CELEDONIO PÉREZ A estas horas no sé si Rajoy y/o Sánchez han hablado en el debate del estado de lo que queda de nación de la sangría que vive el ámbito rural. Me apuesto con usted (lector) lo que quiera a que no. Se da por perdido. Lo que no mete ruido está muerto. Y hace muchos años que los pueblos pagan la cuota a la funeraria. No importa el desequilibrio territorial, se desprecia lo que no se conoce, esa cultura agraria que sirvió de colchón para dar el brinco hacia la modernidad es hoy vestido de desclasados, de confundidos.

Ni habló Rajoy del medio rural ni lo hizo Sánchez. Ni lo harán los que intervengan hoy ni los que lo hagan fuera del Parlamento. A nadie importa que mueran los recuerdos. Los olvidados que trabajan y viven con las manos se sienten apestados, están fuera de onda.

Los que viven entre ciudad y ciudad no tienen voz, la vendieron hace años por un trabajo en una gasolinera en la urbe más cercana. ¿Han escuchado ustedes hablar a algún partido político de la tragedia que supone poner el "cerrado por defunción" a la entrada de los pueblos? No, ni lo escucharán nunca. Los políticos andan a otra cosa, buscando su sustento donde hay más votos, más futuro.

El campo necesita un megáfono para que se oigan sus lamentos
. La cultura agraria está debajo de la almohada, que cada vez molesta más, ahoga. Hasta sus manifestaciones más visibles: caza, pesca, toros, folclore, tradiciones, alfarería... están tocadas de ala. La cultura urbana, global, incoherente, interesada, se impone a la velocidad del fuego alimentado por gasolina.

Nadie, ningún colectivo quiere representar a los que tienen miedo de sacar pecho para reivindicar su pasado. Así, no hay nada que hacer. Bueno sí, irse.


Nadie se acuerda de los que han perdido los recuerdos - La Opinión de Zamora