciudadano francés, que ha prestado su Servicio Militar y jurado su Bandera, siendo promovido el 16 de marzo de 1952 al grado de Subteniente como Oficial que es de la Reserva del Ejército francés («Journal Officiel» de 24 diciembre de 1952, página 1909).

    La Circular publicada con ocasión del Referéndum convocado en Francia en el mes de septiembre de 1958, presenta a don Javier como «Príncipe de la Casa de Francia», «tan ligado a la tradición nacional que ha dado a su hijo primogénito el nombre de Hugo, que no había sido llevado en la familia desde Hugo Capeto».

    Una doble y expresiva circunstancia a considerar se produce el día 5 de mayo de 1957. En esta fecha aparece por primera vez en la escena política española don Carlos Hugo, coincidiendo con la concentración carlista en Montejurra; en ella mencionó a Carlos VII, presentándolo como su abuelo, no siendo descendiente de él, y se dirigió a los congregados en representación de su padre. Y en esa misma fecha don Javier actuaba en una reunión celebrada en el castillo de Clisson-Boismé, para llevar un saludo en nombre de la Realeza cristianísima de Francia a los Monárquicos de la Vendée («Souvenirs de Vendée», junio de 1957, páginas 23 y 24).

    He ahí algunos hechos verdaderamente expresivos de cuál es la Patria que sienten los aludidos miembros de la familia Borbón-Parma. Tales hechos, por sí mismos, son la mejor réplica a la interpelación.

    ¿Dónde están esos vínculos que, a juicio de los interpelantes, llevan a dichos miembros de la familia Borbón-Parma a ocuparse del futuro de España? ¿No sería ello –empleando los mismos términos de los interpelantes con distinto significado– una inconsecuencia manifiesta? ¿Qué títulos pueden aducir quienes por su condición, nacionalidad, actos, sentimientos y manifestaciones no son españoles?

    Tercero. No es propio ni pretende este escrito inmiscuirse en cuestiones internas del Tradicionalismo o del Carlismo. No obstante, se hace preciso recordar que el último Representante de la Dinastía Carlista lo fue don Alfonso Carlos, por lo que no son admisibles las gratuitas consideraciones que a este propósito formula el escrito de interpelación.

    Don Javier es el tercer hijo del segundo matrimonio de don Roberto, Duque de Parma (1848-1907), con doña María Antonia de Braganza, y miembro, por ello, de la Casa de Parma, de la que actualmente es Jefe, como Duque de Parma, don Roberto, hijo de don Elías, que fue también Duque de Parma y Jefe de la Casa, descendiente del primer matrimonio de su padre y hermano de vínculo sencillo de don Javier.

    La condición de miembro de las Casas de Parma y Francia, tan reiteradamente indicada por don Javier, las reproduce éste en su declaración al periódico «L´Aurore», con ocasión del enlace matrimonial de su hija doña Francisca. Esta declaración viene motivada por el hecho de que al publicar dicho diario (14-15 noviembre, 1959) la noticia del mencionado casamiento, recuerda que doña Francisca de Borbón-Parma no era Princesa, por cuanto su padre, don Javier, se casó con la señorita Magdalena de Bourbón-Busset, lo que tuvo como consecuencia que el matrimonio no fuera reconocido a aquel efecto y privara a sus hijos legítimos de los títulos y derechos de esa índole.

    En la rectificación publicada al siguiente día («L´Aurore», 16 de noviembre) por el Príncipe don Javier, éste precisó:

    «El casamiento del Príncipe Javier de Borbón-Parma con la señorita Magdalena de Bourbón-Busset, hija del Conde y de la Condesa George de Bourbón-Busset, no ha provocado ninguna derogación de derechos ni títulos de sus hijos».

    «Además, según el uso de la Corte de Francia, no ha habido nunca casamiento llamado morganático, aun cuando hubiera habido alguno».

    «El casamiento del Príncipe Javier de Borbón ha sido oficialmente anunciado y reconocido por todas las Cortes de Europa de 1927, las que se lo comunicaron por carta, de acuerdo con la etiqueta aceptada».

    «El Jefe de la Rama, el Duque de Parma, fallecido últimamente, no solamente había consentido a este matrimonio, sino que además había reservado, de acuerdo con el uso, todos los derechos y títulos del padre a su descendencia».

    «Por otra parte, al rey Alfonso XIII, al que la cuestión no interesaba directamente, ha guardado excelentes relaciones de parentesco con los Príncipes de Borbón-Parma y jamás ha emitido ni reserva ni oposición respecto a ellos».

    Consecuentemente, don Javier reconoce que él actuó con arreglo a los usos de la Corte de Francia, donde no existió el matrimonio morganático y la cuestión «no interesaba directamente» a la Casa de España, a la que él no pertenece por ser miembro de la Casa de Parma. Y que el Rey Alfonso XIII ha guardado «excelentes relaciones de parentesco con los Príncipes de Borbón-Parma», lo que se opone a la «injusticia notoria» para la familia Borbón-Parma que la interpelación «deriva de las actuaciones de la Monarquía en otro tiempo reinante».

    Cuarto. De un hacer del Gobierno –medida legítima, oportuna y necesaria para salvaguardar el orden público y velar por el cumplimiento de las Leyes– y de un no hacer en relación con una pretensión cuya resolución está reservada como acto de gracia a S.E. el Jefe del Estado, derivan los interpelantes una consecuencia fuera de toda lógica, en cuanto atribuyen gratuitamente al Gobierno «unos intereses previamente forzados» que prejuzgarían decisiones en relación con una de las Leyes Fundamentales, la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, de 26 de junio de 1947, modificada por Ley Orgánica del Estado, de 10 de enero de 1967.

    El Gobierno no duda que la más recta intención ha movido a los cuatro señores Procuradores a presentar la interpelación; pero por la nobleza y altura de miras de unos ideales que han impulsado a varias generaciones de hombres a participar generosamente en las más hermosas páginas de nuestra historia y a consagrarse por entero, en toda circunstancia, al triunfo de su Causa, no pueden ni deben estos ideales quedar empañados por las actitudes de personas que, como se ha visto, carecen de todo título para inmiscuirse en las cuestiones que sólo a nosotros, los españoles, nos conciernen.

    Al contestar a los extremos de la interpelación, el Gobierno se abstiene de entrar en cuestiones que las previsiones de la Ley de Sucesión contemplan concretamente, así como los casos y el momento en que cada uno de los órganos competentes del Estado son llamados a actuar. Las Cortes, como órgano superior de participación del pueblo español en las tareas del Estado, tienen en esta materia el poder de decisión a través de sus acuerdos emitidos conforme a lo previsto en la expresada Ley de Sucesión y el de resolver, de acuerdo con ella, todas las cuestiones que puedan surgir en orden a la sucesión en la Jefatura del Estado, según dispone su Ley Orgánica. Pero a nadie le es lícito alterar los presupuestos de las Leyes ni el momento en que deben entender de tan trascendental cuestión.

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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    NOTA DE DON JUAN SÁENZ DÍEZ A LA RESPUESTA DEL GOBIERNO A LA INTERPELACIÓN QUE LE FUE DIRIGIDA POR UN GRUPO DE PROCURADORES


    Con motivo de la expulsión de España de la familia Borbón-Parma, los cuatro Procuradores que firmaban la interpelación, afirmaban principalmente los puntos siguientes:


    a) que ninguno de los expulsados ha incurrido en hechos que objetivamente puedan ser causa de las medidas adoptadas y, por supuesto, no han perturbado el orden público;

    b) que Don Javier de Borbón-Parma es públicamente conocido como el Representante de la Dinastía Carlista y que en virtud de esta Representación estuvo al frente del Carlismo en los trabajos de conspiración que precedieron al Alzamiento Nacional, firmó el Pacto de la Comunión Tradicionalista con el Ejército y dio la orden de movilización de los Requetés;

    c) y que indiscutible la nacionalidad española de Don Javier de Borbón y su familia, aunque por inexplicables retrasos administrativos no se haya hecho todavía el reconocimiento legal. Por consiguiente, la expulsión o la falta de reconocimiento de nacionalidad, que prive a las Cortes la posibilidad de tomar en consideración a una familia real en todos los casos previstos por la Ley de Sucesión, sería juzgar a priori en una cuestión de capital importancia y en base a unos hechos previamente forzados.


    En la Respuesta del Gobierno no se contesta con argumentos a los puntos a) y b), sino que se centra toda la preocupación en el punto c) con la ilusión de que si se demuestra que Don Javier y su familia son franceses, ya debe darse por admitido que es delictiva su injerencia en los asuntos españoles y que, como extranjero, no puede tener representación alguna de cualquier grupo político, y mucho menos quedar incluido en la posibilidad monárquica de España. Esta argumentación se pretende rebozar, por si resulta molesta para los requetés que tanto significaron en la guerra, con unas amables frases laudatorias del sacrificio de sus voluntarios y la promesa de que «el Gobierno jamás flaqueará en el empeño de mantener viva la llama de la tradición española». No es la literatura lo que cuenta en esta cuestión política, sino su fondo real.

    El punto b) se soslaya totalmente en cuanto al reconocimiento de la participación de Don Javier en los trabajos preparatorios del Alzamiento Nacional. Se dice en la respuesta, simplemente, que los requetés (página 22471) salieron a la guerra «respondiendo al llamamiento de la Patria y a la voz de Don Alfonso Carlos». Así, sin más, como una cosa espontánea que no necesitaba una grandísima labor previa. Es cierto que en aquellos años el Rey era Don Alfonso Carlos, pero con esa frase –siempre el halago literario pero no el rigor histórico– lo que se trata es pasar por alto rápidamente para no tener que mencionar la directa intervención de Don Javier. Es más, esta forma de exposición parece afianzar la insinuación malévola que por algunos se hace –con desconocimiento de los hechos– de que su actuación pudo ser incluso negativa. Esta tergiversación y la misma falta de reconocimiento de la verdad histórica, es inadmisible en una contestación solemne del Gobierno a través de las Cortes. Hay documentación pública suficiente. Basta con repasar los libros de dos testigos presenciales: Antonio Lizarza («Memorias de la Conspiración») y Félix Maíz («Alzamiento en España»). El primero actuó en nombre de la Comunión Tradicionalista como Delegado Nacional de Requetés para Navarra, y el segundo como enlace del General Mola. Sus testimonios son coincidentes en lo esencial y Arrarás les da todo su valor en su «Historia de la Segunda República», tanto en el Texto Abreviado, como en el Tomo IV de la obra completa.

    De toda esta documentación se aprecia claramente la dedicación de Don Javier –entonces representante de Don Alfonso Carlos, pero con intensa actuación personal, a la preparación del Alzamiento.

    La Comunión Tradicionalista había establecido en San Juan de Luz una oficina coordinadora de los trabajos preparatorios, compuesta por elementos militares y civiles «bajo las directas órdenes del Príncipe Javier de Parma» (Lizarza, pág. 60). En mayo de 1936 se trasladó don Javier a Lisboa para entrevistarse con el General Sanjurjo y quedaron de acuerdo en que éste asumiese la Jefatura militar de los requetés. Dice Informaciones de 8 de junio de 1956 en un artículo necrológico del General Rada que «en estaba oficina estaba constantemente el Príncipe Don Javier de Borbón y que por ella pasaron las negociaciones y acuerdos que la Comunión Tradicionalista suscribió con Italia y Portugal para la colaboración de estos países, colaboración en la que se comprometieron aportaciones que más tarde se hicieron efectivas al producirse el Movimiento militar. Allí se centralizaban las conversaciones con el General Mola y se recibían instrucciones del General Sanjurjo». Lo mismo reseña Arrarás (pág. 494 del texto abreviado), quien sitúa la constitución de la Junta a finales de 1935 y dice que estaba «a las órdenes del Príncipe Javier de Borbón Parma».

    Toda esta actuación de Don Javier pretende ser desvirtuada por algunos, alegando una supuesta oposición suya al Movimiento militar. Nada más falso. Lo que ocurrió fue que hasta última hora se manifestaron unas discrepancias de criterio entre la Comunión Tradicionalista y el General Mola, Director en la Península de la preparación del Alzamiento militar. Discrepancias naturales por la diversa condición y formación ideológica de las personas que actuaban en uno y otro de los grupos paralelos. Vale la pena recoger todo esto con detalle.

    Cuando ya la Comunión llevaba muy adelantados sus trabajos de organización, empezaron los oficiales de la guarnición de Pamplona a preparar por su parte un Alzamiento militar. De forma más decidida, después de las elecciones de febrero de 1936. Entonces, 14 de marzo, llegó Mola a Pamplona para hacerse cargo del Gobierno Militar; el 19 de abril se puso al frente de los trabajos conspiratorios del grupo de oficiales de Pamplona, Logroño y Burgos. «A mediados de junio (Arrarás, tomo IV, pág. 306) todavía el General Mola no ha dialogado con representantes de las fuerzas tradicionalistas. El General procede como si no creyera preciso pactar con aquéllos, convencido de que en el momento crítico no faltarían a la cita». Y dice Arrarás que Mola concibe la sublevación a manera de los «pronunciamientos» clásicos, por lo que no considera esencial la participación civil, a la que adjudica «el papel de coro griego». Por eso, sin duda, acoge con recelo y suspicacias las condiciones de la Comunión Tradicionalista que le son entregadas en una nota el 11 de junio. En ella se pedía fundamentalmente (L. página 93) «la bandera bicolor, como símbolo de la vuelta a la auténtica y tradicional España, la disolución de todos los partidos políticos –incluso la Comunión Tradicionalista– y la estructuración Corporativa de la Nación, como fin del Movimiento, conforme a lo acordado en marzo de 1934 con Mussolini por los representantes del Ejército, de Renovación y del Tradicionalismo».

    En nueva entrevista, el 15 de junio, Mola presenta una contrapropuesta (L. página 97) en la que entre otras cosas decía: «Se constituirá un Directorio que integrarán un Presidente y cuatro vocales militares. El Directorio tendrá la iniciativa de los Decretos-Leyes que se dicten, los que serán revisados en su día por el Parlamento constituyente elegido por sufragio. Los primeros Decretos-Leyes que se dicten serán: d) Defensa de la Dictadura Republicana. Las sanciones, de carácter dictatorial, serán aplicadas por el Directorio sin intervención de los Tribunales de Justicia… j) Separación de la Iglesia y el Estado, libertad de cultos… El Directorio se comprometerá durante su gestión a no cambiar en la nación el régimen republicano». «Como puede fácilmente deducirse –comenta Lizarza– había varios puntos excesivamente alejados del pensamiento tradicionalista expuesto a grandes rasgos en aquella nota primera. Se hizo, pues, necesario un tercer contacto personal».

    Éste tuvo lugar el 2 de julio y en él se entregó nueva nota de la Comunión en la que únicamente se ponían dos condiciones: la primera, que, aceptada por la Comunión la presidencia del General designado, llevasen la dirección política –no la de Gobierno en sentido estricto de orden público y administración general– dos consejeros que la Comunión designase; la segunda era la cuestión de la bandera, de obligada lealtad a las masas carlistas que no podían comprender el ir a la muerte para la defensa de la bandera republicana y lo que ésta significaba. Es de advertir que uno de los dos puestos de designación que se reservaba la Comunión, se le había ofrecido a José Antonio Primo de Rivera (L. pág. 101). No hubo tampoco acuerdo, ni ya posibilidad de alcanzarlo por el trato directo.

    Así lo confirma Maíz, enlace de Mola (págs. 278 y 279): «Las relaciones entre el General Mola y la Jefatura superior del Partido Tradicionalista están en punto muerto. Las posiciones que han adoptado ambas partes en los escasos puntos que son los que por ahora producen el desacuerdo, merecen respeto ante la gravedad que encierra la determinación que persiguen. Sin un acuerdo previo y absoluto de las altas autoridades del Tradicionalismo, el General Mola no se lanza al Movimiento. No es decisión particular suya. Lo ha consultado. Sin un acuerdo de respetar y admitir ciertos principios que la Jefatura Tradicionalista considera dignos de respeto, ésta no puede dar su consentimiento».

    Como era capital el conjuntar con el Ejército la actuación de la Comunión Tradicionalista, desde San Juan de Luz ordenaron a Lizarza que fuese a Lisboa para exponer a Sanjurjo el estado de la cuestión. Lizarza llegó a Lisboa el 8 de julio y se entrevistó con Sanjurjo los días 9 y 10. Sanjurjo tenía la doble condición de Jefe del Ejército y Cabeza militar de los Requetés (L. pág. 63) y así pudo resolver, con una carta que fechó el 9 de julio, las diferencias entre la Comunión y el General Mola.

    Durante la estancia de Lizarza en Estoril, ocurrió un hecho generador de importantes complicaciones. Por iniciativa del director de Diario de Navarra, Mola se entrevistó con el Conde de Rodezno y éste le sugirió al General que se entendiese para todo lo relacionado con los carlistas de Navarra, con la Junta Regional. Mola aceptó satisfecho esta posibilidad de lograr por un camino desviado lo que hasta entonces no había conseguido. Por otra parte «si la Junta Regional (L. pág. 104) se alzaba con el poder, Rodezno automáticamente recobraría la posición que perdió en 1934».

    Al regresar Lizarza a España, portador de dos cartas del General Sanjurjo, iguales, una para el General Mola y otra para Fal Conde (que seguía en San Juan de Luz) entregó la del General a uno de sus ayudantes, a primera hora de la mañana del 12 de julio. En esas cartas de Sanjurjo se trataba de «solventar las diferencias» con el fin de llegar a «un acuerdo tan necesario y que no debe demorarse». (L. pág. 107).

    El Ayudante de Mola llegó a la casa de Lizarza una hora después con la contestación verbal del General y que era «que aunque reconocía que la firma de la carta era del General Sanjurjo, el contenido de la misma no era suyo» (L. página 108). «Me produjo tal extrañeza y tan dolorosa sorpresa –sigue diciendo Lizarza– que hice ver al Ayudante la gravedad de cuanto había dicho, porque hacía suponer, nada menos, que toda una falsificación o suplantación, pero el Ayudante me replicó que todo ello se lo había hecho ver al General». Aunque Lizarza no lo dice, porque quizá en aquel momento no conocía aún la entrevista de Rodezno con el General Mola, es de suponer que esta sorprendente contestación de Mola estaba influida por su creencia de que podría conseguir el apoyo de los Requetés sin tener que desmontarse él de su equivocada posición ideológica y política.

    Lizarza salió inmediatamente para San Juan de Luz a dar cuenta al Príncipe Don Javier, a Fal Conde y a la Junta militar del Requeté de la contestación del General por boca de su Ayudante. Al contarles lo sucedido (L. pág. 108) «me fue ordenado que diese por terminada toda relación con Mola, puesto que dudaba de la honorabilidad de la Comunión».

    En aquella misma tarde, estando todavía Lizarza con el Príncipe y con Fal Conde, se presentó allí (según refiere en págs. 109 y 110) la Junta Regional de Navarra «para entrevistarse con el Príncipe y con Fal Conde y suplicarles autorización para movilizar a los Requetés de Navarra en un Movimiento militar que iba a dirigir el General Mola y que, según sus noticias, sería en un plazo de tres o cuatro días. El Príncipe les preguntó:

    – ¿Qué condiciones han pedido ustedes al General Mola para ir al Movimiento?

    – Mola nos ha prometido, bajo palabra de honor, que en cuanto se triunfe se decretará que la enseña nacional sea la bandera bicolor y que, desde luego, los Ayuntamientos de Navarra serán carlistas.

    S.A. el Príncipe, completamente asombrado, replicó:

    – ¿Y a esto supeditan ustedes todo el historial y todo el futuro de la Comunión Tradicionalista, a que los Ayuntamientos de Navarra sean carlistas?

    A pesar de esa respuesta, la Junta volvió a insistir, pidiendo la autorización para apoyar a Mola.

    – Esto yo no lo puedo autorizar bajo esas condiciones. Pero no obstante, si mi Tío, el Rey Alfonso Carlos, que está en Viena, da su conformidad, él tiene la última palabra. Yo le escribiré hoy mismo y supongo que la contestación la tendré dentro de tres días.

    – Pero, ¿y si el Movimiento estallase antes de esos tres días? –apuró la Comisión.

    S.A. entonces les dijo:

    – Si, como ustedes dicen, el Movimiento se inicia antes de esa fecha, podrán ustedes ir a él, pero lo mejor será esperar la decisión del Rey.

    – Dentro de tres días vendremos por la contestación, Alteza, contestaron los de la Junta». Hasta aquí Lizarza.

    Como consecuencia de todo ello, Lizarza dio el día 13 orden a todos los Jefes de Requeté de Pamplona (L. pág. 111) «de no acatar orden alguna que no llegase por su conducto». Lizarza había establecido muy buena relación con todos los oficiales jóvenes de guarnición en Pamplona que estaban comprometidos para el Alzamiento. El día 14 vio a algunos de ellos, que, enterados de lo que ocurría y deseosos de suprimir diferencias, por insinuación de Lizarza se ofrecieron a ver al General Mola y recabar de él un documento de aceptación de la carta de Sanjurjo. Aquella misma tarde consiguieron el documento que dieron a Lizarza y éste llevó inmediatamente a San Juan de Luz, donde se reunió con el Príncipe y con Fal Conde para entregárselo. Mostraron su conformidad los dos y regresó Lizarza a Pamplona llevando en su coche al Teniente Coronel Rada para que éste comunicase a Mola el acuerdo de la Comunión.

    Al día siguiente pasó Maíz a Francia, por encargo de Mola, para recoger el documento oficial, que decía así: «La Comunión Tradicionalista se suma con todas sus fuerzas en toda España al Movimiento Militar para la salvación de la Patria, supuesto que el Excmo. Sr. General Director acepta como programa de gobierno el que en líneas generales se contiene en la carta dirigido al mismo por el Excmo. Sr. General Sanjurjo, de fecha de 9 último. Lo que firmamos con la representación que nos compete. Javier de Borbón-Parma. Manuel Fal Conde».

    Aún queda un detalle de interés. Lo refiere Maíz en su libro, págs. 284 y 185. Al hablar de su regreso a Pamplona, portador del documento de la Comunión para entregarlo al General Mola, dice: «A las doce y media depositaba el documento en sus manos. Nunca vi más alegre su cara. Puesta su mano sobre mi hombro, dijo: “¡Mañana a Bayona! ¡Ha llegado la hora!” A las seis y media de la mañana siguiente cruzaba de nuevo la frontera. En la central de Telégrafos de Bayona depositaba los cifrados para el General Franco, el General Sanjurjo y el Teniente Coronel Seguí: ATENCIÓN ÁFRICA. Un testigo presenciaba el cumplimiento de la misión: Su Alteza el Príncipe Don Javier de Borbón-Parma».


    Es sorprendente que exista un silencio en la Respuesta del Gobierno a los procuradores sobre una actuación que tuvo tales relieves. Pero es más inexplicable que también el Gobierno no diga nada sobre toda la actuación de Don Javier con relación a España, en los años subsiguientes. Inexplicable porque en la Nota del Gobierno se trata de superar el aspecto legal cuando se hace la siguiente pregunta: «¿Cuál es el vivir personal y cómo participa en la realidad española el Príncipe don Javier?» Resulta paradójico que a esta fundamental pregunta –si de verdad se quiere ilustrar a los españoles a través del Boletín de las Cortes– se conteste, no con lo que Don Javier haya hecho o dicho con relación a España, sino con unos artículos de periódicos franceses y párrafos entresacados –y mal traducidos– de dos libros de Don Javier. Pero sin citar ni una vez lo que se refiere a España, que es en realidad lo que interesa a los españoles.

    No vamos a entrar –por demasiado prolijo– en el aspecto jurídico de la nacionalidad española, nacionalidad que no queda desmentida por la Respuesta del Gobierno (que además ha sido rebatida por nuevas puntualizaciones de los Procuradores) ni en el aspecto político de que el Gobierno se inmiscuya en una discriminación de quiénes pueden o no pueden ser candidatos al Trono –labor que nadie le ha encomendado–, sino que vamos a ceñirnos a esa pregunta antes citada de cuál es el vivir personal y la participación en la realidad española. Lo mejor será referirnos a sus escritos.

    Ya hemos visto su Orden de movilización de los requetés de 15 de julio de 1936. En aquel mismo año falleció Don Alfonso Carlos y ante su cadáver pronunció Don Javier el 3 de octubre el siguiente juramento: «Vengo en este inolvidable momento a renovar mi juramento de ser el depositario de la Tradición legitimista española y su Abanderado hasta que la sucesión quede regularmente establecida. Así como la vida del Rey que lloramos nos estuvo consagrada hasta su último trágico suspiro, así estará la mía hasta que Dios me otorgue la merced de terminar la misión de que estoy investido, tal como lo hubiera hecho el mismo Rey Alfonso Carlos».

    25 de julio de 1945.- «Fiel al compromiso jurado ante el cadáver del Rey y libre ya de los invencibles obstáculos que me han incomunicado con vosotros estos años, me propongo firmemente, con la ayuda de Dios y vuestro generoso esfuerzo, llevar a buen término íntegramente los ideales de nuestra santa causa».

    25 de junio de 1949.- «En la tarea restauradora de la Monarquía tradicional, necesaria para España, y por reflejo para el mundo, me corresponde a mí, por el especial mandato del último Rey, la gran responsabilidad que entraña su cumplimiento, obligación que sigue pesando sobre mi ánimo y que ni por un momento ha dejado de ocupar mi atención y cuidado».

    8 de mayo de 1950.- En la Audiencia concedida por el Papa a la peregrinación carlista: «Como hijo sumiso de la Iglesia, Vuestra Santidad conoce de antiguo mis fervientes deseos de servirla; como Príncipe de la Casa Rea de España y Ducal de Parma, estos deseos se acrecientan por la gloriosa herencia de mis mayores. La Providencia ha querido echar sobre mis hombros la gran responsabilidad de regir en tiempos tan graves y difíciles esta centenaria Comunión Tradicionalista. Aquí la tenéis, representada por mí y por estos otros peregrinos».

    25 de junio de 1950.- «Con profunda emoción vuelvo a pisar esta noble tierra de España y se me aviva el recuerdo de aquellos días en que por delegación de mi augusto Tío el Rey e interpretando sus deseos di la Orden de que salieran a la guerra los Requetés en defensa de los valores fundamentales de la Sociedad española… Mi deber me llama a ofrecer al pueblo español la posibilidad su pervivencia y estabilidad política, sirviendo yo, con la ayuda de Dios, para la Restauración de la Monarquía Tradicional. Me impulsa a ello mi triple vinculación a los destinos de esta generosa nación española: la sangre que corre por mis venas como descendiente agnado de Felipe V, cuya Ley de Sucesión, consagrada en Cortes como Pacto solemne de la Nación, defendió con las armas mi Padre, Infante de España, al lado de mi tío Carlos VII, y mantengo yo con igualdad lealtad; el mandato recibido del último Rey, que me escogió y designó para Regente, cargo cuyas obligaciones juré cumplir; y finalmente mi constante, firme y resuelta adscripción a los principios seculares que inspiraron las mejores gestas del pueblo español. Resuelto a cumplir mi misión en la Restauración de la Monarquía española, confío en que para tan alta y noble empresa, no me han de faltar la ayuda de Dios y la colaboración de todos los buenos españoles».

    3 de abril de 1954.- (Se había producido ya la aceptación en Barcelona, cuando el Congreso Eucarístico, de la plenitud de la herencia de Don Alfonso Carlos y la expresión es otra). Ante la Gruta de Lourdes y presidiendo también otra peregrinación: «Virgen Inmaculada, ante Ti, en este lugar de tus apariciones, me postro para ofrendarte mi consagración como Rey de la Monarquía Tradicional española. Recibe, Señora, el rendido homenaje del pueblo carlista, aquí representado».

    3 de abril de 1954.- Con esta misma fecha dio un nuevo Manifiesto: «Generaciones de Reyes y de leales: Esa es la Comunión Tradicionalista, con su Rey a la cabeza; la interpretación genuina de la Monarquía, un pueblo monárquico y un Rey para su pueblo. La Sociedad constituida según su propio ser, con sus entidades plenas de personalidad, sus fueros, sus libertades y su auténtica representación. Esta es la Monarquía a la que estoy adscrito. La herencia del Rey Don Alfonso Carlos me impone a mí y a mis sucesores gravísimos deberes, porque España debe recuperar su propia manera de ser al mismo tiempo que debe concurrir a las tareas del mundo en esta hora grave para todas las naciones de origen cristiano».

    10 de marzo de 1955.- En la conmemoración del centenario del primer Rey carlista, Carlos V: «En un siglo de lucha se han ido agotando una a una todas las falsas soluciones que se han intentando. El prodigio de nuestra supervivencia es la mejor prueba que seguimos una causa justa y que ésta es la causa de la auténtica España. Sólo en la fidelidad al significado doctrinal de Carlos V puede fundarse la Monarquía Tradicional, cuyo servicio es un gran deber de mi conciencia al propio tiempo que un derecho mío y de mis sucesores agnados, por los mismos indeclinables principios dinásticos que inspiraron la gloriosa gesta del Rey, cuya voz conserva su eco en vuestros nobles corazones».

    12 de diciembre de 1957.- «Desde que por orden de mi tío el Rey Alfonso Carlos, me puse al frente de los trabajos de la Comunión Tradicionalista, de preparación del glorioso Alzamiento Nacional, me he mantenido en la misma línea de nuestra Santa Causa, que es la de España y de la Cristiandad».

    28 de enero de 1958.- «España tiene derecho a que la Monarquía que nuevamente se instaure, como consecuencia lógica de la Cruzada, sea sustancialmente distinta de la que provocó, por sus concesiones a la revolución, las graves consecuencias de las que la Nación sólo ha podido salvarse a costa de los mayores sacrificios. Cuantos han ido a Estoril, ni tenían cargos en la Comunión, ni podían considerarse siquiera dentro de ella. Nadie ha tenido o puede tomarse el derecho de hablar o tratar en nombre de la Comunión Tradicionalista más que el que fue habilitado y designado por el Rey Alfonso Carlos para esta misión, que altamente mantengo y reclamo como un derecho y un deber. Tengo la tranquilidad de que cuando Dios me llame a su Seno, mi amado hijo seguirá la misma línea de conducta. A ello se comprometió ante vosotros en el acto de Montejurra».

    2 de junio de 1960.- «La garantía de continuidad política del verdadero espíritu del Movimiento Nacional sólo puede hallarse en la instauración de la Monarquía Tradicional. Así lo ha entendido, acertadamente, el General Franco al promulgar los Principios Fundamentales del Movimiento. Esa Monarquía siempre la han defendido los carlistas, lo mismo en el terreno doctrinal que en el de la lucha política o guerrera, según lo exigían las circunstancias de la Nación. A su defensa ha estado adscrita mi familia y a ella tengo consagrada mi vida. Bien lo sabe comprender el lealísimo pueblo carlista que, con instinto de pueblo de Dios, corresponde con obediencia y amor insuperables al leal servicio que le hacen sus Reyes legítimos».


    Al lado de todos estos textos concretos, (y otros muchos que no se citan por no alargar demasiado estos comentarios) ¿qué valen unos esporádicos artículos de prensa que airea la Nota y que no recogen ningún hecho ni ninguna posición que invalide una posición constantemente mantenida? Son además textos, en su mayoría, de personas ajenas; que nada prueban en cuanto a la nacionalidad francesa que es la obsesión –casi patológica– de la Nota. Si de textos ajenos se trata podría la Respuesta del Gobierno haber citado la Sentencia del Tribunal Civil de Blois, de 30 de junio de 1925, declarando que Don Javier y los demás Príncipes de la Casa de Parma son de nacionalidad incierta y que en Francia debe considerárseles apátridas. Lo mismo dice la Sentencia de la Sala Civil de Tribunal de Apelación de Orleans de 29 de febrero de 1928, que reproduce casi en sus propios términos el Considerando anterior. Y por fin se manifiesta en los mismos términos el Tribunal Supremo de París, declarando que Don Javier debe ser considerado, a efectos civiles, como apátrida. Estas tres sentencias dejan sin ningún valor la afirmación de la Respuesta de que Don Javier, nacido en Italia, es francés de naturaleza. Estas sentencias parece que tienen algún mayor valor jurídico que, por ejemplo, el Souvenir Vedeen que publicaba en diciembre de 1937 el número 18 y en septiembre de 1961 el fascículo 56, o sea que aparece un número cada ocho meses ¡a pesar de lo cual parece ser el plato fuerte de la Respuesta del Gobierno!

    Aun a riesgo de alargar con exceso estos comentarios, vale la pena dejar constancia del poco rigor de la Nota cuando aporta unas citas concretas de textos de Don Javier de Borbón Parma. En la página 22472 del Boletín de las Cortes, recoge la Respuesta del Gobierno unos textos de dos libros de Don Javier: «Les accords secrets Franco-anglais» y «La République de tout le Monde». Hay que hacer constar que ambos libros son de vindicación de personas calumniadas: el Mariscal Pétain, en cuya defensa actuó también con gallardía Don Javier en el proceso que se le siguió después de la guerra mundial, y el Conde de Chambord, tío suyo. Es natural que en libros dirigidos al público francés, un Príncipe de la Casa de Borbón emplee las palabras «nuestros»«nuestras» para referirse a las cosas de Francia y demuestra poca cultura histórica el pretender sacar consecuencias desorbitadas de este tipo de expresiones.

    Pero en la Respuesta del Gobierno se hace más: no sólo se cae en ese absurdo, sino que para reforzar una posición preconcebida se falsean los textos o las traducciones:


    «LES ACCORDS SECRETS».- Dice la Nota del Gobierno: «Por contraste, cuando se refiere a España y los españoles lo hace en idéntica manera a como cita a Inglaterra y a los ingleses y a Norteamérica y los norteamericanos. Con ello viene reiteradamente a considerarse miembro de esa gran nación y buena amiga de España que es Francia». Consecuencia totalmente gratuita, que además se basa en una falsedad. El libro se refiere a unos episodios de la guerra mundial, en los que España no figuraba para nada y por eso nada se dice de España y los españoles en el libro. Se cita una vez a Salamanca y dos o tres a Madrid, pero puramente como lugares geográficos. De quien únicamente se habla, una vez, es del General Franco y a título elogioso. Precisamente en las mismas páginas 56 y 57 en las cuales ha recogido con pinzas el Gobierno dos palabras y en cambio ¡lapsus extraño! se le ha olvidado consignar que Don Javier dice que «Franco, seguro del apoyo del Mariscal, había maniobrado con mucha sangre fría y habilidad para evitar que Alemania se apoderase del territorio español y de Marruecos».


    «LA REPUBLIQUE DE TOUT LE MONDE».- Es curioso que la Respuesta del Gobierno quiera hacer mucho hincapié en los deseos de los vendeanos de que Don Javier aspire al Trono de Francia. Lo que no pasa de ser un deseo de unos monárquicos entusiastas le parece muy importante, pero en cambio no recoge, ni comenta, aunque la cita, una frase auténtica de Don Javier, la primera con que se abre este libro en la que él afirma «que no es un Pretendiente que se presenta» (verbo que parece reflejar más exactamente el révèle francés). Por lo demás, la traducción de la Respuesta no es fiel al texto así como también se acoplan frases que en el original van en párrafos separados, con lo que se altera el significado que el autor quiso darles. Compárense los textos originales con los del Boletín de las Cortes:


    Dice así el Boletín Dice el original
    «No es un pretendiente que se revela.
    Es un francés que habla a franceses.
    Un francés de esa familia de los Capetos,
    tan profundamente ligado a la Patria,
    que se llama la Casa de Francia.»
    «Ce n´est point un prétendent qui se
    révèle. C´est un français qui parle à
    des Français. Un français de cette famille
    capétiene si profondement liée à
    la Patrie qu´elle s´apelle la Maison de France»


    No es lo mismo que él esté ligado o que esté ligada la familia. Nótese la malicia de las dos comas del texto español que quieren resaltar esa ligazón, sin caer en la cuenta de que la frase ha quedado sin sentido.


    «Hijo de Reyes que han hecho Francia
    con la cooperación de todos los franceses,
    no he aceptado jamás la derrota
    que destruía en mi Patria la obra de
    mis padres y de los suyos…»
    «Fils des rois qui ont fait la France
    avec le concours de touts les Français,
    je n´ai jamais accepté la défaite qui
    détruisait dans la Patrie l´oeuvre de
    mes Péres et des leurs».


    También aquí la variante es significativa: «mi Patria» por «la Patria» y algo extraño, el uso del singular en vez del plural. «Hijo de los reyes» parece que coloca en mayor lejanía histórica el arrastre familiar. Por eso se habrá sustituido.

    «Ninguna ambición personal me impulsa
    a publicar estas páginas. Pero en conciencia
    creo que con ellas continúo sirviendo
    a Francia.»
    «Aucune ambition personnelle ne me
    pousse à publier ces pages. Mais j´ai coscience
    de continuer par elles à server
    la France en attirant…»


    No hay párrafo sin diferencias y todas apuntan en una misma dirección. No es lo mismo creer en conciencia que se debe hacer una cosa –respondiendo así a un deber ¿de francés entre líneas? – que tener conciencia de que se hace un servicio, lo que en puridad nos obliga a todos siempre que podamos.


    «Es para trabajar en ello que, como depositario
    de los deberes que se imponen
    a la rama primogénita de la Casa
    Real de Francia publico estos textos…»
    «C´est pour y travailler que, gardien des
    devoirs qui s´imposent à la brance
    âinée de la Maison Royale de France,
    je publie ces textes lumineux devenís
    introuvables.»


    Puede haber un ligero matiz entre custodio y depositario; pero aquí lo importante es la colocación de este texto (¡sutil matiz!) inmediatamente después del anterior, cuando en el original francés lo que le sigue es «llamando la atención sobre los grandes principios recordados a sus contemporáneos por mi tío abuelo, el Conde de Chambord». Lo que en el Boletín aparece tan significativamente después, en el libro figura cinco páginas más adelante, cinco páginas de exaltación del Conde de Chambord y de sus doctrinas. En esas páginas intermedias dice que si se le hubiese escuchado entonces, no habríamos caído en la penuria en que estamos. Por eso quiere reproducir «los textos luminosos que no se encuentran fácilmente» y por eso los publica.


    Puede afirmarse, después de todo lo escrito, que no hay precedente de ninguna nota de Gobierno tan desafortunada. No sólo sus redactores desconocen lo que es la Comunión Tradicionalista, los antecedentes del Alzamiento, las vinculaciones nacionales de las familias reales de Europa, sino que en defensa de una tesis preconcebida caen ya en lo que no es honesto, a saber, la ocultación a los españoles de antecedentes que deben conocer para juzgar en su día de graves decisiones que haya que tomar, y lo que es más grave, la alteración deliberada de los textos que se esgrimen como argumentos.

    Por si esto –que se refiere principalmente a cuestiones que podríamos benévolamente llamar de forma– fuera poco, lo más grave de toda la Respuesta del Gobierno es la tesis que quiere demostrar, sin conseguirlo, afortunadamente. Se quiere presentar a Don Javier de Borbón-Parma y Braganza como francés y para lograrlo se retuercen argumentos y se callan cosas fundamentales. Que Don Javier es francés y que, además, no tiene vínculo ni relación alguna con la Comunión Tradicionalista. Pues bien: todo ese gran esfuerzo de la Respuesta, ¿tiene una intención determinada? y con ella:


    ¿Quiere el Gobierno en pleno, decir que el Ejército pactó con un extranjero, que nada tenía que ver con asuntos internos de España, para que él, sin relación tampoco, ni vinculación, con un importante grupo político, indujese a sus componentes, con engaño, a que se lanzasen contra otros españoles en una tremenda matanza? ¿Cabe injuria más grave al Ejército? ¿Se trata de brindar ese argumento a los rojos? ¿No se comprende que si la Respuesta tuviese razón quedarían viciados en su mismo origen los fundamentos de este Régimen?


    Dejamos a cada uno de los Ministros –y especialmente a los militares que abundan en el Gobierno– la contestación a estas preguntas.

    Los que no tenemos en ella responsabilidad creemos que la Respuesta es frívola e impremeditada. Impropia de un Gobierno de este Régimen.

    2 de mayo de 1969.

  4. #4
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    De risa

    Mensaje del rey socialista-autogestionario Don Javier I, al Montejurra de 1974 :
    "Una vez más desde el destierro me dirijo a vosotros queridos carlistas y a todos los que os habéis reunido hoy en Montejurra.
    Los años pasan y en el transcurso de ellos podemos observar lo que hemos avanzado en nuestra lucha frente al régimen dictatorial. Pronto recogeremos los frutos.
    Nos llena de esperanza ver como otros pueblos, que al igual que nosotros estaban oprimidos, se esfuerzan por conquistar su libertad y su identidad.
    En mi larga vida he visto derrumbarse regimenes que parecían duraderos. Días de profundos cambios se acercan para España y para todo el mundo occidental.
    No todo consiste en acabar con el sistema, sino también ir construyendo las bases del futuro. Porque la libertad nunca viene regalada, sino siempre conquistada a cuenta de grandes sacrificios.
    Por eso el Carlismo en su lucha permanente frente a las estructuras totalitarias y capitalistas busca alcanzar unas metas políticas concretas. Estas metas que nos hemos marcado, son fruto del análisis interno consciente y de una evolución ideológica acorde con la dinámica del mundo moderno.
    En nuestro afán superador perseguimos alcanzar la construcción de un Estado Socialista de Autogestión que responde a un viejo y profundo anhelo cristiano del Carlismo: devolver al Pueblo su soberanía.
    Buscamos el que la permanencia de la paz, se base en la libertad y en la justicia y no en la represión que priva al Pueblo de su personalidad, fórmula que hasta ahora practican los estados totalitarios.

    Buscamos una estructura del estado que permita el desarrollo de las libertades, en la que los pueblos y las personas puedan ser creadoras y responsables de su futuro.
    Para impedir que la Revolución Social desemboque en una democracia ficticia, presentamos nuestra Monarquía Socialista como soporte y arbitraje neutral, que asegure la conjunción de todos los intereses del Pueblo español dentro del Estado Socialista de Autogestión.Para alcanzar estas metas, se necesita del esfuerzo de todos. En el Carlismo, del esfuerzo de todos los carlistas para constituirse en vanguardia de lucha reivindicativa y revolucionaria del pueblo español.Nuestra unidad ideológica fruto de una gran polémica, análisis y controversia interna, nos permite configurar una doctrina enriquecida con el pensamiento de todos y con la practica política de los que estamos más comprometidos en la lucha diaria. El constante confrontamiento del pensamiento y de la actividad de todos, nos conduce a esta unidad ideológica en la acción del Carlismo, partiendo de una militancia y de un compromiso que lleva a esta triple unidad: unidad ideológica, unidad orgánica y unidad de acción.
    Por ello, los que fuera de la dinámica de unión intentan interpretar, modificar y perturbar esta Línea democráticamente elaborada y aprobada por los militantes del Partido Carlista, se sitúan fuera del Carlismo. Los que intentan esgrimir antiguas formulas de compromiso para condenar lo que hoy hacemos y no aceptan las que estamos adquiriendo en estos momentos, traicionan aquellas y éstas.
    A la inversa, los que discuten en las Asambleas Populares y se esfuerzan para modificar y perfeccionar la Línea Ideológica, se acostumbran a la tolerancia, crean un hábito democrático y, sobre todo, enriquecen tanto nuestra doctrina como nuestra acción política.
    A todos los Carlistas hago un llamamiento a la solidaridad y a la lucha. A todos os recuerdo que mi hijo el Príncipe Carlos Hugo tiene mi plena confianza y en el tengo delegados los poderes para gobernar el Carlismo junto con el Pueblo Carlista.
    A los que renuncian al esfuerzo de la lucha o al esfuerzo de seguir una evolución, al esfuerzo de ser joven por la voluntad, les recuerdo que la vida no tiene sentido sin lucha, sin voluntad de cambiarse a sí mismo, para cambiar el mundo en que vivimos.
    La justicia, la igualdad y la libertad las estamos alcanzando a través de nuestra lucha política y se deben alcanzar para el bien de nuestra España Federal, para el bien y la paz de todos los pueblos.
    El Carlismo se presenta hoy al mundo tal y como siempre fue, pero evolucionado y adaptado a las nuevas luchas, para constituirse en vanguardia de la lucha por las libertades junto con aquellos grupos populares que también mantienen los mismos anhelos. No hemos renegado de nada ni renunciamos a nada, seguimos con nuestras mismas banderas y nuestra misma fe.
    A todos ¡Adelante! Es en las angustias y en las alegrías de la lucha diaria donde juntos estamos forjando el futuro de España. Un futuro de libertad, de justicia, de igualdad y de democracia.
    En el destierro a cinco de mayo de 1974.FRANCISCO JAVIER

    Espacio Legitimista Carlista

    Hasta aquí el discurso socialista- autogestionario del "Rey legítimo frente al "Franco revolucionario"
    jasarhez y Pious dieron el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



  5. #5
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    Cita Iniciado por ALACRAN Ver mensaje
    Mensaje del rey socialista-autogestionario Don Javier I, al Montejurra de 1974 :
    Espacio Legitimista Carlista

    Hasta aquí el discurso socialista- autogestionario del "Rey legítimo frente al "Franco revolucionario"
    Ja, ja, ja....
    Menos mal que este hombre no se metía en política, jajajaja...
    Hay que ver las cosas que hay que oir y leer
    Última edición por jasarhez; 20/05/2014 a las 19:08
    Pious dio el Víctor.

  6. #6
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    De risa
    Ja, ja, ja....
    Menos mal que este hombre no se metía en política, jajajaja...
    Hay que ver las cosas que hay que oir y leer

    Que quede constancia en el FORO de la frivolidad de estos dos franquistas, ALACRAN y Jasarhez, hacia la persona del Rey Legítimo español Javier I. Ya se retratan ellos mismos con sus respectivos mensajes.


    Pero, aún así, para que no quede la cosa como si se pensara, en virtud del texto maliciosamente presentado por ALACRAN (y digo maliciosamente, pues, como ya se ha explicado y repetido hasta la saciedad en este Foro, entra dentro del contexto de la línea revolucionaria desviada que Carlos Hugo quiso imponer -incluyendo presiones hacia su propio Padre, del que el texto transcrito es un ejemplo- a toda la Comunión Legitimista tras el nombramiento de Franco a Juan Carlos como su digno Sucesor en 1969) de que el Rey Javier I hubiera efectivamente seguido los pasos de la traición realizada por su indigno hijo Carlos Hugo (que Dios haya perdonado) y que motivó el levantamiento de la Bandera Legítima española por su otro digno hijo Don Sixto Enrique de Borbón (actual poseedor y depositario de la Legitimidad Política Española), siempre viene bien recordar la declaración del Rey Javier I de 4 de marzo de 1977 (si es que no ha sido ya reproducida en el foro). La tomo de la bitácora MATINER CARLÍ.



    DECLARACIÓN DE S.M.C. DON JAVIER DE BORBÓN

    (París, 4 de marzo de 1977)

    Ante ciertos rumores relacionados con pretendidas declaraciones políticas que se me atribuyen, quiero, en este día, dar a conocer una declaración mía para disipar toda confusión o malentendido en cuanto a mi posición y forma de pensar, en lo que al Carlismo se refiere, en su permanente línea ideológica derivada de los grandes principios que la informan y constituyen su razón de ser. Debo, por tanto, afirmar, ante todo, que si siempre me he esforzado por mantener la unidad en el seno de mi familia, no puedo consentir que se utilice mi nombre, pese a lo que se intentó hacerme decir para justificar un gravísimo error doctrinal dentro del Carlismo, haciéndolo aparecer ante la opinión pública como partido socialista o aliado del marxismo o del separatismo, que son incompatibles con su propia naturaleza y contra los cuales el Carlismo ha luchado siempre con la mayor energía; de la misma manera que también ha luchado contra el capitalismo liberal materialista, que todavía trata de imponerse en nuestra patria como ya trató de hacerlo en el pasado.

    Así, toda concomitancia de aquellos que se llaman a sí mismos carlistas con el separatismo o el socialismo, constituye una provocación evidente y una clara voluntad de engaño. No puede haber por tanto carlistas ni carlismo fuera de la plena aceptación de los principios fundamentales que son, quiero recordarlo:

    1. La confesionalidad católica; es decir, la afirmación de nuestra condición católica como primera razón de nuestra causa: Dios.
    2. El mantenimiento del principio indiscutible de la unidad nacional y del conjunto de tradiciones específicas de la naturaleza de la España de siempre y que dan su pleno sentido al concepto de Patria.
    3. La defensa de los fueros, fórmula que no está en modo alguno en contradicción con el principio anterior, sino que lo complementa. Además de constituir unos derechos históricos indiscutibles, representan la libre y original evolución de cada región de España, y de los cuerpos intermedios, evitando así los graves inconvenientes del centralismo absorbente y paralizador.
    4. La afirmación de la necesidad de la Monarquía para España que se basa en nuestra convicción de que es herencia permanente de autoridad, responsabilidad, independencia y continuidad.

    Todo esto, lo sé, puede parecer una exposición de verdades elementales, pero creo que es oportuno recordarlas para terminar con ciertos falsos razonamientos que pretenden hacer que se puede ser carlista sin ser católico ni monárquico, patente traición a las convicciones de todos aquellos que, obedeciendo las órdenes que tuve el honor de firmar en nombre de mi augusto tío el Rey Don Alfonso Carlos, lucharon con valor y murieron gloriosamente por la religión y por la Patria.

    Pido a Dios que el Carlismo, sin desviación alguna, siga fiel a sí mismo para el mejor servicio a España y la Cristiandad.




    Posdata. Por cierto, lo de Franco "revolucionario" no es un adjetivo descalificativo sino meramente descriptivo el cual, el propio Franco, aceptaría como un elogio o, como mínimo, como algo normal. A él le gustaba mucho utilizar las palabras "Revolución" y "revolucionario" (sobre todo en su primera etapa nazi-fascista, aunque tampoco le hiciera ascos en su segunda etapa tecnocrática-demoliberalizadora).
    Última edición por Martin Ant; 20/05/2014 a las 21:35

  7. #7
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    y digo maliciosamente, pues, como ya se ha explicado y repetido hasta la saciedad en este Foro, entra dentro del contexto de la línea revolucionaria desviada que Carlos Hugo quiso imponer
    Igual de "maliciosamente" que despotricas tú de Franco, "cuando en este foro ya se ha explicado y repetido hasta la saciedad" que Franco no era un revolucionario

    Por lo demás ¿no es frivolidad que un rey "legítimo" esté años y años sin desmentirse? La legitimidad conlleva cambiar a gusto del consumidor y donde dije digo digo diego ¿no? Con reyes así da gusto.

    Y ya puestos a conspiraciones ¿porqué ese documento de 1977 ha de ser más fiable que los anteriores?
    Contra Franco vale todo pero contra el legítimo legitimísimo requetelegitimisimo todo es diculpable hasta lo superevidente firmado y rubricado.
    ¿Y en manos de esta gente conspiradora y chapucera debíamos estar gobernados?

    En menudas manos iba a quedar España en manos de alucinados como el forista Martín Ant. Si no te gusta que te respondan ábrete un blog.
    Última edición por ALACRAN; 20/05/2014 a las 22:56
    Pious dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



  8. #8
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    Otro discurso revolucionario de D. Javier (Diciembre 1970)

    Evolución
    "Los cambios profundos de la sociedad y de la formación de los pueblos, debidos, fundamentalmente, al avance del progreso y de la técnica, hacen que padezcamos una fuerte crisis, tanto en el orden humano como en el económico-social, crisis más acusada por la ausencia de espíritu cristiano. Esta ausencia, es consecuencia de que una determinada clase, compuesta por grupos oligárquicos, económicos e ideológicos, se haya erigido en propietaria y administradora de los valores del cristianismo casi en exclusiva, impidiendo que el paso, irremediable, de una sociedad estamental y monolítica a una sociedad pluralista y de libertadse haga por vía cristiana y no marxista.

    El Carlismo no puede estar ajeno a esta evolución porque, precisamente, su principal característica ha sido evolucionar.
    De Carlos V a Carlos VII, de Jaime III a Alfonso Carlos I y hasta estos momentos, toda la vida del Carlismo está marcada por una intensa vida política, por una intensa evolución. De las guerras civiles del siglo pasado, a las luchas sociales de principios de este siglo con los sindicatos libres carlistas; de nuestra participación en el Alzamiento a mi total negativa a unirnos al fascismo; del enfrentamiento con el totalitarismo a la supervivencia dentro de un régimen de represión política y a la vuelta de un período activo de politización; todo fue evolución, todo fue cambio.
    La permanencia del Carlismo no podría explicarse sin esta constante evolución y sin una autoridad responsable que garantiza esta evolución conforme a sus principios básicos de busca de justicia social y de libertad política.

    El Carlismo, que mantiene sus principios y sus fundamentos políticos, sigue necesitando evolucionar y ponerse al día. Esta ha sido nuestra principal tarea en estos diez últimos años.

    Tarea difícil, pues mientras en unos producía escándalo por creer íbamos a un progresismo de tipo liberal, en otros, la juventud aparecía la impaciencia porque esta evolución era lenta. Aquí estaban los riesgos. Si el Carlismo quería subsistir y cumplir su misión junto con el pueblo español, tenía que correr estos riesgos. Yo asumí, como en otras ocasiones, toda la responsabilidad.

    En toda su historia, en los momentos de gran desarrollo del Carlismo siempre surgieron detractores, con un pretexto u otro... Cuando no era dinástico, era ideológico, erigiéndose ellos, por sí y ante sí, en definidores de doctrinas contra el Rey contra el Pueblo, que siempre marcharon al unísono.
    Estos falsos definidores consiguieron, en algunas ocasiones, presentar una imagen equívoca del Carlismo. Algunos tienen la osadía de lanzar condenas rememorando formas antiguas y caducas. Son los que hubieran condenado a Carlos VII o a Jaime III en su tiempo. Su actitud es farisaica, pues se quedan solamente con cosas accesorias y circunstanciales.

    Pero el llamarse Carlista y hablar en nombre del Carlismo no es un derecho que se puede uno otorgar a sí mismo, sino, que es un compromiso con una lealtad y una disciplina. Lealtad a mi Dinastía que lleva consigo disciplina a los representantes del Carlismo. El que rompe constantemente esta disciplina es porque realmente ha roto su lealtad. Y por tanto no se puede llamar Carlista.

    Los que tenemos la experiencia de haber luchado constantemente en defensa de los valores cristianos sabemos muy bien a dónde conducen ciertas actitudes de intransigencia y defensa de principios erigidos en dogmas: a la mayor deserción y cobardía, con una entrega final de los altos valores a los grupos poderosos para que especulen con ellos.

    Además, los valores de que es portador y defensor el Carlismo, no son suyos en exclusiva, pertenecen al pueblo. Pero para que estos valores sean permanentes y aceptables deben evolucionar constantemente, promoverlos conforme lo exijan las necesidades y los tiempos. El inmovilismo sería la muerte y eso es lo que esperaban muchos de los que se titulan «guardianes» de la pureza y del dogma.

    No es extraño que otra vez se desprendan algunos de nuestras filas, porque les faltará la fe. Pero habrá, y la hay cada vez más, una constante incorporación del pueblo español cuando, con nuestra presencia política, vea la solución ampliamente nacional que representa el Carlismo, porque será la mayor posibilidad de asegurar a nuestra querida patria el orden, la prosperidad, la justicia y con ésta, el bien social mayor para todos: la paz.

    El Carlismo se perfila como una solución de hoy y de futuro. Para ello debemos presentar un Carlismo posible. La evolución es una necesidad. Evolución nuestra y de la sociedad actual, ya que esta no responde en absoluto a los principios de justicia y de libertad.
    A fin de que todos sepan cual es la línea política actual y no queden dudas, voy a exponer mi pensamiento político.

    Revolución Social
    En la evolución constante del Carlismo, en sus diversos intentos por resolver la problemática social y política española, con un sentido de justicia y de libertad, algo hubo permanente; la constante búsqueda de un pueblo junto con su dinastía, de unas estructuras que permitieran a la sociedad resolver sus problemas por un mecanismo democrático, devolver a la sociedad su poder de autogobernarse. Es realmente revolucionar el planteamiento político actual para que sea acorde con una concepción comunitaria de la vida pública.

    La concepción carlista de la Revolución Social se opone tanto a la revolución individualista capitalista como a la colectivista comunista, fuerzas que hoy se adueñan de la sociedad mundial, quedando entre ambas una revolución !atente, que es la social y que puede además ser pacífica.

    Hay que reconocer sin embargo, que cada una de estas fuerzas presentan unos valores y han recorrido experiencias interesantes. Tanto una como otra han aportado valiosos elementos políticos al mundo actual, aunque no podamos aceptar ninguna de las dos interpretaciones en su totalidad. La interpretación capitalista, porque no concebimos la defensa de la libertad individual como única base de la justicia social. La comunista, porque no concebimos la defensa de la justicia social sin la de la libertad.

    En el transcurso de la historia contemporánea hemos podido ver que el paso de una sociedad monolítica y clasista a una sociedad pluralista, en la mayoría de los casos ha sido empujada por revoluciones violentas, pero hoy nos encontramos en plena metamorfosis del cambio con el trasfondo económico de una sociedad de consumo.

    La Revolución Social que propugnamos, necesaria, pretende que las estructuras de la sociedad deben ser de representación diferenciada, tanto de las realidades ideológicas, como laborales y regionales.
    Una Revolución Social, con la invasión del campo de la cultura y de la investigación, por el pueblo. Este será el signo de la nueva sociedad: la promoción del pueblo en la política, en las ciencias, en la cultura, con una amplia libertad y sentido democrático de la propiedad de estos bienes.
    Integración de todos en los derechos y en la igualdad de oportunidades en materia de decisión política.
    Esta es nuestra Revolución Social.

    El Pacto
    Si somos y nos llamamos demócratas es porque siempre hemos definido nuestra Monarquía como popular y sostenida por el pueblo. Mediante el Pacto, renovado entre la Corona y el Pueblo, éste delegaba parte del poder en aquella y ambos se comprometían a la defensa de las libertades sociales más sagradas. Hoy tenemos que saber dar una fórmula viva y actual a este Pacto que es conciencia democrática, conciencia viva del pueblo, expresado en las inquietudes y en los problemas de hoy. El Pacto debe estar fundamentado en estas tres grandes libertades: Libertad Política, Libertad Regional y Libertad Sindical. No se cambia nada. Se perfecciona. Se avanza en la dinámica política.

    El diálogo es parte consustancial del Pacto. Sin diálogo no puede formularse pacto. Pero el diálogo no es posible con los que niegan los principios de justicia y libertad.
    El Carlismo dialogará con todos aquellos grupos que sean portadores de soluciones basadas en los derechos de la persona y de estos principios de justicia y libertad, para iniciar la reconquista de la sociedad, haciendo posible la promoción de todo el pueblo en esta tarea.

    Mi responsabilidad es grande. He oído personalmente a la mayoría de los dirigentes del Carlismo y a gran parte del pueblo Carlista, en su diversidad intelectual y popular. Y hoy, en esta importante etapa de la vida nacional, he tomado la decisión de llevar al Carlismo por caminos de una acción política clara y en consonancia con los tiempos, con el sentir de un pueblo que pide justicia y con el sentir, en el orden espiritual y moral, de una iglesia atenta a las realidades sociales y dispuesta a la conquista de las almas por el camino del diálogo y de la apertura.
    He aquí la primera parte del pacto. Ahora vemos al Pacto Social y político con el pueblo español a través de aquellos grupos que persiguen estos mismos fines.

    El Poder
    Nuestra meta es el poder político. Parecería simpleza el repetirlo si no fuera porque algunos pretenden decir que el Carlismo tiene otras finalidades distintas. Lo repetimos, pues, porque siempre fue el poder político el fin por el que luchó el Carlismo.
    Mis antecesores los Reyes Carlistas, no conquistaron este objetivo porque perdieron las guerras que el pueblo hizo para ello. Pero su objetivo no era otro. Hoy sigue siendo nuestra meta,

    Pero no se trata de conquistar el poder por el poder, sino de crear las estructuras nuevas de libertad que permitan devolver a la sociedad su poder de autogobernarse.Vemos también que estos caminos no se recorren armónicamente sin un gran entusiasmo popular por una parte y sin una gran autoridad moral con un liderazgo político dinámico por otra.
    Muchas resistencias se tendrán que vencer, muchos intereses creados, muchas incomprensiones, mucho miedo.

    La libertad
    Defendemos la libertad porque el hombre es portador de ella. La libertad es atributo del hombre y su derecho más sagrado. Pero esta libertad no debe quedar plasmada solamente en una teoría del derecho, como muchos pretenden. Debe ser real y efectiva, pragmática, con todas sus consecuencias. Los políticos tenemos la responsabilidad de abrir los cauces naturales por donde debe discurrir.

    El miedo a la libertad es el dique que frena momentáneamente esta promoción, pero que terminará, si antes no se abren los cauces, desbordando y arrollando el sistema que engendra este miedo. Por eso rechazamos las soluciones políticas de «primero, el orden público», porque mantienen la violencia de la represión como único remedio a la violencia de la injusticia. Sostienen situaciones inadmisibles, tanto desde el punto de vista moral como desde el punto de vista de prudencia política. Mantienen así, una guerra civil latente, justificación de un Estado cuya principal función es la represión.
    No existe antítesis más profunda de una concepción cristiana de la vida, que la de un Estado totalitario o de fuerza, sea de signo comunista (en que el hombre es propiedad del partido), sea signo fascista (en que es propiedad del Estado), sea de signo capitalista (en que es propiedad de los grupos de presión económico-político). Estas tres fórmulas reducen realmente a la inmensa mayoría de los ciudadanos a ser meros individuos, sin participación ni responsabilidad. Es decir, sin libertad, sin patrimonio social. El Carlismo proclamó siempre la libertad política. La proclamó y la defendió para que fuese auténtica y dentro del exponente que el hombre marcaba según el fundamento de sus derechos. Hoy la libertad política, que es la que más escandaliza a algunos, aparece como más consustancial que nunca con el hombre y con los pueblos.

    Estructuras de libertad
    Como en otras ocasiones lo he hecho y lo ha hecho mi Junta Suprema y las demás autoridades del Carlismo, volvemos a exponer los cauces de la libertad para poder llevar a cabo la estructuración de la sociedad.
    Si la iniciativa de promover los cambios de estructuras políticas con la formación y participación del pueblo, está reservada principalmente al partido político; y el de llevar la responsabilidad de las decisiones económicas, al mecanismo sindical; la responsabilidad en el campo de interpretación y aplicación de las leyes en la sociedad recae principalmente sobre el municipio y sobre la región. Como consecuencia establecemos las siguientes bases:
    1º. Pleno reconocimiento y respeto a la personalidad de los diversos pueblos que forman la nación española. Su libertad será la vía de su promoción tanto de aquellos que tienen ya una personalidad acusada, como de los que siguen sometidos a la presión de un silencio impuesto y desplazados de la vida pública. Proponemos la federación de los pueblos en una unidad de Repúblicas Sociales, presidida por la Corona.

    Los Reyes de mi Dinastía no concedían fueros o libertades, los reconocían. Cuando los Reyes carlistas juraban los fueros no era meramente una promesa de no interferir en los asuntos internos de los pueblos. Se comprometía el Rey, como poder político, a ser el defensor del fuero, contra cualquiera y en primer lugar contra la misma administración central. Carlos VII se definía, a este respecto, como el Rey de las Repúblicas Españolas, es decir, como el que daba su garantía de libertad y de autonomía a las estructuras regionales del país.
    2º. El mundo del trabajo debe tener sus cauces libres de representación para que a través de él pueda participar en todas las decisiones socio-económicas. Es la libertad sindical la que abrirá este cauce, estableciendo su propia constitución y fuero, evitando las interferencias del poder y de los grupos oligárquicos.
    3º. La libertad política, como derecho inalienable de la persona, debe tener su cauce de representación, abriendo también un campo de actuación a las ideologías debidamente organizadas, evitando quede en una fórmula teórica que sólo sirva para frenar el ansia y el derecho de los españoles.

    En el mundo de las ideologías es donde el hombre se mueve con más impaciencia y personalidad. Negar esta realidad sería atentar contra un derecho natural del hombre. Las reglas que marquen el ordenamiento para el quehacer político deben ser la base de una constitución orgánica que dé cabida a los grupos ideológicos o partidos políticos, con la misión de formar, promover y encauzar la intervención del pueblo en las tareas políticas.
    Así podemos concebir un triple sistema de fueros o libertades: los fueros de las regiones, los fueros de los sindicatos y los fueros de los partidos políticos.
    Un triple sistema de repúblicas que corresponden a las tres principales facetas de la vida del hombre: la de su convivencia dentro de un marco territorial o regional, la profesión o sindical y la ideológica o de partidos políticos.

    Tres campos de responsabilidad: el de la administración del poder público, el de las decisiones socio-económicas y el de la promoción política.

    Esta triple representación, esta triple democracia, esta triple responsabilidad es lo que considero como lo más importante de nuestra aportación a una construcción doctrinal y encontrarán su coordinación y equilibrio en las Cámaras.

    Sobre estos tres grandes ejes el Carlismo dará al pueblo español un proyecto político, posible y aceptable, para que, con el ejercicio de la plena libertad, polarice adhesiones y se construya con una gran corriente de la opinión nacional, la solución que conduzca a la Revolución Social pacífica. Solamente ésta frenará al Capitalismo egoísta y explotador, por un lado, y neutralizará la acción filosófica de un marxismo materialista arrollador que no encuentra hoy barreras.

    A fin de formular una doctrina actual y profundamente estudiada sobre esta temática esencial, deseo que se trabaje en el Carlismo. Esta labor intelectual no está reñida con la marcha hacia el poder político, sino que va vinculada a ella.
    El formular una doctrina política nueva no se puede hacer sin la colaboración de muchos hombres que no pertenecen a nuestro partido. De este estudio comunitario surge una enriquecedora vinculación entre tendencias políticas y la posibilidad de una doctrina de alcance general.

    La Monarquía
    Para realizar y llevar a cabo estas estructuras de la sociedad, es necesario definamos el carácter de nuestra Monarquía, la forma de gobierno que proponemos.
    Monarquía Social, democrática y abierta a la evolución que nazca del Pacto Social entre la Corona y el Pueblo.

    Aquí la Monarquía es una sola concepción, un solo cuerpo: Rey-Pueblo. El pueblo está eligiendo continuamente a su representante en el ejercicio democrático de su libertad. El pueblo es elector, no mediante un sufragio universal ficticio, sino en un sufragio a través de los pactos que se formulan en los estados republicanos de los países, sindicatos y partidos políticos.
    Rechazamos fórmulas de imposición y de teocracia que simulan una legitimidad. La legitimidad de ejercicio se adquiere con el pacto y el pacto se formula de mutuo acuerdo, sin coacciones ni imposiciones. La legitimidad de la sangre se tiene y se convalida con el ejercicio democrático.

    Si en este proceso la Monarquía se consolida, y tiene la adhesión del Pueblo, es porque es válida.
    Esta es la razón de la Monarquía. Con esta definición, para algunos puede parecer menoscabado su concepto, cuando, en realidad, es lo contrario. Fue cuando la Monarquía se opuso al progreso de los pueblos, cuando perdió su razón de ser.

    Este es el Carlismo
    Os digo que este es el Carlismo, el Carlismo que presido y dirijo, unido con el pueblo español que nos sigue y participa de esta doctrina. No hay otro Carlismo. Este es el Carlismo de ayer, renovado hoy y dispuesto a proyectarse al futuro con la evolución de los tiempos.
    Esta es la doctrina promulgada por mí, y formulada hoy, obra de una colectividad organizada en partido, susceptible de evolución, corrección y perfección. Abierta al diálogo y a las aportaciones del ejercicio político de un pueblo.

    Cargo con esta responsabilidad, como vuestro Rey Legítimo que soy y como cabeza de un partido político que va a la conquista del poder político, con el pueblo y para el pueblo español, con el fin de que este pueda alcanzar y ejercitar su libertad. El Rey en el Carlismo tiene hoy un necesario papel de liderazgo político de un partido que pretende ser un partido-líder en la vida pública.

    Para esta acción de organizar el Carlismo y conducirlo al poder, tiene hoy toda mi autoridad y responsabilidad el Príncipe, mi hijo y heredero. Yo le asisto plenamente, pues no por ello abdico mis graves deberes ni dejo el puesto sumamente difícil que llevo, mientras Dios me de salud y fuerza. Mi hijo, todos lo sabéis, es el modelo de lo que debe ser hoy un Príncipe moderno y cristiano. Se le ataca porque es incómodo. Pero recordad, para que no quepa la menor duda, que el que le ataca a Él, me ataca directamente a Mí, y por tanto al Carlismo.

    Así, desde la cumbre de mis muchos años, cuando he visto desmoronarse tantas cosas en Europa y en el mundo, mi fe está intacta, mi confianza y amor al gran pueblo que sigue con admirable lealtad nuestras banderas, son ilimitadas. Doy gracias a Dios por su ayuda en tantas dificultades y peligros y espero con seguridad y confianza el porvenir de la Causa que siempre serví, que es la de la noble nación española."
    Vuestro viejo Rey:
    Francisco Javier
    Valcarlos - 6 de Diciembre de 1970
    http://laalcarriaobrera.blogspot.com...bon-parma.html
    Última edición por ALACRAN; 20/05/2014 a las 22:20
    Pious dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    En ¿Qué es el carlismo? respuesta y compendio necesario de la intelectualidad carlista en 1971, capítulo 2, parágrafo 16, página 37 se especifica lo siguiente:

    "La bandera nobilísima de la legitimidad proscrita y heroica ha tenido por abanderados cinco reyes: CARLOS V, CARLOS VI, CARLOS VII, JAIME III y ALFONSO CARLOS I.

    Con éste, muerto en Viena el 29 de septiembre de 1936, se extingue la línea recta de la dinastía legítima española, y se abre una sucesión, oscura jurídica y políticamente, que divide lamentablemente en partidarios de diversas tendencias a los actuales carlistas españoles."
    (La mención de los cinco reyes, en mayúsculas en el original).

    Lamentablemente, tal como así se hace constar, el Carlismo se dividió en diversas facciones en la cuestión legitimista, no así en la doctrinal en la que únicamente aparecieron dos corrientes: la tradicional y la representada por Carlos Hugo. En efecto, esta grave disensión anunciada por D. Javier, su padre, en el documento expuesto, produjo una polémica en su día, hasta se habló de un error de interpretación de lo que quiso decir. Pero lo cierto es que quienes abandonaron el Carlismo fueron padre e hijo. Por tanto, señores ALACRAN y Jasarhez, yo les pediría que no sigan mezclando los acontecimientos históricos ya que D. Javier nunca fue erigido en rey, y S.M. D. Alfonso Carlos dejó únicamente abierta la posibilidad de que le pudiesen corresponder alguno derechos. A la vez, al señor Martín Ant también tengo que pedirle que no haga pasar por cierto lo que nunca fue. El Carlismo se dividió y la corriente mayoritaria jamás reconoció a Don Javier, mucho menos a su hijo Carlos Hugo que, finalmente, y de un modo descarado se desmarcó de la Causa.
    jasarhez y DOBLE AGUILA dieron el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  10. #10
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    Cita Iniciado por Martin Ant Ver mensaje
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    Ja, ja, ja....
    Menos mal que este hombre no se metía en política, jajajaja...
    Hay que ver las cosas que hay que oir y leer
    Que quede constancia en el FORO de la frivolidad de estos dos franquistas, ALACRAN y Jasarhez, hacia la persona del Rey Legítimo español Javier I. Ya se retratan ellos mismos con sus respectivos mensajes.
    A ver, a ver... un momento, señor monárquico. ¿A cuento de qué dice usted que estos 'dos franquistas' tratan con frivolidad a la persona de don Javier?. ¿Qué pasa, que de este señor tan importante no se va a poder cuestionar, ni siquiera, si tiene afición a la política o no la tiene?. Señor Martin Ant, la rodilla yo solo la doblo ante Dios N.S. Usted que es monárquico, doble su rodilla ante quien quiera, pero no nos obligue usted a que lo hagamos el resto de los mortales que participamos en este foro. ¡En ningún momento he faltado el respeto a este señor al que usted denomina 'Rey Legítimo', cosa que sí ha hecho usted con Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios. Y además, lo ha hecho en muy repetidas ocasiones desde que le conozco.

    Si usted, como monárquico, exige respeto hacia este personaje de sangre azul del que hablamos (sea legítimo, semi-legítimo, legitimísimo o requelegitimísimo...) lo primero que tiene usted que hacer es aprender también a mostrar el mismo respeto (aunque solo sea por educación) por una figura histórica tan importante como fué la del Caudillo. A quien me da la sensación, por lo que recuerdo de sus múltiples intervenciones en este foro, que usted jamás se la ha tenido.

    De modo que, aprenda usted primero respeto y luego exíjalo después a los demás. Otro saludo para usted también...
    Última edición por jasarhez; 20/05/2014 a las 23:35
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  11. #11
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    En ¿Qué es el carlismo? respuesta y compendio necesario de la intelectualidad carlista en 1971, capítulo 2, parágrafo 16, página 37 se especifica lo siguiente:

    "La bandera nobilísima de la legitimidad proscrita y heroica ha tenido por abanderados cinco reyes: CARLOS V, CARLOS VI, CARLOS VII, JAIME III y ALFONSO CARLOS I.

    Con éste, muerto en Viena el 29 de septiembre de 1936, se extingue la línea recta de la dinastía legítima española, y se abre una sucesión, oscura jurídica y políticamente, que divide lamentablemente en partidarios de diversas tendencias a los actuales carlistas españoles."
    (La mención de los cinco reyes, en mayúsculas en el original).

    Lamentablemente, tal como así se hace constar, el Carlismo se dividió en diversas facciones en la cuestión legitimista, no así en la doctrinal en la que únicamente aparecieron dos corrientes: la tradicional y la representada por Carlos Hugo. En efecto, esta grave disensión anunciada por D. Javier, su padre, en el documento expuesto, produjo una polémica en su día, hasta se habló de un error de interpretación de lo que quiso decir. Pero lo cierto es que quienes abandonaron el Carlismo fueron padre e hijo. Por tanto, señores ALACRAN y Jasarhez, yo les pediría que no sigan mezclando los acontecimientos históricos ya que D. Javier nunca fue erigido en rey, y S.M. D. Alfonso Carlos dejó únicamente abierta la posibilidad de que le pudiesen corresponder alguno derechos. A la vez, al señor Martín Ant también tengo que pedirle que no haga pasar por cierto lo que nunca fue. El Carlismo se dividió y la corriente mayoritaria jamás reconoció a Don Javier, mucho menos a su hijo Carlos Hugo que, finalmente, y de un modo descarado se desmarcó de la Causa.
    Me parece muy acertado y correcto lo que dices. En lo que a mi respecta, voy a seguir tus consejos... Muchas gracias por intervenir con tan buen criterio en una contienda que no iba a conducir a nada, más que a tener luego que lamentarnos y disculparnos todos. Y aquí no hemos venido ninguno a enfadarnos ni a faltarnos el respeto.

    Un abrazo
    Última edición por jasarhez; 20/05/2014 a las 23:38

  12. #12
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    Cita Iniciado por jasarhez Ver mensaje
    Me parece muy acertado y correcto lo que dices. En lo que a mi respecta, voy a seguir tus consejos...

    Muchas gracias por intervenir con tan buen criterio en una contienda que no iba a conducir a nada, más que a tener luego que lamentarnos y disculparnos.

    Un abrazo
    De nada, apreciado amigo. La cuestión sobre el espíritu revolucionario de Franco en mi opinión viene de ese principio no escrito que vendría a afirmar que todo lo que no proceda del Antiguo Régimen es revolución. Ciertamente no vamos a descubrir nada acerca de que a raíz de las grandes revoluciones todas las ideologías surgieron de ellas. En tal sentido, Franco era revolucionario. Pero también es cierto que la ideología personal suya fue un misterio. Y, en realidad, visto lo visto, resulta dudoso si hubiera sido más "revolucionario" de lo que fue eligiendo a D. Juan Carlos, si hubiese optado por Carlos Hugo. El problema dinástico en España arranca hace dos siglos cuando el único representante verdadero del absolutismo español, convirtió éste en pura revolución. Me refiero, claro está a Fernando VII. Así, tenemos vigente la paradoja de que mientras Franco eligió a un monarca revolucionario, la Constitución de 1978 no puede ser más tradicional en materia dinástica. El artículo 57, pár., 1 a 5 de su Título II es un calco de la Ley 5ª del Título I del Libro III contenidos en la Novísima recopilación de Autos Acordados de 1805, correspondiente al "auto de 10 de mayo de 1713", que jamás fue derogado por las Cortes de Aranjuez de 1789 y que Fernandito se empeño en ignorar al promulgar su falsa "Pragmática sanción con fuerza de ley decretada por el Señor Don Carlos IV a petición de Cortes de 1789 y mandada publicar por su S.M. reinante, texto reasegurado en su interior al afirmar: "lo resuelto a ella por el Rey mi querido padre."

    Que se saltó todas las normas habidas y por haber, se demuestra hoy en día en un hecho muy concreto: ¿por qué es Príncipe de Asturias D. Felipe y no su hermana mayor Doña Elena?
    Última edición por Valmadian; 20/05/2014 a las 23:50
    jasarhez y Pious dieron el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

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  13. #13
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    Igual de "maliciosamente" que despotricas tú de Franco, "cuando en este foro ya se ha explicado y repetido hasta la saciedad" que Franco no era un revolucionario
    Yo no despotrico de Franco, simplemente me limito a reproducir documentos y textos que argumentan y prueban la traición, tergiversación, desvirtuación y falseamiento de los principios del 18 de Julio por parte de Franco y las políticas de sus respectivos Gobiernos. Y seguiré, si Dios quiere, reproduciendo todos esos textos y documentos.

    La cosa es muy simple. Existían establecidos antes de Franco (pues él no participó para nada en los preparativos del Alzamiento) unos Principios políticos (comunmente conocidos como Principios del 18 de Julio) que constituirían los delineamientos generales para el gobierno o política de restauración y resurgimiento que se llevaría a cabo después del triunfo del Levantamiento. Por tanto, si existen documentos, textos, escritos, etc... contemporáneos a Franco y su dictadura que señalan, de manera racional y argumentada, más bien una desviación y desvirtuación en su práctica política con respecto a aquellos Principios, entonces está plenamente justificada la oposición de todos aquellos que denunciaban todas esas desviaciones (así como los que igualmente, a día de hoy, rescatamos y recogemos esas denuncias para podernos formar un criterio exacto acerca de la figura de Franco y su régimen).

    Y esto resulta todavía más lógico, si se advierte que el principal grupo político denunciante fue la Comunión Legitimista, en tanto en cuanto sus representantes y pensadores se hallaban en situación totalmente legítima de interpretar auténticamente si Franco y sus Gobiernos se ajustaban o no a los susodichos Principios políticos, pues la Comunión sí que había participado (a diferencia de Franco) activamente en la elaboración y establecimiento de los mismos en los preparativos del Alzamiento (y, por tanto, como digo, estaba justificada para realizar esa interpretación auténtica a la vista de los hechos político-sociales que se observaban a lo largo de la dictadura).

    Por lo demás ¿no es frivolidad que un rey "legítimo" esté años y años sin desmentirse? La legitimidad conlleva cambiar a gusto del consumidor y donde dije digo digo diego ¿no? Con reyes así da gusto.
    ¿Desmentirse? ¿Se refiere usted, y de nuevo se lo repito, a las presiones que durante los últimos años de vejez de Don Javier hizo sobre él su hijo Carlos Hugo en la "nueva dirección" ideológica que quería imprimir a la Comunión?

    Y ya puestos a conspiraciones ¿porqué ese documento de 1977 ha de ser más fiable que los anteriores?
    Contra Franco vale todo pero contra el legítimo legitimísimo requetelegitimisimo todo es diculpable hasta lo superevidente firmado y rubricado.
    ¿Y en manos de esta gente conspiradora y chapucera debíamos estar gobernados?
    Aquí nadie ha hablado de conspiraciones, ni se ha dicho que el documento de 1977 sea más o menos fiable que los que les hizo leer Carlos Hugo durante el periodo de su "cambio de rumbo" ideológico. Lo que simplemente se quiere hacer constar, tal y como se señala en el documento de 1977, es la continuidad real y verdadera de Don Javier en la misma línea de pensamiento que expresaba públicamente antes del cambio impuesto por Carlos Hugo a raíz del nombramiento de Juan Carlos como sucesor en 1969. Obviamente se ha de presumir que Don Javier no miente y es honesto cuando en ese docuemento de 1977 habla acerca de las presiones recibidas para la realización de declaraciones políticas contrarias a su verdadero sentir, y corresponde la carga de la prueba al que afirme y acuse de falta de sinceridad por parte de Don Javier al hacer esa importante afirmación.

    ¿Qué Don Javier hubiera sido chapucero al gobernar? Es un futurible y no entro en eso. Simplemente hago constar la falta total de lógica por parte de un dictador que se dice amigo de la Monarquía Tradicional para después... hacer todo lo que estuvo en su mano para destruir a la Comunión representativa de esa misma Monarquía Tradicional y a sus Representantes, y apoyar, en cambio, a los Miembros de la Dinastía Usurpadora y Liberal.

    En menudas manos iba a quedar España en manos de alucinados como el forista Martín Ant. Si no te gusta que te respondan ábrete un blog.
    Mire. En eso de que "en menudas manos iba a quedar a España en manos de aluncinados como el forista Martín Ant", sí que le doy la razón. En algo teníamos que estar de acuerdo.

    Me encanta que me responda todo lo que usted quiera y yo no he dicho en ningún momento que no me responda a nada.

    Ya he explicado lo de "maliciosamente": porque usted trataba con el texto transcrito hacer creer algo que no es verdad y que ya se ha explicado en el Foro en otros hilos: a saber, que Don Javier, aunque públicamente se viera forzado a hacer esos discursos políticamente heterodoxos y de lenguaje malsonante, sin embargo no constituían su verdadero pensamiento político, perfectamente comprobable por más de 30 años de ininterrumpido discurso político ortodoxo, en contraposición a unos pocos años de discursos conseguidos a la fuerza por parte de su mal hijo (y esta interpretación no es una elucubración "conspiranoica" mía, sino que es tan lógica y normal que también -por ponerle como ejemplo a una persona que le gusta a usted- la comparte Blas Piñar en su tercer Tomo de Memorias, conclusión a la que él llega después de haberse informado de los entresijos de lo que realmente ocurrió en aquellos últimos años de vejez del Rey Javier).

  14. #14
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    Quien más hizo para no ser "el elegido" fue el propio Carlos Hugo con sus ocurrentes salidas del tiesto como, por ejemplo, su "etapa de minero". Fue un elemento disolvente que logró enviar al Carlismo a las catacumbas, especialmente a raíz de los acontecimientos de Montejurra, con la ayuda, eso sí, tanto de Fraga como de Suárez. A los tres les debemos el estado catatónico en el que se encuentra la Causa y del que es sumamente difícil de sacar.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  15. #15
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    Martín Ant dice:


    "Y esto resulta todavía más lógico, si se advierte que el principal grupo político denunciante fue la Comunión Legitimista, en tanto en cuanto sus representantes y pensadores se hallaban en situación totalmente legítima de interpretar auténticamente si Franco y sus Gobiernos se ajustaban o no a los susodichos Principios políticos, pues la Comunión sí que había participado (a diferencia de Franco) activamente en la elaboración y establecimiento de los mismos en los preparativos del Alzamiento (y, por tanto, como digo, estaba justificada para realizar esa interpretación auténtica a la vista de los hechos político-sociales que se observaban a lo largo de la dictadura)".

    Lo que he subrayado no es exacto, y para afirmarlo me apoyo en MOLA. Datos para una biografía y para la historia del Alzamiento Nacional, José Mª IRIBARREN, Secretario del General. LIBRERÍA GENERAL de ZARAGOZA, 1938. El Carlismo estuvo preparando la Cuarta guerra por su cuenta, y si se sumó al Alzamiento fue por pura oportunidad en aquellos momentos. Hubo negociaciones, pues el núcleo duro estuvo en Navarra y entre los puntos acordados e irrenunciables, estuvo el correspondiente a la Bandera bicolor, ya que los alzados lo hicieron bajo la enseña republicana. Por demás, es cierto que Franco no participó de la conspiración, entre otras razones, por estar apartado en Canarias y es que allá fue enviado porque no era "fiable" para el gobierno republicano.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

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  16. #16
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    A ver, a ver... un momento, señor monárquico. ¿A cuento de qué dice usted que estos 'dos franquistas' tratan con frivolidad a la persona de don Javier?. ¿Qué pasa, que de este señor tan importante no se va a poder cuestionar, ni siquiera, si tiene afición a la política o no la tiene?.
    Sí que se puede discutir si Don Javier tiene afición a la política o no la tiene. Yo no he dicho lo contrario. Precisamente la Nota Don Juan Sáenz Díez deja bien claro hasta qué punto sí la tenía. Pero estas cosas se pueden discutir sin caer en la frivolidad del "De risa" con caras carcajeantes por todos lados, cuando lo que verdaderamente se exige en discusiones de este tipo es seriedad y rigor, como mínimo.

    Señor Martin Ant, la rodilla yo solo la doblo ante Dios N.S. Usted que es monárquico, doble su rodilla ante quien quiera, pero no nos obligue usted a que lo hagamos el resto de los mortales que participamos en este foro. ¡En ningún momento he faltado el respeto a este señor al que usted denomina 'Rey Legítimo', cosa que sí ha hecho usted con Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios. Y además, lo ha hecho en muy repetidas ocasiones desde que le conozco.
    El doblamiento de rodilla que yo pudiera hacer hacia una persona en concreto es tan condicional a la Religión como el que pudiera tener usted hacia otra persona.

    Yo no obligo a nadie a nada. Eso es absurdo. Yo solamente contrapongo razones y argumentos, de cuya comparación saldrán algunas verdades que, racionalmente, nos inclinarán forzosamente a prestar respeto, en virtud de dichas verdades, a la memoria de unas personas y a otras no. Usted considera que ése sería el caso de Franco. Yo por el contrario considero que ése sería el caso del Rey Javier. Y otras personas consideran que sería el caso, qué se yo, del General Narváez (como hace, por ejemplo, el Profesor Paredes en un libro suyo) o de Alfonso "XIII" (como hacía Franco en alguna de sus declaraciones). Lo importante al final son las razones y argumentos comparativos.

    El problema, Jasarhez, es que usted hace referencia a mi defensa de la Monarquía como régimen de gobierno mejor (o menos malo para los españoles): "Usted que es monárquico...", y mi defensa de la Legitimidad de Don Javier: "... al que usted denomina Rey Legítimo...", como si se basaran en puros caprichos míos, puras arbitrariedades ideológicas mías, y no en argumentos racionales que he expuesto constantemente en muchos sitios en este Foro. El problema, digo, es que, al considerarlos puros caprichos, es lógico que no se quiera entrar a discutirlos, pues sería una pérdida de tiempo. Pero es que si les preguntara acerca de la refutación racional de esas dos cosas, me encontraría sin respuesta ninguna y estaríamos otra vez en las mismas sin avanzar nada.

    Si usted, como monárquico, exige respeto hacia este personaje de sangre azul del que hablamos (sea legítimo, semi-legítimo, legitimísimo o requelegitimísimo...) lo primero que tiene usted que hacer es aprender también a mostrar el mismo respeto (aunque solo sea por educación) por una figura histórica tan importante como fué la del Caudillo. A quien me da la sensación, por lo que recuerdo de sus múltiples intervenciones en este foro, que usted jamás se la ha tenido.

    De modo que, aprenda usted primero respeto y luego exíjalo después a los demás. Otro saludo para usted también...
    No se trata, como digo, de faltar al respeto a Franco. El problema es que si aporto los argumentos y razones que esgrimían durante su dictadura varias personas (no solamente, aunque sí principalmente de la Comunión legitimista) en contra de las polílticas de Franco, en tanto en cuanto, dichas denuncias utilizan como criterio justificador y fundamentador de las mismas un criterio tan imparcial como son los Principios del 18 de Julio, entonces ustedes los franquistas saltan como locos diciendo que "eso no puede ser", "eso no lo quería Franco y lo traicionaron sus ministros", "eso es faltar el respeto a Franco", etc..., etc... etc...

    Os habéis creado los franquistas una "forma mentis" completamente enajenada a la figura de Franco, a todos sus actos y palabras, que es imposible cualquier debate racional acerca de su verdadera figura y su gobierno. Me recuerda mucho a la "forma mentis" que tienen los seguidores de los Fundandores de los neomovimientos religiosos que, aún después de muerto, tratan de justificar todas las acciones y palabras del Fundador de maner totalmente irracional sin pararse un momento, SÓLO UN MOMENTO, a plantearse si realmente fue bueno o no, porque eso queda totalmente descartado de su mente.

    Y lo que es peor, proyectan esas mismas categorías a sus adversarios atribuyéndoles los mismos defectos. No sé si ya lo he dicho en otra ocasión o no, pero yo no tengo ninguna fijación con ninguna persona viva o muerta, sino simplemente me limito a exponer datos y argumentos y a sacar las conclusiones verdaderas de los mismos. Y si de esas conclusiones salen una parte fundamentalmente mala para Franco y otra fundamentalmente buena para, por ejemplo, Don Javier, pues entonces, ¿qué quieren que yo le haga? Aporten sus argumentos o contaargumentos para refutar esas conclusiones. Pero cuando ya se pierde toda lógica porque se trata a toda costa de salvar una posición preconcebida (en este caso Franco y su dictadura) entonces ¡amigo! se acabó la discusión.

  17. #17
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    La cuestión sobre el espíritu revolucionario de Franco en mi opinión viene de ese principio no escrito que vendría a afirmar que todo lo que no proceda del Antiguo Régimen es revolución.
    El fundamento en el que yo me basaba son los Principios del 18 Julio (que, en realidad, no son más que los Principios de la Tradición Política Española, que la Comunión estableció explícita e implícitamente en sus negociaciones y Pactos con el Ejército). Por otro lado, como digo, no entiendo por qué los franquistas lo consideran un insulto, si el propio Franco no tenía incoveniente con las palabras "Revolución" y "revolucionario".


    Lo que he subrayado no es exacto
    Me refería a los lineamientos generales tales y como se recogían en el contenido de la notas cruzadas en las negociaciones entre la Comunión y el Ejército, representado este último por Mola.
    Última edición por Martin Ant; 21/05/2014 a las 01:09

  18. #18
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

    Cita Iniciado por Valmadian Ver mensaje
    ...El problema dinástico en España arranca hace dos siglos cuando el único representante verdadero del absolutismo español, convirtió éste en pura revolución. Me refiero, claro está a Fernando VII. Así, tenemos vigente la paradoja de que mientras Franco eligió a un monarca revolucionario, la Constitución de 1978 no puede ser más tradicional en materia dinástica. El artículo 57, pár., 1 a 5 de su Título II es un calco de la Ley 5ª del Título I del Libro III contenidos en la Novísima recopilación de Autos Acordados de 1805, correspondiente al "auto de 10 de mayo de 1713", que jamás fue derogado por las Cortes de Aranjuez de 1789 y que Fernandito se empeño en ignorar al promulgar su falsa "Pragmática sanción con fuerza de ley decretada por el Señor Don Carlos IV a petición de Cortes de 1789 y mandada publicar por su S.M. reinante, texto reasegurado en su interior al afirmar: "lo resuelto a ella por el Rey mi querido padre."

    Que se saltó todas las normas habidas y por haber, se demuestra hoy en día en un hecho muy concreto: ¿por qué es Príncipe de Asturias D. Felipe y no su hermana mayor Doña Elena?
    Reconozco que no soy ni siquiera entendido en materia sucesoria, y que aquí hay muchísima gente que sabe muchísimo de estos temas. Leo en wikipedia que, "la Pragmática Sanción de 1789 restablecía el sistema de sucesión tradicional de las Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, según la cual las mujeres podían reinar, si no tenían hermanos varones". Por lo que, tras nacer su hija Isabel, quedaría su hermano Carlos, tío de Isabel, desplazado de la línea sucesoria.

    Curiosamente, la actual constitución de 1978 mantiene una ley sálica que hubiera dejado a Isabel II sin el trono, y por lo tanto jamás podría haber llegado a reinar Alfonso XII ni Alfonso XIII. Realmente, me parece una paradoja que la constitución de jotacé no haya mantenido el sistema sucesorio tal y como quedó establecido en la Pragmática Sanción de 1789. Así como también creo que Franco habría acertado más si hubiera escuchado un poco más a Arrese y algo menos a Carrero en este tema... Dándole un papel relevante al Movimiento dentro de la estructura de su Régimen político. Pero ese es otro tema y una opinión que tampoco pido que sea aquí compartida por todos.

    Fueron muchas las voces que se alzaron en ese momento contra Arrese. Una de ellas fué la del Ministro de Obras Públicas, el monárquico conde de Vallellano, quién llegó a comparar las propuestas de Arrese con "un politburó de estilo oriental" (en clara referencia a la URSS): Los conflictos polticos de 1956-1957 - Contextos - ARTEHISTORIA V2

    En este mismo artículo leo que: "El golpe de gracia lo dieron tres cardenales, que llamaron a Franco el 12 de diciembre para presentar un documento en el que se declaraba que las propuestas estaban en desacuerdo con las doctrinas pontificias y luego proseguía: 'Los proyectos de Ley Orgánica del Movimiento Nacional y Ley de Ordenación del Gobierno no tienen raíces en la tradición española sino en los regímenes totalitarios de algunos pueblos después de la Primera Guerra Mundial, cuyas doctrinas y prácticas recibieron serias amonestaciones de los romanos pontificios", por lo que en febrero de 1957 Franco decidió archivar definitivamente las propuestas falangistas, mientras éstos por las calles no dejaban de entonar una canción en la que se decía: "No queremos reyes idiotas" (porque ya se olían lo que se avecinaba...).

    Y, finalmente, Franco se decantó por el 'idiota', tal y como los falangistas se temían... Y hasta le convirtió en su heredero, consumando lo que que quizás fuera el mayor error de su vida. Por lo que aún, hoy por hoy, todavía por aquí le tenemos; siempre de cacería en cacería y de revolcón en revolcón, mientras España se derrumba... Actuando en una macabra Zarzuela que está llevando a España al centro del averno. No tengo ni idea qué hubiera ocurrido si Franco se hubiera decantado por la línea carlista. Quizás ahora no estaríamos tan mal... sinceramente, lo desconozco.

    Y esta es mi pobre y paupérrima visión sobre este tema. Confieso que no entiendo nada de monarquías ni de líneas sucesorias.
    Última edición por jasarhez; 21/05/2014 a las 01:31

  19. #19
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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

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    Reconozco que no soy ni siquiera entendido en materia sucesoria, y que aquí hay muchísima gente que sabe muchísimo de estos temas. Leo en wikipedia que, "la Pragmática Sanción de 1789 restablecía el sistema de sucesión tradicional de las Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, según la cual las mujeres podían reinar, si no tenían hermanos varones". Por lo que, tras nacer su hija Isabel, quedaría su hermano Carlos, tío de Isabel, desplazado de la línea sucesoria.
    Si, ese es el argumento al que se agarran ciertos picatostes liberales, como César Vidal. Pero es absolutamente falso. Si lees el título completo de la Pragmática ya te das cuenta de dicha falsedad. Las Cortes de Aranjuez de 1789 fueron convocadas para que el Infante D. Fernando jurase como Príncipe de Asturias y, por entonces y no como hoy, las Cortes se convocaban con mandato imperativo, o sea, para un "orden del día", no como una profesión a la que hay que estar justificando por los sueldos que se perciben y que hasta generan derechos sociales (el hoy). La medida de la derogación fue promovida por un grupo de próceres, pero jamás fue aprobada, sancionada ni publicada. Y, tal como se menciona, la ley sucesoria en vigor, fue incorporada a la Novísima Recopilación 16 años más tarde.

    Pero, aun negando validez a las leyes vigentes, lo que ya es de recibo, la alusión que se hace a las Siete Partidas, en materia sucesoria para las mujeres, se cae por su peso cuando el inadecuadamente llamado "auto acordado" de 10 de mayo de 1713, derogó aquella norma. Es considerado como auto acordado, pero los historiadores expertos en jurisdicción, así como los juristas expertos en historia, afirman que "medió acuerdo de Cortes" el 19 de noviembre de 1712, con la intención de que no pudiesen retornar al Trono, ni los Austrias, ni los Saboyas:

    "Suplicamos a V.M. que, derogando todos los que se hallasen en contrario, se establezca por ley fundamental, así las renuncias referidas, como la exclusión perpetua de la Casa de Austria y la sucesión de la Casa de Saboya."

    Según testimonio del secretario Francisco Antonio QUINCOCES. El Rey Felipe V accedió a la petición y el conocido como "auto acordado" pasó a ser "ley fundamental del reino". Y como tal aparece denominada en la nota al auto número 145 de la Colección de Autos Acordados. Y para mayor redundancia, o para mayor claridad en el asunto, la derogación que supuso esta ley de la correspondiente de las Siete Partidas, que regulaban la sucesión en Castilla, es que en 1713, Felipe V era Rey de Castilla, pero no todavía de España, por cuanto Cataluña y Valencia todavía le seguían siendo rebeldes.

    Así pues la Wiki está equivocada, pero es fácil adivinar por qué.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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    Re: Javier I, Rey Legítimo español vs. Franco, el revolucionario

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    Curiosamente, la actual constitución de 1978 mantiene una ley sálica que hubiera dejado a Isabel II sin el trono, y por lo tanto jamás podría haber llegado a reinar Alfonso XII ni Alfonso XIII. Realmente, me parece una paradoja que la constitución de jotacé no haya mantenido el sistema sucesorio tal y como quedó establecido en la Pragmática Sanción de 1789.
    La Pragmática es de 1830, y es evidente que la Constitución de 1978 mantiene el auto de 10 de mayo de 1713. Lo que supone que, en efecto, ni la niña Isabel ni sus descendientes hubiesen accedido al Trono. Peculiarmente, hace ya unos cuantos años, el constituyente Gregorio Peces Barba ya explicó que se había restablecido la tradición en materia sucesoria. Lo que no recuerdo es en qué medio y circunstancias lo afirmó.

    Y todo ello se entiende cuando Franco nombró "Príncipe de España" al futuro JCI, y nunca "Príncipe de Asturias", título que ostentaba su padre D. Juan y que lo había recibido a su vez de Alfonso XIII, aunque nunca lo juró, ni antes las Cortes republicanas, ni ante las Cortes de Franco. Y de ahí también, lo de una nueva monarquía que entroncaba con la anterior pero no era la misma.

    Por supuesto, ahora hay planteado un problema que algún día habrá de dilucidarse. D. Felipe no tiene hijos varones y caben dos soluciones: o se mantiene el Auto de 1713 y hereda la mayor de las hijas para, una vez casada si tiene hijos varones la línea sucesoria volvería al mayor en principio, o hay que derogar dicha ley que tiene, como se ha visto rango de ley fundamental, y a ver como se procede técnicamente. Lo peculiar del asunto radica en que tal como actúa esta familia, podríamos llegar a ver a un Pérez I, o un Fernández, o cualquier otro con apellidos diferentes al de Borbón.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

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